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No sé disculparme, lo siento [FB](Clementine de mi corazón)

Odiseo Masbecth el Miér Ago 03, 2016 5:50 am

Odi no era el tipo de personas que se disculpaba por sus acciones. Principalmente porque no veía que hubiese ningún mal en ellas. No lo veía o bien porque iba muy drogado o porque su cerebro estaba tan atrofiado que… en fin. Tampoco era el tipo de personas que hacían sus disculpas demasiado elaboradas. Por lo cual aquella escena en particular era tan… tan… particular. Allí estaba él, parado, con un ramo de flores silvestres en una mano y con Casimiro (su caballo de compañia) a sus espaldas, empujándolo hacia la puerta. El mago se revolvía en su traje medio rasgado y algo sucio de barro. El pelo mas despeinado que nunca… En realidad, Odi parecía como si hubiese acabado de meterse en una pelea descomunal siendo el claro perdedor. Hasta las flores parecían haber atravesado la misma pelea, porque estaban gachas y algunas rotas, pero el ramo había sido hecho con cariño… ¿y eso era lo que importaba?

O al menos eso esperaba. Lo único que faltaba para hacer aquella escena aún más dramática es que se pusiera a llover como si no hubiese maña… Mira, que suerte tendrá el pobre que como si por un hechizo se tratará el cielo se empezó a caer en agua. El joven mago alzó la mirada al cielo y soltó una maldición en su dirección. Mira, que por una vez que se venía a disculpar tenia que hacerlo parecer una maldita película de Hollywood.

Se aclaró la garganta y abrió la boca. Luego la cerró. Luego la volvió a abrir y así un par de veces. No, aquello no se podía hacer sobrio. Se escondió bajo el portón y de una forma que su futuro yo se sentiría avergonzado, enrolló un porro.  Se tomó su tiempo en dejar que el humo entrara y saliera de sus pulmones, como si temiese lo que venía a continuación. Y la verdad es que no le temía, no, no, no. Estaba aterrado. Cagado del susto sin la parte literalmente biológica. Sabía que lo que se le avecinaba era… bueno, era tremendo. Así que cuando se acabó su porro infundidor de valentía, volvió a asomarse del portón y volvió a abrir la boca. Esta vez solo le tomó un intento antes de que su garganta emitiera un sonido. Una especie de cacareo espantoso. Carraspeó un poco. Uff, odiaba la adolescencia.

-¡BOOO!-gritó, con toda la fuerza de sus pulmones, antes de entrar en un ataque de tos debido al frío que había entrado por su boca. Por Merlín, sus pulmones no eran lo que… Bueno, nunca habían sido especialmente bueno. Se recuperó como pudo y volvió a alzar la cabeza al cielo - ¡BOOO! ABREMEEEE- sabía que no había ni la más mínima posibilidad de que Boo le abriese. Estaba enojada y tenía razón para estar enojada. Pero él se estaba mojando y tenía frío y muchas, muchas ganas de que le abriesen la puerta- ¡ANDAAAA, QUE ME MOJO! ...¡Y CASIMIRO SE MOJA! - sabía que aquello le iba a tocar el lado sensiblón. Nunca había podido soportar que nada malo le pasará al caballo- ¡Te traje flores para un té!-intentó de nuevo, cambiando de técnica ante el prolongado silencio. Sus sentidos estaban alerta, mirando hacia la ventana donde sabía que quedaba la habitación de la chica, pendiente a cualquier cosa que pudiese salir volando por ella. No quería ser golpeado por ningún cuadro volador o un cubo de pintura. Ya había tenido suficiente violencia por una noche, muchas gracias. Aún le dolía el labio roto del derechazo que había recibido. Debía haber recordado por una vez en su vida que era un mago y tenía una varita, pensó mientras se lamía la sangre de la herida del labio, pero nunca había tenido muy claro que era pensar… O una varita.


Última edición por Odiseo Masbecth el Miér Ago 03, 2016 3:27 pm, editado 1 vez
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Clementine Boot el Miér Ago 03, 2016 6:56 am

Se paso a llevar nuevamente la herida del dedo indice y cada vez que sucedía aquello se sentía más idiota que la vez anterior. "Idiota de Masbecth , sí Masbecth ", pensé por enésima en esa mañana. Me dirigí al baño en búsqueda de una cinta para ponerme en el dedo. Dedo que por cierto tenía así por pasarme la noche de antes de ayer cociendo los últimos detalles del vestido durante toda la noche. solté un soplido, y abrí la puerta bruscamente.

"Idiota de Masbecth ", pensé por doceava vez en el día.

Sentí como a medida que me dirigía a mi habitación las personas que se topaban por mi camino iban desapareciendo antes de que lograra generar comunicación con ellos, y sabía muy bien el porque. No suelo enojarme jamás, o bueno ok ok...muy pocas  veces. Pero cuando lo estaba aparecía la que están leyendo...Tremenduskah. Sí, los he mantenido engañados durante todo este tiempo bajo esta "tranquilidad aparente" pero en el fondo quiero tener la fotografía de Odiseo Masbecth  ¡para lanzarle dardos! y después hacerlo real.

Llegué a mi habitación, y me miré al espejo, estaba vestida de café, con un gorro y polainas cían, y bototos negros. "Tremenduskah winter season is here bitches".

Me dirigía al mueble que se encontraba cerca de la ventana y tome de él la cassata de helado de mango con chip de coco (sí una delicia) que había dejado hace unos minutos, la lleve entre mis brazos para echarme sobre la cama, y en ella se encontraba un vestido color turquesa, se bajo el gorro hasta que le quedo en el limite de las pestañas, y con su mano derecha se sirvió una cantidad exuberante de helado que sin pudor alguno se lo llevo a la boca.

Miré el reloj, sabía que escucharía antes de que terminará esta cassata un grito que tendría mi nombre en él y ese sería Od...- ¿quieres darte un solarium preciosa?.- pregunte en voz alta mientras me dirigía hacia una polilla que se encontraba en mi lámpara del velador chocando una y otra vez contra la ampolleta, con mi mano derecha la tomo delicadamente de un ala para dejarla en la cubrecama.

¿Qué esta haciendo yo? pensé para mis adentros, ¡ah! Odiar a Masbecth, y cuando esas palabras aparecieron por mi cabeza volví a fruncir el ceño, y acercar la cassata hacia mi.

¿Eso había sido un gallo? ¿qué estaba haciendo un lindo gallo por acá? pensé para mis adentros mientras de un salto salía de la cama para dirigirme a la ventana, pero me detuve a pasos de llegar cuando descubrí que ese gallo era nada más ni nada menos que Odiseo.

Sintió como toda la sangre se le subía  a la cabeza y apreté los puños fuertemente. Para que se hagan un poco una idea, fue algo como así.

Sólo alcanzo a escuchar algo de "Casimiro" ¡HABÍA TRAÍDO A CASIMIRO A PESAR DE LA LLUVIA? ¿qué era idiota? , tomó el vestido y con sus manos lo dobló hasta quedar una cosa arrugada sobre la cama, luego se dirigió a su armario dónde estaban todos los chalecos que tenían compartidos, la fotografía que ella saco con su cámaro muggle que le regalaron  sus trece año, y que Odi hasta el año pasado aún cría que la fotografía esta averiada al ver que no se mueve.

Junte todas esas cosas en la cama, y abrí de un sopetón la ventana, para luego volver a dirigirme a la cama y tomar con ambas manos, claramente no había precavido que no vería nada, por lo que tuve que chocar primero con el armario antes de llegar a la ventana.- NUNCA MÁS ME HABLES MASBECTH.- grité mientras lanzaba de manera épica todas las cosas por la ventana, este sería el perfecto momento en que en las películas todo se vuelve lento, con la sola diferencia que tanto Odi como Cleme estaban haciendo los gestos más graciosos en la mirada de Cleme se leía un que le llegue todo y le duela, y en los expresiones de Odi un ojala no me llegue nada ni me duela, pasaba aquello en vez de parecer una pelea seria y con los actores taquillas del momento.

Cleme se volvió a dirigir a la puerta de su habitación y le grito algo a su madre, cerró la puerta pero la volvió a  abrir en el acto para gritar un ¡GRACIAS!. Caminé decidida hacia la ventana.- MI MADRE LE ABRIRÁ A CASIMIRO, TÚ VETE POR DONDE VINISTE .- le grite a todo pulmón por la ventana, mientras con mi dos manos cerraba de un movimiento la ventana.

"Idiota de Masbecth ", pensó por treceava vez.
¡ya lleva trece en una sola mañana que alguien al detenga!

Volví a abrir la ventana sólo para gritar.- ¡1, 3, 5, 7, 9, 11, 13, 15!.- y volví a cerrar la ventana. Siendo consciente de lo que esos números provocaban en el chico.
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Odiseo Masbecth el Mar Ago 16, 2016 5:54 am

Nop. Nup. Nopiti nop nop nop. Maaaala idea. Pésima idea. Sí, Odi, este es el momento de huir porque si bien Boo no sabe usar magia si que es peligrosa cuando saca a Tremendushka. Muy peligrosa. No, era mejor ir a casa, dejar que se le pasara un poco el enojo y luego volver disfrazado como inocente viejecito para intentar engaña...

- ¡Ay! -le reclamó a Casimiro que lo había sacado de sus planes y arrepentimientos con un ligero mordisco. El caballo lo conocía demasiado bien y bien sabía Odi que no lo dejaría escapar hasta que la disculpa estuviese finalizada. El joven refunfuñó por lo bajo, frotandose un poco el mordisco. Eso dejaría un agradable moretón.

Uh, ahí estaba, el grito. Debía admitir que escuchar a Clem llamarlo por su apellido ardía un poco bastante. Nadie que lo quisiera le llamaba así. Era un nombre que detestaba pues le recordaba la amorosa y comprensiva familia de la que provenía. Llena de perfección y amor al prójimo. Y no se quedó en un ataque verbal, claro que no. De la ventana abierta del cuarto de la chica ahora llovían cosas. Sus reflejos eran mejores de lo que serían en un futuro, pero aún así sus pinitos en las drogas ya lo había vuelto torpe y no pudo quitarse del camino de esa bola de ropa que le cayó encima. Por las canas de Merlín, no sabia que tenian tantos chalecos compartidos. Nadó por entre el mar de telas, intentando emerger para tomar un poco de aire fresco, aunque la verdad entre toda esa ropa se estaba calientico. Sacudió la cabeza. No, iba a disculparse no a quedarse hecho una bola entre esta suave y seca ropa.

Su cabeza se asomó justo en el momento en el que la chica gritaba todos aquellos bellos números impares. Odi fue recorrido por un escalofrio y unas ligeras nauseas. Odiaba los números impares. Se sumergió un poquito entre la ropa y empezó a recitar números pares para tranquilizarse.

- 8, 14, 6, 32, 56...- y así hasta que logró recuperarse lo suficiente como para asomarse de entre la ropa, salir de esta.

Justo en ese momento, la madre de Boo abrió la puerta. Odi se lanzó sobre esta, pero Casimiro lo quitó del camino con sus cuartos traseros y la mujer le cerró la puerta en las narices tan literalmente que los ojos del chico se llenaron de lágrimas por el portazo. Ahora todos estaban en su contra ¡Y ni siquiera era del todo su culpa! Hizo un puchero, como si tuviese 3 años en vez de 16. Vale, tenía que idearse algo porque aquel primer intento no estaba funcionando tan bien. Miró a su alrededor en busca de algo de inspiración. No podía usar su varita porque era un estúpido menor de edad durante cuatro meses más. No tenía a su fiel compañero porque estaba caído en una alcantarilla en algún lugar y Casimiro estaba del lado de Boo. Obviamente. Vamos Odi, sé positivo ¿Que tienes? Frío, dolor en el labio y ropa mojada. Eso tienes. Además de un montón de chalecos y… frunció el ceño y se agachó a tomar el trozo de papel que navegaba un charco junto a sus pies. Su corazón se rompió un poquito, pero no le digan a nadie. Era la foto que les había tomado Clem hace cuatro años. Sí, aquella que estaba dañada y no se movía. Aún más dañada ahora que estaba toda mojada. Se la guardó en el bolsillo de la camisa elegante que traía y volvió a alzar la mirada hacia la ventana de Boo. Bueno, no tenía más opción. Se guardó el ramo de flores en un bolsillo, se arremangó y tras acercarse a la pared empezó a escalar la enredadera que subia desde el suelo hasta la ventana de la chica, esperando que estuviese tan concentrada en odiarlo que no se diese cuenta de que iba a colarse por la ventana hasta que ya estuviese dentro de la… ay… ay… coño. Coñoooo, coño, coño.

-¿BOOO?-llamó con algo de desespero en su voz. Se había olvidado que la última vez que había hecho aquel chistecito varias de las maderas sobre las que reptaban las enredaderas se habían roto dejando aquello un tanto inestable. Se había dicho a si mismo que la repararía, pero como siempre se le había olvidado- ¡BOO!-volvió a llamar, bastante preocupado ante un crack que escuchó bajo sus pies. Había logrado subir casi todo pero le faltaba aún demasiado para que con solo estirarse lo logrará. Iba a morir. Definitivamente. Como suele morir la gente, idi… ¡AAAY!- ¡BOO!- gritó de nuevo ante otro crack.
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Clementine Boot el Dom Ago 21, 2016 5:11 pm

Sentí una leve presión en el pecho que me decía que me había pasado con el gritar de los números, hice un amague de volver abrir la ventana, pero me detuve en el acto. Quizás me había enojado más de lo necesario, después de todo creo que hasta ahora Odi había hecho cosas peores, como hace dos atrás cuando se le había olvidado mis cumpleaños, soy una persona más sensible de o normal para esas fechas en especial, me gustan las celebraciones tanto las de mis amigos como mías, pero no entendía muy bien la razón de por qué me había molestado tanto en esta ocasión, quizás una parte de mí se había emocionado más de la cuenta para dicho evento.

Me asusté al no escuchar nada por parte de Odi tras un rato ¿se habrá ido? ¿de verdad eso sería todo de su parte? nuevamente me tenté de abrir la ventana y averiguar con mis propios ojos en que se encontraba su amigo, sí ya lo volvía a llamar amigo dentro suyo,Tremendushka se había ido a volar lejos una vez más, es que si se trataba de Odi el enojo no duraba mucho, quizás era el hecho de que se conocían desde que eran unas simples pepas de ají en el mundo, y vaya que ahora sólo tienen dieciséis años y les quedaba mucho por recorrer, pero hasta estas alturas los dos juntos habían vivido muchas aventuras, miró hacia el lugar donde antes se encontraba la fotografía de los dos, sintiéndose pésimo, quizás debería haberlo escuchado, además esta lloviendo muy fuerte...

En ese preciso momento escuchó la voz de Odi llamándola, pero esta ocasión de mucho más cerca, abrí los ojos y mi boca sorprendida ¿no lo había hecho verdad? Odi no sería capaz de olvidar como le había ido la última vez que había intentado subir a mi habitación por la enredadera, que como resultado logro más de un par de maderas rotas, y una enredadera poco confiable si ta el síndrome de romeo trepa balcones ,no él no se hubiera atrevido hacer semejante idiotez ¿verdad?, fruncí el ceño y rogué mentalmente que sólo fuera un pensamiento, abrí la ventana rápidamente y confirmé unas vez más que Odi es capaz de hacer todo lo que no creías que podría hacer y más- ¡ODI!.- grité sorprendida, para sin pensarlo mucho lanzarme sin más por la ventana al ver agarrándose a duras penas y escuchando el sonido de las maderas quejarse por el peso que ahora se encontraba sobre ellas.
No lo pensé más y no dude en ir en busca de sus manos para que no terminará cayendo de tan alta distancia, lo que pasó es que no previne el hecho de que si me lanzaba con todo fuera de la ventana, poco de mí quedaría dentro de mi habitación lugar que ambos deberías estar en vez de estar fuera a la lluvia y golando por al ventana, y cuál de los dos peor.-.- Ay no...- dije al notar que estaba perdiendo el equilibrio, y en cualquier momento terminaríamos los dos de lleno en el suelo, ojala con menos fracturas de las posibles desde esta altura.- eres un idiota ¿sabes?.- le dije desde mi posición pero sin evitar que se me saliera una risa al vernos en aquella posición, no era la primera y estaba segura que no sería la última vez que con Odi nos encontrábamos en situaciones así, sentía como la lluvia no se demoraba en mojarme por completo, me sentía en  pleno Titanic, sólo que en vez del mar no encontrábamos, la diferencia que yo no sería como la cabrona de Rose que no comparte su tabla de madera. Quizás fue lo que llaman "instinto de supervivencia"  pero no sé como logre agarrarme con una pie dentro de mi habitación.- Jack agárrate de mis manos - le dije a duras menos a Odi. Los que me conoces saben muy bien que no es muy díficil hacer que viva mis cosa de la vida como si estuviera en una película, y que todos los domingos fielmente tenía mis maratones de películas comiendo cabritas, y sí aveces era horrible verlas con Odi, más las de acción, tratando de explicarles que todo esos efectos no era magia sino botones y click por aquí y por allá, todo creado por muggles.  Tomé fuertemente sus amnos y tras un empuje hacia atrás sacando fuerzas de no sé donde logré entrarnos a los dos dentro de la habitación, cayendo los dos al piso empapados y con el corazón latiendonos a mil por por hora.
Tras mover mi cuerpo para ver si encontraba en orden y ver que o me faltaba ninguna parte de mi cuerpo miré a Odi atacada.- ¡¿en qué estabas pensando al subir así por...- mi pregunta de enojo se detuvo en seco al ver el rostro de mi amigo.- ¿Qué te pasó? ¿estas bien?.- le pregunté preocupada mientras con mi mirada veía si tenía otras parte del cuerpo con heridas, ese corte en su boca se veía que no era precisamente de hoy, y esas manchas purpuras de su rostro evidenciaban que su amigo había estado dentro de una pelea hace poco, y me entraron unas enormes ganas de abrazarlo, pero aún estaba en alerta, quería saber que había pasado realmente antes de perdonar del todo a su amigo, aunque en el fondo sabía que el perdón ya se lo había ganados desde el momento que escucho su nombre salir de la boca de su amigo desde un comienzo.
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Odiseo Masbecth el Sáb Ago 27, 2016 8:18 pm

La gente dice que antes de morir tu vida pasa delante de tus ojos. O al menos los aspectos importantes de tu vida. Esto cambia a la gente, los hace ver lo aburrida, lo torpe, cualquier cantidad de cosas epifanicas. La vida de Odi se resumió en una gran hoja de marihuana en medio de su mente y una canción de carrusel de fondo, solo interrumpida por el grito de Boo que lo devolvió a la realidad, sin ningún hecho epifanico aprendido. Suspiró aliviado al ver su rostro asomarse por la ventana o al presentirlo porque con la lluvia torrencial tan solo veía un borrón que se parecía bastante a ella. Al menos alguien presenciaría su despedida de este mundo y le contaría a sus padres que tan vergonzosamente había muerto. Sí, hasta muerto deseaba avergonzarlos.

Odi ni siquiera pensó en que él pesaba por lo menos 10 kilos mas que Clem, o que ese desgraciado de Newton y su gravedad estaban trabajando constantemente, o que tenia una varita en el bolsillo que podía evitarles a ambos este drama novelística. No pensó en nada de eso cuando se agarró a las manos de la chica como si fuese la última puerta del naufragio de un barco supuestamente inhundible. Y el hecho de escuchar la risa de la chica impidió a su lento cerebro llegar a aquellos pensamientos. Ahí estaba, aquello era su boleto de salida de todo aquello. Sonrió de buena gana, olvidándose por un momento que aquella podía ser la última vez que lograra convertir a Tremendushka de nuevo en Clem. Cuando lo llamó Jack se rió entre dientes, recordando al instante una de las películas favoritas de su amiga. Esa en la que el rubio moría porque la pelirroja estaba muy gorda y muy egoísta.

- Pero Rose, estoy muy gorda, nos hundiremos ambos- no, no, esa no era la línea.

Estaba intentando recordar el nombre de la película, abstraído del peligro de muerte y su actual situación cuando sintió que su cuerpo perdía peso y él se encontraba volando cual ave hacia la ventana de Boo. A pesar de todas las posibilidades contrarias ambos aterrizaron en el suelo sanos y salvos, mojados cual peces pero sin una sola fractura en el cuerpo. A eso llamaba él una victoria, sí, sí. Se empezó a reir sin poder detenerse, o al menos eso creía pues la pregunta menos histérica y mas preocupada de Clem le detuvo la risa en seco ¿Ahora como le explicaba? No le iba a decir que alguien se había metido con ella y él había sentido el impulso de defenderla a lo muggle. No le gustaba que la gente en realidad supiera que era una persona decente. Pero tras una mirada a los ojos preocupados adivinó que cualquier mentira que intentase soltar iba a ser adivinada al instante, así que se rindió y fue con la verdad.. Le medio sonrió y se encogió de hombros, aún acostado en el suelo.

-Había un poste mal emplazado- se levantó un poco y le pas´p los brazos por la cintura a la chica para luego dejarse caer con ella en el suelo, muy delicadamente eso sí. No lo hacia por mostrarse mimoso solamente, también porque sabia que se pondría verdaderamente molesta con su confesión, probablemente golpeándolo como castigo y necesitaba evitar seguir siendo golpeado, no estaba acostumbrado a ello y era verdaderamente malo recibiendolos- poste con puños, que se estaba burlando de cierta amiga mía, con el que me enoje bastante, que quise detenerlo y que resultó teniendo amigos postes. Cuando a los postes les da por ahí es peligrosísimo, nunca te encuentres con un grupo de postes, todos creen que son inmóviles pero no lo son. Nop.– dijo como si no fuese nada del otro mundo, algo que pasará todos los días y luego, muy hábil y nada obviamente, cambio de tema- ahora, ¿dónde esta el helado? Sé que tienes helado por aquí, Clementina de mis amores y todos sabemos perfectamente que no hay nada mejor para un cuerpo empapado y que estuvo muy cercano a la muerte, que un gran pote de helado. Sube la moral que ni te imaginas. Aunque si tienes uno de tus hermosos y bellamente tejidos suéteres te lo agradecería intensamente. Ser mago es bastante inútil hasta que se tiene 17 años- desde abajo se escuchó un relincho. Casimiro siempre sabia cuando Odiseo estaba en las vecindades- y tal vez debamos ir a ayudar a tu madre con Casimiro, que ya sabes como se pone cuando le da por intentar subir las escaleras hasta donde estamos.
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Clementine Boot el Jue Sep 01, 2016 1:49 am

Sólo una persona en el mundo, o al menos de los que ella conocía, era capaz de subirse por las enredaderas bajo una lluvia como esta, y sabiendo (u olvidando como es en el caso de su amigo) que ya estaban a punto de romperse tras su último intento de dárselas de sipiderman trepa murallas hacia su habitación. Al abrir la ventana no sólo comprobé que lo había hecho si no que también que mi estima hacia el chico que estaba colgando de su ventana era de otra galaxia, tanto así que no dude en ir a tomar sus manos sin importarme que poco de mí quedará dentro de la habitación, logrando que por unos minutos que parecieron eternos temiera por nuestras vidas en vez de sólo la suya como tendría que ser si se tratará de dos personas cuerdas, pero estaba casi segura que esta no sería la última vez que los dos estuvieramos a punto de morir por alguna locura de alguno de los dos. Es que definitivamente le faltaba la razón, le faltaba alguien que pusiera un poco de cordura en el grupo, porque entre los dos cual de los dos vivía más en el espacio, aunque no podía quejarme, no podía pensar en un mejor amigo que Odi, pese a  que hace unos segundos a penas lo había llegado a odiar con todo su ser, o al menos hacer el intento de odiarlo, ya que sabía que sólo bastaba con que Odi insistiera un poco ara que Tremendushka se fuera lejos a tomar un té.

Sentí como la lluvia cumplía su labor de mojar rápidamente todo mi cuerpo, y por unos momentos me sentí como cual Rose de Titanic y sus "come back tuuut (sonido silbato) come back tuuut" , pero sin silbato, sin mar, y sin madera, y que si tenía las ganas de salvarlo no como esa Rose que deja morir a Jack con tanto espacio en esa tabla.- ¡Insisto en qué cabían los dos en esa tabla!.- dije frunciendo el ceño mientras que por la indignación solté levemente las manos de Odi, pero cuando escuché el grito de Odi recordé que no estábamos en Titanic y que no era un muy buen momento para odiar esa escena de la película ya que podía pasar horas explicando como esa escena lo arruina un poco todo, aunque aún así con el reloj moderno de Dicaprio seguía estando dentro de sus películas favoritas. - Ouch, agárrate bien mientras yo... intento...- no logré terminar de decir la frase, ya que puse toda mi fuerza para impulsar a Odi y a mí dentro de la habitación, lejos de lluvias, Rose, Jack, y barcos hundiéndose.

Para mi sorpresa al parecer mi cuerpo agarra fuerza cuando esta en peligro la vida de un amigo, o esa es la razón que me di cuando logré victoriosamente expulsar nuestro cuerpo dentro ¡Pum, pum, pum! mi corazón también quería formar parte de la película, de echo sentía que se me iba a salir por la boca en cualquier momento por la adrenalina que se  había apoderado de su cuerpo al pensar si quiera que le podía pasar algo a su amigo.- Definitivamente en otra vida no fui un pez...- agregué aún en el suelo toda mojada, y no agradandome nada la sensación de humedad en el rostro.- sip, es definitivo fui un gato.- agregué mientras sentía un escalofrío recorrer mi cuerpo, al sentir la humedad de mi ropa junto a mi cuerpo, además claro que fui un gato, amo la lana.

En eso la risa de Odi me hizo recordar por qué había terminado así y no dude en exigirle una explicación de tan irresponsable accionar pero algo en el rostro de su amigo me detuvo en el acto, fruncí el ceño y lo mire preocupada.- ¿un poste?.- pregunté frunciendo más el ceño, sin creerme para nada en su respuesta, mientras que me dejaba caer al suelo junto a Odi sin mayor represalia, pero aún sabiendo que ese movimiento traía consigo un motivo en especial como que no me enojará más con él tal vez... ay no, ¿que había hecho? Comencé a escuchar sus siguiente palabras y no tuve que esperar que terminará para saber el resto.- ¡ARG ODI! ¿cuántas veces te he dicho que no te metas en peleas por aquello? .- le pregunté con indignación, mientras miraba su herida.- Mira cómo te han dejado esos idiotas...- agregué haciendo una mueca , mientras llevaba mi mano a su boca y le rozaba suavemente la herida.- se ve feo ... ¿es por eso que no pudiste llegar anoche, verdad? ¡eres muy idiota a veces Odiseo! ¿Te das cuenta que nos hubiéramos ahorrado todo esta escena digna de película para Oscar sino hubieras caído en los comentario estúpidos de esos descerebrados?.- pregunté mirándolo mientras negaba con la cabeza, pero luego una sonrisa se apoderó de mi rostro y acorte la distancia para abrazarlo.- pero me alegro que este bien....- termine por decir para luego pararme de un sopetón para dirigirme a un mueble y tomar la cassata que había dejado.- ¡HELADO DE MANGO CON CHIPS DE COCO!.- grité mientras lo elevaba al aire, si seguimos con películas que perduran el tiempo fue algo como cuándo elevan a Simba en el rey león, sí muy parecido, lo volví a dejar en el mueble.- Y sobre el suéter, creo que he tirado todos los tuyos por la ventana...- agregué haciendo una mueca con mis labios claramente avergonzada, es que no manejo al cien mi accionar cuando aparece  Treme en mi vida, ella me domina casi a full. - Oh no ! espera, creo que te estaba tejiendo uno hace poco para navidad...- dije mientras me acercaba a una caja que estaba al lado del closet, asumiendo que era por eso que se había salvado de ser lanzado por la ventana, lo tomé entre mis manos y lo miré, fruncí el ceño y me giré hacia Odi.- creo que no nos servirá mucho...- dije riendo al ver que estaba tejido hasta la mitad, sería casi como un peto para su amigo, no logré evitar soltar una carcajada al pensar a Odi con el puesto.

En eso escuchamos a relinchar a Casimiro.- Ay! hermoso Casimiro que ni lo he ido a saludar por tu culpa..- le dije dirigiendo una mirada reprobatoria a su amigo, y hubiera sido creíble si no fuera porque iba a acompaña de una sonrisa en mi rostro, dejé el suéter  a un lado y tomé la mano de Odi para levantarlo del suelo y sin soltarle la mano salí con él de la habitación.- Vamos a saludar a Casimiro, buscar algo de ropa con mi padre, darte un té caliente, regañarte un rato por lo de anoche, para después subir y comer helado mientras vemos una película. No recuerdo como íbamos en el orden, pero creo que esta vez te toca elegir a ti la película.- le dije mientras caminábamos primero hacia la habitación de mis padres, al entrar estaba vacía, mi madre debe estar en una lucha con Casimiro, y mi padre estaba en sus talleres de lectura. Me dirigí hacia su closet, escogí alguna ropa de mi padre para Odi y se la tendí, mientras yo escogía una vestido de mi madre para cambiarme la mía, sabía que mi pieza estaba a unos pasos, pero ya que estábamos aquí había que aprovechar. En eso escuchamos un relinchar muy cerca de nosotros me giré y estaba la cabeza de Casimiro asomándose por la pieza.- No pude retenerlo más...- escuché la voz de mi madre atrás resignada.- CASIMIRO BELLO.- grité mientras me abalanzaba a abrazarlo, y mientras lo hacía estaba casi segura haber  observado un sonrisa por parte del caballo hacia mí.- Hola Odi, veo que ya se han arreglado, muy bien, que ya sabes...todos tememos cuando aparece Tremendushka en esta casa.- dijo mi madre, le miré una mirada ofendida, pero no duró mucho tiempo ya que le encontraba razón.
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Odiseo Masbecth el Dom Sep 04, 2016 6:45 am

Como había imaginado Clementine se había molestado con él. Y si, sabía que no debía meterse en peleas por eso. Y sí, normalmente no lo hacía. Pero… Pero esta vez verdaderamente le habían molestado. Esta vez sus palabras y acciones habían traspasado la capa de droga y relajación que lo recubria y habían molestado a su ser. Así que había hecho todo lo que toda persona decente y sensata haría en un caso como ese: se había agarrado a puñetazos con el desgraciado que se había atrevido a meterse con Clementine. Perfectamente natural. Cuando la chica le rozó la herida Odi hizo una mueca. Sí, dolía un poco y a veces se volvía a abrir y sangraba, llenandole la boca de un sabor a oxido, pero se había despertado con peores heridas y menos conocimiento de cómo habían ocurrido. Suelta ligeros síes ante las palabras de regaño de Clem solo para asegurarle que la escuchaba. El abrazo le supo a maravilla, estrechando con fuerza contra su mojado ser.

- No te preocupes Boo, mala hierba nunca muere- bromeó tras soltarla para que pudiese volver a ser el resorte lleno de energía que normalmente era, pero cuando lo tentó con ese helado- HELADO DE MANGO- ah, la emoción que puede causar un helado de mango en el confundido corazón de un insipiente yonki es algo sobre lo que alguien debería escribir un libro. Se apoyó en sus codos para intentar levantarse a tomar la cassata, pero como un torbellino de energía Clem ya había pasado a lo siguiente, su sueter. Por un momento pensó que tendría suerte, pero aquel pensamiento se convirtió en una carcajada al ver el estado en que su sueter navideño se encontraba.

Tomó la mano que se le ofrecía para levantarse y se dejó arrastrar por toda la habitación con la felicidad de un niño. Ya todo estaba bien de nuevo. Asintió ante las detalladas instrucciones de Clem, fingiendo una seriedad absoluta para luego defender su caso.

- Mi turno, claramente, mi conocimiento profundo de cineitud y yo debemos esconder esta noche la pelicula.

La ropa del padre de Clem le quedaba un tanto… ajustada, a pesar de ser una camisa holgada y un pantalón largo además de uno de los famosos sueteres de la chica que tenía una enorme inscripción de “El mejor padre del mundo mundial” en él. Pero cualquier cosa serviría para sacarse aquella ropa empapada que llevaba encima. Le dió la espalda a la chica y quitándose la ropa con la velocidad de un velociraptor que sabe abrir puertas se encontró de pronto enfundado en pequeñas y calentitas prendas de ropas. La cabeza de su animal de compañía se asomó por la puerta. El mundo parecía ir un poco a cámara lenta para él hoy porque Boo se le adelantaba en cada pensamiento, abalanzándose sobre el animal, que la recibió con un ligero movimiento de cabeza y una sonrisa -porque sí, los caballos sonríen. Es un dato ampliamente conocido por todos los caballo dueños y sus caballo amigos.


- ¡Mo! Claro que lo hemos solucionado ¿Acaso lo dudabas? Trem no puede resistir a esta bella sonrisa y aún si mi vida peligra nunca dejare que esa mujer malvada ronde por esta casa si puedo evitarlo- usó su tono mas heroico para esto, hasta poniendo sus puños en la cintura y sacando pecho como había visto a algunos héroes de las películas hacer- pero ahora alguien me prometió que comeriamos peliculas y veríamos helado… ¿O era al revés? En fin- sin más dilaciones agarró a Boo por la cintura y se la echo al hombro como si fuese un saco de patatas, llevándola hacia su cuarto, siendo seguidos de cerca por Casimiro. Sin soltarla se agachó para rebuscar entre los cartuchos de peliculas que Boo tenia apilados al lado de su televisor -esa pequeña maquinita del demonio que a Odi aún le causaba algo de desconfianza- hasta que dio con lo que buscaba- muy bien, aqui acaba mi conocimiento. La última vez que intente meter yo una de estas cosas eso casi se queda con mis dedos, así que…-con una muestra poco común de agilidad y coordinación Odi posó los pies de Clementine en el suelo, la hizo girar con una de sus manos y luego hizo esa posición de baile en la que la mujer queda a punto de caer, solo sostenida por los poderosos y mascuJAJSAHGAKJSGFAJJAJAJ coff, coff, uy, que tos, como decia por los poderos…. No, no puedo hacer esto. Que Clementina no se caía porque los brazos de pollo de Odi no la dejaban- el honor es todo suyo- con una risita divertida volvió a erguirse y le entregó el cartucho a la chica “Mi vecino Totoro” decia.
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Clementine Boot el Dom Sep 11, 2016 11:30 am

Desde un comienzo  y por muy extraño que pareciese ya que no dudo ni un segundo en lanzarle por la ventana todas las cosas a su amigo sabía que todo este enojo terminaría en esta imagen, los dos empapados y abrazados en su habitación. Una amistad así no terminaría por aquello, aunque le había dolido eso sí, pero ahora ese dolor se había ido al ver que su amigo se encontraba bien después de intentar defenderla ante un grupo de idiotas que hablaban mal de ella.

- Tu no eres una hierba mala, por eso me preocupo.- le dije sincera mientras me levantaba del suelo de un sopetón. Ya que a pesar de que la familia de su amigo se empeñe en decir que es un desastre la vergüenza de la familia, una deshorna y bla bla bla para mí Odiseo es una de las mejores personas que conozco, y si fuera una planta sería una muy hermosa, leal y feliz. Lo más probable que si tuviera que decidir que planta sería Odi, sería la hierba que fuma y que tan feliz le hace, sip esa sería.

Tomé el helado de mango en mis brazos y lo eleve en el aire.- SII Y CON COCO.- seguí gritando feliz al escuchar la reacción de su amigo, es que ese helado era una sustancia mortal al paladar, luego lo deje en el mueble, ya que habían otras cosas que debíamos hacer antes de probar tan delicioso helado.

Intenté buscar algo para Odi en mis cosas, pero Treme- mi gemela malvada- se había encargado de lanzar todo por la ventana, por lo que terminé tomando de la mano a Odi y llevándolo a la habitación de mis padres, ya que allí podríamos tener un poco más de suerte en encontrar ropa seca y calientita. Al entrar le pase ropa de mi padre a Odi y yo saqué un vestido de mi madre, y en menos de dos minutos los dos ya estábamos cambiado de ropa y más felices que antes, era muy acogedor sentir el calor de la ropa seca en sus cuerpos, pero en eso Casimiro entra a la habitación relinchando para llamar su atención y no dudé en ir a abrazarlo.

- Treme es una incomprendida...- dije aún abrazando a Casimiro.- ¿verdad Casimiro? ¿verdad que en el fondo Treme es un amor de persona?.- le pregunté dulcemente al caballo mientras lo acariciba y le lanzaba besos, es que ese caballo me robaba el corazón.

- Un amor de persona que no dudaría en matarnos a todos.- escuché decir a mi madre y por más que sus palabras fueran muy serias ella no perdía la sonrisa en su rostro. - Y claro que no se puede resistir a tus encantados Odiseo, si eres todos un guapo.- le dijo sin tapujos mi madre a Odi, es que realmente lo pensaba, de echo durante mucho tiempo quiso unirnos a los dos de forma amorosa, pero luego se rindió al ver que los dos eramos como hermanos, y así era tratado Odi en casa como otro hijo más.

Iba a decirle que lo que había dicho podía ser real, pero que definitivamente les dolería el estomago después de comer la película y mirar el mango, pero no logró decirlo ya que Odi la había tomado de la cintura y se la había colgado al hombro como cual saco de papas.- ¡Odi, bájame! .- le dije sin evitar reír, mientras observaba como mi madre negaba con la cabeza divertida y bajaba sin siquiera intentar bajar a Casimiro que nos seguía campante. Entramos a mi habitación y su amigo aún teniéndola en sus brazos escogió una película, para luego de un extraño movimiento me depositaba en el suelo girándome casi como si de un paso  de baile se tratara lo que me hizo reír.- ¡estamos locos!.- terminé por decir divertida, mientras aceptaba el cartucho y me agachaba para ponerlo en el televisor, miré a Odi con una sonrisa.- Ves, es así de fácil y no me traga ningún dedo.- le dije mientras sacaba la película y lo ponía en la vídeo cassetera, la música comenzaba a sonar, adoraba esa película.

- Ese movimiento me hizo recordar que me debes un baile, ¡íbamos a ser los dueños de la pista!.- dije haciendo un leve puchero al recordar que no habíamos ido al baile, seguidos por movimientos de baile por mi parte, para luego echar a reír. Miré a Odi y eso me hizo recordar lo de su herida.- ¡QUE TODO EL MUNDO SE DETENGA!.- grité y me quede congelada en mi posición, y con un pequeño movimiento de mi dedo indice hice que la película quedara en pausa.- No podemos empezar sin antes arreglar aquella cosa que sangra en tu rostro...- dije poniendo una mueca.- Ahora que lo pienso creo que tengo algo en el botiquín de mi baño, espérame aquí..- le dije a Odi mientras comenzaba a caminar, me detuve y me giré mirando a Casimiro.- No dejes que se escape.- le dije al caballo que me relincho de vuelta. Sabía que Odi no le tenía mucha confianza a las cosas muggles y menos a la medicina, me había costado siglos una vez ponerle un parche en una herida, y no quería ni imaginar como se pondría al verme volver con una crema, algodones y nuevamente ese "parche del mal" como lo había terminado llamando aquella vez.
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Odiseo Masbecth el Lun Sep 19, 2016 4:45 am

Casimiro era feliz en aquella casa. Estaba llena de gente que lo acariciaba y le daba amor, no como en la de Odiseo que constantemente le lanzaban malas miradas e intentaban sacarlo al jardín. Además, siempre tenían zanahorias y manzanas y cosas ricas escondidas por ahí, listas para ser consumidas por él. Y Cleme, cuando no era Treme, era una excelente proporcionadora de mimos. Por eso siempre que le preguntaba algo le daba la razón con su específico relincho de “darle la razón a Clem” que tenía un ligero hmmm al final.

Y a Odi le encantaba aquella casa por unas razones muy parecidas. No estaban todo el tiempo lanzándole indirectas envenenadas sobre esto o aquello ni se le intentaba detener las múltiples liberaciones de elfos domésticos que cada vez intentaba. Principalmente porque no tenían elfo doméstico, pero aún si lo tuviesen Clementine probablemente ya lo hubiese liberado. Además, se preocupaban por su adecuada alimentación, prueba era que eran dueños de un helado de mango con coco.

- ¡Claro que no te traga ningún dedo! ¡A ti te quiere! En cambio esa maquina del demonio sabe cuando yo me le acercó y si no me traga la mano entera es porque no le cabe- como si un niño de tres años se tratase le sacó la lengua a la susodicha máquina. Luego Clementine deslumbró su joven mente con unos magníficos movimientos de baile y no tardó imitarla con sus propios y maravillosisimos movimientos- hubiésemos sido los dueños y señores de la pista, sí, sí, sí- dice con una inmensa sonrisa tras hacer su propia demostración de coordinación música-cuerpo. El grito de Clementine lo hizo detenerse en seco, con la mano a escasos centímetros de la cassata que había estado haciéndole ojitos todo aquel tiempo. Lo había descubierto. Había descubierto sus planes malévolos de hacerse con el helado. Todo estaba perdido- me detuve, me detuve, no iba a hacer nada, en serio, nada que ver con el hel… ¡Oh!-dijo, llevándose una mano a la herida. Tal vez sería buena idea si eso no implicase… aquello- nonono, Clem. Estoy perfectamente bien. No pasa nada te lo aseguro- pero la chica ya había salido en busca del infame botiquín.

Desesperado empezó a buscar una salida. La ventana no estaba fuera de las posibilidades, pero ya estaba tan seco y calientic… y además Casimiro lo estaba mirando con esos ojos de “sé lo que estás tramando” ¿Como era justo que su propio caballo se aliara para impedirle salvar su vida de la cosa esa? No, debía encontrar algo que lo rescatará y rapido, porque creía poder escuchar los pasos de Clem regresando. Así que agarró lo primero que encontró a la mano, que fue una lámpara y se escondió detrás de ella, cerrando los ojos y repitiendo bajo su aliento “no me ven porque no los veo, no me ven porque no los veo” hechizo infalible para la invisibilidad.

Parecía que su disfraz había tenido éxito, y a riesgo de ser descubierto, abrió un ojo, solo para encontrarse con Boo en frente suyo. El sonido que escapó de los labios de Odi al ver el maldito botiquín fue una mezcla de “sálvese quien pueda” en ardilla y un “oh por dios” en ratón. Idiomas en los que era perfectamente fluido.

- Pero, pero, Boo, me he portado bien, es solo un pequeño rasguño, lo prometo- intentó decir mientras retrocedía como podía, intentando huir de la chica y su peligrosa decisión- mañana mismo me lo mando a arreglar y verás como... no, no, juro que esta bien- estaba empezando a abrir el temido botiquín y podía ver ya todos aquellos utensilios que estarían destinados a su tortura. Pobre alma en desgracia que era ahora. Tenía que hacer algo, aquello no podía ser su fin. No, debía prevalecer al parche malévolo. Así que con la agilidad de una gacela se abalanzó sobre la chica y la tumbó en su propia cama, con todas las intenciones de empezar una lucha por el control del botiquín. Recurriría a las cosquillas de ser necesario.

Casimiro, mientras tanto, lanzó su propio ataque secreto. Camuflando sus pasos con la lucha de sus compañeros llegó hasta el helado y enterró su trompa en su un poco líquido contenido. Ñam. Mango.
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Clementine Boot el Jue Sep 29, 2016 5:01 am

No había cosa en el mundo que Clementine adorara más que sus amigos y familia. Y ahora que se encontraba con que en un lado tenía al castaño semi-rubio cabellos locos mega amigo mejores pasos bailables y fanáticos del helado de mango y por otro a Casimiro el caballo más guapo, “hmmm” adorables y guiños coquetones  podía decir que era muy feliz. Claro ese estado se podía porque su gemela Treme, temible para algunos e incomprendida para otros estaba bien lejos. Y así podía volver a estar muy feliz y radiante por su hogar, cosa que agradecían todos los integrantes de esta. Al parecer a veces se ponía un poco…temperamental.

Peeeero eso ya fue, chú, chú, olvidémoslo.

- ¡Que no muerde! .- insistió divertida, mientras se lanzaba a reír.- Pero mira para que confíes…- le dijo mirándolo divertida para luego desviar su mirada y bajar hasta la altura de la video casetera.- Lucy, no vuelvas a morder a Odi, es un amigo.- dijo sonriendole al aparato. Si cualquier persona muggle y más que seguro que algunos magos hubiera entrado a la pieza en ese momento, pensaría que Clementine estaba completamente loca, y bueno…sí quizás lo estaba un poco.- Listo, ya no te molestará más.- le dijo con un tono muy convincente, es que sabía que así con aquel simple gesto, Odi por fin dejaría de temerle al aparato, y cuando se diera cuenta que realmente no mordía dejaría de temerles a tantas cosas muggles como hasta ahora, o al menos eso esperaba que ocurriera.

Y eso señoras y señores, aquel “temor-pánico-omaigo” hacia las cosas muggles de nuestro querido Odi, nos lleva a este siguiente cuadro épico, en donde Odi como cual Cisne negro de ballet se abalanza sobre Clementine para arrebatarle de su poder aquel “parche malévolo” mientras que en otra esquina cual corcel con sus cabellos al viento saboreaba dulcemente aquella cassata de aquel delicioso helado de mango con chips de coco.

- ¡Que no es maligno Odi!.- dijo mientras luchaba para que el hufflepuff no logrará alcanzar el parche para limpiarle y tratar de curarle la herida. En eso Clementine observó un brillo conocido en los ojos de su amigo.- No, no, no cosquillas no…- comenzó a decir, pero ya era demasiado tarde porque ya habían comenzado. ¿Han sentido esa sensación de que todo gira? ¿de qué no puedes parar de reír pero tampoco quieres hacerlo? ¿qué lloras pero sientes una energía tremenda no decaimiento? Eso sentía Clem y más, quien las cosquillas eran su perdición y su amigo lo sabía.- Ok, Ok, ¡Me rindo!.- chilló entre risas, para lanzar lejos al que ahora si era “parche malévolo” para ella porque la había hecho conseguir cosquillas. Las manos de Odi se detuvieron y respiro tranquila, le dolía el estómago, y las mejillas, y lo más normal era sentirse muy cansada y sin ganas de reírse en lo absoluto, pero Clem no hizo más que reír nuevamente feliz.- Estas loco Odi, es sólo un parche, como esa video casetera es solo una video casetera.- dijo divertida para dejarse caer relajada a la cama, en eso gira su visión y ve la trompa de Casimiro llena de helado, echándose a reír nuevamente.

- Al parecer alguien tenía mucha hambre.- dijo divertida, pero enseguida miro a Odi para agregar.- Hay otro abajo, no sufras.- le dijo sonriente.

Porque sí, cómo se dijo en un principio, no había nada en el mundo que Clem adorara más que sus amigos y familia. Y esos dos que estaban ahora a su lado eran las dos cosas. Por lo que más tarde se preocuparía de la herida de Odi, o le diría a su mamá que lo hiciera, mujer que sabía que Odi no podría decirle un “no” jamás.
Clementine se levantó de la cama y dio saltos cual bambi hacia Casimiro.- ¿estaba delicioso guapo?.- le preguntó mientras le acariciaba cerca de la trompa.- pero no comerás más porque te pondrá de malas, pero abajo hay manzanas…- terminó por decirle a lo bajo al caballo que relincho feliz casi mostrando todos sus dientes ¡Ahí estaba la sonrisa de nuevo!

- Vamos Robin que en Bati-cueva hay más helado.- le dijo divertida, para poner pose de súper héroe volador, y salir “volando” hacia las cocinas de la familia Boot.
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Odiseo Masbecth el Lun Oct 10, 2016 3:58 am

La felicidad sí que existía. Cualquiera que te dijese lo contrario probablemente era un amargado o se acababa de pegar con la cama en el dedo pequeño del pie o simplemente no había estado vivo, verdaderamente vivo, lo suficiente. No diría que su felicidad tenía un nombre, porque lo suyo no era la cursilería. Pero si que tenia el pelo castaño y no sabía hacer magia. O cuatro patas y era blanco cuando lograba bañarlo. O hojas, era verde y se podía fumar . Parecía imposible y lejano el hecho de que hace poco tiempo hubiese estado mojándose bajo la lluvia en un intento de ser perdonado por la hermana gemela malvada de la chica que ahora sufría un ataque de cosquillas.

Sus cosquillas eran las mejores - o peores, según se viera- cosquillas de todo el mundo. Tenía unos dedos veloces e implacables y una resistencia sublime. Cuando había personas que se agotaban rápidamente y tenían que detener sus cosquillas por falta de resistencia física él podría seguir eternamente o hasta que la otra persona lo obligase a parar. Era un cosquilleador profesional, sí, sí, sí. Ni siquiera los hechizos eran tan buenos como él haciendo cosquillas. Por eso no le fue extraño que Clem cediese fácilmente y se deshiciera del parche del mal. Así que se detuvo y lo buscó con la mirada, hasta dar con él y abalanzarse sobre este como si se tratará de un gato. Lo pisoteó y pisoteó hasta que estuvo tan triste y café que ya no había posibilidad de que lo usarán sobre él. Cuando estuvo  satisfecho se paró, triunfante, con las manos en la cintura y su mejor pose de héroe de película de los 70.

-No, no, y no. Ambas cosas son malignas y me odian. Puedes verlo en sus ojos -dijo, señalando los ojos saltones que le había puesto un día a la videocasetera en un arranque de… bueno, no tenía una excusa valida, solo se los había puesto- mira, mira como me mira con sus negros ojos cargados de maldad y malas intenciones- estaba tan ocupado culpando a la tal Lucy de todas las desgracias habidas y por haber en su vida que tardó en darse cuenta que su fiel amigo Tiro al bl… no, no, Casimiro, lo había traicionado de una forma vil y desalmada acabando con todo el helado- ¡NOOOOOO!-gritó prolongadamente, como si aquello fuese el fin del mundo, dejándose caer en el suelo de rodillas y alzando los brazos hacia el techo como si de allí pudiese bajar otra cassata que viniese a solucionar todos sus problemas. Sí, el drama era lo suyo- ¿por qué? ¿POR QU…?- se congeló a medio grito al escuchar que había otro abajo- así la cosa es diferente- dijo, ya puesto de pie, cosa que había hecho con la rapidez de un rayo.

Casimiro casi reacciona de manera similar a su humano cuando le dijeron que no podía comer más. Como buen caballo, Casimiro no entendia de límites a la hora de comer. Él comia y comia todo lo que agradaba, hasta que Odi lo detenía. Los humanos siempre decían que era por su bien, que se iba a enfermar. Humanos tontos, Casimiro era indestructible. Pero entonces Clem le pusó esos ojos ¿y qué más puede hacer un caballo que derretirse ante esos ojos? … La promesa de manzanas también ayudó, no vamos a mentirnos.

-¡A la Robin-cueva, Batman! -Odi nunca había entendido muy bien aquello, pero se esforzaba por hacerlo, así que imitó lo mejor que pudo la pose de su amiga y la siguió a todo correr, pasándola rápidamente en las escaleras para lanzarse sobre la nevera y sacar la siguiente victima cassatiense de sus estómagos - ¡ja-ja! Es mia y no la compartire con nadie -su rostro lucía su mejor sonrisa malévola mientras buscaba con la mirada las cucharas. Era bien capaz de comérselo con las manos, pero queria darle una oportunidad a Clementine de negociar por el helado. Era una persona muy justa, sí que sí. Sus ojos soltaron un brillo de dibujo animado cuando se toparon con el cubiertero y su largo cuerpo se abalanzó sobre éste con la velocidad y gracilidad de un pato. Como si de pronto Casimiro hubiese recordado de qué lado estaba su cuerpo se atraviesa a Clementina, reclamando sus manzanas mientras Odi se apropia de absolutamente toda las cucharas y tenedores y demás cosas que puedan ser usadas para atacar la cassata, por lo que acaba con todos sus múltiples bolsillos llenos de cubiertos.
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Clementine Boot el Dom Oct 16, 2016 7:54 pm

Desde el día uno que conoció a Odiseo, la castaña se había dado cuenta que su amigo tenía un especial don para hacer reír a las personas, posteriormente también se dio cuenta que tenía un arma letal con respecto a aquello; sus cosquillas. Apenas veía ese brillo peculiar en los ojos de Odiseo sabía que se aproximaba el hecho de tener al menos por media hora aquel dolor en sus mejillas de tanto reír. Es que las cosquillas de su amigo eran de esas que te hacen ver Umpa lumpas bailando la conga con una fondo floreado, ya saben…a veces la risa te llevaba a lugares inexplicables.

- ¿Qué tienen sus ojos? Si son adorables.- insistió mirando la video cassetera, y recordando el día en que su amigo le dio por dibujarle ojos.- Ahora mirándola mejor…- comenzó a decir llevándose la mano a la boca pensativa.- Creo que te estas equivocando amigo, creo que Lucy te mira con otras malas intenciones…- siguió diciendo aguantándose la risa.- Creo que está coqueteando…- le susurro mirándolo divertida y moviendo sus cejas de arriba abajo, para luego echar a reír. Y girar su mirada hacia a donde había un Casimiro cubierto de helado de mango, y se largó a reír nuevamente. Descubriendo que los dos eran los mismos pero uno en versión humana y el otro animal.

Miro a Odiseo al escuchar su gran grito dramático y rio divertida.- ¿No has pensado en ser actor?.- le pregunto divertida, mientras se comenzaba a parar de la cama.- Te creí todo lo del “NOO” ¿sabes? Al nivel de Luke Skywalker.- agregó mirándolo. Es que si Odiseo desconfiaba de sobre manera de los aparatos muggles, no había podido escaparse de que Clementine lo termina por convencer de hacer maratones de películas muggles, y la saga de Star wars había sido una de las primeras películas que habían visto juntos.

Le dio un pequeño abrazo a Casimiro antes de poner la mejor pose de súper héroe vista hasta el momento y comenzar a bajar hacia las cocinas. Pero en las escaleras Odiseo se le adelanto, y la castaña apresuró su paso y entro a las cocinas viendo a su amigo con la cassata en sus manos.- Pasaste de ser Luke Skywalker al Golum del señor de los anillos. Podrías ser un actor todo versátil ¿sabes?.- agregó bromeando divertida, cuando siente a Casimiro pidiéndole sus manazas y de reojo ve como su amigo se abalanzaba hacia los cubiertos.- Odi, no necesitas tantos.- le gritó desde el otro lado, para luego rodear los ojos y sonreírle a Casimiro.- Ya tendrás tus manzanas bonito…- le dijo mirándolo cariñosa, para luego ir a buscar una cesta de mimbre que en su interior tenía algunas manzanas que tenían un rojo maravilloso como el de la manzana de blancanieves, pero sin el veneno y la bruja malvada por su puesto, sólo poseían el delicioso y tentador rojo.

Cuando dejó a Casimiro con sus manzanas rojas deliciosas miro nuevamente a Odi .- Hey! Yo también quiero helado.- comenzó a decir haciendo pucheros, se acercó a su amigo para poder tomar un cubierto y comenzar la batalla campal para que el castaño compartiera un poco del helado, pero antes de decir palabra alguna recordó que antes de que Treme decidiera irse a las Bahamas a unas vacaciones, había lanzado varias cosas por la ventana entre ellas la fotografía que tenía con Odi cuando eran más pequeños.- ¡La fotografía!.- gritó abriendo los ojos como huevos fritos y comenzó a correr hacia la salida, ignorando por completo que aún seguía lloviendo igual o más que antes.

Salió de su casa y se dirigió hacia donde se veían muchas cosas amontonas y mojadas, la lluvia no se demoró en mojarla en poco tiempo casi por completo, suspiro derrotada cuando no logró pillar la fotografía entre las cosas, pero ese mismo echo hizo que Clementine respirara profundamente. ¿Han sentido ese frío que entre por tus fosas nasales cuando está lloviendo? Es un frío diferente, como limpio, tranquilizador. La castaña sonrió y levantó la vista hacia el cielo y sintiendo la lluvia golpearle el rostro, y más que desagradarle la hacía sentir muy viva.- ¡ODI, VEN! LA LLUVIA ESTA MARAVILLOSA.- le gritó a su amigo, qué sabía muy bien podía al igual que ella disfrutar esta maravilla tanto como ella. – Ven a bailar conmigo.- le dijo cuándo lo vio aparecer en el dintel de la puerta, mientras ella tomaba el vestido que tenía pensando ponerse la noche anterior y se lo ponía sobre su cuerpo para mirar a Odiseo divertida y comenzar a bailar bajo la lluvia.

Todos sabían que era una idea que de seguro te llevaría a la cama con fiebre a la mañana siguiente, todos quizás hubieran esperado que la lluvia cesase antes de salir a buscar las cosas, o al menos hubieran tomado una paragua, todos quizás hasta hubiera salido de todos modos pero hubieran entrado enseguida al no pillarla, bueno todos menos Clementine, quién en estos momentos era feliz como una niña en la mañana de navidad.
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Odiseo Masbecth el Lun Oct 17, 2016 1:41 am

Parecía un vagabundo obsesionado con las piezas de cuberteria, lo que ya era la mitad de su apariencia normal porque ya fuese por hacer rabiar a sus padres, por su naturaleza desgarbada o porque estaba practicando para un futuro Odi siempre parecía tener la apariencia de alguien al que solo le falta un empujoncito para ser un vagabundo. Un vagabundo con un caballo come manzanas. Si fuese un vagabundo al menos la nariz de Casimiro siempre lo llevarían hasta donde estaban las manzanas se dijo mientras clavaba una, dos, tres cucharas dentro de la nueva cassata, cada una sacada de un bolsillo diferente. Una para él, la cual pronto se llevó a la boca cargada hasta lo imposible de helado, otra para él, enterró la primera en el helado y sacó el segundo bocado, y otra para…

- ¡Mio, es mio! -repitió, haciendo su mejor imitación de la voz de ese tal Gollum que habían visto una vez, que llegó armada con su propia cucharada sacada de entre las melenas de Albus Dumbledore. Esa mujer era más recursiva que una bruja con una varita.

Odi empuñó su cuchara, dispuesto a defenderse con todo su arsenal pero antes de poder siquiera dar la primera estocada cucharil, los ojos de Clem se volvieron huevos fritos y gritó la foto. El chico se la quedo mirando con la cabeza ligeramente ladeada, con una expresión de perro perdido en su rostro. Normalmente el pensamiento de Clem se demoraba un par de minutos en llegar por medio de la telepatía amiguistica a su cerebro. Pero cuando llegó los ojos de Odi también se volvieron unos huevos fritos también y dejó el helado ahí, como en cualquier sitio, tan a la mano de Casimiro que luego se arrepentiría. Pero el caballo mantuvo la calma y siguió comiendo sus manzanas como si en realidad no estuviese tramando algo totalmente diferente.

Odi se detuvo en la puerta tan solo para asegurarse de que ya había dejado caer todos los cubiertos en su camino hacia la puerta, tan solo para ser recibido por la imagen de Clem bailando bajo la lluvia, con su vestido para el baile todo mojado y sin una sola preocupación en el mundo. Sonrió, con una sonrisa que parecía hacer que el resto de su cuerpo brillara y salió riendo de alegría a su encuentro.

-¿Me permite esta pieza, hermosa señorita?-le dijo, haciendo una reverencia que incluía quitarse un sombrero invisible y apoyarlo contra su pecho mientras la otra mano se la tendía a su amiga, sin dejar de sonreír con aquella sonrisa traviesa y divertida en ningún momento.

Aquello era vida y aquel que lo negase es porque siempre andaba con un paraguas bajo la lluvia. Lo que se perdía la gente por andar teniendo miedo y preocupada por lo que vendría después. No se iba a arrepentir de aquello ni cuando tuviese fiebre y estuviese siendo regañado repetidas veces por la enfermera de Hogwarts. Así que tomó delicadamente  la mano de Clem, llevó la otra de la chica a su hombro y empezó a bailar un solemnisimo vals, pero cada vez iban más y más rápido, girando y girando bajo las gotas de lluvia que los cubrían. Si alguien se hubiese asomado a mirarlos por una ventana seguramente se hubiese mareado ante la velocidad que habían tomado al girar, pero ninguno de los parecía notarlo, las gotas de lluvia y el vestido había formado una capa que no permitía que la realidad entrase a irrumpir aquel momento.

- Oh, disculpe señora ¿era acaso ese su pie, señor? Como siento haber arruinado su vestido, damisela- decía de tanto en tanto, fingiendo con movimientos ligeros que se estrellaban con más gente en la pista- ¡que torpes son todos!- le susurró al oído a Clem, como si fuese una confidencia, como si pudiese escucharlos alguien- no saben bailar vals adecuadamente y se están metiendo todo el tiempo en nuestro camino.

Se detuvo de pronto, agarrando con fuerza de la cintura a Clem para que no se fuese a ir contra el mundo por el repentino detenimiento. Puso cara de profunda concentración, como si escuchase algo llegar desde muy lejos.

- ¡Oh señorita! ¡Que horror! -su rostro fingió una mueca de espanto- oh, lo lamento tanto, si hubiese sabido… Si hubiese sabido que pondrían este tipo de música…- Tal vez, solo tal vez, Odi tenia telepatia con su caballo porque tras un relincho de este, una música estruendosa empezó a sonar y Odi se tapó la boca pudorosamente con una mano, moviendo sus largas pestañas de rubia en problemas - si lo hubiese sabido, yo… yo ¡Me hubiese puesto mis zapatos para bailar! -y tras esta audaz afirmación, Odi hizo girar una vez más a su amiga sobre si misma y empezó a mover el esqueleto al ritmo de la agradable música de ese mago llamado Freddy Mercury.
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Clementine Boot el Dom Oct 23, 2016 11:45 pm

La madre de Clementine quien había ido tras dejar a Casimiro con los chicos en el piso de arriba al living para sentarse en uno de los sillones y mirar  una de las películas de “Tarde de Cine”, se encontraba viendo una película de James Dean, o sea dicho de paso, na película  imperdible para ella quien aquel actor se había robado su corazón desde que tenía uso de razón. Bordaba animada lo que posteriormente se convertiría en las nuevas fundas de la casa de los Boot, de pronto vio como Odiseo corría cual loco a la cocina, y tras de él venía su hija junto al adorable caballo. Cualquiera otra persona normal hubiera quedado atacada por aquella imagen, pero no la madre de la castaña, quien ya hace años atrás se había acostumbrado a las locuras de ese par. Por lo que sólo se limitó a negar con la cabeza divertida mientras seguía tranquilamente haciendo aquel hermoso panorama de día sábado.

Mientras que en la otra habitación de los Boot las cosas no iban del todo calmas, Clementine se encontraba dándole las manzanas prometidas a Casimiro mientras Odiseo se convertía en una fiel copia del Golum, pero nada de eso perduro mucho tiempo, porque el aire huracanado que siempre envolvía a ese trío ahora llevaba a la castaña corriendo hacia los exteriores de la casa, a la calla para ser más precisos, en busca de una fotografía muy querida por ella y que su gemela malvada había tomado la decisión de lanzarla a la vida como cual Garfio queriendo lanzar a Peter pan al cocodrilo.- ¡Odiseo Masbecth, tienes que dejarme aunque sea una poco de ese helado!.- gritó mientras corría rápidamente hacia la calle, para ver si en ese tumulto de cosas podría encontrarla, pero no tuvo mucho lo que la hizo suspirar frustrada.

Pero de pronto…como si el hecho de haber ido a buscar la fotografía en ese tumulto de cosas tiradas y completamente mojadas en plena calle se hubiera convertido en un gran portal que la transportaba a Narnia, Clementine se dio cuenta de lo maravillosa que estaba resultando la lluvia, lo magnifico del helado viento que entraba por su nariz, y las ganas incontrolables que tenía de bailar sin sentido en aquel preciso momento. Pero como toda hermosa sensación que sentía en su vida le gustaba compartirla con los que ella más quería, no dudo en llamar enseguida a su amigo para que se uniera a esa tremenda fiesta que la naturaleza les estaba dando.
- Por supuesto que sí amable caballero.- le respondió también adoptando una postura solemne, mientras abría los vuelos de su vestido en modo de reverencia, le tomo la mano a Odiseo con una enorme sonrisa. Su amigo le llevó su otro mano a su hombro, y de pronto las gotas de lluvia se convirtieron en la melodía de un divertido Vals que hizo que los pies de ambos se comenzaran a mover disparatadamente, y ya no se encontraban allí, y nadie que no fuera ellos podría descifrar exactamente en que dimensión paralela se encontraban, quizás estaban en un mundo muy parecido al que se encuentra en la >>segunda estrella a la derecha<< o el que se encuentra tras cruzar un armario enorme, o al otro lado del espejo, pero los que los conocían aunque sea un poco a este par, dirían que lo más probable era que se encontraran en un lugar que era la mezcla de todos esos y más.

- "Oh, perdón por el codazo", "Oh,no sé cómo llego eso a su sombrero", "Oh no se preocupe de seguro no me dolerá nada esa pisada".- decía del mismo modo que Odiseo a esas personas imaginarias que los rodeaban, de echo podía describir vívidamente el aspecto de cada una de aquellas personas no reales con las que se habían topado en su gran coreografía de Vals, es que cuando estaba al lado de su amigo su imaginación no tenía límites. – Deberíamos llamar a la seguridad bailistica, no es posible que los hayan dejado entrar a la pista de baile.- bromeó toda sería con el mismo tono de susurro y confidencia que había ocupado Odiseo.

Pero de pronto su amigo se detuvo en seco y la tomo de la cintura para que no terminara fusionándose con el cemento de la lacera por el golpe que se hubiera dado por tal desequilibrio repentino, Clementine levanto levemente sus oídos, como un perrito que escucha a los lejos los pasos tan conocidos de su amo, y de repente como si aquel momento mágico no fuera aún lo suficientemente épico, apareció Casimiro que con un fuerte relincho trajo junto a él una música estruendosa, y no cualquier música sino la del glorioso Freddy Mercury.

La madre de la castaña quien hasta el momento se había mantenido al margen, tras escuchar aquella música se dirigió a la cocina para ver si se había perdido de algo, es que estaba tan sumida en James Dean en “Race with destiny” que ni siquiera había escuchado el alboroto de los cubiertos que se caían de Odiseo al ir en busca de Clementine, pero no encontró a nadie en la cocina, y corrió hacia la puerta mientras rogaba que sus suposiciones no fueran ciertas, pero antes de ni siquiera llegar a la puerta ya sabía que estaba en lo cierto.

- ¡Clementine! ¡Odiseo! Éntrense ahora mismo o pillaran un resfriado.- gritó en dirección a los chicos, pero ya era demasiado tarde, porque ya las primeras notas de “Under pressure” de Queen ya habían comenzado, porque ya aquella común y tranquila calle de la casa de la familia Boot, se había convertido en una pista de baile en donde tanto Odiseo, Casimiro y Clementine eran los dioses de la pista.

La sonrisa que se apoderó de Clementine al escuchar aquella canción, y tras el giro que le había dado su amigo Odiseo  para luego comenzar a bailar descontroladamente de seguro competería con el lumos más fuerte del mundo mágico. Por eso sin dudarlo comenzó a mover todo su cuerpo como si la vida le dependiera de ello, por un momento sintió que se encontraban en aquel gran estadio Wembley, donde  ella era Annie Lenox, Odiseo era Bowie y Casimiro era Freddy Mercury, es que si supieran como mueve su cuerpo aquel caballo cuando bailaba (porque si Casimiro era una caballo que baila y que se ríe) no encontrarían extraño que a él le tocase aquel rol. Bailaron como nunca, mientras de vez en cuando cantaban la canción fuertemente como si de un himno se tratase, o un canto totalmente liberador. Para la madre de la castaña aquel baile, y aquel momento pudo ser descrito más adelante como algo muy parecido al baile Futterwacken que realiza el sombrero loco cuando logran destruir al temible Galimatazo.

La canción llegaba a su fin, Clementine empuño su mano como si tuviera un micrófono en ella.- This is oir last dance, under pressure, under pressure…pressure.- terminó de decir con una posición digna de estrella de Rock, y si realmente se encontrará en medio de un concierto, o en una gran pista de baile aquel momento sería  cuando las luces se van en Fade out, y el público estalla en aplausos, pero no pasó nada de eso, al abrir los ojos seguían en la calle, bajó la fuerte lluvia, la castaña sonrió y se abalanzo a abrazar a su amigo.- Al final, después de todo tuvimos nuestro baile.- dijo sonriente, para luego mirar como su madre tenía un ceño fruncido que se podía ver desde lejos.- Creo que mejor nos entramos antes de que a mi madre de tanto fruncir el ceño se le quede así...- dijo por lo bajo mientras le apuntaba con su cabeza hacia donde estaba su madre con los brazos cruzados, se giró tomo las demás cosas que había lanzado por la ventana Treme, para luego ir donde Odi y tomarlo del brazo para comenzar a caminar hacia la casa.- A todo esto ¿me guardaste helado?.- le preguntó curiosa, tenía muchas ganas de helado.
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Odiseo Masbecth el Lun Nov 28, 2016 4:15 am

La única cosa que siempre les agradecería a sus padres era el haber dejado entrar en su vida a Clem. Puede que se arrepintiera de ello cada día y le rezaran a Salazar por la pronta muerte de ambos, pero la vida de Odi simplemente no sería lo mismo sin su pequeña castaña ¿Con quien bailaría Under Pressure bajo la lluvia sin importarle nada en el mundo? ¿Con quién comería helado como si no hubiese mañana? ¿Quien le explicaría todos los pormenores de la vida muggle con todas sus grandes grandiosidades? Sí, definitivamente aquel era el mejor error que sus padres pudiesen haber cometido. Error desde el punto de vista de aquellos estirados y particulares seres.

Porque no había nada erróneo en la naturalidad con la que los dos podían hablar sobre cualquier tema que se les atravesará. O la velocidad con la que se entendían sin tener que cruzar palabra alguna. Odi sabia que Boo siempre estaría junto a él para cuidarle las espaldas y Boo debía tener clarísimo por el corte de su labio que Odi no permitiría que nada le pasará. Sí. No entendía porque había gente que pensaba que aquello era antinatural. Un mago y una squib siendo tan buenos amigos que daban ganas hasta de vomitar. Pero bueno. La vida era buena.

La vida era buena cuando, en ocasiones como aquellas, el cielo se abría y los niños salían a jugar bajo la lluvia y por niños se refería a él y Clem, que aún cuando llegasen a la maravillosa edad de los mil años seguirían siendo niños pequeños, probablemente robandole dulces a los enfermeros y haciendo carreras de sillas de ruedas por los pasillos. Por algún milagro del destino, se habían conocido y Odi tenía bien clarito de que no se separarían jamás de los jamases jamasisticos. Clem era suya y él era suyo, así como las margaritas del verano y la nieve del invierno. La vida sería más fácil si todo el mundo tuviese una amistad tan bella y descomplicada como la suya. La voz de la madre de Boo, madre que Odi también consideraba suya, no les llegó a los oídos, ahogada por sus propias destempladas voces que cantaban la canción a niveles pulmonares poco recomendados.

Nada podía ser mejor que aquello.

La vida no podía ser mejor que aquello.

Excepto tal vez por la hermosa posición que tan dramática y perfectamente Clem había adoptado para el final de la canción ¿Qué hacía uno en aquel caso, más que tomar ejemplo y tomar otra dramática posición cantistica? Parecían haber salido de algún movimiento de protección al rockero. Allí parados bajo la lluvia, totalmente empapados y con la respiración agitada después de una intensa sesión de baile de salón imaginario. Les hubieran pateado el trasero a esos aburridos compañeros suyos con sus geniales pasos de baile. Pero Odi no era el tipo de persona que se preocupaba demasiado por lo que podría haber sido y aquel pensamiento no lo deprimió especialmente. Las cosas pasaban por alguna razón, razón que él era demasiado perezoso para buscar.

-Y mejor que cualquier baile que hubiésemos podido tener en esa fiesta de tres al cuarto- le concedió, sonriendo alegremente. Sus ojos siguieron por instinto los de Clem y al darse cuenta de las profundidades en las que se fruncia el ceño de la madre de, digamos, ambos, el chico se apresuró a ayudar a Boo a recoger todas las cosas- Sí, sí, que luego puede que el ceño tome vida propia e intente matarnos.

Mientras caminaban hacia la casa, brazo en brazo, Odi recordó repentinamente el helado y un terrible presentimiento lo invadió. Una fuerte certeza de que su caballo era un glotón consumado y se había consumido el helado.

- Yo te guarde, sí que te guarde- dijo, dejándola entrar y poniéndose en puntas de pies para mirar por encima de ella. Síp, presentimiento confirmado- pero aparentemente Casimiro es más inteligente que ambos.

Sí, el caballo se había vuelto a comer el helado. Aquello ya parecía un chiste malo de una comedia, pero antes de poder decir cualquier cosa, se pasó el dorso de la mano por sus labios, recogiendo unas gotas de sangre de la herida que se había reabierto en medio de toda la diversión mojistica. Fue una de las peores ideas que pudo haber tenido en un rato, porque justo cuando su mano tocaba sus labios, sus ojos se encontraron con los de la madre de Clem. Supo que su alma estaba perdida antes siquiera de acabar de retirar la sangre.

- ¿Qué es eso?-dijo la perspicaz madre de Clem.

- Nada- intentó Odi mentir en vano.

- ¿Es sangre?

- ¿Lo es? Puede ser. Al fin de cuentas ¿Qué sabemos nosotros, viles humanos que es y que deja de s…

- Odiseo Masbecth, no me andes con jueguitos y respóndeme ¿es eso sangre?

- Depende… ¿Hay alguna forma de negarlo que sea creíble?

- No.

- Entonces sí, es sangre.

- Te vas a sentar ahora mismo, allí, quietecito y te voy a curar eso en un santiamén.

- Pero…

- Pero nada. Quietecito. Ya me explicaras como te lo hiciste, jovencito.

- Yo…

- ¡Ah! Quietecito he dicho.


Odi, como un buen y obediente jovencito y bajó la mirada divertida de Boo, se sentó en una de las sillas de la cocina a la espera de la terrible curación. Sí, le tenía miedo a lo que estaba por venir. Pero más miedo le tenía a la madre de Clem. A la madre de ambos, si alguien algún día lo agarraba con la vena sentimental. Porque esa mujer le había mostrado más amor maternal que lo que su madre lograría mostrarle aún si estuviesen encerrados en una isla desierta durante cien años.

Porque ellos eran su familia. Su verdadera familia. Y hasta los malos tragos eran menos agrios junto a ellos.
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