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2 years together —Ziva VonBranberg [Flashback]

Adae West el Miér Ago 03, 2016 7:03 pm


Los últimos exámenes estaba a la vuelta de la esquina y Adae, como buen empollón que era, estaba en la biblioteca estudiando para Herbología y Pociones. El chico era una persona llena de inseguridades, por lo que nunca estaba totalmente convencido de saber suficiente para los exámenes. Eso sí, estaba cansadísimo... No tenía gana ninguna de seguir estudiando ese día y sólo quería coger su cama y dormir.

Sin embargo, los profesores Masbecth le imponían mucho, sobre todo Odiseo. Parecía una persona jovial, buena y bastante divertida, pero su vaca parecía sospechosa. Y claro, el dueño de una vaca que parece sospechosa, pues parece también sospechoso; y eso le creaba una clara indecisión hacia el profesor y su materia. No sabía si iba a ser el típico profesor que te puntúa muy mal por un error mínimo, o el profesor que es bueno y te perdona una nimiedad. ¡Y eso a Adae le confundía! ¡Y mucho! Y claro, el pobre niño se estresaba. Se estresaba incluso antes de que llegase el estrés, Adae se estresaba sólo por pensar que iba a estresarse en un futuro.

Y ahí se encontraba, en la biblioteca. Estaba en una mesa junto con dos personas más, pero no las conocía de nada, simplemente estaban en la misma mesa porque no habían más libres. Justo en frente de Adae había un hueco libre, pero el pequeño Raven había ocupado ambos puestos con todos sus pergaminos y libros, por lo que no había hueco físico para otra persona. Aparentemente, claro.

Intentó memorizar una frase de su libro, colocándose antes las gafas para leer mejor:

"La Tentácula venenosa es una planta espinosa, verde, con movilidad para tratar de atrapar a la presa viva. La Tentácula venenosa expulsa el veneno de sus brotes, y sus picos son mortales. Como su nombre lo indica, la mordedura de esta planta es venenosa. Las semillas de las Tentáculas venenosas son una clase C."

Intentó repetirlo mentalmente, gesticulando como si estuviera diciéndolo en voz alta pero sin emitir sonido.

La tentácula venenosa es una planta... de espina... verde. Y se mueve para atrapar a la presa viva... Y expulsa el veneno y si te toca te mata... Y claro, es una tentácula venenosa por lo que si te muerde, pues te envenena. ¿En serio pone eso en el libro? Son venenosas clase A. —Pensó.

Miró el libro y se dio cuenta de que no era venenosa clase A, sino clase C. Se llevó las manos a la cabeza y bajó la frente hasta la mesa, dándose golpecitos contra la madera ante su desagradable y poca concentración. No daba para más, ¿cuántas horas llevaba ahí estudiando? Su cabeza le iba a explotar.
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Adae WestInactivo

Invitado el Jue Ago 04, 2016 2:00 am

No me iba a dar tiempo para aprenderme todo el temario al cuál había faltado estos cinco meses y los exámenes estaban a la vuelta de la esquina. Hogwarts había cambiado mucho en este tiempo, el medimago dijo que no podía asistir a clases porque lo que tenía era mortalmente contagioso, ¡Pues yo lo había cogido en Hogwarts, tendría que poder devolverlo!

Pero por más que rogué a los tres meses de estar postrada en mi cama en Quedlinburg, nada, hasta que no se me fueron todas las piquitas de la piel no hubo manera de que mamá y papá me dejaran abandonar la residencia familiar, la mansión de Goslam, para regresar al colegio, y echaba muchísimo de menos a Adae.

Cuando los elfos colocaron mi baúl en la habitación salí disparada de la sala común de Hufflepuff en busca de mi amigo, ¿Ya no querría ser mi amigo? ¿Se habría olvidado de mi? Él había estado too el tiempo, me tenía que poner al día con todo.

Las suelas de los zapatos resonaban por cada escalón y los corredores, el tercer piso siempre llamaba la atención, un largo pasillo con muchas puertas cerradas, sombrío. Como el ala este de la mansión de Goslam, en donde papá nunca me dejaba estar, de donde salían gritos esperpénticos noche tras noche. Agónicos, lacerantes que acompañaban las historias que la nana me contaba para dormir.

- Señorita VonBranberg, no corra por los pasillos -una voz que conseguía helarme la sangre desde cierta clase de Pociones me hizo detenerme de golpe, pero al girarme no había nadie y no pude entrecerrar los ojos cuando vi al retratado agarrándose la barriga y cayendo literalmente al suelo tras un ataque de risa. Una broma del cuadro.

- Muy gracioso -murmuré, pero sí me hizo avanzar un poco más controlada. No se debía correr por los pasillos, era una norma del colegio, para mi sin sentido, porque corriendo se avanzaba más y perdías menos tiempo en los desplazamientos, pero no querían que corriéramos. Y no estaba dispuesta a perder más puntos para Hufflepuff, en aquella clase había perdido 60 de golpe.

El último tramo de escaleras hasta la Biblioteca, lugar en donde pensé que debería estar Adae, siendo un significativo Ravenclaw de los pies a la cabeza, estaba abarrotado de gente. ¡Claro, como que los exámenes los tenemos a la vuelta de la esquina!

Crucé el viejo portón del saber, con la cabeza alta, escudriñando en cada uno de los pasillos a ver si conseguía verlo medio enterrado bajo una pila de libros, a mi me gustaba más estudiar al aire libre, y mucho más después de haber tenido que estar encamada durante cinco largos meses, necesitaba que ahora que las lluvias se habían distanciado y el frío alejado un poco, me diera el sol, pero en la Biblioteca sólo te daba de refilón si usabas una de las mesas cerca de la ventana. Y allí, en una mesa en la que no cabía ni un solo alfiler estaba Adae, tras esas gafas que lo hacían tan interesante, y aumentaba su mirada grisácea.

Me paré tras él escuchándolo, estaba segura que no podría pasar de curso, no al menos con buenas notas, ¿Y quien quería un expediente pobre que luego no te dejara acceder a la Universidad? Intentaba convencerme que repetir curso era lo más sensato, pero me apenaba no intentarlo siquiera. Revisé por encima lo que estaba tratando de aprenderse- Dibújalo, Adae, así lo recordarás bien con algo significativo -me adelanté hasta colocarme a su lado, sujeté la pluma y a un ladito de sus apuntes escribí "TentáCula Venenosa", usando la tinta verde, haciendo que salieran como brotes de la palabra Venenosa y dibujando unas espinas en la T, con las letras un poco bailadas en vez de estar todas unidas en el mismo renglón, y todo colocado sobre un ataúd- A mí me ayuda.

Le sonreí de medio lado y dejé la pluma sobre la mesa de nuevo, cada persona teníamos nuestra manera de estudiar, pero si la suya le costaba tanto, igual la mía le podía ayudar un poquito.

- He vuelto, Adae, pero no creo que me de tiempo a superar todos los exámenes, mucho menos Pociones -no con Cosmas de profesor, me aterraba y seguro que se burlaba de mi de nuevo el día del examen. Con lo nerviosa que iba a estar, podía confundir Acónito con Alihotsy y el resultado sería nefasto.
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Adae West el Jue Ago 04, 2016 8:04 am

Adae creía fervientemente que su manera de estudiar era perfecta para él, pero no. No lo era. Su mente era demasiado estricta como para funcionar al cien por cien en un sitio tan cerrado y repleto de gente como lo era la biblioteca. Y tampoco podía pretender estudiárselo todo igual, tirando de la memoria para todo. Por eso, cuando una persona que al principio no reconoció le apareció por detrás aconsejándole un nuevo método de estudio, se sorprendió.

Reconoció su voz y sonrió al ver a Ziva sana y salva después de haber estado meses fuera por culpa de una enfermedad. Atendió, en un principio, sin decir nada al dibujo que estaba haciendo y que resolvía perfectamente las cosas más importantes a tener en cuenta. No era una mala idea. Con lo que le gustaba a Adae dibujar y lo bien que se le daba, a lo mejor conseguía más resultados de lo que se esperaba.

—Es una idea genial. Seguro que estudiar es más divertido así —susurró sonriente, para no molestar a las personas que estaban en la mesa. Se sentía incómodo hablando en la biblioteca.

Entonces Ziva se mostró pesimista al hecho de no poder aprobar las asignaturas por no haber tenido tiempo suficiente para estudiar y Adae dio un respingo en la silla ante lo que eso significaría, queriendo quejarse. Adae fue a hablar, pero uno de los chicos de la mesa lo miró y se llevó el dedo índice a los labios, susurrando un "shhhh" con un poquito de mala leche. Adae se bajó entonces de la silla y le hizo un movimiento de cabeza a Ziva para que saliera al pasillo de fuera de la biblioteca y poder hablar con tranquilidad.

Una vez fuera, cerró la puerta de la biblioteca y se subió las gafas con un dedo mientras miraba a Ziva.

—Me alegro de verte viva, estaba preocupado. ¡Nadie nos decía nada de ti! Ya pensé que te habías fugado y te habías convertido en una super bruja por cuenta propia. ¿Fue muy dura la recuperación? —Preguntó, cruzándose de brazos y frunciendo el ceño de manera infantil—. ¡Y nada de rendirte con los exámenes! ¡Me niego! Yo te ayudo a estudiar. Queda poco, pero algo podremos hacer... Además, la clase de Pociones ya no la da el profesor Cosmas, ahora la da la profesora Masbecth, así que anímate... El profesor Cosmas ahora da Defensa contra las Artes Oscuras y esa clase siempre se te ha dado bien. —O por lo menos Adae no había visto que se le complicara demasiado—. No te desanimes. Si das todo de ti a lo mejor te ahorras tener que repetir y perder un año. ¿No te gustaría graduarte con los mismos con los que entrastes a Hogwarts? Anda, yo te ayudo. —Se ofreció, amablemente, con una sonrisa que esperaba animar a la Huffle.

No le gustaba la idea de que ningún amigo se quedase un año por detrás. Él no estaba muy convencido con sus propios exámenes, pero ayudaría a una amiga con tal de no ver cómo perdía un año por culpa de una enfermedad.
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Adae WestInactivo

Invitado el Jue Ago 04, 2016 4:31 pm

Me alegré de salir de la Biblioteca, no entendía como nadie podía estudiar allí dentro con cincuenta caras poniendo los ojos sobre las distintas cabezas, así no había manera de estudiar nada. A mi me gustaba estudiar tumbada en el sofá, con los pies sobre el respaldo y cabeza abajo, además, así la sangre se quedaba en la cabeza junto a las ideas, o al menos, eso era lo que pensaba.

Además, en la Biblioteca no se podía hablar, ¿Y si tenía alguna pregunta? Pues no se debía molestar porque sino la señora que cuidaba de la misma nos miraba con muy mala cara, y a la tercera advertencia, a la calle, como pasó en clase de Pociones.

- Es que el medimago dijo que era algo muy contagioso, y no me dejaban ni enviar cartas, pero quería decíroslo, en serio -me llevaba muy bien con los de mi curso, y me apenaba no poder pasar a tercero con ellos, pero también me importaba no sacar buenas notas, y aprobando por los pelos, mancharía mi expediente- No me puedo convertir en una superbruja sin vuestra ayuda, Adae, sois mis amigos, y quedamos en que llegaríamos juntos hasta el final -pero tendría que hablar con el director a ver si podía rendir al curso que viene y al otro como varias asignaturas si es que lograba aprobar alguna ahora en Junio, aunque no lo veía del todo seguro- Además, tú serás un supermago antes que yo una superbruja, soy muy sapastra.

Asentí con la cabeza, había dolido, me había escocido todo el cuerpo, me había cargado de pústulas sangrantes que se habían secado y luego se habían caído, y la medicación estaba asquerosa y si la vomitaba me la administraban vía venosa. Así que mejor no contarle todo eso, porque no era agradable y ahora ya podíamos volver a divertirnos de nuevo, porque había regresado.

Casi me echo a llorar cuando dijo lo del profesor Cosmas, Defensa era mi clase preferida- ¡Y por que la da él? ¿No tenía suficiente con Pociones! -empecé a pasear de un lado al otro delante de la puerta de la Biblioteca, estaba muy molesta con esa información, seguro que Cosmas me odiaba por haberle cogido prestados sus escarabajos Egipcios sin permiso, por eso me echó de la clase. Me detuve soltando el aire muy fuerte por la nariz y apretando las manos pegados los brazos a los costados- Ni siquiera sé si podré graduarme si Cosmas sigue de profesor muchos años, más si va saltando de asignatura en asignatura. Seguro que lo ha hecho para fastidiar, porque sabía que a mi me gustaba esa asignatura -estaba convencidísima que lo había hecho adrede sólo para fastidiar- ¿También odia a los niños en la clase de Defensa o eso sólo ocurría en Pociones? -abrí las manos y crucé los brazos sobre el pecho. soltando el aire despacio- Al menos no me podrá echar de esa clase por no llevar el material, sólo se necesita la varita, ¿no? -Aunque igual había cambiado y ahora a Defensa se tenía que llevar también caldero o alguna criatura para poder practicar hechizos.

Su sonrisa me animó, en casa no habían habido demasiadas, y me llevé buena regañina por escudriñar el castillo e intentar sacar pasadizos. Pero Hogwarts era mágico, así que podía tener muchos sitios para ir de un lugar a otro, psadizos llenos de aventuras y peligros por descubrir- ¿Quieres que vayamos a buscar Tentáculas para que veas como son? -porque los dibujos de los libros no eran demasiado fehacientes, sino te fijabas bien podían confundirse con rosales.
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Adae West el Jue Ago 04, 2016 8:08 pm

Podía ser perfectamente viable que pudiera contagiar su enfermedad a través de una carta, por lo que Adae asintió convencido. Adae se imaginaba a las bacterias salir de sus manos para posarse en el pergamino y volar junto a la carta para, cuando llegase a él, le atacasen cruelmente para enfermarlo. Era normal que no le dejasen enviar nada, para asegurar el bienestar de la gente y la vida.

—No te preocupes, lo raro es que los profesores no dijeran nada. Por lo menos que estabas viva, ¿sabes? —Se quejó, sonriendo entonces ante las palabras pesimistas de su amiga—. ¡Claro que sí que puedes! Yo soy muy tonto, no me necesitas a mí ni a nadie para ser una super bruja famosa. —Adae no era tonto, pero cuando tenía tantas dificultades para estudiar, solía decírselo a sí mismo como autocastigo—. ¡Tonterías! Si consigo ser un super mago antes de que tú puedas ser una super bruja es sólo y exclusivamente porque me has dejado adelantarme un año a ti. Pero no importa, yo te espero cuando me gradúe para poder ir los dos juntos demostrando nuestras super dotes mágicas. —Hizo una pausa y la miró, contento y sonriente, como un niño pequeño al que le han prometido un gran regalo—. Aunque para ser super magos tenemos que ponernos capas, ¿eh? Tu una capa amarilla y yo una azul.

Era una verdad absoluta y universal que cualquier super héroe que se precie, lleva capa. Así que si íbamos a ser super magos, íbamos a tener que ponernos capas para ser creíbles. Tenía sentido, ¿no?

A Ziva no le gustó la noticia que le dio Adae. ¿No era mejor que Cosmas diera una clase más fácil en vez de una tan complicada como lo era pociones? El Raven nunca había tenido problemas con el profesor, pero porque tampoco los buscaba y era un chico responsable. Para ser sinceros, Adae veía a Cosmas como ese villano de libro feo y malvado que encuentra solo lo peor de aquellas personas inocentes y buenas. ¡Por eso nunca decía nada bueno de nadie en clase y sólo cosas feas!

Adae decidió animar a su amiga, sobre todo porque se había estresado. Y a Adae le estresaba ver a sus amigos estresándose.

—Sí, solo se necesita varita. Normalmente. Esperemos que al profe no le de por cambiar las normas. —Frunció el ceño, confundido—. No te preocupes Ziva, Defensa contra las Artes Oscuras se te da de maravilla, no vas a tener problemas con él. Además, no creo que nos odie... —Hizo una pausa y frunció los labios, sin creerse mucho sus propias palabras—. Bueno, a lo mejor nos odia un poquito. Pero es más fácil enfrentarse a él en esa asignatura que en Pociones. ¡Pociones es horrible! —Era la asignatura némesis de Adae, definitivamente. Cada vez que Adae iba a pociones y veía a Cosmas observando desde la oscuridad, se sentía observado por la muerte. Era como un estrés constante de no cagarla con la poción.

El chico no tenía ganas de seguir estudiando y Ziva, con su presencia, le había dado un buen motivo. No obstante, la idea de ir a buscar tentáculas venenosas... Era un poco temeraria.

—Eso no es... ¿peligroso? —preguntó, dudoso—. ¿Hay sueltas en Hogwarts o dices de ir al invernadero? Porque me parecería muy fuerte que hubieran sueltas por ahí, que eso te puede matar si te toca con sus tentaculitos asquerosos. Urgh. —Le dio un escalofrío, por lo que su cuerpo se movió amorfamente durante una milésima de segundo—. Vamos a mirar al invernadero, pero las miramos desde fuera, ¿vale? No quiero morirme. Eres una temeraria, acabas de venir de estar meses encerrada por estar enferma y ahora lo primero que quieres hacer es ir a buscar una planta venenosa que puede matarte. Te gusta vivir al límite. —Hizo una pausa; sonrió—. Voy a recoger mis cosas, dame dos minutos.

Adae entró de nuevo en la biblioteca y recogió todas sus cosas en un abrir y cerrar de ojos, ya que utilizó la varita para ello. Era gracioso porque Adae aún no sabía conjurar silenciosamente, por lo que todos le miraban mal mientras conjuraba en voz alta hechizos para recoger sus cosas. Tres minutos después, salió cargado de libros y de pergaminos. Pero no quería ir hasta los invernaderos cargado de cosas... Vio a su amigo Max caminando en dirección ascendente por las escaleras, por lo que suponía que iba a la sala común.

—¡Max! ¡Espera!

Y tras unas cuantas quejas y unos cuantos "por favor" de Adae, su amigo Max accedió a llevarse las cosas hasta la sala común para que Adae no tuviera que dar mil vueltas. Entonces el chico se giró, ya libre de libros, hacia Ziva.

—¿Vamos? —dijo sonriente, como siempre, comenzando a bajar las escaleras—. Cuéntame la sensación de estar con esa enfermedad contagiosa. ¿Tenías fiebre? ¿Alucinabas o algo? Siempre me han dado miedo las alucinaciones, por si me vuelvo loco o algo. —Confesó, interesado por su experiencia.
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Adae WestInactivo

Invitado el Jue Ago 04, 2016 11:31 pm

Podía notar como mi amigo se preocupaba por mi y eso me producía un revuelo extraño en el estómago, cuando querías a una persona te preocupabas por ella- No es culpa de los profesores, seguramente mis padres dijeron que no dijeran nada -a mis padres no les gustaba propagar que sus hijos habían enfermado de algo que los sangre limpia no tenían porqué padecer, como los sangre sucia.

Pero no me gustó lo que dijo- ¡Tú no eres tonto, los Ravenclaw no pueden ser tontos, Adae! ¡No vuelvas a insultar a mi amigo delante mío! -daba lo mismo que fuera él quien se dijera las cosas malas, no me gustaba que se rebajara de esa manera. Yo era un desastre en pociones, las únicas asignaturas que se me daban más o menos eran Vuelo que ya no la tenía porque era de primero y Defensa, pero ahora con Cosmas de profesor, pues ya no estaba nada segura de que se me fuera a dar bien- Pues yo no creo que sea un mentiroso, y dijo que no le gustaban los niños.

Parpadeé varias veces, yo no quería enfrentarme a los profesores, sólo sacar buenas notas para ser la niña perfecta que mis padres esperaban de mi, y porque así podría elegir qué ser de mayor e incluso llegar a la Universidad. Pero faltaban muchos años para eso, y perdería a mis amigos el último curso, porque ellos igual se graduaban antes que yo, lo más seguro.

- ¿Peligroso? -sonreí un poquito, puede que lo fuera, pero sino nos dejábamos enredar no tenía porqué serlo- Igual te sueltan con Lumus Máxima como el lazo del Diablo. ¿No crees?- eso se me quedaba rápido, había podido leer bastante en casa al estar tanto tiempo allí sin poder siquiera salir, pero ahora no tenía los libros, porque mis padres los habían quemado, dispuestos a que repitiera el curso, si estaba aquí era porque echaba de menos a mis amigos, porque ellos me enseñaban un montón de cosas y me hacían reír.

- ¡No es cierto! Quiero enseñarte una Tentácula Venenosa porque así no la confundirás con otras plantas parecidas, aunque las hayan encantado -porque a veces los mayores hacían eso para asustarnos a los más pequeños. Yo no molestaba a los de primero, y a los profesores que había molestado no había sido mi intención.

Me retiré de la puerta cuando Adae llamó a alguien que no conocía de nada, la verdad es que en un curso y unos meses no había conocido a mucha gente. Le pasó sus cosas y estiré la mano para correr los dos juntos. Si quería ver las Tentánculas Venenosas desde fuera del invernadero por mi bien, estaríamos al aire libre.

No era una temeraria, no era cierto, me gustaban las aventuras, pero si algo me daba miedo terminaba echándome hacia atrás, no era valiente como los Gryffindor.
¿En serio quería saber lo mal que me sentí durante tantos meses?- Estoy bien ya, Adae. ¿Para qué quieres saber todo eso? -le pregunté mirándolo de reojo- Sí tenía fiebre, el elfo de mamá me dijo que deliraba, que decía que tenía sed, pero cuando me daban agua la vomitaba. Las pociones sabían asquerosas y si no se querían quedar dentro me las pinchaban en vena. El cuerpo lleno de heridas que sangraban e iban cambiando de color, y parecía que nunca se fueran a curar -pero lo que más me molestó de todo es que no me dejaban levantarme de la cama, ni siquiera me dejaban coger la varita- Mamá quemó mis libros de este curso, porque estuve repasando y aprendiendo con ellos -pero no me lo sabía todo tan bien como antes de caer enferma, tendría que aplicarme muchísimo- Ojalá pudiera pasar con vosotros a tercero. ¿Cuando iremos a comprar las capas de supermagos?

Tenía que ir sorteando a los alumnos de las escaleras, todos iban con prisas o tenían la zancada muy larga, porque incluso a veces me planteaba agacharme y pasar por debajo de las piernas, seguro que adelantaba a rodearlos.
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Adae West el Vie Ago 05, 2016 7:46 am

El Raven sabía que no era tonto. Si llega a ser tonto, probablemente hubiera estado en otra casa que no fuera precisamente la de las águilas, pero él se sentía un poquito retrasado cuando veía que le costaba tanto aprenderse algo que, técnicamente, es fácil. Odiaba estresarse porque entonces se saturaba hasta límites insospechados.

—Vale, no soy tonto. —Recapacitó ante su reacción, esbozando una sonrisilla contenta. Era bonito que pensasen que no eres tonto, ¿no?—. Pero hoy no es mi día. Llevo horas para aprenderme tres hojas de caca. No avanzo nada.

Adae tampoco pensaba que el profesor Cosmas fuera un mentiroso, pero él no sabía que había dicho que no le gustaban los niños. El jovencito se llevó la mano a la barbilla, pensativo.

—Quizás ha tenido una mala experiencia con niños. Quizás no les gustamos porque una vez unos niños le atacaron y le engatusaron y él se sintió tonto. O quizás porque somos demasiado torpes los primeros años de aprendizaje... Pero si fuera eso, sería un profesor muy malo. O... quizás simplemente no le gustamos porque somos más infantiles y él es demasiado serio. —Adae era muy buena persona como para si quiera pensar que Cosmas era un amargado. No, para Adae simplemente era demasiado serio—. Tú olvídate de él y vete a clase como si fuera otro profesor. Simplemente hay que tomarse más en serio su asignatura para que no nos odie y ya. —Y es que Adae tenía soluciones para todo, aunque fueran una mierda.

El chico no estaba muy convencido de que el Lumus Maxima sirviese para vencer a una Tentácula Venenosa. Según había leído en el libro uno de los métodos más eficaces era cortar sus tentáculos con Diffindos, pero en muchas ocasiones desde que un tentáculo te toca, te puede envenenar, por eso era un poco peligroso. Un poco no, bastante en realidad. Pero bueno, si lo miraban de lejos no tenía por qué pasar nada.

—No creo que funcione el Lumus Máxima. El Lazo del Diablo es débil a la luz porque no la resiste y por eso se cultiva en la oscuridad, por eso la luz le hace daño. Pero la Tentácula Venenosa no, esa vive felizmente en cualquier sitio esperando matar personas —dijo eso último con un rostro falsamente sombrío.

La tentácula venenosa la dieron en clase de Herbología casi a principio de curso, por lo que Adae apenas era consciente de aquel momento en dónde la vieron, así que ir a verla y estudiarla —desde lejos— con Ziva, le parecía una muy buena aportación a sus estudios. Además de que poner excusas para no estudiar era uno de los hobbies no escritos de Adae. Así que el chico dejó sus cosas a su compañero y se dirigió junto a Ziva escaleras abajo para salir del castillo.

—Te pregunto porque soy un chico curioso, no porque quiera revivir el recuerdo de tu sufrimiento... aunque ahora que lo pienso, puede parecer eso último. ¡Lo siento! —Se disculpó repentinamente al darse cuenta de su insistencia y la posible incomodidad de ella—. La verdad es que tenía curiosidad por saber cómo era esa enfermedad, ya sabes que hasta quinto por lo menos no nos hablan de enfermedades mágicas. —Adae atendió a todas sus palabras y supuso que si no habló en claro sobre las alucinaciones, es que no te daba demasiadas. Suponía que si hubieran sido alucinaciones de verdad, de esas chungas y terroríficas que te hielan la sangre, las recordaría. Pero Adae no comentó nada sobre la enfermedad, sino que centró toda su atención en el hecho de que su madre había cometido el sacrilegio de quemar los libros de segundo—. ¿Y por qué hizo eso? ¿Tu madre está bien de la cabeza? —Preguntó con todo el respeto y seriedad del mundo, a pesar de que la pregunta en sí podía sonar despectiva—. ¿Por qué te quema los libros? ¿No entiende que los necesitarás para estudiar? ¿Y si repites qué? ¿Te comprarás otros nuevo iguales a los que quemó? —Adae valoraba muchísimo la economía, sobre todo porque su familia era enteramente muggle y apenas tenían galeones para permitirse muchos lujos en el mundo mágico. De hecho, la túnica y los libros que poseía Adae, eran todos heredados de su hermana mayor—. Qué sacrilegio lo de tu madre, me rompe el corazón cuando la gente quema libros. ¿Pero sabes qué? ¡No importa! Yo tengo libros. Podemos estudiar juntos y así no repites. A partir de ahora estudio intensivo, ¿eh? ¡Todos los días! No voy a dejar que te quedes en segundo.

Justo en ese momento, ambos pisaron el suelo del hall de la entrada, por lo que se dirigieron a la puerta principal para salir a los jardines. Los invernaderos estaban un poco lejos en comparación, además de tener que rodear parte del castillo, pero Adae por lo menos, no tenía prisa a pesar de ir casi brincando. Pero Adae iba brincando a todos sitios.
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Invitado el Vie Ago 05, 2016 8:22 am

- Hay más maneras de estudiar, a mi no me gusta la Biblioteca, menos después de estar tanto tiempo sin poder moverme, pero si prefieres seguir estudiando a tu manera, no hay problema, ¿eh? -yo sólo le había dado una idea nueva para aprenderse las cosas que le costaban, a mi me funcionaba muchas veces- En la Biblioteca no se puede hablar, me gusta escuchar lo que tengo que aprender, por eso estudiaba en la sala común o subida a los árboles de al lado del lago.

Además me gustaba estar al aire libre, y volar en escoba, y el Quidditch, me encantaba el Quidditch, quizás de más mayor pudiera hacer las pruebas para entrar en algún equipo profesional. Seguro que era muy divertido.

Sí me colgaba muchas veces cabeza abajo para que la sangre llegara a mi cabeza y se quedaran los conocimientos, no tenía miedo a las alturas- Oye Adae, ¿Cómo quedó la liga de Quidditch?- solo había podido asistir a un partido, pero ni siquiera sabía como había terminado, perdí el conocimiento a mitad y luego se me olvidó preguntar nada. Y luego caí enferma y me hacía ilusión que mi casa ganase algo, que lo que le había dicho a Cosmas en clases era verdad, lo veía, los Slytherins no serían tan inteligentes como los Ravenclaw, pero sabían lo que hacer para conseguir llevarse un montón de puntos.

A ver si cuando Georgie terminaba ya este curso me podía quedar con su capa, así si hacía algo mal en las clases, que le restaran puntos a ellos.

- Pero Adae, yo no le hice nada para tratarme tan mal en su clase, pienso devolverle los escarabajos que le cogí prestados, no se los robé. Y él me dejó como una idiota delante de todos, y se rieron algunos -y eso me había sentado muy mal, no me gustaba que la gente se riera de mi. Cuando me salían las cosas mal no era para reírse, las personas buenas ayudaban a los demás, no les ponían la zancadilla o se burlaban de ellos, al menos desde mi punto de vista.

Asentí con la cabeza, seguro que era muy buen consejo, ahora sólo necesitaba que se cumpliera, poder olvidar que era el profesor que temía y que se me helaba la sangre cada vez que escuchaba su voz. ¿Y si dejaba de gustarme la asignatura simplemente porque él estaba de profesor? Igual me pasaba como con Historia, el fantasma ese dormía a todos.

¿En serio la Tentácula Venenosa esperaba pacientemente a las personas para matarlas? -Oye Adae, ¿Y no será que se alimenta de carne? Porque yo no creo que una planta pueda pensar en asesinar a nadie, ¿Sólo come personas? -me rasqué la sien un poquito, al llegar al hall, sin darnos casi cuenta habíamos saltado cada peldaño de las escaleras, yo al menos iba cambiando de pierna. Algunos se dirigían hacia el comedor, ¿Ya era la hora de comer?- ¿Tienes hambre? Deberíamos coger provisiones por si estamos más rato del que pensamos, ¿No crees? -porque nunca se sabía cuando se volvía, se sabía cuando se salía, pero no la hora de llegada, podían pasar muchas cosas por el camino.

No quería contestarle a lo que había dicho de mi madre, pudiera ser que yo me enfadara con ella, pero no me había gustado sus comentarios, porque al gastar los libros cuando estaba enferma la enfermedad se había quedado alojada entre sus páginas, los virus estaban en ellas, y el fuego lo purificaba todo- Los quemó por la enfermedad, pero me aburría mucho sin poder levantarme de la cama. No tenía muchas cosas que hacer -miré hacia los portones del comedor. Yo sí tenía hambre y el estómago rugió un poquito.

El Reloj de la Torre estaba dando las campanadas, contabilicé cinco- ¿Nos llevamos la cena a los Invernaderos? -teníamos que darnos prisa, no quedaba mucho tiempo de luz para poder ver las plantas en vivo y había un buen trecho para llegar.

Su manera animosa de ver las cosas me hacía feliz y me hacía sonreír sin poderlo evitar. Me gustaban mis amigos, me levantaban el ánimo cuando lo tenía decaído y yo intentaba hacer lo mismo con ellos. Me llevaba mejor con los chicos que con las chicas, pero con las chicas no me solía llevar mal. Yo no quería enemigos, pero algunos eran muy bordes y encima luego se hacían los mártires, como Georgie, que siempre se quejaba de todo lo que hacía o tocaba para que papá me castigara, cuando era él quien empezaba a picar.
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Adae West el Mar Ago 09, 2016 8:16 am

—Sí, sí, te entiendo. Yo siempre he pensado que mi manera óptima de estudiar es ir a la biblioteca e intentar aprenderlo todo de memoria, pero quizás voy a tener que variar para no saturarme. ¿No crees? —preguntó el niño—. Probaré cosas nuevas, si no este año, ya para el próximo.

Adae adoraba el quidditch, pero por desgracia, no se le daban los deportes. A él le encantaría horrores poder participar en el equipo de quidditch de Ravenclaw como golpeador, pero durante estos dos años se había presentado y no le habían cogido ni para ser suplente. Nadie podía esperarse que esos bracitos de niño pequeño tuvieran suficiente fuerza como para desviar una bludger. Aún así y teniendo en cuenta su imposibilidad de entrar al equipo, él seguía la liga siempre porque le encantaba. Sobre todo la de Hogwarts, que era gratis.

—Ganó Slytherin. La buscadora de las serpientes consiguió redimirse contra Hufflepuff antes de graduarse. Se lo merecía en verdad, era muy buena. Lo que ahora me da miedo Hufflepuff, la buscadora y la guardiana de tu equipo son increíbles. —Sonrió, contento—. Ravenclaw quedó tercero y Gryffindor último. Ravenclaw ganó por pura suerte. ¡La buscadora le arrebató la snitch a la buscadora de Gryffindor en el último momento! Fue muy guay —dijo especialmente emocionado. A pesar de que Adae iba a seguir luchando por entrar en el equipo, era consciente de que era muy probable que no lo consiguiera y lo cierto es que era demasiado amistoso como para no alegrarse en sobremanera por las dichas de sus amigos.  

El joven Raven sabía lo mal que sentaba que un profesor no solo te echara la bronca, sino que incluso te humillara, así que le dio un golpecito suave y amistoso en la espalda.

—Es que ese hombre dice las cosas con mucho odio, no te lo tomes tan a pecho, ¿vale? Es así con todo el mundo. No te deprimas, deberías usar ese mal trago como fortaleza para otras veces. ¿Vamos a intentar impresionarlo, vale? Este año ya no, pero cuando pasemos LOS DOS A TERCERO… —Recalcó eso con una risueña mirada—. Vamos a ir a todas sus clases para intentar que nos diga solo cosas bonitas. Así que hay que ponerse las pilas, ¿vale?

No creía que la tentácula venenosa estuviera esperando en una esquina para matar personas, pero tampoco creía que comiera carne. Bueno, o a lo mejor come carne pero de personas. ¡Ay, no sabía!

—Ay, pues no sé —dijo con un rostro cargado de duda—. No creo que la planta esté cual acosador en una esquina intentando matar a personas a traición por la espalda. ¡Qué poco honor de planta! —bromeó, divertido—. Pero sí que creo que si estás cerca, intentará atacarte, por eso no quiero acercarme, porque no quiero que me ataque. —Quizás esa matización estaba de más, pero a Adae le pareció necesario recalcarlo para recalcar que no quería morir por una planta venenosa—. Pues sí, tengo hambre. —Se dio cuenta de repente.

Entonces el niño entendió que la madre había quemado los libros por necesidad y no por locura, por lo que puso un gesto mucho más suavizado y le pidió perdón por sus palabras.

—¡Sí! Pero mejor vamos a las cocinas a coger comida, como entremos al Gran Comedor los profesores no nos van a dejar llevarnos la comida a ningún lado —dijo, juntando las yemas de sus dedos como un estratega profesional—. Cogemos algunas cosillas y nos las guardamos en la túnica para que nadie las vea y si alguien nos pregunta cuando estemos saliendo, decimos que se nos olvidó algo en los invernaderos y que volvemos enseguida. —Aún no había sonado el toque de queda, por lo que no estaban saltándose ninguna norma, simplemente haciendo las cosas de una manera un poco diferente. Porque si Adae supiera a ciencia cierta que está saltándose alguna norma, se pondría muy nervioso y al final terminaría por buscar la manera de no saltársela. No estaba permitido correr por los pasillos, pero eso era una nimiedad que ni siquiera estaba escrita en la normativa oficial. O eso quería pensar Adae—. ¿Vamos corriendo? —preguntó. Adae no solía ser muy amante de correr por motivos evidentes, pero siempre que fuera una distancia corta y no estuviera excesivamente cansado, iba bien.

Él mismo fue el primero en salir corriendo escaleras abajo hacia las cocinas del sótano, justo al lado de la Sala Común de Ziva.
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Invitado el Mar Ago 09, 2016 11:52 am

Volví a sonreír, iba a probar cosas nuevas, claro que con tiempo. Todos teníamos manías, suponía, y cambiarlas era muy raro. Pero eso de estar sentada en silencio y memorizando desde luego a mi no me funcionaba, terminaba mirando hacia todos los lados y lo que ponía en los libros ni siquiera podía concentrarme en leerlo. Así que ir a la Biblioteca para mi era una auténtica tontería y manera de perder el tiempo- A mi me han dicho que conforme vas aprendiendo cosas el cerebro se hace más grande, ¿Tú crees que será verdad? -porque no estaba segura de que aquello fuera verdad, los de séptimo sabían un montón de cosas y algunos tenían la cabeza bien pequeña. ¿Cómo les podía caber un cerebro grande en una cabeza pequeña?

Negué con la cabeza, bufando fuerte- ¡Jopelines! -me daba rabia que la buscadora de Slytherin le hubiera ganado a Danny, ella era mi amiga, y no sólo era la mejor buscadora de Hogwarts, sino la mejor capitana y con diferencia- ¡Pues Danny se merecía más atrapar la snitch, estoy segura! -y Adae podía decir lo que quisiera, pero ya había ocurrido y no se podía hacer nada para volver atrás, salvo que consiguiéramos un giratiempos, ¿Podríamos conseguir un giratiempos?- Pues claro que son buenas, Danny y Rhea son las mejores jugadoras de Hogwarts -en realidad todo el equipo me había apoyado en mi primer partido, se habían portado muy bien conmigo, menos la diva aquella que era un chico, Nibolas o algo así se llamaba, que iba empujando a Danny, ¡Qué rabia!- Haré las pruebas este año para entrar como titular, el año pasado jugué... -negué con la cabeza, ni siquiera había terminado el primer partido- me presenté al primer partido, este año seré titular, y ya te puede dar miedo Hufflepuff, porque nos lo vamos a llevar todo, la Copa de las Casas y la Copa de Quidditch.

Negué de nuevo con la cabeza, no pensaba impresionar a Cosmas en el examen de Pociones finales ni siquiera en Defensa si es que ahora daba Defensa como me había dicho Adae, si lograba pasar desapercibida mucho mejor. Eso de usar aquello de fortaleza no sabía ni por dónde cogerlo, a mí me daba vergüenza hacer las cosas mal, y me sentía mal cuando perdía puntos para Hufflepuff, pues no era mi intención- ¿Hay que ponerse qué? -era la primera vez que escuchaba eso de las pilas, ¿Qué eran las pilas? Por supuesto mi cara debía ser todo un poema, porque aunque había entendido perfectamente su inglés no sabía a qué se refería- ¿Dónde hay que ponerse eso para que nos diga cosas bonitas?

Debían ser un adrezo, como una diadema o algo así, como cuando mamá me ponía trenzas y decía que estaba muy bonita y parecía una auténtica señorita.

- Matar por la espalda es deshonroso para todo, Adae, no sólo para las plantas. Hay que hacer las cosas de caras -eso decían, yo hacía las cosas de caras, quería ser honrada. Quería ser buena persona, y no convertirme en alguien como los de mi familia que eran malos, y decían y hacían cosas malas. Mis padres nunca me dejaban tener amigos que había elegido yo, pero quería que fuera amiga de los que elegían ellos. Y los hijos de los amigos de mis padres siempre les gustaba guardar las formas. No les gustaba trepar a los árboles, no les gustaban las peleas de piedras, ni nada sin ropa en los lagos.

- Entonces es mejor que no te separes de mí, así si ataca, que me ataque a mí y tú corres y vas a buscar ayuda -porque tampoco quería terminar herida por ayudarlo a ver una planta que se estaba estudiando. Aunque la idea de ir a buscarla había sido mía. Había regresado a casa, Danny y Rhea se darían cuenta que mi baúl volvía a estar en la sala común, y si no llegaba a la hora de toque, nos iban a buscar. Estaba segurísima de eso- Si pasa algo se lo tienes que decir a Rhea y a Danny, ¿vale? No se lo digas a los profesores porque nos bajarán puntos.

- Una carrera, a ver quién gana... -y salí corriendo escaleras abajo, saltando los peldaños de dos en dos, me gustaba correr, lástima que no nos dejaran correr dentro, pero seguro que no tropezábamos con ningún profesor, no podíamos tener tan mala suerte.

Íbamos camino de las cocinas, tenía ganas de ver a los elfos, muchas veces estaba con ellos en las cocinas, tanto en casa como aquí, al menos durante mi primer año, me gustaba cocinar. Y me gustaba comer. LLegamos a la par, delante del bodegón que daba lugar a la puerta secreta de las cocinas. Me acerqué para rascarle la pancita a la pera y se abriera la pared para poder entrar. Sonreí al asomar la cabeza, eso no había cambiado, las cocinas estaban igual de limpias que siempre que había venido- Hola -saludé a los elfos con una enorme sonrisa. Me caían todos bien, hasta ese que siempre estaba refunfuñando por todo- Podemos pedirles que nos lo pongan en una cesta, y hacer un picnic sentados delante de los invernaderos cuando demos con la planta, ¿No crees?

Porque lo único que hacía sentada era comer y escribir los ejercicios.
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Adae West el Miér Ago 10, 2016 5:11 pm

¿El hombre más inteligente del mundo tendría la cabeza muy grande? Porque si conforme vas aprendiendo, el cerebro se te agranda y el cerebro está dentro de la cabeza… la cabeza tendría que crecer también, ¿no? Si no te estalla la cabeza. Adae miró a Ziva con una expresión pensativa.

—No creo que de tamaño, si no los más inteligentes serían todos cabezones. —Rió al imaginarse a Dumbledore con un cabezón tres veces el que tenía—. Una vez vi un documental en donde decían que los humanos solo utilizamos un 10% de nuestro cerebro. A lo mejor se refiere a eso, que entre más aprendemos, más utilizamos del cerebro, ¿no? —preguntó para ver si lo que decía tenía sentido, porque había veces que Adae soltaba todo lo que sabía sin tener muy claro cómo ordenarlo.

Adae apoyaba a Hufflepuff mucho más que a Slytherin, pero debía de admitir que las serpientes tenían un equipo muy fuerte, un equipo que, por suerte, ya no estaba en Hogwarts. Por suerte para los otros equipos, claro.

—Ya… yo prefería que ganara Hufflepuff, pero los Slytherin lo hicieron muy bien también. —Adae no conocía ni a Danny ni a Rhea, pero suponía que eran buenas personas por todo lo que Ziva les decía de ellas—. ¡Verás como este año entras de titular! —le animó—. Pero para el carro, te dejo hacerte con la copa de quidditch, pero ya es hora de que Ravenclaw gane la copa de las casas, que desde que estoy en el colegio no ha ganado ningún año. ¡A final del próximo año el banquete de fin de curso lo teñirán de azul! Porque está claro que este año ya es para Gryffindor o Slytherin. —Ambas casas estaban muy empatadas en puntos.

El Raven soltó una divertida carcajada al ver el rostro confuso de Ziva cuando le dijo que había que ponerse las pilas. A veces olvidaba que él era demasiado muggle y otras personas eran todo lo contrario a él. Y claro… en el mundo mágico no había pilas.

—Pues las pilas son… unos… artefactos pequeñitos —¿Alguna vez os habéis puesto a definir algo que sabéis lo que es, pero que jamás os habéis planteado su definición? Es difícil explicar algo sabido desde pequeño a alguien que no tiene ni idea. Adae se paró, para concentrarse mientras hablaba—. A ver, tu sabes que los muggles tienen tecnología, ¿verdad? Muchas de esas cosas van por baterías que se cargan con la electricidad, otras funcionan si están enchufadas directamente y, otras, van con pilas. Son unas cositas pequeñitas que guardan energía, entonces lo metes dentro de los aparatos y éstos funcionan con esa energía. Aunque evidentemente la energía se agota, ¿sabes? Las pilas no son infinitas, solo duran un poco. La expresión de “ponerse las pilas”, viene de eso, de sacar energía para enfrentarse a las cosillas que nos vienen por delante. Mi familia la usa mucho esa frase —le explicó, esperando haberse explicado bien—. ¿Me expliqué?

Hmmm… había que decir que a Adae no le hacía especial gracia imaginarse a la planta atacando, porque si se la imaginaba demasiado al final iba a optar por no ir. Además, en el caso de que atacara, prefería mil veces que le atacara a él antes de que le atacara a Ziva. Bastante mal lo había pasado la Hufflepuff como para encima envenenarse por el ataque de esa planta. Eso sí, si por alguna casual era Ziva a la que le atacaba, Adae acataría sus órdenes cuál leal secuaz.

—Vale, aviso a Danny y a Rhea. Si me ataca a mí, avisa a mi hermana. —No estaba de más decir los contactos de urgencia por si algo malo pasaba. Ya Adae sabía que ante cualquier desgracia tenía que contactar con alguna de las dos Hufflepuff, mientras que si a Adae le pasaba algo malo, contactar con su hermana—. Me veo en la obligación de decirte que si de camino a buscar a Danny a Rhea me encuentro con algún profesor, no seré capaz de callarme. Tengo una especie de enfermedad que me impide mentirles directamente a la cara —admitió para que no hubiera quejas después.

Hicieron una carrera con la fortuna de no encontrarse a ningún profesor de camino a las cocinas y llegaron a la par. Adae no es que fuera demasiado entendido en los deportes y lo cierto es que jamás se sobreexpone a sí mismo, por lo que en realidad estaba acostumbrado a perder en ese tipo de carreras.

—Que mona es la pera. —Sonrió mientras veía a Ziva haciéndole cosquilla a la fruta que se convirtió en una manilla.

Adae saludó con la mano a los elfos que trabajaban allí tranquilamente, unas criaturas que siempre le habían parecido fascinantes. Los relacionaba mucho con los trasgos de las novelas fantasiosas, pero los trasgos eran si cabían más feos y por norma general malvados y tontos. Los elfos domésticos eran feos, pero super obedientes y llenas de bondad.

—¡Pues sí! —Entonces Adae se acercó a un elfo y le preguntó sobre la cesta para hacer el picnic, pero el elfo no parecía demasiado animado en hacer eso.

¡No! Dumbledore no nos deja. Si los alumnos quieren cenar, tienen que cenar con todos los demás en el Gran Comedor. ¡No vamos a estar haciendo cenas particulares! ¡Bastante tenemos con hacer la comida para todo Hogwarts para que vengan a pedirnos cosas individualmente! —masculló el elfo doméstico mientras se movía de un lugar a otro.

—Shtsé, shhté... —Se escuchó detrás de los chicos. Un elfo doméstico les estaba llamando con un medio silbido, haciéndole una señal para que se acercaran a él. Los chicos obedecieron y el elfo sonrió mientras juntaba las yemas de sus dedos—. El pobre Corki es un elfo un poco cascarrabias. —Chasqueó los dedos y aparecieron en sus manos dos bolsitas de papel marrón en cuyo interior estaba la cena de los niños—. ¡Corred y disfrutar, que la vida pasa muy rápido! Vamos, vamos, antes de que algún elfo se chive... —Y les dio a los dos niños un golpecito en el trasero para animarlos a salir de la cocina.

Una vez fuera de la cocina, Adae miró a Ziva sorprendido.

—¡Pero qué elfo más simpático! —A Adae le caían bien, pero teniendo en cuenta en dónde estaba su sala común, no solía frecuentar muchos las cocinas, por lo que no sabía qué elfo era el de la mala leche ni cuáles eran los simpáticos—. ¡Quiero uno cuando sea grande! ¿Tengo que comprarlo obligadamente para ser su amo o puede adquirirlo como amigo o mascota? Bueno, quizás si les llamo mascotas, se ofenden un poco, ¿no? ¡Aunque mejor eso que tratarlos como objetos! Eso no me gusta.
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Adae WestInactivo

Invitado el Jue Ago 11, 2016 4:28 pm

Me quedé un poco pensativa antes de responder- Igual es que son todos cabezones pero usan poción reductora de cabeza, ¿No lo has pensado? -igual sí eran cabezones, Georgie tomaba muchas pociones. Nunca le preguntaba, porque aunque algunas veces me podía la curiosidad, sabía que con mi hermano era mejor no preguntar, o las consecuencias eran siempre desagradables. Tuve que negar con la cabeza- No, Georgie dijo cabezones, y cabezones es que tiene la cabeza grande. Aunque igual quiso decir testarudos, ¿Tú crees?

La opinión de mis amigos siempre era importante, lo que ellos opinaban solía ser cierto, y muchas veces era yo la que estaba equivocada. Así que me gustaba hablar con ellos y escucharlos, porque aprendía muchas cosas.

- ¡De eso nada! ¡Howgarts al año que viene será amarillo! Pienso ganar un montón de puntos para mi casa, y todos los que no he podido ganar este año, los sumaré el año que viene... -había dicho que Hufflepuff iba a ganar, y sabía que con todos los que éramos lo podíamos conseguir, sólo hacía falta esforzarse muchas veces y no rendirse nunca, y en eso los de Hufflepuff nos llevábamos el premio, por nuestra gran tesón- vosotros al que viene, ¿Vale? -asentí con la cabeza, para quedar en un acuerdo de palabra- pero tampoco os dejéis ganar.

Primero se rió ante mi pregunta, lo cuál no me hizo mucha gracia, pero era mi amigo, a él le parecía gracioso, y si reía, estaba bien, por lo que asentí con la cabeza, claro que sabía que los muggles tenían tecnología, aunque no sabía qué era eso de la tecnología, pero todo el mundo sabía que los muggles suplían la magia con la tecnología. Ahora sólo me faltaba descubrir qué era la tecnología, pero no quería que se volviera a reír de mí, así que simplemente asentí con la cabeza, ya le preguntaría a Rhea o Danny lo que no entendiera.

Atendí, asentí con la cabeza y sonreí- ¿Y por que no les dan de comer a los artefactos en vez de usar pilas o electricidad? -yo ganaba la energía de esa manera, sino comía, pues se me iban las fuerzas- Bueno no importa, no los mires a la cara así será como sino les mintieras. O eso o les dices que vas buscando a Danny o a Rhea y de paso si las han visto -lo primero era una semimentira, pero lo segundo era verdad, si ocurría algo tenía que correr todo lo que pudiera, porque no quería volver a caer enferma, con una enfermedad por año tenía suficiente. Y con ésta que acababa de pasar, tenía hasta el final de Hogwarts, no pensaba volverme a enfermar en todos los años que me quedaban.

No podía decirle cuando vi eso, porque entonces con el problema de sinceridad que tenía mi amigo, me vería dentro de un lío, y otra persona que quería mucho, también- Sí, se parte de risa siempre cuando le haces cosquillas- y sonreí para empujar la manilla y se abriera la pared contigua.

Golpeé mi cara con la palma de la mano cuando Adae pidió los picnics, y justamente a Corki, negué despacio y entreabrí los dedos para buscar con la mirada a Dante, ese elfo era más juguetón y amigo de los niños, siempre nos apoyaba en todo, sobretodo cuando se trataba de saltarse una pequeña norma. Y allí estaba con las dos bolsas de papel ya con la cena preparada.

- Dante, saben qué les ocurrirá si se chivan -no lo amenazaba, pero los elfos sabían que debían atender a los magos del colegio, aquella era su obligación.

Sonreí con la palmada, el pobre elfo no llegaba hasta nuestra espalda, porque eran seres con mucha magia pero comprendida en un muy pequeño tamaño, como los niños mágicos. No hacía falta recordarle como se llamaba el elfo, me había escuchado, y ya teníamos lo que queríamos, mejor no perder el tiempo- En casa de mis padres hay doce elfos, cada uno se encarga de una cosa, pero con Simon es con el que mejor me llevo y Nerea me ayuda con mamá -los elfos que habían estado conmigo ya no estaban en la casa, mamá los había matado- Creo que los puedes comprar, pero de normal se heredan. Al menos en las familias que conozco. Cuando te casas, sueles tener de regalo un par de elfos para que te ayuden en las labores de casa -eso era lo que yo sabía y me habían contado, pero igual me habían mentido- A mi me gusta llamarlos por su nombre.

Y prefería que me llamaran por el mío que no "Joven Ama".
Una de las cosas más horribles que había visto era el castigo de un elfo por algo que había hecho yo y que me habían encubierto, una salida por el pueblo no avisada.

- ¿Vamos a los invernaderos ya? -me giré hacia mi amigo con una sonrisa, quedaba poco tiempo de luz y era mejor llegar hasta allí con la luz del sol, habíamos perdido bastante tiempo en las cocinas, pero la verdad es que era un sitio fascinante en el que pasar buenas horas.
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Adae West el Jue Ago 18, 2016 7:57 pm

¡Claro! ¡Cabezón era un sinónimo de testarudo! La hermana de Adae siempre le decía que era un cabezón, porque siempre quería salirse con la suya cuando sabía que tenía razón. Pero Adae no veía eso como cabezonería, sino más bien como seguridad. Él pensaba que los testarudos son aquellos que defienden algo que no tiene cabida a la razón o que quieren imponer una ideología. O también podían confundirse los pesados con los testarudos...

—¡Pues claro tía! —dijo él, como si le hubiera abierto los ojos con su suposición—. Seguro que es eso. Son sinónimos. Mi hermana me dice mucho que soy un cabezón, pero no me lo dice por el tamaño de mi cabeza. —Se tocó la cabeza para comprobar su tamaño—. Tengo una cabeza de un tamaño normal, ¿verdad?

El pequeño Raven no estaba de acuerdo con la idea de que Hufflepuff ganase la copa de Quidditch y la copa de las Casas el próximo año. Bastante triste iba a ser este año que no iban a ganar nada, como para encima permitir que el próximo año fuese así también.

—¡No! —dijo con el ceño fruncido—. ¡Hace tres años ganó Hufflepuff! Ya sé que no estábamos en Hogwarts para presenciarlo, pero ya le toca a Ravenclaw. No seas avariciosa, hay que repartir la gloria, ¿vale? Imagínate el Gran Comedor todo de azul. ¡Sería super bonito! Lo siento, Ziva. El próximo años tendremos una amistosa guerra entre nosotros. —Intentó poner un rostro malvado, pero Adae era demasiado dulce como para siquiera dar un poco de miedo.

Ay, explicar la tecnología muggle era muy complicado. Bueno, en realidad lo complicado era explicar aquello que nunca ha sido explicado. Para él, el uso de las pilas venía implícito en su aprendizaje automático en el crecimiento. Era fácil. Un juguete no le funcionaba, le ponían pilas nuevas y funcionaba. No había hecho falta que nadie le explicase lo que era.

—No les das de comer, es como una fuente de energía, ¿sabes? —Ella tampoco parecía estar entendiendo mucho y decidió cambiar el tema para dejarle claro a Adae la solución a su problema con las mentiras a los profesores—. ¿Y si me preguntan que por qué estoy buscando a Danny o a Rhea? ¿Qué les digo? Me pongo muy nervioso. ¿A ti no te pasa? Ay, es que todos los profesores me inspiran demasiada autoridad y miedo. Menos Odiseo. Me gusta él y su vaca. Su vaca es monísima. Creo que de grande quiero tener una vaca, como él —dijo soñador. De hecho, se acababa de imaginar sobre una vaca pelirroja caminando por una granja como si estuviera montando un caballo.

En las cocinas tuvieron un pequeño percance con Corki, un elfo un poco malhumorado, no obstante, el elfo simpático fue el encargado de darles a los pequeños de Raven y de Hufflepuff aquellas bolsitas con lo necesario para una cena saludable. Adae le preguntó a Ziva por los elfos domésticos, ya que eran muy feos por fuera, pero muy monos por dentro y a Adae le gustaría regalarles uno a sus madres. Seguro que agradecerían a un pobre elfito que les ayudara con las tareas de la casa, además, le harían compañía.

—¡¿Doce elfos?! —preguntó sorprendido—. ¡Son una pasada! ¿De verdad necesitáis tanto? Tenéis un ejército. Como haya una guerra, podéis entrenarlos en el arte de la espada y tenéis a una inquebrantable defensa que os protegerá. ¿Sois muchos en casa o tenéis elfos de sobra? —añadió, consciente de que quizás no sabía suficiente de ella ni de su familia—. A mí me gustaría tener uno, seguro que a mi familia le viene bien. ¿Son muy caros? Mis madres son muggles, ¿tú crees que un elfo les hará caso o solo hacen caso a los magos?

Asintió con la cabeza a la pregunta de la chica y una vez cada uno de los dos tuvo su bolsita con la comida en el interior, salieron de las cocinas escaleras arribas hacia la salida del castillo. Se escondieron detrás de una columna de unos profesores y, cuando éstos no miraban, salieron por la puerta principal. Caminaron en dirección a los invernaderos.

—¿Tú crees que un elfo y una vaca se llevarán bien? —preguntó tras razonar los dos bichejos que quería cuando fuera grande—. También quería un Duendecillo de Cornualles y una cría de hipogrifo cuando fuera grande. Pero algo me dice que tantas criaturas mágicas no se van a llevar bien. Además, necesitaría una casa grande y con jardín... y eso seguro que es caro. —Se llevó la mano a la barbilla, pensativo, mientras caminaba—. Bueno, me quedan todavía cinco años para descubrir una vocación que me haga rico y famoso. ¿Alguna sugerencia? —Añadió finalmente con una amplia sonrisa en el rostro, llevándose el dedo al puente de la nariz para subirse las gafas.
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Adae WestInactivo

Invitado el Vie Ago 19, 2016 5:53 am

Cabezón, testarudo, terco o tozudo eran sinónimos, palabras que significaban lo mismo, pero creo que Georgie era cabezón y de las pociones que tomaba una de ellas era para reducirse el tamaño de la cabeza, estaba convencidísima, porque mis gorras no le estaban, y yo tenía un tamaño de cabeza normal.

- Pues claro que tu cabeza es de tamaño normal, como la mía. Georgie es cabezón, seguro que una de las pociones que toma es para reducirse la cabeza -mi hermano mayor, el que este año estaba ya en séptimo y estaba seguro que o iba a pasar de curso porque no era lo suficientemente lista para aprenderme la materia de todas las asignaturas en tan poco tiempo.

Entrecerré los ojos y di unos pasos hacia él, negando con la cabeza despacio- Al curso que viene y los restantes estaremos en guerra en las clases, y te pienso demostrar que los Hufflepuff somos más listos de lo que os creéis -porque no entendía porqué algunas personas desprestigiaban a la casa en la que me había colocado el sombrero, cuando era la mejor casa de todo el castillo, y allí íbamos las personas buenas- Los Hufflepuff somos muy buenos, pero no específica en qué, así que somos buenos en todo, y por eso aunque hace tres años ganara mi casa, espero que mientras esté en el castillo se queden las copas donde deben estar, en nuestra vitrina.

Apretaba la bolsa de picnic con fuerza, con los nudillos casi en blanco, pero la rabia pasó pronto, Adae era mi amigo, y aunque rivalizáramos en las clases, esperaba que nunca dejáramos de ser amigos.

Negué con la cabeza ante su pregunta, él se ponía nervioso cuando los profesores le preguntaban- Yo es que esquivo a los profesores, así que no tengo que hablar con ellos salvo cuando hacen una pregunta en clase, y cuando preguntan en clase es porque esperan que conteste -claro, que a veces no les gustaba lo que contestaba, pero era lo que yo pensaba- Odiseo...¿Lleva una vaca a su clase? -ni siquiera sabía qué daba ese profesor- ¿Qué asignatura da? -¿Para que iría con una vaca, para repartir leche y que creciéramos bien?- ¿Es simpático Odiseo? ¿Le gustan los niños? -porque yo tenía problemas con los profesores que no le gustaban los niños, al menos tendría esos problemas hasta que dejaran de considerarme una niña.

Parapdeé atónita ante su grito, pero asentí con la cabeza- Claro que necesitamos tantos, cada uno se encarga de una cosa. Pero mamá se deshizo de los dos que me cuidaron mientras estaba enferma, y colgó sus cabezas en el pasillo -no sabía porqué se hacía aquello, pero el pasillo del ala este de la mansión de Goslam estaba cubierta de cabezas de elfos, cuál de ellas más fea. Y algunas cabezas le faltaban trozos de oreja. No entendía muchas cosas de las que hacían papá y mamá, pero en casa no se podía cuestionar nada o si llevabas la contraria te castigaban- Somos cuatro en casa, papá, mamá, Georgie y yo. Pero mi casa es muy grande, mi habitación es más grande que la que comparto aquí con mis compañeras de cuarto -y sí, la cama también tenía dosel y cortinas que colgaban.
Me encogí de hombros, no sabía si los elfos eran caros, ni siquiera sabía que se pudieran o no comprar, pero me parecía mal que se pudieran comprar, había escuchado que a veces se intercambiaban, pero nada de comprar, al menos yo no lo había escuchado. Mi mamá los había heredado, y luego fueron apareciendo más en casa.

- ¿No tienes papá? -no entendía como podía ser eso, para hacer un bebé se necesitaba un papá y una mamá, ¿no?- ¿Y como lo hicieron para tenerte a ti? ¿Te compraron? ¿Te cambiaron por otra cosa?- igual Adae había sido un trueque, sus mamás le darían algo a alguien y ese alguien les dio a mi mejor amigo- No lo sé, pero se puede intentar.

Tuvimos que esperar a que un grupo de profesores se apartaran de nuestra vista con la espalda apoyada detrás de una columna, e instintivamente tomé la mano de Adae para que no tuviera miedo, porque escuchaba su corazón latir muy fuerte, y cuando pasaron tiré de su mano, arrastrándolo hacia el patio principal, para tomar el camino de la derecha que daba pasando por el embarcadero a la casa del Guardabosques y de allí tomar el camino de subida hacia los invernaderos, atravesando el campo de calabazas gigantes.

Ya no hacía falta correr, estaban todos en el comedor en la cena, el reloj de la Torre había hecho sonar las campanas seis veces. Nos había costado casi una hora y media llegar hasta aquí. Pero me lo estaba pasando muy bien con Adae, con él siempre hacía cosas divertidas.

- Pues no lo creo, creo que el elfo matará la vaca y la cocinará para dártela de comer -los elfos eran los mejores cocineros del mundo, y las vacas eran comida- Aunque igual es vegetariano, o tú eres vegetariano y al no comer carne, la deja vivir -tampoco quería asustarlo, pero yo una vaca me la comía- Yo quiero muchos amigos cuando sea grande, y una escoba nueva, y jugar en un equipo de quidditch de verdad, y saber muchas cosas y defender a los que no sepan defenderse. Y llevarme bien con mis papás y con Georgie, y que dejen de pelearse por todo lo que hago.- aunque me diera miedo mamá, no me gustaba escucharla llorar en las noches, ni los golpes que salían del cuarto de mis padres- Y si tuviera que tener un hipógrifo, lo preferiría grande, para poder montar y volar. Y tendría que tener un criadero de hurones para darle de comer.

Yo vivía en Alemania en una casa como la que quería él para tener tantos animales, pero su pregunta me hizo pensar en una solución- Puedes buscar una chica que sea rica y casarte con ella, así serás dueño de todas sus pertenencias. Serás rico y famoso. Pero las fiestas que hacen los ricos y famosos son muy aburridas, Adae.- y eso lo sabía con seguridad, llevaba unos cuántos años asistiendo a ellas, y odiaba los trajes que mamá elegía ponerme para ellas.
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Adae West el Mar Ago 23, 2016 8:15 am

Aunque veía a Ziva con muchísimo interés y convicción en conseguir todos los puntos posibles para ganar todo el año que viene, Adae no iba a darse por vencido. Sería una competición sana por parte de los dos amigos, pero una competición al fin y al cabo.

—¡Pues te deseo mucha suerte, digna contrincante! Yo lucharé porque, después de un montón de años, la copa vuelva a la vitrina de Ravenclaw durante por lo menos un año. —Le tendió la mano, como señal de rivales que se respetaban e iban a jugar limpio—. Será una contienda difícil. Tenemos que evitar que Gryffindor y Slytherin vuelvan a resaltar para que la cosa sea más igualada entre nuestras casas, ¿no?

Adae tenía un imán contra los profesores y una mala suerte de mucho cuidado. Él decidía ir por otro lado para evitar a cierto profesor y siempre se encontraba a otro profesor, peor, en ese camino alternativo que había pillado. Además, Adae no sabía mentir y aunque no fuera por la línea de visión del profesor, siempre había algún suceso ambiental que hacía que el pequeño Ravenclaw y el profesor terminasen encontrándose y Adae terminase soltándole todo. ¡Lo sentía, era un bocazas por presión!

Odiseo, sin embargo, era uno de los profesores a los que le gustaba encontrarse. No porque fuera el más bueno, sino porque era el más ameno. Siempre que te veía te preguntaba cosas buenas y fuera de cualquier tipo de conspiración.

—Pues no sé si le gustan los niños… sé que le gustan las vacas. La vaca se llama Mildred y sí, las lleva a sus clases. Da Herbología y es super guay. Te gustará, ya verás —le dijo, esperando que así fuera y, por lo menos, ya que temía al profesor Cosmas, tuviera a un profesor que le cayese mejor.

El niño puso cara de pánico y asco cuando Ziva dijo que la madre de ella había colgado sus cabezas en el pasillo. Para colgar las cabezas primero tienes que cortarles la cabeza… eso quiere decir que… los mataron. Que fuerte. Adae se asustó, pensando que su madre era una especie de rompedora de libros y asesinas de elfos domésticos.

—Pero… —Intentó hablar para no parecer tontito y aprovechó para ganar tiempo en subirse las gafas—. ¿Y por qué se deshizo de ellos? ¿También por si estaban infectados por tu enfermedad? Me parece una solución un poco… innecesaria y fuerte, ¿no? ¿Y por qué colgó sus cabezas? No entiendo nada. Tu mami parece una mala persona. ¿Por qué mató a dos elfos? ¡Podría haberlos liberado si no los necesitaba! —exclamó, con el ceño fruncido.

La pregunta de que si no tenía papá siempre le llegaba en algún momento de su vida. No ocultaba en su momento que tenía dos madres, pero cuando alguien se daba cuenta de ellos, siempre preguntaba. ¿De verdad era tan raro tener dos madres? Adae no veía la necesidad de tener un papá, la verdad… Sus madres eran perfectas tal cual.

—Pues supongo que tendré papá, pero no lo conozco. ¿Sabes lo que es la inseminación artificial? —preguntó, aunque si no sabía que era una pila, no iba a saber que era eso seguro. Adae movió la mano para quitarle importancia a la pregunta que había hecho. Adae lo sabía porque se lo habían explicado a conciencia, pero era normal que no lo supiera Ziva—. Una de mis madres se quedó embarazada de un hombre en el hospital. Al hombre le dieron dinero por su amabilidad y mi madre se quedó embarazada de mí. Luego todo es lo mismo, lo único que no tengo ningún papá, solo dos mamás. Mi hermana igual, somos hijos de la misma madre, por lo que somos hermanos de sangre aunque seamos de distintos padres. —Estaba segurísimo de que se había explicado mal, pero aún así lo intentó—. ¿Me expliqué? Ay, es que es difícil de explicar…

Dejaron de correr una vez llegaron lo suficientemente lejos del castillo y lo suficientemente cerca de los invernaderos y Adae cogió aire, ya que correr tanto le dejaba exhausto y tenía que controlar su cardio para no sobrepasarse. Soltó la mano de su amiga y le planteó su duda existencial, una duda que al parecer a ella le parecía de fácil solución.

—Buena deducción —dijo con cara de "not bad"—. ¡Todo lo que quieres cuando seas mayor es fácil! Con lo simpática que eres seguro que tienes miles de amigos, aunque yo el mejor, ¿verdad? —Se dio un golpecito en el pecho, algo orgulloso—. Seguro que el próximo año entras en el equipo y te conviertes en la mejor. Y sabiendo como defiendes ya a los más pequeños, seguro que terminas siendo una justiciera. Ya lo de llevarte bien con tu familia no sé, porque por lo que me has contado hoy de tu madre, parece una mujer muy especial. Pero seguro que sí. Ya verás —le animó, con su usual y característica sonrisa—. Yo prefiero el hipogrifo pequeño para que así crezca conmigo. En plan perro, ¿sabes?  

Adae puso un mohin algo inconforme cuando Ziva le dio la idea de que se casara con una chica rica. No, jopé. El niño negó con la cabeza enérgicamente.

—¡No! ¡Qué mal! No quiero casarme con una chica porque es rica y quiera aprovecharme de su riqueza. Yo quiero casarme con amor. —Inmediatamente el rostro de Synnove, la Ravenclaw de sexto año, apareció en su mente—. Ay, Ziva. Estoy enamorado... No me puedes decir que me case por conveniencia. ¡Mi corazón ya pertenece a una chica! —No sabía si Ziva sabía la obsesión y admiración —lo cual hacía que el niño confundiera con amor— que tenía por Synnove, pero si no lo sabía ya, iba a terminar sabiéndolo pronto. No era ningún secreto—. ¿Tú te has enamorado?  
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