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Visita a las 2AM ~ Fiona T Shadows

Clementine Boot el Jue Ago 11, 2016 3:24 am


~VISITAS A LAS 2AM~
Casa Clementine~ 2:00 am

" Oscuridad, respiración agitada, nervios. Luz, mirada, más luz ...1-2-3 y las primera notas de una de mis canciones preferidas para noche de karaoke.
       - Oh i love to love,but my baby just loves to dance- comencé a cantar con una prestancia envidiable a cualquier cantante de los años dorados, mire hacia abajo y tenía un vestido plateado de lentejuelas, sonreí divertida, y ¡mirada a una esquina dramática!.- he wants to dance, he loves to dance, he's got to dance.- me lleve la mano derecha a la frente para crear más dramatismo, escucho al público rugir emocionado, y yo seguía dándolo todo mientras la canción seguía proyectándose a mi espaldas, y ahora venía mi parte favorita junto con Mildred.- ¡MIL ESTO ES PARA TI!.- grité emocionada, para luego poner una pose aún más dramática, mientras escucha un fuerte mugido por parte de Mildred- ¡STOP! i'm spinning lik...- no pude continuar ya que sentí un fuerte ruido detrás del escenario, frunci el ceño, pero lo deje pasar ¡El show debe continuar!.- spinning like a t...- nuevamente un ruido, mire al público que ya no eran personas si no que ¿abejas? ¿qué hacen abejas en un karaoke? ¡Dónde estaban MIl y Odi? ¿MIL ESTABA VOLANDO EN UN ESCOBA? Algo no esta bien...oh no, no, no, es un...."

- Sueño...- terminé por decir mientras hundía mi cabeza en la almohada, sonreí divertida, por la clase de sueños que a veces tenía, pero no me duró mucho la sonrisa ya que escuché el ruido de mis sueños, pero ahora en mi propia casa, y me atrevía decir que era en mi....tragué saliva, living.

Ay, ay, ay, ay.
¿Qué hago? ¿Qué hago? me abrace a la mantas de mi cama, y por un momento pensé en taparme con ellas mientras me ponía a cantar la canción y hacía como si no hubiera escuchado nada "sólo es mi imaginación" me repetía en mi cabeza, pero ¡AH! otra vez un ruido, ahora era como si hubiera logrado...¿entrar? ¡AHHHH!
Giré sobre mi eje en mi misma cama, y hola, ¿cómo estas? y muy bien pegaron un salto por tan brusco movimiento.- si ustedes están aquí...abajo entonces...- dije a lo bajito mientras tragaba saliva, lo dije más para mi misma, y de cierta forma a mis tres gatos que ahora me miraban con una mirada entre indignación por haberlos despertado de esa manera e interrogantes ya que no era algo muy habitual de pasar, más que nada porque despertarme a mi era una misión un poco complicada, siempre eran ellos que con ronrroneos y mimos me hacían abrir los ojos, pero ahora era diferente, un ruido me despertó  ¡un ruido en mi propia casa!.

¡Piensa Clem! mire a la ventana de mi pieza y el masetero que había dejado para plantar unas margaritas apareció frente a mi ojos me hizo recordar que debía ir a comprar las semillas claramente esta era la mejor época ya que el sol...¡arg, no te distraigas! ¡focus! sacudí mi cabeza, de un salto salí de mi cama, para dirigirme decidida al masetero y tomarlo entre mis manos, salí de mi habitación, pum-pum-pum sentía el corazón en la garganta. Quizás mi sueño seguía, pero ahora ya no era sueño sino que era una de esas pesadillas que después al despertar me daban ganas de interpretar películas de suspenso, me pellizque.- ouch.- me dije, y me sentí idiota, pero luego recordé algo peor, "no es una pesadilla...oh, oh", me lance cuerpo a tierra cuando escuché otro ruido y pensé que si este era un ladrón, un mago, un caza fantasmas, un loco que se escapo del psiquiatra, o era Mystique en busca de comida, no era nada de cuidadoso con los ruidos.

Comencé a bajar como podía por la escalera en un intento de ser "sigilosa" y porque ya mi repertorio de todas las películas que había visto hasta el momento de suspenso y acción estaban pasando por mi cabeza haciéndome sentir que estaba en una de ellas. Cualquier persona cuerda hubiera comprendido que mi comportamiento era el peor para aquella ocasión, pero ya hace un tiempo había logrado entender que no eran como el común de la gente.

Vi una sombra en el umbral de mi puerta, una sombra en medio de esa oscuridad, era enorme y tenebrosa...hasta podía comenzar a oír la típica banda sonora de momentos así. Mi rostro se contrajo,y en uno de mis intentos de movimiento "ninja sigiloso super mega chic letales para sombras a mitad de la noche"me hizo tropezar con uno de los escalones,  por suerte era ya llegando al final de la escalera, por lo que el golpe no fue muy fuerte, pero si lo fue para el masetero que se me resbalo de mis manos rompiéndose en mi pedazos, la sombra se giro.

- ¡AHHHHHH! Hagas lo que hagas, no le hagas nada a mis gatos.- grité mientras me cubría con las manos mi rostro, aún en el suelo, esperando lo peor. Aunque si era Mystique le diría que no se preocupe, que no se esconda, que acá también existen los Metamorfomagos.
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Fiona T. Shadows el Jue Ago 11, 2016 12:51 pm

A principio de cada semana recibía el horario para aquellos siete días. Dos de ellos, podía pasarlos tranquilamente en su casa, el problema era que nunca sabía cuáles eran estos días hasta que llegaba el lunes a primera hora de la mañana y encontraba un pergamino con variadas anotaciones sobre la mesa del cubículo al que muchos se referían amablemente como despacho.

Aquel mismo lunes había visto que el martes su horario era de tarde. Pero no de tarde que a las nueves podría irse tranquilamente a su casa. No. Tarde de es posible que pasen las doce de la noche y sigas aquí sentada porque hay muchos informes que rellenar a última hora. Pues todo el mundo sabe que las doce en el Ministerio de Magia es una mala hora, ya que quedan tan solo una hora para el cierre de actas y todo el trabajo del día debe quedar recogido en un informe.

En resumidas cuentas, Fiona prefería mil veces coger la Viruela de Dragón aquel día que tener que soportar ocho intensas horas de trabajo de despacho que, posiblemente, acabarían por alargarse. Por lo que a las doce de la noche su cara era todo un poema digno de ver. Un poema sobre la frustración, el sufrimiento humano y el aburrimiento capaz de alcanzar límites inimaginables. Porque allí estaba ella, sentada con las piernas colgando incapaz de llegar a apoyar los pies en el suelo. Mirando el vacío rumbo a la pared más cercana. Admirando la nada sin prestar atención a los otros tres Aurores a los que les había tocado sufrir aquella noche en su compañía. Pensando en absolutamente nada, como si un agujero negro se hubiese encargado de formar en su mente su nuevo hogar. Jugando con la varita entre sus dedos cuando no tenía ni que usarla en aquella situación. Y, casi dándose de bruces contra el suelo por apoyar demasiado la espalda en el respaldo de la silla para acabar perdiendo el equilibrio.

La varita salió disparada justo cuando la silla volvió a posicionar sus cuatro patas sobre el suelo, rompiendo el silencio de aquel habitáculo con semejante espectáculo. Sonrió inocentemente mirando a uno de sus compañeros que clavaba unos ojos inquisidores sobre ella. Fiona se agachó a coger su varita y la dejó sobre la mesa para hacer, esta vez sí, su trabajo.

Pasaba ya la una cuando terminaron de enviar los informes pertinentes, preparar los documentos para aquellos que entraban a primera hora de la mañana y esperar a que los que tenían turno de noche apareciesen. Ya que en aquel departamento siempre tenía que haber al menos cuatro personas por si tenía lugar un incidente en mitad de la noche.

- Hasta mañana. – Se despidió del hombre que podía haber sido capaz de matarla con la mirada cuando estuvo a punto de caer al suelo. El hombre miró con desagrado y siguió su camino hasta la salida del Ministerio. - ¿Una cerveza? – Preguntó un hombre castaño ya entrado en años al que todos se dirigían como Bennet. – A mí no me mires, entro a las tres mañana y necesito dormir. – Contestó una mujer rubia de unos cincuenta años y casi dos metros de altura. – Tú siempre tan elocuente Alishon, ni que fueses la única que mañana entre a las tres. – La mujer, que a pesar de su tamaño no se caracterizaba por su inteligencia, miró sin entender nada a Fiona. – Todos tenemos el mismo horario esta semana. – Aclaró Fiona, pero Alishon pareció no entender demasiado. – Existen diferentes variantes de horario, pero no hay horarios suficientes para que todos los del departamento tengamos uno. Sino que en grupos más pequeños tenemos el mismo horario durante una semana. – La mujer abrió la boca para decir algo pero luego la cerró. Fiona sabía de sobra que seguía sin entender nada. – Como sea, yo voy a dormir. – Contestó la mujer antes de desaparecer por una de las chimeneas. - ¿Fly? – Preguntó Bennet con esperanza de tener compañía aquella noche. – Ya he quedado, otra vez será. – Dijo la castaña siguiendo los pasos de la rubia para desaparecerse.

Una vez en el centro de Londres tuvo que aparecerse rumbo a casa de su cita para aquella noche. Cabello castaño, ojos profundos y una sonrisa que, de no ver en su cara, sabías que había llegado el fin del mundo. Clementine era una de las personas más alegres que se habían cruzado en su camino y trasmitía ese… Ese “no sé qué” que tanto le agradaba a Fiona. Por lo que no lo pensaba ni dos veces a la hora de quedar con aquella chica. Como aquella noche.

En apenas unos segundos ya estaba en Hogsmeade, cerca de la casa donde vivía Clementine, por lo que dio un par de pasos para llegar hacia la puerta y dar dos toques con los nudillos, pues no quería despertar a los vecinos. - ¿Clem? – Preguntó la castaña en voz baja por si la chica se había dormido en la planta baja viendo el televisor o algo similar. Pero al no escuchar respuesta, dio por hecho que no había nadie en la planta inferior.

Volvió a picar con los nudillos pero la respuesta no apareció una vez más. Tomó el picaporte y, sorprendentemente, pudo girarlo y abrir la puerta. Rodó los ojos al ver la confianza de Clementine en el mundo cuando las cosas estaban tan peligrosas y cerró tras de sí. Cerrando con el pestillo, no como había hecho su amiga.

- ¿Clem? – Volvió a preguntar mientras andaba a tientas por el recibidor. Sacó la varita con cautela por miedo de toparse con un gato y asustarlo con la luz que ahora saldría de la punta de su varita. Siguió avanzando hasta llegar a las escaleras, pero antes de poder empezar a subir vio cómo algo avanzaba por las escaleras. Algo con forma humana que acabó cayendo hasta llegar al final de las escaleras.

Un objeto salió disparado de las manos de Clementine hasta romperse en el suelo en mil pedazos y Fly no pudo más que girarse para ver a Clementine en el suelo, con el rostro tapado y gritando por su vida. - ¿Qué cojones dices? ¿Odiseo te ha dado alguna planta de las suyas para conciliar el sueño? – Preguntó sin entender qué diablos decía la chica. – Te dije que vendría hoy a verte después del trabajo y tú… ¿Estás en pijama? Te habías dormido, pero que mal queda eres. – Añadió negando con la cabeza y ofreciéndole la mano a Clementine para que se levantase.

Buscó a tientas en la pared el interruptor de le luz y apagó el brillo de su varita para mirar nuevamente a su amiga. – Se me olvidó decirte que venía, ¿Verdad? – Había pensado mil veces en avisarla, y lo había pensado tantas veces que había olvidado hacerlo de verdad.

Con marcada curiosidad, giró la cabeza para ver qué era el objeto que se había roto en la caída de Clementine y se topó con una maceta rota en mil pedazos. – Podrías abrirme la cabeza con esa mierda. – Sacó la varita una última vez, haciendo que los pedazos de la maceta se juntasen nuevamente hasta formar un único objeto y no cientos de pedazos de este repartidos por todo el suelo. Cogió la maceta y se la tendió a Clementine con sendas manos y una sonrisa inocente en los labios. – Te la regalo.
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Clementine Boot el Vie Ago 12, 2016 12:25 am

Esa película de suspenso que estaba pasando por mi cabeza de un momento a otro se convertió en una comedia,y la voz que provino de aquella sombra enorme que podría asegurar haber visto, y que seguiré contando así en las navidades para generar emoción en el relato, esa voz me generó una gran sonrisa en mi rostro, ya que me era muy conocida.

- ¿Fly? .- pregunté aunque era más una afirmación, con un poco de sorpresa y felicidad mezcladas. Me agradan mucho las visitas de la aurora, ya debe ser dos años que al conoce, y Fly siempre tiene historias muy emocionantes que contarme, y a su vez es de las pocas personas que no juzgaban mi accionar cada dos por tres, sino más bien ya me estima como soy.

- Ya sabes que hasta el momento no he caído en esas cosas de Odiseo, y creo que ya después de tantos años, no caeré en sus plantas doblemente mágicas.- dije divertida pero aún en un estado de shock, respondiendo más por inercia. Recién caía en la cuenta, de que me había despertado de sopetón, que eran las 2 de la mañana, y que por unos momentos protagonice cual película de Hitchcock. Saqué mis brazos de mis rostro, y la luz que desprendía la sala, me hizo no ver muy bien pero veía colores borrosos que se movían y si los juntaba creo que sí podía crear a Fly. ¿Habíamos quedado? ¿qué tiene de malo mi pijama? hice una mueca y lo miré, era unos de mis favoritos, acepté su mano y volví a estar de pie, la sonrisa se había perdido, aunque sólo un poco, para mirar interrogante a la chica que tenía enfrente. No le gustaba cuando olvidaba cosas así, y menos con gente que estimaba, ¡no le tenía ni un té preparado! iba a comenzar a moverme, cuando Fiona siguió hablando sobre su olvido, y que ese masetero perfectamente le podría haber abierto la cabeza. Creo que ya pronto se pondrá a llover hace mucho que no estaba tanto tiempo en silencio.

Me permití tomar aire cuando Fiona reconstruyo la maceta para luego ofrecérmela, y como si aquellas chispas blancas como llamo a la magia que sale de las varitas de todo mago fueran ese último pestañeo que me faltaba para despertar en su totalidad, cambie mi postura de "zombie en shock ninja frustrada somnolienta" a una más bien "chica hiper mega feliz de ver a Fiona en su hogar".- ¡FLY!.- dije emocionada como si todo lo anterior hubiera sido una pausa, para volver a ser yo después de todo el pasado de película que había sucedido en mi cabeza. Para luego ir y abrazar a la aurora olvidando por completo el masetero, pero que se hizo presente al abrazarla ya que algo me separaba de Fly, me alejé con el ceño fruncido y vi el masetero.- ¡Hey! gracias por arreglarlo, me hubiera dado mucha tristeza perderlo, quiero plantar unas margaritas africanas que llegaron la semana pasada en la tienda de la Señora Claire.- le dije a Fiona con una enorme sonrisa, ella sabía lo mucho que me gustaba conseguir semillas de diversas plantas e ir plantándolas, la mayoría se encontraban en el patio de mi casa, pero algunas las escogía para dejar repartidas en maseteros por toda la casa.- Ni te imaginas todas las cosas que pasaron por mi cabeza cuando te escuché entrar, como sombra te veías del porte de Gandalf ¿sabes? .- le comenté divertida, mientras dejaba el jarrón a una lado sobre una mesa que tenía en la entrada.- ¿de verdad el Ministerio los tiene hasta estas horas?.- pregunte sorprendida, mientras fruncía levemente el ceño al pensar lo cansada que debe estar y lo agotador que debe ser estar hasta estas horas en la oficina, y más en ese espacio, había ido durante mi vida creo que unas tres veces al Ministerio, y de ninguna de las tres podría decir que fue una experiencia fascinante, más bien era todo lo contrario.

- Ponte cómoda, ya sabes siéntete en casa. ¡TÉ! ¿quieres un té? La semana encontré una tienda muggle maravillosa que crea una combinaciones únicas. Mira viene con la caja y todo.- le dije mientras le mostraba una caja de madera de color ámbar con flores tañadas encima, tenía 16 compartimientos, que se lograban ver gracias al vidrio que poseía la tapa.- 16 infusiones de té ¡16 diferentes!.- le dije aún más emocionada hacia su dirección. Respire sorprendida al recordar algo.- ¡recordé algo que tengo para ti!.- agregué con una gran sonrisa, me acerque a Fiona y le pase la caja con infusiones en sus manos.- escoge el que quieras, arriba de cada compartimiento sale de que es...acá dice mango, acá jengibre con miel, y así.- terminé por decirle, mientras subía rápidamente hacia mi dormitorio, lugar donde se encontraba un regalo que le tenía a Fiona desde hace un semana, llegué a mi habitación al abrir, tres cabezas miraron a mi dirección que me hicieron sonreír como boba.- ¿les he dicho que son unos adorables?.- pregunté en voz alta hacía mis tres gatos, que al recibir mi muestra de  cariño se estiraron cada uno por su lado para ir hacia mi en busca de más atención, pero mi atención ahora se encontraba en mi armario dónde quizás había guardado los dos chalecos que había tejido, uno era para Fly y otro para Drake ¿dónde los había dejado? llevé mi dedo indice a mi boca en modo pensativo, y como si de pronto una ampolleta apareciera cerca de mi cabeza prendida, recordé dónde los había dejado, mirando hacia una esquina dónde estaba un piso y sobre él una bolsa, me dirigía hacia ella y la tome, sonreí al ver los chalecos en ella.

Salí de mi habitación dejando abierta la puerta por si Hola. ¿Cómo estás? o Muy bien querían salir a dar una vuelta, mientras bajaba la escalera sacaba uno de los chalecos para tomarlo entre mis manos, cosa de que al llegar al final de la escalera, y dirigirme hacia donde Fiona había ido, le hiciera una pose super mona con el nuevo chaleco que le había tejido a la pareja.

- Chananana, chalecos nuevos para los mejores entrenadores Pokemons.- dije divertida, mientras me ponía frente a Fly con unos de los chalecos que había tejido, ambos eran del color de sus equipos, o lo que había logrado entender cuando Fiona llego contándome de dicha aplicación. La encontraba divertida y más aún el hecho de tener que salir a recorrer las calles en busca de ellos, pero con suerte entendía mi pequeño aparato que tenía como celular y que servía sólo para atrapar llamadas, así que no me quería ni ver en un intento por jugar esa aplicación.
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Fiona T. Shadows el Vie Ago 12, 2016 1:48 pm

La sociedad tiende a considerar como mal visto colarse en la propiedad ajena a altas horas de la madrugada pero, para alguien como Fly, no tenía ni la más mínima importancia. Ella no estaba haciendo nada malo, ¿No? La puerta estaba abierta, a fin de cuentas. E iba de visita que, supuestamente, había avisado con varios días de antelación. El problema se encontraba en que había olvidado por completo avisar a la dueña de la casa. Había pensado demasiado en avisar a Clementine que iría aquella noche de visita. Lo había pensado durante las horas muertas – y también las no muertas – en el departamento. Lo había pensado repetidas veces de tantas maneras que había llegado a convertirse en algo real. Pero algo real únicamente en el interior de su cabeza. Pues aquello de la telequinesis aún quedaba para la imaginación de muchos y el deseo de otros tantos.

Tardó en relacionar todo lo que estaba sucediendo a su alrededor con el hecho de no haber avisado a Clementine, por lo que en un primer lugar regañó a la castaña por semejante olvido. ¡Cuando había sido ella misma la culpable! Pero no importaba, su mente seguía jurando y perjurando que había avisado a Clementine. – Nunca digas de esta agua no beberé y ese cura no es mi padre. – Dijo con tono serio antes de echar a reír. – La verdad es que no entiendo esa frase. ¿Por qué no ibas a beber del agua? Y… ¿Los curas no tenían prohibido tener sexo? – Preguntó con tonto serio y profundo como si aquella pregunta fuese el gran interrogante que, de resolver, por fin daría con el sentido de la vida. Aún no se acostumbraba a las frases muggles, pero sí que se había acostumbrado a repetirlas aunque normalmente lo hacía fuera de contexto y estas carecían de sentido alguno. Aunque, por una vez, parecía haber acertado en su uso.

No dudó a la hora de disculparse por haberse presentado de improviso o, más bien, en su cabeza imaginó que lo que dijo era algún tipo de disculpa que cualquiera asimilaría rápidamente. Por suerte para ella, Clementine sí era de ese tipo de personas que no esperan una disculpa elaborada o que más bien, sus neuronas están en alguna otra parte del mundo y por tanto no le importa demasiado lo que pueda pasar a su alrededor.

Recibió la acogida con una sonrisa, y estrechó entre sus brazos a la chica. ¿Lo mejor de ser amiga de Clementine? Fiona no se sentía baja, por una vez en su vida. Apenas se llevaban dos centímetros de diferencia y aunque pudiese parecer que Clementine era mucho más alta, no lo era. ¡Era el sueño de toda persona que no llega al metro sesenta! Encontrar a alguien con quien te lleves bien y que además no sea diez centímetros más alto. Y que no fuese un niño de once años, eso también era un dato importante. - ¿Y qué diferencia tienen las margaritas africanas con el resto de margaritas? ¿Se mueren de hambre o te abanican? – Preguntó con marcado humor negro. – Es broma. – Dijo rápidamente. Estaba acostumbrada a disculparse por aquel tipo de chistes pues la gente tendía a tomárselos demasiado mal. – Soy una negada con las plantas, a mí se me mueren hasta los cactus. – Sí, esa planta que apenas necesita cuidado alguno y que puedes estar sin regar durante semanas pero que aún así luce como si nada. – Siempre dicen que las flores de los cactus son preciosas, así que de vez en cuando compro cactus porque… Valen una libra, ¿Sabes? Podría tener un ejército de cactus y seguiría teniendo dinero. – Hablando de plantas, ya se había ido por las ramas. – El tema es que dicen que son bonitas, pero como se me mueren los cactus, nunca he llegado a ver las flores. Igual que los peces. ¿Te puedes creer que he intentado tener peces y se me mueren en menos de una semana?

Sin poder evitarlo una de sus cejas se alzó al no entender de qué estaba hablando. Porque por mucho que Drake había insistido en ver El Señor de los Anillos, Fly se había negado una y otra vez a ver semejante tontería de película donde había personas bajitas con pelos en los pies. No, definitivamente aquello no le llamaba la atención. Suficiente con que había visto la primera parte del Hobbit porque Drake decía que salían erizos. Y, efectivamente, salían erizos. Pero no vio más. - ¿Y ese quién es? – Preguntó en referencia a Gandalf. – Tiene nombre de gnomo de jardín. – Alegó sin pensarlo dos veces.

- Se supone que mi turno acababa a las doce, pero entre unas cosas y otras… Aquí me tienes. – Se encogió de hombros. – Tenemos diferentes turnos, hay quien entra a trabajar ahora. Somos la seguridad del Mundo Mágico, siempre tiene que haber alguien trabajando. – Aunque ese alguien tuviese sueño y se durmiese sobre su mesa.

Había personas apasionadas por los tés y luego estaba Clementine. Si querías acertar con un regalo para aquella chica, podías optar por el camino fácil y buscar un té raro y una taza a juego con el té. Con eso ya tenías ganado su corazón y su amor eterno. Era una persona bastante fácil para ese tipo de cosas, o más bien, Fiona conocía bastantes rasgos de su amiga como para considerar que era sencillo acertar a la hora de hacerle un regalo. – Eh… sí, claro. – Dijo mirando la caja con desconfianza. No, a Fiona el té no le agradaba demasiado.

Mientras Clementine desaparecía escaleras arriba o vete tú a saber dónde, Fiona cogió la caja de infusiones que la chica le había tendido y fue sacando las bolsitas. No miraba lo que ponía en los compartimentos, sino que se fiaba del olor de estas. Y cabe decir que cada bolsa olía peor que la anterior. Una mueca de asco tras otra se dibujaba en su rostro según acercaba la infusión a su nariz. – Por Merlín, ¿Caca de mono? – Habló consigo misma mirando el paquete donde ponía lima y mango. ¡Una mierda eso era lima y mango!

Finalmente optó por coger un té de kiwi con fresa. Era el que menos olía a hierba así que sin duda pensó que sería una buena opción aunque sabía de sobra que aquello le acabaría dando tanto asco como cualquier otro té.

Al escuchar los pasos de Clementine se giró para toparse con la chica, quien presentaba dos chalecos, uno azul y otro amarillo, que representaban a los dos equipos a los que pertenecían Drake y Fiona en la aplicación de Pokémon Go. Cabe decir que Fiona no usaba el teléfono sino que se había comprado uno sólo para jugar a aquello con Drake, pero aún así le había cogido el gusto al juego. – Eh… - Titubeó admirándolos. - ¡Son geniales! – Dijo levantándose de un brinco y yendo a abrazar a su amiga. Cogió el azul y lo miró detenidamente, ya que era el suyo. ¿Cómo alguien era capaz de hacer ese tipo de cosas in magia alguna? Sorprendente. – Me encanta Clem. – Admitió con una sonrisa cogiendo ambos y poniéndolos sobre la mesa para mirarlos con toda la tranquilidad del mundo. – Deberías guardarlos para dárnoslos en un tiempo… - Dijo mirando de reojo a su amiga.

Hacía tiempo que Drake y Fiona habían hablado cierto tema pero no habían pasado a contárselo a todo el mundo por el momento. Y Clementine aún no había recibido la noticia, por lo que dibujó una sonrisa y fingió tocar la batería con sendas manos al tiempo que imitaba el ruido de esta. - ¡Nos vamos a casar! – Dijo antes de romper a reír. Sí, era el tipo de persona que, durante toda su vida, había dicho que jamás de los jamases pasaría a casarse. Pero bueno, la vida da tantas vueltas que acabas vomitando y echando hasta la primera papilla. – Y sí, estás invitada. Puedes llevar un acompañante, no hay regalo obligado y… Todavía no tenemos fecha segura, así que por eso no hemos dicho nada todavía. Pero será a finales de septiembre. Bueno, quizá tenemos fecha y no me acuerdo, la verdad es que es Drake quien lleva todo… Ya sabes que esto de las bodas no  me llama mucho, pero a él le hacía ilusión y bueno, ya está hecho. – Al final había acabado por hacerle ilusión a ella, pero eso era otro cantar.
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Clementine Boot el Miér Ago 17, 2016 4:57 pm

A veces mi imaginación volaba muy lejos, de un pequeño ruido ya me había armado mi propia película de suspenso dentro de mi cabeza que me hizo creer que todo menos Fly estaba entrando a mi casa, pero es que, que aburrida sería la vida si uno no le pone un poco de su propia cosecha ¿no?.  Y gracias a ese  afán que tengo de siempre agrandar las cosas, es que ahora me encuentro en el suelo con los brazos frente a mis ojos como si llegará a recibir un rayo, chispas blancas, una mordedura letal, o un pium-pium de armas muggles, pero para mi sorpresa y alivio sólo escuché la agradable voz de Fiona.

- La verdad tampoco entiendo muy bien todo aquello de los refranes, pero lo único que sé que hay aguas no tan puras, y podría decir lo mismo de los curas.- terminé por decir aún un poco entre dormida y en estado de shock. ¿No estábamos hablando de Odi? ¿Por qué ahora hablamos de curas? ¡Ah! las plantas de Odi y mi juramento de no probarlas.- La verdad, aveces pienso que me gustaría probarla sabes...las plantas de Odi.- terminé por aclarar, mientras de a poco iba despertando o saliendo del armario de Narnia para estar en la realidad, que era Fiona a las 2 Am en la entrada de mi casa. - pero después me digo que no, sólo para hacerlo fastidiar, le trae de nervios, dice que quiere verme en ese estado, aunque sea una vez.- termine riendo divertida, en más de una ocasión Odi a tratado de meterme su planta sin que me de cuenta, en brownies, tartas, galletas,y un sin fin de alimentos pero si no fuera porque lo conocía hace tanto tiempo hace mucho ya hubiera caído, pero era sólo cosa de ver el brillo en sus ojos para saber que estaba haciendo una maldad y hacia que terminará por no comer nada de lo que me ofrecía.

¡ Goodbye Narnia, hi Fly!
Cuando por fin desperté de aquel estado de no entender nada, logré divisar mejor a Fiona y enseguida una sonrisa se apoderó de mi rostro y no dudé en darle un fuerte abrazo, sin importare para nada los hechos anteriores, o que se le haya olvidado avisarme, siempre he creído que siempre es una buena hora para recibir a gente que uno estima, y a Fly le tenía mucho cariño, así que mi casa siempre estará las 24 hrs del día disponible para ella, aunque ahora...- ¿entraste con magia?- le pregunté curiosa. Sabía muy bien que por más que intentará dejar cerrada mi hogar, sólo bastaba con una movimiento de sus varitas y esas chispas blancas que salían de allí para sacar toda seguridad posible, pero algo en mi cabeza me decía que esta noche ni siquiera me había preocupado de eso. Sentía como una voz me decía ¡Cabeza loca, hoy ni siquiera dejaste seguro en las ventanas! sacudí mi cabeza alejando esa voz molestosa, para volver a sonreír y mirar a Fiona que me entregaba el masetero que se había convertido tiempo atrás en mi arma de guerra.

Le dediqué una mirada reprobatoria cuando dijo aquello de África, y me la hubiera creído si no fuera porque de todas formas se me había asomado una leve sonrisa de lado. Ya había comprendido al pasar del tiempo el humor de Fly, en un principio me llegaba a sorprender, pero ahora hasta me llegaba a reír con una par de ellos.- No es ni lo uno ni lo otro Fly, se llamaban así porque provienen del Sur de África, y tienen la particularidad de tener otro color, hay púrpuras, amarillas, rosas...- dije mientras sentía como mi emoción aumentaba al decir todas las variedades que habían y mis ojos comenzaban a brillar, realmente me encantaban las plantas. Miré a Fly con una sonrisa cuando dijo que se le morían hasta los cactus.- Por más que la gente crea que no, los cactus son muy sensibles, y le gusta que le den mimos.- dije mientras asentía con mi cabeza para recalcar lo que decía. Yo era de esas personas que le hablaba a sus plantas, y las trataba como los seres vivos que son, sí...en más de una ocasión esa postura me había llevado a tener el apodo de "la loca de las plantas" por el barrio, pero que más da prefería tener aquel que... no sé, "la loca por los sombreros" aunque pensándolo bien hay sombreros muy divertidos, quizás debería comenzar a comprar... ¡Concéntrate Clem! Fiona, si, si, logré escuchar la historia de que se le mueren tanto los cactus como los peces.- Bueno, déjame decirte que si llegas a esta hora siempre a tu hogar ni un pez aguanta tanto abandono,las plantas y a los animales son unos regalones por naturaleza.- dije encogiéndome de hombros.- pero, si quieres te puedo regalar...- le dije, mientras me acercaba a la ventana más cercana en donde se encontraba una planta que tenía una flor roja que nacía de su interior y de ella salían más flores que crecían hasta arriba. Tomé con una de mis manos la planta ya que en la otra aún tenía el jarrón reconstruido y me giré hacia Fly.- ¡Una Bromelia! es hermosa ¿no? y sólo necesita estar en un lugar iluminado, un poco de agua al día y lo más importante... ¡al menos un buenos días de tu parte Fly!.- le dije mirándola divertida.- ¿crees que le podrías decir un "hola" a esta hermosura todos los días?.- le pregunté mientras le estiraba la planta a su dirección, mientras le ponía ojitos para incitarla a que aceptara ese desafío, pero sin evitar soltar un pequeña risa con el sólo hecho de imaginar a Fly en sus intentos de hablarle a la planta.

- ¡¿No conoces a Gandalf?! .- pregunte atacada. Olvidando que no todo el mundo  los domingos veía maratones de películas muggles en su living comiendo cabritas. Aunque hay que decir que nada supera a los libros, pero aún así disfrutaba mucho ver hacer real la Comarca, que ganas de vivir allí.- Esta lejos de ser un gnomo de jardín, es un personaje de una saga, es un mago enorme ¡altísimo!. Ahora que lo pienso tiene un leve parecido a Dumbledore. Entre nos, nosotras en esa saga seríamos los hobbits.- le dije por lo bajo lo último divertida mientras que con mi mano hacia el gesto de "algo pequeño", refiriéndome a la altura de estos.

Dejé el jarrón a un costado, y le pregunté que cómo era posible que los tuvieran hasta estas horas.- Comprendo, y más en estos tiempos ¿no? que por más que los diarios tratan de apaciguar... ¡Se han escapado dragones! Con Odi queremos comenzar nuestra propia búsqueda, apuesto que los pobres deben estar todos asustados por ahí...- le dije haciendo una puchero, sin siquiera pasarme por la cabeza que los dragones eran todo menos inofensivos.

Le tendí  mi nueva compra feliz de té , mientras subía las escaleras rápidamente para ir en búsqueda de los chalecos que les había tejido a Fly y Drake, me costó pillarlos en un comienzo pero logré llegar a ellos, para luego bajar rápidamente las escaleras y llegar a donde Fiona para mostrárselos con una pose digna de las pasarelas de moda y una gran sonrisa en mi rostro. Recibí feliz el abrazo de mi amiga, me alegraba que le hubiera gustado, tomo los dos y los dejo sobre la mesa para observarlos, pero luego la frase que le continuo me hizo fruncir el ceño pero de curiosidad, esa mirada la reconocía...

- ¡¿QUÉ?!.- grité fuerte sin importar la hora y el sueño de los vecino.- ¡¿SE VAN A CASAR?! AAAH ¡QUE EMOCIÓN!.- seguí gritando mientras  mis brazos hacia movimientos de jubilo y daba brincos cual bambi hacia Fiona para abrazarla.- No sabes lo feliz que me hace recibir esta noticia.- le dije aún entre mi abrazo. Sabía que Fiona era de esas que decía "de esas agua no beberé" con respecto al matrimonio, pero era cosa de verlos un par de minutos a la parejita para saber que tarde o temprano llegarían a tomar esa decisión.- ¿puedo ir con Odi y Mildred? Te prometo que Odi se portará bien.- le dije, obviando a Mildred, es que ella si sabe comportarse en eventos así.

- Yo quiero ayudarlos en lo que pueda ¿crees que si llamo a Drake este despierto?, porque me gustaría decirle que se una tienda maravillosa de flores, que serían perfectas, además podría tejerles detalles para las mesas, no me demoro nada en hacer porta vasos, y también podría sacar mi máquina de coser y quizás hacer manteles o cosas así, ¿ya haz visto el traje de novias? debemos ir por él, y ¡tu despedida! me ofrezco a organizarla.- todo esto lo dije de manera rápida de un sopetón teñida de mucha emoción y recién cuando terminé decir todo, tome una gran bocanada de aire sintiendo como me faltaba la respiración de tanto hablar sin pausa alguna.- lo siento, sabes que me emocionan estas cosas.- dije con las mejillas levemente rojas, me gustaba todo aquello que significara planear eventos, y más si era para sellar el amor de tan grandes amigos como Fly y Derek, era mi especie de demostrarles que me hacía muy feliz verlos a ellos felices. - y por cierto nada que esos chalecos serán mi regalo de bodas, tengo pensado algo mucho mejor.- dije con un brillo en los ojos  y una gran sonrisa, tenía el regalo perfecto en mi cabeza.
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Fiona T. Shadows el Jue Ago 18, 2016 7:02 pm

Se había pasado toda su infancia rodeada de gente cuya sangre era mágica. Apenas había conocido a dos personas de procedencia muggle durante sus primeros años y estos tampoco le habían hablado de los refranes muggles y cuándo aplicarlos. Con los años en Hogwarts, se había topado con algún mestizo e incluso con nacidos de muggles a los que no debía acercarse por ser Slytherin y tener que seguir con las tradiciones de su propia casa. Algo que, por supuesto, había pasado por alto para juntar con quién quisiese. Fue más cuando terminó sus estudios cuando comenzó a indagar más en aquellos seres tan curiosos que algunos despreciaban por carecer de magia. ¡Pero sí eran divertidísimos! Los muggles siempre habían resultado ser divertidos y curiosos a ojos de alguien cuya curiosidad en ocasiones carece de límites. Eran tan diferentes a todo lo que antes había conocido que quería saber más y más. Eran seres curiosos. ¡Curiosísimos!

Pero años y años después, aún había cosas que se salían de su entendimiento. Como algunas de sus costumbres, gustos o aficiones. Y, entre tanto, también su peculiar manera de hablar. – Tipo… ¿Agua de mar? O quizá agua sucia. Pero claro, si estás muerto de sed acabas por beber aunque sepas que no deberías. – Pensó en voz alta al tiempo que colocaba su mano sobre su mentón para darle a la situación mayor profundidad. – Tiene sentido. – En cuanto a los curas… No entendía ni qué gracia tenía la religión como para entender a quién la práctica en todo momento.

- Si es sólo por fastidiar, no lo pruebes. Y si es por curiosidad… Tengo que decirte que hay camellos de mayor confianza. Por mucho que Odiseo sea tu amigo yo no le veo como alguien a quien le confiaría mi vida. – Suficiente que había tenido que trabajar con él varias veces en la Orden del Fénix y cabe decir que el resultado había sido nefasto. No nefasto de “Oh, por Merlín, ¿Por qué confié en él?”, sino nefasto de “Voy a morir”. Porque estar al lado de Odiseo podía resultar peligroso dado que era incapaz de controlar sus impulsos y mucho menos de calcular que algo podía resultar dañino. Pero también porque aquel hombre podía estallar en cualquier momento, y no sólo de manera metafórica.

Con magia , con magia… No, precisamente no había necesitado de su varita para hacerse paso al interior de la vivienda. Sino que había posado su mano sobre el pomo de la puerta y se había abierto apenas ejerciendo la más mínima presión. Sin duda, la cabeza de Clementine no estaba llena de brillantes ideas, pues algún que otro pájaro debía haberse colado por sus orejas para devorar hasta la mejor de sus ideas. – Te voy a explicar algo que puede que jamás te hayan explicado antes. – Dijo de manera lenta como si hablase con un niño de tres años al que hay que explicarle que el pegamento se usa sobre el papel y no sobre la lengua. – Hay un objeto mágico que funciona muy bien para bloquear las puertas y también para abrirlas. No necesitas ni usar varita, tan sólo meterlo por la cerradura y dar unas vueltas. Y… ¡Tachán! La puerta se cierra y nadie puede pasar. Se llama llave, algún día te contaré de la existencia de los candados, pero no son horas para una clase magistral de cómo cerrar la puerta. – También era cierto que con una varita podían abrir todo, pero ahora más que nunca Fly se estaba planteando hacer algún hechizo protector a aquella casa si quería que Clementine llegase viva a final de año.

Sabía que las plantas necesitaban luz y agua. Que no necesitaban un bocadillo de bacon y tampoco que les cantases una nana para conciliar el sueño. Aunque muchos decían que cantar a las plantas resultaba ser bueno para su crecimiento, como si tuvieran oídos o algo similar con los que asimilar el sonido a su alrededor. También sabía que había quien decía que no era bueno dormir con plantas y… Sí, hasta ahí llegaban sus conocimientos sobre aquellas cosas verdes con hojas y flores en algunos casos. Por lo que no era de extrañar que no tuviese ni la más remota idea de nombres de flores ni nada similar.

- A ver, que llego a estas horas hoy porque he entrado más tarde. – Dijo intentando justificar la hora a la que acababa de llegar. Cada día tenía un horario, lo cual a veces era terrible porque no sabía ni en qué día vivía ni a qué hora tenía que ir a trabajar el día siguiente. Pero bueno, poco a poco se había logrado acostumbrar a todo aquello.

En cuanto Clementine se giró en dirección a las plantas ya vio venir el desastre. El desastre que su amiga tendría como idea. Y es que su idea era darle una de esas plantitas para que muriese en pocos días. O como decía Clementine, para que la cuidase. Que sí, que ella intentaba cuidar las plantas, pero todas se morían. – Tú no quieres a esta planta, ¿No? ¿Te ha hecho algo y por eso la odias? – Preguntó mirando la cara de corderito que ponía Clementine para que aceptase la planta como regalo. – Si se me mueren todas las plantas, ¿Por qué piensas que esta va a sobrevivir? – Las plantas la odiaban, era un hecho. Además, si requería de darle conversación iba a morir seguro y al día siguiente, pues de por sí que era una persona bastante borde, no iba por ahí hablando con plantas. – Si insistes me la llevo, pero si muere será culpa tuya. Esto es como darle un pollito de colores a un niño de tres años. Aunque yo no tengo intención de ahogarlo golpearlo hasta la muerte. – Todo el mundo sabía que los niños tenían instintos asesinos en su interior, por eso eran niños.

Para una persona que ha vivido al margen de la cultura durante años, el hecho de relacionar personajes de sagas con la saga en concreto era demasiado complicado por lo que necesitó la explicación pertinente de la chica. – Ah, sí, los hobbits, de esos sí he oído hablar. – Pues Drake hacía menciones continuamente de su altura para comprarlos con ella.  Además, el señor protagonista del Hobbit era, como era obvio, un hobbit. Y el mago que sabía un par de veces debía ser ese tal Gandalf. – Pero esos no hacen nada, ¿No? – Preguntó con curiosidad sobre aquel tema. – Porque el tal Gandalf es un mago, así que hace magia… - Valga la redundancia. -  ¿Los hobbits hacen algo?  ¿O simplemente son bajitos y andan por el bosque con esos pies llenos de pelo? – Sí, era lo que más le había llamado la atención de todo.

No pudo evitar reír al ver cómo Clementine daba mayor importancia a una fuga de dragones que se apaciguaría en unos días que al hecho de que el Mundo Mágico estaba siendo amenazado por personas con varita y mal carácter. – Sí, los dragones. – Dijo aún entre risas. – Clem, deberías andar con cuidado. No son tiempos seguros y… Aunque las desapariciones están disminuyendo nunca se sabe cuándo habrá un nuevo ataque. Cerrar la puerta con llave sería un buen comienzo, pero puedo poner hechizos protectores en tu casa si quieres. – A pesar de ser una persona que no se caracterizaba por su seriedad si se caracterizaba por preocuparse por aquellas personas que realmente le importaban. Y Clementine era una de esas personas. -  Dime que tendrás más cuidado. – Insistió la castaña intentando ser lo más seria posible.

Tras las idas y venidas de Clementine, esta apareció con dos chalecos hechos a mano por ella misma. Fiona no entendía cómo alguien podía tener paciencia, tiempo y ganas como para hacer algo así. Pero Clementine era un caso aparte en prácticamente todos los ámbitos de su vida, por lo que ya estaba curada de espanto y, tras recibir numerosos chalecos por su parte, ya nada podía sorprenderla.

Soltó la bomba explosiva en forma de noticia y no tuvo tiempo de quitarse para no recibir un nuevo abrazo, por lo que lo recibió con cariño antes de que esta volviese a apartarse. – Eh… - Hizo una leve pausa para sopesar la idea de imaginar a Odiseo en la boda junto con su vaca. Por suerte o por desgracia, no había tenido el placer de conocer a Mildred aunque había oído hablar de ella en numerosas ocasiones. – Supongo que le invitaríamos, la verdad. Así que sí, puedes ir con él. Y la vaca… Bueno, seguro que se porta mejor que Odiseo, así que tenle controlado a él. – Sí, cualquiera que conociese a Odiseo se fiaría más de una vaca que de aquel hombre.

Alguien había dado cuerda a Clementine y de pronto se puso a recitar una serie de comentarios en los que Fly se perdió por completo. Alzó ambas cejas de manera inconsciente al tiempo que miraba a la chica que no paraba de hablar, como si las palabras no tuviesen fin en su boca. – Espera, espera. – Intentó recordar todo lo que había dicho la chica, pero sabía de sobra que algo se dejaría. – Son las dos, Drake está dormido seguro. – Porque era una marmota, llevaría horas dormido. – No sé qué demonios has dicho de manteles y posavasos, pero… Sí, eso mejor será que lo discutas con él. – Siguió pensando en todo lo que había dicho. – Aún no he ido a mirar vestidos y si vienes conmigo te juro que me harías el favor del siglo porque me da pereza ir sola. Y en cuanto a la despedida… - Rodó los ojos, tampoco es que le hiciese mucha gracia una despedida. – Sorpréndeme, yo me desentiendo.

- Ni se te ocurra gastar mucho dinero en regalos, ¿Comprendido? – Sabía que hablar con ella era como hablar con una maceta, pues le entraría por un oído y le saldría por el otro a la misma velocidad. – La boda será íntima, con poca gente y sin tonterías típicas de bodas. Así que esos chalecos serían perfectos como regalo. Pero si no quieres que sean para la boda, a Drake tienes que darle personalmente el suyo, le va a encantar. – Dijo sonriente, pues él era más simple que el mecanismo de un chupete.
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Clementine Boot el Dom Ago 21, 2016 4:16 pm

Reflexioné las palabras de Fly mientras subía del suelo, y al mismo tiempo sentía cuando se te abre un mundo en el sentido de comprender y encontrar el verdadero significado de las cosas, sí...ocurrió a las 2AM en mi caso y junto a mi amiga Fly, bueno si esos pixeles que veo por el cambio de luz eran mi amiga por su puesto, me frote los ojos para volver a regularlos.

- Por más que digas que no te van los refranes, creo que haz pillado el significado.- le dije asintiendo para confirmar aún más su idea, porque yo creo que si bebería cualquier agua por necesidad, quizás me terminé matando, pero si no la tomo también y ya que estamos en el ahora mejor pasarlo bien en estado presente que...(este estado era el momento que la gente me decía que miraba hacia el infinito y me perdía un poco en mis pensamientos para luego volver de la nada a prestar atención) wow, sonreí de lado y volví a mirar a Fly, y escuché que no le confiaría su vida a Odi, solté una carcajada.

- Yo sí ¿sabes?, y eso que estado muchas veces a punto de perderla por él .- dije sonriente mientras me encogía de hombros. El cariño que le tenía a Odi ya venía de otra galaxia, nos conocimos siendo unas pepas de ají, hemos pasado cosas inimaginables, ya era una lazo muy fuerte para ponerse a pensar si la mejor opción era saltar desde aquel puente al rió que bajar por las escaleras como todo el mundo normal, por más que la distancia del puente al río sea de más de diez metros de alto, ese verano fue extremo ahora que lo pienso.- pero me gusta fastidiarlo con su planta mágica.- dije con una risa revoltosa como de niña de seis años.

Luego me vino a mi cabeza la duda de si realmente había dejado mi puerta con seguro, tenía la imagen de haberla cerrado, pero ahora que lo volvía a pensar era una falsa imagen creada por mi cabeza para hacerme creer que la había cerrado pero no, miré a Fiona esperando que ella fuera quién me diera la respuesta a tal duda existencial. Asentí cuando me comenzó a hablar , pero luego rodee los ojos al escuchar lo que venía, y al mismo tiempo dándole le fin a mi pregunta.- ja, ja, ja , estas muy graciosa hoy petit.- terminé por decirle ese apodo, sin tener poder alguno ya que era igual de pequeña que Fly, pero era solo por molestarla y lanzarle la lengua como niña infantil, ¡si sabía de la seguridad muggle! es sólo que...que... bueno esta noche se me había olvidado.-  si conozco las llaves y ya tuve la suerte de ir a esa clase magistral de cómo cerrar la puerta. Sólo que hoy ¿mi cabeza me jugó una mala pasada?.- terminé con una pregunta porque no sabía si esa respuesta era una explicación digna, ya que sabía los peligros que corría no cerrando la puerta en ocasiones, si hasta Odi (sí han leído bien) a veces me ha retado porque dice que entrar a mi casa es demasiado fácil, que hasta Mildred podría escalar mis paredes con mucha facilidad.

Creo que mi afán por las plantas se remontaba a tiempo muy lejanos, cuando era literalmente un punto en el espacio, el jardín de la casa de mi padres es enorme, y más cuando eres pequeña este lugar se convertía casi en una gran bosque que escondía dentro del él un sin fin de historias y aventuras. Y una parte de el era sólo para mí, mis padres me decían que había debía plantar las flores que yo quisiera, o frutos, plantas, y así fue, tras mucho tiempo de no lograr que no saliera nada de esa tierra de a poco fui comprendiendo todo su cuidado, es muy bello la verdad.

- ¿y no te agota aquello?.- pregunté curiosa mientras haciendo una mueca, me gustaba tener mis tiempos, y mantener un orden en ello, por muy extraño que suene eso viniendo de mí, que todos con sólo estar un poco conmigo se dan cuenta que no es precisamente el orden que manda en mi vida, pero tengo rituales en mi día, no es que me pusiera a rezar a tal hora, no, pero por ejemplo el darle agua a mi plantas a cierta hora, darle comida a mis gatos, ir a desayunar con la señora Margaret mi vecina los sábados, recoger el periódico que me deja el Señor Adams sobre mi correo, maratón de películas los domingos, y así podría seguir, y si tengo diferentes horarios tendría que continuamente cambiar sus horarios y ya pensar en eso me agotaba. Pero quizás sólo eran cosas mías.

La Bromelia es tan maravillosa, a simple vista todos dicen que se ve que no es tan dulce como las demás plantas por la forma tan filuda de sus ramas, pero es grandiosa,  es diferente al resto, su flor es de un rojo intenso, es muy independiente y poderosa, tan sólo necesita un mínimo de cuidado y sigue siendo igual de hermosa que todas las demás, se la tendí a Fiona , me reí al escuchar su pregunta.- No, todo lo contrario me encanta esta planta y estoy segura que en esta ocasión seguirá a tu lado viva por un buen tiempo.- le dije aún tendiéndosela con tono seguro, sólo necesitaba un "Buenos días" y agua, y sabía que si Fly se lo proponía podía cumplirlo, quizás no era así pero yo confiaría en ella hasta el final, eso suelo hacer con mis amigos.- creo que va a sobrevivir porque se parece un poco a ti, de seguro le encantará tu humor.- agregué divertida.- Los niños no saben al igual que los animales pequeños controlar su fuerza Fly.- dije con una mirada reprobatoria hacia su amiga, sin siquiera pasarme por la cabeza que la verdad es que los niños tienen ese instinto en su interior, es que tenía demasiado confianza por los animales y personas la verdad.

Creo que había llegado al mundo de J.R.R. Tolkien por mi tío Marcus, quién un día llego a la casa y gritó ¿dónde esta mi adorada hobbit? cabe destacar que el media casi dos metros de altura, por lo que cuando era pequeña me sentía como en aquella fábula de "mi amigo el gigante", y ahí me dijo que estaba leyendo un libro y que uno de sus personajes le había recordado a mí, tanto por su altura como por el arrogo a darlo todo por lo demás, esas palabras me incitaron a seguir leyendo de aquel mundo, y seguirlo hasta en la actualidad. Mire a Fly y  solté una leve carcajada.- Lo hobbit son geniales, y por más de no poseer magia les va muy bien en sus aventuras, después de todo fue un hobbit que logra tener el anillo y destruirlo al mismo tiempo, ¿no entiendes nada verdad? Bueno, lo hobbit son todos chachis como nosotras.- terminé diciendo divertida.

Miré a Fly y note la seriedad en decir, y enseguida le preste mucha atención a sus palabras, ya que eran muy pocas las ocasiones que la he visto así, sonreí de lado al notar también la preocupación , "tenía amigos grandiosos" pensé y sonreí pero al mismo tiempo sentí una leve presión en el pecho, "Así que eran realmente momentos difíciles", por más que mi estado de sangre no fuera un problema para mí, si lo era para otros, hace mucho no sentía ese miedo que se colaba por tus huesos cuando alguien te preguntaba que sangre tenías, ¿esos tiempos habían vuelto?, sacudí mi cabeza para alejar esos pensamientos.- Tendré más cuidado, lo prometo.- dije de forma segura mirando a los ojos a Fly.- y tú también prométeme, que si se vienen tiempos más difíciles no irás poniéndote al frente de esos magos locos ¿si? que tendrás cuidado, al igual que Drake.- agregué recordando que si esto se pone peor, la gente que quería también estaría en un peligro constante y eso si que no lo soportaría, pero no dejaré que ese pensamiento me dominen.- y sí me encantaría que pusieras hechizos protectores, y ahora ¿ese hechizo funcionara sólo para mi?  ¿y si entra Odi lo hará volar lejos? ¿cómo funciona aquello? ¿o entran sólo personas de mi confianza?.- pregunte muchas cosas a la vez, que por más que había crecido alrededor de magos, aún no entendía muy bien todo el funcionamiento a la hora de haber magia de por medio, que conocía la teoría pero la practica era otra cosa.

En sólo unos minutos, sin importar la hora ya con Fly habíamos hablando un sin fin de cosas, y yo aún sin ofrecerle si quiera un té, le tendí mi nueva compra, para luego recordar del regalo que le tenía hace unos días, a ella y Drake, no tarde en pasárselo y ver feliz su rostro de agradecimiento.

Pero todo voló lejos al recibir tremenda noticion, ¡FLY Y DRAKE SE VAN A CASAR! mi mente comenzó a ir muy rápido, mientras le daba un abrazo enorme a mi amiga.- prometo que mantendré a Odi tranquilo.- le dije con una amplia sonrisa en el rostro, es que me hacía muy feliz esa noticia, no podía evitar que todo mi lado romántico saliera a flote, y la pareja de sus amigos era una de sus favoritas, que a pesar de sus diferencias se complementaban a la perfección.

Y fue allí cuando ya no logré guardar más mi emoción y comencé a enumerar las cosas que había que hacer y en las cuales me gustaría ayudar, claro esta que me había emocionado más de la cuenta, como siempre pasa conmigo a la hora de tener que planificar un evento importante para mis amigos. Miré a Fly cuando comenzó a hablar.- Lo llamaré a primera hora entonces.- dije interrumpiéndola cuando se refirió a Drake, teníamos muchas que conversar los dos, y ayudarlo en lo máximo que pueda, porque ahora que lo pienso mañana también podría hablar con el matrimonio Flume para ver sí me hacían un precio y podríamos tener dulces en la boda de los dos, sonreí ampliamente al pensar en aquello para luego volver a prestarle atención a su amiga.- ¡Si el vestido! tenemos que coordinar cuándo...- dije con una brillo en los ojos mientras rápidamente iba por mi agenda que había dejado ante de irme a dormir sobre el mueble del comedor, la tomé junto a una lápiz para luego volver a donde Fly.- ¿qué día puedes?.- le pregunté mirándola, ya me había dado cuerda, no creo que me canse muy rápido y todos lo sabían, al menos lo que ya me conocían un poco más, sonreí ante su último comentario.- Claro que te sorprenderé.- le dije con un brillo malicioso en mis ojos, tenía que darle la mejor noche de soltera a su amiga.

Hice un puchero cuando escuché que Fly no quería que gastara mucho dinero, ya que las ideas que se me había venido a la cabeza tenían como resultado que atacará mi caja fuerte de ahorros claramente, pero ahí tendría que ver, además si seguimos con refranes "a caballo regalado no se le miran los dientes" , así que no me podría regañar cuando ya le diera su regalo, sólo le quedaba disfrutar, volví a sonreír.- Claro que se lo daré personalmente, además creo que con él también debo agendar un día, se me ocurrieron muchas cosas que puede haber en la boda...simples, lo prometo.- agregué al ver como el rostro de Fly se empezaba a contraer al imaginar una boda toda enorme.

- Ahora...- dije dejando de lado todo aquello de las planificaciones de su boda, sonreí de lado de manera traviesa.- ¡tenemos que celebrar!.- dije levantando mis brazos animada para luego hacer pasos de bailes graciosos, me di media vuelta para ir hacia las cocinas, y trae a mi regreso entre mis manos botellas de Hidromiel que me había regalado hace unos días Rosmerta, mientras le tendía una botella a Fly para luego ir lanzarme encima de mi sillón y dando con mi mano derecha golpes en el cojín del al lado invitando a Fiona a sentarse a mi lado.- Esta noche haremos una mini fiesta Shadows.- le dije moviendo las cejas de arriba a abajo divertida.
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Fiona T. Shadows el Jue Ago 25, 2016 12:11 pm

El trato de Fiona con Odiseo era limitado. Se habían conocido tres años atrás y, a pesar de no ser partidaria de tomar la primera impresión como válida, con los años esta se había mantenido como la imagen representativa de Odiseo. El hombre había aparecido en su chimenea dormido, con resaca y preguntando por una vaca. Como podía esperarse, aquella imagen no era fácil de borrar para alguien, pero mucho menos cuando con los años la imagen de Odiseo había sido la misma. Con su obsesión por ofrecer droga a todo aquel que quedase al alcance de su mano y, por supuesto, de su porro. Con la necesidad imperiosa de llevar a Mildred a todas partes como si de su mano derecha se tratase. Con sus comentarios incoherentes sin importar cuán seria fuese la situación. Y es que Odiseo, no estaba precisamente bien de la cabeza.

- Dios los crea y ellos se juntan. – Dijo haciendo un nuevo uso a las frases hechas que tanta gracia le producían. - ¿Esa está bien? – Preguntó buscando que Clementine le diese el visto bueno, como si de un niño pequeño que precisa de aprobación adulta se tratase. Y es que era un tanto estúpido pedir la aprobación a alguien cuya sangre era squib pero su procedencia era mágica, ya que a fin de cuentas se habían criado en un ambiente similar. Obviando por supuesto siete años encerrada en un castillo,  como si de una princesa de cuento de hadas se tratase.

Era irónica hasta decir basta y no le importaba si estaba en compañía amiga o no. Era simpática, a su manera, y su peculiar forma de expresar las cosas hacía que muchos perdiesen la paciencia y otros, como Clementine, se limitaran a vivir en su compañía. – Se nota que no prestaste mucha atención ese día. ¿Seguro que no soñaste que fuiste a esa clase? – Preguntó elevando sendas cejas antes de reír. Era un tema serio, pero intentaba tratarlo de la manera más suave posible. Clementine era su amiga ante todo, pero su facilidad para olvidar las cosas o para vivir en su propia burbuja imaginaria podía acabar por jugarle una mala pasada en un futuro.

Habían pasado años hasta que había logrado acostumbrarse a aquel horrible horario. Y, para ser sincera, aún no estaba del todo acostumbrada a ello. Tenía que apuntar semanalmente cuál sería su horario y dejarlo en un lugar visible que, por supuesto, recordase mirar al día siguiente. Aquello había sido un fastidio desde el primer día y lo seguiría siendo hasta el último de ellos pero no había otras opciones. Quizá con el tiempo lograse acostumbrarse o simplemente acabase por asumir que no quedaba otra alternativa posible. – No es agotamiento es… - Buscó una palabra en su propio diccionario mental pero no encontró ninguna que fuese perfecta para la situación. – Una mierda. – Concluyó al no encontrar un adjetivo válido para aquello. Rió por su comentario más infantil que otra cosa y siguió explicándose lo mejor que le permitía su cerebro a aquellas horas y su poca capacidad para explicarse en ocasiones. – Tengo que apuntar continuamente  a qué hora entro al día siguiente, mirarlo diariamente para calcular a qué hora debo acostarme y a cuál despertarme. Tampoco puedo organizar planes con mucho tiempo porque  nunca se sabe cuál será el horario de la semana próxima. – Rodó los ojos molesta por el mero hecho de pensar en ello. - ¿Ves? La palabra perfecta para definirlo si era mierda. – Sonrió orgullosa al haber decidido usar aquella palabra y no otra cualquiera.

Tener que cuidar de la planta de otra persona era una gran responsabilidad. Bien decían en Spiderman que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, pero Fiona carecía del poder para cuidar de plantas. Más bien tenía el poder de dejarlas morir sin proponérselo. - ¿Por qué es bajita? ¿O  no le gusta que le dé el sol porque se quema? – Preguntó buscando las posibles similitudes que podría tener ella como una planta. – Ah, o porque yo era Slytherin y van de verde y la planta es verde. Sí, es eso. – Dijo conforme con su última aportación.

Si lo pensabas bien, Clementine era como Hobbit, y no sólo por la altura. Sino porque había nacido en una tierra donde la magia estaba al orden de cada día y aún así ella no podía utilizarla. Pero en lo que respectaba a Fly… No entendía nada de lo que estaban hablando en ese preciso instante. Suficiente tenía con haber asumido que Gandalf no era un gnomo de jardín sino que era un poderoso mago que se parecía a Albus Dumbledore. – ¿El hobbit ese es el Señor de los Anillos? – Preguntó con la curiosidad propia de un niño. Y es que si lo pensabas, mucho se hablaba de ese señor pero ella no tenía ni idea de quién era. – Sí, mejor, porque estoy más perdida que  un hijo de puta el día del padre. – Cercioró intentando dejar de lado el tema, porque cómo siguieran por aquellas historias de Hobbits y magos con nombres de gnomos de jardín acabaría por sufrir una embolia.

En los tiempos que corrían, el mero hecho de no ser purista ya era motivo de ser juzgado y seguramente tanto Clementine como Fiona estarían en la lista de futuras víctimas para los Mortífagos, si es que tenían una. Clementine por ser squib, algo que consideraban indigno. Y Fiona por ser una traidora a la sangre y defender la causa de los muggles. – Te aseguro que aprecio mi vida y si por algo caí en Slytherin es porque me preocupo más de mi trasero que del de los demás. – Dijo negando con la cabeza. – No, ahora en serio, aunque me veas bromista sobre el tema es porque intento tomármelo con humor, pero es peligroso y las cosas puede que se pongan peor. Ahora parece que todo está tranquilo pero nunca se sabe cómo acabarán las cosas el día de mañana.

Rió ante las preguntas de Clementine quien hacía que todo momento de seriedad cobrase un punto de humor gracias a su peculiar forma de ser. – Depende de lo que quieras. Podemos evitar que la gente se aparezca en el interior de tu casa a no ser que cuenten con tu permiso, esconder tu casa y que sólo pueda ser encontrada si el guardián habla de dónde está, impedir que quede a la vista de los demás… Nosotros tenemos un hechizo anti aparición en casa y las puertas están selladas hasta que la varita de los que viven en casa intenten abrirla. – Eso era lo positivo del asunto porque también había cosas negativas. – El tema es que si alguien quiere entrar en tu casa, lo hará. Siempre se puede destrozar una pared y entrar, pero no creo que nadie quisiera hacer eso contigo así que no hay porqué preocuparse. – La seguridad estaba al orden del día en aquel momento y, hasta que las cosas no se torciesen lo suficiente, no consideraba que fuese necesario esconder la casa de Clementine.

Había personas que se emocionaban de manera notoria que podía verse a cientos de kilómetros de distancia. Ese tipo de personas encajaban a la perfección con Clementine, quien ya estaba pensando en qué haría, cómo lo haría y cuándo lo haría. Sin lugar a dudas era una mujer entusiasta y eso hacía que Fiona sonriese en todo momento a pesar de estar totalmente perdida cuando ésta comenzó a hacer preguntas y a organizar planes que podían agobiar incluso a un cangrejo. – Pues… el sábado es el día que me han dado libre esta semana, aunque el viernes salgo a las tres de la tarde y podríamos quedar para comer y buscar. Y mañana entro... A las cinco, así que puedo molestarte durante toda la noche e ir mañana a primera hora. Si te digo la verdad no sé ni dónde hay tiendas de vestidos de novia. Soy muy virgen en el asunto. – No había ni pensado en qué quería, si era sincera. Ya tendría tiempo para agobiarse cuando llegase el momento, que posiblemente sería cuando entrase a una tienda y viese la cantidad desorbitada de vestidos y tuviese que buscar uno que le sirviese sin parecer una niña de Primera Comunión.

- Será con poca gente, ya sabes, sólo personas realmente cercanas. Y habíamos pensado en hacerlo en la playa. Yo pensé en alguna zona de Italia que tiene buen clima y además la familia de Drake es de allí así que seguramente le haga más ilusión que cualquier otro sitio… Además, como queremos hacerlo al aire libre tendrá que ser casi de tarde noche, tenemos una amiga que si hay sol no puede aparecerse por allí. – Sonrió al recordar a Emily, otra de las amigas muertas de Drake, pero que al menos esta era un vampiro y podía aparecer en la boda. No como Katerina, Sven, Christopher, Alicia o Sven. Entre otros, porque al pobre Drake se le morían todos los amigos.

La oportunidad de beber algo que no fuese té resultó ser como un soplo de aire fresco para Fly, quien ya no sabía cómo rechazar el té que Clementine ofrecía una y otra vez. Tomó entre sus manos la botella que Clementine le tendió y se dejó caer a su lado tal y cómo esta indicaba. – Que corra la cerveza y el té de hierbas. – Dijo de manera animada antes de reír. - ¿Y tú qué? ¿Cuándo la romántica Clementine va a encontrar al hombre con el que sentar la cabeza? O la mujer, que nunca se sabe… - Añadió con tono bromista dejando caer la cabeza sobre el hombro de la chica.

Vertió un poco de bebida en un vaso y lo llevó a sus labios para acabar de un solo trago con el contenido. – Que no te digo que no puedas llevar a Odiseo de pareja a la boda, pero él va a tener su propia invitación, así que si quieres invitar a alguien… Especial… - Apoyó la cabeza en el hombro de Clementine, mirando a la chica de reojo para ver si había o no había alguien especial en su vida.
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Clementine Boot el Jue Sep 01, 2016 12:27 am

No podría enumerar todas las veces que junto a Odi han estado metidos en las cosas más extrañas que a alguien le pudiera ocurrir, los dos sin Mildred ya eramos un imán para atraer las cosas más inexplicables y Mildred luego llegó a ser la guinda de una hermosa torta. Realmente lo adoraba, a los dos. Bueno a Odi desde mucho antes, pero cuando llegó Mil es que como si hubiera formado parte de nuestra amistad desde hace mucho tiempo, sólo que aún no habíamos tenido la suerte para encontrarnos.

- ¡ESO MISMO!.- grité emocionada, al ver como el nuevo refrán que había dicho Fly calzaba con mis pensamiento a la perfección.- Lo haz dicho perfecto.- agregué con una amplia sonrisa, y con una poco de ternura al ver como Fly volvía a hacer con estas cosas como una niña de seis años.- O eso creo,para mi lo haz pillado a la perfección, pero la verdad no sé mucho de refranes  .- admití divertida mientras me encogía de hombros. Los refranes más me enredaban que cualquier otra cosa, decir c algo de manera mucho más simple era lo mío.

Conocía a Fly desde hace un buen tiempo  y ya había logrado comprender su humor, y su peculiar forma de ser, en un comienzo en más de una ocasión no sabía distinguir si lo que decía era enserio, o sólo era de broma, pero ya luego deje pasar aquello, después de todo cada uno tiene su humor y su peculiar forma de ser  ¿no?, y sabía que Fly también debía aguantarme en más de una ocasión cuando me despegaba del suelo más del tiempo normal, y me aceptaba así, algo igual que yo a ella, bueno creo que desde hace tiempos inmemorables eso se llama "amistad" que linda es ¿no?, sonreí.- ¡Que sueño más aburrido sería! Sabes que yo sueño cosas más emocionantes.- dije bromeando más que nada para alejar todas las miradas reprobatorias que tenía en mi cabeza que en estos momentos me retaban por no haberme percatado de cerrar bien la puerta y justo, justo hoy su amiga la había venido a visitar. Eso es tener mala racha claramente, aunque pensándolo bien, más mala racha sería que otra persona hubiera entrado y no ella, sentí como un escalofrío recorría mi columna, ya que por más que la mayoría del tiempo la gente piensa que estoy en cualquier otro planeta en vez de acá, que sí es cierto lo admito, pero aún así en mis momentos terrestres veo las noticias, leo los periódicos, y sé que en la actualidad al parecer gente con mi sangre no es muy bien vista, y formamos parte de los que algunos quieren desechar.

El tiempo en mi vida era lo que más respetaba, me gusta ir a mi ritmo disfrutando de los detalles, sabía que muchas veces a la gente le chocaba, pero ¿que querían que hiciera? me gusta quedarme horas mirando el florecer de un cerezo que ir corriendo al trabajo, al menos tengo la suerte de que al gente que le tengo mucha estima respeta aquello y me quiere tal cual soy. Ahora con las demás personas...sí me ha traído problemas ¡pero es que al gente en la actualidad anda todo el tiempo apurada! ¡Ni respira! ¡Ni mira! ¡que vuelvan los lentos! como diría por allí una publicidad muggle que vi hace unos días. Y debía asumir que tenía la fortuna que al menos en mi trabajo el matrimonio Flume sabía todo aquello y lo respetaba, me querían mucho, y lograban entender mis tiempos calmados y pausados, es por eso que no lograba entender del todo como es que Fly soportaba toda aquella carga horaria. Me reí cuando la mejor palabra para definir su estado era una "mierda".- Es que lo es, una completa mierda, estoy contigo en el sentimiento .- le dije mientras hacia el gesto de pasar mi mano por el pecho para terminar con mi mano en signo de paz, a modo de decirle "no estas sola en esto", para luego echarme a reír.- Y ahora, ¿no hay forma de cambiarlo? Digo, no hay forma de tener una regulación al menos, cambio de horarios por semana que sea.- terminé diciendo con una mueca en mis labios,¡ es que debe ser tan agotador! De tan sólo imaginarlo me daban ganas de abrazar a Hola, ¿Cómo estas? y Muy bien y quedarme ahí por horas sabiendo que nadie llegaría a cambiar nuestros planes, tonteras mías claro esta.

¡Adoraba las plantas y a doraba a Fly! no me iba a cansar hasta que las dos se llevarán bien, sabía que quizás en un comienzo iba a ser difícil y ya su amiga tenía un historial con las plantas, pero confiaba en ella, y tenía toda la esperanza puesta en que esta vez si le perduraría , solté una risa cuando comenzó a decir porque yo le había dicho que se podían separar, sentí como mis ojos se ponían como una línea al ir aumentando cada vez más la sonrisa con una nueva opción que proponía.- Pues es todo lo anterior y más. Es diferente al resto, bella e independiente, igualita  a ti.- dije sincera, no me costaba admitir y decirles a mis amigos las virtudes que les encontraba, era una persona de piel, toda persona que pasará más del tiempo prudente conmigo podría darse cuenta de aquello, y además me gustaba más ver las virtudes de las personas que lo demás, y eso me quedaba de alguien la mayoría del tiempo. Muy pocas personas me sacaban de mis casillas, la familia Masbecth por ejemplo.

¿Cómo es que habíamos llegado a El Señor de los anillos? ¡ah! Fly en las penumbras y mi afán de convertir todo en una película, y por alguna extraña razón en mi cabeza su amiga se había convertido en Gandalf, uno de los magos mas chachis que encuentro en el mundo, que Merlin, no, no ¡Gandalf!.- Algo así, pero no, es un anillo que ha tenido mucho señores, hasta que terminó en la manos de Frodo un hobitt que le dio fin.- trate de resumirlo lo máximo posible, pero aun así anote en mi cabeza la misión de convencer a Fly que venga un día a mi casa y veamos toda la saga, sabía que nos ería tan fácil, pero no perdía nada con intentarlo.- Hay pobre niño... pero sí, olvidemoslo, ya pronto te pondré al día con esa saga...- dije caer por lo bajo con una mirada traviesa, para luego en otra ocasión volver a decirle y lograr que acepte verla conmigo, mientras preparo cabritas, ¡que buen panorama!.

Había leído sobre aquello, tanto Odi como Fly también lo habían echo por su parte, pero aún así no lograba comprender del todo sobre las casas en Hogwarts , aunque debía admitir que me encantaría conocer al tan famoso sombrero seleccionador ¿a dónde iría ella? Odi le aseguraba que hubiera sido compañero de él en Hufflepuff, y yo tan sólo atinaba a sonreírle y decirle que "quizás", ya que era algo que jamás llegaría a saberlo.- Tu no te preocupas de tu trasero más que el de los demás.- agregué al escuchar sus palabras mientras fruncía el ceño.- Trabajas cuidando al resto Fly, me cuidas a mí también tu amiga olvidadiza pero que aún así estimas.-  dije divertida, mientras trataba de poner una cara angelical, algo que no me dificultaba para nada.

En eso me hablo de un hechizo protector y un sin fin de preguntas me surgieron y que no dudé en hacérselas a Fly.- ¿Puedes hacer todo eso?.- pregunté asombrada con los ojos brillantes cual niña de seis años que le acaban de mostrar el nuevo juguete de la temporada, y sí... a mis casi treinta años aún me sorprende todo el mundo de la magia, y el muggle en algunos casos también.- Yo tampoco lo creo... o eso espero.- dije con un leve temblor en mi voz mirando a Fly con una mueca en mis labios, es que en estos tiempos uno no sabe en que pensar ni creer muy bien.- La verdad acepto el que creas que es mejor, confío en ti .- agregué sin más sonriente para luego abrazarla.- gracias por cuidarme.- le dije aún en mi abrazo con una sonrisa sincera.

¡Fly y drake se van a casar! ¡Fly y drake se van a casar!  ¡Fly y drake se van a casar!
Esas palabras resonaban en mi cabeza como cual canción de carnaval y hacían que mi cabeza comenzará a funcionar muy rápido imaginando las cosas más bellas y mágicas para esos dos. Me hacía muy feliz, y sin poder detener mi impulso comencé a enumerarle a Fly todas las cosas que se me ocurrían y las que me gustaría ayudarles, y cuando me emociono así como lo estaba ahora, hasta respirar me resultaba una perdida de tiempo, pero como es algo vital, tuve que terminar en algún momento de hablar sin parar para poder seguir viviendo. Y cuando lo hice sentí como el rojo se me apoderaba de mi mejillas como cada vez que me doy cuenta que la emoción me dominaba y no le daba espacio a nada más, por suerte Fly me conocía y mantuvo una sonrisa siempre.- Te diría que ahora mismo, pero las tiendas están cerradas, y mañana en la mañana debo ir a trabajar , y faltaría pero pronto será el aniversario en Honey  y debo ayudarlo con los preparativos ¡tienes que ir habrán cosas grandiosas! Pero el viernes me parece ¡perfecto! y tranquila, yo averiguaré cuales son los mejores lugares y vamos por aquello ¡te verás tan bella!.- terminé por decir mientras me llevaba mis manos a la cara y la miraba con ojos brillosos, ya teniendo en mi cabeza mis imágenes de Fly con vestido de novia.

A medida que Fly avanzaba en su relato de cómo se imaginaban la boda, sentía que mi sonrisa crecía en amplitud, y mis ojos ya no podían estar más brillantes, era una romántica empedernida desde siempre, era de las que lloraba cuando los protagonistas de las películas terminaban juntos mirando una puesta de sol y jurándose que se amarán por toda la eternidad, me gusta el amor, por más cursi que sonará siempre he creído que el amor es lo más poderoso.- Sabes que mi imaginación no tiene limites y hasta me los imagine casándose en la Capilla Sixtina mientras caían flores desde el techo, pero ahora escuchándote debo decir que me suena perfecto lo que llevan pensado. Y la verdad, será perfecto si estan ustedes dos más todas las personas que los adoramos mil, aunque sea en el patio de su hogar.- terminé por decir sincera. Además me encargaría de que todo en ese matrimonio saliera lo más parecido a algo "mágico" tomando el significado de esa palabra más allá de la magia que sale de sus varitas, sino más bien a un recuerdo digno de guardar en la caja de recuerdos, Drake y Fly se merecían lo mejor. - Y que tristeza por aquella amiga, si el sol es tan maravilloso.- dije haciendo un puchero, amaba el sol, sí era una planta perfectamente podía vivir de agua, amor y mucho sol.

Y porque las cosas buenas hay que celebrarlas, no dude en ir en busca de algo más fuerte para tomar, sin importarme que mañana debía despertarme muy temprano, es que eso pasaba a segundo plano si es que alguno de sus amigos venía a visitarla, y más si le daban esa mega noticia, me senté cómodamente en el sillón del living, para que luego Fly se le sumará tomando una de las cervezas que había traído, cuando lo hizo levante mi cerveza y la mire.- ¡Salud por la pareja más cachi!.- dije divertida, mientras acercaba mi cerveza para chocarla con la de ella.- Hay que mirarse a los ojos, que dicen por ahí que si uno no lo hace ¡son siete años de mal sexo!.- agregué riendo, para mirarla de forma exagerada a su amiga y chocar finalmente su cerveza con al de ella, no recordaba muy bien quién le había dicho aquello, de seguro Odi o Mildred. Tomé un sorbo y mientras lo hacía escuché la pregunta de Fly, lo que me hizo suspirar y dejar caer mi peso en el respaldo del sillón.- Ay Fly.... no sé... creo que he perdido la chispa o pusieron un hechizo protector sobre mí, como ese que me hablabas que hacen la casa invisible, pero en vez de la casa...soy yo .- dije sin perder la sonrisa pero con un leve tono nostálgico en mis palabras. Había tenido parejas, pero ninguno significativo, y a veces realmente se había llegado a preguntar si realmente existiría alguien que la quisiera tal como es, con sus amigos incluidos, ya que en más de una ocasión algunos se habían ido lejos cuando se enteraban de que dentro de mis amigos más cercanos había una vaca.

Mire a Fly y me reí al ver su mirada.- no me mires así, que sabes que serías la primera en enterarte sí hay alguien, ya que hablar con Odi de amor es un desastre, siempre termina concluyendo que la solución a mis problemas es que fume con él.- dije soltando una carcajada para seguir bebiendo.- No lo sé, durante un buen tiempo he pensando que estoy bien sólo haciendo fotosíntesis, pero por más que no lo paso mal sólo con la compañía de Hola, ¿Cómo estas? y Muy bien, porque vamos ¿quien puede pasarlo mal con ellos? si sólo dan cariño...aún así me hace falta un algo que sea, no sé Fly ya estoy pensando que seré la amiga solterona de todos.- dije entre risas y lamentos, para terminar con el contenido de la botella sorprendiéndome de los rápido que fue.- ¡que venga otra ronda de cervezas!.- grité divertida, para pararme un movimiento del sillón e ir por más hacia la cocina.- ¡Quizás en tu matrimonio conozca a alguien! Aunque siempre he creído que conocer alguien en esos eventos es un desastre...- aumente mi voz mientras le decía todo aquello para que me escuchará mientras iba por otras cervezas, tomé otras dos y volví a su lado.- Estaba pensando, y creo que el próximo evento del año no será tu boda, si no que tu despedida de soltera Shadows.- le dije mientras le pasaba en sus manos otra botella con una amplía sonrisa.
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Fiona T. Shadows el Dom Sep 18, 2016 5:19 pm

A pesar de tener miles de cosas en común, había otras tantas en las que ambas chicas se diferenciaban. Podían ser bajitas, apasionadas por el arte, con un humor un tanto absurdo la mayor parte del tiempo e incapaces de ser coherentes durante mucho tiempo. Pero también eran diferentes en otras muchas, como su manera de ver las cosas, la poca seriedad que Clementine tenía en todos los aspectos de su vida y el peculiar modo de tratar a las personas que en ocasiones tenía Fiona. Pero de eso se trataba, ¿No? De encontrar personas que, a pesar de tus defectos y de las diferencias te acepten tal cual eres, sin importar que en ocasiones quieres tirarles de los pelos y en otras tantas desearías abrazarles hasta dejarles sin aliento. – Tú sueñas cosas raras, no emocionantes. – Rió la chica, pues no era raro que Clementine soñase despierta, ni hablar ya de lo que pasaría en su cabeza cuando su mente consciente no tenía control alguno sobre esta.

Por mucho tiempo que pasaba, el horario que ahora tenía lo consideraba una verdadera mierda. De tales dimensiones que podía verse desde la luna, y quizá incuso desde el planeta rojo, donde un par de marcianitos con antenas y piel de color verdoso señalarían y dirían “la mieeeeeeeeeeerda”, imitando a los aliens que podían verse en Toy Story y su alusión al famoso gancho. – Gracias, en mi epitafio espero que recuerden poner que odiaba mi horario y que tú nos comprendías a mí y a mi frustración. – Alegó la castaña intentando dibujar una media sonrisa en el rostro. Pero es que aquel horario no daba ni para media sonrisa ni para un cuarto, pues acababa siendo un verdadero dolor de pelotas. Y también de cabeza, siendo algo más finos.

- No, no hay manera. – Negó con la cabeza. Lo habían intentado por activa y por pasiva, pero lo máximo que habían conseguido era que cada cuatro semanas volviese a repetirse el horario de la primera de estas, de manera que tenían cuatro horarios diferentes en cuatro semanas y nuevamente empezaba el ciclo, lo que hacía que el horario al menos fuese más fácil de recordar. – No hay suficientes personas que quieran el turno de noche o trabajar los fines de semana y librar dos días entre semana. Y no existe una ley que regule que por antigüedad o algo así puedan elegirse los horarios. La verdad que eso lo agradezco, porque con el traslado no llevo tantos años en este Ministerio y seguro que me tocarían los peores horarios. – Rodó los ojos. – Creo que en este caso me quedaré con más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. – Añadió una nueva alusión a los refranes. – Bien, ¿No? – Preguntó para cerciorarse una vez más de si esta vez había acertado en el uso de aquella frase. Le hacían gracia y había decidido intentar usar las que conocía aunque fuese una vez en la vida y, gracias a aquella conversación, iba a lograr usar más de una. Debía hacer una lista con todos los refranes e ir tachando los que fuese usando para no dejarse ninguno, pero dado que su sistema de organización era tan malo como la Pepsi al lado de la Coca-Cola, no había nada que hacer.

Negó con la cabeza al escuchar las palabras de Clementine alegando su parecido con aquella planta. Si era sincera, era lo mejor que había escuchado al ser comparada con una planta. – Vaya, en el fondo me adoras. – Dijo con una sonrisa amable en el rostro. – La única comparación que me habían hecho con plantas era con un cactus y… Seamos sinceros, era haciendo alusión a los pinchos. – Rió. No le importaba que muchos consideraban que era una persona arisca y es que era cierto, tenía su corazoncito como casi todas las personas, pero lo guardaba en un lugar alejado de los problemas y de ser dañado por cualquiera que se acercase. Por algo su patronus también tenía más de un pincho, aunque aquello tenía más que ver con que había cambiado en los últimos años tomando la forma de la mascota que su hermano le había regalado antes de desaparecer.

Los títulos de las películas eran confusos. Muy confusos. Nunca había entendido la gracia de “Matar a un Ruiseñor” cuándo no había ni ruiseñor ni mucho menos alguien que lo matase. O las películas de “La noche de las bestias” a las que todo el mundo llamaba “La purga” porque la primera de ellas se titulaba así y todas trataban de la purga. ¿Nadie veía el sentido de cambiarle el título a esa saga para que fuese de verdad “La Purga”? No, pues igual pasaba con El Señor de los Anillos. – Entonces, ¿Por qué no se llama Los Señores de los Anillos? ¿O esa película solo habla de Frodo? – Preguntó totalmente perdida con el tema. – Además, yo vi la primera del Hobbit y era otro señor. – Dijo como si aquello fuese un argumento de gran calibre. No, no tenía ni idea de que lo que decía no tenía apenas sentido alguno.

- Supongo que algo de razón tienes. – Se encogió de hombros. Verdaderamente no estaba acostumbrada a recibir tantos halagos, pero parecía que Clementine de verdad valoraba la parte positiva de su personalidad. – Además, tú eres un puñetero desastre, si nadie se preocupara por ti estarías ya muerta. – Dijo con toda la sinceridad del mundo. – Sin ofender, claro. Pero deberías tener más cuidado. – Repitió una vez más. Y es que verdaderamente le importaba la seguridad de Clementine y con la facilidad que tenía esta para olvidar las cosas, también parecía que se olvidaba que podía acabar muerta si no tenía cuidado.

En cuanto al a seguridad, Fiona no era ningún tipo de profesional en el ámbito referente a ocultamiento de personas o protección en general de viviendas, por lo que podía hacer hechizos básicos que cualquier Auror podría hacer, pero sabía a ciencia cierta que un profesional supondría una mejora para Clementine. – Hablaré con uno de los del departamento que es experto en viviendas y una tarde nos pasamos por tu casa para que hable contigo y haga él los hechizos que ambos creáis más adecuados. – No era algo que se hiciera de manera diaria, pero sí cuando la persona en cuestión corría riesgo. Y ser squib en aquellos momentos, aunque la situación parecía haber mejorado con la nueva Ministra de Magia, era todo un peligro.

Clementine era como una niña pequeña. Radiante, llena de ilusión y de emoción hasta por el más mínimo detalle. Carecía de maldad alguna y si Fly tenía que apostar por alguien que mereciese ser feliz, sería ella. Clementine era tan diferente al resto del mundo que aportaba luz sin siquiera proponérselo. – El viernes entonces. En cuanto salga del trabajo paso a buscarte a la tienda y te invito a comer. Ya que tú vas a soportarme toda una tarde de compras, te mereces un premio antes de hacerlo. Te aseguro que soy horrible a la hora de elegir ropa y más un vestido de novia. Ármate de paciencia conmigo, la vas a necesitar. – Sabía de sobra que Clementine podía aguantar contra viento y marea, pero quería disculparse primeramente por aquello antes de que tuviese lugar pues en el fondo hasta se sentía mal por ello aún cuando no había sucedido.

- El patio de casa es pequeño, sino me lo plantearía como opción. – Incluso había pensado lo de colocar una carpa mágica, como aquellas tiendas de campaña donde entraban más personas de las que aparentaban, pero aunque resultase más caro, no quería tener que estar organizando nada. Aquello con solo pensarlo daba un verdadero dolor de cabeza, por lo que prefería mil y una vez la opción que habían tomado de invitar sólo a las personas más cercanas y hacerlo en un lugar apartado y diferente. Había aceptado la boda en la playa y de noche sin pensarlo dos veces, de manera que todos los invitados pudiesen acudir sin problema alguno.  – Pues es bonita, pero ahí no creo que acepten una boda por lo civil. – Rió. Drake había tardado semanas en explicarle la diferencia entre una boda por la Iglesia y una por lo civil, porque cada vez que sacaba el tema, Fly huía. Pero por fin había conseguido que le escuchase y no lo había pensado dos veces a la hora de tachar de la lista la idea de un iglesia como partícipe de su boda.

Rió con el comentario de Clementine haciendo alusión a  la maldición del mal sexo, pues era algo que no había escuchado en su vida. – Yo había escuchado eso de “quien no apoya, no folla”. – Dijo apoyando la cerveza en su propio muslo antes de elevarla para darle un trago.

No pudo evitar cambiar el rumbo de la conversación y preguntar a Clementine sobre su vida amorosa y es que de haber tenido alguna pareja, no debía haber sido muy importante, pues nunca la había visto radiante de felicidad por ello, hablando de esa feliz relación o presentando a su querido al resto de personas de su círculo social. – Anda, no seas dramática, simplemente no has dado aún con la persona correcta. Además, el mundo es muy grande, a saber si encuentras a una persona decente cuando tengas cuarenta años. – Dijo riendo. – Es broma, es broma, seguro que antes aparece. – Añadió antes de dar un nuevo trago a la cerveza. – Si te soy sincera… Por una vez en mi vida le daría la razón a Odiseo. Fumar en esos momentos quizá te iría incluso bien, así te olvidas de todo. – No pensaba que jamás llegaría el día en el que compartiría una idea con Odiseo, pero esa no era tan mala a fin de cuentas.

- Siempre puedes adoptar más gatos. Así serás la amiga solterona típica, rodeada de gatos y de dulces. – Dijo con tono bromista, pues realmente no hablaba en serio ni lo más mínimo. Por mucho que veía a Clementine alejada de las relaciones no la veía ni mucho menos como una soltera de por vida. – No vamos a invitar a nadie raro. Bueno sí, no te acerques al hermano de Drake por lo que más quieras. En serio, no lo hagas ni por muy desesperada que te sientas en ese momento. Pero si, entiendo eso de las bodas. Es más para los hombres y su fantasía de acostarse con una dama de honor. – Cogió la segunda cerveza que Clementine le tendió y sonrió ampliamente. -  Relájate con las locuras, ¿Eh? Yo me desentiendo del tema, a mí me secuestráis un día y me lleváis donde sea. Pero que venga Mildred con vestidito, sino no sería la fiesta del año.
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Clementine Boot el Jue Sep 29, 2016 2:25 am

Solté una sonora risa al escuchar que mis sueños eran más raros que emocionantes.- Mi sueños son unas rarezas muy emocionantes.- dije divertida para luego agregar.- y las llaves están lejos de ser esas dos cosas.- insistí con una sonrisa que intentaba poner inocente. Aunque sabía muy bien que Fly tenía razón, debía tener más cuidado, y lo tendría…pero no podía asegurar que un día de estos…quizás, sólo quizás un día (lo prometo) se vuelva a repetir, es que ¿qué pasaría si Hola está haciendo justo una gracia con la lana y yo poniendo seguro? Lo más probable que se me olvide lo que esté haciendo y me acercará a mi adorable gato mirándolo feliz.

Siempre agradecía el hecho de estar trabajando en Honeydukes, porque más que un trabajo eran una especie de familia, los Señores Flume desde que era una pepa de ají me han trataron con mucho cariño por lo que jamás me ha traído en todos estos años un dolor de cabeza mi trabajo, ya que el matrimonio siempre se empeña en crear un ambiente muy amable con sus empleados. Hice un leve puchero al escuchar a Fly decir que no había posibilidad de cambio ¡que molesto debe ser!.- Entonces mejor dejemos de hablar de trabajo, ya que ahora estás aquí conmigo ¿quieres un chocolate? Llegaron unos nuevos a la tienda.- le dije emocionada y a su vez tratando de animar a su amiga con otra cosa.  Pensé unos segundos en dónde los había dejado, pegando un pequeño salto con una gran sonrisa al recordar el lugar y dirigiéndome allí, me detuve un segundo y me giré mirando a Fly con una sonrisa.- ¡Sí! Está bien dicho el refrán, aunque nunca me ha gustado mucho.- terminé por decir encogiéndome de hombros y haciendo una leve mueca, que no duró mucho porque recordé hacia dónde iba antes de detenerme. Saqué de la tercera gaveta del mueble de la cocina barras de color rosa, tomé una y volví a donde estaba su amiga.- Barras de chocolate “Sweet moment”, cada barra va a oler cómo el último momento dulce que tuviste antes de comerla ¡que entretenida ¿no?! .- dije emocionada, amaba cuando salían dulces nuevos y más si tenían una especie de magia en ellos, nunca olvidaré la primera vez que vi una rana de chocolate, me costó mucho comerlas, es que son muy adorables.

- ¡Claro que te adoro! ¿Quién más que tú viene tras un tedioso y agotador día de trabajo a verme? .- le pregunte con una sonrisa enorme. En mi vida mis amigos eran muy importantes, y Fiona hace un buen tiempo ya formaba parte de ese grupo de personas, la chica era genial y lo más bonito es que la pintura nos unió, nada malo podía salir de allí. Y por más que las personas le hubieran dicho que se parecía a un cactus….- ¡Los cactus son muy bellos con sus pinchos y todo!.- dije sin aguantarme, la gente infravalora mucho a los cactus por sus pinchos, ¡pero vamos! Es sólo supervivencia, los humanos hacemos cosas peores por ello… pero a lo que iba, por más que las personas le hubieran dicho a Fly que era un cactus (con su errónea imagen de ellos) para mí mi amiga seguía siendo muy parecida a una Bromelia.

Reí divertida al escuchar todos los comentarios con respecto al Señor de los anillos de Fly. – Mejor que explicártelo, un día te vienes y nos pegamos una maratón.- le dije con una sonrisa mirándola divertida. Sería divertido ver esas películas con su amiga, ya se la imaginaba preguntando todo tal cómo ahora, ¿sería igual que Odi? ¿Fly le creería que todos esos efectos lo hacía una máquina muggle o sería como Odi que negándose a creer aquello insistía que un mago ahí sí que tenía que haber?, volví a reír de tan sólo recordar aquella tarde.- Pero para finalizar, debo decir que era un anillo muy coquetón, todos lo querían.- agregué divertida.

Lo más normal sería enojarse y ofenderse tras ese comentario tan seco y frío de su amiga, pero hice todo lo contrario solté una pequeña risa y le dediqué un cálida mirada a Fly.- Por eso es maravilloso tener a gente que me quiere al lado, y que cuidan de mí.- dije sonriente. – Pero te vuelvo a repetir, prometo cuidarme más, y no ser tan olvidadiza.- le dije esta vez un poco más seria de lo que se acostumbra ver de mí, pero es que realmente quería que me creyera, no quería que se preocupará más de la cuenta porque justo hoy la seguridad no estaba presente en mi casa.

- ¡Muchas gracias Fly!.- le dije dándole un mini abrazo cuando me comentó que hablaría con alguien de su departamento para poner las seguridades básicas en su hogar, o bueno pertinentes…me inquietaba el hecho de que yo fuera una de las personas que necesitaran algo más de seguridad, no me gustaba pensar mal de nadie ni nada, por eso el hecho de tener que poner seguridad en su casa, en vez de tener las puertas abiertas para quien necesitara su ayuda, una sonrisa, o simplemente chocolates  era algo que le apenaba la verdad. – Aunque ¿sabes? Me gustaría que no fuera necesario poner esas cosas, a veces me dan escalofríos de sólo pensar que pueden volver a pasar cosas terribles…tú también debes prometerme que con Drake se cuidarán si eso pasa.- terminé por decir con un leve ceño fruncido, ya que si eso pasaba por primera vez sentiría que no podría proteger a mis amigos como me gustaría hacerlo, ya que lamentablemente una patada no podía en contra de esos hechizos feos que algunos magos hacían.

- Tengo paciencia y lo sabes. ¡Que emoción! Te verás tan hermosa.- dije con ojos brillantes mientras que en mi cabeza se creaba una imagen de Drake y Fiona ambos hermosos y radiantes en el altar. Sentía una felicidad enorme por los dos, siempre le han gustado los matrimonios, por más que la gente ahora los mire medio mal o lo encuentre algo casi de otra época, siempre he pensado que es muy hermoso el hecho de prometer amor incondicional a una persona, mientras a tu alrededor están las personas que te tienen y les tienes un cariño enorme, hay mucho amor reunido nada malo puede salir de allí.

- ¡Que tristeza que no acepten! Siendo un lugar tan bello.- dije haciendo una mueca pensando qué ella tampoco podría casarse allí algún día quizás por la misma razón que sus amigos.- Pero sea donde sea, será hermoso.- le dije sonriente. Desde este momento y hasta la boda de mis amigos, sabía muy bien que la mayoría del tiempo pensaría cosas con respecto a aquel día. Es que se merecían lo mejor de lo mejor, que fuera un día inolvidable para ellos y para todos quienes nos reuníamos a celebrar el amor de ese mágico par.

Y toda buena noticia trae consigo un celebración, por lo que no dude mucho en ir y buscar unas cervezas para las dos, me reí al escuchar su decir con respecto al tomar.- Habrá que hacerlo también entonces.- dije divertida, para imitar el movimiento que había hecho anteriormente su amiga.- Nadie quiere esa maldición en su vida.- dije riendo, pero realmente lo pensaba, es que sería una maldición terrible.

Miré a Fly entre asombrada y divertida cuando la escuché decir que estaba de acuerdo con la idea de Odiseo, que se ponía a llover en ese momento que eso era algo nunca antes visto. Los adoraba a los dos, pero eran agua y aceite.- ¿A dónde están las cámaras? Que Fly acaba de decir que está de acuerdo con Odiseo.- dije bromeando divertida, mientras miraba a todas partes como si realmente estuviera buscando las cámaras, para luego reír y tomar otro sorbo de mi cerveza cuando lo tragué volví a mirarla pero ahora de manera traviesa.- Bueno quizás la pruebe un día de estos, ahí te cuento como me va. Odiseo será el más feliz con esto.- dije divertida, ya se imaginaba la reacción de su amigo, saltando por todas partes con una sonrisa de oreja a oreja.

Miré con un puchero a Fly cuando dijo que sería la amiga solterona con muchos gatos y dulces, aunque la idea de estar rodeada de gatos, comiendo chocolates y de paso una maratón de películas o serie una tarde de domingo no era para nada un mal panorama, debía admitir que sí a esa imagen se le sumaba una persona con quien regalonear, la imagen se volvía mucho más multicolor. Fui en busca de más cervezas.- Ok, entendido. Me alejaré del hermano de Drake.- le grité desde las cocinas en dónde tomé un par de cervezas, regrese al living y le tendí una a Fly sentándome nuevamente a su lado.- ¡Prometido!.- dije riendo fuertemente.- Mildred se vería hermosa con vestido. Aunque debo decirte que no es una petición muy fácil, convencer a Odi que me deje llevarla a una despedida de soltera será todo un reto.- dije rodeando los ojos divertida, a veces su amigos se ponía muy sobre-protector con la bella de Mildred, se espantaría saber lo coquetona que es cuando él no está alrededor.

Me re-acomode en el sillón, me saqué las pantuflas que llevaba y subí mis piernas arriba abrazándola con mis brazos.- ¡No sabes lo feliz que me has puesto viniendo para acá! .- le dije sincera a la castaña, mientras en mi cabeza en estos momentos pasaban muchas cosas, ideas para el matrimonio, para el regalo de bodas, para la despedida de Fly, a veces también se mezclaba con el aniversario de Honey, y unos flashes de Mildred con vestido plateado cantando “Dancing Queen” toda una mezcla de pensamientos, pero que todos le hacían tener una sonrisa enorme en su rostro.- ¿te gusta ir a karaokes? Si es así tenemos que ir un día de estos, creo que me volví fanática de ellos, voy todos los viernes.- le dije sonriente para luego abrir los ojos sorprendidas.- ¡Eso estaba soñando antes de que llegaras! Que estaba en un karaoke y Mildred arriba de una escoba.- le dije divertida tras recordar el sueño que estaba teniendo cuando desperté por el ruido de Fly, y pasará todo lo que pasó.- Si, lo admito, tengo sueño muy raros.- terminé por decir con una sonora risa.
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Fiona T. Shadows el Dom Oct 02, 2016 11:59 am

Para muchos, trabajar como Auror en el Ministerio de Magia podía ser un gran sueño. Pero para gran sueño, el que tenía Fiona cada mañana que tenía que salir de casa a las cinco menos diez de la mañana para entrar al primer turno. Eso sí que era sueño y lo demás tontería. Porque claro, toda persona inocente y con altas expectativas en la vida piensa “no, no pasa nada, como salgo pronto el día antes me acuesto a las nueve de la noche y arreglado el problema”. ¡Mentira! Acostase a las nueve de la noche es imposible a no ser que seas un niño de once años o un abuelo de setenta y tres. No setenta y dos, tampoco setenta y cuatro. ¡Dormir tan poco no era factible! Así que al final se quedaba horas y horas mirando las musarañas, esas maravillosas criaturas que no existen ni en el Mundo Mágico.

Clementine siempre tenía una cantidad que no era normal de dulces en su casa. Fiona se preguntaba si la usaban como conejillo de indias para asegurar que sus productos sabían tan bien como pensaban y si estos no tenían algún tipo de efecto secundario oculto. También podía ser que los robase. Seguramente sin darse cuenta. Clementine era tan despistada que podía llevarse los dulces en la mano sin darse cuenta que los estaba sujetando. O posiblemente en el pelo, ya que aquel día habría decidido que serían útiles para sujetarse el flequillo y que este no le cubriese la cara. Sí, todo era posible con aquella mujer de por medio. - ¿De dónde sacan tanta imaginación para hacer estos productos? Yo si fuese ellos no saldría de hacer animalitos de chocolate viendo el éxito que tienen las ranas. – No pudo evitar reír tras aquellas palabras, no por lo que había dicho, sino por la emoción que podía verse reflejada en cada una de las palabras de Clementine.

Definitivamente, no entendía ni lo más mínimo de flores. Pero tampoco iba a ponerse a investigar sobre el tema. La Herbología nunca había sido su asignatura favorita en Hogwarts y con los años su afán por aprender más sobre plantas muggles o mágicas no había crecido, más bien incluso había menguado porque al final del curso escolar no tenía que realizar un examen para ver si había aprendido algo a lo largo del año. Sí, Fiona era del tipo de persona que iba a clase, se machacaba el temario para un examen, lo soltaba en un papel y, nada más salir del aula, ya había olvidado prácticamente todo lo que acababa de escribir. Era como si fuese una cinta de reproducción única que, una vez reproducida, se autodestruyese. Pues igual. Ella escribía, y una vez escrito, el conocimiento desaparecía de su cabeza.

Con los años, se había aficionado al cine muggle, especialmente en los últimos, donde Drake había influido más. A pesar de esto, no había visto todas las películas existentes, como era obvio, pues no existía tanto tiempo libre en su vida como para pasárselo delante de un televisor. Y más cuando era el tipo de persona que precisaba ver una película en compañía porque si no podía comentarla se aburría profundamente. - ¿Un maratón? ¿Pero cuántas hay? – Preguntó asombrada. Pero sí era un señor con un anillo, ¿Para cuántas películas daba eso? Pero si sabía que la primera duraba horas y horas, hacer un maratón de aquello al menos les llevaría el día entero. ¡O incluso más! – Por Merlín, ¿Qué le pasaba a ese anillo? ¿Era un Horrocrux o qué? – No sabía hasta donde iban los conocimientos de magia de Clementine, pero aquel concepto no lo conocían ni la mitad de los magos.

Parecía que el Mundo Mágico estaba en orden, pero para un squib nunca terminaba el peligro. Del mismo modo que no lo hacía para dos Aurores y encima cuando uno de ellos era considerado traidor de sangre. Siempre había algún loco que estaba dispuesto a romper la paz. – Aunque sea Hufflepuff, puede cuidarse él solito. Es sorprendente, lo sé. – Rió sin poder evitar hacer aquel comentario sobre Drake. – Sabes que estaremos atentos, es nuestro trabajo. – Se limito a encogerse de hombros. ¿Qué más podía decirle? Todo estaba muy tranquilo y parecía que las cosas iban para largo pero nunca se sabía. Podía ser que los Mortífagos estuviesen aguardando al momento idóneo para volver a resurgir.

El tema de la boda sería algo que acabaría saturando a Fly en cualquier momento, pero dado que no se lo había comentado todavía a todo el mundo no tenía que soportar preguntas y preguntas y más preguntas. Clementine era suficiente para lo que restaba hasta la celebración de la boda. Y al menos sus preguntas no eran incómodas como podían llegar a ser las de su madre, por ejemplo. Sí, Fly no le había dicho a su madre aún que se casaba. Se lo había dicho a su padre para que lo fuese organizando todo y que su madre se enterase en la última semana, para que no acabase por agobiarla y volverla loca. Se ganaría una buena reprimenda a pesar de tener casi treinta años, pero no le importaba. Era mejor eso que soportar a una madre pesada como podía llegar a ser la suya.

No entendía por qué los muggles tenían la extraña costumbre de brindar con frases absurdas, pero le gustaba repetirlas. Igual que los refranes que no entendía del todo, pero le resultaban realmente divertidos.

Ella tampoco pensaba que ese día llegaría. Si ella decía “blanco”, Odiseo decía “negro”. Si ella pensaba que la lechuga era sana, Odiseo pensaba que era peor que comer un neumático en llamas. Así era la vida. Estaba en su orden establecido y todo iba bien. Pero en aquel momento todo cambió y es que había momentos que Fly consideraba que relajarse era una buena opción. Aunque fuese recurriendo a las amadas plantas del dueño de Mildred. – Jamás le digas que le di la razón. Podría estar pavoneándose de ello durante lo que le quede de vida antes de morir de sobredosis. – Odiseo jamás moriría por pertenecer a la Orden del Fénix, intentar salvar a sus amigos squibs y muggles o por ser un traidor de sangre. Si Odiseo tenía que morir de algo, sería de sobredosis. O porque Mildred lo aplastara al estar tan drogada como él. También era una opción.

Rió en la distancia ante los comentarios de Clementine, y es que aquella mujer era realmente extraña en ocasiones, lo cual a Fly le encantaba. Era una persona peculiar, cuanto menos. Abrió su bebida y afirmó intentando mantener un gesto serio en su cara mientras hablaban de una vaca en vestido. Pero no, era imposible no reírse de aquello. – Siempre puedes dejarle inconsciente y secuestrar a la vaca. Al día siguiente se la devuelves como si nada y dudo que se entere de su desaparición o que tú le diste el golpe para quedarse inconsciente. Total, será una noche más en su vida donde las drogas le dejan sin recuerdos y soltando babas por la alfombra. – Negó con la cabeza. – Porque no sé si lo sabes, pero yo conocí a Odiseo en esas condiciones. Inconsciente en el suelo y con una buena resaca. – Sí, sólo faltaba añadir que además había aparecido por su chimenea sin saber ni cómo lo había hecho porque había sucedido cuando estaba profundamente dormido.

Enarcó una ceja al escuchar lo que Clementine había estado soñado. ¡Por Merlín, y luego sus sueños eran raros! Una vez más, rió ante las palabras de la chica y es que una conversación con Clementine debía estar repleta de risas, sino no había conversación posible con ella. – Yo me sentaré tranquilamente a ver cómo perdéis todos la dignidad cantando, pero yo no pienso coger un micrófono de esos. – Negó con la cabeza y la sonrisa aún permaneciendo en sus labios. -  Te lo dije, son sueños raros, no emocionantes. – Dio un nuevo trago a la cerveza y ambas siguieron hablando durante horas sobre vacas en escoba y con un lindo vestido, despedidas de soltera, dulces nuevos que llegarían a la tienda y cómo quedar el próximo viernes para ir a por el vestido de bodas.

Finalmente, y pasadas casi cuatro horas, Fly se dio cuenta de lo tarde que era y que Clementine trabajaba pronto al día siguiente. Por su parte, aún le quedaban un par de horas de sueño que aprovechar, por lo que no lo pensó dos veces a la hora de darle un gran abrazo y agradecerle por los regalos y las cervezas antes de desaparecerse rumbo a casa.

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