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For what is worth [Flashback] [Eunice L. Lyall] [Priv]

Invitado el Jue Ago 18, 2016 9:59 pm


Desde niño había soñado con conseguir ser auror. Había soñado con la vida que tengo ahora. Una familia a la que adoro y tiempo para disfrutarla y a la vez poder hacer respetar la ley. Todo eso pintaba muy bien. Pero luego surgían cosas como grupos radicales que se dedicaban a aterrorizar a la población y a secuestrar a menores o directamente ejecutarlos. Este nuevo grupito de seguidores de las artes oscuras era mi mayor dolor de cabeza y parecía que era más difícil deshacerse de ellos que de una hidra, porque en cuanto encarcelaban a alguno, otros tres ocupaban su lugar. Y estos tres triplicaban la ira y las malas intenciones del anterior. Era una época de mi vida en la que me encontraba siempre agotado hasta que caía en los brazos de Morfeo o mi mujer me hacía uno de sus guisos para cenar. Estaban deliciosos, pero era la digestión más pesada de la historia.

Mi trabajo, a pesar de los quebraderos de cabeza que daba, era la consecución de mi sueño de la infancia, y por eso era feliz en mi interior. Sin embargo,no todo era dulce romero pues una pared se había interpuesto entre mi y el puesto de jefe de seguridad mágica. No es que me gustase tener un papel administrativo, es que consideraba que muchas cosas debían cambiarse y creía saber como hacerlo. Sin el apoyo de mi esposa quizás nunca me habría lanzado a por el puesto, pero ahora ya era un secreto en boca de todos que yo iba a por él. Pero ser jefe no es un camino de rosas y para lograrlo, a veces tienes que pasar por los trabajos que menos te gustan, como tener que pedirle a una auror que se infiltrase en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. La idea no me gustaba. Es más, me parecía una idea pésima, tan mala que nadie debería llevarla a cabo. Los profesores deberían ser los responsables de la seguridad de los alumnos, tal y como habían hecho los años que pasé yo en el castillo, y no un auror que no tiene ni la más remota idea de cómo tratar a los adolescentes. No obstante, era responsabilidad mía y del resto de aurores si los jóvenes magos y brujas comenzaban a desaparecer y como esto ya se había dado, era hora de tomar cartas en el asunto.

Se me encargó a mi la tarea de elegir a la persona idónea para este trabajo y tras repasar muchos informes y fichas y perfiles psicológicos de todos los miembros del departamento de seguridad mágico, pude dar con una persona con los suficientes conocimientos psicológicos como para llevar a cabo la misión de infiltrarse en el colegio. Y a pesar de todo, la idea seguía sin gustarme. Pero a medida que pasaba el tiempo, la vuelta atrás se hacía algo mucho menos posible.

Para poder hablar del tema lejos de las cotillas y poco seguras paredes del Ministerio de Magia, me cité con la elegida en una de las partes más muggles de Londres. Si algo había aprendido la sociedad de la Segunda Guerra Mundial, es que el mejor sitio para esconderse muchas veces es a simple vista y estaba claro que nadie iba a sospechar lo que tramábamos si nos encontrábamos en un parque de Londres acompañados por un paquete de pipas.

Llegué al lugar del encuentro extremadamente puntual y me senté en el banco acordado. Llevaba ropa muggle y no destacaba especialmente en aquel paisaje. Era un tipo que acaba de salir del trabajo. Uno más. Ahora solo me quedaba esperar a que mi acompañante apareciese.


Última edición por Richard M. Pentecost el Lun Oct 03, 2016 6:09 pm, editado 1 vez
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InvitadoInvitado

Invitado el Vie Ago 19, 2016 2:15 am

Julio de 2016.

Regresar de nuevo al lugar al cuál te habías formado dentro del cuerpo de aurores en el Ministerio de Magia, era difícil.
Algunos podían incluso verlo como una regresión en su carrera, volver a patrullar las calles como si fueras un aprendiz intentando empezar a fijarte en las cosas fuera de lugar en un entorno ajeno a ti. Volver a tener que acatar las órdenes de un superior cuando llevabas más de cuatro años en el cuerpo dando órdenes en las diferentes misiones que te habían sido asignadas con el equipo que montabas para la ocasión valorando las características de cada uno de los magos y su eficiencia al desenvolverse en una determinada situación, eligiendo siempre a los mejores preparados en esos instantes según el entorno en el que nos tendríamos que desenvolver, y de nuevo, ahora eras tú la que estabas puesta a prueba y teniendo que acatar las órdenes...no era nada fácil. Necesitaba un periodo de aclimatación, y por suerte, la casera se había largado, sino seguro aquella madrugada hubiera tenido la visita de los Bobbys, y eso que al poner el reproductor de CD había saltado una canción bastante calmada, lo suficiente como para desperezarme y andar con cautela hasta la cocina y prepararme el té con leche de todas las mañanas.

El expediente había sido dejado aquella noche con cuidado sobre la mesa del Jefe de Aurores, junto a mi curriculum, acataría sus órdenes pues él era el futuro Jefe aquí, y a ningún perro le gustaba que otro meara en su jardín, si se podía hacer uso de metáforas. Ayudaría en todo lo que estuviera en mi mano para evitar la guerra que se avecinaba, pero para eso me debía de conocer, y entender que quizás yo tenía unos métodos de trabajo que él jamás hubiera contemplado. Para poder atrapar a un asesino, debías pensar como un asesino, ponerte en su lugar, estudiar a la persona o lo poco que quedaba de humanidad en ella a fondo, dejar tu moralidad y bondad a un lado, y enfrentarte a la cruda realidad de la vida, convirtiéndote en la sombra de tu objetivo.

Debías llegar a ir tres pasos por delante y aún así vigilar todo a tu alrededor, porque los buenos de verdad jamás seguían el mismo patrón, pero incluso aunque se lo saltaran en alguna ocasión, debías haberlo previsto de antemano, para poder darle caza. Los años en misiones especiales dentro del Servicio Secreto alrededor del mundo me habían obligado a hacer cosas que ni siquiera habían pasado por mi mente cuando estaba estudiando la carrera y no era más que una niña grande con un montón de sueños que cumplir. Lo que solía llamarse una ilusa o cabeza llena de pajaritos, alguien que pensaba que todo el mundo era bueno, aunque de pequeña hubiera contemplado como mi padre arrancaba la vida de mi madre de un disparo en la cabeza, esparciendo sus sesos por toda la habitación.

Cuando la tetera silbó giré hacia la ventana al escuchar el aleteo de una lechuza y abrirle la ventana, para poder coger la carta que esta portaba en sus garras. El Jefe de Aurores me citaba en un parque en medio de Londres, sobre las seis de la tarde, así que me quedaban muchas horas por delante antes de acudir al lugar acordado, y la verdad, habiéndome acostado a las cuatro de la madrugada tras tener que seguir a mi objetivo durante siete horas de bar en bar, llevaba un humor de perros. Maldita fuera la hora en que uno de los mejores aurores del Ministerio había ahogado su vida en la bebida y la había echado por la borda, desperdiciando un gran talento, aunque un humor agrio y un trato deplorable. Y ahora a lo único que se dedicaba aparte de beber era estar dando clases de Defensa en el colegio de Magia y Hechicería de Hogwarts. Nadie me había dado autorización para leer aquel expediente que Cosmas cerró, pero necesitaba entender porqué se había dejado el cuerpo.

La parte de seguimiento y rutina de sus hábitos los tenía cubiertos, parte de su historia que no sus sentimientos, aún no había logrado poder ponerme en su lugar, no podía entender su postura sino tenía una conversación con él cara a cara, ¿Pero querría? ¿Me recordaría?

Me tomé toda la mañana libre para arreglar diferentes asuntos de casos que tenía medio aparcados, alinear las ideas de pensamiento, y dar un par de indicaciones y consejos haciendo pequeñas anotaciones en los expedientes para dejarlos a mediodía y tras una ducha de agua helada en la oficina.

Comí en Picadilly Circus, en una pequeña taberna en donde servían comida hindú picante y cerca de las cuatro de la tarde me dirigí hacia Hyde Park para quedarme cinco minutos contemplando los jardines de rosas de diferentes colores, mostrando aquella vista el resultado de un policromático armónico relajante.

En esos cinco minutos percibí una pareja de adolescentes dejándose el alma en cada beso que se profesaban, no más de dieciséis años él, ella como mucho catorce, cada día empezaban más jóvenes, sentados en el primer banco de la izquierda, un niño de apenas cinco años tirando de las faldas de su mamá la cuál empujaba un carrito victoriano de grandes ruedas con un bebé de apenas cinco meses en su interior, llorando a pleno pulmón, en un llanto monótono y continuo, capaz de dejar sordo a un torposoplo. Una pareja de ancianos que se dirigían hacia las estatuas de los grandes pensadores ingleses y escritores de varias épocas, un grupo de preadolescentes armando follón dándose empujones unos a otros, hasta que uno de ellos terminó dentro de la fuente, y el sonido del viento acompañando todos los sucesos y envolviéndolos en aquella aún cálida tarde.

El invierno estaba lejano, pero los ingleses sabían que Febrero era el mes más frío de todos, y en el mes de Julio en Londres hacía más calor incluso que en Agosto.

Se acercaba la hora del encuentro y sabía que mi jefe era una persona muy puntual, como buen inglés. Mi sonrisa se ensanchó al comprobar la sincronización entre las campanadas del Big Beng, mi reloj y los pasos calmos de un hombre que aunque llevara muchos años vividos a sus espaldas se mantenía con cuerpo atlético y mente lúcida. La experiencia siempre era un grado.

Me dirigí hacia el banco que tomó para quedarse contemplando cuanto acontecía a su alrededor y alerta, aunque a ojos inexpertos estaría simplemente perdido en su mundo, la misma imagen que había dado yo minutos atrás, y sin embargo si alguien me preguntara podría reproducir cada una de las conversaciones que había contemplado pasando totalmente desapercibida. Una joven mujer de cabellos castaños con un sencillo traje veraniego por las rodillas y sandalias de suela plana, con un bolso de mano con el fondo encantado para poder guardar su varita de bruja.

Me acerqué al banco, siempre manteniendo el contacto visual y sin perder la sonrisa de mi rostro. Richard era un buen hombre, con unas tablas que pocos tenían y un sentido de la justicia admirable. Un líder organizado.

- Buenas tardes -me senté a su lado en el banco- Señor -agregué, pues aún no me había dado permiso para poder tutearlo- Un paraje realmente hermoso y lleno de vida.

Una auténtica lástima que hubiera personas que no fueran capaces de convivir en paz con los demás, dejándolos ser libres en su pensamiento e incluso en sus acciones. Mis anteriores objetivos durante más de cuatro años, desde que decidió por mí el anterior Jefe de Aurores, mandarme fuera de Inglaterra para mi preparación militar,el cuál se comió un puñetazo por obligarme a abandonar mi lugar seguro e el mundo, al lado de mi compañero del cuál estaba enamorada, pero no era correspondido, que yo supiera, habían sido maleantes de poca monta, pero objetivos claves para captar información y entretejer la redes de contactos entre los mortífagos disgregados por todo el mundo, sobretodo aquellos que vivían en zonas muggles mezclados entre ellos.

Había cursado cinco cursos de carrera y dos extras en lo que duraba una carrera universitaria, solapando distintas asignaturas y aún así logré graduarme con Cum Lauden. La preparación de mi abuelo, Hayden Neisser, siempre me sirvió, mi carácter me ayudó a desenvolverme y adaptarme a las diferentes situaciones. No tenía ni idea para qué me había citado Richard en aquel parque.
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InvitadoInvitado

Invitado el Miér Oct 05, 2016 8:39 pm

-Buenas tardes. Sin duda es hermoso- contesté sin mirarla cuando apareció y casi sus primeras palabras hacían referencia al paisaje. La naturaleza era algo envidiable para mi por su infinita sabiduría y infinita calma. Incluso en el caos más terrible de la naturaleza puedes encontrar la lógica inamovible que hace que las cosas ocurran. A veces estaba convencido de que los humanos, en lugar de abrazar su naturaleza, peleaban día tras día para destruirla y no solo la suya, sino la de todo lo que los rodeaba. La aparición de grupos seguidores de la pureza de sangre solo le daba más peso a mi teoría En aquel parque, rodeados de toda aquella alegría y pureza, esas ideas radicales parecían simplemente sacadas de entre las líneas de una historia de terror.

-Imagino que te preguntarás por qué te he citado. Y también porque te he citado en un lugar tan poco convencional.- comencé el pequeño discurso que tenía que darle aunque no tenía ganas de ello.- He hecho ciertas averiguaciones sobre ti estos últimos días y la verdad es que has logrado elaborar un curriculum impresionante. Has dejado con la boca abierta y en mal lugar a más de uno de los de arriba. Y por eso, vengo a proponerte una misión con la que no estoy nada deacuerdo pero me temo que pareces ser la persona más adecuada para ella -Dije haciendo una pausa tras mis palabras, dándole el tiempo necesario a Eunice para reaccionar en el caso de necesitar hacerlo. A pesar de que fuese mi trabajo encomendarle esta misión, no iba a mentirle y decirle que estaba de acuerdo. No era parte de mi personalidad mandar a alguien a un sitio potencialmente problemático con el culo al aire y sin prevenirle.

-Tras los secuestros, desapariciones y muertes ocurridos en el último curso escolar, la nueva Ministra ha juzgado necesario que un profesional del Ministerio pase a formar parte la institución del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. El director está razonablemente de acuerdo con esta medida y nos ha autorizado a entrar en el castillo por la seguridad de los propios alumnos. -Dije haciendo otra pequeña pausa. Un niño pasó corriendo por delante de nosotros persiguiendo una pelota roja y totalmente ajeno a la conversación que estábamos llevando a cabo.- Se me ha encargado a mi la tarea de estudiar a todos los miembros del cuerpo de aurores, nuestros compañeros, y seleccionar al más adecuado para esta tarea. Tras mucho meditarlo y tras tener el beneplácito de nuestros superiores, temo que esta nueva misión te ha sido asignada, Eunice- dije con una calma envidiable. Tras mis palabras, giré la cabeza y la miré por primera vez en aquel encuentro. La mujer parecía mucho más pequeña y delicada de lo que realmente era a mi lado y, a su vez, yo parecía mucho más grande e imponente.

Mi tiempo de hablar había terminado con aquellas palabras que significaban que la misión era suya. Ahora le tocaba a ella reaccionar y preguntar al respecto todo lo que necesitase saber. En aquel silencio que nos invadió por unos segundos, la naturaleza que ella misma había mencionado minutos atrás se hizo más ruidosa que de costumbre, perturbándome ligeramente mientras esperaba una respuesta de cualquier tipo.

Me incliné hacia delante apoyando el peso de mi torso en mis antebrazos que a su vez estaban apoyados en mis rodillas. Habría dado una fortuna por un buen té en aquel momento.
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InvitadoInvitado

Invitado el Miér Oct 05, 2016 10:07 pm

Por la calma en sus palabras algo gordo me iba a soltar, no sabía a lo que atenerme, quizás se había enterado que había estado revisando un caso ya cerrado por un auror condecorado, sin permiso de nadie, y como buen inglés no quería echarme la bronca delante de todo el conjunto de aurores que formábamos el Departamento, ya lo que me faltaría para vanagloriar mi vuelta al lugar en donde había despegado mi carrera, junto al mejor compañero que me pudieran haber colocado, del cuál aprendí cosas increíbles.

¡Espera un momento! Esas primeras palabras tan agraciadas no sonaban exactamente a :"Te voy a hacer patear las calles hasta que te salgan ampollas, niñata", era justamente lo contrario. ¿Un currículum impresionante? Era el currículum de cualquier auror que se preciase así mismo, que viviera por y para el cuerpo, y desde mi punto de vista la mayoría de los buenos aurores que disponía el Ministerio de Magia eran así, aunque cierto era que entre todos ellos más de una oveja descarriada había, y el MI-6, me tenía allí por ello. Para intentar sacarlos a la luz, claro que aquello lo sabían pocos o casi nadie dentro del Ministerio. Las investigaciones sobre mis asuntos personales intentaba dejarlas para cuando finalizaba mi jornada laboral, eran investigaciones propias que no habían sido aprobadas por los jefes.

Giré la cabeza hacia Richard, su último tono de voz no me había gustado nada, era como si me estuviera mandando al matadero, porque era la vaca que daba más carne, por supuesto lo dejé continuar sin mediar palabra ni reclamo alguno, los años me habían enseñado a mantener la boca cerrada en las situaciones oportunas. ¿Otro auror en el colegio? ¿Para qué? Tenían a uno ya, borracho, pero lo tenían, no podía ser que hubiera perdido toda su esencia.

Vamos, que él pensaba que yo era la mejor para estar rodeada de un montón de criajos hormonados y que tendría la suficiente paciencia para lidiar con todos ellos- Verá, muchísimas gracias por haber pensado en mi...pero hace muchísimo tiempo que dejé el colegio, señor. No estoy acostumbrada a tratar con niños. Le aseguro que no son mi fuerte -vamos, prefería enfrentarme antes a toda una partida de mortífagos sin varita que a un grupo de veinte criajos haciendo cosas de niños o de adultos e ir vigilándolos a todas horas. Que una ya tenía su edad, aparte del gran problemón que suponía tener a Cosmas dentro del cuerpo de profesores, ni siquiera sabía como iba a reaccionar yo como tuviera que volver a tratar con él, pro lo bueno de entrar al colegio es que podría intentar averiguar parte de mi investigación- Señor, el profesorado de Hogwarts ya tiene el que un día fue un gran auror pero hace un par de años entregó su placa, y estoy segurísima de que la señora Lena Malkovich es conocedora de ese dato -porque yo podía tener mis dudas sobre la lealtad de una persona, pero no iba a caer en la estupidez de infravalorar a quien mi corazón, y esperaba que esta vez la corazonada fuera errónea, me dictaba que no era buena espiga.

Además, formar parte de la Institución... ¿De qué manera para pasar desapercibida?- ¿En qué cargo entraría como parte de esa Institución? -porque claro, de ser bedel o incluso ayudante de bedel, o incluso Guardabosques o ayudante de guardabosques, quizás pudiera adaptarme, pero de profesor ni por asomo, yo no disponía de los conocimientos pedagógicos para llevar a cabo esa tarea, no tenía las cualidades necesarias. Era una auror, trataba con maleantes y adultos, con pocos niños había tenido que cruzar unas pocas palabras, ¿Y querían que yo me infiltrase dentro del colegio? Podía intentarlo, pero estaba casi segura de que no iba a funcionar, me iban a hacer saltar los nervios, y cuando me descontrolaba de esa manera mi raciocinio menguaba a niveles ínfimos. ¿Como pretendían que así protegiera a nadie? Además, mi formación dentro de la Secreta me había dotado de una manera de proceder extrema, nada recomendable para niños.
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