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Cold-blooded (Iorwerth Cosmas)

Invitado el Dom Ago 21, 2016 1:25 am

El vuelo había salido a las diez y media de la mañana desde Londres, e iba a tener una duración de once horas y cuarenta y tres minutos, pero por una tormenta que había conseguido erizar el bello de prácticamente todo el pasaje, se había retrasado hasta las doce horas y media, por lo que llegábamos con un retraso de cuarenta minutos.

A los de la Agencia y sus agentes nos gustaba bastante la puntualidad, así que podía entender que cuando me encontrara al agente en cuestión que me habían asignado como compañero, llevaría un humor de perros, aunque la culpa no hubiera sido exactamente mía. Siempre solíamos poder controlar las desavenencias que pudieran darse, pero en un avión atestado de muggles, con un chavalín ilusionado sin siquiera imaginarse que iba a ejercer de tapadera de una auror secreta y posiblemente se viera envuelto en un ataque perpretado por un grupo de mortífagos para hacer reinar el caos y el terror a mitad de los Juegos para-olímpicos, era difícil usar la varita siquiera escondida bajo un hechizo desilusionador sin hacer saltar las alarmas o que sin que un grupo de desmemorizadores se tuviera que presentar en Río para evitar romper el Estatuto del Secreto de la Magia.

No negaré que cuando la mujer de delante de mi asiento se puso a dar alaridos y presagiar la muerte de todo el pasaje haciendo reinar el terror no me dieran ganas de callarla para el resto del viaje, pero debía comportarme ante la población que había jurado defender al hacer el Juramento de auror. Dumbledore estaba enterado de este viaje, y también de quien era mi objetivo, así como mi nombre en clave, poder dar caza a este desalmado auror sin escrúpulos era positivo incluso para la Orden, pues la función de los "malos" era ser malos, pero la de los "aurores" era defender al más débil, y la Orden seguía el mismo objetivo, la defensa de los más débiles, claro que usando unos métodos algo distintos, teniendo en cuenta que los integrantes de cada grupo eran muy distintos, entre los que llevábamos más tiempo nos conocíamos algunos, pero no conociéndonos entre nosotros también salvaguardábamos a la Organización, de hecho era el mismo método que usaban los mortífagos escondiendo su rostro tras la máscara.

Claro que si eso se lo decías a un novato te miraba fatal. Para dar caza al objetivo, había que pensar como él, ser capaz de hacer lo que él, y sin dudar un segundo. El objetivo final era el que cambiaba, los mortífagos buscaban erradicar a todas las personas que no opinaran como ellos, los aurores debían apartarlos de la circulación y enviarlos a Azkaban, la Orden, quería deshacerse de ellos. Y llevarte la vida de una persona por delante por más males que hubiera hecho, tener la suficiente sangre fría para que eso no reposara sobre tus hombros el resto de tus días, era lo que quería conseguir de las personas que me asignaran para formar. De la misma manera que a mi me enseñaron a cargar con esa responsabilidad en las fuerzas especiales. Llegar a conseguir un verdadero guerrero capaz de mantener la mente fría y la sangre caliente, en unos críos de no más de dieciocho años, era un objetivo que sólo alguien con la suficiente templanza podía llegar a obtener.

Estaba segura que Dumbledore conocía a sus "niños", del mismo modo que conocía las capacidades de sus soldados y asignaba concienzudamente por compatibilidad de caracteres. Pero el problema de los críos de esa edad es que eran saquitos de hormonas con patas, parecía que sólo tuvieran una cosa en mente: "Sexo". Todo lo demás podía quedar relegado a un segundo plano.

Cuando el avión aterrizó en Río eran cerca de las seis de la tarde, el porcentaje de humedad rondaba el noventa y cinco por cien y la temperatura era de Veintisiete grados centígrados. El día 9 de Septiembre de 2016, Viernes, en Río de Janeiro, diluviaba y el cielo estaba electrificado.

¡Pobre chico! ¡Sus vacaciones de ensueño iban a estar pasadas por agua! ¿Se habría acordado de coger el chubasquero? Porque la predicción metereológica auspiciaba lluvias tormentosas viernes y sábado, el domingo estaría soleado, el lunes deberíamos cubrir y proteger nuestros ojos de los rayos UVA con una buenas lentes, pero podríamos disfrutar de una agradable temperatura de veintitres grados centígrados, pero el martes trece, día de regreso, regresarían los cielos nublados con la probabilidad de algún chubasco.

Disponía de cinco días para darle caza a Charlie Sullivan, uno de los tres aurores que habían perpretado el ataque de Ella Cosmas, con la finalidad de eliminarla, olvidando su propio Juramento, y el honor de un auror, la pareja de un compañero era intocable.
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Invitado el Dom Ago 21, 2016 9:35 pm

Hacía ya un tiempo que había renunciado al cuerpo de aurores y que se se había entregado al vicio alcohólico para sólo salir de ahí luego de que Albus Dumbledore le dejase caer que podía contar con la posibilidad de enmendar uno de sus más grandes errores, y aunque seguía bebiendo, había al menos bajado la ingesta diaria de alcohol.

Aún no tenía claro si acaso había sido una buena idea, ya llevaba varios meses impartiendo clases en Hogwarts y no sólo se había cambiado de asignatura para poder ejercer finalmente como el jefe de su asignatura favorita, sino que además había sido nombrado Sub-Director del Castillo, probablemente por su impecable nivel de organización y gran respeto ganado entre sus alumnos, mas no había avanzado ni una sola pulgada en lo que más le interesaba.

Muy contrariamente a como había sido en su juventud, en donde su carrera profesional y su enorme sed de demostrar que tan bueno era en lo que hacía, que le llevaba a dejar atrás cualquier tipo de lazo sentimental, desde la supuesta muerte de Ella que había mandado su vida profesional mismo demonio, pues de ese modo por fin se había dado cuenta lo valiosas que podían llegar a ser otras cosas. Esas cosas en las que no conseguía avanzar ni un sólo pelo y que le hacían sentir un cobarde incompetente.

Ja! Si los alumnos y sus antiguos discípulos habían llegado a pensar que Iorwerth era demasiado duro con ellos, es porque realmente no tenían idea de cuando duro podía llegar a ser consigo mismo. Aún estaba dolido y necesitaba tomar un poco de aire lejos de ella, mas también se había puesto a averiguar e intentar comprender lo que había ocurrido con la desaparición de su esposa. Los únicos que podían darle una respuesta eran precisamente los aurores que supuestamente le habían atacado esa noche en defensa propia y le habían asesinado. Curiosamente, sólo uno de ellos quedaba trabajando en el Ministerio de la Magia Británico, mientras los dos habían desaparecido del mapa, ya sea pidiendo traslados o marchándose en un retiro voluntario. ¿Coincidencia?

‹‹Portus›› había conjurado para crear un traslador que le llevase a Río de Janeiro a las ocho de la noche del día nueve de septiembre (hora local), ya que —por supuesto— el no viajaba en aviones a menos que fuese estrictamente necesario. Iorwerth era un mago amante de la magia y, como tal, prácticamente nunca utilizaba métodos muggles.

Había llegado al hotel en donde tenía hecha la reservación, tampoco llevaba una maleta visible, nada más un pequeño morral en donde parecía tener todo lo necesario. Iba vestido de manera elegante, pero muggle. Llevaba pantalones negros y una camisa del mismo color, junto a unos zapatos de Prada. Rara vez vestía de esa manera, pero los Juegos Olimpícos era un evento importante en donde más llamaría la atención aquel que no estuviese vestido a ese nivel.

Apenas había terminado de registrarse en el vestíbulo, cuando se dio la vuelta y se encontró frente a frente, una vez más, con Eunice Lyall, su antigua compañera de trabajo quien sabía estaba investigando precisamente a los asesinos de su esposa, como si no quisiese darse por rendida con aquel caso que ya estaba más que cerrado y enterrado.

Dudó por un momento, tan sólo un segundo en que se dejó llevar por la sorpresa y se detuvo a mirarla, quizás del mismo modo en lo hiciese ella. Había sido una sorpresa para ambos, mas esta vez Iorwerth decidió pasar de largo y ni siquiera saludarla, pretendiendo que absolutamente no le conocía de nada y que sólo se había detenido para evitar chocar con ella.

Siguió su camino y se dirigió a uno de los elevadores en el cual se montó por un par de pisos para luego descender rápidamente por la escalinata de emergencias y esta vez seguir a la chica quien estaba acompañada de un adolescente. Les vio separarse y se echó encima un ‹‹Caeca Temporalis›› para camuflarse con el entorno y seguirle de cerca, aunque con bastante disimulo y cuidado de las cámaras de seguridad.

Un nuevo ‹‹Suprasensus›› le ayudó a percibir la magia empleada para seguridad de aquel piso e irla desbaratando poco a poco mientras avanzaba a través de él, hasta que le vio detenerse frente a una puerta, entonces desapareció y se arriesgó a aparecer al interior de aquella habitación en donde, con un movimiento de varita, se sacó el encantamiento desilucionador de encima para regresar a su apariencia normal.

—¿Qué haces aquí?

Preguntó la voz que Iorwerth Cosmas desde dentro de su habitación en el hotel, en cuanto ella hubo abierto la puerta, pues él ya le esperaba en su interior.
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Invitado el Lun Ago 22, 2016 8:59 am

Del aeropuerto al hotel en una hermosa limusina blanca. Todo a gastos pagados para el chico, y yo me moría por poder dejar la pantomima a un lado, y tener libertad de movimiento. Llegar a mi habitación, en donde se habían colocado todos los sistemas de seguridad oportunos, con vigilantes a lo largo del pasillo, por supuesto sólo un ojo entrenado podría descubrirlos y tratar de evadirlos.

La chaqueta reposaba en mi brazo junto el bolso de Louis Vuitton, de la nueva colección de 2016. Un carrito con diversas maletas, y el guardaespaldas detrás. El chico llevaba su propio guardaespaldas. Lo custodiarían a él, yo tenía mis propios métodos para defenderme, y no quería miradas curiosas de nadie, menos con mis manías para ordenar las ideas. Necesitaba esparcimiento.

Me dirigí a la consigna, donde la llave electrónica de mi habitación estaba reservada, por supuesto al chico lo alojarían en el piso superior,  un punto clave dentro del edificio para poder sacarlo lo más rápidamente posible en caso de tener que abortar la misión. El ataque era inminente.

Se esperaba, se estudiaba y se definían los términos. Por todo el mundo, incluso en Londres habían habido ataques en entidades muggles, para los mortífagos ser muggle ya era una carga, ser encima impedido, peor que una abominación, y tenían la habilidad de poder colarse en todas las partes. Algunos conocíamos su modus operandi, de ellos, también conocían los nuestros, por lo que informantes había en ambos bandos.

Delante tenía un tipo que gastaba la misma agua de colonia que Iorwerth, pero no podía ser, él no estaba al tanto de la operación, no era auror, y Dumbledore no le hubiera dicho nada. El viejo sabía qué podía o no podía decir, y a ver quien lo entendía cuando se ponía a filosofar, porque para mi que hablaba en un lenguaje cifrado difícil de discernir. Los pocos consejos que me había dado en mis años de estudiante en la casa de Gryffindor, los había entendido años después.

Estaba pensando que quizás sería bueno mandarles una postal a Felicia y Antoline Cosmas, mis padres adoptivos, ellos me habían adoptado cuando mi ex-compañero me llevó a su casa y me los presentó. Eran unas personas encantadoras, llenas de vida, amables, con un humor vivaz, apasionados y seguían enamorados después de más de cincuenta años de casados.

Yo en cambio tenía muy malos recuerdos del amor en mi familia, mi padre biológico había terminado con la vida de mi madre biológica, me había críado con mi abuelo, en estos momentos ex-auror, pero no había perdido sus costumbres de auror, protegiendo su casa y a sus amigos. A mi abuelo también podría enviarle una postal, quizás una carta con una fotografía y todo. Para que viera que a su nieta la llevaban en bandeja de plata. El humor que nos gastábamos. Disfrutar del momento, porque no sabías cuando la vida te iba a dar un revés y retirarte de esa nube mullida en la que te había colocado.

Cuando el hombre se dio la vuelta mi mirada se posó en sus ojos, era Iorwerth, pero...¿Qué hacía él allí? Por unas milésimas de segundo me quedé sorprendida, más a mi lado había un mocoso que apenas sabía mi nombre, y encima le había dado un nombre falso, podía mandar todo al garete como le diera por ser cordial. Nuestras miradas se encontraron, desvié ligeramente la mirada hacia el chico, dándole a entender que no nos conocíamos de nada, que estaba de misión y que cerrara la boca. Y seguí el juego, haciendo un pequeño paripé ante el crío.

Mi cuerpo se balanceó hacia ambos lados, sonreí y me disculpé ante el hombre, como si fuera una chica que se sonrojaba aún ante un hombre bien plantado- Disculpe... -agaché la mirada y avancé hasta el mostrador, enseñando mi resguardo del Concurso amañado, así como la identidad falsa.

Me entregaron la llave y un botones muy agradable me indicó que lo siguiera por el ascensor de huéspedes VIP, en donde me dejaría en el segundo piso, entrando por la puerta de servicio y dirigiéndome hacia mi habitación. Situada justo enfrente de un motel en donde se había alojado Charlie Sullivan. Por supuesto el sueldo de un auror no daba para tantos lujos como los que disfrutaría el chico. Su habitación costaba como quince veces la mía, pero el premio era para él. Yo estaba trabajando.

Recorrí mi cuerpo con mis manos ante la mirada lujuriosa del chico que me iba a llevar hasta mi habitación, pero no me la podía jugar, Cosmas había pasado por mi lado, y él era una persona capaz de robarte el alma y tú ni darte cuenta hasta llegar a las puertas del cielo y pedirle a San Pedro entrar. No me faltaba nada, por suerte, había dejado las manos quitecitas.

Recorrí el pasillo, colocando todos los hechizos protectores de aviso de intrusos, si alguien a partir de ese momento invadía el pasillo le podía caer una maldición de por vida. Ese pasillo estaba reservado para mí, nadie más entraría a partir de ahora. Debía montar todo el equipo de vigilancia. Tecnología muggle retocada con magia. Los chicos del departamento de Ingeniería Mágica se ganaban su sueldo.

Sólo existía una persona en este mundo capaz de adelantarse a todo lo que iba a hacer, la persona que me mostró como se trabajaba eficientemente, sin carantoñas de por medio. Sólo esperaba que no se entrometiera en la misión, porque entonces me pondría en un dilema moral. Yo estaba allí en calidad de auror. Y había un código que respetar.

Llegué hasta la puerta de la habitación, la cuál como había pedido estaba entornada con una separación exacta de dos centímetros y medio, me di la vuelta y empujé con el culo la misma, cargando las pesadas maletas, sin encender la luz. Estaba haciendo acopio de mi fuerza física, mezclar artefactos mágicos de gran precisión con mi propia magia no era nada recomendable, podía estropearlos.

Pero una pregunta me hizo girar por completo y sin pensarlo soltar la pesada maleta hacia la fuente, lanzándola con toda mi fuerza. Fue un movimiento concatenado, giro, mano al bolso, sacar la varita y apuntar directamente al pecho, guardando la respiración y fijando la vista en el dueño de aquella voz.

- ¿Estás loco? -pregunté con un hilo de voz cerrando la puerta con cuidado sin dejar de apuntarlo con la varita- Podría haberte matado, cenutrio.¿Y luego qué? ¿Como le explico a papá y a mamá lo que ha ocurrido?- hasta asegurar el perímetro mejor no decir nombres. Y nadie lo podía localizar con ese mote. Mucho menos encasillarnos a ambos, éramos hijos únicos.

Lo que hacía allí era de su incumbencia, pero no podía soltárselo tal cuál. Esta misión era importante para mí, podía llevar entre rejas, podía no, estaba segura que Sullivan iba a pasar el resto de su vida encerrado en Azkaban. No me fiaba que en cuanto lo pusiera al tanto no saliera en su busca, las cosas se debían hacer con calma para que no hubiera fallos. Cinco días, ese era el tiempo límite. Cuatro si contábamos con la boda de Fly, a la cuál no pensaba faltar. Mi amiga se casaba. Y Booty a saber la que se le ocurría, igual se personaban todos aquí, y lío montado.
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Invitado el Jue Sep 22, 2016 6:29 am

No le sorprendió en los absoluto que la Auror haya aparecido por la puerta de entrada, primero con el trasero y luego con la cara a causa de estar cargando las maletas a lo muggle en lugar de transportarlas por medio de magia. Era algo que venía a juego con la personalidad de Eunice y que jamás había cambiado y probablemente nunca iba a cambiar.

Cualquier otro hubiese reído por la escena, pero no Iorwerth, él iba a lo que iba y en ese momento su motivo era averiguar que es lo que ella estaba haciendo ahí y eso fue lo primero que preguntó, haciendo que la recién llegada pegase un salto que pareció que hasta el alma se salió por la boca.

El irlandés tenía la varita en la mano, más no tuvo necesidad de esquivar la maleta, la cual era tan pesada que, si no cayó encima de sus propios pies, cuando la bruja le soltó, fue de puro milagro. Por eso Iorwerth sólo tuvo que preocuparse de una única otra cosa, la varita de su antigua colega, la cual por medio del susto mismo, podía llegar a hechizarse sin alcanzar siquiera a reconocerle, por eso con un solo y limpie movimiento, la varita ajena salió despedida por los aires a causa de un rápido ‹‹Expelliarmus›› no verbal.

—¿Tú haberme matado a mi?

Preguntó con una seriedad que denotaba demasiada incredulidad, mientras le miraba desde su lugar, para luego desviar su mirada hacia el suelo, notando que la varita de la bruja había caído a escasos centímetros de sus pies, por lo que luego de mirar a la chica una vez más, pateó suavemente la varita, haciéndola rodar de regreso hacia su verdadera dueña.

No, no se agachó a recogerla él, pues aprovechando el momento en que ella lo hacía, Iorwerth se había servido del tiempo necesario para abrir sin permiso la enorme maleta que ella había tirado al suelo al escucharle hablar. Distracción, eso es lo que había sido la varita de la bruja, pero una distracción necesaria y una que no podía ignorar. Quería saber lo que había su interior, más sólo lo escrutó con la mirada, sin llegar a tocarlo, ni preguntar nada. Aún podía reconocer a la mayoría de aquellos equipos, pues el servicio de Aurores tampoco había cambiado tanto desde su partida.

Entonces miró hacia alrededor, específicamente hacia las ventanas y con otro par de movimientos de varita que abarcaban todo el perímetro circundante, la castaña pudo notar que el irlandés estaba poniendo las protecciones necesarias para hacer de ese cuarto un lugar seguro, ya no sólo para actuar, sino también para habla: ‹‹Repello muggletum, Terreo aparecium, Imperturbate›› entre otros.

—¿Qué haces aquí?

Preguntó una vez más, esta vez mirándole a los ojos con la misma intensidad que inundaba en su mirada cada vez que Eunice le había visto interrogar a un mago tenebroso, un mago que de sólo regresarle la mirada sabía que debía hablar o debía de atenerse a las consecuencias.
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Invitado el Jue Sep 22, 2016 7:42 am

No había conseguido aún estabilizar la respiración cuando la varita saltó de mis manos hacia sus pies. Bien, ya estaba sin varita, como se pasara un pelo lo dejaba estéril y como no había recibido ningún regalo que se atuviera él mismo a las consecuencias, porque con un cabrón de su tamaño por el mundo, la humanidad tenía de sobra.

Esperé que al menos me echara una mano antes de volver a encararlo, no se lo iba a poner todo fácil, lo que estaba haciendo allí era hacer mi trabajo y de paso ayudarlo a resolver parte de su vida, pero no esperaba un gracias de su parte, jamás hacía las cosas por que los demás las reconociesen sino porque yo sabía que era lo correcto, porque cualquier maldad terminaba recibiendo su castigo, y cuando tenías cierto nombre y muchos casos resueltos, la gente solía confiar en tí, claro siempre y cando tú confiases en tí mismo, porque a los indecisos y temerosos nadie los creía en aquel cuerpo. Ni los creían ni los querían.

- Deberías saber que no la necesito para inmovilizar a nadie y hacerle cantar. Podrías ser un pelín más considerado conmigo, ya que yo me comporto contigo, y además no vas borracho. Así que gracias, ya pasan de las ocho de la tarde -dejé que mirase todo lo que tuviera que fisgar, conocía parte de los equipos que llevaba, él se había dedicado al estilo de lucha contra armas israelí, yo había tirado más hacia el Zen y un sistema de lucha japonés. Ni él ni yo estábamos desarmados sin varita, pero mientras en su modalidad de lucha podía iniciar un ataque, la mía era de defensa.- Anda, échame una mano y empieza a montar el equipo, por favor.

Pasé por encima de mi varita cuando la pateó hacia mi. Le estaba otorgando más confianza a él que a nadie en toda su vida, y no se lo había ganado, pero si yo no le demostraba confianza él nunca volvería a confiar en mí. Me dirigí hacia el baño, sentía que me iba a caer redonda de un momento a otro, y aquello sólo podía significar una cosa, que me estaba desangrando.

Y al entrar dentro del baño y sentarme en la taza del váter con los pantalones por los tobillos se escuchó como caía todo de golpe- ME CAGÜEN LA PUTA, JODER -había que tener mala suerte, cuando necesitaba estar al ciento cincuenta por cien, mi cuerpo me lo ponía difícil. Y encima con la mala hostia que se me ponía tenía que aguantar las impertinencias y el orgullo propio de mi ex-compañero, el sabelotodo, el que nunca tenía fallos en su ejecución, el que se pensaba que era mejor que nadie y no necesitaba de nadie, o al menos así hacía que los demás lo vieran, el que iba sobrado. Tal y como se mostraba daba igual con quien estuviera, por lo que mostraba en su actitud era mejor que nadie y debías encima agradecerle el que te brindara su compañía.Pero lo que más jodía es que siempre llevaba la razón, me había salvado el pellejo en la clase de Vuelo, a ver si se daban cuenta de que yo no servía de profesora, porque se lo había dicho al capitán, pero ya había tomado la decisión. Yo era un soldado, no estaba capacitada para dar clases, no sabía como lo hacía Iorwerth, yo no sabía.

Tuve que abrir el armario para hacerme con unas gasas y un poco de algodón hasta conseguir compresas de verdad, para evitar manchar más de lo que ya estaba todo. Y retirando aquellos pantalones de mis piernas salí a la habitación para volver a encararlo con la mirada- Sabes perfectamente que hago aquí, así que no es necesario que preguntes, Iowerth. Es redundancia para tu brillante cerebro y tu preparación -podía mirarme como le diera la gana, si quería saber qué hacía allí tendría que activar de nuevo su instinto auror- Si me permites...-señalé hacia una de las maletas con el dedo, en donde llevaba la poca ropa de camuflaje en ciudad. Si Sullivan abandonaba el edificio de enfrente, yo iba detrás. Seguimiento.
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Invitado el Lun Sep 26, 2016 10:42 pm

—¿Qué tú no necesitas la varita para inmovilizar a nadie? —preguntó rápidamente y entrecerrando los ojos —Eso es algo que me gustaría ver.

Dijo muy convencido de sus palabras y estuvo a punto de rodar los ojos cuando ella comenzó a decir que debía de ser más considerado, pero se detuvo justo a tiempo, para escuchar que una vez más le llamaba borracho y le echaba en cara su problema con la bebida. Realmente odiaba que se metiese con él en ese punto, precisamente porque él no estaba aún en la faceta de reconocer que efectivamente tenía un problema que debía tratar y porque le molestaba aún más que se metiese con los asuntos de su vida personal, y para él eso era absolutamente privado ¡Ni siquiera sus padres lo sabían! Y ella sólo se había enterado porque había estado fisgoneando en su vida, como si él fuese el verdadero villano a quien necesitase espiar.

Simplemente le quedó mirando con expresión de pocos amigos y sin ganas alguna de ayudarle montar nada, por lo que único que hizo por ella fue patearle la varita de vuelta para que así pudiese montar su propio equipo, mas la Auror parecía algo distraída y lo único que hizo fue marcharse casi corriendo al baño. Iorwerth frunció el ceño y aproevechó ese momento a solas para meterse a hurgar entre sus cosas, buscando por los archivos de aquel caso y leer así la información que encontrase al respecto. No habían demasiados cambios desde la carpeta que había leído hace unos días atrás, la cual le había entregado Eunice en su propio despacho.

Alzó la mirada desde su lectura en dirección a la puerta por la que había desaparecido su antigua colega, cuando escuchó movimientos en la sala contigua, por lo que se apuró en hojear las siguientes páginas y luego dejó la carpeta en el mismo lugar en donde la había encontrado, sólo un par de segundos antes de que la chica regresara a la habitación.

Volvió a mirarla y no se inmutó en lo absoluto cuando le vio sacándose los pantalones mientras avanzaba hacia él. Los años prácticamente no habían pasado por ella, seguía teniendo las mismas formas que había tenido cuando le había conocido, aunque quizás —tal vez— estaban un poco mejor definidas, un poco más mujer. Así, le observó en silencio, imaginó que buscaría por más ropa entre las maletas que traía y para eso tendría que agacharse ¿no? Rió irónicamente por sus pensamientos y sólo entonces desvió la mirada hacia la ventana. Eunice ya le estaba hablando nuevamente, pero él no le prestaba atención, no podía.

Sus ojos estaban fijos sobre su objetivo, una persona a quien no veía a la cara desde hacía ya bastante tiempo, alguien cuyo último recuerdo de su rostro se había grabado a fuego a su memoria. No dijo nada, no se movió para ayudarla, ni siquiera para hacerle una seña y que se acercara a ver lo que él observaba. Simple y súbitamente se echó a correr en dirección hacia la puerta y la abrió de golpe. En ese momento se maldijo a sí mismo por haber puesto seguridad antiaparición en todo el piso. Corrió rápidamente y le importó una mierda dejar a Eunice en su cuarto y sin los pantalones puestos, él sólo tenía cabeza para Sullivan en esos momentos.

Frenó en seco cuando llegó a las escaleras de emergencia y se abalanzó con todo su peso para abrir la puerta y casi caer del otro lado. Trastabilló un par de veces y se lanzó de un salto al descaso de los escalones entre ese piso y el siguiente, para girar sobre sus talones y desaparecerse.

Se materializó nuevamente en la puerta del edificio de en frente, sin importarle si acaso algún muggle podría haberle visto, aunque tuvo la suerte de que no fue así. Una vez más que echó a la carrera y sólo un par de metros más adelantes, ese tal Sullivan se giraba al escuchar los pasos detrás, pero ya era demasiado tarde. Iorwerth le agarró de la ropa y le azotó la cabeza con la suya propia para dejarle noqueado. Sólo entonces se giró para mirar a los muggles que le observaban entre asustados y curiosos. Quería desaparecerse, pero primero debía de arrastrar a su víctima lejos de miradas curiosas. Sólo esperaba que Eunice trajera con ella una de esas placas falsas de la policía o tendría que proceder a negociaciones agresivas.
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Invitado el Mar Sep 27, 2016 12:37 am

Al menos se había retirado completamente en silencio, y tal y los ánimos con los que me encontraba yo en esos momentos era algo de agradecer de sobremanera, o le iba a demostrar lo fácil que me era no sólo inmovilizar a alguien, sino dejármelo incluso sin sentido. Y no de manera grata.

Abrí la bolsa que había estado fisgoneando y saqué la carpeta- Podrías habérmela pedido, no hay más anota...-pero tal y como salió del cuarto no me dio tiempo a más. Abrí el bajo fondo, saqué los pantalones de bolsillo negros, la sobrecamisa y el chaleco antibalas de keblar, las botas militares, la heckler y me coloqué todo antes de recoger la varita del suelo, abrir la ventana y directamente dejarme deslizar por la cañería de desagüe.

Lo acababa de perder de vista pero supuse dónde se dirigía, habría visto a Sullivan por esa manera de salir, si había alguien que le tenía ganas ese era Iorwerth, más las cosas no se hacían así. Ya me la acababa de liar parda otra vez.

- ¡Seguridad Internacional, por favor retírense! -pedí en un fluido inglés mostrando la placa y apuntando con la pistola al aire, después de haberme dado una buena carrera para poder llegar hasta su lugar, teniendo que esquivar varios coches del tráfico que había por la calzada, y ese dolor punzante en la zona baja de la espalda, sobre las vértebras lumbares.

Sullivan estaba conmocionado y mi amigo llevaba una buena brecha en la frente, y estaba segura que no había sido porque hubiera estampado su cabeza contra el suelo o una pared. Dos cabezas chorreando sangre, ¿Qué no decían que el cráneo era el hueso más duro de todos? Pues he aquí la muestra. No sabía si tenía más ganas de aporrear al posible mortífago o a mi ex-compañero, y mi mirada en esos momentos lo decía todo.

Cabeceé hacia el otro lado de la calle, la madre que lo trajo, sólo era seguimiento, recogida de pruebas, llevaba los equipos y me acababa de echar por tierra toda la operación en un abrir y cerrar de ojos. Y la culpa mía por haber confiado en él. Rabiaba por dentro, pero fuera sólo se podía observar la mirada escrutadora y la mandíbula apretada.

No quería hablar, no quería decir nada, iba andando tras ellos. Yo llevaba el chaleco, así que si alguien disparaba mejor que impactara en él que no en ninguno de ellos, y con aquella luz tenue no se la jugarían a intentar disparar a la cabeza, no había francotiradores apostados en las cornisas. Miraba hacia todos los lugares con silenciosos movimientos mientras les seguía el paso. Coloqué la mano sobre el hombro de Iorwerth y con la otra mano le coloqué le dispositivo de seguimiento en un lateral, como si fuera un simple caricia, como había hecho tantas veces en el pasado, como dicéndole "Adelántate tú, yo voy en seguida"- Si me haces el favor de llevarlo a la habitación...tengo que pasar por una droguería antes- le sacaría la información de la manera en que me habían enseñado y como no cantara se lo dejaría a Cosmas. Aparte de tener que hacerme con las compresas, necesitaba unos cuántos productos más- Puedes empezar con el interrogatorio, no tardaré.

Sí, había estado presente en unos cuantos interrogatorios de Cosmas, pero él no había estado en los míos a este lado del charco. Jamás diría que fueran mejores, realmente odiaba ejercerlos, pero como llegara hasta el final no lo iban a reconocer ni por la dentadura.

Le coloqué las credenciales a mi ex-compañero en el cuello y dejé escapar el aire despacio, negando con la cabeza. Aún no me podía creer que lo hubiera echado todo por tierra en un pestañeo. Desmonté el cargador y extraje la bala de la recámara antes de entregarle la pistola completamente vacía. Le serviría para aporrear, pero no para disparar.

- No me la líes más, por favor, amigo -me puse de puntillas y besé cerca de la comisura de sus labios antes de darme la vuelta y regresar sobre mis pasos en busca de la droguería que había al otro lado de la calle.
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Invitado el Jue Oct 13, 2016 4:58 pm

La voz de Eunice a sus espaldas, le hizo girarse lentamente, aún con el cuerpo inconsciente de Sullivan entre las manos. La bruja se acercaba mostrando las falsas identificaciones de policía muggle para les dejasen tranquilos y los curiosos se alejaran o arriesgaran un par de días en prisión por irrumpir en medio de un procedimiento oficial.

La chica no se veía nada de contenta, pero él si lo estaba, por fin tenía a ese maldito hijo de puta en sus manos y esta vez nadie se lo iba a quitar. Poco faltaba para que Iorwerth adoptara su forma de animago y se lanzara como lobo hambriento sobre su presa ara defenderla de cualquier otro intruso o depredador. Si la mirada de Eunice ya decía lo suficiente, la de él acababa de decirlo todo y eso esa “No lo dejaré ir”.

Miró hacia el otro lado de la calle, cuando ella cabeceó en esa dirección y accedió a desplazarse en esa dirección, arrastrando a Sullivan con parte de sus canillas y el costado de sus zapatos tocando el pavimento. Dejó que la mujer les escoltara y el toque sobre su hombro no pasó desapercibido para él, aunque por ese momento lo fingió.

Mientras Eunice miraba hacia todos lados, buscando por posibles enemigos, él llevaba su vista totalmente clavada hacia el frente y a los automóviles que debían detenerse a su paso para acabara de cruzar la calle. En ese momento ni siquiera pensaba, tenía su mente totalmente en blanco, pues Iorwerth e Eunice tenían prioridades muy diferentes, mientras ella se preocupaba de atacantes muggles, con super armas y francos tiradores, Iorwerth temía más por algún mago espía que estuviese intentando leerles la mente para saber a donde llevarían al tercero, por lo que aún a pesar de no tener ninguna amenaza visible al frente, dejó que su mente se protegiese por medio de la Oclumancia.

Se giró hacia la bruja cuando sorpresivamente ella le dijo que llevase a Sullivan a la habitación mientras ella iba a la droguería ¿se lo decía en serio? Iorwerth estuvo a punto de echarse a reír y es que no creía que pudiese estar de mejor suerte.

—Por supuesto.

Respondió con seguridad y determinación, y permitió que le colgase las credenciales al cuello y le entregase es arma muggle que sin balas no servía de mucho. Sólo un muggle le usaría para aporrear cabeza, teniendo magia y no habiendo un muggle de testigo, por eso no pensó en ella más que una decoración más a juego con las credenciales de policía que colgaban de su cuello.

Ella le besó, sin importar que fuese en la comisura de los labios, en los labios o en la mejilla, le había besado y eso pare él había sido tan sorpresivo como una patada en las bolas, pues se saltaba por completo todo el procedimiento policial y la teatralidad que habían adoptado hasta ese momento. Le miró extrañado, pero no le dijo nada, simplemente dejó que se alejara, mientras el fingía retomar la dirección al hotel, pero en cuanto Eunice se perdió de vista, lo primero que hizo fue dejar caer a Sullivan al suelo, para hacer para el primer automóvil que pasó, atravesándose en su camino con las credenciales en alto y apuntándole con la pistola descargada.

—¡Policía!

Le habría gustado decirle que se bajase, que necesitaba su automóvil para un procedimiento, pero como no hablaba portugués, aquello sería suficiente. Tomó el cuerpo de Sullivan con muy poca delicadez y, abriendo la puerta trasera, lo arrojó al interior del automóvil antes de cerrar la puerta e irse hacia el costado del conductor al que obligó a moverse hacia el costado, para tomar él el volante. Entonces se miró al hombro, en donde Eunice le había tocado, pero no vio nada sospechoso, así que acabó por sacarse la chaqueta y entregársela al dueño del automóvil a quien volvió a apuntar con el arma de fuego.

—Bájate.

Asustado, el hombre obedeció inmediatamente, pues no necesitaba de hablar inglés para entender que no le deseaba en el vehículo. Entonces Iorwerth partió, acelerando rápidamente para alejarse lo más pronto posible del lugar, mientras el muggle se quedaba parado en la calle, maldiciendo al Mundo, junto con la chaqueta de mago y el dispositivo de rastreo.

Cuando Eunice salió de la droguería, se encontró aún con la fantástica escena. No rastros de Iorwerth o Sullivan y una pronta llamada del Ministerio de la Magia para preguntar como iba la situación.

Off: Lanzo dado de iniciativa por si acaso XD
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Maestro de Dados el Jue Oct 13, 2016 4:58 pm

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Invitado el Jue Oct 13, 2016 10:04 pm

Todo desde el primer momento había sido un error de mi parte. Tendría que haber dejado las cosas como estaban y no preocuparme por una persona que me importaba, ser más egoísta, como hacía el resto del mundo, pero yo no era así, no podía entender algunas cosas y necesitaba explicaciones. En cuanto lo vi en el cuarto tendría que haber puesto sobre aviso al resto del cuerpo que se encargaban de la misión, no sólo el MI-6, sino los Navy estaban en Río, el equipo 6 nada menos, y cualquiera que conociera el mundo militar sabría que ese equipo era el mejor en cuanto a tácticas antiterroristas, claro que para eso se tenía que estar dentro del mundillo. Y Iorwerth estaba muy oxidado y demasiado alcoholizado para pensar con lucidez. Lo había perdido prácticamente todo, no era ni de lejos la tercera parte de lo que había conocido. Algo que me hacía pensar que tal vez Dumbledore empezaba a chochear, nombrándolo subdirector en aquel estado de embriaguez casi constante, y también me ponía sobre aviso de que los ideales de la Orden quizás se estuvieran perdiendo, ¿En serio seguía defendiendo a los más débiles? ¿Y quienes eran los más débiles en un colegio sino los mismos alumnos? Aquél mago, grandioso en su época... ¿Se estaría dando cuenta del peligro que era tener un profesor, ex-auror que sus métodos dejaban tanto que desear y con un odio profundo en sus entrañas, y lo más acertado había sido echar del colegio a una auror con un ataque de nervios? De ser yo madre de algún alumno me pensaría muy mucho si con gente de ese calibre dentro del mismo dentro del cuerpo de profesorado sería el lugar idóneo para que estudiaran mis retoños.

Llevaba las placas colgadas al cuello, seguramente el rastreador se lo oliera y terminara deshaciéndose de su chaqueta. Cuando regresé de la droguería me encontré un muggle en medio de la calle hablando con un agente y el busca sonó de inmediato. Marqué el número de mi superior, pasándole la placa que llevaba asida al cinturón al policía para que comprobara mis credenciales- Está con Iorwerth Cosmas, ha robado un coche y lleva a Charlie Sullivan con él a punta de pistola-eso me iba a suponer a mi seguramente un mes de vacaciones no retribuidas, pero ahora ya sabían quién estaba con el sospechoso, como también sabían que lo querían vivo, y de matarlo Iorwerth se enfrentaría a un cargo de intromisión en un caso oficial, no teniendo ya licencia para poder usar métodos de interrogatorio, pues se había retirado del cuerpo.

En estos momentos Iorwerth era un mago armado, peligroso e interfiriente de la justicia, tanto muggle como mágica. Alguien detendría aquel coche, y si le quedaba algo de lucidez no se desaparecería con el objetivo de aquella misión, pues lo necesitábamos para saber la interconexión entre el posible atentado en las Para-Olimpiadas, y los movimientos subyacentes que se estaban dando en le mundo mágico.

Recogí mis credenciales tras las oportunas llamadas que tuvo que hacer aquel policía muggle y recibir la orden de que me dejara marchar, y recogiendo la chaqueta del suelo del que una vez fue mi ex-compañero me dirigí al hotel, entrando con mi paquete de compresas dentro de una bolsa de papel y algunos productos químicos en una bolsa de plástico opaca, para llegar la segundo piso y entrar en mi habitación, retirando los hechizos mágicos antidesaparición, por si al cenizo de Iorwerth no le quedaba otra que aparecerse aquí, en cuanto estuviera rodeado no sólo por agentes civiles y muggles, sino magos mucho más preparados y con la cabeza no sólo para sujetarle los hombros.

Me retiré la ropa y me di una ducha, la necesitaba urgentemente, el olor a sangre era insoportable. Necesitaba aquella ducha, ponerme el pijama y meterme en la cama. No sabía cuál iba a ser su decisión, pero más el valía volver a pensar como pensó alguna vez, porque fallos cometíamos todos, pero a los del MI-6 no les tomabas el pelo como a los novatillos. No sería la mejor auror del Ministerio Inglés, pero que era mejor que Iorwerth en estos momentos, podía poner la mano en el fuego y no quemarme, por más creído que se lo tuviera.


Última edición por Eunice L. Lyall el Jue Oct 13, 2016 11:54 pm, editado 3 veces
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Maestro de Dados el Jue Oct 13, 2016 10:04 pm

El miembro 'Eunice L. Lyall' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


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Invitado el Vie Oct 14, 2016 2:23 am

Si le hubiesen dicho a esas alturas de su vida que Eunice Lyall iba a tener alucinaciones con que los magos trabajaban en conjunto con la armada muggle y que por tanto para ella hace tiempo habrían hecho mierda el Estatuto del Secreto de la Magia, no se lo habría creído. Él seguía considerándola una mujer sana mentalmente y vaya que estaba equivocado. Cualquier que conociera el Mundo Mágico y que supiera como se manejaban realmente las cosas, podría recordar que era sólo el Primer Ministro (o Presidente) quien sería visitado por un “retrato parlante” sólo si la situación lo ameritaba, es decir si tenían encima una época oscura, y sólo hablaría lo justo y lo necesario, de Ministro a Ministro, y sin grandes detalles, dejándole en ascuas, pensando que tal vez estaba loco o que tal vez podía suceder.

¿Qué pasaría si realmente las fuerzas bélicas se enteraran de la existencia de la Magia? Uuuufff… aquella era una discusiones más constantes cuando se hablaba del Estatuto del Secreto, y es que los muggles simplemente desearían aprovecharse malamente del poder. Ya había sucedido en la antigüedad y los magos habían aprendido demasiado bien para olvidar.

Iorwerth miró por el espejo retrovisor un par de veces, pensando que la bruja iba a hacer uso de su capacidad racional y encontraría la manera de rastrear el automóvil. Era fácil ¿no? Sólo tenía que hacerse pasar por policía una vez más, preguntar por el número de la placa al muggle que había dejado en la calle y reportar aquel vehículo como robado para pronto tenerle en la mira, escuchar su ubicación a través de las radios policiales y ¡Cataplum! Un verdadero juego de niños para el irlandés, pero no, la chica no lo hizo y no se lo ocurrió. Por supuesto, había un sin número más de opciones, pero la bruja no hizo más que regresar a su hotel dándose por vencida. Vaya falta de iniciativa.

De todos modos, Cosmas sólo utilizó el vehículo para salir de la zona más transitada y entonces poder actuar como mago, pues él sí sabía darle un buen uso a la magia. No dudó en sacarse uno de sus propios zapatos y apuntarlo con la varita.

—Portus.

Conjuró creando un nuevo traslador antes de regresar al automóvil en donde Sullivan ya estaba despertando, aun medio aturdido por el golpe, más sólo fue necesario que le viese la cara una vez para que su mano fuese inmediatamente a sacar su varita.

—¡Religio!

Atacó Iorwerth lo más rápido que pudo haciendo que de su varita saliesen enormes cadenas que no tardaron en apresar a su contrincante, antes de que éste lograse siquiera agitar la varita.

—No escaparás esta vez.

Le agarró entonces del cabello y de un sólo tirón lo arrojó fuera del vehículo, quedando incluso con un buen mechón en la mano, antes de utilizar un ‹‹Expulso›› no verbal para arrojarle lejos, en dirección a traslador, en donde tomó al hombre con una de sus manos y se sujetó al traslador con la otra para llevarse así a Sullivan a su propia jurisdicción en donde le enseñaría a abrir la boca o a cerrarla para siempre.
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Invitado el Vie Oct 14, 2016 5:46 am

La misión era seguimiento de un objetivo en concreto, yo no tenía potestad para extraditar a nadie, simplemente debía recabar información, y no iba a actuar por encima de la ley, muchísimo menos meterme en  problemas internacionales. Era auror y hacía todo de acuerdo al código de honor de los aurores.

Actuar por encima de la ley no estaba en mis normas de actuación día a día, usar la magia delante de muggles era impensable, y toda magia siempre dejaba un rastro.
Los Navy Seals estaban allí en las Para-Olimpiadas, el MI-6, estaba allí en las Para-Olimpiadas, pero no trabajaban juntos, nunca habían trabajado juntos, pero los muggles no eran gilipollas y tal y como estaba el mundo se esperaban ataques, siempre había indicios de posibles ataques de grupos radicales y un evento tan importante como unos Juegos Olímpicos movía muchos cuerpos de seguridad, aunque a ojos del ciudadano de apie no se vieran.

Muchos magos quería ver el Estatuto del Secreto de la magia por los suelos, iniciar otra guerra mágica-muggle mundial, ¿Sería Charlie Sullivan uno de ellos? No lo podía saber, porque no podía interrogar al testigo, alguien se había tomado la justicia por su mano y el objetivo de la pequeña visión había desaparecido junto a él.

Había actuado de acuerdo a la manera de proceder lógica y sensata, de acuerdo a las leyes internacionales y de acuerdo al código de aurores, y el Jefe del MI-6 estaba enterado del asunto y sabía con quién estaba. Tendría que quedarme por allí unos cuantos días con el chico con el cuál había acudido con el premio, con suerte él se lo pasaría bien, Ian Howells.

Quería seguir creyendo que allá en donde estuviera Iorwerth no llegara a terminar con la vida de Charlie Sullivan, sino se le colgaría el cargo de asesinato, pero ese caso ya no era mío, y no podría borrar pruebas por el cariño que le tenía, esta vez no podría cubrirle las espaldas. En cuanto regresara a Inglaterra volvería a dejar el expediente dentro de su archivador correspondiente de casos cerrados, y mi ex-compañero seguiría con su Orden de Merlín Segunda Clase, recogería mis cosas del Colegio y me despediría de Hogwarts.

Y tendría que olvidar la frase que tantas veces escuché: "Las puertas de Hogwarts siempre estarán abiertas para cada mago que lo necesite". En esos momentos lo necesitaba, pero por la política actual habían sido cerradas para mí.

Un amigo no te la jugaba de la manera en que lo había hecho Cosmas, el cariño que le tenía no se borraba de un plumazo, pero dolía darse cuenta que realmente no era un amigo, y dolía darse cuenta que no le podías tener confianza, no al menos, hasta que volviera a ser persona, la persona que alguna vez conocí o si realmente era inteligente, mejor. Mi presencia no le hacía ningún bien, a partir de ahora las palabras justas, no le borraría la sonrisa y dejaría pasar un tiempo antes de volver a tratar con él, esperanzada de que tal vez, conociera a la persona que volvería a traerlo al mundo real, y al grupo de personas que hacían las cosas de acuerdo a las leyes y no se tomaban la justicia por su mano.
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