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Bienvenue à ma vengeance {Edward S. Westenberg}

Anabeth Valmont el Mar Ago 23, 2016 4:01 am


Anabeth Valmont VS Edward Westenberg • Round 1


Eran las once de la mañana de uno de los días que ya marcaban el final del verano, por lo que Anabeth Valmont se había dado la tediosa tarea de ir al Caldero Chorreante para comprar sus útiles escolares para el siguiente año. Había pasado toda la tarde del día anterior sacando cuentas, lo que menos quería era llegar a pagar algo y no tener el dinero, antes muerta que pasar esa vergüenza. Maldecía más que nunca a su hermano Antone por haberle abandonado en esas condiciones, pero luego se sentía culpable por ello y lo odiaba, y se odiaba así misma y quería llorar, pero a la vez no quería, por lo que al final se había pasado la noche hecha una bola de sentimientos que acabó por desahogarse viendo una película romántica que la hizo llorar hasta quedar seca de las lágrimas.

Despertó en la mañana convertida en un verdadero estropajo, por lo que cuando se miró al espejo dio un rito de terror tan grande que hizo que el vecino fuese a golpearle la puerta para ver si estaba bien, y luego casi echarla abajo debido a que ella tardaba en abrir por estarse limpiando la cara.

Se vistió con ropa cómoda y salió a la calle con su cartera cargada de dinero muggle obtenido de sus ganancias en el cabaret, dinero que —por supuesto— tendría que cambiar en el banco de Gringotts antes de comenzar a hacer sus compras.

Caminó lo más rápido que pudo, aunque no se permitió pasar de una velocidad que fuese a desordenarle el cabello o sacarle una gota de sudor. No, tenía que ser lo justo y lo necesario para no llegar a arruinar su apariencia.

Cuando llegó al Caldero Chorreante, lo primero que hizo fue pedir un vaso de agua y mirarse de frente y de costado frente a la vitrina de los pasteles, para luego agradecer al locatario con una sonrisa coqueta, sin siquiera importarle que fuese realmente un jorobado.

Se sentó por un momento en una de las mesas para revisar una vez más su cartera y corroborar que estaba todo su dinero separado en paquetes que decían la cantidad, y ya estaba a punto de retomar su marcha cuando la campanilla de la puerta sonó nuevamente, indicando que acababa de entrar un nuevo cliente. Anabeth miró más por instinto que por curiosidad, pero fue ahí, en ese preciso momento en que sus ojos se encontraron de frente a uno de los rostros más odiados de su vida. Si Tarantino hubiese estado presente, de seguro habría mandado a poner la banda sonora de la película Kill Bill.

No esperó un segundo más, ni siquiera se lo pensó, fue verlo y saltar de su asiento, dando un sonoro golpe en la mesa para luego abalanzarse sobre el muchacho y empujarle contra la pared.

—Vous, putain de chien! —le dio varios golpes en el pecho y en los brazos, aunque ninguno verdadera efectivo, pues Anabeth peleaba sólo un poco mejor que un pequeño chihuahua —Comment pouvez-vous penser endommager mes cheveux? Putain!

Se detuvo de pronto y le miró indignada, antes de empujarle una vez más. Él, de seguro ya recordaba el porque se ese tan “romántico” e inesperado saludo.

*Vêtements
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Edward Westenberg el Mar Ago 23, 2016 5:29 am

Me había despertado bien temprano en la mañana con unas ganas tremendas de correr, ganas que sólo parecen así de fervientemente cuando algo me esta rondando por la cabeza, pero en esta ocasión era peor porque no era una sola cosa sino que eran muchas cosas que iban de un lado a otro por mi mente teniéndola en un estado de caos constante, había sido un mes de locos. Con esto no quería decir que era cosas malas, todo lo contrario, sentía que me habían pasado cosas que habían cambiado mi visión de ver las cosas, y por eso ahora tenía frente a mi infinitas posibilidades.

Ya haber vivido su primera noche de transformación, haber soportado el antes y el pos de ella, le hacían andar por la vida más seguro, que debía admitir que habían sido una mierda de días,  había tratado de guardarse el orgullo, pero todas las advertencias de Stella sobre la transformación no eran nada en comparación a lo que realmente fue,en fin... pero ya pasó, así que ahora iba más tranquilo hacia la próxima, era un algo ya conocido  ¿no? ,  o al menos eso quería pensar. Pero aún así, y a pesar de los dolores posteriores de la luna llena, al despertar sentí un gran alivió, como si a pesar de no recordar en su totalidad nada de lo que vivió esa noche, algo en mi se había liberado.

Salí del Caldero para ir a correr un rato por la calles de Londres, me coloqué los audífonos y traté de despejarme de cualquier pensamiento, no sabía muy bien si era producto de mi imaginación pero después de haber sido mordido sentía que mi cuerpo había ganado en fuerza, y resistencia, no es que antes no la tuviera, sino que ahora tenía mucho más.

Estuve un buen tiempo corriendo por alrededor del barrio, cuando miré el reloj y sonreí de lado, ahora venía la mejor parte, el remate final. Doblé en la esquina y aumente la velocidad, comencé a dar grandes zancadas, al correr sentí como los músculos se tensaban por la exigencia, mi respiración se volvía más filuda y mis latidos aumentaban en velocidad, todo estaba compacto en mí para lograr el objetivo de correr lo más rápido posible, sentir esa agradable sensación de el aire golpear tu rostro y ....detenerse. Seguí caminando para volver a regular la respiración, mientras que sin poder evitarlo se apoderó de su cabeza la imagen de él corriendo libremente bajo la luna, generandome una especia de libertad.

Y así todo sudado, y con una sonrisa en la boca entré nuevamente al Caldero Chorreante, lugar que ya hace tres semanas me había recibido, sabía que debía buscarme otro lugar para vivir, pero mientras no reciba el sueldo de Borgin y Burkes, este lugar era la mejor opción. Ya sentía en mi boca esa tarta de arándanos que había visto en la mañana antes de salir, y estaba seguro que si lograba que la cocinera me viera de paso me ganaría un pedazo extra. Pero no pude ni siquiera llegar a mirar a la tarta, porque un torbellino de no más de medio metro de altura se había abalanzado sobre mí, gritando y "pegándome" o en el intento de sobre mi pecho.

La miré entre divertido y extrañado, me saqué los audífonos tranquilamente mientras observaba como se alejaba, y gracias a aquel movimiento de pausa que hizo la chica logré distinguir de quién provenía tan inesperada "ataque". Anabeth Valmont,sonreí amplia-mente,  ¿cómo olvidarle? si la imagen de ella cubierta de talco en su cabello me alegro tantas mañanas, tardes y noches los últimos días en los pasillos de Hogwarts.
Que buena despedida pensé.

Round 2
música
En un extremo, con medio metro de altura, pesando menos que una pluma, y con el poder de chica super mimada, golpes nada letales ¡Anbeth Valmont!, mientras que en la otra esquina el lobito super sexy, de sonrisa encantadora, todo chachi ¡Edward Westenberg!
*Nota: el relator perdió toda objetividad en esta presentación.


No logré contener más la risa cuando sentí nuevamente su intento de golpe, para luego mirarla fijamente, con una sonrisa de medio lado.- Hey, ¿esas son formas de saludar a tu querido Edward?.- le pregunté con falsa ofensa, y para acentuar aquello me llevé mi mano al pecho en expresión de dolor. Valmont era la típica serpiente que tanto adoraba molestar en mis años dentro del castillo, es que era cosa de observarla por unos momentos y saber que no era algo muy difícil de hacer, el sacarla de sus casillas. Podrán tacharme de inmaduro, por que sí vale lo era y creo que aún lo sigo siendo pero que va, desde que tengo uso de razón que las  serpientes son mi blanco principal.
- Pues yo por mi parte me alegro mucho de verte, sigues igual de guapa ¿eh? pero no te arrugues tanto que envejecerás a temprana edad.- le dije mientras osadamente llevaba mi mano a su entre ceño para destensarlo, sabía lo que provocaría en la chica decirle semejante horrosidad, estaba seguro que lo último que quisiera en esta tierra Valmont era envejecer, pero como ya les había dicho, me encanta hacerla rabiar.
- Ahora, ¿qué me estabas chillan...perdón diciendo antes? ¿lo mucho que me extrañas pero en forma de amor del duro? ¿o qué no podías vivir más sin mí y decidiste dejarlo todo y venir a vivir conmigo acá en el Caldero?, qué lamento decirte pero creo que ya haz venido tarde.- le dije encogiéndome de hombros, en el modo más serio que podía poniendo todas mis fuerzas para que no se me saliera ni un atisbo de sonrisa.

¿Alguien ha dicho fatality?
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Edward WestenbergMagos y brujas

Anabeth Valmont el Mar Ago 23, 2016 6:33 am

Todo había empezado así:

No sólo de los Merodeadores había que tener cuidado en Hogwarts, pues algunas veces había alguien incluso peor y ese alguien era Don Puto Westenberg, a quien le encantaba meterse con los Slytherin.

Anabeth acababa de llegar a Hogwarts para hacer ahí su quinto curso, transferida desde  l'académie de magie de Beauxbâtons y desde un principio Edward siempre estuvo ahí para recordarle lo odiosos que podían llegar a ser los hombres. Sin embargo, fue su última trastada fue la que hizo que la chica le jurara venganza. Ed había vaciado su frasco de shampoo en los vestuarios de Slytherin para llenarlo nada más y nada menos que con talco!

El cabello de Anabeth había quedado echó un verdadero desastre y ella aún toda mojada y con el cabello hecho una maza, había salido de la ducha, cubierta sólo con una toalla gritándole al chico que era un “Pédé” (Maricón). Y eso había sido en los últimos días, en donde Anabeth no había tenido la oportunidad de darle su merecido… Hasta ahora.

*****

¡Ay! ¡Cómo lo odiaba! ¡Cómo lo odiaba! ¡Cómo lo odiaba! ¡¡CÓMO-LO-O-DIA-BA!!

Ahí el muy puto, sacándose los audífonos de los oídos con ese relajo de mierda que parecía que sus golpes no habían sido más que el aleteo de una mariposa.

Anabeth resopló y fue ahí cuando volvió a intentar empujarlo, lo cual le hizo reír ¡Reír! ¡¿Pero por qué reía?! ¡Bastardo!

La cabeza de la rubia estaba a punto de hacer cortocircuito ¿Por qué le costaba tanto hacerle sangrar? Bueno, lo sabía, físicamente no era rival, pero aún así no pensaba darse por vencida porque ella también tenía varita…



¡Mierda, la varita!

Comenzó a buscar inmediatamente dentro de su cartera y estaba muy concentrada sacándola hasta que él mencionó que se estaba arrugando y más encima le tocó la piel para estirársela. La francesa le miró de inmediato con expresión de espanto, intentando encontrar la verdad en sus ojos, por lo que por ese instante se olvidó de la varita y le dio un sonoro golpe sobre la mano para que se la sacara de encima y así poder tocarse ella misma e intentar estirarse. Y sí, de haber tenido un espejo cerca, hubiese corrido hacia él.

—Eres… Eres… —farfulló muy enfadada y volvió a golpearle una vez en el hombro —¡Lo peor! Eso es lo que eres! —exclamó con su peculiar acento francés.

No sabía porqué —o tal vez sí lo sabía—, pero Edward tenía una destacada facilidad para hacerla enojar. Odiaba, realmente odiaba, cuando el chico salía con esos comentarios chulamente galanes que sugerían que ella se derretía por sus huesos, pues estos se metían directamente con su orgullo de Reina de Hogwarts.

—No. Estaba diciendo que eres un maldito perro, un ¡puto!

Mencionó empuñando ambas manos, dejándolas caer con exageración, para luego darse cuenta de que todos les estaban mirando, lo que la obligó a calmarse un poco y mirarle con cara de querer matarle lentamente.

—Eres un crétin, me obligas a hacer un escándalo.

Le culpó sin siquiera dudarlo, para luego arreglarse el cabello y dar un paso hacia atrás, apartándose más de él, lo cual le permitió mirarle con mayor detenimiento y ver todo lo sudado que se encontraba.

—¿Qué estabas haciendo? ¿Huyendo de un dragón con tres cabezas?

Y sí, definitivamente se había olvidado una vez más de la varita.
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Edward Westenberg el Vie Ago 26, 2016 4:43 am

¿Han sentido alguna vez ese cosquilleo de satisfacción cuando algo que realmente querías que pasara pasa? Eso fue lo que sentí el martes de la última semana en el castillo antes de graduarme, cuando a media mañana salía Valmont del baño de chicas gritando con tan sólo una toalla sin importar que estuviera medio Hogwarts que yo era un  “Pédé” ¿qué significa eso? Ni idea, pero la sonrisa que se había apoderado de mi rostro en ese momento y que le dedicaba a la rubia fue épica, mi broma había resultado a la perfección. Sí, quizás lo estoy exagerando más de la cuenta, pero así permanece en mi memoria y así permanecerá.

Y desde ahí hasta el fin de los tiempos, Valmont deja de ser ella, y pasa a ser un "Dulce empolvado" en mi vida. ¿Hay acaso alguna maldad en eso?

Sólo dejo la otra versión de la historia por que la rubia se empeña en dejarme como el malo de la película.

............................................................................................................................

Sonreí de lado cuando observé a Valmont sobre mí y en sus intentos por causarme algún daño, cabe destacar que no era la primera vez que lo intentaba y al parecer tampoco será la última. Ahí estaba la slytherin con ese inigualable rostro de furia hacia mí  "¿Por qué se empeñaba en fruncir ese ceño siempre?" me pregunté, y enseguida me respondí "porque eres tú quién esta en frente", sonreí como un niño pequeño que sabe que ha hecho algo malo, para luego ir osadamente con mi pulgar a su entre ceño y hacer un leve masaje para destensarlo, solté una pequeña carcajada cuando observé el rostro que me dedicaba la Slytherin tras aquel acto, y estaba tan concentrado en reírme de aquello que no me fijé en el golpe que la rubia me dio en la mano.- Hey, quieta.- le dije mirándola reprobatoriamente pero sin contener una pequeña sonrisa de lado.

- Ma chère Valmont hoy andas hiriente.- no tenía idea si lo había dicho bien, pero no le importaba mucho, ya que sólo lo había hecho para imitar el acento francés tan peculiar de la chica.- pero yo sé que en el fondo sabes muy bien que me adoras.- le dije guiñándole un ojo. Estaba seguro que Valmont saldría antes con el calamar gigante que con él, pero molestar a la Slytherin era mi especialidad.

Observé divertido como la chica empuñaba sus manos hacia él y sin encontrar más palabras sólo las dejaba caer, llamando la atención de más de un cliente del Caldero, hasta Tom dejó de leer los pedidos para dirigirme una mirada de confusión, lo que lo respondí con un gesto de cabeza para decirle que no era nada porque preocuparse. Al menos no creía que la chica sacará la varita así sin más y delante de toda esta gente ¿verdad?.

- Yo no te he obligado a nada, ¿me ves a mí exaltado? , todo lo contrario me encuentro de lo mejor. Aquí la que esta armando un escándalo eres tú Valmont- le dije mirándola mientras me encogía de hombros mientras adoptaba pose de niño angelical que no quiebra ni un huevo.

- ¡SI VALMONT VIENE AHORA A MATARNOS CON SU FUEGO!.- grité exagerado para lanzarme sobre ella y taparla con mis brazos en modo de protección. Y si ya habíamos comenzando a armar un escándalo en ese lugar, ahora ya lo estábamos sellando con broche de oro, sonriente me retiré de Valmont.- que sólo era una broma,  tú preguntaste por el dragón.- agregué enseguida en plan "soy inocente", al saber que la reacción de la chica sería de querer estrangularlo, una porque hice que todos nos estén mirando, dos porque me lance a su cuerpo todo sudado y tercero de seguro le desordene su cabello, y ya sabemos que tengo un historial allí y nada bueno. - Estaba corriendo.- terminé por agregar.

En eso sentí como mi estomago se retorcía allá abajo, tenía mucha hambre, y si su olfato no le fallaba aún se sentía en el aire olor a arándanos ¿quedará un pedazo que sea de esa tartaleta? me moje los labios y mire a Valmont.- Puedes seguir odiándome todo lo que resta de la mañana, y del día si quieres, pero mientras lo haces iré a tomar desayuno, siempre es un gusto Valmont.- le dije mientras le hacia una leve reverencia como si de una reina se tratase para terminar soltando una leve carcajada y caminar hacia la barra.

- Alohas Tom.- dije cuando vi al hombre moreno, y me senté en una de la sillas.- ¿sabes si aún queda esa tartaleta de arándanos?.- le pregunte expectante, realmente quería probarla, ahora bien si no quedaba ya elegiría otra cosa, pero no perdía nada con intentarlo.

- Hola Ed. Claro que queda, Marlene te guardó dos pedazos.- me dijo mientras me dirigía una mirada fulminante que le hubiera creído si no fuera por la leve sonrisa que tenía en su rostro. Mirada que me dedica desde que descubrió días atrás que Marlene la cocinera me daba más desayuno que el resto de los clientes- Hey Ed...- dijo el hombre más despacio para acercarse a mí y decirme a los bajo.- ¿quién es esa chica?.- pregunto, seguí su  mirada llevándome hacia la Slytherin, sonreí.- es una serpiente Tom, y cuidado que cuando muerden son letales.- le dije todo serio para luego reír al ver el rostro de confusión del hombre que tenía enfrente.

Miré nuevamente a Valmont, estaba seguro que más adelante me arrepentiría de esto, pero que va nunca me he caracterizado por pensar mucho las cosas.- ¡ Valmont! .- le grité al observar que estaba a punto de salir del local, me bajé de la silla y camine hacia su dirección.- Te invito al desayuno, y si ya haz comido pues no sé a un vaso de agua, en modo de disculpas, para que no te vayas pensando que soy un idiota, que lo soy pero no tanto como creo que piensas.- le dije divertido, y sonriendole de lado , no sabía qué me había impulsado a hacerlo, y estaba casi seguro que la chica me miraría como si me estuviera creciendo otra cabeza para luego irse, pero no perdía nada con intentarlo.
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Anabeth Valmont el Sáb Ago 27, 2016 7:10 pm

—Quieta tu grand-mèrerespondió inmediatamente la rubia.

Era demasiado orgullosa como para mostrarse sumisa ante un chico como Edward, antes muerta que obediente, así que sólo porque él le dijo que se quedara quieta, es que ella intentó empujarlo de nuevo. Pero vamos, Annie siempre había sido una princesita mimada y para ella el asunto de los golpes era un misterio aún desconocido. Sin embargo, alguna vez que había trenzado en una pelea con otra chica tan cero a la izquierda como ella y habían acabado las dos cogiéndose del cabello y haciéndose gritar mutuamente. Esa otra chica era Elizabeth Bonnefoy.

Le miró con cara de pocos amigos cuando el ex-Gryffindor intentó imitar su acento francés y se cruzó de brazos cual niño acaban de quitarle su juguete favorito. Odiaba que intentasen imitarle, y algo le decía que Edward lo sabía. Más sólo se detuvo que pelear y discutir con él, cuando cayó en cuanta que ambos estaban armando un escándalo y el resto de la gente les estaba mirando, cosa que le hizo sonrojarse levemente y, por supuesto, echarle toda la culpa al muchacho.

—Es tú culpa —insistió.

Mas no se esperaba que el estúpido cretino se pusiera a gritar de pronto, por lo que su primera reacción fue abrir mucho los ojos y girarse a mirar a los demás queriendo que se la tragara la tierra. Fue esa misma reacción, ese mismo error, el que provocó que no viese venir el repentino abrazo protector del joven que, en lugar de hacerle sentir reconfortada o protegida, le hizo gritar del susto.

—¡AAAAAAAHHH!!! CESSE DE RIRE, ET OUVRE! —le gritó casi desesperada, dándole un nuevo empujón —¿Broma? ¿Te parece que esto es una broma?

Le preguntó señalándose a sí misma con expresión de incredulidad, para luego olerse la ropa y poner cara de asco. Si había algo que odiaba en el Mundo eran los malos olores y el sudor de macho era uno de ellos, sudor que en ese mismo momento tenía encima y por casi todo el cuerpo. Y es que las mayorías de las mujeres podían encontrar sexy a un hombre sudado, pero era mujer NO era Anabeth.

Y, como si le gustase vivir en la miseria, la chica no paraba de olerse y poner malas caras, lo odiaba ¡Lo odiaba mucho! Y estaba demasiado preocupada de sí misma como para notar que el chico llegaba y se iba sin más a tomar desayuno. Se quería morir, prefería mil veces la broma de champú a quedarse oliendo de esa manera.

Sólo volvió a alzar la mirada cuando sitió que alguien gritaba su apellido y, estaba en tal estado de shock, que ni siquiera se molestó al darse cuenta de que nuevamente había sido Edward. Es más, se acercó incluso algo temblorosa a la barra en donde el muchacho estaba y se paró junto a él, pero en lugar de responder a su invitación, su mirada se dirigió a Tom, el encargado.

—Por favor, ayúdeme, s'il vous plait.

Pidió al hombre con verdadera congoja y aún temblando, se sacó repentinamente la camiseta roja, quedando sólo en sujetadores delante de TODA la gente que se encontraba en el Caldero Chorreante. No faltaron las exclamaciones de sorpresa y los murmullos, tanto depravados como reprobatorios.

—Lávela o haga algo, s'il vous plait. No puedo seguir viviendo con ese olor… Cualquier cosa, lo que sea, pero por favor…

Sólo en ese momento, cuando Tom pareció compadecerse de ella y tomó la camiseta, fue que Anabeth se giró hacia hacia Edward y, está vez sí, su puño acertó medio a medio y con algo más de fuerza, directamente sobre su nariz. Y entonces, algo aún más inesperado ocurrió… Anabeth se puso a llorar.



Nota del user: WAJAJAJAJAJAJA... Me meo!! Está loca!!!... Manicomio, por favor! XD
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Edward Westenberg el Sáb Ago 27, 2016 11:54 pm

Resoplé divertido cuando la escuché maldecirme nuevamente con su acento francés tan peculiar, de hecho, jamás los admitiría pero era una de las cosas que me gustaba de molestar a la rubia, era el momento en que se ponía hablar o bueno mejor dicho a gritarme en francés, exageradamente como es Valmont  y estupideces mías claramente. Rodee los ojos con una sonrisa cuando sentí nuevamente su golpe, la verdad no me había asombrado para nada, le dices estate quieta, ella se mueve, le dices hola, ella adiós, le dices día y ella noche, así era Valmont. Y yo como siempre tengo el increíble don de hacerla enojar con el sólo hecho de existir así que repito no me asombro para nada su accionar.

Sonreí de lado cuando observé la pose de niña chica mimada. Una de las cosas más importantes de tus enemigos, es conocerlos muy bien, por que sabes perfectamente la palabra precisa para hacerlos enojar. Y bueno con Valmont llevamos esta relación de odio eterno desde hace un buen tiempo, pero Valmont claramente es la que quiere menos en la relación, ya que siempre soy yo el que gana las batallas campales que se crean cuando nos encontrábamos.

. Puedes repetirlo cuantas veces quieras, pero insisto yo ni siquiera he levantando la voz...- dije encogiéndome de hombros aún en plan de inocencia eterna. Pero casi como si hubiera adquirido el don de Sybill de predecir las cosas la slytherin me había incentivado a gritarle escandalosamente al preguntarme por mi atuendo y asimilarlos con un dragón, es que me había dado la oportunidad perfecta para bromearla, no podía dejarlo pasar. - ...hasta ahora.- agregué por lo bajo a lo que anteriormente había dejado en el aire, ahora ya si era culpable, sabía que había denotado la bomba Valmont.

Y ahí estaban los gritos otra vez, y en francés.

Pero en aquel momento otra cosa captó mi atención, había recordado el hambre voraz que se había apoderado de mí al recordar el pastel de arándanos de Marlen. Dejé a la rubia allí , no sin antes despedirme, pero sin fijarme si aquel adiós había sido recibido ya me encontraba en la barra pidiendóle a Tom desayuno. Al parecer la slytherin ya había captado la atención de las personas del Caldero antes de mi llegada, ya que Tom ya me había preguntado sobre ella, y sólo atine a decirle lo primero que se me venía a la cabeza, pero que tras escuchar mis palabras creía que había dicho bien.

Y luego algo extraño paso, quizás fue por la emoción de que Marlen efectivamente me había guardado tartaleta que me hizo ir mirando bajo, que le grité a Valmont que la invitaba a tomar desayuno, pero no me esperaba el rostro de la chica, era un rostro nuevo fruncí el ceño, la rubia se acerco a la barra pero no hacia mi dirección sino hacia Tom quién en menos de un segundo adopto un rostro de idiota en su rostro cuando la chica se dirigió a él, rodee los ojos "débilucho" pensé.

Si el rostro de la chica había sido algo nuevo, lo que siguió a continuación fue mucho más, jamás me hubiera esperado esa reacción de Valmont, de hecho estaba esperando el golpe en cualquier momento, pero no que se sacará la camiseta roja frente a todo el mundo como en estos momentos, quedando sólo en sujetadores. Comprobando que la piel de la serpientes son siempre muy tentadoras de tocar, pero no iba a caer en aquello como todos los demás hombres del Caldero qué se encontraban babosos por la maravillosa vista, yo tan sólo me limite a soltar una pequeña carcajada en su dirección.- Qué yo sólo te he invitado a desayunar Valmont, ahora si tu te quieres desvestir, bueno cada uno desay..- no logré terminar mi frase porque un puño golpeo en medio de mi rostro y con más fuerza de la que podría haber imaginado. Mientras me llevaba las manos para sobarme la nariz y ver si estaba aún en su lugar, me reté mentalmente por haber estado despistado en otras cosas como sujetadores negros sensualisimos en vez de que en cualquier momento Valmont estallaría como desde un principio sabía que pasaría.

Mi nariz estaba bien, adolorida pero bien note que me había salido un poco de sangre, pero nada terrible, nada nuevo, bueno con la slytherinera algo nuevo, muy nuevo. Me congelé en donde estaba ¿Valmont estaba llorando?  ¿esto era una broma? ¿dónde estan las cámaras de Video Match? Tragué saliva y miré a Tom con rostro de desesperación, y el sólo negó con la cabeza en forma "no tengo ni puta idea qué hacer", tomé aire y preparado para cualquier ataque nuevo de la rubia acerqué mi mano derecha al hombro de Valmont.- ¿Valmont? ¿estas bien?.- pregunté, sí una pregunta idiota al ver qué ella estaba llorando, pero era pésimo en estas cosas desde tiempos inmemorables, no sé qué hacer cuando aparecen las lágrimas, me anulo. Me comencé a poner nervioso , y llevé mi mano al cabello para desordenarlo como hacia cada vez que no sabía que hacer - Es gracioso como siempre en mis bromas siempre terminas a medio vestir ¿no?.- y en cuanto termine de hablar me reté mentalmente.

Sí definitivamente tengo un don para molestar a Valmont hasta cuando no tengo intenciones de, sí también soy un idiota en situaciones que incluyan lágrimas de chicas, y tercero sí soy putain de chien.

Si sabía todas estas cosas debería haberme quedado allí quieto, hasta que la chica se calmara y pedir disculpas por mis actos ¿verdad? pero si hubiera hecho eso no sería las tres cosas anteriores.

Miré para todos lados noté como todo el mundo la observaba y atiné a lo primero que se me vino a la cabeza. Me encogí de hombros y me comencé a sacar la ropa quedando sólo con los boxer.- ¿QUÉ MIERDA HACES WESTENBERG?.- ladró Tom al verme casi desnudo.- Ya esta Valmont ahora estas en mejores condiciones que yo, ganaste el round.- dije ignorando a Tom y mirando a la slytherin. Sabía que lo que acababa de hacer le traería muchos problemas, pero ya tendría que ver como solucionarlos cuando sucediera.
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Edward WestenbergMagos y brujas

Anabeth Valmont el Dom Ago 28, 2016 1:40 am

Si antes estaba comenzando a llorar, en plan sollozo, cuando el ex-Gryffindor posó la mano sobre su hombro, Anabeth estalló en llanto. Ya no sólo eran sollozos sino eran verdaderas lágrimas corriendo por su mejilla y verdaderos lamentos de dolor saliendo de su boca. Y es que a la rubia le dolía, de verdad que le dolía el orgullo de su vanidad rota, pues no había nada que odiase más en el Mundo que oler mal.

Apoyó ambas manos sobre la barra, aún empuñando su sucia camiseta mientras sollozaba e hipaba con fuerza como intentase con todas sus fuerzas el poder calmarse. Odiaba su ropa, odiaba su vida en esos momentos y no sólo por lo que acababa de hacerle Edward, la odiaba de antes y esa había sido la gota que había rebalsado su vaso.

Curiosamente, rió entre medio del llanto al escuchar la mala broma del muchacho y es que Annie también tenía sentido del humor y, si era capaz de echarse a morir por una camiseta maloliente, curiosamente, también era capaz de reírse de sí misma.

Tom, que por fin parecía reaccionar, dejó por fin de mirarla para ir a por un vaso de de vidrio el cual llenó de agua y lo puso rápidamente frente a la joven con una sonrisita nerviosa. Mas Anabeth estaba tan centrada en su llanto, que lloraba incluso con los párpados apretados y no vio tan amigable gesto. De hecho, no abrió los ojos sino hasta que escuchó aquel sorprendente grito del mismo encargado.

La francesa miró al muchacho y se sorprendió también al ver que éste ya finalizaba de sacarse de la ropa para luego decirle ahora ella estaba en mejores condiciones y había ganado ese round. Aquello había sido un gesto demasiado adorable que le hizo volver a reír, pero, en lugar de tranquilizarle, al segundo siguiente lloró aún con más ganas. Era un verdadero llanto desconsolado. Y así, sin previo aviso y sin importarle que no estuviese casi vestido y aún con la piel sudada y mal oliente, se colgó de su cuello para llorar en sus brazos y esconder su rostro en medio de su pecho.

Je me sens si triste, si triste

Murmuró refugiada en su pecho, soltándose de su cuello para retractar sus brazos, pero sin alejarse de él. Ahí, disminuida como una verdadera niña pequeña que aovilla bajo la protección de los fuertes brazos de un padre siempre presente, parecía por fin encontrar un poco de consuelo y comenzar a calmarse poco a poco.

—Acaricia mi cabello…

Pidió aún entre sollozos mientras se llevaba las manos cerca de la boca para contener sus hipidos, aún con la frente pegada a la piel del muchacho. Si antes había gente mirándoles, en ese momento ya les miraban con aún mayor descaro. No era para menos, todos estaban desconcertados y nadie se esperaban semejante escena, así como todos deseaban saber lo que venía después.

Excusez-moimencionó cuando por fin se alejó de su pecho y con rapidez intentó limpiarse las mejillas —. Mi vida ha sido terriblemente dura en este último tiempo —intentó sonreír —. Y sí, sé que es una stupidité contárselo al enemigo —sonrió por fin —, pero me has pillado en mal momento.

Miró hacia el techo, buscando calmarse totalmente mientras se echaba aire a la cara con sus propias manos, para luego detenerse como si hubiese sentido algo inesperado. Entonces se olfateó los brazos y volvió a poner cara de asco.

—Oh, merde… Ahora necesito una ducha.

Miró a Edward y se puso a reír como si acabase de decir algo muy gracioso, para luego intentar limpiarse un poco con su propia camiseta.

—¿Por qué todos los hombres tienen que ser tan malolientes?
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Edward Westenberg el Jue Sep 01, 2016 2:47 am

Poner la mano en el hombro de Valmont, mala idea, pésima idea, mala, mala me repetía mentalmente al ver como estallaba en llanto de un segundo a otro, ¿qué hago? miré para todas partes, y me encontré con varias rostros y para mi diversión todos diferentes, por una parte aún estaba el grupo de hombres que ni se preocupaban por el estado de la rubia y sólo se dignaban a mirar la buena vista que ofrecía Valmont, esos me hacían fruncir el ceño, otras chicas por una parte me miraban como si fuera el peor hombre que pisaba la tierra, otros me miraba comprendiendo y respondiéndome con la mirada "no te puedo ayudar en esto" , y otros con mirada expectante mientras comían como si estuvieran viendo el climax de una película, pero ninguno, ninguno se dignaba a decirme que paso seguir.

Y claro a lo único que atiné es a decir un estupidez, pero para mi sorpresa mis palabras hicieron reír a Valmont, sentí alivio por un lado pero por otro seguía alerta, las mujeres realmente son un ser muy complejo, trataba de ayudarla y se largaba a llorar, decía una tontería y se echaba a reír, no entendía nada, nada de nada.

En eso Tom apareció con una vaso de agua, y le dije "GRACIAS" modulandolo en mi boca sin sonar, y él sólo se me hizo un gesto de "no hay de qué" con la mano, pero sabía muy bien que en el fondo lo había echo para quedar como un galán con Valmont, más que ayudarme en mi caos mental de qué hacer cuando una chica llora, pero Valmont aún así no reaccionaba, ¡aún así! ¡AAAAAAH!.
Sí... le gustaba molestar a la chica y mucho, pero...pero...no verla llorar así.

Suspire frustrado e hice lo primero que se me vino a la cabeza, claro que no tenía sentido alguno, pero era lo único que había pensando en estos minutos que se habían hechos eternos desde que la slyherin había comenzando a llorar. Quede sólo con los boxer puestos para luego hablarle a Valmont, sabía que su orgullo estaba herido, eso y su vanidad, así que quizás el verme haciendo el ridículo más que ella la...¿calmaría? ¡Merlín que así sea por favor!

- WESTENBERG VÍSTETE AHORA.- seguía ladrando Tom, mientras que por otro lado  Valmont se giraba hacia mí y se reía, y a penas iba a aparecer una sonrisa en mi rostro de calma la rubia volvió a estallar en llanto para lanzarse con sus brazos alrededor de mi cuello y llorar apoyada en mi pecho, en un principio me quede congelado en el sitio, sip, es definitivo las mujeres son de otro planeta, pensé, un planeta que creía conocer pero no, son todo un misterio. Y cuando escuché sus palabras, logré volver a respirar, y de apoco ir dejando de lado el impacto de asombro de aquel accionar de la rubia para terminar abrazándola con mis brazos en su cintura.

- Hasta en este estado eres una mandona Valmont...- le dije de forma divertida en su oído y con un deje de cariño en mis palabras, aún así le hice caso y  lleve mi mano derecha hacia su cabello haciendo movimientos suaves para poder tranquilizarla. Y casi podía identificarse con el rostro de sorpresa que estaban teniendo en estos momentos los del local, era una imagen épica, jamás visto en la historia, de echo de seguro nadie lo creería después al contarlo, Valmont y Westenberg abrazados semi desnudos sin intentar matándose, me reí de sólo pensarlo, definitivamente jamás me creerán si llego a contar esto.

En eso la slytherin se aleja de mi cuerpo y para mi tranquilidad mucho más calmada que antes, escuché sus palabras y la miré con una sonrisa.- Tu vida a sido terrible este último tiempo porque no haz estado a mi lado Valmont, asume que extrañabas a este cuerpo sudoroso y mal oliente.- terminé por decir en broma, pero al ver la mirada de Tom en modo "¿EN SERIO?" me hizo darme cuenta que si quería que la rubia no volviera a estar en llanto no debería seguir por ese camino.

- ¿Haz dicho una ducha? Creo que yo te puedo ayudar en eso serpiente...- le dije sonriendo de lado, para luego recoger mi ropa del suelo y mirar a todos en el Caldero.- Lamento decirles que el show se ha acabado, espero que lo hayan disfrutado y tengan algo novedoso que contar cuando lleguen a sus casas, pero lamentablemente nosotros ahora nos marchamos, Merci...- dije haciendo una reverencia hacia "el público" que habíamos ganado aquella mañana, para luego girarme hacia Valmont con una mirada traviesa y sin pensarlo dos veces tomo a Valmont de la cintura y me la cuelgo al hombro.- Vamos por esa ducha y nueva ropa...- le dije riendo, mientras ponía todas mis fuerzas ante las manifestaciones de querer bajarse de Valmont, subí las escaleras y la llevé a mi habitación, cuando ya estábamos dentro la bajé.- bienvenida a mi humilde morada.- le dije con una sonrisa, era una pieza mediana, dentro de ella estaba mi cama a medio armar, un velador marón con un par de libros sobre él, un closet y al costado derecho una puerta que llevaba a mi baño personal.- Allí esta la ducha, te diría que nos bañáramos juntos pero como sé que preferirías bañarte con el calmar gigante antes que conmigo, este cuerpo mal oliente puede esperar.- le dije mientras me echaba encima de mi cama, para ponerme los brazos tras mi cabeza con una mirada angelical.
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Anabeth Valmont el Vie Sep 02, 2016 5:25 pm

¿Qué hasta en ese estado era una mandona? Eso también le hizo reír brevemente entre hipidos. Le causaba gracia porque lo sabía, era cierto, siempre había sido una chica exigente que no tenía absolutamente ningún problema en comunicar sus necesidades por muy estúpidas que éstas fueran.

Si Anabeth se había alejado de Edward porque ya estaba tranquila, dejó de lado su mirada pacífica absolutamente en el mismo instante en que el ex-Gryffindor le decía que su vida había sido un desastre porque no había estado a su lado. Y es que si las miradas tuviesen filo, el joven había sido cortado en dos partes iguales para ser asesinado sin posibilidad de resucitación y de manera muy, pero muy dolorosa.

Sus dientes se apretaron y su mandíbula se tensó como si su cuerpo estuviese preparándose para explotar de nuevo, cuando Edward volvió a abrir la boca, de manera presurosa, para decir que él podía ayudarle con lo de la ducha, lo que le hizo botar el aire que tenía ya listo para escupirle en forma de insultos y esperar a que el muchacho le pagase una habitación con ducha por al menos una hora para poder relajarse. Pero el ex-Gryffindor nunca se giró hacia Tom, ni se sacó dinero del bolsillo, él simplemente se disculpó con los presentes como si de un espectáculo se tratase y de pronto se giro hacia ella con esa mirada traviesa que el mismo tiempo le había enseñado a temer.

—No, espera ¿Qué vas a…

No alcanzó a terminar su pregunta cuando el chico se echó sobre ella, agachándose un poco y tomándole repentinamente de la cintura para echársela sobre el hombro como un verdadero costal de papas. Anabeth gritó de manera inmediata, no sólo por la acción en sí, sino además por el susto que le provocaba la posibilidad de caerse, sobre todo si iban a subir así las escaleras.

—¡AAAAAHHHH!!! Mettez-moi, Westenberg! Mettez-moi!

Gritaba entre aterrada y nerviosa mientras le golpeaba la espalda y pataleaba hasta que llegaron al inicio de la escalera y el mismo sentido común le dijo que moverse demasiado en ese lugar era ya una muy mala idea. Sin embargo, cuando ya iban en el tercer peldaño y parecía haber aceptado que tranquilita se veía más bonita, puso ambas sendas manos abiertas sobre el culo del Westenberg y, agarrándose de la parte trasera de sus bóxers, los bajó lo que pudo, haciendo que al chico se le viese la mitad del trasero y un poco más, lo que le hizo estallar en carcajadas.

Intentó mirar con curiosidad cuando sintió la puerta abrirse, más no pudo ver con claridad hasta que Edward le dejó nuevamente en el suelo. Si no lo mató en ese momento, fue porque ella también había tenido su trocito de venganza al bajarle los bóxers mientras iban subiendo las escaleras, por lo que dedicó al chico una sonrisa coqueta antes de bajar su mirada a sus bóxers aún a media nalga y entonces girarse para ver la habitación.

—Me gusta.

Volvió a mirarle, aún con la sonrisa en los labios, la cual no se borró de ellos cuando escuchó su propuesta, por lo que se llevó un dedo a la boca, para morderlo entre sus dientes mientras su mirada recorría evaluadoramente el cuerpo del chico como si se lo estuviese en realidad meditando.

C'est bien… Puedes bañarte conmigo si quieres, sólo… sin tocar.

Le sonrió nuevamente y así, mirándole a los ojos y entreabriendo ligeramente sus labios, como si fuese una verdadera experta en el arte de la seducción, comenzó a desabrocharse los pantalones y a bajarlos lentamente y con total seguridad.
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Edward Westenberg el Mar Sep 06, 2016 7:23 pm

Sabía que Valmont reconocería muy bien la mirada que estaba dirigiendo hacia ella después de que me despidiera de nuestro querido público que habíamos ganado aquella mañana, la tome sin más por la cintura para colgármela al hombro, mientras me acercaba a la escalera para subir a las habitaciones. Mientras caminaba escuché a lo lejos como Tom me gritaba algo que no logré a escuchar ya que de pronto todas las personas del Caldero estallaron en carcajadas ¿el motivo? qué en ese preciso momento, Valmont que se parecía haber calmado cuando comence a subir los primeros escalones de la escalera no pensó en nada mejor que poner sus manos en mis nalgas y dejar mis boxer a medio bajar, dándole una visión privilegiada de mi parte trasera a todos. - Hey cuidado con esas manos...- le dije riendo por lo bajo, sin molestarme mucho, y avergonzarme menos aún.

- Que si me quedo sin habitación mañana es por tu culpa ¿eh? .- le dije riendo mientras la bajaba del hombro cuando ya habíamos llegado a mi habitación. Y lo decía en verdad, lo más probable que en unas horas le informen que tenía que dejar el Caldero por armar un escándalo y una media exhibición nudista en un lugar público, me largué a reír un poco más fuerte, pero que ya más da, pronto hablaría con Tom y haría lo posible para que lo dejaran quedarse acá, y si no...pues  ahí ya vería.

Entrecerré los ojos divertido al escuchar ese "me gusta" por parte de Valmont, sin saber muy bien como tomármelo, pero no le dí mayor importancia, me subí el boxer tranquilamente  mientras le indicaba a la slytherin dónde se encontraba la ducha para luego lanzarme a la cama y esperar allá tranquilo mi turno, y de paso ir pensando en buenas excusas para Tom.

Pero lo que hizo la Slytherin a continuación no se lo esperaba para nada, me reté mentalmente por el rostro de idiota que se había apoderado de mí sin siquiera controlarlo, dejándome boquiabierto mientras la slytherin se bajaba los pantalones ¿esto era una jodida broma o qué? ¿Valmont aceptando bañarse conmigo? Algo no me estaba calzando ¿además que son esas miraditas? desvié un poco la mirada cuando Valmont se había sacado el pantalón por completo sintiéndome completamente torpe. Sabía que me estaba provocando y ver hasta que punto soy capaz de llegar, o quizás eran sólo pensamientos idiotas míos que nublaban mi razón  y don orgullo llevándome a no darle el gusto de dejarme con las palabras en la boca a una serpiente y no a una cualquier sino Valmont.

Ser o no ser, ser o no ser, ser o no, ser o no HE AHÍ EL DILEMA. Tomé aire y mire a Valmont mientras sentía como de apoco una leve sonrisa traviesa de lado se iba apoderando de mi rostro...bueno, ser.

- Esta bien, mucho mejor. Leíste el nuevo artículo de "Magic National Geographic" el agua esta cada vez más escasa. Hoy apoyaremos con nuestro granito de arena a la causa Valmont.- le dije levantándome de la cama sonriente y a gusto, sin dejar que casi la completa desnudes de la Slytherin me interviniera mi accionar, la clave era mirarla de los hombros hacia arriba, si seguía así todo seguiría perfecto.- Y no te preocupes, no tocare nada...- le dije acercándome un poco a ella y mirarla directo a los ojos divertido.-... a menos que tu me lo pidas.- dije por lo bajo mientras me giraba hacia el baño, para bajarme sin pudor algunos los boxer y tirarlos a la cama mientras entraba al baño dejando a Valmont atrás.

¿Por qué había dicho eso último? ¿Que mierda estaba pasando acá? Estas con Synnove recuerdalo...escuchaba como una voz en mi interior, una especie de pepe grillo gritaba, o mejor dicho chillaba que estaba jugando con fuego y que lo más probable es que me quemara y después me iba arrepentir mil millones de siglos... o no. Me acerqué a la ducha y abrí la llave sintiendo como el agua comenzaba  a caer, entre a la ducha y por unos instantes pensé que quizás después de todo Valmont no pensaba que llegaría tan lejos y se había arrepentido, una sonrisa se cruzo por mi rostro al pensar en aquella posibilidad y me relaje un poco, y bueno... si se llegaba a aparecer "mírala arriba de los hombros, a-rri-ba de los hom-bros" me repetí mentalmente como una especie de mantra mientras sentía como el agua caliente comenzaba a caer por mi cuerpo.
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Anabeth Valmont el Miér Sep 07, 2016 9:38 pm

¿Qué por su culpa podía quedar en la calle Edward Westenberg? ¡Qué le pasaran la hoja en donde firmar para que eso efectivamente fuese cierto! Una cosa es que en el fondo tuviese un corazón de oro y otra muy diferente es que fuese una cabrona de mierda cuando alguien realmente lograse tocarle los cojones que no tenía.

Sin embargo, por mucho que Edward la hiciese enfadar el año anteriormente pasado, parecía que Anabeth estaba dispuesta a perdonar, y es qué ¿no habían sido todas aquellas realmente bromas de las que con el tiempo se pudiese reír? Pues sí, si lo eran, porque Anabeth sabía perfectamente como reírse de si misma. Ahora, que eso significase que ella fuese la destinada a reír último, y reír mejor, ya era otra cosa.

Le encantó ver esa expresión de idiota en rostro del Westenberg. Debía admitirlo, era una coqueta empedernida y le encantaba ver esa mirada de idiota en cada hombre que se le cruzaba, aún cuando éstos no tuvieran ni la más mínima esperanza de acabar teniendo algo con ella. Fue así que se desabrochó el pantalón lentamente, y lo bajó despacio y con la misma intensidad en su mirada, que no dudó un segundo de mirar al muchacho.

Sonrió aún más ampliamente cuando le escuchó decir que accedía a ducharse con ella, sobre todo cuando hizo alusión a aquel artículo de una revista que ella desconocía, porque sencillamente amaba a los hombres cuando se ponían así de torpes para inventar excusas.

Continuó sosteniéndole la mirada cuando él se acercó con esa sonrisa traviesa para decirle que no le tocaría nada a menos que ella se lo pidiera. Anabeth no respondió, pero no dejó de mirarlo, ni siquiera cuando éste le dio la espalda, por lo que sólo en ese momento le llamó por su nombre.

—Edward —dijo siendo en ese momento ella quien le mostraba su espalda y se levantaba los rubios cabellos —¿Me harías el favor?

Le indicó pidiéndole que le desabrochase el sujetador, para luego dedicarle una nueva sonrisita coquetea y voltear hacia él para dejarlo caer, pero, por supuesto, Edward había huido de aquella visión como un niño cobarde asustado por una escena para mayores, lo que hizo que la rubia riese en silencio, disfrutando de ese momento de triunfo.

Si Edward no quería mirar, a ella le divertía aún más, pero ella no pensaba de la misma manera, por lo que miró el trasero del chico al mismo tiempo que reía, aunque sin meter el menor sonido, pues no quería delatarse aún. Si él pensaba que ella iba a cortarse, estaba muy equivocado, ella era francesa y a los ojos de Anabeth, aquello ya era mucho decir.

Sintió correr el agua de la ducha y aún con la sonrisa en los labios de sacó la parte de abajo de su ropa interior y la última prenda que le quedaba, para luego seguir al muchacho y abrir la cortina del baño, buscándole con la mirada inmediatamente. Mirada que, muy evidentemente, era coqueta y sugerente. Es más, esperó a que él le mirase a los ojos para ella bajar su mirada a través del cuerpo desnudo del muchacho y lograr de ese modo, que él viera y supiera perfectamente lo que ella estaba haciendo, que le estaba mirando sin vergüenza, ni tapujos.

—Nada mal, Westenberg.

Le sonrió, volviendo a mirarle a los ojos, para luego avanzar un poco más cerca de él y de ese modo entrar a la cascada de agua para cerrar los ojos y soltar un pequeño gemido de placer.
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Edward Westenberg el Mar Sep 13, 2016 4:21 am

No sabía si era exactamente por el jodido calor que dominaba las calles de Londres últimamente, o el hecho de que la Slytherin no pensó en nada mejor que comenzar a desvestirse frente suyo y de una manera jodidamente sensual que le hicieron volver a sudar. Cuando miró la intensa mirada que le dirigía Valmont mientras comenzaba a bajarse los pantalones comprendí como era que las serpientes lograban atraer a cualquier animal para luego apretarlos con su cuerpo o mordiéndolos de forma letal. Desvié la mirada y trate de parecer tranquilo pero en el fondo me sentía como un completo idiota por no poder evitar ponerme torpe ante esta situación, es que realmente me había tomado por sorpresa. Si apenas hace minutos atrás Valmont quería matarlo y ahora se quería bañar con él, el mundo estaba completamente loco, y bueno nosotros más aún al parecer.

Ser o no ser, he ahí el dilema.
Y odio los dilemas, lo mío era no pensar las cosas demasiado, y eso muchas veces me había traído problemas, pero al mismo tiempo muy buenas experiencias, mucho más lo último por cierto, lo que me llevó a levantarme de la cama y acercarme a la slytherin con una sonrisa aceptando su propuesta no sin antes decirle que el cumpliría esa parte del trato que ella pedía sólo si ella así lo quería, lo último sí que lo dije sin pensar, y estaba seguro que la culpa era de esa estúpida lencería sensual que tenía la rubia el día de hoy que lo hacía hablar antes de pensar.

Comencé a caminar hacia el baño, cuando escucho como Valmont me llama, me detuve, tome aire y me giré mientras escuchaba como una voz en mi cabeza comenzaba a gritar que estaba jugando con un fuego peligroso. Observé como me pedía que le desabrochara el sujetador del mal, aguanté la respiración, y acercándome rápidamente dirigí mis manos al broche y agradecí que se desabrochara rápidamente para no quedar más torpe de lo que ya había quedado hasta ahora. EN cuanto sentí el click del sostén desabrocharse, me giré con la misma rapidez que me había acercado a ella y me dirigí al baño no sin antes sacarme los bóxer y lanzarlos a la cama.

No entendía nada de lo que estaba pasando, y no entendía porque una sensación de infinita adrenalina estaba recorriendo su cuerpo en esos momentos, pero por otra parte sabía que lo que estaba haciendo no era del todo correcto, estaba su orgullo por un lado de no querer dejar ganar a Valmont este round, pero por otra parte el no saber hasta dónde podía llegar  a parar su guerra de orgullosos lo mantenía intranquilo, ya que al pasar del tiempo podía asegurar que a los dos les encantaba ganar y reír de los últimos.

Abrí el agua de la ducha, y no dude en meterme dentro de ella rápidamente, al sentir el contacto con el agua me destense un poco, quizás después de todo Valmont se había arrepentido y realmente se había dado cuenta que prefería cenar junto al calamar gigante que estar bañándose conmigo, pero aquel pensamiento no le duró mucho tiempo ya que la slytherin abrió al cortina de la ducha y le dirigió una mirada muy sugerente.
Me reté mentalmente al hacer lo primero que tenía prohibido – mirar debajo de sus hombros- me maldecí por hacerlo y al mismo tiempo comprobar que la rubia tenía un muy buen cuerpo joder, baje la mirada y tomé aire para volver a mirarla a los ojos, no sería el primero en retroceder y eso Valmont lo sabía muy bien.

Sentí la mirada de la slytherin recorrer mi cuerpo.- Puedo decir lo mismo de este lado Valmont.- le dije mirándola con una sonrisa de lado. Ok si quería jugar con fuego él también lo haría, además habían quedado sin tocarse ¿no? Y hasta donde él sabía si no se tocaba no había maldad…o bueno eso estaba pensando para justificar sus actos.

Y fue esa decisión que hizo que no retrocediera ni un centímetro cuando Valmont se acercó más a mí para meterse también bajo el agua, no le aparte en todo momento mi mirada, y cuando escuché el leve gemido por parte de la rubia apreté mi mandíbula, era mi idea o morder el cuello de Valmont estaba siendo una idea muy tentadora…sacudí mi cabeza para alejar ese pensamiento.

-Permiso…- dije mientras daba un paso más al frente quedando más juntos pero sin tocarnos aún pero asegurándome de no voltear mi cabeza sino más bien quedar muy cerca del rostro de Valmont, dirigí mi mirada a la boca de la slytherin sólo bastaba con inclinarse un poco más hacia adelante y… apreté nuevamente mi mandíbula .- necesito el shampoo.- le dije desviando mi mirada, tome el frasco y volví a alejarme mirándola divertido, mientras me echaba en mi mano, para luego llevármelo al cabello.- ¿quieres? - le pregunte divertido, después de todo había prometido no tocarla, al menos que ella quisiera.
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Anabeth Valmont el Vie Sep 16, 2016 7:23 pm

Tuvo que morderse el labio inferior para no echarse a reír de la rápida huida de Westenberg, cuando él le desabrochó el sujetador para después correr a la ducha como alma que le lleva el Diablo. Debía admitir que estaba arriesgando demasiado, no le preocupaba en absoluto quedar desnuda frente a Edward, lo que le preocupaba es que desnuda significaba también dejar atrás la varita, pero… si iba a jugar a ese juego, había que arriesgarse.

Abrió la cortina de la ducha y se acercó a él, con esa mirada sugerente que a él tanto parecía gustarle. Tampoco tuvo reparos en dejar que sus ojos recorrieran el cuerpo masculino, es más, ella deseaba que él lo supiera, pues esa también era parte de su juego. Por eso le regresó la sonrisa coqueta cuando Edward reconoció que ella tampoco estaba estaba nada mal, ya que eso significaba que había mirado, y además lo había reconocido.

Por un momento, ese momento en el que dejó escapar un pequeño gemido de placer, disfruto de la calidez del agua a ojos cerrados y no los abrió sino hasta que sintió disminuir la cercanía entre ambos. Sus ojos volvieron a buscar los de Edward y le mantuvo la mirada luego de que éste pidiese su permiso y se acercase más a ella mirándole la boca. Anabeth entreabrió sus labios y también miró a los suyos, al tiempo que alzaba un poco más su barbilla. Tan sólo les separaba un par de centímetros y la francesa prácticamente podía sentir el aroma del Westenberg saliendo de su piel. Edward se excusó diciendo que necesitaba el champú.

—Puedes tomar lo que quieras —dijo manteniéndole la mirada.

No especificó absolutamente nada y lo dejó por completo a su interpretación. Anabeth comenzaba a utilizar el complicado lenguaje de los acertijos y parecía ser una verdadera experta en ello. Sólo sonrió cuando el ex-Gryffindor le ofreció un poco de champú para ella, por lo que la francesa le dio la espalda y nuevamente le miró por sobre su hombro, como cuando le había pedido que le desabrochase el sujetador.

S'il vous plait

Esperó a que fuese Edward quien esta vez se acercase se acercase a ella, para echar un poco de loción sobre su cabello mientras estiraba su cuello, dejando expuesta un trozo más amplio de aquella pálida, suave y tersa piel, para luego acariciarse el cuello con sus propias manos. Sólo entonces volvió a abrir los ojos y se giró lentamente para dejar sus orbes hiciesen contacto con las suyas.

—Entonces…

Volvió a dedicarle una nueva sonrisa coqueta, dejando sus palabras inconclusas, mientras la mano, que aún se posaba sobre su cuello, bajaba lentamente a través de su clavícula, en donde se detenía juguetona sobre ella, hasta descender un poco más y seguir el camino a través de su pecho.

—¿Te gusta lo que ves? —completó la frase que antes había empezado.
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Edward Westenberg el Lun Sep 26, 2016 11:21 pm

Mirarla por arriba de los hombros, por ARRIBA de los hombros” me repetía mentalmente mientras sentía el agua caer por mi cuerpo y destensando todo a su paso, escuché como Valmont abrió la cortina, pase mis manos sobre el rostro para poder mirarla y la tensión volvió.

¡Mierda! Habíamos quedado por arriba de los hombros” me retó una voz en mi cabeza al darme cuenta que lo primero que había hecho era mirar más de la cuenta y al parecer la rubia no había tenido problema en mirarlo a él del mismo modo, y una parte de mí - que jamás admitiría por cierto- le había gustado el atrevimiento de la slytherin. Sonreí de lado al escuchar las palabras de Valmont sin poder evitar contestarle del mismo modo, es que era verdad, era una muy buena vista joder.

Te vas a quemar feo Westenberg” le escuché decir a mi voz pepe grillo. Apreté la mandíbula cuando sentí como la rubia se acercaba a mí para ponerse también bajo el agua y más aún cuando llegó a mis oídos el pequeño gemido que se le escapó al sentir el agua caer sobre su cuerpo. Y pensé : ¡Qué más da! nunca me ha dado miedo el fuego así que si quiere jugar esta bien, además mi orgullo era más grande y no permitiría que Valmont nuevamente me tome por sorpresa y quede como un completo idiota.

Sin apartar nunca mi mirada me acerque lo suficiente a Valmont sin llegar a tocarla nunca, sonreí de medio lado victorioso cuando note como la rubia alzaba su barbilla acercando su boca a la mía, sólo faltaba un centímetro más…pero, promesas son promesas ¿no? Habíamos quedado sin tocar, así que eso haría…por el momento.

Tomé el shampú que se encontraba detrás de nosotros, para echarme en mi cabello y luego ofrecerle a Valmont. No pude evitar soltar una leve risa que más que explosiva, resulto ser muy ronca, algo tensa, ya que por más que me causara gracia y de cierta forma me gustará el juego de palabras de la slytherin sabía que si seguía por ese camino muy pronto la poca fuerza de voluntad que me estaba quedando cedería, porque ya tenía que hacer un gran esfuerzo para que la cercanía, las miradas, cuerpo y el juego de palabras de Valmont no despertaran a cierta parte de mi cuerpo, que para ser sinceros estaba deseoso de hacer su aparición.

Observé cómo Valmont se giraba para que yo le pusiera shampú, y en ese preciso instante podría haber dicho un comentario estúpido de cómo es de gracioso el mundo que ahora ella por más que su último encuentro también lo protagonizaba un shampú y no había terminado nada bien, ella aún confiaba en él para eso, pero no lo hice, para mi sorpresa sin dejar de mirarla nunca saqué un poco de shampú depositándolo sobre mi mano derecha, deje el frasco a un costado y me acerqué a Valmont poniendo mis manos sobre su cabello y observando como ella ahora giraba quedando nuevamente frente a mi lo suficientemente cerca pero sin tocarnos del todo, sólo pequeños roces. Mi excusa a mí no hablar o al menos lo que yo me decía a mí mismo es que Valmont me lo había pedido en francés, y al parecer esa maldito idioma era mi perdición.

La rubia continúo hablando, sin dejar de perder nunca esa mirada coqueta que me inquietaba, bajé mi mirada cuando sentí como su mano que antes se encontraba en su cuello comenzó a bajar, y mi mirada que hasta entonces era inexpresiva, ahora se había tornado intensa y penetrante. Seguí atentamente con mí mirada todo el camino que recorría la mano de Valmont, y no la aparte hasta escuchar la pregunta de la slytherin para levantar mis ojos y mirar directamente a los de la rubia. Y no sé por qué, o bueno sí, se me vino a la cabeza la descripción que alguna vez había leído sobre el basilisco “el rey de las serpientes” en el libro “Animales fantásticos y cómo encontrarlos”, y sin importar nada cedí, o al menos un parte de mi cuerpo lo hizo revelándose ante mi orgullo, y haciendo acto de presencia. Y más que avergonzarme por mi inminente erección, bajé mi mirada soltando una leve risa profunda y grave, encogiéndome de hombros levemente para volver a mirarla con un brillo divertido en mis ojos.- Al parecer una parte de mi cuerpo respondió por mi.- le dije sin pudor alguno. Y una de mis manos que todo este tiempo se había encontrado en los cabellos rubios de la slytherin comenzó a bajar desde su rostro rodeando la piel de Valmont muy de cerca.- Una vez leí que la piel de las serpientes son muy suaves y tersas…- comencé a decir mirándola a los ojos mientras mi mano seguía bajando recorriendo casi el mismo camino que había recorrido la mano de la rubia anteriormente, sin tocarla por su puesto.

No sigas por esa camino” “te vas a quemar” “te vas arrepentir” “malo, malo, malo” “Detente ahora mismo” chillaba su voz pepe grillo que el mismo se ponía en su cabeza, y mi respuesta ante todas esas palabras fue acercarme al oído de Valmont y susurrarle.- ¿me permitirías comprobarlo?- le pregunté refiriéndome a lo que le había dicho anteriormente.
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Edward WestenbergMagos y brujas

Anabeth Valmont el Mar Sep 27, 2016 12:45 am

Edward reaccionaba a su presencia, ella podía notarlo; verlo, sentirlo, escucharlo… Atrás quedaba el chico odioso que le quemaba el cabello o le hacía más de algún traspié cada vez que le veía. No sabía a donde había ido, pero esperaba que al menos por un momento, por ese momento, se mantuviese lejos.

Anabeth no lo reconocía, pero ese Gryffindor siempre le había provocado muy fuertes sentimientos, aunque aún en ese minuto, con ambos debajo de la ducha, no sabía precisamente si eran buenos o malos sentimientos, pues lo único que tenía realmente claro es que le gustaba ese juego, le gustaba verlo ceder poco a poco ante ella, ya que ella sabía perfectamente hasta donde quería llegar y se sentía jugando con ventaja.

Edward no era el primer hombre desnudo que la chica había visto en su vida, pero era el primero que tenía tan cerca y con quien ella estaba del mismo modo. No había pensado en ello y se negaba a hacerlo o le haría sentir vulnerable. Quería ganar, eso era todo lo que importaba y para ella el fin justificaba los medios. Haría que el Westenberg se acordara de ella por mucho, mucho tiempo.

No le costó mucho jugar de ese modo, del mismo que lo hacía cuando pretendía tener más edad, como cuando hacía que hombres mayores comprasen sus favores con la idea de llevarse algo cambio, algo que —por supuesto— nunca llegaba a lugar. Pero… esta ve había algo diferente, y eso era precisamente que la francesa no tenía claras las emociones que el antiguo Gryffindor le hacía sentir. Lo cual era curioso, pues Edward no cumplía absolutamente con ninguno de sus requerimientos; no era un caballero y tampoco era un millonario, por tanto jamás podría verle como novio, eso lo tenía claro, pero… y sí no lo veía de ese modo y sólo le ocupaba para satisfacer sus caprichos por un momento y luego se olvidaba… Eso sonaba mucho más tentador, el problema era que el Westenberg tampoco se olvidaría de ello y eso era un gran peligro para su reputación, pero… y si…

No… no… ¡NO!

Edward, a fin de cuentas, no era el único que se sentía jugando con fuego en esos momentos.

Anabeth comenzó a ponerse nerviosa, los latidos de su corazón aumentaron considerablemente, comenzaba a darse cuenta en donde se estaba metiendo y una parte de sí pedía a gritos ser sacada de ese lugar, mientras que otra se arrancaba los cabellos de la cabeza por quedarse un poco más. Aún así, la rubia sonrió satisfecha al recibir la respuesta de Edward y sus ojos bajaron desvergonzados hasta la parte más baja del vientre ajeno, corroborando con sus propios ojos las palabras del muchacho.

No tuvo tiempo de decir nada más, ni hacer una de sus jugadas, pues la mano del joven le distrajo cuando comenzó a moverse despacio y por encima de su piel, casi a punto de tocarla. La francesa siguió los movimientos de aquella mano con su mirada y sólo le abandonó cuando de la boca ajena salieron nuevas palabras.

—Lo es…

Respondió mirándole a los ojos, para luego acercarse a él un nuevo paso y acortar la diminuta distancia que les separaba al apoyar ambas manos sobre el pecho masculino y acariciarlo suavemente, subiendo por sus hombros.

Sólo por hoy

Susurró acariciando la parte trasera de su cuello, hasta enredar los dedos entre sus arremolinados cabellos.

Westenberg…susurró su nombre, rozando finalmente su nariz con la suya y mirándole con ojos temblorosos de deseo —Quiero que me beses... Ahora...
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