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Ocean´s Eleven //Evento 3 años// [Freya Howll]

O. Winslow el Jue Ago 25, 2016 10:47 pm

El verano estaba siendo aburrido, el hecho de no tener nada que hacer a partir de septiembre como obligación había hecho mella en mí, de modo que me tomaba todo con una calma asombrosa, centrándome en dos cuestiones y el resto dejándome llevar. Si al menos tuviera que desempeñar mayores tareas en el caldero chorreante, pero ni eso me motivaba, a fin de cuentas era la encargada por hacer algo con mi tiempo libre. ¿Quién mejor para llevar el negocio familiar que yo? Tenía que aprender si algún día iba a ser mío.

Tres días atrás….

Cómo un día más, había llegado al Caldero Chorreante, esa mañana sólo habían dos empleados, un hombre de dudable reputación llamado Bruce y un joven atractivo a la vista de cualquiera con ojos llamado Clark. Ellos se encargarían hoy de la barra y las mesas, respectivamente. Siempre habían sido eficientes, aunque ese día me aburría un poco. - ¿Así pensáis trabajar?¿Hablando en susurros cuando hay clientes esperando? -  Recriminé a ambos,  acercándome con cara de pocos amigos. Si, entendía que a ratos hablaran entre ellos, era lógico. Pero no entendía esos susurros, no salvo que ocultaran algo. Y al resto del mundo podían ocultarle lo que quisieran, pero no iba a dejar que me ocultaran algo a mí. No señor. - O...Están todos servidos. - Dijo Bruce con rapidez, una vez se sobrepuso del susto. Al parecer hoy no esperaban que llegara tan pronto. - Sólo matamos el tiempo mientras se levantan los de arriba. - Dijo Clark señalando el techo. Cierto es que era pronto, pero si algo tenía el Caldero es que pocas veces se encontraba vacío. - Bueno, y se puede saber qué es tan importante para hablar en susurros, ¿algún evento destacable? - Pregunté sin más. Algo había aprendido de ellos, y es que los susurros solían ser grandes fiestas clandestinas o similares. Si bien Bruce estaba entrado en los cuarenta, siempre intentaba pasar por veinteañero, y Clark apenas tenía veintitres años, sólo trabajaba allí por no encontrar algo mejor, solían quedar con frecuencia para salir de fiesta. Últimamente me enteraba de estas cosas por ellos, ya que Matt había desaparecido también. - Resulta que han abierto un casino en el callejón Knockturn, cerca de la casa del ataúd. Estábamos pensando ir esta noche, lo han creado un duende y algunos magos. - Explicó Clark poniendo esa mirada tan tierna pero con un deje de niño pillo. - ¿Y si perdéis todo vuestro dinero, cómo vas a pasar el mes? - Ambos se miraron con cierto desconcierto y antes de decir nada, un cliente se acercó.

Volviendo al presente….

Era Jueves, y después de haber terminado mi día laboral, dejando a Natalie encargada de cerrar la caja esa noche, decidí ir a probar ese misterioso casino del que tanto habían hablado el día anterior Clark y Bruce. Sí, habían ido y perdido todo su dinero, a tal punto de suplicarme un adelanto de sueldo para poder ir a recuperar lo perdido. Ilusos, jamás les daría dinero por adelantado...que luego no rinden.

Me había cambiado en la oficina y emprendí mi camino al casino junto a la casa del ataúd. Encontrar la entrada no fue difícil, había varias personas esperando fuera. Por fuera era una casa más, sin embargo dentro se encontraban una gran variedad de mesas de poker, black jack e incluso ruletas. En cada mesa había un mago como crupier y un duende daba la bienvenida, imaginé que era uno de los fundadores. - Bienvenida al casino monpier, le cambiamos los galeones por fichas en menos de dos segundos. - Dijo el duende con una sonrisa amplia que daba repelús. -Deme fichas por valor de veinte galeones. - Le tendí las monedas y en cuestión de segundos tenía mis fichas.  Paseé un rato entre las mesas, decidiendo en cuál de ellas jugar, prefería tantear un poco el terreno antes, aunque sabía porqué empezar.
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Invitado el Mar Ago 30, 2016 9:05 pm

-Sí, si... Que sí, entiendo que no te gusta mi actitud... Sí, también sé que les fallé con las vacaciones pero deberías entender que te quedas con un pequeño trauma después de ser atacada justo cuando bajas del tren... No, no dije antes porque estarías así de loca...- tomé un respiro y rodé los ojos.- Mira, no quería involucrar a Skade y si me seguía en esa semana la terminaría descubriendo. Qué cosas hubiera hecho ¿Lo sabes? No, ni yo. Fui precavida, no ocurrió nada más tarde de eso pero...- tragué en seco.- no quiero que sufra mi hermana. Ni siquiera puedo decir que por un error mío porque no me he metido en nada extraño.- rememoré como este año entré a la cárcel por un imbécil. No, no era nada bueno. Ni normal.

La conversación por móvil continuó, me metí dentro de la cama y me estiré. - Si, dentro de poco entro a mi último año. Tampoco sé en qué me voy a dedicar... No, no estudiaré en la universidad muggle. Estaré en el mundo mágico, me siento más cómoda... Ya sé que no te gusta que lo divida así pero decirte "no voy a ir a la universidad de allí" te hará tener la esperanza de que iré a una pero en otra parte del mundo muggle.- recalqué y me reí ante ello.- No te enfades pero sabes que igual los visito, no como ustedes quieren pero sí como yo deseo.- Como siempre, le marcaba mi espacio personal. No había desarrollado una relación profunda con aquellas personas que se llamaban abuelos pero al menos era buena. No tenía que perder la cabeza cuando le decía esto, teniendo en cuenta que toda mi vida fui así. Además lo que me importaba era tener de cerca a Skade y lo lograba gracias al departamento. Podía traerla a casa cuando me apetecía y pasábamos de un lado al otro. -Adiós, nos vemos en unos días. Sí, tengo que pasarla a buscar a Skade... Estaremos en casa, tengo pensando hacerla recorrer algún parque de diversiones o no sé, lo que se me ocurra primero. Quedan pocos días de vacaciones... Adiós, los quiero.- no mentiría, los quería pero lo necesario.

Arrojé el móvil por la cama y suspiré. Debía disfrutar este fin de semana en solitario, el domingo ya volvería mi hermana a casa y hay cosas que no puedo hacerlas con ella. Como salir y no volver hasta la noche, andar besuqueándome con gente, gritar desaforadamente en alguna fiesta muggle. O salir al Callejón Knockturn. Me habían avisado unos alumnos de Slytherin con los que mantenía contacto de aquella noticia. Claro que serían de esa casa, dudaba que un Hufflepuff me invitara a ir por esos sitios, aunque a veces me sorprendo gratamente. En este caso, no lo fue.

Era Jueves, una de las chicas con las que me topé en el curso me recomendó el lugar. Un casino nuevo abierto por un duende y varios magos. Se estaba volviendo popular y yo no me lo tenía que perder. Esas fueron las palabras de Everly. Claramente no tenía problemas en tirar un poco de dinero a la borda. Tampoco era retrasada, sabía jugar medianamente.

Me alisté y salí con mis galeones, dudaba mucho que aceptaran las libras que llevaba encima de mi anterior atuendo. No tuve problemas a dar con el lugar, la gente que esperaba fuera me sirvió de ayuda. Mordí mi labio dándole un tono más oscuro y me encaminé. Un duende me dió la bienvenida y tendiéndole los treinta galeones me lo cambió por fichas. -Con su permiso o sin él..- esas fueron las primeras palabras que dije en aquel recinto del vicio. Estaba entre dos juegos para comenzar. Poker y Ruleta. No estaba ni vacío ni lleno el lugar, estaba con la cantidad exacta de personas para no tropezar en el camino hacia las mesas. Pero como hay gente patosa, me choqué contra el hombro de una chica. ¿Era la encargada del Caldero Chorreante? No lo recordaba en ese momento, pero su rostro lo había visto por esos lares más de una vez. -Disculpa.- La traté con respeto dedicándole una sonrisa y me dirigí a una de las mesas. Ruleta. Veamos mi suerte.

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O. Winslow el Lun Sep 26, 2016 11:49 pm

Aquella noche había optado por un outfit casual. Nada que llamara mucho la atención. El zapato plano me ayudaba a relajar un poco los pies después de pasar la mayor parte del tiempo en tacones. El casino por su parte parecía exclusivo, aunque los que dentro se encontraban parecían en su mayoría sacados de la sección de rebajas de la sociedad. Algunos con aspecto confundido, otros compungidos. Lo cual no resultaba muy alentador para un casino, donde siempre parecían estar alegres o felices por haber ganado cuatro perras aunque hayan perdido veinte mil galeones primero.

Con mis fichas en mano me dirigí a la mesa de black jack en primer lugar. ¿Sabía jugar? No mucho, pero sí conocía la regla básica para no perder todo mi dinero. Era uno de los juegos de azar más simples, sólo requerían saber jugar y saber cuando no tentar a la suerte. Puse sobre la mesa varias fichas, con un valor equivalente a cinco galeones. El crupier colocó dos cartas boca abajo y mano boca arriba, un tres de diamantes y un cinco de tréboles. Un total de ocho puntos. - Carta. - Dije con seriedad, mirando fijamente la baraja. Si salía un as o un rey ganaría seguro, sino no me quedaría muy corta. Ahora mismo tenía posibilidades de ganar.

El crupier levantó la carta lentamente, a una velocidad que un caracol le ganaría la carrera. - Nueve - Dijo con una sonrisa. Lo miré unos segundos, tenía mucha confianza, pero yo la tenía más. Diecisiete puntos tenía sobre la mesa, mis posibilidades eran altas, bastante altas. Sólo tenía él que sacar un número o dos menos.

- ¡Gana la casa! - Exclamó con júbilo una vez giró sus cartas. Veinte puntos con un nueve de diamantes y un as de picas. - Otra, doble o nada. - Le tenté, ¿Quién se puede resistir a eso? Vale que no estuviera jugándome grandes cantidades, pero estaba empezando. El crupier sólo sonreía, ni se inmutaba cuando las cartas iban haciendo aparición. Un as de corazones y un tres de picas hacían catorce puntos. Las probabilidades de que obtuviera una carta superior a siete eran menores a que sacara una inferior. Tenía margen, podía arriesgar.

Miré al crupier unos segundos, sonreía con total seguridad. - Carta. - Una amplia sonrisa se dibujó en mi cara, el azar parecía estar de mi lado esa noche, las posibilidades de que me ganaran eran muy escasas, por no decir nulas. Un seis de tréboles, lo cual hacía un total de 20 puntos.  La atención de los que en la mesa se encontraban se centró en las cartas del crupier. Con rapidéz giró la primera de ellas, un diez. Venga, era muy improbable que su última carta sea un once.  La tensión se mascaba. La carta giró lentamente…- ¡Gana la casa! - Exclamó una vez más. Era imposible que la suerte fuera tan a tu favor. Contemple como las fichas se iban de mis manos para no volver por el momento. Me dirigía a por nuevas fichas cuando una chica se chocó conmigo. Alcé la vista y la ví, Freya Howll. ¿Qué hacía una Ravenclaw aquí? En mi cabeza no concebía que alguien como ella frecuentara estos lugares. Conocía a suficientes azules como para saber que no se arriesgaban a estos juegos de azar, ni Matt era tan insensato como para jugarse su dinero sin tener un as en la manga.  

Pasé de ir a cambiar las fichas y la seguí, quería ver como jugaba. Se acercó a la ruleta, donde el azar si que era el que decidía tu fortuna. En ese momento mi idea sobre ella cambió, si por un momento había pensado que tenía algún método para ganar se había esfumado como el humo de un cigarro un día de viento. - ¿Realmente vas a jugar tu dinero en algo tan aleatorio? - Pregunté con cierta curiosidad. Quien sabe, quizás tenía suerte.
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Invitado el Mar Sep 27, 2016 2:49 am

Libre de Hogwarts, todavía podía deambular por donde quisiese sin tener que acatar un toque de queda. Tampoco podía osar como si fuese inocente de cualquier causa, si me atrapaban estaba jodida. Primero, porque venía sola sin ningún amigo o conocido que me pueda salvar. Segundo, simplemente mi familia ni siquiera se enteraría porque pensarían que ando en mi tiempo de soledad tal cual lobo solitario fuera de la manada y esas cosas extrañas que piensa mi abuela. Y tercero, que desconocía a donde me estaba metiendo. Lo más probable es que alguno ande consumiendo hongos que alteran todo tu ser creyéndote un elefante con tutú o tal vez que es un pegamento súper resistente y crea que abrazándote libera al mundo de un posible apocalipsis. Y todo esto llevaría a que haría un escándalo digno de mención si se propasaban adrede o no de mí.

Ni siquiera fui acompañada por Everly para tener compañía, esperaba encontrar a alguien conocido porque a este paso me aburriré de jugar sola. Y eso que todavía no había entrado, ni pasado el umbral.

Ya recibida por el duende que sonreía como psicópata, o como el gato Cheshire del libro de Alicia en el País de las Maravillas, pude intercambiar mis galeones. ¿Mi dinero en qué juego de azar sería perdido? Pues la ruleta. Fui interrumpida antes de siquiera meter alguna de las fichas en el tapete donde se encontraban las posibles apuestas. Me giré con curiosidad, pensaba que venía sola y dudaba seriamente de que me hayan inyectado algo en la entrada por lo que sentía a mi conciencia hablar. Era la rubia con la que me había topado minutos atrás. – Creo que por eso vine. No tengo planeado llevar a casa una cierta cantidad de dinero ganado por las fichas. Solo quiero desperdiciar un poco mientras lo disfruto. ¿Qué mejor que la ruleta para ver cómo anda mi suerte?- sugerí y le guiñé un ojo. Sabía que era mayor y si no me fallaba la memoria, habíamos entablado varias conversaciones por amigos en común.  

Me apoyé contra la mesa y decidí poner fichas tanto en el negro, como dos a favor de par. Era una ruleta europea y no americana. Cinco personas en total rodeando la ruleta, no eran demasiados para sentirme atosigada por el ambiente. -¡No va más!- gritaron y me detuve. Tenía, contando la apuesta en el negro, un cuarenta y ocho por ciento aproximadamente de ganar. Como también con el par. La bola dio las vueltas que quiso y se detuvo. -¡35 negro!- uno de los integrantes del juego sonrió socarronamente y atrajo hasta él las fichas ganadas. Fue una apuesta doble, varios felicitaron por la suerte que tenía de su lado el tipo que había dado en el clavo. En la siguiente ronda, separé a la mitad mi cantidad y a esa misma la volví a dividir separándola en negro e impar. -¡No va más!- los acontecimientos siguientes provocaron que se me formara el ceño fruncido en mi rostro. – ¡14 rojo!- el mismo tipo que había ganado anteriormente sonrío de la emoción, una apuesta sencilla. ¿Tanta suerte tendría para ganar por segunda vez? Sin contar que había perdido la mitad de mis fichas. – Bueno… la tercera la vencida.- dije en voz apenas audible.

¡Esto estaba completamente arreglado! ¡O el viejo ese tenía la suerte de todo el mundo en ese cuerpo! Por tercera vez había ganado y fue con una apuesta doble. En las tres ocasiones jugó simple o doble. No es que tuviera envidia por mi desgracia pero algo olía mal, aún más cuando se fue “modestamente” a cambiar sus fichas. Los demás conversaban y admiraban como había personas que tenían todo de su lado. – Que extraño…- me di la vuelta y le sonreí a Ophelia, si no le erraba el nombre que muy pocas veces, contadas, ocurría. – No he venido a ligar, y simplemente te lo estoy aclarando como quién no quiere la cosa. No sientas que estoy pensando eso de ti.—en realidad sí, y no le importaba que no le creyese.
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O. Winslow el Mar Oct 11, 2016 1:03 am

El casino tenía buena pinta, pero después de haber perdido mis primeros veinte galeones en una mesa de Black Jack cuyo crupier tenía tal fortuna que escapaba a mi entendimiento, comencé a perder el interés. No demasiado, pues pensaba recuperar mi inversión con una nueva tanda de apuestas. Quizás en otra mesa tuviera más fortuna.

En mi camino a una nueva pérdida de dinero, me topé con una antigua compañera de Hogwarts. La curiosidad me pudo más, y conocer su suerte aumentó la misma. La seguí hasta la ruleta. Algo que me confundió más que alentó. En ese preciso instante había perdido todo mi interés, se había esfumado mi idea sobre una apuesta inteligente. Cuando todo es puro azar, nada podía calcularse. Dejarlo todo a la suerte era demasiado arriesgado, no iba con mi estilo.

Desde luego tenía menos preocupación por su dinero que los borrachos habituales de nuestro local. Cada cual hacía con su dinero lo que quería, pero no evitaba que pensara en el desperdicio que suponía. A mi ver una estupidez.  Por ello me encogí levemente de hombros y me hice a un lado, observando lo que en esa mesa sucedía.  Freya hizo su apuesta, y los demás presentes también. La suerte estaba al parecer de parte de un señor entrado en años. Al menos para la primera ronda. Observé la ruleta, giraba con rapidez, mientras la pequeña bola iba saltando de una casilla a otra hasta que su movimiento se iba pausando. Cada vez más lento, la bola parecía que se iba a quedar en una casilla negra cuando un pequeño saltito la colocó en el 14 rojo. Sin duda mucha suerte, para ese hombre.

A gastar el dinero había venido y eso iba a hacer la chica, puesto que apostó casi todas las fichas que le quedaban a una tercera ronda. Las fichas estaban sobre la mesa y la bola comenzaba a recorrer la ruleta. La ruleta finalizaba su movimiento y la bola parecía que iba a pararse en una casilla, más en el último instante volvía  saltar y terminaba en otra. Para la fortuna del individuo mencionado.  

Mi mente se encontraba inmersa en esos pequeños detalles cuando la voz de la chica me trajo de nuevo a la realidad. Negué con la cabeza unos instantes, procesando sus palabras y soltando una suave carcajada. - ¿Ligar contigo? Sólo te he seguido por curiosidad. Esperaba que alguien de la casa Ravenclaw demostrará más cabeza a la hora de enfrentarse a estos juegos, y ¿qué has hecho? Jugar al único juego donde no puedes controlar absolutamente nada. - Respondí con desdén. Me había decepcionado su actuación. - Aunque tu suerte no era tan mala, en el último turno ibas a ganar, pero la bola cambió de parecer en el último segundo. - Comenté con una mueca de escepticismo. Girando sobre mi misma y encaminándome a una nueva mesa, esta vez con el único fin de observar.

Algo olía mal en ese lugar y no era sólo el olor corporal de algunos de los presentes. Algo tramaban esos seres e iba a descubrirlo. Una nueva mesa de Black Jack. El jugador tenía sus cartas boca arriba, sumaban 20, por lo que no iba a correr el riesgo de perder. El crupier tenía el turno, debía girar sus cartas. La primera, un diez. La segunda la giró con más lentitud, como si esperara algo. Un as, por lo que le daba 21 puntos, ganaba la casa.  Una nueva partida. Me coloqué más cerca, desde donde podía ver mejor el movimiento del crupier. En la mesa dos cartas, sumaban once puntos en total, necesitaba una carta alta y ganaría. La tensión se sentía, el jugador pidió una carta. El crupier se disponía a girarla, iba a ganar, era una jota de diamantes, se podía ver desde mi posición. - ¡Gana la casa! - Exclamó girando sus cartas. Era imposible, era una jota, cómo podía ser que la carta sobre la mesa fuera un tres…

- ¿Se te dan bien los encantamientos? - Pregunté a Freya, después de buscarla en la sala y volver a acercarme a ella. - No conozco a nadie más en este casino, y estoy segura de que podíamos haber conservado nuestro dinero, incluso ganar más del que traíamos. - Mis palabras sonaron enigmáticas, en un tono audible sólo para nosotras dos. No quería que nadie pudiera descubrir mi plan. Si aceptaba lo que iba a proponerle, podríamos repartir ganancias, aquellos malditos estaban estafando a todos los presentes. El resto me importaba tres pepinos, pero había perdido dinero y eso jamás lo toleraría.
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Invitado el Mar Nov 15, 2016 3:45 pm

Veamos, veamos, estaba en un intento de casino que recién comenzaba con sus andanzas y un tanto escondido que podría afirmar que esto era más ilegal que traficar droga en el Castillo de Hogwarts. Está bien, estaban a la par pero nadie va a abrir la boca ante el último suceso hablado. En cambio, no iba a existir el mismo trato aquí si ocurría algo turbio como corrupción o peleas por parte de borrachos, etc. Puede llegar a ser una excepción alguno de mis ejemplos si estos se terminaban de poner bajo control de los encargados.

Y ahora caemos en el presente, donde el viejo suertudo había ganado por tercera vez agradeciéndole a Merlín por la suerte que le regalaba ese día. Puede que uno tenga una proporción más grande que la que se acostumbra y allí es cuando uno hace mención de que la suerte está de su lado pero esto era un abuso. Podía recordar una imagen que vi en internet en las vacaciones donde se graficaba a “Dios” que preparaba a una persona con un poco de inteligencia, valentía, y se le escapaba de la mano un camión entero de belleza. En este caso, sería la suerte que por poco creaba una capa gruesa de veinte centímetros en aquel hombre. Sin embargo, no había sido tan estúpida como decía Ophelia luego de darme la vuelta. Tenía mis dudas y quería despejarla. Podría jurar que esa pelotita no tenía que haber caído en aquel número y color. Algo estaba mal, y no era que yo era una mala perdedora o fue un juego para mi visión. Ocurría movimientos sucios y la frase que la ex Slytherin pronunció podía ser refutada “Jugar al único juego donde no puedes controlar absolutamente nada”. Existía la magia y las mentes insanas, esa combinación podía tomar el poder en cualquier segundo y con respecto a cualquier situación. – Como te mencioné, mi intención no es jugar inteligentemente simplemente malgastar mi dinero y ver si la suerte me acompaña.- recalqué, pues parecía que no me había escuchado.- Y si se puede llegar a controlar…- murmuré más para mí que para responderle y que se deshiciera de esa decepción en su voz. Esta sin más se retiró dejándome en el lugar, no seguiría con la ruleta debería buscar más fichas y cambiar un poco más del dinero que estaba en mis bolsillos.

Rodeé la sala para ver las distintas atracciones a las cuales me podía sumar, podía disfrutar de las expresiones de felicidad de varios al ganar, personas que cedían su lugar a otros para irse a una mesa contigua o a otro juego. No tardó en volver Ophelia, esto era extraño e interesante. Su rostro no mostraba sonrisa alguna, parecía que estuviese planeando algo. -¿Buena en encantamientos? Me defiendo bastante así que podría afirmar.- un ceño fruncido apareció como adorno en mi rostro, mi abuela en este momento estaría diciéndome “jovencita, si sigues así terminarás con más arrugas que yo. Sonrisa, sonrisita.” Mientras me apretaría los mofletes como muestra de cariño. -¿Qué planeas hacer?- cuestioné y no se tardó en una respuesta. Primero, me necesitaba porque estaba más sola que un perro abandonado. (No fueron exactamente esas sus palabras pero quiso dar a entender eso, lo sé.) Segundo, nos estaban timando y con esto podía estar más segura de mis dudas. Vaya ironía. – Ya me parecía, y me gusta tu idea podríamos ganar bastante aparte de quitarles esas sonrisas de mierda por haber triunfado nuevamente.- añadí a mi “si quiero participar”. Si llegábamos a triunfar en el plan maestro podría darle los chuches esos raros que salieron al mercado a Dagda. Maldito gato, lo trato mejor que a un rey.
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O. Winslow el Lun Ene 02, 2017 5:53 pm

Nadie me robaba y se quedaba tan pancho. Era posible que perdiera por el azar, pero que el mismo hombre ganara una y otra vez en el mismo juego era demasiada fortuna. Y no tenía cara de haber tomado suerte líquida. Por lo que al observar el juego más de cerca pude descubrir algunas pequeñas anomalías. Cómo que la bola en lugar de ir hacia delante fuera hacia atrás.  

Después de un primer encuentro, donde Freya Howll perdió más dinero del que debió ganar y haber observado otra mesa, me volví a acercar. Ofreciéndole una cooperación. Con su ayuda quizás pudiéramos lograr recuperar el dinero perdido. Si los demás hacían trampas, ¿por qué nosotras no? - Será simple, una juega mientras la otra encanta las cartas. Toma, seis galeones. - Le ofrecí con una sonrisa dulce, extraña proviniendo de mí. - Juega en esa mesa de black jack. Yo me colocaré al otro lado de la mesa, cerca del crupier. Desde ahí podré lanzar pequeños encantamientos para alterar las cartas. Es lo que están haciendo otros jugadores, así que no perdemos nada por intentarlo. ¿Qué van a hacer? ¿Llamar a los aurores? - Comencé a explicarle con convicción. - Ya he jugado varias veces, llamaría mucho la atención que ahora comenzara a ganar. - Añadí. No estaba segura de si Freya sería capaz de aguantar el temple, mas no tenía otra opción. No había nadie más conocido en el lugar, y nada como dos mentes femeninas para lograr este fin.  

Una vez ambas estuvimos en la mesa, me coloqué detrás de dos hombres de unos sesenta años. Ambos sentados en la mesa con sus cartas. Saqué la varita y la coloqué con mucho disimulo entre ambos, llamando la atención lo menos posible. - La partida va a comenzar. ¡Hagan sus apuestas! - dijo el crupier con una sonrisa ladina. Sin duda alguna sus escrúpulos eran mínimos. Tal era su convicción de que ganaría que se tomaba su tiempo animando a todos a subir sus apuestas. El primero en jugar fue una mujer rubia, de unos treinta y cinco. Diez galeones puso sobre la mesa. El crupier le dio sus cartas. Observé con detenimiento. En el segundo que iba a girar la última carta hablaba para distraer la mirada de sus manos. Sutil, un cambio de carta rápido y aprovechando la distracción creada por el mismo.  Pues iba a ser más sencillo de lo que esperaba.

Esperé al turno de Freya, esta ronda iba a ser la nuestra. Un encantamiento ilusorio bastaría para creer a todos que la carta le daba la victoria. Así que allá vamos. Comienza el crupier a repartir las cartas...
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