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Lovely day [Eunice Lyall]

Adae West el Sáb Ago 27, 2016 4:36 am


Al sur de Inglaterra se encontraba una de las mejores playas tanto de Reino Unido como de todo Europa, la playa de Bantham. La familia de Adae solía ir todos los veranos a dicha playa por tradición, ya que Jane y Selina se conocieron allí hace más de dieciocho años, por lo que ir en verano era como una especie de recordatorio de su propio aniversario. Y claro… April y Adae estaban encantados, ya que ellos, acostumbrados al frío de Manchester, flipaban y se lo pasaban genial los días que se lo pasaban en Bantham.

No solo era una de las playas más limpias y grandes de inglaterra, sino que era famosa también por la gran cantidad de deportes de agua que se realizaban. A sus alrededores, como era considerado incluso patrimonio mundial por los parques nacionales que lo rodeaban, podías hacer senderismo y cualquier otro tipo de actividad. Lo bueno es que April y Adae siempre solían quedarse varios días en un hotel cercano como vacaciones, por lo que podían disfrutar de todo un poco. Menos del surf, claro, ya que sus madres no les dejaban porque era muy peligroso.

Ese día, el clima no podía ser mejor. No había ni una nube en el cielo y el sol pegaba con fuerza, pero por suerte había una suave brisa marina que hacía que no fuera un día sofocante. Había montón de gente en el agua, por una zona los mortales aburridos y por la otra zona, en donde más viento hacía, donde estaban los surfistas. Muchísimas personas caminaban por la orilla y muchos otros jugaban en la arena trasera al voleyball y a las palas. Mientras tanto, Selina y Jane estaban por la parte tranquila, Jane bajo una sombrilla leyendo un libro mientras Selina cogía sol. April estaba con sus amigas en el agua y Adae estaba en la orilla, sentado y traumatizado porque una ola acababa de destrozar el castillo que llevaba una hora haciendo.

Se sentó entonces al lado de su destrozo y miró hacia la zona de los surfistas, lugar en donde la gran mayoría de personas eran jóvenes y dispuestas a darlo todo por el deporte. Adae tenía ganas de ver más de cerca, por lo que después de preguntarle a Jane y ésta asegurarse de no perderlo de vista —motivo por el cual tenía un bañador naranja fluorescente, para asegurarse de encontrarlo rápido entre tanta gente— le dejó ir a dar una vuelta hasta allí.

Adae, feliz, empezó a brincar por la orilla hasta la zona de los surfistas, sentándose en la orilla —justo donde las olas acababan, por lo que estaba mojado y lleno de arena mojada— viendo como los surfistas cogían olas increíbles mientras él chapoteaba y jugaba con el agua.

Quería hacer surf. ¿Podría hacer surf con asma? ¿Y si le da un ataque en medio del mar? ¿Donde llevaría el inhalador? No… seguro que no es compatible. ¡Tendría que informarse, porque hacer surf parecía increíble!
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Invitado el Dom Ago 28, 2016 8:44 pm

Bantham beach. El paraíso de los surferos ingleses. La costa brindaba no sólo para practicar el surf, sino otros muchos deportes acuáticos, como vela, piragüismo o incluso paddle surf. Si el viento arreciaba con fuerza, podía incluso verse a algún aventurero del Kite.

Felicia y Antoline se habían quedado en el hotel blanco que había en la isla, eran mayores, pero me gustaba venir con ellos de viaje, siempre tenían cosas divertidas que contar, y como Iorwerth no había dado señales de vida en una semana que llevaba en casa de sus padres, decidí que ya lo había esperado suficiente, y ellos, también.

Le había ganado de salida a Caroline y ella aún gritaba a bromas que era una maldita tramposa, haciéndome reír al tomar el tubo adelantando hasta la punta de la tabla y saliendo de él antes de llegar al rompiente del malecón, dejándome llevar por la misma hasta la orilla y dejarle las siguientes a ellas. No podía evitar con los amigos ser bastante competitiva, estaba en mi naturaleza.

Me dejé caer de espaldas casi en la orilla y salí del agua enganchando la tabla con una mano y fijándome en un niño rubio sentado en la misma, mirando sin parar hacia los surfistas. Ya tenía edad para hacer surf, de hecho para empezar se le hacía un poco tarde. Los seis años era la mejor edad para comenzar, pero no a todos los niños les gustaban los deportes.

Sonreí abiertamente, y me acerqué lentamente a él- Hola. ¿No practicas surf? -me retiré para no molestarle la vista, parecía bastante concentrado- Me llamo Eunice, ¿Como te llamas? -dejé la tabla sobre la arena y me retiré el velcro del tobillo, bajando la cremallera para no ahogarme de calor con la lycra cerrada hasta arriba. El problema del surf es que al estar tantas horas en el agua el cuerpo perdía calor muy rápidamente.

Mejor romper el hielo e ir perdiendo el miedo a los niños, que en nada me iba a ver rodeada de un montón de su edad.
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Adae West el Miér Ago 31, 2016 5:08 am

Parecía que las miradas que Adae les echaba a los surfistas eran de puro amor incondicional, de una admiración inexplicable, como si quisiera en ese preciso momento meterse en el cuerpo de alguno de ellos y experimentar esa sensación que parecía tan agradable y liberadora. ¡Además, tenía que ser super emocionante!

Adae estaba en la orilla, expectante, moviéndose de un lado hacia otro mientras se imaginaba a sí mismo cogiendo olas en aquella orilla carente de peligrosidad y de verdadero oleaje. El niño tenía una imaginación increíble, por lo que no se le hizo difícil imaginarse sobre una tabla de surf, con su gran peluquín rubio y cargado mojado y ondeando al viento mientras cogía una ola perfecta a punto de romperse sobre él. Sería increíble. ¿Sería muy difícil? Sólo querría aprender para sentir eso. Y ya. Solo una vez le bastaba.

No supo exactamente como pasó, pero de repente pudo ver como una de las surfistas a las que estaba admirando todo el rato, salió del mar justo por la zona en dónde estaba él. ¿¡Y sabéis lo mejor!? ¡Le dirigió la palabra! Adae, algo consternado por la gracia de las probabilidades y emocionado por estar hablando con una surfista muy guay, sonrió como si hubiera conocido a su ídolo de béisbol.

—No practico surf, ojalá —le contestó, levantándose del suelo para acercarse a su nueva amiga Eunice—. Yo me llamo Adae y no hago surf porque no sé, pero me encantaría. ¡Parece super divertido! Pero no sé si es un deporte bueno para mí... —Pensó en voz alta, dirigiéndose a la tabla de Eunice para tirarse de rodillas al lado de ella y tocarla como si se tratase de un tesoro intocable—. Te he visto. ¿Eres una profesional? ¿En plan vas a torneos y esas cosas o lo haces solo por hobbie? ¡Porque deberías ir a torneos! ¡Seguro que ganarías! —exclamó Adae totalmente convencido de sus palabras.

Al niño le gustaría aprender a surfear, pero tenía varias complicaciones. Primero, que era un torpe en ese tipo de cosas. Segundo, que estaba asustado por si podía afectar a su enfermedad y, tercero, que seguramente Jane y Selina no estaban de acuerdo en que el pequeño aprendiese ese tipo de hobbie, sobre todo teniendo en cuenta que los hobbies más marcados de Adae eran tocar el chelo y dibujar, dos tareas que no requerían precisamente de demasiado esfuerzo físico.

—¿Puedo intentar coger tu tabla? —
preguntó por cortesía, intentando levantarla —con muy poca maña— y ponerla de pie a su lado, clavada en la arena, dándose cuenta de que era muchísimo más grande que él mismo—. Creo que esta tabla me queda grande. ¿Va por tallas o algo así? Yo normalmente tengo la M de niño. ¿Llevaría la M de tabla de surf o se mide de otra manera?
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Invitado el Miér Ago 31, 2016 6:01 pm

Me hizo gracia su contestación, ese "Ojalá" denotaba una ilusión que pocos adultos conservaban, parecía un chico calmado, sin maldad, simplemente observando, por lo que mi sonrisa se amplió al escuchar su voz cantarina, ¿Cuántos años tendría, doce, trece? No lo sabía con exactitud, aún no me había acostumbrado a ver un cuerpo pequeño y asignarle una edad, además, en eso, siempre había sido pésima. Pero al no escuchar ningún gallito en la modulación, le asigné los trece, aparte de no tener ni rastro de pelusilla en la cara, ni un sólo granito de acné. Pero el pelo sí lo llevaba como los típicos surferos.

- Encantada de conocerte, Adae -rompí a reír y lo dejé acercarse a la tabla, no tenía ningún problema con que la tocara, así que era libre de manejarla, las personas curiosas solían tener la mente despierta. La verdad es que el niño era una monada de crío- Es súper divertido -asentí con la cabeza convencida, a mi me lo parecía, pero conocía a gente que se había echado para atrás al iniciarse, el surf, como todo deporte requería de una condición física y una constancia para aprender, y los primeros ejercicios no eran nada divertidos, pero eran la base para poder tomar una ola y equilibrarse en vertical sobre la tabla- Creo que el surf es bueno para todo aquél que le guste el agua y quiera divertirse con las olas, Adae- ¿Por qué habría dicho aquello? ¿Por qué no iba a ser un deporte bueno para él?- Hobbie, estoy de vacaciones con mis padres, y no sé si se montará algún torneo, pero no soy profesional del surf. No dispongo de tanto tiempo como para poder entrenarme para una competición -vamos, ni de lejos era una profesional, simplemente me gustaba más estar en el agua que tumbada sobre una toalla en la arena, en plan cangrejo total y dañando mi piel con los rayos UVA- ¿Estás de vacaciones con tus familiares o vives por aquí y has salido a dar una vuelta?

Cedí la tabla con la mano, para que empezara a tomar contacto y fue entrañable verlo hacer equilibrios con sus pequeños dedos sobre el borde, de hecho la tabla era buena para él, salvo por el volumen, el grosor para principiantes solía ser mayor, así la tabla tenía más estabilidad y no caías al agua tantas veces- Por tus características a ojo de buen cubero diría que llevas una XS, ésta es buena de altura para tí, pero necesitarías más grosor -sujeté la tabla de un costado para ayudarlo a ponerla en pie y poder clavarla en la arena- En el mundo de las tablas de surf hay muchas variables a tener en cuenta, no sólo la edad, peso y altura de la persona, sino el tipo de olas a las que te vas a enfrentar-hice un pequeño inciso para tomar aire, el niño parecía escucharme y a la vez maravillado por la tabla- cuánto más grandes sean éstas menos superficie de tabla se necesita. También hay que tener en cuenta el nivel del surfista: principiante, medio, avanzado o competición.

Dejé que mirase y tocara lo que quisiera de la tabla- Pero antes de practicar surf se necesita algo básico, nadar. ¿Sabes nadar, Adae? -con la calina que caía y el niño sentado en la orilla, igual es que no sabía nadar. O tal vez sus padres no lo dejaban meterse en el agua sin su presencia, algo que me parecería de lo más lógico por parte de unos padres responsables.
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Adae West el Sáb Sep 03, 2016 3:59 am

¡El surf era bueno para todas aquellas personas a las que les gustase el mar y quisieran divertirse! Entonces también era bueno para Adae. Seguro que ser asmático no era un problema para practicar aquel deporte. Tendría que comentárselo a sus madres para que dejaran de negarle la opción y, sobre todo, de preocuparse tanto por él. Vale que era el pequeño de la familia, el torpe y el que tiene la enfermedad, pero ya era un niño grande que sabía buscar lo que era bueno para él.  

—¡No te hace falta entrenamiento! Seguro que si te presentas con lo que sabes, ganas. Pero si eres la mejor de todos los que están ahí dentro. —Señaló al mar, a la zona en dónde estaban todos los surfistas esperando por olas—. Estoy de vacaciones con mi familia, pero ellos están en aquella zona de allí. —Señaló entonces la zona de los turistas, en donde no habían surfistas ni grandes olas, sino un ambiente más sano y tranquilo para ir con hijos a la playa y no preocuparse demasiado—. No son muy amantes del surf... así que no me dejan hacerlo, pero por lo menos me dejaron venir a verlo. ¿Es peligroso el surf? —preguntó para ver si sus madres tenían razón—. ¿Muy difícil? Es que vengo todos los veranos a esta playa y siempre intento convencerlas de que me dejen, pero dicen que no, que es muy peligroso y esas cosas. ¡Y no es justo! ¡También puede ser peligroso tocar el chelo si se me rompe una cuerda y me saca un ojo, pero aún así lo toco! —Se enfadó, cruzándose de brazos y pateando el agua del mar que recién había tocado sus piecesitos.

Adae mostró claro interés en lo que le estaba contando la mujer, por lo que se sentó al lado de la tabla para prestar toda la atención que se merecía. Se cruzó de piernas como los indios y asintió con la cabeza todo el rato mirando hacia arriba.

—Tengo una duda. —Alzó la mano como si tuviera que pedir el turno de palabra—. ¿A ojos de buen cubero? ¿Qué es un cubero? —preguntó con curiosidad, aún cuando no tenía que ver con el tema principal—. Lo demás lo he entendido todo.

El niño sabía nadar. Un poco mal, pero sabía defenderse en el agua cuando habían olas y cuando no las había. Solo sabía nadar como los perritos y por debajo del agua, ya que si nadaba normal siempre terminaba por entrarle muchísima agua en los oídos y luego le entraba otitis.

—Si sé —dijo orgulloso—. Como los perritos y por debajo del agua. ¿Es suficiente para hacer surf? Es que siempre que nado de otra manera me entra agua en los oídos, pero teóricamente también sé nadar de más maneras, solo que no lo hago, ¿sabes? —Intentó explicarse.
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Invitado el Sáb Sep 03, 2016 3:56 pm

Que ricura de niño...me hizo ensanchar la sonrisa con ese ímpetu y sus palabras halagadoras, igual después de todo los niños no eran tan malos como me los había imaginado. Claro que a mi me había tocado trabajar con niños que no cumplían las reglas y estaban metidos en entornos de discriminación social, capaces de coger un arma o una varita y arrebatarle la vida a quien tuvieran delante.

- Todos los deportes necesitan de una preparación física, para evitar lesiones -entrar a una competición sin preparación física era de locos, podías salir muy mal parado, sobretodo si dabas de ti siempre hasta el máximo. Aparte de arruinarte la moral, podías terminar en un hospital por sobreesfuerzo, y con lesiones ya de por vida- Y Adae, no soy la mejor, esta vez fui la más rápida. Caroline es mucho mejor que yo -señalé a mi amiga con el dedo- Y David -señalé al surfista de pantalón verde fosforescente- esos chicos sí se las pasan entrenando todo el año, haga frío, llueva, nieve o caiga un sol aplomante. Su vida es el surf -los miré con cariño, eran muy buenas personas, siempre dadas a compartir su tiempo con todos aquellos que gustaran. Pero yo estaba de vacaciones, sólo estaba practicando surf porque los deportes era uno de mis hobbies, y en vacaciones tenía tiempo para poder aprovecharlo en lo que me llamaba, teniendo que regresar pronto a mis labores de auror.

Dirigí la mirada hacia donde se dirigía su brazo, señalando la parte de la playa en donde estaban los bañistas y los cangrejos (entiéndase por personas de piel demasiado blanca que se las pasan exponiéndose a los rayos de sol bajo litros de crema protectora)- Bueno, todo es peligroso sino se toman las medidas oportunas, pero lo que dices del chelo, también es verdad, aparte de las llagas que salen en los dedos al apretar las cuerdas, ¿no?- la probabilidad de que al soltarse una cuerda del chelo le sacara un ojo a alguien era ínfima, pero estaba, y se podía considerar peligroso- ¿Quieres que vayamos a pedirle permiso a tus madres para ver si te dejan practicar conmigo un poquito de surf y ya decides tú si quieres aprender o no? -porque sino se probaban las cosas, nunca se podía saber si te iba a gustar o no, igual el niño se subía a la tabla y a la primera ola que tuviéramos que picar me tocaba sacarlo muerto de miedo.

Me quedé mirándolo cuando levantó la mano de aquella manera que me recordaba tanto al colegio- Un cubero es la persona que hace cubas. A ojos de buen cubero es una expresión que viene de la facilidad de esos hombres a hacer las cubas tan iguales cuando no disponían de un sistema de medidas reglado -volví a desviar la vista buscando una pareja de dos mujeres, el niño había hablado en plural y femenino, y había muchos tipos de familias en estos momentos, por suerte.

Era una mente en total expansión, por lo que señalé la pareja de mujeres y le pregunté- ¿Aquellas son tus madres? ¿Y la otra niña es tu hermana? -podía ser que fueran homosexuales, a lo cuál no tenía ningún problema y cada niño fuera de una, o que una hubiera decidido quedarse embarazada de ambos a distinto tiempo, o que incluso fueran adoptados, pero había ciertos rasgos de similitud entre aquella niña y el niño y una de las mujeres.

Le tendí la mano para ayudarlo a levantarse del suelo, cogí la tabla bajo el brazo y cabeceé hacia ellas, con una sonrisa- Venga, vamos a preguntarles a ver si te dejan venir conmigo a hacer un poquito de surf. Te pondré un chaleco salvavidas para que no te ahogues y un casco, para que no les entre miedo- porque nadar a estilo perrito, en pocas palabras, flotar, no servía para hacer surf, las corrientes eran bastante fuerte en los rompientes y como no supieras mover los brazos coordinados con las piernas, te podías despedir.
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Adae West el Vie Sep 09, 2016 3:14 pm

Carolina y David, de toda la vida del señor. Adae asintió porque supuso que tanto Carolina como David estarían en el mar cogiendo olas, pero Adae no veía nada como para poder enfocar a esa distancia, además de que habían muchos surfistas como para saber a quién se refería. Pero no importa, para Adae ya Carolina y David eran los segundos y terceros mejores.

Adae asintió cuando Eunice estuvo de acuerdo con él de que el chelo era peligroso. No era precisamente el instrumento más adecuado para un niño pequeño, entre el tamaño que tiene que era más grande que él y lo de las cuerdas... Algo de música de riesgo sí que era.

—Sí, no mola nada, pero ahora tengo las yemas de los dedos dudas y resistentes —confesó con tranquilidad, entusiasmándose entonces cuando la surfista le dijo de ir a pedirle permiso a sus madres para poder practicar un poco de surf—. ¡Claro! ¡Sí! ¡Genial! —No sabía ni qué decir.

Eunice le explicó lo que era un cubero, diciendo que era el que hacía las cubas. ¿Pero qué era una cuba? Decidió no preguntar por dos razones, la primera porque tampoco era una duda que le hiciera demasiado urgencia saber y la segunda porque no quería ser un pesado en cosas irrelevantes. ¡Si tenía que ser un pesado prefería que fuera por algún tema relacionado con el surf! Adae asintió a su explicación y luego volvió a asentir ante la pregunta de quienes eran sus madres.

—Efectiviwonder, son esas —le dijo mientras la mujer le sujetaba de la mano para ayudarlo a poner en pie. Una vez en pie, miró a Eunice como si fuera su ángel guardián—. Ojalá las convenzas, son un poco cabezonas, pero tú pareces una mujer de fiar —dijo sonriente. ¿Era eso un cumplido? ¿Un halago? Ni él lo sabía, pero era lo que sentía.

Caminaron hasta dónde estaba la familia de Adae. Jane era la que más parecido tenía con los hijos, ya que era la madre que los había engendrado. Era rubia, de ojos claros y desde que había tenido a Adae no había bajado mucho de peso, por lo que para estar perfecta quizás le sobraban cuatro o cinco kilos todavía. Luego estaba Selina, que a pesar de ser mayor que Jane, poseía un cuerpo perfecto, bronceado y tonificado, ya que era una policía muggle. Era morena y parecía estar en el séptimo sueño sobre aquella toalla de color carmesí. April, por el contrario, era una chica muy normal y parecida Adae, delgada y rubia y mucho más morena que Adae porque el niño recibía baños y baños de protector solar cada vez que iba a la playa.

Llegaron a dónde las madres y Jane se percató de que Adae venía con una mujer, por lo que dejó el libro a un lado y se levantó de su hamaca.

—Hola mami —saludó tranquilamente el niño.

—¿Qué ha pasado? —preguntó Jane a la adulta, ya que siempre que Adae venía con un adulto a dónde estaban ellas es que había hecho algo malo o se había metido en dónde no debía.

—Ella es Eunice y es surfista —
la presentó—. Ella es Jane, mi madre y aquella es Selina, mi otra madre, pero creo que está durmiendo... —Bajó la voz al decir eso y volvió a elevarla para dirigirse a Jane, la madre despierta—. ¡El caso es que me quiere enseñar a hacer surf! Pero solo un poco, no en plan lo que hacen aquellos de allí. ¿Me dejas, anda? No voy a aprender solo, me va a enseñar una profesional. Eunice, procede, que a ti seguro que te hace más caso —Le dio paso a la adulta para que convenciera a su madre y Jane sonrió, negando con la cabeza por las palabras de su hijo.
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Invitado el Mar Sep 20, 2016 3:58 pm

- Bueno, pues si tienes las yemas de los dedos así ya, tienes algo ganado para el surf, será más difícil que se te reblandezcan y comiencen a sangrar por el roce con la tabla -otro de los motivos por los que tanta gente se dejaba el surf, porque cuando te las pasabas dentro del agua tantas horas la piel se reblandecía y por el frotamiento sobre una superficie rígida terminaban sangrando los dedos, eso cuando la ola no te lanzaba contra las rocas y terminabas con una brecha en algún lugar del cuerpo. Incluso a los grandes surfistas les ocurría. Claro que también era cierto que cuanto más sabías más solías exponerte a distintos peligros y los accidentes eran mucho peores.

El niño estaba de nuevo emocionado e ilusionado, casi dando saltos de alegría con la voz, por lo que no pude dejar de sonreír, era genial ver a alguien con tanta ilusión dentro del cuerpo, y eso que ni siquiera habíamos conseguido el permiso de sus madres, y sin su permiso lo tenía más que claro, podría desear aquello como nada en todo su pequeño mundo, pero o sería conmigo con quien aprendiera surf.

- Soy una mujer de fiar, Adae -si alguna vez había fallado a mi palabra no había sido por decisión propia, sino porque las condiciones así lo habían requerido. Como la vez que estuve en Sydney, intenté localizar a mi amigo Steven, pero este ni me abrió la puerta de su casa. Tan sólo me hubiera gustado saber porqué había lanzado una amistad de varios años la traste, pero no obtuve respuesta alguna. También era cierto que gracias a las experiencias de la vida, ya sólo me prometía las cosas en mi fuero interior, si me fallaba, me fallaba a mí misma.

Me adelanté hasta la mujer que se había levantado de la hamaca dejando el libro a un lado y le tendí la mano para estrechársela, ni demasiado fuerte ni tampoco de manera delicada- Encantada de conocerla, señora, tiene un hijo muy observador. Llevamos un rato hablando y me ha dicho que sin su permiso no puede practicar surf, algo que veo totalmente lógico, por ello hemos... -desvié unos segundos la mirada hacia el pequeño- venido a pedirle permiso para iniciarlo en un deporte que le va bien a cualquiera que posea constancia y dedicación en todo lo que hace. Un deporte que requiere de equilibrio y muy buen oído. Tomar una ola es como interpretar una partitura -suponía que si al niño lo hacían tocar el chelo sería porque las mujeres, ambas, entendían de música y sabrían la enorme diferencia entre leer y tocar una partitura con un instrumento y saber interpretarla. Para interpretarla necesitabas ponerle de tu parte. La diferencia entre un escribano y un escritor. Hacer surf era hacer arte en movimiento- Por supuesto ya que me ha dicho que sólo sabe flotar le pondría un chaleco salvavidas y un casco. Estaríamos un rato aquí en la orilla y cuando lo viera ya ágil y seguro sobre la tabla nos adentraríamos un poquito. Simplemente es para que pueda sentir lo maravilloso que es el surf, y se de cuenta que es un deporte que requiere bastante compromiso y muchas horas de dedicación en caso de realizarse como forma de vida -quizás me había pasado un poquito a la hora de hablarle del surf, así lo vivían alguno de mis amigos, así lo había vivido yo un verano en el cuál llegué a competir, pero después tuve que elegir, el surf o seguir con mi carrera de auror. De la misma manera que uve que elegir entre el quidditch o ser exclusivamente auror, porque no me conformaba con ser una auror del montón, quería ser de las buenas, y eso llevaba muchísima dedicación- Yo no vivo del surf, es sólo un hobbie y una de mis pasiones.

Por supuesto la decisión estaba en manos de la mujer, o las mujeres si la otra no se había despertado tras los gritos de Adae emocionado antes de darme la palabra. Solté la mano el pequeño y me alejé unos metros para que pudiera hablar con ellas a solas.

Era una buena hora, el viento había disminuido en fuerza y las olas eran mucho menores. La Escuela de Surf del hotel habría sus puertas y los grandes surfistas se alejaban hacia el malecón en donde las corrientes aún dejaban que se produjeran pequeños remolinos en los que mantenerse sobre la tabla era casi un milagro.
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Adae West el Lun Sep 26, 2016 11:45 pm

Adae asentía a todo lo que decía Eunice como si estuviese entendiendo al cien por cien lo que decía o como si supiera que todo lo que estaba diciendo era una verdad absoluta y puramente real. Vamos, estaba asintiendo solo para apoyarla y que su madre viera que su hijo también entendía del tema.

Eunice había hablado genial y el chico esperaba fervientemente que hubiera conseguido con esas palabras convencer a su madre. Normalmente la más estricta con el tema de los deportes era Jane, por lo que era toda una ventaja que fuera Selina la que estuviera durmiendo.

—Bueno, me pones difícil rechazar la oferta… —dijo Jane con un gesto de lo más dulce, observando de reojo a su mujer dormida sobre la toalla—. Me gustaría consultarlo con Selina, pero mejor vamos a dejar que siga durmiendo. —Adae asintió convencido. Selina había tenido que trabajar la noche pasada en un turno que no le correspondía, por lo que acababa de llegar y estaba sumamente cansada.

—¿Entonces puedo? —preguntó Adae impaciente—. Prometo portarme bien y no hacer ninguna locura. Prestaré atención a todas sus indicaciones y seré el alumno más responsable del mundo. Tú ya sabes que soy un alumno ejemplar. —Intentó alardear divertido con su madre.

Ella sonrió.

—Vale, vale —
dijo finalmente, mirando entonces a Eunice—. Tiene asma y es un chico muy torpe…

—¡Oye! —Se quejó Adae mientras se cruzaba de brazos—. Bueno, no sé de qué me quejo, en verdad si soy torpe —se encogió de hombros, pero feliz.

—...Así que ten cuidado con él. Aunque creo que iré para aquella parte de la playa y así me quedo más tranquila.

—¿Y me sacas fotos surfeando? —preguntó Adae.

—Y te saco fotos surfeando —contestó Jane, revolviéndole el pelo.

—¡Genial! —exclamó contento—. ¿Vamos, Eunice? ¿Por donde tenemos que empezar? Bueno, lo primero sería colocarme las cosas para que mi madre se quede tranquila. ¿Pero y luego? ¿Intentar mantener el equilibrio o cómo? —preguntó curioso—. Uy, que me pongo nervioso. —Dio un respingo, un pequeño saltito.
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Invitado el Miér Sep 28, 2016 1:16 am

Un matojo de nervios por la cantidad de palabras que podía soltar en un minuto y sin respirar el niño. ¿Que era asmático? ¿Sería Jane una de esas madres sobreprotectoras que no dejaban a sus hijos desarrollarse si no era en una atmósfera totalmente controlada? No era con lo que me hubieran formado a mi, mi abuelo me había dejado subirme a los árboles más altos, correr tan rápido como el viento o hacer estupideces sobre la escoba, y siempre dijo, si te has de abrir la crisma mejor ahora que eres una niña, cuando te hagas mayor las lesiones serán peores y la recuperación más lenta. Y por supuesto que había caído de ramas altas, me había roto alguna que otra vez el brazo y había llevado tiritas de puntos en diferentes lugares, pero conforme fui creciendo mi abuelo tuvo razón, las lesiones habían sido peores.

Si me retirase los pantalones del mono de lycra, las piernas se verían plagadas de cicatrices, algunas de ellas ganadas practicando surf. En la cabeza tenía la marca fina de varias veces que había sangrado, en el brazo una cicatriz de un mal hechizo esquivado y en el costado la cicatriz más vieja de todas, el balazo que me metió mi padre instantes antes de morir derribado por un hechizo desmaius, desnucándose contra la balda del armario.

Asentí a las palabras de Jane, dejaba a Adae venirse conmigo para empezar en el apasionante mundo de cabalgar olas... quizás de aquí unos años el ya no tan niño tenía que ir a Hawaii a por las grandes olas del Pacífico, o me lo tropezaba en alguna competición. Esperanza en la juventud, de momento la tenía, y esperaba no perderla, o los adultos estaríamos muy jodidos.

- Bueno, la torpeza se corrige con la práctica, todos somos torpes cuando nos iniciamos en algo, ¿O no? -¿O es que la gente de normal salía tan inteligente que hacía todo a la perfección desde el primer momento? Porque el que no se estampaba las primeras veces, se estampaba cuando ya se suponía había cogido práctica y su golpetazo era mucho mayor, porque no sólo se golpeaba el cuerpo, si no el ego de una persona, y ahí sí dolía- Y lo de asma, ¿Lleva inhalador? Un conocido me dijo que la mayoría de niños asmáticos en realidad no lo eran, sino que era causa de los nervios, o algo así como los soplos en el corazón en edad de desarrollo, que cuando llegaban a la juventud se corregía la enfermedad -realmente no sabía qué clase de asma tenía, pero veía a Jane un pelín sobreprotectora con el pequeño, y eso desde mi punto de vista, no era bueno, pero yo no era madre, y no pensaba contarle ninguno de mis pensamientos, ni perder la sonrisa del rostro.

Miré a Adae y empecé a andar hacia la orilla, dejando la tabla sobre el agua cuando la profundidad era menor a un metro- Lo primero es un ejercicio de coordinación brazos y piernas. Te coges a los laterales de la tabla y cuando yo diga ya, llevas las rodillas al pecho y te quedas arrodillado sobre ella, separas las piernas e intentas aguantar el equilibrio sin caerte sentado sobre la tabla. ¿Lo has entendido?- lo miré detenidamente esperando su respuesta- Cuando ese ejercicio lo controles, pasaremos al siguiente y será cuando vaya a por el chaleco y el casco, porque tendremos que meternos un poco más en el mar para ver si consigues ponerte en pie. ¿Ok?
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Adae West el Sáb Oct 01, 2016 3:38 am

No todos eran torpes cuando se iniciaban en algo. Había gente virtuosa o tremendamente activa y curiosa que solía tener mejores dotes para ciertos ejercicios o actividades y se les daban bien desde el principio, pero es que Adae era torpe, con todas las letras, torpísimo. Algo le pasaba en su aparato locomotor que no se adaptaba bien a nuevas situaciones inesperadas. Quizás por eso era tan malo en los deportes y quizás por eso también no entraba nunca al equipo de quidditch.

—Si bueno, pero yo soy torpe. Nací torpe —le dijo con resignación, aceptando uno de sus defectos como simplemente una habilidad más—. Nací curioso, empollón y mis madres dice que inteligente, pero torpe, muy torpe. ¿No podía tenerlo todo en esta vida, no? —añadió con diversión. Tenía falta de vista, asma, era torpe y encima pecaba de extremada inocencia para la edad que tenía... Pero oye, todo en esta vida tenía solución. Para la falta de vista, gafas, para el asma, el inhalador, para la torpeza sólo necesitabas darlo todo de ti y para la inocencia... ahí solo entraba la experiencia.

Eunice habló sobre el asma y fue Jane la que contestó a eso, ya que a Adae no le gustaba hablar de ello, además de que la que más sabía de todo eso era la propia madre del niño.

—Al principio creíamos que eran solo eso, soplos en el corazón que se le pasarían, pero no ha sido así —contestó la madre con tranquilidad—. Si tiene inhalador. Tiene asma persistente leve, le suele dar por el ejercicio o por la noche, pero está controlado —finalizó Jane, mientras Adae asentía con sus manos apoyadas en la cadera.

—Efectiviwonder, todo controlado —dijo convencido.

Entonces comenzaron a caminar Adae y Eunice hacia la orilla. Por su parte, Jane, que era una madre sobreprotectora, mucho, caminó tranquilamente por la orilla hasta sentarse en la arena a coger algo de sol mientras veía como se desenvolvían los dos en el agua, con la cámara de fotos en la mano. Muchos podrían decirle que no fuera tan sobreprotectora con su hijo, la primera que se lo decía era su mujer Selina, pero es que ella simplemente no podía evitarlo. Desde siempre había tenido el sueño de tener un hijo y llamarlo Adae, por lo que ahora que lo tiene era como de sus tesoros más preciados e inevitablemente le veía como un niño débil al que le queda mucho por aprender. Quizás no era lo mejor que podía estar haciendo, pero ella se sentía genial cuidándolo de cualquier mal que pudiera pasarle.

Mientras tanto, Adae prestaba atención y asentía, metiéndose en el mar hasta que éste le llegó más o menos por los muslos.

—¡Genial! Eso es fácil. —Se automotivó a sí mismo.

Se subió en la tabla de la chica y se sorprendió ante el desequilibrio que sintió tan rápidamente. No era para nada estable, por lo que se puso de rodillas como bien había dicho Eunice y se sujetó con ambas manos. Ante la señal de la mujer, Adae lentamente separó las piernas y se irguió aún estando de rodillas, intentando mantener el equilibrio sobre la tabla y vaivén del mar. Contra todo pronóstico, lo consiguió tras concentrarse en mantener el punto de referencia fijo y con la mirada fija en un punto aleatorio de la arena.

—Eh, eh, eh... —llamó su atención, con las manos alzadas en cruz para mantener mejor el equilibrio—. ¿Has visto? Nací con alma surfera.
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Invitado el Sáb Oct 01, 2016 11:05 pm

Me quedé mirando al niño cuando afirmó tras las palabras de su madre que él era torpe, una persona torpe no podría tocar el chelo, un instrumento musical no sólo requería paciencia, práctica y buen oído, sino que también necesitaba de concentración como cualquier deporte y una agilidad y coordinación pasmosa, y el chelo justamente no es que fuera un instrumento para que un niño se iniciara en la música, salvo que fuera virtuoso- ¿Y si eres tan torpe, como es que tocas el chelo, Adae? -porque ya estaba bien de ver como algunas personas dejaban por tierra a otras o incluso a ellas mismas por no ser cracks nada más empezar, a ver si se iban a pensar que yo sabía tomar una ola porque no había perdido mil antes- Porque yo lo he tomado como que eres capaz de sacar música de ese instrumento tan difícil, en comparación el surf es un juego de niños, ¿Sabes?

Volví la cabeza hacia la madre del niño cuando me dijo que al principio sólo eran soplos cuando yo lo de los soplos lo había puesto como ejemplo- Entonces tiene soplos y asma, ¿No es así?- asentí con la cabeza, bueno, pues habría que tener cuidado o ese niño se rompería, si la madre así lo quería, lo que no entendía es cómo era que no vivía en una burbuja aislado de cualquier peligro, pero sonreí, seguro que lo metían dentro de una burbuja y moría asfixiado porque esta cedía...La verdad, había madres que se preocupaban en exceso y otras que no se preocupaban nada por sus hijos, y tanto una parte como la otra era nociva para el niño. Y para eso no se necesitaba ser madre para saberlo, claro, que si soltabas algo así siempre estaba la listilla de turno que te decía, usted no es madre y no sabe de lo que habla.

Me quedé mirando al niño como se desenvolvía sobre la tabla y comencé a reír ante la sorpresa de verlo en pie- Sí, ya lo veo, pero no me has hecho caso. Has pasado directamente al siguiente ejercicio, y te dije que antes de pasar al siguiente ejercicio iría a por el chaleco y el casco para que tu madre no se preocupara -era un logro que se hubiera puesto depie a la primera, pero era un logro efímero, ya que el mar estaba ahora en calma- Bueno, sigue haciendo lo mismo, cuentas hasta diez y de rodillas vuelves a levantarte, cuando te salga veinte veces seguidas nos metemos más para adentro donde haya olas, yo mientras me voy a por el chaleco y el casco.

Ea un logro pero se había saltado el paso, el niño no escuchaba, o había pasado olímpicamente de mí. No es que fuera torpe a mi parecer, es que hacía lo que le venía en gana cuando el venía en gana, y quien mucho corría cerca se quedaba.

Salí hacia la orilla y me dirigí hacia la madre del chico- Me voy a acercar a la escuela de surf a por un chaleco y un casco. Lo voy a dejar solo ahí practicando, se ha puesto de pie a la primera, y sin caerse, le aseguro que su hijo no es tan torpe como le hace ver a usted, sino más bien vago -ni siquiera cuando hacías el ejercicio en tierra la primera vez lograbas ponerte en pie sin desequilibrarte e irte al suelo, pero Adae lo había conseguido y dentro del agua que la estabilidad era mucho menor- ¿Me permite decirle una cosa? -me detuve y encaré a la mujer- Si en vez de delante de él dice que es un torpe, le anima a hacer cosas, igual el día de mañana no es un desválido.
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Adae West el Miér Oct 05, 2016 8:36 pm

Adae no entendía por qué siempre le comparaban el saber chocar el chelo con ser torpe. Sabía tocar el chelo porque llevaba tocándolo desde los cinco años y la práctica le había hecho tener esa maestría con el instrumento, pero eso no quitaba que siguiera siendo un torpe de mucho cuidado ante tareas físicas a las que no está acostumbrada. Había gente que se adaptaba rápidamente a deportes y ciertos ejercicios, pero no era el caso de el Ravenclaw.

—Porque llevo tocando desde los cinco años y la práctica hace al maestro —le contestó con tranquilidad—. No tiene comparación ninguna. Yo sé que no se me dan los deportes, pero no por eso dejo de intentarlo. Aún así, es un hecho que soy torpe, ¿sabes? Soy el primero que conoce sus limitaciones —explicó de la misma manera, más como un cuento que como una contestación. No era la primera vez que se lo preguntaban, pero es que él era así. Inteligente, sí, torpe, también.

Mientras estaban practicando, al parecer Adae se saltó un ejercicio. Miró a la mujer con un rostro inocente, ya que no lo había hecho a posta, solo se había emocionado y había pasado al ejercicio más difícil sólo porque se sentía capaz de hacerlo. De todas maneras, estar de rodillas y erguirse tampoco era tan difícil, ¿no?

—Lo siento, pero solo he estado de rodillas. —Se disculpó para que no pensase que iba a ser así siempre. Había sido fruto de la motivación momentánea—. Vale, haré eso. ¡Gracias! —Agregó cuando le dijo que iba a ir por el casco y el chaleco. Él, mientras tanto, continuó haciendo los ejercicios pertinentes que Eunice le había marcado, esta vez sin desobedecerla sin querer.

Mientras tanto...

Jane se encontraba tranquilamente en la arena, sonriendo al ver a su hijo tan feliz haciendo surf, cuando Eunice se acercó a él. Se levantó para poder hablar con ella cara a cara con tranquilidad y frunció ligeramente el ceño ante lo primero que dijo. Una cosa era erguirse en la tabla de surf en un mar tranquilo y otra muy distinta coger una ola de un metro.

—Por supuesto —dijo Jane ante la pregunta de Eunice de si podía decirle algo, aunque su intuición femenina ya le había hecho pensar que no sería nada bueno por el tono de la voz de la chica. Y así fue. No le gustaron nada las palabras que salieron por la boca de la mujer, por lo que rápidamente se cruzó de brazos y miró a la chica con seriedad. Si bien Selina era la madre policía, la que llevaba los pantalones en casa por su mala hostia y seriedad era Jane y no le gustaba nada que se metieran con su manera de criar a sus hijos—. ¿Tiene usted hijo, Eunice? —preguntó, sin esperar respuesta—. Porque por la manera en la que me habla, puedo adivinar que no. No voy a animar a mi hijo a hacer algo que puede hacerle el mal, ni tampoco a mentirle sobre lo que es. Él sabe que es torpe, desde pequeño siempre lo ha sido, pero eso nunca ha sido un obstáculo para él, más bien un defecto al que quiere superar teniendo en cuenta sus limitaciones. Puede estar segura de que el día de mañana, mi hijo será de todo menos un desvalido. —Dijo, visiblemente molesta—. Y tampoco voy a permitir que nadie me diga como criar a mi hijo. El día de mañana, cuando usted tenga uno, lo entenderá.

Lo sentía por Adae, pero se había quedado sin confianzas como para dejar que siguiera con esas clases de surf con su hijo. Después de ver lo contento que se había puesto por eso, Jane se pensaría seriamente apuntarle para que aprendiese el resto de las vacaciones con alguien que no juzgase su manera de criar a sus hijos. Aprovechó que vio como Selina se despertaba de su siesta y miraba a todos lados desorientada para despedirse de la joven surfista.

—No se preocupe por ir a buscar el casco y el chaleco, en realidad nos vamos ya para el hotel. —Sonó respetuosa, pero nada amistosa—. Gracias por todo.

Jane caminó hacia la orilla y llamó a Adae para que saliera del agua. Éste salió junto con la tabla de surf, preguntándole a su madre que por qué se iban ya, aunque tampoco le dio muchas vueltas al asunto al ver que Selina había despertado. El niño siguió las órdenes de su madre y caminó hacia Eunice arrastrando la tabla de surf, con una sonrisa.

—Gracias por ayudarme. —Sonrió ampliamente, apartándose el pelo mojado de la cara para luego clavar la tabla a la arena, aunque no lo consiguió, ya que la tabla cayó hacia un lado al no tener suficiente fuerza—. Mi madre me ha dicho que me dejará apuntarme en la iniciación mientras esté de vacaciones por aquí. La impresioné con mi super equilibrio. —Se dio un leve y suave golpecito en su delgado pecho—. Ya nos veremos por aquí otro día. O si no, que te vaya bien. —Se despidió con un zarandeo de su mano y salió corriendo en dirección a su familia.
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Invitado el Dom Oct 09, 2016 1:55 am

Que triste que un niño tan pequeño se viera ya limitado por los ideales de su madre, al haberle hecho creer que era torpe. ¿Así como pretendía mejorar? Ya tenía dado por hecho que en cualquier cosa que intentara se le iba a dar mal.

No lo entendía, lo aceptaba, porque no era nadie de mi vida, ni siquiera un amigo o el hijo de un amigo, pero me daba lástima ver que eso se daba tanto en el mundo muggle como en el mágico.

Tuve que negar con la cabeza ante aquella pregunta de Jane, sabía que me iba a salir por esas, intuía antes de que ella hiciera aquella pregunta, pero era la típica pregunta en la que se respaldaban todas las madres que no podían admitir que estaban siendo demasiado sobreprotectoras con sus hijos, que no podían permitir que nadie les diera una opinión ajena a su propio pensamiento, madres a mi entender nada tolerantes. Y no tenía ningún derecho a juzgar, ella haría con su hijo lo que buenamente podría, pero de yo ser madre creo que sería de las madres que si su hijo no quiere saltar por el precipicio yo misma lo empujaría. Que no se perdiera la oportunidad de probar algo en la vida. ¿Cuan bueno ea rodear a un niño entre algodones para que cuando llegara a la adolescencia se estampara directamente con la realidad de la vida?

A eso me había referido con lo de desválido, pero por supuesto, Jane se lo había tomado bastante personal y yo no estaba para contradecirle nada- Un placer haberte conocido, Adae -me despedí del niño y con la tabla bajo el brazo me dirigí hacia el hotel. Quizás Felicia y Antoline estuvieran por allí, o en el salón de bailes, o disfrutando de una cálida velada en pareja, y si ese era el caso tampoco les iba a cortar.

Cuando entré por la puerta del hotel los vi socializando con un chico bastante apuesto, pero directamente recogí las llaves de mi habitación y subí para darme un baño relajante.
Algunos pediatras y profesores, y nombraba a estos porque justamente eran las carreras en las que se daban menos hijos entre parejas con esta profesión, no tenían hijos, pero aún así eran los que más sabían sobre niños.

¿De verdad la gente seguía teniendo la concepción de que si no tenías algo no sabías de lo que hablabas? Pues que alguien me explicara porqué el miedo a morir, ¿Cuantos habían regresado de la muerte para poder saber que aquello era aterrador?
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