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Uno a la derecha y uno a la izquierda {Emily Matthews} - Evento

Invitado el Sáb Ago 27, 2016 11:57 pm

No sabía porque mierda estaba ahí…

En realidad, sí lo sabía, sólo que no entendía como demonios se había metido en ese lío ¿él? ¿en clases de baile? No… aquella tendría que ser una burla.

En ese momento más que siempre deseó ser metamorfomago para disfrazar su apariencia, pero como no lo era, sólo le quedaba agachar la cabeza y acatar, y es que como Jefe de uno de los departamentos más importantes del Ministerio de la Magia, TENÍA que saber bailar para esas estúpidas fiestas protocolares que mucho diferenciaban de las reuniones puristas, a las que él disfrutaba de ir.

Bellatrix, por supuesto no había querido acompañarle, en respuesta a su petición se había reído y burlado de su propio marido, por lo que Rodolphus había anotado en una pequeña lista de su sub-consiente que había una que tarde o temprano se la tendría que pagar.Eran pocos los que osaban meterse con él, pero una de ellas era precisamente su esposa.

Se vistió con una de sus mejores galas, y es que era bastante obvio que, por mucho más que en el Mundo Muggle los cursos de bailes fuesen más fáciles de encontrar, NO había tomado uno de ellos y se había pasado el mes esperando a que Dominic Fitzchendler iniciara un nuevo curso para la comunidad mágica.

Vestía completamente de negro, y es que en su cabeza sentía que iba de camino a su propio funeral. Lo único que iba rogando a Merlín y a todos los grandes magos que ocurriera una catástrofe de las grandes, de aquellas que ni la magia podía reparar, para que se suspendieran las clases, pero para su mala o buena suerte, no fue así.

Se apareció a las afueras del salón, en un callejón aledaño y caminó lo que le faltaba para llegar. Procuró no cruzarse con ninguno de los muggles que a esa hora transitaban en la calle y entró rápidamente al lugar para así respirar con más comodidad. Aún faltaban algunos minutos para que la clase comenzara, mas estaba ya bastante lleno de gente y Rodolphus se cruzó con más de algún conocido que estaba en las mismas circunstancias, lo cual ya no le hizo sentir tan estúpido.

Estaba esperando, cuando a través del ojo vio llegar una figura delgada, a diferencia de las regordetas señoras que se paseaban a su alrededor como si se estuviesen mostrando para buscar una digna pareja. Rodolphus giró la mirada levemente, lo suficiente para diferenciarle de los demás y se sorprendió encontrarse con un rostro ya conocido.

No recordaba alguna vez haber entablado una conversación en extendido con aquella chica, pues nunca estuvo entre su circulo de amistades, aún a pesar que con ella sólo se llevaba por un año. Sin embargo, no parecía que los años pasaran por ella a pesar de ser un año mayor que él. Rodolphus sintió curiosidad y eso, mas que cualquier otra cosa, le animó a acercarse a la joven para saludarla.

—Buenas tardes —saludó con un cortés movimiento de cabeza —. Nos conocemos de Hogwarts, si no me equivoco —señaló tendiéndole la mano —. Rodolphus Lestrange, Slytherin, un año menor.

Eran los datos precisos que necesitaba saber para poder centrarse en el tiempo y que ella también le dijese su nombre y probablemente la casa a la que había asistido, pues Rodolphus tenía la confusión de si acaso había sido Hufflepuff o Gryffindor.

—¿Estás aquí por placer o por fuerza? —preguntó con una sonrisa cordial —En mi caso ha sido por la fuerza, mi trabajo me lo exige aún cuando parezca extraño ¿Ya sabes bailar alguna cosa?

Sí, cuando el Lestrange deseaba ser una persona agradable, podía llegar a ser bastante ameno y mostrar una faceta totalmente diferente a las sádicas intenciones que, gran parte del tiempo, se escondían entre medio de las sombras de su oscura cabeza.
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Invitado el Mar Ago 30, 2016 1:05 pm

La noche había caído una vez más sobre la ciudad y a medida que se volvía a acercar el otoño más tiempo tenía yo para pasar fuera de mi cárcel de paredes blindadas para que la luz no entrase. Siempre que podía pasaba tiempo fuera, haciendo lo que fuese, aunque fuese la actividad más descabellada de la historia de las actividades descabelladas y en este caso, habían sido clases de baile. Las noches que pasaba con Sam eran mis favoritas de toda la semana, y cuando me tocaba estar encerrada en el laboratorio de dragones de Londres tampoco me quejaba, pero aun así me quedaban un par de noches libres que no me apetecía lo más mínimo malgastar en mi casa, bajo la atenta mirada de mis “hermanos” sedientos de sangre que no dudaban cuando tenían que traerse a sus víctimas a casa y degollarlas o torturarlas ante los demás. Aquel espectáculo le gustaba a la parte más visceral de mi, que tenía sed de sangre, pero a mi verdadero yo le asqueaba. Y me asqueaba todavía más que hubiese algo de mi que lo disfrutase. Mientras mis dos “hermanos” bebían gente, yo bebía bolsas de sangre provistas por hospitales con buena voluntad. Alexandra siempre intentaba frustrar mi suministro pero llevaba un tiempo fuera y yo podía comer tranquila. Era un alivio.

Mi asistencia a clases de baile era por ocio puro y duro, por, como ya he dicho, matar el tiempo de la forma menos violenta posible, pero lo cierto es que yo ya sabía bailar bastante bien. Nunca había tenido problemas de ritmo y tampoco de coordinación y después de jugar al quidditch en el colegio y de convertirme en vampiro, eso de la coordinación y los reflejos era pan comido para mi. Aun así, me gustaba hacerme la torpe en las clases de baile a las que iba. Era divertido ver en mis compañeros algo de gentileza y amabilidad cuando intentaban ayudarme. Llevaba un par de meses asistiendo a distintas clases de baile de distintos tipos, pero cuando me enteré de que Dominic Fitzchendler iba a acudir a Londres a dar una clase magistral, no pude resistirme a asistir. No estaba muy puesta en el mundo de la danza mágica, pero ese nombre era conocido por todos los que se hubiesen interesado en algún momento por el tema y yo...de un tiempo a esta parte me había interesado por todos los temas posibles.

Con la suerte de que la clase tendría lugar en un recinto muggle, no tuve ningún problema en llegar. No lo habría tenido tampoco de ser mágico, pues una chica ha de tener sus recursos, pero aun así ese tema en concreto me facilitaba la asistencia. Cuando llegué, ya había bastante gente allí, pero con lo que no contaba era con encontrarme a alguien conocido. Al fin y al cabo, mi vuelta al mundo de los vivos se había dado hacía poco. Sonreí al hombre que se había dirigido a mí y cuando se presentó, mi sonrisa se amplió. De Hogwarts, Slytherin y se acordaba de mi! Eso me hacía sentir especial, aunque por desgracia yo no lograba ubicarlo del todo.

-Hola!- dije con amabilidad y una sonrisa- Yo soy Emily Matthews, no consigo ubicarte, la verdad, Rodolphus, lo siento mucho. Pero espero poder compensar eso esta noche- dije con una pequeña inclinación de cabeza y sin perder la sonrisa. Su pregunta era algo más típico y por lo tanto ya me esperaba algo así. Después de la sorpresa inicial, fue como un soplo de aire fresco el enfrentarme a algo más esperado, sobre todo teniendo en cuenta la tensión a la que me someto a mi misma al acudir a esas cosas.- En mi caso es por placer. Por matar el tiempo, ya sabes. Conozco ya algunos pasos y algunos bailes, pero no soy ninguna experta, la verdad- dije sonriendo y de haber sido humana quizás hasta me habría sonrojado un poco.- Quieres que formemos pareja de baile? Quizás sea más sencillo ahora que ya hemos visto que nos conocemos de antes- comenté pensando que para mi también sería más cómodo bailar con alguien una vez que él mismo se había presentado.

Mientras hablábamos, el profesor famosísimo con el que contábamos en aquella clase, apareció en la habitación. Era un hombre alto y delgado con cierto aire de diva y un fular negro más largo de lo normal que le hacía juego con unas ajustadisimas mallas. Terminaba su aspecto con una camiseta de licra ajustada verde pistacho y unos zapatos de salón. Nos dio las buenas noches a todos, con una voz más grave de lo que yo me esperaba y nos indicó que nos pusiéramos por parejas. Al parecer íbamos a empezar por un paso-doble.

-Te animas?- pregunté a Rodolphus con una sonrisa mientras le tendía la mano.
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Invitado el Mar Ago 30, 2016 4:56 pm

La chica sonrió de manera amable ante la cercanía del ex-Slytherin, algo que de algún modo estremeció las fibras más internas del cuerpo de Rodolphus Lestrange y es que el mortífago no estaba acostumbrado a semejantes actos de amabilidad. Siempre su entorno había sido demasiado frío, clasista y protocolar. No se sonreía de forma abierta con la gente del Ministerio y mucho menos lo hacía con sus colegas puristas, por lo que la sonrisa tan amplia de la mujer no sólo le sorprendió, sino que de cierto modo también le perturbó.

Sus palabras tampoco hicieron nada por arreglar lo que sentía y es que si no le recordaba de nada ¿por qué seguía sonriéndole? ¿por que deseaba molestarse en repararlo esa noche? No pudo evitar sentirse desconfiado, las únicas veces en las que él había hecho algo por el estilo, ser amable con un desconocido, es porque tenía una segunda intención por detrás y, generalmente, no una muy buena.

Algo en su interior le dijo incluso que aquella chica era peligrosa, quizás una Auror infiltrada, pero no sería la primera con quien tratara, pero mientras no lo supiera a ciencia cierta, lo mejor era seguirle la corriente. Aún así, seguía provocándole desconfianza. Él también había sonreído sí, pero no tan amplia, amable y extensa como lo había hecho la mujer. Le desconcertaba.

—Un placer, Emily.

Estrechó su mano para regresarle el saludo y notó en ese momento que su piel era tan fría como la suya, por eso no lo relacionó algo más que ello. Sin embargo, también llamó su atención, no todos los días se encontraba con una persona cuya piel fuese tan normalmente fría como la de él, Bellatrix era una de ellas.

No le sorprendió en al absoluto que estuviese ahí por placer. No era por ser sexista, pero las mujeres solían disfrutar más que aquellas cosas, aún lo recordaba de los ensayos en Hogwarts cuando tocaba la ocasión y la gran mayoría de las chicas se ponían de pie listas y dispuestas, mientras lo varones se pasaban la mirada del uno al otro para ver quien se ofrecía primero para semejante tortura.

Dio un pequeño respingo cuando Emily le preguntó si sería su pareja de baile e, involuntariamente, Rodolphus miró al resto de la gente, como si necesitara recordarse que se había acercado a ella porque no le placía acabar con alguna de las otras señoras más viejas o rollizas que había en el salón, y es que el Lestrange era demasiado superficial como para sentirse en desagrado con alguien que no cumpliese todas sus estúpidas expectativas.

—Por supuesto.

Respondió con una sonrisa breve, justo al momento en que el famoso hombre que haría las clases entraba al salón. Su vestimenta hizo que Rodolphus enarcase una ceja antes de que una pequeña y disimulada risotada se le escapase de la boca, para luego mirar a Emily y dedicarse con un escueto:

—Perdón.

Dijo llevándose el dorso de la mano por delante de la boca para disimular la sonrisa, y es que Rodolphus además era muy prejuicioso para ese tipo de cosas. Soportaba a los gays sin problemas, siempre y cuando éstos no fuesen unas florecillas amaneradas, pues cuando pasaban a eso ya le parecían ridículamente fuera de lugar.

Tomó la mano de la joven cuando ésta se la dio, nuevamente sintiendo la frialdad de su piel en entre sus dedos también bastante fríos. De cierto modo, aquello le hizo sentir incluso un poco más cómodo de lo que esperaba y aunque no sabía como explicarlo, comenzaba a sentir que tal vez tuviesen otras cosas en común, y eso tenía que averiguarlo.

—Entonces… ¿qué es lo que has hecho una vez acabada la escuela? ¿a que te dedicas? —preguntó con interés, imaginándose que para esas alturas la joven debía ya incluso de haber egresado de su carrera universitaria y llevar al menos dos años trabajando en su área —¿Se te hizo muy difícil la vida después de Hogwarts? Tal vez haya incluso algo que aún eches de menos del Castillo.
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Invitado el Vie Sep 02, 2016 11:07 am

Mi manera de tratar a las personas era una de mis mejores cualidades cuando era humana, o así lo había considerado yo siempre. A pesar de todo, habían sido muchos los que habían encontrado mi actitud hacia los demás como algo extraño y demasiado amigable para ser verdad. Una vez descubrían que yo era así y detrás de ello no había ninguna intención oculta empezaban a pensar que la que corría peligro por esa actitud era yo. Y el paso del tiempo les había dado la razón de un modo perverso. Haberme convertido en el monstruo que era había contribuido a que mi actitud fuese más fria y que durante mucho tiempo, me volviese una persona mucho más oscura y reservada. Y digo persona por decir algo. Pero ahora que mis instintos estaban más o menos bajo control, que amigos de la infancia habian vuelto a mi vida, que había conocido a Sam que era un soplo de aire fresco para mi, y, sobre todo, que Alexandra estaba lejos, yo podía mostrarme más abierta y amigable. Más como yo era en realidad aunque a los ingleses les siguiese resultando extraño.

Cuando Rodolphus y yo nos estrechamos la mano, pude darme cuenta, sin dudar, de que esa frialdad inglesa que a mi me falta, la tenía él para repartir. Y no digo con eso que fuese un hombre desagradable, por que no lo era para nada, simplemente se notaba en su forma de expresarse y moverse que no era alguien que estuviese acostumbrado a sonreir tan ampliamente como lo hacia yo. Eso no era nada extraño para mi, pero lo que si me sorprendió fue su baja temperatura corporal. No llegaba al extremo invernal de la mia, pues al fin y al cabo yo estaba muerta, pero si que era extraño que estuviese tan frio siendo un hombre. No percibía nada extraño en su cuerpo, aun así. Supongo que estaba ante una de esas anomalías térmicas humanas que a veces se dan.

Tras las presentaciones, le ofrecí que fuesemos pareja de baile y, después de lo que parecieron ser unos segundos de conflicto interno aceptó y yo volví a sonreir. No obstante, nuestra conversación no fue mucho más lejos en ese momento pues nuestro profesor hizo acto de presencia. En parte fue una pena para mi descubrir que aquella celebridad dentro del mundo del baile encajaba tan bien dentro de un cliché creado por el mundo muggle. No tenía ni idea de cual era su inclinación sexual, pero su vestimenta hacia que, culturalmente, todos lo metiesemos en el cajón de las divas homosexuales. La risotada de Rodolphus no hizo más que darme la razón en eso. A pesar de todo, conservaba la esperanza de que lo de aquel hombre solo fuese fachada para mantener su negocio y no fuese todo tan prototípico. Levanté las dos cejas a la vez, acompañadas de una pequeña sonrisa cuando el hombre que sería mi acompañante aquella noche se disculpó, pero no le di más importancia a todo aquello. Lo que a mi me importaba de aquel sitio y de aquel profesor era que me enseñase a bailar, todo lo demás no era mi problema.

La clase dio comienzo con las primeras indicaciones de Dominic y Rodolphus y yo nos pusimos en posición para empezar a practicar. Los primeros movimientos eran sencillos, basicamente moverse de izquierda a derecha sin perder el ritmo, por lo que mantener una conversación mientras lo haciamos no era especialmente dificil. Una vez más, fue él quien habló primero mientras, ya perdida la sonrisa, yo miraba a mi alrededor para ver como lo hacían los demás. Con una cierta y muy medida confusión, lo miré directamente a los ojos mientras escuchaba lo que me decía. - Soy dragonolista- dije con naturalidad- Ahora mismo estoy trabajando en un laboratorio y estamos intentando encontrar una cura para la conjuntivitis crónica en los Colacuernos húngaros- expliqué con profesionalidad.- Siempre que lo digo en alto me suena algo asqueroso todo el tema, y quizás algo aburrido, pero es muy interesante. Lo malo es ver sufrir a los pobres dragones- dije con sinceridad. Ver sufrir a un humano no era ni la mitad de doloroso para mi que ver sufrir a un animal. Aunque claro, también dependía del humano.

-No tuve grandes problemas para buscar mi camino la verdad- dije con una pequeña risa y mintiendo,aunque ya me habia acostumbrado a hacerlo y mi cara no lo reflejaba en absoluto- Siempre se me han dado bien los animales...Pero si que echo de menos ciertas cosas del castillo. Creo que allí todo era mucho más sencillo que fuera- dije levantando una ceja y sonriendo ligeramente resignada.- Y qué hay de ti? A que te dedicas?- pregunté devolviéndole el interrogatorio ligeramente.

En ese momento, el profesor nos volvio a interrumpir considerando que la mayoria de nosotros ya lo hacía lo bastante bien como para pasar al siguiente paso. Yo estaba casi rezando para que fuese algo más complicado, pero no tuve suerte. Si antes era de izquierda a derecha ahora era de delante hacia atrás. Rodolphus y yo nos pusimos a ello pero esta vez fui yo la que inició la conversación.- Me sorprende mucho no acordarme de ti. Igual es porque no interactuamos mucho, yo era una chica bastante dispersa en Hogwarts. Aunque es raro pasar seis años conviviendo con alguien y luego no recordarlo.- dije pensando que quizás eso de considerarme dispersa era un término demasiado amable si lo comparabas con la realidad.- A ti te gustaría volver al castillo? Quizás aprender a bailar allí y no tener que hacerlo ahora?- pregunté con una sonrisa ligeramente traviesa que daba a entender que lo único que buscaba era meterme un poco con él.- Cuál era tu asignatura favorita?- pregunté a modo pregunta aleatoria que hacia mucho tiempo que no me permitía hacerle a nadie. Pero yo que sé, aquella noche estaba de buen humor.
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Invitado el Dom Sep 04, 2016 5:45 am

Intentó centrar su atención en su acompañante una vez que ambos recibieron las instrucciones para comenzar, pero el instructor —y su vestimenta— le distraía demasiado cada vez que pasaba por su marco visual. Intentaba descifrar si acaso era parte del espectáculo o es que el hombre era verdaderamente así, y si lo era ¿era gay o… simplemente delicado?

Hizo entonces un par de preguntas para intentar dirigir su atención a donde debería y así conocer un poco más de Emily, quien acabó diciéndole que era dragonolista y que actualmente trabajaba en un laboratorio relacionado a dragones y en la cura de una de sus enfermedades más comunes, pero —específicamente— no trabajaba con cualquier dragón.

—¿Colacuerno húngaro? ¿No son esos los más grandes, peligrosos y con peor temperamento?

Le sorprendió mucho, ya que la chica se veía demasiado delicada como para trabajar con semejantes criaturas, aunque… si había dicho que trabajaba en un laboratorio, probablemente su trabajo fuese sólo dentro de éste, preparando pociones o ungüentos especiales que otros magos más audaces llegaban a poner en práctica.

—Mas que asqueroso suena peligroso.

Confesó mirándole seriamente, aún negándose a imaginársela peleando con dragones de semejante calaña, a menos claro, que hubiese encontrado la forma para calmarlos mágicamente, pero en sis conocimientos no estaba ningún hechizo o nada que sirviese para calmar a los dragones.

—Trabajo en el Ministerio de la Magia, en el Departamento de Entrada en Vigor de la Ley Mágica, es en donde se regulan las nuevas leyes, se ven las normas de concursos internacionales y se controla el trabajo de los Aurores.

Pareció explicar con mucho orgullo y es que realmente no podía ocultar lo mucho que le gustaba sentirse un hombre de poder. Aunque, curiosamente, Rodolphus no disfrutaba del poder público, a él lo que le gustaba era estar en una posición en donde sabía que podía mover los hilos de otra gente, ser poderoso sin que lo supiese la gente que él n siquiera conocía.

Detuvo su baile para escuchar las nuevas instrucciones del encargado y mirar a Emily para corroborar que ella hubiese entendido y entonces comenzara a seguir el nuevo ritmo y ambos lo hiciesen al mismo tiempo para no acabar pisándose mutuamente.

—No, no recuerdo que hayamos interactuado, si tú eras una chica dispersa, yo era un chico muy cerrado —sonrió —. Ingresé a la escuela ya con un grupo de amigos conocidos y durante toda mi estadía e Hogwarts no fue mucho lo que interactué con otras personas. Tal vez con Elia Deveraux, la actual profesora de Runas Antiguas y quizás un par más.

Le regresó la sonrisa cuando ella intentó meterse con él y negó con la cabeza. Curiosamente, no le estaba resultando tan desagradable el pretender ser una persona accesible, si bien estaba acostumbrado a interpretar el papel de hombre carismático y amable, la chica tenía algo que había que llegase a sentirlo incluso natural.

—No, la verdad es que estoy bastante bien ya fuera del Castillo —sonrió —. He logrado alcanzar muchas de mis metas y eso es algo que por muy cosas cambiaría. Ni siquiera si fuese para estudiar un poco más de Encantamientos, la cual fue mi asignatura favorita —respondió a ambas preguntas —. Lo que más me sorprende de haberme re-encontrado contigo es que pareciera que los años no pasan por ti, sigues viéndote igual que cuando dejaste la escuela —sonrió —. Es un cumplido, por supuesto.

En ese momento el instructor les pidió acercarse más el uno al otro, para adoptar ya una verdadera posición de baile en donde la distancia entre ellos debía ser medida con sus antebrazos. Además, ya debían comenzar a mezclar ambos pasos.

—Ya comienza a volverse complicado.

Murmuró por lo bajo, pero no alcanzó a decir nada más cuando el instructor les interrumpió específicamente a ellos para mostrar lo que deseaba lograr, y para ello se metió entre ambos para tomar el lugar de Emily y pedirle a Rodolphus que pusiese su mano en su cintura. El ex-Slytherin lo miró con expresión de incredulidad y entonces fue el mismo maestro el que le tomó de las manos para ponerlas en donde las quería y demostrar a los demás lo que debían hacer. El rostro del Lestrange destilaba incomodidad, por lo que cuando pudo separase del otro hombre y regresar junto a Emily, negó con la cabeza e intentó volver a sonreír.

—Sí, es definitivamente gay —rió despacio.
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Invitado el Miér Sep 07, 2016 8:02 pm

-Mucha gente los ve así, yo prefiero pensar que son unos incomprendidos- respondí a sus preguntas sobre los colacuernos- Imagina que una panda de...yo que sé, ovejas te encierran en una jaula y te observan. Y además tú estás enfermo o peor, embarazado, y ellos solo paran de ir y venir sin que tú sepas lo que te espera o si te van a hacer daño. Tu tamaño es una ventaja respecto a las ovejas, pero te tienen atrapado. Tú no estarías furioso en esa situación?- pregunté levantando una ceja y con una sonrisa ladeada. Era muy sencillo para mi entender a los animales, ya desde muy niña. Eran mucho más simples que las personas y ahora que era un vampiro podía decir sin temor a equivocarme que los animales eran mucho más sencillos y entendibles que cualquier otra criatura con intelecto, aunque fuesen tan poderosos como los dragones. En ellos no había maldad, solo instinto.- La vida sería muy aburrida sin un poco de riesgo, no crees?- respondí sin más a lo de que más que asqueroso sonaba peligroso. Él podía tener mucha razón en eso, pero mi baremo de peligrosidad hacía mucho que se había roto y no tenía ni la más mínima intención de arreglarlo. Podía decir sin miedo que mi integridad física o mi bienestar no eran en absoluto mi prioridad.

Nos movíamos casi automáticamente, o al menos yo lo hacía así, mientras nuestro pintoresco profesor paseaba entre las distintas parejas corrigiendo posturas, pasos y ritmo. En ese punto la conversación podía fluir calmadamente y sin duda, a Rodolphus parecía resultarle muy agradable hablar de su trabajo pues era bastante evidente el orgullo que sentía por ostentar el puesto en el que trabajaba.- Suena fascinante- dije con interés- Veo que estoy bailando con un hombre poderoso. No es peligroso también tu trabajo? Bueno, si no eres auror, no tienes que tratar con lo “malos”, no?- dije dándole el énfasis adecuado a la palabra malos para que entendiese que estaba entrecomillado en mi cabeza.

Nuestra conversación se vio interrumpida en ese momento una vez más. Nos tocaba cambiar de paso, pero si el anterior había sido sencillo este era su primo tonto y la dificultad de aquella clase no aumentaba en absoluto. No fue difícil, por lo tanto, para nosotros entender las nuevas indicaciones y aproveché cuando volvimos a adoptar posición, para disculparme una vez más por no acordarme de él y para dejar patente lo raro que eso se me hacía.- Tampoco me suena Elia, imagino que tampoco estaba en mi casa…-dije bajando la mirada momentáneamente mientras repasaba mi archivo cerebral a fondo en busca de ese nombre.

Buscando cierto compañerismo o, más bien, intentando crear un acceso de confianza, me metí con él ya que no había aprendido a bailar en el colegio y me alegró ver que mi broma era recibida con una sonrisa. Al contrario que yo, él parecía sentirse más cómodo ahora que nuestros estudios habían terminado, y si estaba contento con su vida, no sería yo la que no lo entendiese y además respetaba completamente su opinión en ese sentido. Algo en mi deseaba estar en la misma situación que él para pensar exactamente igual.

Sus palabras sobre mi aspecto me sacaron de mis pensamientos de celos por una vida normal e hicieron que mis alarmas se activarán por un segundo en el que todo lo que reflejó mi cara fue un medido y estudiado desconcierto que acabó transformándose en sonrisa falsamente alagada cuando me dijo que era un cumplido- Gracias- dije con una inclinación de cabeza y, en ese momento, una vez más el instructor nos interrumpió, ganándose por mi parte un gracias mental que seguramente jamás llegaría a recibir.

Las indicaciones de Dominic era que nos acercásemos más el uno al otro y eso hicimos Rodolphus y yo, dispuestos a mezclar los dos pasos anodinos que habíamos aprendido. Sin embargo, el primer paso no llegó a darse pues el monitor considero a mi pareja como el mejor para demostrar la postura que buscaba en sus alumnos. Con los mismos aires que había dado todo el resto de indicaciones, puso las manos de Rodolphus en los sitios correctos bajo la mirada avergonzada del hombre que me arrancó una pequeña risa que tuve que disimular con la manga tal y como él había hecho momentos atrás. Cuando Dominic lo liberó, me acerqué de nuevo a él con una sonrisa traviesa en los labios, gesto que aumentó aún más con su comentario.

-Creo que esta noche te vas a llevar algo más que una clase de baile...el corazón de un apuesto caballero- dije risueña, metiéndome una vez más con él por su evidente incomodidad- Aunque por tu expresión diría que no es tu tipo- dije manteniendo la broma un poco más.- Y menos mal porque me parece que alguna de estas adorables ancianitas les gustaría que Dominic fuese el nuevo novio de sus nietos- dije señalando con la cabeza a dos que cuchicheaban mirando al profesor.- Bueno, seguimos?- incité con una sonrisa.

Sin esperar muchas más indicaciones puse mis manos en los lugares correctos de la anatomía de Rodolphus, esperando que él hiciera lo propio con sus manos. Un pequeño parón en la música nos dio la excusa perfecta para empezar a movernos cuando volvió a empezar- Izquierda….derecha….izquierda...derecha- dije con calma guiando a mi cerebro a través de mis palabras. Era un ejercicio repetitivo que acababa resultando aburrido pero que nunca lograba hacer del todo bien a la primera. Con calma, Rodolphus y yo lo conseguimos poco a poco.

-Creo que ya le hemos pillado el truco- dije mirando a mi compañero a los ojos- Pero como ahora nos lo complique ya nos veo mirando al suelo…-comenté.

Como si me hubiese leído el pensamiento, Dominic volvió a pasear entre las parejas mientras hablaba. Decía que el baile era pasión y también autocontrol, que tenías que desear llevar a la otra persona y disfrutar de su movimiento. Sentir las ondas de su cuerpo al moverse. Ante sus palabras yo lo miré con incredulidad y fruncí el ceño- Sé que es el mejor y todo eso pero...esto es una clase de baile o de educación sexual?- dije con cierta extrañeza sin pensar en cómo podían sonar mis palabras. Lo cierto es que mi mente quizás había sido algo sucia, pero las palabras del profesor habían sonado fatalmente sexuales en mi cabeza.
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Invitado el Miér Sep 07, 2016 11:00 pm

Le miró con un dejo de incredulidad cuando dijo que los dragones le parecían unos seres incomprendidos, mas le permitió el privilegio de la duda, por lo que la dejó hablar sin interponer sus ideas antes de que ella acabara la suya y, luego de escucharla, descubrió ciertamente que ella tenía su punto, pero cuando le preguntó que es lo que haría él, Rodolphus no pudo evitar el sonreír.

—No —respondió con esa sonrisa de saber algo que ella no —, yo esperaría a que entraran una vez más para comérmelos.

Rió divertido, mientras en su imaginación intentaba ponerse en el lugar del dragón y vaya que disfrutaría de sentir la sangre de sus enemigos cayendo por sus fauces hambrientas, mientras sus afilados colmillos desmembraban su carne. Ser un dragón de pronto no sonaba tan mal, después de todo.

—Eso dicen.

Respondió cuando ella le dijo que una vida podía ser aburrida sin un poco de peligro, y es que Rodolphus vivía poniendo su vida en peligro, pero frente a desconocidos le gustaba aparentar como si no supiese lo que era en verdad el peligro. Prefería verse como el corderito cobarde, aunque muchos de los que ya le conocían o eran más observadores, podían decir que de corderito tenía realmente poco, pues no existía un cordero al que le gustase tanto el poder.

Volvió a mirarle de soslayo cuando cuando mencionó que su trabajo parecía también peligroso aunque no fuese Auror, mas lo que más le llamó la atención fue el tono que utilizó para referirse a los “malos”.

—Es peligroso en el sentido que guardas demasiada información y que puedes ser un blanco muy tentador para ciertas personas que buscan influenciar, a través de ti, alguna respuesta en el Ministerio de la Magia.

Claro, para él sería muy tentador lograr influenciar a alguien con su puesto de trabajo, por eso es que precisamente había luchado por conseguirlo. Desde ahí podía mover sus hilos a destajo para desviar las investigaciones de los aurores hacia otros rumbos, pedir traslados para aquellos a quienes creía un estorbo y vigilar a los más débiles de carácter para lograr ponerlos de parte del Señor Tenebroso ya sea a través dinero o de miedo, si acaso hacía falta.

Se sorprendió de que tampoco conociera a Elia, para Rodolphus, Elia siempre había sido una persona bastante extrovertida, lo que le hacía bastante popular entre sus compañeros, por lo que no pudo evitar su sorpresa y preguntar con ligera ironía:

—¿Y conoces a Albus Dumbledore?

Preguntó riendo y es que si no conocía a Albus Dumbledore, ya era definitivo que esa chica venía de otro mundo o había estado durmiendo en un enorme cubo de hielo durante los últimos ciento cincuenta años.

Tras la interrupción del instructor, Emily no tardó en volver a meterse con él, lo que hizo que sonriera mirando hacia a sus pies, como si sus palabras le causaran tanta gracia como vergüenza ajena.

—No, definitivamente no es mi tipo —meneó la cabeza y miró a los demás instruidos —. Y si yo fuese una de esas abuelitas casamenteras, realmente no me gustaría que ninguno de mis nietos saliera con semejante pervertido.

Rió entre dientes y volvió a posar sus manos en la anatomía de Emily, mientras le escuchaba llevar el conteo de sus pasos y asentía después a su comparación con una clase de educación sexual.

—Pues sí… pero no te preocupes que por muy guapa que seas, jamás abusaré de ti. Soy un hombre casado —dijo mostrándole su argolla de matrimonio antes de sonreír —. Así que lamento asesinar vuestras expectativas de mi amarrándote a una cama con cadenas mágicas y azotándote con el látigo de mi corbata, para luego hacerte chillar al contacto de los cubos de hielo derritiéndose sobre tu piel al mismo tiempo que consigo hacerte mía —finalizó con total seriedad antes de echarse a reír y aclarar, por si acaso —. Estoy bromeando… Por cierto —recordó de pronto —, hablando de sucios pensamientos. Antes me llamó la atención la forma en la que te referiste a “los malos” —dijo intentando ocupar el mismo tono que ella, minutos atrás —que se enfrentaban con los aurores ¿A qué te refieres realmente? ¿Tienes un punto de vista diferente en cuanto a lo que son verdaderamente esos malos?
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Invitado el Sáb Sep 10, 2016 1:41 pm

-No se puede decir que ellos no lo intenten, pero no es eso lo que yo te he preguntado- dije con una sonrisa que podría haber competido perfectamente con la suya anterior. La reacción de cualquier criatura al estar encerrada es atacar, los únicos que pueden tomar una decisión distinta son los humanos o las criaturas con cierto raciocinio. Por su comentario, estaba claro que Rodolphus pensaba como un depredador y eso no estaba mal, pero en circunstancias como en las que yo me movía no era una ventaja. Nosotros estábamos armados, el dragón no.

Su trabajo no prometía tanta adrenalina como el mío, al menos no en el sentido literal de la palabra. Él podía tener mucho poder y mucha información en sus manos pero su vida no corría peligro perse. No parecía importarle demasiado eso y yo lo respetaba, pero llegados a este punto, yo no podría vivir así.- Bueno, pero pareces un hombre de carácter. No creo que tengas problema en resistirte- dije con una sonrisa ladeada buscando halagarlo en cierta manera. La verdad es que no sabía lo suficiente de él como para saber si tenía carácter o no, pero me fiaba de la impresión que me daba.

Cuando me mencionó a otra chica que yo debería conocer de Hogwarts, quedó más que clara mi tendencia a estar a mi aire todo el día, sobre todo cuando era más niña. Yo nunca había formado parte de grandes grupos ni nada así y tenía a mis amigos más fieles y poco más. La vida de los demás no me interesaba pues ya tenía bastante con la mía, pero tal y como él se tomó mi respuesta, quedaba claro que esa tal Elia era una chica bastante popular en su día- Ligeramente, es un apuesto joven con bigote, no?- pregunté de broma en lo referente a Albus Dumbledore. Levanté una ceja sin perder la sonrisa y continué- Lo complicado habría sido no conocerlo después de verlo todos los días en todas las comidas. Pero en cuanto a mis compañeros sí que ya estoy algo más perdida.- Confesé una vez más aunque ya había quedado más que patente.

La incomodidad de Rodolphus ante el profesor era algo que me divertía más que molestarme. Aquel maestro nuestro parecía una caricatura de sí mismo y la cara que puso mi compañero cuando lo eligieron de ejemplo no tuvo precio. Meterme con él por ello era algo que me pedía el cuerpo así que no me corté demasiado a la hora de hacerlo.- Hay que reconocer que si tuviera más pluma ya se habría convertido en un pavo real. O quizás en una gallina…-dije pensativa dándole la razón a Rodolphus. Yo sabía, y en el fondo de mi corazón me daba cuenta, de que quizás todo aquel comportamiento debería ofenderme….pero simplemente no era así. No veía nada mío o de alguien parecido a mi en aquel extravagante hombre amanerado, igual que supongo que él que no veía nada suyo en mi, y eso estaba bien. Lo cierto es que ya estoy muy cansada de que en este mundo todo el mundo tenga derecho a ofenderse por todo, no voy a defender a otra persona, sobre todo si no me gusta, solo porque sea presuntamente homosexual como yo.

El baile prosiguió y yo hacía lo posible por hacerlo bien a pesar de que las tareas repetitivas nunca habían sido lo mio. No era un tema de coordinación, se trataba más de un asunto de aburrimiento. Sin embargo, no tuve demasiado tiempo a llegar a ese estado pues el profesor se puso a explicar lo que era para él el bailar y la manera correcta de sentirlo para hacerlo bien. Yo sabía que había más de un baile que sí incitaban a eso que él decía, pero el pasodoble no era uno de ellos. Se pusiese Dominic cómo se pusiese al respecto. Aquellas palabras suyas solo contribuían a que la imagen caricaturesca de su persona que se estaba formando en mi mente fuese todavía más concreta y al verbalizar mis pensamientos, Rodolphus pareció estar de acuerdo conmigo. Me pilló por sorpresa que estuviera casado, pero me sorprendió muchísimo más toda la declaración sexual que siguió a ese dato y que al parecer era broma. Sonreí con cierto compromiso y sarcasmo y levanté una ceja.- Wow, tengo que reconocer que ningún hombre casado me había hablado así jamás. No sé cómo debería sentirme…- dije haciéndome la pensativa mientras lo que en realidad pensaba, como una estúpida, es que podría pasear todos los hielos que quisiera por mi cuerpo porque dudaba que se fuesen a derretir tanto.

El ambiente podría haberse puesto tenso entre nosotros tal un comentario de ese calibre, sobre todo porque yo aún no tenía claro que pensar acerca de un hombre casado que le dice esas cosas a otra mujer aunque sean de broma, pero no fue así y tal vez eso se debió al raudo cambio de tema que siguió a toda aquella pantomima sexual de la que yo no estaba acostumbrada a formar parte, ni quería.

La pregunta sobre los “malos” que me estaba planteando se me antojaba algo bastante serio y no estaba muy segura de si debía dar mi verdadera opinión acerca del tema teniendo en cuenta que estaba ante un funcionario del Ministerio de Magia cuya obligación era hacer cumplir la ley. Sin embargo, tampoco podía dejarla en el aire sin más- No exactamente- contesté decidiendo ser sincera al final- Creo que hay maldad en el mundo, verdadera maldad, pero que esa es solo el 5% de la “maldad” que vemos todos cada día. Creo que mucha de la gente que es detenida ha sido juzgada equivocadamente o no se han tenido en cuenta sus circunstancias. Si un hombre mata al hijo de puta, y perdón por mi lenguaje, que violó a su hija, se convierte en un asesino, y eso lo hace alguien malo, no? A ojos de la ley. Pero si tienes en cuenta todas sus circunstancias, en algunas culturas se consideraria justicia. Entiendes a lo que me refiero?- dije intentando ser lo más clara posible- Un dragón es malo por matar a un caballo y comérselo? Es asesinato también, al fin y al cabo, no? En todos esos casos creo que la maldad es relativa, aunque hay excepciones claro. Gente verdaderamente mala. Aunque por lo que he visto, esos son exactamente los que la ley nunca coge, y espero que no te ofendas por mis palabras -dije recapacitando al momento por lo que acababa de decir- Al fin y al cabo, es solo mi opinión y yo no sé nada de nada- dije intentando conciliar al final por cierto miedo a que pensara que estaba juzgando su trabajo.- Pero por lo que yo he visto, la verdadera maldad es imparable. Hay que extirparla porque que la detengas no significa que vaya a parar.- concluí mi discurso acerca del tema. Lo malo de tener tanto tiempo es que te da por pensar...y a veces eso se transforma en algo terrible.

Dominic llevaba un buen rato sin venir a molestarnos, pero tras mi discurso, se paró a nuestro lado y esta vez me tocó a mi seguir sus lecciones. Suspiré y le hice caso, haciendo las cosas como el me decía, exactamente. Un “A ver si hablamos menos y nos concentramos en el baile” cerró su intervención en nuestro caso, pero no tardó demasiado en volver a la parte de delante de la clase a darnos más directrices

-Este hombre me resulta ligeramente agotador- sentencié mirando al frente.
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Invitado el Miér Sep 14, 2016 7:45 pm

Para Rodolphus hubiese sido una lastima no estar leyendo los pensamientos de la chica en el momento que hablaban de los dragones. Le hubiese gustado saber como realmente pensaba para poder contradecirle, pues a su modo de ver, los dragones estaban permanentemente armados; poseían una piel escamosa resistente a muchos hechizos, grandes colmillos y además echaban fuego por la boca, eran armas intrínsecas de ellos así como la magia era para los magos, ambos nacían con sus propias armas.

—No lo sé —negó ligeramente con la cabeza —. Me molestaría que me atraparan, eso me pondría furioso de por sí, sea quien sea, pero… al ver que se trata de comida, quizás ya no sería tan malo, sino hasta divertido.

Sonrió de medio lado, efectivamente Rodolphus pensaba como un depredador y confiaba demasiado en su astucia, poco le importaba estar en desventaja porque sabía que fuese como fuese, se las ingeniaría para dar vuelta la tortilla y en algún momento acabaría comiéndose a todos los corderitos y destruyendo sus instalaciones, y es que su astucia e inteligencia era algo que hasta ese momento de la vida, jamás le había fallado. Había sido incluso de engañar a sus propios aliados con el asesinato de las sangre pura, pues había logrado de ese modo un gran objetivo; reunir un par más de seguidores que hasta ese momento habían deseado convertirse en Aurores, como Robert VonBranberg y aumentar el odio de los mortifagos hacia los muggles, como lo había hecho Caleb Dankworth. No importaba cuan inteligentes o estúpidos habían sido esos magos, todos habían caído en su juego y Lord Voldemort estaba orgulloso de ello.

—A veces no sólo basta un carácter fuerte y un grado de resistencia —respondió inmediatamente.

El halago había sido bien recibido por su parte, pero él sabía perfectamente ambas realidades y, por supuesto que conocía muy bien las herramientas que podían llegar a utilizarse y una de las herramientas más importantes para él era el buen uso de la palabra.

Rió brevemente con su equivocada descripción respecto a Albus Dumbledore y negó divertidamente con la cabeza como si pensara que la chica verdaderamente no tenía remedio.

—Entiendo —señaló —. Entonces eras de las típicas chicas intelectuales de Ravenclaw que pasaban su día más pendientes del estudio y sus profesores que lo que se preocupaban de ellas mismas y del resto de sus compañeros —sonrió —. No esta mal, después de todo, no te perdiste nada especial. A veces creo que para lo único que sirve el llegar a socializar con gente que no conoces es saber si valen la pena para llegar a hacer buenos contactos.

La interrupción del instructor fue para Rodolphus un poco desagradable, no le había sentado nada bien el tener que aguantar a otro hombre poniéndole una mano sobre su hombro y él tener que regresarle el gesto poniendo una mano sobre su cintura. Incluso le hubiese resultado más llevadero el hacerlo con una de esas señoras regordetas de la entrada. Por fortuna Emily tenía el suficiente buen humor como para volver a hacerle reír y liberar sus tensiones.

—Creo que más como una gallina que un pavo real —rió también —. Realmente no tengo problema con la gente homosexual, pero cuando ya se meten conmigo e intentar hacer que actúe como ellos, ya no me gusta tanto.

Explicó torciendo el gesto y es que dudaba que a alguien le agradara le obligasen a actuar de otra manera. Rodolphus no era homofóbico, pero sí era sangrefóbico, lo que le hizo recordar que había un importante factor que aún no conocía de la chica.

—Sólo por curiosidad… ¿eres hija de muggles?

No lo había preguntado, pero antes de seguir mostrándose amable con la chica era mejor preguntar. Era algo que no escondía ni aún con su careta de trabajador del Ministerio, ni como antiguo alumno de Hogwarts. Cada quien con sus manías, decían por ahí.

Rió nuevamente cuando Emily pareció un poco confundida por lo que le había dicho respecto a los cubos de hielo, entre otras cosas, y negó con la cabeza.

—Dije que era una broma —volvió a repetir —. Si realmente quisiera hacerte esas cosas no hablaría de ello, o ¿acaso nunca has escuchado que los calladitos son los peores?

Sonrió de medio lado. Rodolphus tenía sus propias teorías para con las mujeres, pero eso no era algo que fuese a compartir con una de ellas. Era casi como contar su estrategia al enemigo, además, si se había impresionado por su comentario a pesar de haber aclarado que era una broma y no haberlo dicho en ningún tono sugerente, ni nada que pudiese hacer pensar que lo decía en serio, era porque la chica era demasiado reservada, por lo que era mejor comenzar a medir sus palabras.

Escuchó entonces su teoría de lo que pensaban que eran realmente los “malos” y algo muy dentro de él quiso volver a sonreír, pero él mismo se lo impidió. Aquella era su oportunidad perfecta para sacar a relucir su muy falsa moral.

—Es que no es el deber de un padre el vengar a su hija. El cumplimiento de la justicia es tarea del Ministerio o ¿de verdad tu crees que a su hija, por muy violada que esté, le gustaría que su padre se convirtiera en un asesino? Para ella sería más bien un daño aún mayor —alzó los hombros —. Al final el padre que asesina a un violador lo asesina por su propia rabia mas que por el bien de su hija —alzó los hombros —. Siempre he creído que si lo que quieres es tomar justicia por tu propia cuenta, primero debes asegurarte que no tienes nada que perder, ni a quien herir.

Para cerrar:
Emily respondió que el padre no lo mataría por rabia, no solo por eso, si no por frustración, por sentirse indefenso, porque si la ley no puede hacer nada por ellos, que es el caso que Emily se esta montando en la cabeza, que es lo que debe hacer? Resignarse y esperar a que la hija de otro sea violada? Permitir que su hija crezca traumatizada en un mundo en el que le va a tener miedo a todas las personas que la rodean? Si lo mata, a ojos de su hija el es superman, acabe en la cárcel o no, a sus ojos habrá hecho justicia y el hombre muerto ya no podrá violar a otra. Porque es lo que le decía, el verdadero mal en el mundo hay que estírparlo, con pararlo no es suficiente, siempre se reaviva.

A lo que Rodolphus simplemente asentiría y luego continuarían la clase con una conversación más tribial.
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