Situación Actual
10º-14º // 30 de abril luna llena
Entrevista
Administración
Últimos Mensajes
Awards
Leo L.Mejor PJ ♂
Sam L.Mejor PJ ♀
Denzel S.Mejor User
Ryan G.Mejor roler
Leo y EvaMejor dúo
Beatrice B.Más cotilla
Evans M.Más voluble
Juliette H.Premio Admin
Redes Sociales
2añosonline

The Endless [Eunice L. Lyall]

Steven D. Bennington el Mar Sep 20, 2016 12:18 pm

Recuerdo del primer mensaje :


Dos personas pueden vivir en el mismo lugar durante años y, aún así, no cruzar palabra alguna. Puede que el destino no quiera que se conozcan o simplemente no es su momento. No es el momento adecuado para que ese vínculo que sólo existe entre algunas personas surja. Puede que los hilos que conforman sus vidas aún no estén preparados para cruzarse y tan sólo esperen el momento adecuado para no acabar convirtiéndose en un nudo por encontrarse cuando las cosas aún no estaban preparadas.

Durante seis años pueden vivir en el mismo lugar e incluso llegar a cruzar un par de palabras. Un saludo. Una pregunta desinteresada. Una frase cordial para acabar con un silencio incomodo. O simplemente nada. Pero ese no fue su caso. Si hubo más de una palabra. Un saludo y también una despedida. Alguna que otra salida entre la multitud, un par de amigos comunes e incluso alguna que otra fiesta. Nada serio. No era una amistad que se recordaría durante siglos. No sería ese tipo de amistades con las que todos sueñan. No. Tan sólo era una relación cordial entre dos alumnos más en Hogwarts.

No era el momento. No era su momento.

Pasaron apenas dos años cuando volvieron a cruzarse. Habían pasado seis años juntos en el mismo castillo pero aún así no había surgido la amistad. Pero quiso la casualidad, quiso el destino o quizá simplemente fue la aleatoriedad quien lo quiso. O puede que ninguna de estas, que ninguna exista realmente y simplemente llegó su momento para conocerse. Llegó el día en el que fuera de los muros se conocieron como algo más que compañeros que tienen en común ese gen denominado como mágico por muchos, especial por otros tantos y raro por unos pocos.

No había muros de piedra ni uniformes grises. No había corbatas de colores ni insignias en el pecho que les clasificaran según el simple juicio de un sombrero en mal estado. Había mar. Había arena. Toneladas de arena. También había más personas, muchas más a decir verdad. Las había con sangre mágica pero la mayoría de ellas eran tan sólo muggles con una afición común: el surf.

Fue este nexo común lo que hizo que surgiera la amistad entre ambos. Ella competía. Él solo miraba. Nunca había sido una persona competitiva por lo que prefería mantenerse sentado en la arena observando los giros de unos y las piruetas de otros. Prefería mantener la distancia y limitarse a observar lo que sucedía ante sus ojos.

Pero reconoció su rostro. Esperó al final de la competición para acercarse a saludar y desde ese día sus aficiones comunes sirvieron para crear una amistad que prometía ser eterna. Él tan iluso y ella con los pies tan en la tierra. Eran muy diferentes, pero a fin de cuentas eso es lo que complementa una amistad, encontrar a alguien que llene ciertos vacíos que sin ellos no podrías llenar. El uno complementaba al otro y por eso su amistad parecía que sería eterna.

Pasaron los años y vivieron muchas emociones juntos. Alegrías y tristezas. Eventos importantes como fue su propia boda o el nacimiento de su hija. También hubo roces inevitables. Hubo malas caras que se arreglaron con un café a tiempo. Y cuando llegó el momento, incluso llegaron las lágrimas en la despedida. Volveremos a vernos; te escribiré todas las semanas; sabes que tendrás una casa para visitarme. Esas fueron algunas de las promesas que se pronunciaron y que acabaron por romperse en apenas unos meses.

Él dejó el país pero siguió en contacto con ella. Volaban cartas como habían prometido. Se mantenían al día de lo que había pasado a lo largo de aquellos días donde no podían juntarse para quedar como antaño. Planeaban visitas que nunca llegarían.

Pocos meses después de su  marcha del país, las cartas dejaron de llegar. Él dejó de contestar. Ella acabó por dejar de intentar buscar respuesta. Él se negó a verla cuando fue a visitarlo. Ella no tuvo más remedio que aceptar que su amistad había llegado a su fin. Que ese momento que habían tenido había sido algo efímero que había terminado. Era una causa perdida que se negaba a explicar qué había sucedido para romper su amistad de tal manera.

Y durante años, no recibió explicación alguna.

Él volvió. Pero no fue en su búsqueda. No encontraba el valor necesario para enfrentarse a su pasado y mucho menos a algo que él mismo se había encargado de romper sin explicación previa. Él había roto su amistad como si de un simple juguete de cristal se tratase. Y ahora no había forma de pedir perdón a las piezas. Las piezas no se arreglar por disculparte con ellas. El juguete de cristal se rompe por no cuidarlo. Y eso había pasado con ellos.

Siguió con su vida. Siguió con todo sin intentar retomar aquella amistad hasta que ella volvió a cruzarse en su camino. Tres días atrás. Tres días atrás había vuelto a su vida y no parecía molesta. Había sido cordial y él se esforzó en serlo del mismo modo. Cruzaron un par de palabras amables e incluso compartieron algún que otro baile. Pero aquello no era suficiente. Era el momento de arreglar lo que había roto meses atrás. O al menos, explicar por qué había decidido lanzar el juguete de cristal al suelo para que se hiciese pedazos.

Distaba media hora para las siete de la tarde, su hora de salida para aquel día. Estaba terminando de colocar los nuevos materiales que habían llegado esa misma mañana. Estaba ordenando y apuntando en el inventario que todo estuviese en orden cuando la campanilla en la entrada indicó que la puerta se había abierto de par en par. Pero no lo escuchó. Seguía colocando materiales de un lado a otro ajeno a que su compañía para aquella tarde acababa de llegar.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Sam Claflin
Edad del pj : 32
Ocupación : Profesor encantamientos
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 8.450
Lealtad : Pro - Muggle
Patronus : Camaleón
Mensajes : 552
Puntos : 335
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3393-steven-d-bennington http://www.expectopatronum-rpg.com/t3398-it-s-where-my-demons-hide-relaciones-de-steven http://www.expectopatronum-rpg.com/t3443-this-city-never-sleeps-at-night-cronologia-de-steven http://www.expectopatronum-rpg.com/t3400-correspondencia-de-steven-d-bennington

Invitado el Jue Sep 22, 2016 5:30 pm

Me quedé mirándolo unos instantes, no quería meterle el miedo en el cuero, pero empezaba a ver que tendría que ser más precavido- Igual la cuestión no era matarte, sino hacerte sufrir en vida y por el resto de tus días -¿Por que la gente pensaba que la muerte era lo peor de todo? La muerte solía ser la liberación de todos los sufrimientos de la tierra. Vamos, no es que quisiera morirme, pero no temía morir, había aceptado que un día de estos ocurriría, y si tenía suerte lo haría en un instante, pero realmente no me importaba, no tenía el pensamiento de mis padres, los biológicos en que al morir alcanzaríamos el cielo y todas nuestras ofensas serían resarcidas, el día que muriese, se acabaría, y punto. Detrás de la muerte no había nada, no había un cielo o un infierno en donde terminarían los malditos, simplemente se acababa y ya. Dejaba de funcionar la consciencia, se detenía las sinapsis neuronal, se dejaba de respirar y se bloqueaba la llegada de oxígeno a los tejidos, y se paraba el corazón. Y entonces, morías. El cielo o el infierno estaba en cada día de tu vida, y tú elegías como llevar esa vida- Yo no te considero un sangre sucia, Steve, simplemente eres hijo de muggles, ¿Y qué? Eres igual de mago que muchos que se lo tiene bien creído. Y ya se lo tenían creído en nuestro tiempo. ¿Crees que la magia reside en la sangre o es parte de nuestra consciencia?

Pero la broma siguió y lo agradecía, quizás no era momento de entrar en conversaciones filosóficas, aunque nadie mejor que un ex-Ravenclaw para tenerlas. Aquellos que solían tener la cabeza en las nubes como solía decirse, demasiado idealistas. Todo eran teorías, pero...¿Eran capaces de ver la realidad aunque se la pusieran delante?- Yo pensaba que tenías veintiuno, contando el deshuesado, ¿Cuáles perdistes, Stu? -ladeé la cabeza siguiendo el tono bromista. ¿Atacando indirectamente su masculinidad tal vez?

Seguimos divagando sobre diversos temas, hasta que me soltó algo que me hizo volver a centrar la atención en sus palabras, me consideraba su amiga, y era un paso importante. Retiré los labios del reborde de la taza de loza blanca y sonreí débilmente- Yo también te considero mi amigo, pero me duele que ya no podamos ser mejores amigos, como lo que llegué a sentir por ti, para poder recuperar esa confianza habrá que trabajarla -por desgracia y debido a mis experiencias pasadas ya no me podía fiar de nadie, no de la manera en que solía confiar en la gente antes de cruzar el charco- ¿Que hay de malo en ser un bicho raro con la mierda de sociedad en la que vivimos, Steve?- vamos, las personas éramos únicas e irrepetibles, los amigos los elegías según lo que te podían aportar en la vida y que te solían enseñar, pero también recibías por parte de ellos cariño, y esos abrazos que te hacían sentirte completamente protegido, aunque fuera el mago más inútil con la varita del que recibías el abrazo. La fortaleza de una persona estaba en su interior, lo que mostrabas al mundo solía ser siempre una pequeña parte de toda tu personalidad, era en las verdaderas situaciones peligrosas en donde podían ver tu auténtica esencia. Claro que el peligro era también algo demasiado subjetivo, lo que para unas personas era un obstáculo imposible de superar, para otras no era más que un juego de niños.

- Jajaja, toma asiento y espera, te vas a tener que afeitar muchas veces antes de escuchar una disculpa de mis labios por haber roto la amistad. Yo no hago eso, Steve -de eso estaba convencida, no era yo quien le daba la espalda al mundo, sino este mundo de locos en el que las apariencias contaban más que las verdaderas personas. ¿De verdad era necesaria una limpieza de sangre? Pues deberían empezar los mismos mortífagos, pues su sangre estaba manchada con una magia demasiado oscura, y de paso hacerle un favor al mundo y dejarnos en paz. Pero los pro-muggles tampoco se quedaban atrás, intentando erradicar la magia y todos aquellos que llevábamos el gen de la magia en nuestras células, por suponer un peligro para ellos. Todo lo que no se entendía solía recibir rechazo de buenas a primeras- No da las clases borracho, Steve. De hecho pocas veces se emborracha ya, y si lo hace es a puerta cerrada y fuera de la vista de los alumnos y el resto de profesorado -en definitiva porque el alcohol era parte de su vida, pero eso se iba a terminar. Por mis santos ovarios iba a dejar de beber en menos de un año, igual hasta en Navidad lo había conseguido, y luego a intentar recuperarlo. No podía estar tan ciego, no podía no estar viendo que por una vez en su vida necesitaba ayuda.

- El animal se elige, el patronus no. Se elige, Steve, tú eliges el animal en el que te vas a convertir, por eso requiere de tantos años de estudio y hay tan pocos. Es una de las ramas de la magia más complejas- le guiñé el ojo acompañando la sonrisa tímida, en nuestros años de Hogwarts él se había llevado la razón al pertenecer a la casa de los inteligentes, pero en estos momentos estábamos en mi terreno, en saberes que si en Hogwarts se tocaban para que los futuros adultos pudieran tener una idea de las distintas ramas de la magia y las posibles salidas profesionales en el mundo mágico, en la Academia de Aurores se profundizaba en gran medida, pero la animagia no era mi fuerte, podía estar equivocada, aunque defendería con uñas y dientes mis ideas hasta el día de mi muerte- El Patronus es la fuerza impulsora de tu magia, es la misma esencia convertida en hechizo, Steve. Es tu escudo contra criaturas oscuras, y no sólo dementores, cualquier criatura oscura puede ser repelida por un patronus corpóreo. Y sí, suele coincidir, pero el patronus puede cambiar según algunas experiencias vividas, mientras que el animal que eliges en el que convertirte, no cambia. Así que debes elegir bien, porque tu personalidad la has de conocer a la perfección para poder adoptar tu forma animal- yo no me sentía preparada para profundizar en la animagia, pero no descartaba la idea que algún día intentara hacer un estudio profundo de mi propia personalidad y dar el paso. Había otras ramas de la magia y habilidades que aprender en el mundo muggle, que me podrían ayudar mucho más. Como poder hablar con los animales. En caso de ataque siempre serían grandiosos aliados, independientemente de su tamaño, un elefante era derrotado por un ratón, ayudado de su pequeño tamaño se metía en su trompa, le mordisqueaba y le causaba tanto dolor que el elefante huía. El instinto de supervivencia solía hacer que te alejaras de todas las fuentes dolorosas.

Contestar la última pregunta era meterme en camisa de once varas- No sé lo que pensar, Steve, pero no creo en las coincidencias -Lena Malkovich era la madre de Ella Howard, actualmente Cosmas. Ella había subido al poder y de repente su hija había salido de la nada cuando se le había dado por muerta, y su marido había encontrado su paradero, demasiadas coincidencias para mi gusto.
avatar
InvitadoInvitado

Steven D. Bennington el Lun Sep 26, 2016 10:42 pm

Por supuesto que no consideraba que la magia arraigaba en la sangre. Por nada del mundo tenía aquel estúpido pensamiento que parecía haber sido sacado de la época medieval, y es que muchos magos aún seguían con aquellos pensamientos. En ocasiones le recordaban a los antecedentes de la misma Alemania nazi y su estúpida purga. O, siendo algo más actual, podía comparar esas creencias de algunos magos con los ideales del mismo aspirante a la Casa Blanca. A fin de cuentas, aquello demostraba que magos y muggles no eran tan diferentes. Sino que muchos de ellos podían pensar de la misma manera, aunque esta manera se basase en el odio y el asesinato como ejercicio a la mejora.

- Si creyese eso no estaría trabajando en un pueblo mágico. Me habría resignado a pasar lo que me queda de vida entre gente no mágica y no hubiese tenido ningún problema. O quizá ese pensamiento arcaico me hubiese vuelto loco y ahora viviría en un magnífico rancho en Oklahoma entre vacas, gallinas y caballos. Sería todo un ermitaño que iría en vaqueros y camisa de cuadros, con un gorro de paja y una escopeta para disparar a todo aquel que se atreviese a entrar en mi rancho. – No pudo evitar reír tras aquel estúpido pensamiento. – ¿Cómo voy a pensar semejante estupidez? – A veces Eunice se tomaba sus comentarios demasiado al pie de la letra, lo que le hacía considerar medir sus palabras de una manera más adecuada para que no diesen margen a un equívoco.

Había sido arrastrado por la corriente en más de una ocasión. Se había golpeado con la tabla en prácticamente todas las partes de su cuerpo. Había rodado hasta llegar a la arena casi sin aliento. Había roto incluso un par de tablas. Y ni hablar de las veces que había acabado sin poder moverse por una fractura a la que no tardaría en dejar de dar importancia. Pero no, no había perdido ningún dedo. Ni había sido atacado por ningún tiburón.

- Creo que lo más peligroso que me ha atacado en el agua ha sido una medusa. – Y podían parecer criaturas inofensivas, pero no lo eran. No sólo eran repulsivas una vez las veías tiradas en la arena por acercarse demasiado a la orilla, sino que algunas podían incluso acabar con la vida de una persona. Pero no, en su caso tan solo habían sido medusas de poca monta. De esas que dejan una pequeña marca en la piel de quien tocan por el lado correcto. – Y eso de mear encima de la picadura es mentira. No preguntes más. – Sí, había creído aquella estúpida creencia popular en sus tiempos de juventud. Luego había aprendido que era un efecto placebo y que aquello no servía de nada en absoluto.

En un pasado habían sido dos personas muy cercanas. Dos personas que prácticamente se cuentan todo. Que no lo piensan a la hora de sincerarse y dejar salir todas esas verdades que a ojos de los demás pueden sonar como auténticas locuras. Y es que Steven tenía algunos pensamientos tan carentes de sentido que podían llegar a asustar a cualquiera. Especialmente sus extraños sueños, los cuales siempre contaba a Eunice en cuanto tenía ocasión. Tenía un diario de sueños donde cada mañana anotaba lo sucedido y Eunice era su crítica literaria de sueños preferida. La persona a la que le contaba lo que había pasado y que no le juzgaba por soñar con tonterías y después contarlas.

- Dale tiempo. – Dijo el rubio con una sonrisa. – Las cosas llegarán solas. – Afirmó con la imborrable sonrisa en sus labios. No había que meter prisa a las situaciones. La confianza llegaba sola, tan sólo necesitaba tiempo. Y en su caso, sería menos. Ya se conocían  y tan sólo debían recobrar aquella confianza que tiempo atrás tuvieron. No era tan complicado, pero no había que forzar nada. – Eh, yo no he dicho que ser un bicho raro sea algo malo. ¡Soy un bicho raro orgulloso de serlo! – Rió alegremente. – Si no fuese un bicho raro no sería yo mismo. ¿Y qué hay más encantador que un dependiente medio sordo? – Era una pregunta bastante irónica, teniendo en cuenta que en más de una ocasión no había escuchado a los clientes entrar o hacer algún pedido y se había limitado a afirmar y sonreír esperando a que la situación se arreglase sola.

Como cualquier padre, se asustó. ¿A quién no le asustaba pensar que la educación de su hija dependía de un profesor con problemas con el alcohol? Pero por suerte Eunice fue más directa, contando brevemente cuál era la historia de aquel hombre.

- Me sigue sin gustar que alguien con problemas con el alcohol de clases a mi hija. Y más siendo un internado. ¿Y si hay un accidente fuera del horario lectivo y él está borracho como una cuba en su despacho? – Preguntó aún sin creer el tipo de personal que contrataban hoy en día en los colegios. – Mejor deja el tema, al final me plantearé cambiar a Alex de colegio para que le de clase un drogadicto en lugar de un borracho. – Pues si en Hogwarts había un alcohólico, era seguro que en el resto de escuelas mágicas había personal a la altura de aquel hombre.

Colocó la mano derecha sobre el mentón como si aquella postura sirviese para ampliar sus conocimientos sobre el tema, o quizá para hacer que los pensamientos se ordenasen de tal manera que fuesen acertados. Escuchó toda la explicación de Eunice a lo referente a los patronus y los animagos. Era posible que ella tuviese un mayor conocimiento acerca del tema, pues para algo era Auror y encima seguía en un colegio donde quien no tenía un conocimiento general de las cosas estaba perdido. Pero no lo pudo evitar.

- Te apuesto una cena preparada por el perdedor a que te equivocas. – Le tendió la mano para cerrar el trato con un apretón de manos y sonrió. – Para algo estás en Hogwarts. Tienes una biblioteca de lo más completa. Saca uno de esos libros un día y me demuestras que me equivoco y cocinaré para ti. Y tengo que decir que soy un excelente cocinero. – Mentira. Las cosas no le salían malas, eso era cierto. Pero su repertorio de cocina era más bien escaso. Por eso pasaba tantas horas comprando dulces en Honeydukes. También afectaba que fuese un goloso. Por eso se llevaba bien con Drake.

No sabía cómo se verían las cosas desde dentro del Ministerio, pero para alguien ajeno a él, tal como era Steven, no podía poner queja alguna de la nueva Ministra. Todo estaba en calma y para un nacido de muggles era toda una mejora, especialmente teniendo en cuenta que la mitad de las desapariciones y asesinatos perpetrados iban dirigidos a ellos.

- Esperemos que si es una Mortífaga acabe en Azkaban. Y si simplemente apoya la causa, acabe dimitiendo como el último que tuvimos. – Había leído las ediciones de El Profeta con el fin de enterarse de lo que pasaba en el Mundo Mágico y ver aquello no le había agradado ni lo más mínimo. Realmente, el poder corrompía.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Sam Claflin
Edad del pj : 32
Ocupación : Profesor encantamientos
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 8.450
Lealtad : Pro - Muggle
Patronus : Camaleón
Mensajes : 552
Puntos : 335
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3393-steven-d-bennington http://www.expectopatronum-rpg.com/t3398-it-s-where-my-demons-hide-relaciones-de-steven http://www.expectopatronum-rpg.com/t3443-this-city-never-sleeps-at-night-cronologia-de-steven http://www.expectopatronum-rpg.com/t3400-correspondencia-de-steven-d-bennington

Invitado el Mar Sep 27, 2016 2:59 pm

Cuando empezó a detallar como se encontraría de seguir aquel pensamiento no pude evitar imaginármelo hasta con el trocito de espiga en la boca, comprobando que el tallo fuera suficientemente tierno para recoger el maíz en su punto. Y comencé a reír sin poder evitarlo, es lo que hacía tener una imaginación desbordante, te contaban algo e intentabas sacarle una imagen mental que situara a la persona en el lugar- ¿Me invitarías a tu rancho? -eso tampoco podía evitarlo, porque una vez imaginado ya hasta lo vivía, aunque ciertamente supiera que aquello no era real, era como seguir el juego a un loco, o darle la razón, una, porque no querías que saltara y se pusiera agresivo, dos, porque realmente te traía sin cuidado todo lo que pensara o te pudiera decir, tú vivías tu propia existencia. Y pese a seguirle el juego, conocías la verdad de la realidad- Si piensas lo mínimo es imposible llegar a la conclusión que ellos apoyan-por lo que poca gente pensaba realmente, pues habían muchos seguidores de aquel pensamiento segregacionista. Aunque estaba convencida que muchos de ellos era simplemente porque ponerse de ese lado les aportaba un estatus social que según ellos los hacía únicos. Gente que seguía queriendo una diferenciada clase social, la clase rica y el resto de inmundicias por el mundo, gente a la que el verdadero conocimiento no les atraía par nada, lo único que perseguían era poder, seguir perteneciendo a una clase elitista social sobrevalorada por los designios de la historia, y dentro de aquel grupo habían una cantidad de trepas alucinante. Al menos, ese era mi pensamiento.

Me había perdido entre mis propios pensamientos unas décimas de segundo y Steven estaba soltando algo de mear sobre una picadura de medusa- ¿Para qué? -pregunté sin más, estaba abstraída, pero aquello me había sacado de mis cabilaciones. ¿Que no preguntara más? Lo miré confundida y el semblante serio empezó a transformarse en una sonora carcajada que inundó el piso de arriba, teniendo que dejar la taza de café sobre la mesita a riesgo de terminar desparramado todo por el suelo- ¿No jodas que measte sobre una picadura de medusa? -no podía parar de reír, a Steve lo consideraba uno de los hombres más inteligentes que conocía, no podía haber hecho eso o dejar que se lo hicieran, yo podía ser algo inocente en algunas ocasiones, pero él era un ex-Ravenclaw, no podía haber caído en la broma de los novatos, aunque por su cara veía que sí, y aquello no hizo más que arrancarme más carcajadas.

Menos mal que estaba sentada sobre el sofá, un ataque de risa de aquel tamaño hubiera terminado con el coxis en el suelo y rodando sin poderlo evitar. Cogí uno de los almohadones para tapar mi cara, intentando parar y escuchar lo que seguía diciéndome, pero las lágrimas se me habían saltado de la risa, sólo de nuevo imaginándome de nuevo la escena rocambolesca y el descojone que llevarían los que le habían dado el consejo- Vale, ya paro... -intenté tomar aire pero de nuevo la imagen en mi retina y otra carcajada, terminando con la cara pegada al sofá, sin poder retener las lágrimas de mis ojos, me moría de la risa, hacía tiempo que no reía tanto, no había nada como un buen amigo para hacerte reír hasta el infarto. Se me había acelerado hasta el corazón y lo siguiente que soltó ya fue el detonante final antes de terminar de destornillarme de risa- ¡Steve, jajajajaja!- un dependiente medio sordo, no podía retener ni las lágrimas, ni las carcajadas ni los movimientos espasmódicos del pecho, me iba a dar un jamacuco como no detuviera la risa, y el culpable sería él.

Mi amigo era adorable, en todos los sentidos de la palabra, pero a mi no me atraía, no lo deseaba, jamás lo había deseado, siquiera besarlo. Lo había querido con locura, me lo contaba todo, había confianza al doscientos por cien, pero jamás de los jamases me había enrrollado con él, y eso no iba a cambiar, porque sin saber como había ocurrido, me había vuelto a enamorar de la misma persona que un día me rompió el corazón, y no podía ser aquello, no estaba bien, era un hombre casado.

¿Para qué iba a cambiar a Alex de colegio si tenía en el mismo centro los dos especímenes al mismo precio y siendo el mejor colegio de magia del planeta? Pero mejor no decir nada más, sólo le faltaba saber que el mayor problema no lo tenía el profesor de Defensa, el cuál sabía controlar perfectamente en qué momentos podía o no beber, sino un tipo que iba medio fumado todo el santo día y con una vaca rojiza detrás, a la cuál hablaba como si fuera su novia.

- Bueno si te llega alguna queja por parte de Alex de él o de cualquier otro profesor siempre tienes el Consejo de padres para reclamaciones, pero deberías enseñarle que también hay un Consejo de Alumnos en donde ella puede poner sus propias quejas si no está de acuerdo con algo -al hablar de algo realmente serio, había podido dejar de desternillarme de la risa, pero las mejillas aún estaban encendidas y los ojos brillantes- Trato, pero ya no tengo acceso a la Biblioteca de Hogwarts como antes, Steve, creo que he sido la profesora con el periodo lectivo más corto de la historia del colegio. Treinta y seis minutos de clase y dos semanas de permanencia en el colegio -y no, no pensaba repetirle ninguna de las charlas que me habían dado, al menos de momento- Pero sé a quien preguntarle y cumpliré el reto si he fallado.

Asentí con la cabeza, si era mortífaga y la enganchaba un buen auror, terminaría sus días en Azkaban, si la enganchaba alguien de la orden, no estaba tan segura de que sus días terminaran en Azkaban, al menos con todos los huesos en su sitio y esa cara tan cincelada irreconocible, si por una de esas la guerra estallaba estaría colocada en donde debía estar, para seguir dirigiendo y habría que andarse con más pies de plomo dentro del Ministerio, pero también pudiera ser que mi corazonada fuera errónea y entonces la que se tendría que andar con pies de plomo sería ella, al estar en un cargo público siendo nada más y nada menos que un títere sin voz ni voto, sólo una cara bonita que mostrar, la que se comía todos los marrones, pero en definitiva ni cortaba ni pinchaba el pastel- ¿Qué dónde está en estos momentos, Steve? -¿Alguien sabía el paradero del anterior Ministro Mágico? Porque la mayoría de veces era un cargo en el que se salía con los pies por delante. ¿A quien en su sano juicio le interesaba ser Ministro de Magia o Jefe del Departamento de Seguridad del Gabinete del Presidente en el mundo muggle o del Ministro en el nuestro?

Volví a tomar la taza de café para vaciar su contenido, tantas risas y el café se había quedado tibio, genial para tomármelo y no abrasarme ni las cuerdas vocales ni la lengua.
avatar
InvitadoInvitado

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Página 2 de 2. Precedente  1, 2

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.