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Diarios de motocicleta {Circe A. Masbecth} FB

Invitado el Miér Sep 21, 2016 5:07 am

Off: Pa la pija que le gusta poner imágenes al inicio de los temas de rol.
Con amorch...
El perro pulgoso.


Quedarse dormido junto a Circe había sido mucho más divertido de lo que él esperaba. ¡La chica hablaba en sueños! Y si le preguntabas, respondía, que era lo mejor. Lo malo, es que apenas modulaba y sólo se le entendía el veinte por ciento de lo que decía. Aún así aprovechó de hacer varias preguntas, aunque la mayoría idiotas, típicas preguntas adolescentes para reírse, del tipo “¿Estás loca? ¿Te gusta el olor de tus pedos? ¿Te hiciste pipí?”

Sí, Sirius era Sirius y definitivamente no iba a cambiar… Bueno, no en pensar y hacer estupideces, porque de que estaba cambiando luego de conocer a Drake Ulrich, sí que estaba cambiando.

Le hubiese gustado aguantar más tiempo despierto, pero ambos se habían acostado tarde y el sueño había acabado por vencerle antes de lo esperado. Inevitablemente, al estar en sus pensamientos al quedarse dormido, soñó con la rubia, aunque más que un sueño fue una pesadilla, porque soñó que la chica se le caía de la motocicleta mientras volaban, lo que significaba que al final pondría especial cuidado en la seguridad de la ex-Slytherin en cuanto emprendiesen su viaje la siguiente mañana.

Despertó con los malditos rayos del sol, que en verano siempre salían antes de lo que a él le gustaría y se levantó con cuidado de no despertar a la chica. Por un momento dudó si usar el baño de la otra habitación, pero descubrir lo que había en el baño de la rubia era mucho más tentador, así que entró y echó una rápida revisión visual por toda la habitación antes de ponerse a hacer sus necesidades y darse una buena ducha, teniendo especial cuidado de no manchar nada y no echar agua fuera, pues sabía que Circe le mataría.

Salió del baño ya a medio vestir y se acercó a la cama, específicamente al rostro de la Masbecth, con la intención de despertarla con un lametazo para fastidiarla por un momento, pero cuando ya estuvo con la lengua afuera y a escasos centímetros de su nariz, se arrepintió y se alejó rápidamente de la rubia, antes de que le pudiesen las ganas de travesura. Suspiró resignado y, rodando los ojos con expresión de “Ni modo” la sacudió suavemente de uno de los hombros y le llamó por su nombre.

¡¿Desde cuando era TAN considerado?! Ni siquiera con la mamá de James se preocupaba tanto.

Y, para rematarla, en cuanto tuvo respuesta de la chica y ya la certeza de que no se dormiría nuevamente, tomó una camiseta limpia y se marchó de la habitación para darle privacidad y además preparar el desayuno, y sabía exactamente que hacer. Ya los había preparado en casa de James y se había ganado el infinito amor de su madre, aunque esa no había sido tampoco la primera vez que los había hecho, pues había sido esa una de las primeras recetas que había probado al descubrir el maravilloso mundo del internet, por sí, Sirius Black era capaz de buscar una receta para hacer los huevos revueltos perfectos.

Una vez acabado el desayuno y que ambos se hubieron lavado los dientes y hubieron hecho todo lo que tenían que hacer. Sirius tomó su bolso de viaje y se lo echó al hombro para salir de la casa de los Masbecth y tender su mano a Circe, esperando a que ella la tomara.

—Ya lo sé, no me desapareceré sin avisar.

Le sonrió. Si Circe hubiese conocido también el puerto de Calais, le hubiese permitido que les dirigiera ella, pero como la joven no lo conocía, el moreno contó hasta tres y luego se desapareció.

Se materializaron en unos estacionamientos subterráneos, en donde Sirius sacó su motocicleta de la caja en donde le transportaba y le hizo recuperar su tamaño original ¡Cómo amaba por fin pasar unas vacaciones en las que pudiese hacer magia fuera de Hogwarts!

Ambos se montaron a ella y salieron a la calle, en donde se encontraron con varios edificios de estilo antiguo, pegados los unos a los otros con un aspecto similar a las calles de la antigua Amsterdam. No al mucho andar, pasaron también por el Municipio y su tan característica plaza central con un enorme pavo real hecho de flores. Pero la ciudad tampoco era tan grande y muy pronto salieron de ella y tomaron la carretera, en algo más de una hora ya habían pasado por Dunkirk y estaban llegando a la frontera con Bélgica, por lo que Sirius detuvo la motocicleta sólo un poco antes del paso fronterizo para preguntar a la rubia.

—¿Tienes documentos muggles? Porque si no los tienes podemos A: pasearnos cerca de la frontera, echar un vistazo, memorizar un sitio y aparecernos ó B: pasar a toda velocidad y crear un escándalo adrenalínico internacional en donde nos perseguirán por unos minutos y luego nos dispararán a muerte.

Preguntó comenzando con una sonrisa que acabó aún más amplificada y traviesa, dejando en claro que la idea de escapar de la muerte le molaba más que las otras.
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Circe A. Masbecth el Miér Sep 21, 2016 12:38 pm

No tardó demasiado en quedarse profundamente dormida. No era de su agrado tener que compartir la cama con cualquier otra persona pero terminó por resignarse a la cabezonería de su acompañante y a la suya propia por no irse a otro dormitorio para dormir finalmente sola. Sorprendentemente, no fue una mala noche. No tuvo ningún tipo de sueño o al menos ninguno que recordara. Sirius no se movía lo suficiente como para despertarla ni molestó en toda la noche, algo sorprendente teniendo en cuenta que si despierto era todo un dolor de cabeza, de noche no esperaba menos por su parte.

Pasó ambas manos por su rostro cuando escuchó la voz de Sirius y una de sus manos sobre su  hombro. Se sentó sobre la cama y estiró las piernas antes de levantarse en dirección a la ducha, la cual aún se encontraba congestionada por haber sido utilizada recientemente. Por suerte, todo estaba en orden, lo que no hizo que el mal humor de Circe comenzase desde primera hora de la mañana.

Estuvo un buen rato en la ducha y, una vez terminó, salió a su dormitorio, el cual por fin estaba desierto. Terminó de arreglarse y se dispuso a bajar al piso inferior donde Sirius se había encargado de preparar el desayuno. Sonrió de medio lado cogiendo un vaso de zumo y sentándose para desayunar con él. – Huele bien. – Se limitó a decir antes de comenzar a desayunar, aunque apenas hubo empezado a comer ya consideró que su estómago estaba lleno. Especialmente cuando iban a viajar.

No tardaron en desaparecerse rumbo al puerto de Calais. Circe jamás había estado en aquel lugar y le resultó sorprendentemente bonito. Por algún casual lo había imaginado como un lugar de paso sin apenas interés turístico y sin buenas vistas. Era todo lo contrario. Tenía su zona más antigua y en peor estado, pero aún así las casas eran preciosas. Había monumentos y flores, había zonas verdes y suelos empedrados. Y el sol hacía que todo aquello pareciese incluso más bonito de lo que era.

Confió en Sirius una vez más como para montarse con él en la motocicleta para recorrer las calles de aquella ciudad desconocida. Se abrazó a la espalda del chico mientras contemplaba las calles por las que iban pasando y la tranquilidad de las personas que vivían allí comparada con las prisas que podían verse en los ciudadanos londinenses, los cuales parecían ir con prisa a todos lados.

Frenaron a poco de llegar a la frontera y Sirius preguntó sobre la documentación muggle de Circe. Por suerte, había cogido el pasaporte y el documento nacional de identidad, pero no llevaba nada más en caso de ser necesario algo más. – Tenías que haberme dicho que los cogiera… - Sí, estaban en su mochila. Cuidadosamente colocados en uno de los bolsillos para acceder a ellos más fácilmente. Pero aquello no importaba en absoluto. Tanto el uno como el otro sabían que era mil veces más divertido cruzar la frontera, como bien había dicho, montando todo un escándalo. – Me sujeto bien. – Dijo la rubia apretando la espalda de Sirius para demostrarle que estaba bien sujeta y que cuando quisiera podía acelerar para comenzar con su viaje hacia el siguiente país.

Como cabía esperar, Sirius no tardó en acelerar con ayuda de su motocicleta. El sonido de esta al ir a tanta velocidad no resultó del agrado de Circe pero ya era tarde para echarse atrás y confirmar que sí que llevaba la documentación en regla.

Aceleraron incluso más cuando una pareja de policías se acercaron a ellos con intención de pedirles la documentación en el paso fronterizo. Circe pudo ver cómo uno de ellos hacía un aviso de emergencia antes de que se alejasen demasiado como para poder escuchar qué era lo que estaba diciendo.

No sabía si Sirius había acelerado incluso más, pero lo notaba como tal. Pudo escuchar como las sirenas comenzaban a sonar a su espalda y se volteó justó a tiempo para ver como un único coche de policía acompañado por otra motocicleta iba tras ellos a toda velocidad. Apretó el hombro de Sirius y gritó para que con el sonido de su propia moto y de las sirenas pudiese escucharla. - ¡Acelera! – No sabía si era posible, pero notaba que sus perseguidores estaban cada vez más y más cerca y de no conseguir salir de allí, se meterían en un buen aprieto.
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Invitado el Miér Sep 21, 2016 6:40 pm

Su sonrisa se ensanchó aún más cuando la rubia le dijo que no había llevado los documentos y que se sujetaba bien. Por un momento se había imaginado que la chica le aguaría la fiesta y preferiría hacer el aburrido trámite muggle de la aduana fronteriza, pero como siempre, Circe acababa sorprendiéndole de mala o de buena manera, lo cual era algo que le dejaba absolutamente satisfecho.

—Fue un viaje improvisado.

Dijo sin más, alzando los hombros, como si de ese modo se sacudiese la culpa y llenase sus ojos de inocencia, de la cual no tenía mucha y es que —por supuesto— Sirius sabía lo que hacía y eso lo dejó muy en claro cuando sacó la varita. No sólo se encargó de ocultar la placa de la motocicleta, sino también le cambió el color a ésta, a sus cascos y a sus ropas.

—Oki doki… Aquí vamos…

Ambos salieron hechos una bala por los hombros de la calzada, ya que en la calle misma se encontraba una pequeña fila de automóviles esperando a su turno para ser chequeados. Sirius curvó para meterse en la fila, como si estuviese siendo parte de ella de antes, por lo que dos de los oficiales ya se preparaban para acercarse a ellos cuando los bocinazos de atrás les delataron que no eran parte de la línea, pero antes de que pudiesen reaccionar, se agazapó a la motocicleta con la sonrisa aventurera decorándole la boca y aceleró el vehículo hasta hacer chillar las llantas y salir disparados en dirección a ellos, por lo que tuvieron que apartarse corriendo. Juntos atravesaron la línea de discordia antes que lograsen bajar la barrera para impedir el paso de un nuevo vehículo. Los gritos de Alto y las llamadas de ayuda no tardaron en escucharse.

El moreno se mordió los labios, disfrutando de su momento de adrenalina, cuando vio un par de balizas por el espejo retrovisor y la voz de la rubia le gritó que acelerara. Sirius sacó entonces la varita y antes de acelerar más, realizó un conjuro silencioso a las manos de Circe para que éstas no pudiesen despegarse de su agarre. No es que no confiaba en ella, sino que no confiaba en sí mismo y en lo que serían de sus maniobras peligrosas, pues no deseaba hacer del sueño de la noche anterior una realidad.

Su pie pisó a fondo el acelerados y sus manos activaron otra parte de los “encantos” de su motocicleta, haciendo que de pronto saliesen llamas del tuvo de escape y ésta acelerara como un verdadero cohete antes de girar la esquina y hacer que sus rodillas casi tocasen el pavimento. Aquella era una calle sin salida y Sirius había visto el letrero de aviso, más no se detuvo, ni cambió de opinión y pareciera que ya iban a estrellarse contra la muralla, cuando la motocicleta se despegó del suelo y subió por la muralla como una verdadera película de ciencia ficción.

—Yiiiiiihaaaaaaaaaaa!!

Gritó Sirius como un verdadero vaquero del Oeste Canadiense*. La motocicleta se elevó por un par de metros cuando la muralla acabó y volvió a descender inmediatamente, antes de que los muggles se dieran cuenta se que se trataba de un artefacto volador y bajó por la calle siguiente, andando aún a considerable velocidad mientras Sirius regresaba todos los colores a la normalidad y deshacía el hechizo que aprisionaba las manos de Circe antes de detenerse en los estacionamientos de un hotel llamado Ara Dune Hotel y su propio restaurant Brassierie de Mol, en donde Sirius se bajó, dejó el casco y tomó la mano de Circe mientras fingía leer los especiales del día en el menú escrito en la pizarra de la calle. Segundos después, dos carros de policía pasaron por el lado de ellos haciendo sonar las sirenas, por lo que el moreno les siguió con la mirada, como si fuese un curioso más, antes de girarse a Circe a sonreír.

—Bienvenida a La Panne, Bélgica.

Rió entre dientes y entonces se giró mirando hacia el noreste, de donde parecía que una especie de montañas rusas y otras atracciones se altura se asomaban por detrás de los edificios a no demasiada distancia del lugar en donde estaban.

—¿Se te antoja ir a un parque temático? —sonrió —Plopsaland De Panne, jamás he estado ahí, pero leí buenas críticas mientras preparaba el desayuno.

No sabía muy bien de que iba realmente aquel parque, porque casi todo lo que había leído al respecto estaba en idioma neerlandés, francés o alemán y él no conocía ninguno de los tres, pero ¿qué se necesitaba saber para divertirse?

Off: Dato rosa (?); los vaqueros estado unidenses dicen Yahoo! Y los canadienses Yihaa! XD
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Circe A. Masbecth el Miér Sep 21, 2016 7:13 pm

Todo lo que sucedió a continuación tuvo lugar en apenas unos minutos y, para Circe, podían bien haber pasado dos segundos. No tuvo tiempo de pensar cuando Sirius aceleró y la moto comenzó a ser el foco de una persecución digna de cualquier película de aventuras donde, en cualquier momento, un coche explotaría. Pero no lo hizo. No hubo explosiones, ni golpes, ni llamaradas. Pero sí una moto que en lugar de darse de bruces contra el final de una calle sin salida se elevó por encima de esta antes de que alguien fuese consciente de lo que estaba pasando a su alrededor.

Circe se sujetó incluso más a Sirius a pesar de que sus manos ya estaban completamente pegadas al cuerpo del chico, algo que ni había notado al estar haciendo el esfuerzo por si misma de mantenerse pegada a él. No quería acabar en el suelo, ni mucho menos, y dado el  miedo que despertaba en ella aquel artefacto cuando emprendía el vuelo, era imposible que optara por soltar las manos y dejarse caer con facilidad en dirección al suelo.

Los vehículos de policía habían desaparecido y Sirius aprovechó aquel momento para frenar y devolverle a la motocicleta su color habitual para no poder ser identificada por los muggles curiosos o por los policías que de seguro aún seguían en la búsqueda de la motocicleta fugada y sus dos tripulantes. Era posible incluso que al día siguiente apareciesen en el periódico local y se buscase aquella motocicleta por todo el país al creer que serían algún tipo de terroristas que buscaban pasar la frontera sin identificarse o algún tipo de ciudadano carente de documentación europea.

Tomó la mano del chico para bajarse de la motocicleta y dejó el casco a un lado junto al de Sirius. Aprovechó que Sirius estaba prestando atención al menú escrito en una pizarra para acomodarse el cabello y la ropa, la cual se había descolocado en el tránsito de aquel viaje a toda velocidad.

Notaba las manos congeladas de la fuerza con la que había apretado a Sirius para no caerse y como su rostro también estaba helado, seguramente debido a que su piel se había tornado al blanco del malestar general que sentía en aquel momento. Intentó sonreír a la bienvenida de Sirius dejándose caer en una de las sillas del café donde ahora se encontraban e ignorando por completo a los dos vehículos policiales que acababan de pasar sin ser capaces de identificar la moto que escasos minutos antes se encargaban de seguir a toda velocidad.

- Entonces vayamos. – Elevó la mano haciéndole una indicación al camarero para que fuese hacia donde se encontraban ambos chicos y le sonrió amablemente. – Yo quiero un zumo de naranja natural con azúcar. – Notaba tal falta de azúcar en el cuerpo que tomaría la cantidad de azúcar que hiciera falta como para dejar de sentir que se iba a quedar inconsciente en cualquier momento.

En cuanto el camarero se marchó, Circe aprovechó para acercar sendas manos a Sirius y pasar una de ellas bajo su camiseta por el agujero del cuello. – Tengo las manos congeladas. – Realmente sólo había hecho aquello para molestar al chico con el frío de la temperatura que en aquel momento tenían sus manos, pero no pudo evitar reírse por aquel comportamiento tan infantil.

El camarero no tardó en dejar su pedido sobre la mesa junto con la cuenta y marcharse al interior del local. – Entonces, vamos ahora a ese parque de “Polpsaloquesea” y… ¿Pasamos allí el día? En ese tipo de parques suele haber filas interminables y dudo que en unas horas nos dé tiempo a montar en las atracciones decentes. Pero por una vez en tu vida, vas a escuchar esto de mi boca: tú mandas. – Pues dado que era él quien había organizado el viaje, tenía la oportunidad de controlar dónde y cuándo irían.

Terminó con el zumo y dejó el dinero que ponía en la cuenta antes de levantarse para volver en dirección a la motocicleta de Sirius. – Venga señor chofer, que para algo le pago con mi maravillosa compañía y simpatía.
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Invitado el Miér Sep 21, 2016 11:32 pm

No lo había notado hasta que la miró, Circe estaba muy pálida, tanto que parecía enfermiza y eso era muy extraño en ella. Bueno, según él, pues él no le veía todos los días y sólo podía juzgar en relación a la cantidad de veces que le había visto.

—¿Estás bien?

Preguntó con algo de preocupación, pero la rubia estaba muy ocupada haciendo una seña al camarero para que éste no les perdiese de vista y fuese a atenderlos. La verdad es que Sirius no tenía pensado sentarse en aquel lugar, sólo había parado para perder a los policías, pero ya que que Circe parecía muy cómoda ahí y además con ganas de ordenar, no le quedó otra que sentarse en una de las mesas junto a ella.

—Eeeeeh… Lo mismo.

Acabó ordenando sin pensar, ya que no tuvo ni siquiera tiempo para mirar el menú, ni pensarse demasiado de que tenía ganas para poder preguntar, aunque lo que más le preocupaba en esos momentos era la apariencia de la rubia. A punto estuvo de preguntarle de nuevo si acaso estaba bien, cuando ella se acercó a él para meterle las manos por el cuello, debajo de la ropa. Sirius llegó a dar un salto por lo helada de que las sintió, antes de echarse a reír.

—Sí, ya veo —dijo cogiéndole ambas manos para sacárselas de encima y fregarlas entre las suyas —¿Qué te ha pasado? ¿Por qué estás tan blanca? ¿Te sientes bien?

Alcanzó a preguntar cuando el camarero llegó con ambos vasos de jugo de naranja y la jarra de azúcar en caso de que les faltase más dulzor y, además ¡la cuenta!.

—¿Qué demonios? ¿Ya nos están echando? ¿Tan mal vestidos estamos? —preguntó mirándose a sí mismo, para luego mirar a Circe y dejar escapar un chiflido antes de reír —No, tú estás toda guapetona, igual que siempre.

Entonces cogió su vaso y bebió de la pajilla, pero en cuanto vio que Circe estaba sacando el dinero, él la detuvo haciendo señas y de un manotazo sacó la cuenta de la mesa para mirarla sólo él y que ella no viese la cantidad que había que pagar.

—Esta cuenta la pago yo, que parece que te dejé con hambre del desayuno.

Rió brevemente y se metió las manos a los bolsillos sin encontrar nada, para luego buscar en su morral con encantamiento súper extensible y sacar su billetera, mientras le escuchaba hablar del parque temático al que le había propuesto ir.

—Sí ¿no? —preguntó luego de que ella mencionara lo de las filas interminables —Con ello suena mejor a aparecerse de noche, cuando ya esté todo cerrado y echar a andar a algunos juegos a la mala, para luego salir arrancando antes de que lleguen los guardias —frunció el ceño pensativo —. De hecho, deberíamos encargarnos primero de los guardias. Yo los silencio y tú escondes el cadáver.

Sonrió, aunque la sonrisa sólo le duró lo que ella tardó en decir que ese día mandaba él, por lo que la impresión se apoderó de su rostro, desplazando cualquier otro rastro de emociones y hasta abrió la boca exagerando aún más su sorpresa antes de echarse a reír.

—Okey, me gusta eso.

Y estuvo a punto de dar su primera orden cuando Circe se puso de pie lista para ir de regreso a la motocicleta, por lo que Sirius le agarró de una mano y, sin pararse aún de su asiento, le hizo regresar cerca de él para mirarle de frente.

—Oiga, simpática señorita de maravillosa compañía —rió —, yo aún no le ordeno que se ponga de pie. De hecho, lo primero que quiero hacer es ver si cumples lo que dices y comprobar que efectivamente mando yo —aclaró siempre con una sonrisa —. Vas a acercarte un paso más, hasta que puedas sentarte sobre mi regazo para que yo pueda poner mis manos alrededor de tu cintura y, a la cuenta de tres, me vas a besar de la misma forma que lo hiciste anoche en tu casa. Lo haces y prometo no pedir ninguna otra cosa melosa… por todo lo que queda del día… Pinky promise —añadió alzando su meñique.
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Circe A. Masbecth el Jue Sep 22, 2016 11:59 am

La aventura en motocicleta no había sido el problema, sino el hecho de que esta emprendiese el vuelo a tal velocidad que hizo que acabase con el estómago revuelto y con tal dolor de cabeza que esta parecía que fuese a explotar de un momento a otro. Era una de las muchas razones por las cuales la moto de Sirius no acababa de convencer a la chica. O el hecho de que fuese Sirius quien manejaba y ella se quedaba con cero control sobre sus movimientos y acciones. – Sí, claro. – Dijo quitándole peso al asunto para pasar a sentarse en una de las mesas del local dejando de lado el hecho de sentirse mal. Sabía que aquello no duraría más de dos minutos y en cuanto tomase algo con azúcar todo se iría y volvería a ser la de antes.

No pudo evitar usar el frío de sus manos como arma contra Sirius, pasando estas bajo la ropa del chico con una sonrisa infantil por la tontería que acababa de cometer. Pero Sirius hizo lo contrario que cualquier otra persona haría a alguien como ella. Agarró sus manos e intentó que entrasen en calor y se interesó por lo que le sucedía.

Sirius era un auténtico dolor de pelotas, o al menos lo sería de tener unas. No estaba acostumbrada a que la gente se preocupase de tal manera por ella, de una manera tan desinteresada y sincera. Frunció el ceño pero no dijo nada en absoluto sobre aquellos pensamientos que ahora rondaban su cabeza. – Que sí, que estoy bien. – Dijo despegando una de sus manos de Sirius para darle un golpe en el brazo con la sonrisa en el rostro. – Un bajón de azúcar, es lo que tiene que el conductor de la moto donde venía de viaje haya decidido salir volando sin avisar. – No se lo echaba en cara en absoluto, pues sabía que había sido la única salida para librarse de la situación en la que ellos mismos se habían metido cuando podían haber tomado un camino mucho más fácil y seguro. Pero eso era demasiado simple para dos personas como ellos.

Dio un trago a su bebida en cuanto la copa rozó la mesa para lograr subirse el azúcar lo antes posible, pero no pudo evitar reír ante el comentario de Sirius, lo que le hizo tragar el contenido del zumo rápidamente para no acabar echándolo de nuevo sobre la copa. – Yo siempre estoy perfecta, no sé ni por qué lo dudas. – Dijo con marcado orgullo antes de dar un nuevo trago a su bebida.

Una vez finalizó el contenido de esta, se dispuso a pagar pero fue Sirius quien se anticipó a su movimiento impidiéndole siquiera ver el contenido de la cuenta. – Eres un idiota, sólo necesitaba azúcar. – Intentó justificarse. Era cierto que había tomado poco desayuno pero no tenía hambre en absoluto. Lo que tenía era una falta de azúcar considerable.

- Si hacemos eso tengo la impresión de que acabaremos muriendo en alguna atracción por no saber ponerla en marcha bien. ¿O ahora también sabes poner en marcha una montaña rusa y los sistemas de seguridad? – Porque por lo que era ella, no tenía ni la más remota idea de cómo funcionaba aquello por mucho que hubiese ido a parques de atracciones a lo largo de su vida. – Sí, me vendrán bien los cadáveres ahora que empiezo con Medimagia. Así empiezo con las prácticas antes de que comience el curso. – Añadió con orgullo como si aquello fuese cierto. No, no pensaba abrir ningún cadáver para ponerse a estudiar su contenido. Al menos no por el momento.

No tenía problema en que Sirius marcase el ritmo de aquel viaje, no sólo porque la idea había sido suya, sino también porque el vehículo le pertenecía. Se vio obligada a girar cuando Sirius tiró de su mano y comenzó a hablar, a lo que Circe contestó cruzándose de brazos y escuchando la nueva tontería que salía de la mente de Sirius y que este había considerado que era tan inteligente que debía decirla en voz alta. No, tenía que haberla dejado en su mente y que de allí no hubiese salido nunca.

Resopló para armarse de paciencia. No tenía ganas de discutir con Sirius y el zumo estaba terminado como para poder echarle el contenido de la copa sobre la cabeza, que era lo que más le apetecía en ese momento. – Black, no te tomes las cosas de manera tan literal ni busques vacíos legales para llevarte un beso. Soy tu amiga, y no creo que a Potter le vayas pidiendo que te coma la boca. Y si lo haces, casi que preferiría no saberlo. – Rodó los ojos aún con los brazos cruzados sobre su regazo. No iba a besarle. Sirius era su amigo y aunque a veces tuviese ganas de besarle, en aquel momento no las tenía en absoluto. – Hemos quedado en hacer lo que nos apetezca cuando nos apetezca, y por lo que a mí respecta, no me apetece hacer eso. – Sonrió sarcásticamente para prestarle la mano al chico para que se levantase. – Tú mandas hoy, pero sabes que soy todo un grano en el culo que puede mandarte a la mierda si me pides gilipolleces como esta.
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Invitado el Jue Oct 13, 2016 12:53 am

—Upsy… —respondió con una sonrisa poco inocente, luego de que le acusara por su bajón de azúcar a causa de haber salido volando repentinamente en la motocicleta.

Luego de haber pedido algo de azúcar líquida, habérsela tomado y pagado la cuenta, ambos comenzaron a planear lo que sería el resto del día, a lo que vino la idea de visitar el parque de diversiones por la noche y así no tener a nadie por delante en las filas, pero la sola idea de ser ellos quienes operasen las máquinas, hizo que Circe le hiciese abrir los ojos de que si hacían eso, seguramente acabarían matándose, pero aún así, Sirius le quedó mirando pensativamente con pose de estarlo meditando.

—Pero eso… ¿no tendría más adrenalina y lo haría más atractivo aún? —le sonrió —De noche, sin que nadie nos vea, podríamos usar magia para salvar nuestro pellejo, a mi sigue sonándome cada vez más tentador, pero entiendo, tú eres una Slytherin cobarde.

Dijo agarrándole la nariz entre sus dedos indice y medio, como se hace a los niños chicos cuando se les dice que se les ha sacado la nariz. Fue en ese momento, cuando Circe dijo que los cadáveres le vendrían bien, ahora que comenzaba la Medimagia, que Sirius se dio cuenta que la chica por fin se había decidido por una carrera.

—¿Medimagia? ¿Tú? —preguntó mirándole con una expresión ENORME de extrañeza —¿La que adora ayudar a los demás? —añadió echándose a reír sin poderlo aguantar —Tía ¿en serio? No soportas ni mis babas de perro y vas a soportar meter las manos en las sangres y secreciones de los demás? —rió ahora a carcajadas —Jajajaja… Joder, para ya! Dime la verdad ¿qué estás estudiando?

Y no, definitivamente no se creía que Circe se hubiese puesto a estudiar Medimagia, pues era esa, de todas las profesiones, quizás en donde menos le veía, porque a la rubia no le gustaba ni ensuciarse, ni tenía demasiada paciencia con el resto de la gente. Joder, si ellos mismos que habían acabado siendo amigos casi se matan y se sacan los ojos en su primer encuentro.

Fue por ahí que Sirius buscó sacar provecho de aquel “Tú mandas” que le había soltado la rubia, cosa que a ella no le agradó mucho y aprovechó esa misma instancia para dejárselo en claro y decirle que en ese momento no se le apetecía nada con él.

—James me comparte, no se pone celoso —le dijo antes de poner carita de pena, con todo y morritos incluidos —. Y yo que pensaba que te parecía sexy… Aunque… —volvió a su apariencia normal —ahora que tocamos el tema… Hay algo que me gustaría hablar contigo al respecto.

No estaba seguro de si era el momento, pero si no lo hacía ahora ¿entonces cuando? Algo incluso le decía que Circe iba a mandarlo a la mierda, pero ¿no era prácticamente lo mismo si le mandaba a la mierda en ese momento a si le mandaba al final de la semana? Vamos, al menos si lo hacía ahora, se ahorraba un buen poco de dinero muggle ¿no?

—Yo… —comenzó rascándose el cabello, antes de ponerse de pie y empezar a caminar con ella hacia la salida —Bueno… —intentó seguir, pero nuevamente se quedó con las palabras en la boca, así que comenzó a mover sus manos, como si estás tuviesen la energía suficiente para sacarle las palabras —Es que… —resopló y se quedó mirando hacia el cielo por unos cinco segundos sin decir nada, antes de soltarlo de golpe —Si tú me gustas y yo te gusto… ¿por qué no estamos juntos?
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Circe A. Masbecth el Vie Oct 14, 2016 12:07 pm

Le sacó la lengua de manera infantil ante su comentario sobre una Slytherin miedosa. Claro que no era precisamente una cobarde por mucho que los Gryffindor fueran presumiendo de valentía en todo momento. – Me queda claro que no tienes en alta estima tu vida. – Afirmó la rubia negando con la cabeza. – Me gusta que me sirvan, Black. Si vamos de noche, por mucho que contemos con la varita, seremos nosotros quien tengamos que activar las atracciones o colarnos en algún local a coger un helado o un perrito caliente. – Dijo por hacer una simple mención a cualquier cosa que pudiese hacer y que no se la darían hecha, sino que serían ellos quien tendrían que recurrir a la magia y, por tanto, hacerla por ellos mismos.

Frunció el ceño ante las preguntas de Sirius. Realmente se había decantado por la Medimagia por mera curiosidad. No le importaba ni lo más mínimo ayudar a los demás, por lo que no había duda alguna que aquello no tenía nada de vocacional. Se mordió la lengua por no decir nada referente a la sangre y es que Circe seguía perteneciendo a los aspirantes de los Mortífagos, lo que había supuesto que en más de una ocasión se viese obligada a mancharse las manos con sangre ajena. En cuanto a las babas de Sirius… Las veía más fuera de lugar que cualquier otra cosa. – Por ahora no estudio nada. – Dijo elevando sendas cejas. – Sigo de vacaciones, cosas del verano. – Añadió con una leve sonrisa.

Sirius era alguien que sabía cómo convertir cualquier conversación en algo incómodo. Empezando por la petición de un beso de tal manera. Sirius ya sabía que Circe no era dada a acatar las órdenes de los demás y también sabía que cuanto más le pidieses algo, menos caso iba a hacerte. Circe era impulsiva y hacía lo que le apetecía en cada momento, por lo que pedirle algo suponía ponerle una sentencia de muerte a dicha petición. - ¿Sobre lo poco sexy que me parece que me pidas un beso? – Preguntó elevando sendas cejas antes de soltar una carcajada. – No me hagas reír, Black.

Realmente tenía ganas de ir a aquel parte temático. O de hacer cualquier cosa. Se sentía con bastante energía después de haber tomado el zumo de naranja y haber recibido la falta de azúcar que necesitaba, por lo que mantener una conversación allí con Sirius no era el mejor de los planes bajo su punto de vista.

Por suerte, Sirius pareció dar su brazo a torcer y se levantó para caminar junto a ella rumbo a… ¿Dónde iban exactamente? La decisión no había quedado muy clara, por lo que se limitaría a caminar hasta que Sirius dijese qué rumbo deberían tomar. Algo que tampoco pudo hacer, pues Sirius comenzó balbucear como si de un niño que comienza a hablar por vez primera.

Circe le miró de soslayo con cierta mueca de desagrado en el rostro. Aquel comportamiento le hacía parecer un deficiente mental. Y estuvo a un paso de abrir la boca para decírselo. Pero Sirius fue más rápido. Sirius abrió la boca previamente para dar paso a una pregunta que hizo que Circe se quedase en blanco. ¿A qué venía aquello ahora? ¿Desde cuándo a Sirius le importaban aquel tipo de cosas?

- ¿Y por qué tendríamos que estarlo? – Preguntó a forma de contestación a la pregunta de Sirius. Y es que sí él quería saber por qué no estaban juntos, ella quería saber porqué si debían estarlo.
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Invitado el Sáb Oct 15, 2016 9:23 pm

Era muy divertido, tenía que admitirlo, ver a Circe actuar a veces como una niña chica, después de toda la fama de perra cabrona que tenía en el Colegio. A veces le hacía sentir incluso que con él era otra persona muy diferente a como se mostraba con el resto y esa era una de las cosas que más le gustaba de ella. Sirius era demasiado egocéntrico como para fijarse en alguien que no le hiciese sentir especial, incluso hablando en términos completamente amistosos.

—Por supuesto que tengo en alta estima mi vida, pero también tengo en muy alta estima mis capacidades como mago —dijo inflando el pecho de manera orgullosa —. Además, ¿qué es de la vida sin un poco de riesgo?

Sí, esa era una de las cosas que más tenía de Gryffindor; ser un tonto descerebrado que le importaba más bien un cacahuate lo que le pasara con tal de pasarlo bien. Total, hasta ese momento siempre había salido muy bien parado y hasta ahora no se lamentaba absolutamente de nada. Excepto, tal vez, haberse distanciado tanto de Regulus.

—Auh! —se quejó de pronto, llevándose una mano al pecho como si las palabras de a ex-Slytherin realmente se le hubiesen clavado en el corazón —Perrito caliente… deberías ser un poco más considerada cuando estás conmigo.

Se quejó haciendo incluso morritos, antes de echarse a reír, y es que decirle a él que tenían ganas de un Perrito caliente, era como decirle a un pescado que tenían ganas de sushi ¡Una verdadera crueldad!

Luego, cuando continuaron con el tema de lo poco conveniente que era entrar al parque temático de noche y ella considero que un par de cadáveres no le vendrían mal para sus nuevos estudios Medimagia, lo que hizo caer en cuenta del moreno, que hasta ese momento no sabía lo que su amiga estudiaría, pero cuando lo supo, realmente no lo pudo creer. Decir que actuó de manera incrédula es decir poco, pues también se burló pensando en que era ella quien en verdad le estaba tomando el pelo, pero cuando la rubia no se lo negó, sino que mejor prefirió decir que aún no estudiaba, fue que él cayó en consideración que lo decía realmente en serio.

—¿En verdad empezarás a estudiar medimagia? —preguntó ya más serio —¿No me estás jodiendo?… Vaya… Jamás te hubiera imaginado en una carrera de servicio a la sociedad, la verdad —mencionó pensativo, para luego pasarse ambas manos por detrás de la nuca como si quisiera relajarse —. Al menos ahora ya tendré quien me cure luego de mis tan peligrosos enfrentamientos con las Artes Oscuras.

Torció una sonrisa, pues cada vez consideraba más y más tomar la carrera de Rompedor de Maldiciones una vez que egresase de Hogwarts. Eso, si acaso Remus acababa de convencerlo de que era una buena idea estudiar inmediatamente después y no gastarse un año de vago por el Mundo.

Pero claro, luego vino todo el asunto del “Tu mandas” y el beso que nunca llegó y la puta fantástica idea de preguntarle a Circe que porque no estaban juntos, cosa que si ya de por sí era incómoda, se puso aún más cuando la chica le respondió preguntándole que por qué tendrían que estarlo. Sirius frunció el ceño levemente mientras caminaba, y se llevó una mano a la barbilla para pensarlo aún mejor.

—Porque…

“Alguien me dijo que te preguntara” sonaría muy tonto ¿verdad? Lo mismo que si decía que no tenía decisiones propias y había sido idea de su padrino. Huuuummm… la cosa estaba complicada…

—Bueno… tú me dijiste que yo te gustaba, y yo sé que tú me gustas a mi. Aunque… lo sé, lo sé —se adelantó alzando una mano en señal de calma —Quizás no tanto como para intentar algo oficial con todas esas cosas que sé tanto tú como yo tenemos alergia, ya sabes… cursilerías varias. Pero… a veces… últimamente… me gustaría probar dando un paso más allá, sólo uno, sólo… tal vez… ¿tomar tu mano? —sonrió, pero pronto esa sonrisa se convirtió también en una carcajada que le hizo negar con la cabeza —. Sí, ya sé que suena estúpidamente mamón, pero… no lo sé… es algo más… algo nuevo.

Alzó los hombros, pues no sabía explicar de un modo mejor lo que verdaderamente quería, sobre todo cuando su cabeza y su corazón no lograban ponerse de acuerdo y se sentía más perdido que un naufrago perdido en una noche sin estrellas y sin farol.
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Circe A. Masbecth el Dom Oct 16, 2016 12:26 am

Siempre había considerado que los alumnos de Gryffindor tenían una predisposición innata para meterse en problemas y no pensar en lo que podía conllevar aquello. Tenían el concepto del valor tan arraigado que olvidaban que el valor no tiene importancia sin lo comparas con tu propia vida.

- ¿Me estás retando? – Preguntó Circe enarcando sendas cejas. Aquello sonaba como tal. Circe no tenía miedo a meterse en problemas y mucho menos estando con Sirius. Era una persona no muy dada a pensar en las consecuencias de sus actos pero cuando estaba con Sirius parecía que esa predisposición a meterse en problemas era contagiosa y ella misma acababa haciendo cosas que en cualquier momento previo hubiese considerado que no haría ni por todo el oro del mundo. Como lo de la motocicleta para pasar por el control. - ¿Te parece poco riesgo fingir que no llevo documentación para que puedas hacer tu numerito de la moto para cruzar la frontera? – Siguió con las cejas elevadas y negó con la cabeza mientras las bajaba.

Nada más mencionar los perritos calientes había pensado en la animagia de su acompañante. Pero no había dicho nada al respecto. Había esperado a que, como siempre, Sirius diese el primer paso de sentirse atacado y dolorido por aquel comentario. - ¿Si te comes uno se consideraría canibalismo? – Preguntó sin hablar para nada en serio.

¿Dónde estaba lo extraño en estudiar Medimagia? Sí, estaba claro que Circe precisamente no era ninguna hermanita de la caridad. Y, para ser sinceros, lo que menos le importaba de aquel trabajo era ayudar a los demás, lo único que quería realmente era comprender. Le gustaba estudiar a las personas y sus comportamientos. Pero de igual manera, le gustaba comprender cómo funcionaban por dentro. Aunque sabía que lo más probable es que una vez terminados sus estudios ni se plantease dedicarse a ello. – Eh, perdona, pero yo no pienso mover un dedo para ayudar a nadie, Black, no te confundas. Tú solo piensas en estudiar algo para luego dedicarte a ello o que te sea útil en un futuro. A mí me da igual a qué dedicarme dentro de cuatro años o dentro de diez. Me gusta aprender cosas y el cuerpo humano es algo que me llama la atención. Además, seguro que en algún momento me sirve de algo tener conocimientos de medimagia. – También se había planteado pasarse al lado de los muggles y estudiar una carrera encargada de estudiar el funcionamiento de la mente. Pero realmente prefería la Medimagia.

La conversación había dado un giro. Un enorme giro que hizo que Circe mirase a Sirius con mala cara. No le gustaban aquel tipo de preguntas. Vale que ella era la primera que siempre tenía mil y una duda que quería responder. Pero lo de Sirius era para dar de comer aparte.

No dijo nada. Esperó a que Sirius terminase de hablar. Iba a haberle interrumpido para preguntarle qué dónde estaba el problema en que ambos se gustaran o que tenía que ver aquello con el tema. Pero no tuvo tiempo, pues este se encargó de señalizar para que guardase silencio y no le cortase en mitad de aquel discurso tan, a ojos de Circe, estúpido. - ¿Tú eres tonto? – Preguntó retóricamente. – El trato que tenemos tú y yo es que si nos apetece hacer algo, lo hacemos. ¿Te apetece cogerme la mano? Hazlo, no hay ningún problema aunque si a mí no me apetece quizá acabes con ella metida por el culo. Y si te apetece cogerle la mano a otra, tampoco lo hay. Por lo que a mí respecta, hago lo que me apetece y cuando me apetece. Es lo que me gusta de pasar tiempo contigo, que no tengo que dar explicaciones de nada ni aguantarme hacer algo. – Frunció el ceño y siguió avanzando. – A todo esto… ¿A dónde demonios estamos yendo? – Preguntó sin darse cuenta que había dejado a medias el tema, pues realmente ya estaba andando sin rumbo alguno.
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Invitado el Dom Oct 16, 2016 8:26 am

Había dicho lo de confiar en sus capacidades de mago, porque era así como él se veía. Se sentía un mago muy capaz de salvar su propio pellejo, pues en realidad lo pasaba haciendo, y no sólo el suyo, por lo demás. Ya se había metido también en un par de situaciones que habían puesto en peligro su vida por ayudar a alguien más, aún cuando después se hubiese comportado como un idiota y haya dicho a la víctima que no lo hacía por ella, sino porque estaba aburrido y que se fuera muy lejos donde no le molestara, y es que Sirius a veces era así de eZpecial. Sin embargo, que Circe viese un reto en aquella afirmación, era algo inesperado, pero sumamente tentador.

—Tal vez…

Respondió con tono juguetón, al que acompañó también una sonrisa del mismo calibre y es que ¿a que energúmeno orgulloso, como lo era él, no le gustaban los desafíos? Mostrarse incapaz ante el resto, sólo porque se sintiera que no debía demostrar nada a nadie, era más de Ravenclaws que de cualquier otra casa, y era esa además una de las razones por las que los cuervos no le agradaban mucho y es que la gran mayoría de ellos eran unos aburridos.

—¿Fingir que no llevas documentación? —preguntó al darse cuenta de sus palabras —¿La traías? ¿Por qué no me dijiste?

Abrió la boca sumamente sorprendido, aquello sí que era sorpresa, y es que para Circe podía ser ya normal sentirse un poco más aventurera cuando estaba con él, pero ese era uno de los detalles en los que Sirius aún no caía en cuenta, y es que a veces era algo lento, el pobrecito.

—Sí, definitivamente —respondió convencido cuando la chica hizo alusión al canibalismo por comerse un perro caliente —, por eso me los como con mostaza, que así no se nota.

Le guiñó un ojo, para luego echarse a reír y ya ponerse más serio al darse cuenta que Circe realmente estaba por comenzar a estudiar medimagia, lo que le hizo preguntarle un par de cosas, intentando descifrar el motivo de porque la había elegido como profesión si a ella no le gustaba servir al resto, por lo que ella le explicó que una profesión no debía estudiarse necesariamente para dedicarse a ella.

—Bueno, es la idea de una profesión ¿no? —se preguntó más retóricamente que de manera directa, aunque al final tuvo que concederle parte de la razón —Bueno, suena razonable, sólo que para eso debes estar segura de no tener un verdadero apuro en hacerte independiente.

En su caso, él tenía que velar por su propio culo, y es que por mucho que los Potter le diesen un techo para vivir durante vacaciones, Sirius no tenía la menor intención de mudarse ahí de manera permanente para cuando acabase la escuela. De hecho, estaba pensando seriamente en rentar un apartamento con sus amigos, o alguien cercano.

—Claro, te servirá para ayudar a la gente —bromeó indirectamente, pues sabía que esa era la parte de su carrera que menos le agradaría —. Ya quisiera ver cuando te envíen de prácticas con niños pobres o abuelitos abandonados.

Rió entre dientes, y es que de sólo imaginarse la cara que pondría Circe entre esa gente, era para desternillarse de risa. Definitivamente no se la imaginaba entregando su vida al servicio y mucho menos vestida de santa.

—A veces.

Respondió con seriedad cuando ella le preguntó si acaso era tonto. No iba a negarlo, él mismo sabía que tenía sus ratos sin demasiadas luces, sobre todo cuando se trataba de materia de chicas y es que realmente no sabía como tratar a una. La única novia que había tenido haya terminado con él como tres veces pues decía que no sabía como tratarla y porque le daba menos atención que a sus amigos, cosa que a Sirius le parecía era lo correcto y aún hasta ese momento, le seguía pareciendo.

Escuchó el resto de sus palabras y frunció ligeramente el ceño al escucharle decir que tampoco había ningún problema si le apetecía cogerle la mano a otra chica. Hasta ese momento, jamás se lo había planteado, aunque sí lo había hecho. Bueno, no precisamente cogerle la mano a alguien, pero sí estar con otras chicas luego de hubiese comenzado con Circe ese tira y afloja que tenían y que no tenía ningún nombre. Sin embargo, nunca se había detenido a pensar hasta ese momento, precisamente el momento en que Drake le hiciera cuestionarse muchas cosas, entre ellas, no andar con más de una chica a la vez. Cosa que para él, ahora tenía sentido.

—Entonces… si yo me pongo a salir con otra y… quizás voy en serio, en plan echarme novia… ¿a ti te daría igual?

Preguntó con más curiosidad que cualquier otro sentimiento, porque no sabía, ni se imaginaba en ese momento como es que se sentiría si viese a Circe con novio y en parte debía de ser porque precisamente no se la imaginaba en una relación estable. Definitivamente no, pero él ¿Qué había de él? ¿Sería capaz de estar en una relación estable? Un mes atrás habría dicho rotundamente que no, pero luego de Drake, las cosas habían comenzado a cambiar en él, podía sentirlo, aunque aún no se animaba del todo a experimentarlo.

Entonces se detuvo junto a la motocicleta y le miró, pues precisamente ella estaba preguntando para donde iban, por lo que Sirius simplemente le miró y se montó de regreso a su motocicleta, esperando a que ella le siguiera.

—A echar un vistazo al parque aquel y ver si eres lo suficientemente mujer como para regresar a la noche a correr el riesgo —le sonrió travieso y retador.
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Circe A. Masbecth el Dom Oct 16, 2016 12:03 pm

Circe era alguien que se movía exclusivamente por su propio interés. Todas sus acciones estaban marcadas para llegar a un fin importar cuál fuese el camino a seguir. No importaba el medio, sino el fin, como muchos diría. Era algo que se había convertido en parte de lo que era ella misma y por eso no cuestionaba sus propias decisiones. Simplemente actuaba para el fin de su propio beneficio y, luego, quizá pensaba. En aquella ocasión, el fin era pasar un buen rato, aunque el medio hubiese sido hacer un favor a Sirius mintiendo sobre el lugar en el que se encontraba su documentación.

- ¿Para qué iba a decírtelo? Era mucho más divertido verte poner cara de subnormal ilusionado porque iba a cometer un delito. – Luego se había arrepentido por el malestar tras ir a toda velocidad en la moto, pero eso era un tema aparte. – Además, ha sido divertido. – Añadió dándole la razón.

Circe no era dada a dar la razón a los demás. Es más, si en mitad de una conversación se daba cuenta que la otra persona tenía la razón, cambiaba drásticamente de tema o seguía empeñada en sus argumentos aún sabiendo que no eran ciertos. ¿Por qué? Porque tenía un orgullo de tal tamaño que no admitiría bajo ningún concepto haberse confundido.

- En serio, Black, me decepcionas. ¿Te crees en serio que en algún momento tendré un problema económico? Mis padres no me van a desheredar y tienen una verdadera fortuna. Y no hablo por comprarlos con los tuyos, sino precisamente porque ya han desheredado a uno de mis hermanos y te aseguro que algo muy gordo tengo que hacer para acercarme a Odiseo. – Negó con la cabeza dibujando una leve sonrisa en sus labios. – Además, estoy en un equipo de Quidditch profesional y aunque esté empezando como suplente cobro lo suficiente como para poder pagarme un alquiler en caso de ser necesario e ir ahorrando un poco cada mes. – Rodó los ojos. – Es más, a día de hoy podría independizarme si quisiese y comprarme un piso tranquilamente. No necesito ni alquilarlo. – Circe tenía dinero. Mucho dinero y gracias a las herencias familiares de algunos de sus tíos y abuelos esa fortuna había ido creciendo poco a poco.

- Ay, por Merlín, deja de ser tan insoportable, ¿Has pensado en dedicarte profesionalmente a ello? Quizá encuentres a alguien que te pague por ser jodidamente insufrible y no necesites ni estudiar. – Rodó los ojos y golpeó sin apenas fuerza el brazo de Sirius con el puño cerrado. – Eh, en eso te equivocas. Voy a hacer prácticas deportivas en verano en mi propio equipo de Quidditch. No tengo tiempo para poder hacerlas durante el curso así que las haré durante los meses de verano. Tienen un mes de descanso en verano pero el resto de tiempo podré cursar allí los créditos de las prácticas y ese mes… Tengo que mirarlo bien cuando empiece el curso, pero posiblemente haga investigación de laboratorio. – Sí, lo que le gustaba realmente a Circe era la parte de investigación y no la de ser un alma cándida que tiene que ir ayudando al resto a superar las adversidades. Si se morían, era que les había llegado la hora.

Cuando la conversación cambió drásticamente Circe también cambió su forma de hablar. Sonaba tranquila en todo momento y es que no se estaba tomando para nada en serio las palabras de Sirius. Creía conocerle lo suficiente para saber que jamás se plantearía aquel tipo de asuntos. Pero al parecer… Se equivocaba.  – No es lo mismo cogerle de la mano a otra que empezar a salir con ella. – Rodó los ojos. – Te lo he dicho mil veces pero parece que eres demasiado lerdo para enterarte. Si te echas novia, nuestra amistad termina en ese preciso momento. No quiero más amigos con pareja y si empezamos a ser amigos fue precisamente porque no nos gustaba que nuestros amigos tuviesen una. – Hizo una pausa y resopló. – Ya te dije que si te echaras novia yo no podría ser igual contigo y tú… Tú por respeto deberías hacer lo mismo, ¿Sabes? SI tienes una relación formal no deberías estar cogiendo de la mano a otra o pidiendo que te bese, sería de mal gusto. – Nunca le había importado meterse en relaciones ajenas pero sabía que con Sirius se sentiría condicionada por aquello. Porque no era uno cualquiera. Porque realmente le consideraba su amigo y le tenía en alta estima. – Si te has dado un golpe en la cabeza y ahora quieres tener novia, empieza a buscar por ahí pero nuestra amistad termina aquí y ahora si es eso lo que quieres.

Se acercaron a la motocicleta y Circe lanzó una nueva mirada a Sirius cuando este abrió la boca. – Si pasamos parte del día en el parque… Acepto el reto. – Le tendió a mano para sellarlo y es que realmente quería pasar parte del día en aquel parque de manera normal y luego, por la noche, volver.
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Invitado el Lun Oct 17, 2016 12:36 am

Alzó ambas cejas y elevó también una sonrisa cuando la chica le admitió haberle mentido sólo para que él pudiese disfrutar de cometer un delito. Vaya que sí había aprendido a conocerle en todo ese tiempo y darse cuenta de ello le sorprendió, pero más le sorprendió que se hubiese tomado aquella molestia sólo para consentirle. Aquello le hizo sentir bien, muy bien, mas no dijo nada porque él también la conocía y sabía que en esas ocaciones era mejor quedarse calladito que hacérselo notar.

Mas tarde, cuando hablaron del dinero, Circe no dudó en sacar a relucir que la idea de ella de quedarse sin dinero era una completa barbaridad, por lo que Sirius sonrió de medio lado. Él pensaba lo mismo cuando era niño y aún muy inocente, aunque claro, a mediada que pasaban los años comenzó a verlo como una probabilidad, incluso antes de que comenzaran las amenazas y eso le ayudó a estar mejor preparado, pero si algo había aprendido es que la vida era impredecible, y que las cosas se disfrutaban más cuando más costaban o más se deseaban. Volar en la saeta de fuego que le había regalado Circe el día que egresó ella de Hogwarts, no tenía comparación alguna con volar en la Saeta de Fuego que le habían regalado sus padres cuando había entrado al equipo de Quidditch, del mismo modo como tampoco se sentía lo mismo tener un plato de sopa caliente, después de una tormenta en la casa de los Potter, que cuando llegaba a casa y Kreacher prácticamente se lo arrojaba por la cabeza. La necesidad le había hecho aprender a valorar las cosas y sabía que por mucho que intentase explicárselo a la rubia, ella jamás lo entendería.

—¿Tus padres desheredaron al Profesor de Herbología? —preguntó inevitablemente al escuchar el nombre —Vaya… ¿Por qué lo hicieron?

La curiosidad le movió demasiado, no sabía que de cierto modo podía contar con una persona en Hogwarts que hubiese pasado por más menos lo mismo que él, lo que le generaba demasiadas preguntas, pero todas ellas más o menos se concentraban en la misma ¿Por qué?

Por supuesto, ahora entendía un poco el comportamiento de aquel estrambótico profesor y también el porque era tan relajado, y es que imaginó que al igual que él, sus problemas habían quedado en el pasado, en el momento que había cambiado el switch entre “Oh, pobre de mi, estoy desheredado” a “Hurra por mi! Estoy liberado”.

Y no es que no tomase en cuenta que ahora estaba trabajando en un equipo de quidditch profesional y que le diese dinero para comprarse un piso y ahorrar, se alegraba mucho por ella, pero el tema del hermano desheredado le había tocado más a fondo y sería lo único que preguntaría por el momento, el resto —aunque fuera Circe— podía esperar.

—¿Practicas deportivas? —preguntó retóricamente —Suena a que las harás de Madame Pomfrey después de los partidos de Quidditch.

No sonaba tan mal, la gente en Quidditch podía quedar herida e inconsciente por varios días, pero no había escuchado hasta ese momento ningún caso en que hubiesen heridas tan graves que tuviesen meter las manos entre los intestinos para reparar a alguien, así que de seguro estaría bien. Pero lo del trabajo de laboratorio… tuvo que mirarla de nuevo y sí, no sabía porque, pero la actitud de Circe le recodaba a veces a Hannibal Lecter.

—He visto en algunas películas, que los obsesos con anatomía acaban siempre siendo asesinos en serie —rió —. Imagino que no es tu caso ¿no es así? No te veo a ti con cara de asesina, aunque sí con gafas y pose de laboratorista sexy.

Sonrió, pues estaba seguro que a la chica le gustaría la parte de verse sexy, aunque probablemente le diga que ella siempre lo es y no necesita gafas, ni bata blanca para ello.

Luego, cuando comenzaron a hablar de relaciones y en como llevarlas según la perspectiva de ambos, o mejor dicho según la perspectiva de Circe y la nueva influencia de Drake, pues la perspectiva de Sirius parecía estar en completa transición. Pero fue ahí cuando la chica salió con su opinión inquebrantable de que una vez más su amistad se acababa en ese momento si acaso él llegaba a echarse novia y eso no le gustó. Ya se lo había dicho la vez anterior, pero tal parecía no había sido lo suficientemente claro. Muy pocas veces podía llegarse a ver completamente serio a Sirius Black, pero esta era una de ellas.

—A ver, detente un momento —señaló también dejando de avanzar y quedando sólo a un levantar de pierna para subirse a la motocicleta —. Tú no eres mi dueña —aclaró inmediatamente —. Si yo quiero echarme novia, lo voy a hacer. Yo NO soy como el amigo que tuviste que te dejó de lado cuando se echó novia, yo ya he tenido novia antes y la novia me ha dejado a mi por darle mucho más importancia a mis amigos que a ella, así que no me compares con tus amigos del pasado, ni me eches al mismo costal. Obviamente, si acaso llego a echarme novia, tampoco voy a ir dándole besos, ni cogiendo la mano de más gente, en eso sí estamos de acuerdo, pero mi confianza contigo, el nivel de nuestra amistad o la regularidad con la que te vea, no tiene porque cambiar. Amistad y pareja son cosas a parte y la una no tiene porque perjudicar a la otra. Si tú no eres capaz de entender eso, se tú la que acabe esta amistad en “este preciso momento”.

Añadió las comillas con sus dedos, haciendo alusión a sus propias palabras y ni siquiera se molestó en aceptar su trato, ni tenderle la mano. Estaba cabreado.
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Circe A. Masbecth el Vie Oct 21, 2016 7:30 pm

Pensaba que ya había hablado de Odiseo alguna vez con Sirius, cuando le había dicho que el primogénito de sus hermanos había pasado por una situación similar a la que ahora vivía él. Pero con la diferencia que Odiseo realmente se merecía ser desheredado. Circe le tenía aprecio y, para ser sinceros, era una de las pocas hermanas que podía decir aquello. Pero eso no quitaba que Odiseo fuese un desastre y lo mejor que podían hacer sus padres era quitarlo del testamento familiar para que no se llevase nada en un futuro, pues acabaría malgastándolo en drogas, alcohol y, lo más probable, comida para vacas, abrigos para vacas y diademas para vacas.

- ¿No lo sabías? – Preguntó algo sorprendida. - ¿Tú por qué crees que podrían haberlo hecho? – La respuesta era evidente, pero no le dio tiempo para que recapacitara al respecto y sacase por sí mismo conclusiones. – Toda mi familia ha pertenecido siempre a Slytherin, pero él fue a parar a Ravenclaw. Esa fue la primera decepción, según me han dicho, porque yo por aquel entonces era un bebé. – Comenzó a enumerar. – Luego comenzó a juntarse con nacidos de muggles y eso en mi familia… Pusieron el grito en el cielo. Pero a fin de cuentas, era su hijo, si él era feliz valía. – Al menos, con ella había sido así. Pero Odiseo no se había quedado en ser Ravenclaw y juntarse con sangre sucias. No, Odiseo había ido a más. – Lo de tener una vaca de mascota fue lo de menos, pero les resultó humillante. Y bueno… Digamos que Odiseo nunca ha sido una persona muy sana. – Rodó los ojos. – Si alguna vez necesitas marihuana, Odiseo es tú hombre. – O cualquier otra droga. Pero eso no lo había a decir en aquel momento. – Así que entre unas cosas y otras, fue la decepción para mis padres. Ellos esperaban tener un primogénito que les hiciese sentir orgullosos y bueno… Odiseo no daba el perfil.

Sí, muchos obsesos con la anatomía acababan siendo asesinos en serie. Casos como el del Doctor Lecter o el propio Dexter eran ejemplos claros de ellos. Luego también estaban los médicos que vivían de la vocación y realmente disfrutaban ayudando a las personas. También estaban los que simplemente trabajaban sin preocuparse demasiado por algo que no fuese el salario a fin de mes. Y, finalmente, estaba el tipo que era Circe. Pues no entraba dentro de ninguno de los anteriores grupos.

- Por favor, yo no mataría ni a una mosca. ¿No has visto lo buena que soy siempre? – Preguntó con tono irónico. Estaba claro que no era buena con la gente, pero Sirius no iba a imaginar que, efectivamente, se encontraba ante alguien que no tenía demasiados escrúpulos a la hora de matar a otra persona. Y es que Circe, con tan solo dieciocho años, llevaba a su espalda una pila considerable de muertes de las que se sentía totalmente orgullosa. – Y me ahorro el comentario, ya sabes que tengo mucho amor propio. – Tanto Circe como Sirius sabían que sus palabras serían “yo no necesito nada de eso para verme sexy”, por lo que se ahorró decirlas en voz alta.

Sirius era el tipo de persona que hacía que Circe tuviese ganas de golpear algo. Y por algo, se refería claramente a él. Tendía a entender lo que le daba la gana y cuándo le daba la gana. Pues había veces que un comentario parecía carente de importancia a sus ojos pero a los cinco minutos podía montar el mayor drama visto hasta el momento. Circe, quien no se estaba tomando par nada la conversación en serio, elevó una ceja y le miró con cara de pocos amigos. No tenía gana alguna de discutir y más cuando Sirius iba a entender lo que quisiese.

- ¿Tienes problemas para entender las cosas o simplemente lo que digo te entra por un oído y te sale por el otro? No sé, pregunto. Porque nadie aquí te ha comparado con antiguos amigos. Deja de montarme dramas que a veces parece que te crees que estás en una puta comedia romántica y no lo estás. Bienvenido a la vida real, Black. – Rodó los ojos y frenó en seco para enfrentarse a él cara a cara. – Como te he dicho un maldito millón de veces lo que me gusta de ti es la relación que tenemos. Me gusta tratarte como una mierda porque me divierte hacerlo pero en el fondo no hacerlo con malas intenciones. Me gusta que, si me apetece, pueda cogerte de la mano, y si me apetece pueda besarte. Si me apetece puedo abrazarte o te puedo dar un maldito puñetazo y no pasará nada. Porque lo que me gusta de nuestra amistad es que es diferente y, si tuvieras novia, no podríamos tener esto. ¿Ahora lo comprendes o necesito hacerte un croquis para que lo entiendas?
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Circe A. MasbecthUniversitarios

Invitado el Miér Nov 09, 2016 3:39 pm

Empezó a escuchar todo lo que la rubia decía respecto a su hermano Odiseo y el porque le habían desheredado de los Mascbecth y no podía dejar de impresionarse cada vez más. Esa historia le sonaba demasiado similar a la suya, tanto que no sabía si sentirse comprendido o copiado, aquello última más por culpa de su enorme ego que por otra cosa, pero fue razón suficiente como para hacerle fruncir el ceño.

—No sé porque me suena familiar —comentó con cierto toque de ironía al rascarse la barbilla —. Aunque yo nunca tendría una vaca de mascota —arrugó la nariz —, huelen horriblemente feo y no cabría en mi motocicleta para acompañarme a recorrer el Mundo na vez que salga de la escuela.

Lo de la marihuana, eso ya prefería callárselo, aunque claro, Circe ya sabía que tenía una pequeña planta de ellas escondida en los invernaderos y que incluso tenía nombre, pero —estando rodeado de oídos— mejor era seguir jugando a guardar el secreto.

Sonrió para cuando Circe dijo que ella era demasiado buena para matar a alguien, pues para ese momento ya estaban hablando de la futura profesión de la chica, en la que Sirius realmente fracasaba a la hora de encontrarle la vocación y había bromeado que conocía a un par de doctores obsesos con la anatomía que habían acabado siendo asesinos en serie. Claro, sin jamás pensar que quizás se encontraba realmente frente a una de ellas y es que el ojigris tampoco le veía pasta de asesina.

—Definitivamente no te imagino asesinando a alguien —negó con la cabeza —; con veneno quizás, cualquier cosa que no tengas que tocar a un cadaver, ni ensuciarte las manos con sangre. Eres demasiado pija como para ello.

Y no supo cuando, pero entre el beso que le pidió y las ganas de ir a conocer el parque temático de a unas calles de distancia, se pusieron a discutir respecto a su amistad, el porque no eran algo más y porque seguían siendo amigos, pues parecía que la rubia tenía condiciones demasiado exigentes para los ojos del pelinegro.

Una vez más frunció el ceño, le molestó el comentario de la comedia romántica, precisamente porque el romanticismo era una de esas cosas a la que él tenía alergia y que definitivamente no iban con él, pero tal parecía ella le veía así y eso le hizo sentirse demasiado molesto consigo mismo.

Se quedó callado una vez que ella terminó de hablar. Simplemente respiró profundo y acabó apoyando una de sus manos sobre la motocicleta para luego desviar la mirada. Sabía que parte de lo que decía Circe era verdad, o mejor dicho, todo lo que decía; la relación que ellos tenían era especial y a él también le gustaba, aunque a veces le gustaría tener un poco más de libertad para elegir el rumbo de las cosas y que no todo dependiera del carácter de mierda que tenía la rubia, pues al final era cuando ella estaba de buenas cuando más cosas el podía conseguir. Lo peor, es que ni siquiera tenía idea de como era una relación real, pues a la única novia que había tenido no le había tomado realmente en serio. Quizás todas las mujeres eran así y eso le provocaba ganas de correr inmediatamente a la casa de Drake para que le explicase un poco más de ellas, aunque entenderlas pareciera tarea imposible.

Se rascó la cabeza y volvió a mirarla, ya podía escuchar la voz de la chica en su cabeza gritándole que hablase ya y es que él aun se lo estaba pensando, por lo que entrecerró los ojos y finalmente suspiró.

—Okey, lo entiendo —alzó las manos al final —, pero no significa que lo comparta al cien por ciento —palpó en los bolsillos de su chaqueta y sacó unas gafas de sol para ponérselas y acomodarse el cabello —. Además, la primera vez que hablaste de eso de que no querías que me echase novia fue porque uno de tus amigos te dejó de lado por una de ellas, pensé que seguía siendo lo mismo —alzó los hombros —. Este motivo me parece más entendible, pero como dije, no estoy totalmente de acuerdo ¿qué pasa si yo quiero más? Tú me dices que si tengo ganas de besarte que lo haga, pero si yo quiero y tú no ¡te pones terriblemente odiosa! Así que al final no es cuando yo quiero o cuando tú quieres, es sólo cuando TÚ —le apuntó —quieres. Estaría más de acuerdo si al menos recibiese una respuesta cuando lo hago.

Acabó antes de montarse de nuevo a la motocicleta, para luego mirarla y hacerle un gesto con la cabeza para que se subiese a ella.

—A menos que quieras correr empujando la moto —sonrió de medio lado.
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