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Diarios de motocicleta {Circe A. Masbecth} FB

Invitado el Miér Sep 21, 2016 5:07 am

Recuerdo del primer mensaje :

Off: Pa la pija que le gusta poner imágenes al inicio de los temas de rol.
Con amorch...
El perro pulgoso.


Quedarse dormido junto a Circe había sido mucho más divertido de lo que él esperaba. ¡La chica hablaba en sueños! Y si le preguntabas, respondía, que era lo mejor. Lo malo, es que apenas modulaba y sólo se le entendía el veinte por ciento de lo que decía. Aún así aprovechó de hacer varias preguntas, aunque la mayoría idiotas, típicas preguntas adolescentes para reírse, del tipo “¿Estás loca? ¿Te gusta el olor de tus pedos? ¿Te hiciste pipí?”

Sí, Sirius era Sirius y definitivamente no iba a cambiar… Bueno, no en pensar y hacer estupideces, porque de que estaba cambiando luego de conocer a Drake Ulrich, sí que estaba cambiando.

Le hubiese gustado aguantar más tiempo despierto, pero ambos se habían acostado tarde y el sueño había acabado por vencerle antes de lo esperado. Inevitablemente, al estar en sus pensamientos al quedarse dormido, soñó con la rubia, aunque más que un sueño fue una pesadilla, porque soñó que la chica se le caía de la motocicleta mientras volaban, lo que significaba que al final pondría especial cuidado en la seguridad de la ex-Slytherin en cuanto emprendiesen su viaje la siguiente mañana.

Despertó con los malditos rayos del sol, que en verano siempre salían antes de lo que a él le gustaría y se levantó con cuidado de no despertar a la chica. Por un momento dudó si usar el baño de la otra habitación, pero descubrir lo que había en el baño de la rubia era mucho más tentador, así que entró y echó una rápida revisión visual por toda la habitación antes de ponerse a hacer sus necesidades y darse una buena ducha, teniendo especial cuidado de no manchar nada y no echar agua fuera, pues sabía que Circe le mataría.

Salió del baño ya a medio vestir y se acercó a la cama, específicamente al rostro de la Masbecth, con la intención de despertarla con un lametazo para fastidiarla por un momento, pero cuando ya estuvo con la lengua afuera y a escasos centímetros de su nariz, se arrepintió y se alejó rápidamente de la rubia, antes de que le pudiesen las ganas de travesura. Suspiró resignado y, rodando los ojos con expresión de “Ni modo” la sacudió suavemente de uno de los hombros y le llamó por su nombre.

¡¿Desde cuando era TAN considerado?! Ni siquiera con la mamá de James se preocupaba tanto.

Y, para rematarla, en cuanto tuvo respuesta de la chica y ya la certeza de que no se dormiría nuevamente, tomó una camiseta limpia y se marchó de la habitación para darle privacidad y además preparar el desayuno, y sabía exactamente que hacer. Ya los había preparado en casa de James y se había ganado el infinito amor de su madre, aunque esa no había sido tampoco la primera vez que los había hecho, pues había sido esa una de las primeras recetas que había probado al descubrir el maravilloso mundo del internet, por sí, Sirius Black era capaz de buscar una receta para hacer los huevos revueltos perfectos.

Una vez acabado el desayuno y que ambos se hubieron lavado los dientes y hubieron hecho todo lo que tenían que hacer. Sirius tomó su bolso de viaje y se lo echó al hombro para salir de la casa de los Masbecth y tender su mano a Circe, esperando a que ella la tomara.

—Ya lo sé, no me desapareceré sin avisar.

Le sonrió. Si Circe hubiese conocido también el puerto de Calais, le hubiese permitido que les dirigiera ella, pero como la joven no lo conocía, el moreno contó hasta tres y luego se desapareció.

Se materializaron en unos estacionamientos subterráneos, en donde Sirius sacó su motocicleta de la caja en donde le transportaba y le hizo recuperar su tamaño original ¡Cómo amaba por fin pasar unas vacaciones en las que pudiese hacer magia fuera de Hogwarts!

Ambos se montaron a ella y salieron a la calle, en donde se encontraron con varios edificios de estilo antiguo, pegados los unos a los otros con un aspecto similar a las calles de la antigua Amsterdam. No al mucho andar, pasaron también por el Municipio y su tan característica plaza central con un enorme pavo real hecho de flores. Pero la ciudad tampoco era tan grande y muy pronto salieron de ella y tomaron la carretera, en algo más de una hora ya habían pasado por Dunkirk y estaban llegando a la frontera con Bélgica, por lo que Sirius detuvo la motocicleta sólo un poco antes del paso fronterizo para preguntar a la rubia.

—¿Tienes documentos muggles? Porque si no los tienes podemos A: pasearnos cerca de la frontera, echar un vistazo, memorizar un sitio y aparecernos ó B: pasar a toda velocidad y crear un escándalo adrenalínico internacional en donde nos perseguirán por unos minutos y luego nos dispararán a muerte.

Preguntó comenzando con una sonrisa que acabó aún más amplificada y traviesa, dejando en claro que la idea de escapar de la muerte le molaba más que las otras.
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Circe A. Masbecth el Jue Nov 10, 2016 11:39 am

Que Sirius no la imaginase como alguien capaz de matar era algo positivo por el mero hecho de haber sido capaz  de crear una fachada adecuada que hiciese al resto no dudar de sus capacidades en aquel sentido. Y es que Circe jamás había ocultado que fuese capaz de dañar al resto moral y psicológicamente, pero parecía que su particular forma de ser hacía que el daño físico quedase apartado a un segundo plano al que, por nada del mundo, podía ni acercarse.

- No es ser pija. Es ser higiénica. – Mentira. Circe era bastante pija, había que admitirlo. Y ella misma era plenamente consciente de ese hecho. Una persona que siempre se preocupaba por su aspecto físico, a quien no le importaba gastarse cantidades exageradas de dinero en ropa o accesorios y quien, en muchas ocasiones, juzgaba al resto por su aspecto físico y no dudaba en decirlo en voz alta. Y es que si algo caracterizaba a Circe era su sentimiento de superioridad hacia el resto, el cual no se limitaba a esto, sino que tenía que mostrarlo mediante palabras que no se acercaban, ni lo más mínimo, a ser críticas constructivas. Más bien eran destructivas.

A diferencia de su acompañante, Circe no se estaba tomando para nada en serio las palabras del contrario. No le parecía una conversación que tuviese demasiada importancia y estaba tomándoselo como una especie de broma carente de importancia. Pero no tardó en darse cuenta que Sirius se lo estaba tomando realmente en serio cuando mencionó a Damon. Algo que hizo que su tono de voz cambiase drásticamente.

No sabía por qué diablos tenía que ponerse tan dramático a veces. Estaba claro que Sirius era una persona muy temperamental pero también una persona incapaz de escuchar las palabras de los demás. Parecía que en su cabeza sólo se repetían sus pensamientos sin darse cuenta que el otro estaba abriendo la boca para opinar al respecto. Eso o no tenía un grave problema de retención de información. – No lo es. – Dijo de manera cortante. – No sé las veces que te he explicado esto ya, pero empiezo a cansarme de hacerlo. – Explicar las cosas una vez ya suponía mucho esfuerzo para alguien que nunca daba explicaciones de nadie, por lo que dar explicaciones una y otra vez comenzaba a ser un terrible dolor de cabeza para la rubia.

Escuchó el resto de la argumentación de Sirius y, de manera totalmente inconsciente, elevó una ceja sin dejar de mirarle. – Si te apetece hacer algo, hazlo, joder. Lo que no puedes pretender es que me pidas algo y lo haga. Sabes que no soy así, y si me pides algo me das más razones para no hacerlo. ¿Cuándo vas a darte cuenta que soy jodidamente insoportable? – Preguntó de manera retórica. – Si quieres besarme, hazlo. Pero no me pidas que yo lo haga, porque así no funciono y lo sabes. – Circe era el tipo de persona que no acataba órdenes. Era como esos niños a los que les dices que no toquen algo y lo primero que hacen es tocarlo. Y eso también funcionaba a la inversa.

Cuando llegaron a la motocicleta, Circe permanecía cruzada de brazos sobre su regazo y mirando a Sirius con cara de pocos amigos pero no lo pensó dos veces al hora de cambiar su postura y posicionarse en la parte trasera de la motocicleta, no sin antes rodar los ojos en señal de molestia por la situación.
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Invitado el Vie Nov 11, 2016 11:16 pm

Le miró extrañado, sí, la rubia le había dicho antes que le gustaba la relación que tenían y tal, pero no se habían sentado a hablar del tema en plan “Aclaremos las cosas” y por supuesto que él seguía pensando que lo del amigo que la había dejado también tenía que ver. Sobre todo cuando la vez anterior Sirius le dijo que aunque él se echara novia, le gustaría seguir siendo su amigo, pero bueno, tal parecía que si se echaba novia, Circe realmente le iba a dar la gran patada en el culo y eso no le agradaba. Sin embargo, comenzaba a llegar a un momento en que empezaba a darle lo mismo, después de todo, la única que le hacía sentir algo más en esos momentos, era ella.

—No eres insoportable conmigo, bueno… no siempre.

Alzó los hombros y esperó a que la chica se subiera. Él lo decía en serio, pues al menos desde su punto de vista, con él Circe se comportaba de manera diferente. Él incluso podía decir que la rubia había tenido sus momentos adorables, aunque claro, adoraba meterse con él, pero ¿acaso no él también no adoraba meterse con ella?

Aún tenía una pregunta más que hacer, por supuesto, pero prefería mover rápidamente el culo de ese lugar, pues la gente ya les estaba comenzando a mirar como si fuesen una pareja de verdad discutiendo en un lugar publico. Por fortuna, ninguno de ellos había llegado a hacer un escándalo, pero sí comenzaba a sentirse el protagonista de una comedia romántica, tal y como la chica había dicho.

Echó a andar la motocicleta y en menos de cinco minutos, llegaron al parque de diversiones de nombre impronunciable, en donde se estacionó y esperó a que ella se bajara para hacerlo él también y volverle a mirar, mientras le detenía tomándole de un brazo.

—Una última cosa —mencionó alzando el dedo índice —. Si yo quiero besarte, y no, no es el caso ahora, pero… si quisiera hacerlo, quisiera recibir una respuesta; quiero sentirlo real, no como si acaso estuviese besando a una muñeca inflable o una estatua de cera. Si tú me cumples eso, no tengo problemas en seguir con esto. Pero si es sólo puede sentir real cuando tú quieres, pues… en ese caso prefiero que sigamos siendo amigos común y corrientes, sin besos y esas cosas —se mordió los labios y entonces le tendió la mano —¿Trato?

No sabía verdaderamente si luego se arrepentiría de ello, tampoco estaba seguro si quisiera hablarle a Drake de su acuerdo, ya que por más que su padrino le hubiese hecho cambiar su modo de ver las cosas, no sabría como explicarle lo que sucedía con la rubia. De hecho, ni siquiera sabría como hacerlo si tuviese que explicárselo a sí mismo. Simplemente era complicado.
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Circe A. Masbecth el Vie Nov 11, 2016 11:49 pm

A veces querría matarlo. Simplemente golpear su cabeza contra el asfalto e irse de allí, dejando su cuerpo tendido y su rostro cubierto por la sangre sin importarle lo más mínimo quien pudiese ver aquel espectáculo macabro. Pero otras veces era exactamente lo contrario, como ya le había dicho en más de una ocasión. Y es que con Sirius era un extremo o el otro, parecía no existir término medio.

Por fin la conversación cesó en un punto medio en el que la rubia se llevó la mayor parte de la razón. Pues no era por dar por válida la afirmación sobre que todas las mujeres ganan las discusiones, sino que habría que afirmar que no había manera alguna de que Circe diese por válida la opinión de la otra persona dejando al margen la suya propia. Su palabra era ley. Era lo suficiente cabezota para conseguir aquel tipo de cosas.

No tardaron en llegar a aquel parque temático y, antes de haberse quitado el casco, ya estaba escuchando otra vez las palabras de Sirius. La rubia rodó los ojos mientras se quitaba el casco y se lo tendía al chico, con una mueca de asco en su rostro. - ¿Cómo puede existir una persona en el mundo tan pesada como tú, Black? – Preguntó la rubia de manera retórica. Si en algún momento no le había continuado un beso había sido precisamente porque había sido el primero de estos. O, más bien, porque le había resultado tan inesperado que incluso se había apartado negándose a que aquello fuese cierto. – No irás a escupir en tu mano, ¿Verdad? – Preguntó con una mueca de asco protagonizando su rostro. Y es que Circe era experta en poner ese tipo de caras de desagrado. – Trato. – Dijo finalmente tomando la mano del chico y apretándola con fuerza en señal de acuerdo entre ambos. – Y ahora deja de pensar tanto, se te va a comenzar a derretir ese poco cerebro que aparentas tener. – No soltó la mano del chico, sino que la usó para tirar de él en dirección a la entrada del parque.

En ese momento, frenó en seco y se volteó para quedar frente a Sirius. Ladeó la cabeza y le miró a los ojos. – Como creo que se te olvidan las cosas que te digo… - Hizo una leve pausa mordiéndose la parte inferior del labio. – Intenta recordar que la gracia de todo esto es que hagas lo que te apetezca a cada momento. Menos usar eso que tienes en la cabeza y no hablo de tu pelo. Al final tendré que optar por escribirte las cosas para que así puedas leerlas y no se te olviden cada dos minutos. – Golpeó con el dedo índice la frente del chico dibujando una sonrisa divertida entre sus labios. – Y luego te invito a un perrito caliente, para que sufras con el canibalismo. – Añadió volteándose para ir en dirección al parque.

Pasaron lo que restaba de día en el interior de aquel lugar y, tal como había amenazado Sirius, pasaron también parte de la noche sin llegar a matarse por no saber cómo funcionaban exactamente aquellas máquinas. Irónicamente, fueron capaces de pasar el resto de días del viaje juntos y sin tener que volver a discutir por asuntos serios, aunque el tema de elegir dónde ir a comer se convirtió en tema frecuente para las discusiones absurdas, aunque como de costumbre Circe acababa saliéndose con la suya.
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Invitado el Sáb Nov 12, 2016 1:07 am

Sonrió, y sí, lo hizo con orgullo. Para él, ser pesado era un halago. Vamos ¿cuántos años había adquirido de experiencia haciendo lo imposible para que sus padres así lo pensaran? Claro, tanta práctica lo había llevado a un punto en donde ya se había convertido en parte de él y seguía siendo un gran orgullo.

—Podría.

Sonrió de medio lado e hizo el amago de estar a punto de escupirse en la mano, pero al final tuvo consideración y le estrechó la mano cuando ella se la dio, diciendo que tenían un trato. A punto estuvo de darle un beso para probar, pero se arrepintió luego, ya que en verdad no tenía ganas de hacerlo, precisamente porque creía que ella se lo esperaría y prefería mantener su reputación de “Impredecible”.

Suspiró y siguió a la rubia que le llevaba de la mano hasta la taquilla en donde vendían los boletos para entrar al parque de diversiones. Debía de reconocer que tenían una relación bastante extraña y peculiar. Sirius era, después de todo, el que más fastidiaba con lo que pudiesen avanzar o no en esa relación (cuando era él quien parecía tener alergia a la palabra compromiso), pero era Circe quien más veces le tomaba la mano (cuando era ella quien menos contacto físico deseaba tener con la gente), así que sí, era una relación extraña, muy extraña.

Por fortuna, no hubieron más discusiones en lo quedaba de ese viaje. Sin embargo, durante las noches, y sólo para fastidiarla, Sirius insistió en dormir con ella una vez más, una y todas las otras noches, aunque jamás le tocó ni siquiera un pelo, pero sí le dio un beso de buenas noches, esa y todas las noches, precisamente porque sabía lo que le fastidiaba, aunque aquello pudo notarlo sólo en un principio, pues con el pasar de los días la chica parecía irse acostumbrando.

Así, al llegar al último día, el ojigris tenía incluso una pequeña sensación de vacío cuando fue a dejar a la rubia de regreso a su casa. Había sido una semana llena de sorpresas y buenas risas, en donde al momento de la despedida no dudó en decir:

—No te hagas la dura, sé que igual me vas a echar de menos mis besos de buenas noches.

Sonrió de medio lado y se dio la media vuelta para ir a su motocicleta, pero luego de un par de pasos se detuvo y regresó para darle un beso de despedida, aunque uno bastante breve, pues nunca sabía quien podía estar mirando de su familia desde dentro de la casa.

Había aprendido mucho de ella, y ella también había aprendido de él.
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