Situación Actual
19º-25º // 27 de julio -> luna llena
Entrevista
Administración
Moderadores
Últimos Mensajes
Awards
Denzel S.Mejor PJ ♂
Caroline S.Mejor PJ ♀
Gwendoline E.Mejor User
Ryan G.Mejor roler
Andreas & NailahMejor dúo
Gwendoline E.Trama Ministerio
Aaron O.Trama Área-M
Freya H.Premio Admin
Redes Sociales
2añosonline

Golden Ticket [Steven D. Bennington]

Clementine Boot el Jue Sep 22, 2016 4:22 pm



~ GOLDEN TICKET ~
El verano se había acabado y con ello la clientela de Honeydukes disminuía levemente, sólo levemente porque por más que en los días de semana no haya mucho movimiento,   sólo bastaba esperar que llegará el fin de  semana para que volviera a estar repleta de alumnos de Hogwarts, que con ojos brillantes llegaban a la tienda y   pedían sus caramelos o chocolates preferidos.  

Hoy era día jueves, por lo que la mañana no había estado especialmente emocionante para los empleados de la tienda del matrimonio Flume, aquella mañana se encontraban tres;  Sam un chico de cabello negro ondulado quién se encontraba mirando su celular  –aparato muggle que sirve para un sinfín de cosas, pero especialmente para comunicarse- se encontraba descubriendo sus funcionalidades como un niño pequeño con juguete nuevo, por otro lado se encontraba Olivia una mujer ya entrada en edad de cabellos rojizos, quién había llegado diciendo que no había tenido muy buena noche porque lo que se encontraba dormitando en la caja. Pero en un rincón específicamente en la estantería de caramelos se encontraba una chica squib de pequeña estatura, blanca y de cabello castaño, quién animadamente se encontraba ordenando los productos mientras tarareaba una canción, esa chica era Clementine Boot.

- Take me out tonight, take me anywhere, i don´t care, i don´t care, i don´t care…- canturreaba alegremente una canción de unos de sus grupos musicales muggles favoritos, mientras tomaba una paleta dulce multicolor y sin necesidad de magia sólo con imaginación- algo que le sobraba a la castaña- aquella paleta se convertía en su micrófono. Realmente era todo un espectáculo de ver, pero ya sus compañeros de trabajo estaban acostumbrados a la energía inagotable de Clementine, quién sin importar el día siempre estaba con una sonrisa y con el mejor de los ánimos en el trabajo, por lo que no era algo nuevo ver cómo la chica hacía sus mini conciertos mientras ordenaba alegremente la tienda.

Pero aquella mañana la puerta que daba a la casa del matrimonio Flume se abrió, y todos sin excepción dejaron las cosas que estaban haciendo para mirar expectantes y con el mejor de los rostros, más que mal acaban de entrar los dueños de la tienda. Dos ancianos de mediana estatura entraron tomados del brazo, con una sonrisa cálida en los labios. Clem quién desde pequeña les ha tenido un gran cariño, no dudo en ir a abrazarlos y darle a cada uno un beso en la mejilla, pero al separarse de ellos algo le llamó su atención, la señora Flume tenía en sus manos una carpeta de color rojo, pero no era eso precisamente lo que despertó la curiosidad de la castaña, sino más bien la sonrisa pícara que tenía en estos momentos la señora Flume.

- Nuestros adorables niños.- comenzó a decir la mujer cálidamente.- El día de hoy le tenemos una maravillosa sorpresa. Tras los incidentes ocurridos en nuestro aniversario, que gracias a Merlin y Morgana no paso a mayores, ni a los periódicos… no pudimos celebrar bien el cumpleaños de nuestra querida tienda.- todos bajaron levemente su cabeza, recordando aquel día, mientras hacían una mueca de frustración.- Pero…- agregó, y todas las miradas se levantaron mirándola expectante.- Hace unos meses Boo, nos dio una idea basada en un libro muggle…- comenzó a decir mientras miraba de reojo a la castaña, quien si ya tenía una sonrisa enorme en su rostro ahora aumento aún más.- Y luego de reflexionarlo con Ambrosius, hemos decidido hacerlo.- terminó de decir, para luego abrir la carpeta roja y sacar de ella tickets dorados, que tenía escrito en ellos “Golden ticket”.

- ¡Están hermosos!.- exclamó emocionada la castaña mientras recibía uno de ellos por parte de la señora Flume.

El libro al que se referían era “Charlie y la fábrica de chocolates” muy conocido entre los muggles y llevado al  cine en dos ocasiones. - En aquel libro se encontraban unos tickets.- comenzó a decir esta vez el señor Flume mientras movía en sus manos un ticket dorado.- Que los guardaron  en las barras de chocolate que fabricaban y que luego las repartieron por todo el mundo, y si tenías la suerte de encontrar uno, podías ir junto a una acompañante a un paseo a la fábrica de chocolate más importantes del pueblo. Honeydukes como todos sabemos no tiene tiendas por todo el mundo...aún.- dijo sonriente-  pero si hemos decidido esconder tickets en unas barras “Especial aniversario Honeydukes” que mandamos a hacer, y quienes encuentren él ticket podrán venir a la tienda y recibir un tour por esta, conocer su historia,  sus mejores productos, pero lo mejor de todo es que al ingresar le daremos un caldero mediano, en el cual podrán durante el tour ir guardando los dulces que te fueran gustando y llevártelos ¡totalmente gratis!.- terminó por decir emocionado.

- Saldrá maravilloso ya verán.- dijo emocionada la squib mientras le daba otro abrazo.- Eso esperamos querida, se repartirán 10 tickets durante todo el mes de septiembre, y podrán cobrarlos en el mes de Octubre. A cada uno de ustedes le dimos uno, para que se los regalen a quienes ustedes quieran, bueno ya le explicaremos mejor ¡Pero vamos que la fiesta en Honey aún no termina y queremos agradecerle a nuestro clientes por ser tan fieles con nosotros!- terminó de decir la señora Flume dando pequeño saltitos, ya que a pesar de su edad era una mujer muy vital.

Durante lo que quedo de mañana, Clementine no paro nunca de explicarles a sus demás compañeros de trabajo lo emocionante que sería aquella actividad, y a su vez pensando a quien le daría ese ticket de regalo, pensó en Odi y Mildred, pero ellos más de una vez han venido a la tienda, hasta han tomado té con el matrimonio y cada vez que vienen le regalan una bolsa con sus caramelos favoritos, así que ese par descartado. Por otro lado se encontraba Fly y Drake los invitaría feliz pero ya con todo el chocolate y caramelos que habían sobrado del matrimonio tenían de reserva al menos por medio año, frunció el ceño y suspirando miró por la ventanilla del local a la calle, pero al hacerlo se encontró con Steven D. Bennington era una mago que trabajaba en el local de música a unas cuadras de la tienda y  que se llevaban de maravilla, el rostro de Clementine se ilumino.

- Vuelvo enseguida Sam.- gritó al moreno, quien sin siquiera despegar su mirada del celular levanto su dedo pulgar indicando que la había escuchado.

Clementine tomó el ticket dorado y salió de la tienda, corrió un poco para alcanzarlo.- ¡STEVE!.- gritó con todas sus fuerzas cuando estaba a punto de llegar a su lado, el rubio se giró y la castaña se abalanzó a darle un abrazo.- ¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Vas a almorzar? ¿tienes un poco de tiempo?, es que te tengo un super regalo.- le dijo emocionada mientras le mostraba el ticket dorado. Era una idea perfecta, y se castigó mentalmente por no haberlo pensado antes, ¡claro que debía regalarse a Steve! Así vendría con su hija a Honey y la pequeña sería muy feliz, los niños aman los dulces, y bueno los adultos con alma de niños también.

tickets:
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 5
PB : Emilia Clarke
Edad del pj : 29
Ocupación : Trabajadora de Honeydukes
Pureza de sangre : Squib.
Galeones : 5.000
Lealtad : Familia, y amigos.
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 133
Puntos : 77
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3303-vlam-blop-wizz-clementine-boot-j http://www.expectopatronum-rpg.com/t3321-relaciones-clementine http://www.expectopatronum-rpg.com/t3937-out-of-present-cronologia-clementine-b

Steven D. Bennington el Jue Sep 22, 2016 6:43 pm

Con la llegada del nuevo curso académico las calles de Hogsmeade estaban más tranquilas de lo que lo habían estado en los últimos meses. Aún quedaban unos días para el fin de semana y para que los alumnos de Hogwarts de los cursos superiores tuvieran la oportunidad de dejar sus estudios para salir al pequeño pueblo mágico situado a poca distancia del castillo.

Con ello, llegaba el horario escolar también a los trabajadores de algunas de las tiendas de Hogsmeade. En su caso, tenía el día libre. Y dado que Alexandra ya había empezado su jornada escolar y que no tenía nada en absoluto que hacer, decidió dar una vuelta por las calles de Londres colindantes a su apartamento.

Descubrió una pequeña librería antigua situada en una esquina a pocas manzanas y no lo pensó dos veces a la hora de comprar un chocolate caliente y pasar la mañana entre las páginas de los libros que allí se acumulaban. La gente era amable, el servicio excelente y decidió que aquel lugar sería una de sus visitas frecuentes cuando no tuviese nada mejor que hacer. Y es que era posible que no tuviese nada mejor que hacer en sus días libres, ya que no era una persona de grandes planes ni con una vida atropellada de sucesos. Era una persona tranquila, con una vida tranquila.

Pasaron tres horas que dedicó a ojear los libros que tenían en aquel lugar y le aseguró al tendero que la próxima vez que fuese allí dejaría un par de libros sin apenas uso que no hacían más que comer polvo en su casa, de manera que otros pudieran leerlos tal y como él había estado haciendo durante aquella mañana o, por un módico precio mucho menor al habitual en las librerías, llevárselo a casa. El hombre se encontró encantado con la propuesta del joven y agradeció su gesto con una sonrisa a la que le faltaban un par de dientes.

¿Qué más podía hacer aquel día? Eso era lo malo de los días libres, que no tenía nada que hacer. Podía haber llamado a Drake y preguntarle si quería quedar a tomar algo. Pero era probable que aún no hubiese llegado de su Luna de Miel, estuviese trabajando o hubiese olvidado que tenía un teléfono móvil que su amigo el hijo de muggles usaba para comunicarse con él con más frecuencia que las lechuzas.

Sin nada que hacer, optó por dar un paseo por Hogsmeade. Dado el día de la semana, no se encontraría con todo el bullicio de los alumnos de tercer curso en adelante, sino que podría ver cómo las calles de Hogsmeade parecen incluso más amplias cuando no hay cientos de adolescentes correteando por todas partes. E incluso se planteo ir a Las Tres Escobas a comer, pues había oído que tenían una comida excelente y no solo la cerveza de mantequilla más famosa de todo el país.

Ideado su plan para lo que restaba de mañana, se apareció cerca de su propia tienda, admirando el escaparate donde un acordeón había cobrado vida propia y tocaba las primeras notas de un Himno a la Alegría más bien improvisado. Steven rió al ver como el propio acordeón se confundía al tocar las notas y volvía a comenzar de cero, como si de un músico de verdad se tratase y no de un instrumento embrujado para llenar de alegría la tienda y llamar la atención de los posibles compradores que pudiesen pasar por las calles.

El sonido del acordeón sonaba algo lejano pero a Steven le servía más que de sobra para dibujar una sonrisa al interpretar en su mente la canción. Sonrisa que se borró de golpe al escuchar un claro grito con su nombre. Se volteó asustado por si pasaba algo. Si era capaz de escuchar tal grito a tal volumen con facilidad era porque había sido un gran grito. Y un gran grito significaba, en la mayor parte de los casos, peligro.

Pero aquel no era el caso. En cuanto vio la sonrisa de la chica que tenía apenas a unos metros de distancia supo que no podía pasar nada malo. ¿Cuándo pasaba algo malo con Clementine cerca? Aquella chica era tan alegre que no podía pasarle nada que le hiciese gritar por miedo o por la llegada de un peligro inmediato.

- ¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Por qué? – Preguntó de manera atropellada a forma de saludo aún entre los brazos de la chica. Había tardado un tiempo en entender cómo funcionaba la mente de Clementine pero con el paso del tiempo había logrado darse cuenta que no había manera humana de comprender a Clementine. Era incluso más incomprensible que la mente del resto de las mujeres del mundo. Aunque aquello tampoco era ningún problema. – Tengo todo el tiempo del mundo, dime. – Contestó saltando el resto de preguntas que la chica había hecho, pues ya era tarde para contestar a la cantidad de preguntas que había dejado salir de sus labios, pues ahora le presentaba una sorpresa: un ticket dorado.

Steven cogió el papelito entre sus manos para comprobar que se trataba de uno de aquellos billetes dorados que podían encontrarse en la literatura y en el cine a manos del famoso Willy Wonka y su sorprendente y mágica fábrica de chocolate.

- ¿Esto se come? – Preguntó fingiendo que daba un mordisco al ticket como si de uno de esos dulces en forma de billete se tratase. – Creo que la gracia en Charlie y la Fábrica de chocolate era visitar un lugar que nadie había visto antes… No quiero que pienses que te estás volviendo loca, pero cualquiera puede entrar en Honeydukes a comprar. ¿O esto nos lleva directamente a la fábrica de dulces? – Rió. – Sorpréndeme con tu sorprendente sorpresa. - Animó a la chica con el fin de saber a qué venía aquel billete dorado que ahora tenía entre sus manos.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Sam Claflin
Edad del pj : 32
Ocupación : Profesor encantamientos
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 9.450
Lealtad : Pro - Muggle
Patronus : Camaleón
Mensajes : 552
Puntos : 335
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3393-steven-d-bennington http://www.expectopatronum-rpg.com/t3398-it-s-where-my-demons-hide-relaciones-de-steven http://www.expectopatronum-rpg.com/t3443-this-city-never-sleeps-at-night-cronologia-de-steven http://www.expectopatronum-rpg.com/t3400-correspondencia-de-steven-d-bennington

Clementine Boot el Mar Oct 04, 2016 2:10 am

Una de las cosas que le gustaba mucho hacer era el hecho de darle regalos a las personas, desde una simple flor que encontró tirada en el suelo hasta el libro que hace tanto tiempo estabas buscando y al verlo en una librería no lo pensó dos veces y te lo compró. Es así desde siempre, y creé que por eso ama tanto la pintura ya que siempre pensó aquel harte como una forma de expresar y entregar cariño a alguien o “alguienes”. También le pasa con el tejer, le gustaba más hacer cosas para los otros que para ella misma, aunque jamás negaría que hay periodos (sobre todo en invierno) que el hacer cosas de lana para ella le resulta una panorama habitual, es que es muy friolenta.

Es por eso que cuando logré encontrar el dueño de los tickets dorados que tenía en sus manos se alegró de sobremanera, porque era el receptor perfecto de aquellos boletos con poderes achocolatados. No lo pensé más y con una enorme sonrisa fue en busca de Steven, saliendo unos minutos de la tienda para lanzar un grito que de seguro alcanzó a llegar hacia el hombre de mayor edad que estaba tomando una cerveza de mantequilla en las Tres Escobas cuadras más allá.

Me reí ante su respuesta con múltiples preguntas, tomé aire emocionada para atropellarlo con toda la información sobre dicho tickets, pero me contuve en el acto y terminé por exhalar todo el aire tomado para simplemente decirle.- Espera un momento, debo indicar que saldré a colación y te cuento los detalles.- dije con una enorme sonrisa de oreja a oreja, para alejarme de él un poco e ir hacia Honey pero nuevamente me detuve .- ¡No se come!.- le dije entre risas, sabiendo que lo había dicho de broma. Luego abrí los ojos sorprendida cuando me di cuenta que Steven conocía a Charlie, pero luego a pesar de que todos pensaran que porque justo en el momento que el mago le había dicho tiempo atrás que era hijo de muggles y ella se encontraba mirando atentamente como un caracol se movía lentamente en el ventanal de la tienda no le estaba prestando atención…pues se equivocan, ya que al sorpresa le duro poco al recordar aquello.

"Los lleva directo a la fábrica de dulces"… Abrí los ojos y boca del asombro, como si de pronto hubiera visto la luz y al verdad se hubiera revelado.- ¡QUE BUENA IDEA!.- grité emocionada.- ¿Cómo no lo pensé antes? Será perfecto ponerle ese hechizo... ¿Cómo se llama? Ese que transporta…- dije arrugando mi nariz pensativa, hasta que si esto fuera dibujo animados una ampolleta se prendería al costado derecho de mi cabeza.- ¡Portus! Poner ese hechizo en los tickets. Creo que tendrás que devolverme esto, luego te los doy.- le dije mientras se los arrebata de las manos con mirada traviesa.

Luego recordé, o bueno más que nada vi el rostro de Steven de no entender nada que lo que estaba diciendo.- ¡Perdón! Vuelvo enseguida y te explico todo,  volveré en menos de que digas ¡caramelos para el bowtruckle!.- le dije sonriente mientras comenzaba a caminar de espalda hacia Honeydukes, para luego girar y entrar a la tienda.

Sam seguía pegando casi de manera hipnótica al su teléfono móvil, pero aun así  levanto levemente su vista al sentir la campanilla de la tienda pero enseguida volvió a bajar su mirada cuando vio que era ella.- Sam, saldré de colación…- le dije mirándolo pero este solo asintió, rodee los ojos y me acerqué al mesón y sacar de allí mi cartera guardando en ella los tickets, luego mire a Olivia.- Belleza, ¿estarás bien si me voy ahora o quieres ir tú? .- le pregunté  mientras cruzaba por lo bajo los dedos para recibir un “no” como respuesta.- Estoy bien…ve, no me quiero mover.- dijo la mujer para luego apoyar su cabeza en su mano derecha y dormitar un poco, hice una mueca pero luego mi mirada se dirigió a Steven que de seguro ya había terminado de decir ¡caramelos para el bowtruckle!. Pegué un pequeño saltó y apuré mi paso hacia la puerta, pero antes de salir me detuve y me giré hacia el chico.- ¡Extraño tu mirada Sam! Te prohíbo que a mi regreso sigas así.- le dije haciendo un pequeño puchero para luego salir, es que la mirada de las personas al hablar y casi en todo momento es lo más bonito.

- Creo que mis cálculos no fueron exactos y al final tuviste que decir más de una vez “caramelos para el bowtruckle”.- dije divertida llegando a su lado nuevamente.- ¿te apetece ir a comer algo? Bueno si no, te invito a acompañarme que mis tripas están reclamonas el día de hoy.- dije tocando mi estómago divertida mientras caminábamos. No me había dado cuenta del hambre que tenía porque hace unos minutos estaba demasiado divertida cantando histriónicamente en la esquina de la tienda.

- Quería aguantarme hasta llegar al local pero … no puedo.- dije para llevarme las manos a la boca en modo de taparla mientras ponía mi rostro como si estuviera aguantado la respiración bajo el agua y ya no poder más, para luego soltar el aire y echar a reír.- Loooos tickeeets...- le dije casi cantándolo para luego mirarlo y girar parte de mi cuerpo para mirarlo mejor mientras caminábamos en busca de un lugar para comer.- Te cuento, hace poco fue el Aniversario de Honey y creo que te comenté como termino todo, todos se creían hadas en el paraíso, incluyéndome…- dije soltando una risa y sintiendo un leve color rojo teñir mis mejillas.- ¡pero eso no va al caso! Lo que sí, es que el matrimonio FLume no quedo conforme con celebrar el cumpleaños así de la tienda. Por lo que yo un día les dije que tenía una idea relacionada con un libro muggle, y como bien tu dijiste…chinchichin…- dije haciendo el sonido de timbre ganador.- Es Charlie y la fábrica de chocolates, peeeero llevado a Honey. Por lo que se guardaran tickets en barras de chocolates especial Aniversario Honeydukes, y el que los encuentre tendrá una visita guiada en donde se les contará la historia de la tienda, los eventos más locos, divertidos, afortunados y desafortunados que han tenido que pasar, algunos dulces que no han salido nunca a la venta, cómo nacieron las ranas de chocolate…eeeen fin, muchas cosas.- le seguí diciendo animada, sumamente expresiva en cada palabra y sin nunca perder la sonrisa.- ¡pero eso no es todo! Quien tenga esa visita, se le entregará al entrar un Caldero, en el cual podrán llenarlo con los dulces que quieran y llevárselos totalmente gratis. Y bueno a parte de los escondidos en las barras que saldrán a la venta, a mí me regalaron dos tickets como empleada, y bueno entre buscar a quien me gustaría dárselo…voilá llegamos a ti Stevenny.- termine de relatarle y decirle aquel apodo creado ahí mismo.

En eso detuve mi caminar porque un hermoso olor llego a mis fosas nasales, retrocediendo unos pasos.- Quiero comer lo que sea que haya en este lugar.- le dije mirándolo sonriente para abrir sin más la puerta, para entrar a un local que por el adorable olor era de comida.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 5
PB : Emilia Clarke
Edad del pj : 29
Ocupación : Trabajadora de Honeydukes
Pureza de sangre : Squib.
Galeones : 5.000
Lealtad : Familia, y amigos.
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 133
Puntos : 77
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3303-vlam-blop-wizz-clementine-boot-j http://www.expectopatronum-rpg.com/t3321-relaciones-clementine http://www.expectopatronum-rpg.com/t3937-out-of-present-cronologia-clementine-b

Steven D. Bennington el Vie Oct 07, 2016 11:43 am

Se sentía contrariado, pero no mostró signo alguno de confusión en su rostro. Se limitó a reír con las palabras y el comportamiento de Clementine, y es que aquella chica era extraña en el máximo sentido de la palabra. Quizá esa fuese una de las razones principales por las que habían terminado por ser amigos, y es que la gente convencional acababa por resultar aburrida. Con Clementine no había margen para el aburrimiento. Era imposible imaginarla sentada sin hacer nada en absoluto sin ser ese rabo de lagartija que no podía frenar con sus impulsos propios. Era imposible imaginarla con la boca cerrada y sin palabras. Clementine siempre tenía algo que decir. Siempre tenía algo que opinar. Y siempre tenía algún comentario que hiciese que el mundo se pusiese patas arriba por carecer de sentido y al mismo tiempo por tenerlo tanto.

Steven ya se había acostumbrado a la intensidad de la castaña. Y es que la palabra perfecta para definir a Clementine era intensa. En todo el ámbito de la palabra. Desde la raíz del pelo hasta la punta de los dedos de sus pies. Así era la castaña con la que ahora se encontraba conversando.

Sonrió sin poder evitarlo ante las ocurrencias de la chica y, rápidamente, esta había decidido que debía marcharse de allí. Todo sucedía a toda velocidad cuando Clementine estaba cerca y es que parecía la dueña del tiempo. Tenía una magia única a pesar de no portar una varita y eso era lo que hacía que fuese tan diferente al resto del mundo.

- ¿Seguro? – Fingió intentar morder el ticket dorado cuando por nada del mundo se dedicaría a comer papel y mucho menos cuando tenía aquel color tan artificial. Seguro que de engullir tal nivel de tinta acababa en el Hospital más cercano con una buena úlcera en el estómago. Posiblemente el tipo de úlcera que le saldría a Clementine si pasaba más de dos minutos con la boca cerrada.

Elevó una ceja como síntoma de la confusión que sentía en aquel momento y negó con la cabeza aún con la sonrisa imborrable en su rostro. Y es que Steven siempre sonreía. Era una mueca fija en su rostro que los años se habían encargado de ir tallando con sumo cuidado para que esta permaneciese en todo momento sobre su rostro. Le agradaba sonreír y sin siquiera planificarlo lo hacía.

- ¿Un traslador? – Preguntó no muy seguro de lo que estaba hablando Clementine. ¡Y es que con aquella chica nunca se sabía! Podía estar hablando de marcianos y de chocolate caliente al mismo tiempo y nadie notaría el cambio en la conversación de la manera en la que ella lo hacía.

Tampoco tuvo tiempo de preguntar más o comentarle que convertir un ticket en un traslador no era una buena idea. Eso condicionaba a la persona a tocarlo y acabar en un lugar totalmente diferente sin verlo venir. ¿Y si estaba en pijama comiendo tranquilamente un dulce? ¿O en el cine viendo una película y al desenvolver su chocolatina salía aquel ticket? Pero Clementine no necesitaba nada lógico en su vida, no precisaba que alguien le pusiese los pies en la tierra, pues volaba a tal altura que de intentarlo acabarías por perder el tiempo y la paciencia.

Cualquier persona en su situación no hubiese sabido si irse de allí o quedarse a esperar que Clementine apareciese con otra de sus raras ideas. Pero Steven estaba tan acostumbrado a sus idas y venidas que se limitó a mirar el escaparate de una de las tiendas de material escolar que había a pocos metros de distancia. Acercó el rostro al cristal y examinó los recambios para plumas, los pergaminos nuevos e intactos para ser utilizados y las plumas de diferentes colores, formas y tamaños. Le fascinaban los artículos de papelería.

- Y más de diez. – Aseguró volteando para ver a Clementine, quien lucía con la misma sonrisa con la que se había marchado. – Haré el esfuerzo de acompañarte a comer pero sólo porque me lo pides tú. No es porque me lo pidan mis tripas que ya empiezan a auto devorarse. – Él tampoco había comido todavía y de haberlo hecho lo más probable es que no lo pensase demasiado a la hora de comer nuevamente aunque fuese un pedazo de pan.

Apenas hubieron caminado un par de metros cuando Clementine rompió el silencio y decidió hablar de aquellos tickets una vez más. Steven había dado por hecho que con ellos podrías entrar a la tienda de dulces aunque eso distase de la realidad plasmada en el cuento de “Charlie y la fábrica de chocolate” pero suponía que visitar la fábrica de dulces como tal era algo que no dependía de Clementine ni de los dueños de la tienda. O quizá sí, lo cierto era que no tenía ni la más mínima idea de cómo podía funcionar aquella tienda.

Aunque ahora podría saberlo, porque podría ir a la tienda y conocer su historia. Escuchó con curiosidad las palabras de la chica sin perder de vista sus labios y es que Clementine hablaba a tal velocidad que en ocasiones perdía palabras sueltas y, dado que rápidamente cambiaba de tema, perdía el hilo de la conversación. Por suerte, se había acostumbrado a la chica y había conseguido cogerle el truco a sus conversaciones prestando atención en todo momento a sus labios y no subiendo a sus ojos como hacía en señal de respeto con cualquier otra persona. Y es que con Clementine, cualquier distracción suponía perderse en mitad de lo que estuviese diciendo en aquel preciso instante.

- ¿Sabes una cosa? Deberías haber escondido mi ticket en una tableta de chocolate y regalármela. Así tendría una visita guiada por la tienda, un caldero lleno de dulces y una barra de chocolate que comerme hoy para el postre. – Era una persona golosa. De esas que con un dulce ya son felices durante un par de horas hasta que el azúcar en la sangre desaparece. Pero dado que de por sí era una persona bastante alegre, el chocolate sólo servía para acrecentar aquello.

Avanzaron por la calle principal hasta llegar a uno de los lugares donde servían comidas calientes, pues aquel lugar en ocasiones parecía que estaba muerto de no ser un fin de semana donde los alumnos de Hogwarts contaban con la oportunidad de visitar aquel pueblecito.

- La verdad es que huele bien. – Afirmó el chico abriéndose paso al interior del local tras Clementine. No tardaron en ocupar un asiento en una de las mesas situadas al lado de la ventana, donde podían ver la calle principal de Hogsmeade donde apenas unas pocas personas paseaban tranquilamente. No había rastro del bullicio al que estaban acostumbrados, lo cual resultaba ser todo un respiro de aire puro. – Yo quiero un menú del día y para beber una jarra de agua con hielo. – Esperó a que Clementine hiciese su correspondiente pedido y, una vez el camarero se alejó de su mesa, Steven volvió a hablar. – Vale, entonces yo tengo ahora un ticket que me permite ir a Honeyduckes cuando quiera a que me cuenten su historia y me den un caldero lleno de dulces que yo elija, ¿Verdad? – Preguntó con curiosidad. - ¿Y hay un plazo para ir? ¿Y qué pasa si el contenido de mi caldero rebosa? ¿Y si le pongo un hechizo para que sea superextensible? Tienes que poner letra pequeña en los tickets si no quieres que alguien tan listo como yo acabe timándote. – Elevó sendas cejas de manera divertida antes de romper a reír. – Me gusta la idea, la verdad. Es ingeniosa, no sé cómo no se le había ocurrido a nadie antes. Quizá porque es demasiado muggle y claro, los magos solo pueden hacer cosas con varita y magia. ¡No se dan cuenta lo valioso que hay en el mundo muggle! – Sí, Steven adoraba todo lo referente a los muggles, para ello sus padres eran unos y en su infancia no había rastro de magia alguna. Sin contar la metamorfomagia, la cual consideraba hasta normal hasta que descubrió lo contrario.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Sam Claflin
Edad del pj : 32
Ocupación : Profesor encantamientos
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 9.450
Lealtad : Pro - Muggle
Patronus : Camaleón
Mensajes : 552
Puntos : 335
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3393-steven-d-bennington http://www.expectopatronum-rpg.com/t3398-it-s-where-my-demons-hide-relaciones-de-steven http://www.expectopatronum-rpg.com/t3443-this-city-never-sleeps-at-night-cronologia-de-steven http://www.expectopatronum-rpg.com/t3400-correspondencia-de-steven-d-bennington

Clementine Boot el Jue Oct 13, 2016 1:03 am

¡Qué bonito que él dueño de los tickets dorados fuera Steven! Pensó para sus adentros cuando volvió a reír ante la ocurrencia del rubio de que aquellos boletos podían comerse. Negó con la cabeza divertida tras su ocurrencia. Aunque en el fondo Clementine se replantó que quizás no era una idea tan descabellada pensar que eran tickets comestibles. Y de ser posible lo más probable que si en esos momentos hubiera tenido una libreta al alcance de su mano de seguro la castaña hubiera anotado esa idea, pero como no la tenía sólo quedaba  esperar que la cabeza de Clem quisiera volver a recordarlo por alguna extraña razón.

-¡Eso, un traslador! .- gritó al más estilo Eureka antes de entrar a Honeydukes y  que ese día fuera conocido en la vida de Clementine, como el día que le declaro la guerra a los teléfonos celulares, todo por culpa de la última obsesión de su compañero de trabajo con aquel aparato del mal, como llamaría la castaña más adelante. Tras recibir el sí de Olivia salió de la tienda para toparse con Steve mirando aquella tienda de artículos de papelería, se acercó a él e hizo una mueca divertida tras escuchar que tuvo que decir más de diez veces lo del bowtruckle.

Comenzaron a caminar en busca de algún lugar que los salvara que sus tripas se auto devoraran por el hambre que ambos hasta ese momento habían querido ignorar.  Sólo alcanzaron a dar algunos pasos hasta que Clementine no se aguantó más de hablar de los famosos tickets y le contó al rubio con mayor detalle sobre ellos.

Sólo a una persona la castaña le perdonaba no mirarla a los ojos cuando hablaba y esa persona era Steven, había sido muy extraño la primera vez que se topó con el rubio y este le miraba la boca cuando ella hablaba, y sin sutileza alguna más que nada por curiosidad Clementine le preguntó porque hacía eso y termino conociendo un poco más de Steven aquella tarde.  Por eso en esta oportunidad ya no lo era extraño, hasta le había encontrado algo bonito  a aquello, que era el hecho de Steven jamás se perdía una sonrisa o una sacada de lengua improvista y burlona, cosas que a veces si se las perdía la gente por estar mirando a cualquier otra lado.
Se detuvo en seco cuando escucho las palabras de Steven, mientras su brazo derecho detuvo también el andar del rubio,  levantó su mano con el dedo índice arriba en señal de “espérame un segundo” mientras con  una mueca pensativa se  giraba hacia atrás. Se lograba entrever que buscaba algo en su cartera, y al parecer lo había encontrado por la pequeña risa que soltó de repente. Hizo uno que otro movimiento para luego girarse con una enorme sonrisa más una barra de chocolate entre sus manos.- ¡CHANANANA! ¡Tú dices chocolate y aquí está! ¿Sí esto no es magia qué es?- preguntó bromeando mientras ponía voz de animador  mientras subía sus cejas de arriba abajo divertida.  Le tendió la barra de chocolate, cuando este la tomo, la castaña soltó una pequeña risa avergonzada al observar que a la barra le faltaba un par de cuadros.- Creo que… debo practicar ese hechizo…al parecer no se trasladó el cuerpo completo…- dijo con un leve sonrojo pero sin perder la sonrisa para luego echar a reír.- ¡Esta mañana me tenté y comí dos cuadros!.- terminó admitiendo.- Pero sólo fueron dos, aún queda mucho para ti.- terminó de decirle sonriente. – Aunque si lo quieres abrir ahora y darme un cuadrito yo no me quejo…- agregó mirando hacia arriba de manera inocente y soltando una pequeña risa.

Entramos al local y la castaña inspiro profundamente cerrando sus ojos con una enorme sonrisa, ese local olía a hogar, y para ella era un olor maravilloso para un lugar de comida, al menos su experiencia culinaria de pequeña había sido fabulosa, por ejemplo los Risottos de su padre, o la Torre del dulce terror de su madre que constaba de una torre enorme de cosas dulces en las que se encontraba– sólo por decir algunos- un piso de ranas de chocolate, otro de galletas de vainilla, y otro de gominolas o también se encontraba los fritos de verengena con extra limón de su tía Emilia y así podía continuar la lista.  Entonces, si sus fosas nasales no le fallaban en ese lugar podía haber comidas fabulosas.

Al sentarse en una mesa junto a la ventana, la castaña tomó emocionada el cartón del menú para ver que podía pedir, enseguida comprobó que no se había equivocado habían platos muy exquisitos y extraños. Y si no fuera porque aquel día quería un plato más de hogar hubiera pedido el plato más extraño del menú como siempre hacía en un nuevo local que conocía, pero como no era esa la oportunidad cuando escucho que Steven ya había pedido miro al camarero con una amable sonrisa y le dijo.- Quisiera una Lasagne, doble salsa: bolognesa más la blanca con champiñones. Un zumo de Kiwi. Y de postre…- pensó arrugando un poco la nariz pensativa.- Un trozo de torta bizcocho manjar nuez, por favor.- terminó de decir sonriente.

Clementine volvió a mirar a Steven y asintió al momento que este le pregunto sobre el ticket.  La castaña sonrió de manera traviesa ante las preguntas del rubio. Y si hubiera tenido en esos momento cerca unos lente de sol Clementine se los hubiera puesto para decir lo siguiente al más estilo de la película “Hombres de negro”.- ¿Con quién crees que estás hablando? Agente Boot tiene todo fríamente calculado.-  dijo mientras enarcaba una ceja divertida y sacaba el ticket que le había quitado a Steve momentos antes para pensar lo de los trasladores. Dejó el tickets sobre la mesa cerca de Steven.- Al otro lado están las indicaciones.- le dije sonriente para darlo vuelta, dónde salía sobre las fechas, lo del caldero y un par de cosas más.- Y hablando de las indicaciones y ya que estamos más tranquilos ¿Crees entonces que es buena idea lo de los tickets trasladores? Es que no sé muy bien cómo funciona aquello.- le dije haciendo una mueca divertida. Es que habían cosas que por más que se la explicarán más de una vez siempre se le confundían. Y porque ahora en la cabeza de la castaña la idea que tenía de los trasladores era algo como los famosos zapatos rojos de Dorothy otro personaje muggle que le agradaba mucho a Clementine.

- ¡Tienen cosas fabulosas!.- gritó entusiasta la morena corroborando las palabras sobre el mundo de los muggles.- Como el mero hecho de que ellos crearon con sus manos algo para hacer luz, o lo que sea…pero comenzaron con sus manos, sin magia hicieron magia. Es fabuloso ¿no?.- le dijo sonriente y con un cierto brillo en los ojos que siempre aparecía cuando hablaba de algo que le emocionaba. En eso se fijó que Steven tenía una pedazo de hoja seca en su cabello, y sin pensarlo ni medio segundo se levantó y torpemente se abalanzo con su mano derecha y se la sacó, para volver con total naturalidad a su asiento junto a su sonrisa imborrable.- Tenías un pedazo de hoja otoñal traviesa.- agregó encogiéndose de hombros.- Y hablando de aquello ¿cómo te ha tratado este otoño Steve?.- le preguntó mientras apoyaba ambos codos en la mesa para después poner su cabeza entre sus manos mirándolo con una media sonrisa. Después de todo no es que viera regularmente al chico, pero si al menos una o dos veces al mes se topaban por casualidad, igual que el día de hoy.

Mientras esperaba la respuesta del rubio Clementine  pensaba que si tuviera que definir en un color a Steve sería el verde y también pensó que este se había incorporado oficialmente a la lista de personas que hacían que sus mejillas le dolieran de tanto reír.


RolOff: Perdón por la demora, nunca más in the life, i m promisse.
     Doble idioma para que sea doblemente promesa (?) xD
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 5
PB : Emilia Clarke
Edad del pj : 29
Ocupación : Trabajadora de Honeydukes
Pureza de sangre : Squib.
Galeones : 5.000
Lealtad : Familia, y amigos.
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 133
Puntos : 77
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3303-vlam-blop-wizz-clementine-boot-j http://www.expectopatronum-rpg.com/t3321-relaciones-clementine http://www.expectopatronum-rpg.com/t3937-out-of-present-cronologia-clementine-b

Steven D. Bennington el Jue Oct 13, 2016 12:16 pm

Hablar con Clementine sobre aspectos mágicos le hacía sentir  bien de alguna manera. Dado que la joven no tenía magia propia pero sí se había criado rodeada de ella, era precisamente lo contrario a él. Steven no había conocido la magia hasta que la carta de Hogwarts llegó a su casa y, por el contrario, Clementine jamás recibió dicha carta a pesar de haber vivido en el Mundo Mágico. A pesar de aquello, la castaña tenía amplios conocimientos de la  magia aunque era divertido ver como algunas palabras o conceptos saltaban de su mente para ser olvidados y necesitaban ser nuevamente explicados. Como el traslador. Lo que hizo que Steven riese de manera animada. ¿Cómo no reír con Clementine cerca? Con aquella chica era imposible no hacerlo.

Si su risa había reinado previamente, en aquel momento se convirtió en la ama y señora de la situación. Clementine era un plato que dar de comer aparte. Era totalmente diferente a cualquier otra persona que Steven hubiese conocido hasta aquel preciso momento y su manera peculiar e infantil de ver la vida le hacía sentir cierta ternura hacia ella. Era inocente como cualquier niño y sus palabras eran tan acertadas al mismo tiempo que peculiares que no podía evitar reír cada vez que abría la boca.

Vio la sonrisa dibujarse en sus labios antes siquiera de que esta hablase, lo que hizo que su sonrisa se dibujase de manera casi empática imitando la de la chica. Cogió la barra de chocolate sin dejar de prestar atención a los detalles de su sonrisa. Y es que realmente, Clementine tenía una sonrisa única. Con los años se había ido dando cuenta de cuáles eran los gestos de las personas en cada situación. Pero también se había dado cuenta que no todas las sonrisas albergaban lo mismo. Había sonrisas alegres y entusiastas. Las había llenas de ánimo y de felicidad. Las había de complicidad y cercanía. Pero también había otras tristes que escondían lágrimas que no querían salir a la vista.

Lo más peculiar de aquello, es que Clementine tenía otro tipo de sonrisa. Una sonrisa única, a decir verdad. Y es que aunque labios y dientes fuesen diferentes, al fin y al cabo la gente tenía el mismo tipo de sonrisas. Todo el mundo salvo Clementine. Ella tenía una sonrisa que, con solo verse, podía transmitirte toda esa felicidad que la joven llevaba dentro. Nada comparable con cualquier otra sonrisa.

- ¡Esto es magia, Clementine! – Dijo de manera animada el chico tomando la barra de chocolate entre sus manos con una grata sonrisa de agradecimiento entre sus labios. - ¿Es la primera vez que lo haces? – Preguntó fingiendo curiosidad sobre la aparición de la barra de chocolate que, sin duda, Clementine ya traía consigo. – Debes pensar más en el objeto. En su sabor, su textura… Pero también en el número de onzas que lo forman. ¡Menos mal que solo eres la maga del chocolate! Imagina lo que pudiese haber pesado si fueses la maga de los conejos blancos y hubieses sacado un conejo sin orejas. – Bromeó entre risas mirando con curiosidad fingida la chocolatina. – Mira, si es que tiene la misma textura que el chocolate… ¡Clementine, estás mejorando! – Añadió tras abrirla y negar con la cabeza. – Vaya, y yo que me había tragado la historia de la aparición incompleta… - Rodó los ojos fingiendo decepción para partir dos onzas de chocolate.

Le tendió una de estas a Clementine y otra de ellas se la llevó a la boca rápidamente. Si algo era Steven, era goloso. Era el tipo de persona que siempre tenía un hueco en su estómago para cualquier dulce, especialmente si este tenía algo de chocolate. Era un gran fanático de los helados y los pasteles e incluso había aprendido a hacerlos por sí mismo para no gastarse todo su sueldo en pastelerías o en acabar contratando a su propio pastelero para que le hiciese los mejores postres en casa. Así que había acabado recurriendo a clases de cocina especializadas en repostería. ¿Resultado? Sabía hacer tartas pero no freír un huevo. Era un gran partido para un diabético.

Una vez en el interior del local, cada uno hizo su correspondiente pedido de la comida. Steven se limitó a pedir un menú del día que contaba ya con la bebida, el pan y el postre incluidos en este. Además, traía dos platos. De primero, había ensalada de la casa – plato que descubriría en breves momentos por qué llevaba el nombre de la casa y no el de ensalada simple y llanamente – y de segundo había filete de buey con patatas fritas. En su opinión, una buena comida.

- Siento haberla subestimado Agente Boot, le aseguro que no volverá a suceder. – Rozó su frente con la mano derecha haciendo un saludo militar intentando mantener el gesto serio en el rostro, algo que apenas duró unos pocos segundos. – Ah, la letra pequeña. – Afirmó el rubio mirando el reverso del billete dorado para comenzar a leer las instrucciones que allí se encontraban mientras esperaban a la vuelta del camarero con sus correspondientes pedidos. – Mmmm… - Hizo una nueva pausa para pensar en su contestación. – No creo que lo sean. A ver, la idea es buena. – Aceptó. – Pero imagina que estás… No sé, que estás en pijama tranquilamente en tu casa, vas a la nevera a coger una chocolatina y, cuando la abres, encuentras el billete dorado. No sabes qué es, así que lo tocas y de pronto a las tres de la mañana, estás en Honeydukes. O… Imagina que yo le regalo uno de esos dulces a mi madre muggle, si de pronto se traslada a otro lugar yo creo que le daría un infarto a la pobre mujer. – Rió imaginando la cara de pánico que pondría su madre y cómo le regañaría aún teniendo ya treinta años. – Aunque… Hay otro tipo de trasladores que solo funcionan a partir de una hora determinada. Podríais poner en el ticket unas instrucciones donde diga una hora y un día, entonces en ese momento el traslador comienza a funcionar. Podéis dejarlo abierto durante un periodo de… ¡Qué sé yo! ¿Media hora? Y cuando pase esa media hora el ticket deja de ser un traslador para ser un ticket normal como antes. – Intentó explicarle. – Así la gente aparecería a horas normales y sabiendo lo que sucederá. No lo tocarán de pronto mientras abren la chocolatina y por error acaban en la tienda.

Steven asintió con la cabeza y con la sonrisa aún presente en sus labios. ¿Cabía decir que este chico siempre tenía una sonrisa en la cara?

- Y viven sin un palo de madera que hace el trabajo fácil por ellos. Tienen vehículos que funcionan si magia y… ¡Ordenadores, Clementine! Cuando hablo a algún mago sangre limpia de ellos no saben lo que son y… Realmente se pierden algo genial. No sé qué sería de mí sin el ordenador. – Hizo una leve pausa. – Y sin Netflix.

Miró la mano de Clementine elevarse hasta llegar a su pelo y se sorprendió al darse cuenta que, desde hacía bastante tiempo, su pelo llevaba un decorado otoñal gracias a una hoja que había decidido formar su nido en su cabello. Se sacudió la zona donde había estado la hoja con cuidado y miró al camarero en ese preciso instante, pues ya veía cómo se acercaba con sus platos.

- Ya ves que mal. Se me caen las hojas. Ojalá pronto llegue la primavera para poder volver a florecer. – Dijo con cierto tono infantil. – Eso ha sonado muy gay. – Añadió antes de romper a reír. Carraspeó esta vez e intentó responder siendo más realista. – La vida de un dependiente de tienda no es muy apasionante pero… El otoño no me ha tratado mal. Aunque ahora que Lexie está en Hogwarts mis planes de hacer tartas con ella o llevarla a parques temáticos me ha dejado a mí sin diversión. – Sí, él era el primero que disfrutaba con aquellas cosas y sin Lexie ya no tenía con quién hacerlas. – Así que ahora trabajo más solo por aburrimiento. – Rió. – Por suerte además de a Lexie tengo algún amigo al que todavía le gustan ese tipo de planes. Como Drake, pero ahora me tiene abandonado con eso de ser un recién casado. ¿Y tú qué? ¿Has estado todo el otoño practicando la aparición en tabletas de chocolate? – Preguntó dibujando una sonrisa que, en esta ocasión, iba rumbo al camarero que colocaba sus platos sobre la mesa. - ¡Que aproveche! – Dijo animadamente antes de que Clementine contase cómo había ido su otoño. Ya que la comida, en esta vida, era lo primero.

OFF: Sin problema (:
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Sam Claflin
Edad del pj : 32
Ocupación : Profesor encantamientos
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 9.450
Lealtad : Pro - Muggle
Patronus : Camaleón
Mensajes : 552
Puntos : 335
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3393-steven-d-bennington http://www.expectopatronum-rpg.com/t3398-it-s-where-my-demons-hide-relaciones-de-steven http://www.expectopatronum-rpg.com/t3443-this-city-never-sleeps-at-night-cronologia-de-steven http://www.expectopatronum-rpg.com/t3400-correspondencia-de-steven-d-bennington

Clementine Boot el Dom Oct 16, 2016 8:00 pm

En el mundo, pensaba Clementine que a las personas se les puede recuerda en cinco categorías: vista, olfato, tacto, gusto, y oído, pero no el sentido literal de la palabra, sino más bien, por ejemplo, para ella su amigo Odiseo en el anterior orden lo recordaba con las siguientes cosas : margarita que se le hacía al reír, aire de lluvia, pasto verde recién mojado, cabritas mezcladas con chocolate y Under pressure de Queen, todos ellos habían sido momentos únicos que había vivido juntos a su amigo y se le  habían quedado guardados en una caja especial dentro de todo su caos. Y en este preciso momento junto a Steven había ocurrido que ahora en la vida de Clementine en la categoría de olfato lo recordaría a él con el olor de aquella barra de chocolate que tenía en su cartera y ahora la tendía hacia el con una enorme sonrisa.  Es una ardua tarea intentar entender por qué precisamente ella escogió esos momentos y este en particular, es que a veces hay cosas en la vida de la castaña que son imposibles de explicar.

Clementine soltó una carcajada cuando observo toda su actuación de que le había creído lo de la aparición, dándose cuenta que Steven era de esas personas coleccionadoras de sonrisas, porque imposible no reír a su lado. Sus ojos adoptaron un brillo al ver que le estaba tendiendo un chocolate,  no dudo en tomarlo y llevárselo a la boca cerrando por unos segundos sus ojos mientras tenía una sonrisa en su boca imborrable.- Delicioso, esta receta de las señora Flume en especial es una de mis favoritas.- agregó sonriente al abrir nuevamente sus ojos  y mirarlo divertida mientras aún sentía el cuadro de chocolate derretirse en su boca.

Llegaron a un local de comida que atraía a las personas como la casa hecha de dulces a los hermanos Hansel y Gretel, ese cuento muggle que había leído cuando más pequeña.  Al sentarse junto a la ventana la castaña no sólo descubrió que el local tenía un olor maravilloso sino que también un vista espectacular, miró por la ventana cuando se sentaron en la mesa de los ventanales logrando que Clementine confirmara su cariño hacia los colores otoñales. Pero eso no había quedado allí señoras y señores, ese local que antes no había tenido la oportunidad de conocer además tenía unos platos exquisitos, no dudó en pedir lo que su primer instinto le reclamaba para sus tripas revoltosas el día de hoy.

Cuando ya estuvieron más tranquilos la castaña sacó el ticket para que Steven pudiera verlo de mejor manera y no de forma huracanada como minutos atrás. Y de paso, recordó la idea de los trasladores. Escuchó atentamente la opinión del chico con respecto a ellos, hizo una mueca con su boca cuando se dio cuenta que al parecer a diferencia de cómo se la imaginaba en su cabeza no eran tan buena idea del todo. No pudo evitar reír al imaginar ambas imágenes, además no creo que sea muy agradable estar trabajando, o haciendo uno de los múltiples show artísticos que a veces le daba por hacer en Honey y que la gente apareciera y la viera.- Lo de los horarios me parece una día maravillosa. ¿Sabes que Steve? Creo que tienen un Willy Wonka dentro de ti. El día de hoy me has dado muchas ideas.- le admitió sincera sonriendo de lado divertida.- Aunque pensándolo bien…hubiera sido gracioso verte aparecer en la tienda con pijamas y lavándote los dientes, me hubiera alegrado toda la mañana ¿sabes?.- bromeo toda seria por unos segundos pero luego echarse a reír.

Magia, es una palabra que a lo largo de los años y por sus circunstancias Clementine ha descubierto que no sólo se produce cuando se tiene una varita entre las manos,  se puede encontrar magia en las personas, lugares o cosas más inesperadas. Por ejemplo  el mundo muggle para ella era una gran caja de pandora llena de cosas “mágicas” que esperan ser descubiertas.  Ellos definen lo mágico como algo maravilloso, inexplicable, que va más allá de lo conocido. A diferencia para los magos que es más bien algo más cotidiano, como lavarse los dientes después de comer.

- ¿Hay algo más mágico que un domingo de lluvia estar en tu hogar con una colcha de lana tomando chocolate caliente mientras ves una serie o película en Netflix? No lo creo Steven, no lo creo…- dijo mientras negaba la cabeza para resaltar sus palabras. Clementine tenía rituales que jamás pasaría en alto, como por ejemplo los viernes de karaoke, y los domingos de maratones de películas o series comiendo cabritas. - Hay muchas cosas que sin necesidad de magia meramente tal, llegan a serlo. Por ejemplo en mi caso, yo he visto cuadros de pintura mágicos Steve,  que cuando los ves en vivo, te sientes pequeñísima, y todos los pelos de tu cuerpo se levantan para ver si realmente es cierto lo que están viendo tus ojos. ¿No te pasa con la música?.- le pregunto sabiendo que lo mucho que le gustaba la música a Steve.- No te ha pasado que has escuchado una canción, o un instrumento y dices: esto es inexplicable, maravilloso, fuera de lo común…es mágico.- terminó de preguntarle curiosa para luego suspirar con una enorme sonrisa.  

En eso con movimientos torpes impulsivos muy comunes de ver en la castaña, Clementine le quito una hoja rebelde que había ido parar a los cabellos de Steve. – Ha sonado muy bonito la verdad, por más que otoño es una de mis estaciones favoritas, la primavera no se queda atrás.- dijo encogiéndose de hombros sonriente.- De veras que Lexie ya ha entrado a clases. Debes extrañarla mucho ¿no?.- le preguntó haciendo una leve mueca con su rostro, sabía lo mucho que Steve adoraba a su hija, por lo que debe ser duro para él cuando comienza el año escolar y debe verla mucho menos que antes. Sabía lo que era extrañar a alguien del castillo y sólo conformarse con escribir cartas o las salidas al pueblo, hubo un tiempo cuando más pequeña que se había sentido un poco sola cuando Odiseo había entrado a Hogwarts. – Pues yo me ofrezco como tributo, me gusta cocinar tartas e ir a parque temáticos, aunque no sé si en estas fechas que los ambientados en películas del terror no se me dan muy bien.- admitió algo avergonzada, Clementine era de las personas masoquistas con esa clase de películas, eran las que aun sabiendo que se asustarían mil iban a verla de todos modos hasta el cine, y terminaban con suerte viendo el veinte por ciento de ella, porque el resto se pasaba tapándose su rostro con las manos.

- La boda estuvo grandiosa.- dijo con ojos brillantes y una sonrisa enorme recordando el día en que sus amigos se habían casado al escuchar nombrar a Drake en la conversación.-  Todo fue único como el adorable perrito que llevaba los anillos, o Dumbledore bailando la macarena con la madre de Drake, Thriller, hasta las strippers que se equivocaron de fiesta, debo admitir que yo fui una de las que recibió nalgadas de la que iba vestida de sirvienta….- le confesó  por lo bajo dedicándole una mirada entre vergonzosa y divertida.

Iba a contarle como había estado su otoño cuando la comida llegó a la mesa, y el plato que apareció ante sus ojos era mucho mejor de lo que se había imaginado y el olor… ¡Oh Merlin, Dios, Buda, Zues, y todos los dioses! Era el doble de delicioso y tentador que antes.- ¡Provecho! – dijo animada mientras sin dudarlo llevó el tenedor a esa deliciosa lasagna con doble salsa y extra queso, cuando sacó un trozó no se demoró ni medio segundo en llevárselo a la boca. Y si han visto aquella película muggle de aquel adorable ratón cuando Anton Ego un crítico culinario prueba su  Ratatouille, entenderán por lo que está pasando en estos momentos Clementine Boot al probar esa lasagna, si hubiera tenido una pluma en sus manos la hubiera soltado al igual que en la película.

- ¡Esta delicioso! ¡Muchas gracias! .- gritó hacia las cocinas después de haber tragado la comida, recibiendo una sonrisa por parte del chef, que en esos momentos asomaba su cabeza con una  enorme sonrisa dirigida hacia la castaña. Logrando que de las pocas personas que estuvieran en el local la quedaran mirando como si le hubiera crecido otra cabeza de pronto- Esto esta maravilloso Steve, tienes que probarlo.- miro a Steven con una sonrisa e invitándolo a probar de su comida. Cuando ya se acostumbró agradable sabor de su comida, e hizo lo que más adoraba en el mundo mezclar lo ácido con lo dulce, tomando un sorbo de su zumo de Kiwi mientras comía aún un pedazo de lasagna se detuvo unos momentos para respirar y poder responderle la pregunta al rubio.- No te he dicho aún cómo ha estado mi otoño, pero como puedes ver…- dije señalando con sus manos el plato, el lugar a él.- Me está tratando de maravilla. – terminó por agregar con una enorme sonrisa.- Aunque algo me dice que este invierno se vendrá crudo ¿sabes? puedo ya oler a la nieve querer asomarse por estos lugares pronto.- aseguró, Clementine creía que tenía un don para oler la nieve, sí olerla. Pero por más loco que sonará, jamás se había equivocado la verdad.- Que prefieres ¿sombrero, guantes, bufanda, manta o chaleco?.- le preguntó de la nada a Steve, tenía curiosidad ya que pronto comenzaría a su temporada alta de tejidos,  y no le molestaría hacerle algo a Steve y regalárselo este invierno.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 5
PB : Emilia Clarke
Edad del pj : 29
Ocupación : Trabajadora de Honeydukes
Pureza de sangre : Squib.
Galeones : 5.000
Lealtad : Familia, y amigos.
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 133
Puntos : 77
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3303-vlam-blop-wizz-clementine-boot-j http://www.expectopatronum-rpg.com/t3321-relaciones-clementine http://www.expectopatronum-rpg.com/t3937-out-of-present-cronologia-clementine-b

Steven D. Bennington el Vie Oct 21, 2016 7:29 pm

Podía llegar a ser una persona con una imaginación desbordante lo que en ocasiones hacía que fuese tachado de persona infantil. Y realmente no le importaba. Le gustaba poder soñar con los ojos abiertos y también con ellos cerrados. Le gustaba imaginar los infinitos “y si…” de la vida, y también las posibles situaciones que podrían llevarse a cabo si tomase una decisión u otra. Le gustaban aquellos libros donde él mismo marcaba sus pasos. Esos que leía cuando era niño donde al final de la página te preguntaba qué acción decidía realizar tu personaje y, según esta, llegabas a un camino o a otro. Le gustaba poder imaginar qué hubiese sucedido de haber elegido el camino de la derecha en lugar del de la izquierda. Y que hubiese sucedido de no haber realizado determinada acción.

Pero también era un apasionado de buscar múltiples opciones a una situación. De buscar dos vueltas a un mismo sentido para ver qué podría resultar más interesante y cuál en su opinión sería más divertido. Y es que a fin de cuentas, la vida se vive una única vez y por eso quería aprovechar hasta el último segundo de esta. Ya había perdido tiempo suficiente tras sufrir el accidente en la tabla de surf y aquello le había enseñado que no debía perder ni un minuto más. Ni un segundo. Nada en absoluto.

- Me falta el sombrero y las gafas. ¿Crees que podría contratar a una persona bajita para que sea mi Oompa Loompa? No me veo capaz de tener un Elfo Doméstico y disfrazarlo de uno, me dan mucha pena. – Desde que había entrado en Hogwarts y había descubierto que estos existían, había considerado a los magos como personas horribles que se aprovechaban de la inocencia y la predisposición de otras criaturas. No le agradaba ni lo más mínimo y por eso rechazaba totalmente la opción de tener uno a su servicio. – No creo que aparezca en la tienda en pijama y lavándome los dientes. Porque no suelo comer chocolate mientras me lavo los dientes, no por otra cosa. Quizá en pijama y con un vaso de leche. Y posiblemente con cara de zombie, por lo que si me quitas la chocolatina es posible que acabe por morderte un brazo. – Puso el gesto serio como si aquellas palabras fuesen realmente una amenaza pero no pudo evitar reír acompañando la risa de su amiga.

Adoraba la pasión que había en las palabras de Clementine. Y es que sentía que ella era otra de esas personas que adoran la vida, que valoran cada instante, cada momento pero también a cada persona y cada situación que viven. Sentía que podía hablar de las tonterías que le hacían feliz sin ser tachado de loco y podía hablarle de esos sueños raros que a veces tenía sin que le juzgase como si hubiese perdido un tornillo según llegaba a la tienda de golosinas.

- Claro que es mágico. Los magos infravaloran las pequeñas cosas. Consideran que solo la magia sale si agitas la varita o si haces una poción juntando un par de ingredientes. O quizá incluso con una de esas criaturas mágicas. Pero, ¿No todas las criaturas son mágicas? Quiero decir, ¿No es mágico ver como un camaleón cambia sus colores para poder sobrevivir? Y no hay rastro de los camaleones en los libros de criaturas mágicas. Muchos unicornios, acromántulas y duentes, pero olvidamos que hay cientos de criaturas por ahí que son también mágicas. – Sonrió de manera algo estúpida, ilusionado como si de un niño pequeño se tratase. Y es que en muchos sentidos de su vida, Steven era realmente como un niño.

Sonrió ante el gesto infantil de quitar una hoja del pelo y más aún cuando comenzó a contar cómo habían sido los meses previos. Pues, a pesar de casi trabajar al lado, apenas tenían tiempo para verse. Coincidían de vez en cuando y se paraban a tomar algo, pero esos días quizá eran uno de cada veinte, pues el resto eran meros saludos al cruzarse por ir corriendo de un lado a otro.

- Prefiero no pensarlo pero… No imaginé que fuese a echarla tanto de menos. Me escribe casi a diario y como siempre ha vivido con su madre pensé que sería igual pero no tiene nada que ver. Cuando vivía con su madre iba a visitarla día sí y día también en cambio en Hogwarts… Tengo que buscar excusas para que pueda salir del castillo y creo que el director acabará por mandarme a dar un paseo lejos de Hogwarts por ser un padre pesado. – Era su única hija y realmente la única que consideraba que iba a tener. Por lo que verse separado de esta hacía que sintiese que le faltaba algo e intentaba por todos los medios poder pasar unas horas con Lexie. - ¿Cómo que no? Deberíamos ir a un parque temático ambientado en Halloween, seguro que son mejores que el resto del año. Acepto tu invitación. – Sí, acababa de tomarse aquello como una invitación a ir a un parque temático y él no decía que no a nada. – Y también acepto lo de las tartas. Seguro que puedes enseñarme alguna receta nueva y así luego se la enseño a Lexie y piensa que soy un gran cocinero. – Porque no lo era. Pero era un experto en seguir las instrucciones de las recetas al pie de la letra. Siempre y cuando el resultado de estas fuese un buen postre, ya que era lo único que sabía cocinar.

En cuanto los platos de comida llegaron a posarse sobre la mesa toda la atención tanto de Clementine como de Steven fue directa a la comida. Tanto un plato como el otro tenían una pinta increíble, y ya ni hablar del olor que salía del plato de lasaña de Clementine. Cuando tuvo oportunidad, elevó el tenedor y pinchó en el interior de su plato para llevarse un trozo de lechuza con pollo y queso a la boca. Definitivamente, aquella ensalada tenía más ingredientes de lo que pensaba.

- ¿Sí? – Preguntó mirando el plato de Clementine. No lo pensó dos veces, sino que se limitó a dar un trago de agua para quitarse el sabor de su comida y alargó el brazo para pinchar en el plato de su amiga. Dejó que la comida permaneciese sobre su lengua y mastico lentamente mientras se encargaba de ir analizando poco a poco el sabor de aquel bocado. - ¡Realmente increíble! – Dijo con una sonrisa de oreja a oreja. ¿Por qué la comida estaba tan buena y él no sabía ni hacer un huevo frito? -  ¿Sabes hacer lasaña? – Preguntó con curiosidad. – Deberíamos pedirle la receta al chef e intentar hacerla. Tengo un horno en casa que sobrevive a base de hacer galletas, tartas y pizzas, así que cambiar de aires le vendría bien.

Siguieron comiendo mientras esta vez Clementine se encargaba de hablar de la llegada del invierno y Steven no pudo evitar sonreír. Le encantaba la nieve, y esperaba la llegada de los primeros copos para poder ir a hacer un muñeco de nieve. Y es que si algo le gustaba de la nieve, era poder modelarla a su antojo.

- Hogsmeade es realmente precioso cuando nieva, ¿No crees? Parece un pueblo sacado de un cuento de Andersen. Especialmente por la noche con las farolas encendidas y las chimeneas echando humo. – Porque si algo adoraba Steven, eso eran las chimeneas. ¿Cómo había gente que no tenía una en su casa? – Es difícil. Los sombreros no me gustan demasiado y los chalecos acabo por no ponérmelos aunque tengo varios en el armario. Los guantes me encantan y las bufandas son mi parte favorita de la ropa de invierno. – Hizo una leve pausa. – Peeeero. – Alargó la palabra mientras daba otro pinchazo a su comida. – Una manta calentita mientras tomas chocolate caliente frente a la chimenea no tiene precio. O unos calcetines, me encantan los calcetines. Sobre todo los que tienen dibujos. – Admitió sin darle importancia alguna a sus palabras y es que una cosa que le gustaba de Clementine era que no juzgaba. Ella simplemente era ella misma y dejaba que los demás lo fueran de la misma manera.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Sam Claflin
Edad del pj : 32
Ocupación : Profesor encantamientos
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 9.450
Lealtad : Pro - Muggle
Patronus : Camaleón
Mensajes : 552
Puntos : 335
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3393-steven-d-bennington http://www.expectopatronum-rpg.com/t3398-it-s-where-my-demons-hide-relaciones-de-steven http://www.expectopatronum-rpg.com/t3443-this-city-never-sleeps-at-night-cronologia-de-steven http://www.expectopatronum-rpg.com/t3400-correspondencia-de-steven-d-bennington

Clementine Boot el Dom Oct 23, 2016 11:52 pm

Desde que tenía uso de razón que Clementine se ha unido a causas de toda índole, desde “Cuidemos al planeta” hasta “Migajas para las palomas de la plaza del barrio”. Es muy apasionada en las cosas que ella cree que son injustas y deben ser cambiadas, por lo que no duda cuando tiene tiempo ir a repartir volantes, ir a gritar a fuera de un zoológico que liberen a los animales, o ir a recolectar firmas para alguna extraña causa, por lo que cuando Steve nombró a los elfos domésticos hizo que la castaña olvidara todo lo anterior y exclamara indignada.

- ¡Yo encuentro un horror y error lo de los elfos! ¡Deberían ser libres! ¡Hacer lo que se les de la gana!.- dijo con el ceño profundamente fruncido, algo muy extraño de ver en ella, es que la castaña podía ser tremendamente dulce, pero habían cosas que la molestaban de sobre manera y toda la miel que ella tenía se convertía en el limón más ácido del cajón, y una de ellas era la explotación de seres, humanos, animales, hasta de lugares, u cosas, es que en su vida todo era digno de atención, y de igual importancia, quizás por eso la mayoría de las cosas que poseía era recicladas, porque creía que todo merece respeto, y vida, pero de la buena vida, no esa que tras morir en tu sepultura dijera <>, y menos cuando ese poder, lo manejaban los otros, como era el caso de los elfos domésticos, que por alguna extraña razón los magos se habían un día creído superiores a ellos.- Perdón…- dijo suspirando y relajando la tensión que había  aparecido en sus hombros.- Es que de verdad detesto aquello.- asumió encogiéndose de hombros.- Ahora volviendo la tema anterior, no está entre mis planes volverte caníbal así que puedes estar tranquilo no te quitaré la chocolatina.- dijo divertida.

Tras escuchar las palabras del rubio, y la forma en que describía a aquel animal, miró al chico de manera reflexiva.- Tu eres como una especie de camaleón Steve, tienes la capacidad de cambiar de forma- comenzó a decir en el mismo estado reflexivo de antes.-  ¿También cambias tus colores y formas para poder sobrevivir?.- preguntó curiosa.- O ¿no es así cómo funciona la metamorfomagía?- Clementine siempre dudaba de la certeza total de sus conocimientos, pero alguna vez había leído que las trasformaciones a veces no se controlaban, sólo sucedían por los cambios anímicos, días en particular...- Digo en el sentido de que me pongo a pensar y me preguntó: ¿Qué habrá pasado, o que se habrá modificado en el cuerpo,  para que en las células de algunos magos existiera esa peculiaridad? De seguro fue la necesidad de sobrevivir ¿no? .- terminó de reflexionar pero con una pregunta porque a decir verdad nunca le ha gustado los cierres de capítulo, era de las que le gustaba el continuara, los puntos suspensivos, o los cortos que venían después de los créditos de una película que sólo los fanáticos esperaban cuando todos los demás ya se iban en busca de otra entretención.- Ahora que lo pienso, si tú fueras un camaleón yo sería en ese caso un ….- inclinó hacia arriba su cabeza pensativa, hasta que sonrió encontrando la respuesta que había estado buscando.- una especie de pingüino.- dijo riendo al imaginarse como aquel animal.- Porque tienen alas pero no vuelan, sino que nadan. Tienen algo físicamente para algo, pero lo utilizan en otra habitad y para una funcionalidad totalmente diferente, o común, pertenecen a una especie pero habitan la de otra que también forman parte. Eso es ser un poco “squib” ¿no? Ser un pingüino.- terminó de decir mirando al exterior para luego sonreír y mirarlo.- ¿Por qué hablamos de esto? .- se preguntó más a sí misma, es que  a veces cuando un nuevo descubrimiento azotaba en su cabeza generalmente perdía el hilo de la conversación que la había llevado hasta allí, pero para su fortuna esta no fue la ocasión.- ¡ah! Magia sin varita, los pequeños y maravillosos detalles muggles.- recordó sonriente, respondiéndose ella misma la pregunta anterior.- Creo que nosotros deberíamos estar en un ejemplar de Criaturas mágicas. Sí eso llegará a suceder me gustaría aparecer en la fotografía de esta forma.- bromeó poniendo una mueca graciosa con su rostro para luego terminar en una pequeña risa.

Recordó cuando se había tenido que despedir de Odiseo, porque había tenido que llegar ese momento en el que a él si le había llegado la carta y tras esperar unas semanas esperanzadas la carta de la castaña nunca llegó. Y por más que lo veía el fin de semana cuando los dejaban salir al pueblo, que en un comienzo no eran muchos, porque el simple hecho de quedar en Ravenclaw o simplemente que era Odiseo había hecho que sus padres le negaran por un tiempo el permiso de salida como una forma de “castigo”, aquello hizo que las primeras semanas, más bien meses hayan sido horribles para la pequeña Clementine que hasta el momento no había sufrido por su condición de Squib, lo extrañaba mucho, porque por más de estar quizás hasta más cercano en distancia, no era lo mismo, porque a ella no se le estaba permitido el libre acceso a aquel lugar.

- Imagino que debe ser muy difícil, pero de las veces que me han hablado de Hogwarts, y tú también lo debes saber muy bien, me han dicho que ese Castillo es muy seguro, además que después de un tiempo logra parecerse bastante a un hogar, y algo que se parezca o tenga el calor de hogar jamás podría ser algo malo, ya verás cómo en menos tiempo del que crees regresa a ti contándote innumerables aventuras y cosas maravillosas.- trató de alentar a Steve con una amplia sonrisa, al menos así le había pasado a ella, el tiempo de esperaba había valido la pena, para luego escuchar todas las innumerables aventuras que había vivido su amigo en tal mágico lugar.- Ok, vamos. Pero sí terminó gritando cada dos por tres no puedes decir nada, Halloween me da una sensación de “me gusta, pero me asusta”.- terminó de  decir riendo, mientras se encogía de hombros con una leve sonrojo en sus mejillas.- ¡La idea de la tarta me gusta mucho más!.- agregó animada, pegando unos leves saltos desde el asiento.- Sé muchas recetas, en especial de cosas dulces, creo que desde siempre fue mi destino terminar en Honey, la azúcar me llamaba a gritos.- dijo sonriente.- Así que cuando quieras, te enseño alguna de las recetas, así después realmente te conviertas en el Willy Wonka de Lexie. Aunque aún nos queda ver donde conseguirte el sombrero, lentes y los Umpas, pero aún nos queda tiempo, lo encontraremos- bromeó de lo más seria, para luego terminar riendo.

Y de pronto ocurrió ese momento maravilloso cuando la comida que habías visto tiempo atrás en papel se vuelve tangible, y la comida de Clementine estuvo tan deliciosa que no dudo en exclamarle al cocinero su opinión.- Sí, pruébala.- le dijo animada mientras movía un poco hacia Steve el plato para que pudiera sacar mejor, miro expectante su reacción para luego sonreír más aún al ver que él también la había encontrado deliciosa.- Si sé hacer, pero no como esta, así que me parece perfecta la idea. Acordemos alguna tarde, y ahí te enseño a hacer una tarta, aprendemos a ser la lasagna, y de paso al comer tanto nos preparamos para la hibernación de este invierno. – dijo riendo divertida, tanto así que con suerte se le podían ver los ojos de lo achinada que estaba por la gran sonrisa que se apoderaba de su rostro.

- Lo es, pero me gusta más mirarlo desde dentro de mi casa, con una taza de chocolate caliente y una gran manta envolviéndome, no cuando debo ir a Honey y siento que me congelare en el intento.- admitió, ya que por más que encontraba que todas las estaciones tenían un algo único y hermoso, era muy friolenta, quizás por eso aprendió de tan pequeña a tejer, más que nada por la necesidad de crear sus propios abrigos para aquella época del año. - Entonces este invierno tendrás una nueva manta y calcetines con dibujos.- le dijo sonriente, adoraba tejer y más si era para personas que ella estimaba.- ¿Qué dibujo te gustaría en los calcetines? Hace poco le hice una chaleco a Odiseo con un dibujo de él y Mildred bailando Thriller para Halloween, así que pide lo que quieras porque creo que podré hacerlo.- terminó de decir riendo, realmente había sido todo un reto aquel chaleco, pero cuando lo terminó y lo miró se dio cuenta que había valido la pena todas esas madejas de lana y el tiempo invertido.

En eso miró su postre, y comenzó a comer aún sin haber terminado la lasagna.- Siempre olvido pedir que me traigan después el postre, porque siempre terminó comiéndomelo antes de terminar la comida, es demasiado tentador.- dijo haciendo un leve puchero para luego comer el  trozó que había sacado con su tendedor, cerró los ojos y sonrió ampliamente, para luego abrir nuevamente sus ojos y mirar a Steve.- Creo que este local se volverá en uno de mis favoritos.- agregó sonriente, mientras decidía si seguir comiendo cucharadas de su delicioso postre o plato principal.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 5
PB : Emilia Clarke
Edad del pj : 29
Ocupación : Trabajadora de Honeydukes
Pureza de sangre : Squib.
Galeones : 5.000
Lealtad : Familia, y amigos.
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 133
Puntos : 77
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3303-vlam-blop-wizz-clementine-boot-j http://www.expectopatronum-rpg.com/t3321-relaciones-clementine http://www.expectopatronum-rpg.com/t3937-out-of-present-cronologia-clementine-b

Steven D. Bennington el Vie Oct 28, 2016 6:43 pm

Steven no podía estar más de acuerdo con las palabras de Clementine, y es que desde que descubrió que eran los Elfos Domésticos de Hogwarts los encargados de hacer todo tipo de tareas en su interior, su comportamiento había cambiado en el interior del castillo. Y no sólo eso, sino su manera de ver y pensar las cosas. Ya no consideraba que Hogwarts fuese un lugar tan mágico pues, a fin de cuentas, no se mantenía en pie por arte de magia precisamente. Sino porque aquellas pequeñas criaturas estaban trabajando como si no tuviesen nada mejor que hacer con sus vidas. Y es que la mentalidad de aquellos Elfos era precisamente esa. Una mentalidad en la que no cabía la posibilidad de tener su propia vida, sino la simple idea de servir a los humanos por lo que les restaba de vida.

- ¿Alguna vez has conocido a un Elfo Doméstico? – Preguntó Steven. – Yo vi uno por primera vez cuando estaba en mi tercer curso y me acerqué a preguntarle por lo que hacía en Hogwarts. Había estudiado a los Elfos en Criaturas Mágicas pero nunca había visto uno fuera de las imágenes de los libros y, tal y cómo nos había dicho el profesor, viven para servir. El centro de su vida es su trabajo así que si les das una prenda y se ven obligados a dejar de trabajar, se amargan y muchos de ellos llegan a suicidarse. Su vida no tiene sentido sin servir a los magos, es… Es extraño. Quiero creer que hay algún Elfo Doméstico por ahí viviendo su vida después de ser despedido y ahora es feliz. Porque te juro que este Elfo decía que era feliz trabajando en el castillo. ¡Y no tenía tiempo para sí mismo! Adoro mi trabajo, pero te juro que si solo tuviese que hacer eso por lo que me resta de vida sin tener opción a tener una vida aparte… Me pegaría un tiro entre ceja y ceja. – Afirmó el rubio muy seguro de sus propias palabras.

No pudo evitar reír ante la comparación que hizo Clementine con el camaleón. Y  es que en cierto modo estaba totalmente de acuerdo con esta, precisamente por aquella razón su patronus debía haber tomado la forma de un camaleón y, a raíz de esto, le habían regalado incluso uno para que lo tuviese de mascota.

- Es un gen recesivo, igual que los ojos verdes o azules. Muchos muggles pueden tener el gen pero al no ser mágicos, este no se muestra como el fenotipo de la metamorfomagia. Puede incluso que mi padre fuese metamorfomago si no fuese muggle. – Rió. – O mi madre, quién sabe. – Añadió aún con la sonrisa en los labios. – No creo que funcione como una forma de supervivencia, sino como una simple combinación genética. – No sabía demasiado de genética, pero siempre se había interesado por su propia condición. Si dos padres tienen los ojos marrones su hijo puede salir con los ojos azules por la unión de dos genes recesivos azules. Algo así debía pasar con los genes referentes a la metamorfomagia.

Una sonrisa se dibujó en sus labios al escuchar la comparación esta vez con un pingüino. Y es que Clementine siempre tenía un as en la manga de donde iba sacando comentarios que hacían que Steven no pudiese dejar de sonreír. Era realmente única.

- También puedes ser como un avestruz. – Inquirió el chico con una gran sonrisa. – Aunque no te veo cavando un agujero en el suelo para esconder la cabeza, la verdad. Además, los pingüinos son mucho mejores que cualquier otro ave. ¿Sabías que es el macho el encargado de cuidar de los huevos mientras la hembra va a por el alimento? Y llevan los huevos sobre las patas bien sujetos porque si tocan el hielo el bebé muere. – Añadió como si supiese mucho de pingüinos. – Lo vi en un documental. –Añadió. Realmente no sabía mucho de ningún animal. No era su especialidad aunque conocía un poco sobre esas criaturas.

Durante sus años de escuela, había considerado Hogwarts como un lugar maravilloso. Y así había hablado de ello con Alex, pero ahora que veía que estaban tan lejos había olvidado las cosas buenas del castillo para centrarse en que su hija estaba allí, lejos y él no.

- Sí, sí malo no será para ella. Lo será para mí que no puedo verla tanto como me gustaría. – Alegó el chico encogiéndose de hombros. Sabía que Lexie se desenvolvería sin problemas en el interior del castillo pero no estaba tan seguro de cómo se desenvolvería él sin ella.

A Steven le encantaba Halloween. Del mismo modo que le gustaban todas las celebraciones que estuviesen relacionadas con disfrazarse o hacer comida diferente. Porque él pensaba hacer pasteles que acabaría comiéndose solo porque en esta ocasión Lexie no estaba para hacerlos con él y luego comerlos hasta que les diese dolor de estómago a ambos por no tener límite a la hora de comer.

- Vale, entonces… - Comenzó a enumerar pero antes siquiera de empezar a hacerlo en voz alta frenó en seco. – Esto requiere de más de un día. Porque tenemos que ir a un parque temático a que pases miedo y si hacemos eso ya no tenemos día de sobra para que me enseñes a hacer lasagna ni pasteles. Pero quiero pasteles de Halloween, que para algo llega esa fecha. – Rió. – Sí, definitivamente un día para hacer comida y otro para ir a un parque temático. Pero creo que el orden tendría que ser: parque temático, lasagna y pasteles. Porque como nos peguemos el atracón antes de ir creo que acabaré echando todo. – Dijo muy seguro de sus palabras. – Así que un día entrare a tu tienda, te secuestraré y te llevaré a pasar el día en un parque temático quieras o no. Ah, y te pondré un bonito disfraz para ir acorde con la temática. – Claro, si iban a un parque en Halloween tenían que disfrazarse. ¡Eso estaba claro!

- Eso me gusta. – Que le regalasen una manta y encima unos calcetines era, en su opinión, uno de los mejores regalos materiales que podían hacerle a una persona. Especialmente a una persona a la que le gusta quedarse tirado bajo la manta mirando la chimenea como si fuese un interesante programa televisivo o a alguien cuyos calcetines siempre estaban llenos de dibujos. Y ni hablar cuando esa persona tenía sendos gustos y no sólo uno de ellos. – Mejor sorpréndeme, mis pies se conforman con cualquier dibujo.

Por su parte, Steven seguía comiendo su primer plato mientras Clementine ya se había aventurado a sacar el tenedor de su lasagna para ir directamente al postre. Negó con la cabeza, sin duda a veces era como una niña pequeña.

- Debería serlo, tienen unos platos realmente buenos. – Afirmó el chico poco antes de dar por finalizado su primer plato para dar paso al segundo. – Entonces… ¿Cuándo tengo mi regalo de visita guiada por tu tienda? – Sí, estaban comiendo y ya pensaba en comer dulces. Eran cosas diferentes, totalmente diferentes.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Sam Claflin
Edad del pj : 32
Ocupación : Profesor encantamientos
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 9.450
Lealtad : Pro - Muggle
Patronus : Camaleón
Mensajes : 552
Puntos : 335
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3393-steven-d-bennington http://www.expectopatronum-rpg.com/t3398-it-s-where-my-demons-hide-relaciones-de-steven http://www.expectopatronum-rpg.com/t3443-this-city-never-sleeps-at-night-cronologia-de-steven http://www.expectopatronum-rpg.com/t3400-correspondencia-de-steven-d-bennington

Clementine Boot el Lun Nov 14, 2016 7:31 pm

" Si, una vez donde mi Tía Ismena. Nunca más volvimos a ir" Quiso responder Clementine ante la pregunta de Steven, pero prefirió quedarse callada para escuchar atenta las palabras del chico. Le gustaba escuchar recuerdos pasados de las personas, ya que sentía que de cierta forma iba construyendo en su cabeza una biografía , una especie de collage, que se corta, que se pega, que se arma y desarma. Sí, definitivamente adoraba escuchar historias, como esta de Steven y cómo conoció a los elfos...
¡Ella también tiene la esperanza de que hay un elfo que tras recibir una prenda es feliz! pensó y sonrió al escuchar las palabras de Steven. Recordó a Pouch, el elfo que trabajaba en la casa de su tía Ismena, intentó liberarlo con un sombrero que sacó de la habitación de su tía cuando era pequeña, pero la descubrieron antes y desde allí toda su familia no es invitada a esa casa por ser personas "que quieren destruir el orden ya establecido de la cadena jerárquica" , la tía Ismena pertenecía a la parte del árbol genealógico de Clem un poco...conservador. Ya se podrán imaginar el espectáculo que armaron cuando Clementine nació, entonces eso fue la gota que rebalso el vaso.

- Yo también me lo pegaría.- sonrió apoyando las palabras de Steven.- Pero aún sigo pensando que debe haber uno que si sería feliz siendo libre, o que quiere serlo y anhela ver una prenda.- los ojos le brillaron esperanzados, pero luego suspiro.- ¿Cómo no va a existir alguno, que quiera ir a la playa, poder salir a caminar, hacer monos de nieve, no sé vivir...?.- preguntó haciendo una mueca. Siempre ha tenido la duda si Pouch hubiera sido feliz por ejemplo, y eso le perturba. - Es que siempre hay una excepción a la regla.- agregó, a veces resulta difícil sacarle pensamientos así a Clementine, por más que los libros y todo dijera aquello, ella siempre le daría una cabida a la duda.

- Entiendo, quizás hasta yo podría haber llegado a serlo.- rió un poco y arrugó su nariz pensativa.- A veces siento que mis ojos cambian de entre azules, verdes, y dependiendo de la luz hasta a veces café. Y Odiseo bromea diciendo que cuando me enojo se ponen rojos.- terminó por decir entre risas. Pensando lo entretenido que sería poder cambiar de formas como Steven.- La magia de la genética...- dijo por lo bajo mirándose su braza en especial las venas que resaltaban de su piel, pestañeo un par de veces y levantó nuevamente su vista hacia Steven con una sonrisa.

- ¡También! Me gustan mucho la tierra, sembrar plantas.- se encogió de hombros divertida.- Creo que vimos el mismo documental, ¿era ese en que cuando sólo mostraban imágenes ponían canciones al estilo Rey León?.- pregunto curiosa, recordando que viendo ese documental le habían dado muchas ganas de ver esa película, pero se lo había negado a si misma, ya que cuando pequeña ya había cumplido la cuota de ver esa película para toda su vida.

- Ya de a poco te irás acostumbrado...- acercó su mano al hombro derecho del chico le hizo un leve cariño de apoyo para alejarla nuevamente, entendiendo de cierta manera lo difícil que será ir acostumbrándose a aquello.

Se rió ante las palabras de Steven.- Me parece perfecto, esperare tu rapto, ¿pero puedo pedir una cosa?.- preguntó levantando una mano como si se tratase de una clase.- Que sea un disfraz que sea tan terrorífico hasta los seres más horribles del parque no se acerquen por que les doy miedo.- pidió mirándolo toda seria, para luego echar a reír. Bromeaba, un poco, ya que de verdad Halloween era su "me gusta, pero me asusta". - Y al día de pasteles le podemos agregar una película ¡o series! ¿ves alguna serie Steven? yo soy fanática a ellas.- admitió sonriente, tanto así que sus ojos se pusieron achinados de lo amplia que era.

-Te sorprenderé.-le gustaban los retos así, y a sentía como su cabeza comenzaba a maquinar los calcetines perfectos para Steven, le gustaban los detalles, hasta el momento sólo se le venía el color verde, o azul tal vez,  o no, no amarillo, no definitivamente deben ser rojos, o ¿naranjos? y así iba a estar yendo de un lugar a otro hasta que se pusiera a tejerlos y ahí simplemente seguía sus primeros impulsos, ya le estaba causando gran curiosidad como terminarían la manta y calcetines de Steven.

Los postres deberían estar prohibidos antes de terminar el almuerzo, pensó mientras se llevaba una cucharada de su postre a la boca, aún teniendo esa deliciosa lasagna sin terminar. A veces le invadía su alma infantil.- Comenzarán este otro mes, el que encuentre el boleto debe mandar una lechuza con el código que sale arriba en la esquina, y el día y hora que irá. Peeero, como este te lo regale, tan sólo basta con que me digas a mí esa información, yo te anoto y así no molestamos a una lechuza.- terminó por decir sonriente para luego llevarse otra cucharada de su postre a la boca.- Debo detenerme.- se dijo a sí misma, mientras soltaba la cuchara y reía divertida.- si quieres también lo puedes probar, esta deliciosisisisimo.- lo tentó, indicándole su postre.

- ¿Cuál es tu película favorita?.- le preguntó de la nada. Les explico, desde ahora y para siempre o al menos hasta que llegará a la cosa precisa que tejerle, la chica irá preguntándole cosas random a Steven para hacerle el regalo de navidad al chico.  Y al mismo tiempo también lo quería saber, Steven le causaba curiosidad.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 5
PB : Emilia Clarke
Edad del pj : 29
Ocupación : Trabajadora de Honeydukes
Pureza de sangre : Squib.
Galeones : 5.000
Lealtad : Familia, y amigos.
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 133
Puntos : 77
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3303-vlam-blop-wizz-clementine-boot-j http://www.expectopatronum-rpg.com/t3321-relaciones-clementine http://www.expectopatronum-rpg.com/t3937-out-of-present-cronologia-clementine-b

Steven D. Bennington el Vie Nov 18, 2016 11:29 am

Steven consideraba que en ocasiones hablaba demasiado. Era algo que, una vez se callaba, pensaba en frío. Pero una vez comenzaba su verborrea habitual no caía en la cuenta y seguía hablando y hablando, contando una historia que probablemente a su acompañante no le interesase lo más mínimo. Algo que sabía que con Clementine no pasaba, pues esta hablaba incluso más que él y le miraba con verdadera atención cuando hablaba. Y es que Steven había aprendido con los años a diferencias los rostros de aquellos con los que hablaba. Había quienes realmente se interesaban por lo que contaba mientras que otros fingían poner atención en sus palabras. Todo dependía de la mirada de esa persona y para alguien que siempre miraba al rostro de los demás a la hora de hablar, era algo que llamaba fácilmente la atención.

- Seguro que lo hay. – Admitió con la misma esperanza que la castaña. – Es más, seguro que hay algún Elfo Doméstico que ya es libre y es feliz con su nueva condición. Y ahora va por ahí pregonando al resto sobre las ventajas de ser libre. – Rió. – Un Elfo revolucionario con pancartas y mítines. – La simple imagen de un Elfo Doméstico alzando un cartel en forma de bragas de gran tamaño y color carne le resultaba graciosa. Pues no sabía siquiera por qué imaginaba precisamente aquella prenda. – Aunque también puede que odien la opción de ser libres al principio pero en cuanto lo prueben cambien de opinión… - Comenzó, una vez más, a divagar. – Ya sabes, por salir de su zona de confort. Ahora solo conoce la esclavitud pero puede que cuando conozca algo diferente se dé cuenta que las otras opciones eran mejores pero no lo sabía.

Steven era de esas personas que en mitad de la noche se despertaban y, por muchos giros que diese en la cama, no conseguía volver a dormirse. Así que ya había encontrado el truco de salir de la cama, mudarse al salón, sentarse en el sofá con una manta y ponerse frente a la televisión. Normalmente veía algún capítulo repetido de alguna serie. Pero también veía documentales, normalmente de animales. O de “bichos” como solía decir su madre cuando había vivido con ella en Australia y había descubierto esa manera de quedarse dormido. Pues pasadas unas horas frente a la televisión se quedaba totalmente dormido. Pero en aquel caso, el documental no lo había visto en una de esas noches.

- Si te digo la verdad, no me acuerdo. En mi cabeza el documental era la mitad de dibujos animados, pero creo que lo estoy mezclando con una película de pingüinos muy antigua. – Rió. – Sé que lo vi en el colegio muggle, así que tendría menos de once años… Eso fue hace muchísimo tiempo, suficiente que recuerdo lo de los huevos de los pingüinos. – Admitió aún riendo. Y es que le sorprendía la memoria que podía tener para algunos aspectos y la inexistencia de esta misma que podía tener en otros aparentemente similares.

Adoraba ir a parques temáticos y en la fecha de Halloween eran incluso mejor. Todo se llenaba de decoración para aquel día tan especial y es que desde bien niño Steven había sido un fanático de Halloween. O más bien, de todo evento que hubiese requerido disfrazarse. Quizá porque era un día en el que no se sentía tan raro respecto a su condición de metamorfomago, pues eran momentos en el que cualquiera podía ser otra persona.

- Acepto tu petición. – Dijo de manera seria como si se tratase del jefe de todo aquel asunto. – Pensaré en algún traje terrorífico, aunque dudo que tú puedas dar miedo. – Miró a la chica con una sonrisa inocente. – No te ofendas Clem, pero eres adorable. – Dijo antes de romper a reír. Y es que la chica parecía estar hecha de algodón de azúcar. O ser una nube de golosina, y es que era realmente dulce. – Una serie también estaría bien, aunque luego no me comprometo a no seguirla sin ti. Te seré infiel y le seguiré viendo por mi cuenta, ya estás avisada. – Y es que Steven era de esas personas que no podían empezar las series con otros, porque eso requería tener que esperar para verlas. – Veo cualquier serie que encuentre. La magia del internet, no sé qué haría sin él. – Admitió entre risas. – Aunque ahora en septiembre la mayoría están todavía con el parón del verano y me conformo con ver series más antiguas.

Escuchó lo referente a aquel ticket y su cabeza nuevamente volvió a preguntarse de dónde sacaba Clementine aquellas ideas para hacer que la tienda siguiese a flote. Tenía una imaginación sin límite alguno y eso le resultaba más que entrañable a su acompañante.

Los viernes por la mañana los suelo tener libres así que… Búscame un viernes y me tendrás ahí. – Dijo el chico mientras acababa con su plato. – Soy más de ir en orden comiendo, pero si no te puede la gula déjame un pedazo para probarlo y te daré otro pedazo de mi postre. – Dijo el chico creyendo que ese momento no llegaría, ya que era más posible que Clementine acabase con el postre antes de que el suyo llegase. - ¿Una sola? – Preguntó sin estar muy seguro de cuál sería su respuesta. – Creo que estoy entre dos. Bueno, lo cierto es que podría estar entre un millón pero siempre que pienso en mi película favorita pienso en Memento como una de ellas. La otra creo que sería V de Vendetta y realmente no sé cuál elegir. – Admitió encogiéndose de hombros. Steven veía cualquier película que caía en sus manos, y la mayoría de ellas tendían a gustarle. - ¿Tú tienes una solo? – Preguntó con cierta curiosidad. ¿Cómo alguien podía decantarse por una sola película? ¡Era imposible!

En ese momento el camarero llegó para retirar platos y, en el caso de Steven, traer ya el postre. Para Clementine solo fue mirar sorprendido como no había acabado su plato pero el postre no estaba precisamente intacto.

- ¿Quieres? – Preguntó tendiéndole el plato con tarta de queso y helado de vainilla al lado. – En mi defensa diré que es queso. Y tiene frambuesa, que es fruta. Así que es sano. – Dijo riendo, y es que siempre había sido aficionado a los postres.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Sam Claflin
Edad del pj : 32
Ocupación : Profesor encantamientos
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 9.450
Lealtad : Pro - Muggle
Patronus : Camaleón
Mensajes : 552
Puntos : 335
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3393-steven-d-bennington http://www.expectopatronum-rpg.com/t3398-it-s-where-my-demons-hide-relaciones-de-steven http://www.expectopatronum-rpg.com/t3443-this-city-never-sleeps-at-night-cronologia-de-steven http://www.expectopatronum-rpg.com/t3400-correspondencia-de-steven-d-bennington

Clementine Boot el Dom Dic 04, 2016 6:25 pm

La sonrisa que apareció en el rostro de Clementine al imaginarse aquel elfo libre y revolucionario que describía Steven de seguro podría competir con el lumos más fuerte del mundo mágico. Steven no se daba cuenta que en esos momentos había alimentando un poco a su esperanza que hace un buen tiempo ya se encontraba algo gris.  Es que si algo le apasionaba a la castaña era luchar por la libertad de todos los seres del planeta, desde un chanchito de tierra hasta el troll más extraño que pueda existir en el Amazonas. Quizás ese pensamiento provino que desde pequeña sus padres siempre la dejaron hacer y deshacer a su elección, se podría decir que en su vida la libertad estuvo a su lado desde el día uno. Es por eso que cuando veía que alguien no podía oler, comer, caminar, saltar, en fin vivir en libertad se enfurecía/entristecía enormemente.

- Yo también creo que en ese Elfo, sé que está en alguna parte del mundo, o quizás más cerca de lo que pensamos. Promete una cosa, sin importar a dónde estés, o la hora que sea si alguna vez lo conoces me vas avisar ¿si? .- le miró con ojos muy parecidos a los de aquel gato con botas de la película muggle “Shreck”. – Y yo encontraré la forma de ir hacia él y marchar con carteles y prendas de ropa de muchos colores.- agregó con una amplia sonrisa.

En la vida de Clementine existían una infinidad de rituales, cosas que si ella no cumplía o hacía, era de saber que desde ese momento el día sería horrible, o la semana, hasta veces había llegado a contaminar el mes entero. Si uno rompe un ritual el destino se ve altercado, o al menos esos pensaba ella. Aclarado ese punto, deben saber que entre uno de esos rituales se encontraba el “Domingo de maratones”. Sin importar en qué lugar estuviera ella se las ingeniaba para  hacer cabritas, juntar unos chocolates, más algún jugo o bebida a elección para sentarse frente a la televisión o su computador para que por unas horas todo se detuviera y se introdujera a un mundo totalmente distinto.

- ¿Muy antigua? ¿No es Happy feat? .- pregunto divertida, recordando la primera película de dibujo animados de pingüinos que se le vino a la mente.- Es la del pingüino que en vez de cantar, baila.- hizo unos pasos graciosos de baile con sus manos para resaltar la idea de la película para luego echar a reír sonoramente.- Oh… entonces no, no es esa, si tenías once años …uuuuuuuuuuu, eso ya es mucho tiempo.- bromeó haciendo un gesto con la mano para resaltar que los once años de Steven había pasado hace muuuucho tiempo.

La parte “Me gusta” de Halloween era el hecho de disfrazarse, porque amaba hacerlo y le divertía un montón, lo que pasaba es que el “pero, me asusta” aparecía porque la mayoría de la gente escogía trajes terroríficos en aquella época que le daban un susto terrible. Siempre se ha preguntado por qué si existen tantos, pero tantos disfraces hermosos porque escoger al que la sangre le chorreaba por montón o se le caían los ojos ¿Por qué? Si saben la respuesta a aquello por favor háganselo saber a Clementine que se niega a entenderlo.

Se retó mentalmente por sonrojarse ante el comentario de Steven. Es que Clementine tenía una especie de chip que cada vez que alguien le decía algo bueno hacia su persona se volvía como un tomate con forma de humano. – Gracias por lo de adorable, pero me tengo fe, creo que si podre dar miedo. Es que tu aún no conoces a  Tremendushka, así le llaman a la gemela malvada que se apodera de mi cuando me enojo.- se rió encogiéndose de hombros, ya que siempre ha pensado que sus familiares y amigos exageran con respecto a ese punto.- Espero que nunca la tengas que conocer, a decir verdad.- más que nada lo decía porque las veces que había aparecido aquella gemela era porque realmente algo le había causado mucha rabia, o decepción. Es que eran contadas con una mano las veces que la chica se enojaba, pero cuando lo hacía era como si un huracán hubiera pasado por el lugar destruyendo todo a su paso.

Se ríó ante su “infidelidad serial”.-  Jamás te pediría que no la siguieras viendo sin mí, porque yo tampoco sería capaz de esperar, de seguro a penas tú te vayas volveré a sentarme a terminar de verme aunque sea la temporada que empezamos a ver.- admitió sincera. Es que Clementine era de esas personas que eran infinitamente curiosas, si empezaba a ver una serie era capaz a veces de devorárselas en un solo día. Por eso esperaba a veces que la temporada ya estuviera completa, porque eso de tener que esperar capítulo por capítulo le hacía sufrir mucho. – Lo del paro es verdad, pero si no pillamos alguna serie, siempre estará una buena película esperando por nosotros, nos llevan años de ventaja.- terminó por decir mirándolo con los ojos abiertos mientras asentía con una sonrisa. Es que el mundo audiovisual de los muggles al menos tenía un repertorio infinito de series y películas, era un mundo impresionante.

- Viernes, anotado.- dijo haciendo un pausa en su accionar mientras llevaba su dedo índice a su cien derecha, como indicando con aquel simple gesto que aquel dato había sido guardado en una especie de agenda mental. Estaba llevándose un nuevo trozo de su postre a la boca cuando escuchó que Steven índico algo de dejarle de su postre.- Lo intentaré.- dijo sincera riéndose al segundo,  pensando que con lo delicioso que estaba sería una enorme odisea intentar dejarle algo. Pero lo intentaría, de verdad, con todas sus fuerzas.- Ay, es que Christopher Nolan.- dijo suspirando.- Logra algo extraño con sus películas. Por ejemplo yo jamás había deseado tanto estar en el espacio hasta que vi una de las últimas que sacó…- dijo arrugando su nariz pensativa.- ¡Interstellar!...simplemente, maravillosa, ¡mágica!.- terminó por decir con una enorme sonrisa, esa que siempre llevaba, al menos cuando estaba con Steven.- No, claro que no.- soltó una pequeña carcajada.- Imposible tener sólo una película.- dijo con total naturalidad encogiéndose de hombros, mientras se llevaba otro trozo de su postre a la boca.  A su vez en su cabeza, tras la respuesta de su pregunta se anotó mentalmente que los calcetines de Steven deben ser azul marino, por alguna extraña razón asimilaba a Steven con el mar.

Ni si quiera se percató de la mirada que el camarero le dedicaba a ella por el orden que tomaba al comer, ya que estaba mentalmente tratando de descubrir que era exactamente lo que se necesitaba tener para reproducir ese postre delicioso que estaba saboreando. Volvió a tomar atención cuando escuchó la pregunta del metamorfomago, miró el postre que le señalaba y sonrió para luego asentir. Dejó su postre a un lado y con la misma cuchara que estaba usando hace tiempo atrás sacó un poco del postre de Steven, cuando lo tuvo en su boca comprendió algo.- Sí, es definitivo este es mi nuevo local favorito de comida.- dijo segura, y se levantó decidida.- Vuelvo enseguida, debo ir a hacer algo.- le dedicó una sonrisa y empezó a caminar, se detuvo un momento y se giró.- Si quieres prueba lo que me queda de postre.- le dedico una sonrisa para luego volver a girar y seguir caminando, al parecer hacia las cocinas del local. Entro por unas puertas que decían claramente en un cartel blanco “Acceso sólo de personal” de lo más natural,  cuando desapareció al volver a cerrarse sólo se pudo escuchar a Clementine decir animadamente “¿Quién o quiénes son los responsable de cocinar tan delicioso?” . Es que cualquiera que conociera a la castaña sabía que era así de impulsiva y efusiva con sus sentimientos.

Tras unos minutos que estuvo dentro de las cocinas del local, las puertas volvieron a abrirse y salió Clementine con una enorme sonrisa y unas bolsas en sus manos. Volvió a sentarse en la mesa de Steven divertida.- Xavier nos ha dado postres para que nos llevemos.- le dijo entusiasta. Como si Steven entendiera que Xavier el jefe de la cocina de aquel local, y desde aquel día un buen amigo de la castaña.  - Steven, ¿tienes algo más de tiempo?.- le pregunto curiosa.- Es que aún me queda algo antes de cumplir mi horario de almuerzo, y por acá cerca hay una plaza. Pensé ir a sentarme un poco, y ver el otoño. ¿Me acompañarías?.- le preguntó sonriente.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 5
PB : Emilia Clarke
Edad del pj : 29
Ocupación : Trabajadora de Honeydukes
Pureza de sangre : Squib.
Galeones : 5.000
Lealtad : Familia, y amigos.
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 133
Puntos : 77
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3303-vlam-blop-wizz-clementine-boot-j http://www.expectopatronum-rpg.com/t3321-relaciones-clementine http://www.expectopatronum-rpg.com/t3937-out-of-present-cronologia-clementine-b

Steven D. Bennington el Lun Dic 12, 2016 1:06 pm

Steven veía prácticamente cualquier película que caía en sus manos. Algo que había cambiado notablemente cuando Alex había nacido, y es que había dejado de lado las películas que consideraba buenas para ver todo tipo de películas infantiles y de animación. Podría decirse que en los últimos años se había sacado un Máster en cine infantil gracias a la influencia de su hija. O más bien, gracias a la cantidad de horas que pasaban viendo películas y, cuando esta era más pequeña, dibujando sobre ellas. Cabía señalar que también tenía un Máster en decoración de neveras con dibujos de su hija, haciendo que todos entrasen en esta como si de piezas de Tetris se tratase. Pero también había existido una época en la que Steven era un niño apasionado por las mismas películas que ahora apasionaban a su hija. Y entre esas películas no se encontraba la de los pingüinos, pero sí la había visto cuando estudiaba en un colegio muggle en la capital inglesa, antes de recibir la carta que cambiaría su vida y la de su familia.

- Eh, que no soy tan mayor. – Protestó alzando una ceja y mirando directamente a la chica. Y es que aquellos no distaban demasiado en edad, por lo que decir que sus once años habían pasado hace mucho tiempo era decir que los suyos también lo habían hecho. – También están las de Madagascar, y los Pingüinos de Madagascar. Tuve que hacerme un maratón para ir a ver la tercera porque Alex quería ir al cine conmigo. Y claro, no iba a ir al cine sin saber de qué iban las películas… Aunque bueno, ya se me ha olvidado el argumento. Sólo recuerdo que había una especie de mono que quería fiesta todo el rato. – No era un mono. O sí, ya no estaba seguro de ello. Pero recordaba que llevaba un extraño sombrero, posiblemente hecho con frutas. Pero como en todo lo demás, no estaba seguro de ello.

No era capaz de imaginar a Clementine dando miedo. Ni aunque los dulces del mundo se extinguiesen sería capaz de verla enfadada. Más bien triste. Acurrucada en un rincón, balanceando su cuerpo de un lado a otro como si de un péndulo se tratase. Sin azúcar en el cuerpo, lo que haría que su vitalidad disminuyese notablemente. Dejaría de ser la Clementine que acostumbraba a ver para ser una con el azúcar por los suelos.

- Entonces eres una especie de Hulk. – Dijo no muy seguro de su afirmación. – O Dr. Jekyll y Mr. Hyde. O… Bestia y Hank McCoy. – Comenzó a enumerar personas que sufrían cambios por alguna razón. – Aunque Bestia era consciente de lo que hacía, sólo era azul y peludo. ¿Tú te vuelves azul y peluda? – Preguntó con la misma sonrisa en los labios. – La verdad es que te imagino más como los Gremlins. Ya sabes, esos bichos adorables y peludos a los que si echabas agua encima les salían de la espalda... Bichos no adorables y con escamas. – Rió. – También era si les dabas de comer después de las doce. – Miró a Clementine y negó con la cabeza. – No, no puedes ser un Gremlin, siempre estás comiendo.

Steven era una persona bastante simple. De esas que adoran pasar la noche tirados en el sofá leyendo un buen libro o viendo una buena película o serie. De los que se tapan con una manta y encienden la chimenea mientras comparten un bol de palomitas.

- Entonces podemos ver cualquier serie un día y seguir sin el otro. Nos complementamos bien para no sufrir porque el otro nos engañe. Ya que nosotros le estaremos engañando también. – Hizo una breve pausa. – Sería hipócrita sufrir entonces. Sí, definitivamente sería hipócrita. – Rió ante su propia reflexión y dio un largo trago a su vaso.

Antes de que pudiese preguntar nada al respecto, Clementine ya se había levantado rumbo a… No sabía exactamente a donde. Simplemente se había marchado como si de un agente secreto se tratase en busca de cumplir con una misión verdaderamente importante que requería de todo su tiempo y atención y que, por supuesto, no podía dejar en un segundo plano. Aquella misión debía ser tan importante que incluso ofreció parte de su postre sin ningún tipo de miramientos y Steven, que era muy aficionado al dulce, no lo pensó ni dos veces a la hora de alargar el brazo para coger un pedazo del postre elegido por Clementine, intercalando el sabor junto con el suyo propio que acababa de llegar a la mesa. Repitió el movimiento un par de veces y sin darse cuenta casi había terminado con ambos postres cuando la castaña volvió a aparecer de la nada con su sonrisa habitual resaltando el resto de sus facciones.

Steven sonrió de manera infantil. Como si de un niño que jamás ha roto un plato se tratase. O más bien, como el niño que finge no haber roto un plato en toda su vida aunque sabe perfectamente que no sólo acaba de cometer el error fatal, sino que le han pillado con las manos en la masa. Ambos postres habían desaparecido por completo. Un par de migas podían contarse en cada uno de aquellos platos y Steven no hizo mención alguna a aquello. Tan sólo dio un trago a su bebida para dejar pasar la comida y sonrió a la chica cuando esta volvió a tomar asiento.

- ¿Quién? – Preguntó el chico sin saber a quién se refería. Pero no tardó en comprender que sería alguno de los trabajadores del local, ya que un cliente cualquiera no podía ir por ahí repartiendo postres a diestra y siniestra. – Bueno, esos postres sustituirán a los que me he comido. – O más bien engullido. Se encogió de hombros e hizo una señal al camarero para que les trajese la cuenta. –Ver el otoño. – Repitió el chico sus palabras intentando adivinar qué diantres significaba aquello. ¿Ver las hojas caer? Tenía que admitir que Clementine era alguien peculiar, totalmente fuera de serie. – Claro, vamos. – El camarero apareció en ese momento dejando sobre la mesa la nota y un par de caramelos de diferentes sabores. Steven le tendió los caramelos a Clementine y dejó el dinero de la cuenta antes de levantarse rumbo a la salida. - ¿Qué plaza exactamente? – Preguntó el chico. Hogsmeade era un lugar amplio aunque no lo pareciese de primeras y había varias plazas a las que Clementine podía estar refiriéndose en ese momento.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Sam Claflin
Edad del pj : 32
Ocupación : Profesor encantamientos
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 9.450
Lealtad : Pro - Muggle
Patronus : Camaleón
Mensajes : 552
Puntos : 335
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3393-steven-d-bennington http://www.expectopatronum-rpg.com/t3398-it-s-where-my-demons-hide-relaciones-de-steven http://www.expectopatronum-rpg.com/t3443-this-city-never-sleeps-at-night-cronologia-de-steven http://www.expectopatronum-rpg.com/t3400-correspondencia-de-steven-d-bennington

Clementine Boot el Mar Ene 10, 2017 1:37 pm

Sólo se rió cuando Steven protesto por la edad, más que mal ella estaba muy cercano a la edad del chico, sólo lo hacía para molestarlo. Aunque a decir verdad de todas formas sentía lejanos los once años. La vida era un poco, sólo un poco más colorida que ahora, es que había menos problemas. Crecer a veces conllevaba a tomar decisiones más díficiles que cuando se es pequeño. Aunque ella en particular trataba de alimentar lo más posible su niño interior día tras día.

- ¿Madagascar? .- preguntó arrugando la nariz, mientras buscaba en su cabeza todas las películas que había visto hasta que por fin llegó a la que estaba hablando Steven.- ¡Ah! Esa en que unos animales se escapan del zoológico y cantan una canción como: “Quiero mover el bote, quiero mover el bote, me gusta…¡Mueve!”.- mientras decía la frase hizo el intento de querer imitar la coreografía que creía recordar de la película para luego echar a reír.- ¿esa?.- pregunto divertida al metamorfogomago.

Se rió fuertemente tras escuchar todas las opciones que iba nombrando Steven.- La verdad que de todas las opciones creo que me convierto en una mezcla entre Gremlin y un Bestia, pero que en vez de azul se vuelve roja.- dijo divertida, sentía que le dolían las mejillas de tanto reír y le encantaba.- Es verdad siempre ando comiendo, o tengo un dulce en mi bolso. Pero sí alguna vez te topas conmigo sin haber comido, huye Steven, huye mientras puedas.- bromeó toda seria y dramática para luego echar a reír.

- ¿Eres de spoiler? .- le preguntó curiosa.- Que yo pertenezco a una extraño grupo que si le gustan los spoiler, pero preguntó a los demás antes de decirle cosas de alguna película o serie porque me ha pasado que gente se ha enojado mucho cuando les llegó comentando por ejemplo que Jon Snow había muerto y que después sobrevivió…- abrió los ojos como huevo frito.- Maldición ¿has llegado esa parte? O más aún ¿has visto esa serie?.- pregunto haciendo una mueca, mientras se retaba mentalmente por a veces no pensar las cosas antes de decirla, y rogando en silencio que Steven ya haya visto todo aquello.

Desde el principio de los tiempos ha sido una fanática de la comida, se podría decir que aprendió a cocinar antes que hablar. Bueno si se puede llamar comida a hacer pasteles de arena con toques de piedras en ellos. Por lo que no pudo evitar la tentación de querer ir a felicitar al cocinero que había hecho su almuerzo aquel día. Así era ella, impulsiva. Por lo que sólo le costó un par de segundos ya estar dentro de la cocina y sólo un poco más de tiempo para ganarse el corazón de todos los que se encontraban en las cocinas logrando que saliera de ella con pasteles y dulces para el camino.

- El cocinero, un nuevo amigo.- le respondió sonriente. Pidieron la cuenta y salieron del local, al salir inspiro profundamente con los ojos cerrados, para luego exhalar en un suspiro mientras la sonrisa habitual en ella volvía a aparecer. – Podemos ir a esa que queda en la Oficina de correo, esa que tiene los juegos rojos, sino me equivoco queda tan solo a unas cuadras de acá.- dijo sonriente mientras comenzaba a caminar hacia donde ella creía era la dirección correcta.- Tengo otra pregunta.- exclamó después levantando su mano derecha hacia arriba mientras miraba a Steven.- Banda favorita…- miró curiosa a metamorfomago esperando su respuesta expectante. – y de paso canción …¿te gusta ir al karaoke Steven?.- era curiosa, infinitamente curiosa y más aún cuando se disponía a saber cosas de una persona para poder llegar a su regalo perfecto de navidad. Y también era dispersa, de una pregunta podían salirle muchas más, por lo que muchas veces costaba seguirle el ritmo, pero los que la conocían cada vez les resultaba más fácil entenderla.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 5
PB : Emilia Clarke
Edad del pj : 29
Ocupación : Trabajadora de Honeydukes
Pureza de sangre : Squib.
Galeones : 5.000
Lealtad : Familia, y amigos.
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 133
Puntos : 77
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3303-vlam-blop-wizz-clementine-boot-j http://www.expectopatronum-rpg.com/t3321-relaciones-clementine http://www.expectopatronum-rpg.com/t3937-out-of-present-cronologia-clementine-b

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.