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Joerth is real - with Iowerth Cosmas

Invitado el Lun Sep 26, 2016 6:09 am


Joerth is real {Joahnne H. with Iowerth C.}
Salón de Madame Tudipié - Lunes - a media hora de cerrar


-Joahnne la mesa del fondo pidió un té rojo, un té verde y dos tortitas.-

Joahnne asintió y se llevó la bandeja con el pedido del joven castaño que se ubicaba donde Madame Tudipié indicó, en el fondo hacia la esquina derecha del recinto. Si bien habían varias mesas en ese lugar tan estrecho, faltaba media hora para cerrar y los clientes menguaban por lo que la equivocación era imposible. Cinco mesas en total, estaban completas por parejas o personas que solo venían a degustarse de algún café o té del salón. La pelirroja estaba trabajando por primera vez allí y estaba comenzando a suspirar. Esquivó una que otra mesa, el olor al café en el ambiente la embriagaba dejándola tranquila a pesar de su cansancio.

-Disculpen… ¿Quién pidió el té rojo?- el chico interrumpió su conversación y señaló a su acompañante.- Que disfruten.- finalizó Joahnne  retirándose de aquella atmosfera romántica.

Habían pasado ya las vacaciones, la pelirroja había desaparecido para todos sus amigos y no era raro teniendo en cuenta todo lo que había sucedido en los últimos meses de año escolar. Joahnne había presenciado algo que la había alterado, y el mantener la guardia alta era un trabajo de día a día. Quería comenzar de nuevo, afrontar su pasado y entender las decisiones que su madre biológica tomó como también el actuar de sus padres actuales. La manutención estaba  presente, sin embargo, ella había abandonado su hogar desde hacía tiempo e intentaba valerse por sí misma. Una cabaña en el mundo muggle le ayudo a independizarse a medias, encontrar un trabajo temporal hasta dar con este había sido un esfuerzo que constó de más de una semana. El resumen y la decisión más importante de ese período fue el vivir oficialmente en el mundo mágico, no temía a lo que ocurriese. Debía ser valiente, perseverar en ello.

No había que olvidarse que hoy era su primer día en el salón de Madame Tudipié como camarera. Esta labor la mantendría ocupada por varios días mientras no estuviese en clases.

La campanilla sonó delicadamente anunciando un nuevo cliente, Joahnne dejó la bandeja en la barra y atendió lo que Madame Tudipié le indicaba. Tenía que prestar atención a cada movimiento que hiciese a continuación. La observó alejarse y atender al hombre que se había sentado hacía unos segundos. Eso sí que era un excelente servicio. Estaba a prueba, debía memorizar el trato y en los momentos que se interrumpía al cliente para llevarle el encargo. Regresó con una sonrisa y Joahnne le correspondió, dando a entender que tenía en cuenta cada detalle.

-Bien, ahora quiero que prepares el pedido de uno de los profesores de Hogwarts. Quiere un café mocha, parece que viene de paso teniendo en cuenta la hora así que sea lo antes posible. Estaré con los otros clientes. Después puedes retirarte, has hecho un buen trabajo.

Menos mal. No voy a ser despedida de primeras. Pensó la pelirroja mientras le dedicaba una amplia sonrisa y se ponía con el pedido. Si no me equivoco… era expreso…leche y chocolate… sus pensamientos daban vueltas mientras caminaba analizando los ingredientes. Los dos primeros fueron dados al comienzo, sin embargo el chocolate no lo encontraba. ¿No debería estar en un botecito? Dio con dos, el primero fue abierto y apreció el aroma. Claramente eso no olía a chocolate, a pesar de eso, el segundo sí, aunque también olía un poco a café... y a libros, y además era líquido. No tenía ninguna inscripción, pero no quería parecer una tonta revisando cada recipiente que se encontraba en la estantería.

La bandeja llevaba el café mocha. Cuando reconoció quién era el profesor entró en un pequeño shock que rápidamente fue olvidado, no quería dar malas impresiones. Desde aquella vez que había soñado con él, se mostraba inquieta y nerviosa ante su mirada. No podía sacarse las imágenes de cómo le tocaba. Sin tener en cuenta que el sueño derivó en que el profesor Cosmas se estaba enrollando con el director Dumbledore.  – Que disfrute de nuestra delicia.- con elegancia dejó sobre la mesa la taza y se despidió efusivamente.

Al fin terminaba ese turno.
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Invitado el Lun Sep 26, 2016 8:52 pm

Salir de Hogwarts era una de las cosas que a veces ayudaban a depejarle la cabeza. Tenía demasiadas cosas que las que pensar, sobre con las últimas noticias recibidas del Auror que supuestamente había asesinado a su mujer y que aún juraba por Merlín y todos los dioses habidos y por haber de que era un hombre inocente y que sólo había actuado en defensa propia.

Deseaba fervientemente encontrar la verdad de todo y adaptarse a su nueva vida. Aún no confiaba en mucha gente para decir a destajo de que su esposa estaba viva y que no le recordaba de nada, si habían intentado ya sacarle del mapa, no dudaba de que alguien lo intentase de nuevo. Además, no era fácil con una mujer a quien deseabas abrazar con todo tu ser, pero ella ni siquiera era capaz de reconocerte como algo más que un extraño. Estaba feliz, pero no dejaba de sentirse frustrado.

Así, con las intenciones de tomar un poco de aire, había salido a Hogsmeade para tomar un café y de paso pasar por la taberna y comprar algunas botellas de vino que ya se había se le había agotado todo y necesitaba de más suplemento. Pasó a comprar el vino primero, que para él era la prioridad más grande y lo metió todo a su bolso con encantamiento súper extensible en donde no importaba la cantidad de botellas que metiera, éstas no pesaban, ni abultaban nada.

La tarde se estaba poniendo fresca, así que teniendo ya su suplemento de alcohol salvaguardado, dirigió sus pasos hacia el Salón de Té de Madame Tudupié y abrió la puerta del lugar haciendo sonar la campanilla. Inmediatamente una de las brujas que atendía se acercó para llevarlo a una de las mesas en donde tomó asiento, pero ni siquiera se molestó en abrir la carta para pedir.

—Un mocca, por favor.

Dijo sin siquiera mirar a la mujer, pues ya le había dado las gracias por llevarle a su mesa y eso era suficiente. Después de todo, Iorwerth era un buen ejemplo de caballero, pero nunca se había destacado su desbordante carisma o personalidad.

Llenó sus pulmones de aire, preguntándose si acaso podría mandar a pedir un poco de whisky de fuego para su café, cuando de pronto se acercó a él una cabellera bastante familiar para entregarle su pedido. había tenido a esa pelirroja como alumna durante el curso pesado y le había dejado en la enfermería en su primera clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, pero más que todo, le recordaba por haberse despertado gritando pidiéndole a él que dejase de tocarle. Había sido divertido, aunque muy extraño.

—Muchas gracias.

Respondió a la joven, con la misma seriedad de siempre. Cualquier otro profesor hubiese saludado a su alumna y le hubiese preguntado que era de su vida, seguramente para demostrar interés y querer saber de ellos, como si la relación profesor estudiante fuese de nunca acabar. Pero a Iorwerth, mantener una relación amistosa con sus alumnos le gustaba más bien poco, así que ni siquiera se molestó en saludarla o al menos en fingir que se interesaba por ella.

Directamente revolvió su café y aspiró de su aroma, sintiendo también el aroma del chocolate, entre otros aromas demasiado agradables, pero poco comunes de encontrar en un café. Frunció ligeramente el ceño y miró a la pelirroja con expresión de “¿Qué demonios me has servido?”, pero por una vez, tuvo en cuenta que ya le conocía y por ello le dio el privilegio de la duda para beber un sorbo de aquel café y juzgarlo más por su sabor que por su aroma.

El café sabía delicioso, aunque no tenía demasiado gusto a chocolate, prácticamente nada. Si bien, en una situación normal hubiese reclamado por ello, en ese momento pareció ser lo menos relevante del Mundo y, no supo porque, pero inmediatamente regresó la sonrisa a Joahnne y comenzó a sentirse estúpido y ligeramente avergonzado. Se sentía bien, mejor que nunca y… no quería que la pelirroja se fuera sin saber de ella.

—Joahnne —le llamó por su nombre, quizás por primera vez en su vida, pero en cuento le llamó no supo que decir y eso le hizo sentirse aún más idiota —¿Estás trabajando aquí? —joder, menuda pregunta tan estúpida —Bueno, si, imagino que sí ¿verdad? —dijo rascándose ligeramente la cabeza —Aaaammm… ¿Cómo has estado? ¿Tienes algo que hacer después de tu turno?
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Invitado el Lun Sep 26, 2016 10:18 pm

Quedaba tan solo veinte minutos para terminar oficialmente su turno, si bien le habían indicado que finalizado el pedido ya se podía marchar  a casa Joahnne se negó. Entre el trayecto de la mesa del profesor hasta donde se ubicaba la tetera pensó detenidamente, podría aprender a como cerrar el lugar y cuáles eran las últimas acciones que se realizaban en el día en aquel salón del Té. En alguna oportunidad le tocaría y prefería estar preparada para lucirse, no precisamente para tener algún honorario. Simplemente para no quedar en ridículo y que su rostro esté en la mente de todos los empleados porque en algo había fallado. Claramente, la pelirroja se tomaba a pecho el trabajo. ¿Cómo se iba a independizar si daba error por dónde pisaba?  

Suspiró, por segunda vez en el día, con sus manos tomó el botecito de chocolate para ubicarlo donde correspondía, vació la tetera, tenía la intención de lavarla. Algo debía hacer en aquellos veinte minutos que restaban. Alzó la vista y lo primero que visualizó fue el rostro del profesor. Obviamente no sería de aquellos que preguntaban por la vida de uno, tampoco lo quería categorizar. Le facilitó, si uno se pone a pensar, la labor. Ella recordaba el sueño que había tenido el año anterior, donde más de uno quedó sorprendido sobre como el subconsciente de la leona le traicionó.  

Apoyada en la encimera observó el botecito, sus manos se encontraban ocupadas pero fácilmente fueron liberadas. Había duda en su rostro, le era extraño que no tuviera alguna inscripción teniendo en cuenta que varios estaban con pequeños señaladores de lo que eran. Podría confundirse con cualquier otro, más sabiendo que los colores del contenido podían ser similares hasta el aroma si no se era un experto. O al menos si no se trabaja seguidamente con ellos. Lo analizó mientras sus dedos acariciaban el recipiente dándolo vueltas en los momentos que solo ella quería, abrió la tapa y apreció el aroma. Se mordió el labio ante la sensación embriagadora de chocolate… ¿Eso era libros nuevos? Buscó con preocupación alguna. Tal vez alguien había dejado olvidado uno, pero podía jurar que su olfato nunca fue el de un canino. Los clientes se encontraban todavía en sus asuntos, sin darse cuenta de la presencia de Joahnne. Exceptuando uno. El profesor Cosmas. ¿Fue acaso una sonrisa? ¿La había llamado?

-¿Sí profesor?- contestó ante el llamado por su nombre. ¿Después de Hogwarts ellos podían tutearte sin problemas? Igualmente, fue extraño que la precisara. ¿Se había equivocado en el pedido? ¿Había pedido algo más para acompañar? Todas sus dudas quedaron suspendidas en el aire, pues las siguientes palabras la perturbaron lo suficiente como para dar un paso atrás. Recompuso su postura y le sonrió. Siempre sonriente ante el cliente.- ¿Desea algo más? O se quiere deleitar con otro café. Podemos cambiarle si así lo desea.- sinceramente desconocía si era algo que se podía hacer, debería preguntar pero al ser su primer día correría el riesgo y de ser necesario, pagaría por esa taza. Contestó con amabilidad. – Como sabrá me gradué y ahora estoy en la universidad, este es tan solo un trabajo de media jornada para ayudarme a solventar gastos.  Y… no quiero ser descortés pero quisiera saber el motivo para juntarnos luego de nuestro turno. Creo que tengo todo al día con lo que respecta a Hogwarts, tampoco me he olvidado de nada. – se encontraba perdida, ¿para qué la querría a ella? Tal vez para entrenar al equipo de Quidditch. Sí, tal vez tenía algo que ver con aquello o no.

-Disculpe… pero usted tiene…- señaló con su dedo índice la comisura de los labios. Resto de lo que sería la leche del mocca se mostraban allí. – Con permiso…- tomó una servilleta del centro e intentó acercarse para limpiar. Estaba metiéndose a la boca del lobo, y tampoco este era un trato visto entre camarera y cliente. Joahnne, no es Rubén. Ella hacía lo mismo con el último nombrado, cada vez que acudían al Comedor hasta que se volvió una costumbre y más de un amigo le hizo lo mismo. Sin embargo, esa gente la conocía y el profesor Cosmas podría malinterpretar.
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Invitado el Mar Sep 27, 2016 5:17 am

El mocha, aunque estaba seguro de que no era realmente un mocha, estaba exquisito. Tenía un sabor y aromas muy especiales, por no decir raros, ya que de verdad eran desconcertantemente atrayentes. Estaba tan bueno que sentía que lo único que podía distraerle de beber aquel café era Joahnne y nada más que Joahnne. Así fue como llamó a la chica y comenzó a formular esa sarta de preguntas todas estúpidas que nuevamente le hacían sentir como un adolescente.

—Oh, no ¡El café está delicioso!

¿Tenía que exclamar? Al parecer sí, y es que deseaba enfatizar muy bien cuan buena barista era Joahnne, y es que de pronto nadie hacía mejores cosas que la pelirroja. Ella era simplemente perfecta y no había nada, ni nadie que se le pudiese igualar. Así que, como no quería que a ella le quedasen dudas creyendo que no le gustaba su café, se apuró en acabar de bebérselo lo más a prisa posible, mientras ella le comentaba un poco de su vida. Por supuesto, el café estaba caliente y comenzaba a quemarle la lengua, pero ¿qué más daba? Por ella lo aguantaba todo.

—Oooooh…

Señaló para denotar su interés, y es que verdaderamente lo que decía la chica era lo más interesante del Mundo, aún cuando para él fuese obvio que se hubiese graduado ya de Hogwarts. Sin embargo, le alegró mucho de que estuviese ya en la Universidad y además quisiese trabajar para pagar sus propios gastos ¡Además de hermosa, era inteligente e independiente! Joder… ¿qué había pasado que él no le había notado en los meses que fueron profesor y alumna?

—¿Motivo? ¿Juntarnos? —preguntó sintiéndose estúpido —No, yo sólo quería saber, pero si quisieras acompañarme un momento más, sería un verdadero placer.

Sonrió una vez más, pero en ese momento la pelirroja le quedó mirando extraño y señaló algo hacia su rostro porque lo que Iorwerth se olvidó de toda sonrisa para intentar descifrar a lo que se refería, cuando ella cogió una delas servilletas de la mesa y se acercó a él para limpiarle la comisura de los labios, acción que hizo que el irlandés… ¡se sonrojara!

¡Iorwerth Cosmas se había sonrojado! Joder, joderísimo! No se sonrojaba desde su época de estudiante!

—Eeeh… ejem… —carraspeó —Gracias.

Y tomó otra servilleta por si acaso, para acabar de limpiarse cualquier otro residuo y no quedar nuevamente en ridículo delante de la mujer de sus sueños. Un momento… ¿había pensado en Joahnne como la mujer de sus sueños?




Se quedó por un par de segundos perplejo, como si acabase de darse cuenta que había descubierto la teoría de la creación del Universo.

—Mmmnn… ¿Por qué no te sientas un momento? Si no tienes que hacer claro, no quiero meterte en problemas, puedo esperar, pero… me encantaría poder disfrutar de tu compañía —le sonrió —. No todos los días se encuentra uno con una alumna y mujer tan ejemplar ¿no?

Le pidió sintiendo como su corazón comenzaba a galopar en su pecho por los nervios, y él inevitablemente se mordía los labios al aventurarse a acercar una de sus manos a la mano de la chica para tomarla entre sus dedos y acariciarla suavemente.
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Invitado el Jue Sep 29, 2016 5:41 am

¿Cómo debía actuar ante tales insinuaciones? Pues estaba claro que el Profesor no era, con ella, el mismo que dictaba clases en Hogwarts. Riguroso, serio y seguro.  En este momento parecía un adolescente con hormonas saltando dentro de su cuerpo haciéndolo menos confiado… ¿e idiota? Imposible, Joahnne, nunca pensaría alguna vez así de aquel sujeto. En todos esos años había una cierta distancia, bastante importante, entre ellos. Era jefe de la que fue su casa, Gryffindor, también les alentaba en los partidos de Quidditch y era el profesor que dictaba defensa contra las artes oscuras. Sin querer mencionar todos los cargos que tenía. Sin embargo, ahora lo observaba y no era el mismo. ¿A caso le brillaban los ojos al verla? ¿Se le habían dilatado? ¡No puede ser! Le puse alcohol en el mocha. No, no podía ser si había controlado todo. Expreso, leche y chocolate. ¿Qué le ocurría?

Se acercó con cuidado la pelirroja, insegura de sus acciones. Insegura de cada paso que daba sin dar crédito a lo que ocurría. Y es que ver al profesor Cosmas formulando preguntas para nada inteligentes y de respuestas obvias. – Me alegra que le haya gustado el café…- murmuró sonriente, sin embargo el ambiente estaba ¿lleno de libros? ¿Chocolate? Entendía este último, estaban en un salón de té y a esta hora recurrían al café varios para tener un poco de calor luego de una tarde fresca. Sin embargo, Joahnne se cuestionaba por qué olía aquello.

No perdió el tiempo y contestó las preguntas educadamente, sentía que con él tenía que serlo. Esto le extrañaba de una manera y no quería correr riesgo alguno. – Pensé que era por algún motivo en concreto. Debo confesar que me es un tanto ¿curioso? El que me haya preguntado sobre mi turno. En Hogwarts solamente hablábamos lo necesario, y no me estoy quejando.- terminó disculpándose ¿Cómo continuaba con el intento de conversación? ¿Lo tuteaba? Lo estaba tratando medianamente de “usted” a él y estaba avergonzándose. Joahnne se sintió una niña al intentar explicarse y ya no sabía qué pensar, le tomó de improvisto este cambio.  

Sí, naturalmente cualquiera que viera aquella maniobra diría que Joahnne moriría acto seguido. Y no por un infarto, seguramente Cosmas la mataría con la mirada ante ese acto descabellado. ¿A QUIÉN SE LE OCURRE LIMPIARLE LA LECHE A ÉL? La pelirroja se había acostumbrado a hacerlo con Rubén, pero eran amigos (y algo medio turbio que sigue siendo analizado por elfos). A pesar de que se quedó petrificada por unos segundos, esperando respuesta, se llevó la sorpresa de que él se sonrojara. ¿Estaba en lo correcto? ¿Sus ojos veían bien? ¡Era un sonrojo! No era ira acumulada en sus mejillas. ¿Qué estaba sucediendo?  -Disculpe, me desubiqué. A un amigo siempre le limpiaba después de comer, me acostumbré y se lo he hecho a varias personas. Creo que debería controlar mis acciones. No era mi intención… ¿incomodarlo?- pensó que el día podría ser fantástico, su primer día en el trabajo y lo estaba llevando demasiado bien hasta que apareció aquel adulto que a más de una hacia suspirar en el mundo mágico. Sin embargo, para Joahnne era un reto de tratar. Y con esto era aún peor.

¿QUÉ? ¿QUÉ? ¿QUÉ? ¿QUÉ? ¿QUÉ? ¿QUÉ? ¿QUÉ? ¿QUÉ? ¿QUÉ? ¿QUÉ? ¿QUÉ? ¿QUÉ? ¿QUÉ? ¿QUÉ? ¿QUÉ? ¿QUÉ? ¿QUÉ? ¿QUÉ? ¿QUÉ? ¿QUÉ? ¿QUÉ? ¿QUÉ? ¿QUÉ? ¿QUÉ? ¿QUÉ? ¿QUÉ?

Esto era insólito. ¿Le había dicho “mujer ejemplar” y que quería disfrutar de su compañía? Sin mencionar que los nervios de él se notaban claramente. Y lo siguiente casi la hace perder la cordura, le tomó su mano y se la acarició. ¿Le estaba coqueteando? Si señores, el profesor Cosmas estaba siendo… ¿Cómo lo puedo describir? Si es que rebasaba cualquier sueño turbio que una podría tener.

Joahnne buscó con la mirada a la bruja que le había dicho que se podía retirar luego de servir el mocha. ¿Esto era una prueba? No podía coquetear con clientes, ni siquiera aceptar tales peticiones.

-Ya estaba terminando mi turno aunque me gustaría finalizar mis tareas limpiando todo lo que ensucié… perdón pero tal vez deberíamos encontrarnos más tarde u otro día...- la ex Gryffindor trataba de rechazarlo de alguna manera que no fuese directa. Estaba siendo un asco en esto. ¿Cómo le salía tan bien cuando Ian la molestaba? Cierto, Ian no era un profesor que podría hablar muy mal de ella luego del rechazo. Su opinión si valía a comparación del castaño que egresó con ella.

Con su mano libre tomó la mano del chico para dejarla sobre la mesa, así liberando la de ella. Le dedicó una sonrisa nerviosa y se apartó. Al llegar vio el bendito recipiente que sería chocolate, perturbada lo dejó al lado de otros recipientes. Ante esto apareció Madame Tudipié. – ¿Qué pasó con la Amortentia?- la pelirroja se giró y la confusión estaba en su rostro, la bruja le aclaró sus dudas con una sonrisa. Como si fuese un dato de color para nada importante. – En San Valentín usamos una buena cantidad, muchos enamorados vienen o algunos chicos que quieren conquistar a la chica de sus sueños. Por supuesto, las jovencitas no se quedan atrás. Este lugar se llena en esa semana.- comentó con aires de enamorada. Se retiró ante la exclamación de un cliente y Joahnne palideció. Le había puesto Amortentia, por eso para ella también olía a libros. Alzó la vista desencajada. La iban a despedir si se enteraban de que a un profesor de Hogwarts le había dado un café con eso.

Se mordió el labio. Los pasos siguientes fueron: tomar sus cosas, dejar todo como estaba, acercarse a la mesa de su cliente “enamorado” que parecía estar deprimido y, por último, le habló.

-¿Quiere salir? Ya estoy libre..-  murmuró junto a la adrenalina corriendo por su cuerpo que la preocupaba, debía sacarlo de allí sin que se enteraran de lo que había ocurrido. –Me gustaría ir a otro lugar, estuve muchas horas aquí.- rezaba porque no pensara mal de su proposición. No quería explicar más, lo quería fuera de allí.
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Invitado el Jue Oct 13, 2016 5:35 pm

Joahnne respondía a él con suma amabilidad y eso más le embobaba, para él ella era la chica perfecta, el amor de su vida y no había nadie más ni en su cabeza, ni en su corazón. Ni siquiera estaba el recuerdo de Ella, su amaba esposa y todas las desgracias que había pasado por poder estar a su lado, no, Joahnne lo era definitivamente todo.

—Lo sé y lo lamento —se disculpó luego de que la chica le dijera que ellos apenas hablaban en Hogwarts —. Haré lo posible por compensar aquello si me lo permites.

Le sonrió e incluso llegó a sonrojarse cuando ella le limpió la comisura de la boca, con ese sutil gesto que más bien parecía sacado de una princesa de cuentos. Sin embargo, ella pareció conmocionarse y se disculpó rápidamente por sus acciones, lo que hizo que él incluso sonriera con ternura. Claro, hasta que mencionó a aquel dichoso amigo al que también le limpiaba la boca, lo que desencadenó que, por primera vez en su vida, supiera lo que significaban los celos. Iorwerth volvió a retomar su semblante serio y desvió la mirada con el ceño ligeramente fruncido.

—No tienes que disculparte, simplemente agradecería que dejases a aquel “amigo” a un costado de nuestras conversaciones, si no es mucho pedir.

Aún así le tomó la mano e intentó olvidar aquel mal rato, pues era mucho importante disfrutar de la compañía de Joahnne que aguarla con cualquier mención a otro hombre, que de seguro él terminaría por lanzar a la borda. Pero en ese momento la chica comenzó a decirle que aún tenía cosas que hacer y que lo mejor era que se viesen mas tarde o tal vez otro día ¡NO! No podía concebir un momento sin ella, para él sería como si su vida perdiese sentido en el mismo instante en el que ella desapareciera de su vista, pero… si realmente le amaba, debía de dejarle ir, o al menos eso es lo que se decía, y seguramente así fue, porque incluso sintió como si se le partiera el corazón.

Se quedó muy triste y suspirando sobre la mesa, los minutos se le hicieron horas, pero no importaba cuanto más tuviese que esperar, iba a hacerlo, pues necesitaba verla al menos una vez más antes de marchar a casa y quedarse pensando en ella por el resto de su idea, ya que no había ni existía ningún panorama mejor que ese. Así, estaba algo deprimido cuando la luz de su rostro regresó nuevamente a alumbrarle el día y, lo mejor de todo, es que le estaba invitando a salir.

—¡Pero por supuesto!

Exclamó de alegría y rápidamente se puso de pie, para revisar en su billetera y dejar el dinero el café, mas una buena propina sobre la mesa, antes de bordearla y seguir a Joahnne hacia la salida. Obviamente, se adelantó incluso para abrirle la puerta y luego despedirse de todos en el café con una muy amplia sonrisa. Aquel, definitivamente, se había convertido de pronto en el mejor día de su vida.

Una vez en la calle, cedió su brazo a Joahnne, para que ésta lo tomase, aunque —antes de la chica lo cogiese— cambió de opinión y se sacó rápidamente la chaqueta para posarla sobre los hombros de la bruja y, entonces sí, ofrecerle su brazo.

—No deseo que pases frío, ni hambre… A mi lado no quiero que te falte nada —le sonrió —. Dime lo que deseas, cualquier cosa, y haré incluso lo imposible por complacerte.
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Invitado el Mar Nov 01, 2016 12:08 am

Cada frase dedicada a él era con sumo respeto, como si todavía siguiese siendo su superior y no un par de ella. Trataba a todos así en la tienda, puesto que eran clientes y ella una empleada de media jornada aunque si conocía a alguien trataba de no sonar tan ¿lejana? Aunque con su vida patas para arriba trataba de que cada relación social fuese fugaz y superficial.

No entendía siquiera porque se disculpaba aquel hombre con la pelirroja. Era algo natural que los tratos del profesor Cosmas en Hogwarts sean de tal índole, sería extraño si hubiese un acercamiento más intimo. ¡Encima quería compensarlo! Esto era de locos y ella no era capaz de tragárselo. - No tiene porqué disculparse, tan solo es algo normal y como le dije no era mi intención quejarme. - negó el esfuerzo, no era algo que quería. No podía negar que era atractivo y que varias féminas querrían estar con él pero ella era menor. Es más, temía lo que él le podría llegar a decir.

La escena donde ella le limpiaba la comisura de los labios a él la mantuvo perpleja, no había sucedido eso hacía varios meses aunque tal vez el tema de sociabilizar, que estaba escaseando en su vida, era un factor importante para que lo primero no ocurriese. Se disculpó y se impresionó aun más ante el comentario siguiente del hombre. ¿Vieron por qué a ella le daba un poco de miedo? El ceño fruncido del profesor Cosmas la mantuvo alerta ante todo. Hasta se podría decir que fue de manera despectiva el como habia dicho la palabra "amigo". - Pido disculpas entonces por comentarle de mi vida, aunque ese detalle sea la justificación de mi acción. - el cambio de conversación que se dio luego concluyó la incomodidad del momento.
Todo paso tan rápido, enterarse que le habia echado al mocca amortentia y que su profesor estaba teniendo fantasías con ella, no sexuales, era algo que la desesperó. Había comenzado el año sin querer tener problemas, solo seguir una rutina pero esto le había sacado de sus esquemas. Si la despedían le rompería cada uno de sus planes, la organización, el sustento de muchas actividades. Su labio se rompería con lo tensa que se encontraba, tenía ese tic que la hacía evidente ante sus preocupaciones si la conocías. Solo bastó ver la expresión que el adulto que había impartido clases en Hogwarts presente para que ella corriera, para decir cómo, y acabar todo ese lio que solita había provocado.

La alegría que irradiaba ese hombre asustaba. ¿Se convertiría en Edward Cullen? Ese vampiro que brillaba a la luz del día en la película muggle Crepúsculo, me refiero. Esperaba que no, porque aquello no tenía lógica menos cuando el día comenzaba a atardecer y su profesor no era vampiro. ¿O sí...?

Caminó con sus pertenencias encima, viendo si no se olvidaba nada, el abrigo colgaba de su brazo derecho y dejó su mochila del mismo lado para poder estirar su brazo y con la mano que restaba abrir la puerta. Aunque esto no sucedió, Cosmas había sido caballeroso en abrirle la puerta para luego hacer una escena vergonzosa, despedirse de todos del café. ¿No es que tiene una actitud de hombre malo que si le hablas te gruñe? Claro, parece que la Amortentia a parte de enamorarlo lo volvió contradictorio a su anterior ÉL.

Las calles de Hogsmeade se encontraban frías, al sentir el viento la pelirroja pensó en la chaqueta que llevaba aunque esta no hizo falta cuando en sus hombros sintió algo que no era de ella. Era de él y tenía su perfume. Miró para todos lados en busca de miradas ajenas que juzgasen la escena. Sus orbes anhelaban mostrarse desesperados cuando cruzó mirada con Cosmas, esto se convertía en algo intimo y ella sabía el motivo. Le tomó el brazo que le ofreció, se sentía aletargada.  

-Profesor Cosmas, no debería ser tan cercano a mí. Cualquiera que nos viera nos juzgaría, es más, los rumores correrían y no sería algo bueno para usted. Fui su alumna, y quiero decirle que nos llevamos unos cuantos años sin mencionar que mi vida es un tanto ocupada para una vida amorosa.- Vamos Joahnne, así se rechaza a alguien mayor con una taza de poción de amor en sangre. pensaba con frustración. ¿Cómo no lastimarlo? Ella no sabría  dónde meterse si este hiciese un escándalo de ser directa con sus sentimientos.

Los pasos eran cortos aunque su cuerpo se enfriaba con mayor rapidez, el frío le pegaba en el rostro y este comenzaba a sonrojarse en ciertas partes como su nariz.

-¿No quisiera entrar a las Tres Escobas para hablar con más tranquilidad o quisiese un sitio más apartado?-

No sabría decir si darle esperanzas de una conversación lo mantenga calmado. El haberle mencionado un leve rechazo sería un poco contradictorio para esta ultima sugerencia.
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Invitado el Vie Nov 25, 2016 2:46 am

Iorwerth se sentía tan feliz que la felicidad no le cabía en el pecho. No podía creer que la mujer de su vida había aceptado salir con él a dar una vuelta, a pasar el tiempo juntos, y es que no le importaba si no le hablaba nada, él ya iba a hacer más que rematadamente feliz sólo por estar a su lado. Joahnne era tan guapa, tan bella, tan inteligente, sofisticada, astuta, segura de sí misma, independiente… Joahnne era perfecta. Tenía todas las cualidades que él requería en una mujer para casarse con ella.

Pero, lamentablemente, no todo podía ser perfecto.

De pronto la pelirroja se veía algo preocupada, miraba hacia todos lados como si temía que alguien le hiciera daño, por lo que el irlandés miró también. Él era capaz de hacer todo por ella, dar incluso su vida para defenderla y, por supuesto, no deseaba que nadie le hiciera daño ¡se moriría si acaso a ella le pasara algo!

—¿Qué sucede?

Estaba preocupado ¿cómo no estarlo si la luz de su vida se preocupaba por algo? Pero entonces ella comenzó a hablar, con esa melodiosa y hermosa vez que tenía, tan hermosa que podría quedarse horas escuchándole.

Ella estaba preocupada, consternada por lo que pudiesen pensar los demás, o al menos eso es lo que dio a entender. Le preocupaba su propia seguridad, suya, de Iorwerth ¡Oh, que bella y preocupada era! Velaba por su bienestar, le cuidaba y no quería que nadie pudiese hablar mal de él por estar con una antigua alumna. Le provocaba tanta ternura, que tuvo que detenerse y dejar de caminar para mirarle a los y tomarle de la mejilla.

—Mi dulce Joahnne… No te preocupes, yo sé perfectamente como defenderme ante cualquier a de las habladurías, preciosa —dijo acariciándole la mejilla —. Ningún rumor tendría porque entrometerse en nuestra felicidad, es cierto que tú eres menor que yo, pero aún así eres mayor de edad. Nadie podría decir nada, no tendrían fundamentos y si lo hacen, pues yo me las arreglaría con ellos.

Fue en ese momento en que le abrazó con ambos brazos y le atrajo hacia su pecho para retenerla por un momento entre sus brazos. Disfrutaba mucho de esa sensación, esa calidez, la suavidad de su piel, la punta de su helada nariz, el aroma de sus cabellos, todo ¡todo en ella era disfrutable! Todo en ella era perfecto.

—Un sitio más apartado, por supuesto, donde nadie nos moleste. Aunque no me importaría ir a tu casa para conocer a tu familia. Haría lo imposible por conseguir las bendiciones de tus padres. Ya verás que todo estará bien, nada ni nadie nos va a separar jamás.

Le apretó aún más fuerte, aunque sin llegar a hacerle daño, para luego darle un poco de espacio y así tomarle de las mejillas y atraer su rostro hasta el suyo con la intención de besarle en los labios.
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