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Serpientes fuera del nido. [Circe A. Masbecth]

Dave Blackshine el Vie Oct 07, 2016 6:39 pm

Sala Común de Slytherin. - 10:20

Vale, es cierto que no me gustaba demasiado relacionarme con gente ni salir demasiado de Hogwarts porque era donde me sentía seguro, era como mi territorio y yo podía controlar la mayoría de las circunstancias a las que me exponía, pero también era cierto que salir de vez en cuando de aquel frío acuario al que le llamábamos Sala Común no estaba del todo mal y aquel fin de semana era lo que me tocaba.  

Bostecé dejando los apuntes a un lado en aquella rígida y desgastada mesa de madera que se encontraba alejada del centro de la sala, junto a una de las grandes ventanas que daban a las profundidades del lago. "Pez, pez, cosa extraña, nada... ¿Qué coño es esto?" Iba diciéndome mentalmente mientras observaba los seres que cruzaban al otro lado del cristal, nadando tranquilamente, esperando ser devorados por otro animal, sin deberes que hacer ni mil mierdas que estudiar. Miré mis apuntes y posteriormente miré a aquel compañero con cara de idiota que pasaba riéndose cual puerco junto a otro.  


- Eh... ¿Hora?  

- Diez y algo... - Dijo y asentí sin mediar más palabra. Recogí mi material, me dirigí al cuarto para guardarlo en el baúl y me dispuse a prepararme para mi corto viaje.  

Había estado hora y media estudiando pociones y en mi mente se habían quedado navegando los crisopos de una de las malditas pociones de aquel manual que en estos momentos tenía tan presente. Mis pies quedaron frente a aquel baúl donde había dejado mis libros y en el que vi aquella pequeña bolsa de bolitas relucientes que miré durante unos instantes antes de recoger la bolsa donde se encontraban y buscar una de color verde oscuro y mate. La que llevaba cuando conocí a la loca con la que había quedado ese día, una loca bastante especial y que había sido culpable de que mi maldad se incrementase en aquellos dos últimos años en los que estuvo a mi lado. Esbocé media sonrisa ante uno de los recuerdos que golpeo mi mente y cambié la bola del piercing de mi lengua por aquella otra. Tras ello fui a los baños a lavar la otra bola y a ducharme. No tardé demasiado y salí de la ducha en la soledad de un baño desértico mientras seguía secándome con aquella oscura toalla que dejé caer al suelo para coger la ropa interior y aquellos pantalones tejanos de color gris. Lo siguiente fue la camiseta blanca a la que sobrepondría una camisa verde. Pasé mi mano por mi cabello dándole algo de forma pero sin preocuparme demasiado del resultado y salí de allí tras coger la toalla para volver al cuarto donde terminé de ponerme los calcetines, unas deportivas y me enfundé en la túnica del colegio para salir de allí. Eran las once menos diez cuando atravesé el muro que me llevaría a las mazmorras y desde allí partí tranquilamente hacia mi lugar de destino.  


----------------------------------------------------

Hogsmade -  11:20


Algo que aprendí aquel día fue que no debía de tirar al fuego las cartas en las que se reflejaban las horas de cuando había quedado con alguien puesto que mi memoria era selectiva para lo que quería y solía querer quedarse solo con algún ingrediente aislado, con todos los nombres de los pokemons que hacia años que no veía o incluso con el numero de verrugas que tenía el profesor de DCAO del segundo año, pero jamás de una hora o de algún elemento importante para un examen. ¿Se podría considerar maldición o incapacidad? Lo mismo podía pedir algún certificado que me diera ventajas o alguna paga. Mis delirios terminaron cuando me encontré con aquella tienda de chuches que obligó a mis pies a detenerse.  

"Dave." Me dije. "Quizá Circe esté esperándote en algún lugar de esta larga calle. También puede ser que te haga esperar porque en realidad quedasteis a las 12 y no a las 11.30". Torcí mis labios hacia el lado izquierdo de mi rostro mientras me debatía en aquel tema tan sumamente difícil sobre la ética y la moral de que debía hacer y tras medio segundo decidí lo más honrado. "Que le peten, las grajeas se gastan, ella y su maldad no."

No tardé demasiado, quizás 10 minutos entre que despacharon a todos los que estaban delante y yo me deleitaba pidiendo diversos tipos de golosinas, entre ellas, muchas grajeas. La sonrisa de niño feliz que llevaba dibujada en el rostro al salir de allí lo decía todo, aquel día había sido el mejor desde hacia una temporada y no había hecho más que empezar. Ahora solo me quedaba buscar a la loca de turno.  

Miré a un lado y a otro y al no verla seguí avanzando por la calle principal de aquel pequeño pueblo a ver si me la encontraba.
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Circe A. Masbecth el Sáb Oct 08, 2016 2:32 pm

Durante sus años en Hogwarts los fines de semana le habían resultado tan indiferentes como cualquier otro día de la semana. Era cierto que no tenía clase y existía esa posibilidad de visitar Hogsmeade, pero tras pasar a su cuarto curso ya tenía aquel pequeño pueblo mágico tan visto que prefería quedarse en los terrenos del castillo o visitando la gran biblioteca con la que contaba Hogwarts. A su vez, la simple idea de ver las mismas caras día sí y día también hacía que los días fuesen iguales sin importar que fuese fin de semana o Navidad.

Ahora que estaba en la Universidad, las cosas eran muy distintas. Y es que no había imaginado que su vida daría un vuelco tan grande en tan poco tiempo. Cuando estudiaba en Hogwarts pensaba que la Universidad no sería muy diferente de sus años en el castillo. Pero ya se había dado cuenta que no podía estar más equivocada.

La Universidad nada tenía que ver con Hogwarts y sus profesores no eran ni remotamente parecidos a los que había tenido durante los siete años previos. La carga de trabajo era desmesurada y no había día en el que no desease llegar a casa para dejarse caer sobre la cama y en apenas unos minutos quedarse profundamente dormida. Vivía cansada. Y si a la Universidad le sumabas los entrenamientos de Quidditch y los partidos oficiales a los que tenía que acudir aunque jugase de suplente, su vida era agotadora.

Por suerte, aún tenía tiempo para mandar alguna que otra carta para ver cómo le iban las cosas a sus amigos y conocidos. Y en cuanto se le presentó la oportunidad de ver a uno de sus antiguos compañeros de Slytherin, no lo pensó dos veces a la hora de acordar hora y lugar para poder verse aquel mismo fin de semana.

Dave era una persona diferente a las que acostumbraba a tener en su círculo de amigos. No era el típico Slytherin con serrín en lugar de cerebro que seguía las órdenes ciegamente de los demás sólo por ganarse una reputación. No era como Ian, quién no pensaba lo que hacía y simplemente seguía los pasos de su mejor amiga. Dave hacía lo que le parecía porque realmente disfrutaba con ello, algo que a Circe le agradaba y por esa misma razón se había fijado en él pocos años atrás.

No eran del mismo curso pero sí lo suficientemente cercanos en edad para poder crear cierta afinidad. Coincidían en la Sala Común y también en el Gran Comedor y en más de una ocasión habían acabado molestando a la misma persona simplemente porque les agradaba hacer sufrir al resto. Circe adoraba las reacciones de los demás, el comportamiento humano era algo que le llamaba sumamente la atención y las reacciones ante estímulos también era algo que le fascinaba, por lo que no era difícil verles juntos molestando a cualquiera que se cruzase en su camino.

Pero aquellos tiempos habían terminado. Ahora estaba en la Universidad y allí no estaba Dave. En su clase ya se había trabajado cuidadosamente una fama de persona inaccesible en todos los sentidos y que estaba por encima del resto. Algo que no le había costado mucho trabajo teniendo en cuenta lo muy creído que se lo tenía y los años que llevaba manteniendo esa imagen ante al resto del mundo.

Aquella mañana volverían los días en los que se divertía molestando a los alumnos de Hogwarts sin importar de quién se tratase. A las once y media debía estar en la puerta de una de las tiendas de Hogsmeade para ver a Dave y pasar la mañana juntos antes del entrenamiento. Sólo había un problema. Y es que se había quedado profundamente dormida y ni el sonido del despertador mágico logro que abriese los ojos.

Pasaban diez veinte de las once cuando la puerta de su dormitorio se abrió, dando paso a la señora Masbecth, quien pasó a apagar el despertador de su hija que brincaba y cantaba por toda la habitación esperando a ser apagado. La mujer, con sumo cuidado, posó la mano sobre el hombro de su hija e intentó despertarla. - ¿Circe? – Preguntó una primera vez. – Circe, cariño, te has quedado dormida. – Añadió la mujer de manera amable. Los ojos de Circe se abrieron de par en par y sin decir palabra alguna brincó de la cama rumbo al baño para empezar a arreglarse.

La señora Masbecth, acostumbrada a la poca simpatía de su hija, se limitó a salir del dormitorio sin mediar palabra mientras su hija comenzaba a arreglarse. Por suerte, no tardó demasiado en arreglarse y tan sólo habían pasado diez minutos de la hora acordada. No era una persona que llegase tarde, pero el cansancio estaba comenzando a tener sus efectos secundarios.

Circe se apareció en mitad de las callejuelas de Hogsmeade, cerca del lugar donde habían quedado pero al no encontrar rastro de Dave, asumió que este se había cansado de esperar y estaría paseando o visitando alguna de las tiendas. Por suerte, logró vislumbrar su figura a pocos metros de donde se encontraba y aceleró el paso en su dirección hasta situarse tras este. Colocó la mano en su hombro y le obligó a girar sobre sí mismo. – Se me quedaron pegadas las sábanas. Como disculpa, te invito a desayunar. – Él ya habría desayunado, pero ella no había podido más que saltar de la cama y aparecerse en aquel lugar. – Vamos por aquí, no quiero cruzarme con medio Hogwarts en Las Tres Escobas. – Añadió mientras doblaba por una de las calles paralelas para así alejarse del bullicio e ir a una cafetería más apartada y tranquila.

Spoiler:
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Dave Blackshine el Lun Oct 10, 2016 12:17 am

Aquella mano hizo que me sobresaltara y me preparase para sacar la varita. Sin embargo, el careto con el que me topé al girar, aquel rostro de una chica guapa y cara angelical que escondía al mismísimo averno. Si, era muy mala persona y le adoraba por ello.  

- ¿Se... - No pude acabar la frase puesto que la chica siguió la caminata mientras explicaba aquel cambio de dirección. Aceleré el paso para alcanzarla.- Cómo iba diciendo. - Retomé mirándole de arriba a abajo. - ¿Se te han pegado las sabanas? Deberías de haberte hecho una con ella, fusionado mínimo, tres horas me has tenido aquí esperando. - Mentí con el ceño fruncido antes de comenzar a reírme y estudiar por donde íbamos. - Por cierto vas demasiado guapa para la ocasión, se ve que ser universitaria te sienta bien, ya no parece que vas a recolectar patatas al campo.  

Aquellas palabras fueron con cierto retintín, un tono burlesco que ocultaba el anhelo de tenerla por la Sala Común deambulando y buscando como joder a algún pobre desgraciado de esos que tantos podías encontrar en Hogwarts y que, aunque sonara cruel, nos encantaba hacerlos más desgraciados aún, o eso esperaba puesto que muchos decían que la universidad te cambiaba por completo, y eso era algo en lo que había estado pensando porque ¿y si aquella Circe con la que pasaba horas jodiendo a gente ahora había cambiado y era una de esas muggles que se llaman monjas, que no hacen nada y solo se encomiendan a... a... dios? ¿Era dios como le llamaban? Bueno me daba lo mismo, pero si había cambiado, hoy era el día de traerla de vuelta y eso solo lo podría conseguir cruzándonos con algún atontado con el que meternos.  

- Por cierto, yo también me alegro de verte un montón, cacho perra. - Le recriminé alzando una ceja y aprovechando para quitarme la dichosa túnica.- ¿Qué tal por la uni? ¿Te has vuelto más mala o te estas reinsertando en la sociedad? - Me burlé.  

La miraba de reojo mientras andaba a su lado. Mi sonrisa traviesa estaba dibujada en mis labios por primera vez en aquel año, por fin estaba con alguien con la que verdaderamente podía divertirme  y ser yo mismo, o al menos hasta el año pasado. Mi interior buscó dejar de pensar en aquel tema, Circe no podía haber cambiado, era una Slytherin y lo sería por siempre.



Llevaba la túnica echada en el hombro y había introducido mi mano en los bolsillo del pantalón mientras mis pasos eran guiados por los de ella. Aproveché para estudiar con un ligero vistazo aquella calle, no había pasado por allí en mi puñetera vida. Bueno, siendo sinceros, había estado allí tres o cuatro veces contadas y había sido para ir al Tres Escobas y las tiendas de chuches así que ahora me encontraba a merced de la antigua serpiente, solo esperaba que no estuviese demasiado lejos, puesto que el ejercicio mañanero me gustaba poco. Sin embargo, y todo hay que decirlo, el factor "segundo desayuno gratis" me haría no quejarme hasta cinco minutos más allá. - A todo esto, ¿quieres chuches? - Pregunté ofreciéndole la bolsa.
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Circe A. Masbecth el Mar Oct 11, 2016 12:58 pm

Surgió de la nada en mitad de la calle principal y no recibió ninguna mirada de asombro. Los magos estaban tan acostumbrados a que otros magos apareciesen de la nada que ya no había margen para la sorpresa. Algo que, en un futuro, era posible que acabase por jugándoles una mala pasada. Una de las cosas que Circe había aprendido con los años era a permanecer siempre alerta y, aquellos magos, parecían demasiado confiados con los tiempos de paz que corrían en aquel momento.

Dave, por su parte, si pareció sorprenderse al notar una mano sobre su hombro, por lo que Circe sonrió al ver que era una de las pocas personas en aquel lugar con más de dos dedos de frente. - ¿Qué quieres que le haga? La cama es mucho mejor compañía que tú, sólo he venido porque no había nada de desayunar en mi casa. – Mintió siguiéndole el juego al chico mientras ambos caminaban por una de las calles secundarias de Hogsmeade. – Gracias, se nota que menosprecias la ocasión de quedar contigo. Sé que tampoco eres nadie del otro mundo pero yo siempre voy guapa, contigo no iba a ser menos. – Enarcó una ceja. No iba a contestarle a la comparación con una campesina que iba al campo para humillarse agachándose a coger patatas y mancharse hasta ese atuendo de pordiosera que pudiese llevar en aquel momento. Si algo caracterizaba a Circe Masbecth era su amor propio, y ese amor propio iba de la mano con ir perfectamente arreglada en todo momento. Hasta sus pijamas eran bonitos e iban conjuntados.

Caminaron hasta llegar a un local más apartado de la calle principal del pueblo. Por aquellas calles secundarias tan solo se escuchaba el bullicio de las principales pero no había una cantidad desmesurada de personas como en el resto de lugares. Era tranquilo y apenas transitado, lo cual le agradaba a Circe, la cual no se caracterizaba precisamente por adorar estar rodeada de gente que le importaba incluso menos que la demencia senil de Albus Dumbledore.

- No esperaba menos, Dave. Si no te alegrases de verme serías uno de esos despreciables con los que me meto las veinticuatro horas del día. – Y es que Circe podía llegar a ser un encanto si se lo proponía con las personas que tenían su simpatía, o al menos, algo agradable; pero en lo referente al resto… Sería mejor que se alejasen si no querían acabar pasando un mal rato, y es que la rubia carecía de filtro alguno a la hora de hablar. – No sé cómo has podido vivir sin mi durante tanto tiempo. Yo si no me miro cada cinco minutos en el espejo ya me echo de menos. – Lo cierto es que era verdad, pero no por echarse de menos, sino porque era una maldita egocéntrica.

La sociedad debería reinsertarse a mi personalidad, sino no creo que haya manera alguna de que logremos encajar. – Era cierto. Su carácter era demasiado complicado para estar con gente. Pero el ser humano es un ser sociable por naturaleza y o bien necesitaba al mundo para no volverse loca o bien era simplemente para alimentar a su ego. – La universidad está bien. – Hizo una pausa. – Es diferente a Hogwarts. Eso de no vivir en un castillo rodeada de deficientes mentales es maravilloso. Pero tengo que decir que echo de menos la Sala Común y la Biblioteca. Tenemos una, pero está demasiado llena de gente a todas horas. – Pues Circe siempre había recurrido a la biblioteca como si de un templo se tratase para esconderse del mundo y no tener que estar socializando. – Y las clases no están mal tampoco. Los profesores son mejores que los de Hogwarts, eso está claro. Pero son demasiadas asignaturas y encima algunos días entreno con las Arpías de Holyhead… Realmente no sé como tengo tiempo para seguir siendo una zorra. – Dibujó una sonrisa ladina para acompañar aquellas palabras. Y es que en el poco tiempo que llevaba en la Universidad ya había creado un círculo cercano de personas fáciles de manipular y otro más amplio (que prácticamente englobaba a todo aquel que se cruzase en su camino) de personas a las que sacar de quicio.

- No, gracias. – Rechazó el ofrecimiento de dulces y abrió la puerta hacia el interior del local. En su exterior, era un local bastante deteriorado que contrastaba con cualquier lugar donde pudieses ver entrar a Circe Masbecth, pero en su interior era muy diferente. El suelo era de piedra marrón y las paredes de un tono más claro. Había una barra creada con las mismas piedras del suelo  con la repisa de madera y, a su alrededor varios taburetes de madera. Se trataba de un espacio amplio con sillas y mesas de diferentes tonalidades, formas y tejidos, y al final de la barra podía verse la cocina donde una mujer movía la varita de un lado a otro ordenando los ingredientes para cocinar. – Prefiero desayunar comida que dulces. – Afirmó la rubia una vez en el interior del local, donde había gran número de magos pero nada comparable con Las Tres Escobas. - ¡Rose! – Gritó Circe una vez estuvieron en la barra. La bruja del interior del local se giró para mirarles y dibujó una amplia sonrisa al ver a Circe. – Cuando puedas ponnos dos desayunos. El mío con zumo de naranja. – Miró a Dave por si quería añadir algo en su pedido y, cuando la bruja hubo afirmado con la cabeza, fueron en dirección a la zona de mesas. - ¿Y qué tal van las cosas por Hogwarts?
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Dave Blackshine el Dom Oct 16, 2016 12:05 pm

La astucia y la lengua viperina que poseía no había cambiado, contestaba a todos mis argumentos de aquella manera que me hacía reír, disfrutar de una buena y fantástica charla cariñosa en la que aún estaban por salir insultos.  

Mis pasos seguían su camino mientras le atendía con atención. En primer lugar, era cierto que me pasé el verano preguntándome como iba a sobrevivir sin ella en el castillo y el como podía haber vivido tantos años sin conocerla, pero bueno, también era cierto que si la hubiese conocido con anterioridad quizá me hubiera vuelto majara del todo puesto que ella no me parecía una persona cuerda del todo por ciertos actos en los que diferíamos.  

Reí suavemente ante el comentario sobre reinsertar la sociedad en su personalidad. - Aún puedes meterte a gobernadora. - Bromeé y la información sobre la universidad vino posteriormente. La descripción fue tal y como predecía, sobretodo en el aspecto relacionado con los profesores, tan solo había que ver a la Pelos o al profesor de DCAO que parecía querer reducir el número de alumnos a base de lesionarnos o matarnos.  

Otro factor importante era mi miedo a la universidad, al año que viene y a todo lo relacionado con seguir estudiando, no quería, pero parecía que no me quedaba otra opción. Todo pensamiento vatió sus alas y se alejó de mi consciente cuando aquella frase alcanzó mis oídos; " Realmente no sé como tengo tiempo para seguir siendo una zorra." Reí a carcajadas ante ella.  

Ante el rechazo de mis dulces, anudé la bolsa y la introduje en el bolsillo de mi pantalón para seguir comiendo después y poder observar así el magnífico sitio donde me había traído. Mi mueca de confusión y cierto asco lo decía todo. Sin embargo, no hablé, si Circe me había llevado a este lugar debía de ser por algo, aunque pareciese que nos fuesen a violar, robar, matar y después vender nuestros órganos para hacer algún tipo de poción prohibida y de la que aún no era conocedor. Efectivamente, mis suposiciones eran ciertas, no las de violarnos y tal, no, me refiero a las de que aquel lugar debía de tener algo. Su interior escondía algo que me dejó con la boca semiabierta. Era cierto que era mago y que debería haberme acostumbrado ya a ese tipo de cosas, pero era algo tan contrario que daba por seguro que jamás me acostumbraría a ello.  

Estudié el interior de aquel lugar, el olor era agradable y el ambiente invitaba a quedarse. Observé las luces de aquel lugar, la cocinera al otro lado de la barra utilizando su magia y posteriormente observé las mesas y las paredes del lugar mientras Circe decía algo a lo que no prestaba atención puesto que la conversación de un pequeño trio, que se encontraban cerca de nuestro camino, me hizo centrarme en ella hasta que mi compañera grito asustándome. - ¿Q-qué? - Murmuré intentando hallar una respuesta a lo que pasaba. No tardé en comprenderlo. Debía dejar atrás aquella mala costumbre de centrarme en un solo estímulo y obviar el resto o algún día acabaría despeñándome por algún precipicio de la manera más estúpida. La barra se encontraba a pocos centímetros delante de mi y si la ex serpiente no hubiese gritado me habría chocado con ella.  

- Yo... Un batido de chocolate. - Pedí sin pensármelo demasiado y posteriormente seguí de nuevo a Circe hacia una de aquellas mesas. - ¿Por Hogwarts? - Repetí con una mueca.- Pues las cosas no han cambiado demasiado, quitando que encontraron a Padmara en los baños con Laira dándole al tema. - Mi mano derecha acariciaba mi mejilla izquierda descendiendo hacia el mentón. - También hay rumores de distintos líos entre alumnos y profesores, parece que la noticia del corazón de bruja ha revolucionado a la peña y ahora todos están con todos. No sé, imagino que serán rumores excepto el que publicaron en la revista. ¿Lo leíste? Me estuve descojonando durante un rato cuando me enteré, tía que el puto crío era más feo que un elfo tuerto. Por cierto, la Pelos aún no ha muerto por lo que este año la tendremos otra vez dando clases, que puta pereza tía, a ver si puedo librarme de alguna porque es una tortura estar desperdiciando mi tiempo en ver "el futuro". - Aquella última palabra fue acompañada con aquel tono sarcástico y la apertura exagerada de mis ojos que volvieron a entrecerrarse mientras mi codo se apoyaba en la mesa en la que nos habíamos sentado. Suspiré.  

Nuestro pedido llegó y yo me reincorporé para no molestar a aquella mujer en su tarea de dejar los desayunos en la mesa. Yo aproveché para buscar algo en el bolsillo de mi túnica, que en esos momentos se encontraba sobre el respaldo de la silla en la que yo estaba sentado. Fue aquel pequeño bote con líquido transparente lo que obtuve y eché dos gotas en mi batido cuando la camarera se hubo marchado.  

- Por cierto, dentro de poco es la fiesta de Halloween, podrías colarte. - Le comenté con aquella sonrisa picará con la que solía lanzar los retos. Cerré el recipiente con el líquido y lo volví a guardar. - ¿Y que tal con las Arpías de Holyhead? ¿Son buenas jugadoras o te las cargarás para renovar el equipo?  
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Circe A. Masbecth el Dom Oct 16, 2016 7:57 pm

Gobernar el mundo era algo que en cierta medida podía llamar su atención. Era una persona a la que le gustaba dar órdenes y tener todo a su gusto, por lo que no estaría del todo mal. Era tan sólo una idea hipotética, claro está. Pero eso no quitaba que la posibilidad de soñar despierta existiese en aquel preciso instante. – Mmmm… Casi mejor dictadora, ¿No? – Soltó una leve carcajada. – Gobernar implica tener que pensar un poco en el resto y en qué sería mejor para ellos. Sabes de sobra que eso no es mi punto fuerte. – Técnicamente, tenía que ver con lo que había dicho, pero en la realidad ya se sabía que el que gobernaba se movía bajo sus propios intereses y referente al resto del mundo quedaba regalado a un segundo plano que, de ser tan segundo, apenas tenía importancia.

Siguieron caminando hasta uno de los locales más apartados de la zona principal, algo que a Circe siempre le había fascinado por no estar lleno de críos. Y es que desde bien pequeña había considerado crío a cualquiera menos a ella misma aunque apenas superase los trece años de edad pro aquel entonces.

El lugar no tardó en mostrar que era muy diferente a como aparentaba. Y es que no tenía nada que ver con lo que parecía ser desde el exterior. Las ventanas estaban en mal estado y una de ellas incluso tapiada, la puerta parecía que en cualquier momento iba a romperse en mil pedazos o que de tocarla acabarías pareciendo un puercoespín con la cantidad de astillas que te clavarias. Pero, fuera de lo que aparentaba, era un sitio totalmente normal.

Tras hacer su correspondiente pedido esperó a que un distraído Dave volviese a la tierra para pedir un batido de chocolate antes de continuar hablando. En parte, echaba de menos Hogwarts, aunque tenía que decir que la vida fuera de aquel castillo era mil veces mejor de lo que había imaginado en un primer momento. – Siempre hay líos entre alumnos y profesores. – Rodó los ojos. Había algunos que habían resultado ser ciertos, todo había que decirlo. Pero ninguno de los que Circe conocía seguía en pie. – Ah, por favor, ¿Cómo la gente puede creerse lo que publican en esa revista? A ver, es cierto que sin duda soy más atractiva que cualquier otra persona, pero el resto… Bueno, lo de Ian y la de prácticas era cierto. – Eso lo había mandado ella, y tenía que decir que se había quedado con cara de paisaje cuando Ian se lo había contado. – Eso o Ian tiene una imaginación prodigiosa. Que también es probable. Pero suele ser sincero conmigo.

El descubrir que el cuerpo de profesores de Hogwarts apenas había cambiado no fue ninguna sorpresa. Y el ver que aquella mujer ya entrada en años seguía ejerciendo esa… ¿Asignatura? Sí, podía denominarse como tal. Tampoco era una gran sorpresa. – Entre esa loca dando Adivinación, mi hermano el subnormal dando Herbología y Dumbledore a la cabeza no sé cómo ese colegio sigue en pie. Creo que nuestros padres no tienen en muy alta estima el valor de nuestra educación, sino nos llevarían a colegios con un personal mejor cualificado. – Era cierto que la carta de Hogwarts llegaba precisamente por el lugar donde vivías. Pero había casos donde alumnos habían sido trasladados de un centro a otro y Circe dudaba mucho que todos los colegios del Mundo Mágico tuviesen un personal tan variopinto. – Adivinación es una tontería. ¿En serio alguien puede creer esa tontería del futuro? Que puede predecirse… Todavía, pero no encuentro sentido a que venga marcado y no pueda cambiarse. Para eso no haces nada con tu vida, total, el futuro ya está escrito. – Dijo aquello último con un tono algo más lúgubre como si realmente creyese que verdaderamente todo estaba marcado desde el comienzo de los tiempos aún cuando ni tus padres habían nacido.

Ya sentados en un espacio tranquilo y lejos de la barra, su pedido llegó. Este se limitaba a la bebida que ambos habían pedido y dos tostadas de pan redondo para cada uno. Luego, la camarera les llevó una variedad de siropes, dulces y salados que podían echar a su tostada. Circe optó por usar tomate, sal y aceite mientras ambos hablaban. - ¿Hablas en serio? Prefiero mil veces ir a la fiesta del Ministerio de Magia. ¿Por qué no te escapas tú de ese antro y vienes conmigo? – Preguntó sonriente antes de dar un trago al zumo. – Mmm… Juegan bien, pero se lo tienen demasiado creído. No son ni de lejos el mejor equipo del Quidditch profesional pero son lo mejor para empezar. Aunque al ser la nueva por ahora sigo de suplente, ya veremos cuando la temporada vaya avanzando. Si veo que no me pasan a primera línea… Sí, posiblemente al menos tenga que quitar de en medio a la guardiana. – Dijo con tono bromista. Aunque realmente se lo planteaba como opción. - ¿Y qué diablos acabas de echarte en la bebida? – Preguntó sin saber qué era aquel frasquito que Dave acababa de guardar.
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Dave Blackshine el Lun Oct 17, 2016 11:26 pm

Jamás había pensando en la empatía que debía de tener un gobernador hasta ese día en el que Circe me hizo ver que si ella llegase al poder, el mundo caería en picado hacia algún agujero negro de vicio y violencia. No pintaba tan mal.  

Su afirmación sobre los líos entre alumnos y profesores me sorprendió, era algo que no tenía presente en mi listas de cosas que se podían hacer en Hogwarts y la lista no era precisamente pequeña. Sin embargo, me parecía tan aberrante el tener relaciones con un profesor que solo de pensarlo se me ponía la piel de gallina. Obvie mis pelos en cuanto comenzó a criticar aquella revista que no servía más que de comidilla para las locazas de la escuela y para que yo encontrase nuevos chismes con los que joder al personal. En cierto modo estaba bastante bien.  

Observé como se llenaba la boca diciendo que era la más atractiva del planeta tierra y algo dentro de mi gritó "¡fantasma!" y mi gesto de incredulidad se encargó de reflejar que quizá se estaba pasando un poco. - A ver... Yo te veo muy guapa, pero tampoco nos pasemos pedazo de creída de los cojones. - Acabé diciendo sin poder contenerme y entonces reí. - Y ¿Cómo que suele ser sincero contigo? ¿Tu lo sabías? - Mi sonrisa traviesa apareció de un gesto de concentración que intentaba atar cabos. - ¿Por cuanto vendiste la exclusiva, zorrón? - Le pregunté bromeando.  

La siguiente respuesta de Circe me hizo darle la razón con la cabeza mientras pensaba en su hermano, el profesor de herbología que acabaría matándonos en el bosque prohibido pero que en parte me parecía genial. Quise reivindicar esto pero volvió a atacar a la clase de adivinación.  

- En eso tienes razón, tía. Es una pérdida de tiempo. - Comenté contemplando sus palabras, algo que también había pensado yo con anterioridad y por lo que me solía dormir la mayoría de clases. - No hace falta que lo jures, ya sabes que me echo la siesta cada vez que nos toca ir a esa clase. - Bromeé intentando quitar sarro a aquellas palabras que viajaron con aquel extraño tono.  

Circe era una chica maja si le caías bien, pero a veces tenía ciertas pinceladas extrañas, como un lienzo en el que ocultas algo con otra capa de pintura. Pero ella era un continuo de capas de pintura ocultas bajo otras capas que la convertían en un ser misterioso y que parecía que no alcanzaría a conocer al cien por cien. O esa era mi sensación.  

Su propuesta ante la escapada a la fiesta del Ministerio de Magia sonaba tan genial que me costó buscar una excusa que no fuese la verdadera. - Eso estaría bien pero, es mi último año en Hogwarts y tengo que aprovechar para joderlos a todos bien, quiero montar una buena para que todos se acuerden del apellido Blackshine. - En parte era cierto, quería liarla pero sabía que no era la verdadera razón, sino que aquel día me pasaría esperando la carta de felicitación de mi hermano y mi padre, lo único que salvaría al colegio de que les jodiera aún más de lo que pretendía.  

Tras mi contestación escuché atento su maravilloso relato sobre aquel equipo que en realidad no me importaba una mierda, como todo lo relacionado con el Quidditch, pero era mi amiga y no iba a cortarle a la mitad. Reí ante la posibilidad de escoñar a la loca de aquella guardiana, aunque no sabía que coño hacia una guardiana. Imagino que guardar los aros que se alzaban en el campo. Fui asintiendo con una sonrisa más falsa que la peluca de la Pelos y acabé separando los labios para hablar.

- Es todo muy interesante. - Mentí.- Pero en cierto modo solo me interesaba que me dijeras que bien, te enrollas más que una persiana muggle cuando solo necesitaba saber si tendría que partirle la escoba a alguien mientras volaba. - Confesé con aquel tono sarcástico. - Y esto es... Una poción que he intercambiado con otro alumno, se supone que elimina los componentes que me dañan por ser intolerante a la lactosa. Por ahora ha funcionado. - Le comenté antes de darle un trago al batido. - Que rico... - Parecía un crío con su trocito de chocolate, pero es que si algo me perdía era lo dulce. - A todo esto tía, he escuchado que hay movimientos de mortífagos por Hogsmade, ¿sabes algo? - Le pregunté bajando la voz e inclinándome hacia ella. - Seguramente sea algún embuste de los criajos pequeños de la casa pero quería saber... Si era cierto. - Había algo que siempre me había llamado de aquel grupo, de aquella facción o de aquellos terroristas, como quisieras llamarlos.
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Circe A. Masbecth el Vie Oct 21, 2016 7:30 pm

Tenía un ego de tales magnitudes que a veces dudaba que fuese posible tener tanto ego. Pero ahí estaba, alardeando de él como cualquier otro día sin importarle lo que cualquier otro pudiese llegar a pensar al respecto. - ¿Cómo que tampoco nos pasemos? Por favor. – Se limitó a decir negando con la cabeza antes de romper a reír junto con Dave.

En lo referente  a Ian… Claro que lo sabía. Ian era incapaz de no alardear de una de sus conquistas y más cuando esta se había producido en Hogwarts. Sin duda, era algo que Circe debía hacer conocer al resto del Mundo Mágico para asegurarse que aquella mujer no consiguiese un trabajo digno de la profesión que soñaba. ¿Por qué? Porque una profesora en prácticas no puede ir por ahí acostándose con sus alumnos por muy desesperada que esté. – Ni que necesitase el dinero de la exclusiva para algo. Lo hice por el bien del mundo, a veces puedo llegar a ser un alma cándida y caritativa. – Parpadeó exageradamente para darle a su apariencia un aire angelical de lo más fingido. – O más bien porque aquella zorra me caía mal y no merecía encontrar un maldito empleo en su vida después de acostarse con un alumno. Y al mismo tiempo, ayudo al ego de Ian a crecer porque todo el mundo sabe que se tiró a una de sus profesoras. – Cuando Circe hacía algo, era porque esperaba ver las consecuencias. No actuaba sin razones, sino que realmente buscaba que estas fuesen las adecuadas para así dirigir cada una de sus decisiones.

No se lo iba a discutir. Disfrutar del último año de Hogwarts era algo que a Circe le parecía una gran opción. La fiesta del Ministerio estaría bien, no le cabía duda alguna, pero si estuviese en la posición de Dave también optaría por quedarse en el castillo para disfrutar de una fiesta a la que no podría volver a acudir en lo que le restaba de vida. – Eso espero, al parecer ahora la fama de los Slytherin está quedando por los suelos. Tanta buena persona en nuestra casa me da ardor de estómago. – Circe nunca había sido el tipo de Slytherin que se metía con los nacidos de muggles como debían hacer según los criterios de selección del propio Salazar Slytherin. Pero tampoco era un alma cándida que tratase bien a las personas. Indiferentemente de quién fuesen, de dónde viniesen o quiénes fueran sus padres, Circe tenía asegurado que se metería con ellos.

Una vez hicieron sus correspondientes pedidos, ambos chicos pasaron a sentarse en una de las mesas y Circe no lo dudó dos veces a la hora de preguntarle a Dave por aquello que acababa de verter en su bebida.  – No tenía ni idea de que lo fueras. – Admitió con cierta indiferencia mientras comenzaba a partir con el tenedor y el cuchillo su tostada.

Dio un trago de zumo mientras escuchaba la voz de Dave preguntando sobre los Mortífagos y se lo tomó con total tranquilidad. No sabía a ciencia cierta cuáles eran los intereses de Dave respecto a aquel tema, pero no iba a arriesgarse a dar la cara cuando no sabía realmente si estaba a favor o en contra de estos. Le consideraba algo similar a un amigo, una persona cercana en la que confiaba vagamente. Pero no podía arriesgarse tan fácilmente. – Los Mortífagos están desaparecidos. Con la llegada de la nueva Ministra de Magia muchos han sido encarcelados y el resto ha pasado a esconderse antes de acabar también en Azkaban. – Argumentó la chica antes de llevarse otro pedazo de tostada a la boca. Masticó y tragó con toda la tranquilidad del mundo antes de seguir contestando. – Los críos eso se lo habrán inventado. Eso o tienen ganas de que termine este periodo de paz y tienen tantas ilusiones puestas en ello que se imaginan cosas. Los niños de hoy en día son más gilipollas de lo que pensaba que fuese posible. No quiero imaginar lo que serán cuando lleguen a la adolescencia. - Dio un corto trago al zumo y miró directamente a Dave. - O quizá eres tú el que tiene ganas de que vuelvan.
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Dave Blackshine el Sáb Oct 22, 2016 11:22 pm

¡¿Por el bien del mundo?! Aquello me obligó a poner la cara de incredulidad más exagerada que jamás habría puesto antes y tras ella la dulce verdad llegó a mis oídos haciéndome reír mientras negaba con la cabeza. - No tienes remedio... - Añadí sin comprender demasiado en que podría aumentar el ego de un tío por tirarse a una profesora. También era verdad que el sexo nunca me había parecido algo para recrearse ante el mundo pero parecía que la sociedad si que lo veía así. - Podría tirarse a "La Pelos"... Eso que nos quita del medio. - Ya puestos a tirarse profesoras para subir su fama, que lo hiciese por el bien del mundo.

Circe tenía razón, en parte. Actualmente había mucha gente caritativa, demasiados sin maldad y faltaban malas ideas, travesuras y diversión a base del sufrir de otros pero también era culpa de la inutilidad de muchos de aquellos ridículos personajes que me rodeaban y a los que hubiese lanzado a los hornos de las cocinas. Afirmé con mi ceja alzada mostrando mi resignación y ocultando ciertas cosas que había estando sintiendo aquel año y a finales del anterior, me estaba ablandando demasiado y eso me asustaba. Necesitaba que Circe volviese. ¿Podría raptarla para volver a ser el mismo?

Mi vaso se detuvo cerca de mis labios cuando me respondió sobre los mortífagos. Mi atención ante el tema hizo que perdiera la concentración para todo lo que no fuese asimilar la información de la chica, una información que resultó decepcionante y bajando la mirada hacia la mesa bebí tranquilamente. Sus palabras seguían fluyendo como el líquido por mi gaznate. Dejé de beber y lo posé sobre la superficie que dejé de contemplar cuando ella lanzó la pelota a mi patio de aquella manera acusadora que me incomodó. Mis pupilas se clavaron en las suyas, asustado y posteriormente apuntaron hacia el suelo, a la lejanía de nuestra posición.

- Y-yo no... ¿Por qué dices eso, Circe? - Me acababa de meter en un pequeño lío por no medir mis palabras, por no tener en cuenta que Circe no era como la mayoría de los retrasados que me rodeaban. Eso también incluía que podía confiar en ella, pero quizás aquel asunto se escapaba de toda amistad y sabía que no dudaría en venderme. Pero aún podía jugar con cierto elemento. - Circe... Y-yo... - Volví a mirarle a los ojos mientras me mordía el labio inferior.- No sé porque pero llevo un tiempo pensando en ellos... No es que me quiera unir ni nada de eso... Es solo que, quizá tengan una forma de pensar distinta a la del resto, como nosotros, no encajamos por eso. ¿Y si ellos fuesen así? ¿Y si en realidad persiguen algo que importante y no solo las bajas con los ojos cerrados? - Mis palabras aparecían en un tono lo suficientemente bajo para que no lo escuchasen las mesas contiguas. - ¿Estoy loco? Quizás estoy demasiado sensiblero... No sé. Mejor no me hagas caso. - Terminé alegando mientras me echaba en la silla y miraba aquel tres de corazones que acababa de sacar de mi manga y con el que empecé a jugar. Fue un suspiro y una media sonrisa la que le siguieron a esto.
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Circe A. Masbecth el Dom Oct 23, 2016 11:56 am

Circe consideraba que llegada a una edad la gente no podía tener expectativas sexuales, especialmente ese tipo de personas que son desagradables. Un claro ejemplo, era esa profesora. Aunque bajo su criterio, más de una persona no debería haber conocido jamás lo que es el sexo y, sorprendentemente lo lograban. Eso se debía a que las personas desagradables se juntaban entre ellas para poder experimentar lo que era, pues sino no encontraba respuesta alguna. – Tiene el listón bajo como para tirarse a alguna de Hufflepuff con los dientes de conejo, pero no como para tirarse a semejante esperpento. Esa mujer es una fusión entre una momia un payaso de circo. Y me refiero tanto a su pelo como a su maquillaje. – Era el ejemplo claro de cómo debía ser un profesor de Adivinación. Era una persona que no hacía falta que abriese la boca para prejuzgarla rápidamente. Y Circe era experta en prejuzgar al resto, aunque también en seguirles juzgando durante el resto de su miserable existencia.

El tema de los mortífagos era algo difícil. No se podía hablar con cualquiera de aquel tema y mucho menos en un lugar público. Circe sabía a ciencia cierta que las personas tenían esa magnífica habilidad de meter las narices donde no les llamaban, especialmente cuando estas conversaciones parecían medianamente interesantes. Por lo que apostaba incluso un mechón de su pelo a que una oreja ajena estaba puesta en su conversación sin que ellos se diesen cuenta.

No contestó a Dave. Al menos, no inmediatamente. Dejó que este formase sus propias conclusiones en su cabeza respecto a su afirmación y se limitó a seguir con su desayuno hasta que este se terminó. Dejó un pedazo de pan sobre el plato y no tardó en acabar con el contenido del zumo de naranja, el cual le había durado más de lo habitual.  - ¿Demasiado sensible, Dave? – Preguntó la rubia alzando sendas cejas que no mostraban para nada un gesto de sorpresa. – Esas personas pretenden erradicar a todo aquel que no piense como ellos y que no sea como ellos. ¿Estás de acuerdo con sus creencias? – Preguntó colocando sendos brazos sobre la mesa y apoyándose en esta. – Estoy de acuerdo. No encajamos, no voy a discutírtelo. Pero yo al menos no pienso que un sangre sucia sea más despreciable que un sangre limpia solo por cómo es su sangre. Te aseguro que conozco tanto sangre sucias como sangre limpias que son jodidamente gilipollas y no les influye que sangre tengan o dejen de tener. – Un ejemplo claro era Zack Dankworth, quien demostraba con creces que se podía pertenecer a un antiguo linaje de sangre limpia y se podía ser al mismo tiempo la persona más deficiente mental sobre la faz de la tierra. – Y si ahora quieres seguir hablando del tema, será mejor que nos marchemos de aquí.

Dejó un par de galeones sobre la mesa dando por pagado el desayuno y salió de allí junto con Dave. En cuanto se hubieron alejado lo suficiente del resto de personas y parecía que estaban en un lugar más tranquilo, Circe empujó a Dave con fuerza al interior de un callejón. Elevó su brazo y lo colocó a la altura de la garganta del chico al tiempo que le obligaba a golpear la espalda con una de las paredes de piedra del callejón. Con la mano libre, sujetaba la varita a pocos centímetros del rostro de Dave. – Si vas a ir por ahí diciendo ese tipo de cosas deberías estar más atento a quien nos escucha. – Acto seguido bajó al brazo y dejó libre a Dave, lanzando un hechizo a lo que parecía ser la nada.

Precisamente esa “nada” emitió un grito ahogado e instantes después dejó de no ser nada a ser algo. Dio paso a un chico de apenas veinte años con algo de barba cubriendo su rostro, un abrigo gris y un gorro rojo que tapaba su cabello. El chico cayó al suelo ante el impacto del hechizo y Circe no tardó en desarmarlo, haciendo que su varita saliese despedida a varios metros de distancia. – Coge su varita, Dave. – Afirmó la rubia sin dejar de mirar al chico. - ¿Qué hacías siguiéndonos? – Preguntó la rubia ladeando la cabeza. Sabía la respuesta, pero aún así quería oírla de sus labios.
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Dave Blackshine el Dom Oct 23, 2016 7:22 pm

Circe quizás no era la mejor persona en la faz de la tierra, pero si era inteligente y sus palabras solían ser útiles a la hora de aprender, de coger información y de tener en cuenta en cada momento. Eso era algo que había entendido hacía mucho y por ello debía andarme también con mucho cuidado. Si quedaba algún cabo suelto podría acabar verdaderamente jodido.  

Ante su primera pregunta, al oír la palabra sensible algo impactó en mi mente como si lo que había dicho fuese real, como si verdaderamente estuviese tambaleándome más de la cuenta, pero no estaba sensible, seguía tan tosco y rudo como siempre, solo que ahora era más difícil mantener mi camino. Eso no era estar sensible... ¿o si? Sus siguientes palabras me obligaron a fruncir el ceño y ladear la cabeza como si estuviese pensándomelo, me encogí de hombros inocentemente sin mirarle pero noté como cambiaba de posición. Le miré de reojo y algo me alertó de ella y temí que hiciese algo por lo que retiré mi mano derecha de la mesa y la puse sobre mi pierna derecha mientras la izquierda jugueteaba con la carta que había dejado sobre la madera. Escuché alerta sus alegaciones y tenía razón, pero algo debía de haber detrás de todo aquello, no podía ser solo aquello. Era cierto que la diferenciación de la sangre era absurda pero me parecía tan raro que todo se limitase a eso. ¿Cómo podría haber tantos mortífagos si solo se basaba en eso? ¿En serio la sangre lo era todo para ellos? ¿Esos eran sus ideales? Torcí mis labios y arrugué mi nariz creando una mueca que dejaba claro que no sabía que decir, pero las preguntas emanaban una tras otra desde lo más profundo de mi. Necesitaba respuestas y entonces fui a preguntar otra vez, mis labios se separaron pero me calló el movimiento de los suyos. ¿Estaba dispuesta a seguir con aquel tema? ¿Y por qué no aquí? Estábamos hablando solamente de una banda terrorista, un adolescente curioso y una chica que le contestaba para disuadirle de que no eran más que enemigos, personas equivocadas. ¿Había algo más? ¿Había conseguido llegar a algo?  

Asentí y me levanté para ir tras ella, dejando atrás el edificio ruinoso en el que me había metido. La distancia con la multitud se incrementaba y el silencio de la chica inquietaba lo suficiente para creer que me había metido en un lío que me llevaría a donde estaba deseando.
 
- Ci...- Mis palabras se detuvieron ante el empujón que me impulsó al interior de aquel callejón en el que me atrapó. Notaba su brazo apretar mi garganta y su mis pupilas se clavaron en la varita que me apuntaba de forma amenazante, para viajar, tras unos segundos, a los bonitos ojos de mi agresora. Respiraba agitadamente, mi rostro reflejaba dolor y mis manos se elevaron a la altura de mis hombros, mostrando las palmas. Me rendía. - C-Circe por favor... - Supliqué mientras sonreía para mis adentros.

Aquella postura era favorable para mi, si la chica dudaba en atacar podría atrapar la mano que sostenía la varita, imposibilitar el movimiento y el siguiente golpe sería bajo sus costillas. Ganaría aquel combate por fuerza bruta, conseguiría la información. Sin embargo, si no dudaba podría perder la cabeza. La balanza estaba en una posición interesante y parecía que finalmente había conseguido algo. Su advertencia para que tuviese cuidado sobre cuando hablaba de aquel tema parecía favorecer a mi hipótesis:

Si la chica hubiese sido afín a Dumbledore y a la Orden, ¿por qué debería de actuar así? ¿Por qué no simplemente catalogar a los Mortífagos negativamente y hacerme olvidar aquella estúpida idea que por mi mismo daba por descartada? Sin embargo, si apoyase al bando de Vodemort, probablemente lo que dijo en la cafetería solo hubiese sido para que nadie pudiese escuchar y ahora me diría algo interesante, o eso o estaba ignorando algo y me había ganado la paliza del siglo.

La libertad proporcionada me indicó que lo de la paliza no iba a cumplirse o se posponía durante un rato mientras ella se ocupaba de lanzar hechizos hacia el vacío porque le molaba, al menos eso fue lo que pensé hasta que el gruñido de algo sonó allí, en la nada y apareció un tipo especial. Observé el recorrido de aquella bonita varita que seguramente me tocase recoger y pensé en lo acojonante que era Circe cuando le tocaban las narices.  

- Ya... Lo sabía. - Dije avanzando algunos pasos y mirándola con pesadez mientras rotaba sobre mis pies para avanzar de espaldas hacia ella.- ¿Nunca se te va a ir la manía de mandarme a por lo que tiras lejos? - Rechisté bromeando. En parte, algo en mi se alegraba de volver a recrear los viejos tiempos y parecía que al final obtendría alguna información valiosa de mi ex-compañera. "Vivan las viejas amistades." Pensé volviendo a girar, esta vez solo sobre mi pie derecho y de forma cómica. - Te has metido en un lio, parguelas. - Comenté alcanzando la varita, guardándomela en el bolsillo trasero y acercándome luego al tipo. - Con la mala hostia que tiene, más vale que no seas su enemigo... - Las palabras redujeron el tono conforme iban saliendo. Anteriormente yo tenía ventaja cuerpo a cuerpo, pero en un duelo a distancia tenía pocas posibilidades de ganar a Circe, la miré con el ceño fruncido mientras me planteaba la remota idea de que me atacase a mi también, pero aquello era absurdo, no había motivo. Volví a observar al tipo mientras me crujía los nudillos, empezaba un maravilloso interrogatorio.
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Circe A. Masbecth el Dom Oct 23, 2016 9:58 pm

Desde que habían permanecido en aquella taberna notaba que alguien estaba mirándoles, escuchando cada una de sus palabras y esa era una de las razones por las cuales se sentía tan incómoda. La otra de las razones era, por supuesto, el tema de conversación que trataban en aquel momento, y es que ir hablando por ahí de lo que hacían o dejaban de hacer los Mortífagos no era algo que le agradase.

Después de salir del local sentía aquellos ojos clavados en su espalda. Era una sensación extraña teniendo en cuenta que al doblar cada esquina se cercioraba que no había nadie que les estuviese siguiendo. Pero ahí estaban. No tardó en doblar una esquina de manera violenta para amenazar a Dave durante apenas un instante, pues aquello era perfecto para hacer que la otra persona se acercase donde estaban.

Circe lo desarmó sin miramientos, dejando a Dave a un segundo plano. Y es que en ningún momento se había planteado atacarle, tan sólo pretendía disimular lo suficiente como para que la persona que los estaba siguiendo y que por fin había desvelado su posición se acercase a ellos. Que esa persona se sintiese suficientemente seguro como para bajar la guardia y acabar perdiendo su varita con un simple hechizo para desarmar.

Circe no dejó de mirarlo. Clavó sus ojos en la silueta e ignoró la presencia de Dave mientras le ordenaba que fuese en busca de la varita extraviada. Y es que Circe era incapaz de no dar órdenes al resto. Ella consideraba estar por encima del resto, por lo que estaba en sus quehaceres diarios mandar al resto para que sus vidas fuesen algo menos miserables y así tomaran las decisiones adecuadas. - ¿Nunca se te va a ir la manía de preguntar gilipolleces? – Preguntó Circe de manera tajante en lugar de contestar la pregunta del chico. Sabía al cien por cien que era una broma y más cuando el tono de Dave lo demostraba, pero en lo referente a Circe, no podía evitar quedar por encima del resto.

Claro que se había metido en un lío. ¿Quién se creía para ir por ahí siguiendo a alguien? Y lo qué es  más importante, ¿De dónde había sacado las pelotas para ir precisamente siguiendo a Circe Masbecth? Circe tenía una fama en Hogwarts que la precedía pero sabía de sobra que fuera del castillo no era como si llevase una pancarta en su cabeza con una bonita inscripción donde pusiese “zorra”.

El hombre sabía dónde se había metido e intentó levantarse en vano, pues la varita de Circe volvió a moverse para hacerle resbalar hasta volver a quedar sentado en el suelo. – Ya te ha dicho que te has metido en un lío. – Hizo una leve pausa. – No hagas que sea más que un lío. – Añadió elevando sendas cejas. El rostro del hombre había palidecido ante aquella amenaza, y es que se encontraban en un callejón sumamente apartado del resto de callejuelas de Hogsmeade. Sabía que se había metido en la boca del lobo y que en todo momento aquello había sido una trampa en la que por su propio pie había caído. – Yo… Yo no he escuchado nada, ¡Lo juro! No diré nada. – Suplicó el chico. – Espero que no vayas por ahí contando que hemos ido a desayunar juntos, sería muy embarazoso que alguien lo escuchase. – Se limitó a contestar Circe antes de rodar los ojos.

Tenía claro lo que pensaba hacer con aquella situación. Pensaba poner a prueba a Dave y si era capaz de superar las expectativas, le contaría todo lo que necesitase saber sobre los Mortífagos. Siempre y cuando cumpliese con esas expectativas pues, de no hacerlo, se encargaría que dejase de ir por ahí preguntando lo que no debía. – Demuestra lo que vales. – Dijo la rubia girando sobre sí misma y acercándose a Dave. Colocó una mano sobre el hombro del chico y sonrió con la cabeza ladeada. – Veamos cuán incomprendido eres. – Añadió guiñándole un ojo para colocarse tras él con sendos brazos cruzados sobre su regazo. ¿Tendría Dave lo que había que tener o tan sólo era un niño jugando a ser mayor?
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Dave Blackshine el Lun Oct 24, 2016 3:50 pm

En una escala del 1 al 10, el miedo que aquella chica podía causarme podría puntuarse como 25, pero lo sabía ocultar, o bueno lo ocultaba bromeando que ya era suficientemente descarado hacerlo. No dudaba que algún día en vez de contestarme mal me arrancase la cabeza de un puñetazo, pero lo seguiría haciendo porque me gustaba el riesgo y Circe acababa pareciéndome más atractiva cuando sacaba los dientes.  

Observé como el intento de levantarse fue en vano, el pobre chico iba a acabar jodido de verdad, había cabreado seriamente a la ex-slytherin y eso era tan malo como que te lanzaran siete crucios seguidos. Las palabras no le iban a ayudar y mucho menos aquellas que eran más que evidente que eran mentira a no ser que lo único que quisiera dar a entender era que no contaría nada de nuestra inocente conversación que no acababa de comprender porque había acabado llegando a aquello. La chica apoyó mis pensamientos mientras asentía con cierta tristeza por el pobre chico una tristeza que quedó en segundo plano cuando la orden de la serpiente llegó a mis oídos haciendo que la mirase confuso. Su mano se posó en mi hombro y su mirada dejó claro que si, se refería a mi, esperaba que hiciese el trabajo. Mis labios, entreabiertos, se cerraron, omitieron todo espacio entre ellos pues no había palabra alguna que emitir, no había nada que decir puesto que aquello se había convertido, seguramente, en una prueba y si estaba en lo cierto, quizá era un paso que daba en dirección a aquellos que tanto habían estado presentes en mi mente últimamente.  

Miré los ojos del muchacho, veía miedo, un miedo distinto al que veía en los ojos de los alumnos de Hogwarts cuando los acorralaba, allí sabían que estaban protegidos aunque fuese por los profesores, no les haríamos nada demasiado grave, no dejaríamos cicatrices físicas... Bueno en algunos casos... Pero en aquel lugar, en aquel callejón alejado de la sociedad, el muchacho se encontraba bajo nuestro criterio, atrapado en nuestra voluntad. No era más que nuestro juguete y si hacía lo que ella me pedía estaría cometiendo un delito, sería un delincuente y eso dejaba bastante claro el bando en el que nos encontrábamos. Estaba tan cerca de saber de ellos que la mirada del chico apenas dolía.  

Respiré profundamente y me alcé del suelo. "Piensa en todos los que te han dado la espalda... Soy una deshonra hasta para mi propia familia y esto es lo único que tengo... ¿Quién querría a un Slytherin como yo en su bando? Céntrate... Circe es la única que verdaderamente se ha preocupado por ti y la que ahora te ofrece una oportunidad, has llegado hasta aquí por algo, así que no dudes." Mis puños se apretaron con fuerza. "Va... Si lo hago yo el dolor será menos que si lo hace ella." Mi pierna dudó en avanzar hacia la cara del chico, pero no emprendió el viaje. "Vamos... Dave, piensa en como estarás por una vez en el bando ganador... En algo grande, serás por fin alguien a quien la gente respete y no solo la sombra de una familia que te mira por encima del hombro." Mi mirar comenzó a tornarse sombrío, cierta locura se reflejaba en él. "Todos me han dado de lado... Mi padre, mi madre, mi hermano... Maté a mi hermana y todos lo saben aunque no lo dicen, pero me acusan con sus putas miradas, no dejan de hacerlo, siempre es igual. Esas miradas que me gritan y me llaman asesino, monstruo. Saben que es por ello por lo que acabé siendo una serpiente y me odian. Mi vida no es más que eso, siempre lo ha sido. Nadie me tendió su mano cuando lo necesité. Las sonrisas se habían congelado hacia tanto tiempo y el frío era lo único que abundaba en cada uno de mis días... Ahora sabrán quien soy, ahora verán en lo que me he convertido... En lo que ellos me han convertido." Mi pierna derecha golpeó la mandíbula de aquel hombre haciendo que su cabeza rebotase en el suelo.  

Mis pasos me distanciaron de aquellos dos mientras mis manos tapaban mi rostro, necesitaba aire, necesitaba pensar, aquello ya no era por Circe, era por mi, por mi pasado, era por lo que habían hecho conmigo. "¿Qué haces? Él es inocente, no es el que te cambio... Fueron los demás ¿Por qué no se lo haces pagar a ellos? Porque para ello necesito lo de Circe... Necesito que ella me de la información... ¿De verdad quiero venganza? ¿Por qué? ¿Y si me equivoco? No... No hay error... Son ellos, la sociedad, son todos los que me han convertido en esto... Son todos los culpables..." Giré y lancé aquel tres de corazones que voló en dirección del curioso. Cogí mi varita con fuerza y cuando la carta estuvo lo suficientemente cerca del su cuerpo mis labios se movieron. - Confringo. - La explosión impactó con fuerza sobre la víctima y el grito no tardó  en emanar y como si fuesen los rayos del sol en un nuevo amanecer... Sonreí. "¿Por qué hago esto? ¿Por qué Circe me obliga? Estoy sonriendo, disfruto de este dolor... ¿En que me he convertido? ¿Qué soy?"  

- ¡¿Qué me habéis hecho?! - Grité desesperado.

Mi mano izquierda ahora tapaba la parte izquierda de mi rostro, la derecha sujetaba la varita apuntando para el chico y el sudor recorría mi cuerpo, respiraba entrecortado y mis pupilas estaban clavadas en el centro de la humareda que se había creado. ¿Qué había hecho? ¿Cómo me había descontrolado de esa manera? ¿Por qué? ¿Había sido solo por qué era lo que necesitaba? ¿El calor de la explosión habría alcanzado demasiado al chico para crearle quemaduras graves? No me atrevía a mirar a Circe, no quería ver su gesto, no quería ver si ella también me juzgaba como todos lo hacían.
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Circe A. Masbecth el Vie Oct 28, 2016 12:37 pm

Se quitó del medio y dejó que se sembrase el caos por sí mismo. Y es que Circe conocía de sobra la influencia que ejercía sobre las personas. Sabía a ciencia cierta que era una persona que, por su forma de ser o quizá por su personalidad, influía en la toma de decisiones de los demás. Le resultaba sencillo coaccionar a los demás pero en aquel caso no necesitó más que una mirada y una palmadita en el hombro. Tan sólo había que saber cómo guiar los pasos de la persona y esta llegaría sin necesidad de ayuda hasta el objetivo final. Y ahí estaba Dave, abriéndose paso para alcanzar el máximo objetivo posible sin necesidad de pedirle nada. Tan sólo buscaba ponerle a prueba y este no dudó en intentar superar con creces sus expectativas.

Circe permaneció a una distancia prudencial de ambos. Se mantuvo tras Dave con sendos brazos cruzados sobre su regazo y observando cada uno de sus movimientos. Le hubiese gustado ver su rostro. Le hubiese gustado saber si sonreía mientras golpeaba y hacía sufrir a aquel hombre. O, si por el contrario, su rostro se había convertido en una mueca acongojada por tener que hacer sufrir a otra persona. Pero, por sus movimientos, sacó sus propias conclusiones. Dave daba golpes rápidos, certeros y contundentes. Dave no dudaba, tan sólo actuaba. Podía ver su espalda, sus brazos y sus piernas. Podía ver alzarse su varita y pudo ver el rostro de pánico en los ojos de su víctima.

También vio cómo caía de manera contundente contra el suelo. Pudo ver cómo, en caso de no estar muerto, caía inconsciente al suelo. Dejó de rogar por su vida, dejó de soltar gritos ahogados y tan sólo llegó el silencio. Silencio que se rompió en el momento que Dave volvió a hablar, esta vez no era un hechizo. Esta vez tampoco era una frase irónica que haría que en el rostro de Circe se dibujase una sonrisa. Esta vez era un grito desesperado. Una petición de ayuda que hizo que Circe le mirase contrariada. ¿Con quién diablos estaba hablando? Jamás había comprendido ese tipo de comportamientos y en aquella ocasión no se haría la excepción que confirma la regla.

Se acercó hasta donde estaba el cuerpo del chico y se colocó en cuclillas a su lado. Lo empujó con ayuda de su varita y comprobó que tan sólo se encontraba inconsciente por los golpes, magulladuras y, posiblemente, por el estrés que conllevaba toda aquella situación. Circe colocó la varita esta vez sobre su rostro e hizo una leve floritura con la varita. Un pequeño hilo casi transparente pero con toques brillantes salió del rostro del hombre, como si le estuviese quitando una tela que cubría su cara. Hizo otra leve floritura y esta vez aquella tela de color transparente se posó sobre el rostro del chico hasta formar parte de este, abriéndose paso por su piel hasta desaparecer.

Se había dedicado a cambiar los recuerdos del chico para que la cara de Dave no apareciese en estos, y ahora en su lugar dos personas con el rostro cubierto le habían atacado mientras caminaba por Hogsmeade y le habían quitado todo el dinero. Para ello, Circe buscó entre las pertenencias del hombre, sacó su cartera con la varita y la vació. – Toma, por las molestias. – Dijo Circe tendiéndole a Dave el dinero antes de dejar caer la cartera al suelo con sumo cuidado de no haber tocado esta con las manos. – Y deja de gritar como un loco o me pensaré llevarte a San Mungo para que vean qué cojones te pasa en la cabeza. ¿Hablas solo o sólo era un grito de guerra? – Preguntó la rubia sin darle importancia a las palabras de Dave. No era empática en absoluto. No era capaz de ponerse en la piel del otro y tampoco lo intentaba ni lo más mínimo. Ella vivía por y para ella misma. El resto, por muy amigos que fuesen, eran meros actores secundarios en la película de su vida. – Tienes cojones Dave, pensaba que eran más apariencias que otra cosa pero… Sorprendentemente los tienes, joder. – Dijo la rubia antes de soltar una carcajada.

No le importó dejar el cuerpo inconsciente de aquel chico tirado en mitad de la calle. Salió del callejón haciéndole una señal a Dave para que la siguiese y tomó su brazo con una amplia sonrisa como si nada antes hubiese sucedido. – Y ahora dime, ¿A qué viene ese interés tuyo por los Mortífagos?
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Dave Blackshine el Vie Oct 28, 2016 4:02 pm

Se agacho al lado del tipo, se encontraba inmóvil en el suelo, ¿muerto? No, eso era imposible, no había usado el hechizo más potente y tampoco había estado lo suficientemente cerca como para quitarle la vida, no era posible. La varita de la chica hizo algo cerca de su cabeza, aquellos hilos incoloros bailaron desde el rostro hacia la varita y en sentido contrario posteriormente.  

Mi pecho seguía ascendiendo y descendiendo rápidamente mientras mi varita apuntaba al suelo y mi mano izquierda pasaba por mi cabello mientras intentaba esclarecer mis ideas, intentaba calmarme y controlar mi cuerpo.  

"Vale... Dave, céntrate... Esto era necesario, necesitas la información y a veces hay que hacer sacrificios... Podría haber sido peor. Tranquilo. ¿Pero que coño?" Mis pensamientos se cortaron repentinamente al ver que la chica se encargaba de saquear al muchacho, ¿era eso necesario? Lo fuese o no me iba a quejar, ya había llegado hasta ahí y no era mi intención joderlo, sin embargo había algo extraño en todo aquello. Sentía culpa, pero el sentimiento era cada vez más lejano, más pequeño, cada vez me importaba menos aquel tipo ¿o quizás no me habría preocupado por él en todo aquel tiempo, sino que había temido por mi futuro? ¿Era eso? ¿Solo me preocupaba por mi? ¿Ese era mi verdadero yo?  

Observé el dinero y lo cogí extrañado, sin pensar en mi acto, intentando entenderme. Fruncí el ceño y entonces me percaté, Circe había acabado de hacer lo que estuviese haciendo en nuestra víctima y estaba ahora frente a mi. Aquella situación estaba pudiendo conmigo, no esperaba que hacer algo así me causara tal impacto y negué con la cabeza intentando sacudirme de aquellos pensamientos que colapsaban mi mente.  

- ¿Grito de guerra? - Pregunté sin entender muy bien sus palabras ¿cuándo había gritado yo? ¿Tal vez pensé en voz alta en algún momento? - A-ah... Si... me he dejado llevar, no te preocupes no necesito ir a San Mungo, aún no estoy tan mal como tu.- Dije intentando aparentar normalidad, intentar que no pareciese que seguía procurando entender que me había pasado y si aquello verdaderamente me gustaba. Fui estúpido, solo debía de esperar las siguientes palabras de la universitaria. El orgullo que sentí ante lo que Circe me estaba diciendo me hizo olvidar el malestar del hombre, incluso me hizo sentir importante, valiente. - ¿Esperabas que fuese un mierda como los demás del colegio? - Pregunté con suficiencia y aquella sonrisa acompañándome.  

Lo que había hecho estaba bien, ella me lo estaba dejando claro, e incluso me hubiese gustado volver a repetirlo. En aquel momento si. Sentir la aprobación de alguien, la felicitación, el reconocimiento de que mi evolución había sido importante y que esta podía acercarme a mi objetivo. Lo había hecho bien.  

La chica salió del callejón y me indico que fuese con ella, asentí con la cabeza y di varios pasos antes de detenerme. Giré sobre mis pies hacia el cuerpo que yacía en el suelo y le miré con indiferencia, sin pensar en nada, con la mente en blanco. Apreté los labios con fuerza, saqué su varita y la dejé caer al suelo para posteriormente apuntarle con la mía.  

- Incendio.- Conjuré y las llamas salieron de la punta de mi canalizador para envolver el trozo de madera que terminaría por convertirse en cenizas, cenizas que no vería puesto que me dirigí inmediatamente hacia el paradero de mi compañera. Tomó mi brazo y lanzó la pregunta que tanto ansiaba. - Quiero... - Miré un momento al suelo y pensé en el hombre al que había atacado, posteriormente recordé el gozo, la satisfacción de sentirme útil, el deseo de que se repitiese, las ganas de encontrar respuestas y era evidente que aquella era la única forma de hacerlo. Miré a mi pareja a los ojos con seriedad y entonces reí. Quizá era la euforia por pensar de lo que había sido capaz, tal vez el recuerdo del sentimiento de utilidad o probablemente el nerviosismo, pero reí. Comprobé con mi mirada que estuviésemos solos en aquel lugar y entonces mis labios se volvieron a separar. - Quiero formar parte de ellos. - Confesé. - ¿Tu podrías ayudarme? - No quise bromear en aquel momento, pero me hubiese gustado llamarle puta así de gratis, no entendía bien porqué, ni sabía de donde surgía la energía que sentía ahora mismo en mi. Me sentía capaz de comerme el mundo. - Puedo ser útil y sabes que uso el coco a veces... - Me estaba vendiendo como si aquella chica fuese a poder meterme y ciertamente, no estaba usando demasiado el coco en aquel momento, bueno... Hacia rato que no lo usaba.- En el callejón se me fue un poco la pinza, es que era la primera vez que hacía algo así fuera del colegio, pero ya has visto que soy capaz ¿no? - La ilusión alumbraba mi rostro y mi sonrisa tenía un aire infantil, como el de un niño pequeño cuando esta esperando a que le compren algo.
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