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Nice Dream [Lexie Bennington]

Steven D. Bennington el Sáb Oct 08, 2016 1:44 am


Desde que había dado comienzo el curso, había escrito una carta diaria para Lexie. Por suerte, había tenido la decencia de no enviarlas, sino de ir haciéndolo poco a poco y cuando esta tuviese tiempo para contestar. Por nada del mundo quería ser un padre que agobiase a su hija, pues quería que esta se sintiese libre en Hogwarts e hiciese nuevos amigos. Algo que no sería tarea fácil si día sí y día también una lechuza dejaba caer una carta sobre su mesa. Y más teniendo en cuenta que pensaba que su mujer haría lo mismo y enviaría una carta diaria, por lo que la niña acabaría con un montón de cartas cada mañana en el desayuno.

Finalmente optó por ir dejando espacio a Lexie y le alegró saber cómo había resultado ser el comienzo de sus clases. Las cartas tampoco contaban mucho y no abarcaban situaciones concretas, sino que eran demasiado genéricas, algo que a un padre preocupado no le servía de mucho. Había intentado que no le afectase demasiado al menos no más de la cuenta pero no podía evitar tener esa curiosidad y preocupación al mismo tiempo sobre cómo estaría su hija en un nuevo colegio tan lejos de sus padres.

Al ser de primer curso, no tenía la oportunidad de salir a Hogsmeade como sus compañeros, pero Steven conocía un pequeño vacío legal que había descubierto en sus tiempos como estudiante y que, ahora que era padre, había comprobado que seguía vigente. Y es que, por causa mayor, un alumno podía salir del castillo con consentimiento paterno. Estas causas podían ser una cita médica e incluso el fallecimiento de un familiar.

En este caso, Steven se había asegurado de planificar una cita con el dentista para el segundo fin de semana del mes de octubre. Aquella cita llevaba planificada desde el mes de mayo y tan sólo existía para que Lexie tuviese que salir del castillo. Eso era algo que, como padre, no admitiría, pero lo había hecho de manera totalmente consciente.

- ¿A que al final no era para tanto? – Preguntó con una cálida sonrisa antes de abrir la puerta del dentista y dejar salir en primer lugar a su hija. Llevaban allí algo más de media hora entre la espera y la revisión y, tras aquello, Steven tenía pensado un gran día con su hija. En parte tenía cierto miedo a que esta dejase de necesitarlo y, por otra parte, realmente echaba de menos pasar tiempo en su compañía. – Lo mejor que se puede hacer después de comprobar que no tienes ni una sola caries es arriesgarnos a tomar algo con azúcar. El otro día estuve por aquí y vi una cafetería donde tenían unos helados, tartas y batidos con una pinta increíble, seguro que te apetece uno. – Le guiñó un ojo de manera divertida tendiéndole la mano por si aún no se sentía demasiado mayor como para ir por la calle cogida de la mano de su padre. – Seguro que en Hogwarts no tienen nada parecido. – Aunque de aquello último no estaba tan seguro teniendo en cuenta la cantidad de dulces que se servían en el Gran Comedor.
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Invitado el Sáb Oct 08, 2016 1:54 am

Quería hacerles ver a sus padres que podía crecer, que podía madurar y que no los necesitaba, o más bien, que no tenían que estar encima de ella todo el tiempo. Desde muy pequeña se había dado cuenta de que era un patrón en común con otros niños de padres divorciados, estos siempre trataban de compensar la falta del lazo completo, la falta de la familia organizada y unida; y Lexie lo veía en sus propios padres. La amaban con locura, lo sabía, pero a veces se esforzaban demasiado por ella, especialmente su papá... la abuela solía decir que era porque trataba de compensar "el asuntito del oído".

Lexie no quería que se preocuparan tanto por ella, y por eso trataba de ser cool y relajada como los demás niños. Trataba de no emocionarse demasiado con cada carta que recibía, trataba de no correr a su cuarto a responder de inmediato, y contenía su mano para no hacer una respuesta kilométrica. Quizás así sus padres verían que estaba bien, que se estaba adaptando y que podían relajarse.

Pero ella era una niña de papá, tenía adoración por su padre. Había pensado que estando en Hogwarts se verían todos los fines de semana pero... grande fue la decepción al encontrarse que no sería así, y que hizo falta una tramposa visita al dentista para ver a su papá después de despedirlo en el andén de Londres.

—¿Puede ser de fresa? La tarta... y el helado ¡y el batido! —dijo emocionada sujetándose de la mano de su padre, por supuesto que no estaba muy mayor para ir cogida de la mano de él, nunca lo estaría—. Y no... no fue para tanto el dentista, pero deberías decirle que no tengo cinco años ¿sabes? Todo el tiempo golpeaba una puerta al costado de la pared diciéndome que me daría un conejo si me portaba bien. Osea...

Rodó los ojos y dio unos saltitos mientras avanzaban.

—¿Podemos ir a tu tienda después? ¿Puedo probar los instrumentos? ¡Dí que sí!
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Steven D. Bennington el Sáb Oct 08, 2016 12:18 pm

Habían salido justo después de comer de Hogwarts, por lo que Steven había insistido fervientemente en sus últimas cartas que se lavase bien los dientes. Habían ido hasta Hogsmeade dando un tranquilo paseo y, una vez fuera de los terrenos de Hogwarts, Steven se había aparecido llevando consigo a Lexie hasta la puerta del dentista, donde por suerte no les había visto nadie surgir de la nada. No habían pasado demasiado tiempo sentados en la sala de espera y luego Lexie había entrado al dentista, mientras Steven había permanecido en la sala de espera leyendo una revista que tenía algo más de dos meses y a la que le faltaban la mitad de las hojas. Quizá para un mago hubiese sido algo extraño pero a alguien tan acostumbrado al mundo muggle como era Steven… Era lo habitual.

Miró el reloj en su muñeca más de diez veces cerciorándose una vez más que el tiempo no vuelva y mucho menos cuando esperas que las manecillas se muevan a toda velocidad. Había resoplado y suspirado otras diez veces o quizá más, pues había perdido la cuenta. Lexie no había tardado mucho en salir del dentista pero no podía evitar preocuparse porque lo estuviese pasando mal.

- Yo sólo enumeraba las cosas que hay, no pensaba que pensaras comerte uno de casa. – Dijo una vez salían en dirección al exterior. - ¿Te dan bien de comer en ese colegio? – Preguntó ya algo preocupado. Era normal que los niños tuviesen un agujero negro como estómago, él mismo seguía teniendo ese tipo de estómago, pero le había resultado gracioso que Lexie quisiese todo. Absolutamente todo. – Al menos ya sé que no te duele la boca. – Añadió mirando de soslayo a su hija antes de reír.

Por suerte o por desgracia, no había podido entrar a la misma habitación donde habían atendido a Lexie, sino que se había visto obligado a esperar fuera. Era bueno en parte, pues así no tenía que ver si Lexie lo pasaba mal. Y era malo al mismo tiempo, pues la imaginación crece cuando no ves la realidad y puedes imaginar múltiples opciones. Por lo que cabe decir que gracias a Lexie, Steven había visto todas las películas habidas y por haber de dibujos y animación, por lo que no pudo evitar que la escena del dentista de “Buscando a Nemo” apareciese en su cabeza haciéndole hasta palidecer por un leve instante.

- Ese hombre lleva atendiéndote desde que tenías cinco años, aún no se ha dado cuenta que las personas crecen. – Cabe decir que era un hombre ya entrado en años y que lo más posible es que hasta cumplidos los veinte años hablaba de ese famoso conejo que ningún paciente recibía después. – Cuando eras más pequeña bien que querías ese conejo.  – No pudo evitar reír. ¿Cómo había pasado el tiempo tan rápido? Si ayer mismo estaba recibiendo su carta de Hogwarts y dos días atrás tenía que fingir que la cuchara era un avión para que se comiese el almuerzo.

No habían avanzado ni dos metros cuando Lexie demostró que aún seguía siendo toda una niña, algo que acrecentó la sonrisa de su padre.

- ¡Claro que podemos! El mes pasado llegaron instrumentos nuevos y algunos son mágicos, seguro que te encantan. Además, el director me ha dicho que puedo llevarte antes o después de la cena, tú eliges. – Albus Dumbledore era un hombre comprensivo, lo cual había servido a Steven para poder aprovechar gran parte del día con Lexie y no únicamente el rato de visitar el dentista.

A pocos metros de donde se encontraban estaba la cafetería de la que Steven hablaba. Con techos altos, decoración de los años ochenta en colores chillones y con bastante gente ocupando las mesas, por lo que tuvieron que sentarse lejos de las ventanas.

- Yo quiero… - Ojeó una vez más la carta de helados y pasó rápidamente la vista por la de pasteles. – El helado de Oreo. – El hombre afirmó con la cabeza y tomó nota en su libreta esperando a que Lexie decidiese cuántos helados, tartas y batidos quería tomar aquella tarde.

Una vez escuchó el pedido de la niña, el hombre se marchó para que comenzasen a preparar sus pedidos. Steven jugó con una servilleta haciendo una pequeña pajarita de papel que dejó apartada a un lado y sonrió ampliamente pare preguntar a su hija cómo iba a todo en Hogwarts.

- ¿Cómo van las clases? ¿Has hecho ya nuevos amigos? ¿Te tratan bien los profesores? – Tenía mil y una preguntas y sin darse cuenta había soltado tres a toda velocidad sin contener el aliento. – Mejor cuéntame lo que quieras o acabaré preguntándote hasta cómo vas al baño fuera de casa.
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Invitado el Sáb Oct 08, 2016 5:38 pm

Le rodó los ojos de forma exagerada como si tuviera quince años en lugar de once, como si fuera una chica abrumada por la preocupación innecesaria de su padre. Su preocupación siempre le llenaba el alma pero quería que se relajara, que empezara a pensar más en sí mismo ¿era posible pedirle algo así a un padre? Habría que intentar.

—Papá, estuviste siete años en ese colegio, creo que sabes que la comida no escasea precisamente.

Le sacó la lengua y corrió a sentarse ojeando el menú, había muchas cosas que se veían realmente deliciosas, y por suerte, Lexie todavía no había llegado a esa edad sensible en donde toda influencia sobre el cuerpo femenino la afectaba, ella tenía hambre y comía de verdad-

—¡Después de la cena! —se apresuró a responder y se sonrojó de inmediato, escondió el rostro en el menú.

Quería quedarse todo lo posible con él, no quería irse antes de la cena, y si era posible quería pasar todo el maldito fin de semana allí con él. ¿No había forma de jugar la carta de hija de padres divorciados que necesita tiempo de calidad con uno? Tendría que ponerse a estudiar el derecho de familia del mundo mágico, sí, definitivamente, hizo una nota mental de dedicarse a ello.

Se pidió un helado de Oreo también, una porción de tarta de fresa y un batido de chocolate... y un vaso de agua para pasar entre uno y otro. Sonrió a su padre y se encogió de hombros, como excusándose por todo lo que acababa de ordenar.

—¡Papá! —siseó escandalizada cubriéndose el rostro cuando Steven finalizó las preguntas con lo del baño—. Voy muy bien, gracias. Am... Las clases son geniales, me gustan todos mis profesores, porque en realidad no hay ninguno que sea malo o gruñón, sólo con los chicos que son problemáticos o no hacen las tareas. A los Ravenclaw normalmente nos va bien y todos los profesores nos quieren —sonrió con orgullo, pues el haber terminado en Ravenclaw la había hecho muy feliz y a sus padres también—. Uhm... amigos... compañeros, más bien. No me he concentrado mucho en hacer amigos, más bien en las clases, ¡es que son muy interesantes! Y am... soy muy joven para hacer las pruebas para el Equipo de Quidditch, pero el año que viene quiero probar. Aunque nuestro equipo parece que apesta —rió finalmente.

Dio saltitos en la silla cuando el mesero regresó con sus pedidos. Lexie atacó el helado, el cual venía en un lindo bol en forma de flor, y estaba riquísimo.

—¿Y tú? Nunca me cuentas nada en las cartas, siempre me preguntas por mí. Cuéntame qué has hecho.
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Steven D. Bennington el Sáb Oct 08, 2016 10:56 pm

Antes de ir a buscar a Lexie había mantenido correspondencia con el director del centro para hacerle saber que tenía que llevarse a la niña durante un corto periodo de tiempo. El hombre, quién ya Steven recordaba como muy amable, había accedido sin pensarlo dos veces a su petición. Y no sólo eso, sino que había sido él quien le había dado la opción a Steven de llevarse a Lexie durante más horas de las que realmente necesitaban para acudir al dentista. Por su parte, quería pasar el mayor tiempo posible con su hija, pero no quería ser él quien condicionase sus decisiones y por esa misma razón le ofreció las dos opciones.

No pudo evitar sonreír al ver que Lexie, de la misma manera que él, prefería pasar la cena juntos y luego ir al castillo. Sin lugar a dudas él habría elegido aquella opción pero no quería imponerle nada a su hija ni mucho menos esta sintiese que estaba en la obligación de cenar con él. Suponía que no sería un duro esfuerzo pero aún así, prefería que fuese ella quien tomase la decisión y así se sintiese un poco más adulta y, por su parte, un poco menos culpable por haber buscado un pretexto para estar con ella.

No le sorprendió ver como Lexie enumeraba la cantidad de comida que sería capaz de llevarse a la boca. Y es que Lexie no comía con los ojos, sino que dulce que se ponía en su plato, dulce que desaparecía como si un hechizo desvanecedor le hubiese dado de lleno.

- Entonces no te acerques a chicos problemáticos, no vaya a ser que te conviertas en la excepción de tu casa. – Dijo con tono alegre antes de seguir escuchando como su hija enumeraba brevemente cómo le iba en el castillo. Confiaba totalmente en que Lexie sabría cómo comportarse en el colegio tanto con sus compañeros como con sus profesores, por lo que no necesitaba estar pendiente de aquello. Por muy padre preocupado y pesado que llegase a ser en ocasiones. – Sin duda eres una Ravenclaw de los pies a la cabeza. Pero no te matará intentar hacer amigos, que son siete años en el mismo colegio… Al principio es difícil pero cuando te conozcan bien todos querrán ser tus amigos. - ¿Cómo no iba a decirle cosas como aquella a su hija? A sus ojos era encantadora y la niña más perfecta que habría en todo el colegio.

Frunció el ceño al escuchar hablar del Quidditch. No le gustaba mucho montar en escoba y que su hija tuviese ya la idea de anotarse en el equipo aún cuando acababa de empezar a subirse en aquel artilugio volador hacía que se pusiese algo nervioso. ¿Y si se caía? ¿Y si una bludger acababa por golpearla? ¿Y si la rechazaban en las pruebas y se sentía mal por ello? A fin de cuentas podía ser lo mejor que le sucediese, si lo pensaba bien. Pero no, no tenía que dejar que sus inseguridades se viesen reflejadas.

- No me extraña. Cuando yo estudiaba en Hogwarts nuestro equipo también daba bastante pena. Se ve que la teoría bien pero de la práctica… - Negó con la cabeza. - El curso que viene si logras entrar en el equipo de Quidditch te regalaré una escoba. ¿Ya has pensado que posición te gusta o tú con volar en escoba tienes más que suficiente?

Agradeció amablemente su pedido cuando este llegó y, al igual que su hija, no lo pensó dos veces a la hora de probar su helado. Una sonrisa de niño pequeño se dibujó en su rostro al entrar en contacto con el azúcar y es que si algo adoraba Steven era el dulce.

- ¿Cómo quieres que no te pregunte? Soy tu padre y eres hija única, ¿Qué esperabas? – Rió de manera divertida antes de darle otra cucharada al helado. – No irás a creer que la vida como dependiente de una tienda de música es más interesante que la de mi  hija que acaba de comenzar su primer curso en Hogwarts lejos de casa, ¿Verdad? – Alzó sendas cejas y comenzó a jugar con la cuchara entre sus dedos. – Preguntas qué he hecho además de echarte de menos, ¿No? Porque te he echado de menos, brujita. - ¿Qué había hecho? Verdaderamente su vida no estaba llena de planes apasionantes. - ¡Ah! El otro día tenía la mañana libre y fui a visitar a tu madre pero como no estaba, fui a dar una vuelta cerca de su casa y descubrí una librería que te encantaría. Seguro que tu madre ya te ha llevado ahí millones de veces pero yo no había ido nunca. Está haciendo esquina con una lavandería pero es un lugar muy tranquilo. Hay libros antiguos, la mayoría de segunda mano y puedes ir a leer lo que quieras solo tomando una consumición. Y además puedes llevarte un libro siempre que dejes otro a cambio. ¿No es fantástico? – Se emocionaba fácilmente con temas referentes a la literatura o la música. – Podría enviarte algún libro para que lo leas durante el curso pero con la enorme Biblioteca que tenéis en Hogwarts no creo que te haga falta. Aunque… Pensándolo bien, no suelen tener muchos libros muggles allí, ¿No?
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Invitado el Dom Oct 09, 2016 1:56 am

—Mmmm —meditó mientras se terminaba el helado—. Auuu...

Se llevó las manos a la frente y rió, se le había congelado el cerebro, y es que atragantarse con helado no era siempre una buena Idea. Dejó el bol a un lado mientras se acercaba el plato con la porción de tarta.

—Quiero ser Cazador o Buscador. Pero me gusta más la primera opción, más que nada porque es mucha presión ser Buscador. ¿te imaginas? Hay juegos que han durado semanas porque el Buscador no encontraba la snich, así que... es mucha responsabilidad. Además los Cazadores están en la acción, digamos, y necesitas de todas las habilidades para ocupar esa posición, Tienes que ser rápido, ágil, de buenos reflejos, tener algo de fuerza y manejar muy bien la escoba.

Dudaba mucho que alguien de su edad pudiera ser Cazador, por lo que había visto en otros equipos, siempre eran los estudiantes de cursos más avanzados los que ocupaban esos puestos, y podía entenderlo. Quizás podría empezar como Buscadora... ¿eso se podía? ¿Cambiar de posición a medida que se crecía? Tendría que leer bien los manuales de Quidditch, así que hizo otra nota mental al respecto.

Sonrió enternecida al escuchar que su padre la extrañaba tanto como ella a él. A veces estaba segura de que él no se daba cuenta de la adoración que sentía, de que a sus ojos su padre era TODO en esa vida. Su madre lo sabía y a veces se ponía celosa, pero quizás comprendía porque ella también había tenido un padre al cual había amado con locura. ¿No era algo de toda niña después de todo?

—¿De verdad? No, no hemos ido. Es que a mamá no le gusta ir a lugares así, no conmigo al menos. Dice que debe estar lleno de polvo y ácaros en los libros, pero no hay nada mejor que el olor de un libro viejo. ¡Eso iba a decirte! Tienes que mandarme novelas muggles, realmente dudo que haya en el colegio, y si las hay deben ser los clásicos que se necesitan para estudios básicos de la materia. Pá, esto está buenísimo, tienes que probarla —dijo de repente cortando un pedazo y haciéndole el avioncito entre risas.

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Steven D. Bennington el Dom Oct 09, 2016 11:28 am

A veces se sorprendía al encontrarse hablando con una Lexie tan madura como la que tenía ante sus ojos. El tiempo había pasado realmente volando y no sabía si era algo que le terminaba de agradar, pues sentía que en cualquier momento la que actualmente era su niña dejaría de serlo.

- Entonces decidido, mi hija será la mejor Cazadora que haya tenido el equipo de Ravenclaw. – Por lo que él recordaba de sus tiempos en Hogwarts, tampoco sería tarea complicada si sabía mantenerse sobre la escoba al mismo tiempo que llevaba consigo la Quaffle. - Yo también creo que ser el Buscador es demasiada responsabilidad. Aunque los otros jueguen bien o jueguen mal, el partido normalmente lo gana o lo pierde el Buscador. Al menos en Hogwarts, creo que nunca he visto a un equipo marcar más de 150 puntos en un solo partido. – Había leído que la Snitch de Hogwarts era más fácil de atrapar que la de cualquier partido profesional, ya que su velocidad era menor y su brillo mayor para facilitar ser vista. – Además, pasarte el partido persiguiendo una pelotita dorada… No parece precisamente algo muy divertido. – Añadió ese pequeño detalle, pues aunque él jamás había jugado al Quidditch por no verle la gracia, mucho menos encontraba divertido perseguir una pelota diminuta que era posible que ni vieras en todo el partido. Y ahí finalizaba la tarea del buscador. Aunque algunos eran expertos en recibir golpes de bludger.

- ¿En serio? – Elevó sendas cejas sin entender cómo a veces su ex mujer llegaba a ser tan estirada, precisamente teniendo en cuenta que cuando estaban casados no lo era. Suponía que las personas cambiaban con el paso de los años y que posiblemente él hubiese cambiado aunque ni se hubiese parado a pensar en qué. – Si no quieres pasar las Navidades en Hogwarts, te llevaré un día a ver la librería. – No se había parado a pensar qué sería lo que Lexie querría hacer durante las Navidades hasta aquel momento, por lo que lo dejó caer suavemente. – Mañana mismo iré a ver si hay alguna que pueda gustarte, aunque seguro que te acabarías leyendo todas las que tienen allí. – Rió. – Pero elegiré alguna que crea que vaya a gustarte especialmente y te la mandaré en cuanto llegue a Hogsmeade y pueda pasarme por Correos, aún eso de tener lechuza propia no lo veo para mí. – Habían pasado casi veinte años desde que pisó Hogwarts por primera vez y conoció el Mundo Mágico. Habían pasado casi veinte años desde que descubrió que los magos usaban lechuzas como método de correspondencia y, definitivamente, le parecía algo muy sucio y poco higiénico.

Se limitó a abrir la boca sin necesitar mediar palabra para que llegase el trozo de tarta como si de dos niños pequeños se tratase. Y es que entre que Lexie tenía once años y que Steven en ocasiones no era lo que se considera maduro, la función estaba servida.

- Mmmm… - Dejó la tarta durante unos instantes en el interior de su boca como si pensase realmente sacarle todo el sabor. Para él las cosas eran más simples: las cosas estaban o buenas o malas. No había una eterna escala de grises de por medio. – Deberíamos aprender a hacer una de estas. Seguro que en Internet hay alguna receta y podemos imitarla. Deberíamos intentarlo hoy antes de que probemos otro postre que querer intentar hacer. – Elevo sendas cejas varias veces con la sonrisa en el rostro. – Instrumentos y luego intentamos no quemar mi cocina haciendo la tarta, ¿Qué te parece?
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Invitado el Dom Oct 09, 2016 1:34 pm

Su madre a veces tenía esos arranques de lady, digamos. En realidad se volvía así porque se preocupaba, porque veía que Lexie siempre sería hija única, que a veces era muy independiente y se le iba de las manos. Y ella entendía, de verdad que sí, que su madre tuviera miedo de perderla o que volara demasiado lejos gracias a la confianza que ellos mismos le habían inculcado. Podía ser tímida, pero era una niña madura y suficiente que sabía manejarse.

—Me gustaría hacer eso. La verdad es que Navidad... no es mi fiesta de elección, pero creo que mamá se ofenderá si le digo que prefiero pasarme Noche Buena en una librería antes que comiendo con ella y los abuelos.

Y más ahora que no estaba todos los días en casa, no... dudaba que su madre diera el brazo a torcer al respecto.

—Tú sólo envía todas las que encuentres, y acepta el hecho de que una lechuza es una buena mensajera —rió mirándolo—. Algunas pueden cargar mucho peso y te ahorrarás mucho dinero antes que usando el correo normal.

Conocía la aversión de su papá para las lechuzas y le parecía de lo más graciosa, más cuando ella amaba ver llegar las lechuzas algunas mañanas distribuyendo paquetes y cartas, dándoles comida a algunas que se quedaban para recibir una especie de premio.

—Termínala tú o me empalagaré.

Le pasó el plato con lo que quedaba de la tarta y pasó a su batido de chocolate, mientras asentía emocionada ante la idea de ponerse a cocinar. Ya era sabido que harían un desastre pero esas actividades le gustaban mucho, ese tipo de momentos para interactuar con su padre, de ser más que padre e hija, de ser amigos. Esos momentos en que él se volvía un niño o ella trataba de subir y ser más madura, le gustaba. Era algo que no siempre compartía con su mamá.

—¡Sí, sí, sí1 Hagamos eso. Pero entonces deberíamos comprar ingredientes antes de ir a tu tienda, porque ya sabes cómo somos, se nos pasará el tiempo y todo cerrará y no habremos comprado nada, y no podremos hacer la tarta.

Antes de darse cuenta se estaba terminando el batido, no se molestó en no hacer todo tipo de ruidos mientras sorbía lo último al final de la copa y rió viendo a su papá.

—Oye... ¿y por qué ibas a visitar a mamá?
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Steven D. Bennington el Lun Oct 10, 2016 12:09 am

Para Steven la Navidad era una fecha más, pues nunca había tenido esa gran familia con la que reunirse en ocasiones especiales. Esa cantidad desmesurada de primos, tíos y parientes lejanos que solo ves una vez al año. Para Steven aquellos días eran una excusa para decorar la casa con luces de colores y colocar un bonito árbol cerca de la chimenea. Desde bien niño su parte favorita de las Navidades era la de la colocación de la decoración, especialmente la que venía de la mano de colocar calcetines en la chimenea.

- Tengo que hablar con tu madre sobre cómo organizar las Navidades este año. – Colocó la mano en el mentón como si en aquella postura propia de “El pensador” las ideas fueran a volar a su mente con mayor facilidad. – Supongo que haremos como todos los años y estarás el día de Navidad y Noche Buena con ella y conmigo en fin de año. – Cada Navidad, Steven solía ir a Australia junto con su hermana para ver a su madre y en fin de año, se quedaban en Londres con su padre. A su vez, el día 31 conseguían que Lexie fuese a pasar la noche con ellos para cenar en familia. Aunque la familia fuese tan solo su abuelo, su tía y su padre. E incluso algún amigo que se había quedado sin planes para esa noche y los Bennington le abrían la puerta y ponían un plato de más en la mesa.

Tomó el plato de Lexie y lo colocó al lado de su helado para ir comiéndoselo, aunque tampoco quedaba mucho como para que le durase más de dos o tres cucharadas de tamaño medio. En lo referente a comida, sabía a quién había salido su hija.

- Sí, será mejor que hagamos una lista de qué necesitaremos. – Sacó el teléfono móvil de su bolsillo y abrió las notas para ir apuntando. - ¿Tú qué crees que llevará esta tarta? Mejor busco la receta. – Salió de las notas para ir a Google y entrar en la primera receta que salió. – Fresas, nata, azúcar, gelatina neutra, galletas maría y mantequilla. ¿Te acuerdas de todo? Yo tampoco. – Hizo una captura de pantalla para guardar la imagen y luego poder ir a comprar.  – Creo que he visto un supermercado cerca del dentista, Hogsmeade con tantos productos mágicos no me gusta para hacer la compra. – Se había criado entre muggles y, por mucho que hubiese pasado la mayor parte de su vida conociendo el Mundo Mágico, seguía sintiéndose mucho más cómodo entre la gente no mágica.

Una vez hubo terminado la tarta, se apresuró a hacer lo mismo con el poco helado que le quedaba. No es que alguien se fuese a comer lo que tenía en el plato, es que cuando el helado comenzaba a derretirse y volverse líquido no le sabía ni la mitad de bueno.

- Fui a una tienda de música en Londres y aproveché para pasar a saludar. A veces me invita a café con magdalenas caseras y eso no puedo rechazarlo. Y no, no digas que es interés, es… Glotonería. – Afirmó antes de finalizar el helado, dándole a la frase un tono aún más de zampabollos.

Hizo un gesto al camarero para que se acercase con la cuenta y, una vez hubo dejado el dinero correspondiente, se levantó animando a Lexie a hacer lo mismo que él.

- Supermercado, tienda, casa. – Enumeró. – Supermercado, casa a dejar las cosas en la nevera para que no se pudran, tienda, casa. – Se afirmó a sí mismo con la cabeza, aquella era la mejor opción posible.

Tal y como había dicho, frente al dentista había un pequeño supermercado que parecía no estar mal de precio, así que ambos entraron al interior en busca de los ingredientes.
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Invitado el Lun Oct 10, 2016 2:05 am

—Am... estaba pensando que podríamos pasarla todos juntos. Después de todo ustedes se llevan bien y a mamá le gustaba Australia ¿verdad? Antes que pasar frío aquí sería genial tener una Navidad en la playa, y de paso podemos quedarnos para Año Nuevo y así yo no tengo que estar viajando sola tan cerca de la fecha. Dí que hablarás con ella al menos, sólo un poco... Después yo puedo empezar el chantaje emocional.

No es que quisiera que sus padres se juntaran... Bueno, qué clase de niña no querría que sus padres estuvieran juntos de una manera que ella no conocía para los dos. Era su papá y su mamá, por supuesto que quería verlos juntos. Pero nunca había forzado el asunto, nunca había intentado que se reconciliaran, al menos no desde que tenía más consciencia de la situación. Cuando tenía tres o cuatro años había tratado de hacer de Celestina, pero con los años esa idea se había ido. Era feliz con que se llevaran bien y hubiera paz entre ambos, especialmente en lo que fechas especiales se trataba.

Salieron del local y fue a tomar la mano de su papá nuevamente, estaba demasiado llena como para ir dando saltos pero sí muy emocionada con la idea de hacer una tarta.

Lexie se soltó de su padre para caminar por los pasillos como si fuera la dueña de todo, le gustaba hacer compras, era algo que no tenía la oportunidad de hacer con su madre.

—Fresas, nata, azúcar, gelatina neutra, galletas maría y mantequilla —repitió mientras caminaba—. Fresas, fresas... ¡fresas! Uhm... ¿tienen que ser enlatadas o las naturales? Naturales ¿verdad? Sí, todo lo natural es mejor.

Tomó una bolsa y colocó lo que creyó era una apropiada cantidad para la tarta, además ella misma iba a comer varias impregnadas en azúcar, eso no podía faltar. Siguió por otro pasillo y fue poniendo el resto de los ingredientes en el carro.

—¿Sabes qué me gustaría tener en el colegio? Un reproductor de música, pero después pienso en cómo voy a recargarlo y... no tiene sentido.
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Steven D. Bennington el Mar Oct 11, 2016 12:57 pm

Nunca se había parado a hablar con su ex mujer sobre pasar las Navidades nuevamente como una familia porque consideraba que sería algo raro y quizá de mal gusto. Por su parte, no le importaba ni lo más mínimo pasar la Navidad con unos que con otros, pues en su opinión tan sólo era una noche más del año con la diferencia que no le gustaba que nadie se quedase solo durante aquella festividad. Eran días familiares, al menos, a ojos de Steven.

- Claro, intentaré hablar con ella. Pero no sé si ya lo tendrá planeado o prefiere pasar esos días con su familia y no con la mía… Aunque ya sabes que tú abuela estará encantada si en lugar de cocinar para cuatro cocina para veinte. El único problema sería dormir todos por allí, pero tu madre y tus abuelos pueden ir a algún hotel cercano, supongo. – Se encogió de hombros. Por él, podía presentarse en aquel lugar todo el que quisiese. Desde su ex mujer hasta los padres de esta, pues tampoco mantenía una mala relación con ellos desde su divorcio.

Salieron del local para ir rumbo a la tienda donde comprar todo lo necesario para la tarta y, aunque Lexie no saltaba como al principio del día, sí que canturreaba los ingredientes necesarios para poder cocinar horas más tarde, por lo que Steven no pudo más que sonreír y mover la cabeza al son de las palabras de su hija.

- Naturales, ¡Claro! – Afirmó el hombre antes de soltar una carcajada. Y es que Lexie había heredado mucho de él. No sólo por ir canturreando a todas partes, sino el hecho de hablar tanto que no se podía frenar lo que iba a decir y no había cabida para que la otra persona añadiese una anotación a sus palabras. Lo que sin duda no había sacado de él y sí de su madre era la memoria para recordar datos tan puntuales como podía ser la lista de la compra y es que Steven, cada vez que iba a comprar, si no llevaba anotado todo lo necesario, se dejaba la mitad por comprar aún cuando había comprobado mentalmente que llevaba todo lo necesario. – Podemos comprar alguna de más, porque conociéndonos… Sé que acabaremos comiéndonos la mitad de los ingredientes mientras hacemos la tarta. – Era algo que ambos habían ido comprobando con el paso de los años y, conociendo como arreglarlo, podían ponerse con ello.

Caminaron entre los estantes buscando los diferentes ingredientes guardando algunos de los necesarios en la cesta mientras que otros parecían no verlos o haberlos olvidado, por lo que tuvieron que pasar en más de una ocasión por cada pasillo para asegurarse que habían cogido lo que necesitaban.

- Y en cómo vas a hacer que funcione, en Hogwarts no funciona ningún aparato muggle, te lo digo por experiencia. – Cuando era niño y comenzaba su primer curso, se había llevado todo tipo de artefactos muggles de los que no quería separarse y cuál había sido su sorpresa al comprobar que todos los electrónicos dejaban de funcionar. – Tienen inhibidores mágicos para la tecnología muggle. Así no podéis hacer trabajos usando internet. – Se encogió de hombros y rió. – Pero sé quién podría conseguirte un reproductor de música mágico. Creo que si te portas bien lo que queda de año, quizá aparezca bajo el árbol de Navidad. – Le guiñó un ojo mientras cogía el azúcar de uno de los estantes. – Repite otra vez los ingredientes, a ver si nos falta algo por coger. – Y esperó a que la niña canturrease nuevamente todo lo que debían comprar para poder hacer la tarta.

Una vez tuvieron los ingredientes, fueron hasta la zona de pago para abonar el dinero correspondiente y Steven aprovechó para coger dos Kit Kat que había al lado de la cajera, dibujando una sonrisa inocente mientras lo colocaba sobre la cinta mirando a Lexie de reojo.

- Sí, una bolsa. – Contestó cuando la cajera preguntó y se dispuso a ayudar para guardar todos los ingredientes. Cogió la bolsa una vez estuvo llena y volvieron a salir del lugar, esta vez más cargados que antes y con los bolsillos algo más vacíos. – El Caldero Chorreante no queda muy lejos y tiene una chimenea conectada con Las Tres Escobas, así no tenemos que buscar un lugar apartado para desaparecernos. – Y es que Steven intentaba que la magia pasase siempre lo más desapercibida posible, pues no quería que ningún muggle pensase que se había vuelto loco tras verles desaparecer. – En Hogsmeade estarán todos tus compañeros de Hogwarts, ahora que lo pienso. Si quieres ir a pasar un rato con alguno de ellos dímelo, no quiero ser un padre pesado que no te deja pasar tiempo con ellos. – Bromeó, pues suponía que Lexie no querría pasar tiempo con alumnos tan mayores.
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Invitado el Mar Oct 11, 2016 11:08 pm

A veces y sólo a veces es que resentía que sus padres no estuvieran juntos, pero sólo en pequeñas ocasiones en que se permitía tener ese sentimiento que no le gustaba nada... porque tenía esos momentos que amaba. Pasear por el súper haciendo las compras para luego ir a hacer una tarta, era algo tan mundano, tan simple pero que significaba el mundo para ella. Amaba tener esas actividades con ambos padres, y resentía el hecho de no haber tenido esas oportunidades seguidas con su padre tanto como con su madre. Aun si no viviera en Hogwarts, seguiría viendo poco a su papá.

—¿De verdad? No sabía eso... ¿cómo no voy a saber eso? Estoy leyendo poco sobre el colegio, o estoy leyendo los libros equivocados. Cuando regrese solucionaré eso.

Le picó las costillas, claro que quería de regalo ese reproductor de música, pero sentía que Navidad estaba muy lejos... y más ahora que quizás tendría la oportunidad de que estuvieran todos juntos, sería cuestión de comenzar el chantaje emocional con su madre pronto.

Le sonrió al verlo filtrar los Kit Kat, como un niño el muy bribón. Le sonrió a la cajera, casi con orgullo, como si quisiera dejar en claro que SÍ, ese hombre gracioso y apuesto era SU papá, y NO, no estaba disponible por el momento porque era sólo para Lexie.

Cuando salieron a la calle, Lexie se quedó un poco atrás sólo para tomar impulso y saltar a la espalda de su padre, se prendió como un monito y rió abrazándolo por el cuello por detrás.

—Ay pá —suspiró contra su mejilla—. Si tuviera amigos con la edad necesaria para pasar los fines de semana en Hogsmeade, seguro estarías celoso. Y aunque fuera así, no hay lugar en donde preferiría estar más que contigo... aunque me lleves al dentista.

Le dio un beso en la mejilla y se quedó muy cómoda prendida de su espalda.

Llegaron al Caldero Chorreante, y sólo allí Lexie se bajó, tomó la mano de su padre y sonrió al dependiente como si no hubiera roto un plato en su vida.
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Steven D. Bennington el Miér Oct 12, 2016 3:24 pm

Su hija había vivido siempre rodeada por el Mundo Muggle a pesar de saber desde bien pequeña la existencia de la magia. Ambos padres eran magos y no se lo habían ocultado a la pequeña pero de la misma manera, ambos habían sido criados en ambientes sin magia. Su madre, por su parte era mestiza pero no había conocido la magia hasta entrar en Hogwarts, igual que Steven. Aunque él contaba con el problema de tener padres muggles y realmente no conocer la magia porque nadie podía hablarle de ella.

- Eso es porque no has intentado encender ningún aparato electrónico en Hogwarts. – Rió su padre si poder evitarlo. – Yo me pasé semanas pensando que no me funcionaba nada hasta que me dijeron unos alumnos mayores que allí no funcionaba nada. – No sabía si lo pondría en algún libro de texto, pues al ya saberlo a ciencia cierta, no se había puesto a investigar al respecto ni se había parado al leerlo en mitad de una página porque era un dato que ya conocía.

A pesar de ya parecer toda una adolescentes gracias a su altura y su intento de apariencia por ya ir a Hogwarts y, en ocasiones querer permanecer al margen de sus padres, Lexie era todavía una niña. Y Steven se alegraba monumentalmente de aquello, pues realmente sentía pánico de perder a su niña para que esta se convirtiese en toda una adolescente que esperaba que no le diese demasiados dolores de cabeza. Él en aquella etapa no había sido demasiado insufrible para sus padres y profesores, pero había escuchado que las mujeres eran peores. Y no sólo lo había escuchado, sino que también lo había vivido. Su hermana y todas sus amigas habían pasado por aquel periodo en que no había quien fuese capaz de soportarlas. Pero por suerte, ese tiempo ya había pasado y esas personas volvían a ser soportables.

- Tienes cara de necesitar ir al dentista una vez al mes, por lo menos. – Rió el hombre al notar el peso de Lexie sobre su espalda y apresurándose a sujetar sus piernas con sendos brazos para ayudarla a mantenerse en aquella postura sin hacer demasiado esfuerzo y sin acabar como una tortuga con el caparazón sobre el suelo y las patitas agitándose rápidamente al no poder girar por sí misma. – Aunque si empezamos a ir una vez al mes al dentista creo que deberíamos contar con tu madre, que al final acabará regañándome por sacarte de Hogwarts y verte yo solo. – Era lógico que ambos echasen de menos a su hija y Steven había olvidado por completo en aquella ocasión avisar a su ex mujer, pero para la siguiente tenía claro que tenía que contar con ella. Se llevaban bien, pero estaba en todo su derecho de echarle en cara no avisar.

Una vez llegaron al Caldero Chorreante, Lexie bajó de su espalda y él volvió a tomar su mano con una sonrisa. Saludó amablemente al hombre que atendía a los clientes y este se apresuró a decirles que el pasaje se encontraba actualmente vacío por lo que podían pasar sin problema. Abrió una de las puertas traseras de la tienda y se encontraron con una sala pequeña que únicamente contaba con una chimenea de la que, en ese preciso instante, salió un mago que fumaba de pipa, el cual se dedicó a farfullar de manera inentendible mientras se abría paso a la salida.

Steven no hizo más que encogerse de hombros ante la reacción del hombre y miró a Lexie de reojo para luego sonreír.

- Sujétate bien. – Dijo el chico como si realmente aquello pudiese llevar consigo algún tipo de problema. Nada más entrar por la chimenea el ambiente cambió dando paso al ruido de Las Tres Escobas, donde podía verse a gran cantidad de alumnos de Hogwarts sentados tomando una cerveza de mantequilla. Steven pensó en invitar a una a Lexie, pero realmente acababan de tomar demasiada comida como para pensar en tomar algo más. – Vamos rápido a casa a dejar las cosas y bajamos a la tienda, ¿Te parece? – Preguntó de manera automática mientras comenzaban a caminar por las calles de Hogsmeade camino a casa.

El piso de Steven se encontraba a las afueras del pueblo. Era una casita de dos pisos siendo el primero para una amable señora mayor y el segundo para Steven. Abrió la puerta para dejar que Lexie subiese en primer lugar las escaleras hasta la puerta de su casa y, una vez llegó él, dio un golpe con la varita para que esta se abriese. Era una de las pocas cosas que había adoptado de los magos, y es que esa puerta solo se abría al entrar en contacto con su varita.

- Iré dejando las cosas en la nevera, si quieres ve al baño mientras y ahora vamos a la tienda. Tienes cinco minutos. – Fue en dirección a la cocina y se asomó para mirar a Lexie. - ¡Tiempo! – Añadió de manera animada como si esos cinco minutos fuesen a ser cronometrados mientras se dedicaba a colocar lo que habían comprado.
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Invitado el Jue Oct 13, 2016 2:53 am

—¡AY PAPÁ! —se quejó corriendo hacia el baño.

Se encerró y se dio cuenta de la tontería que estaba haciendo pero... a veces se daba cuenta de que el tiempo estaba pasando, que los años estaban pasando y no le gustaba. Por momentos quería crecer, ser más independiente, tener acceso a otras cosas, pero al mismo tiempo no quería dejar de ser una niña. Los adultos, o más bien los adolescentes eran complicados y estaban llenos de problemas tontos, se ahogaban en vasos de agua y todo era un drama tras otro. Lo veía en sus compañeros de cursos más avanzados, lejos de estar más cerca de la madurez y el crecimiento, eran inestables y ridículos.

Y se daba cuenta de que a veces ella actuaba así. Se miraba más al espejo, se preocupaba por su cabello y arreglaba su ropa. No que estuviera mal cuidar de una misma, pero se daba cuenta de que lo suyo rayaba lo tonto. SI su cabello estaba prolijo era suficiente, y si su ropa era funcional también. No necesitaba ponerse algún color en los labios o hacer ese fleco en su flequillo, no.

Se lavó la cara, las manos y se pellizcó las mejillas para regresar a la realidad.

Salió del baño y fue pronto al encuentro con su papá, aunque se detuvo en la cocina al ver... una caja de bombones con una nota. Su padre seguía acomodando las cosas que acababan de comprar y no le prestó atención, así que Lexie sacó la nota y leyó con cuidado. No era nada del otro mundo, sólo... un "Deberíamos salir a cenar uno de estos días. Besos"-

¿Besos? repitió molesta en su cabeza. Dejó la nota en la caja y se sentó en una de las sillas.

—Am... entonces... ¿estás conociendo a alguien?
xD:

Si no te parece eso que puse, lo borro. Pero tenía ganas de celos xD
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Steven D. Bennington el Jue Oct 13, 2016 12:17 pm

Colocó la bolsa de plástico con los ingredientes que habían comprado sobre la encimera de mármol y fue sacando cada uno de ellos con cuidado de no tirar nada al suelo. En ocasiones tendía a ser un tanto despistado pero a eso se le sumaba el hecho de tirar las cosas con facilidad. Muchos decían que se debía a la pérdida de cierto nivel de equilibro que residía en el oído interno. En su opinión, no estaba relacionada en absoluto, pues siempre había sido un tanto patoso y, sinceramente, no notaba apenas la diferencia.

Sacó los dos paquetes de fresas que habían comprado y los abrió. Vertió sendos paquetes en un bol de cristal transparente y lo guardó en la parte baja de la nevera, donde había más hueco para que por un descuido no acabasen golpeándose. La nata acabó también en la nevera junto a la mantequilla, la cual había comprado a sabiendas que tenía en casa. Guardó el paquete bajo el ya abierto y comprobó que quedaba suficiente para poder hacer la tarta, aunque era probable que necesitaran además usar el nuevo paquete. Las galletas maría, la gelatina neutra y el paquete de azúcar quedaron sobre la encimera para luego no tener que sacarlos de la despensa o de cualquier estante.

Abrió la nevera y cogió una botella de agua fría para servirse un vaso pero, antes de poder llegar a coger un vaso, escuchó la voz de Lexie a su espalda. Se volteó sin haber escuchado qué era exactamente lo que había dicho su hija, aunque no tardó en relacionar los sonidos con palabras al ver a Lexie sentada sobre una silla al lado de una caja de bombones con una nota abierta sobre la mesa.

- Realmente no. – Negó con la cabeza antes de soltar una risa. – No sé ni de quién son. Los encontré la otra mañana en la puerta de la tienda de música y no pude evitar llevármelos. No sé siquiera si son para mí pero… Son bombones, ¿Cómo no iba a llevármelos? – Se encogió de hombros. Steven era un goloso por naturaleza, no podía ni quería remediarlo.

Se acercó hasta donde estaba Lexie y cogió una de las sillas, apartándola de la mesa y acercándola más a su hija para sentarse en ella. Cogió la caja de bombones y la abrió con cuidado de no desparramar su contenido.

- Creo que no debería comérmelos. – Hizo una leve pausa y cogió uno de ellos, dejando el resto de la caja sobre la mesa. – Se los llevaré a mi amigo Drake para que me asegure que no tienen nada raro. – Drake era Auror, seguro que era capaz de decirle si aquellos bombones eran comestibles o tenían algo raro. Pues después de haber recibido varias notas acosadoras ya se esperaba cualquier filtro de amor en ellos. – El chico que nos invitó a su boda. – Aclaró para recordarle a Lexie de quién se trataba. Y es que a principios de septiembre habían acudido juntos a la boda de uno de los amigos de Steven.

Dejó el bombón nuevamente sobre la caja, pues no le inspiraba ni la más mínima confianza y arrugó el papel para tirarlo a la papelera luego.

- Si saliese con alguien serías la primera en saberlo. Pero no es el caso, así que no tienes nada de lo que preocuparte. – Le dijo con cariño despeinando su cabello con la mano. - ¿Vamos a la tienda? – Preguntó levantándose y tendiéndole la mano a la niña para hacer lo mismo.

OFF: Por mí todo perfecto (:
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