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Nice Dream [Lexie Bennington]

Steven D. Bennington el Sáb Oct 08, 2016 1:44 am

Recuerdo del primer mensaje :


Desde que había dado comienzo el curso, había escrito una carta diaria para Lexie. Por suerte, había tenido la decencia de no enviarlas, sino de ir haciéndolo poco a poco y cuando esta tuviese tiempo para contestar. Por nada del mundo quería ser un padre que agobiase a su hija, pues quería que esta se sintiese libre en Hogwarts e hiciese nuevos amigos. Algo que no sería tarea fácil si día sí y día también una lechuza dejaba caer una carta sobre su mesa. Y más teniendo en cuenta que pensaba que su mujer haría lo mismo y enviaría una carta diaria, por lo que la niña acabaría con un montón de cartas cada mañana en el desayuno.

Finalmente optó por ir dejando espacio a Lexie y le alegró saber cómo había resultado ser el comienzo de sus clases. Las cartas tampoco contaban mucho y no abarcaban situaciones concretas, sino que eran demasiado genéricas, algo que a un padre preocupado no le servía de mucho. Había intentado que no le afectase demasiado al menos no más de la cuenta pero no podía evitar tener esa curiosidad y preocupación al mismo tiempo sobre cómo estaría su hija en un nuevo colegio tan lejos de sus padres.

Al ser de primer curso, no tenía la oportunidad de salir a Hogsmeade como sus compañeros, pero Steven conocía un pequeño vacío legal que había descubierto en sus tiempos como estudiante y que, ahora que era padre, había comprobado que seguía vigente. Y es que, por causa mayor, un alumno podía salir del castillo con consentimiento paterno. Estas causas podían ser una cita médica e incluso el fallecimiento de un familiar.

En este caso, Steven se había asegurado de planificar una cita con el dentista para el segundo fin de semana del mes de octubre. Aquella cita llevaba planificada desde el mes de mayo y tan sólo existía para que Lexie tuviese que salir del castillo. Eso era algo que, como padre, no admitiría, pero lo había hecho de manera totalmente consciente.

- ¿A que al final no era para tanto? – Preguntó con una cálida sonrisa antes de abrir la puerta del dentista y dejar salir en primer lugar a su hija. Llevaban allí algo más de media hora entre la espera y la revisión y, tras aquello, Steven tenía pensado un gran día con su hija. En parte tenía cierto miedo a que esta dejase de necesitarlo y, por otra parte, realmente echaba de menos pasar tiempo en su compañía. – Lo mejor que se puede hacer después de comprobar que no tienes ni una sola caries es arriesgarnos a tomar algo con azúcar. El otro día estuve por aquí y vi una cafetería donde tenían unos helados, tartas y batidos con una pinta increíble, seguro que te apetece uno. – Le guiñó un ojo de manera divertida tendiéndole la mano por si aún no se sentía demasiado mayor como para ir por la calle cogida de la mano de su padre. – Seguro que en Hogwarts no tienen nada parecido. – Aunque de aquello último no estaba tan seguro teniendo en cuenta la cantidad de dulces que se servían en el Gran Comedor.
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Invitado el Jue Oct 13, 2016 11:30 pm

—Es obvio que tienes un admirador secreto, y es lo más creepy del mundo. No deberías traerte esas cosas a casa, eres un glotón.

Lanzó un gritito cuando le revolvió el cabello, se peinó otra vez indignada con los dedos y aceptó su mano para ponerse de pie.

—¿De verdad me dirás? Pero no esperes a que sea serio para decirme, en cuanto tengas tu primer coqueteo me lo tienes que decir. Y sabes que puedes decirme lo que sea ¿cierto? Como que... no sé, si de repente es un señor el que te atrae no me voy a enojar ni nada, no si se trata bien...y si es guapo, porque tú eres guapo y no puedes tener nada menos que eso.

Sus padres eran muy jóvenes cuando se casaron y la tuvieron, es decir, papá apenas tenía treinta años y su madre ni siquiera los cumplía. Al parecer en el mundo mágico era normal asentar cabeza ni bien se salía del colegio, lo cual no estaba mal pero daba lugar a... bueno, divorcios a temprana edad. Eran jóvenes cuando se casaron, eran jóvenes en ese momento, y si por alguna razón cualquiera de los dos quería experimentar en otros aspectos, Lexie lo entendería. No le parecía nada del otro mundo a fin de cuentas.

—Ahora que lo pienso —empezó a hablar sola mientras salían de la casa y se encaminaban hacia la tienda—. Sería lindo tener otro papá... ¡Oh, que sea bien alto! Más alto que tú, eso sería genial. ¡Oiiiii! ¡Tiene que ser como un oso!
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Steven D. Bennington el Vie Oct 14, 2016 11:04 am

No pudo más que reír ante las palabras de Lexie y es que la pequeña tenía toda la razón del mundo. A Steven no le agradaban aquel tipo de detalles de personas desconocidas con mensajes anónimos que, siendo como era, ni encontraría al remite ni mostraría interés alguno por dar con él. Pero… Eran dulces. No podía evitar ver una caja de bombones sin tener la tentación de coger uno. Suficiente que había hecho dejando la caja a un lado y sin tocar ninguno de ellos hasta que hubiese recibido el visto bueno de su amigo Auror.

- Son bombones… - Dijo con cierto tono infantil como si las tornas se hubiesen cambiado y ahora fuese Lexie la madre y él tan sólo el niño que encuentra objetos por la calle y se los lleva a casa sin pedir perdón ni permiso. – No es como si trajese ratones. – Añadió intentando quitarse la culpa de todo el asunto. – Ahora que lo pienso… - Hizo una leve pausa que aprovechó para rascarse el mentón. – Estoy siendo un ejemplo terrible. No le digas a tu madre que he aceptado comida de un desconocido y tú… ¡Tú no aceptes comida de desconocidos, Lexie! – Intentó dar ejemplo, pero tenía que admitir que en aquella ocasión no tenía escapatoria.

Elevó la mano en forma de puño y separó el dedo meñique del resto para que Lexie hiciese lo mismo y sendos dedos se enlazasen en forma de promesa infantil.

- Lo prometo. – Volvió a reír cuando la conversación dio un vuelco que no esperaba. ¿De verdad Lexie imaginaba a su padre intentando tener una relación con algún hombre? No podía evitar reír ante aquello. Le alegraba ver la tolerancia de su hija hacia cualquier tipo de relación y, en parte, se sintió orgulloso de su hija. No dijo nada, se limitó a reír por su ocurrencia. – Lo tendré en cuenta si decido cambiar de acera. – Dijo algo más serio como si creyese firmemente que aquello era posible.

Dicen que cualquier edad es buena para descubrir que has estado toda tu vida equivocado sobre algún aspecto determinado. Pero por el momento, aquella posibilidad era tan remota como la de ver a su padre con una pareja de diferente género.

- Si quieres tener otro papá intenta convencer a tu madre para que se eche un novio. – Afirmó Steven levantándose y colocando la silla en su lugar. – Por parte de tu padre dudo que tengas una segunda madre y mucho menos un segundo padre. – Dijo con tono bromista, pues no consideraba que la idea de considerar como una madre a su hipotética pareja le gustase. Por muy finalizada que estuviese la relación con su ex mujer, ella era la madre de Lexie y ese puesto no lo podría ocupar nunca otra persona. Ni siquiera acercarse. – Anda, imaginación prodigiosa, levanta y vamos a la tienda de música para que pruebes los nuevos instrumentos antes de que te dé por querer tener también un hermanito.
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Invitado el Lun Oct 17, 2016 1:13 am

—Pffff... —resopló rodando los ojos. Tomó la mano de Steven mientras caminaban hacia la tienda—. Mamá está tan cerca de tener un novio como tú.

Su mamá era... la mujer más hermosa del mundo, y no es que lo dijera sólo porque era su mamá sino porque lo decía desde un punto totalmente objetivo, casi científico. Su mamá era preciosa, grácil, delicada, de grandes ojos y cabellera rubia. Era una mujer muy bella que muchos hombres deseaban, pero a la vez era correcta y seria, y no le daba cabida a nada ni nadie.

—A veces quisiera que tuviera uno ¿sabes? Un novio. Porque me da la sensación de que está muy sola.

Porque era realmente una mujer simpática a la que no le faltaban pretendientes, pero no parecía interesada en tener a nadie a su lado... Lo cual era confuso, los adultos eran confusos.

Llegaron a la tienda, Lexie esperó9 a que su padre abriera la puerta y una vez que tuvo acceso entró como una bala directo a ver todos los instrumentos. Le encantaba estar allí, era... era un lugar mágico en más del sentido literal de la palabra, era esa conexión con su niñez, con recuerdos de su padre, con ideas y cosas que le gustaban antes de conocer Hogwarts y lo que se avecinaba.

—¿Cuáles son los instrumento mágicos?
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Steven D. Bennington el Vie Oct 21, 2016 7:29 pm

Conocía a su mujer lo suficiente como para saber que a veces era complicada. Por algo habían empezado una relación que había durado unos cuantos años y de no haber sido por aquel accidente, lo habría hecho bastante más. Pero tenía que admitir que Charlotte a veces podía ser demasiado dura y seca con la gente. Era preciosa, de eso no cabía duda, pero tenía una personalidad que tendía a alejar a los demás. Menos a Steven, quien ya estaba tan acostumbrado a su peculiar manera de ser que no tenía queja alguna.

- No creo que lo esté, Lexie. A veces los mayores necesitamos tener nuestro espacio y tú madre también lo necesita. – No sabía, ni quería saber, si Charlotte se veía con otros hombres o si en un pasado lo había hecho tras finalizar su relación. Posiblemente sí, pero era algo que prefería dejar al amplio campo de su imaginación a veces tan prodigiosa. – Cuando ella quiera, tendrá a cualquier hombre. Tú madre es una mujer preciosa y encantadora, aunque para darse cuenta de eso tienes que pararte a conocerla. – Sonrió amablemente pasando la mano por el cabello de su hija. – Aunque no lo creas, os parecéis más de lo que parece.

Volvieron a bajar las escaleras y a salir del edificio para caminar por las calles tan transitadas de Hogsmeade en pleno fin de semana. Se cruzaron un par de alumnos que Steven conocía de la tienda de música y este se limitó a saludarles amablemente con una grata sonrisa entre sus labios. Y es que si había algo constante en la vida de Steven, eso era su sonrisa.

Abrió la puerta de la tienda que aún se encontraba abierta al público y recibió un saludo de su compañero de trabajo, un hombre bastante moreno con el pelo largo y liso.

- ¡Steve, colega! Hoy es tu día libre, anda, vete a casa, yo controlo la tienda. – Dijo el hombre pasando un brazo por encima del hombro de Steven. – Ah, esta debe ser la pequeña Lexie. He oído hablar mucho de ti pequeña, pero ya no eres tan pequeña como dice tu padre. – El hombre rió y Steven no tardó en contestarle.

- Lexie, este es James, mi compañero de trabajo. Y James, como ya sabes, esta es mi hija Lexie. – James le tendió la mano a Lexie en forma de saludo. – Hemos venido para que vea los instrumentos nuevos, no te molestaremos. – Su compañero afirmó con la cabeza e hizo una especie de saludo militar para volver hacia el mostrador de la tienda.

Los instrumentos se encontraban en la parte final de la tienda, lejos de los discos y los recambios para los diferentes instrumentos. En aquel momento, sólo había una pareja formada por una mujer y un hombre de la tercera edad que miraban pianos.

- ¿Ves las etiquetas? Los que tienen la etiqueta azul son muggles, los rojos tienen alguna propiedad que les hace diferente a los que acostumbramos ver en las tiendas de música normales. – Se aceró a un arpa y comenzó a tocar las cuerdas durante apenas quince segundos. Cuando frenó, la melodía comenzó a repetirse una y otra vez sin necesidad de tocar sus cuerdas. – También hay otras que si comienzas la canción la siguen tocando solas. Hace tiempo nos llegó un piano que hablaba, pero era bastante maleducado y con poco vocabulario, así que no servía de mucho. Realmente, un piano que habla no sirve de nada. – Se encogió de hombros.
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Invitado el Dom Oct 23, 2016 1:52 am

Frunció el ceño algo molesta, realmente le caía tan mal cuando los adultos limitaban sus respuestas a "cosas de gente grande". Los adultos eran peores que los niños, tan transparentes y simples, pero a la vez con todas las complicaciones del mundo. Estaba segura de lo que decía, porque ella pasaba más tiempo con su madre de lo que jamás hacía su padre, la conocía más y era muy consciente de lo que veía y percibía en ella. Pero lo dejó estar, ni iba a ponerse a discutir con su papá al respecto... no ahora que tenían un buen tiempo para estar juntos y que el día había ido tan bien.

Al entrar a la tienda se sujetó fuerte de la mano de su padre, y se sintió algo sonrojada viendo a James con su largo cabello negro... era un hombre muy guapo y ese cabello era tan distintivo. Por ello sonrió y asintió sin decir palabra cuando la saludó, se sentía tonta y tímida, pero no pudo controlarlo.

Al entrar a la parte trasera corrió de inmediato a ver los instrumentos, pero con cada descripción de su padre los miraba con menos afecto.

—Uhm... ¿exactamente en qué se diferencia un instrumento que hace todo el trabajo... de un reproductor de música? —preguntó confundida pasando los dedos por los instrumentos—. Creo que me gustan más los instrumentos sin magia.

Algunas cosas mágicas eran realmente útiles y magníficas, pero otras perdían el sentido cuando estaban tan decoradas por habilidades y cualidades que no venían al caso. Las fotografías que se movían eran algo que Lexie nunca había disfrutado particularmente, prefería las simples fotos que se quedaban quietas, que eran ese solo momento capturado y retratado por siempre.

Ahora con los instrumentos que hacían todo el trabajo...

—Supongo que deben ser útiles cuando tienes una fiesta, necesitas música y no tienes quién toque... o algo así —rió yendo hacia un piano con la etiqueta azul. Se sentó y acarició las reclas—. ¿Tocas algo conmigo?
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Steven D. Bennington el Dom Oct 23, 2016 11:36 am

Steven no podía estar más de acuerdo con su hija. Pues, para él, los instrumentos ya eran mágicos sin necesidad de ningún tipo de embrujo. Esa era la razón por la cual había decidido dedicarse a la música cuando era incluso más pequeño que Lexie, y es que Steven siempre había considerado que la magia más pura se encontraba en las personas y una manera de dejar fluir esta magia era por medio de la música. Desde bien niño lo había sabido por lo que sin necesidad de conocer la existencia de un mundo mágico con varitas, criaturas mágicas y pociones existiese.

- Un reproductor de música reproduce el disco que metas en su interior. En cambio estos instrumentos tienen las opciones más limitadas. – Rió. – Estoy de acuerdo contigo, sin magia son mucho mejores. – Admitió mientras se cruzaba de brazos y seguía con la mirada los movimientos de su hija. – Hay otros que se limpian solos, que sus cuerdas son imposibles de romper o que llegan incluso a cambiar de color según la melodía que estén tocando. – Añadió el rubio haciendo una breve mención sobre otro tipo de instrumentos que Lexie y cualquier otro cliente podían encontrar en la tienda y cuya magia no era tocar por ellos mismos.

Se acercó a Lexie y escuchó sus palabras. Saltaba a la vista que su hija era inteligente y, no sólo eso, sino que pensaba consecuentemente. Eso agradaba a Steven, quién sentía que en los años venideros Lexie no tendría ningún tipo de problema en Hogwarts académicamente hablando. Tan solo esperaba que lograse hacer amigos y que considerase que estos tenían importancia en su vida, pues de no ser así, le esperaban unos años que quizá podrían volverse bastante duros. Los niños eran crueles y no quería que Lexie pasase ningún mal rato.

- Suerte que este piano no habla. – Mencionó Steven con tono bromista mientras ocupaba el asiento junto a su hija. - ¿Llevas tú los pedales hoy? – Preguntó el rubio haciendo referencia a los pedales del piano, pues no era lo mismo repartir las teclas entre dos personas que repartir los pedales, por lo que siempre que tocaban era uno o el otro quien se encargaba de esa parte del trabajo. – Luego quiero enseñarte otro piano. – Hizo una leve pausa y miró de reojo a su hija. – Te prometo que este no habla y te gustará lo que hace. También es mágico pero no es de esos que comienzas a tocar y él hace el resto del trabajo. – Le guiñó un ojo antes de situar las manos sobre las teclas y comenzar a tocar.
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Invitado el Lun Nov 07, 2016 11:45 pm

Asintió, se haría cargo de los pedales y las teclas del final.

—De acuerdo, pero que no brille tampoco, me dan cosa cuando brillan —le sonrió.

Cuando Steven comenzó a tocar no pudo evitar largar una risita y poner los dedos delicadamente sobre las teclas para seguirle el ritmo a aquella jocosa pieza. Le gustaba tocar con su padre, no sólo porque era una actividad artística y que la hacía sentir cerca de él, sino porque en ello se mostraba el espíritu jovial de su padre. Le hacía sentirse cerca al Steven que seguramente había sido en el colegio, el que nunca dejaría de estar allí.

A veces se preguntaba si otros niños tendrían la misma suerte que ella, la capacidad de ser amigos de sus padres, de poder disfrutar de ese tipo de momentos que eran íntimos pero frívolos al mismo tiempo.

Mientras tocaba no podía evitar balancearse de un lado a otro, riendo cuando su hombro chocaba contra el de Steven, ambos terminaban casi bailando en la banqueta.

Se sentía realmente contenta, realmente feliz de que ese día se hubiera dado aunque había hecho todo el berrinche del mundo por tener que ir al dentista. Si podía tener más días así... aceptaría tener que ir a pretender que había un conejo en la alacena del doctor y se portaría bien, sin berrinches ni quejas.

Con un suspiro la pieza terminó, reclinó la cabeza contra el hombro de Steven y cerró los ojos un momento.

—Te quiero, papá.
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Steven D. Bennington el Miér Nov 09, 2016 1:11 pm

Las manos de ambos comenzaron a deslizarse sobre las teclas, presionando cada una de ellas en el momento preciso y haciendo sonar, de manera conjunta, una melodía. La sonrisa de Steven permaneció constante en su rostro durante todo el transcurso de la canción, moviéndose de manera inconsciente a un lado y a otro. No era algo que soliese hacer cuando tocaba, pero dado que Lexie se movía de tal manera, su inconsciente quiso que él hiciese exactamente lo mismo.

Sonrió y soltó una leve carcajada sin dejar de tocar al darse cuenta de lo que sucedía. Y es que muchas veces, las personas imitan los movimientos y las acciones de los demás sin siquiera darse cuenta de ello. Simplemente por cercanía. O quizá por ese sentimiento de apego. Pues especialmente esta repetición inconsciente se da de padres  a hijos. Aunque, en aquella ocasión, debía admitir que había sido al contrario.

Una vez terminaron de tocar, notó la cabeza de Lexie posándose sobre su hombro a lo que él respondió acariciando levemente los cortos cabellos de la niña. Su sonrisa se intensificó ante sus palabras y el hombre posó, con sumo cuidado, sus labios sobre la cabeza de la niña. Depositando allí un corto beso.

- Yo también te quiero, Lexie. – Contestó el hombre orgulloso de su hija. Y es que podía deberse a que era su hija y no cualquier otra niña. Pero Lexie era excepcional en el amplio sentido de la palabra. Lexie era inteligente y creativa, pero también era una buena persona y era feliz. A fin de cuentas, eso es con lo que sueña todo padre, con crear una buena persona que sea feliz. Y Lexie lo era.

Permanecieron en la misma posición durante apenas un par de segundos y Steven se levantó, sacudiendo primero el cabello de Lexie con una de sus manos.

- ¿Quieres subir a hacer la tarta? Antes de que se nos haga demasiado tarde y tengas que volver a Hogwarts. – Indicó yendo rumbo a la puerta. – El director me pidió que te llevase antes o después de la cena, y por la hora que es… - Miró el reloj en su muñeca izquierda. – No creo que tus compañeros tarden mucho en comenzar a cenar. – Admitió algo decepcionado por lo rápido que la manecilla que marcaba los minutos parecía correr.
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Invitado el Jue Nov 10, 2016 11:10 pm

—¿Ya? ¿De verdad? —preguntó decepcionada.

No podía creer que el día se había pasado tan rápido, cierto era que habían hecho muchas cosas pero era tan extraño que de repente y al mirar por la ventana el sol se estuviera escondiendo. No se mentía cuando se decía que el día se pasa rápido cuando uno se divierte... en el caso de Lexie, podía decir que el tiempo había volado entre sus dedos y ahora pensaba si podría haberlo aprovechado mejor. Pero no, mirando atrás no podía decir que alguna parte de su tiempo con Steven había sido desaprovechada.

—Vamos a casa —asintió poniéndose de pie y tomándole la mano.

Podría decirle que la llevara a comer o que pidieran algo y lo llevaran a la casa, pero no, harían ese intento de tarta porque en eso habían quedado. Steven nunca le había roto una promesa, y aunque fuera una nimiedad no iban a empezar por allí.

Tomados de la mano, salieron del depósito. Steven se despidió de su colega y Lexie volvió a sonrojarse cuando este la saludó tan galante.

—Si te buscas un novio así no me enojaré —bromeó dando saltitos.

Regresaron a la casa, Lexie corrió a ponerse un delantal para no ensuciarse la ropa y fue sacando todos los ingredientes. Pronto la mesada estuvo colmada de enseres de cocina, frutillas y todo cuanto necesitaban.

—De acuerdo, saca el teléfono y vamos viendo las instrucciones.
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Steven D. Bennington el Vie Nov 11, 2016 11:09 am

Habían pasado prácticamente la totalidad del día juntos pero este ya estaba por llegar a su fin. Lo lao de estar en su primer curso en Hogwarts es que no existía esa posibilidad de verse cada fin de semana, aunque tanto su padre como su madre lograban encontrar pequeños vacíos legales para poder ver a su única hija. Y es tanto Charlotte como Steven querían poder ver a Lexie antes de que llegase el periodo de Navidades donde esta sí podría salir de Hogwarts para volver a Londres.

Padre e hija salieron de la tienda tal y cómo habían entrado y Steven no pudo soltar una carcajada cuando salieron de la tienda ante las palabras de su hija.

- Si te gusta James, siempre puedes venir un día con tu madre y se le presento sin que ninguno de los dos note que tenemos segundas intenciones con ellos. – Dijo con tono bromista su padre. – Aunque no creo que sea el tipo de chico en el que se fijaría tu madre. – Sin duda James se fijaría en Charlotte, ¿Quién no lo haría? Era especialmente atractiva y su personalidad era llamativa, o al menos, a ojos de Steven. Pero en cuanto a James… Era simpático, bastante alegre y un tanto infantil en muchos momentos, por eso congeniaba tan bien con Steven. Pero a su vez eran muy diferentes, ya que James apenas hablaba a no ser que le dieses pie a ello y no se tomaba prácticamente nada en serio.

Antes de poder decir nada al respecto, Lexie ya se había preparado para la que se les venía encima. Y es que cuando ambos entraban en la cocina lo más probable era que acabasen con ingredientes hasta en el interior de las orejas.

- Corta 300 gramos de fresas para el relleno. – Comenzó a leer e hizo una pausa para mirar primero el resto del primer paso para resumirlo, ya que hablaba del estado de las fresas y demás datos que no eran importantes. – Luego hay que añadir 50 gramos de azúcar, mezclarlo y esperar… ¿Dos horas? – Preguntó Steven leyendo la receta alarmado. - ¿Cómo que dos horas? ¿Pero qué tipo de receta tan aburrida es esta? Ah, pone que esto puede hacerse el día anterior… - Rodó los ojos. – Bueno, no importa, yo puedo usar magia. – Miró a Lexie y, con tono infantil siguió hablando. – Tú todavía no, que eres pequeña. – No pudo evitar soltar una corta risa al decir aquello.

Venga, vamos a hacer eso lo primero y seguimos con el resto mientras las fresas se van preparando y, si no pasan dos horas, ya usamos la magia. – Steven no era muy dado a usar la varita para asuntos cotidianos como podía ser cocinar. Aunque sí para fregar, pues era demasiado vago para ello.

Una vez hubieron hecho aquella parte de la receta intentando manchar lo menos posible (algo que, por el momento, habían conseguido), Steven siguió leyendo la receta.

- Partir las galletas y picarlas. Mira, aquí pone que podemos meterlas en una bolsa de plástico cerradas y aplastarlas. Sí, creo que así no mancharemos todo. – Afirmó mientras sacaba una bolsa y metía en el interior los 150 gramos de galletas que indicaba la receta. Una vez hubo sacado el aire de su interior se la tendió a Lexie para que esta se encargase.

OFF: La receta que está siguiendo Steven es esta
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Invitado el Vie Nov 11, 2016 11:32 pm

Lexie entró en modalidad estudiante sin darse cuenta, porque lo cierto era que cocinar era muy similar a hacer pociones. Había que medir bien las cantidades, prestar atención a la forma en que reaccionaba la mezcla y estar muy atento a todo. Considerando que padre e hija eran desastrosos en la cocina, alguien tenía que ponerse a hacer las cosas con cuidado y ese no iba a ser Steven.

Lexie cortó las fresas y las dejó en reposo como decían las instrucciones, aceptó la bolsa con las galletas y se dedicó a molerlas sobre la mesada. Se asomó a ver el teléfono de su padre y suspiró ante la cantidad de instrucciones, esa tarta no iba a estar lista antes de que tuviera que regresar al castillo, y no sería precisamente porque las fresas no estuvieran listas, sino porque había mucho por hacer.

Tomó un bol nuevo y vertió las galletas junto... ah sí, tenían que derretir la mantequilla, cosa que no habían hecho. No le gustaba hacer trampa, pero sin dudarlo le pidió a su padre que derritiera la mantequilla con magia, no podían perder mucho tiempo. Así que Steven se encargó de eso y pronto Lexie estuvo haciendo la mezcla con cuidado. Nop, no iban a terminar... pero no importaba, era feliz de todas formas.

—¿Cuándo volveremos a tener un día así? —le preguntó mientras mezclaba—. Me gustaría que fuera algo más seguido... No sé si es mucho pedir, no que quiera hacerte sentir culpable, es sólo que... Me gusta verte, me hace feliz y siento que hemos tenido poco tiempo siempre que nos vemos.
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Steven D. Bennington el Sáb Nov 12, 2016 10:14 am

Usó la varita para derretir la mantequilla y que Lexie pudiese seguir haciendo la mezcla y, mientras esta seguía con dicha mezcla, Steven pasó a colocar las láminas de gelatina en un bol con agua. Tocó aquello como si de algas marinas se tratasen, pues la textura le recordaba vagamente a ello y no le resultaba precisamente agradable. Tenía una mueca de asco dibujada en el rostro, pero en cuanto dejó de tocarlas, dicha mueca desapareció casi inmediatamente.

Dado que de no hacerlo rápido no iba a darles tiempo, optó por hacer uso de la varita. Golpeó el recipiente donde reposaban las fresas que previamente habían preparado para hacer que este proceso tuviese lugar casi de manera instantánea y pasó a escurrirlas tal y cómo indicaba la receta. Juntó dicho líquido con nata líquida y la gelatina para después colocarlo al fuego para comenzarlo a remover mientras Lexie se encargaba de montar la nata junto con un poco de azúcar.

- A mí también me gustaría que fuese más seguido. – Admitió Steven sin dejar de mover la cuchara de madera en el interior del cazo. – Pero este año estás en Hogwarts y no puedes salir todos los fines de semana como el resto de tus compañeros más mayores. El director sabe de sobra que si has ido al dentista hoy es porque tu padre quería verte pero… Tampoco podemos sacarte todos los fines de semana, Lexie. – Pues sabía que Charlotte también añoraba a su hija. – Buscaré alguna excusa más para vernos, pero sabes que no puede ser siempre. – Ojalá pudiese serlo, pero hasta que llegase su tercer curso no podrían verse cada fin de semana.

Si por Steven fuese, pasaría todos los fines de semana con su hija. Cuando esta vivía con su madre, se presentaba por casa en cualquier momento y no existía problema alguno. Pero Hogwarts era diferente. Totalmente diferente.

- Pero si hablas con tu madre deberías ir tanteando el terreno para pasar las Navidades juntos. – Juntó esta vez la mezcla de la gelatina con las fresas troceadas y tomó la nata montada que había hecho Lexie para finalizar aquella parte de la receta. Con otro golpe de varita, enfrió la mezcla de las galletas y le tendió a Lexie un molde para tartas para que esta echase allí la nata montada. – Yo intentaré hablar con ella pero entre su trabajo y el mío a veces es difícil coincidir. – Ya no vivían juntos, por lo que esas horas en las que coincidían eran para vivir su propia vida, no para reunirse con su ex pareja a pesar de mantener una buena relación.

Una vez vertieron todos los ingredientes en el molde ya mezclados, Steven sacó una espátula para que Lexie se encargase de que la mezcla quedase uniforme. No había problema con el tiempo que debía estar en la nevera, pues volvería a dar un golpe de varita y ese problema desaparecería.

- Sobrará tarta, así que puedes llevártela al castillo si quieres. Aunque allí ya tenéis mucha comida quizá te apetezca más por haberla hecho tú. – Aunque también era posible que ni siquiera les hubiese salido algo comestible.
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Invitado el Dom Nov 13, 2016 8:30 pm

Lexie asintió, sabía de sobra que no podrían tener ni la mitad del tiempo que tenían cuando vivía en casa. La carta de Hogwarts había significado muchos cambios en su vida, y por un lado estaba la fascinación de descubrir y aprender de todo un mundo nuevo, y por el otro que el tiempo con sus padres era muy limitado. A veces estaba tentada a recibir educación a distancia en casa, pero sabía que a sus padres no les gustaría que pusiera en pausa su futuro por estar con ellos... por mucho que también la extrañaran.

Sabía que en Hogwarts iba a formarse de una forma en que no conseguiría en otros ligares, y tenía que aprovechar al máximo la oportunidad que se le estaba dando.

Siguió los pasos de la receta con la ayuda de su padre, emparejó lo que faltaba acomodar, indicó a su padre los pasos a seguir para que ayudara con la varita.

—Hablaré con ella. Creo que le tiene algo de miedo a la abuela, así que yo haré mi parte pero tú tienes que prometer que harás la tuya... por mí —negoció finalmente.

Cuando la tarta estuvo lista, buscó platos y tenedores para poner la mesa, vayan que habían comido de todo ese día.

—No tendré dónde guardarla y se pondrá fea. Mejor quédatela y puedes llevar para compartir al trabajo ¿no?
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Steven D. Bennington el Vie Nov 18, 2016 10:42 am

No pudo evitar reír. ¿Cómo Charlotte tenía miedo a la madre de Steven? Pero rápidamente su mente comenzó a atar hilos y encontró la respuesta lógica. Y es que a Lauren Bennington nunca le habían agradado en exceso las parejas de ninguno de sus hijos. Es más, si hubiese sido bruja, Steven estaba seguro que sería capaz de llevar a cabo algún maleficio para evitar que sus hijos se presentasen en casa para presentarle a su nueva pareja.

- No te preocupes, yo hablaré con ella. Y también con tu abuela para que sea más amable con tu madre si al final pasamos las Navidades juntos. – Dijo sin poder borrar la sonrisa del rostro. Le resultaba tremendamente curiosa la reacción de su madre, pero más curioso le resultaba no haberse dado cuenta hasta años después que Charlotte era plenamente consciente del poco aprecio que sentía su ex suegra hacia ella. Steven sabía que aquello había cambiado pues, una vez se divorciaron, para Lauren, Charlotte tenía gran cantidad de virtudes que antes parecía no ver o no querer ver. – Le diré a James que mandaste tarta para él. – Afirmó el hombre mientras cortaba dos pedazos de no demasiado tamaño. Por su parte, no tenía mucha hambre con todo lo que habían comido aquel día, pero siempre había hueco de sobra para un poco de dulce.

Sacó dos vasos de leche de la nevera y los colocó sobre la mesa junto a los cubiertos y platos que Lexie ya se había encargado de colocar.

- Si tu madre te pregunta dile que también comiste fruta. – Dijo señalando la tarda, ya que esta estaba hecha de frutas. A fin de cuenta era comida sana, ¿No? Al menos en su cabeza sonaba como tal, aunque no estaba demasiado seguro de que tuviese razón.

Una vez terminaron el postre, Steven se encargó de guardarlo en la nevera y recoger los platos y cubiertos, lanzando un hechizo a estos para que se fregasen solos sin necesidad de recurrir a las manos. Seguidamente, pasaron a salir de casa a ir rumbo a Hogwarts tal y como le habían prometido al Director que harían y, una vez recorrieron el sendero que comunicaba Hogsmeade con Hogwarts y se situaron frente a la puerta exterior del castillo, donde esperaba el celador, Steven le dio un largo abrazo a su hija.

- Te seguiré mandando cartas casi a diario. – Le dijo con tono amable a la vez que algo pesado, y es que siempre quería saber qué era de su hija. – Y no hace falta que me lo recuerdes más, hablaré con tu madre. – Añadió antes de que le dijese algo más. Le dio un corto beso en la mejilla y dejó que la pequeña fuese al interior del castillo acompañada por el celador del castillo.
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