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Apolo Masbecth el Lun Oct 10, 2016 3:16 am

Tan solo han pasado cinco días desde aquel desastre en Noruega donde por poco y pierde el brazo. Ha tenido tiempo para reposar pero aun siente que no ha sanado del todo esas quemaduras, su médico quien a su vez es un amigo le ha pedido que vaya a revisión pues él ha salido de la ciudad y es quien le hace visitas a domicilio, por lo cual se vio obligado a salir de la cama esa tarde muy a su pesar. Contrario a lo que se esperaba, se le hizo extremadamente comodo el quedarse todo el día en casa sin hacer nada, al principio había tenido un poco de dudas siendo una persona bastante activa pero se acostumbró con facilidad a ser tratado y atendido. Su hijo había ido los primeros cuatro días para quedarse con él y asistirlo en lo posible pero la noche anterior tuvo que regresar al colegio de magia y hechicería. Su esposa por otra parte se quedó las primeras dos noches pero después el rubio no quiso más, ella tenía su vida y tenerla perdiendo el tiempo no es lo ideal.


Su familia, padres y hermanos insistieron en que fuera a la mansión para estar al pendiente pero se negó, pues él no estaba inválido y podía hacer las cosas. Esa mañana se quedó en cama más de la cuenta, estaba completamente solo cuando la alarma mágica sobre su mesa de noche le indicó que eran las tres de la tarde. Se levantó y fue a bañarse con cuidado de no lastimarse. No se había afeitado en casi una semana por lo cual su barba ya estaba formandose. Se vistió tan rápido como pudo, se sentía extraño viviendo en aquella enorme casa para él solo después de hacerlo con todos sus hermanos. Su hijo aun no había oportunidad de quedarse ahí más que esa semana.


Enfundado en un traje color azul marino, con el último botón de la camiseta gris oxford desabotonado, salió de su casa. Tomaría un transporte mágico que ya estaba esperando fuera de su casa pues según las palabras de su médico se arriesgaba demasiado el usar la aparición porque podría lastimarse el brazo o que el avance se fuera a la basura porque podría incluso perderlo. Cuando se bajó de aquel transporte, caminó subiendo las escaleras de aquel edificio imponente. El hospital de San Mungo no es su sitio preferido en la tierra pero tampoco le desagrada. El olor a muerte, la desesperación y la desolación son cosas que puede percibir, su aroma le atrae volviéndose sumamente afrodisíaco para el rubio.


Llegando a la sala de espera se acerca hasta la recepcionista quien tamborilea sus largas uñas sobre el mostrador mientra le observa a través de unas enormes gafas de pasta roja.- Tengo una cita, Masbecth, Apolo Damian - asegura, mientras se acomoda el brazo con su vendaje, le pica un poco y desearía poder rascarse. La mujer revisa en sus archivos y asiente, entonces se levanta y le acompaña hasta una de las salas de consulta. “El sanador estará consigo en unos minutos” fue lo que dijo ella antes de irse y cerrar la puerta. El mortífago no estaba seguro de quién sería, pues Sasha no era sin duda alguna, pero tampoco le avisó sobre que medimago lo iba a sustituir, tenía su reticencia a aceptar cambios de esa índole.
Apolo Masbecth
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Apolo MasbecthInactivo

Invitado el Lun Oct 10, 2016 7:20 pm

Nunca va a entender la constitución del tiempo, ni el encaje entre minuto y segundo. Una constitución de carácter binario que realmente no entiende, porque no se lo enseñaron en Hogwarts así que es un ignorante en ese aspecto o solamente se está escudando porque es un padre que en dos años, aún no ha aprendido como dejar a su hija perfectamente vestida y peinada en la Mansión de sus padres sin tener que volverse loco por llegar al trabajo a tiempo, en ese aspecto su vida es como una tira cómica muggle.

Por eso, cubrir puestos le era un poco problemático, para él era una doble responsabilidad tanto con el propio como por el ajeno, no lo hace tampoco por necesitar realmente el dinero porque aún es un niño pijo sangre pura, o criado como tal, solo mantiene a raya esos deseos de idiotez purista porque es un Sanador, por tanto, debía ir de la mano con la imparcialidad en todo momento. Lo hace, porque es vocación lo que lo mantiene anclado en San Mungo, increíblemente lo descubrió en las mazmorras Slytherin cuando aún era un estudiante que se encargó en más de una ocasión en reacomodar un brazo o heridas productos del quidditch  o por criaturas mágicas en la materia dada para ello. Eso, fue lo que le explicó arduamente a sus padres en esas vacaciones de séptimo al estar graduado ya. Que sí, se le opusieron porque querían que fuese un Inefable como el mismo Daregón pero la perseverancia – y su mal genio – ganaron.

- ¿Qué tenemos hoy, Thylane? – susurra a la mujer que le extiende un pergamino mágico que le da todas las citas programadas y eso, sumado a las emergencias le promete un día ajetreado, estresante pero eso es lo divertido de ese trabajo. – Hum, quemadura, dragón. Debe de estar mal.

Resume entre dientes en lo que termina de morder una rana de chocolate que su hija le ha dado antes de dejarla con sus abuelos, una cómica historia donde su pequeña Sophie-Ann odia parcialmente el chocolate pero adora todas las tarjetas de magos y brujas que dichos dulces traer así que mientras él se traga ese chocolate, ella se queda con esas tarjetas así, día a día. Frunce la nariz con un gesto que muchas personas le han alabado de atractivo pero más equivocados de estar para que supieran que ese gesto se personifica cuando algo le preocupa, no en gran medida pero si está presente.

- Cuando termine, vuelvo por otro informe. – musita mientras continua leyendo ese pergamino a base de informe. Dragones, una preciosa criatura que de solo verla puede producir un éxtasis visual y a su vez, un terror increíble. Recordaba vagamente uno en especial de su tiempo de Hogwarts en el Torneo de los Tres Magos, todo un suceso y a pesar del peligro de esa prueba, más de una persona reconoció la majestuosidad e imponencia que daba ese dragón, él incluido. Pero por cosas como esas, que lee y de las cuales se prepara mentalmente para lidiar, es que prefiere mantenerse al margen porque reconoce la poca, casi nula experiencia en conocimiento de fondo sobre esas criaturas.

Con un movimiento de su varita y muñeca fluida, la puerta cede a esa habitación y se introduce en ella sin mirar realmente, el beneficio de ser alguien que se conoce esa estructura complicada como era San Mungo de la misma manera que conoce cuantos pasos habían de su habitación a la de su hija en la madrugada. Echa un suspiro entre los labios porque aunque breve, el procedimiento de su primera visita está en ese pergamino de leerlo solo sabe que debió doler mucho, en esas cifras exageradas que hace que cada vello de sus brazos se ericen. Él trata en lo posible que nadie sienta dolor mientras lo está tratando.

- Soy Kaíke Humberth y por este momento, me corresponde atenderlo señor Masbecth. – por primera vez en ese momento es que su mirada verdusca deja el pergamino que se enrolla solo entre una de sus manos, y por segunda vez en lo que va de rato, vuelve a fruncir el ceño. Si el primogénito Humberth tiene algo de que jactarse es de su buena memoria para saber a quién atendió y recuerda caras a la perfección, por eso tener una cara con un nombre que de primera mano no conoce pero mentalmente reconoce el rostro, es contradictorio. – Su rostro me es familiar. – no puede y tampoco hace el intento de evitar realmente el comentario. -  Le voy a pedir que se saque la camisa para poder revisar el progreso. Comenzaré desde el pecho hacia su brazo. – susurra usado las manos y su propio cuerpo como un mecanismo de ejemplo. – Dado que las quemaduras fueron menos abrasivas a la altura de su pecho, y a este tiempo, ya no debe de haber rastro y solo me voy a asegurar de su buena cicatrización. Con resto a su brazo, tendré que hacerle un examen más exhaustivo desde la movilidad a esta altura de tiempo como cicatrización, prueba de reflejos o en su defecto, verificar que tan bien están los nervios y músculos reubicados.
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Apolo Masbecth el Mar Oct 11, 2016 3:52 am

El olor de aquella habitación le evocaba recuerdos, cuando era niño solía gustarle ir a San Mungo a revisión general pues siempre terminaba con una golosina por parte del sanador que tenían de cabecera en la familia. Tuvo una época corta de adolescente donde fantaseaba con convertirse en uno de ellos hasta que sus ideales cambiaron y darse cuenta que es una profesión demasiado noble y en la que sin duda tendría que ser imparcial y eso si que no estaba dispuesto a ceder. Después descubrió su verdadera vocación, cuidar y estudiar a majestuosas criaturas mágicas como lo son los dragones. Lo que tienen de majestuosos también lo tienen de peligrosos, por eso es que desde pequeño ha dedicado su vida a estudiarlos hasta convertirse en uno de los mejores dragonolistas en Europa.


Caminó por la habitación, marcando los pasos que daba y mirando hacia el suelo, se encontraba un tanto nervioso, no sabía qué es lo que iba a encontrar bajo el vendaje y como iba resultando la sanación. Allá fuera no se escuchaba ningún sonido, es la sala de espera por lo que suele ser un lugar tranquilo. Su mente divagaba hasta el momento del accidente, no le gusta recordarlo pero de pronto al estar encerrado en ese edificio le vinieron los recuerdos. Así que se convirtieron en momentos agridulces el encontrarse parado frente al escritorio del sanador cuyo nombre rezaba sobre este.


Le sonaba de algo, pero de igual forma se conocía a la mayoría de los residentes y enfermeras por lo cual tampoco era demasiado extraño. Vio también en un frasco de cristal paletas y golosinas que estaba seguro entregaba a los pequeños, sonrió al ver eso, algunas cosas no cambiaban. Continuó su recorrido, esta vez con la mirada, inspeccionando cada centímetro cuadrado de aquella instalación de cemento y hormigón. Reconocimientos, diplomas, fotografías y retratos de médicos pasados colgaban de las paredes blancas. Algunos de los hombres vestidos con una bata blanca postraron los ojos sobre el rubio y este les devolvió la mirada con una leve sonrisa mientras estos le indicaron que el sanador ya venía, ¿cómo lo supieron? no lo sabe pero regresó rápidamente a sentarse en una de las sillas frente al escritorio para no verse atrapado husmeando.


Al escuchar la voz no logró sumar dos más dos, pero cuando le vio de perfil supo quien era de inmediato. Su rostro esbozó una sonrisa grande como la de un niño al ver algo que es de su agrado y ese hombre es visualmente muy de su gusto. - Lo recuerdo, si   - dice intentando parecer tranquilo aunque por dentro no lo estaba, se encuentra inquieto por la revisión y más al saber que es un sanador tan bien parecido como él, aquella estructura ósea, esa mandíbula, esos ojos, le obligaban a recurrir a mil trucos para mantener la compostura.

Acto seguido se levanta del asiento y comienza a quitarse la camisa de forma lenta, no por gusto pero porque la mano vendada le impedía hacerlo más rápido. Tras batallar un par de minutos logró sacarla y la arrojó sobre la camilla. - Nos ha presentado Sasha, es mi amigo y quien me suele atender, pero me ha dicho que hoy no podía y creo que estoy bien con eso - menciona mirándole de arriba a abajo de manera descarada y sonríe para luego avanzar hacia el sanador.

Va y se sienta a un lado, sobre la camilla con los pies colgando mientras se acomoda hasta ponerse cómodo dentro de lo que cabe en una habitación de hospital. - Haga lo que deba, trataré de no ser un paciente insoportable y berrinchudo, pero tampoco puedo hacer la promesa de que no me quejaré - comenta medio en broma, pues recuerda lo mal que se portó cuando llegó de urgencia, aunque claro, tenía la ventaja de que ahora ya estaba mucho mejor que hace cinco días. - ¿Que significa su nombre? Es… peculiar. No lo había escuchado - dice tratando de hacer conversación porque quiere saber un poco más del hombre y también buscando distraerse de lo que fuera a realizar.
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Invitado el Mar Oct 11, 2016 5:31 pm

Contiene la respiración unos segundos mientras obtiene esa explicación del por qué, esa cara le es familiar y se regaña mentalmente porque es descuidado. Recuerda el día exacto en que lo vio, todo porque ese era uno de los días que el tiempo no estuvo de su lado, que Sophie-Ann tuvo uno de sus arranques de malcriadez donde no se quería quedar con otra persona que no fuese él y, tenía un caso grave que atender lo más pronto posible. Había prácticamente y perdiendo toda la rectitud como seriedad inculcada por sus padres mientras corría por los pasillos como un crío desorientado con un vaso de sumo en una de sus manos, se había atravesado en la conversación entre su actual paciente y el sanador prometiendo al último una disculpa por eso cuando los presentó tan accidentalmente que no le dio tiempo de retener en su memoria privilegiada, nada más que el rostro del hombre. He ahí, el por qué no lo recordaba.

- Hum, con razón. – chasquea la lengua con un gesto indulgente muy propio y de esos pequeños que no se retiene a pesar de parecer prepotente o no ser un sabiondo, cosas por las cuales había tenido un par de problemas en el pasado y mismas razones por las cuales sus padres le hacían presión para que abandonara San Mungo y fuera lo que debía, su hijo sangre pura encargado de los negocios familiares y, cada vez que lo insinuaban, lo tomaba como un aliento más para seguir adelante por vocación y no capricho. – Ese… Fue un día accidentado y lamento haber sido tan descortés en su momento. – susurra mientras sonríe levemente mientras se acerca.

Con la mirada recorre el pecho ajeno y tiene que hacer una leve presión con la yema de los dedos en el pectoral. Frunce levemente el ceño como ese gesto patentado y tiene que suspirar levemente. - ¿Se siente sensible? – pregunta con un sonido de calma que había aprendido a usar en esos instantes porque a pesar de no saber aún cuanto es el daño verdadero y hasta donde ha sanado, tiene que mantener un tono calmado para no predisponerlo, no lo necesita estresado.

Pone espacio de por medio cuando se mueve por esa habitación hasta el escritorio donde revisa con precisión hasta que sus manos están recubiertas de guantes que impedirán que manipule las heridas y piel sensible con sus manos. – Como dije… Comienzo por su pecho y mientras más relajado se encuentre, será más beneficioso y le prometo terminar rápido. – expone aunque lo último no lo puede garantizar. Usa la palma de la mano para estudiar el pectoral totalmente y después va usando la punta de los dedos donde puede observar como la piel dorada tiene un color aún enrojecido aunque sano.  – Me dice donde le duele y, de tener un dolor lacerante en el pecho puede alejarme. – propone mientras sigue levemente inclinado y sus dedos estudian el musculo. - ¿Kaíke? – tiene que sonreír de medio lado con un gesto casi cansado porque esa pregunta ha sido muy recurrente a lo largo de su vida. – Por muy incómodo que me sea esa historia… Tiene algo que ver con una novela mágica que mi madre solía leer mientras estuvo encinta.

Dedos expertos se sitúan por debajo del pectoral y con cierta presión empujan hacia arriba porque no desea que el musculo se solidifique como un hueso, a pesar de ser fibra, al estar en una sola posición y por la utilización de pociones puede que tomara la misma textura rígida parecida a la de un hueso o un cartílago. Su mano libre se ubica en la espalda del hombre para mantenerlo fijo. – Kaíke es la desambiguación de un idioma muerto, con el significado de aquel que es: “profundamente independiente, vivaz, rápido y emprendedor por naturaleza. Franco y directo que no le gusta tomar desvíos y no soporta la hipocresía. La experiencia de las personas que dirigen hace que se sienta poderoso y un gran placer.” – recita como si estuviese leyendo ese significado pero realmente era porque Evan le había hecho aprenderse ese significado igual que al mismo Daregón que como buen hombre, no supo oponerse a ese nombre y complaciente con su mujer, se quedó callado. – De alguna forma me gusta, pero cuando eres un niño te preguntas por qué tu madre no siguió la gran tradición familiar de usar el primer nombre del abuelo o padre para su primogénito. – rie en seco porque esa también fue una conversación recurrente en la que preguntó en más de una ocasión y más de un escenario, la falta de un nombre común entre la comunidad mágica. – Me toca. ¿Ha tenido un reposo absoluto? ¿No ha hecho fuerza de este brazo o algún esfuerzo de más de forma involuntaria? Necesito saber hasta el más mínimo detalle de su recuperación al salir de aquí, rutinario. - explica mientras su mano que está en la espalda se pasea al hombro de ese brazo lastimado y presiona lentamente para asegurarse que esa extremidad este lo más relajada que se puede.
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Apolo Masbecth el Miér Oct 12, 2016 3:27 pm

La memoria fotográfica es una habilidad nata del rubio, pues desde pequeño que ha sido beneficiado con eso, pudiendo reconocer olores y hasta colores, así mismo los rostros de las personas que ha visto a lo largo de su vida. El rostro que tiene frente a él solo lo vio una vez antes de esta revisión y por supuesto que supo quien era desde el momento que pudo ver sus ojos y aquella estructura ósea tan característica del sanador. Asintió sin necesitar decir nada más, aceptando sus disculpas, a cualquiera le podría pasar, con mayor razón a un hombre cuya vida prácticamente es ver decenas de pacientes al día, aunque por otro lado si que le molesta un poco que no pudo reconocerle con exactitud, una pena sin duda.


Carraspeó al sentir el contacto de la piel ajena sobre la suya, intentó no reír ante el comentario y tratando de sonar lo más serio posible, como se espera de un paciente - es una zona muy sensible, sí, pero desde siempre no por lo sucedido - comenta serio pero su rostro oculta una sonrisa maliciosa, sabiéndose capaz de utilizar su lengua bífida digna de una serpiente como él, pero no, en ese caso se retuvo para aparentar profesionalismo, pues la salud del rubio se encuentra en las manos de ese hombre y debe medir sus palabras.

Decide relajarse, aquel procedimiento es de rutina y no tendría porque ser doloroso e incómodo, así que se acomoda bien en la camilla, sentado sobre esta y permitiendo que el sanador toque las zonas de su piel, sintiendo como sus músculos se tensan al recorrerla y una leve molestia en la parte que conecta al brazo izquierdo. - Justo ahí duele un poco, es una sensación electrizante, pero a niveles bajos, soportables - dice asintiendo cuando vuelve a ser tocado - me hubiera visto hace cinco días, ni yo me soportaba, vergonzoso - admite ante aquel hombre, no le gusta verse como débil, pero es un hombre dedicado a la salud, sabe guardar la confidencialidad de paciente - médico, o al menos es lo que espera de alguien con esa profesión.


- ¿En serio? Pues no me suena ninguna novela, tampoco que lea muchas - mentira, si que lee bastantes, sobretodo si son románticas, le fascinan pero es un detalle que no dice a muchos y en verdad no le sonaba el nombre. - Es especial, si - asegura a sus palabras. - Al menos no te han nombrado como la mitad de Dioses del monte olimpo, o de cualquier deidad de la mitología, como es el caso de mi familia, es abrumador - estaba convirtiendo ese tema en algo sobre él, Apolo tiene dos nombres, el segundo no se lo dice nadie mas que su familia y es el que más le gusta, pero ese no quita que no hayan tenido demasiada originalidad. - Lo que quise decir, es que al menos tus padres fueron creativos, eso se agradece, ¿no? - entiende que tal vez fue dificil para él vivir con un nombre como Kraike, probablemente el rubio se habría burlado de estar en la misma generación, que no lo cree, porque se ve un poco mayor de edad el sanador. Un joven adulto muy bien conservado.


- Le agradezco que sea indulgente y permita que le haga preguntas personales, me ayuda a olvidar que me está revisando y el dolor que pueda tener, que hasta ahorita es casi nada - dice mirando de reojo su brazo el cual sigue con la venda y espera que se la quite pronto porque quiere ver el progreso. - He seguido las indicaciones al pie de la letra, no me levantó de la cama a menos que tenga que hacerlo. Me han atendido bien, aunque la mayoría de cosas las puedo hacer yo solo. Ahora por favor ¿podría descubrirlo así ver qué es lo que sucede ahí? Estoy con la incertidumbre y la fiesta de disfraces se acerca, no me veré apuesto con solo una mano, ¿de qué iré entonces? ¿del capitán garfio?   - dice de forma irónica, como magos no tendrían porqué conocer aquello, pero su hermana le ha puesto la película alguna vez y se le quedó grabado en la memoria.
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Apolo MasbecthInactivo

Invitado el Sáb Oct 22, 2016 11:35 pm

Mantiene la vista en lo que hace pero su memoria le regala el recuerdo del día que vio al hombre y aún no puede creer que está pasando por la vergüenza de no reconocer a alguien que por una u otra forma es paciente de San Mungo y ahora es uno de sus pacientes, tal vez solo le está haciendo el quite a Sasha con cubrirle una de sus horas pero eso no quita lo vergonzoso de esa situación. Niega unos segundos tratando de mantener el temple que le caracteriza anclado en esa situación.

Arquea las cejas y sus manos se detienen en seco. Puede tomarse ese comentario de dos formas distintamente características, como sanador debe ignorarlo pero como Slytherin debe de devolver el comentario con otro más sagaz. Se muerde los labios por el interior y elige que debe ser profesional y mantener a raya la serpiente que vive en él. – Eso es lo que debo de saber, básicamente que si siento un espasmo entre mis dedos no es una mala reacción. – explica.

Pone un espacio de por medio de ambos mientras se cambia los guantes porque no pretende usar los mismos en una herida que posiblemente aún está en carne viva. Mientras lo hace después toma por el mango, la varita con la que juega lentamente entre sus dedos. – Voy a ir rasgando poco a poco las vendas, mientras menos se mueva habrá menos posibilidades de que lo lastime sin querer. – susurra mientras se acerca, la punta de su varita se ilumina y la usa para ir rasgando ese vendaje que mantiene inmóvil el brazo del rubio. Hace una bola con las vendas de la primera capa retirada y arquea una ceja de nueva cuenta. – No es vergonzoso, tuvo que haber sido un tremendo accidente así que yo de usted, estaría dando gracias a Merlín de estar vivo. – por dos segundos es mortalmente sincero usando esa habilidad de la casa de las serpientes para no sentir remordimiento por eso.

- Apolo, fue una de las divinidades principales de la mitología greco-romana, uno de los dioses olímpicos. Era hijo de Zeus y Leto, y hermano mellizo de Artemisa, poseía muchos atributos y funciones, y posiblemente después de Zeus fue el dios más influyente y venerado de todos los de la Antigüedad clásica. – susurra mientras bota ese vendaje y cuando le tiene que volver a dar la cara, se encoge de hombros con un gesto desinteresado.  – Me encanta leer, y a mi hija escucharme, aunque ella ya aburrió la historia de niños así que ya pasamos hace un rato por sobre las historias de todas las mitologías. – explica de nuevo aunque no debería. Tuerce unos segundos el gesto y tiene que dar un suspiro. – Le explicaré, me alegra sinceramente escuchar que no le ha dado problemas porque la reconstrucción de nervios y fibras musculosas es un poco tedioso y doloroso pero eso depende del cuido y el organismo de cada uno de nosotros.– susurra y tiene que retener la sonrisa divertida pero no lo logra – No tiene mucha cara de Capitán Garfio. Soy padre, soy muy sincero a la hora de decir que mi hija me ha hecho ver y leer de todo. – dice y explica de misma forma.

Deja su varita de lado y le muestra sus manos. – Dejare mi varita y retirare el vendaje que esta contra su piel a la vieja usanza, principalmente porque al ir regenerando puede que se haya adherido en lo que se va reconstruyendo, puede ser un problema porque mi varita puede romper lo ya regenerado así que iré despegando con mis dedos dado el caso, así que si duele o algo, me avisa o tiene todo mi permiso de insultarme. – lo último es algo que le ha dicho a muchas personas en casos similares porque sabe que insultar es como un filtro del dolor. – Comenzaré… - advierte comenzando por su mano que comienza a quitarle la venda y a su total perspectiva se ve bien a como esta graficado en el informe pero eso solo lo sabrá con la opinión del rubio que espera mientras continua su faena.
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Apolo Masbecth el Lun Oct 24, 2016 4:23 pm

- Me sorprende la cantidad de información que posee sobre la mitología, a nosotros siempre nos la inculcaron, mis padres, bueno, mi padre más que otra cosa, está obsesionado con el tema, creyendo incluso que somos descendientes de los Dioses, ¿puede creerlo? Si a veces creo que está chiflado, pero que nunca me escuche decirlo porque me deshereda - sonríe, ama a su padre, pero también es cierto que tiene unas ideas descabelladas, como lo dicho anteriormente. Pero le reconforta saber que aquel hombre conoce del tema y el significado de su nombre. - Pues a mi me gustan mis nombres, no tengo quejas en ese sentido, solo en que no debía nombrarnos a todos como todo el monte olimpo - dice en broma, ya que no todos los nombres son del olimpo pero si de mitologías.


Escuchar que tiene hija le ha dejado bastante consternado, tanto que no escuchó nada mas, ni siquiera cuando le dio indicaciones de lo que haría a continuación, ni la explicación de Peter Pan, ni nada. Aquello le hizo pensar que sus esperanzas, porque vaya que las tenía de al menos flirtear, se habían venido abajo al escuchar que tiene una hija, lo que le hizo pensar casi de forma automática que es heterosexual, aunque en estos tiempos las dos cosas no van necesariamente de la mano, para ello bastaba con ver a Apolo, pero en su cabeza si que lo iban y se desilusionó un poco.


Siente el tacto ajeno en su piel y eso lo despierta de su letargo, lo está revisando y él se queda quieto, en silencio sin decir nada mientras le retiran la venda, la verdad es que si que quiere ver como va cicatrizando todo aquel tejido pues odia no poder usar las dos manos, aunque es un alivio que Sasha pudiese salvarla. - Lo siento, tengo que preguntar, me ha estado dando vueltas en la cabeza desde que lo escuche. No quiero sonar imprudente, pero me gusta ser directo. ¿Es usted casado? Con eso de que tiene una hija - pregunta mirando los ojos de aquel hombre, quiso decir algo más pero se lo calló hasta escuchar la respuesta.


- Es usted un hombre muy apuesto, no me extrañaría que lo fuera, me extrañaría que estuviera soltero, eso sí - dice carraspeando un poco, estaba siendo descarado pero quería matar dos pájaros de un tiro. - Su esposa debe ser afortunada - dice de forma seca, deseando que no lo estuviera y que no fuera heterosexual, pero eso quizá es demasiado pedir. - Yo también tengo un hijo, tiene 12 años, lo tuve muy joven, a los catorce, era un adolescente confundido y que quiso experimentar, pues el experimento salió caro, un hijo - dice divertido, aunque claro él no supo de su existencia hasta hace poco. - Y estoy casado, pero no es un matrimonio consumado, más bien producto de una borrachera en el extranjero - le estaba diciendo algo que no se le dice a alguien que acabas de conocer, pero quería ser sincero.
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Apolo MasbecthInactivo

Invitado el Lun Oct 24, 2016 7:19 pm

Kaíke se jactaba de muchas cosas, ser un alumno brillante que fue especialista en sus tiempos en pociones, que su patronus era muy lindo y lo usaba a veces para calmar a su hija, que tenía un record en el trabajo con niños dado su condición de padre y que era un gran hijo pero de lo que no se jactaba ni por asomo era de ser ingenuo, sino no sería un Slytherin hecho y derecho. Apolo si estaba pecando de ingenuo en ese instante.

Le pone atención especialmente porque de esa forma que el rubio comienza a hablar sin filtros desmedidos, él termina con su brazo y sonríe pero no es ni por asomo  por el interrogatorio al que se está viendo sometido porque, bien está recolectando todo lo que dice pero no está siendo su prioridad en esos instantes. – Masbecth… - llama y después entorna los ojos cuando le queda mirando fijamente para que se calle, para que ponga atención en lo que debe porque es él quien casi pierde un brazo de cuajo y no Kaíke. – Mire.

En lo que dice, le alza levemente el brazo sin ánimos de lastimarlo. En estructura, el hueso no estaba a la vista y con cinco días el progreso en la regeneración de musculo era tan bueno que no le daba más de una semana más o tal vez dos para poder tener una movilidad beneficiosa. – Vea y dígame lo que ve. – dice, establece una petición mientras vuelve a dejar el brazo en la camilla. Mantiene el tacto en las zonas que se ven mejor regeneradas y cuando el musculo tiembla se siente genuinamente aliviado porque los nervios están ahí como una perfecta estructura ramificada. Suspira aliviado. – Apolo Masbecth… Le puedo decir que su brazo mantiene una regeneración satisfactoria, aún le falta si alrededor de dos semanas para un funcionamiento satisfactorio más no así le voy a decir que podrá ir corriendo a montar un dragón o realmente, lo que sea que usted haga y como sea el entrenamiento con ellos. – arquea una ceja para darle énfasis a su amenaza. – Realmente su recuperación va bien, sus músculos están entretejiéndose de la manera correcta y no es para nada desagradable lo que es aún mejor en todo esto pero su reposo debe seguir porque un paso en falso y todo se tuerce, literalmente. – advirtió y tomo una venda limpia que estiro entre sus dedos – Haga de cuenta que sus músculos deben de ir en un sentido como esta venda, un golpe en falso o un descuido de su parte y todo se volverá… - comenzó a retorcer la venda entre sus dedos lentamente hasta que fueron espirales que a simple vista se veía divertido pero trasplantándolo a un musculo seria doloroso. – Le explico, el reposo absoluto de su brazo es el que ha logrado que este regenere de manera correcta porque si mueve el brazo constantemente, el tejido no se reconstruirá del lado correcto y eso a la larga será un problema mayor que traerá afecciones tanto en la movilidad como cuando ya mantenga una avanzada edad.

Se aleja por otro par de vendas, unas pociones que debe de aplicar en ese brazo y se pone a moverse como alguien que está en una danza silenciosa porque tiene tantos años, tantos años entre los consultorios de San Mungo por lo que se movía como si bailara en felicidad al ser su vocación. Aplicó una poción que debía ser un tipo de hidratante sobre ese brazo magullado con todas las intenciones de que se absorbiera naturalmente. – Dejemos que seque para vendarlo de nueva cuenta a menos que quiera saber algo más de su brazo. – susurra con énfasis en la última palabra mientras se va a sentar al escritorio que mantiene una fotografía de él y su niña que se movía mientras él reía con su bebé aferrada a su cabeza.

- No sé cómo es que esto me pasa tantas veces… - susurra y se tiene que reír limpiamente, hay un recuerdo que duele, porque él si esperaba ser una familia de tres pero si el destino no le dio eso, tiene que atenerse a que es un padre solo. - ¿Cómo decirlo…? – pregunta sin realmente mirar al rubio. – No. Sí. Y no. – dice recuperando levemente el temple serio pero tenía una sonrisa divertida y como buen Slytherin, en sus ojos se veían la diversión malsana de una serpiente. – Tengo una hija, si, Sophie-Ann… - señala la fotografía de ambos – Pero su madre falleció en pleno parto, desde entonces solo somos mi bebé y yo. – explica tocándose la punta de los labios con los dedos. – Pero creo que esa no es su verdadera pregunta, ¿Cierto? No soy ciego señor Masbecth, créame solo me hago el ignorante porque es más sensato en mi clase de trabajo. Nadie puede culpar a un chico por experimentar, yo no lo hago porque experimente, hice y deshice como quise con hombres y mujeres, si eso desea saber. – tamborilea los dedos sobre sus labios con un gesto divertido que no se va, sino que se acentúa. – Usted no me creería cuantas veces paso por esto a la semana así que me es totalmente indiferente. No me es incómodo por lo que usted pueda creer. Solo no doy ni direcciones ni nada por el estilo. Así que si se puede ahorrar esa pregunta para su bien y el mío. ¿Entiende?
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Apolo Masbecth el Lun Oct 24, 2016 8:55 pm

No dijo una sola palabra, lo había estropeado. Su intento por interrogarlo era patético, le concede eso, por lo cual prefirió quedarse en silencio mientras el sanador evitaba de forma olímpica responder a las preguntas de Apolo. Quien permaneció atento a la explicación sobre las heridas que llevaba encima, lo que le preocupaba era que no sanara de forma correcta pero al parecer si, por lo que esbozó una pequeña sonrisa triunfadora, pues veía cada vez más cerca el día en que poder regresar al trabajo y hacer lo que tanto le gusta y sobre todo que le dé el aire y no estar encerrado en su habitación las veinticuatro horas, eso si que no le interesaba en absoluto.


Va y se sienta justo frente al escritorio del médico, la revisión ha terminado, le han vendado y ahora está listo. Observa como quien no quiere la fotografía pues la curiosidad puede más, la verdad es que se le ve tan adorable, a ambos y parecen felices, lo que le provoca una sonrisa sincera. El rubio no es fanático de los niños, pero ahora tiene uno y eso ha tenido que cambiar de forma paulatina, permitiéndose cosas que antes no creería posible, en parte comprendía eso de ser padre soltero, que aunque está casado realmente su esposa no forma parte de la vida del niño ni por asomo. - Lo lamento - se disculpa por haber mencionado el tema de la esposa, pero abre los ojos como dos canicas al escuchar que ha experimentado tanto con hombres como mujeres.


Aquello encendió una chispa, le dio esperanzas aunque con lo siguiente que dijo realmente era lo contrario, pero eso no evitó que sonriera un poco, por un segundo pues volvió al semblante serio de antes. - Tiene razón, doctor Humberth, lo lamento, me he pasado y debe estar cansado de las mismas preguntas indiscretas de la gente - dice de forma seria recargándose en el respaldo de la silla y sobando la mano vendada mientras la vuelve a colocar el colgante de cuello sujeta brazo, para así no tener que moverlo y ayudar a la sanación más efectiva. Se había asustado un poco y se dijo que no haría mucho esfuerzo con esa extremidad hasta que le dijeran lo contrario.


- Es usted un profesional, mis intenciones han sido egoístas, lo reconozco, - tamborilea los dedos de la mano sana sobre el escritorio, desviando la mirada a la madera de aquel mueble, estaba avergonzado y mucho de haber caído en su propio juego, sin duda aquel hombre es bastante listo, apuesto y centrado, razones por las cuales no se iba a rendir tan fácil. - Seré egoísta una vez más y haré otra pregunta. ¿Cuándo fue la última vez que salió y se olvidó del trabajo, la familia y se dedicó un tiempo para usted solo o para salir? Apuesto que no en mucho tiempo, si me permite me gustaría invitarle a salir, está en todo su derecho de decir que no y lo entenderé. Pero no me pienso quedar cruzado de brazos sin al menos preguntarlo, no sería yo de quedarme callado - asegura esta vez levantando la mirada cruzándose con la ajena, esperaba una respuesta negativa, pero al menos no se quedaría con la espinita de ¿que hubiera sido? - Si no es una cita, al menos vealo como una forma de salir de la rutina y pensar en usted por una vez - se estaba pasando, dando por hecho que no se toma días de descanso, tal vez se equivoca de forma garrafal, pero aun así lo dijo.
Apolo Masbecth
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Invitado el Jue Nov 03, 2016 7:51 pm

No era a primera persona que se lo decía, ni por asomo. Quienes encabezaban esa lista eran sus padres que insistentemente le decían, le pedían, casi rogaban que reconstruyera su vida poco a poco porque monopolizarse en el trabajo y su hija lo iban a llevar a viejo solo y triste, o eso decían, a veces también lo pensaba porque si consideraba el punto clave, en nueve años estaría llegando una carta de Hogwarts para su pequeña y se quedaría solo en nada. Un punto desfavorable para todo eso.

A veces lo consideraba mirando al espejo, a veces no lo hacía por el simple hecho que recordaba en pasado como hubiese sido una hermosa familia de tres, tal vez hasta hubiese hecho el empeño para que fuesen cuatro pero dado el momento, la muerte visitando el mismo día que el nacimiento de su hija, todo se había trucado así que había relegado la idea para después. Y así durante dos años y medio.

Cabecea y una risa se escapa de sus labios, suave y cautiva de sus propios pensamientos, casi causaba verdadera risa producida por su propia lastima. En algún momento pensó que tal vez cuando su hija estuviera más grande, buscaría una pareja estable y de esa forma hacerlos congeniar porque dejar a alguien traspasar sus estados de confort era una de las cosas por las cuales menos llegaba a acercarse a alguien, a mucho que había llegado eran a polvos rápidos para poder desahogarse como era debido y ya.

- Espero que este bien señor Masbecth. – sonríe de esa forma enorme, que tiene para poner una barrera dura entre ellos, que tiene una forma de decir “Detente” que casi es risueña. – Tal vez, me toque atenderlo en su próxima visita o tal vez no, de ser un no, espero que se recupere rápido y recuerde lo que le dije, guarde un reposo verdadero para que pueda ser mejor, no se esfuerce y siga con su régimen de tratamiento. Feliz día. - la sonrisa se mantiene ahí, pero su mirada se afila bastante como una serpiente que espera otro ataque para ponerse en acción, y no le gustaba sacar esa parte feroz de él.
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Apolo Masbecth el Mar Nov 08, 2016 4:01 pm

Apolo es guapo, ¿para qué negarlo? Ni siquiera él lo puede dejar pasar por alto, se sabe apuesto y siempre le ha sacado un beneficio, ya sea en polvos ocasionales o en conseguir lo que quiere, flirteando independientemente del género de una persona, pero siempre obteniendo lo que desea. Esto le ha llevado a construir una autoestima muy alta, por encima de la media y el rechazo es algo que no se toma muy bien, herencia de los Masbecth se podría decir. Por eso al escuchar aquella respuesta puso los ojos en blanco, no podía creer lo que escuchaba, ¿se estaba burlando acaso? En cualquier otro momento se habría molestado y se lo haría saber, pero no era el caso, simplemente se encontraba sorprendido por la reacción del sanador quien pareció pasarse por el arco del triunfo la propuesta hecha por el rubio, quien se estaba lamentando haber preguntado.


Se acomodó la venda, le daba un poco de comezón y se rascó de forma disimulada la herida, apenas un poco no lo suficiente para hacerse daño mientras se ponía de pie, era obvio que aquel hombre estaba resultando ser difícil de manejar, e incluso se sintió un tanto derrotado por su propio juego. - Entiendo, le agradezco por la consulta y haber cuidado de mi esta tarde - dice al levantarse y buscar estrechar la mano ajena en una despedida civilizada y formal. Quiso sonreír pero no pudo, en su lugar miró intensamente los ojos contrarios, unos ojos claros y bonitos que le decían una cosa diferente al de sus palabras y por el cual se planteó una cosa. Justo en ese momento se propuso que haría lo posible por doblegarlo y accediera a salir.


- ¿Sabe que? No, no lo entiendo. Es usted un hombre misterioso, atractivo, con porte y yo quiero conocerlo. Puede que no sea hoy, ni mañana, ni la semana entrante, pero usted va aceptar salir conmigo, así tenga que volver a visitarlo todos los días hasta que se canse y termine aceptando, o cualquiera que sean las circunstancias - asegura muy confiado mientras estrecha con fuerza su mano. - tomelo como quiera, si cree que es una actitud infantil o de mal perdedor, le aseguro que no, es interes y tengo un gran interés en conocer todo de usted - dice esta vez hablando con doble sentido recorriendo sin ningún tipo de pudor el cuerpo del sanador con la mirada y volviendo a detenerse en los ojos claros, aquellos en los que podría perderse un buen rato y eso fue lo que sintió que hizo.


estaba embelesado, de pie frente al otro hombre en el consultorio, no se iba, no quería, pero tampoco presionaría más de lo que ya estaba haciendo. Probablemente le pediría a Sasha un favor, que cambiara de paciente con ese otro sanador. Si le explicaba la situación lo entendería, es su amigo después de todo. Lo que le llevó a otra pregunta interna ¿que tan bien se conocen esos dos? ¿Serán amigos también? Tendrían que ser al menos colegas de trabajo. En su mente ya estaba ideando un plan, usaría esa ventaja a su favor.


- Que tenga usted una excelente tarde, nos vemos mañana - asegura caminando hacia la puerta no sin antes voltear y dedicarle una sonrisa y tomando una paleta de su escritorio llevandosela a la boca para después perderse tras el pasillo que daba hacia la sala de espera, aquella visita al médico había resultado un tanto interesante y sin duda se había llevado tarea a casa, algo en lo que pensar.
Apolo Masbecth
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