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Al refugio de la fabulosidad. [Libre grupal]

Invitado el Lun Oct 10, 2016 11:30 pm

-¡Pero que ven mis ojos! ¡Atención señores y señoras, acaba de entrar en este humilde bar la inigualable, la fabulosa Myrtle Brandford!-

La tarde había comenzado a teñir el cielo de naranja, uno tan intenso que parecía buscar competir con el color de mi pelo, buscaba llegar a su altura, a ser tan fabuloso como él era, algo imposible claro. Aquel día de fin de semana había sido tranquilo, demasiado para mi gusto, tanto que incluso estaba empezando a aburrirme de estar encerrada entre las cuatro paredes de su cuarto, de estar recluida en el castillo. Varias ideas rondaron por mi cabeza mas ninguna me parecía la correcta hasta que una de ellas consiguió hacerme dudar y finalmente aceptar. Aquella tarde iría al Tres escobas, un bar bastante frecuentado por los alumnos del colegio según tenía entendido. Eso hizo que mis ganas aumentaran ya que me gustaba relacionarme con ellos fuera del ambiente de clase, me gustaba ganarme su confianza, ser su amiga, así todo era más fácil, hasta suspenderles, con un chiste de su profe favorita se les pasaba el enfado y todo volvía a ser como antes de ver la nota.

Abriendo con decisión mi baúl lo primero que vi fue ese precioso vestido rojo con cola que derrochaba estilo y elegancia, que menos para ir hasta tan reconocido local y dar la mejor de las imágenes a sus alumnos.

Una vez lista y sin demora alguna salí de mi cuarto lista para darlo todo allí donde iba. Atravesé, veloz pero sin perder estilo, los largos pasillos del castillo y en menos de lo que canta un gallo ya me encontraba camino al bar.

-¡BALENCIAGA!- Grité riendo con los brazos en alto mientras caminaba hacia la barra donde el camarero del local había anunciado mi llegada. -Querido... sigues tan apuesto como antes, ¿aún sigue en pie esa proposición que me hiciste?- Volví a reir mientras observaba con detenimiento el local en busca de personal joven, de alumnos. -Querido, ponme una copa de algo flojo ¿vale? No quiero que la velada acabe tan pronto-.
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Dave Blackshine el Mar Oct 11, 2016 9:09 pm

A ver, era cierto que verme a mi en el Tres Escobas era como ver un unicornio en mitad de un desierto pero todo el mundo tiene necesidades y por ello mismo me encontraba yo entre las cuatro paredes del mugriento baño, o no tan mugriento pero para mi todo lo que estuviese en aquel local era mugriento, asqueroso y beneficiosamente inflamable.  

En fin, allí estaba yo de pie frente al retrete mientras miraba el techo y jugueteaba con mi lengua entre mis dientes. El barullo de aquel bar invadía mi intimidad, algo que no me hizo relajarme y sentirme por fin feliz ante vaciar el deposito. Era increíble como saciar las necesidades primarias nos volvía tan sumamente dichosos por tan corto intervalo de tiempo.  

Dejando los delirios a parte ¿qué hacía yo en aquel antro? Pasar el día fuera de Hogwarts haciendo chanchullos conllevaba una gran responsabilidad y el tiempo se te reducía drásticamente hasta el punto de ni poder mear tranquilo, y con la fresca que hacía no me apetecía desabrocharme el pantalón en mitad de la calle, así pues llegué aquí, a este punto.  

Subí la cremallera de mi pantalón y me dirigí a lavarme las manos, alcé mi mirada y me contemplé en el espejo, mi sonrisa desapareció y sentí como el agua corría por mis manos hasta que mi volví en si. Negué con la cabeza con los ojos cerrados y cuando los volví a abrir observaba el grifo, lo cerré y sequé mis manos antes de dirigirme a la puerta. Giré el pomo de esta y la abrí dando un pasó hacia la sala central de aquel lugar cuando algo me alertó. Algo rojo, cual dementor en carnaval, gritaba y se acercaba a la barra con los brazos alzados. Sus pelos naranjas cual fénix despeluchado y electrocutado le hacían irreconocible y la voz de urraca creaba aquellas típicas ganas de abrirme la cabeza contra la pared. Retrocedí, cerré la puerta del baño y eché el pestillo. Mi espalda reposó en la superficie de madera y mi suspiro se mezcló con aquel resoplar que emanó desde lo más profundo de mi alma. No podía ser que "La Pelos" estuviera allí.  

Su fama por acosar a los alumnos "para defenderlos y caerles bien" se había propagado por los pasillos de Hogwarts y algunos, que odiábamos el trato de los profesores, nos resultaba algo cargante que nos parase fuera de clase para hablar sobre sus fantásticos pelos lacios y sus chistes malos que simplemente le hacían parecer enrollada los dos primeros, cuando iba por siete u ocho ya cansaba y todo para poder clavarte la estaca por todo el trasero cuando hicieras el examen. Si, ya me conocía a ese tipo de profesores y a mi no me la colaban. Ahora solo tenía que escapar de allí. Me dí la vuelta, quité  el pestillo y abría la puerta intentando visualizarla y entonces algo me descuadró más aún. No pude ocultar un pequeño gruñido de incomprensión al ver a aquel hombre acercarse a ella, ¿estaba ligando?  

- Oye crío, ¿vas a salir de una vez o piensas estar jugando en el baño toda la noche?  

Aquel hombre de piel oscura y mirada perturbadora con aquel turbante morado y un extraño vestido del mismo color me hizo salir de allí de malas maneras.  

- Ya iba sapo asqueroso... - Murmuré acariciando el lugar del brazo donde me había cogido y arrastrado con su maldita manaza como si fuese un perro sarnoso. Si no hubiese sido por el lugar habría puesto a aquel despojo en su lugar, pero ahora había algo que me importaba algo más. Debía escapar de allí. Miré hacia donde estaba la loca de rojo con su amante y comencé a andar dejando la mayor distancia posible entre ellos y escondiéndome detrás de las personas que se movían por allí.
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Invitado el Dom Oct 16, 2016 12:35 pm

Para ser sinceros no era algo común en mi frecuentar aquel lugar, me parecía un poco repulsivo ya que la mitad de las veces que había decidido tomarme algo más fuerte que el zumo de calabaza que le daban a los alumnos esto se encontraba lleno de magos y brujas sometidos a los efectos del alcohol, lo que les hacía hacer y decir cosas poco coherentes. sin embargo, a pesar de eso mi relación con el camarero era bastante buena. Era apuesto y joven, para mi claro, aunque eso era muy relativo ya que todo el mundo era más joven. El caso es que le veía con buenos ojos, era el yerno que siempre me hubiera gustado tener, aunque el mío tampoco estaba mal, quería a mi hija por la cuenta que le traía.

Mientras esperaba mi bebida un joven, más apuesto aún que el camarero y mucho más joven, se acercó a mi con intenciones que no tenía del todo claras. Como he dicho antes aquel lugar, las veces que lo había visitado, se encontraba lleno de gente embriagada con extrañas intenciones, a si es que era lógico y normal mi desconfianza, aunque aquel tipo no parecía tenerlas ni estar bajo los efectos del alcohol. Cuando sus labios comenzaron a moverse mi atención se desvió hacía él girando únicamente la cabeza para examinarle mejor y prestar mayor atención a lo que iba a decir, aunque resultó ser nada importante. -Buenas tardes querido-. Dije amablemente antes de girar mi cuerpo entero y apoyar uno de mis codos en la barra. -Soy Myrtle, Myrtle Brandford...- Aquello había sido una burda imitación a la forma de presentarse del otro, para romper el hielo, si. Reí. -Y si, podría decirse que soy de por aquí. Vivo en el castillo, en Hogwarts, ¿y usted? No parece alguien que frecuente mucho este lugar-. Eso era verdad, no tenía la pinta de los de por allí.

-Aquí tiene lo que ha pedido el caballero y lo mismo para ti, preciosa Myrtle-. Dijo el camarero guiñándome el ojo, algo que solía hacer siempre que le visitaba. En más de una ocasión había llegado a pensar que sus gustos iban más allá de las jóvenes brujas repipis de las que se estaba llenando el mundo mágico, que estaba interesado en mi y eso me incomodaba pero me agradaba a la vez, me alagaba, pero mi corazón pertenecía a otra persona, a nuestro queridísimo Abus Dumblendore, el mejor mago de todos los tiempos. Eso no iba a cambiar aunque el no me correspondiese. -¿Esto es... Whisky? ¿Esto es lo que entiendes tu por ''algo flojo''?- Pregunté dedicándole una mirada de pocos amigos al desobediente camarero.

Mis hombros se encogieron mientras cogía el recipiente donde reposaba el ardiente líquido y volvía girarme hacía el joven, Warwick. -Un brin...- Mis palabras murieron de golpe entre mis labios, los cuales se cerraron de repente al percatarme de algo, o mejor dicho, de alguien. Con rapidez dejé el vaso sobre la barra, saqué mi varita y con un movimiento la puerta se cerró de golpe frente las narices de un muchacho de no mas de 17 años. -Dave, querido, ¿donde vas con tanta prisa?- Pregunté con una sonrisa en los labios mientras miraba gozosa a su acompañante. Me sentía como si hubiese atrapado a una presa. -Estos Slytherin... se creen mejores que nadie-.
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Dave Blackshine el Dom Oct 16, 2016 4:52 pm

Veía la luz al final del túnel, estaría fuera de aquel antro en unos pasos más y después de lo de aquella noche no volvería jamás a entrar en aquel lugar de mala muerte donde el imserso había puesto su base para emborrachar a las carcas que estaban allí encerradas. Iba a escapar de aquella pesadilla cuando la puerta se cerró en mis narices y mi nombre resonó como si el mundo se hubiese detenido, como si el tiempo se hubiese ralentizado. Por desgracia lo único que se detuvo fueron mis ganas de vivir, hasta el punto de haber deseado saber lanzar Avadas para haberme suicidado en aquel mismo instante.  

Miré hacia el origen de aquella voz y si, mis oídos no me habían engañado, era la menstruación de algún ser arcaico en persona. Sonreí por educación mientras me enderezaba y me acerqué a la parejita para poder soltar alguna sandez y largarme de allí cuanto antes.

- Siento no haberla saludado, no me había percatado de que estaba usted aquí. - Podría haber dicho que estábamos acostumbrado a ver esos conjuntos epilépticos que llevaba puestos pero eso era aún más falso que el no haberla visto. ¿Quién narices se podía acostumbrar a eso?  

Fui a lanzar mi excusa pero el hombre habló primero y me hizo observarlo con cierta ilusión, aquel hombre había sido un Slytherin y ello me hizo interesarme por él hasta que recordé que le estaba tirando los tejos a la vieja loca de los pelos-estropajo. Yo no quería terminar mi vida con algún viejo rancio y loco que vestía colores con los que causar infartos cerebrales a los que me rodeaban, claro que no. Esto se esfumó de mi mente al atender a las palabras de aquella serpiente adulta que me ofrecía comida y nada más y nada menos dulces. Sonreí y afirme con aquel movimiento de cabeza. No iba a rechazar el azúcar por nada del mundo. - ¿Por qué no? - Le contesté acercándome algo más a la barra y contemplando la comida ofrecida.  

Volví asentir con la cabeza ante su afirmativa corroborando que era de Slytherin mientras cogía un trozo de pastel de forma de caldero y me lo llevaba a la boca. La pregunta sobre los puntos de la casa me hizo sonreír orgulloso.  

- El año pasado ganamos la copa, por el mérito de algunos, claro esta. - Añadí.- Y este año vamos un poco atrás, pero estamos en el comienzo y cada vez entran más zopencos así que nos costará remontar... Pero lo haremos. - Mi sonrisa de suficiencia demostraba lo seguro que estaba de ello aunque los puntos para mi hubiesen dejado de ser importantes hace tiempo puesto que a partir de quinto los comencé a ver como un estúpido juego para causar una rivalidad entre nosotros que nos hiciera comportarnos en clase y ser mejores alumnos, algo que resultaba muy beneficioso para algunos pero para otros a los que nos bajaban los puntos que nos esforzábamos por obtener por inútiles incompetentes que solo servían para recoger boñigas de troll.  

Mi sonrisa se torció y se torno en una mueca que intentaba reflejar la verdad, mis verdaderos sentimientos hacia las clases de la Pelos. Me forcé por no borrar del todo la sonrisa, aunque pareciese más bien un espasmo. - Por supuesto que me lo paso bien, la pel... Perfecta profesora Brandford - ¿Así se apellidaba? - Son interesantes, aunque prefiero otras asignaturas pero las hace muy amenas y es tan graciosa y extrovertida que creo que aunque suspendiéramos no podríamos odiarla. - Dije evitando mirarla y observando a los ojos de aquel hombre mientras mi interior le suplicaba que la matase. - Y bueno, ¿usted en que trabaja? - Pregunté recuperando una sonrisa algo más sincera, no porque me importase una mierda lo que hiciera con su vida, solo quería saber que podría depararme el destino. Si me contestaba con alguna porquería quizás hacía explotar mi cabeza allí mismo.  

En cuanto me contestase sería el momento de mirar el reloj y salir por patas de allí porque llegaba tarde a aquella reunión con mi yo interior que me acababa de inventar.
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Invitado el Lun Oct 17, 2016 10:30 am

Aunque no era muy habitual, de vez en cuando a Riza le gustaba darse un capricho. No había nada mejor que un periódico y una bebida caliente para relajarse, más aún si el día empezaba con ese aire fresco que calaba hasta los huesos. Y dado que la mansión estaría vacía y no tenía muchas ganas de estar sola, las Tres Escobas era el lugar elegido para ese pequeño descanso. Alguna mesa libre tendría que haber, y si no siempre podía sobornar al camarero.

Eso sí, las complicaciones empezaron incluso antes de entrar al edificio puesto que, aunque una pareja consiguió pasar antes que ella, en cuanto la propia Riza quiso abrir la puerta esta se atascó. Se oyó un pequeño click y de pronto la manecilla se negó a girar. El primer instinto de la joven fue abrir la puerta con un hechizo pero cómo eso habría sido de mala educación, se asomó a la ventana a tiempo de ver cómo otra persona salía del local. Y dado que las oportunidades estaban para aprovecharlas, no esperó a que la puerta se cerrara y se coló dentro.

Ya había localizado una mesa que más que preciosa era perfecta cuando vio por el rabillo del ojo a uno de los aurores del ministerio sentado a la mesa con... ¿Era la profesora Brandford? En efecto, era la señora Brandford y a su lado un jovencito que debía ser alumno suyo porque pudo oírlo alabando sus clases. Riza tuvo que contenerse para no reír ante sus palabras, ahora que se había acercado y podía oírlas. Qué porcentaje de sinceridad habría en ellas? Esperaba que bastante.

-Señor Moorcock, lady Brandford, joven ehm... Blackshine, buenos días. -Saludaría al fin, con el periódico bajo el brazo y frunciendo el ceño cuando dos recién llegados pillaron la mesa que ella quería. -¿Va todo bien? -Añadiría, apartándose para que pasara otro cliente con cierta prisa.

Era un saludo muy típico y poco original, pero tampoco iba a dar volteretas en el local.
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Invitado el Lun Oct 17, 2016 10:11 pm

La conversación con el adulto estaba siendo de lo más agradable, tanto que me hizo arrepentirme de haber obligado a Dave a permanecer en el local y unirse a la conversación. Por todo el mundo era sabido de mi gran amor hacia mis alumnos, no obstante pocas veces tenía la oportunidad de entablar conversación formal y menos aún con un adulto que no fuese Odiseo, que tampoco es que pareciese muy adulto. Adoraba a Odiseo, que no quepa duda. Fuese como fuese ya era tarde la serpiente se había reunido con nosotros y hasta se había tomado la confianza de aceptar el ofrecimiento de Warwick comiéndose un trozo del pastel que este había pedido. Yo, sin embargo lo rechacé, no por vergüenza o por que lo viese una falta de respeto, sino por el chocolate ya que aunque me gustaba no era lo que más, prefería la nata, eso si me pirraba.

Antes de que Dave llegase donde nosotros nos encontrábamos mi acompañante formuló varías preguntas que por el momento dejaría sin responder, bueno, solo una de ellas ya que la otra fue respondida por si sola. Aquel tipo parecía avispado y bastante misterioso, sentía que algo ocultaba, que era alguien importante dentro de la comunidad mágica, que desempeñaba un papel importante, no obstante eso no iba a ser fácil de descubrir. De repente el extremo peloteo del alumno me sacó de mi nube de pensamientos sobre Warwick provocandome una leve carcajada. -Dave, querido, no estamos en el colegio, no tienes que mentir, lo único que no haces en mis clases es pasártelo bien, de ser así no te dormirías el 99% de estas-. Aquel alumno era especial, especialmente desquiciante, aunque eso era algo que le venía de su casa, por algo estaba en Slytherin, que aunque no tenía nada en contra de ellos si era cierto que eran los más difíciles de tratar, al menos para mi, aunque sabía llevarlos. -Querido, ¿de verdad tengo cara de dejar que unos críos se me suban a la chepa y me incordien más de lo debido?- Dije respondiendo por fin a la ultima pregunta del adulto.

De pronto Dave hizo algo que quizás me ayudaría a averiguar que era eso que tanto me intimidaba de aquel hombre, su trabajo, tenía pinta de ostentar un cargo dentro del mismísimo ministerio y de ser así... Odiaba a los del ministerio, siempre me habían causado problemas.

Entre tanto un rostro de lo más familiar se acercó a nosotros llamando la atención de cada uno. Se trataba de Riza, una antigua alumna con la que de vez en cuando, en sus visitas al castillo, tomaba el té mientras charlábamos de la vida. -¡Querida! Cuanto tiempo sin verte por mi despacho, ¿acaso el té Irlandés no es de tu agrado?- Dije mientras caminaba hacía ella con los brazos abiertos para poder estrecharla entre estos.
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Dave Blackshine el Mar Oct 18, 2016 7:02 pm

- Si, tenemos que ponernos las pilas, el comedor está fantástico cuando se viste con los colores de las serpientes. - Le contesté a aquel hombre dando un golpecito en mi pecho y entonces ante mi calificación de aquellas maravillosas clases impartidas por la señora de pelos extravagantes, las palabras de la misma me hicieron sonreír nervioso intentando ocultar la poca vergüenza que tenía, era cierto que sus clases eran lo más aburrido del mundo y que en algunas me había quedado dormido, pero tampoco habían sido en el 99% de ellas, pero siendo quien era aquella señora, era mejor no debatirle, así pues me limité a acariciar mi nuca con la palma de mi mano.

La respuesta a mi pregunta me dejó perplejo, ¿ese señor era auror? ¿Cómo era posible? Había sido un Slytherin y aquello era tan incompatible como mezclar la velocidad con el tocino. Algo cambió aquella noche en mi pensamiento, era como una luz, como una alternativa a la soledad, a no ser el malo, a no ser nada el resto de mi vida.  

- Emmm... Yo... Aún no lo sé. - Confesé, era mentira, quería trabajar en herbolarios o si fuese posible en algo que me permitiese hacer todas las pociones que pudiese, profesor de pociones no habría estado mal, pero algo me decía que aquello sería difícil. - Ya me lo pensaré, me queda un año entero aún. - Aquella última palabra vino acompañada de darme la vuelta para ver que era lo que miraba y entonces la vi, una bonita mujer de rostro dulce, cara de mala hostia, rubia y voz bonita había comenzado a musitar un saludo que acabó incluyéndome con, lo que a mi me pareció, algo de desgana. - Hey... - Dije levantando algo la palma de la mano y observando como empezaban una charla entre ellos, o mejor dicho, ellas. De algún modo la rubia me parecía familiar, quizás era porque era como cualquier rubia con cara bonita en las que no me fijaba por mi orientación o quizás porque nos hubiésemos encontrado anteriormente en algún lugar y yo fuese algo tocadito para recordarlo.  

La voz del hombre me comprometió de nuevo a entablar una conversación con él, esta vez preguntaba cosas sobre ella y eso pareció corroborar mi hipótesis sobre su interés sexual con ella. Me incliné ligeramente hacia a él y bajando la voz respondí.  

- Es afectuosa, cual bruja de cuento que quiere acabar comiéndose a los niños que tiene presos, pero quizá en el tema sentimental no sea tan así... Lo mismo da achuchones, por ahora a mi no me ha dado ninguno, excepto un bolazo en la cabeza hace unos años cuando me dormí en su clase. Pero claro yo no soy su amante ni nada de eso. - Confesé con una sonrisa picarona. - Si, ¿no te lo había dicho? - Pregunté intentando recordar nuestra conversación anterior.- Bueno, da adivinación pero como si nos la diera un muggle, creo que se inventa la mayoría de las cosas o yo no tengo madera ninguna de pitoniso. Recuerdo que el año pasado le predije a una compañera que iba a triunfar en el equipo de Quidditch y se partió el brazo antes de llegar al campo de juego. - Aquella anécdota vino acompañada de mi reír. - Pobre, nunca más quiso ponerse de pareja conmigo, pero no era yo el culpable... - O si, con las veces que me dormía en clase probablemente me habría saltado algún factor importante. - Pero bueno, ¿y tu que haces por aquí? ¿Contemplando mujeres? - Era el momento de saber si le gustaba la loca pelirroja o que era lo que quería.


Última edición por Dave Blackshine el Mar Oct 18, 2016 10:52 pm, editado 1 vez
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Invitado el Mar Oct 18, 2016 9:52 pm

Riza nunca se había considerado una persona demasiado cariñosa, no con el empeño familiar por convertirla en una auténtica dama de la alta sociedad. Si lo habían logrado o no era un tema de otro debate, sin embargo, y en cuanto la profesora se acercó a ofrecerle un abrazo la joven correspondió al mismo, añadiendo al lote además una de sus sonrisas totalmente sinceras. Aunque la mayoría de estudiantes no mantuvieran mucho contacto con los profesores tras graduarse, a Riza le gustaba conversar con la señora Bradford. Era todo un respiro de las corbatas engominadas del Ministerio.

-Sabe que me encanta el té, lady Bradford, y más aún si lo acompaña una buena conversación. La culpa la tienen los aurores, como el señor Moorcock, que hacen bien su trabajo y nos ayudan a ganarnos el sueldo a los demás. -Sonrió, antes de responder a la pregunta del auror. -Y sí, he logrado terminar a una hora decente y pienso celebrarlo mientras dure. -Bromeó.

Justo en ese momento se levantó un señor de su asiento y, en cuanto Riza comprobó que se dirigía a pagar, se apresuró a tomar la silla y acercarla a la mesa de los tres interlocutores. -Si no es molestia, me gustaría aprovechar e invitaros a todos a una ronda. -Añadió. -Hacía demasiado que no la veía, además, y tal y como están las cosas, ver que está bien es un alivio. -Terminó, refiriéndose a la profesora de adivinación y llamando la atención del camarero con un gesto.

Bien pensado, no es que tuviera mucho interés en invitar a un auror a nada, pero sí se alegraba de ver a la profesora, tenía curiosidad por el joven Slytherin y nunca iba mal llevarse bien con los compañeros del Ministerio... aunque fuera un pensamiento algo hipócrita. Había cosas peores, eso sí, y si un poco de hipocresía alejaba de ella las sospechas que seguían a todas las familias de sangre pura y buen linaje, sería hipocresía bien invertida.
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Invitado el Jue Oct 20, 2016 8:33 pm

-No has cambiado nada querida, sigues siendo el mismo espíritu libre y alegre que eras antes y que tanto me gustaba, no por nada eras mi favorita-. Confesé guiñando uno de mis ojos mientras observaba a la ex Slytherin y esbozaba una de mis mejores sonrisas. -Deberías aprender de ella, fue un orgullo para su casa, tu casa y quizás podría, bueno, podrían darte buenos consejos para ayudarte a conseguir puntos y conseguir un año más la copa de la casa-. Las serpientes no eran santo de mi devoción no obstante me gustaba la competitividad que había entre las diferentes casas, sobretodo entre los leones y los reptiles, era algo magnifico, digno de ver y como el resultado me era indiferente, mi sueldo era el mismo y el estrés de mis clases también permanecía constante pues le daba igual ayudar a una casa u a otro, incluso a ambas si se daba la ocasión.

Mientras todos hablaban mi mirada viajó hacia un antiguo reloj de pared que había tras la barra, aún era temprano por lo que podría seguir disfrutando de su compañía un rato más, algo que celebraría invitando a una ronda o así hubiera sido si Riza no se hubiera adelantado. -Es extraño aceptar una invitación en un bar de copas de una antigua alumna sin embargo sabes que a ti no puedo negarte nada y menos una invitación a tomar algo contigo, a si es que venga, ¿que tomaremos? El whisky de antes estaba era inmejorable, aunque obviamente tu no tomarás eso Dave, para ti será una cerveza de mantequilla, no quiero tener que arrastrarte de las orejas hasta el colegio y ser sancionada por poner en peligro la vida de un alumno fuera del colegio-. Negué con la cabeza clavando mi mirada, desafiante, en la de el chico. Esperaba que no pusiera objeción ninguna.

Como era evidente mi presencia por allí no era lo más común, tan solo me dejaba ver en aquel lugar y en otros del estilo una vez cada mucho tiempo, con cada alineación de planetas casi, a si es que mi experiencia con bebidas alcohólicas eran escasas y más aún con esas bebidas modernas que te hacen perder el control de tu cuerpo con tan solo olerlas. Estaba exagerando, pero era cierto que las bebidas de hoy en día distaban mucho de las de mi época adolescente, no había tanta variedad, que yo conociese. Por esa misma razon dejé que Warwick o Riza, que era la que soltaba la pasta, eligiese mientras yo me dedicaba a sacar un tema de conversación, bueno, más bien me dedicaba a tratar de resolver una duda que me había surgido durante todo el tiempo que llevaba sin ver a su ex alumna. -Y dime Riza, ¿en que andas metida ahora? Sigues en el Ministerio por lo que veo pero ¿cual es tu trabajo? No trates mal a mi querida Riza eh jovencito, no me gustaría tener que ir a buscarte-. Amenacé amistosamente a Warwick dedicándole una mirada intimidatoria.

-Por cierto...- Volví a decir antes de que alguno tuviese la oportunidad de responder a mi pregunta. -... ¿es cierto lo que dicen? ¿Están tan mal las cosas en el asunto de... a sabéis... mortifagos?- Aquella ultima palabra salió entre una tos fingida, era un tema delicado, escabroso, no apto para todos los oyentes que allí se encontraban.

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Dave Blackshine el Sáb Oct 22, 2016 8:07 pm

Asentí ante los consejos de Warwick y lo primero que llegó a mi mente fueron Herbología y Pociones, sabía que aquellas dos asignaturas podría sacarlas con notas bastantes decentes para lo que solía sacar y aún tenía tiempo de mejorar.  

Tras ello el auror comenzó a explicarme su visión de la loca de las narices de mi profesora, algo que comenzaba a alargarse demasiado y de lo que me arrepentí de preguntar, seguramente no fuese a confesarme que le gustase aunque bueno al menos, al final de todo aquello, saqué que había alguien en su vida. ¿Quién podría ser? ¿Hasta tenía novia siendo Slytherin? La vida no parecía pintar tan mal como yo la había imaginado para nosotros y según su consejo debería de ir predicando las muertes más agonizantes a mis compañeras, lo tendría en mente porque en la próxima clase iba a sacar un excelente. Su siguiente pregunta me hizo mirarle algo tenso, "¿Yo?¿Mujeres?". Una media sonrisa se dibujó en mis labios al asimilarla y me crucé de brazos.  


- En todo caso tíos... Las mujeres no me llaman. - Comenté con cierto orgullo de ello.  


Mis brazos volvieron a caer sobre la mesa ante la invitación de aquella esplendida mujer y las palabras de "La Pelos" me obligaron a detener mis pensamientos sobre que era lo que pediría.  


- Si para ser un orgullo tengo que ser tu favorito prefiero que me despellejen vivo... - Murmuré sin apenas mover los labios e inconscientemente mientras me planteaba si sería buena idea el intentar sonsacar algo de aquella otra mujer. Por ahora, solo sabía que trabajaba con el papeleo y quizás en el ministerio, pues el auror y ella se conocían.  


Lo siguiente me molestó haciendo que mi ceja derecha se disparase hacia el techo cual cohete.  
"¿Por qué tiene que ser para mi una cerveza de mantequilla? Tengo diecisiete años, ya casi es legal que consuma, además, no sería la primera vez que probaba el alcohol." Me dije para mis adentros mientras inflaba mi pecho en aquel intento de contener las palabras. Mi mirar a otro lado ante la amenaza de la profesora.  


Olvidé todo malestar, tragué saliva forzosamente y miré a la profesora con cierto nerviosísimo por aquella pregunta. "¿Los mortífagos? ¿En serio esta preguntando esto aquí? ¿Se sabía algo de ellos? O... " Noté como, ante el siguiente pensamiento, mi tensión se elevó demasiado, el calor recorrió mi cuerpo y la angustia ascendió hasta mi garganta. "¿Habría visto algo sobre mi y lo mencionaba ahí entre aurores para que me llevasen a Azkaban? No... eso no es posible, esta mujer es más falsa que sus pelos. No podía ser eso." El auror intervino añadiendo aquello que parecía retar a la otra joven mujer. Algo me decía que debía largarme de allí, otra parte me incitaba a quedarme, a saber más de aquel grupo y a saber si podría encontrarme con alguno de sus miembros.  

Mis dedos tiraron suavemente del cuello de la camiseta en la búsqueda de aire, de refrescarme algo, necesitaba calmarme. ¿Cuándo narices iban a pedir la ronda?
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Invitado el Dom Oct 23, 2016 10:17 am

Era una sensación... extraña. Como un temblor en los dedos, como una sonrisa inconsciente y una cierta calidez de espíritu. Hablando con la profesora de advinación Riza casi podía sentirse de nuevo en sexto curso, sentada entre sillones y oteando una bola de cristal en busca de lo que pudiera traer el futuro. La Riza de aquella época había sido mucho más débil, incapaz de luchar por la supremacía de los magos frente a los muggles y aquellos que los apoyaban, así que no entendía por qué evocar esos años le provocaban una cierta nostalgia. No... no debía ser importante.

-Lo más sencillo es trabajar duro, la cualidad que define a los Slytherin es la ambición así que si se hace algo, se hace bien. Las serpientes que buscan la grandeza en el estudio son las que nos permiten ganar la copa, aunque cada persona ambiciona un tipo de logro distinto. -Añadió. -Y si el whisky de aquí vale la pena, será eso lo que tomemos. Nunca es tarde para probarlo.

Un gesto a un camarero cercano bastó para dar la orden de tres whiskys y una cerveza de mantequilla (no la acusarían de corromper así a los jóvenes, aunque dudaba mucho que Dave no hubiera bebido en el último año más que la propia Riza, que se limitaba a una ronda en las cenas del ministerio y si eso). Fue entonces, además, cuando la señora Bradford se interesó por su trabajo y amenazó veladamente al auror. Era una situación graciosa, en verdad.

-Estoy en el departamento de entrada en vigor de la ley mágica, generalmente me ocupo del papeleo de los arrestos, de los informes que mandan los aurores y de la regulación de magia en menores de edad. Es un trabajo bastante burocrático, pero es necesario y, aunque no tenga la emoción de un empleo de campo, yo estoy contenta con él. -Resumió, antes de dirigirle una mirada divertida al señor Moorcock. Si se metía mucho con su profesora favorita iba a empezar a ponerle trabas en el papeleo, o se le perdería algún informe... o quizás no. Eso sería demasiado llamativo y ella estaba por encima de la venganza en el ámbito personal, o por lo menos lo intentaba.

Y fue entonces cuando salió el tema. Estaba en boca de todos, era perfectamente normal, pero Riza procuraba esquivarlo cuando pudiese y no pudo evitar removerse en la silla cuando supo que la conversación estaba ya allí. Y por si fuera poco no estaba sola con la profesora, ni con el joven Blackshine, sino que tenía a un auror delante. No es que ella fuera paranoica, de haberlo sido habría dimitido bastante antes o pedido el traslado, porque veía y hablaba con aurores de manera diaria y si tuviera que vivir con el miedo a un arresto en el cuerpo el estrés la estaría destrozando.

Ahora bien, el reto de Warwick estaba ahí y, tras dirigirle una mirada de soslayo a Dave, que no parecía demasiado cómodo en la situación, Riza cruzó las manos sobre la mesa y se dio un segundo de reflexión. No sabía como pedirle al estudiante que se tranquilizara un poco, así que tendría que confiar en que la bebida, ya en camino, ayudaría con ese asunto.

-Ahora mismo la situación es algo tensa, profesora, y dado que tanto yo como el señor Moorcock trabajamos con información confidencial y este es un lugar público, me temo que debo ceñirme a la información oficial. -Suspiró, bajando la voz. -De acuerdo al parte del Ministerio al Profeta, no nos encontramos en guerra ni bajo amenaza. Ahora bien, y esto lo digo como opinión personal, no sé cuanto tiempo seguiremos así. Los aurores hacen un buen trabajo, pero se cree hay muchos magos tenebrosos que saben ocultarse delante de nuestras narices. De acuerdo a las directrices que se van a publicar pronto, si algún conocido actúa de forma rara, contacte con los aurores. No se descarta el uso de maldiciones imperdonables. -Finalizó, en un susurro, habiendo comprobado que nadie cercano les prestaba atención y callando en cuando el camarero les trajo las bebidas.

No había mentido, en absoluto, pero no era un tema del que le gustase hablar. Había muchos más motífagos de los que parecía, la mayoría se hacían pasar por personas respetables y ella misma conocía a muchos de ellos por nombre y apellido. Había una razón por la que sus túnicas tenían mangas estrechas y la sospecha de las maldiciones imperdonables era un gran acierto por parte de los aurores. Eso sí, mirar a los ojos a la señora Bradford a medida que iba hablando le resultaba más complicado de lo que había esperado. Con suerte, dado que estaba pisando mucho la línea de la oficialidad, lo achacarían a eso y no se fijarían en el apuro del pobre Dave.
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Invitado el Dom Oct 23, 2016 10:22 pm

La tensión en la mesa se había vuelto densa, tanto que se podía cortar con un cuchillo, incluso con los del colegio y eso que cortaban menos que las uñas de Pawn para evitar lamentaciones con los alumnos, sobretodo con Slytherins, están bastante idiotizados y más cuando se juntan todos en el gran comedor a la hora de la comida y de la cena. Sabia que el tema que había elegido para la velada era inapropiado y peligroso, sobretodo estando un alumno delante, no obstante ya tenía una edad, el año que viene saldría del colegio y debía de estar prevenido. Nunca había estado de acuerdo con ocultar información a los alumnos, ni si quiera a los más pequeños, la información es poder, da seguridad, claro está si sabías utilizarla en tu beneficio.

El caso es que mi pregunta pareció incomodar al personal, en especial a dos de ellos, Dave y Riza, no obstante esta supo disimularlo mucho mejor que el joven Dave, estaba claro que era un tema peliagudo incluso para mi, era normal que actuase así, todas las serpientes, por muy venenosas que fueran, agachaban la cabeza ante su depredador ¿o era otro el motivo de su nerviosismo? De repente los labios de el auror comenzaron a moverse dejando escapar una serie de extrañas palabras que no creí entender del todo, parecían indirectas hacia la ex alumna, ¿había algo detrás o simplemente habían sido imaginaciones mías? Fuera como fuese no pretendía indagar más en el asunto, no en aquel lugar, no delante de un auror, sino a solas con un buen té Irlandés al que quizás invitase a Dave.

-Maldiciones imperdonables... que invención más horrible, nada más de escuchar su nombre se me ponen los pelos de punta. No entiendo como pueden existir personas capaces de emplearlas para torturar a una persona por mero placer... Y sobre lo de que no estamos bajo amenaza, en guerra, discrepo me temo, siempre estaremos en guerra, siempre hasta que el ultimo de ellos caiga, y más aún bajo amenaza-. La mayoría de las personas preferían guardarse para sus adentros su opinión sobre ciertos asuntos y más aun sobre ese, sobre su lealtad, no obstante yo no era de esas personas, no temía a decir las cosas con claridad y mucho menos mis ideales, además, era vieja y seguramente el alzheimer estuviese llamando a mi puerta, no tenía nada que perder, tan solo la dignidad y eso era algo que mantendría hasta el final.

-Bueno bueno, lo siento chicos, no debí de sacar el tema pero tenía curiosidad de saber como le iba al mundo más allá de los muros del castillo, pero ya vale de temas escamosos, han llegado nuestras bebidas-. Dije con una amplia sonrisa en los labios mientras cogía la cerveza de mantequilla y la ponía frente a Dave invitándole a beber, posteriormente cogí mi whisky dando un pequeño sorbo. -Simplemente delicioso. Ah, con respecto a tu aburrido trabajo en el ministerio querida... Siempre te dije que aceptases un puesto de profesora en el colegio, hubieras quedado genial rodeada de pequeños diablillos a los que transmitirle tus conocimientos, seguro que hubieras sido la profesora favorita, no como Cosmas al que todos odian... Según tengo entendido-. Reí cual maruja cotilla.

-Se me ocurre algo que puede ser divertido, ¿habéis jugado alguna vez al ''Yo nunca''? Seguro que si, los jóvenes de hoy en día os sabeis todas. Para el que no haya jugado, según los alumnos de primero que lo jugaban con zumo de calabaza, consiste en hacer una pregunta, por ejemplo ''Yo nunca he fantaseado con la profesora de adivinación'' y el que lo haya hecho deberá dar un trago a su bebida, ¿que me decís? Así haremos la velada más amena y divertida, ¿o tenéis algo que ocultar?- Una de mis manos viajó hasta el pastel que Warwick había pedido anteriormente introduciendo un trozo bastante pequeño en mi boca mientras los observaba sonriente a todos.
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Dave Blackshine el Lun Oct 24, 2016 8:09 pm

Respondí a la frase de Warwick con aquella expresión de desesperanza con una mezcla de asco y rendición. - La verdad es que hay muchos chicos... Pocos candidatos que se hagan valer. - Comenté allí echado en la silla con más desgana que desesperanza llevaba mi mirar.  

Me tranquilizó el hablar a la joven hablar, quizá por su tono de voz, quizá por sus palabras, fuese lo que fuese, la mención de las maldiciones imperdonables me hizo mirar hacia el baño. ¿Y si fingía que debía de ir? Podría pasarme allí el resto de la noche, quizá podía hacerme una cómoda cama con algún hechizo y el váter, pero no hizo falta, mi héroe sin capa llegó cargado de bebidas que con suerte las dejaría en coma pronto y yo, con mi maravillosa cerveza de mantequilla, podría irme de rositas y hasta podría insultarles que no se acordarían al día siguiente. Los otros dos compañeros agregaron más información, la que dio el auror fue bastante acertada, hasta me intereso el modo de mirarlo, lo peligroso no era el arma sino el uso, por ejemplo una maldición de esas en "La Pelos" no sería peligrosa, sería un bien para el mundo. ¿Se perdonaría ir a Azkaban si la razón fuese esa?

La siguiente mirada que lancé fue hacia la profesora y se caracterizó por la seriedad y, otra vez, el asco, ¿de que iba sirviéndome si o si la cerveza de mantequilla pedorra aquella? Yo sabía servirme lo que me había pedido y si quería iba y me tomaba lo que yo quisiera. Las ganas de hacerle estallar la peluca incrementaban por segundos otra vez. Mi mano cogió el asa de aquella jarra y la llevé a mis labios para saborearla. Hacía tiempo que aquel sabor no invadía mi paladar y podría haber pasado uno o dos años más sin ningún problema.

La mueca de asco se intensificó en mi rostro mientras intentaba ahogarme con aquel líquido al escucharla regodearse de lo delicioso que estaba aquella bebida que esperaba que fuese algún producto inflamable y ardiese por dentro espontáneamente, pero con cariño. La risa fue mucho peor, sobretodo porque taladraba los oídos como si te estuviesen metiendo la varita de otro hasta rascarte los huesecillos. Intenté no poner los ojos en blanco y puse la cerveza sobre la mesa, recostándome hacia atrás. En parte tenía razón, muchos odiábamos a Cosmas, por lo bruto y explotador que era y sobretodo por lo claro que era sobre su frecuencia sexual.  

Lo sorprendente fue la propuesta de la vieja para jugar al "yo nunca", juego al que había jugado con personas contadas y en el que solían hablar de guarradas y mierdas por lo que yo acababa sobrio y los demás tirados por los suelos. ¿Lo bueno? Sus pertenencias eran vulnerables y mi reputación no caía puesto que nadie lo recordaba al día siguiente, pero personalmente no quería saber cuantas veces había intentado hacer un trío con los raros del colegio, porque esa mujer no podía haber aspirado a más en su vida. Su infancia debió de ser horrible para acabar así.  

- ¿En serio vais a jugar a esto? Con cerveza de mantequilla no es divertido. - Puesto que no iba a beber como para perder la conciencia, al menos tendría algo de alegría si se me permitía pedir algo decente y no aquella bazofia.  

Mi atención entonces se centró en la voz que era tan conocida para mi y, con solo ver aquella carita de hámster y los zafiros que le acompañaban, sonreí.

- Hermanita, píllate algo y vente por aquí a mi vera que nuestra excelentísima profesora de adivinación nos va a contar de que color lleva las braguitas a base de chupitos - Comenté con guasa con la cabeza apoyada en la parte superior del respaldo.
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Invitado el Mar Oct 25, 2016 3:57 pm

No pudo sino asentir cuando Warwick habló de la importancia de todos los departamentos, aunque más movida por la corrección en público que por otra cosa. Había demasiada burocracia como para decir que el ministerio funcionaba bien, y más aún cuando la información oficial no hacía sino alejarse de una verdad incómoda que todos conocían.

Por otra parte, su mención de las maldiciones imperdonables había bastado como para incomodar a más de un presente, pero aun así la profesora no dudó en afirmar su desprecio hacia sus usuarios. El auror fue más cauto con sus palabras y Riza no pudo evitar una media sonrisa mientras bebía su copa. Estaba de acuerdo en que estaban en guerra, sí, aunque dudaba que algún día acabaran por caer todos los mortífagos. La supremacía de los magos era algo natural y tarde o temprano conseguirían la victoria. Pero, para bien o para mal, aunque la profesora tuviera todas las papeletas como para clasificarla como traidora a la sangre, Riza le tenía demasiado aprecio como para actuar en consecuencia. Ni creía que pudiera hacerla cambiar de opinión ni planeaba perder esa amistad.

Eso sí, cuando Myrtle mencionó que la propia Riza habría hecho bien las veces de profesora, la mortífaga se atragantó de la impresión. ¿Su primer pensamiento? "Ni de broma". Respetaba mucho a los docentes y a su capacidad de lidiar con jovenzuelos, pero definitivamente no había nacido para ello. La llegada de una alumna le dio la escusa perfecta para plantearse sus palabras y la saludó con una sonrisa mientras el auror le ofrecía dulces de su mesa y la señora Bradford proponía jugar al "Yo nunca".

-Aunque agradezco la opinión, no he nacido con la paciencia como para educar jovenzuelos. No habría podido ser ni lo bastante justa ni imparcial y, si viera otro examen en mi vida, aunque lo hubiera puesto yo, creo que saldría por patas. -Bromeó, antes de tomar un nuevo trago de su bebida, esta vez sin atragantarse. -Aunque los pasteles de este local son de lo mejor que hay, así que si nuestro querido auror invita, yo no tendría problema en jugar. Y ciertamente, lady Bradford, yo diría que el posadero le tiene aprecio. Tiene cara de buena persona.

Cosas que ocultar no le faltaban, y más aún entre aurores, jovenzuelos y profesores cercanos a Dumbledore, pero no tenía reparos en mentir de manera vil y mezquina si con eso, además de reírse un rato, se mantenía el status quo. Y, con suerte, la presencia de los dos alumnos alejaría la conversación de temas peligrosos. Sería un pequeño problema que algún conocido la oyera hablando de esas cosas en semejante compañía y el Señor Tenebroso le hiciera tomar medidas.
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Invitado el Miér Oct 26, 2016 4:47 pm

Quería llegar al fondo del asunto, del porqué del nerviosismo de aquellos dos ante aquel tema. Si, ya me había quedado claro que era un tema de lo más delicado y más aún si eres un joven alumno de tan solo 17 años, no obstante la reacción más sensata hubiera sido la de miedo, ¿no? Y eso estaba lejos de ser miedo, sino más bien nerviosismo, incomodidad, algo extraño que alertó mis sentidos. Mi plan para averiguar lo que estaba pasando era sencillo y quizás incluso divertido, jugar al ''Yo nunca''. Era el juego perfecto para sacar a la luz todos los trapos sucios de la gente, claro está si edulcorabas sus bebidas con la poción idónea, Veritaserum, algo de lo que no disponía en aquel instante. Una verdadera lástima, estaría dispuesta jugármela a pesar de estar terminantemente prohibido usar ese tipo de sueros con los alumnos a no ser que la situación lo requiriera, que lo hacía. ¿Quien aseguraba que aquel joven, de a veces aspecto inocente, no era un mortifago en potencia o que Riza no era ya una de ellas intentando reclutar al chico? La imaginación era libre y la mía volaba como un fénix en libertad.

Del único que mi imaginación no creaba extrañas imágenes era del auror, algo en el me inspiraba confianza, sus palabras parecían sinceras, sin embargo no podía bajar la guardia con él, había excelentes mentirosos tanto en el mundo mágico como en el muggle, era algo que unía los dos mundos.

Entonces, cuando todos dieron su beneplácito para participar en el juego, todos menos Dave que empezó a poner excusas aumentando aún más mi desconfianza en él, una silueta de pequeña estatura recorrió el establecimiento incorporándose a nuestro pintoresco grupo. Se trataba de Ziva, la adorable alumna del Lago Negro. ''Ahora no Ziva...'' En otra situación no me hubiera importado tomar unas cervezas de mantequilla con ella, no obstante aquel era un mal día para hacerlo ya que su presencia allí desbarataba mi plan, ya era bastante con hablar de ciertos temas delante de un alumno como para hablarlos delante de dos y encima aún más pequeña.

-¡Ziva querida, que gusto volver a verte! Dime, ¿por que no has pasado a visitarme como te dije?- Saludé a la joven mientras caminaba hacia ella para estrecharla entre mis brazos dedicándole a Dave una miraba bastante macabra. -Dave, que estemos fuera del castillo no significa que deje de ser tu profesora, en cuanto lleguemos al castillo serás castigado por ese comentario, eso o le restaré los puntos que no tiene a tu casa-. Pocas veces se podía ver ese carácter, esa seriedad en mi, no obstante había límites y aquel día el joven había traspasado el mío.

-Vamos, únete a nosotros, estábamos a punto de comenzar un juego muy divertido que se llama ''Yo nunca'', ¿sabes como se juega?- Pregunté a la chica sin darle tiempo a responder ya que comencé a relatarle en que se basaba el juego. Después le dejé tiempo para asimilarlo. -Queridos, el camarero y yo solamente somos buenos amigos, nada más... el no está interesado en mi, aunque de estarlo no me extrañaría, no creo que frecuenten este bar muchas mujeres como mi fabulosidad-. Reí sonoramente.

-Vamos Ziva, empieza tu, ¿yo nunca...?-
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