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¿Te has decidido? [Privado]

O. Winslow el Mar Oct 11, 2016 10:44 pm



Mansión Winslow, 12 de octubre, cinco de la tarde.


Halloween se acercaba y con ello una época de mucho tránsito en el Caldero Chorreante. La gente no paraba de entrar y salir del Callejón Diagon para comprar calabazas y demás enseres para adornar sus casas. Todos disfrutabamos de ésta fecha, el único día del año en que podías deambular por el mundo muggle sin ocultarte, pudiendo atormentar a cualquiera sin que los gritos alertaran al resto del mundo. Prácticamente todo estaba permitido esa noche.

Eran las cinco de la tarde, me encontraba en la mansión Winslow preparando mi disfraz para este halloween. Iba a ser especial, sería en un bosque, por lo que tenía pensado disfrazarme de algo relacionado. Quizás usando un poco la mitología griega o tal vez podría usar alguno de mis cuadros como inspiración. Algunos eran sumamente aterradores si eras un alma inocente que los veía por primera vez.

No, éste no. ¿Y éste otro? No, mejor no….

Iba descartando una idea tras otra. Probandome frente al espejo sientos de ideas gracias al conjuro Indure Vestem. Desde una pequeña hada recatada, a una elfa encantada, de esas de los cuentos infantiles muggles. Pasando por otros más aterradores...como un zombie o un vampiro. Desde luego el maquillaje iba a ser lo más importante si quería impresionar mínimamente con mi disfraz.

Ya lo tenía, me disfrazaría de ese ser que atormentaba a aquellos que decidían dormir. Sí, haría que las pesadillas de muchos se volvieran reales. En el mundo muggle lo podía hacer realidad, era tan simple mortificar a esos desgraciados, que ver cómo un dolor indescriptible los recorre sin razón aparente los vuelve locos. Sus pesadillas se vuelven ciertas y éste disfraz sería perfecto. Además podría cubrirlo con un poco de sangre real antes de acudir a la fiesta en el bosque, luego diría que es simplemente sangre de algún animal y todo sería perfecto. Un simple disfraz currado.

Escuché una puerta cerrarse al otro lado del pasillo, no podía ser otra persona. Me retiré el conjuro, quedando vestida con un vestido color vino y unas botas camperas. - ¡Tom! ¡Por fin has llegado! - Exclamé con júbilo. Saliendo de mi cuarto en dirección al suyo.

Toqué varias veces en su puerta. - ¿Estás listo para ver mi disfraz? Quizás podríamos ir conjuntados este año. - Mis palabras no obtenían respuesta, lo cual comenzaba a preocuparme. - Venga Thomas, abreme. - Supliqué a mi hermano, tocando una vez más antes de decidirme a abrirla por mi misma. - He pensado que podríamos ir de algún dúo muggle, he optado por un villano, un ser que aparece en los sueños de la gente y los convierte en pesadillas. Incluso los puede matar en sueños. No sé como se llama, pero he visto el disfraz en una revista y tiene buena pinta. - Dije entrando en su cuarto y buscándolo con la mirada. Estaba sentado en la cama, así que me acerqué a él.

Esa semana sus padres había decidido viajar. A esas horas debían estar en Sudafrica, disfrutando de alguna de sus playas. Un excéntrico regalo que había recibido mi padre, viajar al otro extremo del meridiano. Menos mal que no había optado por la antártida o volverían congelados. - ¿Así que tú de qué vas a ir? Podrías optar por algún asesino en serie u otro horror muggle. Estoy segura de que podríamos divertirnos por Londrés. - Sólo quería una respuesta, estaba animada con la idea de celebrar un nuevo Halloween por todo lo alto con mi querido hermano.
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Cuenta de Ambientación el Sáb Oct 15, 2016 11:59 am

Habían pasado ya dos años desde que había dejado su puesto de trabajo como profesor de Herbología en Hogwarts. También habían pasado dos años desde que su vida había cambiado por completo cuando su hermana decidió cortar de raíz todos sus problemas y asesinar a la mujer con la que estaba casado. La vida había cambiado mucho desde aquel momento y su mente lo había hecho de igual manera. Sus pensamientos se dispersaban con facilidad, a su cabeza llegaban ideas confusas, imágenes borrosas y aspectos carentes de sentido en una mente sana. Y es que tras pasar más de ocho años bajo un filtro de amor su mente había dejado de ser lo que se considera una mente sana.

Su salud mental había comenzado a pasarle factura pero aún así, no había dicho nada a nadie. Desde niño había aprendido a guardar sus problemas en un arcón con llave para tirar la lleve al mar, lo más lejos del mundo que pudiese estar, y donde nadie pudiese acceder a ella. Esa llave era suya, al igual que el arcón donde almacenaba sus inquietudes.

Ahora trabajaba en un diario deportivo mágico, rememorando sus tiempos como jugadores de Quidditch profesional y comentando las jugadas de otros. También ejercía como comentarista en grandes partidos donde se requería la presencia de un invitado a su altura y, a ojos de cualquiera, su vida iba bien. Sus padres volvía a tratarlo como antaño, su madre había recuperado a su hijo predilecto y su padre ya no lo consideraba un saco de mierda. O, al menos, no lo demostraba.

Por su parte, Ophliea había vuelto a ser la que era. O eso fue durante un periodo de tiempo que no tardó mucho en llegar a su fin. Y es que El Profeta se encargó de pintar la realidad de su hermana de color negro. Thomas no tuvo más remedio que permanecer a su lado y apoyarla en todo lo que le fue posible. Era su hermana y, a fin de cuentas, era ella quien lo había sacado de una vida de mentiras. ¿O no era así? Realmente a veces confundía lo que era real y lo que no lo era. A veces le costaba entender qué hechos habían sucedido de verdad y cuáles eran tan solo imágenes borrosas en su mente. A veces… A veces olvidaba si algo lo había hecho por su propia voluntad o siendo el títere de aquel filtro de amor.

Aquel día llegó algo cansado del trabajo y, dado que sus padres no estaban en casa, había decidido volver a su antiguo dormitorio durante los días que estos estarían fuera. Dejó su piso situado en el centro de Londres para pasar unos días junto a su hermana pero aquel día… Aquel día era diferente.

Su mente había vuelto a funcionar a ritmos inadecuados. Sus pensamientos no eran los que tendían a ser. Su concepto de realidad volvía a estar confuso y todo lo que veía a su alrededor parecía ser una realidad alternativa que él no había vivido. ¿Por qué tras tanto tiempo seguía teniendo secuelas de aquel filtro de amor? Durante las primeras semanas estuvo en San Mungo hasta que los médicos asegurasen que su organismo estaba en orden y afirmaron que pasados unos meses no debería haber rastro alguno de aquella poción en su interior. Dado que jamás se habían topado ante un caso como el suyo, no podían mediar las consecuencias. Y por tanto, no pudieron predecir que la falta de filtro de amor que has consumido durante tantos años da lugar a un efecto de dependencia. Una dependencia que acaba convirtiéndose en el famoso mono y que, finalmente, acabas perdiendo la cabeza si no pierdes antes la vida.

Escuchó la voz de su hermana nada más entrar en la Mansión Winslow pero no dijo palabra alguna. Subió hasta su dormitorio y cerró la puerta de par en par sin preocuparse lo más mínimo por lo que estuviese sucediendo a su alrededor. La voz de Ophelia sonaba a cientos de kilómetros de distancia. Pero aún así, podía escuchar el murmullo.

Se dejó caer sobre la cama y sujetó su cabeza entre sus manos, gesto que corrigió cuando la puerta se abrió de par en par dejando a Ophelia pasar. Thomas elevó la cabeza para toparse con su hermana, quien se encontraba disfrazada para la fiesta de Halloween.

- No voy a ir a esa estúpida fiesta del Ministerio. – Se limitó a decir con tono seco. Se levantó y abrió la puerta para animar a Ophlia a irse de su dormitorio. – Lárgate de aquí. – Añadió con el mismo tono poco amable.


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O. Winslow el Miér Nov 30, 2016 11:40 pm

En este mundo y en esta vida, pocas personas me importaban. Y no sé como el destino me pone tantos obstáculos, siendo que acababan todos lejos de mí. Mucho había sufrido intentando recuperar a mi hermano, lo había logrado y ello había supuesto un subidón de alegría para mí, algo a lo que no estaba acostumbrada. Sin embargo, el sino se había encargado de arrebatarme a alguien de nuevo, pero no contento con ello habían sido dos personas las que habían desaparecido de mi vida. ¿Qué hacer en esa situación? Seguir insistiendo pero viviendo. Tener contactos ayuda a encontrar antes a la gente, y desde luego ir a una fiesta con la mayor parte de la población adulta de Londres ayudaba bastante.

Pero qué mejor que ir a una fiesta que con tu hermano querido. No podía reprimir la emoción por ir con él, después de dos años compartiendo grandes momentos a su lado. Me encantaba tener esta ocasión, después de todo lo que me había apoyado en los últimos meses qué menos que disfrutar de una noche como esa junto a él.

Al entrar en su habitación lo noté distante, su expresión lo decía todo, más eso no me impidió seguir insistiendo cada vez más. Lo miré con seriedad. - ¿Cómo que no vas a ir? - Pregunté con un leve tono de enfado. - ¡Iba a ser nuestra noche! ¿Por qué diablos cambias ahora de parecer? - Caminé hacia atrás, alejandome de la puerta al ver como me invitaba a salir. ¿Qué se pensaba que haría?

- No me voy a mover de aquí hasta que me digas que cojones te pasa. -  Sentencié, sentandome en su cama y cruzando los brazos. - Para que te deje en paz vas a tener que darme una muy lógica y argumentada razón de tu cambio de parecer. Si hace tres días querías ir a la fiesta tanto como yo… - Mis últimas palabras eran más bien susurradas, negando con la cabeza levemente mientras lo miraba con confusión. ¿Qué estaría pasando por su mente para llegar a este momento?

Quiero decir, si todo iba bien entre nosotros. Hacía muchos años que nuestro vínculo se había roto, pero era mi hermano mayor, lo veneraba tanto que había matado para liberarlo. No podía concebir un mundo sin él y que mostrara un mínimo desprecio hacia mí...era doloroso, lo más doloroso que podía imaginar.
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Cuenta de Ambientación el Vie Dic 02, 2016 11:41 am

En ocasiones, las personas necesitan estar solas. Y Thomas más que nadie tenía esa necesidad de aislarse del mundo en ocasiones y centrarse en sí mismo. Bien porque su realidad comenzaba a ser confusa. Bien porque la humanidad en general le causaba un malestar que parecía carecer de límites. O bien porque sus pensamientos eran tan molestos que no le dejaban ni respirar. Precisamente esa última razón era la que había llamado a su puerta aquel día. Y es que sus pensamientos parecían cobrar vida propia y elevar su voz en un grito desesperado que luchaba por ser escuchado. Lo que suponía que todo lo demás a su alrededor no existiese, pues sus pensamientos taladraban su cabeza de tal manera que preferiría morir antes que seguir escuchando tal cantidad de ideas desbaratadas e incoherentes entre sí.

- ¿Te han dicho alguna vez que eres un puñetero grano en el culo? – Preguntó Thomas de manera retórica ante la insistencia de su hermana menor. Quien, como de costumbre, insistía más de la cuenta. – Ophelia, ya no tienes cinco puñeteros años y quedarte aquí como una estatua no va a hacer que cambie de opinión. No seas pesada y vete a tu cuarto. Ya. – Sentenció el chico.

Pero Ophelia no se movió ni lo más mínimo. Es más, había tomado asiento en su cama con los brazos cruzados y no parecía tener intención de marcharse de allí por mucho que su hermano le dijese que se fuese. – Mi lógica y argumentada razón es que no tengo ni ganas ni tiempo para fiestas estúpidas, con personas estúpidas, en lugares estúpidos. Si tú quieres ir a esa puñetera fiesta, ¡Bien, hazlo! Ponte el disfraz menos terrorífico y más provocativo que encuentres en tu armario y ve a ver si alguien te la mete esa noche. Pero conmigo no cuentes. No pienso ir a esa mierda de sitio a fingir que lo paso bien. No me interesa, Ophelia. Así que ahora lárgate antes de que te mande a la mierda de una manera menos amable. – Todo lo que salía de su boca intentaba alejar a Ophliea. Quería que se fuese de allí. Quería estar solo. Lo necesitaba.

A veces su cabeza daba vueltas y vueltas. Otras simplemente se quedaba en estado catatónico. Otras… Otras perdía realmente la consciencia de quién era y de pronto despertaba sin saber qué había sucedido ni cómo. Sabía que en aquel momento no estaba bien. Que su mente no lo estaba, y cuanto más lejos estuviese su hermana en aquel preciso instante, mejor sería para ella.


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O. Winslow el Lun Ene 02, 2017 7:04 pm

Era demasiado narcisista como para pensar en las necesidades de otros sobre las mías. Aun cuando se tratara de mi hermano. No nos engañemos, si en su día maté a su mujer y lo liberé de esa pesadilla, fue por mi interés, porque mi hermano era mío y merecía estar con nosotros, en nuestra casa y siendo él mismo. Ese chico que tanto veneraba y admiraba y no el traidor en el que se convirtió a la fuerza. Asquerosos sangresucias que necesitan de filtros amorosos para tener más magia en sus vidas y que un verdadero mago se fije en ellos. Tan desesperados están que hacen lo que sea. Pero Tom ya no tenía que lidiar con esa locura, nunca más lo tendría que hacer. Ahora era libre y podía hacer lo que quisiera, eso sí, siempre que yo no tuviera interés en hacer algo conjunto. En ese momento tenía que comprometerse a hacerlo o me ponía de lo más pesada.

Y este caso no iba a ser una excepción. No iba a aceptar un no por respuesta y mucho menos un plantón por su parte. Por mucho que me dijera, o intentara insultarme llamándome grano en el culo, no iba a moverme de esa cama, no hasta que aceptara a ir conmigo. Me daba igual lo que pasara por su cabeza, iba a conseguir lo que quería sí o sí.

- ¿Crees que me importa una mierda la gente que haya en esa fiesta? ¿Crees que lo que busco es ir a una estúpida fiesta para que me la metan? - Elevé un poco el tono de voz, buscando llamar su atención. - Tanto insistirme en que abandonara ciertas ideas y comenzara a salir de nuevo. Tanta cháchara para que siguiera adelante y dejara mi obsesión por encontrar a mis amigos, a la única persona por la que sería capaz de todo… y tienes la santa cara de decirme ahora que no te sale de los huevos ir a la fiesta conmigo. - Estaba enojada y mucho. - ¿Así me pagas el haberte liberado? - Me había puesto en pie tras las últimas palabras, acercándome a él con decisión y dándole una cachetada con todas mis fuerzas.  

- Si te crees que voy a dejar que me dejes plantada, estás muy equivocado. Vas a ir a esa maldita fiesta conmigo, me diste tu palabra y vas a cumplirla. - Prácticamente lo amenacé, señalándole con el dedo repetidas veces. - Así que vete bajando esos humos. - Estaba cabreada, y mi rostro dejaba ver muy clara mi seriedad.

Con el cabreo no estaba siendo consciente de otras cosas. Tom no estaba bien, eso era palpable, si tuviera un ápice de empatía lo hubiera dejado tranquilo, pero no era capaz de aceptar ningún no por respuesta. Y mucho menos con ese trato.
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Cuenta de Ambientación el Dom Ene 22, 2017 6:38 pm

Thomas podía llegar a adorar a su hermana, de verdad que lo hacía. Pero también era la persona que lograba que perdiese la paciencia con mayor facilidad. Por encima de cualquier otra, incluido su padre, quien parecía tener predilección por dejarle en mal lugar desde que era niño.

Fue incapaz  de contener una carcajada irónica ante las palabras de su hermana. Eran tal para cual, y es que los polos iguales tienden a repelerse aún cuando Thomas sentía gran aprecio hacía su única hermana. - ¿Liberarme? ¿Te parezco a ti algún tipo de Elfo Doméstico que necesite que le tires la ropa sucia encima para poder ser libre? – Volvió a soltar aquella sonora carcajada. - ¿Crees que liberar a alguien es matar, frente a sus ojos, a la persona que ama? No, Ophelia, tú concepto de la liberación dista bastante de la realidad. Coge a tu puñetero Elfo Doméstico y lánzale tus bragas sucias si quieres, pero a mí no me vengas con la liberación y esas gilipolleces para buscar justificación a lo que hiciste. - ¿Molesto? Realmente no lo estaba. Su esposa no le importaba nada en absoluto y era consciente de lo que Ophelia había hecho por él, pero eso no quitaba que buscase cualquier escusa para alejar a su hermana.

- Claro que tienes que dejar de buscar a tus estúpidos amigos. ¿A quién le importan? El Profeta sacó sus nombres un par de veces y se olvidaron del tema. Tú deberías hacer lo mismo. Están muertos, cuanto antes lo asumas, antes pasarás de página. – Thomas estaba seguro que tanto Gabriel como Axel habían muerto por una causa o por otra, pero no lo sabía a ciencia cierta. Su rastro había desaparecido sin dejar rastro después de una fiesta en casa de los Crowley y tras meses de una intensa búsqueda por parte de ambas familias, el resultado había sido nulo.

- No voy a ir esa fiesta, también deberías asumirlo. ¿O después de liberarme me lanzarás un Imperio para obligarme? – Preguntó con marcado sarcasmo en cada una de las palabras que dejaba escapar entre sus labios. La sonrisa inconsciente se dibujó en sus labios, y es que realmente disfrutaba con aquel tipo de conversaciones. Siempre lo había hecho, y ahora que volvía a ser él mismo volvía adorarlas.

Se dejó caer sobre uno de los sillones de su dormitorio mientras cogía el número de aquel día de El Profeta y comenzó a leer fingiendo que Ophelia había desaparecido, como si una nube de humo se hubiese deshecho de su presencia con sólo pedirlo. O una casa proveniente de Texas le hubiese caído encima y sólo quedasen a la vista sus piernas y, al final de estas, unos zapatos rojos que le servirían a alguna pueblerina para visitar al Mago de Oz. - ¿Aún sigues aquí? – Preguntó alzando la vista, siendo plenamente consciente que su hermana no había movido ni un solo músculo de su cuerpo. – Deberías buscarte a alguien con quien ir a la fiesta. Yo no pienso ir, tu amiguito está desaparecido y posiblemente muerto y… Ese novio tuyo está más que muerto. – Añadió bajando la vista de nuevo al periódico.


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O. Winslow el Lun Abr 24, 2017 12:18 am

Mi cara se volvía más seria por segundos, cada vez más enfadada. No podía creer lo que estaba diciendo, no quería oír que se negaba a acompañarme. Había hecho mucho por él, aunque no quisiera verlo. Lo había liberado de aquella prisión. ¿Cómo podía decirme eso?

- ¿El amor de tu vida? Y una mierda puedes sentir amor cuando en lugar de sangre tenías filtro amoroso. ¿No te das cuenta? Eras un puto muerto en vida que cumplía todos los deseos de una asquerosa sangresucia. ¿Y vienes a decirme ahora que te traté como a un elfo? - A cada palabra me acercaba a él y le recriminaba con el dedo. - Quizás sí que debí dejarte sufrir una mierda de vida a la sombra de una ladrona de magia. - Que nombrara a Lrog no fue lo mejor que pudo hacer. Si bien no demostraba afecto por mucha gente, Lrog había sido clave en mi vida. - Al menos Lrog nunca me ha abandonado. - Mi intención no era más que darle un golpe bajo.


¿A quién le importaban mis amigos? Pues a mi, y con eso era suficiente. Tanto como en su día a la única que le importaba él era a mi. Si algo me había enseñado la vida es que cuando en mi interior algo me decía que no era del modo que contaban siempre llevaba razón. Y sabía que ellos no estaban muertos, no podían estarlo sin yo haberme enterado antes. Era imposible.

- No, un imperio es gastar energías con lo fácil que es darte un filtro amoroso mezclado con zumo de naranja. - Respondí con una sonrisa falta, sentándome de nuevo en la cama de mi hermano y esperando a que se disculpara. Sí, iba a esperar ahí sentada hasta que se disculpara para conmigo. Era Ophelia Winslow, siempre me salía con la mía y esta no sería una excepción.

Observé como Thomas se sentaba en su sillón con el periódico, ni que fuera a leerlo realmente… - Sabes que no me iré hasta que tenga lo que quiero. - Sentencié, mis palabras sonaban serias, con un ligero ápice a molestia por su actuación. Sin embargo las palabras que continuaron a esa pregunta no provocaron en mí más que un nuevo pico de enfado. Saqué la varita. - ¡Deja de decir eso! - Grité a la vez que conjuré un accio no verbal sobre el periódico, de modo que éste salió disparado de sus manos hacia las mías. - ¿Cómo puedes estar tan seguro de que Axel está muerto? - Pregunté con rabia y un ligero temblor en la voz. Me estaba cabreando muchísimo su insistencia en ese punto. No podía ser tan hijo de puta conmigo. Era su hermana, debía consolarme y hacerme los caprichos, como siempre había hecho.

- Si quieres que algo esté bien hecho, hazlo tú mismo. - Esas palabras salieron de su boca como afiladas espadas que atravesaban mi corazón. Por unos instantes el mundo pareció pararse, un dolor punzante sentía dentro de mí, una furia creciente. Lo había hecho, lo había matado y no iba a preguntarle nada más. Estaba cegada en ese preciso instante. Con la varita apuntándole no dude en lanzarle un fulmen cruciatus no verbal. Los rayos salieron disparados sobre su cuerpo y le pilló de imprevisto, por lo que no pudo defenderse.  Contemplé con delicia como se retorcía en su sillón. - ¿Cómo lo mataste? - Pregunté con una voz más de ultratumba que de lo habitual. - ¿Por qué lo mataste? - Hice una nueva pregunta. Estaba en pie y me acercaba a él. Mi mirada estaba perdida, un reflejo de la abrumación interior que me cubría, el fuego de la ira que me recorría. Pero él no respondía, sólo se reía. - ¡Responde! - Pero su respuesta no llegaba. Conjuré un crucio no verbal, pero esta vez estaba preparado y logró bloquearlo con un conjuro protector. - ¿Cómo has podido matar a la única persona que he amado? -  No sabría decir si era un efecto remitente de tanto filtro de amor que había tomado mi hermano, o que realmente había estado enamorado de esa mujer, pero su respuesta me dejó helado a la par que me enfureció más aún.

Los hechizos comenzaron a sucederse, maldiciones y escudos protectores mágicos, uno tras otro. Las almohadas de su cama explotaron, las plumas flotaban en el aire junto a esquirlas de madera de su sillón reducido a la nada tras un bombarda. Un auténtico caos se formó en esa habitación. Lo había matado, mi hermano había matado a Axel para herirme del mismo modo que yo había hecho con su esposa.

Durante un segundo el tiempo se paralizó, ambos nos mirabamos a los ojos, la misma mirada llena de ira en ambos, varitas en alto. Ambos teníamos cortes en el rostro y cuerpo, ambos habíamos recibido golpes a causa de algún expulso. La maldición cruciatus tampoco había faltado. Ambos nos lanzábamos maldiciones, sólo queríamos herirnos mutuamente dejándonos llevar por el dolor y la ira. Hasta que una maldición fue imparable. Un rayo verde cruzó la habitación directo hacia Thomas. No pudo evitarlo. Su cuerpo se quedó inerte y cayó al suelo de espaldas. Lo había matado, acababa de lanzar la maldición asesina a mi amado hermano.

Me acerqué lentamente a él, con la mirada perdida. No sentía nada por él en ese instante. Era sólo un cuerpo sin vida que me había arrebatado lo que quería. Un traidor a la sangre, un asqueroso mago de segunda clase enamorado de una sangresucia. No se merecía ser mago, no se merecía ser un Winslow, no se merecía mi aprecio…

Lrog entró en la habitación en ese preciso instante, su rostro estaba confuso y sus ojos llorosos. - Limpia este desorden y deshazte de la basura. - Le ordené con un tono calmado, ausente. Ya no tenía nada, ya no perdería nada.
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