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Llegada al ministerio hambre de Pudding [Alex Romanov]

Invitado el Miér Oct 12, 2016 11:40 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Estaba próximo a incorporarme a las filas y lo estaba deseando. Cuando trabaja necesitaba un par de días libres para disfrutar de mis hobbies y por una vez que me los daban lo único que se me cruzaba era empezar a trabajar. Los criminales no se cazaban solos ni con magia de por medio, sin embargo debía admitirme a mí mismo que por primera vez estaba teniendo nuevos pensamientos como pasar tiempo con Eunice, tal vez hubiera continuado sin problemas en vacaciones de haberla tenido a ella al lado para disfrutar juntos de ellas. Pero Eunice se incorporaba antes y seguramente en estos instantes ya estaría sumergida en sus casos.  

Tomé el autobús como tantas veces hacía nueva ciudad pero lo mismo realmente, algunos pensarían que era absurdo pues para ir al ministerio bien podía ir por red flu, y si había prisa por supuesto lo tomaría o la aparición. Pero siempre que podía iba en transporte público y dedicar la espera a observar a la gente e imaginar sus posibles vidas.

A mi lado una niña pequeña sentada con los auriculares puestos, no estaba seguro porque los llevaba porque lograba oír desde la diferencia de altura aún sentados como si yo mismo los tuviera puestos ¿Cómo seguía conservando los tímpanos?  Miré a mi alrededor y cuando el autobús se detuvo en una nueva parada subió una pareja joven en la flor de la vida, posiblemente unos diecisiete años y tomados de la mano. El semblante de ella era serio y el pálido, la idea de un embarazo se me vino a la cabeza. “Seguro que ha tenido alguna falta y ahora van al médico más alejado de su casa para hacerse una prueba. Puede que no hayan tomado anticonceptivos o usado métodos. O puede que si se haya puesto preservativo pero este se haya rajado al estar en mal estado o caducado” Seguí observando las miradas que se daban y las caras que se hacían y yo iba enlazando mi propia historieta. "Puede  que acabe de decírselo a… Henry” El chico tenía cara de Henry y ella de Margarite. “Henry no me vino lo que tuvo que venir y él todo distraído con la equis Xbox ¿El qué dices que no viene? Y ella la falta que creo que estoy preñada. Por eso ahora ella la cara de consecuencia y él de acojonado por verse padre tan joven y tener que dar la cara, decírselo no sólo a sus padres si no a los de ella” Empecé a reír de mis propias películas y es que yo como guionista valdría un potosí.

¡Joder, la parada! —  Con mis paranoias de distracción estuve a punto de perderme la parada. Y tan apunto como que el autobús había avanzado un tramo. — Lamento las molestias, gracias—A pesar que no lo hizo de muy buen grado yo seguí siendo educado, el hombre a lo mejor tenía un mal día o llevaba desde hacía horas trabajando y aguantando pelmazos.

Me acerque a la cabina esperando turno mientras otros bajan. Cuando fue mi turno tome el teléfono para bajar a la planta baja y encontrarme nuevamente en el ministerio Británico.  La carta ya había sido mandada a la oficina y por tanto estaría en activo en el momento que me presentara a la hora indicada, eché una mirada al reloj. Aún tenía tiempo de dar una vuelta por el ministerio y ver si me encontraba con alguna cara conocida.

Una sintonida pegadiza seguía en mi cabeza, arrugué el entrecejo. La maldita canción de la pequeña estaba haciendo estragos en mi mente. Encima era de esas pegadizas que tardaban en irse y yo sin darme cuenta. —Giga Pudding, puddi puddi puddi, Giga Pudding, podrían utilizar esta canción en Azkaban—  Fui murmurando a ver si así lograba que se fuera además estaba de buen humor, lo único malo es que se estaba abriendo el apetito.

Disculpe. ¿No sabrá si la cafetería se encuentra abierta y a estas horas tenga pudding? — Pregunté al primero que tuve cerca.
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Invitado el Miér Nov 02, 2016 7:04 am

La luz, las tinieblas, para mi solo era cuestión de perspectiva y de conveniencia, siempre me sentí a gusto con mis creencias tan arraigadas sobre la pureza de la sangre pues considero que no tiene nada que ver con la evolución de esta, si no del prestigio que se le da a tu familia, a tu nombre, donde queda el honor después de traicionar la pureza. Comencé a escuchar todo el discurso de Moorcock y a decir verdad, quisiera poder entenderlo, pero tipos como el que solo se ciegan por su necesidad de hacer el bien y traer la justicia me enfermaba, aunque sabía disimular demasiado bien, pues la platica aparentemente para ambos era amena. En ocasiones casi se me salía el contradecir todo su arsenal de argumentos, pero tenía que pensar con la cabeza y no dejarme guiar por una emoción.

Todo parecía ir de mal, en peor, pues los ebrios que anteriormente dentro del ministerio se atrevieron a ponerme una mano encima, estaban de nuevo molestado. Moorcock pagó la cuenta, y salimos fuera del lugar, hacia un callejón para ser más exactos, mire mi reloj y parecía que era ya casi la una de la mañana, pues el tiempo se nos había colado conversando. Moorcock les advirtió que no fueran a hacer nada, y me sugirió seguirlo al ministerio para levantar una denuncia, pero en realidad en aquel estado esas personas eran poco racionales, pensé que se lo estaba tomando muy a la ligera, así que saqué mi varita para defenderme si las cosas empeoraban.

-Sabes compañero, no creo que ellos estén dispuestos a solucionar las cosas conversando. Dije mientras uno de ellos saco la varita para lanzar un rayo que iba directo al rostro de Warwick, a lo cual de inmediato reaccione para defenderlo con mi varita, deteniendo el hechizo con una barrera mágica. -Te lo dije amigo, estos no entienden.. Cuando de repente, los cuatro hombres sacaron las varitas para comenzar lo que sería una noche ajetreada.. -Mira, sabes.. no me quedaré esperando, actuaré y así cuando los desarmemos te los llevas.. Dije mientras levantaba la varita para regresar el ataque, y lancé un rayo que salió disparado contra uno de ellos que fue aturdido al instante.

-Mira amigo... ¡hicks!.. ya verasssssssss Dijo uno de ellos tratando de contraatacar. -¡Confringo! Dijo mientras lanzó unas bolas de fuego delante de nosotros a lo cual provocó un estallido fuerte en todo el callejón levantando una estela de humo que me impedía ver que estaba sucediendo, solo esperaba que Moorcock estuviera ileso.
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Invitado el Miér Nov 02, 2016 1:09 pm

Había querido llegar al ministerio Británico y empezar con buen pie, mostrarme el tío abierto y simpaticón que en realidad era, cierto algo guasón y burlón pero en esos casos sin malicia. Por supuesto también tenía mi parte negativa y esa era mejor no verla a menudo, pero me obligaban siempre a mostrar esa parte de mí y por norma general siempre era la imagen que perduraba en la gente, el que era un cabrón sin remordimientos, y tampoco podía realmente negarlo pues si se me obligaba a mostrar esa parte en mí es que la otra persona merecía tal trato por mi parte, por tanto no tenía remordimientos de actuar de una forma u otra. ¿Me hacía eso menos bueno? Eso según se mirara, sólo hacía mi trabajo y ya había dicho que para bien y para mal.

Me fije que no hubiera muggles por el callejón o eso sólo complicaría las cosas, había esperado que al menos tuvieran la consideración de esperar a llegar al ministerio ir al cuartel y hablar cuando se les pasara la cogorza, tal vez utilizar un hechizo para que se les pasara antes o dejarles dormir la mona hasta al día siguiente en alguna celda. De momento sin dañar la reputación de nadie hasta que no me asegurara de todos los aspectos, no me gustaba poner antecedentes a los magos y que estos quedaran registrados si sólo eran llevados por el momento y en realidad eran buena gente y hablando se solucionaba, pero no… pensar que hubiera podido pasar eso era ser demasiado optimista.

Me sorprendí de que Alex se pusiera delante de mí para protegerme, lo que no me sorprendía es que una panda de alcoholizados se perdieran el norte delante de un Auror, pero sí que lo iban a lamentar una vez se les fuera la borrachera de encima.  Tenía varias formas de actuar, podía derribar físicamente o bien actuar como mago ya que los demás así lo estaban haciendo y acogerme a mi autoridad como Auror, mi varita por supuesto en mano.  Cuando oí el hechizo inmediatamente use la barrera y negué con la cabeza viendo el destrozo que estaban ocasionando, lo que no haría más que llamar la atención a la policía muggle, y los propios vecinos cercanos de los edificios colindantes, tenía de actuar rápido.  El humo era tal que era difícil en estos momentos ver con claridad, pero para eso te entrenaban la oída, cerré los ojos lentamente unos instantes, ya conocía los pasos de Alex pues ya los había oído, luego oí los otros y los jadeos—¡Expulso! — Lancé el hechizo, oyendo un grito y alguien que se golpeaba.

¡Bombarda!— Gritó otro.

¡¿Estáis locos o qué?— Dije en voz alta. Encima al ir tan borrachos lo lanzaban sin atinar y causaban más destrozos que otras cosas.

La idea llegó a mi más rápido de lo esperado, corrí entre el humo lanzándome encima de otro para derribarlo. “Mejor usar la vía fácil” Al menos en estos casos, me levanté y moví la varita en alto. —Obstum Odio—Pues la rabia del momento y el odio e ira que pudieran sentir en esos momentos se evaporaba y la tranquilidad reinaba en la persona, si se hacía con potencia podía hasta abarcar a más de uno. Era un buen hechizo y un buen aliado en estos casos, más cuando las sirenas se estaban aproximando, por suerte tenía mi placa como Navys Seals, pero darle una explicación lógica a tales destrozos iba a resultar algo complicado, miré hacia arriba cuando el humo empezaba a desaparecer dándome cuenta que algunos vecinos se asomaban por las ventanas. —¡No se preocupen y regresen al interior de sus casas! Soy policía y el resto de mis compañeros vienen de camino—Tranquilicé con buenas palabras y busqué a Alex con la mirada, viendo como el resto se miraba entre sí algo aturdidos.  —Alex, ¿Estás herido?— Durante los ataques no había podido verlo, sólo oírlo al reconocer sus pasos.  Miré al resto. —Y vosotros ya estáis tirando al ministerio— Dije por lo bajo pero lo suficientemente alto para que me escucharan. Ahora faltaba inventaba algo creíble para todo esto que había ocurrido cuando la policía llegara y averiguar si algún vecino había visto más de lo que debería haber visto y ocuparme antes de que fuera demasiado tarde.

¿Qué ha pasado?— Preguntó otro mirando a su alrededor, como no comprendiendo como había llegado a este extremo y fue lo que me faltaba por oír.

No lo diré más ir para el cuartel de una vez, o me voy a liar a hostias que os hacen un poco de falta por lo que veo... me esperáis allí y pobre de vosotros que falte alguno o no vayáis, porque haré que lo de Jack el destripador parezca un chiste— Dije tajante mi paciencia estaba llegando a su fin al menos para estos tipos.
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