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HALLOWEEN 2016 - Fiesta de adultos

Cuenta de Ambientación el Vie Oct 14, 2016 11:16 pm

Recuerdo del primer mensaje :


Como cada año, el Ministerio de Magia organizaba una fiesta de Halloween para todos aquellos que quisieran acudir sin necesariamente trabajar en este lugar. Todo el Mundo Mágico tenía la oportunidad de acudir a esta fiesta, desde niños menores de 11 años que aún no estuviesen en edad de acudir a Hogwarts a aquellos que ya habían terminado sus estudios y ahora tenían un trabajo o pasaban la mayor parte del tiempo en la Universidad.

Todo el Mundo Mágico estaba entusiasmado por la celebración de esta fiesta donde, a diferencia de otros años, no se preveía ningún altercado. Los Mortífagos parecían haber desaparecido del mapa, los ataques a muggles habían finalizado y las desapariciones ya no eran el foco de conversación de muchos. Todo estaba en calma en la noche más mágica del año.

El Ministerio de Magia había situado unos trasladores en su propia sede para que todo aquel que quisiese acudir a la fiesta pudiese hacerlo y es que la localización de esta era desconocida hasta que, mediante el traslador, llegabas a ella. Fueron muchos los magos que a primera hora de la noche comenzaron a hacer cola para aparecerse en el Bosque de Epping, a las afueras de la ciudad.

El bosque estaba decorado a la perfección para aquel evento. Había luces de color naranja por todas partes, árboles secos sin hoja alguna que colgase de sus ramas, pequeñas mesas redondas con siete sillas para que los magos pudiesen sentarse a conversar y tomar algo, calabazas con tétricas sonrisas, comida típica de aquella festividad, velas blancas y rojas y, lo que más llamaba la atención, eran unos esqueletos que habían cobrado vida aquella noche para servir a los invitados con sus bandejas llenas de dulces típicos de la época.

Habían sido invitados fantasmas para que amenizaran la velada y también podían verse diferentes magos ataviados con los disfraces más típicos para esta festividad. Había varios monstruos de Frankenstein, tres Condes Drácula  e incluso un par de hombres lobo que se divertían aullando a todo aquel que se cruzase en su camino. Y es que el espectáculo aquella noche estaba asegurado.

OFF: Este post permanecerá abierto hasta el 15 de noviembre y es libre de entrar todo aquel que no estudie en Hogwarts (es decir, los profesores si pueden acudir a esta fiesta). El uso de disfraces es OBLIGATORIO y la cumplimentación de retos acordados por MP no es necesaria pero conlleva una recompensa en caso de cumplirse.

Se deben tener en cuenta los siguientes puntos:
  • La fiesta está protegida por un hechizo que impide a todo muggle o mago acceder a ella por el bosque. La seguridad mágica se encarga de la fiesta en todo momento gracias a la nueva Ministra.
  • La única manera de llegar hasta la fiesta es por trasladores que se encuentran en el Ministerio de Magia y, para acceder a estos, debes estar invitado a la fiesta.
  • No haberte apuntado a la fiesta no te impide entrar en ella. Y, por el contrario, haberte apuntado no te obliga a participar.
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Lluna Forman el Jue Oct 27, 2016 3:47 pm

Acercándome a Luke
y al pastel de merengue.



Una risita nerviosa me inundaba cada vez que me acordaba de la señora de la falda. Tuve que esconderme entre la gente para que no me viese. Mientras tanto en mi cabeza surgían más y más ideas para animar aquella fiesta. Mientras tanto tomé uno o dos chupitos más del líquido con sabor a hierbas. Y con cada trago me sentía mucho más activa. Me reía todo el tiempo. Así que con una sonrisa en los labios y cuchillo en mano me fui en busca de mi siguiente víctima. Vi a Ian con Circe y pensé en empujarlos, en lanzarles tartaletas a la cabeza o incluso pegarles uno al otro. Desde lo de Damon que no he hablado con ellos. Creí que eran mis amigos... Pagarán por eso. Pero las voces me dijeron que mejor esperar y reservar lo mejor para el final de la fiesta. Caminé en dirección contraria hasta ver a alguien conocido, Luke. ¡Vaya, vaya! El Hufflepuff favorito de Matt. Será mejor que le salude y le haga saber que mi tío no se toca. Llevaba una máscara colgada en la cintura y su disfraz estaba tan currado como el mío de chica asesina.

- Buenas noches, Luke. ¿De que vas disfrazado? - pregunté con cierto tono histérico.

Estaba maquinando que hacerle. Debía ser algo concreto y exclusivo para él. Las voces de mi cabeza me bombardeaban con ideas absurdas como la de dejarle desnudo frente a la gente con solamente la máscara para que se tapase su cosita, o pegarle chicle en el pelo. Luke merecía algo mejor por mi parte. Algo elaborado solamente para él. Algo que le dejase claro que Matt no se toca.

- ¿Sabes? A Matt le encantan los pasteles de merengue, es muy pero que muy goloso. ¿Ves aquel pastel de allí? -le señalé la mesa principal con la mano. - Deberías quitarte tu absurdo disfraz y untarte de merengue.

Después de decirle aquello me reí de forma nerviosa imaginando lo bien que se vería Luke lleno de merengue y sin ropa. Matt se volvería loco, pero dudo que puedan hacer nada frente a toda la fiesta. Aún así... Pasé mi mano por la espalda de Luke y le guié hasta la mesa. Solo hace falta un empujoncito y caerá encima del merengue. Luego solo tiene que pasearse frente a Matt. Le cogí por los dos brazos con la clara intención de empujarle, sonriendo como si fuese una buena idea. Pero no lo hice.

- Mejor no, las voces me dicen otra cosa. No quieren que te empuje dentro de la tarta de merengue. ¿Quieres saber lo que me dicen las voces? - sonreí traviesa para luego tomar aire y gritar. - ¡TEAM APOLO, TEAM APOLO!

Solté a Luke y me puse a reír. Me notaba la cara muy roja, y sentía mucho calor. También la garganta seca. De modo que alargué mi brazo para tomar otro de esos chupitos de absenta. Luego me quedé disfrutando del dolor de Luke al saber que las voces prefieren tener como tío al buenorro Apolo, y no a un Hufflepuff enclenque.


Off: Lukecito sorry, te ai lof you. Son las voces.
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Elia Deveraux el Jue Oct 27, 2016 10:58 pm

Con Sam la pecadora



Al verla pensé que ella era ese tipo de persona buena por naturaleza, sin pecados, con un aura limpia y que convierte en bueno lo que toca. Estaba tan equivocada... Sam no era tan buena ni de lejos. Me estuvo confesando que no estaba bautizada, ni siquiera había creído nunca en Dios. Eso es más pecado que tirarse a un hombre casado. Esta chica me gana a pecadora. ¡Señor mío Jesucristo! Somos unas pecadoras. Puse cara de pánico y entrelacé las manos cual monja, solo me faltaba un rosario. ¿Por qué no he cogido un rosario? Se debe a que no tengo de eso en casa, tampoco mis padres profesaban ninguna fe. Santo cielo, los magos no son creyentes. Somos...seguidores de Satán. - Me acabo de dar cuenta de que mis padres son magos, no creen en entes superiores. Tampoco yo estoy bautizada. Ahora llegará el fin del mundo y tu y yo iremos al infierno. No puede ser, no puede ser. Señor, estamos muy arrepentidas. No somos culpables de no estar bautizadas, manda a nuestros padres con Satán pero no a nosotras. Te lo ruego. - Hablé mirando hacia arriba como si de verdad pudiese comunicarme con algo que está arriba y ve y oye todo lo que le decimos.

Sam estaba realmente obsesionada con la idea del fin del mundo. Yo no tenía modo de saber si so era cierto o no. Quizás por eso la luz vino a mí y el señor me salvó del atropello. Tenía unas pocas horas para enmendar mis pecados. Principalmente estaban relacionados con a lujuria, y con arrepentirse me vale. Lo que ocurre es que no encuentro la motivación para arrepentirme de esos pecados de placer. - No sé nada sobre la fecha del fin del mundo. Puede ser dentro de cien años, o puede ser hoy. ¡Joder! ¿Y si es hoy? - Empecé a alarmarme. Si hoy era el fin del mundo tenía que avisar a todo el mundo en esta fiesta. Solamente Sam lo sabía, y había hecho bien en avisarla pues empezó a enumerar sus pecados y no eran pocos. ¡Virgen santísima! Además de no estar bautizada y decir palabrotas, delitos menores, es desviada sexual. Eso es un pecado de los gordos. - ¡Tranquila, tranquila! - Puse una mano en su espalda para intentar tranquilizarla. Teníamos que hacer algo. - Debes arrepentirte y rezar. No son pecados tan graves. También yo he pecado de lujuria. Tuve pensamientos impuros con uno de mis alumnos, me acosté con un hombre casado y, como bien sabes, he hecho muchas cosas sexuales sin estar casada con esos hombres. Además, me está costando arrepentirme por eso. No es tan malo. Al contrario, da gustito... ¡Joder! - Estaba empezando a creerme mis propias mentiras y me estaba afectando. Al fin y al cabo, no se puede demostrar que sea mentira que ese Dios existe. La luz, el coche... él me salvó. Tengo la obligación de avisar a todos que se tiene que arrepentir de sus pecados, pero sobre todo yo tengo que arrepentirme. - Ya lo tengo, ya lo tengo. - Miré a mi alrededor buscando un cura pero solamente había un tío vestido con una sotana muy apretada y tuve que apartar la vista para no pecar más de lujuria. - Tenemos que bautizarnos. Es la única solución. Bautizo y comunión, y Dios nos salvará cuando llegue el fin del mundo. Tenemos que buscar agua, una fuente, un vaso, lo que sea. Si tenemos fe podemos bendecir el agua y estaremos salvadas. - No recordaba haber tomado ni una sola copa de alcohol y me encontraba en un estado metafísico que solamente podía asociarse con las drogas. Pero no estoy drogada esta vez, ni borracha. El Señor me ha hablado, soy la elegida.
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Circe A. Masbecth el Vie Oct 28, 2016 12:37 pm

Con Ian y Clementine (que a la pobre la ignoraron)

La aparición estelar de Elia Deveraux sólo sirvió para que Circe e Ian soltasen algún que otro comentario referente a su falta de sexo, y es que era extraño que una mujer como ella se presentase de buenas a primeras diciendo aquel tipo de cosas. O más bien, era extraño que cualquier persona en su sano juicio inquiriese a cualquiera con el que se cruzase con semejantes gilipolleces. - ¿Crees que estará drogada? – Preguntó en última instancia la rubia mirando a su alrededor por si había rastro de Odiseo. Pero por suerte no llegó a ver dónde se encontraba el mayor de sus hermanos y el que sin duda era toda una vergüenza para el resto de su familia.

Si eras amigo de Circe (algo que pocas personas podían decir) tenías que acostumbrarte a su peculiar carácter.  A esa manera de tratar al mundo como si el resto fuesen una mierda comparados con ella y es que para la rubia las cosas no podían ser de otra manera. Incluso Ian, quien con los años se había convertido en su mejor amigo, no se libraba de ese trato tan peculiar por parte de la rubia. Le daba igual que los demás pudiesen o no ofenderse. Le daba igual si sus palabras causaban algún daño o si suponían una depresión en la otra persona. – Déjame pensar. – Elevó la mano para cortarle una vez le propuso aquel reto. Y es que pensaba cumplirlo. Circe con Ian era una de esas personas que se tomaba en serio los retos. Aunque bueno, Ian también se tomaba en serio las apuestas y siempre cumplía, algo que podía comprobarse si mirabas bien en sus tatuajes y dabas con un pene feliz escondido en ellos. Por suerte o por desgracia, Circe no conocía aquella historia como para poder afirmar sin lugar a dudas que Ian cumplía con su palabra. – Vale, si soy amable durante toda la noche, tú tienes que tatuarte mi nombre aquí. – Puntualizó con el dedo índice señalando en un hueco de su brazo donde aún no estaba todo cubierto de tatuajes. – Y que se vea bien, que se grande. – Sonrió de medio lado. – Y además… Quiero que intentes salir con Joahnne. Tienes que ser romántico y acosador al mismo tiempo y hacer todo lo posible para que salga contigo. Eso sí, si acepta ya puedes mandarla a la mierda sin problema, sólo es que lo intentes. – Se encogió de hombros. – Con eso tengo suficiente. Pero ahora vamos, quiero coger una de esas copas de sangre falsa antes de que todos los que van disfrazados de vampiro acaben con ellas. – Dijo con una media sonrisa. ¿No quería que fuese amable? Lo sería tanto que daría dolor de muelas de las caríes que conllevaría su dulzura.

Tomó la mano de Ian de manera incluso cariñosa y se acercó a uno de los camareros que portaban aquellas bandejas. Le saludó con la mano y este se acercó a donde Ian y Circe se encontraban para darles a cada uno una de las copas. – Muchísimas gracias. Hace usted un trabajo estupendo. Por no hablar de su disfraz… Por Merlín, parece tan real. – Dijo la rubia de manera amable. – Oh, muchas gracias. Nos hemos esforzado mucho para que todo esté perfecto esta noche. Si necesitan cualquier cosa, no duden en comunicármelo. – Dijo el hombre con una media sonrisa antes de marcharse. - ¿Ves? Puedo ser adorable si me lo propongo. Y no diré nada al respecto sobre su cara ni la mejor que han hecho evitando que se vea. – Sonrió ampliamente antes de dar un trago a su copa. – Está rico. – Añadió volteándose.

Su copa se derramó sobre su propio disfraz cuando alguien acabó por golpearla. La rubia iba a gritar y cagarse en la puta madre le quién fuese, pero se mordió la lengua por la apuesta que tenía con Ian. Colocó la copa sobre una mesa mientras respiraba profundamente para no matar a nadie y sacó su varita para limpiar su ropa antes de acabar por perder los papeles. Volvió a respirar hondo y miró a la chica que acababa de chocar con ella, a la cual había visto en alguna ocasión en una de las tiendas de Hogsmeade. – Deberías tener más cuidado, podrías haberte hecho daño. – Dijo la rubia dándose cuenta que ahora el traje de patito de la mujer tenía ligeras manchas de aquella bebida. – Espera, te ayudo. – Hizo un leve movimiento con la varita para hacer desaparecer las manchas en su ropa y volvió a sonreír, esta vez en dirección a Ian. – Ve preparando cómo conquistar a la pelirroja.
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Lena B. Milkovich el Vie Oct 28, 2016 12:38 pm

Con Abi McDowell

- Me decanto por gelatina. – Dijo la rubia aún dudando de si aquellos ojos tendrían un sabor u otro. Y es que en apariencia le recordaban a algún tipo de gominola. Como si al morderlo fuesen a ser blandos y dulces y, tal como decía Abi, tuviesen algún líquido color rojo en su interior con sabor a fresa. Pero, como casi todo en esta vida, para estar segura de ello tendría que comprobarlo. Y la única manera de hacerlo era probándolos, por lo que no lo pensó dos veces a la hora de levantarse para ir en busca de uno de estos.

Lena era una persona bastante distante con los demás. No porque tuviese el poder subido a la cabeza, sino porque le gustaba la profesionalidad en todo momento. Incluso con su familia había sido distante a lo largo de toda su vida, razón quizá por la que las cosas comenzaron a torcerse desde un inicio. Y, con los años, se había vuelto incluso más seria. No era algo a lo que le diese demasiada importancia, pero aquella reacción de Abi con la calabaza hizo que, por un instante, olvidase ese talante que tenía ante los demás para reír con ella. – Filipo es un gran nombre para una calabaza. Luego deberíamos buscarle una novia para que no pase solo la velada. Y también un gorro o una máscara. – Siguió la broma con una media sonrisa, lo más cercano que podía ser una sonrisa total de Lena.

Saludó a un par de personas según se acercaban a la zona de la comida y es que la fiesta ya estaba en pleno auge. Había magos con disfraces extravagantes por todas partes, y también podía lograr ver cómo los camareros eran incluso acosados para saber cómo se habían hecho tales disfraces. Lena se sintió bien al respecto y es que la fiesta estaba yendo de maravilla. No había ningún problema, no había rastro de más ataques y es que, aunque corrían tiempos de paz, había dudado que las cosas fuesen bien durante aquella velada. Nunca se sabía en qué momento la burbuja de paz en la que se encontraban podía estallar y para Lena era imposible no estar en alerta constante.

- Por Merlín, Abi, eres mi Asistente, no mi Catadora. Aunque quizá debería pluriemplearte como Asistente, Catadora y Decoradora de calabazas de Halloween. – Dijo la rubia cogiendo uno de los ojos con sumo cuidado y observándolo con curiosidad. – Efectivamente, Ravenclaw. – Afirmó la rubia probando uno de los ojos. Lo masticó y comprobó que, tal como había dicho Abi, contaba con un líquido con sabor a fresa en su interior, el cual estaba prácticamente helado. El exterior era gelatina neutra pero podía encontrar pequeños grumos en su textura, como si así buscasen darle más realismo a esta. – Acertaste también con eso, tienen fresa dentro. – Le animó a probar el suyo con una sonrisa amable. – En Ravenclaw hubieses estado como en tu casa, pero gracias a que estuviste en Slytherin puedes demostrar que no todos los que van a parar a esa casa tienen por qué ser malas personas. Es una mala fama que jamás comprenderé. – O que comprendería demasiado tarde si algún día llegaba a descubrir que Abi no era tan buena como aparentaba ser. – Tú hermano fue Ravenclaw, ¿Verdad? – Preguntó no muy segura. Y es que, como Ministra, había leído previamente el historial de cada uno de sus trabajadores. Y aquello incluía hasta el más mínimo detalle de su vida. – Seguro que es un gran chico, ¿Qué estudia? Deberías traerle un día al Ministerio para que vea cómo funcionan aquí las cosas.
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Invitado el Vie Oct 28, 2016 2:05 pm

Sola, en la mesa de las bebidas.
Disfraz:

La época que tanto ansiaba Wanda había llegado, al fin era Halloween. Sangre y terror, las dos palabras que más le gustaban a la pelirroja. Al principio no tenía intención de ir a la fiesta que organizaba el ministerio, pero cómo no tenía nada mejor que hacer acabó por cambiar de idea. Solo quedaba encontrar un buen disfraz, cosa que para ella no sería difícil. Tras ver todas las películas de terror que había hasta día de hoy, Wanda tenía bastantes ideas que retratar en disfraz. Miró su armario y ahí vio una túnica blanca con capucha, ¿Qué mierda hacía eso ahí? Ese atuendo era demasiado blanco para el gusto de la pelirroja, seguro que se habría confundido al comprarlo. -  Pues nada, ya que tengo que manchar algo mejor que sea esto que no otra prenda. – Agarró la túnica y la untó de sangre falsa, algo que no le gustaba pues si por ella fuera le hubiera puesto de un humano, pero no tenía tiempo para conseguirla.

No tardó mucho en acercarse al lugar de los trasladores, pero había algo de cola para acceder. Rodó los ojos y bufó, ¿Tan inútiles eran que no sabían ni tachar un nombre de la lista? Joder, no era tan difícil. Cinco minutos más tarde ya estaba ahí para dar su nombre. -  Wanda Masbecth. – Antes de que la otra persona pudiera tachar su nombre, la pelirroja ya se había adelantado. -  Última página, fui de las últimas en confirmar. – Musitó mientras seguía andando, ese imbécil ya podía estar agradecido de que la ayudara por eso.

Llegó a la fiesta cuando ya estaba bastante llena, lo normal vamos. Lo bueno se hacía esperar ¿Verdad? Así que con una sonrisa maliciosa fue directa a buscar una bebida, algo con lo que pudiera saciar su sed. Miró las copas y cogió una que parecía que fuera sangre. - A ver si esto sabe igual de bien de lo que aparenta. – Le dio un trago y puso mala cara. - Estaba claro que esto no iba a saber a lo mismo. – Pero cómo no había nada más para beber, decidió tragárselo sin más quejas.
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Invitado el Vie Oct 28, 2016 9:12 pm

Solo y a mi puta bola


Big se encontraba masticando unos nuevos ojos de un vagabundo que se había encontrado en el metro, se había asegurado que ninguno otro estaba cerca, aunque tampoco le importaba ser visto y ser llamado ‘Ángel de la muerte’ como le había dicho aquel vagamundo al morir, hasta el propio nombre le hizo sonreír.  Un asesinato limpio e improvisado al haber tenido ganas de un tentempié, lo que más le gustaba de sus víctimas eran los ojos, el corazón, el hígado y los pulmones. Por supuesto nunca tenía suficiente tiempo para hacerse con sus delicatesen y se contentaban con algo tan sublime como unos buenos ojos y una copa de sangre.  Miró el hombre sin ojos sin vida con una oreja derecha de menos e introducida en su boca, ahora siendo mordisqueado por las ratas y siguió su camino por el túnel, tenía lamentablemente planes y debía acudir al menos por un breve tiempo.

Y es que Petar no tenía ninguna intención de acudir, pues ¿Qué mejor momento qué este para ir asesinando sin tener a nadie que le fuera detrás? Más aún cuando todos los supuestamente importantes del ministerio se encontraban de celebración. Pero no había tenido más remedio que asistir al recibir una invitación de su jefe y de compañeros de mantenimiento que insistieron en que fuera. No encontró una buena excusa, bien mirado sólo perdería un par de horas y podría excusarse una vez cumplido su cometido por pura cortesía ficticia. Tuvo tentación de vestirse por primera vez delante de todo el mundo como él era en realidad, pero no era el momento y menos al darse cuenta de que el lugar estaba protegido por hechizos seguramente y por Aurores, que aun ir disfrazados harían sus trabajos.

Miró fijamente con ojos aburridos a cada uno de los miembros, podía darse en esta ocasión ese lujo de mirar con desdén con asco, al tener un disfraz que lo cubría al completo y que era casi prácticamente imposible saber que era él a no ser que el mismo revelara su nombre.  Su vista paso de los disfraces de la fiesta a las bandejas con surtidos de aspecto suculentos, paso de largo de ellas y también de la bebida, pero mostró una sonrisa siniestra debajo de su disfraz, la idea de echar veneno a los ponches era tan tentadora que tuvo que sostenerse a una columna para calmarse, él no era de impulsos sino detallaba los momentos y de momento no tenía un asesinato premeditado en la fiesta, pero eso no siempre quería decir que si alguien terminaba por molestarle terminara siendo su próxima víctima.

Lo que le hizo pensar en su próxima víctima, miró con más intención a los presentes pues bien podía ser alguno de ellos el elegido ellos o sus familiares, inclusive la estirpe al completo. El gran honor de morir con sus manos y convertirse en su arte.  Una bruja vestida de loba resbalo por el líquido caído de algunos camareros, ese fue un buen momento para que él mostrara nuevamente sus actos de amabilidad al acudir cuando alguien estaba en apuros. Tendió la mano para levantarla sin dificultad pues en comparación a Petar su proporción de altura y peso todos los demás eran peso pluma.  —¿Se encuentra bien, señorita? — Pronunció con tono amable.

—Sí gracias, el suelo esto debió estar mojado — Dijo la bruja.

Siga disfrutando de la magnífica fiesta y vigile por dónde camina, no queremos que termine en San mungo y se pierda la fiesta— Dijo sintiéndose ridículo. Actuar de este modo le repateaba los higadillos y al no poder contenerse más se alejó sin más de todo el mundo. Petar ya tenía suficiente con mostrarse un buen tipo las horas en las de su jornada o cuando tenía la mala suerte de encontrarse con compañeros de trabajo en la calle. Era lo malo de mostrarse un tío cercano y buena persona, que los demás se tomaban la molestia de darle conversación, de invitarlo y de incluso presentarse en su residencia.  

Miró el reloj de la columna, apenas hacía veinte minutos de su llegada a la fiesta y para él ya parecía una eternidad peor que el propio infierno. Se acercó a sus compañeros para mostrar que hacía acto de presencia y así irse en cualquier momento. —¡Chicos!— Los llamó sonriente aunque su boca diera de todo menos risa, pues los dientes salientes del disfraz hacían imposible llegar a ver realmente su sonrisa. —Soy Petar Slavkov— No tuvo más remedio que reír a las bromas de sus compañeros. —El único traje a parte de frankenstein y un tal Shrek y Hulk y que tenían de mi talla y viendo los disfraces, este sin duda era el mejor—Expuso con tono convincente. En la tienda Petar había pensado que de Frankenstein seguramente muchos irían disfrazados y la propia dueña de la tienda había corroborado la idea de que era uno de los disfraces más vendidos.  —La ministra se curro la fiesta, ¿No os parece?— Intentó dar conversación sin mucho interés.

¿Disfraces de unicornio, patitos...?” Hasta el propio Petar que no era muy considerado a las fiestas de ningún tipo de clase sabía que en una fiesta de Halloween no eran precisamente lo típico, sino más bien en carnavales, lo que le hizo ver nuevamente el grado del nivel intelectual de los adultos y trabajadores del ministerio inglés.
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Invitado el Vie Oct 28, 2016 11:16 pm

Con War llegando a la fiesta, buscando a los amigos para presentarle a mi príncipe|Interacción con War y Clementine Boot|Mención de la Ministra.

Sabía que por mucha fiesta que hubiera montada, como auror saldría tarde del Ministerio, no podía dejar mis obligaciones a un lado por pasármelo bien, y por suerte, la pareja que había encontrado opinaba igual que yo, así que nos llevábamos ben en todos los sentidos de nuestra vida.

¿Obsesionados con el trabajo? Yo no lo expresaría de esa manera, más bien diría apasionada en mi trabajo, pues era lo que desde niña quise ser, auror, y de las buenas. Mi trabajo dentro del Ministerio no estaba enfocado ya a salir corriendo tras los delincuentes, sino más bien, crear perfiles de los mismos, ayudando al resto del equipo, eso no significaba que en caso de tener que entrar en acción no supiera ya defenderme. Seguía manteniéndome en forma como siempre había hecho, desde niña, saliendo a correr con mi abuelo antes del amanecer cuando estaba en casa y luego en Hogwarts sola, y por las tardes, caída la noche si iba con él. Y practicando duelos.

Me cambié al terminar la jornada esperando a que regresara War al mismo Ministerio, allí estaban los trasladores para llegar al sitio en cuestión. La Bella, de la Bella y la Bestia, tenía un traje de fondo de armario que me parecía al de la princesa de Disney, aquel personaje me gustaba, se me hacía parecido a mi manera de ser, sólo que en vez de terminar con la Bestia yo había teminado con un Príncipe y bien plantado, sin cara de león, pues en sus años de Hogwarts había sido serpiente.

Sólo tuve que peinarme de manera parecida, recogiéndome un moño en la cabeza y dejando el pelo suelto en cascada. La ropa normal en el despacho se quedó, pues las botas militares fueron substituidas por unas finas sandalias, la madre que me trajo, esperaba no pasar mucho frío, pero con mi chico al lado, eso lo veía poco menos que improbable, me encendía de una manera descontrolada. Y en los lugares con mucha gente, sólo con el calor humano se arropaba una.

- ¿Listo? -me quedé mirando a War, lo veía tan guapo como siempre, quizás con un traje de época, pero yo tampoco es que fuera muy normal. Esperé para tomar el traslador ambos a la vez y aparecernos delante de los guardas de seguridad, la ministra iba a estar presente, y quizás le debía una disculpa por haber pensado mal de ella, aunque de tener que dársela lo haría en privado, no en una fiesta, y si ella decidía concederme unos minutos para hablar, tomando un café y un cupcake, o una taza de chocolate con nubes.

- Hola chicos -saludé a los guardas de seguridad los cuáles tacharon mi nombre al instante en la lista- ¿Algún problema?-haciendo clara alusión a si había habido algún altercado durante lo que se brindaba de fiesta, pero un ligero balanceo de ambas cabezas me hizo ampliar la sonrisa y esperar que dieran paso a War para engancharme de su brazo y entrar al recinto, en donde la fiesta estaba en auge mostrando diferentes disfraces cada cuál más original, y hubo uno que me llamó de sobre manera, una chica disfrazada de pato- Esa debe ser Booty, sólo a ella se le ocurriría un disfraz tan genial. Ven, te la presento -tiré del brazo de mi chico para quedarme frente al pato- Dime que no has cambiado y sigues siendo la más original de todas -amplié la sonrisa frente al pato, jugándomela a que no fuera ella.
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Invitado el Sáb Oct 29, 2016 11:50 am

Con Steven D. Bennington

Habíamos llegado tarde a la fiesta, y por mi culpa. Me había pasado la mitad de mi vida coleccionando disfraces de Halloween, y hasta el último momento no había encontrado el disfraz perfecto, bajo la mirada severa de mi querido hermano Steve. Yo iba siempre sonriendo, no porque fuese lo habitual, sino porque aquel día prefería molestar a mi hermano, ya que no tenía demasiadas oportunidades.

Con mi felicidad habitual, me quedaba mirando a los niños que habían salido a pedir golosinas, y aunque estuviese de camino a una fiesta, sentía ganas de volver a comportarme como una niña en una de mis fiestas preferidas. —Deberíamos haber salido a pedir chuches con Lexie, jo— Meneaba la cabeza haciendo botar aquellos pompones amarillos que la decoraban.

Cuando llegamos al Ministerio de Magia Steven parecía mucho más emocionado que yo por la fiesta, pero era solo su estómago el que hablaba. —Y yo pensando que te hacía ilusión ir a una fiesta...— Me encogí de hombros, pero no podía dejar de pensar en las galletas con forma de murciélago, ciertamente había llegado a adorarlas cuando era niña, aunque la familia hubiese perdido la tradición de celebrar Halloween cuando Steve fue a Hogwarts. Me conformé pensando que con una niña en la familia podríamos recuperar la tradición, si no, siempre nos quedaba atiborrarnos a dulces en algunas fechas señaladas.

No puedo negar que me emocioné al ver que el traslador era una calabaza sonriente, con sus dientes y todo. Saludé amablemente a los que nos acompañaron, a pesar de no conocer a nadie, y antes de darme cuenta estábamos en un bosque que habían decorado de forma genial para la festividad.

Miré a mi alrededor pero no vi a nadie conocido, quizá porque había un montón de gente, quizá porque simplemente no conocía a nadie más que mi hermano. Y al volver mi vista a él no pude evitar sonrojarme por su particular propuesta. Jamás debí contarle sobre la sequía sexual que llevaba viviendo desde algunos... años. —¡Por Dios, Steve! ¿Te me vas a poner a hacer de casamentero en una fiesta de Halloween? ¿De verdad? Aunque... ahora que lo dices... Lexie ya está crecidita, si tengo un churumbel ¡tengo niñera asegurada!— Hice un bailecito tonto a su alrededor, como cuando era una niña, para intentar arrancarle una carcajada sonora de esas que tanto me gustaban de él.

Y sin comerlo ni beberlo, y nunca mejor dicho, me vi arrastrada por mi hermano hasta una mesa llena de comida, donde esperaba encontrar aquellas galletas con forma de murciélago. Parecía tan emocionado que, tras dar el primer mordisco, no le dije que las galletas estaban asquerosas por si acaso terminaban gustándole. Pero no, a él también le parecieron repulsivas. —Seguramente ni sean las mismas galletas que compraba papá, pero tranquilo, las encontraremos— Levanté los pulgares y me lancé, casi literalmente, a una bandeja de bebidas, y después de oler lo que parecía un whisky con cola, me lo bebí de un trago.

Bee the Bee:

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Invitado el Sáb Oct 29, 2016 12:06 pm

Con Eunice llegando a la fiesta, dejándose llevar para que le presente a sus amigos

Jornada dura en el trabajo tanto que se me había pasado por alto la fiesta si Eunice no me la hubiera recordado de nuevo. Tanta pasión por el trabajo y por apresar a tantos delincuentes posibles que todo lo demás tan trivial como una fiesta se me olvidaba con facilidad, al menos sino estaba al nivel de importancia en mi vida. Y ahora una de las cosas más importantes de mi vida estaba empezando a ser Eunice y todo lo que para ella fuera importante, lo siguiente por supuesto mi trabajo y aunque ella permanecería más en el cuartel creando perfiles yo era más de acción, necesitaba perseguir a cuantos pudiera mi cuerpo lo pedía y era bueno en ello. Además Macusa me lo había dejado claro, por lo visto no sólo había sido enviado de nuevo a Inglaterra por lo ocurrido con aquella Veela que por supuesto había tenido mucho que ver o se hubiera armado la san quintín, que no sabía quién era ese pero esa expresión la había oído a menudo en mis viajes y ya la tomaba como mía propia, al encontrarla graciosa. Por supuesto Macusa no me había explicado mucho, como siempre solía hacer, mi trabajo consistía en trabajar en el ministerio como siempre siendo Auror, uno de los honrados por supuesto y acudir siempre que se me llamara para las misiones, por supuesto no podía dejar a los Navy Seals Team 6 tirados, pues eran también mi familia.

Me miré una vez me vestí ante un espejo y me empecé a reír en ese preciso momento de lo que vi, y es que cuando Eunice me comentó lo de vestir de Bella, se me ocurrió que podría ser su príncipe aquella bestia que con un beso había vuelto a ser el mismo y atractivo príncipe que había sido al principio, antes de que llegara aquella anciana pidiendo auxilio en una noche de tormenta. Sí, me conocía el cuento y había visto la película de niño, aunque tampoco se lo comenté… ¿Vergüenza? No sé estaba seguro de ello, simplemente era un niño que se podía quedar horas sentados frente un televisión cuando su padre no estaba, un niño que se colaba en los cines aprovechando que nadie lo veía, un niño que era niño cuando su padre no rondaba por casa y eso era en contadas ocasiones, por tanto debía disfrutar de las pocas que tenía.

Me puse la pernera bien al ver que apretaba un poco, esperaba que Eunice no fuera a ponerme a tono en la fiesta o eso iba a ser un gran problema. Lo que más me gustaba era la chaqueta que cambiaba de color cuando le daba la gana a verde como a color marrón, dando así mi toqué gracioso. Miré el reloj, no quería llegar tarde no quería incumplir con Eunice, así que fui al punto de encuentro quedándome fascinado ante su belleza de época y perdí mi capacidad de habla por unos instantes, a pesar que movía sus labios  y me preguntaba algo. Tarde en darme cuenta en que me preguntaba cuando mi cerebro estuvo por darme un tirón de orejas. —Sí, listo— Carraspeé. —Por cierto, estás preciosa Eunice, es decir no es que no estés preciosa siempre, porque lo estás. Pero hoy no sé te veo esplendida, es decir no es que no estés esplendida cada día, tú estás preciosa y esplendida con cada ropa que te pongas, con ella y sin ella seguro… mira mejor dejémoslo en que estás preciosa— Dije al ver que empezaba a ponerme nervioso y a perder el control ya de lo que decía y es que teniendo semejante belleza frente a mí, ¿Quién no?  Tomé su mano sonriente para tomar juntos el trasladar y aparecer en la fiesta.

Desde que había llegado ya había podido cruzarme con algunos trabajadores del ministerio, de distintos departamentos, hasta mantenido conversaciones amenas, extrañas por supuesto pero amenas.   Mis ojos se dirigiendo en el acto en los platos dulces, dude con algo de reparo pero al ver que el resto los comía y parecía que seguían de una pieza opte por hacerme con un pastelillo y un poco de ponche al ver que Eunice se surtía por si sola.  —Buenas tengan ustedes—Imite mi papel cual príncipe de época, para que tacharan mi nombre.  Me dejé arrastrar por Eunice, pues ella conocía a todo el mundo mucho mejor que yo. Me vi frente a un pato y oculté una pequeña sonrisa para no ofender, pues desconocía si tenía sentido del humor u no, y tal y como había prometido a Eunice en su momento, sabía comportarme en todos los ambientes, llegara a tener buena relación con la gente o no, lo importante era la cordialidad y el saber estar.  —Pa… Digo, señorita soy Warwick Moorcock. Original y peculiar  disfraz si me permite la osadía.

Eché una mirada al resto de disfraces y había de reconocer que muchos se lo habían currado bastante, otros es que no eras capaz de imaginarte que hubieran tomado esa opción para disfrazarse.
Disfraz:
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Steven D. Bennington el Sáb Oct 29, 2016 1:25 pm

Con Beatrice Bennington (abejita :A)
Interacción con Odi

Ninguno de los dos había elegido un disfraz demasiado adecuado para una fiesta de Halloween pero tampoco era algo importante si tenía en cuenta que la mitad de los allí presentes iban vestidos con trajes que se alejaban mucho de ser escalofriantes, por lo que ir disfrazado de Robin Hood y de abeja no era una tan mala idea a fin de cuentas. Pues a Robin Hood le temen los ricos y a las abejas… A las abejas las teme mucha gente. Sin duda Bee llevaba el disfraz más aterrador de toda la fiesta.

- Puedo ser mejor tu Cupido. Ya llevo el arco y las flechas, sólo tienes que decirme a quién le lanzo la flecha para que caiga rendido a tus… - Miró de arriba abajo a su hermana y sonrió de medio lado. – Alas. O a tu aguijón, sin lo prefieres. ¿Vas a buscar flores que polinizar esta noche? – Preguntó con tono divertido cual niño que acaba de hacer un comentario que, según su criterio, es digno de admiración pero para al resto del mundo no tiene ni pies ni cabeza. – Ya explotando a mi hija… Que solo tiene 11 años, te parecerá bonito. Y luego irá diciendo por ahí que eres la mejor tía que existe. Es que no te conoce ni a ti ni a tus bailes de abejita. – Negó con la cabeza aún entre risas. Y es que Bee era de lo que no había. Era como una niña en el cuerpo de una mujer adulta, algo similar a Steven. Quizá por eso a pesar de los años de diferencia se habían llevado tan bien a lo largo de toda su vida.

Para su decepción, las galletas no estaban precisamente buenas. Cabe decir que de haber sido un personaje de cómic su corazón hubiese aparecido roto en mil pedazos en aquel preciso instante, y es que tenía muchas esperanzas puestas en aquellas galletas, las cuales se rompieron por completo del mismo modo que lo hizo la galleta en sus manos.

- Que decepción. – Dijo el chico encogiéndose de hombros al probar aquellas galletas. Pero en aquel momento apareció un camarero con bebidas y tanto el uno como el otro se abalanzaron hacia las bebidas. Por su parte, Steven necesitaba urgentemente quitarse aquel sabor de boca lo antes posible. Dio un trago tan largo a su bebida que ya había acabado la copa cuando se dio cuenta que tenía alcohol. – Eh, ¿Qué haces bebiendo? Tú no eres ni mayor de edad. – Dijo negando con la cabeza como si estuviese molesto. – Al menos mentalmente. – Rió antes de dar una palmadita en la espalda a su hermana con una sonrisa inocente en el rostro.

En aquel preciso instante iba a comentarle sobre ir a buscar caras conocidas. O quizá ir a bailar y reírse un rato de lo mal que lo hacían. Pero no tuvo tiempo, pues un hombre vestido de traje se acercó hasta donde estaban hablando de una vaca. Steven enarcó una ceja pero no tardó en reconocer al hombre. No recordaba bien su nombre pero sabía que había coincidido con él en una boda donde llevaba a su vaca como acompañante y además…

- ¡Odiseo! – Dijo al recordar el nombre. – Tú eres el amigo de Clementine, el de la vaca y el chaleco de Thriller. – Añadió el rubio con una grata sonrisa al recordar aquellos detalles sobre Odiseo. – Eh… ¿Estás bien? ¿Mildred se ha disfrazado de tigrefante? – Preguntó no muy seguro de lo que estaba pasando. No entendía de qué hablaba Odiseo,  lo único que le había quedado claro es que su vaca se había perdido. – Venga hombre, es una vaca, no puede haber ido muy lejos. – Dio unas palmaditas en la espalda del hombre que ahora apoyaba su cabeza sobre su hombro. – Con su tamaño seguro que la encuentras rápido. - ¿Cómo podía dar ánimos a alguien que había perdido una vaca? Era una situación nueva para Steven.

No pudo decir mucho más, pues tan rápido como había llegado, Odiseo se marchó a toda velocidad a vete tú a saber dónde. Steven se encogió de hombros mirando a su hermana con cara de “no sé qué narices está pasando a mi alrededor” y elevó la mano haciéndole una señal al camarero.

- Creo que después de esto necesitaré otra copa.
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Sam J. Lehmann el Lun Oct 31, 2016 8:20 pm

Con Elia Deveraux

Sam ya tenía suficiente con su paranoia como para que encima convencer de ella a Elia, que parecía un poquito más cuerda que ella. Se preocupó todavía más cuando la convenció y ella pareció igual de preocupada por el fin del mundo esa noche. ¿¡Ves como tenía todo el sentido!? ¡Todas las señales indicaban que aquella noche iba a ser la última noche del mundo y ella estaba ahí perdiendo sus últimas horas y no diciéndole a todo el mundo a quién quiere que le quería! ¿Cómo narices se le ocurrió la brillante idea de asistir a una fiesta como último hálito? ¡Qué estúpida!—¡Es que será hoy! ¡Yo lo sé! —dijo Sam con toda la seguridad del mundo. ¡Aún no entendía cómo podía tener dudas si es que estaba clarísimo!

Sumida totalmente en la paranoia y en la angustia, Sam se puso a llorar apoyada a un árbol porque evidentemente era muy joven para morir y le tenía miedo a la muerte. Elia intentó tranquilizarla con la misma delicadeza con la que lo hubiera hecho Sheldon Cooper, pero oye, por lo menos lo intentó. Sin embargo, si bien sus golpecitos en la espaldas no funcionaron, la solución que dio sí. Era propio de todo ser humano utilizar como último remedio a lo imposible a Dios, por lo que la idea de bautizarse, arrepentirse, rezar y hacerse creyente con tal de que su otra vida no fuese tan triste o no sufrir en la muerte, tenía toda la lógica del mundo. Mira a todos esos alumnos que se hacen creyentes noche antes de que sea un examen importante por el que no han estudiado. Es más, Sam dejó de llorar y alzó la mirada para observar a Elia. Era una genio.

Se irguió nuevamente y miró a Elia mientras asentía con la cabeza.—Creo que será más fácil buscar un vaso y agua que una fuente —dijo convencida—. Porque la única fuente que veo es de chocolate y no creo que funcione. Aunque tiene que estar deliciosa con frutas... —Frunció el ceño y le rugió el estómago. ¡Se moría de hambre! Pero prioridades. De nada le servía comer si iba a morir a las tres de la mañana entre terribles sufrimientos—. Pero no es el momento. Vamos a buscar el agua. —¿Pero en qué clase de fiesta de adultos había agua? Cogió con toda la confianza del mundo la mano de Elia, porque sí, porque estaba drogada y podía y la arrastró junto a ella hasta una de las mesas más cercanas. Normalmente Sam no cogía las manos de desconocidos, pero fue un impulso por la supervivencia. No podía separarse de la seguidora de Dios. Le soltó la mano, cogió un vaso de plástico y sacó la varita, desesperada, conjurando un aguamenti hacia el interior del vaso—. ¿Servirá? ¿O esta agua mágica es una ofensa para Dios? Yo creo que con fe y amor podemos purificarla para que sirva. Bueno, tú sabrás más que yo. ¿Hace falta hacer un ritual o algo así? ¿O decir unas palabras en plan cura? —comentó seriamente, tendiéndole el vaso y quitándose el gorrito con el cuerno de unicornio, quedándose ligeramente despeinada.

Solo esperaba que nadie las estuviese mirando, porque tanta preocupación, seriedad y angustia reflejada en su rostro, en compañía a la posibilidad de que estaban a punto de rociarse agua "bendita" en la cabeza, podía dar mucho de lo que decir al respecto.
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Invitado el Lun Oct 31, 2016 8:53 pm

Con la pipol
{Interacción con O Winslow}
{Interacción con Steven Bennington}}

¿Podría disfrutar por una vez aquella noche que estaba más que regalada? Pues no, dudaba demasiado en darse el pequeño gusto. No podía quitarse de la cabeza sus problemas, los fastidios que tenía con ella misma. ¿Por qué se lo tenía que haber ocultado? ¿Por qué jugó con ella? ¿Era simplemente aquello? Si le daba vueltas a estas preguntas estaría toda la noche haciendo trabajar sus neuronas, algo que muchos habían dejado en segundo plano en aquella fiesta. Sin embargo, la pelirroja (no tan pelirroja) se preocupaba de estar exagerando demasiado los hechos para sí mismas.

Además, no se encontraba sola. Venía acompañada por Black, lo que le preocupaba por haber mentido ya que estaba siendo cómplice de la jugarreta del nombrado. "¿En qué me he metido?" pensó claramente indignada consigo misma. Ni siquiera hay que mencionar la falta de ropa interior, o al menos de su sostén que no lo sentía en su lugar. Comprobó pasando su mano como quién no quiere la cosa, podría haber gritado pero armaría un escándalo del cual no quisiera ser protagonista.  Era imposible, no era de aquellas chicas a las que se le mete mano. ¿El traslador se había comido su ropa? Un hecho con menos probabilidad aún.

Suspiró pero en cuanto a este terminó  una ex compañera de Hogwarts apareció en su visión. ¿O. Winslow? No podría ser ella, menos con esa amabilidad con la que el saludo apareció. Se trataba de sarcasmo puesto que esta le había jugado más de una vez una mala pasada. -Buenas noches.- contestó a secas la ex Gryffindor. Si, ahí volvía la maldad personificada. No se olvidaba de su encuentro en el armario de las escobas hace  un año, dos, no recordaba a ciencia cierta cuándo se había producido el encuentro pero había tenido problemas con su claustrofobia y estar encerrada con ella no había sido de ayuda. -Sé lo que es una fiesta de disfraces, y vine con uno acorde a mi pareja. Solamente eso ocurrió.- no quería discusión alguna, podría haber hecho un comentario como "tengo las neuronas que tú no tienes" pero eso no correspondería a su forma de ser y menos con el estado de ánimo que poseía. Pero se podría decir que estos últimos meses estaban haciendo un desastre con ella y podría asustar a más de uno por su actitud. Tenía en cuenta que la varita de la contraria bailaba en frente de sus ojos pero aseguraba que no haría nada violento, menos con tantos invitados y por las autoridades que merodeaban. Tonta no era aquella chica ¿O sí?

¿Conjuro mental? Eso había sido lo que pasó. La varita al final había hecho su gracia y el atuendo de Bella Swan se cambió al del emoji de caca que era visto y usado en toda red social como en mensajes en el mundo muggle. Joahnne observó sus pintas y suspiró nuevamente. ¿Qué más podría pasarle allí? Tenía miedo de hacer este comentario en voz alta, aun teniendo en cuenta que Black rondaba por la fiesta. Unos pares de ojos se posaron en ella y solo tuvo que dedicarle una cara de mala leche para que se girara, esto era peor que tener el periodo.

Disfraz puesto por O.:

¿Era una broma? Pues estaba siendo de mal gusto, un invitado dejó los restos de una galleta sobre el disfraz de ella. O de lo que fuese aquello que daba vergüenza ajena mencionarlo. - ¿Estás de coña? Soy una persona, no un basurero.  Y no tienes derecho a mencionar el disfraz de mierda que llevo.- y allí vemos como el estado temperamental de la pelirroja hizo aparición en la escena. Además había dicho tacos, esto era algo nuevo. Salió de aquel rincón con intención de alejarse de la zona donde estaban ocurriéndole ofensas, como si estas fuesen deporte nacional. Debía recordar, tenía la varita apretada por sus bragas aunque ¿Cómo llegaba a ella? Se vería terriblemente mal si se metía la mano por debajo de vestido de caca. Para tiempos desesperados se requieren medidas desesperadas, decían. También,  debía usar su cerebro para recordar que disfraz tenía en casa. Eso la desconcertó... ¿Winslow tenía este disfraz? Vaya sorpresa.

Ya apartada del montón se tanteó por encima para dar con su salvación, un conjuro verbal hacia ella por segunda vez en la noche y se despreocuparía de ser la burla.

Disfraz de anterior Halloween:
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Ian Howells el Mar Nov 01, 2016 12:03 am

Primero con Circe Masbecth
Luego visualizo el ambiente
Saludo a Ophelia
Interacciono con Joahnne


¿Tatuarse el nombre de su mejor amiga e intentar ligarse a Joahnne? ¡Jamás se lo había puesto tan fácil! Sin duda era un precio justo a pagar por ver a Circe siendo extremadamente dulce y buena persona por una noche. Se había tatuado un pene por culpa de Damon, un subnormal, por lo que no le costaría lo más mínimo hace un diseño chulo para tatuarse el nombre de ella, su mejor amiga. Y ligarse a Joahnne... iba a ser un poco fallido porque ya lo había intentado con anterioridad, pero bueno, solo hacía falta ser un poco más teatral y mentir un poco para ver si conseguía llevársela a la cama. Ian, convencido por el trato, alzó la mano para cerrar el trato con su amiga.-Me parece un buen trato. Siempre he querido tirarme a Joahnne.-Admitió sin ningún tipo de problemas, aunque lo verdaderamente curioso sería que Ian dijese: "nunca he querido tirarme a tal persona", ya que lo otro era evidente teniendo en cuenta lo picha suelta que era.

Caminaron entonces hasta donde estaba un camarero e Ian no pudo evitar reírse allí en medio ante la actuación de Circe y la cara del camarero. Por dios, parecía que un Hufflepuff retrasado la había poseído. Le daba repelús verla sonreír con dulzura. ¿¡Cómo era posible que pudiese sonreír así con todo el odio que alberga en su interior!?-No sé en qué estaba pensando, hija de puta molas más. Pero vale la pena verte así.-Dijo divertidísimo cuando el camarero se fue y ella casi se mete con su horrible careto.

Con las copas de sangre falsa en la mano y tras bebérsela de un golpe porque tenían un sabor super intenso, alguien se chocó contra Circe y le manchó el vestido. Por norma general en este momento Circe hubiera sacado su arsenal dispuesta a humillar al/el subnormal que haya tenido la osadía de mancharla, pero en este momento lo que hizo fue mostrar preocupación por la vida de la otra persona. La carcajada de Ian fue inmediata y alta, para luego intentar disimular llevándose la mano a la boca.-Bueno te dejo con la pata, yo me voy a cumplir mi parte del trato.-Dejó la copa vacía sobre una mesa y se crujió los dedos.-Tengo que sacar mi lado más encantador, porque esa mujer es más frígida que mi abuela. Y mi abuela está muerta, así que hazte una idea.-Dijo antes de emprender el camino en busca de Joahnne.

Caminó a través de varios grupos de personas. Pudo ver al Ministra en compañía de su asistente, ambas tan buenorras como siempre, mientras hablaban de una calabaza. Pudo ver a Elia Deveraux hablando con otra buenorra mientras admiraban un vaso de agua, algo que no entendió pero tampoco se inmiscuyó. Luego vio por ahí sola a una pelirroja buenorra vestida un poco siniestra. Le sonaba su cara... pero no sabía exactamente de qué. También vio a Luke y Lluna pero... qué pereza. Continuó caminando y... ¡ahí estaba Joahnne disfrazada de mierda! Joder, esta mujer sí que sabía representar su alma en un disfraz.

La persona que estaba al lado era O. Winslow y la reconoció porque esas piernas eran fácilmente reconocibles. Era una de las Slytherin a las que no había intentado tirarse, pero porque a veces le daba un poco de mal rollo la cara de mala hostia con la que te miraba y eso le bajaba el libido a cualquiera. Se acercó a ellas y saludó a Ophelia primero.-Feliz Halloween, Ophelia.-Dijo su nombre completo porque sabía perfectamente que no le gustaba, por lo que también curvó una sonrisa irónica.-Un placer volver a verte, aunque ahora mi atención está totalmente en esta mierdecita de aquí. Uy mierda, se ha ido.-Señaló a Joahnne con la mirada y la persiguió mientras se iba.

Una vez Joahnne estuvo sola, se acercó a ella.-¿Podríamos hablar a solas un momento, Joahnne? Necesito decirte algo...-Le preguntó con un gesto en donde visiblemente se podía ver la preocupación en sus ojos. No lo había preguntado con esa sonrisa de capullo, o esa sonrisa que le declaraba un completo gilipollas, sino que lo había preguntado con seriedad, preocupación y una cara de niño bueno que en aquel momento podía compararse a la de Circe hablando con la pata.-Echo de menos darte clase de kickboxing...-Sonrió dulcemente. Por Dios, quién viera a Circe e Ian esta noche... Una intentando ser simpática y el otro romántico...
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Invitado el Mar Nov 01, 2016 12:57 am

Interacción con Ian.

Si ya había detestado la idea de ir a la fiesta, ahora aborrecía haber dado el brazo a torcer solo para que Black pudiese entrar allí. Es más, ¿Donde se encontraba? No tenía idea alguna, pero eso no la haría ponerse más irritada de lo que estaba. Y es que un detalle que detestaba Joahnne, por el cual perdía la cabeza era la pérdida de modales y respeto en las personas. Y Steven, para ella un desconocido, había sacado lo peor de la pelirroja con solo dejarle la galleta mordida encima de su vestimenta.

¿Cómo no la tratarían de "mierda" si estaba vestida de una? Rodó los ojos, con movimientos rápidos encontró su varita haciendo uso de ella cambió aquello que llevaba puesto. No había durado más de dos minutos puesto. El disfraz que había utilizado alguna vez en Halloween, pero en Hogwarts, se posó sobre su cuerpo. Ahora se notaba el pelirrojo de su cabello aunque era más bien anaranjado si se comparaba con el rojo del vestuario. Con sus manos se ayudó para bajar la capucha de la caperuza. Algo la inquietaba... no tenía su sostén, no había pensado en ello cuando decidió cambiarse. Y su pecho ahora solo era cubierto por la camisa, agradecía tener la caperuza que cubría parte de su pecho. Si llegase a tener frío habrían demasiados problemas para la pelirroja. Ni siquiera tuvo tiempo de pensar más o de deambular por el lugar porque otro ex compañero se hizo presente en su campo de visión. Suspiró por tercera vez en la noche, mejor tener contados todos estos suspiros para tener unos segundos en donde no hacer nada de lo que se arrepintiese al día siguiente. Ian Howells, de lo único que agradecía era su colaboración para entrenarla aunque algunos encuentros habían sido manchados con la incomodidad. Joahnne sabía que se había pasado con los cuestionamientos,  y el cambio de actitud del chico había sido una afirmación en su momento.

-¿Ian? ¿Qué quieres?.- había perdido el interés en ella, o eso le había dicho con anterioridad. Al menos se descartaba que estuviese dispuesto a coquetearle. Mientras que ella, no se preocuparía por insinuaciones aunque había que admitir que las preguntas habían salido con recelo. - Tienes toda mi atención, dispara.- comentó dándole el tiempo que él quisiese para plantearle su problema. ¿Eso fue una sonrisa dulce? se cuestionó permitiéndose tener ceño fruncido. -¿Echas de menos tenerme bajo tu control porque tienes más práctica en ese deporte? Ian simplemente puedes buscar a alguien que no sepa kickboxing para halagarte a ti mismo. -comentó con la ceja alzada, Joahnne todavía no podía asimilar el cambio del castaño. ¿Será que ahora si quiere ser mi amigo?
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Ian Howells el Mar Nov 01, 2016 3:26 am

Con Joahnne Herondale

Teniendo en cuenta la actitud de la chica durante los últimos meses de Hogwarts, Ian había perdido un poco el interés en ella, eso es verdad, totalmente verdad. Sin embargo, seguía estando igual de buena y por tanto el pene de Ian seguía teniendo ese interés sexual en ella. Si bien había perdido interés en conocerla, no había perdido las ganas de tirársela. Lo que había perdido eran esas ganas que tenía de complicarse por intentarlo, ganas que por ejemplo sí que tenía con Stella. Con Joahnne, no obstante, ahora lo hacía porque Circe se lo había pedido, porque si no probablemente la hubiese ignorado en la fiesta para buscar a alguna Harley Quinn.

Ian solía teatralizar bien aquello que quería representar, sobre todo cuando las cosas se convertían en retos. Ser romántico en Ian era verdaderamente improbable en cuanto a sinceridad se refería... pero él era un experto en fingir ser un sensible caballero. Joahnne no parecía muy receptiva, ya que su comentario fue totalmente ofensivo a atacar el ego del exSlytherin, por lo que tendría que currárselo un poco más.-Qué mordaz.-Dijo fingidamente afligido.-En realidad no es por eso por lo que echo de menos darte clase. Era... divertido.-Sonrió amistosamente.

Decidió ir por otro camino, ya que el factor nostalgia no parecía estar entre los que parecían funcionar con ella. Por lo que se decantó por usar el factor de interesarse por su vida, a ver si así se suavizaba la cosa. A las chicas solían gustarle que se preocupasen por su vida y le escuchasen y esas mierdas.-¿Y qué es de tu vida?-Preguntó Ian, rascándose disimuladamente los huevos porque el encaje de esa ropa interior le estaba rozando demasiado los huevos. ¿Quién cojones le había cambiado la ropa interior al entrar a la fiesta? Qué tocapelotas, nunca mejor dicho.-¿Te has independizado? ¿A qué carrera te has metido? No se nada de ti.-Preguntó con un tono de voz conciliador y amistoso. Tenía que conseguir una cita, por Circe. Aunque si se la llevaba a la cama, mejor, ¿no? Por lo que aprovechó para coger dos bebidas de uno de los camareros para ofrecerle una a Joahnne y él quedarse con la otra. No le hizo falta preguntar si tenían alcohol o no, ya que el mismo camarero le dijo que tenía alcohol a pesar de su aspecto y sabor dulce. El alcohol a lo mejor ayudaba a hacer a Joahnne más... receptiva. Y menos frígida.
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