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HALLOWEEN 2016 - Fiesta de adultos

Cuenta de Ambientación el Sáb Oct 15, 2016 12:16 am

Recuerdo del primer mensaje :


Como cada año, el Ministerio de Magia organizaba una fiesta de Halloween para todos aquellos que quisieran acudir sin necesariamente trabajar en este lugar. Todo el Mundo Mágico tenía la oportunidad de acudir a esta fiesta, desde niños menores de 11 años que aún no estuviesen en edad de acudir a Hogwarts a aquellos que ya habían terminado sus estudios y ahora tenían un trabajo o pasaban la mayor parte del tiempo en la Universidad.

Todo el Mundo Mágico estaba entusiasmado por la celebración de esta fiesta donde, a diferencia de otros años, no se preveía ningún altercado. Los Mortífagos parecían haber desaparecido del mapa, los ataques a muggles habían finalizado y las desapariciones ya no eran el foco de conversación de muchos. Todo estaba en calma en la noche más mágica del año.

El Ministerio de Magia había situado unos trasladores en su propia sede para que todo aquel que quisiese acudir a la fiesta pudiese hacerlo y es que la localización de esta era desconocida hasta que, mediante el traslador, llegabas a ella. Fueron muchos los magos que a primera hora de la noche comenzaron a hacer cola para aparecerse en el Bosque de Epping, a las afueras de la ciudad.

El bosque estaba decorado a la perfección para aquel evento. Había luces de color naranja por todas partes, árboles secos sin hoja alguna que colgase de sus ramas, pequeñas mesas redondas con siete sillas para que los magos pudiesen sentarse a conversar y tomar algo, calabazas con tétricas sonrisas, comida típica de aquella festividad, velas blancas y rojas y, lo que más llamaba la atención, eran unos esqueletos que habían cobrado vida aquella noche para servir a los invitados con sus bandejas llenas de dulces típicos de la época.

Habían sido invitados fantasmas para que amenizaran la velada y también podían verse diferentes magos ataviados con los disfraces más típicos para esta festividad. Había varios monstruos de Frankenstein, tres Condes Drácula  e incluso un par de hombres lobo que se divertían aullando a todo aquel que se cruzase en su camino. Y es que el espectáculo aquella noche estaba asegurado.

OFF: Este post permanecerá abierto hasta el 15 de noviembre y es libre de entrar todo aquel que no estudie en Hogwarts (es decir, los profesores si pueden acudir a esta fiesta). El uso de disfraces es OBLIGATORIO y la cumplimentación de retos acordados por MP no es necesaria pero conlleva una recompensa en caso de cumplirse.

Se deben tener en cuenta los siguientes puntos:
  • La fiesta está protegida por un hechizo que impide a todo muggle o mago acceder a ella por el bosque. La seguridad mágica se encarga de la fiesta en todo momento gracias a la nueva Ministra.
  • La única manera de llegar hasta la fiesta es por trasladores que se encuentran en el Ministerio de Magia y, para acceder a estos, debes estar invitado a la fiesta.
  • No haberte apuntado a la fiesta no te impide entrar en ella. Y, por el contrario, haberte apuntado no te obliga a participar.
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Abigail T. McDowell el Miér Nov 02, 2016 3:06 am

Con Lena Milkovich.

Que alguien me matase y me librase del sufrimiento de tener que llevar una calabaza bajo el brazo de nombre Filipo, por favor. Que para más guasa, según Lena tenía que buscarle una novia y un gorrito, o mejor una máscara para que esa cara que implora por su eutanasia no se viera. ¿En qué momento me dio por coger aquella calabaza, eh? ¿En qué momento?

Sonreí dulcemente ante la broma de ser su catadora personal y su contestación me hizo ensanchar la sonrisa y poner un gesto más risueño y cercano. Me iban a entrar putas agujetas en los mofletes de tanto reír ante mi falta de práctica en mover esos músculos para sonreír.

Como Catadora y Asistente podría servir. Creo que como tallista... Filipo es un claro ejemplo de un nivel que podría compararse al mío. —Alcé a Filipo levemente para que ella pudiera observarlo con detenimiento. Y ser Catadora de Lena Milkovich sería tener un trabajo asegurado de por vida, ya que si alguien va a matarla, seguro que me entero yo primero.

Ante su recomendación, cogí también un ojo y lo probé. No estaba malo, pero las texturas de su interior y el frío inesperado de la fresa me desagradó un poco ante tantas sensaciones en mis papilas gustativas. Pero bueno, igualmente me lo tragué y la experiencia no fue tan mala.

Toda mi familia esperaba que terminase en Ravenclaw, pero supongo que mi ambición o mi astucia, o quizás el legado de un padre que nunca conocí, eran mayores cuando el sombrero se posó en mi cabeza —comenté con tranquilidad, para luego hacer una mueca que apoyaba totalmente lo que había dicho sobre la mala fama de los Slytherin—. Yo tampoco lo entiendo. Una de mis amigas... —Debía de admitir que a pesar de ser una sucia aurora y haberse casado con un Hufflepuff, esa mujer tenía algo que siempre me encantaría—, es más, una de mis compañeras de cuarto en todos mis cursos en Hogwarts, ahora mismo es Auror. Una de las mejores, además. —Eso último me lo inventé para darle más credibilidad al asunto, ya que no tenía ni idea de si Fiona era de las mejores aurores o del montón—. De todas maneras ambas casas en realidad no son tan diferentes. Creo que de las cuatro casas de Hogwarts, son las que más similitudes tienen. —Y eso sí que lo pensaba de verdad.

Cogí un bebida de unos de los camareros que caminaban por allí y la observé con cierta desconfianza y la olí antes de tomármela. Era naranja y tenía algo raro en su interior. No sabía si tenía alcohol, pero quería quitarme el sabor del ojo de la boca. Así que la probé y... sí, definitivamente tenía alcohol aunque no se notase por la dulzura que tenía.

Sí, es un gran chico. —Hablar de mi hermano siempre sacaba lo mejor de mí, sin fingir y sin tener que complicarme por tener que inventarme algún tipo de mentira—. Quiere trabajar en el departamento de transportes mágicos, así que no le vendría mal un tour por el Ministerio para que vea lo que le espera. —Sonreí, aludiendo al estrés que siempre se respiraba en el Ministerio y lo caótico que podía ser a veces—. Aún no sabe exactamente en qué quiere especializarse, pero todavía tiene tiempo. Acaba de empezar este año.

Fue justo en ese momento cuando mi madre, Ariadne McDowell, una aurora con bastante reputación en el Cuerpo de Aurores, se acercó a nosotras. Evidentemente se acercó para saludar a la Ministra de Magia, ya que prácticamente no me dirigió la mirada hasta que hubo saludado a Lena, le hubo preguntado qué tal estaba y decidió seguir de largo para no molestar más a la Ministra. Fue solo entonces, cuando estaba a punto de irse, cuando me miró y esbozó una irónica sonrisa ante la sosa despedida de un simple "Abigail."

Buenas noches, Ariadne. —Le deseé a ella antes de irse. Luego miré a Lena y esbocé una sonrisa, dispuesta a hacer una broma ante tanta tensión madre-hija—. Cualquiera diría que ella me parió, ¿verdad? —Bromeé. Siempre me había dado igual la relación que tenía con mi madre, pero me aproveché para aparentar disconformidad por ello en aquel momento—. Nunca hemos congeniado muy bien.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Miér Nov 02, 2016 10:58 am

Con Circe y Clementine.

Estaba claro que venir a la fiesta no fue buena idea, eso era realmente un aburrimiento. Observó a la gente que la rodeaba para ver si conocía a alguien y así poder entablar una conversación, pero solo vio caras de pocos amigos. - Que sosa es la gente por aquí. – Murmuró mientras le daba el último trago a la bebida que tenía en sus manos, no iba a repetir. Se giró y cuando quiso apoyarse en la mesa observó a una cara conocida, al fin alguien con el que podía hablar. - No esperaba verte por aquí. – Sonrió de lado y dirigió su mirada hacia la otra chica que no conocía. - Dios… ¿Eso es un pato de goma? – Hizo una mueca, no le agradaba ese disfraz. - ¿No se supone que debemos dar miedo y no vergüenza? – Rodó los ojos sin darle mucha importancia, al fin y al cabo no le importaba lo más mínimo.

Se quitó la capucha que tenía puesta, se estaba agobiando de llevarla tanto rato. -Hace mucho que no te veo, prima. ¿Alguna novedad interesante? – Cogió algo de la mesa para comer, ¿Eso era pastel? - No me esperaba que esto tuviera buen sabor, después de probar esa bebida creí que la comida sabría igual. – Con el presupuesto que se habían gastado para esa fiesta y no habían ni puesto una bebida decente.
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Invitado el Jue Nov 03, 2016 9:13 pm

Saludo y felicitación a:Lena Milkovich y Abigail T. McDowell. Interacción con: Warwick A. Moorcock y Eunice L. Lyall

Petar cada vez tenía más ganas de desaparecer de aquella fiesta, total ya había hecho acto de presencia y en esos momentos varios Aurores se mantenían en la fiesta, lo que quería decir que si estaban ya bajo mínimos de normal, en estos momentos sería todo un lujo para él salir y dejar al cazador que llevaba dentro, ¿Qué mejor que ir disfrazado de depredador? Después de todo es lo que verdaderamente era. Un disfraz que era más cercano a su verdadero ser que el propio disfraz que cada día llevaba al ministerio, bien vestido y con el mono de trabajo.

Pero Peter debía de reconocer que ver la clase de trajes que habían elegido el resto de invitados era para ir a mear y no echar gota. Se podía encontrar hasta una mierda, oculto su propia sonrisa en el interior de su traje, seguramente otra que o bien era una mierda o se sentía como tal… Petar no estaba en esos momentos para juzgar a nadie, pero si para buscar posibles presas futuras. De momento tenía una importante familia a la que asesinar y el plan no tenía ningún fallo, nadie podía ponerse en su camino o seguiría la misma suerte. Pero luego necesitaba un nuevo objetivo y la fiesta estaba repleta de trabajadores del ministerio y familiares. Se imaginado el sentimiento que podrían sentir los familiares al recibir a su familiar torturado y muerto en el felpudo de su puerta. Petar sería hasta amable y dejaría una parte que fuera reconocible para que el dolor fuera más fuerte.

Le daba tanto placer el asesinar como los seres queridos que quedaban atrás viviendo de por vida con ese inmenso dolor, más cuando perdían a alguien a quién amaban de una forma tan cruel.

Siguió sin atreverse a tomar nada por más que viera al resto hincar y beber sin parar, la idea del veneno se le había pasado por la cabeza. Pero a lo mejor había otro asesino en potencia al que se le había ocurrido la misma idea. No obstante ante sus ojos críticos, de momento eso no había podido ser posible, seguían disfrutando de la fiesta y algunos parecían animarse a bailar. Miró a sus compañeros de mantenimiento que empezaban a estar embriagados por los licores. —Iré a dar una vuelta por la fiesta, nos vemos más tarde—No tenía Petar intención de verlos más tarde, se daría una vuelta por el lugar saludando al resto del personal, haciéndose notar y luego desaparecería sin que nadie notara su ausencia, inclusive podía dejar allí su traje intacto y que pensaran que el estado de embriaguez le había provocado dormir la mona en una esquina.

Vio a la ministra y a la asistenta de la ministra, las cuales se mantenían cercanas y mantenían una conversación, sin más se acercó. —Lamento la interrupción señora ministra y asistenta—Miró a ambas mujeres aunque por su disfraz verlo a él era complicado. —Simplemente quería decirles en persona la gran labor al organizar la fiesta, todo el mundo parece estar pasándolo bien— hizo una pequeña inclinación con a modo de cortesía fingida. —Las dejo señoritas para que continúen con su agradable charla, sólo quería felicitarlas a ambas en persona y desearles que pasen una buena fiesta—Se alejó y fue acercándose a otros miembros saludando de igual modo, hasta dar con los dos Aurores Warwick y Eunice juntos disfrazados a la par de princesa y príncipe. —Entre tanta gente algo curioso que nos encontremos, es bueno que hayan tenido tiempo puesto que tienen tanto trabajo, siempre es bueno saber poder conseguir un hueco y participar en tan agradable fiesta—Les dijo con voz amable. —Puede que no me reconozcan debido a mi disfraz, soy el de mantenimiento Petar Slavkov ¿Me recuerdan ahora?— Petar echar una ojeada a la mujer vestida de patito y nuevamente a los aurores
Disfraz:

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Lena B. Milkovich el Vie Nov 04, 2016 1:06 pm

Con Abi McDowell.
Interacción con Petar Slavkov.

Lena nunca había creído en las diferencias entre casas y, si estuviese entre sus competencias, habría hablado con el mismo Dumbledore para eliminar dicho sistema de segregación entre los alumnos pues, cuando ella había asistido a Hogwarts, muchas personas eran catalogadas según el emblema que portaban en su uniforme y no teniendo en cuenta cómo era realmente la persona. Eso jamás había resultado ser de su agrado y realmente tampoco entendía por qué se seguía usando aquel sistema tan arcaico cuando el mismo Salazar Slytherin afirmaba haberlo hecho para que los nacidos de muggles, o sangre sucia como prefería llamarlos él, no tuviesen oportunidad de acercarse a la magia. Algo que había hecho que la fama de Sytherin fuese la peor entre las casas.

- No creo que sea cuestión de tu familia y mucho menos de una que no conoces. El Sombrero se fija en tu personalidad, no en si tus padres fueron a una casa u otra. – Negó con la cabeza. Su madre había sido Gryffindor y antes que esta, sus abuelos habían sido tanto Gryffindor como Hufflepuff y eso no había afectado lo más mínimo a la decisión de, en su caso, su sombrero. – Así que puede que sea la astucia, a ambición, un poco de ambas o quizá ninguna lo que le hizo mandarte a una casa o a otra. – Sonrió de manera amable, y es que Lena siempre tenía una cálida sonrisa en el rostro. – Yo también lo creo así. Y Hufflepuff junto con Gryffindor en segundo lugar. – Añadió sin darle demasiada importancia a aquel tema de la conversación.

Lena no había tenido el placer de conocer al hermano de Abi pero había escuchado suficiente de él como para formarse una imagen de cómo debía ser el hermano menor de su Asistente. Le agradaba ver tal nivel de devoción por parte de un hermano hacia otro, algo que ella jamás había podido tener con su hermano debido a su muerte prematura. – Puedes traerle cuando quieras, ya lo sabes. Podemos buscar a alguien de ese departamento que esté dispuesto a resolverle todas sus dudas sobre dicho departamento y quizá así decida qué camino tomar. – Dado que era la Ministra de Magia, podía pedirle aquello a cualquiera de los trabajadores y ninguno sería capaz de negárselo. Y eso lo sabía a la perfección.

No tuvo apenas tiempo de decir nada más, pues una de las invitadas se acercó a ellas. Lena miró en dirección al foco del sonido y se encontró con una de las mujeres que formaba parte dentro del cuerpo de Aurores. Lena sonrió de manera amable y escuchó las palabras de Ariadne. – Claro, nos vemos en otro momento. Disfruta de la fiesta. – Fueron las últimas palabras de Lena antes de ver marchar a la mujer quien, lejos de ser una desconocida para su Asistente, era su madre.

Lena sonrió y negó con la cabeza ante las palabras de Abi. – Yo tampoco congeniaba muy bien con mi hija. Cada persona es diferente y… La familia no se elige, ¿Cierto? Pero deberías intentar tener una mejor relación con ella, el día que no esté la echarás de menos. – O al menos, así se sentía ella con su hija. Con los años había aprendido a asumir que Ella no era lo que esperaba de una hija y que esta había elegido su propio sendero pero, años después, seguía arrepintiéndose de no haber hecho lo suficiente para que cambiase. De no haber hecho lo suficiente para influir en su vida y que no tomase las decisiones equivocadas que, finalmente, desembocaron en su muerte.

En aquel momento una figura corpulenta cuyo rostro quedaba enmascarado por su disfraz, se acercó a sendas mujeres. Lena no pudo evitar mirar desde los pies a la cabeza a la figura que, acabó por deducir que era un hombre por su voz, y sonrió ante sus palabras. – Muchísimas gracias.– No tenía ni la más remota idea de con quién estaba hablando. – Vaya, su disfraz es tan bueno que realmente no sé con quién estoy hablando. – Rió de manera cercana. – Disfruta de la velada y no devores a ningún invitado. – Realmente no sabía de qué iba disfrazado, nunca había sido aficionada a la ciencia ficción, pero por su atuendo parecía un monstruo que podría comerse a cualquiera. – Hay algunos que se esfuerzan mucho esta noche, tengo que admitirlo. – Dijo una vez el hombre se marchó.
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S. Natasha Kuznetsova el Vie Nov 04, 2016 5:42 pm

Por ahí perdida en la fiesta.
Mención a Odie y Clementine.
Disfraz de elfa [Lotr]

Si había algo que le fascinaba en esta vida era las fiestas, los disfraces y las fiestas de disfraces. Siempre que hay una ocasión ahí está Natasha en la fiesta. Siempre le gustó disfrazarse, quizá fuera algo que viniera ya de años atrás, muchos años atrás. Desde pequeña se disfrazaba con su hermano mellizo, aquello realmente era lo mejor todo, cuando podía compartir momentos así con él. ¿Y aquel día de halloween? ¡También! Había decidido ir con su mellizo, los dos de elfos arqueros ambientados en el mundo del Señor de los Anillos. ¿Un poco friki para su edad? Ellos no lo creían así. Ambos iban casi idénticos en cuanto a roba y si no fuera porque eran mellizos casi parecían la misma persona bajo la luz de aquel lugar. Ambos estaban agradecidos de haber recibido la invitación a la fiesta y de no haber tenido problemas de llegar aquel día a Ministerio, nunca se sabía que podía pasar.

¡Oye! ¡Mira de que va ese de allí! — Diría tras un codazo el mellizo mientras su hermana trataba de arreglarse un poco el carcaj en la espalda. — Maldita sea, Mir. No te estás quieto, tío. — Regañaría de vuelta mientras se orientaba a donde su hermano estaba señalando con descaro, y es que el disimulo no era algo muy común ni frecuente en la familia Kuznetsova. — Buah, pero que pasada. ¿Cuantas horas se habrá pasado para maquillarse? — Estaban ambos asombrados pero decidieron retirarse las babas por ver aquel disfraz y seguir adelante, metiéndose entre todos los invitados y perdiéndose en el lugar. Algunas veces se quedaban ambos un tanto impresionados por los disfraces que elegían las personas. ¿Por qué se disfrazaban así? No en el sentido mal, no. Sino quería saber los motivos que le habían llevado a las personas a elegir ese disfraza ese año y no otro. ¿Tonterías? Si, nunca se estaba mal preguntarse cosas curiosas, ¿no? La cuestión era que sin darse cuenta, mientras caminaba, acabó perdiendo su mellizo entre la multitud, o este se había escapado de su hermana para tener un poco de aire de la misma. Pues si, Natasha era una hermana un tanto pesada a pesar de los años.

Estuvo un tiempo buscándolo hasta que se cansó de dar tantas vueltas por el lugar. — Estoy dando tantas vueltas que me acabaré dando a conocer de vista a todos. ¿Dónde se habrá metido el maldito? — Se diría a sí misma por lo bajito mientras trataba de encontrar unas orejas puntiagudas como las propias pero nada. ¡Que no estaba! Fue entonces cuando decidió que era mejor no darle más importancia al asunto e ir a donde le llevase el viento. No sabía por donde empezar, pues prácticamente la noche acababa de empezar para ella en aquella fiesta y tanta gente le aturdía al principio. No estaba segura si conocía a alguien de allí. Claro que entre tanta gente sabía que se encontraba su querida amiga Clem y Odie, a los cuales conocía por los años que pasó de pequeña en Londres y los próximos de la carrera en el mismo lugar. Aquellas personas que eran realmente especiales de por sí pero que para Natasha lo eran aún más, porque significaban algo muy importante para ella y de su pasado, como esperaba que de su futuro. Ya solo tocaba encontrarlos pero... ¿Como?
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Invitado el Vie Nov 04, 2016 8:50 pm

Interacción con Petar y luego con Steven, al lado de Warwick

Estaba hablando con la persona disfrazada de pato, pensando que era mi amiga Booty cuando Predator se nos acercó y tuve que estirar el cuello para verlo cuan largo era. ¡Menudo tipo más grande! Tanto como Petar, el de mantenimiento del Ministerio.

Cuando se presentó él sólo eché a reír y asentí con la cabeza- Creo que su altura ya la tengo clasificada, señor Slavkov, un placer verlo aquí también -creo que era el hombre más grande con el que me había tropezado sin ser gigante o semigigante- ¿Cuánto mide, sobre los dos metros y pocos centímetros? ¿Alguna vez ha pensado en dedicarse al baloncesto? Con lo que abulta estoy segura que desapercibido no pasaría -no estaba siendo demasiado amable con el arreglador, pero en verdad no tenía ningunas ganas de pasar esa noche rodeada de desconocidos, estaría muy a gusto en mi nueva casa, delante de la televisión haciendo una maratón de películas de terror y abriendo la puerta a los niños que se pasaran pidiendo "Truco o trato". Había comprado dulces para atiborrarlos, pero ni sabía a qué hora terminaría esta velada.

Me despedí del "Pato" y tomando a War de la mano lo llevé entre la gente, esquivando a los camareros cargados con bandejas de bebidas y cuando vi a uno que levantaba una copa de vino la enganché al vuelo para entregársela a quien hubiera demandado aquella bebida, tropezándome de lleno con Robin Hood, príncipe de los ladrones, justo a quien quería encontrarme en aquellos momentos.

- ¿Te parece bonito echarte a la bebida por haber visto algo incómodo? -no sabía si Steven había visto o no algo incómodo, era sólo una broma- Por cierto, te presento a mi príncipe Warwick, él es mi mejor amigo, Steven -aún con la copa en la mano y mirando de reojo a la abejita que había cerca de mi amigo, sin poder evitar sonreír les dejé espacio para que se conocieran. Así al menos habíamos quedado que en cuanto conociera a mi príncipe, se lo presentaría a Steven, justo antes de mudarme a Dublin. La noche en la que cenamos aún en el apartamento arrendado de Londres.

Mi sonrisa ya no se podía borrar del rostro, igual se pensaba que me lo estaba inventando, pero para que no le cupiera ninguna duda, tomé a War de las mejillas y lo besé despacio en los labios, antes de separarme y observar detenidamente la abejita, sino me fallaba la memoria era la hermana de Steven, la medimaga- ¿Ella es Beatrice?- era un disfraz original, muy original.
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Elia Deveraux el Sáb Nov 05, 2016 11:23 am

Bendiciendo la sucia alma de Sam,
hablando de pasada con Forman y Esther.


A parte de lo que le había ocurrido antes de llegar a la fiesta me topé con Sam, una conocida desconocida, que estaba segura de que esta noche iba a tener lugar el fin del mundo. Es decir, estaba en lo cierto al avisar a la gente de que tenían que corregir sus pecados y arrepentirse. El tiempo se nos estaba echando encima y me iba a ser imposible avisar a todo el mundo. Por eso me centré en la gente que tenía alrededor aunque me miraban como a una completa desequilibrada mental cuando les hablaba del asunto. Me centré en avisar a Sam, por alguna razón ella era la única que no me miraba como si me hubiese bebido hasta el agua de los floreros. Y es que no lo había hecho, no había bebido absolutamente nada. Esto ya no era una fiesta para mí, es el fin del mundo. La única solución era bautizarnos y rezar. Ni ella ni yo habíamos sido educadas en la fe cristiana. ¿Quién pensaba en eso siendo magos y brujas? Pues hay que pensar porque hay un mismo Dios para todos. El mismo que ahora nos va a castigar.

Decidimos buscar agua, y Sam estaba segura de que con un vaso bastaba. Así que me cogió de la mano y me arrastró hasta una de las mesas cercanas en busca de agua. No pude reprimir mi impulso de decir algo al pasar por el lado de Esther Fenixheart y Matt Forman. A ella ya le había dicho lo que le tenía que decir pero no al otro. Que por cierto también le conocí en una fiesta de Halloween años antes. - Señor Forman, querido. Tienes que hacerme caso, es el fin del mundo. Arrepiéntete de tus pecados carnales y de sodomía. El señor te perdonará por más mariquita que seas. - De nuevo miré a Esther. - Tu ya no tienes solución... Eres el demonio en persona. - Continué caminando apresurada con Sam hacia la mesa de las bebidas y buscamos agua. Pero no había agua en una fiesta para adultos, por supuesto. Sam la conjuró mediante magia y me tiré las manos a la cabeza. - Dios Bendito, eso es brujería. - Me santigüé de nuevo pensando que así el pecado no lo era tanto. - Tenemos que rezar mucho para que el agua sea purificada. Dame las manos. - Cogimos ambas el vaso con una mano y enlazamos las otras dos manos formando un círculo entre nosotras. Intenté recuperar en mi memoria aquello que nos hacían rezar los curas justo antes de la hora del almuerzo.- Padre nuestro que estas en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad. Perdona nuestras ofensas como también nosotros maltratamos a los que te ofenden. No nos dejes caer en la tentación y libranos de todo mal. Amén. - Como ya el agua debía estar purificada y bendecida porque así lo queríamos las dos y estábamos seguras de ello, rocié un poco de agua en la cabeza de Sam y con esa misma agua le hice la señal de la cruz en la frente. - Ahora tu a mí, date prisa. No quiero ir al infierno. - Intenté utilizar más o menos la mitad del vaso para que quedase la suficiente para quedar yo purificada y bendecida. El bautismo, que curioso sacramento. Es menos que ducharse pero con agua bendita.
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Circe A. Masbecth el Dom Nov 06, 2016 4:14 pm

Con Wanda Masbecth

No estuvo mucho tiempo al lado de aquella mujer vestida de pato y maldijo una y un millón de veces a Ian por haber desaparecido pero, tal y como había apostado, no podía decir nada al respecto. De no haber sido así ya estaría buscando a Ian Howells para tirarle de los pelos y hacerle volver a su lado por lo que restaba de noche. Pero antes siquiera de poder pensar en las mil y una maneras en las que podía matar a semejante deficiente mental, alguien apareció en su campo de visión.

- No, es de tela. – Dijo la rubia elevando sendas cejas. Se dijo una y otra vez internamente que tenía que ser amable. Y no podía ser algo tan complicado, especialmente cuando estaba al lado de alguien que incluso despertaba en ella cierto grado de simpatía. – La mayor novedad es que ser amable es más difícil de lo que lo había imaginado. ¿Sabes lo difícil que estar más de tres minutos sin insultar a nadie? – Preguntó con cierta cara de sufrimiento y es que realmente lo estaba pasando mal por no poder insultar. – Así que antes de que pienses que me he vuelto loca, he hecho una apuesta que pienso cumplir. Y luego, mataré a la persona con la que lo he apostado. – Admitió encogiéndose de hombres. – Por una vez en mi vida vas a verme siendo agradable así que aprovecha el momento o arrepiéntete durante toda tu vida. – Cogió un muffin con decoración de murciélagos y se lo tendió a su prima. – Para que veas que soy un ángel recién caído del cielo. – Parpadeó de manera exagerada como si de una niña pequeña se tratase y cogió otro para sí misma.

- ¿Vamos? Creo que esta noche podremos encontrar a algún tío que aún no te hayas tirado y podréis formar una hermosa familia juntos. – Dibujó una irónica sonrisa. – Es más difícil de lo que crees. – Admitió refiriéndose al hecho de tener que ser amable por lo que restaba de noche. Definitivamente, mataría  a Ian Howells. - ¿Y tú qué? ¿Qué es de tu vida? – Se dejó caer sobre una silla decorado con tela negra mientras comía las pequeñas arañas y restos de telaraña que tenía el postre que había cogido. - ¿Mucho trabajo en… - Hizo una pausa. – Bueno, donde trabajas.
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Steven D. Bennington el Dom Nov 06, 2016 4:48 pm

Con Bee, Eunice y el príncipe Warwick.

Odiseo no tardó demasiado en dejarles nuevamente solos, pues parecía demasiado ocupado buscando a su vaca. O a su tigrefante. O bueno, a lo que demonios estuviese buscando en aquel momento, algo que hizo que Steven se plantease seriamente si aquel hombre estaba en su sano juicio.

Apenas tuvo tiempo de llamar al camarero cuando Eunice apareció de la nada, llevándose la copa que estaba a punto de conseguir. Su rostro fue el de ilusión profunda cuando la copa estaba a punto de aterrizar en las manos y de tremenda decepción cuando Eunice la quitó de su campo de visión. Puso cara de niño enfadado al que acaban de castigar sin poder jugar con uno de sus coches de carreras favoritos. Porque a Steven de pequeño siempre le habían encantado los coches de carreras, los cuales podía utilizar para recorrer la casa arrastrándolos por las paredes, muebles y personas que se topase en su camino.

- ¡No me juzgues! – Dijo elevando la voz totalmente dramático. – Necesito el alcohol para no volver a recaer en las drogas, Eunice. – Añadió siguiendo aquel toque dramático en su voz antes de romper a reír por tal tontería que acababa de decir. – Pero en serio, tengo sed. O me das esa copa o me consigues algo. – Dijo aquello último de manera amenazante, lo cual no sonó para nada como tal porque la sonrisa de Steven ya estaba presente en sus labios. – Ah, un príncipe. – Si hubiese sido un personaje de cómic una bombillita hubiese salido en forma de dibujo sobre su cabeza ante aquellas palabras por parte de su amiga. – Encantado, señor príncipe. – Tendió la mano en forma de saludo en dirección a aquel hombre. – Y tú me debes una conversación y una copa. – Añadió antes de darle un corto beso en la mejilla a su amiga.

Tomó la mano libre de Eunice y la hizo girar para ver cómo era su disfraz, dejando su boca en forma de “o” fingiendo cierta sorpresa con diversión.

- ¿Y por eso vas tú de princesa? El amarillo te favorece. – Admitió soltando a la chica y, aprovechando ese momento, para hacerse con su copa. – Demasiado lenta. – Steven con Eunice era en ocasiones como un niño pequeño y es que esta ya debía estar más que acostumbrada al peculiar carácter de su amigo. – Lleva un disfraz aterrador, ¿Verdad? Los alérgicos y las flores llevan toda la noche huyendo de ella, así no hay manera de hacer amigos. – Fingió cierto tono melancólico guiñándole un ojo a su hermana antes de que pudiese decirle algo al respecto. – Bee, estos son Eunice y su príncipe. – No estaba segura de si se conocerían, pues ahí todo el mundo tendía a haberse visto en algún momento de su vida.
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Invitado el Dom Nov 06, 2016 9:45 pm


Interacción con Petar y luego con Steven y Beatrice, junto con Eunice.


Me estaba dejando llevar por Eunice por todas partes de la fiesta pues en comparación a mí ella conocía más gente que yo, algo comprensible ya que llevaba tiempo fuera del ministerio, sin embargo empezaba a ver caras conocidas en el lugar, me quedé ubicando el lugar dónde los y las había visto.  Estaba con otro pastelito cuando se nos acercó un inmenso predator, no pude evitar reír en voz alta y buscar con la mirada si había algún Alien por la sala, a lo mejor hasta tendríamos espectáculo. “Sí, unas palomitas y un estilo película Alien vs Predator en directo” El traje estaba muy currado parecía otra piel y encima con lo inmenso que era hasta causaba impresión, cuando empezó hablar me percaté de quién era inclusive antes de anunciarse, después de todo recientemente lo habíamos tenido en el departamento arreglando los archivadores.  —Siempre se puede sacar tiempo para una fiesta de estas magnitudes, más si vas bien acompañado—Miré a Eunice sonriente, pues para mí era la mejor compañía. Inclusive de no estar en una fiesta y estar simplemente juntos en nuestro sofá compartiendo una manta, pero verla vestida así era un total deleite. Fije nuevamente mi mirada en Petar o mejor dicho en su disfraz o se iba a notar demasiado que Eunice estaba calando bien rápido en mí. —Debo reconocer que se ha currado el disfraz, no me lo hubiera esperado encontrar en la fiesta—Volví a sonreír, después de todo la saga de Alien me encantaba, más esa que la de predator, pero tenía su gracia.

Noté a Eunice bastante escueta en palabras pero no dije nada respecto a ese tema. —Bueno señor Slavkov, pasé buena fiesta—Dije una vez Eunice tiró nuevamente de mí seguramente para seguir presentándome a sus amistades, ya que desde que había empezado a trabajar no había tenido oportunidad para que me los fuera presentando como tal.  Me quedé mirando al chico del que también hablaba Eunice y el que era padre de una niña aún pequeña pero ya en Hogwarts. Tuve que sonreír al ver cómo me presento y es que no iba mal encaminada ya que iba vestido completamente de príncipe, con mi chaqueta que cuando quería cambiaba de color beige a verde dando así mi propio toque de humor.  Tomé la mano del chico y la estreché con fuerza y con cordialidad. —Encantado señor Robin Hood, menos mal que me deje las joyas a buen recaudo y el carruaje bien protegido— Dije en plan coña y de golpe recibí un besó que por supuesto correspondí que aunque fuera corto al menos para mí era igual de intenso que todos los otros y que me dejaba algo atontado como siempre me ocurría cuando me besaba o la besaba yo. Me fije entonces la abeja que me era familiar. —Espera… creo que nos conocimos cuando fui a encargar mis prismáticos y a comprarme el móvil, puede que me equivoque ya que no iba precisamente de abejita—Empecé a reír aunque algo me seguía diciendo que esa era la chica y más cuando despistados habíamos chocado en plenos pasillos de tiendas.  

En la fiesta había desde disfraces aterradores hasta los más variopintos y graciosos, algo desde luego inesperado para una fiesta de estas magnitudes.

Pues encantado Bee, disfraz gracioso sin duda— Sonreí y miré al chico "Cuando le diga mi nombre le va a sonar aún más a príncipe" Tuve que sonreír nuevamente. —Puedes llamarme Warwick pero si quieres seguir con el principie me lo dices y…—Carraspeé. —Empezaré a hablar como tal, pues un príncipe requiere cierto acento y tono a su posición— Empecé con acento inglés exagerado similar al que se solía oír en la nobleza. —Y por supuesto ya si nos ponemos podemos empezar hablar en prosa— Se me estaba yendo de las manos, pero parecía majo el amigo de Eunice que a simple vista lo que me había comentado sobre él parecía ser cierto, que tenía sentido del humor, buen padre y que era buen chico. Regrese a mi tono normal sin perder la sonrisa. —Eunice, me ha hablado muy bien de ti, tenía ganas de conocerte—A él y a todos los que significaran algo importante en la vida de Eunice, ya que ella empezaba a formar parte de mi vida también. Pronto vendría tal vez el momento de presentar mis conocidos y amigos, al menos los pocos que me quedaban buenos, los que no se habían vuelto corruptos o no habían muerto en servicio que lamentablemente eran muchos.
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Sam J. Lehmann el Lun Nov 07, 2016 3:53 am

Saludo a mi amigo Matt <3
Con la purificada Elia Deveraux

Antes de llegar a la mesa, las chicas pasaron por delante de Matt Forman y una chica, por lo que Sam no pudo evitar dirigirse a su amigo de manera rápida y concisa—. Matt, confiésate, quiero que vengas al cielo conmigo. —Dijo antes de seguir de largo. Por la voz de Sam y la seriedad con la que había dicho eso, Matt debería de intuir que algo no iba bien con la rubia, pero a Sam le dio igual todo y siguió de largo, dispuesta a buscar agua bendita.

Sí, sin duda alguna era brujería lo del aguamenti, pero Sam esperaba que el Dios supremo y todopoderoso del que hablaba Elia fuera benevolente con ellas y su herejía momentánea al no tener agua bendita a mano. Que a no ser que seas un cura o un cazavampiros, el mercado de agua bendita estaba un poco jodido.

Sujetó la mano de Elia y repitió sus palabras tal cual las decía ella. Ella nunca se había aprendido el Padre Nuestro, aquello que parecía estar recitando Elia, pero no le hizo falta saberlo como para aplicar la lógica básica ante una absoluta incongruencia.—¿Perdona nuestras ofensas como también nosotros maltratamos a los que nos ofenden? —preguntó Sam visiblemente confundida por esas palabras—. ¿Maltratas a quiénes te ofenden? Yo creo que eso es malo. Deberíamos modificar esa parte si queremos que Dios nos brinde protección ante el inminente fin del mundo. No creo que el todopoderoso quiera a dos maltratadoras en el cielo con él —contestó Sam, usando la razón lógica. O por lo menos lo que ella creía que era la razón lógica.

La chica vestida de unicornio se quitó el sombrero con el cuerno para que Elia pudiera rociar bien su cabeza con aquella poquita agua y luego volvió a ponérselo, sujetando el vaso con el agua restante para la chica. Ahora tenía que bendecirlo ella, ¿no? No lo sabía, pero Sam tenía la necesidad de volver a hacerlo pero en plan bien. Sujetó nuevamente la mano de Elia y cerró los ojos para darle más alma a la purificación del agua. No quería que por hacerlo mal Elia se quedase en el infierno.—Padre nuestro, que estás en el cielo —señaló al cielo con el dedo índice, sin soltarle la mano—. Santificado sea tu nombre y trae a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad, tanto en la tierra, como en el cielo, como en el infierno y como en el limbo. ¡Perdónanos! Perdona nuestras ofensas y pecados, y perdona también a la de nuestros enemigos, que también son unos pecadores. No nos dejes volver a caer en la tentación y líbranos del fin del mundo. —Entonces Sam abrió los ojos, sujetó el vaso y roció sobre la cabeza de Elia el agua restante. Luego dejó el vaso sobre al mesa y volvió a sentir la imperiosa necesidad de hacer una especie de movimiento mágico (y quizás movido por las drogas), delante del rostro de Elia, que corroborara su bautismo. Sam tenía la sensación que sin ese movimiento, aquel bautismo no sería real y sagrado—Ya.

Se sentía profeta. Limpia. Pura. Un ángel. Un unicornio con alas capaz de librarse hasta del más horrible final esa noche. Se sentía tremendamente feliz ante la suerte de haberse encontrado con una seguidora de Dios que le ayudase a encontrar su camino. Pero sobretodo... sobretodo se sentía hambrienta. El brownie de marihuana le estaba pasando factura a su estómago... Sam suspiró aliviada.—Muchas gracias. Necesitaba esto en mi vida para sentirme segura. ¿Sabes lo peor? Me muero de hambre y las últimas horas en la tierra las voy a pasar comiendo y en una fiesta llena de personas que terminarán en el infierno. Voy a ir al cielo sin aprovechar mi última noche en la tierra. Necesito buscar algo épico que marque el principio de mi final —dijo, pensando en las posibilidades que le brindaban las siguientes horas.
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Invitado el Lun Nov 07, 2016 1:34 pm

Interacción con Eunice y Warwick, y luego a su bola


Asintió a la Auror después de todo la chica era avispada, Petar se había percatado de ello sólo observándola, sobre todo cuando observaba a cada uno de los aurores, era mejor conocerlos y saber sus principios para saber cómo actuar contra ellos, también era bueno para un criminal conocer las leyes sólo para saber cuántas te saltabas y las consecuencias de ello. —Exactamente señorita Lyall, buen ojo tiene usted. Mido dos metros y ocho centímetros— Tuvo que hacer una mueca para sonreír oculto tras su disfraz de predator. —Pues en algún momento jugué a baloncesto y para mí era muy sencillo gracias a mi altura y corpulencia, no exigía gran reto—Puesto que no todo el mundo lograba hacer defensa o barrera contra él y una alargada de mano y lograba lanzar la pelota lejos de su lado de cancha, por tanto no había sido un gran juego para él y había llegado a ser completamente aburrido, en su adolescencia era conocido por ser bueno en baloncesto gracias a su altura, pero para Petar no era un reto sino algo a lo que pasar el rato y ya de paso imitar al resto de chavales de su edad en un deporte tan cotidiano.

Miró al Auror y asintió en el interior de su disfraz el cual le iba a Petar como un guante. —Sí, no existen muchos disfraces que puedan ajustarse bien a mi altura, pero este en cuanto lo vi supe que era el idóneo— Además Petar se sentía hasta identificado con el animal en cuestión un depredador silencioso que miraba al resto buscando una posible presa ante el desconocimiento de sus víctimas. —Gracias, igualmente tengan una buena velada—Se despidió al ver que la mujer tiraba del Auror, fue claro para Petar en ese preciso momento que esa pareja era más que pareja de Aurores, sino que había algo de carácter amoroso, algo que le producía asco ya que para él el amor era el sentimiento más asqueroso y estúpido que podía existir y el sexo una pérdida de tiempo, para él pocos eran los que conocían lo que era el verdadero éxtasis de placer por ello se consideraba un privilegiado superior al resto de mortales que se creían disfrutar de la vida, cuando sólo disfrutaban de un engaño por sus propias mentes y corazones. La evidencia se hizo visible cuando la mujer auror beso en los labios al hombre y él la correspondió.

Finalmente se alejó buscando en la fiesta a quién más saludar, tal vez saludando a alguien que hubiera conocido en la cafetería o posiblemente y lo que era más probable en el trabajo, arreglando cosas. Y es que algunos magos podían llegar a ser agradables con los arregladores cuando les sacaba de un apuro y eso Petar lo había sentido desde que era arreglador, por supuesto eso no quitaba para que él sintiera algo de cariño por esa gente, para él el amor y el cariño no existía ni por sus propios padres. Si acaso por ellos sentía el agradecimiento de haberle dado a la vida y más con ese gran don que su padre le había traspasado a pesar de que su padre al ser squib no lo había podido disfrutar. Petar en cambio tenía el gran privilegio de moverse por todos los ámbitos a su antojo, logrando sus atrocidades por igual, sin importar si eran gente influyente y con dinero o no. Para él todo el mundo era apto para ser asesinado y todo el mundo era apto para proporcionarle ese placer.

Disfraz:

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Invitado el Lun Nov 07, 2016 9:42 pm

Con Joahnne al principio y con Edward después.
(movimientos acordados con Edward)



—¿Soy graciosillo? —rió divertido y negó con la cabeza —No, soy Sirius, gusto en conocerte. Eddie Sirius, perdón.

Le sonrió tendiéndole la mano, pero Joahnne le abrazó y él, aún cuando se sorprendió, no dudó en seguirle el abrazo, muy agradecido porque la chica le estuviese ayudando a entrar a la fiesta.

—Bueno, la idea era que quedase lo más parecido a la persona de la que me disfrazo ¿no? Ridículo, esa es la palabra —sonrió, pero cuando ella le pidió que le mordiera con cuidado, él ya soltó la carcajada —. No me tientes, Joahnne, que este perro ladra y muerde.

Sí, nuevamente estaba jugando con las palabras, aunque claro, ella no tenía la más mínima idea de cuan en serio podía estar hablando. Hasta ese momento, eran sólo los Merodeadores, Drake Circe, quienes sabían de sus capacidades de animagia, nadie más.

Una vez que se aparecieron a las afueras del Ministerio para tomar el traslador, la pelirroja no dudó en preguntarle para qué deseaba entrar a la fiesta, por lo que Sirius sonrió de medio lado.

—Alguien me ha chivado que Edward estará en la fiesta, si, tu compañero de curso, y… —se detuvo y volvió a sonreír —necesito decirle algo.

Alzó los hombros y simplemente la siguió, para cuando en la entrada le dijeron que debía ir disfrazada, por lo que Sirius nuevamente se echó a reír y se acercó a ella para tomarle la mano.

—Te dije que era una mala idea, querida, y no me hiciste caso.

Se burló directamente, pero por fin pudieron pasar la seguridad de la fiesta y asistir finalmente a ella. El lugar estaba fantásticamente decorado, se veía todo muy bonito, lo que le hizo preguntarse como es que estaría Hogwarts. No podía creer que estuviese eso, pues ni siquiera sabía si alía la pena, pero siempre que hubiese una razón para odiar aún más a Edward, era una buena idea.

Acompañó a Joahnne durante los primeros dos minutos, pero entonces sus ojos dieron directamente con su objetivo, pues no era difícil de encontrarle ya que éste llegó gritando como si estuviese loco. Sirius le miró extrañado y aprovechó que su compañera estaba algo distraída para alejarse de ella y acercarse más al muchacho a quien escuchó cortejando a una chica, por lo que Sirius se cruzó de brazos por detrás de él, negando con la cabeza.

—¿En serio?

Por supuesto, su pregunta logró que Edward se girara a mirarle, y entonces no lo pensó dos veces y echando su codo hacia atrás, le lanzó un puñetazo que le dio en medio de la nariz.

—Eso es por Synnove.

Pero el otro chico estaba tan extasiado de deporte y movimiento, que no supo si entendió su mensaje o vio su golpe directamente como una invitación a la batalla, y ahí empezaron los verdaderos golpes.
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Invitado el Lun Nov 07, 2016 10:52 pm

LLegando a la fiesta, con buen humor y algunas copas de más|Saludando al personal del Ministerio|Interacción con Slavkov

Los tacones repiqueteaban por el suelo del Ministerio, una maldita fiesta de disfraces en vez de una noche de pura diversión asesinando a todo aquél que no fuera merecedor de llevar gota de magia en sus venas, como mi desgraciado primo Sirius. Maldito niñato, y pensar que en algún tiempo le había tenido algo de estima. Por suerte ese tiempo ya había pasado y algún día vería la muerte como le cogía la mano, al menos, eso deseaba. Mi señor no tardaría en tomar el control, de tomar el Ministerio, ¿Podría mantener mi varita a raya sin causar ningún estropicio? Sólo si en aquella fiesta había alguien que mereciera la pena.

Tomé el traslador en el punto acordado después de meter todos los ojos en una cajita para regalárselos a los incautos si se pensaban que eran dulces turcos mágicos, pese a que eran ojos de mis condenados, cuerpos que alguien en el Ministerio tendría que hacerse cargos de ellos, y más le valía a Sam cumplir con lo pactado.

Esa noche mi pelo brillaba con más fuerza que nunca, mi silueta perfecta era digna de admiración, pero mi verdadero dueño no asistiría, y tendría que suplir su presencia con alguien que mereciera la pena.

¿El disfraz? Ya llevaba suficiente con mostrarme amable aquella fiesta y no dedicarme a matar impuros, que era lo que más se merecían. O intentar finalizar con la vida de la Ministra, a ojos de todos, a ver si el Profeta se atrevía a publicar de nuevo las mentiras que se estaban publicando. ¿Como que no estaban habiendo asesinatos? La sangre me hervía con tanta condescendencia hacia nuestros esfuerzos porque reinara el caos.

Non, Je Ne Regrette Rien, esa canción sonaba una y otra vez en mi cabeza.

Llegué hasta la seguridad que franqueaban la entrada, con largas listas en donde mi nombre, como buena descendiente Black y con mi estatus, por supuesto estaba inscrito, claro que ya como la señora Lestrange. Ya quisiera el señor Lestrange tener la mitad de mi sadismo, pero si le encasquetaban a él algo que yo hubiera cometido, de esa que me libraba. De todas maneras incluso Rabastan era más atractivo que Rodolphus.

- Señora Lestrange -el de seguridad hizo una leve inclinación de cabeza. Mi rostro era conocido, y respetado. Más por las consecuencias a no tenerme en la consideración oportuna que por lo que realmente dejaba ver a los demás de mí, y esta noche era una de esas ocasiones para poder sacar la Bellatrix inexistente que no hacía distinción por la sangre y amaba a los muggles, codeándose con todos.

- Pasen buena velada, compañeros -una sonrisa hizo brillar mis ojos y me humedecí los labios con una leve inclinación de cabeza, y pensando que el día que me los tropezase sin ir juntitos como buenos amantes les iba a arrancar las vísceras y sacarles los testículos por la boca.

Avancé con mi vestido por los tobillos, completamente negro y la túnica por encima, la de gala, con ligeros toques en rojo sangre, parecían de posta, como los disfraces muggles, pero eran reales, era sangre de mi pequeño jueguecito antes de tomar el traslador.

Una vez dentro contemplé las diferentes caras, allí estaba Abigail, la mano derecha de la Ministra, confiada la mujer, eso nos ponía las cosas mucho más fáciles para cuando llegase el momento. Una elección sublime de MI señor.

No muy lejano un Predator increíblemente grande. Sonreí y me acerqué a él con la cabeza bien alta- No sé quien eres ni me importa, pero me pregunto, ¿Donde te has metido el resto de mi vida, guapo? -llevaba hasta el arma afilada, lo que haría yo con aquel filo en los cuerpos blanditos de niños. Con la grasa de esos cuerpos mollositos salía un jabón único.

La altura de aquel hombre imponía, pero no había nada que se resistiera a los encantos de una Black. Los Black habían salido defectuosos.
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Matt Forman el Mar Nov 08, 2016 1:02 am

Con Esther y Jason,
deseando que me devuelvan la varita para ir a empotrar a las locas del coño.


La fiesta no estaba en su mejor momento pero llegaba yo y aquello tenía que mejorar por fuerza. No quiero asistir a más fiestas aburridas del Ministerio donde todos se controlan por miedo a que los que mandan tomen represalias. A mí la Ministra me la puede cascar con las dos manos. No pienso reprimirme porque ella esté aquí y yo sea uno de los empleados del Ministerio que está en el punto de mira. Si se cree que soy un mortífago está equivocada. Y si cree que no lo soy también. No me gusta nada los pasos que está tomando ni la forma que tiene de mandar. Esto con Winslow no pasaba.

Me acerqué a Esther, una conocida y amiga de Willow a la que no veía hacía mucho tiempo. Ella parecía no recordarme pero su disfraz de Juego de Tronos no podía pasar desapercibido para mí. Quise alejarme en busca de otras personas con las que hablar cuando pasó aquella profesora tan sexy. Aunque su disfraz no era el más adecuado seguía teniendo su puntito sexy. Pero representaba tan bien su papel que parecía una loca. Tampoco Esther se quedaba atrás, preguntando donde podía conseguir un lobo huargo.

- No sé siquiera si los lobos huargo existen pero si quieres que en la guardia de la noche recluten mujeres yo te apoyo. Está bien que haya solo hombres en un sitio tan frío, ya me entiendes. Pero con la compañía de mujeres se haría más llevadero. Y más de mujeres como tu, la diosa del fuego.

Me reí con mi chiste sobre Juego de Tronos, era divertido. Si hubiese venido vestido de Jon Snow hubiese sido muy mítico aunque los demás magos no entenderían mi disfraz, al igual que no deben entender el de ella. Estaba a punto de marcharme cuando el chico que estaba al lado de la profesora me habló para pedirme mi varita. Lo miré de arriba a abajo, desconfiado, pero pronto vi que se dedicaba a revisar todas las varitas, como había hecho con la de Esther.

- Por supuesto. ¿Estás estudiando para realizar varitas? Debe ser un trabajo entretenido.

En ese preciso instante Sam pasó por mi lado con Elia, las dos con la mirada un tanto perdida y cogidas de la mano. Mi amiga me dijo que quería verme en el cielo y yo me reí. Elia en cambio me llamó mariquita, y que estaba en pecado o algo así. Tengo que ir a buscarla luego a mi amiga. O bien estas dos han bebido demasiado, o van a liarse. Si es lo segundo y escuchando las palabras de Sam de ir con ella al cielo mi mente piensa en un trío, y es casi imposible que quiera decirme eso. Pero, ¿y si es eso? Le pienso demostrar a la francesa lo mariquita que soy. Miré al chico que tenía mi varita y quise que me la devolviera para poder ir en busca de mis dos musas. Por suerte no habían ido lejos, y se estaban tirando un vaso de agua por la cabeza. No están borrachas, están drogadas. O peor, locas...


Última edición por Matt Forman el Miér Nov 09, 2016 11:59 pm, editado 1 vez
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