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HALLOWEEN 2016 - Fiesta de adultos

Cuenta de Ambientación el Vie Oct 14, 2016 11:16 pm

Recuerdo del primer mensaje :


Como cada año, el Ministerio de Magia organizaba una fiesta de Halloween para todos aquellos que quisieran acudir sin necesariamente trabajar en este lugar. Todo el Mundo Mágico tenía la oportunidad de acudir a esta fiesta, desde niños menores de 11 años que aún no estuviesen en edad de acudir a Hogwarts a aquellos que ya habían terminado sus estudios y ahora tenían un trabajo o pasaban la mayor parte del tiempo en la Universidad.

Todo el Mundo Mágico estaba entusiasmado por la celebración de esta fiesta donde, a diferencia de otros años, no se preveía ningún altercado. Los Mortífagos parecían haber desaparecido del mapa, los ataques a muggles habían finalizado y las desapariciones ya no eran el foco de conversación de muchos. Todo estaba en calma en la noche más mágica del año.

El Ministerio de Magia había situado unos trasladores en su propia sede para que todo aquel que quisiese acudir a la fiesta pudiese hacerlo y es que la localización de esta era desconocida hasta que, mediante el traslador, llegabas a ella. Fueron muchos los magos que a primera hora de la noche comenzaron a hacer cola para aparecerse en el Bosque de Epping, a las afueras de la ciudad.

El bosque estaba decorado a la perfección para aquel evento. Había luces de color naranja por todas partes, árboles secos sin hoja alguna que colgase de sus ramas, pequeñas mesas redondas con siete sillas para que los magos pudiesen sentarse a conversar y tomar algo, calabazas con tétricas sonrisas, comida típica de aquella festividad, velas blancas y rojas y, lo que más llamaba la atención, eran unos esqueletos que habían cobrado vida aquella noche para servir a los invitados con sus bandejas llenas de dulces típicos de la época.

Habían sido invitados fantasmas para que amenizaran la velada y también podían verse diferentes magos ataviados con los disfraces más típicos para esta festividad. Había varios monstruos de Frankenstein, tres Condes Drácula  e incluso un par de hombres lobo que se divertían aullando a todo aquel que se cruzase en su camino. Y es que el espectáculo aquella noche estaba asegurado.

OFF: Este post permanecerá abierto hasta el 15 de noviembre y es libre de entrar todo aquel que no estudie en Hogwarts (es decir, los profesores si pueden acudir a esta fiesta). El uso de disfraces es OBLIGATORIO y la cumplimentación de retos acordados por MP no es necesaria pero conlleva una recompensa en caso de cumplirse.

Se deben tener en cuenta los siguientes puntos:
  • La fiesta está protegida por un hechizo que impide a todo muggle o mago acceder a ella por el bosque. La seguridad mágica se encarga de la fiesta en todo momento gracias a la nueva Ministra.
  • La única manera de llegar hasta la fiesta es por trasladores que se encuentran en el Ministerio de Magia y, para acceder a estos, debes estar invitado a la fiesta.
  • No haberte apuntado a la fiesta no te impide entrar en ella. Y, por el contrario, haberte apuntado no te obliga a participar.
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Cuenta de Ambientación el Mar Nov 08, 2016 12:43 am

Interacción con Sirius Black y Edward Westenberg

Aquella fiesta había sido organizada por la mismísima Ministra de Magia, por lo que estaba muy bien asegurada ante cualquier tipo de problema o ataque. Después de la incuestionable etapa de paz, no era poca la precaución de pensar que cualquiera quisiera romper dicha paz en un evento social a gran escala.

Sin embargo, si bien no pasó nada relevante, sí que se produjo una pelea física entre dos personas. Los camareros, disfrazados de perfectos esqueletos, fueron los mismos encargados de dejar levitando sus propias bandejas con las bebidas y ser los primeros en dirigirse a aquellos dos chicos y separarlos para evitar que se convirtiese en nada serio que pudiese golpear o molestar a los demás participantes de aquella fiesta. Eso sí, entre ellos sí que se repartieron golpes. Ambos parecían dos personas jóvenes, por lo que a pesar de su insistencia en estampar el puño propio en el rostro contrario, los camareros consiguieron retenerlos eficazmente hasta que la seguridad llegó hasta ellos.

Se escucharon a personas murmurando y casi todos los invitados que estaban alrededor de semejante escena formaron un inconsciente círculo que los dejó en medio, aunque ninguno se mostró interesado en querer separar a esos dos magos con complejo de boxeadores muggles.

Los aurores encargados de la seguridad de la fiesta fueron los encargados de coger a cada uno de los chicos problemáticos, llevándoselos a un lugar alejados de la fiesta por mucho que ellos quisieran quitárselos de encima. Los corpulentos cuerpos de los aurores eran sin duda muy superiores en fuerza y determinación que la de los chicos, por lo que arrastraban prácticamente de ellos sin dar explicación a nadie. La seguridad de la fiesta tenían órdenes estrictas: al mínimo alboroto, hacerlo desaparecer de inmediato.

—No sé que narices os ha picado, pero irrumpir de esta manera en una fiesta privada de Halloween organizada por el Ministerio para pegaros de hostias no ha sido sin duda vuestra idea más lúcida —comentó con visible mala hostia el auror que llevaba a Sirius Black, sujeto por el brazo.

—Deberíais ordenar vuestras prioridades y arreglar los asuntos como hombres —dijo el que arrastraba a Edward, sujetándolo por la nuca—. Os habéis ganado una noche en el calabozo por tontitos, espero que tengáis con quién contactar o voy a ser vuestra niñera esta noche —añadió.

Estaban en el bosque, por lo que los aurores se alejaron lo suficiente del foco central de la fiesta para evitar dar espectáculo. Sin previo aviso y ya alejados de todos, los dos aurores se desaparecieron con ambos chicos, apareciendo en el calabozo del Ministerio de Magia.

OFF: Sirius y Edward quedan apresados y, por tanto, fuera de la fiesta.
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Invitado el Mar Nov 08, 2016 12:48 am

Interacción con: Bellatrix B. Lestrange

Petar se encontraba mirando a todos los invitados de la fiesta, tan inmerso en sus propios pensamientos homicidas que de pronto se vio cara a cara con una jovencita bastante guapa y con desparpajo que se dirigía a él. Tuvo que sonreír en el interior del traje, reconociéndola de inmediato pues la familia Lestrange y Black eran conocidas en la Inglaterra mágica. También la había visto en alguna que otra ocasión por el ministerio mientras él se dirigía algún trabajo que solucionar. No obstante no había tenido oportunidad de conversar con ella ni un instante, tampoco Petar era de acercarse a hablar de no ser estrictamente necesario, sólo lo hacía para que no le pusieran en el rango del antisocial, era mejor para él ser sociable y amigable pues su engaño seguía perdurando y podía seguir asesinando a placer. —Seguramente dónde no has buscando nunca—Contestó cortes como ya era lo acostumbrado para él. —¿Y su marido señora Lestrange? — Dejo así claro que ella no lo conocía a él y menos en el interior de semejante traje, sin embargo él a ella sí. —Podría sentirse invadido si hace piropos de estas magnitudes— Aunque a Petar algo le decía por la forma de sus movimientos que esa jovencita iba más por libre a pesar de poder estar casada, llegó a pensar que probablemente era quién llevaba los pantalones en la casa. Y aunque no era dado a mantener relaciones sexuales pues su placer más inmenso era el asesinar y la mirada al que le quitaba la vida, observo a la jovencita viendo que de aspecto era atractiva.

Petar se había convertido en un especialista en imitación del comportamiento humano, y era bien capaz de mantener una relación sexual con tal de seguir manteniendo su cuartada y verdadera vida oculta al resto del mundo. Y de elegir la chica en cuestión era de muy buen ver, a la que por supuesto le gustaba el buen coqueteo. Así que él ya acostumbrado a este tipo de comportamientos sólo siguió con la imitación que probablemente la chica esperaba. —Aunque bien mirado es probablemente mejor que no hayas dado conmigo antes, puesto que tengo todo tan grande que soy complicado de manejar y en cuanto años y experiencia te llevo muchos— Tuvo que sonreír nuevamente al haber más de un sentido en dicha frase, era lo que más le gustaba el poder jugar a los dobles y triples sentidos. —¿Cree señora o señorita Lestrange que podría estar a la altura? —Comentó con cierto tono de humor en su hablar, por supuesto no aún su verdadera voz, le costaba de por si a Petar tener que camuflar su voz con una aunque grave más suave y apacible de la que en realidad era.

La reputación de los Lestrange y los Black eran conocidas para bien y para mal, habían muchos rumores respecto a ellos, por supuesto aún seguían siendo rumores. Pero Petar era de esos que creían que los rumores en ocasiones tenían un inicio de verdad aunque el resto se inventara. Por supuesto él no iba a revelar ante nadie su verdadera identidad pues no confiaba en nadie y no quería perder esa libertad que había conservado durante tantísimos años. Pero sonrió tenebrosamente en el interior del traje y descendió un poco para llegar a la altura de la jovencita Lestrange y así poder susurrarle algo sólo a ella con su verdadera voz grave, hueca, penetrante y aterradora. —No soy alguien con el que se deba jugar, puedo ser una completa pesadilla y muy difícil de cabalgar, muy diferente a lo que puede ser tu marido o cualquier hombre con el que hayas estado antes, me gusta muy sádico y duro, te podría partir como una ramita—Se fue apartando lentamente. A él no le importaba realmente haber utilizado su verdadera voz, se había asegurado de que sólo la jovencita lo oyera y bien podía luego inventarse cualquier chorrada dada las fiestas en las que se encontraban y el haber intentado asustarla para crear ambientación.
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Clementine Boot el Mar Nov 08, 2016 2:04 am

Con Circe (gracias por chocarme<3) , Wanda,  
gritandole a Natasha, y coleccionando firmas por todos los patitos de goma del mundo
:cebolla20:


Desde muy pequeña su entorno supo que muchas veces podía llegar a ser un poco... torpe, en el sentido de que después de un par de cumpleaños se tomó la decisión de nunca más pasarle a un bate para reventar su piñata de dulces, porque literalmente era una peligro andante. Pero como jamás ha tenido tan buena memoria en los  momentos en que comete una locura por mero instinto, en esta oportunidad por aquella noticia que escuchó esta mañana en su cocina, esa noticia  había hecho que su vida girara en ciento ochenta grados.
Y ahí se encontraba tapándose los ojos con una mano, en medio de una fiesta de Halloween vestida de pato, buscando a su próxima víctima, digo firma, por un tema que quizás a nadie más le importaba que a ella. Todo indicaba que terminaría en un choque y las probabilidades de recibir un grito en vez de una firma eran desproporcionadas, y todo sabemos hacia dónde se inclinaba la balanza, todos menos Clementine por su puesto.

Y como no había que ser adivino ni saber leer las tazas de té para saber que esta acción de la castaña terminaría en un choque, efectivamente se topó con esa primera persona que andaba buscando para hablarle sobre su reciente causa, la de los patitos de goma, se destapó los ojos y miró de quién se trataba, era nada más ni nada menos que la hermana de Odiseo, Circe. Iba a agradecerle su gesto de sacarle con su varita el vino que por su culpa se había caído, en vez de enojarse por aquello pero llegó otra chica que no conocía, pero algo en su rostro le causaba familiaridad, escucho sus cariñosas palabras hacia su persona, específicamente hacia su disfraz y lo supo, estan casi cien por ciento segura que esa chica también era una Masbecth.

Iba a abrir su boca para hablar, ya que por más que sabía que quizás sería una pérdida de tiempo decirle aquello a ambas chicas, no perdía nada con intentar, pero en eso en su vista apareció una muy buena amiga para ella.- VETY.- gritó para que la chica la viera alejándose un poco de las otras chicas, y le hizo señas para que viniera hacia ella y sino ya iría por ella, luego se volvió a girar volviendo a mirar a Circe y a la otra chica que algo de Masbecth debe tener en las venas, es que como había dicho antes no perdía nada con intentar ver si las chicas le daban algunas firmas que necesitaba - Hola Circe, perdón por haberte chocado, soy Clementine, la amiga de tu hermano Odiseo, no sé si te ha hablado de mí, sino ya verá más tarde ese hombrecin.- bromeó con una leve sonrisa, intentó sacar un poco más su cabeza desde la boca del pato de goma para que se le viera mejor el rostro.- Y, causó miedo porque representó quizás al último pato de goma del mundo, vergüenza nos debería dar a nosotros por no hacer nada.- le dijo a la otra chica con el ceño levemente fruncido para luego suspirar y sacar unos volantes de su bolso y tenderselo a ambas chicas.- Quieren cerrar la última fábrica de patos de goma, y yo quiero impedirlo, ¿me ayudarían? estoy recolectando firmas.- dije sonriente, esperando que leyeran sus volantes, mientras le mostraba de paso la lista que hasta el momento sólo tenía un nombre y firma en el, Odiseo Masbecth.


PD: Perdón por la demora, he tenido unas semanas ocupadas a full u.u, gracias Cir nuevamente por chocarme <3, y... y... no sean malas y firmen a la causa!!! :A TODOS SOMOS LOS PATITOS DE GOMA JAJAAJAJA

Disfraz:
LISTA CAMPAÑA "SALVANDO A LOS PATITOS DE GOMA! XD:


Última edición por Clementine Boot J. el Lun Nov 14, 2016 9:04 pm, editado 1 vez
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Abigail T. McDowell el Mar Nov 08, 2016 2:08 am

Con Lena

No sabía qué motivo exacto había usado el Sombrero Seleccionador para meterme en la casa de Slytherin con tan solo once años, pero sin duda alguna acertó de pleno. Si bien Ravenclaw podía haberme llevado muy lejos, la casa de Salazar me abrió puertas que jamás pensé que tendría. Además, el simple hecho de joder la paciencia de mi madre por haber ingresado en la casa que más odia fue digno de ver y de disfrutar. Yo asentí a lo que dijo Lena, dándole totalmente la razón.

Hablando de mi hermano, sonreí ante su amabilidad a la hora de ayudarlo, mostrándome visiblemente agradecida.

Eso le resolvería muchísimas dudas. Está en esa etapa de saber lo que quiere pero no considerarlo su vocación, por lo que está un poco frustrado. Más bien está probado a ver si eso es lo que verdaderamente le gusta. Quizás esa reunión le ayude a ordenar sus prioridades y le abre los ojos —comenté con jovialidad. Para ser sinceros, jamás me imaginé a mi hermano estudiando eso, pero tampoco me vi a mí hace ocho años como la Asistente de la Ministra de Magia cuando recién entré al departamento de desmemorizadores.

No entendía por qué debía de tener una buena relación con mi familia sólo porque ésta no se elige y siempre estará ahí. Me parecía la filosofía más estúpida y más barata de todos los tiempos, incluso por encima del Carpe Diem. ¿Por qué he de intentar llevarme bien con una persona que solo me hace el mal sólo porque me haya parido? No me parece para nada una razón lógica.

Desde que tengo uso de razón la relación con mi madre es tóxica. Nunca he apoyado eso de intentar llevarse bien con una persona con la que no congenias sólo por compartir sangre. —No solía hablar de mi madre con nadie, pero teniendo en cuenta que quería verme entregada y confidente con Lena, era un tema que tampoco me importaba tocar por encima—. No me ha ido tan mal creciendo sin padres. A veces están un poco sobrevalorados. —¿Pero qué iba a decir yo?

Una especie de bicho horrendo se acercó a nosotras a saludarnos, a lo que yo solo respondí con un gracias y un igualmente. No era algo que me agradase hablar con alguien que no sé quién narices es. Aún con Filipo bajo el brazo, pero sin prestarle ya demasiada atención, afirmé con la cabeza a lo que dijo mi jefa.

Demasiado —añadí—. Pero es una fiesta que se caracteriza por el terror y los disfraces, da gusto ver a personas que siguen con la tradición. Personalmente jamás he sido demasiado amante de los disfraces —lo cual podía resultar irónico teniendo en cuenta lo mucho que me gusta llevar máscara—, pero por Halloween hago una excepción —expliqué afablemente.

Luego me percaté de que se había formado una pelea en mitad de la fiesta, pero que la seguridad supo responder rápidamente a ello para que la celebración no tuviese un corte que molestase a los invitados. Presupuse que Lena querría saber qué habría pasado, por lo que me adelanté.

No te preocupes —dije antes de nada—. Voy a ver que ha pasado y de paso voy a buscar a Caleb. Tú sigue disfrutando de la velada, que te lo mereces. —Le guiñé amistosamente un ojo, con intención de ir a ver qué narices había pasado.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Vie Nov 11, 2016 7:52 am

Al principio con Clementine, luego con Circe.

La pelirroja levantó una de sus dos cejas y miró a la chica disfrazada de pato de goma con cara de malos amigos. - Perdona si ha parecido que en algún momento me importaban tú o tu disfraz, no era mi intención. – No conocía a esa chica ni tampoco tenía ganas de conocerla, así que lo último que quería era ayudarla. - Tampoco me importa mucho una fábrica de estúpidos patos de goma, me parecen ridículos y la verdad, no creo ni que firmando una hoja de papel logres detener su ruina. – Hizo un leve gesto con la mano y sin más explicaciones dejó de mirarla para dedicar su atención a su prima. - Nunca he tenido la necesidad de ser amable, así que no, no lo sé. ¿Tanto cuesta? – Por unos segundos Wanda sí que pensó que Circe se había vuelto loca, pero tras la explicación que le había dado lo entendía todo. - Así que todo se debe a una apuesta… Entonces es comprensible. Te diría que ojalá ganaras, pero se bien que lo harás, así que… – Se encogió de hombros y agarró el muffin que le había ofrecido Circe. - No me digas esas cosas, odio los ángeles, así que prefiero creerme que sigues siendo tú. – Le dio un mordisco a su pequeño regalo y lo saboreó, no estaba tan malo como creía.

Una carcajada salió por la boca de Wanda, podría sonar irónica, pero ese comentario le hizo bastante gracia. - El día que yo forme una familia se acabará el mundo, odio los niños. Bueno, más bien odio tener a una bestia de esas dentro de mí durante nueve meses y luego escuchar sus berridos durante años. ¿Estamos locos? Prefiero criar Duendecillos de Cornualles. – No sería la primera vez que los criaba en realidad, por eso estaba segura que no sería tan complicado. - Pero la idea de buscar a algún tío no te la voy a negar, aunque por aquí no hay muchos que valgan la pena. – Los que estaban en la fiesta los conocía y no le gustaban o ya se había acostado con ellos. - Pero he visto a alguna que me ha llamado la atención, pero creo que ya se ha ido. – Cuando llegó había avistado a una muchacha morena que había logrado llamar la atención de Wanda, pero ya no la veía. - Entonces no te acerques mucho a la gente, así simplemente no tendrás que ser amable, ¿No? Habla conmigo y desahógate y listo. – Agarró otro muffin que había en medio de la mesa y le dio un mordisco. - Bueno, por suerte siempre tengo mucho trabajo con las criaturas, y lo agradezco. El tiempo se me pasa volando cuando estoy con ellas. – Estar con las criaturas mágicas era algo que le gustaba, sobre todo si se trataba de dragones.
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Circe A. Masbecth el Vie Nov 11, 2016 9:44 am

Interacción con Clementine.
Con Wanda.
Salida de la fiesta.

Iba a alejarse junto con Wanda, pues con ella resultaría algo más sencillo ser amable. Pero la persona con la que se había chocado volvió en su dirección. Circe no recordaba a aquella chica, pero esta no tardó en presentarse y Circe entendió su ridículo disfraz: una amiga de Odiseo. Hizo un esfuerzo por no rodar los ojos y soltar un comentario hiriente y escuchó el resto de palabras de Clementine. Y, dado que aquella noche, tal y como le había dicho a Ian tenía que ser amable y no negarse continuamente a las peticiones de los demás, se limitó a coger la pluma y firmar en el pergamino. – Espero que no cierren la última fábrica, Clementine. Ojalá tengas suerte y puedas seguir gastando todo tu dinero en objetos tan útiles y fascinantes como los patitos de goma. – Dijo con una media sonrisa que pretendía ser amable y sin usar el tono irónico en sus palabras aún cuando estas, obviamente, no eran nada realistas.

No tardaron demasiado en marcharse de allí por suerte para Circe. Y es que aquella estúpida apuesta con Ian estaba resultando ser mucho más complicada de lo que había considerado que sería en un principio. Ser buena persona era complicado y requería de muchísimo esfuerzo, ¿Cómo podían existir personas que fuesen así siempre y, encima, por propia elección? ¡El mundo estaba loco!

- ¿Seguro? – Preguntó la rubia fingiendo cierto desánimo. – Yo creo que serías una gran madre, Wanda. Con tu buen carácter y el gran ejemplo a seguir que serías para cualquier niño… ¿Quién no te querría como madre? – Y es que las palabras de Circe parecían cargadas de bondad por el tono que estaba utilizando pero cualquiera que conociese a la rubia lo más mínimo, como era el caso de Wanda, sabría que estaba siendo totalmente irónica aún con el fin de ganar aquella estúpida apuesta. – Pienso ganar esta apuesta limpiamente. Así que seré amable por el tiempo que esté en esta maravillosa y fantástica fiesta donde me lo estoy pasando tan sumamente bien. – Escuchó lo referente al trabajo de Wanda y se encogió de hombros. No le interesaba ni en lo que trabajaba ni cómo le iba en el trabajo pero aquella noche tenía que fingir todo lo contrario. Todo por el maldito Ian Howells. – Entonces deberías adoptar una como si fuese tu hija. Así no tienes que tener niños pero aún así demuestras que eres una gran madre. – Comentó la rubia con total indiferencia que no quedó en absoluto marcada en sus palabras.

Después de pasar apenas diez minutos hablando con Wanda, Circe decidió que aquella noche estaba siendo todo un sufrimiento para alguien que es incapaz de ser amable. – Creo que me iré a casa antes de que le vomite a alguien en la cara. Y no digo de manera literal. – Se encogió de hombros y depositó un leve beso en la mejilla de su prima. – Mándame una lechuza un día de estos y hacemos algo interesante cuando no tenga que fingir que soy María Teresa de Calcuta. – Añadió antes de ir rumbo a la zona de trasladores para salir de allí y poder ser una borde de mierda como de costumbre. – Quita de en medio, capullo. – Fue lo  primero que dijo una vez llegó al Ministerio de Magia y pudo irse tranquilamente a su casa.
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S. Natasha Kuznetsova el Vie Nov 11, 2016 12:12 pm

Mención a Odiseo y Clementine.
Interacción a Clementine.

¿Cómo podía estar tan perdida en aquella fiesta? Desde luego todas las culpas irían dirigidas a nada más y nada menos que su mellizo. Aquel que la había abandonado en mitad de la fiesta para a saber qué. No se fiaba en aquellos casos de su hermano. ¡Realmente era como un grano en el culo a veces! Claro que aquello era totalmente normal teniendo en cuenta que había amor/odio entre ellos dos. Resultaban ser inseparables pero a la vez se llevaban a matar. Lo que tenía compartir tu vida completa con una persona durante veintinueve años. ¿No? Algún roce debía de haber por algún lado. Nada era perfecto, nada. No iba a ser menos su mellizo.

¡BUH! — Natasha pegó un rebote al escuchar el susto tras sus espaldas y pegó un guantazo como reacción hacia atrás. — ¿Pero que te pasa, loca? — Se quejó una voz de hombre, y aquel hombre era su mellizo. — ¿Pero que te esperas? Me abandonas y ahora me asustas. ¡Sabes como me pongo cuando me asusto así! — Una pequeña pelea, ¿qué menos? — Bueno, quitándonos de rollos y mierdas varias. ¿Has visto a Odiseo? — Preguntó mientras ojeaba a su alrededor.

Entonces escuchó como gritaban su nombre bastante alto y logró escucharlo de manera muy efímera y leve. Miró hacia todas direcciones hasta ver a Clementine, su amiga desde la infancia y que a pesar de la distancia mantuvieron el contacto. — Escuchame, niñato. Voy a estar con Clementine un rato. No te vayas a volver un loco, ¿de acuerdo? ¡Cuida ese codo! — Le decía aquello último para que no se pasara bebiendo, básicamente. Y tras eso se acercó a Clementine mientras trataba de encontrar a Odiseo sin estar segura cómo podía ir disfrazado, pues por algún motivo se lo imaginaba de una manera ridículamente guapo con el disfraz. ¿Qué? Odiseo le parecía un hombre atractivo. Lo que tenía de malo es que le daba demasiado a las consumaciones poco legales y eso no era algo que quisiera en su vida, aun así era el puto amo para ella y le tenía un aprecio increíble después de tantos años. Clementine era como una parte femenina, pero quizá más light y dulce.

Clementine estaba hablando con la hermana de Odiseo y con... Alguien. La cara de ambas hablaban por ella más que sus palabras, al menos de la pelirroja. Escuchó a penas la mitad de la conversación y tenía ganas de vomitar. ¿Desagradecidas? No, tampoco era para tan poco. Por algún motivo le caían mal, ¿quizá por esa cara de creerse la reina del baile? Podía ser, otra razón podía ser por las edades de cada una de las chicas. Pero estaba ahí por su amiga. La cual al irse las chicas, o al menos una de ellas, tomó el brazo de su amiga para llevársela de ahí. — Ya te firmo yo, ni te preocupes. Si quieres puedes dejarme luego al irme una hoja y te recojo firmas en San Mungo. ¿Te parece? — Entonces se acercó a ella para darle dos besos y un gran abrazo. — Realmente entrañable darle un abrazo a un patito de goma tan dulce. ¿Qué tal estas pastelera?
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Invitado el Vie Nov 11, 2016 3:33 pm

Con Edward S. Westenberg.


Nadie la cogía por la cintura. Nadie. Absolutamente nadie. Ni aunque el mundo estuviera a punto de terminarse.

La velada estaba transcurriendo con bastante tranquilidad: conversaciones, charlas, la mayoría alrededor de Riza y sin ocasionarle el más mínimo problema. De vez en cuando se topaba con algún conocido y lo saludaba con educación, charlaban del tiempo, de la fiesta y de similares cosas intrascendentes.

¿Por qué tenía entonces que venir un tipo, tropezarse contra ella y cogerla de la cintura? De no haber estado medio ministerio delante le habría tirado al muchacho un Cruciatos que lo habría levantado en alto... en cuanto se hubiera recuperado de la sorpresa. Porque sí, Riza estaba acostumbrada a ser bajita y no era la persona más ágil del planeta, pero de ahí a ser vilmente atropellada había un trecho y tuvo que parpadear dos segundos antes de reaccionar más allá de su mente.

-¿Sabes que si me sigues tocando la cintura, soldado, convenceré a tu coronel para que te tenga quince años limpiando letrinas? -Acabó por soltarle, desembarazándose de su enganche y alejándose un paso. El muchacho parecía muy animado, por hablar suave, y sin duda alguna estaba motivado. Pero mientras no se acercase mucho, tenía un buen disfraz y eso Riza no se lo negaría. -Pero si tanto quieres nadar, creo que no estás en el lugar adecuado, recluta. ¿Te has planteado ir a braza hasta Gibraltar?

¿Que sus frases no tenían mucho sentido? Quizás. Pero quería ver la reacción del muchacho y, si lograba confundirlo y reírse un rato, se contentaría con eso como venganza por haberla atropellado y sujetado por la cintura.
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Invitado el Sáb Nov 12, 2016 12:12 am

Llegada a la fiesta de momento sin Interacción

Mis padres casi me habían impuesto asistir la fiesta organizada por el ministerio, algo de lo que me había querido escaquear, después de todo el nombre de nuestra familia ya quedaba presentado por la asistencia de mi hermano, pero de todos modos insistieron ya que una vez terminara mis estudios en el ministerio tendría un trabajo y después de todo tenía a conocidos en el ministerio. No sabía si me encontraría a Lucius pues no habíamos quedado en nada.  Decide disfrazarme de un traje rojo encapuchado y con un arco así si me daba por aburrirme bien podía tirar flechas y luego decir que había sido por error. Tampoco pretendía quedarme mucho tiempo, sólo hacer una pequeña ronda y hacer acto de presencia y luego salir e ir a la mía, tal vez alguna que otra fiesta privada y ver que se cocía en los bajos fondos, incluso ir a por un sangre sucia. Cuantos más matara, era uno menos que ensuciaba el aire que respirábamos y usurpaba nuestro mundo.

Tome el trasladador ya disfrazado y en cuanto preguntaron quién era, sonreí al ver que al menos había elegido bien mi disfraz. —Rabastan Lestrange—Anuncie y finalmente entre a la fiesta la cual estaba totalmente adecentada para la ocasión y ya repleta de trabajadores del ministerio, también me percaté de que había algún que otro universitario por el lugar, tal vez con la posibilidad de hacer contactos. Los contactos eran poder y en mi familia eran vitales, aunque por supuesto los Lastrange estábamos por encima de cualquier otra familia, si acaso la más cercana y considerable eran los Black y pocos más.  Me acerqué a la mesa de canapés y tome una copa, tenía más que edad suficiente para consumir alcohol o eso esperaba que fuera no un asqueroso ponche sin fundamento. Di un tragó y me situé en una buena posición para ver al personal, algunos eran caras conocibles y fáciles de reconocer por el traje elegido, otros sin embargo era imposible saber quién estaba debajo de él por lo que cubrían, aunque tampoco era de mi interés.

Mantuve mi odio a raya sabiendo que esa fiesta estaba tan plagada de hijos de muggles como mestizos, era evidente por el hedor. Apreté el arco para controlar mi instinto de hacer una locura en esos momentos, recordé el nombre de mi familia y donde me encontraba y guarde la compostura, hasta logre mantener mi expresión de asco oculta, eso sí se me habían quitado las ganas de probar un canapé, a saber si una asquerosa sangre sucia había osado tocarlo con sus manazas y era algo contagioso.  No podía comprender como un sangre pura era capaz de mezclarse con tales calañas y engendrar… tampoco aquellos que los apoyaban, eran traidores a la sangre y no había más, merecían morir igual que los demás por no estar en nuestro bando el de los magos. ¿Acaso qué no veían que sólo queríamos recuperar nuestro mundo? Aunque también se podía disfrutar recuperándolo mientras se torturaba, mostré una sonrisa cautivadora ante mis pensamientos. Y di un nuevo trago a mi copa, no había quedado con mis padres el tiempo que debía permanecer en aquel lugar, pero una vez dado mi nombre en la entrada ya se sabía que había hecho acto de presencia en el acto, y por tanto ya había cumplido. Aunque decidí quedarme un poco más, al ver como unos Aurores tuvieron que intervenir y llevarse a unos adolescentes que se habían colado en el ministerio.

Busqué con la mirada a la ministra que conversaba con su consejera, y mis ojos repararon inmediatamente en mi cuñada, era fácilmente reconocible pues había optado por ir sin disfraz y en su línea.  Estaba conversando con una disfraz de una extraña criatura, una especie de alienígena inmenso y parecía cómoda con la conversación. No estaba seguro si me conocería con mi disfraz rojo y el antifaz negro, por supuesto quedaba a la vista mis ojos azules y mis labios, ¿pero sólo con esos datos me conocería si me negara a pronunciar palabra? Pues sabía que en el momento que hablara, mi voz sería del todo conocible para ella, tenía muy buen oído.

Me fui acercando con sigilo apoyándome en una columna con la vista a la salida y a la extraña pareja que conservaba, con mi copa en mano y con el arco y las flechas colgando a mi espalda. No tenía intención de mantener una conversación con nadie, puesto que no había sido idea mía el asistir y encontraba mejores formas de pasar un día tan característico, pero el renombre mandaba a veces más de los simples deseos de uno.  Desde mi posición podía deleitarme de la vistosa silueta de mi cuñada sin que esta se percatara y así disfrutar un poco de las vistas sin llamar excesivamente la atención.
Disfraz:
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Invitado el Sáb Nov 12, 2016 5:41 am

Interacción con Petar, después con el primer Lestrange de sangre que acude a la fiesta

¿Que mi marido se iba a molestar si yo coqueteaba descaradamente? Cuánto o dudaba, más siendo él un completo manipulador cínico, que de cada cuatro palabras que escupía su boca cinco eran mentiras. ¿Cuánto tiempo tendría que estar aguantándolo más? Casi ruedo los ojos, pero aquel ademán era demasiado ridículo y barriobajero para alguien de mi clase, así que me limité a sonreír de lado y negar con la cabeza- Mi marido no se molesta por memeces de tal embergadura, sabe dónde debe tener puesta su visión -¡Cuánta hipocresía en aquella frase! Pero difícil de determinar por mi tono de voz pausado y tranquilo. ¿Comer de aquellos canapés que habían sido elaborados por manos impías? Ni por asomo, antes me moría de hambre que llevarme a la boca nada que no tuviera la pureza de sangre requerida. Antes le hacía una felación a Rodolphus delante de toda esta inmundicia que tragar uno de esos asquerosos montaditos de vete tú a saber qué.

Pero la caja con ojos seguía en mis manos- ¿Le apetece un dulce, señor Slavkov? -abrí la caja y la alcé. Su voz penetrante cerca de mi oído hizo que se me erizase el bello de la nuca, no con el grado en que lo conseguía Voldemort, pero se acercaba. En aquel hombre había más maldad que benevolencia, ya era hora de encontrarme a alguien que pudiera estar a la altura de mis zapatos.

Comencé a reír de nuevo cuando aceptó la invitación de los dulces y me giré para ver si con la mirada encontraba a alguien conocido. Dos mequetrefes eran sacados por el cuerpo de seguridad casi a rastras, y cómo no, siempre armando follón mi primito Sirius, si es que la desgracia había caído sobre mi familia, debía esmerarme para dejar el listón Black donde le correspondía, mi hermana Andrómeda influenciada por un asqueroso sangre sucia de Hufflepuff, ¡Y encima se iba a casar! El día que enganchase a Ted Tonks por el Ministerio ya podía acogerse a todo lo que conociera en su maldita existencia, porque allí mismo lo dejaba sin carnet de padre, o al menos, que sólo pudiera tener hijas para que no pasara el apellido. Por mi hermana tenía algo de aprecio, pero poco, la había maldito y expulsado de la familia, no se merecía portar el apellido Black, tendría que haber seguido el ejemplo de Cissy, que estaba ya tonteando con Lucius Malfoy. Ese chico sí merecía la pena, ¿Pero Tonks? ¡Conocido en su casa a la hora de comer! Mi lista de gente que iba a caer bajo mis maldiciones iba aumentando por momentos. Y Meda estaba en ella, no habían lazos de sangre para los traidores.

- Debería saber que la vagina de una mujer siempre se adapta al tamaño del miembro viril, que me lo digan a mí...-le di la espalda y con la sonrisa iluminando mi rostro y la cabeza bien alta me perdí entre la gente, una vez el altercado solucionado con los inmaduros. Es que alojar el miembro del mayor Lestrange era juego de niños, ni en el coito anal llegaba a sentir un espasmo.

Un arquero de rojo, como fuera otro Gryffindor alborotador lo sacaba yo misma de la fiesta. Me acerqué a paso decidido hasta el rodal del bosque en el que se encontraba y me detuve frente a él, mirándolo directamente a los ojos- ¿Cuál es la mejor casa de Hogwarts? -cerré la cajita con ojos y sonreí coquetamente- ¿Y como se llama la chica más atractiva que conoces? -esa era la pregunta más fácil de responder, en toda la fiesta no había nadie capaz de hacerme sombra.

Como respondiera mal, de una bofetada le colocaba las neuronas en su sitio.
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Invitado el Sáb Nov 12, 2016 12:37 pm

Interacción con Bellatrix lestrange

Petar se hubiera esperado cualquier tipo de temor por parte de la chica pero allí permanecía a pesar de su juventud, dándole charla e invitándole a uno de los bombones. Tomó un bombón por pura cortesía pues no sentía confianza más bien por nadie más siendo quien realmente era, de momento él sabía que nadie sospechaba de él pero no le gustaba bajar la guardia y mucho menos después de haber utilizado con la joven su verdadera voz. —Gracias por el dulce, jovencita—Dijo con amabilidad nuevamente con su voz fingida para evitar que alguien que pasara a su alrededor lo escuchara.

Al mantener el disfraz cualquier posibilidad de reconocerlo imposibilitada a no ser que se presentara como tal o por altura lo reconocieran, no pudo verse la sonrisa siniestra que mostro ante el ultimo comentario de la joven antes de alejarse y dirigirse hacia un arquero rojo con antifaz todo a juego. Era para él comprensible puesto que no era lo mismo hablar con una predator como él que con un arquero que dejaba más a la vista parte de su aspecto, a parte él a su edad no tenía posibilidad ni tampoco veía necesario el ligar o coquetear más de lo normal para no llamar la atención al resto de integrantes de la fiesta. Estuvo controlando a la joven pareja durante unos instantes y luego a la pareja de Aurores para tenerlo localizados, echó una mirada al resto de Aurores dispuestos por cada lugar en servicio y finalmente se encamino hasta el trasladador para poder irse y aprovechar el mejor momento para asesinar, pues los que se dedicaban a la seguridad estaban ocupados manteniendo el que la fiesta fuera lo más segura posible. Si casi todos los aurores se mantenían allí, quería decir que los Aurores en horario laboral debían ser más bien escasos, lo que le daba más tiempo a la hora de actuar.

Pensó unos escasos segundos en acercarse a sus colegas los arregladores para despedirse, pero desechó la idea pues sería una buena cuartada el que ellos siguieran pensando que seguía dando vueltas por la fiesta y había tanta gente que no tenían por qué reparar en que había desaparecido y menos si le daba por sentarse, porque lamentablemente su altura y disfraz le permitía ser plenamente visible.

Se fue alejando del lugar con todo el disimulo que fue capaz saludando a la gente que pasaba por su lado, ya que en sí Petar no tenía nada que ocultar al ser un respetable arreglador. Y finalmente salió de la fiesta con unos de los trasladares dispuestos. Era momento de quitarse el estúpido traje, ser el mismo e ir en busca de la próxima víctima, su verdadero arte y disfrute.
Petar Slavkov sale de la fiesta
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Invitado el Sáb Nov 12, 2016 1:37 pm

Interacción con Bellatrix lestrange

Continuaba desde mi posición observando a mi cuñada con todo el disimulo posible que me permitía mi posición y mi antifaz. Cuando la vi finalmente moverse y acercarse hacia mí, no estaba del todo seguro si se acercaba porque me había conocido a la distancia o por si tenía curiosidad por saber quién había detrás de dicho disfraz.  Me miró fijamente y de igual manera la mire yo, si aún no me había reconocido al hablar ya sería imposible que no lo hiciera y me ponía en el aprieto con sus preguntas a hacerlo. Cuando ya hizo la segunda con esa sonrisa, algo me dijo que debía saber ya que era yo.

Slytherin por supuesto—Conteste sonriendo finalmente y puse cara pensativa ante la segunda pregunta sin perder la sonrisa, haciendo como si miraba al resto de chicas de la fiesta. —La chica más atractiva, deja que piense…—Seguía haciéndome de rogar bromeando un poco con ella, después de todo nuestra relación era muy buena. —La chica más atractiva que conozco se llama Bellatrix Lestrange Black—Dije finalmente antes de que a mi cuñada le diera por darme un bofetón si continuaba con la broma, que bien capaz era de hacerlo y confianza teníamos de sobra.

¿Cuándo te diste cuenta que era yo? Pensé que un disfraz como este y el color lo pondría difícil — Pregunté curioso sin dejar de quitarle los ojos de encima. —Por cierto estás preciosa— No tenía nada de malo piropearla, menos aún si era verdad y lo hacía con todo el respeto. Nunca había osado antes entrarle de ningún tipo de manera pues respetaba la relación y matrimonio que tenía con mi hermano y a ella misma, y mi vocabulario de no ser fuera con determinadas clases sociales era correcto. Aunque con Bellatrix cuando estábamos en plenas matanzas podía llegar a ser vulgar, sólo que por supuesto con ella no decía nada de carácter sexual eso cómo mucho lo pensaba más que decirlo.  —¿No me vas a ofrecer uno de esos ojos?— Pregunté pues no pensaba comer nada de esa fiesta.

Mi cuñada tenía más motivo que yo de asistir a tal fiesta al ser trabajadora del ministerio. Miré a la gente por un momento para que no se percatara que la miraba demasiado de arriba abajo y volví mi mirada a ella de nuevo. —Hay mucha gente por lo que veo, ¿Tienes pensado hacer algo interesante después de la fiesta?— Pregunté entre líneas, pues me apetecía salir y montar jaleo, terminar con algún sangre sucia y torturar, sino acompañado pues iría solo pero siempre lo pasaba mucho mejor cuando iba con Bellatrix, pues ambos teníamos un humor retorcido y luego nos íbamos de copas.  —Yo tenía pensado seguir con la fiesta en otro lugar… — Dejé caer con una sonrisa sabiendo que ella calaría rápido a que me refería.

No pretendo quedarme mucho tiempo aquí, si he venido es por mis padres ya sabes. La monserga de siempre por ser un Lestrange, tenemos que hacer acto de presencia, y mantener el contacto con los demás magos influyentes— Al tener a mi cuñada cercana y no a mucha gente a mí alrededor. —Por cierto, Lucius está colado por tu hermana. Cuando me lo encuentro, no hace más que hablar de ella, creo que al paso que van no tardara en pedirle matrimonio y por lo que lo conozco y el trato que tenemos. Sé que la ama de verdad, por si te interesa saberlo— Le dije, después de todo Narcisa era su hermana y algo le debía de importar.
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Invitado el Sáb Nov 12, 2016 2:21 pm

Interacción con Rabastan, luego con la Ministra, anuncio a todo el mundo y salida de la fiesta junto con Rabastan

Crucé los brazos sobre el pecho y elevé un brazo para llevarme los dedos a los labios, demasiado estaba tardando en dar aquella simple respuesta, YO era la más atractiva de aquella fiesta, pero con diferencia, y cualquiera que dijera lo contrario estaba loco o era ciego, por lo que al recibir la respuesta amplié la sonrisa y me acerqué sutilmente a él para acariciarle la oreja con los labios mientras el susurraba la respuesta- Te aprieta el pantalón, Rab, te he visto desnudo en algunas ocasiones y un miembro como el tuyo no pasa desapercibido para una mujer que le gustan los hombres potentes -y con la mentalidad que tenía esperaba que fuera un fuera de serie en temas de alcoba, porque sino iba a tener que enseñarle bastante, y para eso me elegía uno ya curtido, como el tal Petar Slavkov, aunque pudiera ser que muriese infartado, el Predator, no Rabastan, él tenía un corazón fuerte y saludable- Pronto Black Lestrange, tengo entendido que tu hermano va a pedir el divorcio -puse cara de pena, pero puro teatro, lo que más deseaba era quitarme aquel muerto de encima, y cuanto antes, mejor. Que era joven y me quedaba mucho cuerpo por ofrecer a quien realmente se lo mereciera- Discúlpame un minuto, por favor, en seguida estoy de regreso contigo- por supuesto luego le mostraría lo que tenía pensado hacer al salir de aquella fiesta, pues ya no aguantaba más la farsa, y no, delante de la Ministra no era buena idea empezar a cargarme gente, menos con tanta seguridad en la fiesta, una estaba loca pero no era idiota.

Me acerqué a la Ministra e hice un pequeña reverencia con la cabeza, a modo de respeto, ¿Actuación? Y digna de un Grammy, por lo que pasaba por mi mente el mal trago iba a ser superado con creces- Una fiesta deliciosa, señora Ministra, tan radiante como su mandato -sí, radiante y fugaz como un cometa, no le quedaba demasiado a la mujer en su cargo, los signos de la edad y la vida ya hacían mella en ella.

Volví a hacer un pequeña reverencia en señal de respeto y me dirigí hacia el pequeño entarimado que había a un lado dle bosque, por si alguien se le ocurría amenizar la velada con sus dotes artísticas. Dí unos golpecitos al micrófono y cuando empezó a distorsionar, sonreí- Disculpen, quisiera cantar una canción que muestra como me siento yo en estos momentos, y quisiera compartir con todos ustedes mi inmensa alegría de esta noche- sólo necesitaba colocar la canción y hacer playback, aún no controlaba el francés a nivel nativo, y no iba a quedar mal delante de tanta gente.

La música comenzó a sonar y me quedé mirando las caras que miraban hacia el escenario, memorizándolas, el enorme hombre acababa de abandonar la fiesta y a Rabastan y a mi nos quedaba poco para pasar una noche de Halloween como los cánones mandaban, y el imbécil de Rodolphus que hiciera con su vida lo que le diera la gana, que se follara a quien quisiera y ahora ya sin reparos, que no tenía que seguir siendo fiel a una mujer que jamás le sería fiel, pues le había sido impuesta, cuando ella, osea yo, siempre hacía lo que me daba la gana, y ni su apellido ni mi padre había conseguido jamás imponer unos límites. No podías encerrar una serpiente, eran demasiado escurridizas y frías.

Simplemente dejaba que la boca se moviera, pero de mi voz no salía ni un balbuceo, aunque no hablara el francés, lo entendía, y sí, aquella canción iba completamente con mi estado de ánimos en esos momentos. Por supuesto seguía actuando, haciendo los espasmos propios para tomar aire cuando necesitaba soltar varias palabras juntas y colocando los labios como si estuviera yo misma cantando aquellas estrofas. Elevé los brazos y negué con la cabeza, dándole más teatralidad a la actuación, miré hacia el cielo estrellado y terminó la canción, bajándome del pequeño entarimado con varias reverencias, en este caso a mi único público importante, Rabastan Lestrange. Ahora llegaba el momento de pasárnoslo en grande, menos mal que había aparecido para sacarme de aquella fiesta, y no tener que ver la cara de amargado de mi marido, pronto, pronto, ex-marido, en cuanto la mujer a la que le había vanagloriado la magnífica fiesta plasmase su firma en aquel pergamino mágico.

Regresé a su lado y lo tomé del brazo- Sé que Lucius está colado por mi hermana, y sé que mi hermana está colada por Lucius, y que se aman y que ambos ansían el poder, y que harán una bonita pareja, sé muchas cosas Rabastan, conozco a mi familia, más de lo que ellos quisieran, y también conozco a la tuya y sé en quien depositar mi confianza- le guiñé un ojo divertida pasando por al lado de los guardias que seguían franqueando las entradas y las salidas- Tu hermano debe estar tirándose a una cualquiera en estos momentos, yo prefiero celebrar esta noche de otra manera. ¿Te vienes?
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Invitado el Sáb Nov 12, 2016 3:40 pm

Interacción con Bellatrix lestrange y salida de la fiesta junto a ella

No me esperaba para nada su respuesta aunque no entendía como después de conocerla aún me seguía sorprendiendo lo directa que era, tuve tentación de mirar hacia abajo. Aunque debía de darle la razón aunque no dijera nada al respecto, el traje apretaba bastante en la entrepierna y estaba deseando deshacerme de él y ponerme algo más cómodo y por supuesto menos apretado.  Entonces tome consciencia de toda la frase y no pude evitar pensar ¿Dónde me había visto desnudo? Porque posible por supuesto que era, pero no me había ni dado cuenta. Bellatrix era la única que lograba hasta ponerme las orejas rojas y ponerme nervioso y no por mantener precisamente el control, tenía esa especie de poder en mí que por supuesto ponía todo de mi parte por esconder y lo había logrado durante años.

En cuanto me hablo sobre el divorcio le di mucha importancia, pero en esta ocasión parecía decido tan convencida que vi que al menos debía decir algo por mi parte. —Pensé que era un rumor, como otras veces—Dije finalmente, aún tenía mis dudas al respecto pues no era la primera vez que lo oía después de lo mal que se llevaban, después de todo siempre eran las mismas amenazas, esas y otras más fuertes, por supuesto caras para adentro. —Bueno si se diera el caso… mi hermano cometería una gran estupidez porque es imposible que encuentre a una mujer tan bella como tú, con tan buenas cualidades y de tan buena familia— Aunque también opinaba que si no se tragaban entre ellos continuar con el matrimonio también era una total estupidez, era mejor que ambos estuvieran libres y buscaran o estuvieran con quién en verdad quisieran. —Sí, claro aquí estaré esperándote—Me quede mirando cómo se alejaba y aproveché para observarla descaradamente tomando detalle de cada uno de sus movimientos.  

¿Espera dijo lo que creo?” Con Bellatrix era complicado saber cuándo te estaba tomando el pelo o cuando te decía la verdad, porque te lo podía decir de igual modo y no sólo era capaz de conseguir ponerme las orejas rojas, sino de quedarse conmigo algo que le hacía reír como era de suponer. “No… seguramente lo decía refiriéndose a otras mujeres no a ella” Sabía que me tenía aprecio al menos me lo había demostrado durante estos años pero de ahí a que pudiera haber algo más había un trecho grande. Desvié mis pensamientos que para mí eran algo imposible e inútiles y más al ver los nuevos acontecimientos, sonreí al ver como hablaba con la ministra y el acabose que fue verla subir a la tarima y ponerse a cantar delante de todo el mundo, en esos momentos tuve que empezar a reír, estaba claro que para hacer eso mi cuñada, no es que estuviera sólo como una cabra sino que encima estaba de muy buen humor. Y su mirada estaba fija en mí así que le guiñé un ojo risueño y cuando la tuve nuevamente a mi lado aún continuaba riendo. —Eso no me lo esperaba, te lo admito, creo que ya me puedo esperar cualquier cosa de ti— Comenté sin perder mi sonrisa.

Al agarrarme del brazo di por hecho que aceptaba mi oferta de seguir con la fiesta de otro modo y en otro lugar, por suerte siempre iba preparado con otra varita que no fuera la mía, bien guardaba a buen recaudo, pero antes debía cambiarme. —No dudo en ningún momento que sepas cosas de ambas familias, después de todos ambas familias nos conocemos de mucho tiempo—Prácticamente desde niños, con reuniones puristas. —Y doy por hecho que confías en mí, por supuesto—Levanté la cabeza con cierto aire de orgullo.

Por su buen humor, su guiñó y comentario vi que le importaba bien poco que mi hermano estuviera en esos momentos con otra mujer. Y yo quería pasármelo bien matando, tenía nuevamente esas ansias y luego irme de copas. Y mu cuñada era la mujer perfecta para hacer ambas cosas y luego hablar de nuestros asesinatos sin tapujos, hasta recibir algún que otro consejo por su parte—Claro que voy, si ya te lo ofrecí. Pero no sabía si tenías otros planes en mente, pero antes comprende que debo quitarme este traje incómodo y absurdo—Algo que no era complicado hacer.  Seguí unido a ella, no era algo extraño que nos vieran juntos aunque muchos no me reconocieran por él trabaje que llevaba,  y de igual modo tampoco era algo que pensaba que a mi cuñada le importara, así que salí de la fiesta junto a ella dispuesto a pasármelo bien.
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Invitado el Sáb Nov 12, 2016 10:54 pm

Interacción con Steven y Warwick|Abandono de la fiesta.

Comencé a reír por las chorradas que mi amigo decía, Steven no iba a cambiar en la vida, y eso me encantaba de él, era como el clavo ardiente al que te podías coger sabiendo que era imperturbable en el tiempo, que siempre tendría la sonrisa puesta en los ojos, que era tremendamente tierno e infantil, como un osito de peluche. Esas muecas que ponía de continuo, ya las había puesto cuando lo conocí surfeando, mi vida estaba ligada al mar, por eso no me suponía ningún mal vivir en una isla, aunque fuera más pequeña que Inglaterra.

Lo que sí me producía mal humor era separarme de la costa, mantenerme alejada del mar, no poder meter los pies paseando por la playa, contemplando un amanecer después de la carrera matutina o un atardecer si viajaba hasta la otra punta de mi pequeño país, en donde había situado mi final residencia, en donde estaba empezando a formar un hogar, y además me había tropezado con ese príncipe que le había dicho a mi mejor amigo que no le cerraría la puerta en las narices la noche que terminamos de fiesta en Londres, antes de mudarme, tras perder aquella apuesta en la que seguía investigando, pues estaba convencida que el Patronus y la forma animaga de una persona no tenían porqué coincidir, de hecho mi patronus había cambiado a una leona. Idéntica al patronus que poseía mi abuelo, y eso había ocurrido cuando aún ni siquiera había muerto, pero entre nosotros de siempre existió un enlace muy grande, era mi abuelo, pero había ejercido de padre, y ponía la mano en el fuego a que yo había sido para él como una hija.

Le tendí la mano para girar y que contemplara el vuelo de la falda amarilla con brillantes, era un traje de gala, pero decididamente parecía el de la princesa bella, de la película de Disney, la Bella y la Bestia.

- Soy lenta con quien necesita que lo sea para entender el significado de mis maneras -y le guiñé un ojo, dándole a entender que si ahora tenía la copa de vino en las manos era porque yo había dejado que la tuviera, y que podía beber lo que le diera la gana, ya vigilaría por él.

Una chica joven subió a la pequeña tarima y no sé si estaba cantando o no, pero la voz era idéntica a la de Edith Piaf, una gran cantante, podía perfectamente estar haciendo Playback, y ahora que la miraba con detenimiento, juraría que era la mayor de las Black, una familia purista donde las hubiera, y ligada a los mortífagos. Pero sus modales distaban del trato que recordaba de ellos con los sangre sucia como solían llamarnos a todos aquellos que descendíamos de muggles, aunque lo cierto es que mi abuelo era mago, y sangre pura, mi madre squib y mi padre muggle, y había tenido una hermana antes de que fuera dado en adopción.

Estaba el problema de la niña VonBranberg, y todo lo que me había comentado Warwick, si aquello no era una premonición, menuda imaginación sádica se gastaba la niña.

- Te debo más que una conversación y una copa, amigo. Tenemos pensado hacer la inauguración de la casa, ya que me dieron las llaves y pude llamar a la agencia, pero ya sabes como trato a mis invitados, así que en cuanto lo tenga todo listo te aviso con antelación, ya sabes, amigos íntimos -y ya fuera por mi trabajo o por mi forma de vida, mi grupo de amigos era bastante reducido, y en los que confiaba plenamente, mucho menor- Pero puedes invitar a alguien si te apetece, será bien recibida por tu amiga.

Puede que no fuera sangre limpia, pero mi abuelo me había educado con esmero, y la sonrisa difícilmente la borraba de mi rostro, aunque lo que más me apeteciera en un momento determinado fuera arrancarle a alguien la cabeza de cuajo, por lo bien que me caía.

Escuché unas campanadas de fondo y abrí la boca de sobre manera- Esta princesa debe desaparecerse antes de que su carruaje vuelva a convertirse en calabaza y su hada madrina se enfade con ella. Nos vemos Osito -le planté un beso en la mejilla, le di un abrazo enorme y tomé de la mano a Warwick- Despídete príncipe -le sonreí a Beatrice, no había podido hablar demasiado con ella, pero esperaba que hubiera recibido lo que sobró del pescado con guarnición para que le alimentara en una de sus guardias en San Mungo- ¿Aparición? -le estaba proponiendo el método para salir de la fiesta y llegar directamente a casa, después de todos los hechizos que habíamos colocado de seguridad durante una noche, nos habíamos reído de lo lindo, porque se nos ocurrieron varios como broma por si se colaba alguien no deseado.
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