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Eyes open wide —Bellatrix Lestrange

Sam J. Lehmann el Sáb Oct 22, 2016 5:50 pm


Era viernes y el trabajo en el Ministerio era francamente agotador. Hoy era un día en donde Sam debía de pasar desde las once y media hasta la hora de salir dando clases de legeremancia a sus alumnos y justo antes de eso tenía demasiadas cosas que hacer como para estarse preparando dichas clases por lo que estaba un poco agobiada.

Una de las cosas era asistir como representante de su pequeño departamento de legeremancia a una reunión del departamento de misterios en dónde se tocarían temas importantes a tener en cuenta, aunque la gran mayoría fueran relacionados con los inefables. Aún así, todos debían de tener conocimiento absoluto de los cambios generales para que luego no hubiera sorpresas o quejas, por lo que ahí estaba ella, atendiendo absolutamente a todos los detalles de la reunión sin que nada le afectase a su pequeño departamento.

Una vez la reunión terminó, Samantha recogió sus informes y salió por la puerta tras despedirse del jefe actual, el cual ya no era su mejor amigo Matt, ya que lo habían relevado del puesto tras el ingreso de la nueva Ministra. No se despidió de nadie más, primero porque ningún Inefable le caía en especial gracia y segundo porque la representante del departamento de oclumancia era una persona con la que prefería tener el menor trato posible dada las circunstancias que las unían.

Sin embargo, nada más salir de la reunión, Sam se encontró de frente con Bellatrix Lestrange y casi se choca con ella. ¿Suerte? Sin duda ese viernes iba de mal en peor. Decidió optar por la salida rápida y evitar así tener que conversar con ella.—Disculpe, señora Lestrange. —Se disculpó con un respeto latente, con intención de pasar a su lado y seguir de largo.

El departamento de legeremancia y el de oclumancia estaban prácticamente al lado, pero Sam esperaba fervientemente que no tuviera que compartir el camino con ella. A veces no tenía claro si era peor ella o su marido.
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Invitado el Sáb Oct 22, 2016 10:49 pm

Jamás había seguido las normas de nadie, siempre haciendo lo que  ami me daba la gana, salvo que ese alguien comulgara con mis ideas. Desde que estudié en Slytherin en el colegio, me había erigido como lo que era, una verdadera reina, y toda aquella escoria que ahora trabajaba en el Ministerio, estaba por ir a su fin.

Pero la peor de todas era la que tenía de compañera en el departamento, una experta legeremante dando las clases a los inútiles que venían al Ministerio a recibirlas. Aparte de tener que reunirnos y vernos la cara durante varias horas a lo largo del día, tenía curiosidad por el hecho de que Sam Lehmann parecía tener una curiosa e imperiosa necesidad de hacer varias visitas para ver a MI marido.

Saliendo de la reunión de la primera hora de la mañana, me crucé con ella, ¿Nos cruzamos tal vez?

- Buenos días, señorita Lehmann -normal que fuera señorita, ¿Quien querría un desperdicio como aquél en su vida? Cara de niña, mocos colgando, maquillaje en exceso. La tediosa Ministra había dejado el Departamento patas arriba, pero tan lista que era...tenía a todos trabajando, los mismos que terminarían sacándole los ojos, nuevas caras, y gracias a ello había conseguido aquel trabajo, suponía que la señora andaría con encefalograma plano, los que realmente podían hacernos daño estaban demasiado lejos y callados como para tomarlos en consideración.

Los aurores que andaban por el Ministerio parecían tener absoluto desconocimiento de sus verdaderos enemigos.

Cuando la tuve cara a cara a la señorita Lehmann terminada la reunión, evité que pasara, debíamos aclarar ciertos principios, si quería mantener aquellos vívidos ojos dentro de sus cuencas.

Elevé la mano para detenerla, muchas cosas debíamos hablar, y parecía que estuviera algo nerviosa- ¿Tal vez hubiera sido más grato tropezarte con el señor Lestrange, señorita Lehmann? -al meollo de la cuestión, iba a descubrir por las buenas o por las malas que se traía con mi marido, porque como me hubiera sido infiel, iba a pagar los dos. Una sonrisa cínica cubrió mis labios, la tomé de un brazo a la altura del codo y empecé a caminar a su lado, presionando sobre el nervio cubital, algo que le iba a producir muchas molestias- Vamos en la misma dirección, será agradable mantener una pequeña conversación, ¿No cree?
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Sam J. Lehmann el Miér Oct 26, 2016 1:33 am

El intento de Sam de seguir de largo ante el encontronazo con Bellatrix Lestrange no resultó demasiado bien. La oclumante le sujetó el brazo y la legeremaga tuvo que parar justo a su lado para volver a mirarla. Aquella mujer le intimidaba, no sabía si por su confiada y directa forma de ser o porque era la mujer de Rodolphus y de ese matrimonio no podía esperarse nada bueno. Además, le daba la sensación de que no era una mujer de fiar y todo lo que presentaba a público no era más que una mentira.

Le pregunta que le hizo le resultó de lo más confusa. La verdad es que no tenía muy claro a qué Lestrange prefería enfrentar. ¿A la mujer de loco, o al loco que puede obligarle a hacer cualquier cosa? A simple vista parecía una decisión difícil.—No suelo ni deseo tropezar con vuestro marido —contestó la joven legeremante con tranquilidad y seriedad. Sintió como la mujer la apretaba el nervio del antebrazo mientras emprendía camino hacia los departamentos en donde ambas trabajaban y frunció el ceño ante la molestia. Sam maldijo interiormente a Merlín, Dios y cualquier ente superior y poderoso por semejante mala suerte en su vida y caminó al lado de Bellatrix con resignación.

A pesar de todo lo que pudiera aparentar Bellatrix Lestrange y lo muy mal que pudiera caer a Sam —ya que eso es un hecho—, no podía faltarle el respeto lo más mínimo ni mucho menos cabrearla. Lo primero porque no quería enfadar a Rodolphus y lo segundo porque no quería enfadarla a ella porque eso cabrearía a Rodolphus. Sam juró respetar a Rodolphus y no respetar a su mujer sería como violar una pequeña clausula del contrato, así que mejor ni siquiera plantear la opción. ¿Agradable mantener una conversación con Bellatrix Lestrange? Verlo para creerlo.—Claro. —Mintió descaradamente con una agradable sonrisa—. Lo cierto es que nunca hemos tenido la oportunidad de hablar a pesar del tiempo que llevamos trabajando juntas y las ramas tan cercanas que ambas dominamos —dijo, por decir algo y alejar la atención del tema de su marido. Sam no quería que ella se aprovechase de eso... bastante tenía ya con tener que obedecerlo a él como para tener a ella todo el día en su trabajo. Sam suponía que Bellatrix era consciente del pacto entre Sam y Rodolphus, ya que al ser marido y mujer suponía que se lo contaban todo—. Si en algún momento puedo hacer algo por usted...
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Invitado el Vie Oct 28, 2016 11:56 pm

- ¿Está segura de ello? -pregunté sin más ante la afirmación categórica que me acababa de dar de Rodolphus, porque alguien que no quería tropezar con una persona no acudía a su casa por su propio pie, ¿O sí? Aquella mujer no me guardaba ninguna confianza, sabía en qué personas podía depositar mi confianza y alguien que se arrastraba delante de otra persona como si no fuera más que una lombriz, no despertaba ningún interés en mí, había niñatos mucho más interesantes en los que malgastar mi tiempo, niñatos o incluso muggles para hacerlos pagar por todas las atrocidades que habían causado a los magos en un pasado. No necesitaba que fueran ellos los asesinos, gente de su estirpe había manchado el legado mágico, arrebatando los inútiles la vida a dos brujas de las seiscientas y pico que dieron muerte- Yo diría que se pirra por los huesos de mi marido. Dejó una mancha sobre mi sofá.

Le acaricié sutilmente el brazo sin dejar de presionar sobre el codo la fibra nerviosa que subía hasta el hombro, nada como conocer un poco la anatomía humana y saber qué puntos podían causar un dolor indescriptible sin dejar rastro de ello, pero prefería la varita y lanzar un cruccio para demostrar el verdadero poder de un mago sobre un ser impresentable, como lo era Sam Lehmann, alguien despreciable desde mi punto de vista, alguien con la cuál no quería tener ningún trato, los pactos que hubiera hecho mi marido con ella, eran suyos, pero debía asegurarme que la hija de puta no se arrimaría más de la cuenta.

- No llevamos tanto tiempo, Lehmann, y si por mi fuera se hubiera reducido éste hace mucho, pero le eres útil a alguien importante, y eso te salva -que me refiriese a Mi Lord o a mi marido, era lo de menos, no la borraría aún porque era útil, en el momento dejara de serlo sufriría cuál insignificante muggle- El caso es que sí que puedes...-volví a sonreír de manera maliciosa abriendo la puerta de nuestro departamento y empujándola sin ningún cuidado al interior antes de cerrar la misma con un hechizo.

La miré detenidamente apuntándola con la varita, sin dejar de sonreír de manera macabra y paseando como si estuviera sobre una pasarela cruzando las piernas y contoneando mis caderas, llevándome varias veces la punta de mi propia varita a los labios, pensativa, sin mediar palabra, hasta que decidí darle una oportunidad- ¿Te imaginas cómo?
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Sam J. Lehmann el Lun Oct 31, 2016 8:46 pm

Segura...—Contestó sin mucha seguridad ante la pregunta ambigua de Bellatrix. No entendía a qué narices se estaba refiriendo. Eso sí, cuando dijo con casi tanta seguridad que el problema allí es que Sam se moría por los huesos de Rodolphus, la legeremaga solo pudo esbozar una sonrisa algo sarcástica y quizás un poco inoportuna. Sam jamás había sentido ningún tipo de atracción por los hombres y está claro que mucho menos por aquel que ha hecho de éste su año más deprimente. Se sentía doblegada; ¿qué clase de mujer podría sentir amor ante tal sumisión? Solo una masoquista y no era el caso de Sam.—Señora Lestrange, le puedo asegurar que mis intenciones con su marido son meramente profesionales y que nuestros encuentros son enteramente dedicados al trabajo. No tengo ningún tipo de intención de seducir a Rodolphus ni tampoco la he tenido nunca. Me disculpo si le he podido dar esa impresión, no quería faltarle el respeto. —Odiaba con toda su alma tener que hablarle tan bien, porque a cualquier otra persona Sam podría haberle mandado a la mierda ante tal insinuación acusadora.

Sam intentaba apaciguar a la bestia para que así le dejara en paz y sus caminos volviesen a separarse, pero no fue tan fácil. Sus peores deseos se hicieron realidad y Bellatrix le acompañó hasta el departamento, sujetándola como si fuese a echarse a correr en cualquier momento. Las amenazas que salían por la boca de Bellatrix desconcertaron a Samantha. Daba la impresión que estar bajo el juramento inquebrantable con Rodolphus era lo único que actualmente la mantenía con vida, lo cual era jodidamente irónico y realmente le asustaba. Quería suponer que la persona importante de la que hablaba Bellatrix era su marido, aunque algo le decía que teniendo en cuenta las circunstancias, podía ser algo mucho más grande.

Al llegar al departamento, un lugar dedicado a la oclumancia y la legeremancia y separado del pasillo central a través de una puerta que daba lugar a una sala que desembocaba en varios pasillos, Bellatrix la empujó y le apuntó con la varita, cerrando la puerta detrás de sí. Sam automáticamente dejó caer sus informes al suelo y alzó las manos para dar a entender que no tenía intención de enfrentarse a ella. Le había cogido totalmente desprevenida y aunque decidiese sacar su varita, ella sería más rápida, por lo que se ahorró ese incómodo momento y decidió optar por la vía pacífica. Ante la pregunta de Bellatrix, Sam contestó intentando sonar tranquila.—Si sois tan imaginativa como vuestro marido, tengo realmente difícil para adivinarlo. —Contestó la legeremaga—. Sea lo que sea lo que pueda hacer por usted, no hace falta que sea a punta de varita. Si bien nuestras ideologías no son las mismas y tendremos discrepancias en otros temas, en este momento nuestra lealtad y apoyo están en la misma causa y eso, aunque no nos hagan amigas, nos hace aliados. —Intentó librarse de aquella amenaza a punta de varita, ya que no se fiaba lo más mínimo de aquella lunática con la varita en la mano. Le daba la impresión que ante una palabra mal formulada o una frase ambigua, Bellatrix podría atacarla y no quería eso.
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Invitado el Sáb Nov 12, 2016 4:57 am

Comencé a reír ante su titubeo, ¿Por que no era más fácil con ella que con otras personas? Igual la había infravalorado, igual me iba a ser de gran utilidad, seguro que me iba a ser de gran utilidad, cualquiera que supiera como iban realmete las cosas sabía que quien llevaba los pantalones en aquella relación era yo, Rodolphus era demasiado monigote, todo bocas pero nada de hechos. ¿El caos? El caos no se liberaba mediante palabras y manipulaciones, para liberar el caos había que pasar a la acción y yo ya tenía con quien, dos personas de hecho, en una no confiaba nada, en la otra, pese a llevar mi mismo apellido de casada, completamente. Siempre había habido una unión muy especial.

Me iba a convertir en la mejor mortífaga que había estado en las filas ed Lord Voldemort, iba a liberar el caos en todos los estamentos, y quien no se cogiera a rueda se quedaba fuera. Lo que tuvieran ella y Rodolphus entre manos, era cosa suya, a mi me traía sin cuidado, entendía la postura dél, si no llegaba a dar la talla era normal que quisiera follar con niñas, siempre eran más fáciles de contentar pues les faltaba experiencia.

Además, mi compañera de departamento estaba de muy buen ver. Me guardé la varita y me acerqué hasta ella para acariciarle el rostro con un cuidado que rara vez mostraba, como si estuviera acariciando la cara de un ángel- Tienes que decirme qué jabón usas, esa delicadeza me suena al jabón que se hizo en los campos de concentración judíos con la grasa de bebé y que aún se vende en Borgin and Burkes- volví a sonreír, pero esta vez de manera sincera y retiré la mano, concediéndole una libertad que pocos le habrían concedido, más estando tan bien posicionados en las filas de MI Lord.

- Sammy, Sammy, ¿Puedo llamarte Sammy? -me traía sin cuidado lo que pensara, a partir de ahora ella para mí era Sammy- Te voy a proponer algo que no vas a poder rechazar. Tienes total libertad para insultar a Rodolphus en mi presencia todo lo que quieras. Necesito una amiga de verdad, alguien en quien poder confiar y que sepa de antemano que no me va a fallar como tú, porque sabe que no le conviene fallarme, pues me conoce y sabe hasta que punto puedo llegar por una venganza. A partir de ahora, estás conmigo. Te alzaré ante todos, encontrarás el poder sólo si sigues a mi lado, apoyando cualquiera de mis decisiones. No quiero un sí mi ama y que agaches la cabeza, te quiero ver con la cabeza bien alta, con arrogancia y quiero que te cameles a mi marido, que te abras de piernas de ser necesario, no te preocupes por su tamaño, dudo mucho que llegues a notarlo, el clítoris de una mujer bien follada abulta más que su pene -el plan estaba en marcha- Quiero que confíe en tí, y si por una de esas llegas a enamorarte de él, simplemente rompemos el acuerdo. Ni Juramentos Inquebrantables de por medio, ni nada, simplemente tu palabra y la mía. Éstate segura que si sigues a mi lado llegarás a lo más alto, con él no serás más que la sombra de un hombre sin palabra ni escrúpulos -porque la bronca que habíamos tenido en casa había sido descomunal, y Rodolphus no sabía con quien se estaba jugando los cuartos. Si se pensaba que yo, Bellatrix Black iba a agachar la cabeza como si fuera Voldemort simplemente por ser el marido que me habían impuesto, y me iba a coartar la libertad, ya podía empezar a abrir los ojos. Esta era la primera venganza contra él, por haberme intentado manipular. Al maestro no lo cazabas con sus mismas tretas.
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