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Tras un buen día [Raizen]

Invitado el Dom Oct 23, 2016 7:37 pm

20:00 hrs
Sala común de Gryffindor.

Nunca había nadie que le dijera a que hora dormir, lo que era agradable.. No porque fuera incapaz de hacer caso a una orden tan básica, sino, porque con los años se había acostumbrado - casi a modo de manía- a aprovechar el silencio que había cuando ya casi todos abandonaban la sala común. Era su momento, uno de los pocos donde podía dejar de correr por los pasillos y dejar de reír estruendosamente, dando paso a esa personalidad un poco calmada que en ocasiones no olvidaba; pero solamente en estos momentos, cuando sus amigos estaban en sus camas, podía aprovechar.

Y no era su única manía al atardecer, el lugar se había inundado de un suave aroma a canela, mientras que sus delicados y alargados dedos, sostenían una taza humeante de chocolate. Sus ojos, de naturaleza marrón, ahora brillaron intensamente en un color ámbar al recibir los últimos rayos de sol directo al rostro y entonces, se esfumó, afuera las tonalidades se volvieron violetas y lentamente, pasaron al azul oscuro, de un momento a otro, el cielo parecía ser un oscuro manto plagado de pecas blanquecinas. Estaba segura que el tiempo no había pasado tan deprisa como ella lo había sentido, lo sabía porque la taza de chocolate ya no quemaba su piel. Sus piernas se encontraban sobre el sillón, dando una apariencia mucho más pequeña de lo que realmente era. Claramente, Samy no destacaba por destacaba por ser una chica de gran estatura o por ser el tipo de chica que alguien voltearía a mirar, al contrario, se consideraba una chica menuda  y sobre todo, no podía llegar a ver una mujer cuando se veía en el espejo, sentía que continuaba siendo una niña. El cabello acarició su rostro cuando apoyó su mejilla en el respaldar del sillón, nadie se había dedicado a buscar conversación, ya fuera porque los leones se habían acostumbrado a verla ensimismada durante las tardes o simplemente porque estaban ocupados, lo que si, hacía un buen rato había dejado de prestar atención a las conversaciones ajenas.

Un ligero suspiro escapó de sus labios antes que la taza llegara a estos y tomara un sorbo de un delicioso chocolate amargo, endulzado apenas y con canela, cuyo aroma era irónicamente, el que destacaba. Aburrido, afuera no había mayor movimiento que el titilar de las estrellas, lo que hacía que su vista se hubiese vuelto rutinaria. ¿Eh? Volteó ligeramente al escuchar, sin embargo, su expresión no fue dirigida a nadie en especial.
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Invitado el Sáb Oct 29, 2016 4:33 am

Me encontraba subiendo las escaleras para dirigirme hacia mi habitación, no había nada que hacer por el momento, venia de dar una caminata corta por las afueras de hogwarts, no quería irme tan lejos sino seria regañado y tendría que usar mi varita por las dudas si hubiese algo que quisiera atacarme. Iba llegando a la parte de gryffindor, mi casa, siempre era el mismo sistema, salir de la habitación, ir a clases, volver, recitar el fastidioso código a la dama gorda que esta parecía olvidarse de todo aquel que pasaba por ahí, porque cada vez decía "¿Quien eres tu?", y eso me ponía de los pelos. Luego de pasar por el retrato para entrar a la sala común, siento un olor bastante dulce, como a café. Por lo que me llamo la atención ya que ningún chico o alguien que yo conociere, tomaría café dentro de la sala por ende me asomo a ver quien era. Al mirar era una chica con el cabello rojo y pecas, a decir verdad era muy linda, que estaba echada sobre el sofá como toda una reina disfrutando de su taza de café caliente. Me dirijo hacia la sala común y veo que ella me mira sorprendida... - Hola, disfrutando el día? Por cierto soy Raizen es un placer. - Dice raizen a la chica pelirroja.
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Invitado el Lun Nov 07, 2016 5:30 pm

Mantuvo la mirada en el chico, siete años en Hogwarts le habían llevado a conocer bastante bien a la mayor parte de quienes se movían en el castillo, mucho más a quienes pertenecían a su misma casa. Escuchó el nombre, eran cientos de veces las que se habían topado en clases, en la sala común o en los mismos pasillos, sin embargo, no habían hablado hasta ahora. Samantha mostró una sonrisa amplia en los labios, que se mantuvo por un buen rato. Disfrutando lo que queda de el. su voz era muy suave, siquiera había alzado el tono, porque en ese preciso momento no había necesidad, ya el silencio se iba apoderando del lugar. Aunque ha oscurecido, ya casi no logro ver el paisaje. dijo decepcionada, como una niña a la que le han quitado su caja de crayones.

Yo soy Sam. Samantha, pero si te es muy largo, puedes acortarlo, con confianza. dejó su taza de chocolate sobre la parte sobresaliente en la ventana, donde hacía apenas equilibrio. ¿Quieres sentarte, Raizen? Creí que la mayoría se estaba por ir a sus cuartos. ¿Estabas aburrido? Para ella no había problemas tener que estar con alguien, era una persona extremadamente sociable y se sentía bien en compañía, por esa razón siempre se mostraba tan accesible. Dio unas palmaditas en el sillón que estaba a su lado, en la invitación menos sutil a que se sentara junto a ella. Cuando el sol se ocultaba, la mayoría de las personas iban a sus cuartos, a terminar deberes o estudiar, los más perezosos a dormir y otros tantos se dedicaban a mantener largas conversaciones. Samy siempre quedaba sola a esa hora, así que hasta agradecía que el chico estuviera ahí.
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