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Apariencias [Amelia]

Invitado el Lun Oct 24, 2016 11:20 pm

Hogsmade, sábado de octubre de 2016

El sol brillaba y la brisa hacía de aquel día un fantástico y fenomenal momento para pasear con Lightning... En mis sueños.  

La lluvia caía incesante sobre las calles de aquel pueblecito que ahora parecía la bella Venecia en un día de mierda y allí estaba yo, con el pequeño Light reliado en mi chaqueta y el chubasquero para que no se mojara mientras yo me daba una fantástica ducha demasiado fría para mi gusto. Volvía a escupir el agua que entraba en mi boca mientras el cachorro buscaba mordisquear las gotas que caían frente a sus ojos y se revolvía entre mis brazos.  

- Lightning, quédate quieto... - Ordené sin demasiadas ganas. Mis pasos avanzaban hacia el Tres Escobas, un lugar que añoraba y al que hacía tiempo que no iba por la cantidad de trabajo de las últimas semanas, la investigación que estaba llevando a cabo no estaba dando sus frutos y verdaderamente necesitaba un día de relax, pero parecía que lo único que tendría sería un día en remojo en el que el único que se lo pasaría bien sería la pequeña bola de pelo. Miré el bulto que estaba hecho en mis brazos y sonreí.  

La calle estaba desolada, ni un alma más que la de un vagabundo, o algo que parecía uno, en uno de los callejones y los gritos de una casa cercana. - Que maravillosa es la vida... - Comenté resignado en un susurro a la vez que intentaba comprender para que narices había cambiado mi apariencia. Así pasaré inadvertido y no me molestará nadie, fue lo que me llevó al cambio, todo será mejor así.  

Volví a escupir agua y el asco se materializó en mi cara y el ladrido de Light se ahogó con el sonido de la lluvia, azotaba con fuerza y el viento no ayudaba.  

- Prohibido perros. - Me dijo el tipo de la barra cuando al fin llegué al antro al que buscaba llegar. - ¿No lo has visto fuera?

- Venga hombre, es un cachorro y con lo que está cayendo se morirá congelado ahí. Te pagaré el doble por cada copa. - Intenté tratar con el tendero y su gesto me indicó que había aceptado. En cierto modo, no pensaba que saliera tan bien y mucho menos a la primera así que sin pensarlo dos veces busqué una mesa vacía. Algo no muy costoso porque a las cuatro de la tarde y con un diluvio apocalíptico allí solo había un elfo, dos borrachos al fondo y el camarero. Algo que no me molestaba puesto que no tendría tonterías con nadie. - Una de lo más fuerte que tengas, un pastel de galleta y un vaso de agua.  

- Marchando, el agua te la cobro también por el perro.  

- Si, si. - Comenté riendo y acariciando mi nuca. - Ves, este señor tan bueno te ha dejado que te quedes así que no te vayas a portar mal ¿Vale?  

El cachorro asomó el hocico entre la tela de mi chaqueta y me miró con aquella carita inofensiva de que no había entendido nada pero que tuviera claro que en cuanto pudiera la liaría. Sonreí y le acaricie.  

No era el día de paz que había planeado pero era un día con el pequeño y eso debía valorarlo. No permitiría que nada me lo fastidiase.

Apariencia física:

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Invitado el Vie Oct 28, 2016 10:30 am

No era nada inusual ver a Amelia por Hogsmade un fin de semana, pero lo raro era verla por ahí cuando había un diluvio. Por su suerte, la había pillado ya dentro de las tres escobas. Suspiró mirando por la pequeña ventana que tenía al lado, no había nadie por la calle. Un cuaderno y un carboncillo iban a ser su único entretenimiento esa tarde, al menos hasta que parara de llover. No la iba a molestar nadie, pues estaba escondida en una mesa que estaba detrás de una columna, solo los que tenía al lado podían verla. Es más, ella no se había percatado de ese sitio hasta hacía un par de semanas, que lo vio cuando se sentó al lado.

Los minutos iban pasando y tras media hora sin apenas tomar nada más que un zumo de calabaza, el estómago de Lia empezó a sonar. Por un segundo se avergonzó por si alguien la había escuchado, pero tras ver que apenas estaba sola en ese lugar, se tranquilizó. Dejando su cuaderno, se levantó y dirigió su paso hacia la barra, que ahora estaba ocupada por un chico que recién había entrado. Se sentó a un lado a la espera de que el camarero estuviera libre mientras miraba a ese desconocido de reojo. Parecía que llevaba algo en la chaqueta y tras escuchar lo que le decía al camarero, era un perro. Sonrió con ternura cuando éste la miró, pero no dijo nada más.

-¿Querías algo más, preciosa? – Amelia asintió avergonzada. - S-sí… – El camarero esperó a que la morena pidiera lo que quisiera y ésta se giró para dirigir su mirada hacia el chico y su perro. - D-dos platos de… ¿Carne estofada? – Preguntó, pues realmente no sabía si tenía ese plato disponible. - O lo que sea… M-mientras esté caliente y contenga algo de carne… – El chico asintió con una sonrisa y trajo los dos platos de estofado. - Este no te lo voy a cobrar, pues veo tus intenciones. – Guiñó un ojo y Amelia pagó solo un plato agradecida.

Con pasos pequeños y cuidadosos, fue hacia la mesa del chico y del animal que tenía, seguramente que estaría hambriento. - P-perdona… – Susurró apenas estuvo a su lado. - Y-yo… C-creí que… T-tendría hambre… – Dirigió su mirada hacia el perro y dejó uno de los dos platos en el suelo, al lado de la silla del chico. - E-espero que le g-guste… – Agachó la cabeza haciendo una pequeña reverencia y con timidez se fue a su mesa, dejando su plato en ella. Guardó el cuaderno en su bolso por ahora y al levantar su mirada vio que tenía al chico a dos mesas de dónde estaba.
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