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Canibalismo (Warwick A. Moorcock + Eunice L. Lyall, + S. Natasha Kuznetsova Privado)

Invitado el Sáb Oct 29, 2016 11:38 pm

Recuerdo del primer mensaje :


Big Evil caminaba a sus anchas por las calles como si poseyera el lugar, no sólo eran imaginaciones sino la gente al verle se apartaba. Tenía ansias y ya tenía un objetivo en el que se encontraba trabajando, por supuesto requería tiempo y había elegido el momento perfecto para terminar con toda la familia al completo, por ello debía seguir estudiando a cada miembro de la familia, su personalidad y temores. Y así él podría decidir concienzudamente qué clase de muerte les daría.  Pero de momento bien podía pasar un buen rato, por ello Big Evil decidió salir de noche donde se sentía el rey del mundo y más allá de la ley. Paso un tiempo en un bar de moteros la mayoría con chupas de cuero, lo miraban curiosos pues al ser tan inmenso y vestir de tal modo no era de extrañar, Big se preocupaba por su imagen, su verdadera imagen en dónde era él y no tenía que fingir ningún papel. Se levantó y dio una patada a un taburete esperando que alguien se dignara a decirle algo, al no recibir contestación salió riendo del establecimiento.

Aún había mucha noche por delante y Big Evil estaba hambriento, deseoso de terminar con una vida rápida sin esfuerzo, pero sentir esa vida irse a cada segundo. Era tan vital para él como el respirar, algunos lo llamarían loco demente pero él se consideraba todo un genio por encima de la vida y la muerte. Su propio cuerpo estaba tatuado y herido por sus propios machetes y había sobrevivido, un alemán llego a clavarle una estaca y aún continuaba vivo para poder seguir con su arte.  Vio pasar gente por su lado que se apartaba de miedo al verlo de noche y él sonreía mezquinamente tanteando quién tendría el honor de satisfacer su placer esa noche.

Aún en su estado más insaciable era consciente de que debía buscar la oscuridad, así que tomó uno de los callejones poco alumbrados al estar las farolas petadas. La poca luz que se filtraba de la luz dejaba ver escasas cajas en las que en su interior posiblemente dormía un vagabundo, las victimas más fáciles y que menos importancia tenían para el sistema.  Big se detuvo al ver una silueta tambaleante que hablaba solo con una botella de licor en la mano derecha.

¿Nagie creee oe pero se soy coronell de los águuilas, Will eres un idiota… ¿tú qué errres? Un meirda, te fuigaste el díaa tu boda— Continuaba relatando el borracho tambaleándose y terminó por apoyarse en la pared.  Big Evil empezó acercarse a la que sería su próxima víctima, los órganos de aquel alcohol bien podían tener un regusto a licor. Por supuesto Big sabía que el mejor buque era la gente totalmente sana, el gusto era exquisito.

¿Will? Estojd viendo un gignate— Decía el borracho al ver como Big Evil se aproximaba a él. —¡Will, miraaaaa!

Un hombre desde el interior de las cajas contestó malhumorado. —¡Calla ya Peter, algunos queremos dormir! Siempre con tus monsergas e historietas del ejército. Ya no sabes cómo llamar la atención.

Big Evil agarró la garganta del mendigo para evitar que siguiera molestando y negó con la cabeza para que le obedeciera, se ladeó y aflojo el agarré. El borracho respiraba con dificultad y su pulso era elevado. Big arrancó la oreja derecha de cuajo con su propia boca, saciando así su sadismo provocando un grito de dolor y congoja.  Will se asomó desde su caja al oír el grito y al ver algo inmenso y borroso por la escasa luz volvió a meterse en la protección de su caja, callado y  sin moverse esperando así vivir. William Bestan un ex arquitecto enganchado al juego que lo había perdido todo por lo mismo, ni valor para ir al día de su boda había tenido, pero en las calles había aprendido que si quería sobrevivir era mejor hacer oídos sordos y tener los ojos cerrados…


Última edición por Petar Slavkov el Lun Nov 07, 2016 1:21 pm, editado 2 veces
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Maestro de Dados el Jue Nov 03, 2016 10:03 pm

El miembro 'Warwick A. Moorcock' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


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Invitado el Vie Nov 04, 2016 4:49 pm

Desde niño Big se había dedicado asesinar, a esconder su verdadero ser con los de su entorno que podían identificarlo, consiguiendo su verdadera imagen después de probar más de una vestimentas hasta dar al fin con su verdadero yo, aquel que le hacía sentirse identificado desde dentro hacia fuera, no obstante cara al resto vestía impoluto, como vestía en el ministerio con ropa de calidad o al menos de buen vestir. Trabajar en el ministerio le aportaba más dinero que trabajar como heladero o camarero y pasaba sus ratos arreglando cosas que ineptos estropeaban, algo que había aprendido desde niño con su padre, por tanto era hábil en ello. Aunque lo que más le aportaba a Big trabajar en el ministerio no es que el sueldo fuera mejor o que pudiera realizar algo que se le diera también, es que podía tener mayor control de los aurores que se mantenían en el ministerio, reconociendo su cara y siempre que podía echando una ojeada cuando entraba en el cuartel para ver en que trabajos estaban, algunos hasta se les iba más la lengua entre ellos haciendo oídos sordos a que el propio Petar se encontraba arreglando los archivadores, zonas de lluvia o malos usos de las sillas o cajones, cualquier cosas que requiriera ayuda de mantenimiento. Siempre se esforzaba por ser él el que asistiera al cuartel, no uno de sus compañeros.

Lo mismo había pasado en el ministerio de Nueva York, dónde había visto tanto a Warwick como a otros Aurores, inclusive Petar había visto como algunos llegaban a ser corruptos algo que en el británico no cambiaba mucho, el dinero podía mover montañas, el dinero y las ideologías puristas. A él simplemente le daba igual, le gustaba matar y punto no había nada más satisfactorio para él que una buena muerte, pero no matar sin más sino torturar, era el punto de mayor auge y le gustaba tener público, por ello prefería matar a más de uno y más cuando existían sentimientos de por medio, ver ese sufrimiento en la mirada al perder algo tan querido y la impotencia de no lograr hacer nada para evitarlo, eso era sin duda para Big el mejor de los afrodisiacos.

Pero el lazo en américa se estrechaba y los no corruptos iban tras él, tanto que en más de una ocasión Petar pensó que darían con él, por ello supo que era hora de partir, al igual que le paso en Italia y Alemania. Y ahora tenía que encontrarse con Moorcock y no le hacía más que complicar las cosas, más ahora que se había aliado a la otra Auror.

Lo sé, la próxima vez uno de los dos morirá.

Big le dio la espalda al Auror que se desangraba, acercándose al mendigo para llevárselo, sabiendo que probablemente el Auror utilizaba la energía que le quedaba para cortar la hemorragia del corte. Pero cuando golpeó contra la pared gruñó al haber subestimado al Auror. Se tambaleó hasta llegar al mendigo que inerte esperaba en el mismo sitio, tiro de él algo mareado por el repentino golpe en la cabeza y lo cargo. Debía de irse cuanto antes, para evitar la caballería y como siempre intentar no dejar ninguna huella en el camino. Se alejó por las callejuelas con la carga a sus espaldas, tenía mucho por hacer y debía alejarse todo lo posible del Auror.
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Invitado el Sáb Nov 05, 2016 10:16 pm

Me había imaginado tantas veces el encuentro con Big Evil, tantos posibles escenarios y finales. Pero este no estaba en ninguno, era comprensible que la realidad siempre superara la ficción o a veces se quedara algo atrás y es que Big siempre terminaba apresado o asesinado de mil formas de diferentes. Aunque allí en el suelo débil como me encontraba, un pequeño pensamiento de haber tenido la pesadilla en mis primeros años como Auror de ser asesinado por Big Evil, todo por haberme ido a dormir con todas esas imágenes escalofriantes.

Se alejaba, pues ya no oía sus pasos y por más que quería levantarme y seguirle no podía. No estaba hechizado, sino debilitado y como no parara la hemorragia y me preocupara en que me vieran el estómago, iba a estar en serios problemas. En muchas ocasiones había oído la expresión de que cuando estás próximo a morir ves tu vida pasar, yo había estado a punto de morir en varios momentos y sin embargo no pasaba nada por mi cabeza. Sin embargo esta vez era todo tan distinto, tenía a Eunice en mi vida aquella enana de la que tanto me había hablado Neisser, a la que aún no había ni podido darle la carta, quería continuar con nuestra relación, quería poder cumplir mis promesas de mantenerla segura y entregarle la carta, quería formar esa familia si ella estaba dispuesta a ello, quería volver los ojazos azules de la pequeña Ziva a la que había prometido proteger, tenía tantas promesas por cumplir que no podía rendirme.  “¡No ahora!” Tenía ahora tanto por lo que vivir. Hasta Eunice ya me había hasta presentado en la fiesta como su príncipe y es que iba disfrazado de príncipe, pero debía haber algo más encerrado con su amigo referente a lo de los príncipes por las miradas y las risas, pero llegó a besarme delante de todo el mundo. Por tanto ella estaba sintiendo lo mismo que yo.

Cumpliré con todas mis promesas” Mi mente divagaba, necesitaba ayuda y ya no tenía mucha fuerza como para más hechizos que sólo uno. Requería atención médica y en el mal caso de que muriera, al menos debía de entregarle una carta a Eunice, debía solucionar el problema de Ziva y su mal ambiente familiar y en eso Eunice era la única que podía ayudarme, ella y los contactos que teníamos en diferentes lugares. No pretendía morir, pero necesitaba tener todo bien atado, porque después de todo era un simple humano al que le decían ser mago, cuando nadie en su familia lo era. Un auténtico muggle que podía realizar magia y al que llegaron a la conclusión de que debía de ser mestizo, y algún antepasado mago.

Un último hechizo ¿Pero cuál? ¿Tenía fuerza suficiente? Debía ponerme en contacto con quién más confiaba en estos momentos y en quién más me podía ayudar, además todo esto a pesar del gran dolor había merecido la pena. “No me voy con las manos vacías” Podríamos dar con él aunque no hubiera podido verlo bien ni reconocido. Estábamos próximos a cazarlo y algo me decía que el propio Big Evil debía sentir el calor del fuego pegado al culo.

Cogí mi placa de Auror y me la acerque a la boca sin tener apenas aliento. Cada Auror teníamos nuestra propia placa y sólo podía ser utilizada por uno mismo, huellas dactilares y aliento—Eunice… necesito ayuda estoy herido, en uno de los peores callejones de Londres… busca el localizador, busca... big Evil...— Anuncie débilmente.

Mis ojos se cerraban de cansancio y no tenía ganas de moverme por lo dolorido que me encontraba en esos momentos, ya no tenía fuerzas para parar la hemorragia y entonces todo se fundió de negro.
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Invitado el Dom Nov 06, 2016 8:04 am

Cuando War me dijo que saldría llegada casi la hora de irnos del Ministerio me quedé un poco parada. A ver, una cosa era dedicarte en cuerpo y alma al cuerpo cuando no había nadie con quien pasar los momentos muertos de tu vida, háblese de descanso entre jornada y jornada, o pasarlos con los amigos cuando tenían libre, o salir a correr no sólo porque te mantenía en forma, sino como era parte de tu rutina diaria ya lo habías asimilado y lo necesitabas todos los días del año, hiciera fuera la temperatura y climatología que tocara para el año, pero decir que se iba a los bajos fondos de Londres en busca de una sombra porque se le había metido en la cabeza la idea de apresar a Big Evil...eso ya distaba de lo normal.

Quizás fuera uno de los peores maleantes del planeta, una persona que no se movía por principios, sino simplemente por gustos, que adoraba asesinar, el motor era el más importante y lo que no dejaría que decayera, siempre y cuando encontrase placer en lo que hacía. Se lo había comentado a War, pero me daba que no me había creído, y sabía exactamente d elo que hablaba, porque a mi me pasaba exactamente lo mismo, cuando hablaba de los aurores, de los buenos aurores se podía ver el brillo en mi mirada, pues era pura devoción. Big Evil sentía pasión por el asesinato.

En eso no distaba tanto de los mortífagos, ellos sentían verdadera pasión por sus ideales, necesitaban eliminar todo aquello que se interponía en su camino. Pero irse sólo de aquella manera, sin esperar a su compañero de equipo, ¿Para eso quería yo un compañero, para que se pusiera en peligro en cuanto le diera la bolada?

Sí, estaba molesta, bastante molesta, no sabía si era la única que veía aquello de aquella manera, pero era mi manera de ser, la pareja de aurores no se separaba salvo cuando la situación ya estaba controlada, no te la podías jugar, por más buenos que fuéramos en nuestro trabajo no teníamos derecho a infravalorar a nadie, mucho menos cuando salías a la caza de un tipo que seguía manteniendo en vilo a medio mundo, a un montón de gente preparada, ¿Por que las parejas que me ponían tenían que ser tan individualistas y creerse el ombligo del mundo y que eran capaces de detener el mal ellos solos? ¿Qué parte de las enseñanzas de "pareja de aurores" no se les había quedado claro en la Academia? ¿Y quien pagó el pato de toda mi mala leche? El pobre saco que teníamos en el gimnasio del departamento el cuál terminó con las camisetas de su interior desperdigadas por toda la sala, y el novato que le tocó recogerlas cuando viendo el reloj de pulsera parado en las diez y dos minutos, un reloj que no me había fallado en la vida, el corazón bajó hasta el estómago y la sensación de que War no volvería al Ministerio por su propio pie, así como las palabras que habíamos estado hablando de las premoniciones de Ziva, se me antojaban que aquella niña iba a ser clarividente y por ello su brillo era distinto al de los demás, incluso se le daba tan mal mentir.

Salí del Ministerio con la varita guardada en el lateral, al lado contrario de donde tenía la funda de la Heckel y me dirigí hacia la zona Este del Támesis, una barriada en donde las prostitutas, vagabundos y timadores hacían mella todos los días, muchos de ellos durmiendo en el Subway para poder cobijarse de las bajas temperaturas de la noche.

La túnica de auror un poco más corta de lo que de normal se llevaba en gris, casaba con cualquier tipo de ropa, pero hoy vestía con vaqueros ajustados a la cintura y de camal recto y botas de cawboy, ropa que me había puesto tras una rápida ducha, junto con la interior, sujetador deportivo y una camiseta de tres cuartos con camisa de cuadros por encima.

De verdad, como le hubiera pasado algo a War me iba a escuchar en cuanto estuviera con las neuronas en su sitio, lo que acababa de hacer aquella tarde no era nada lógico. SÓLO. Había actuado él sólo, sin dar cabida a su compañera, dejándosela tirada en el Ministerio como un perro.

Anduve por las callejuelas, siempre atenta a cualquier sonido que pudiera suponer un ataque, como bien me habían enseñado, con todos los sentidos alerta, no sabía la hora que era, hasta que el Big Beng dio las once campanadas, me había demorado una hora en llegar al lugar, si War iba a actuar solo y meterse en atolladeros sin salida, más le valía avisarlo de antemano, porque mi manera de trabajar cambiaría drásticamente.

El olor en aquellos bajos fondos era nauseabundo, ojalá mi instinto me hubiera fallado y él estuviera en casa preguntándose dónde estaba, pero el pequeño repicar dentro del pecho me hacía sentir que no iba a ser así, y posiblemente tuviéramos nuestra primera pelea como pareja, como compañeros de trabajo, quizás debía explicarle lo que significaba la palabra compañero, porque igual era tan individualista que ni la conocía.

Estos hombres llamados aurores eran tan autosuficientes que me ponían enferma, y claro, luego se llevaban unas palizas impresionantes, por confiar en su preparación e infravalorar las aptitudes de la persona a la que seguían, yo era d elas que prefería pensar que siempre me encontraba en paños menores ante un maleante, un asesino, o un mortífago, no porque me infravalorara yo, sino porque prefería supravalorar a mi contrincante y llevarme la buena estrella de que no era tan bueno al final del día, pero cuando lo infravalorabas, bajabas tus defensas y entonces...pues recibías por todos los lados. Y esa era el verdadero significado de Alerta Permanente, sino que se lo preguntaran a Alastor Moody.

Y allí tirado en el callejón, como sino fuera más que un perro apaleado vislumbré la silueta alejada de la luz de la farola, por lo que mis pasos aumentaron de frecuencia y terminé arrodillada al lado del cuerpo, colocando las yemas de los dedos índice y corazón sobre las carótidas, cerrando los ojos hasta que tropecé con un pulso rápido pero débil a la vez. Genial, estaba a punto de entrar en shock.

Coloqué las manos encima y me desaparecí con él hasta el hall de San Mungo, en donde sujetándolo de la ropa elevé la cabeza para pedir asistencia medimágica.

- ¡Un medimago, por favor! -¿Qué había ocurrido? No lo podía saber, no era vidente, pero aquella niña sí había presagido una buena paliza y pensaba que War tendría aquella advertencia a buen recaudo, pero claro, él sólo, en esto no contaba para nada en mi, quizás no fuera lo suficientemente buena como pareja de aurores, quizás a sus ojos no era más que una cría que acababa de salir del cobijo de las faldas de su madre, quizás se pensaba que dejándome a un lado me protegía, pero no veía que ahora me dejaba en peligro, porque mientras se estuviera recuperando yo andaría coja y nadie me cubriría las espaldas en caso de tener que salir a alguna redada.

Mi hermano y mi novio me la habían jugado en menos de tres meses, a ver si empezaban a abrir los ojos y veían que la sensata era yo, que ellos iban bastante alocados por la vida.

Me recliné hasta su oído para que si le quedaba algo de consciencia entendiera mis palabras- Vuelve a dejarme de lado cuando abandones el Ministerio o salir sin pareja a recorrer las calles y te aseguro que pido traslado -llevaba más de cuatro años sin compañero, pero no quería un compañero que actuaba por su propia cuenta sin consultarme si me parecía bien algo que iba a hacer. Si me hubiera pedido que lo acompañase hubiera ido, pero no me dio elección.
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Invitado el Lun Nov 07, 2016 2:01 pm

Me daba todo vueltas y empecé a recovar algo de conciencia, aun así continuaba igual de mareado y me encontraba sin fuerzas y débil. Pero oía una voz conocida que me hizo sonreír luchando entre la consciencia y la inconsciencia, me esforcé para abrir los ojos y ver aquella mujer que estaba calando en mi corazón y me tenía embobado más de la mitad de la parte de mí tiempo. Sus mismos preciosos ojos, aunque mi visibilidad seguía siendo borrosa por la pérdida de sangre, eso sí podía darme cuenta por su tono de voz y la mirada fija el gran enfado que tenía encima.

Me encontraba en una camilla a que un medimago apareciera atender la emergencia y miré a Eunice, tenía muchas cosas que decirle, pues no sabía cuánto tiempo iba a poder mantenerme despierto y decir cosas coherentes. Tampoco estaba seguro si lograría decir algo coherente en estos momentos como no me atendieran pronto. —Eunice…no te abandone yo no pretendí—¿Cómo le explicaba que en ningún momento realmente había pretendido encontrarme con Big Evil en persona?, por supuesto hacia rondas por si veía un rastro de algo sospechoso. Además debía aprovechar el momento no podíamos permitir que las pruebas desaparecieran o lo que era más importante se ensuciaran y por tanto ya no fueran utilizables. —El…ufff—Suspiré tomando aliento. —El maletín los dedos—intente levantar la mano para hacer hincapié a los dedos llenos de sangre y seguramente de tejidos y residuos de Big Evil —Tenemos al cabrón…—Conseguí decir al fin, además estaba seguro que mi hechizo le había hecho golpearse contra la pared y posiblemente causado sangre. —En el… callejón la pared la sangre de la pared—Esperaba que con la de los dedos fuera suficiente pero teníamos también la de la pared, y Eunice se debía dar prisa a tomar las pruebas de mi propio cuerpo antes de que un medimago me atendiera y terminara por limpiarse cualquier rastro de ello. —Se estaba comiendo a un mendigo, no sabía que... era él pero se acerco a mí y me lo dijo, me conocía y te conocía—Logré decir de nuevo debía poner las pocas energías que tenía para darle cualquier información posible antes de que la inconsciencia hiciera acto de presencia y me llevara de nuevo al mundo de los sueños o el llamado limbo. —Yo debía detenerlo…se lo llevo para evitar pruebas, pero tenemos al cabrón—Medio sonreí, el dolor del costado y el estómago dolía intensivamente, sólo había que comprobar las muestras con todas las que estaban registradas en el ministerio, todo mago ya fuera mestizo o puro era registrado al nacer. “No quiso matarme en esos momentos” Y me había pillado tan de sorpresa y sin ayuda que podría haber sucedido, no habría sido el primer Auror en sus manos en morir, conocía a otros que habían muerto a manos de él, Aurores de los buenos que se dedicaban a la protección del inocente. “Tampoco podía permitirme morir… no ahora” Miré a Eunice con una mirada azul cristalina por el dolor que intentaba controlar. —No puedo morir ahora, porque…por primera vez tengo alguien que siempre he estado buscando, Te amo Eunice—Sabía que no era el momento más romántico del mundo para hacerlo, sin más al mirarla me salió así. Algo que jamás había dicho en mi vida a nadie, también sabía que en esos momentos se encontraba enfadada conmigo y más que buenas palabras hubiera estado en su derecho de rematarme dándome una bofetada bien merecida.

Y es que había estado tan acostumbrado a ir a dar rondas solos, a moverme sin parar y estar el menor tiempo en el cuartel, que las malas costumbres costaban de cambiarse y es que no había tenido muchas parejas de Auror y las que tenía o bien morían o me traicionaban, me gustaba Eunice y no es que temiera que me traicionara ya que confiaba plenamente en ella, pero temía que pasara la otra maldición y la perdiera y menos ahora que se había convertido en algo tan amado por mí. Pero no era algo justo ni para ella ni para mí, dejarme llevar por ese temor pues no debía subestimar lo bien preparada que estaba, más siendo nieta de quién era y lo mucho que se había esforzado por llegar donde estaba, una mujer fuerte y capaz con buenos ideales, por ello decía que para mí la mujer ideal, pero también una buen Auror.

No volveré a salir solo de ronda—Las luces de la sala en dónde nos encontrábamos aún me mareaba más, hacía un olor a sangre y a limpio, sabía por supuesto que el olor a sangre era la mía y la que no era mía. —Un sectu en el brazo—Dije medio atontado para que supieran que el corte del brazo era el que más me estaba molestando al no parar de sangrar, el dolor del estómago pues poco podía hacer por él al menos yo.
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S. Natasha Kuznetsova el Mar Nov 08, 2016 10:04 am

Aquel día había sido un día bastante movido. No había parado en todo el día de trabajar. Estaba segura que aquel día prometía porque siempre que estaba ajetreada acababa haciendo algo épico en su día. Como por ejemplo tomarse el mejor de los cafés de su vida. Si, exacto. Aquello era algo bastante épico y que la satisfacía como sanadora. Significaba que había hecho todas sus tareas lo más perfectas posibles, cosa que siempre atormentaba en cierto modo a Natasha. Significaba que no debía preocuparse por otra cosa en aquel momento y aquello... ¿A quién no calmaba? Aquel día al menos lo único más fuerte que tuvo fue un hombre que se había cortado las manos con un rallador de queso mágico que no le hacía mucho caso. Y es que así eran las cosas mágicas, como dejaran de hacerte caso no tenía más que esperar a que algo malo pasara hasta que se cansara el objeto. Había muchos objetos cuyas personalidades eran muy duras de roer. Suerte que no conocía ninguna batidora mágica. No quería imaginarse si se enfadaba, o lo que quisiera que hiciera cuando no hacía caso.

¡Natasha! ¡Hay una urgencia! ¡Vamos! — Resultaba ser la única sanadora descansando en ese momento. Tocaba volver al trabajo y no esperaba que fuera a ser una urgencia. Aun así, ¿sería una de esas urgencias en las que no era para tanto? — Dime de que se trata. — Mientras iba caminando hacia la sala donde ya habían metido al hombre para que pudiera ser curado.

Ver al hombre hizo que viera todo lo grabe que era. Multiples heridas por todo su cuerpo, posiblemente con numerosas costillas rotas y sobretodo con sangre que se podría estar acumulando en sus pulmones, aunque esperaba que así no fuera. Sin embargo lo que más le impactó fue su rostro. — ¿Warwick? — Se apresuró en colocarse los guantes por si tenía que hacer una intervención sin varita en algunos casos. Este habló por lo que seguramente estuviera aún consciente. — Trata de mantenerlo estable e inyecta aquel bote azul. Una dosis. — Diría con total seriedad, aquel bote haría que el hombre quedara como en una especie de anestesia hasta finalizar su curación. Así se le evitaría más dolor.
Un
. El rostro de felicidad y sonrisa de : « no será para tanto » había cambiado totalmente a uno que jamás se había visto en San Mungo por parte de Natasha. Aquello era algo grabe. No estaba ni para presentaciones ni mucho menos para llamar las cosas por su nombre, estaba realmente atacada en su interior a pesar de lo tranquila por fuera.

Tomó la varita y se acercó al sectu. — Vulnera Sanentur — Conjuró sobre el brazo con el fin de al menos intentar quitar lo más grave de su cuerpo. La hemorragia parecía poco a poco cerrarse y esto mantenía cierto equilibrio en el cuerpo del hombre. — Bien, así lo mantendremos más o menos a salvo. — Entonces cogió una pequeña muestra de díctamo, no había mucho porque era poco común, pero en casos así era mejor utilizarlos por el bien del hombre. Un hombre muy especial para ella, aunque hacía tiempo que no lo veía. Una vez aplicado el díctamo, esperó a ver como evolucionaba su cuerpo mientras limpiaba heridas. Aquello debería ayudar a cicatrizar, aunque ya no hiciera el mismo efecto que suele hacer cuando se toma de manera muy inmediata. La situación al menos no era tan compleja. «Una intervención más, eso es todo...» Trataba de auto convencerse.

Por favor, comprueba que no tiene hemorragias internas con esa herramienta. — Pidió a la enfermera señalando la herramienta que era como una especie de visor que se veía claramente a través de la piel los cúmulos de sangre, como el que ve por rayos X. Natasha le pedía aquellas cosas para ganar tiempo, necesitaba tiempo para preparar la poción con la dosis necesaria. — Voy a suministrarle aramantium. — Informó ya con la dosis en la mano, aquello haría que las células internas de su cuerpo trabajaran más rápido para mejorar el fluido sanguíneo como su respiración. — ¿Y bien?

Fueron las últimas palabras de Natasha antes de ponerse a trabajar de manera más concienzuda que nunca. Se pasó varias horas hasta que realmente mantuvo el cuerpo de Warwick estable y con todo lo mejor tratado posible para su condición, que implicaba repetidas curas y aplicaciones de pomada para la mejora constante. Una vez hubo terminado de sanarlo, salió a la sala de espera donde debería esperar la compañera del hombre, de la cual le habían informado su preocupación. Salió justo cuando terminó y eso hizo que saliera con los guantes llenos de sangre que se estuvo retirando a medida que se acercaba a la mujer que le habían dicho. — Está a salvo, solo necesita descanso. — Miró por un segundo el pasillo y luego volvió a mirar a la mujer de pelo castaño. — Sígame y la guiaré hasta la habitación correspondiente, debe estar a punto de despertar de la anestesia. — Informaría para luego esperar y así llevarse a la mujer a la habitación de Warwick.

¿Quién sería ella?
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Invitado el Mar Nov 08, 2016 5:36 pm

No sabía si Warwick divagaba en esos momentos por el exceso de pérdida de sangre o realmente me estaba intentando decir algo. Estaba cabreada con él, casi furiosa porque por su forma de actuar había terminado de esa manera, por no confiar en sus compañeros y pedir refuerzos cuando los necesitó. ¡Joder, Warwick controlaba el Patronus! Era un método que yo misma lo había usado para poder pedir ayuda, a mí me lo habían enseñado en la Orden, éramos magos, la magia se usaba en los momentos de necesidad, no hacía falta convertirse en animales irracionales y darse de bofetadas como los muggles hasta desfallecer.

¿Cuántos aurores capacitados para ayudar estábamos en el Ministerio? Yo conocía a cuatro más, cuatro con buenas tablas para ayudar, Drake, Fiona, Richardson y Jane. ¿Por qué no había pedido ayuda? Si es que había para darle otra paliza y ponerle las neuronas en su sitio.

Me llevé la mano al bolsillo de la túnica para sacar la varita y un paquete de pañuelos de papel desechables, no llevaba nada para recoger muestras más específico, pero el papel recogería las distintas muestras que quedaran en sus manos. Las limpié completamente en silencio y comencé a reír cuando se me declaró, decididamente Warwick y los momentos oportunos no cuajaban- ¿Tú y el momento idóneo no descansáis en el mismo plano astral, verdad? -lo miré con ternura y antes de que lo elevaran a punta de varita sobre una camilla para meterlo en una habitación, volví a desaparecerme para aparecerme en una de las entradas al  Ministerio, para enviar las muestras a los distintos Ministerios en donde se buscaba a Big Evil, los cinco Ministerios más importantes a nivel mágico, mandando un Patronus a los aurores en los cuáles confiaba con el mensaje oportuno con mi propia voz con la forma de una imponente leona la cuál me dejó sorprendida, pues era idéntica al patronus de mi abuelo Hayden. De lo malo que ocurría en tu vida siempre se podía sacar algo positivo, y lo que estaba claro es que esta nueva forma de mi patronus era mucho más poderosa que el antiguo halcón que había tenido. Los leones eran vistosos, protegían, pero también eran demasiado individualistas, las leonas estaba estudiado y datado que trabajaban y cazaban en equipo y mantenían la unión de toda la manada.

Estaba convencida que alguno de los aurores en los cuáles confiaba recogerían aquellas muestras, pues el Patronus llevaba el mensaje con la localización exacta y las instrucciones de lo que tenían que hacer.

Y regresé a San Mungo, a esperar a ver como se encontraba mi compañero auror, pero no me había llevado tanto tiempo ponerme en contacto con mis compañeros aurores y mandar aquellas pruebas para que empezaran los análisis de DNA. Ya lo teníamos, ya se podía esconder bajo las piedras que daríamos con él, y por las palabras de Warwick nos conocía a ambos, por lo que era alguien cercano a nosotros, ¿Otro caso de corrupción tal vez? ¿Un infiltrado en el Ministerio?

Las incógnitas se amontonaban en mi mente, pensando y enlazando gente conocida por ambos mientras paseaba por el pasillo, mirando mi reloj de pulsera, detenido a las diez y dos minutos exactamente, como tardasen más tiempo en atenderlo iba a crear un surco bajo mis pies, un camino que otros podrían seguir en tiempo de espera de una persona querida tras una puerta opaca.

Me acerqué la mostrador en tres ocasiones pues o el tiempo pasaba demasiado lento o llevaba demasiado tiempo allí metido, y tanta espera nunca era de buen augurio. Ya no tenía deseos de darle una paliza pero la charla la íbamos a tener en cuanto estuviera en condiciones de no colapsar, porque si tenía que decirle las cosas se las diría claramente y sin tapujos, él conocía a mi abuelo, él mismo me había dicho que para él era como un padre, si realmente lo conocía no sería la primera vez que se comiera palabras tan duras. Porque Neisser no se andaba con rodeos cuando tenía que ser claro.

Pero la puerta en la que lo habían metido por fin se abrió y salió una sanadora con los guantes ensangrentados, con el rostro bastante relajado y dejé escapar el aire retenido en los pulmones durante el tiempo de incógnita, de saber si podrían salvarle la vida o no.

Asentí con la cabeza ante sus primeras palabras. La charla esperaría, necesitaba descanso. No sería yo la causante de que le diera un infarto, menos el día que había elegido para decirme que me amaba. Esperaba que no necesitara una transfusión de sangre pues lo íbamos a tener chungo, no por su grupo sanguíneo, sino porque Warwick tenía una anomalía en él, de la cuál yo no sabía mucho pero algo me había comentado, y no sé si quedaba alguien de su familia para poder dar con ella en caso de necesitarla.

- Ya sé que es su trabajo, pero muchas gracias por la ayuda -agradecí a la medimaga siguiéndola mientras me guiaba hasta la habitación o donde estuviera mi novio en aquellos momentos.
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Invitado el Mar Nov 08, 2016 6:41 pm

Con el tratamiento empecé a estar cada vez más en mi ser y por un momento me pregunte si lo que le había dicho a Eunice había sido un sueño producido por la subconsciencia o lo había dicho en voz alta, pero tenía hasta su contestación al respecto y parecía tan real que me daba que lo había soltado sin más y debía darle la razón, no era el momento pero realmente nunca se me había dado bien determinar el momento apropiado, en ese sentido era más impulsivo que otra cosa. Y luego de golpe me encontraba cada vez mejor y ya no oía la voz de Eunice ni su presencia a mi lado, pero sí oí una voz que me dejó sorprendido y al enfocar mi mirada abrí la boca.  —¿Veky?— La llamé como se le solía llamar con cariño. Me era tan imposible encontrármela en esos momentos y entonces recordé la última conversación de sus padres y es que era increíble verla ya trabajando como medimago algo que siempre había querido y  finalmente había conseguido.

Fue por mi parte una gozada ver como se manejaba trabajando, pues tenía gran cariño por la pequeña Natasha. Que ya no era tan pequeña, pero para mí lo seguiría siendo como hermano mayor que me consideraba.

Pero… —Aún estaba tan sorprendido de verla que no supe que decir, además me habían colocado algo que me mantenía relajado y me daba la sensación que iba con más lentitud, seguramente para que todo lo demás fuera sanando, ser un nervio en estos asuntos no era bueno, y mira que con los años me había esforzado por mantenerlo a raya y no se notara demasiado. “Joder y ahora Eunice esta toda cabreada conmigo, y me acabo de declarar” Si es que en el momento que la viera entrar no sabía si directamente darme otro golpetazo contra el suelo, pero no. La cobardía no iba conmigo así que estaba dispuesto a enfrentar lo que viniera, su enfado bien merecido y por supuesto pues su opinión una vez se calmara la cosa referente a mi declaración. “Si tenía razón Neisser tengo menos romanticismo que un pez globo al que cocinan y no quitan el veneno” Aunque por supuesto tampoco es que él fuera muy romántico que digamos.  Y ahora tenía otra gran alegría al tener a una hermana pequeña viviendo cercana, mi vida empezaba a tomar forma y cada vez adquiría más brillo.

Sonreí a pesar de recibir la regañina del siglo, no me había parecido oír que Eunice me rechazara, y encima podía presentarle de una sentada a Natasha. La cual probablemente se sorprendería al ver que su hermano mayor iba a sentar la cabeza y no iba a seguir siendo un suicida, aunque después de lo de hoy seguramente viera que seguía en mi misma línea… “Por una vez que no era mi intención meterme en líos” Y yo que sólo había querido salvar aquel hombre al que había llegado tarde, pero al menos detener al criminal y me había llevado la sorpresa del siglo y el día seguía con sorpresas, al menos cada vez más buenas.

Cuando la enfermera me dio las indicaciones asentí. —Gracias, así está perfecto—Al menos me encontraba mucho mejor y el dolor había disminuido lo suficiente para tener pleno control de dónde me encontraba y de lo ocurrido.  Cuando la puerta se abrió puse la mejor cara posible de inocencia que encontré en ese momento, por suerte Big se había cebado con mi estómago, costado y brazo, mi cara no había recibido ni un rasguño y otras partes importantes tampoco. —Eunice lo sé…debía haber pedido ayuda antes. Pero la situación se complicó tan de golpe que ni tiempo tuve de ponerme en contacto con nadie— Vi que estaba con Natasha y pensé que era mejor quedarme callado respecto a todo lo que había visto y por qué había tenido que actuar, no quería que la pequeña Natasha por más adulta o medimaga que fuera tuviera pesadillas por mi culpa o una indigestión.

Eunice… te quiero presentar a alguien muy importante en mi vida, la pequeña Natasha Kuznetsova, Veky en plan más cariñoso— Porque aunque conocía su primer nombre al haber estado con la familia, sabía que no era de su gusto y prefería ser llamada Natasha. —La conocí en Rusia hará como—Hice memoria porque podría haber pasado bien los diez u once años. —¡Uff! bastante, el caso que me acogieron en su casa en cuanto se dieron cuenta que me quedaba en un hostal mientras cumplía mi misión y me trataron como uno más— Miré a Eunice y luego a Natasha sonriente, como si jamás en la vida hubiera roto un plato. —Su familia es bastante importante en el ministerio Ruso, una familia muy agradable— Luego levanté la mano para señalar a Eunice.
Veky, aquí tienes a Eunice Lyall mi pareja de Auror y la preciosa mujer que logró colarse en mi corazón y hacer que siente la cabeza— Esperaba que ambas se llevaran bien, porque ambas eran importantes en mi vida y Natasha era muy buena chica. —Gracias por haberte ocupado de mí tan rápido, me siento mucho mejor— Admití mirando a Natasha. —Pero oye… ¿Tú no vas a dar un beso a tu hermano mayor? A mí no me vengas ahora con medimaga profesional y distante, que aún puedo darte un pellizco en los mofletes— Bromeé con una sonrisa. —Y ya sabes, esa apuesta con tu hermano Vladimmir ¿quién ha perdido? Porque al final si tenéis cuñada, al menos si Eunice... — La miré esperando que no hubiera cambiado de idea o no sintiera lo mismo.

Pero es que la  apuesta era normal que continuara puesto que estaba tan metido en el trabajo y tan poco centrado en otra cosa, como el apartado amoroso que había hasta admitido a los mellizos que lo más seguro es que mi pareja ideal no existiera y aquí estaba en una camilla con la chica que existía y que en realidad la había tenido muy cercana y no me había dado cuenta, más con los comentarios de Hayden Neisser.

Pues aquí está al parecer la chica ideal para mí sí que existía, sólo tuve que regresar al ministerio británico para encontrármela, o mejor dicho ir a Irlanda para surfear, quedarme sin hotel y encontrármela a las tres de la madrugada en la playa bajo una luna explendida— Empecé a reír para tranquilizar el ambiente.

Porque vaya paliza que me había llevado y la gran suerte que tenía de seguir vivo, no muchos aurores que se habían enfrentado a Big habían sobrevivido para contarlo, y ahora que lo pensaba ninguno. Aunque bien mirado en un principio ni sabía quién era él hasta que quiso darse importancia… pero me preocupaba por Eunice no lo podía evitar, por la chiquituja de Ziva y ahora por Natasha al saber que estaba por aquí y ese monstruo andaba suelto.

Natasha procura no ir sola por la calle a altas horas ¿entendido? Y la varita mantenla siempre cerca. Y si tienes que usar métodos muggles los usas… hay un criminal fuera muy peligroso, ya tiene las horas contadas—Miré a Eunice confiando que ella se habría ocupado de todo. —Pero hasta que no lo atrapemos puede ser peligroso.
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S. Natasha Kuznetsova el Mar Nov 08, 2016 7:36 pm

No quería saber que hubiera sido de Warwick de no haber llegado a tiempo. Sobretodo por el corte del brazo. Sabía que aquel hechizo lo hacía cualquiera y eso podía ocultárselo tanto como quisiera su hermano mayor que no iba a engañar a Natasha. Sabía lo que implicaba ser Auror, lo había visto en el hombre, y por ello jamás iba a creer que no había sido nada. Por mucha importancia que quisiera quitarle no lo iba a hacer. Claro que aunque no le contara mucho sobre el asunto sabía que tampoco podía, al menos por sus principios morales con respecto a no hacer daño a la menor. Lo aceptaba por él, porque era su hermano mayor y porque no quería acabar discutiendo por ver quien era más cabezota.

La mujer parecía estar tan agradecida por ello que se sintió por unos segundos muy importante, pero ella misma se bajó el ego sola mientras iban caminando a la sala. Antes de entrar fue bastante clara Natasha. — Si, es mi trabajo, pero daría mi vida por él. Así que nunca dudes en pedirme ayuda si le ocurre algo. — Aquello lo dijo bastante preocupada, porque si había pasado una vez podía pasar una segunda. Siempre podía pasar una segunda vez y quería volver a encargarse del mismo. Al final iba a ser como su sanadora particular, que era lo suyo. Así tenía controlado sus batallitas. Y a juzgar por cómo hablaba el castaño al entrar en la habitación, seguramente hubiera ocurrido todo porque él se encontraba solo. Por aquello de pedir ayuda, y no entendía como pudo haber cometido aquel error. Aunque tampoco lo culpaba por nada, solo le había dado un mal susto que tuvo solución.

Natasha en realidad se sentía un poco intrusa en aquella habitación. No estaba muy segura de la relación que los castaños tenían entre sí ni si quiera la identidad de aquella mujer, que sin duda era bella. Todo aquello se solucionó fácilmente cuando nombró el nombre de la otra mujer y las comenzó a presentar. Aquellas palabras del hombre la hicieron casi sonrojarse de inmediato. ¿Tan importante era? Había sido difícil saberlo después de haberse tenido que separar por cosas de la vida. No pudo ni si quiera no sonreír como una boba por como hablaba incluso de su familia. — Fue complicado cuidar de ti y parece que sigue siéndolo. — Soltaría como una broma tras su cara de inocencia para luego girar el rostro rápidamente hacia la castaña llamada Eunice. — ¿Tu qué? — Se quedó boquiabierta, y no solo como expresión sino literalmente. — Me caigo muerta. — Admitiría viéndose aumentada su sonrisa de la felicidad que sentía en aquel momento. ¿Estaba con una chica? — ¡Qué alegría me estás dando! Y sí, ahora te doy un gran abrazo y beso, idiota. — Claramente dicho de tono cariñoso.

Miró antes a Eunice. — Me alegro muchísimo de conocerte. De verdad... — Le dio la mano para estrecharlas con cariño, ya que en sí Natasha era un poco complicada de dar dos besos porque allí en Rusia no era algo muy común, eran bastante fríos con respecto a eso. — Gracias a ti he perdido una apuesta, ¿sabes? Pero no me arrepiento de ello. Si haces feliz a mi hermano, me haces feliz a mí. — Seguía sonriendo y si no podía sonreír más era porque no daba su boca para más anchura. Incluso estaba a punto de emocionarse al punto de llorar. ¡CUANTA FELICIDAD! Mucha en muy poco tiempo. Luego de aquellas palabras hacia la mujer no dudó dos segundos en retirarse la bata, manchada por la intervención, para dejarla sobre un taburete de la sala y acercarse a Warwick para abrazarlo con cariño, sobretodo también con suavidad. — ¿Y qué manera es esta de hacerme una visita? Para la próxima vez que te vea aquí quiero que sea porque te has cortado un dedo por cocinar, ¿vale? No me pegues estos sustos o al final te voy a tener que pegar yo. — Bromeó con todo su cariño antes de depositar un beso en la frente como si fuera una niña pequeña hecha mayor. Sin duda aquella imagen en su totalidad era como si dos hermanos de sangre se tratasen.

Poco después de eso volvió a separarse, manteniéndose al lado de la camilla. — Madre mía, que historia de amor. ¿Así empezó todo? Pues me vas a tener que poner al día, así también es como si fuera una telenovela de estas muggles. Seguro que es encantadora.... — Miró a ambos tortolitos con sonrisa pícara. — Aunque bueno, te tengo que dar la advertencia que toda hermana tiene que hacer... — Comentó. — Hay que ponerse siempre el globito antes de las relaciones sexuales, ¿de acuerdo? Aunque si queréis hacerme tía yo no soy quien para juzgaros. Eso sí, disfrutad, si tenéis urgencia y no tenéis me enviáis una carta. — ¿Poner en una situación incómoda pero graciosa como aquella? Eso era como cantar para Natasha, le encantaba y Warwick recordaría seguramente el poco tacto que la rusa tenía al decir las cosas, y eso que lo intentaba con todas sus ganas.

La advertencia le hizo preocuparse pero tenía toda la razón. — De acuerdo, entonces tendré que evitar salir del trabajo tarde. Aun así quien más cuidado deberías tener eres tú, deberás recuperarte antes de nada y... — Miró a Eunice. — También ten cuidado tú, aunque se te ve una mujer con la cabeza muy asentada y eso me gusta. Espero que no te sea mucho dolor de cabeza este hombre. — Removió el cabello del hombre con una pequeña risa malvadamente tierna. — Y si necesitas algo tan solo tienes que decírmelo. Ahora formas parte de mi familia y como tal te protegeré como sea necesario. — Afirmaría muy segura. Quizá no la conociera y podría que se pudieran llevar mal, que lo dudaba totalmente, pero todo era posible en esta vida. Aun así, aun en ese caso hipotético, la protegería ante todo ya que era la pareja de su hermano y como tal era su cuñada. Para Natasha era muy importante la familia y sin duda ahora Eunice era de la suya. — Nunca te vayas a cortar, ¿de acuerdo? — Añadió mirando a la chica con la misma sonrisa de felicidad de antes.
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Invitado el Mar Nov 08, 2016 9:47 pm

Negué con la cabeza- No será necesario que des tu vida por él si empieza a confiar en sus compañeros, pero me alegra saber que hay alguien en el mundo que cuida de sus espaldas diferente a mí -lo que acababa de decir esperaba que no lo dijera para quedar bien, porque la vida de un auror estaba llena de riesgos, y aún con ayuda de tus compañeros te metías en un montón de adversidades. No podías cerrarte al mundo y dejar de confiar en los demás, seguramente tampoco fuera nada aconsejable con la facilidad con la que yo otorgaba mi confianza, quizás porque en mi vida me había rodeado de buenas personas y grandes amigos, los cuáles de momento no me habían fallado. Y no todas mis grandes amistades habían empezado con buen pie, quitando Steven, que lo conocí surfeando. Y mi actual novio, mi único novio en toda mi vida, por más que Neisser se pasara espantando chicos en la adolescencia, sólo eran amigos, pero Hayden era mi abuelo, no quería pensar qué tipo de relaciones tendría con las mujeres para intentar hacerme desconfiar de cualquier chico hormonado.

Sonreí débilmente, aún llevaba el miedo metido en el cuerpo, aunque el cabreo iba pasando, ya podía contener mis ganas de entrar y abrirle la cabeza a Warwick. Por lo que pude comprobar en un simple vistazo al encontrarlo tendido en el suelo del callejón, ese hermoso rostro no se lo habían desfigurado.

La primera frase al entrar en la habitación de Warwick me hizo partirme de risa- No...-negué con la cabeza- tú primer error no fue no pedir ayuda, tu error fue salir a patrullar las calles solo. Tienes una compañera, Warwick, si prefieres trabajar sólo, dilo, si prefieres otro compañero, dilo. Hablando suele entenderse la gente, ¡Que hablamos el mismo idioma, chaval! -no me iban los héroes, aquellas personas que se pensaban que solas se podían merendar el mundo, porque eran los primeros que caían. Los héroes morían.

Intenté relajarme al estar delante una enfermera y la sanadora, pero de verdad que su cara de no haber roto un plato en su vida en mí no colaba. Les dejé espacio, retirándome la fondo de la habitación, no, no se había declarado como últimos coletazos de la vida, realmente Warwick sentía, y lo sabía porque yo ya había comprendido lo que sentí por él, el miedo que me cerró la boca del estómago tan sólo al pasarme la idea por la cabeza que su vida se extinguía, que volvía a perder a otra persona que amaba, y que empezaba a formar un lazo conmigo irrompible. Era hermoso poder comprobar que mi chico tenía en quien poder confiar en aquel lugar, era tranquilizante saber a quien tenía que buscar yo en caso de que estuviera herido, aunque fuera por haber tropezado en las escaleras o haberse clavado una astilla en el dedo pequeñito del pie.

La sonrisa seguía puesta en mis labios, estaba a punto de emocionarme, pero no podía parar de reír ante tanta dicha- ¡Genial! Entonces todos felices, aunque hayas perdido una apuesta -la verdad es que para ser alguien conocida en una misión que se tuvieran tanto cariño en público con insultos incluídos me demostraba que realmente se amaban, y no había sentimiento ni magia más poderosa que el amor. El amor era capaz de convertir el corazón más negro en el más brillante. Me tuve que acercar de nuevo cuando tendió su mano y se la envolví con calidez entre las mías, al haber estado conteniendo el enfado al cerrar los puños mientras creaba aquél surco en el pasillo, andando arriba y a bajo o hacia el mostrador de recepción para ver cuántos minutos habían pasado, con una leve inclinación de cabeza a modo de respeto. Si para Warwick Natasha era importante, era su hermana, se convertía en mi hermana política o cuñada. Estuvieran ligados por sangre o no, porque las relaciones sentimentales no las marcaban los lazos de sangre. La familia te tocaba, y yo no cambiaría a mi abuelo por nada del mundo, pero los amigos los elegías tú. Era la familia electa- OH, dudo mucho que se corte cocinando, es un desastre en la cocina, lo quema todo, pero cuando quieras puedes venir a casa. De hecho tenemos pensado dar una fiesta de inauguración de la casa que nos estamos comprando -todo había que aclararlo, más a la familia, la casa no estaba pagada aún, pero con nuestros sueldos dudo mucho que tardáramos más de un año en poder hacernos con las escrituras- Para mi sería un placer recibir en mi casa a mi cuñada.

Me quedé al lado de Warwick ya tomando su mano, mientras le acariciaba con la yema del pulgar la muñeca- Tuvo suerte de pillarme desvelada aquella noche, pero ya no padezco de insomnio desde que él está en casa -ni había tenido los pies fríos.

Volví a reír con las indicaciones de los globitos, era como estar escuchando la prerrogata de mi abuelo en la adolescencia- Si te digo la verdad, aún no hemos tenido tiempo para hablar de la posición que nos gusta más del kamasutra, pero estoy segurísima que será una charla muy divertida, sobretodo si practicamos algunas posiciones mientras hablamos -le guiñé un ojo a War, pues había puesto un tono de voz serio, aunque los ojos me brillaban, pero es que por dentro me estaba partiendo de risa, y no tardaría en soltar la carcajada.

- Está bien, lo mejor que puedes hacer aparte de llevar la varita es hacerte con un spray antivioladores. Se lo rocías en la cara, le das una patada en la rótula con todas tus ganas y echas a correr para meterte en el primer comercio que encuentres para pedir ayuda. Si mi compañero no me falla, tendré al mejor cubriéndome las espaldas -y ahora no bromeaba, casi nunca lo hacía cuando hablaba sobre mi trabajo, salvo que fuera una conversación entre colegas recordando alguna anécdota, ya fuera delante de una taza de café humeante o una cerveza tibia de mantequilla. Porque si estaba en casa bebía directamente del botellín de la cerveza fría que conseguía en el supermercado muggle, y ahora era War quien cargaba con las bolsas, por lo que me dejaba las manos libres para ir comparando el género y sus precios.
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Invitado el Mar Nov 08, 2016 11:09 pm

Que va Eunice, no quiero otra compañera. En Macusa hacia las cosas un poco diferente, y bueno te vi ocupada y no quise molestar, además sólo pensaba dar una ronda sin más, no pensé encontrarme lo que me encontré…

Algo me decía que como estas dos congeniaran a la perfección mi vida se iba a ver afectada, cuando les diera por hablar de anécdotas donde estaba bastantes veces de por medio. Pero me alegraba también de poder mostrarle finalmente a Eunice una parte de mi vida que me alegraba, como fue conocer a la familia Kuznetsova, una familia muy unida por supuesto en Rusia las muestras de afecto se demostraban de otra forma algo más frías no porque se amaran menos, sino por lo acostumbrado. Pero no pude evitar reír cuando al entrar en aquella a casa había roto con esa frialdad dando abrazos cuando lo veía necesario enganchando a Vladimmir para poner el dedo mojado en la oreja para picarlo un poco, en cambio con Natasha era algo más suave y aunque bien nos decíamos las cosas con cariño hasta los tirones de oreja si hacía falta.

Empecé a reír al ver lo sorprendida que estaba y es que no daban ni un galeón para que sentara la cabeza, no al ritmo que iba. Si algo que no le había comentado a Eunice es que en Macusa los Aurores hacían apuesta de a qué edad íbamos a morir y según ellos la mía era próxima por la vida que llevaba. Pero a mi modo de ver muchos se habían apalancado demasiado y se pensaban que la faena se hacía sola. Sonreí a Eunice al notar que su enfado iba cediendo poco a poco “Mira que mi mirada funciona a menudo, tendré que esforzarme un poquillo más con Eunice”  Recibí finalmente mi beso como correspondía y la estreché como pude en un abrazo. —Esta es la Veky que conozco—Empecé a reír por lo de idiota algo muy común en plan cariñoso que siempre me decía cuando bromeaba con ella.  

Al tener la mano de Eunice entrelazada con la mía me daba cierta confianza a que verdaderamente podía estar sintiendo lo mismo que yo, por supuesto tenía que hablarlo como merecía no en divagaciones como lo había hecho cuando me estaba medio desangrando.  Empecé a reír nuevamente por el comentario de ambas. —Otra que no ama mi cocina, de verdad ¿Qué es un poco de quemado o salado?— Hice una mueca graciosa para seguir riendo.

Pero cierto, tengo prohibido cocinar. Eso sí Eunice cocina maravillosamente bien, yo me encargo de limpiar un poco y sacar la basura y ella cocina. Nos lo estamos compaginando bien— De momento la cosa funcionaba y no se me caían los anillos por limpiar y hacer labores del hogar que fueran necesarias,  algo que por supuesto no había aprendido de mi padre el machista.  

La próxima vez que nos veamos mucho mejor que no esté herido, como dice Eunice mejor la inauguración—Me alegraba que aún no la hubiéramos hecho para que pudiera asistir Natasha y su hermano si estaba en Inglaterra también. —La comida estará muy buena porque cocinara Eunice—Volví a decir a modo de convencerla. —Yo me ocupare de las bebidas—Al menos los cócteles era algo que si se me daba bien hacer, tanto ir de misión me había quedado en como lo hacían los barman.  —Y nada de pegar a un indefenso y herido—Levante las manos en señal de inocente sin perder la sonrisilla, porque me daba que en la lista de pegar bien podía haber estado Eunice en primer lugar en el primer momento que la vi entrar por la puerta.  —Mejor seguir con esta celebración ¡eh!

Asentí mirando a Eunice, hasta el propio Neisser se había asombrado de lo romántico que en esa ocasión había sido y es que a veces tenía mis momentos, cuando sabía averiguar cuando eran esos momentos, al menos ponía de mi parte y eso era algo que se me tenía que valorar al menos.  —Sí, la historia del embrujo bajo la luna— Dije imitando con guasa aquellos anuncios de telenovela.

Pero en nuestro caso había sido toda la verdad, había sentido una magia que cada vez era más inmensa que en un principio. Aunque también debía de reconocer al menos a mí mismo que aterraba y me jodía no poder tener a Neisser para comentarle mis temores, porque era capaz de darle la tortilla y hacer que me partiera de la risa de ellos.

Parpadeé sorprendido por lo espabilada que se estaba volviendo Natasha, ya lo había sido más jovencita con su poco tacto y su forma de ser directa pero ahora que era más mayor las soltaba pero bien. —Mírala ella que puesta está en el tema. ¿No estarás tú con algo entre manos? ¡Eh!— Moví las cejas para hacer más evidente la pregunta. Puesto que era su hermano mayor debía dar el visto bueno al chico que le estuviera tanteando, tampoco podía permitir que me la dañaran, que yo era un tío y sabía que habían muchos hijos de puta por sueltos que sólo pensaban en una cosa y ya ni te llamaban, y eso a mi hermana pequeña no se lo hacían o se las veían conmigo. En cuanto al comentario que hizo del globito mire a Eunice directamente, a decir verdad no había pensado en la posibilidad de utilizarlo con ella, por supuesto lo haría en el caso que ella lo pidiera. Y no es que fuera irresponsable por mi parte el no pensar utilizarlo, ya tenía una edad que no me importaba el tener hijos, también tenía mis informes del ministerio en donde se decía que estaba en completa forma sin ningún tipo de enfermedad. Era un tío sano que me cuidaba.  Me quedé medio perplejo ante la contestación de Eunice.

Menudas dos van a juntarse…Y ahora lo que faltaba las imágenes del Kamasutra y a Eunice ¿Es qué no se dan cuenta que soy hombre y no de piedra?” Tragué con fuerza para serenarme e intentar estar a la altura de ambos comentarios. —Por supuesto será de lo más divertido entre jadeo y gemido ir comentando cual es mejor y más cómoda— Sonreí y miré a Natasha, pensando que seguramente aún no se imaginaba que no habíamos llegado a ese grado de intimidad, que simplemente nos habíamos dedicado a ver si éramos compatibles si el amor surgía entre nosotros, por supuesto la excitación y la atracción por mi parte estaban. Esa era una de las cosas que tanto me habían gustado de Eunice, era diferente  se dedicaba a conocer a la persona de verdad, no sólo simplemente ir al sexo, por supuesto era consciente que en una relación el mantener relaciones era más que importante, pero también lo eran muchas otras cosas que de fallar, por muy bueno que fuera lo otro, la cosa no cuajaba.

Volvió por unos instantes mi seriedad ante el peligro, quería quitarme las imágenes que había visto, del armatoste que había tenido encima, de esa voz tan grave hueca e intensa. De ver como alguien era capaz de comerse alguien vivo… era una visión que por muy auror que fuera me seguía impresionando y dejándome mal cuerpo y no sólo por la golpiza. Pero sacudí la cabeza y asentí ante los consejos que Eunice daba a Natasha.  —Si sales muy tarde ve con compañeros, o dile a tu hermano mellizo. Sino siempre me puedes localizar a mí por lechuza y no tendré inconveniente de pasar y acompañarte a donde te hospedes— Hasta que no estuviera preso cualquier persona podía ser una víctima y si nos conocía bien podía conocer nuestro entorno y sin querer podía haber puesto ya en peligro a Natasha al cruzarse nuevamente en mi vida, por supuesto iba a poner todo mi empeño en protegerla, como lo haría con Eunice y con la pequeña Ziva a la que se lo había prometido y no pensaba incumplir mi promesa.

Ya sabes Natasha en cuanto inauguremos te quiero en la fiesta, mira a ver si tú hermano puede asistir. Eunice tiene algunos buenos amigos que son bastante majos, he ido conociendo alguno—Tampoco podía hablar mucho puesto que no los había tratado tanto, pero como eran amigos de Eunice yo los trataba con el respecto y la importancia que merecían. —En cuanto te hagamos tía no te preocupes que creo que serás una de las primeras en enterarte—Sonreí. —Va ahora contesta en serio ¿Tienes noviete? ¿Novieta tal vez? Tal vez puedas traerlo en a la fiesta si tienes, prometo sólo tener un cartucho en la escopeta y la varita en el bolsillo— Bromee medio en broma medio en serio. Ahora que estaba tan lejos de Rusia y de la protección de su familia, me iba a tener a mí para protegerla.

Si al final la paliza había merecido hasta la pena, había conseguido dar con Big y pronto si teníamos suerte lo tendríamos. Había sobrevivido y tenido la valentía aunque medio grogui de decirle a Eunice lo que sentía y me había reencontrado con mi hermana pequeña ¿Qué podía haber mejor?

Yo ya me siento perfectamente, soy de curación rápida. Pero tú eres la experta Viky ¿Cuándo crees que podré ir a por los malos? ¿Dentro de una horita?— Porque si se pensaba Eunice que iba a ir sola y buscarse a otra pareja lo llevaba claro, yo ya no cambiaba mi pareja por nada del mundo y no porque fuéramos pareja amorosa, sino porque no confiaba plenamente en el resto y cuando salías era mejor tener la espalda bien cubierta.  
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S. Natasha Kuznetsova el Miér Nov 09, 2016 12:49 pm

Madre mía, no quería imaginarse Warwick cocinando. Lo último que recordaba sobre aquello era la madre Kuznetsova negando que el chico cocinase. — Eso no es nada, claro... — Diría con aire jocoso sobre la sal y el quemado. No iba a hacer un comentario sobre la comida quemada porque no era momento. Ya tenía bastante el pobre con estar tumbado en aquella camilla. Aun así no negaba que era mejor las cosas así. Si ella tenía buena mano para la cocina... — ¿Como era esa frase típica muggle? ¿Un roto para un descosido? Algo así seréis los dos... — Aquello lo diría de manera más cariñosa, viendo la gran facilidad en la que ambos de congeniaban.

Será un placer ir a la fiesta de inauguración. Seguro que será genial y así conozco más personas cercanas a vosotros. — Ciertamente tenía muchas ganas de conocer las personas que rodeaban a su hermano y a su cuñada. — Si necesitáis que os ayude con la comida tan solo tenéis que decírmelo. ¿De acuerdo? Que me encanta cocinar y no me sería una molestia. — Se ofreció, y es que mentira no era de que adoraba cocinar. ¿Cocinar encima para ellos? Sería algo que le llenaría mucho, sobretodo ver si le gustaban o no. — Eso sí, Vlad viene conmigo como si fuera una lapa. Este se apunta a todas las fiestas conmigo. — Iría avisando porque no se despegaba de ella, al menos hasta llegar a la fiesta porque después se iba a su bola. — Vlad es mi hermano mellizo. — Aclararía a la castaña con una sonrisa. — Está igual de loco que yo, eso sí... Él es más cariñoso, sobretodo cuando el alcohol se le sube.

Entonces no pudo evitar reír al ver como Warwic volvía a tratar de mantener una postura de inocencia. — Bueno, bueno... Tenemos entre nosotros un angelito caído del cielo. ¿Cómo tienes la cara de poner esa carita de inocente? — Se rió por un momento a carcajadas, tapándose la boca para contenerse. — Bueno, porque ahora estas muy dolido pero te curarás pronto y luego se podrá abusar de ti. — Miró con cierta malicia de niña chica, algún pellizco o algo en las mejillas le debía dar, a pesar de ser ella la menor.

Pero como después la conversación se tornaría hacia su lado y no hacia la pareja. No pudo evitar rodar los ojos haciéndose la loca como si realmente no fuera así. — Bueno... Entre las manos todavía no tuve nada pero puede... — Le sacaría la lengua con cierta burla, sin querer decirle mucho para dejarle con la intriga.

Por fin se cambiaría al tema, nuevamente hacia la pareja. Le agradaba que al menos la chica tampoco tuviera tapujos a la hora de hablar sobre el tema. Aunque a juzgar por palabra de ambos no habían explorado aquel territorio y no lo suficiente. Aun así Natasha nunca llegó al tema del kamasutra con su pareja, ni si quiera había visto alguna postura de allí. — Bueno, bueno. Tened cuidado vaya ser que os disloquéis algo o incluso romperos algo. — Avisó con una sonrisa picarona. — He tenido casos de parejas que se han dejado llevar demasiado por la pasión que han acabado con lesiones. — Aquello lo diría con un poco más de seriedad, para dejar claro que era cierto, pero aún así con una clara sonrisa porque no era un tema para ponerse serios. ¿Cómo hacerlo? De todos modos estaba muy feliz de que ambas personas de la pareja fueran capaces de hacer aquellos comentarios delante de ella y lo cierto es que no le daba asco ni nada. Le hacía sentirse como una más de la familia, tras tanto tiempo sin haberlo visto. Sobretodo feliz de que aquella mujer la tratara de aquel modo a pesar de no conocerla de más que aquellos momentos.

Cuando Warwick ya preguntó en serio, Natasha iba a responder en serio. — No tengo noviete ni novieta, aunque si que es cierto que hay un chico que está bastante bueno y encima... Puff, qué personalidad. Me siento una adolescente de nuevo. Ni con Mikael. — Admitiría y miraría a la pareja de manera cómplice. — No puedo contar más al respecto pero veré si lo puedo llevar a la fiesta. — Se echó el cabello a un lado con una sonrisa de tímida de contar aquello. Quizá fuera una de las cosas que más le diera vergüenza de su vida, siempre había sido así. — En cuanto al tema de tu salud... — Cambió de tema porque consideraba más importante este último. — Deberás estar así durante dos semanas mínimo. En completo descanso el cuerpo, luego te redacto el informe médico. Aun así trataré de obtener ciertos productos más complejos de conseguir para que te cures antes. Antes de volver a trabajar, al menos en rondas, deberás ir a verme para hacerte la revisión y darle el alta. ¿De acuerdo? — Explicó con total tranquilidad, esperando que la fuera a hacer caso.
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Invitado el Dom Nov 13, 2016 8:35 am

- ¿Me viste ocupada y no quisiste molestar? -vale, el tono de voz había salido más agudo, si lo que estaba buscando era una excusa para su mal quehacer, no iba a consentirlo, éramos aurores, cometíamos falos como personas, pero su estado actual me ponía a mi en peligro- ¿Y como te crees que molestas más: herido por actuar a lo loco, o sano y dando paseos por el Ministerio como un animal enjaulado?

Tenía que tomar aire y serenarme, no podía perder los nervios con mi compañero de trabajo herido, necesitaba reposo. Inspiré profundamente y con un mantra que solía gastar muy a menudo, incluso con mi abuelo cuando me decía algo que lograba hacerme saltar, comencé a recitarlo mentalmente, desviando la mirada, porque si seguía mirándolo a los ojos en esos momentos, le sacaba la cabeza de cuajo. "Un, dos y tres, yo me calmaré, todos lo veréis". Que pensara él mismo, porque si herían a mi compañero él mismo me dejaba desprotegida.

Para haberlo dejado como lo había dejado el tipejo con el que se tropezó debía ser cerca de un mastodonte, conocía como se las gastaba Warwick en la pelea cuerpo a cuerpo, él conocía como mi abuelo y como yo los puntos de presión en el cuerpo, no se necesitaba darse de leches a lo muggle para dejar fuera de combate a una persona. Era un arte milenario, proveniente de Asia, la gran mayoría conocía simplemente el Aikido en su versión más ruda, pero el Aikido era mucho más, era una filosofía de vida, una filosofía de la no violencia, te defendías de tus agresores, con todo tu conocimiento. Por supuesto también usaba armas, y un arma no era algo con empuñadura y filo, no sólo eso, un arma era cualquier cosa que tu imaginación pudiera usar para defenderte. Un puñado de tierra, la pata de una silla o el tacón de tu zapato.

- ¿Un poco quemado o salado? -volví la vista hacia él sin solar su mano y casi caigo al suelo del ataque de risa, hasta que pude responder, pues Natasha le lanzó tal mirada que para mí que había decidido no decir nada al respecto- War tus tostadas son perfectas armas arrojadizas- era más fácil descalabrar a alguien con una tostada de War que con un ladrillo- Claro que si lo que estás haciendo es intentar crearte u pequeño arsenal en casa, adelante. No seré yo quien te lo impida.

No podía dejar de bromear, porque realmente la comida de mi compañero no era comestible, vamos, ni para las mascotas- Por cierto, quería comentártelo, me dio tiempo a pensarlo mientras desmontaba el saco de entrenamiento del Ministerio. ¿Te parece si adoptamos un perro? La vecina de la última casa de la calle ha tenido una camada y necesita colocar uno más, sino tendrá que sacrificarlo en el veterinario- y quien decía en el veterinario, decía de un porrazo en el pescuezo.

Asentí con la cabeza, sí el dicho decía algo así, pero estaba basado en La Ley de la Afinidad Vibratoria o Ley de la Atracción Objetiva, que es la que rige toda asociación en el universo en función de su nivel vibratorio y es aplicable desde lo infinitamente pequeño hasta lo infinitamente grande. Y poco menos quería decir que las vibraciones de War y las mías eran armónicas, como si de una melodía se tratara, aunque no vibráramos exactamente igual, sonaba bien. Como por ejemplo el Requiem de Mozart, las voces de hombres y mujeres iban a destiempo, pero en la pieza quedaban magistralmente colocadas.

¿Aquello era un ofrecimiento real? Suponía que sí, porque sino, ¿Para qué lo había dicho? -Perfecto, pues te avisaré con tiempo, creo que Steven también vendrá antes, siempre está echando una mano cuando se le necesita. Es mi mejor amigo -no era ningún secreto, desde que nos habíamos conocido surfeando la amistad había ido surgiendo poco a poco, y tras el aislamiento que le causó aquel accidente nos habíamos distanciado, pero ahora la amistad había vuelto a ser retomada, en el mismo punto en donde la dejamos, pues las verdaderas amistades era lo que tenían, podían pasar años, sin verse, sin hablarse dos personas, que cuando volvías a coincidir parecía que se hubiera quedado estancada, como haciendo un alto para dar tiempo a las personas a crecer y desarrollarse porque iba demasiado deprisa la relación, dos amigos verdaderos también solían vibrar de la misma manera, o sus vibraciones eran complementarias. Ese era mi punto de vista, y en la magia venía a ocurrir lo mismo en la relación que formabas con tu varita, pero también era mi punto de vista, no estaba demostrado.

Elevé ambas cejas a la vez, jamás había podido elevar una sola como solía hacer mi abuelo cuando se le estaba pasando por la mente alguna idea descabellada, pero la sugerencia de poder abusar de Warwick a mi hacía que se me encendieran las mejillas, una de dos, o tenía una imaginación desbordante o tenía altas expectativas con eso del sexo con él. Sólo esperaba llegado el momento no llevarme una decepción, me habían contado que la primera vez no siempre era agradable, sobretodo si se hacía a edades demasiado tempranas, pero con veintinueve años creo que ya estaba más que preparada. Habría esperado lo necesario, ¿no? Algo me decía que Warwick era el hombre de mi vida. Y que las apreciaciones de mi abuelo sobre él no se habían ido tan lejos- Estamos ambos en forma, y mi elasticidad es muy buena, justamente para evitar lesiones -miré descaradamente la sábana del ingresado a la altura de su pelvis y comencé a reír. ¡Qué cabronas éramos cuando nos poníamos a jugar así las mujeres con los hombres! ¡No había una sola buena!- De todas maneras, si ocurre algo, ya te aviso. Te lo prometo.

Estaba feliz al haber conocido a Natasha, si es que no había mal que no viniera por bien, al menos así pensaba una persona positiva. Me daba que me iba a llevar a las mil maravillas con la hermanita de Warwick, que como lo nuestro llegara a cuajar se iba a convertir en mi hermana también. Menos mal que había optado por una casa enorme, porque como aparecieran todos de golpe me iban a faltar habitaciones. Pero ese problema ya lo tenía solucionado, sofá-cama en todas las habitaciones, salvo la de matrimonio.

Miré a Warwick, dos semanas de reposo absoluto. ¡Se iba a librar de la limpieza general!- Esas dos semanas me ocuparé yo de tus quehaceres, pero me los vas a devolver con creces -un acuerdo era un acuerdo, y si estaba así en parte era su culpa, por salir desprotegido del Ministerio. Miré a Natsha, porque no me había quedado claro el asunto, y debía tratar varios temas con Warwick sobre el tipejo que le había dado la paliza- ¿Ha de quedarse ingresado o puedo llevarlo a casa? -los hospitales o eran mi lugar favorito en el mundo- Te aseguro que en casa va a hacer reposo absoluto, aunque tenga que petrificarlo para que no se mueva.
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InvitadoInvitado

Invitado el Dom Nov 13, 2016 11:23 am

Vamos en el fondo soy un completo ángel— Miré a ambas con unos ojos azules brillantes y una mueca esperanzadora, esperando al menos que esta vez Eunice callera, pero me parecía a mí que era de las duras. Suspiré… “Más práctica” Al menos me quedaba satisfecho de sacar sonrisas a ambas aunque estas fueran a mi costa y también por mis dotes culinarias.

¡Oh, abusar de mí! Mira que sigues siendo retorcida Natasha—Empecé a reír ante la broma y miré a Eunice esperando que se lo tomara con el mismo humor pues la Rusa era así, eso me daba que se iban a llevar bien al menos ambas no se cortaban de decir las cosas y eran bastante honestas y directas. Algo que valoraba mucho en las personas, no de esas que iban de espaldas e hipócritas.

Lo del perro me tomó por sorpresa, a decir verdad siempre había querido tener un perro desde la niñez pero el ambiente al ser no ser bueno, jamás lo había pedido ni por cumpleaños ni por navidades. No era vida para un niño y no me quedaba otra que vivir allí, menos para un perro si de eso podía decidir. —Por mí no hay problema. Me gustan los animales y me importa bien poco que raza sea si será grande pequeño, me es indiferente— Me estaba hasta dando demasiada emoción el tener un perro, intente contenerme para que no vieran que era la alegría típica de un niño al que le conceden uno de sus deseos, además no opinaba como muchos que las razas fueran importantes o que por lo grande que era tu perro tú debáis ser más o menos, sólo quería un perro al que cuidar tenerlo como un fiel compañero peludo, estaba demostrado el grado de fidelidad que tenían.  —Cuando quieras vamos a recogerlo—Dije de golpe, yo ya quería tenerlo cuanto antes y por más que quería mantener mi ilusión a raya, me daba que se me estaba viendo en exceso.

No te preocupes hermanita, que tu hermano está muy preparado—Moví ambas cejas. —Estoy muy en forma para hacer más de una de esas posturas—Sonreí zalamero. Más aún al ver que Eunice se lo tomaba con el mismo humor y me daba pie a seguir bromeando con el tema.

Pues me alegro que hayas encontrado a un chico que te haga sentir todo eso, espero que se comporte como toca, o se las veras con tu hermano mayor y como bien te ha comentado Eunice, no hace falta escopeta, con una de mis tostadas tengo de sobras—Dije serio para romper a reír nuevamente, Natasha sabía que era protector y era algo que no podía evitar con la gente que quería, pero que sabía comportarme y que tampoco la dejaría en ridículo sabiendo que el chico le gustaba de verdad, que como mucho me acercaría tantearía al chico y pues tendría una conversación con él, para ver cuáles eran sus intenciones.  

Espera, espera que creo que oía mal— Puse mirada asustada, el verme sin poder moverme iba a poder conmigo. —¿Dos semanas? En serio yo me recupero pronto, estoy hecho un semental de verdad—Dije poniendo énfasis a cada palabra. —Un muro de hormigón en estado puro, acero... ¿En serio queréis tenerme quieto durante dos semanas? ¿Queréis que me dé un paro cardíaco o algo?  Si no puedo estar ni en mi silla del cuartel ni dos segundos sin moverme—Admití, necesitaba mucha actividad o algo que me causara gran distracción y encima para colmo la sabana estaba levantada haciendo de tienda de campaña por la anterior conversación, estaba siendo un día de lo más redondo. —Mira si estoy bien—Intenté pasar la vergüenza de la mejor forma posible, enfrentándome a ella y demostrando lo sanote que me sentía si el colega estaba animado como para levantarse.

Por supuesto sostuve la sábana que no era plan de dar un espectáculo de esa índole, con el que estaba dando con mis objeciones eran más que suficientes. —Por el bien del hospital Natasha y para que se mantenga entero, convendría que no me quedara aquí. Porque volveré al resto de pacientes locos y puede que la habitación en la que me pongas no llegue a ser la misma y no es una amenaza, es que será un hecho. Si ya sabes que soy un no parar—Dije, ella me había conocido suficiente en su casa para saber que no paraba de un lado a otro o salía a correr por su bosque y barriada, el caso siempre era estar haciendo algo cunado no estaba trabajando o entreteniéndome en una charla animada. —Veo más factible la idea de quedarme en casa— Por supuesto tenía mis propios pensamientos de que hacer en casa y lo que soltó Eunice me dejo perplejo. —Oye Eunice, no dirás en serio eso de petrificarme. Por favor que necesito estar haciendo cosas y mantenerme ocupado, me matáis en vida si me obligáis a estar quieto sin hacer nada— Podía parecer quejas de un niño pequeño, pero es que me conocía y aunque pudiera mostrarme en ocasiones un tío tranquilo, era interiormente un nervio y aventurero adicto a la adrenalina y el movimiento, necesitaba en mi vida continuo movimiento, y darle por supuesto al coco, pero hacer algo que sólo darle a la cabeza sino llevar acabo mis ideas, y no quería salir del caso ahora que ya lo teníamos, además tenía tantas cosas que contar a Eunice respecto a lo que había visto, oído y olido, que podía servir, pues poco teníamos aparte de lo que la pequeña Ziva me había relatado y el dibujo había sido un churro, pero dado que la niña y yo no sabíamos dibujar, algo que teníamos en común era lo mejor que había podido hacer.  

Va… prometo que seré bueno en casa—Puse mi mejor cara inocente nuevamente. —Eunice, sabrá cómo mantenerme ocupado y entretenido.
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InvitadoInvitado

S. Natasha Kuznetsova el Lun Nov 14, 2016 10:45 am

Agradecida estaba por la forma en que la trataba la chica de su hermano mayor. Sin duda era bastante agradable. Saber que llegaría un chico antes también para ayudarla le hacía sentir que era una chica de gentes, de amigos. Quizá pudiera equivocarse y solo tener uno pero esa era la primera impresión. Por otra parte, también cayó en cuenta que se llamaba igual que el chico que pensaba traerse en la fiesta. ¿Sería el mismo? No, no. Había muchos Steve en el mundo, que fuera el mismo era demasiado coincidencia. — Pues no se habla más, llegaré más temprano y os ayudaré. — Afirmando, ya dispuesta a hacerlo si o si.

Claro que Warwick parecía no poder evitar sacar ese lado suyo sobreprotector, a lo que Natasha no pudo evitar reír. — Te estaré vigilando yo a ti también. Lo último que quiero es que me lo lesiones. — Arqueó una ceja. — Pero bueno, me alegro de que si os lesionáis en la cama vengáis a que os cure. No me gustaría enterarme que cambiáis de sanador, eeh. — Bromeó. Cada uno era libre de ir al sanador que mejor le conviniera. El mundo era libre, el mundo podía irse con quien quisiera.

El tiempo de reposo pareció haber sido un golpe duro para el hombre y Natasha bien lo sabía. Lo único que quería es que se encontrase mejor y que se recuperase plenamente de una paliza. Warwick parecía tratar de convencerla, en vano. Si había algo que la caracterizaba era su clara decisión en aquellos temas. La rusa lo miró, aún con la ceja arqueada, y una ligera sonrisa de : "no lograrás convencerme". — No pienso dejar que te pongas a trabajas como si nada hubiera ocurrido. ¿Me explico? — Fue clara, no quería darse muchos rodeos pero pudo haber sido más clara. — ¿Quieres recaer? — Preguntó de manera que no quería respuesta porque las sabía y por ello negó lentamente al contrario para que se quitara la idea de darle el alta el primer día.

Sin duda sabía lo que significaba para él el no moverse pero... Había que saber cuando aceptar las cosas. Eunice le comentó que si se quedaba en casa ella se aseguraba de que estaría en reposo, aunque fuera mediante magia. — Escúchame Warwick Moorcock. — Diría firmemente, como cuando lo llamaba para mantenerse muy seria. Ahí es cuando salía parte de su vena rusa. — Ni se te ocurra hacer locuras, ¿quieres dejar de trabajar porque no te recuperaste? Sé que la magia y sus métodos de sanación son fascinantes pero... Igualmente debes tomarte un descanso. Tienes los músculos cargados, incluso muchos de ellos resentidos por los golpes. — Iría entonces hacia donde estaba la tabla con los papeles con la información de lo que le había pasado. — Tienes las fracturas curadas pero la herida de tu brazo deberá curarse y dado que no viniste inmediatamente por las condiciones no se te pudo curar del todo. Se te quedará cicatriz, eso sí. Pero deberás tomarte una cosa que te daré durante una semana, muy pequeñas cantidades que te indicaré. — Le comentó. — Te dejaré marchar a casa porque ella me lo ha pedido y confío en sus métodos para mantenerte quieto. Podrás hacer actividades cotidianas relajadas. Puedes dar paseos que eso siempre vienen bien y podrás hacer otras cosas pero nada de actividades físicas que requieras esfuerzos. — Negó con la pluma del informe en la mano para luego escribir algo en lo mismo. — Si no realizas al menos descanso durante una semana lo sabré, tu cuerpo hablará por ti. ¿Me pillas? — Rodó los ojos y soltó un pequeño suspiro. — Y que sepas que no lo hago por mí, si suelto un poco la cuerda para que no te mueras quieto es por ti. Pero atentes a las consecuencias de tus actos. ¿De acuerdo?

Se acercó a él y miró hacia el techo cruzada de brazos. — ¿Y ahora que toca? — Preguntaría haciéndose la loca pero claramente era un abrazo, eso quería. Luego miró a Eunice. — Confío en que harás que no haga mucha actividad física, es malo para su recuperación. ¿Me haces ese favor?
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