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Canibalismo (Warwick A. Moorcock + Eunice L. Lyall, + S. Natasha Kuznetsova Privado)

Invitado el Sáb Oct 29, 2016 11:38 pm

Recuerdo del primer mensaje :


Big Evil caminaba a sus anchas por las calles como si poseyera el lugar, no sólo eran imaginaciones sino la gente al verle se apartaba. Tenía ansias y ya tenía un objetivo en el que se encontraba trabajando, por supuesto requería tiempo y había elegido el momento perfecto para terminar con toda la familia al completo, por ello debía seguir estudiando a cada miembro de la familia, su personalidad y temores. Y así él podría decidir concienzudamente qué clase de muerte les daría.  Pero de momento bien podía pasar un buen rato, por ello Big Evil decidió salir de noche donde se sentía el rey del mundo y más allá de la ley. Paso un tiempo en un bar de moteros la mayoría con chupas de cuero, lo miraban curiosos pues al ser tan inmenso y vestir de tal modo no era de extrañar, Big se preocupaba por su imagen, su verdadera imagen en dónde era él y no tenía que fingir ningún papel. Se levantó y dio una patada a un taburete esperando que alguien se dignara a decirle algo, al no recibir contestación salió riendo del establecimiento.

Aún había mucha noche por delante y Big Evil estaba hambriento, deseoso de terminar con una vida rápida sin esfuerzo, pero sentir esa vida irse a cada segundo. Era tan vital para él como el respirar, algunos lo llamarían loco demente pero él se consideraba todo un genio por encima de la vida y la muerte. Su propio cuerpo estaba tatuado y herido por sus propios machetes y había sobrevivido, un alemán llego a clavarle una estaca y aún continuaba vivo para poder seguir con su arte.  Vio pasar gente por su lado que se apartaba de miedo al verlo de noche y él sonreía mezquinamente tanteando quién tendría el honor de satisfacer su placer esa noche.

Aún en su estado más insaciable era consciente de que debía buscar la oscuridad, así que tomó uno de los callejones poco alumbrados al estar las farolas petadas. La poca luz que se filtraba de la luz dejaba ver escasas cajas en las que en su interior posiblemente dormía un vagabundo, las victimas más fáciles y que menos importancia tenían para el sistema.  Big se detuvo al ver una silueta tambaleante que hablaba solo con una botella de licor en la mano derecha.

¿Nagie creee oe pero se soy coronell de los águuilas, Will eres un idiota… ¿tú qué errres? Un meirda, te fuigaste el díaa tu boda— Continuaba relatando el borracho tambaleándose y terminó por apoyarse en la pared.  Big Evil empezó acercarse a la que sería su próxima víctima, los órganos de aquel alcohol bien podían tener un regusto a licor. Por supuesto Big sabía que el mejor buque era la gente totalmente sana, el gusto era exquisito.

¿Will? Estojd viendo un gignate— Decía el borracho al ver como Big Evil se aproximaba a él. —¡Will, miraaaaa!

Un hombre desde el interior de las cajas contestó malhumorado. —¡Calla ya Peter, algunos queremos dormir! Siempre con tus monsergas e historietas del ejército. Ya no sabes cómo llamar la atención.

Big Evil agarró la garganta del mendigo para evitar que siguiera molestando y negó con la cabeza para que le obedeciera, se ladeó y aflojo el agarré. El borracho respiraba con dificultad y su pulso era elevado. Big arrancó la oreja derecha de cuajo con su propia boca, saciando así su sadismo provocando un grito de dolor y congoja.  Will se asomó desde su caja al oír el grito y al ver algo inmenso y borroso por la escasa luz volvió a meterse en la protección de su caja, callado y  sin moverse esperando así vivir. William Bestan un ex arquitecto enganchado al juego que lo había perdido todo por lo mismo, ni valor para ir al día de su boda había tenido, pero en las calles había aprendido que si quería sobrevivir era mejor hacer oídos sordos y tener los ojos cerrados…


Última edición por Petar Slavkov el Lun Nov 07, 2016 1:21 pm, editado 2 veces
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InvitadoInvitado

Invitado el Mar Nov 15, 2016 2:55 pm

Por lo que hablaba Natasha y por como me había encontrado de desválido a Warwick cuando tropecé con él en aquel callejón de mala muerte, se lo habían dejado hecho polvo, por lo que mis sospechas sobre que el tipo tenía que tener una fuerza descomunal y ser bastante alto, me golpeaban con fuerza, ello enlazado a ciertas partes de varias conversaciones con un sujeto del Ministerio, me puso en mente a cierto hombre de mantenimiento. ¿Podría ser él? Las apariencias no siempre mostraban al verdadero ser, por ello las llamaban apariencias, personas que parecían totalmente inofensivas guardaban en su interior una gran maldad, y otras, que nada más verlos lo primero que te rondaría por la cabeza sería cambiarte de acera para que no te pidiera ni la hora por las pintas que llevaban, luego eran bellísimas personas.

La pataleta de Warwick y ls palabras sensatas de Natasha me hizo mirarlo con una sonrisa juguetona- ¿Te la quieres jugar conmigo? -le pregunté a lo de petrificarlo. Si así era, por mi bien, no solía decir nada ni malgastar saliva con cosas que no fuera a cumplir después, mi época estudiantil en el que soltaba una parrafada sólo para infundir miedo y que no me tomaran el pelo, ya había pasado hacía más de una década- Tú pórtate como un adulto, y no tendré que usar método dispares contigo. Si tu hermana dice que necesitas dos semanas de reposo, es porque las necesitas y de paso la próxima te lo pensarás antes de salir del Ministerio sin nadie que cubra tus espaldas.

Bueno, otra cicatriz para la colección, ambos teníamos una buena colección en nuestros cuerpos, una más y en el brazo tampoco era tan malo. Al menos el brazo aún lo llevaba adherido al cuerpo, podría haber sido peor y perderlo.

La chica ya había bajado a una semana, pero no le daría el alta hasta las dos semanas, eso significaba que luego el descanso sería relativo, sus ocho horas de sueño, nada de ejercicio extremo, pero sí podría arreglar la casa con calma.

- ¡Oye! ¿Por que no te lo tomas como una vacaciones pagadas? Sólo va a ser una semana practicando el objetivo a largo plazo. En una semana podrás salir a pasear y si necesitas sol, te puedo dejar sentado en el porche realizando la fotosíntesis durante la primera semana -vale, ya estaba bien de tomarle el pelo, a ver si al final le iban a sentar mal mis palabras, pero el estar así era culpa suya, por dejarme de lado. De alguna manera tenía que sacar la mala leche que tenía retenida, por hacer esto a mí también me postergaba a una semana de papeleo, y no era tampoco una persona demasiado tranquila, aunque bien era cierto que sí podía estar sentada más de dos segundos.

Volví a mirar a Natasha y les di de nuevo espacio, retirando la mano que mantenía acariciándola- Claro, te prometo que no hará demasiado ejercicio durante la segunda semana, y nada de nada, la primera semana. Pero no tiene problemas de corazón, ¿Verdad? -me crucé de brazos, si por una de esas pasábamos de los besos, podía hacer yo todo el ejercicio físico y él simplemente disfrutar, salvo que tuviera algún problema de miocardio- ¿He de comprar algo en la farmacia?¿Lo digo por si me puedes extender la receta. También necesito las pautas de los analgésicos y las pociones que le tenga que dar -intuía que con la felicidad que llevaba encima Warwick iba medio drogado, porque cuando te dabas un golpecito en el costado dolía a base de bien, y con un par de costillas rotas apenas podías respirar, ¿Y como lo sabía? Que se lo preguntaran al surf y todos los deportes extremos que había practicado para evitar terminar con una enfermedad respiratoria crónica tras sufrir de niña la perforación de un pulmón con un balazo.

En esos momentos no sabía si tenía más ganas yo o él de salir del hospital- ¡Oh, por cierto! Necesitaré el parte de baja para entregarlo mañana al jefe -porque no acudir a tu trabajo podía suponer sin causa justificada un expediente.
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InvitadoInvitado

Invitado el Mar Nov 15, 2016 4:46 pm

Si yo un adulto soy, pero no os ponéis en mi lugar vosotras tampoco…—Suspiré intentado hacerme a la idea de tener que estar quieto al menos por una semana. ¿Qué iba a hacer en la casa solo durante una semana sin dar ni golpe? —Natasha por la cicatriz no problema, no será la última seguramente. Son gajes del oficio es algo que tienes que aceptar cuando te dan el cargo—Sonreí, apenas sentía dolor por lo que me habían dado y me sentía perfectamente, pero claro no sabía cómo me iba a encontrar una vez se me fuera el calmante, aunque si bien decía que algunas lesiones ya habían sanado, al menos sólo tenía que localizar el dolor y llevarlo lejos, no era la primera vez que lo había hecho en mi vida. Era algo que había aprendido desde niño y con los años lo había logrado perfeccionar.  Al menos se habían compadecido de mí y habían dejado ciertos temas sexuales a parte para que lograra calmarme, después de todo no había terminado tan mal como podría haber terminado. “Era un mastodonte… joder pero el golpe en la cabeza se lo llevo de mi parte” Seguía pendiente de lo que decían tanto mi chica como mi hermana, pero mi cabeza estaba dando vueltas y no precisamente por lo que me habían metido. Un sentimiento de que a esa persona ya la conocía, lo había logrado tener sobre mí, aunque claro el olor me había desconcertado. Miré a Eunice y algo me dijo que ya se había encargado con las pruebas de mandarlas analizar y pasar el circular para ver si salía algo concluyente, sólo esperaba que al menos con lo que había conseguido lo pudiéramos detener al fin y así evitar otras muertes.

Mierda… si vuelve a matar ahora yo…” Recordé cada una de sus palabras y que me iba a dedicar la muerte de sus asesinatos, a mí e inclusive a Eunice. No quería que la metiera en esto, pero al ser mi compañera y ella al haber estado siguiendo el caso estaba metida en el fondo, y no sé merecía que la sacara ni le escondiera información, pues se lo merecía y estaba capacitado para ello. Pronto íbamos a tener que hablar de lo ocurrido, de lo que había visto, oído y percibido, de lo que me había dicho y tendría que ser en privado puesto que era un caso confidencial.

Prometo, haré paseítos como los abueletes, incluso procuraré sentarme en la taza del váter con la misma delicadeza—Empecé a reír nuevamente y miré a Eunice al ver cómo me las seguía tirando, seguía enfadada y era notorio hasta para mí. —Va, quitar esas caras largas, que estoy bien de verdad. He estado en situaciones peores os lo aseguro, puedo con esto y Natasha has actuado rápido. Pero como he prometido, me portaré bien durante esa semana. Anda ven aquí—Abrí los brazos para estrecharla de nuevo en un abrazo. —Gracias de nuevo por encargarte, a partir de ahora voy a ser tu peso eh… porque acudiré a ti cuando me lesione y por si solo no pueda ocuparme de ello. Y para cualquier otro favor, que sé que tenéis buenos laboratorios en San Mungo y en el ministerio no puedo confiar en todo el mundo— Dije más flojo, para que sólo ella y como mucho Eunice me escuchara, no decía algo que no fuera una total sorpresa para ella. Había visto cosas en el tiempo que llevaba en el ministerio que no me gustaban nada y no eran simplemente errores, había algo más detrás.

Al final iba a tener que hablar con Eunice de ciertos temas para que comprendiera mis modos de actuar, pero iba a poner más de mi parte para seguir cambiando mi modo de actuar, hasta yo sabía que no era el correcto, simplemente era el que había tenido que aprender para poder sobrevivir. Y ahora por primera vez en mucho tiempo podía confiar en alguien y cambiar las malas costumbres que me habían salvado la vida durante años era algo complicado.

¡Eh! Por supuesto que no tengo ningún problema de corazón. Soy de hierro, mis antiguos exámenes médicos así me lo dijeron, no tengo mala salud y me cuido bastante y hago ejercicio— Al final iba hacer un grito en plan tarzán para que vieran el grado de salud que tenía mi corazón. Pero deseche la idea que estamos en un hospital y no quería molestar a los que tan mal se encontraban. Puse mala cara cuando hablaron de medicación, no era muy dado a tomarme brebajes más que nada por despiste o porque sabían fatal. Prefería mil veces aguantar el dolor y esperar que se curara que tomar cosas asquerosas, es más prefería que me pincharan mil veces antes de tomar algo por la boca tan asqueroso.  —Te enviaremos una lechuza con el día y la hora, te presentas si quieres antes y echas una mano en la cocina ya que yo tendré prohibida la entrada a no ser que sea para llevar platos y servir. Por mí no hay problema—Aunque si se presentaba muy pronto bien podía encontrarme en calzoncillos por la casa.  —Sí, la maldita baja. Pero una semana eh hermanita.
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