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When the moon comes~ (Stella Moon)

Edward Westenberg el Mar Nov 01, 2016 11:09 pm


~WHEN  THE MOON COMES ~

Hasta la fecha tenía dos transformaciones en el cuerpo, dos lunas llena que había pasado siempre bajo la compañía de Stella, licantropa que hace ya dos meses le había mordido una noche en las calles de Londres y que ahora se había vuelto en una gran compañera de manada. Porque lejos de causar en Edward un resentimiento por aquel acto que cambió su vida considerablemente como el hecho de que cada mes un par de noches salía a aullar a la luna, le agradecía por acompañarlo en todo y hacer de aquel cambió algo mucho más pasable. Sabía que en algún momento se acostumbraría, y podría llegar a ser algo más tranquilo de llevar. Pero el hecho de que desde pequeño fuera un chico que no podía estar más del tiempo normal quieto, el simple hecho de que hubieran días que ni siquiera se pudiera su propio cuerpo lo ponía de muy mal humor.

Faltaban menos de dos semanas para la próxima luna llena y Edward sabía que ya comenzarían los dolores, es como si su cuerpo comenzará a prepararse para el cambio, algunas veces lo había llegado a describir como una sensación de que tus huesos se comienzan a mover para acomodarse en otro sitio que sólo logra tener sentido la noche de luna llena, noche que después no recuerda… ¡arg! Vaya mierda.

Había salido del trabajo más temprano porque  su jefe había visto en su rostro como si pronto caería en un resfrió, y como la temporada alta de ventas se aproximaba prefería que se cuidará hoy que no había mucha clientela que en unas semanas donde ahí si necesitarían más personal, no sabía lo equivocado que estaba el jefe de Edward.

No tenía muchas ganas de volver a su habitación en El Caldero Chorreante, y no porque fuera un mal lugar, porque decir aquello sería una gran blasfemia porque las personas que atendían en el Caldero Edward las describiría como las personas más buenas y locas del planeta, sino por el hecho de que tenía ganas de tomar aire, respirar, despejarse.

Camino sin rumbo alguno, ya que durante su caminata iba con la vista baja, y mirando vagamente cuando chocaba con una que otra persona que le dedicaba de paso una mirada fulminante, estaba en muchas y ninguna parte a la vez.

En eso miró una cabina telefónica que llamó mucho su atención por ser muy familiar para sus ojos, era la cabina roja que te llevaba al Ministerio de magia, llevó su manos a su muñeca para ver la hora y se maldijo a lo bajo al comprobar que aún no se compraba el reloj a pesar de repetirse todos los días que lo haría. Pensó unos segundos si sería lo mejor ir a visitar a Stella de improvisto, pero como ya los que conocen al chico podrán saber que no piensa mucho tiempo las cosas, ya se encontraba marcando los números correctos que le permitirían entrar al edificio.

Como ya no era la primera vez que iba hacia donde se encontraba la oficina de Stella, le fue mucho más fácil y rápido llegar a ella. Le sonrió a la chica que atendía y al reconocerlo la chica le hizo una seña de que ya avisaría a Stella en un momento de su llegada. Edward le sonrió a modo de agradecimiento y se sentó en uno de los sillones a esperar, al menos a pesar de no tener hora Stella aún se encontraba en su oficina.  Ahora la pregunta del millón ¿Ella podrá salir antes de su trabajo como él?.

Sabía que era una locura aparecerse así y sin avisar, teniendo esta vez todo los datos para mantener un contacto menos invasivo que ese con Stella, pero tenía que admitir que el último tiempo la chica se había convertido en algo muy parecido a una hermana para él, algo que jamás le diría a la chica claramente, porque al paso del tiempo y a pesar de tenerle mucho cariño sabía que a veces hasta la mismísima reina del hielo le temía, es que en esas cosas del afecto era una poco fría.  A diferencia completa que él, pero ya se habían ido acostumbrado, por ejemplo a veces Stella le aceptaba sus abrazos. Escucho a los lejos la voz de la chica y se levantó del sillón esperándola con una amplia sonrisa sacada de su reserva de sonrisas inocente y angelicales que sólo ocupaba cuando cometía una locura y quería zafarse del castigo.
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Edward WestenbergMagos y brujas

Stella Moon el Vie Nov 11, 2016 3:13 am

No había tenido un día muy liado en el trabajo, pero eso era normal desde que ya no era la jefa por culpa de la nueva Ministra. Lena Howard había quitado a todos los Jefes de departamento y asignado a unos nuevos, a los que ella le había dado la gana, aunque teníamos la posibilidad de recuperar nuestro trabajo. No era algo en lo que estuviese muy interesada por el momento. Después de todo, trabajar en el Ministerio nunca había sido algo que me apasionase, sino algo que había hecho a insistencia de mi madre. También a insistencia de ella había trabajado duro en el pasado para conseguir el puesto de jefa tan rápido, pues ella quería que tuviese un puesto importante, y yo, que siempre hacía lo que me daba la gana a pesar de los deseos de mi madre, había decidido complacerla en ese aspecto para compensar por todo lo demás en lo que no la hacía caso. ¿Cuántas veces había hecho lo contrario a lo que mi madre quería? Demasiadas. Había roto el compromiso de matrimonio que estaba concertado para mí y para Sylvan Dankworth desde que éramos niños, me había negado a seguir una carrera política aquí o en Estados Unidos, me había negado a ocultarle al mundo mi licantropía, me había negado a llevar una vida respetable y a cuidar mi reputación para que esta fuese intachable… Si hubiese hecho todo lo que mi madre quería habría ido en contra de mi propia naturaleza, estaría encerrada dentro de mí misma, así que me había rebelado en lo que había podido. Estaba casi segura de que la única razón por la que todavía me hablaba es porque soy mortífaga, cosa que la hace muy feliz, y soy muy buena sirviendo al Señor Tenebroso. Sí, con eso mi madre sí que estaba complacida.

Ahora que no tenía que encargarme de asegurarme de que todos los inútiles de este departamento hiciesen su trabajo en vez del imbécil, tenía mucho más tiempo libre que antes. El nuevo jefe era tan inútil como todos los demás, así que el departamento era un caos. Sabía qué era lo que todos los demás estaban haciendo mal, pero me negaba a intervenir y hacer su trabajo por ellos. Hice el mío en paz, sin que nadie me molestase (menos mal, o se habrían arrepentido), y estaba en mi oficina prácticamente sin hacer nada ya cuando vinieron a avisarme de que tenía visita. Me sorprendí un poco al principio, pero la sorpresa se desvaneció cuando me dijeron de quién se trataba.

Pensé durante un par de segundo para intentar recordar si había quedado con Edward hoy. No, que yo recordase. Pero no era poco característico del chico hacer cosas como estas sin avisar, había aprendido a conocerle bien en el último par de meses. Mi expresión permaneció neutra mientras me levantaba de mi escritorio y salía de la oficina para caminar hacia la sala en la que Edward me estaba esperando. Si cualquier otra persona se hubiese aparecido en mi trabajo sin avisar probablemente me hubiese molestado pero, increíblemente, la visita sorpresa de Edward no me molestaba. Maldita sea, me recordaba demasiado a mi hermano. Ahora que le conocía mejor, a veces incluso me parecía que no estaba hablando con Edward, sino con Drake. Eran tan parecidos… pero Drake había tenido una oscuridad en él que Edward no poseía. No todavía, al menos.

¿Tú no deberías estar trabajando? —le pregunté cuando llegué junto a él. Ahí estaba, esa sonrisa de travieso. A veces me irritaba, a veces me divertía, pero nunca le dejaba que lo supiese. —¿Está todo bien? —pregunté entonces para asegurarme de que no estaba aquí porque se había metido en algún problema, lo cual, sinceramente, no me sorprendería ya que estuvo en Gryffindor.


Última edición por Stella Moon el Miér Dic 21, 2016 12:05 am, editado 1 vez
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Edward Westenberg el Jue Dic 01, 2016 7:16 pm

Había tenido las últimas semanas días realmente difíciles, tanto así que a veces le gustaría tomar todas sus cosas e ir a recorrer el mundo, o quizás meterse dentro de una selva o montaña y perderse a lo Into the Wild en busca de algo que no sabía qué. Pero después volvía a pensarlo mejor y se daba cuenta que era una completa idiotez hacer aquello y al mismo tiempo cobardía por huir así de los problemas.  Por más que él se lo había buscado le había afectado lo de Synnove, más de lo que él se lo hubiera imaginado. Más que nada por el daño que sabía que le había causado a la chica, y a eso se le sumaba que muy pronto haría su aparición la luna llena, y esas dos cosas juntas lograban que su cerebro que ya era inquieto por naturaleza ahora se volviera un completo caos.

- Así es, debería estar en mí trabajo.- comenzó a decir poniendo especial acento en la palabra “debería”.-  Pero al parecer tengo un rostro de enfermo que se me ve a kilómetros. ¿Tú que piensas?, yo digo que sigo viéndome irresistible.- bromeó,  pero se maldijo internamente al segundo, Stella no era la clase de personas que se reía de su peculiar e infantil humor. Por lo que decidió cambiar pronto de tema, si es que no quería que la siguiente escena fuera él solo nuevamente en la calle. Quería hablar con alguien, despejarse y de cierta forma su caminar lo había llegado hasta la licantropía, el destino había hablado ¿no?.

- No ha pasado nada, sólo que camina por las afueras y al divisar la cabina telefónica pensé en venir a darte una pequeña visita- la miró con su mejor expresión de chico bueno que no rompe ni una huevo  a su paso. - ¿Molesto? ¿Estás muy ocupada?.- comenzó a preguntarle, rogando internamente que Stella tuviera algo de tiempo libre, no sabía muy bien que buscaba al estar allí precisamente, sólo tenía claro que al pensar en alguien con quien quería hablar y estar aquel día su inconsciente lo llevó enseguida hacia donde se encontraba la licántropa.

- Pensaba que tal vez podríamos ir a tomar algo por ahí, yo invito.- agregó con una sonrisa enorme, mientras se llevaba la mano derecha a su cabello para desordenarlo. Esperando que la respuesta de la chica fuera afirmativa.

Quizás no lo admitiría abiertamente pero el último tiempo se había sentido muy solo. Y Edward era de esos chicos que desde pequeño siempre ha sido muy sociable, le gusta conocer gente nueva, hablar con desconocidos, y entablar nuevas amistades con personas que jamás se hubiera esperado hacerlo. Pero durante este último tiempo, tras todo lo ocurrido este verano  sentía que algo había cambiado en él. Y no se refería al hecho de que ahora fuera licántropo iba más allá, sentía como si todo lo que él pensaba o creía antes se fuera desmoronando de a poco, y cada día que pasaba se desconocía más y más, sentía que estaba pasando en una especie de transición y que había llegado el momento de tomar decisiones, sobre qué camino seguir, qué pasos dar, a donde dirigirse, había perdido el rumbo eso era. Y ahora que se encontraba frente a Stella, no esperaba que ella solucionara todos sus problemas, sino que sólo quería estar con alguien con quien podría hablar tranquilamente, ser tal cual era, y en este momento de su vida la persona que él encontraba perfecto para eso era la castaña que tenía enfrente.
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Stella Moon el Miér Dic 21, 2016 12:54 am

Me extrañé al ver a Edward en mi oficina, ya que estaba bastante segura de que hoy a esta hora le tocaba estar trabajando. Sin embargo su explicación le dio sentido a su presencia aquí, y le miré de arriba abajo antes de dedicarle una sonrisa burlona.

¿A kilómetros solo? Yo creo que la cara horrible se te ve desde Saturno por lo menos —le dije, metiéndome con él con tono burlón pero con cierto toque de cariño. Era con muy poca frecuencia con la que era cariñosa con Edward, en más de una ocasión le había pillado refiriéndose a mí como Reina del Hielo, lo cual había provocado que le dedicase miradas el triple de frías que las que habían ocasionado el comentario. —Aprovéchate de eso mientras puedas, en unos cuantos meses irás mejorando y ya no tendrás escusas para largarte del trabajo.

Le pregunté si había pasado algo, pues no me sorprendería nada que se hubiese metido en un lío gordo. Ya se había metido en varios desde que le conocía, y eso sin contar con el lío en el que nos habíamos conocido. ¿Qué lío podía ser más grande que uno que te llevaba a ser atacado por una licántropa en medio de la noche? Y estaba convencida de que se habría metido en más problemas de los que yo no estaba al tanto. Mi voz no mostró mucho interés y ninguna preocupación cuando formulé la pregunta, aunque estaba claro que si Edward sí que se había metido en líos le sacaría de ellos. ¿En qué momento me había convertido como una especie de hermana mayor para este chiquillo que es como un torbellino provocador de jaquecas? Pero Edward me confirmó entonces que no había pasado nada.

No, en absoluto —le contesté cuando me preguntó si molestaba. En realidad agradecía su presencia allí, ya que yo detestaba mi trabajo y cualquier distracción era bienvenida. Me dijo entonces su idea de ir por allí a tomar algo por ahí, y no me pareció mala idea. —Sí, por qué no. Estaba terminando de hacer unas cosas en mi oficina, solo tengo que recoger. Ven, no te quedes ahí de pie como un pasmarote —le dije para que me acompañase de nuevo a mi puesto de trabajo. Quería dejarlo en orden antes de marcharme, y eso que a mí no me gustaba nada el orden, pero el desorden atraía a los chismosos y no había nada que me desagradase más. —No toques nada —le advertí a Edward, aunque seguramente no me haría caso. Ya sabía yo cómo era él, pero estaba demasiado ocupada como para prestar atención a lo que él hacía o dejaba de hacer.
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Edward Westenberg el Mar Ene 03, 2017 7:33 pm

- Tan cariñosa y sincera como siempre. - no logró contener sus palabras, de seguro recibiría una mirada de hielo por parte de Stella, pero con el paso del tiempo había descubierto que con él, hasta el momento sólo se quedaban en miradas. - Hey! por qué tan aguafiestas. Esta bien, lo aprovecharé al máximo. - terminó por decir con una amplía sonrisa, mientras se desordenaba el cabello de manera inconsciente.

Era impresionante como el simple hecho de estar junto a Stella hacía que las cosas no se vieran tan mal después de todo, más que mal llevaba mucho más tiempo que él siendo licantropa, y siempre encontraba las palabras precisas para calmar su estado y hacerle ver que haber sido mordido más que problemas traía consigo nuevas oportunidades. Y aunque no lo dijera en voz alta, agradecía enormemente su compañía.

Sonrió más aún cuando escuchó que no le molestaba su presencia, y que su idea no le parecía descabellada. Y tras mucho tiempo sintió que este era su día de suerte. Quizás al final no terminaría diciéndole nada de lo que sentía o le atormentaba a Stella, más que nada porque no sabía si la chica le soportaría escuchar esas cosas, pero ya le había aceptado ir a tomar algo por ahí y eso para él ya era algo.

Pegó un pequeño brinco cuando indico que dejará de estar como pegado al suelo en vez de acompañarla hacia su oficina, comenzó a camiar detrás de ella y sintió como su curiosidad se removía dichosa al ver otros lugares del Ministerio que le eran desconocidos hasta ahora, como la oficina de Stella por ejemplo. A penas llegó a ella sintió el leve impulso de tocar una figurilla que se encontraba en un mueble, pero detuvo su accionar en cuanto escuchó sus palabras, que más que molestarlo le hicieron sonreír.

- Esta bien, no tocaré nada, me quedaré quieto como una momia. - bromeó mientras se quedaba congelado por unos momentos para luego echar a reír, caminó hacia una silla cerca del escritorio de Stella para echar todo su peso en ella, mientras suspiraba cansado. Cuando de pronto una fotografía le llamó su atención.- ¿Quién es él?. - pregunto frunciendo el ceño, mientras observaba una fotografía de Stella con una chico, se veía mucho más feliz que ahora, más radiante, y no es que ahora no fuera así, lo era pero había aparte de eso una capa nebulosa siempre encima suyo, que se atrevería a calificar como melancólica.

Además Stella le había prohibido tocar, no preguntar ¿no?-

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Stella Moon el Vie Ene 20, 2017 8:38 pm

Sabía que Edward era como un huracán porque era increíblemente curioso y por lo tanto le encantaba cotillear para estudiar detalles de todo tipo de cosas que había a su alrededor. Había tenido la desgracia de comprobar eso varias veces en el pasado, por lo que le advertí que no tocase nada mientras estaba dentro de mi despacho esperando a que yo recogiese mis cosas para poder irnos de allí, porque no quería que desordenase todo por un lado mientras yo recogía por otro.

No sé si eso me convence, las momias malditas se mueven más de lo que deberían —repliqué a su comentario sin poder remediar una pequeña sonrisa que curvó la comisura de mis labios brevemente durante apenas un segundo. Sabía algo del tema de momias malditas, no solo era mi mejor amigo un magnífico rompedor de maldiciones que había pasado mucho tiempo en pirámides de Egipto viendo tales cosas, sino que yo había estudiado algo por mi cuenta. Abandonar mi horrible y aburrido trabajado en el Ministerio siempre me había tentado, y cambiarlo por una vida de aventuras trabajando rompiendo maldiciones y encontrando antiguos tesoros escondidos. Pero jamás me había animado a hacer tal cosa, por el momento mis obligaciones como espía me tenían anclada en Inglaterra así que la idea de un cambio de trabajo de uno estable a uno tal, en cierta manera, inestable era una locura. —Quédate quieto como un pilar, mejor, ¿ok?

Estaba distraída poniendo unos papeles que había esparcidos sobre mi escritorio dentro de una carpeta, la cual luego me encargué de meter en su cajón correspondiente junto con todas las demás carpetas con documentos que trataban del mismo tema, así que no presté atención a Edward mientras él, de acuerdo con su naturaleza curiosa y cotilla, se disponía a observarlo todo en el despacho. De repente Edward habló y me giré para mirarle. Lo primero que hice fue fruncir el ceño y mirarle de mala manera al verle tirado de esa manera sobre mi mesa, pero entonces me fijé en la fotografía que él estaba mirando y por la cual me acababa de preguntar.

Mi rostro se ensombreció ligeramente al ver la foto de Drake y de mí. La veía todos los días, sí, porque estaba sobre mi escritorio en mi lugar de trabajo, pero nunca tenía que hablar de él. Era extraño, porque todavía tenía todos los recuerdos de años y años en los que pensaba que habíamos vivido juntos en DC, pero ahora sabía que esos recuerdos eran mentira y eso me hacía sentir muy confundida porque no lo parecían. Tener ese lío en mi mente era horrible en ocasiones como esta, cuando se trataba de los recuerdos de una persona tan querida.

Drake. Era mi hermano mellizo —respondí con voz algo apagada. El tono no llegaba a ser triste, pero desde luego no estaba animada. Miré la foto: teníamos diecisiete años en esa foto. Yo había crecido y madurado desde entonces, pero ese fue el último año humano de Drake, él nunca llegó a ser más mayor que como lo era en esa foto. Había quedado congelado en los diecisiete para siempre, y lo habría seguido estando de no haber muerto pocos años después de que esa foto fuese tomada durante las vacaciones de Navidad. Desvié la mirada de la foto y guardé unas últimas cosas en silencio. Me puse entonces mi chaqueta de cuero negra y mi bolso para irme de allí, y volví a mirar una vez más la foto antes de suspirar. —Le convirtieron en vampiro pocos meses después de sacar esa foto —murmuré entonces, y miré a los ojos a Edward. Esos ojos marrones llenos de travesura, esa casi constante sonrisa de picardía que esbozaba, el cabello, su juventud, su curiosidad, lo pesado que era, su manera de hablar y de actuar… Una sonrisa triste apareció en mi rostro entonces. —Me recuerdas muchísimo a él.

No tenía ni idea de por qué le había dicho eso, pero… era verdad.

Me recompuse entonces. No debía ponerme sentimental, esa no era yo. Carraspeé, y mi habitual expresión algo indiferente volvió a mi rostro mientras me colocaba bien el bolso.

Bueno, ¿a dónde quieres ir?
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Edward Westenberg el Mar Ene 24, 2017 9:51 pm

No sabía si era sólo producto de su cabeza pero ya estando junto a Stella se estaba sintiendo  mucho mejor a que como estaba hace apenas unos minutos atrás.  Ya que a pesar de ser un chico sociable, lo que le permitía hacer amigos con facilidad, durante el último tiempo aquella veta de su personalidad se había apagado un poco. Lo que hacía que generalmente su vida girara entorno a su trabajo, su pieza en el Caldero y las veces que tenía entrenamiento de Kung-fu. Cosas que en su mayoría eran bastante solitarias. Debía admitir que era agradable estar con alguien que simplemente podía ser, tal cual era.

- ¿Momias malditas?.- pregunto curioso mirando a Stella curvando una sonrisa de lado. No había escuchado de ellas ¿existían unas momias que se movían? ¿no sólo existían en las películas muggles? Es que si eso era verdad, él quería saber de ellas y quizás ir a conocer el lugar en que se encuentran alguna vez. Quería viajar, escaparse de todo pero después recordaba que con suerte tenía dinero para subsistir y ahí se le pasaban todas las ganas de ser un trotamundos. – Esta bien, seré un pilar todo guapo y quieto.- dijo ampliando su sonrisa, mientras bromeaba quedándose unos segundos en una posición toda graciosa, para luego reír y caminar hacia una silla al frente del escritorio de Stella para sentarse allí a esperar mientras ella dejaba todo ordenado para salir.

Al sentarse comenzó a mirar para todas partes del oficina, mientras jugaba con sus manos para frenar la tentación que tenía de ir tocando, o tomando todo para verlo más de cerca que le estaba dominando en esos momentos. Pero en eso algo capto su atención, era una fotografía de Stella junto a un chico, arrugo levemente su ceño asombrado, ya que del poco tiempo que conocía a la licántropa jamás había visto esa sonrisa en su rostro, se encontraba radiante junto a ese chico. ¿Será su novio? Aunque, tenían al de parecido…Y sin aguantarlo más le preguntó de lleno de quién se trataba.

Sonrió de manera angelical cuando notó como su ceño se fruncía y le dedicaba una de sus miradas de hielo rogando para que no despertará a la loba que tenía dentro.- No he tocado nada ¿eh? Me eh quedado todo quieto.- se excusa manteniendo su mejor rostro de inocencia, pero luego se puso más serio al notar que esa expresión de molestia en Stella se volvía mucho más sombría, y podría atreverse a decir que algo triste.

La miró con sorpresa ¡¿Stella tenía un mellizo?! Ok, quizás no la conocía de mucho, y bueno tampoco eran mucho de hablar de sus vidas privadas, pero jamás se hubiera esperado que ella tuviera un hermano de su misma edad. – Oh…- sólo atinó a decir para luego desviar nuevamente su mirada hacia la foto, ahora que sabía aquello los encontraba mucho más parecido que antes, sus ojos era idénticos, su mirada,  y su sonrisa radiantemente amplía. Miró a Stella cuando dijo que tiempo después se volvió vampiro.- y ¿dónde se encuentra ahora? .- se retó mentalmente cuando esa pregunta le salió por sí sola, sin siquiera pedirle permiso. Que era curioso, pero sabía cuándo sus preguntas podían llegar a incomodar a la otra persona, y estaba casi cien por ciento seguro que hablar de su mellizo al parecer a la castaña no le daba mucha gracia.

- ¿A mí? .- preguntó divertido, para volver a mirar la fotografía y sonreír. No sabía muy bien a que se refería, si física o psicológicamente, pero esperaba que si se trataba de lo último fuera un buen recuerdo.- Yo no tengo hermanos, pero me hubiera gustado tener una hermana como tú ¿sabes? Aunque claramente hubiera sido el grano molestoso de tu vida pero que adoras al fin y al cabo.- bromeó guiñándole un ojo.

Se paró de un sopetón cuando le preguntó a dónde irían.- La verdad, no lo sé. Improvisé viniendo para acá. Pues podríamos ir a tomar unos refrescos por ahí, o helados, ¿has comido? Y sí tienes más tiempos quizás ir a tomar alguna cerveza por ahí también no me vendría nada de mal.- agregó con mirada traviesa mientras se desordenaba el cabello.- Ya te he dado algunas opciones, ¿qué prefieres?.- le preguntó mirándola con una sonrisa.
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Stella Moon el Miér Ene 25, 2017 11:18 pm

Noté a Edward algo sorprendido con el hecho de que yo tuviese un hermano mellizo, pues aunque no dijo nada la expresión en su cara fue algo divertida, así que asentí levemente para confirmarle lo que acababa de decirle antes de que Edward me preguntase, después de que yo le contase que Drake había sido convertido en vampiro poco después de que esa foto fuese tomada, que dónde estaba él ahora.

Mi primer impulso era responder que mi hermano estaba en Washington DC, en casa, sabiendo Dios sabe qué pues nunca me llamaba ni me escribía. Ese era mi instinto, pues era lo que mis recuerdos falsos que habían sido implantados en mi memoria como grabados a fuego en ella me decían. Me hacían creer que Drake estaba en casa, siendo tan insoportable como siempre, cosa que jamás me había importado porque le adoraba. Pero eso era mentira, mis recuerdos no me enseñaban la verdad, así que tuve que morderme la lengua antes de decir nada y tuve que obligarme a mí misma a pensar en la verdad, en lo que había descubierto que era la terrible realidad. Todavía me costaba muchísimo trabajo, y me dolía pensar en ello. No podía creerlo, y era mucho más difícil cuando los recuerdos de lo ocurrido no están en tu mente y chocan con la información que había creído cierta durante años.

Está muerto —respondí secamente tras un largo y tenso silencio.

No pude evitar revelarle a Edward que él me recordaba muchísimo a Drake. Físicamente se parecía un poco, pues ambos tenían el cabello y los ojos oscuros y en algunos gestos se parecían, pero en carácter… A veces juraría que estaba hablando con un clon de Drake en vez de con un chiquillo a quien me había llevado por delante sin querer durante una noche de luna llena y había acogido bajo mi tutela y protección al decidir responsabilizarme de él por el cambio que había provocado en su vida. Tal vez por eso le soportaba tanto y le había cogido cariño, aunque raramente lo admitiese o lo demostrase. No podía evitarlo.

Sí, a ti —confirmé, y sonreí un poco al escuchar lo siguiente que dijo Edward. Rodé un poco los ojos ante lo último. —Ya eres el grano molesto de mi vida —dije, sabiendo muy bien que Edward ya sabía eso, pues le había quedado claro en varias ocasiones aunque nunca le había regañado por ello. Mi nivel de tolerancia con él era impresionante. —No sé si te hubiese gustado tener una hermana como yo —dije con tono algo apagado cuando dijo aquello. ¿Quién quiere tener de hermana a alguien que nunca ha sido capaz de proteger a su familia? Mi hermano estaba muerto, mi hija secuestrada, y a saber qué más desgracias habían ocurrido a mi alrededor y yo no las recordaba. No, era mejor estar solo, sin gente a la que querer, sin responsabilidades ni debilidades ni distracciones absurdas. Era mejor ser egoísta y así salir siempre ganando en cualquier situación. Pero a veces, por mucho que mi corazón fuese de hielo y mi piel de piedra, pequeñas rajas aparecían y por ellas se colaba alguien, como Edward había conseguido hacer. Él decía que querría una hermana como yo, pero yo dudaba que lo hiciese. No conocía a la verdadera yo, la asesina sanguinaria sin escrúpulos, la licántropa rabiosa que ama lo que es porque adora arrancar gargantas con los colmillos y rasgar cuerpos con sus garras. —Pero sí, me recuerdas mucho a Drake… En personalidad eres casi idéntico. Los dos igual de curiosos, hiperactivos, joviales, ¡y molestos! —aunque Drake había cambiado después de ser transformado. Yo recuerdo que después mejoró, pero ahora sé que esos recuerdos son falsos y mi querido hermano murió siendo miserable. —Me resulta gracioso que tú seas licántropo, pareciéndote tanto a mi hermano… Él escapó del licántropo que me mordió a mí de pequeña, creció siendo humano hasta que se convirtió en vampiro. No nos soportaba a los licántropos, ¿sabes? —Reí suavemente entonces al recordar algunas cosas de Drake. —Solía decir que éramos chuchos sarnosos que olíamos a perro mojado. A mí me parecía que él olía a mierda podrida pinchada en un palo, pero le quería igualmente aunque nuestras naturalezas nos empujasen a odiarnos. Nunca me importó que fuese un chupasangre.

M di cuenta entonces de lo que estaba haciendo, estaba poniéndome personal de más con Edward, y no debía hacer eso. Ni con él, ni con nadie. Carraspeé un poco, recuperé la compostura, y cambié de tema rápidamente, esperando que no se hubiese dado cuenta de mi momentánea debilidad al habar de Drake. Solo mi hermano podía conseguir ponerme así, nada más en el mundo era lo suficientemente fuerte para derribar mis barreras, pero el recuerdo de Drake sí.

No he comido —contesté cuando él me preguntó tras cambiar de tema. —Conozco un sitio estupendo en el que dan carne deliciosa, si no tienes otro sitio en mente —le dije. Ambos comíamos carne debido a nuestra condición, así que ponernos de acuerdo con ello no debía ser complicado. —Y está cerca de una heladería, sí que me apetece algo dulce… Y luego podemos ir a tomar unas cervezas, perfecto —le dije, aprobando sus ofertas.

Salimos de mi despacho y yo cerré la puerta para que no entrase nadie. No íbamos a desaparecernos, era mejor caminar si íbamos a movernos por el Londres muggle, así que fuimos al Atrio para ir al ascensor que llevaba a la calle. Por los pasillos se escuchaba el sonido de mis tacones al golpear el suelo, ya que yo jamás iba a ninguna parte sin tacones. Había ido a trabajar vestida de manera que perfectamente podía salir a la calle y estar arreglada incluso para ir de juerga, entera de negro con mi estilo habitual. Edward y yo tardamos poco en salir a la calle, donde había poca gente, y nos pusimos a caminar en dirección a nuestro próximo destino.

¿Hay algo que quieras contarme? —En el poco tiempo desde que le conocía me había vuelto bastante capaz de intuir su estado de ánimo, y algo me decía que no todo andaba bien ese día y que su mala cara no se debía únicamente a su nueva condición licántropa. —Y no pienses en tomarme el pelo, te noto… algo extraño. —Aquella inesperada visita no había solo por cordialidad, estaba segura de que le ocurría algo aunque se le daba bien ocultarlo, aunque podía estar equivocada y que su mala cara fuese únicamente culpa de la luna llena que se avecinaba.
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Edward Westenberg el Jue Feb 02, 2017 10:46 pm

Y como siempre ocurría terminaba metiendo la pata, desde que tenía uso de razón su curiosidad a veces le llevaban a cosas como aquella, preguntar cosas incomodas y en algunas oportunidades- como esta por ejemplos- dolorosas. Hizo una mueca y bajo la mirada, era pésimo para estas cosas. El simple hecho de escuchar la palabra "muerto" había funcionado en él como un botón de alarma, que le decía que escapase de allí cuanto antes sino quería seguir arruinando más las cosas.

Silencio...¿Qué digo? ¿Qué hago? ¿La abrazó? se preguntaba en su cabeza en esos segundos que le parecían años, una voz dentro de su cabeza le gritó "no importa que hagas, pero no abras la boca", pero como siempre él hizo todo lo contrario, cuando después de ese silencio Stella le confirmó que su hermano se parecía a él.

- Espero no terminar igual que él entonces.- mierda, se maldijo por dentro debió haberle echo a su impulso de salir corriendo pero ya era demasiado tarde.- No quise decir eso, yo...arg- comenzó a decir algo nervioso, y sentía como comenzaba a sudar.- Lo siento, lamento lo de tu hermano, de verdad, sólo que cuando me dicen cosas así me vuelvo estupido- terminó por decir torpemente, y sintiendo sus mejillas levemente rojas, mientras por acto reflejo se desordenaba el cabello. Tuvo un impulso de ir a abrazarla, pero se detuvo en cuanto observó la mirada de Stella de "ni te atrevas" que hizo que volviera a poner su trasero en la silla, adoptando una pose extraña a base de lo incomodo del momento.

Definitivamente era pésimo para momentos así.

Pero para su suerte Stella continuo hablando, he hizo que volviera a relajarse de a poco. Ya que al parecer él efectivamente si le recordaba a su hermano, sonrió de lado cuando escuchó lo de grano en el culo, y esa sonrisa creció aún más cuando la castaña le nombro las características que encontraba similar entre él y su hermano, debía admitir que le había sorprendido el cómo lo veía, pero fue una sorpresa muy agradable.

En esta oportunidad quiso seguir el consejo de su voz y quedarse callado mientras escuchaba hablar a Stella, después de todo nunca le había hablado tanto de su vida personal cómo ahora, y el simple hecho de decirle que le recordaba a un miembro de su familia hacía que su sentir de verla a ella como su nueva familia no estaba del todo mal, lo hacia sentir menos solo.

Su carraspeó también me sacó de ese trance en donde la veía con rostro de idiota sonriente, para también recuperar la compostura y esa extraña relación de "cariño del duro" que teníamos entre los dos. De lo poco que la conocía sabía que la castaña no era una persona sensible y que te soltaba su vida a la primera de cambio, y mostrarse frágil mucho menos, por lo que decidió dejarlo pasar y cambiar de tema como ella lo había echo.

- A comer entonces.- dijo con una sonrisa cuando escuchó que ella no había comido.- Y la verdad, no tengo ningún sitio en mente, así que si tu tienes uno...perfecto.- agregó mientras se paraba de la silla dispuesto a marchar.- Después helados, y alcohol, sabía que la mejor decisión del mundo era venir para acá...- dijo entusiasta saliendo del despacho.

No tardaron mucho en salir del lugar, y para sorpresa de todos durante todo el trayecto a la salida él se mantuvo en silencio, algo perdido en sus propios pensamientos, y no salió de ellos hasta que escuchó hablar nuevamente a Stella, sonrió de lado.- ¿Ahora puedes leer mi mente o algo así?.- bromeó divertido soltando una leve risa, pero luego suspiro y se encogió de hombros.- No lo sé, no ha sido una muy buena semana...- comenzó a decir, mientras su ceño se fruncía ligeramente.- ¿Es normal que al convertirte te vuelvas más impulsivo de lo que ya eras?.- le preguntó mirándola.- O bueno quizás sólo estoy buscando excusas para mi accionar.- suspiró después de un rato.

Miró a Stella e hizo una mueca.- Antes de salir de Hogwarts comence a tener una relación con una chica, adorable  y hermosa, por dentro y por fuera.- comenzó a decir, su entre ceño se arrugo más aún.- Pero desde que me transforme es como si sintiera que no quiero ataduras con nadie, y al mismo tiempo me dan ganas de estar con todas jajaja.- bromeó con lo último divertido desordenándose el pelo.-Ok, lo último no.- aclaro para luego continuar.- La cosa es que la engañe durante las vacaciones, y ella se entero. Ahora soy odiado por ella, y por medio Hogwarts, y lo más terrible es que lo lamento, pero aún así no me arrepiento y eso me hace sentir la peor persona del planeta.- terminó por soltar todo, y sintiendo que el peso que tenía encima se le alivianaba algo.
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Edward WestenbergMagos y brujas

Stella Moon el Jue Mar 09, 2017 6:51 pm

No pude evitar fulminar a Edward con la mirada cuando semejante estupidez surgió de entre sus labios. Si me hubiese pillado de peor humor probablemente le hubiese mandado a la mierda de muy malos modos, pero el chico inmediatamente puso una expresión horrorizada en su rostro que dejaba ver que lo había dicho completamente por accidente, y a continuación se disculpó. No le perdoné la idiotez inmediatamente, sino que le dejé sufrir unos segundos más bajo el peso de mi severa mirada.

Incluso en lo bocazas te pareces a él —dije entonces, poco antes de que mi expresión se relajase y sonriese un poco, dejándole saber que estaba disculpado. Era cierto, Drake habría soltado la misma burrada, pero él no se habría disculpado.

Decidimos salir del Ministerio e ir a comer a un sitio que le recomendé yo. Por mucho que Edward fuese un dolor de muelas, su compañía era mucho más grata que la soledad a pesar de que pareciese lo contrario en ocasiones. Mientras caminábamos decidí abordar el tema que me había estado molestando ya durante bastante rato, y era que le notaba extraño. No tenía un sexto sentido ni nada por el estilo, simplemente había aprendido a conocerle como si lo hiciese desde hacía años. Había pasado mucho tiempo con é, y ya le conocía casi perfectamente, casi como él me conocía a mí. Era curioso, pero de todas las personas que hay en mi vida en este momento puede que Edward sea el que conoce a la versión más sincera de mí.

No, simplemente te conozco —dije, y esperé pacientemente hasta que él volvió a hablar, admitiendo que efectivamente no todo estaba en orden, aunque no precisamente con esas palabras. No sabía si debía de preocuparme cuando mencionó lo de la impulsividad. ¿Acaso se había metido en problemas? —Sí, lo es, hasta que aprender a controlarlo. La licantropía es casi como la adolescencia al principio, tu cuerpo está invadido de hormonas que antes no tenías y que te vuelven un poco loco hasta que te acostumbras y aprendes a actuar otra vez como una persona civilizada —le expliqué, como hacía siempre que él necesitaba cualquier tipo de ayuda con la licantropía. —¿Ha ocurrido algo? ¿Te has metido en una pelea? Eso es muy normal, no te asustes si ese es el caso.

Pero no, no parecía que se hubiese metido en una violenta pelea impulsiva, sino que el suyo era un problema de faldas. Le miré sorprendido, alzando las cejas con curiosidad mientras me contaba aquello por primera vez, y no pude evitar sonreír divertida mientras negaba ligeramente la cabeza. Adolescentes, todos son iguales al fin y al cabo, las hormonas están demasiado locas.

Vaya vaya, con la cara de bueno que tienes y fíjate, eres todo un rompecorazones —le chinché divertida, sin preocuparme que se molestase conmigo. —Lamento informarte de que ese tipo de impulsividad no tiene nada que ver con que seas licántropo, Edward. Es que eres hombre —por muy románticos que fuesen algunos, la mayoría eran unos pichaflojas. —Veamos, ¿lo lamentas porque la quieres o porque simplemente te molesta haber cometido un acto amoral? —Saber la respuesta a aquello era lo más adecuado para llegar a la solución a su problema. No podía creerme que estuviese aquí, caminando tan tranquila por la calle con un adolescente que tenía mal de amores, escuchando sus problemas y dándoles consejos. Ver para creer. —Si volvieses con ella, ¿volverías a engañarla? Tienes que saber qué tipo de persona eres, Edward, y actuar en consecuencia. Si la quieres a ella esfuérzate por enmendar tu error y que no vuelva a repetirse. Si no la quieres, o prefieres no tener ataduras más que estar solamente con ella, entonces olvídala y déjala ir para que no sufra y tú te ahorres varios dolores de cabeza, y sé feliz siendo quien eres. Puedes tener a todas las mujeres del mundo si así lo deseas, Edward, pero tienes que tener claro lo que quieres.

Era curioso que yo, Stella Moon, la mujer que había pasado por mil camas y por cuya cama habían pasado otros mil hombres diese ese tipo de consejo. En el pasado puede que le hubiese dicho que hiciese lo que le diese la absoluta gana sin tener nada en consideración, o que directamente le hubiese dicho que estar en una relación era una tontería que no merecía la pena. Pero aquí estoy, con una pareja con la que ya llevaba meses y a quien no le había puesto los cuernos ni una sola vez, increíblemente. Y lo más increíble de todo es que me lo estaba pasando bien aunque me hubiese costado admitírmelo a mí misma.
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Edward Westenberg el Jue Mar 23, 2017 6:00 pm

¿Han escuchado la metáfora que dice “Miradas que matan”? Bueno, ahora él estaría degollado, cortado en trozos, o cualquier muerte dolorosa y lenta si es que efectivamente las miradas pudieran hacer eso, ya que la que le dedicó Stella ante su idiota intervención sobre el tema de su hermano era de temer. Se retaba mentalmente una y otra vez, mientras esperaba expectante la mandada a la mierda por parte de la castaña. Pero esta no llegó, y tras segundos o minutos que se le hicieron interminables esta terminó hablando, y Edward logró soltar la respiración que hasta entonces había estado contenido en espera del accionar de la chica.

Suspiró aliviado y su cuerpo se destensó al observar la sonrisa que aparecía en el rostro de la licantropa. Era un bocaza, lo sabía y luchaba día a día en controlar aquel accionar en él que más de una vez le había traído un problema. Pero para su agradable sorpresa, en esta ocasión no lo había arruinado del todo y el extraño parecido con él hermano de Stella le había salvado de una grande.

Salieron del Ministerio al lugar que ella le había recomendado, cuando de pronto le hizo una pregunta que lo pilló desprevenido, como si de alguna u otra manera le hubiera leído su cabeza y sabía que en aquellos momentos sus pensamientos eran un caos y que necesitaban urgentemente algo, o alguien que le ayudase a desenredarlos.

Le dedicó una mirada cuando escuchó su respuesta, ¿Stella le conocía? Se preguntó mentalmente, y a pesar de la sorpresa que le causaba comprender que efectivamente si lo hacía, y que últimamente se había convertido en alguien muy importante en su vida no le desagradaba aquello, al contrario se sentía aliviado que al menos existiera una persona con quien él se pudiera sentir cómodo, por eso no dudó en contarle uno de los últimos problemas en que se había metido y le había hecho replantarse muchas cosas.

- ¿Más hormonas de las que tengo por ser un estúpido adolescente?.- preguntó en voz alta haciendo una mueca con sus labios, ante las palabras de la chica. Frunció el ceño, ¡claro que sus hormonas se habían disparado en el último tiempo!, si pareciese que estuviera colado todos los días. Exceptuando los días previos y posteriores a la luna llena ahí era lo más parecido a un zombie que pudiera existir.

Se rió y se desordeno el cabello poniendo su mejor rostro angelical cuando lo molestó por tener “rostro de chico bueno”, es que él sabía de aquello y no dudaba utilizarlo a su beneficio. Y muchas veces fue aquel rostro que o salvó de muchos castigos en Hogwarts, ya que ¿quién iba a pensar que el adorable Edward había sido el responsable de inundar la sala de Herbología porque simplemente no había hecho sus deberes? Nadie. – Este rostro me ha salvado de muchos castigos ¿sabes?.- admitió a Stella soltando una pequeña risa.- Es mi mejor arma.- bromeó sonriendo aún más.

Frunció el ceño pensativo.- Lo lamento porque ella no se merecía aquello, es una buena chica y yo un gilipollas con hormonas por mil.- resopló, mientras ponía una mueca en sus labios.- No sé si aún la quiero, le tengo mucho cariño, eso sí. Pero no sé si volvería con ella porque me siento bien libre, me gusta estar libre. – comenzó a decir como hablando en voz alta la lluvia de pensamientos que tenía en su cabeza.- ¿Quién soy?.- se preguntó por lo bajo.- Ese es el problema, no sé quién soy, no sé qué quiero. Porque, ahora hablando contigo puedo decirte y asegurarte que estoy bien libre, o que ya no la quiero como antes. Pero muy diferente es si ella está enfrente mío, y eso me hace sentir horrible, porque sé que ya no siento lo mismo pero de todas formas me dan ganas de besarla, o de abrazarla, pero sé que no es lo correcto, que no le hará bien, y ahí me frustro. Es lo mismo que me pasa con la chica con quien la engañe, solía ser mi blanco de bromas en Hogwarts, pero ahora cada vez que la tengo enfrente mío siento el impulso de tomarla y no soltarla más… bah perdón que te diga así las cosas, y sé que son idioteces de adolescente, pero son cosas que me molestan, él no tener las cosas claras o más bien no poder controlar mis malditos impulsos. – Volvió a resoplar y sacudirse el cabello frustrado.- Quizás tienes razón, debo descubrir que es lo que quiero, y no sólo en ese ámbito. Es que a veces siento que lo moral estorba en mi vida ¿sabes? Que me encantaría hacer lo que quisiera, no controlarme, no tener qué.- admitió dedicándole una mirada desesperada.

Quizás se estaba ahogando en un vaso de agua, pero aunque fueran sólo estupideces las que estaba diciendo, debía desahogarse con alguien.- Por ejemplo, la noche posterior a la transformación a nivel físico me sentía destruido, como si un camión hubiera pasado una y otra vez sobre mi cuerpo, pero a nivel emocional sentí una libertad que nunca antes había reconocido en mí, como si aquella noche hubiera desatado todos mis impulsos con total libertad. Y desde allí que en la vida busco sentir esa sensación…No sé si me hago entender.- terminó por decir frunciendo el ceño.
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Edward WestenbergMagos y brujas

Stella Moon el Sáb Jun 24, 2017 11:39 pm

Escuché los problemas de amores que Edward tenía y que en ese momento estaba contándome, confiando en mí como si verdaderamente fuese un adolescente hormonado que iba corriendo a su hermana mayor en busca de consejos aprendidos con la experiencia de una vida más larga y con más anécdotas que las que él tenía por el momento. Podría haber sido tan odiosa como siempre y haberle dicho que sus problemas no me interesaban, que fuese con sus tontería a otro lado, pero habría estado mintiendo. Sí que me preocupaba por Edward, aunque debía admitir que en ese momento la razón de sus problemas me daba un poco de risa. ¿A quién no le dan risa los líos de faldas de los adolescentes?

Va a ser que al final te vas a parecer muchísimo a mí —comenté, haciéndole saber a través de esas palabras que no me eran desconocidos esos temas, que sus paranoias eran unas bastante familiares para mí porque en algún momento o en otro de mi vida había sentido cosas similares. Eso es lo que pasa al crecer, madurar, y descubrirse a uno mismo, que de repente te conviertes en un lío. Algunas personas teníamos más claro lo que queríamos al poco tiempo, o incluso desde el mismo principio, mientras que otras necesitaban más tiempo, o tal vez un leve empujón. —Mira, este es un consejo que no se le debería dar a nadie, pero te lo voy a dar, porque soy yo y yo no soy muy políticamente correcta —dije con una medio sonrisa traviesa mientras caminábamos por la calle de camino a ir a comer. —Vete con otras chicas. Todas las que quieras, una cada noche si hace falta. Tienes que probar qué es lo que quieres. ¿Quieres diversión sin ataduras? Deja a las otras dos atrás, al menos hasta que descubras si lo que quieres es jugar con ellas o no hacerlas daño. Lo sabrás según lo que sientas al estar con gente por la que no sientes absolutamente nada, créeme. Así sabrás si quieres hacer lo que te de la gana con cualquier persona, o tal vez prefieras ser libre pero con unas personas específicas, las que me has dicho. Tal vez te des cuenta de que ser libre no es exactamente lo que quieres —concluí, encogiéndome de hombros. —Experimenta, pequeño lobo, y aprende… Pero no me pidas que te deje las llaves de mi casa para llevar a ninguna pelandrusca ahí, ni se te ocurra —le advertí con todo serio.

Entendía perfectamente todo lo que me decía, incluso cuando me habló de lo que sentía antes, durante y después de la luna llena. Yo había estado en su mismo lugar, después de todo, no había nadie más en todo el mundo que él conociese que pudiese entenderle como yo lo hacía. Eran cosas así las que hacían que nuestra amistad fuese estrechándose cada vez más.

Y en cuanto a lo moral en todos los ámbitos además de este… Otro consejo —añadí, preparada para darle el consejo por el cual guiaba mi vida completamente. —Olvídate de la moral. No existe. Sigue tus más oscuros instintos, incluso los que te parezcan más perversos. No te pongas ataduras a ti mismo. —Poco a poco le dejaba conocer a la verdadera Stella, la persona que soy, una persona que no es buena ni de lejos, que disfruta haciendo cosas completamente fuera de la ley. Según lo que él me contaba, tal vez pudiese instruirle en ese mismo camino.

Llegamos por fin al lugar del que yo le había hablado, donde comimos estupendamente mientras charlábamos ya de cosas menos serias y menos importantes, y después tomamos ese helado y cervezas que ambos habíamos ansiado tanto desde que estábamos en el Ministerio. La verdad es que fue una tarde mucho más agradable de lo que me había esperado que tendría cuando comenzó la jornada, y no me importaría que otro día Edward viniera a buscarme al trabajo otra vez para que saliésemos a comer por ahí como hoy, pero por el momento tocaba retomar las responsabilidades que me tocaban.

Fue al estar de camino de nuevo al Ministerio, acompañada todavía por Edward, cuando me di cuenta de que algo no estaba bien. Giramos una esquina, y por el rabillo del ojo que había un tipo siguiéndonos. ¿Cómo sabía que nos estaba siguiendo? Fácil, caminaba a una distancia prudente de nosotros, sin quitarnos el ojo de encima, esforzándose demasiado por pasar desapercibido con un andar forzadamente casual. No le había visto únicamente allí, sino también al salir del Ministerio y cerca del bar a donde fuimos, pero antes no le había dado importancia, pensando que era todo una coincidencia. Ahora veía que Edward y yo, o tal vez los dos, estábamos siendo acechados. Hice como que no me daba cuenta.

No le dije nada a Edward. Simplemente cuando giramos otra esquina le detuve e hice un gesto para indicarle que se quedase callado y esperase. Cuando el hombre que nos perseguía giró esa misma esquina actué rápidamente, golpeándole con la intención de noquearle a pesar de que estábamos en medio de la calle, pero no había nadie mirando en ese momento. El desconocido, sin embargo, parecía preparado para defenderse y atacarnos él a nosotros. Lo hizo con una daga de considerable tamaño, pero unos certeros golpes le alcanzaron en la cara y el hombre soltó la daga. La agarré y vi que estaba hecha de plata.

¿Plata? ¿En serio? Me ofendes. —Antes de que nada ocurriese en medio del Londres muggle agarré a Edward con una mano y al hombre con la otra y los tres nos desaparecimos de allí para aparecer en medio de un solitario bosque de las afueras. Conjuré un rápido encantamiento anti-Aparición para que no se nos pudiese escuchar, y le di una patada al hombre para tirarle al suelo. Si había pretendido atacarnos, su preparación había sido de lo más ridícula. —Espera, a ti te conozco… Te he visto gritando muchas veces en el Departamento de Criaturas que los Licántropos somos perros sarnosos que solo servíamos para hacer alfombras con nosotros, ¿me equivoco? —No, no me equivocaba, era él. Una sonrisa siniestra se dibujó en mi rostro; ese hombre había cometido el peor error de su vida eligiéndonos a nosotros para intentar hacer dicha alfombra.
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Edward Westenberg el Miér Jul 26, 2017 4:28 pm

Le vomito todo lo que sentía, sin siquiera detenerse a pensar muy bien lo que decía, más que nada  porque ni él tenía las cosas claras, su cabeza era un completo caos. Las cosas habían cambiado mucho en la vida de licántropo el último tiempo, y con una velocidad tal que  hasta él  se desconocía a el mismo. Tanto por lo que le había hecho a Synnove y con quién, como  por esa extraña sensación de estar en constante cambio anímico y emocional. A veces podía sentirse como el rey del mundo y otras simplemente como un bultito de basura en mitad de la calle.

Miró a Stella sorprendido cuando la escucho decir que él terminaría pareciéndose a ella. Edward admiraba a la castaña, por lo que sus palabras fueron un gran halago para su persona. Desde que la había visto por primera vez tras haber sido mordido descubrió a una mujer fuerte  y de ideas claras. Quizás él ahora podía ser más fuerte que meses atrás, pero ideas claras…puff. Pero si Stella creía en él, algo de esperanza le quedaba. Sonrió de manera traviesa al escuchar sus siguientes palabras y se acercó más a ella para prestarle mayor atención.  

Sonrió aún más, precisamente a eso se refería en cuanto a la maga. Que sin importar dónde, qué o dónde, ella siempre hacía lo que se le daba la real gana, tenía una convicción tal en su accionar y hablar que era imposible llevarle la contraria, o rechistar. Con ella se sentía libre de ser tal como era, porque no lo juzgaba sino que como ahora simplemente lo escuchaba para luego decirle  vive la vida, disfruta. Y como arte de magia, una vez más,  todo el caos se iba lejos.

Por primera vez no la interrumpió en ningún momento, la escuchó atentamente para luego tomar aire y suspirar.- Seguir mis más oscuros impulsos…- repitió por lo bajo, y sonrió para volver a mirarla.- Lo haré, gracias Stella. Sé que a veces soy más caos que persona, pero este pequeño lobo vivirá y aprenderá, promesa.- dijo con una sonrisa encantadora mientras se desordenaba el cabello.- Aunque hay algo que me hizo ruido de lo que me dijiste…- comenzó a decir frunciendo su ceño.- ¿Cómo es eso de qué no me prestaras la llave de tu casa?.- preguntó en broma divertido.- Con la habitación que tengo en el Caldero más espanto que atraigo…vamos no seas mala- agregó con un leve puchero, y poniéndole ojitos de gato con botas. Sabía que no lograría nada con esas cosas, más que nada lo hacía para molestar a la castaña.

Continuaron caminando hasta llegar al local que había recomendado Stella, comieron y tomaron de mil maravillas. Edward siguió hablando sin parar de todo y nada a la vez y devorándose todo a su paso, mientras que Stella le dedicaba entre miradas regañadora, y una que otra risa. La idea de ir por la maga había sido increíble, definitivamente ahora se encontraba con un gran peso menos encima.

El tiempo pasó volando y antes de que se diera cuenta ya que se encontraban de regreso al Ministerio. Edward la acompañaría hasta el edificio y luego se iría al Caldero. Lo que no se esperaba es que antes de llegar a destino tuvieran un “pequeño” percance.

Stella de la nada lo detuvo y le indico que permaneciera callado. El cuerpo de Edward se puso alerta y por más que tenía unas incontrolables ganas de hablar y de mirar alrededor para poder entender qué estaba sucediendo permaneció en silencio y siguió las indicaciones de la castaña. Cuando de pronto  aparece un hombre, la licántropa lo ataca y él se defiende en el acto dispuesto a atacarles. Sólo alcanzo a hacer el impulso de abalanzarse a él pero Stella ya lo había dejado tumbado en el suelo. Edward sonrió y la miró admirado, pero antes de que siquiera pudiese decir una palabra… Puaj, horrible sensación de aparición.

Miró a su alrededor encontrándose con un boque, observó como de una patada Stella volvía a poner al hombre en su lugar, sonrió. No logró durarle mucho esa sonrisa en su rostro ya que tras escuchar las palabras de la castaña por primera vez prestó real atención al hombre.  - ¡Sí! Es el idiota que no hizo problemas cuando me fui a registrar.- corroboró.

“Seguir hasta sus más oscuros impulsos”,  pues bien eso es lo que haría precisamente en esos momentos. Además nadie ataca a su manada y puede quedar libre.

Se acercó al hombre y le dio un patada en toda la costilla haciendo que este se retorciera en el suelo.- Creí que te había quedado claro que con nosotros no te metieras.- le dio otra patada mucho más fuerte que la anterior. Se agachó y lo tomó del cabello para poder verle el rostro.- Estos “perros sarnosos” te van a demostrar lo despiadados que podemos ser si es que nos sentimos atacados. – le dijo dedicándole una mirada de asco y repudio. Y no pensaba detenerse, le dio un derechazo directo a la mandíbula que lo hizo caer nuevamente al suelo.

- Se van a arrepentir de hacer esto…- comenzó a balbucear el hombre desde el suelo, mientras hacía una vano intento por coger su varita del bolsillo.

Edward miró a Stella divertido sacó su varita y pronunció un “incarcerous” impidiéndole al hombre cualquier movimiento.- Vamos a ver que tenemos aquí… Oh, una varita. Me pregunto ¿Qué podemos hacer con ella?.- preguntó divertido.

Sentía una especie de adrenalina en todo su cuerpo, realmente estaba disfrutando todo aquello.
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Edward WestenbergMagos y brujas

Stella Moon el Lun Jul 31, 2017 2:02 pm

Noté una amenaza y fui rápida en atacar. Tenía buenos reflejos e instintos de supervivencia que habían sido cultivados a través de los años hasta que formaron una parte completamente esencial de mí que no me abandonaba en ningún momento, ni siquiera cuando andaba tranquilamente por la calle disfrutando de una tarde normal y corriente con Edward en la que se suponía que mis guardias no deberían estar alzadas. Pero sobre todo actué así porque en mi interior vive una insaciable sed de violencia que jamás se apacigua, y a la mínima oportunidad despierta vorazmente. Así que tras reducir al hombre detrás de una esquina en la que le habíamos pillado desprevenido desaparecimos de allí a un lugar donde nadie nos vería ni escucharía, lejos de la ciudad y de la molesta gente que en ella vivía y que no hacía nada más que incordiar.

Al principio temí durante un instante que todo esto fuese a colocarme en una situación comprometedora pues, seamos sinceros, quería hacerle cosas muy feas a ese tipo para castigarle por su osadía. Pero Edward estaba ahí presente y él todavía no conocía ese lado de mí, siempre lo había mantenido oculto a pesar de que el chico sabía perfectamente que yo no era una linda florecilla tierna y delicada. Pero saber que yo era algo dura es una cosa, sin embargo la verdad... la verdad implicaba violencia real y grotesca, y no estaba segura de que el Gryffindor amable y simpático y tan inocente aún fuese capaz de tolerar aquello y de tener lo que hay que tener.

Sin embargo en cuanto vi la oscuridad que había empañado de repente el rostro de Edward y le vi asestando las primeras patadas al hombre caído sonreí ligeramente, satisfecha y orgullosa. Puede que el leoncito no fuese tan noble como los demás de su clase, después de todo. No había estado equivocada al sentir potencial en él, un potencial que pretendía explotar a su debido tiempo. Contemplé con una amplia sonrisa mientras Edward le agarraba del pelo y tiraba de él bruscamente antes de seguir golpeándolo, esta vez a puñetazos, para luego acabar amarrándole con cuerdas mágicas. Mi sed de sangre y violencia seguía presente en mi interior, pero esta vez de una manera distinta.

¿Estás listo para una nueva lección, cachorro? —le pregunté a Edward con tono cariñoso. Todos los meses le enseñaba a llevar su vida como licántropo, le instruía, era su mentora y su guía, e incluso hoy habíamos tenido un par de lecciones aunque de otra naturaleza en la que yo había actuado como la hermana mayor dandole consejos de vida. Era hora de otro tipo de lección ahora. Era hora de explotar ese potencial. Caminé lentamente alrededor de Edward y del hombre caído, observándoles a ambos, como un depredador que acecha la presa mientras brillaba un siniestro júbilo en mi rostro. —Ha intentado matarnos. Habrá que castigarle, ¿no crees? —inquirí con tono travieso. —Ha querido atacarnos porque nos tiene miedo, ha querido eliminar una amenaza a la que temía. Pero para él éramos una amenaza como una araña, algo que atemoriza a los humanos y a lo cual desprecian y de lo que muchos huyen porque les da asco pero que, después de todo, se puede eliminar fácilmente. Una simple cosa horrible y molesta que se puede pisotear y aplastar —me agaché entonces, poniéndome de cuclillas al lado del hombre y acariciando su cabeza, enredando mis dedos en su cabello mientras él se retorcía a causa de las cuerdas que lo apresaban y apretaban su cuerpo. —Pero no somos arañas. Somos lobos —susurré en su oído.

Se puede despellejar a los lobos —masculló él con voz entrecortada, ahogada por las cuerdas que le ahorcaban.

Puede que tengas suerte con un lobo solitario si le pillas desprevenido —asentí, agarrando entonces los mechones de su cabello y tirando de él como había hecho antes Edward, obligándole a mirarme a los ojos. —Pero somos una manada. Y la manada siempre sobrevive.

Le empujé entonces, obligándole a caer de bruces en el suelo, mordiendo el pollo mientras yo me erguía de nuevo y me acercaba a Edward mientras me sacudía las manos como si hubiese tocado algo asqueroso e increíblemente sucio. Me remangué entonces las mangas de mi camisa negra, dejando a la vista mi Marca Tenebrosa. Ed todavía no sabía lo que yo era en verdad, una traidora, no habíamos hablado de eso. Para él por el momento la versión sería la que todo el mundo conocía después de mi juicio: había sido mortifaga en el pasado, me había arrepentido, había colaborado, había sido perdonada por el Ministerio de Magia. Pero bueno, los malos hábitos, al igual que la mala hierba, no mueren. Y jugar con las vidas de los demás es el peor hábito que hay.

Dime, Ed, ¿qué cosas se le ocurren a esa cabecita tuya? —pregunté con curiosidad, queriendo saber hasta dónde estaba dispuesto a llegar él. Necesitaba saber si estaba listo para la lección más importante de todas.
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Stella MoonMinisterio

Edward Westenberg el Vie Sep 15, 2017 3:05 am

Edward sentía toda su sangre hervir más  una incontrolable sensación de euforia mezclada con cólera. Nada bueno podría salir de eso, pero como minutos antes le había hecho entender Stella. A veces, era necesario sacar a relucir nuestros más bajos instintos. Y él si no lo hacía ya iba a explotar. Es que, el maldito idiota se había dado el lujo de atacar a su querida castaña el mismo día en qué,  si no fuera por ella su cabeza seguiría siendo una bola de pelos recién vomitada por un gato. En otras palabras, un caos.

Una sonrisa traviesa apareció en su rostro, pero ésta a diferencia de las anteriores no contaba con ese aire inocente y juguetón del que se le solía ver. Era una muy diferente,  una que estaba sedienta de algo más.  Venganza quizás o tal vez meramente diversión, pero lo que fuera quería saciarlo lo antes posible.

Escuchó la pregunta de Stella y desvió su mirada fijándola en ella, para luego asentir. Siempre era un buen momento para escuchar una nueva lección de la castaña. Observó cómo con paso pausado pero seguro comenzaba a caminar hacia él y el hombre del Ministerio, que si alguna vez tuvo nombre -al menos él- ya lo había olvidado.

Imponente. Así describiría el joven mago a la castaña en esos momentos. Era en instancia como esas en que el sentimiento de admiración que sentía hacia Stella emergía en todo su esplendor. A medida que la maga seguía hablando la sonrisa de Edward iba en aumento. Es que él durante estos meses había comprendido muy bien cuál era la gran diferencia entre una araña y un lobo, por lo que tenía al menos una vana idea de lo que estaba por venir para aquel hombre.

Avanzó un paso instantáneamente cuando escuchó las siguientes palabras del hombre. Y justo antes de que su puño cerrado fuera nuevamente hacia su mandíbula, la voz de Stella logró detener el accionar del castaño.  
Sonrió cuando vio como de un golpe la licántropa hizo que el hombre cayera de bruces al suelo, justo como él había deseado hacerle hace apenas unos segundos. En cuanto ella se comenzó a alejar, el castaño escupió despectivamente en el rostro del mago.

- ¡Maldito bast…- comenzó a decir el hombre, cuando Edward  le interrumpió.- ¡Oh vamos, cállate ya!- exclamó exasperado, para sacar su varita y tras un encantamiento silenciarlo.

Miró a la castaña, y vió por primera vez la marca tenebrosa en su brazo. Sabía muy bien  lo que aquello significaba, y por más de no saber  muy bien si compartía dichos ideales. De una cosa estaba seguro; Stella era  ahora su familia, su manada. Y él jamás la dejaría.

Ahora, por otra parte: ¿Qué se le ocurría a su cabeza?

Miles de cosas se le atravesaron por la cabeza, es que…cuando alguien obtiene esa libertad de acción, la imaginación puede llegar a sitios inimaginables. Pero Edward,  aún era todo un novato en todo aquello. Por lo que simplemente cuando creyó caer con la mejor idea dibujó una sonrisa de medio lado en su rostro.  

- Curiosamente Stella, lo que se le acaba de ocurrir a mi cabeza provino de nuestro…- hizo un breve pausa para agacharse y nuevamente quedar a la altura del auror.- querido…humano.- arrastró cada palabra para terminar en una sonrisa que estaba lejos de ser cálida.

- Es que me pregunte tras los que dijiste; Es verdad que la piel de los lobos se puede despellejar pero la de los humanos también…¿verdad?.- le preguntó con falsa curiosidad. Soltó una leve risa cuando observó cómo el mago hacia vanos intentos de poder gritar o liberarse de las amarras.- Y luego me di cuenta que, podríamos corroborarlo ahora mismo.-  agregó mirando esta vez a Stella. - ¿Quién sabe? Quizás, los animales de este bosque se pondrán contentisimos al tener nuevos abrigos de piel para el invierno que está por venir. O quizás simplemente se la coman, pero ya verán ellos.- se encogió de hombros y de un movimiento se re incorporó quedando nuevamente de pie.  

- ¿Qué me dices? ¿Lo corroboramos? .- le preguntó sonriente a la castaña.
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