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One Day More [ Steve ]

S. Natasha Kuznetsova el Vie Nov 04, 2016 4:00 pm

Despacho de Revisiones
Alrededor de las siete de la tarde
Viernes

Aquel día estaba dedicándose a revisiones de las personas que llegaban por problemas que hubieran tenido en el pasado para ver que aquello seguía en las condiciones más óptimas para el paciente. Seguro era que la profesión muggle que le vinía como anillo al dedo era la de médico, sin duda alguna. Posiblemente incluso le hubiera gustado ser una cirujana de éxito, y no por el placer de tener la vida como la muerte entre sus manos, sino por el mero hecho de poder ayudar a alguien a tal nivel. Trabajar no era un problema para ella, menos si se debía quedar hasta las tantas de la noche porque hubiera alguna urgencia que debiera atender. Ella con total tranquilidad se quedaría y es que ya tendría noche para descansar o días libres, al fin y al cabo tampoco es que se quedase hasta la madrugada si su turno así no era. Sin duda ella adaptaba perfectamente su vida al trabajo y es que este nunca había sido un impedimento para nada.

Sin contar su matrimonio.

Aquel divorcio en cierto modo vino bien para ambas partes, así evitar que aquella bola que mal llevaban juntos se fuera para dejar paso a la amistad que realmente sentían el uno por el otro. Nada más allá que aquella relación, dado a que el matrimonio era algo que no lograban sostener, sobretodo por el trabajo en el ministerio por parte de él que lo mantenía mucho tiempo fuera del país. No por querer sonar cruel ella siempre afirma que aquello siempre le trajo buenas cosas a la vida, tal vez por eso sepa que hay que sonreír a la misma para evitar que el mundo se te caiga encima. Natasha nunca permite que el mundo se le venga encima y eso le ha llevado a querer siempre superarse en su trabajo, siempre tratando de saltar esos baches que le han puesto los años y que le ha hecho ganar experiencia. Veintinueve inviernos van ya de los cuales casi más de seis años ha estado trabajando como sanadora, tanto en Rusia como en Londres. Algo debería saber ya, ¿no?

Concentrada estaba durante un buen rato en unos informes del siguiente paciente que sabía que iba a llegar por la cita que vio apuntado. Se trataba de un hombre del cual hasta ese día no sabía su caso, era la primera vez que lo iba a tratar. El sanador que lo atendió en su momento, no se encontraba. Así que ella decidió tomar el trabajo como una manera de hacer horas extras y relevar al ausente, por motivos privados que Natasha no quiso entrar en detalles. La castaña, por su parte, se encontraba en la sala donde se realizaban las revisiones. Aquella revisión sería de oídos. Daba gracias que las revisiones eran algo que se podía quitar rápido una de encima, aunque no en el sentido de no querer hacer nada por vaga, sino porque si todo iba bien no habría porqué hacer la cita médica más largo de lo necesario y eso siempre era más agradable para el paciente que seguramente no le agradase estar en una revisión. Fuera como fuese, allí se encontraba Natasha esperando al paciente con su café en mano y la varita junto a los papeles por si habría que hacer algo con la misma, aunque esperaba no tener que hacer ninguna intervención.
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Steven D. Bennington el Vie Nov 04, 2016 5:36 pm

Colocó la caja donde se encontraban los CDs que acababan de llegar sobre una de las mesas de la trastienda y repitió el mismo procedimiento hasta colocar las quince cajas que tendría que colocar a la mañana siguiente. Miró el reloj en su muñeca y se cercioró que apenas restaban veinte minutos de las siete de la tarde.

- James, tengo que irme. Tienes todo listo en la trastienda por si quieres ahorrarme trabajo para mañana. – Dijo a forma de despedida con su habitual tono bromista antes de salir, esta vez, por la trastienda y no por la puerta principal de la tienda. Cogió su chaqueta y la colocó sobre sus hombros para caminar durante apenas cinco minutos por las callejuelas de Hogsmeade. Era una persona a la que le agradaba caminar y tomar el aire fresco, por lo que aquello tan sólo le sirvió para relajarse durante  unos instantes antes de desaparecerse rumbo a San Mungo.

Apareció frente aquel lugar que parecía estar derrumbado o a medio derruir, lo cual mantenía a la gente no mágica alejada de él en todo momento. Steven comprobó la hora en el reloj que llevaba en su muñeca y entró antes de tiempo al lugar.

- Buenas tardes. – Dijo con una sonrisa amable en dirección a la recepcionista, quien tomaba nota en una libreta que parecía tener vida propia sobre su cabeza. La mujer le hizo una señal para que guardase silencio mientras acababa de dictar a su libreta lo que tenía que ir anotando y Steven apoyó un brazo en el mostrador a la espera de ser atendido. Por suerte, la mujer no se demoró demasiado y tanto la pluma como la libreta volvieron a su cajón correspondiente.

- Disculpe. – Comenzó la mujer mientras mascaba chicle de manera incluso molesta. - ¿A qué venía? – Preguntó de manera algo abrupta, lo que hizo que Steven de manera inconsciente elevara sendas cejas, sorprendido incluso con el tono de voz de la mujer a pesar de sus palabras que parecían ser incluso amables.

- Tenía hora con el Doctor Gould. – La mujer en ese momento bajo la vista a una pila de documentos que tenía sobre la mesa y comenzó a pasar las páginas buscando el nombre de Steven con ayuda del dedo índice, sin darse cuenta que no sabía ni cómo se llamaba el paciente. – Steven Dean Bennington. – Añadió el hombre al ver que buscaba sin saber qué exactamente. No dio las gracias, se limitó a mascar sonoramente su chicle dejando ver sus dientes en todo momento antes de mediar palabra nuevamente.

- El Doctor Gould no estará en San Mungo durante el resto de la tarde. Todos sus pacientes han pasado a la Doctora… - Miró al papel intentando aprender a pronunciar el apellido de aquella mujer pero Steven ya estaba mirando por encima del hombro para leer lo que ponía en la hoja.

- Kuznetsova, sala 23. Entendido. – Se volteó sobre sí mismo rumbo a la sala que buscaba comprobando primeramente en los títulos del ascensor dónde se encontraba aquella sala de consulta. – Que tenga buena tarde. – Añadió a modo de despedida a sabiendas que no recibiría ni un simple “gracias por parte de la mujer”.

Entró al ascensor y recorrió los pocos metros que distaban entre este y la zona de consultas, donde había una mujer mayor que no paraba de toser y, a su lado, un hombre también entrado en años que posaba su mano cuidadosamente sobre su espalda al tiempo que le dedicaba palabras de ánimo.

- ¿Son los últimos? – Preguntó intentando no interrumpir nada de lo que pudiesen estar hablando, o más bien, de lo que aquel hombre estuviese diciendo. Este hizo un gesto con la mano indicándole que podía entrar. - ¿Seguro? – Esta vez fue la mujer la que afirmó con la cabeza entre tos y tos, a lo que Steven respondió con una sonrisa amable antes de desaparecer rumbo a la consulta. – Buenas tardes. – Cerró la puerta tras de sí y se sentó en la mesa frente a la mujer. – Doctor Gould, tiene que decirme que crecepelo usa, es todo un éxito. – Comentó con tono bromista colocando sendos brazos sobre los reposabrazos de la silla. – Un placer, Doctora.
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S. Natasha Kuznetsova el Vie Nov 04, 2016 9:01 pm

Cof, cof. Cof, cof. Cof, cof.
Era lo único que lograba escuchar en su cabeza de repente.

черт побери — Una mujer acababa de llegar a la sala de espera, seguramente fuera de los sanadores de salas contiguas. Eso esperaba. Una mujer que a juzgar por su tos y carraspeo podría superar tranquilamente los sesenta años, esperaba. Tras eso las típicas voces del pasillo y demás pero la tos seguía resaltando. No era nada cómodo. Estuvo por unos segundos darle jarabe de sabia de sésamo negro parara ese catarro que tenía. Eso curaba todos los males de un golpe, como miel para la garganta.

Eso al menos la ayudaba a que pasara el rato hasta que el paciente llegase y estar lista para recibirlo con una sonrisa, siempre había que tener una sonrisa en el rostro porque eso alegraba a todo paciente. Eso sí, había sus irremediables excepciones pero tan solo esperaba que no fuera aquella una de esas. Demasiado tarde para aguantar idiotas en las revisiones con una sonrisa. Más tratándose de una sonrisa falsa que no era muy capaz de aguantar, su propia personalidad no se lo permitía. ¿Cómo mentir? Cuando debía mentir se sentía realmente rara, sobretodo cuando se trataba de su estado de ánimo. El cual solo ocultaba si había tristeza en su interior, prefería mostrar felicidad solo en esos casos pero... ¿Por molestia? No, eso no era capaz de guardarse.

La puerta acabaría por abrirse y rápidamente Natasha optó por una postura acorde en su silla, dejando de lado el café y se justó las gafas con un ligero empujón con el dedo. — Buenas tardes, caballero. — Saludaría igual de animada que el contrario sin poder evitar soltar una risa por el comentario ajeno. — Un placer, señor Bennington. — Diría de vuelta tratando de contener la risa que le provocaba aquella idea de ser el Doctor Gould pero con más pelo. — Luego le pasaré la receta del crecepelo. — Añadiría sin poder evitarlo. Sin duda los pacientes como él eran toda una alegría y por personas así no dudaría en hacer más horas si eran necesarias.

Tras ese momento de presentación, relax, abrió nuevamente la carpeta con la información del paciente y ojeó por encima para finalmente apoyar los codos sobre la mesa y retirarse con cuidado las gafas, mirando seguidamente a los ojos contrarios. — Como le habrán informado, el Doctor no ha podido asistir el Doctor Gould así que me encargaré yo de revisar su oído. — Informaría como un modo de hacer un pequeño resumen antes de empezar todo. — Antes de nada quisiera que me dijera las pruebas que el Doctor hizo en la última revisión. Tengo entendido que le realizaron varias pruebas de audición y luego le inspeccionaron para ver que no había daños que no se pudieran detectar con la audición pero... Desde su punto de vista me gustaría saber cómo le resultó las pruebas. — Se aclaró con delicadeza la garganta con un poco de café. — Por ejemplo el cómo se sintió en la prueba como si le llegó a resultar dañina. Cualquier información al respecto me servirá de ayuda para la revisión, al no haber estado las anteriores quisiera entender mejor su posición. — Se explicaría tratando de ser más detallada al respecto, ya que entendía que a veces se liaba ella sola queriendo decir mucho en poco para no resultar pesada.

Tras aquello sacó una pluma y comenzaría luego de aquello a apuntar todo lo necesario a saber. Cuanto más se supiera de cómo se sintiera o se veía la misma persona en las pruebas sería más fácil de encontrar otras revisiones en las que se sintiera más cómodo. Ante todo era la comodidad del paciente y su felicidad. Por eso siempre tenía una cálida sonrisa en los labios y una actitud atenta por la otra persona, pero sin ser alguien agobiante. No quería ser aquello que evitaba.
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Steven D. Bennington el Sáb Nov 05, 2016 12:12 pm

Steven era amable por naturaleza. Con el paso de los años era algo propio de su personalidad que no había cambiado, sino que había ido evolucionando junto con el resto de sus características personales. Sonrió de manera amable a la mujer e intentó centrar la vista en esta, pero le era imposible no mirar la cantidad de artilugios curiosos que siempre podía encontrar en la consulta de cualquier médico. Y no hablar de los carteles que anunciaban medicamentos, indicaban normas o daban consejos sobre la salud. Aquellos últimos eran sus favoritos, tenía que admitirlo.

- Sí, por favor, que si voy sin receta me sale más caro el producto. – Dijo aún siguiendo la broma mientras su vista se había quedado clavada en uno de los carteles situados a la derecha de donde se encontraba en aquel momento. Se trataba de un cartel sobre cómo comportarse ante un infarto. Era exactamente igual que cualquier cartel que podía encontrarse en una consulta médica muggle con la diferencia de que las imágenes tenían vida propia. Contaba pues, de seis imágenes de menor tamaño donde iban indicando cómo detectar que se estaba sufriendo un infarto y qué ir haciendo. Mientras que, en la parte superior, bajo el título de “¿Problemas de corazón? Permanezca atento a los síntomas” podía verse a un hombre de algo más de cuarenta años sufriendo un infarto. - ¿Sufre infartos cada dos minutos? – Preguntó Steven de manera inconsciente, y es que si algo había sacado de Ravenclaw era su curiosidad. – Los cuadros suelen tener vida propia pero las fotos son más dadas a repetir la misma acción una y otra vez… Espero que al menos no sienta que le está dando un infarto todo el rato. – En parte, le preocupaba. Era algo estúpido quizá, pero le resultaban curiosas aquellas imágenes y siempre tenía una y mil preguntas sobre cualquier tema.

No tardaron demasiado en centrarse en lo que verdaderamente era importante en aquella ocasión. Y es que Steven había acudido a la consulta para una revisión médica y no para hablar sobre las imágenes que se movían y sufrían infartos mientras seguían hablando, algo que no podía dejar de mirar desde el rabillo del ojo de manera inconsciente.

- Apenas llevo dos revisiones con el Doctor Gould. – Comenzó a explicarle. – Tras la pérdida de la audición me derivaron a un especialista no mágico en Londres y estuve tres años tratando con él, por lo que ya habíamos pasado a revisiones anuales. Pero luego varios amigos me aconsejaron que fuese a San Mungo que los magos pueden hacer verdaderas maravillas... Así que hace poco más de un mes vine a conocer al Doctor Gould y me hizo la primera revisión. Me dijo que viniese cada dos semanas y eso hice. La primera vez fue hace dos semanas y la segunda es hoy. – Aclaró volviendo sin querer a mirar la imagen y negó con la cabeza para centrarse en la conversación. – En la primera sesión tan sólo hablamos de mi lesión, cómo se había ocasionado, cuándo, mi tratamiento médico previo, mi historial médico, enfermedades de mis padres… Ya sabes, la primera toma de contacto. – En aquel momento se dio cuenta que hacía tiempo que había dejado de hablar de usted para entablar una conversación más cercana. – Espero que no te importe que te tuteé, me siento raro hablando de usted a alguien de mi edad. – Sonrió. – Perdón por no usar términos científicos pero soy más de letras. O más bien de arte. Así que no sé exactamente cómo se llaman las herramientas que estuvo usando y mira que me lo dijo antes de usar cada una. A lo mejor tengo dañada la memoria y no sólo el oído. – Era una broma realmente mala, pero era algo que tampoco le importaba demasiado.

- Como ya llevaba bastantes años con la pérdida auditiva el Doctor Gould se limitó a comprobar que estuviese todo bien. Me puso una especie de auriculares, un aparato bastante raro detrás de cada una de las oreja para comprobar cuál era la pérdida y también estuvimos un rato hablando para ver si no perdía parte de la conversación. No hizo nada raro así que tampoco fue algo incómodo. Sólo fue incómodo que me echó unas gotas primero en un oído y luego en el otro para ver cómo funcionaban individualmente. – Pues dichas gotas dejaban el oído inactivado durante algo más de cinco minutos para poder así comprobar cómo funcionaba el otro de estos.
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S. Natasha Kuznetsova el Sáb Nov 05, 2016 2:20 pm

No le faltaba humor al hombre, no podía negar. Sin duda aquello era algo que se agradecía que y que ayudaba a que se pudiera romper el hielo, sin ser algo incómodo ni nada por el estilo. Además, a juzgar por su forma de hablar, su apariencia y sus gestos, se podía decir que el hombre alguien vivaz de buen corazón o que actuaba demasiado bien. Por regla general, Natasha solía tener fe en la humanidad de las personas. Cierto era que seguía habiendo personas que nadaban contracorriente, o al revés. La cuestión de todo esto era que el señor Bennington resultaba ser un hombre bastante agradable al trato y eso era un detalle que Natasha se apuntaría para no olvidar, tanto su afición por las bromas como su distracción.

Esa distracción parecía tener de manera inevitable con aquel cartel del ataque al corazón. Realmente le parecía un dato muy curioso. ¿Por qué se fijaba en ese y no en el resto? Quizá fuera por esas imágenes tan llamativas, quizá fuera porque podría ocurrir a cualquier o quizá porque simplemente era el que más a vista tenía. No obstante no podía estar atenta a cuantas veces miraba al cartel ya que tenía que ir apuntando todo aquello que el hombre le fuera contando de manera resumida en el papel, haciendo paradas para mojar la pluma en el tintero. Le gustaba ser clásica con las plumas, sabía que había ya plumas que tenían tinta en su interior pero prefería evitar esas cosas para el trabajo ya que la calidad de escritura se notaba. Natasha gustaba de cosas bien hechas, de perfección. Gustaba de calidad.

El hombre por un momento se disculpó por tutearla pero para ella no era nada malo, a pesar de pasar a ser su médico. — No se preocupe, puede llamarme Natasha. — Respondería levantando por un momento las gafas que se le estaban clavando en el puente de la nariz.

Tras el hombre terminar de contar todo aquello que quería hacer llegar a la Doctora Kuznetsova, la misma paró de escribir para dejar la pluma en su sitio y dejó el rodillo mágico sobre el papel, ese típico rodillo parecía que era para estampar un sello pero era para retirar la tinta sobrante del papel y evita que se esparciera por la hoja. — Bueno pues supongo que con esto ya tengo una idea más cercana que a la del informe del Doctor Gould. — Se retiraría las gafas a la par que acabaría quitando el secador de tinta a un lado y guardando los papeles en un archivador. — Me imagino los métodos que habrá utilizado el Doctor, no se preocupe por los nombres. Para nosotros tampoco son fáciles pero los tuvimos que estudiar y examinarnos de ellos, así que imagínate como fue para nosotros. — Comentaría con cierta soltura, cómoda en el ambiente de la revisión. Se levantó del asiento y se acercó a una mesa con algunas herramientas cubiertas por una tela y varios cajones. — Si me hace el favor, agradecería si se sienta sobre la camilla que tiene justo a su derecha. — Pediría con mucha educación mientras se volvía a él con una sonrisa, y con varias herramientas en la manos.

Empezaría por algo sencillo. Poco a poco se acercó finalmente con todo lo necesario en una bandeja metálica. Natasha se colocó frente al hombre una vez sentado y con un ligero movimiento de varita acercó la bandeja para dejar la varita sobre la misma. — Está bien, Steve. Lo primero que haré será revisar su garganta como también sus ganglios. — Le informaría mientras se colocaba unos guantes típicos de los médicos y soplaba entre el guante y la palma de la mano para hacer que se colocaran a la perfección. — Quizá se pregunte qué tiene que ver la pérdida de audición con esto que le estoy diciendo pero puede que su oído esté dañado sin que le moleste o se de cuenta, como también zonas más importantes cerca del mismo. No es necesario en realidad pero prefiero comprobar que todo está en perfecto estado. — Acabaría entonces tomando un palo de madera y dejaba en el aire una pequeña bola frente ambo que hacía como una luz que no era dañina para los ojos. — Por favor, ¿puede abrir la boca y sacar la lengua? — Siempre pidiendo las cosas con una sonrisa.
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Steven D. Bennington el Sáb Nov 05, 2016 6:13 pm

Steven no tenía ni la más remota idea de medicina. Lo máximo que conocía podía deberse a la cantidad de veces que había leído sus informes médicos o a las series de televisiones, especialmente House, donde había aprendido que los médicos cojos tienen peor carácter que el resto de los médicos. Y es que Steven no sentía demasiada afición por este grupo de personas, algo que había tenido que cambiar con su hermana, ya que esta había acabado siendo Medimaga.

Tal y como le indicó Natasha, el hombre se levantó de su asiento para ir rumbo a la camilla que podía encontrarse en la consulta. Cogió impulso con sendas manos apoyadas sobre la camilla y, como si de un niño se tratase, tomó impulso para lograr sentarse sobre esta. No dijo nada, sino que se limitó a asentir con la cabeza ante las palabras de la mujer. No tenía nada que decir al respecto y, dado que ahora él era el paciente, prefería no molestar a la mujer en el cumplimiento de sus tareas en la consulta.

Tal y como esta indicó abrió la boca y sacó la lengua, esta vez dirigiendo su vista al techo por incomodidad. Porque le resultaba incómodo. Era incómodo tener que estar frente a cualquier persona con la boca abierta de par en par y con la lengua fuera mientras esta inspecciona el estado de tu garganta. Realmente no entendía la utilidad de aquella revisión pero suponía que era algo rutinario y, puesto que él no tenía ni la más mínima idea de medicina, no iba a opinar nada en absoluto al respecto.

Notó la presión del palo de madera sobre su lengua e intentó que las arcadas no llegasen, puesto que aquello le dio bastante impresión. Esperó pacientemente a que la mujer terminase de inspeccionar el interior de su garganta aún con los ojos posados en el techo, luego en una pared y, seguidamente, en aquel cartel sobre los infartos de corazón, el cual aún le resultaba tremendamente cómodo, por lo que intentó no reírse en aquella postura.

-  Svetlana es  un nombre bonito y poco común, ¿Por qué prefieres Natasha? – Preguntó esta vez cambiando su vista a la chica y dejando tranquilo, de una vez por todos, al pobre hombre que una y otra vez sufría un infarto en la imagen del cartel. – Vi tu nombre en la documentación de recepción. – Añadió con media sonrisa, no quería parecer un acosador, tan solo una persona que se fijaba quizá más de la cuenta en los detalles y que tenía una memoria que a veces lograba incluso a sorprenderle por lo selectiva que podía llegar a ser en ocasiones. – No soy ningún tipo de acosador que sabe que desayunas cada mañana una tostada y media con margarina y mermelada de melocotón junto con un café solo sin azúcar. – Dijo aquello último por probar suerte, quizá incluso acertaba en alguno de los matices de su descripción, algo que dudaba por pura probabilidad.

-  Supongo que la garganta estaba bien, ¿No? – Preguntó cambiando drásticamente de tema. Hacía tanto tiempo que había perdido parte de la audición que dudaba mucho que aquello tuviese algún tipo de consecuencias físicas en otras partes de su cuerpo como podía ser, en este caso, la garganta.
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S. Natasha Kuznetsova el Sáb Nov 05, 2016 10:44 pm

Estuvo inspeccionando su garganta, en busca de alguna señal de inflamación o daño en la misma. Quizá por el hecho de tener perdida la audición de un oído te hacía forzar más la voz sin darte cuenta. Además de que las inflamaciones podía ser algo tan normal y tan poco notable a veces que podrían causar problemas a la larga en temas como el tragar la comida o cosas similares. Cosas muy pocos comunes, ciertamente, pero que era mejor evitarlas por el bien del paciente. Ante todo quería eso, el bien estar del paciente y lo quería lograr de la mejor forma posible, sobretodo para evitar tantas revisiones. Dado que todo tenía su tiempo, igualmente todo aquello no era más para conocer más al paciente.

Cuando hubo terminado tiró el palo a la basura y la bombilla se retiraría a la bandeja. — Siento mucho, sé que no es nada divertido tener algo tocándote la lengua con un palo pero es importante ver cómo están las cuerdas vocales y las anginas. Por precaución más que nada. — Quiso mantenerlo informado, en todo momento para ella eso era esencial.

Entonces la llamó por su primer nombre y por un momento, mientras cogía una lupa un tanto peculiar, se giró a mirarlo sorprendida. — Esto, supongo porque de pequeña me llamaban así y bueno... — Se encogió de hombros retomando la acción que estaba haciendo. — No me trae buenos recuerdos, nunca pensé que ese nombre fuera bonito. Gracias. — Diría ligeramente avergonzada por responder a la pregunta, pues no iba a mentirle, y sobretodo porque no se esperaba que se supera el nombre. Cosa que tanto como sorprenderle le asustó ligeramente hasta que le comentó que lo había leído en la ficha. — Vaya, ahora que me estaba haciendo ilusiones de tener un admirador... — Bromeó, sin poder evitar soltar una leve risa mientras volvía al frente de él. Lo cierto es que le había sonado hasta bien escuchar su primer nombre después de tantos años, pues solo lo escuchaba cuando su madre estaba enfadada con ella de joven o cuando la insultaban, o similares, en el instituto. Aquella vez escuchó su nombre para algo bueno y eso fue extraño pero sin resultar incomodo ni malo.

Steven decidió probar suerte con lo que desayunaba y eso fue algo fácil de pillar por lo que Natasha se hizo la realmente sorprendida y ligeramente asustada con cara de... — ¿Cómo lo has sabido? No fastidies.. — Dio un pequeño paso para atrás, quedándose mirando al contrario un poco aturdida para ver como reaccionaba. Entonces volvió a sonreír abiertamente para continuar la revisión. — Debo admitir que hubiera sido muy gracioso que hubieras acertado de pleno, aunque daría un poco de miedo la verdad. — Comentaría, sintiéndose más desenvuelta en la conversación tan fluida que había, siendo fáciles las bromas que eso podía ser algo complicado de conseguir de buenas a primeras.

Entonces se volvería al tema principal. Su garganta en esta ocasión. — Su garganta está bien, quizá algo resentida, ¿sueles esforzar la voz? Muchas veces se hace de manera inconsciente pero si no lo haces ya entonces todo perfecto. — Respondería, realmente podría tener las cuerdas vocales así de hacía tiempo pero era la primera vez que veía a este hombre y no sabía su historial médico, pues no había demasiados detalles en el mismo. — Ahora voy ha mirar en el oído que aún tienes audición. ¿Te importaría...? — Preguntó aquello último por si le podía hacer el favor de retirar el audífono. Tenía en mano lupa mágica traída recientemente, por lo que iba a estrenarla, y que facilitaba mucho el proceso de inspección de todo el oído. Sobretodo era importante ver el estado del tímpano. Que aunque a simple vista fuera difícil de detectar cualquier cosa mediante herramientas siempre te ayudaba a tener una idea.

Mientras inspeccionaba su oído, viendo que todo estuviera bien por dentro y sin ser realmente una herramienta incómoda, decidió que lo mejor era sacar un tema de conversación ajeno a la revisión para hacer que no pensara en el asunto de que le estaban inspeccionando el oído, con la facilidad de no tener que acercar mucho el rostro porque funcionaba como una lupa prácticamente. — Bueno, ¿y a qué te dedicas, Steven? Antes dijiste que eres letras y arte, ¿estás muy metido en ese mundo? — Preguntó siendo una mera pregunta curiosa y sin rozar lo personal, no era más que una pregunta como podía ser si le gustaba la música o si le gustaban los animales. La coas se trataba de mantener una conversación a parte para así hacer del momento algo más llevadero para ambos, sobretodo para él.
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Steven D. Bennington el Dom Nov 06, 2016 12:03 am

Para nada resultaba agradable, pero se limitó a intentar pasar aquel momento lo mejor que pudo. Esperó contando en su cabeza los segundos que pasaban. Uno. Y mirando en dirección al poster de los infartos. Dos. Y pensando lo incómodo que era tener un palo apretando tu lengua. Tres. Porque era realmente molesto. Cuatro. Le daba ganas de vomitar incluso. Cuatro. Y así pasó hasta perder la cuenta de lo que llevaba contado. Sabía que apenas habrían pasado unos minutos pero a él la espera se le había hecho eterna. Como toda espera, pues cuando más ansías que esta termine, parece que los segundos se demoran en sucederse.

- No, la verdad es que no es muy agradable. – Comentó el chico mientras pasaba la lengua por el interior de su boca con el fin de acabar con aquella sequedad por haber pasado tanto tiempo con la boca abierta.

Escuchó lo referente a la historia de la mujer y afirmó con la cabeza a sus palabras. Muchas personas con algún mal recuerdo en su pasado trataban de evitar todo lo referente a dicho recuerdo, pero Steven no era partidario de esa creencia. Por muchos recuerdos que algo pudiese traer consigo, no eran más que recuerdos. No tenían validez alguna por mucho que las personas mantuviesen esos lazos con los objetos o, en este caso, nomres.

- Bueno, a mí no me traen buenos recuerdos las tablas de surf pero me sigo subiendo en ellas. – Dijo con su habitual tono bromista. – Déjalo, me he metido en algo muy personal. – Admitió negando con la cabeza. No todas las personas eran iguales y, aunque Steven se caracterizaba por intentar sacar lo mejor de las personas sabía que no era la mejor de las ocasiones para ello. Natasha era una completa desconocida, y allí estaba él hablándole como si de dos colegas de toda la vida se tratasen. Verdaderamente, debía aprender a diferenciar cómo comportarse en cada momento y ante cada situación.

Hubiese sido realmente gracioso acertar en cuanto a lo que desayunaba la chica pero como bien decía esta, hubiese resultado cuanto menos perturbador. No pudo evitar reír ante su reacción y se alegró de que fuese una persona medianamente simpática y cercana, pues si la Doctora hubiese resultado ser como la recepcionista lo mejor que podría hacer era coger el palo que Natasha acababa de tirar a la basura y clavárselo en la garganta para así acabar de una vez por todas con aquel sufrimiento que sería compartir el oxígeno con alguien como ella.

- Hubiese sido demasiada casualidad. La Adivinación nunca fue mi punto fuerte, sino hubiese visto venir que tendría un accidente y me quedaría medio tonto. – Carraspeó. – Perdón, medio sordo. – Con Steven no había margen a la seriedad y es que era una persona que vivía cada minuto de su vida como si este fuese el último. No le importaba ni lo más mínimo las impresiones que pudiese causar al resto y, como muchas veces le habían dicho, era un recolector de sonrisas. Una de esas personas que busca hacer reír al mundo y, como miraba tanto a las bocas de los demás, no se perdía ni una de estas.

En lo referente a las cuerdas vocales Steven negó con la cabeza cual niño bueno que no había roto un plato en su vida. Como si de forzar sus cuerdas vocales estuviese cometiendo un gran error que debía ser remediado pero que ya había sido descubierto por su madre cuando no podía repararlo sin que nadie se enterase.

- No creo que lo haga. Soy músico desde hace muchos años y modular la voz es algo que aprendes pronto en el conservatorio. – En cuanto Natasha le indicó que se quitase el audífono, Steven sonrió. – Sí, claro. – Hizo lo propio sacándolo con cuidado para no romperlo debido a su fragilidad y lo dejó junto al resto de materiales de la Doctora sobre una pequeña repisa metálica.

Esperó pacientemente mientras notaba tanto las manos de Natasha en un principio como luego aquella intromisión extraña en su oído pero no dijo nada en absoluto. Esta vez, debido a su postura, se dedicó a mirar al suelo uniendo las líneas y formas de las baldosas en su mente y formando así diferentes dibujos que a simple vista no parecían existir.

- Trabajo en una tienda de música en Hogsmeade. – Dijo saliendo de su ensimismamiento. – Y también doy clases particulares de música en la tienda. Nada apasionante ni peligroso como ser Doctor y que te toque un paciente que actúe como un loco. ¿Alguna vez te ha pasado algo así? – Bee siempre contaba historias de San Mungo y sus pacientes, por lo que suponía que aquella doctora también tendría algo que contar.
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S. Natasha Kuznetsova el Dom Nov 06, 2016 12:52 am

Sin duda estaba siendo una revisión bastante cómica, aquel hombre no tenía límites y su imaginación era bastante sorprendente. ¿Cómo se le podía ocurrir todo aquello con tanta facilidad? Sobretodo envidiaba esa soltura para comentar respecto a cosas que en un pasado le ocurrieron y fueron seguramente difíciles, además sobretodo el humor con el que se las tomaba. Sin duda ya le gustaría la rusa tomarse las cosas con tanta soltura y libertad, poder comentar sobre su etapa del instituto y burlarse de sí misma para quitarse la vergüenza al referente. Pero aquello no era nada sencillo, nada. — Tienes salidas para todo, ¿no? — No pudo evitar comentar entre unas pequeñas risas que trataba de contener por postura como doctora, no por otra cosa. Aunque se lo estaba poniendo realmente complicado.

Y sorprendida nuevamente por el contrario, acababa de enterarse de que el castaño era músico. ¿Cómo lo llevaría con eso de ser sordo? Sabía que había un músico muggle que era sordo y aun así compuso algo pero no recordaba como se llamaba. — Entonces no volveré a preocuparme por tu cuerdas vocales. — Dijo alegre de ello. Tras eso esperó a que el contrario se retirase el audífono, impresionada por la facilidad que tenía el contrario en hacer de un día aburrido y quizá monótono en toda una alegría. ¿Cómo podía derrochar esa energía y felicidad? ¿Era siempre así?

Entonces no pudo evitar soltar una risa por aquello de los locos, lo cierto es que si que le había tocado algunos. — Pues ahora que lo mencionas, sí que me han tocado algunos locos. — Respondió a su pregunta para luego contarle una de sus historias. — Una vez vino un hombre afectado por una seta mágica en proceso de investigación. Resulta que esa seta suelta unas esporas que te hacen tener alucinaciones. — Rodó los ojos durante unos segundos y volvió a reír. — No te puedes imaginar como estaba en la sala de ingresos, cada cinco minutos se creía un animal distinto y hacía ruidos bastantes extraños. — Si, incluso los sonidos del ir al baño los imitaba. Claro que como un animal, literalmente. — Con decirte que se me puso a buscar yo-que-sé-qué en el cabello como un gorila o uno de esa especie... Te digo en general lo que montó en la sala. Encima algunos pacientes lo animaban a que siguiera o le daban motivos a seguir... — Aquello realmente fue una locura, un día que parecía absorberte toda la energía.

Finalmente terminó lo que estaba haciendo y dejó la herramienta sobre su sitio. — Listo, ya puedes colocarte de nuevo el audífono. Está todo igual que los datos que me dio el Doctor Gould. — Entonces se retiró los guantes y lo tiró a la misma basura donde el palo. — Pues permítame decirle que su trabajo me parece apasionante. Aun recuerdo cuando conocí mi pasión por la música y debe ser genial dedicarse a ello, creo yo... — Si, para ella era como ese típico trabajo que le parece interesante y que sin duda le hubiera gustado al menos experimentar. — ¿Tocas muchos instrumentos? Yo tan solo sé la guitarra eléctrica, y también suelo tocar el bajo. — Comentaría, hablando sobre los instrumentos que ella sabía tocar, que no era más que instrumentos muggles y no tenía ni idea de si existía algún instrumento musical mágico, ese tema no lo controlaba para nada. Realmente nula. — Bueno, por ahora ya hemos terminado lo que debíamos hacer aquí, puedes volver a sentarte en la silla si lo deseas. — Le dijo mientras iba al escritorio y se sentaba, para tomar lo que restaba del café frío. — ¿Quieres un café? Se me ha olvidado ofrecerte. — No era algo que soliera hacer pero ciertamente le salió del alma decirle aquello, al fin y al cabo le había hecho pasar un muy buen rato en aquella peculiar revisión.
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Steven D. Bennington el Dom Nov 06, 2016 3:02 pm

Primero pasó a revisarle la garganta, algo que Steven no comprendió muy bien pero a lo que no dio demasiada importancia. La que sabía de medicina en aquel lugar era su acompañante, él no tenía ni la más remota idea, y eso que había pasado horas y horas al lado de su hermana mientras esta estudiaba exactamente lo mismo. Pero eso no había servido precisamente para que el conocimiento saliese de la mente de su hermana y, mágicamente, pasase al interior de la suya propia. No, así no funcionaban las cosas.

- Creo que yo habría sido uno de esos pacientes. – Dijo antes de romper a reír. Se imaginaba a aquel hombre yendo de un lado a otro en cuclillas. Subiéndose a las sillas de la sala de espera y buscando las pulgas a todos los allí presentes para luego llevárselas a la boca. Y la imagen del hombre sin rostro definido cogiendo las revistas que podían encontrarse en la sala de espera muggle para luego tirarlas por los aires. – En mi cabeza lo imagino todo el rato como un mono pero verle creyéndose ser un elefante tiene que ser más divertido. Mi hermana me contó una vez que vino un paciente que creía ser una lámpara. Simplemente se quedaba en una esquina de la habitación sin hacer nada. No me preguntes cómo descubrieron que creía que era una lámpara, porque no tengo ni idea. – Hizo una breve pausa para pensar. ¿Por qué no le había preguntado antes a Bee sobre ese hombre? – A lo mejor abría la boca y tenía una bombilla dentro, no lo sé.

Cuando Natasha le indicó, volvió a tomar una postura más cómoda y cogió nuevamente el audífono para colocarlo con cuidado sobre su oreja y levemente en el interior de su oído. Se colocó la parte más larga del cabello tapando aquel pequeño aparato que tendía a pasar desapercibido a ojos de los demás y se levantó de la camilla. En esta ocasión, se quedó de pie hablando con la mujer mientras esta volvía al tema, esta vez, de su trabajo.

- Soy partidario del bajo. Es un instrumento que ha quedado en un segundo plano. Todo el mundo ve la importancia en los grupos de música actuales de la guitarra o la batería, e incluso del teclado. Pero, ¿El bajo? Ha sido relegado a un segundo plano pero sin él ninguna canción sería igual. – No entendía cómo había acabado siendo un instrumento con tan poco prestigio, pero a él siempre le había encantado. – Saqué el conservatorio por el violín, pero toco bastantes instrumentos. – No le gustaba hablar de sí mismo, por lo que aquello le resultaba algo incómodo. – Sobretodo el piano, a mi hija le encanta y solemos tocar juntos. – Dijo con aquella sonrisa que siempre le salía con hablaba de Alexandra. – Lo peor que llevo son los instrumentos de percusión, pero tampoco me defiendo mal. – Admitió encogiéndose de hombros.

Negó con la cabeza a la invitación al café. Podía resultar descortés a vista de muchos pero Steven no era dado a tomar café, ni siquiera descafeinado.

- Luego no duermo. – Dijo con cierto tono infantil en sus palabras. – Me pasa lo mismo con la Coca-Cola, soy como un niño pequeño. – Fue en dirección a la silla donde se encontraba su chaqueta y la cogió, colocándola sobre su brazo izquierdo. – ¿Me das cita para que vuelva a revisión o se la pido a la recepcionista tan simpática de ahí abajo? – Aquello último lo dijo con una marcada ironía, pues la mujer de la puerta había sido de todo menos simpática. Y, viniendo de Steven, ya tenía que haber sido horrible su compañía, pues nunca decía nada malo del resto.
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S. Natasha Kuznetsova el Dom Nov 06, 2016 4:16 pm

Los pacientes, muchos de ellos, estaban para hacer el trabajo del sanador más difícil de lo que pudiera resultar la intervención. No podía imaginarse un hombre haciendo que era una lámpara, quizá hacía lo que el hombre decía. ¿Abrir la boca y...? Demasiado absurdo todo, ¿no? — Se atragantaría, ¿no? Supongo que sería algo más de abrir y cerrar los ojos en función de estar encendido o no. — Reiría por la idea. No entendía como alguien podía pensar en ser un objeto, un animal podía llegarlo a entender hasta cierto punto. Al fin y al cabo los animales al menos hacen algo y tienen algún sonido característico. Aunque lo que más le llamó la atención de todo lo que le estuvo contando fue el detalle de que su hermana le había contado la historia de un paciente. ¿Acaso también era parte del cuerpo medimago?

Observó tras terminar de escribir como el castaño estaba en pie frente a ella, con su chaqueta en el brazo. Tampoco es que se diera mucha cuenta del detalle que estuviera en pie y que era una postura que implicaba de que tenía intención de irse, y con ello la rusa debía acabar la conversación pronto. Aun así ella estaba demasiado centrada en a conversación y la información que esta le estaba ofreciendo que ese detalle. Sobretodo en aquellas palabras de hija.¿Tú y tu hija tocáis juntos? Que envidia. ¿Tiene mujer? No quiero sonar ahora yo acosadora sino porque con dos músicos en casa le debe gustar la música. — Comentó sobre entendiendo de que tenía mujer por el hecho de tener una hija aunque últimamente había muchos padres solteros. No estaba segura si aquello debió decirlo, bueno... Un divorcio tampoco era algo tan incómodo de comentar, Natasha al menos lo comentaba abiertamente. Aun así solo había preguntado si tenía, que no era una pregunta muy personal. Natasha igualmente se preguntaba si las cosas incomodaban a los demás porque siempre tenía esa preocupación.

El hombre ya permanecía con todo listo para marcharse y había rechazado la invitación, cosa que no es que le molestase ni mucho menos sino que entendía, más si lo mantenía tan despierto. Aunque debía admitir que de la manera en la que lo dijo el contrario sonó hasta con su toque de ternura. Escuchar que era infantil por el efecto de la cafeína sin duda era algo entrañable. — ¿Un niño pequeño? Me cuesta verte como un niño pequeño, eeh. — Volvió a reírse mientras sacaba unas horas de su cajón para rellenar sobre la información del paciente. Papeles, siempre muchos papeles.

Yo te puedo dar la cita. — Diría aunque le sonó un tanto confuso dicho de aquella manera. — La cita de la revisión sería para dentro de un mes o si quieres antes también puedo ponértela antes. Como veas que te viene más cómodo. Siempre puedo darte una tarjeta de contacto para pedirme la cita cuando desees sin necesidad de hablar con la recepcionista. Sé que puede resultar un tanto borde y desagradable. — Comentaría, siendo más específica con referente a la cita. Mientras iba rellenando las cosas necesarias para hacerle la entrega de la cita en el día que él viera mejor. — Te digo un mes para que no tengas que estar cada dos semanas viniendo si te viene mal o si no te agrada las consultas, entiendo que no sea algo muy divertido venir a una revisión aunque no puedo negar que me has hecho reír bastante.— Sonreiría mientras observaba al hombre, esperando su respuesta respecto al día. — Más que el loco haciendo de simio. — Admitiría, y obvio que no se iba a callar, si algo caracterizaba a la rusa era su sinceridad, aunque su sinceridad siempre trataba de no ser tan descarado. Al menos en su trabajo.
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Steven D. Bennington el Dom Nov 06, 2016 6:30 pm

Se encogió de hombros. No había estado presente para saber si aquel hombre se creía una lámpara por su capacidad para alumbrar la sala o porque aquella mañana se había levantado con ganas de decorar el salón de su casa. Aún no entendía por qué no había hecho más preguntas al respecto y más teniendo en cuenta su habilidad para hacer mil y una preguntas sobre cualquier tema.

- A saber. – Dijo con la sonrisa estática en el rosto. – No sé si sería por haber tomado algo raro o simplemente porque estaba loco. La verdad es que con tantos efectos secundarios que tiene la magia a veces me sorprende que no acabe más gente loca. – Él se había criado en el mundo muggle por lo que aún muchas cosas de los magos le resultaban cada día más curiosas y sorprendentes, por mucho que ya llevase años conociendo aquel gran secreto. – Hice un curso de Psicobiología hace tiempo y vi casos rarísimos. Hay una enfermedad mental que afecta al cerebro y hace que la persona que la padece crea estar muerto. Quiero decir… No es que se quede en la cama tirado como si fuese Drácula, sino que si le preguntas te dice que está muerto. Y de verdad lo cree, no lo dice por decir. Como esos que no tienen conciencia de su propio cuerpo o de lo que les rodea. – Cuando comenzaba a hablar tendía a irse por las ramas, y más teniendo en cuenta que estaba con alguien que ya sabría aquellos temas. No sabía si los Medimagos estudiaban algo referente a aquel ámbito, pero seguro que mucho más que él sabría aquella mujer.

Preparó sus cosas con intención de irse de allí. Debía admitir que la revisión había sido mucho más cómoda que cualquiera que hubiese tenido previamente con el Doctor Gould, y es que este era un anciano entrañable pero un tanto extraño. Siempre tenía las manos frías y ásperas, además de un olor a tabaco en la ropa demasiado característico.

- Ahora que está en Hogwarts apenas puedo verla pero sí. Estoy deseando que lleguen las Navidades para que pueda venir a casa. – Steven adoraba a su hija. Para ser sinceros, era su persona favorita en el mundo incluso por delante de su propia hermana, a quien quería más que a nada en el mundo pero no era lo mismo una hermana que una hija. – Ex mujer. Y no, ella es más seria que yo. Prefiere meter la cabeza en informes que en notas musicales. – Dijo con tono risueño, nuevamente mostrando su incapacidad para no hablar de tal manera.

Cogió la chaqueta y se acercó primeramente hasta donde estaba la mujer con los papeles preparados para comenzar a rellenar el correspondiente informe antes de que entrase el siguiente paciente que, por lo que se oía fuera, era posible que fuese la mujer con el ataque de tos. Steven afirmó con la cabeza a la explicación de la mujer.

- Supongo que para la próxima revisión ya estará el Doctor Gould. Así que por hoy ya dejas de ser mi Doctora. – Comentó el chico cogiendo una de las tarjetas con el nombre e información referente a Natasha. – Porque si fueras mi Doctora no me atrevería a preguntarte si te gustaría salir a cenar alguna noche. Creo que es de mal gusto eso de salir con un paciente, yo no lo haría con una alumna así que… - Rodó los ojos, ya volvía a irse por las ramas. - ¿O prefieres que te pida la cita con una lechuza? – Preguntó con tono divertido. No sabía siquiera si aquella mujer estaba casada, era lesbiana o después de trabajar en San Mungo volvía al convento, pero le había caído bien, para qué engañarse.
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S. Natasha Kuznetsova el Dom Nov 06, 2016 9:44 pm

Cada loco era un mundo. Todos podían tener tantos motivos para estar locos que se extrañaba porqué el mundo no estaba tan loco como debería. ¿Cómo podía haber personas que realmente creyeran que estaban muertos? Bueno, ciertamente había tanta variedad de enfermedades que no le extrañaría que hubiera alguna peor que aquello. No tenía mucha idea de ello, porque no había estudiado medicina muggle y la medimagia no entraba en tantísimos detalles como la psiquiatría, al menos Natasha no había tenido la oportunidad de estudiar esa parte de la carrera medimaga porque su dinero por aquella época no era suficiente, dado que tuvo que sacrificarse por su boda. Algo que no sabía si arrepentirse por ello.

Y la castaña no estaba segura de si alegrarse o no por el hecho del que aquel hombre no tuviera un matrimonio. ¿Aquello era bueno? No parecía hablar de manera muy agradable de su ex-mujer. Por suerte, Natasha tenía muy buena relación con su marido, dentro de los limites de la relación que tenían ambos. Aunque eso de tener la cabeza tan centrada en cosas como informes le recordaba mucho a su ex-marido. Así que eso le ayudaba muchísimo a Natasha a imaginarse lo que podría hacerse sentirse al paciente, porque ella lo había experimentado. Sin embargo, ella no tenía ningún hijo o hija que la acompañase con un instrumento musical ni nada parecido. El tema de los niños fue otro que hizo que la pareja se separase, él quería tener un hijo y sin embargo ella aún no estaba preparada. Demostrado quedaba porqué no estaba preparada. Él no la hacía sentirse así.

Referente a la cita, el hombre pareció dejar bien claro que no iba a ir a otra revisión. Al menos no con ella. Así de primeras no sabía como tomárselo. Escuchado de aquella manera sonó un poco cortante a pesar de su voz mantenerse tan alegre o cordial como antes. Aunque todo cambió cuando continuo la frase y no pudo evitar sacar una ligera sonrisa ladeada porque le agradaba la manera que tenía de pensar. — No podría estar más de acuerdo. — Respondió mientras se bajaba ligeramente por encima de las gafas, sin retirársela. Quería verlo con mayor claridad, esa claridad que las gafas no podían darte. — Dado a que no es una cita de revisión... — Abrió el cajón, quitándose las gafas, para tomar un folio en blanco. Rellenándo con la información necesaria y ya personal para la lechuza. — Aquí podrás contactarme para lo que quieras. — Le diría mientras le entregaba el papel y se levantaba para pasar por su lado con cierto aire coqueto pero sin perder la compostura y acercarse a la puerta, sin abrirla todavía.

Natasha estaba siendo demasiado discreta, no le era fácil, pero si el hombre le pedía una cita de aquella manera tan tierna -porque seguía pensando en él tomado de coca cola- y encima tras haberle sacado tantas risas... ¿Por qué no? No estaba nada mal físicamente y ya era momento de seguir adelante con su vida. Había estado muy atascada en cuanto a su divorcio. — Y también para que me cuentes sobre la cita que vamos a tener. — Afirmó, en muestra de haber aceptado, con seguridad y aires divertidos, aquella idea le hacía sentirse un tanto adolescente. ¿Cuanto hacía que no tenía una cita? Se sentía estúpida en aquel momento pero trataba de mantener una postura tranquila pero se estaba muriendo de vergüenza por dentro. Ciertamente él no se quedaba corto en cuanto a ser directos. — Un placer, Steven.. — Le diría dejándole que se marchara tras despedirse ambos y verlo marchar durante unos segundos.

Una vez el hombre se marchó miró a la mujer que no para de toser, la cual entre la revisión no había escuchado para nada. — Pase, señora. Le voy a curar ya eso.... — Todavía quedaba día por delate.
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