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Conociendo al claustro [LIBRE]

Invitado el Lun Feb 24, 2014 1:07 am

Era lunes por la mañana y las clases estaban a punto de comenzar, pero aún tenía algo de tiempo para meterme algo en el estómago y rellenar un par de documentos antes de volver a las aulas con esas pequeñas cabezas de chorlito. Así pues, hice una parada en la sala de profesores con la esperanza de encontrarme con algún compañero que aún requiriera de presentación, pero la sala estaba completamente vacía, con la sola presencia del viento que entraba por una pequeña ventana abierta y mecía con suavidad las débiles cortinas de color verde botella.

Me acerqué entonces a un pequeño armarito donde solían guardar bebida y comida para el docente que lo necesitase, pero lo que encontré allí fue mi segunda gran sorpresa. Té rojo, té verde, té negro, té blanco, té azul, manzanilla...

- ¡Oh, tiene que ser una broma! - resoplé entornando los ojos - ¿Qué hay que hacer aquí para conseguir una mísera taza de café?

Formulé esa pregunta sin la más mínima esperanza de que fuera contestada, solo con el ánimo de expresar mi incredulidad. Pero entonces escuché a mis espaldas un sonoro "crack" y cuando me di la vuelta vislumbré un pequeño ser de grandes ojos redondos, nariz puntiaguda y orejas como las alas de un murciélago.

- Su café, señor. - dijo la criaturita haciendo una reverencia y me extendió una pequeña taza llena a revosar de café con leche caliente.

- Anda, qué eficiencia. - susurré con los ojos como platos mientras recogía el café con media sonrisa - Muchas gracias, pequeño.

"¡Vaya, así que era cierto lo que decían de que Albus tenía elfos domésticos en las cocinas del colegio!"

- ¿Cómo te llamas, amigo? - pregunté con curiosidad, siempre me había dado mucha curiosidad cómo sería la vida de estos pequeños seres denominados elfos domésticos.

- Eru, señor. - respondió el elfo con timidez.

- Un placer, Eru. Me gustaría agradecerte este gesto de alguna manera, creo que tengo aquí algo para darte...

Apenas había metido la mano en el bolsillo de la túnica cuando el elfo soltó un grito ahogado y cruzó los brazos, enfurruñado.

- ¡Ah, no! ¡No, señor! - exclamó él - ¡Tómese la bebida o déjela y váyase, pero no se atreva a insultar a Eru de esa manera!

Y sin decir más se volvió a desaparecer, seguramente de vuelta a las cocinas. Yo me arrasqué la coronilla con incredulidad y me senté para tomarme el café. Estaba realmente bueno.

- Por las barbas de Merlín, no hay quien entienda a los elfos.
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Invitado el Lun Feb 24, 2014 11:35 am

Lunes por la mañana...y adivinad a quien se le ha pegado las sábanas...A mi! Ayer fui al callejón a comprarle la escoba a Danny y creo que ahorraré y le compraré una a Alice...pero primero tengo que preguntar cuando es su cumpleaños, que la acojo en mi casa y no se nada de su vida. Me levanté corriendo y me vestí rápidamente, y para el colmo me di en el dedo pequeño del pie contra la pata de la cama...Esther, se puede decir que has empezado con buen pie. Estaba desgreñada y con la túnica sin poner todavía y adivinad que, mis pergaminos estaban en la sala de profesores....

-Me cago en todo! Como se nota que hoy es lunes! Dije en voz alta refunfuñando. Valor me miraba con cara rara, así que le hice un gesto con la cabeza y salí disparada corriendo por las escaleras hacia la sala de profesores. Con los pelos desgreñados que parecía un león y poníendome la túnica como podía. Rápidamente llegué a la sala de profesores abriendo la puerta de par en par jadeando.

-Que no llego...quiero...una silla. Dije sentándome en una silla estampando mi cara contra la mesa grande, había llegado...Suspiré tras recuperarme y vi que allí estaba el profesor Gray. Mi cara se puso como un tomate al verle, dios mio que vergüenza... Rápidamente moví la varita arreglándome y me levanté haciendo una reverencia de disculpa.

-Perdón, perdón....No sabía que estaba ahí... Dije disculpándome varias veces. Agarré una taza de te con sabor a frutas y me senté en la gran mesa, al final había llegado a tiempo. -Y buenos días...Esto de que se te peguen las sábanas no es bueno... Dije suspirando bebiendo un sorbo de té, Esther...la has cagado, menuda manera de presentarte ante un compañero...y encima mayor que tú. -Creo que no nos conocemos formalmente...Soy Esther Fenixheart, la profesora de Vuelo. Y este amiguito que tengo a mi lado es Valor, mi halcón. Dije sonriendo señalando a mi halcón que se había posado en mi hombro. Ya estaba acostumbrada a su peso y ya casi es como una pluma para mi. Bebí otro sorbo de té y me quedé callada, seguramente esté pensando que soy una profesora torpe y descuidada.
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Invitado el Lun Feb 24, 2014 3:52 pm

Me quité el sombrero y lo estaba posando sobre la mesa antes de recoger un ejemplar de "El Profeta" de ese mismo día justo cuando la puerta se abrió con brusquedad y una mujer, que aparentaba entre los veinte y los veiniticinco años, entró a horcajadas a través del umbral.

La mujer llevaba el pelo, de color rojo fuego, alborotado como si se acabara de leventar o un huracán hubiera pasado por su lado dejándola a ella intacta pero tomándola con su pelo. La ropa que llevaba puesta tampoco indicaba que le hubiera dedicado excesivo tiempo esa mañana para prepararse para... ¿impartir clase? Sin duda, si estaba en la sala de profesores era porque ella misma impartía alguna clase en el colegio. Claro que no era algo típico ver a una profesora con esa actitud, más aún estando ya dentro del colegio.

Estuve a punto de saludarla cuando me di cuenta de que ni siquiera se había jactado de mi presencia. Así que le di un sorbo a la taza de café mientras escuchaba sus quejas entre jadeos y suspiros. Al fin se dignó a saludarme y a adoptar la postura que era de requerimiento mínimo para alguien de nuestra situación.

- Buenos días. - saludé yo también con una ligera inclinación de cabeza - Ah, la profesora Fenixheart, claro. Yo soy el profesor Gray, Gerhard Gray. A vuestro servicio.

Sonreí afablemente con las presentaciones. Sabía que me sonaba su cara, pero comprendí en seguida que estaba equivcado pues no era el rostro de una alumna, sino el de la profesora que se había sentado al lado del profesor Snape en el Gran Comedor la noche de la Selección.

Me sorprendió enormemente cuando me presentó a aquella mascota suya, un halcón llamado valor. Las lechuzas y los gatos ya me parecían algo hasta lógico para los magos ingleses, incluso las ranas y sapos eran algo extravagante. ¿Pero un halcón? Eso era del todo inusual.
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Invitado el Lun Feb 24, 2014 8:07 pm

No podía imaginar el como había llegado hasta la sala de profesores en tiempo récord y sin usar la escoba para bajar tosas esas escaleras...Eso significa que tengo buena forma, hasta cuando estoy medio dormida. Tras mi numerito de presentación y de quedarme sentada como debía, me presenté. Incluso después de la presentación de él, todavía seguía roja como un tomate pero ya no tan colorado.

-Al vuestro también. Respondí sonriendo volviendo a tomar otro sorbo de té. Miré a un lado y ahí estaban mis pergaminos, los agarré como si alguien me los fuera a quitar, hasta que los dejé encima de la mesa. -¿Algo interesante en el periódico? Yo no acostumbro a leerlo, solo ojeo la portada y me marcho. Comenté al ver que el profesor estaba mirando la primera plana...Joder, se me hace raro llamarlo de tú, me hace sentir...más niña.

-Disculpe nuevamente lo de antes, se que soy una pesada por pedir tantas disculpas pero como estudié en Beauxbatons y soy así desde que nací...Pido perdón hasta por las orejas. Dije rascándome la cabeza avergonzada, vale Esther ya te has disculpado...ahora callate un ratito que pareces una pesada, deja la charla para las clases. Vamos a ver...saca un tema.... -¿Usted tiene algún compañero como Valor? Él es mi amigo, siempre me acompaña. Comenté acariciándole la cabeza al halcón, muy bien Esther, acabas de sacar el tema más estúpido desde que entraste en esta sala...Opto por que te levantes y salgas hasta el campo corriendo a toda velocidad e invisible como una snitch dorada.
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Danielle J. Maxwell el Lun Feb 24, 2014 9:57 pm

¡MADRE MÍA! ¡NADA PODÍA SER MÁS PERFECTO UN LUNES POR LA MAÑANA QUE VER A MI LADO A VALOR CON UN PAQUETE PARA MÍ! Eso no es todo, era consciente que no quedaba más nadie de mi familia por darme regalos, mis tíos me habían regalado cómics y mi abuela las gafas de Quidditch, ¿quién me iba a regalar esto? ¡Ni de lejos se me hubiera ocurrido que la profesora Fenixheart me hubiese regalado una Saeta de Fuego! Literalmente, me había puesto a hiperventilar y a gritar como una loca en mi sala común. Desperté a todas mis compañeras, me llevé más de cinco almohadazos, pero no me importaba, el amor que sentía por aquella escoba y por la profesora Fenixheart en aquellos momentos eran más que suficientes como para tapar el dolor de esos almohadazos. También me había puesto a saltar por las camas, a despertar a Alice y a enseñarle lo guay y brillante que estaba mi nueva escoba.

Me vestí tan rápidamente que los calcetines me los coloqué mal, los cordones de mis zapatos estaban con unos nudos tan apretados que era imposibles volver a amarrarlos decentemente, la corbata no estaba abrochada, tenía la camiseta y el suéter por dentro (que para algo que no va por dentro, yo voy y lo meto por dentro) y, milagrosamente, la túnica parecía estar en su sitio.

Subí corriendo al Gran Comedor a buscar a la profesora Fenixheart. ¡Necesitaba demostrarle mi amor por ella y enseñarle todo mi agradecimiento! No obstante, allí no estaba la profesora, sino el profesor Stinson, el cual me dijo que la había visto por la sala de profesores. Rápidamente empecé a correr hacia la sala de profesores con la escoba en mano y cuando llegué a la puerta, me choqué con el profesor Höhner, el cual me miró con cara de pocos amigos por estar armándola un Lunes tan temprano. Carraspeé para aparentar, notándoseme cansadísima por la carrera que me había metido y luego vi al fondo a Esther hablando con el nuevo profesor. Entré corriendo sin pedir permiso y sin previo aviso dejé MUY SUAVEMENTE por si acaso se rompe la escoba apoyada en una silla y abracé a mi profesora favorita de por vida.

¡GRACIAS GRACIAS GRACIAS... —lo repetí infinitamente mientras daba pequeños saltitos y hacía que ella diese vueltas junto a mí. Yo era más bajita, pero no importaba, la había cogido desprevenida y tenía el factor sorpresa a mi favor—. ¡Es una pasada, no tenía por qué! ¡Muchísimas gracias, eres la mejor, no la decepcionaré, ahora sí que nadie será capaz de ganarme a coger la Snitch, profesora seré la mejor buscadora que jamás haya entrenado, se lo prometo! —no la dejaba ni hablar debido a la euforia del momento. De hecho estaba hasta emocionada, se me iba  a caer una lagrimilla de felicidad. La profesora Fenixheart se portaba muy bien conmigo, era inevitable cogerle cariño. Ahora la cogí de las manos y la miré a los ojos desde abajo, ya que soy bajita—. En serio, eres la mejor... —miré al profesor Gray que, tras nuestro encontronazo en el Lago y este acto, debe de pensarse que estoy loca, algo que no me importaba porque todo el mundo también lo pensaba—. Profesor Gray, esta profesora que tiene aquí, es la mejor de Hogwarts y del mundo. ¡Trátela bien!

Di un pequeño salto de felicidad, cogí mi escoba y la abracé dando una vuelta allí con los ojos cerrados, de tal manera que me choqué con el profesor Skarsgard y le tiré el café encima. Lo miré con los ojos y la boca abierta y, antes de que pudiese decir nada, me agaché y me metí por un lateral de él para que no me gritase en  la cara y no le dese tiempo a echarme la bronca.

¡Profesor, con un Evanesco se le soluciona! —grité a la vez que salía corriendo de allí para probar mi nueva y espectacular escoba, notando como el profesor me gritaba desde la puerta de la sala de profesor. Jijiji, tengo una Saeta, no podrá cogerme en su vida...

OFF: Perdón por la intromisión, pero ya que es libre y Esther ha tenido el AMOROSO detalle de regalarme una Saeta, vi la oportunidad perfecta para no agradecérselo cutremente por carta ^^
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Danielle J. MaxwellUniversitarios

Invitado el Lun Feb 24, 2014 11:44 pm

[OFF: No hay problema.  Wink  Por eso me encanta abrir siempre los posts en "libre". ¡La espontaneidad es lo bueno del rol!]

Mientras la mujer hablaba, y sin dejar de prestarle atención, perdí la vista en un titular del periódico: "Tentativa de robo en el Ministerio".

- Al parecer han mandado a Azkaban a un tal Podmore por intento de robo en el Ministerio de Magia. Seis meses... - murmuré mirando de reojo a la profesora por encima del periódico - ¿Dónde vamos a parar si ni siquiera en nuestro propio Ministerio está a salvo el dinero?

De nuevo la mujer volvía a disculparse con nerviosismo, pero yo hice un gesto con la mano restándole importancia. Volví a beber de mi taza y mencionó su historia pasada en la academia de magia Beauxbatons. También me preguntó si tenía alguna compañía animal conmigo.

- No, la verdad es que nunca he sido amigo de atar mi vida a la de una mascota. No sé si me entiende. - cerré entonces el periódico y volví la cabeza para mirar a mi colega - Vaya, ¿Beauxbatons? Cualquiera lo diría, no se le nota ningún tipo de acento francés. ¿Cuánto tiempo lleva aquí, profesora? Si no es indiscreción, claro.

Y fue en aquel momento, en que todo parecía más en calma, cuando alguien apareció dando saltos y profiriendo grititos por el pasillo. Se trataba de Danny, aquella alumna tan simpática de Hufflepuff que conocí el otro día a orillas del Lago Negro en circunstancias tan poco fortuitas. Al parecer tenía una relación más que estrecha con la profesora y ésta le había hecho un regalo bastante valioso por su decimoquinto cumpleaños.

- Lo tendré en cuenta, señorita Maxwell. Pero ya conoce las normas del colegio sobre el escándalo en los pasillos del castillo y las consecuencias que eso conlleva, ¿verdad? - espeté a la chica con una mirada increíblemente seria, que cambié al momento por una risa  de resignación en cuanto la muchacha se fue escopetada, posiblemente sin haber escuchado mi advertencia - Esta chica...
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Invitado el Mar Feb 25, 2014 5:54 pm

Has encontrado el buen camino, felicidades Esther, te ha costado pero lo has conseguido al final. No me autoregalo un pin porque sería patético, y más bajo no quiero caer. Pregunté sobre El Profeta porque era un buen tema y es lo que los adultos suelen hablar por las mañanas durante el café, para suavizar el tener que ir a trabajar.

-Pues...Gringotts supongo...es donde tengo mi dinero, aunque solo lo necesario para pagar el alquiler y poco más, algunos ahorrillos que se juntan al cobrar el salario. Dije haciéndome la adulta responsable y que sabía del tema, en realidad...Era evidente que mi dinero estaba ahí, el mio y el de todo el mundo, pero soy así de especial e inocente...Esther, se te da fatal mentir, calladita. Bebí otro sorbo de té y me eché otro tazón mientras escuchaba que el profesor Gray no había tenido ningún amigo que fuera una mascota, que no le gustaba.

-Le entiendo. Yo tengo a Valor desde que era un polluelo, así que mascota mascota no es. Dije mirando al halcón mientras me sentaba. Al instante empecé a reir cuando dijo me dijo que no tenía el acento francés del colegio, la verdad es que tenía mucha razón. -Eran tantas las ganas que tenía de quitarme ese acento de pijo que al final lo conseguí, ahora lo tengo controlado y sale sólo cuando yo quiero hablar así. Hablé sonriendo sacando el acento italiano-francés que había adaptado en el colegio, debo reconocer que a veces es divertido hablar así pero todo el día aburre. -No es ninguna indiscreción, tranquilo. Pues llevo aquí...casi 6 meses. Soy la niña entre los profesores, por decirlo de alguna manera. Hablé tranquilamente bebiendo mi taza de té cuando de repente escuché un estruendo afuera, como si alguien viniera como una bala...Esa bala vino directa hacia mi, abriendo las puertas de par en par y asustándome haciendo que me atragantara con el buche de té.

-Danny para, Danny para...Para! Habla con mas tranquilidad niña que te va a dar un infarto o te vas a morder la lengua. Hablé intentando calmar a Danny, dios mio que locura...Entre que no daba vueltas y no para de hablar....  -V-vale...si...no hace falta que me lo agradezcas...No te pases... Intentaba decir mientras no paraba de hablar sobre lo contenta que estaba con su escoba, por fin pude sentarme pero ella no paraba de decir cosas fruto de la emoción. Me estoy arrepintiendo de habérsela regalado...

-Deja que te pille después!! Con una carta era suficiente....o un simple gracias... Grité para luego ir bajando la voz cuando Danny habló con el profesor Gray y luego se marchó, me acaba de pasar una vergüenza increible...Vuelta al principio. -Estos niños...No les puedes regalar nada por su cumpleaños que luego se alteran demasiado. Volví a suspirar bebiendo otra taza de té, respira...tranquila...No pasa nada...Imagina que no ha venido y estabas conversando con tu compañero de trabajo como un día normal.
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Invitado el Mar Feb 25, 2014 11:36 pm

Que su dinero estaba guardado en una cámara de Gringotts, pues menuda novedad. Y como el suyo, el dinero de todo mago o bruja que se precie y sepa lo que es la seguridad monetaria. Esos gnomos eran unos arrogantes y unos cascarrabias, desde luego, pero lo cierto es que no había nadie como ellos para proteger lo que les interesaba.

Luego se confirmó la razón por la que al principio creía que tenía ante mí a una alumna extraviada y no a la profesora que realmente era. Según decía, no llevaba aquí más de seis meses y estaba claro que era la mujer más joven de todo el claustro. Pero no hacía bien prejuzgándola de aquella manera, lo admito. Al fin y al cabo, si Dumbledore ha decidido contratarla es porque vería en ella ciertas actitudes que escapaban a simple vista. Y yo tenía plena fe en el criterio de Dumbledore.

- Después de todo son solo eso, niños. - dije encogiendo los hombros, sin darle apenas importancia al comportamiento de Danny después de salir de la sala de profesores - Y algo de alteración no esta de más de vez en cuando.

Eso era una verdad como un templo, pues llega a una edad en que uno olvida las cosas que hacía cuando era más joven, con la cabeza llena de pájaros y pensando en cómo el día podría convertirse en uno más divertido que el anterior. Pero ahora ya no, esos tiempos habían pasado y a menudo me planteaba si de verdad merecía la pena tanta seriedad y dejar atrás todo signo de jovialidad.

- Al fin y al cabo todos fuimos niños alguna vez, ¿verdad? - dije asintiendo con la cabeza y di un último trago a mi taza de café - Algunos antes que otros.
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Invitado el Miér Feb 26, 2014 9:54 pm

Yo juro que mato a esta niña, o quizás la deje inconsciente para que dejara de dar gritos por los pasillos un ratito. Tenía la conversación casi a mi favor, parecía casi una adulta con la cabeza amueblada...Bueno, le falta la mayoría de los muebles pero alguno tiene. Todo estaba saliendo bien, hasta que Danny se tropezó con todos los profesores y llegó a mi encuentro. Yo me alegro de que le gustara pero...Ya déjalo Esther, eres una quejica y lo sabes.

-Si bueno, siempre es mejor estar alegre que deprimido y ahora mismo esta niña desprendía una alegría bestial. Dije bebiendo mi segundo vaso de té, a este paso tendría que ir corriendo al baño antes de dar la primera clase...Coño! La primera clase!

-Esto...jejeje...Llego tarde con los de primero!! Dije levantándome de replón mirando el reloj de pared, en menos de diez minutos tenía que estar en el campo con los alumnos de primero. -Lo siento mucho, me gustaría seguir charlando con usted pero esque...Había tantas cosas que preguntarle...Mecachis! Dije toda alterada recogiendo mis cosas y dejando el tazón en un sitio para que lo lavasen, con lo bien que me caía el profesor este y tengo que marcharme...como odio los lunes.

-Buenos días, que no se le haga muy pesado el día y ya hablaremos tomando un café más tranquilamente. Nos vemos! Dije disculpándome haciendo reverencias mientras me marchaba hacia la puerta, lo malo es que cuando la abrí me topé con el profesor Skarsgard que al parecer seguía con la mancha de café que le tiró Danny.

-Agua y jabón o tintorería...O yo que se! y quítate esa cara de enfado que luego te llenas de arrugas antes del viernes!! Le grité montándome en mi escoba y alcé el vuelo con mi halcón en dirección hacia el campo. A veces me comportaba como una alumna, pero se puede decir que todavía llevo a mi niña interior...y eso no se puede cambiar todavía y me alegro.
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Invitado el Miér Feb 26, 2014 10:53 pm

La mujer se levantó de pronto alarmada por la hora que era. Yo abrí el bolsillo interior de mi túnica y saqué de allí mi reloj de bolsillo, que marcaban las nueve menos cinco. No veía motivo alguno de alarma, ya que todavía quedaban cinco minutos para que diese comienzo la primera clase. Pero claro, si tu clase está en los terrenos del castillos y tú aún sigues charlando y tomándote un té... Sí, puede que sea motivo de alarma.

- Tiene razón, yo también debería irme. - dije guardando mi reloj de nuevo en la túnica y me terminé el café que me quedaba en la taza de un trago.

Esther ya estaba en la puerta cuando empezaba a despedirse y yo me apresuré a levantarme de mi asiento. Me puse el sombrero, cogí mi bastón y recuperé los libros que había dejado encima de la mesa.

- Lo mismo digo, profesora Fenixheart. Que tenga un buen día. - me despedí cordialmente haciendo un gesto caballeroso con mi sombrero mientras inclinaba la cabeza - Ya charlaremos en otro momento.

Terminó la velada intentando darle unos consejos al profesor de Runas Antiguas, Eric Scarsgärd, sobre cómo quitar la mancha de su túnica antes de salir volando en su escoba rumbo al campo de vuelo. ¿Volando? Creía que las normas sobre la utilización de la magia en los pasillos había quedado bastante clara la noche de la Selección. En fin, para algunos no parece que las normas calen de la misma manera.

- Buenos días y suerte con eso, profesor Scarsgärd.

[OFF: Supongo que ya cerramos este post entonces, ¿no?]
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Invitado el Miér Feb 26, 2014 11:08 pm

Off: Por mi parte si, pero no se si alguien mas entrara para hablar con usted n.nU
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