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La misión de un Ravenclaw [Oliver Medici]

Invitado el Lun Nov 28, 2016 2:43 pm

Llevaba ya varios días dándole vueltas a lo que la profesora Myrtle nos había contado. Según dijo, Rowena Ravenclaw, la fundadora de nuestra gran casa, poseía un accesorio, una diadema, que supuestamente era la fuente de su gran sabiduría. Aquello llamó demasiado mi atención e intenté, al finalizar la clase, sonsacarle más información sobre aquella historia, quería saber más, sin embargo la profesora no pudo satisfacer esa necesidad ya que según ella no estaba puesta en el tema aunque parecía saber más de lo que aparentaba.

Una de las cualidades de los Ravenclaw, ademas de su inteligencia, era la curiosidad, algo muy presente en mi. No estaba dispuesto a dejarlo así a si es que cuando por fin dejé de avasallar a preguntas a la profesora de adivinación me dirigí a la biblioteca en busca de algún libro que me pudiese aportar la información que estaba buscando. Finalmente, tras mucho buscar y preguntar a la señora que vigilaba que todo estuviera en orden entre los imponentes estantes repletos de libros, encontré un libro sobre la historia del colegio. Si en algún libro podría encontrar algo estaba seguro de que sería en ese. Estaba deseando comenzar a leer no obstante aquello tendría que esperar, primero debía llegar a mi dormitorio.

Tras resolver el acertijo para entrar en la torre de Ravenclaw comencé a subir la interminable escalera de caracol a la que cada día iba cogiéndole más asco si cabía. Eran 7 años de subir y bajarlas diariamente, si tenía algún motivo para querer abandonar el colegio sería aquel, librarme de la dichosa escalera. Cuando entré a la sala común observé que nadie se encontraba en ella, ¿estarían en sus dormitorios? ¿En clase? Fuera como fuese aquello era estupendo ya que podía sentarme en uno de los sillones azules de la sala, junto a la chimenea, a leer el libro que acaba a de sacar. Por fin iba a resolver el misterio de la supuesta diadema de la que nunca había oído hablar. Cuando abrí la portada y avancé unas hojas hacia delante vi el índice en el que busqué algo que pudiera guiarme directamente a lo que buscaba, ahí estaba, el nombre de nuestra fundadora, Rowena Ravenclaw. A toda prisa salté todas las hojas anteriores sobre la historia de otros dos de los fundadores, ya lo leería en otro momento.

Mis ojos recorrían las paginas en busca de algo acerca de la diadema y aunque tardaron en encontrarlo al final lo hicieron.

''La diadema de Rowena Ravenclaw se decía que era la fuente de su sabiduría siendo ese el motivo por el que su hija, Helena la robó buscando ser mas inteligente que su madre. Antes de que esta pudiera escapar con el accesorio el Barón Sanguinario la asesinó, tras lo cual se suicidó convirtiéndose así en el fantasma de la casa de Salazar Slytherin. Después de aquel horrible suceso no se volvió a saber nada de la diadema no obstante se cree que anda escondida dentro de Hogwarts aunque nadie ha conseguido encontrarla hasta la fecha''.

''Hasta la fecha...'' Aquellas ultimas palabras se detuvieron en mi cabeza por unos instantes habiendo buscar la fecha de edición de aquel libro. Era bastante antiguo no obstante si alguien hubiese encontrado el accesorio todos, incluida la profesora Myrtle, lo sabrían a si es que lo más lógico era pensar que el paradero de esta aún seguía siendo desconocido. Clavé la mirada en las llamas de la chimenea mientras mis manos se acercaban la una a la otra cerrando así el libro que descansaba entre ambas. Si, ya había conseguido la información que andaba buscando pero ¿ahora que? Me gustaban los retos y ese sería el reto de mi vida, debía intentar lo que muchos antes de mi ya habían hecho y donde habían fracasado, debía buscar la diadema aunque no podía hacerlo solo, ¿a quien podría decírselo? Ninguno de mis más allegados era una buena opción a si es que lo decidiría de la forma más imparcial que conocía, por azar, el primero que entrase por esa puerta sería mi compañero en esta aventura.
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Invitado el Lun Nov 28, 2016 5:39 pm

Mordía mi labio inferior mientras cojeaba hacia la sala común de Ravenclaw, el sabor férreo de la sangre invadía mis papilas gustativas y mi ojo derecho me dolía tanto como la mandíbula. Por primera vez podría decir que aquel tono morado no lo había hecho mi metamorfomagia, sino algo ajeno, el derechazo del abusón de Slytherin al que yo había abofeteado de manera absurda provocando su ira. Estaba claro que aquella semana no sería en la que quedaría con el Señor Beppo al final, no si el morado de mi ojo no cesaba en colorear mi piel.  

Mis piernas fueron subiendo una por una las escaleras de la torre y con cada paso una punzada seca de dolor recorría desde mi cadera hasta mi tobillo mientras mi pecho se inflaba con fuerza en aquellos suspiros que buscaba contener para que las lágrimas no acabaran venciendo a mi orgullo. Mis iris, humedecidos, brillaban con aquel azul oscuro que representaba la tristeza y tintes naranjas arrojaban el dolor que sentía, tanto psicológico como físico. Un pequeño puchero, mis puños apretados, mi decepción por no ser capaz de enfrentarme a simples chicos que solo buscaban hacer daño.  

Veía ya el fin de aquella eterna subida cuando mi pierna flaqueó y me hizo tropezar clavando mi rodilla en el borde del duro escalón de piedra en el que acabé sentado, abrazado a ella y con los ojos cerrados mientras me balanceaba en busca de que el dolor se pasará. Aquella lágrima acabó escapando y precipitándose por mi acalorada y rojiza mejilla ¿cómo podía ser alguien de quien estuviese orgulloso Padre? Pegué mi frente a mi rodilla y quedé allí durante unos minutos, esperando a que el dolor pasara.

Limpié mis lagrimas y mi nariz con la manga de mi túnica, sorbí con mi nariz y un último puchero torció mis labios para volver a retomar mi marcha, ascendiendo de nuevo hasta que llegué al rellano, esperaba que la sala común estuviese vacía, pero aquello no fue algo que se fuese a cumplir puesto que allí se encontraba el chico mayor que yo, un Ravenclaw de pelo castaño y piel manchada por bonitas pecas que coloreaban su rostro. Noah de la familia Gallagher.  

- Buenas tardes, Señor Gallagher. - Dije mirándole durante un instante antes de volver a mirar hacia mi destino, los dormitorios. Quería acostarme y leer algún libro, olvidarme de aquel día y de lo peor, la deshonra que era.
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Invitado el Mar Nov 29, 2016 8:01 pm

Por un momento la idea de haber sido abandonado a mi suerte en aquel inmenso castillo se hizo factible, llevaba ya un buen rato esperando a esa persona que sería mi compañero de aventuras y por allí no aparecía nadie. Si, era cierto que los Ravenclaw eramos empollones, pero no estábamos todo el día metidos en la biblioteca... ¿o si? Aquel día estaba empezando a pensarlo. Cuando estaba a punto de tirar la toalla y de salir a buscar yo mismo a afortunado o afortunada la puerta de la sala común de la casa se abrió dejando entrar a un pequeño polluelo de no más de trece años. Nunca había cruzado con él más palabras de las necesarias por lo que había llegado el momento de cambiar eso, además, nunca lo había visto rodeado de chicos de su edad, quizás le costaba hacer amigos como a mi, a lo mejor conseguíamos hacer buenas migas, como decía mi abuela el desastre llama al desastre.

Cuando el chico pasó cerca de donde me encontraba me dedicó una fugaz mirada y un saludo bastante formal, demasiado para alguien tan joven. Cuando iba a responder giró rápidamente la cabeza prosiguiendo su camino, sin detenerse, hacia los dormitorios. ''De eso nada chaval''. Pensé levantándome rápidamente del sillón, dejando el libro sobre este, y corriendo hacia él mientras llamaba su atención. -Eh, hola Oliver, espera-. Dije cuando llegué hasta él poniendo una de mis manos sobre su hombro. Aquello era de lo más extraño, al menos el joven podía interpretarlo así. Después de tres años de indiferencia ante él ahora, de buenas a primeras, me acercaba a él como si fuésemos dos buenos amigos. ''Por el interés te quiero Andrés'' decía el dicho muggle.

Con una sonrisa en mis labios mire los ojos del crío percatándome, ahora que lo miraba de cerca, de los moratones y la sangre de su labio. -¿Que te ha pasado? ¿Quien ha sido? ¿Algún Gryffindor o Slytherin?- Tras aquel breve interrogatorio saqué la varita de mi bolsillo y agitándola suavemente conjuré el hechizo Episkey curando así el corte de su labio y demás heridas. -Ya está, has quedado como nuevo-. Reí poniéndome en cuclillas delante de él, mirándole fijamente. -No llores, eso es lo que más les gusta. ¿Sabes? Conmigo también se meten, el otro día me dieron una pequeña paliza entre dos alumnos de esas casas que te dije, yo salí mal parado, pero ellos también se llevaron lo suyo. Los matones siempre tienen una buena excusa para meterse contigo, ¿os has sido tu?- Pregunté de forma burlona e irónica, realmente no pensaba que hubiera sido él, aunque Ramus me había enseñado a no juzgar a las personas sin conocerlas primero.

-Tengo algo que pedirte, ¿ha oído hablar de la diadema perdida de Rowena?- Mientras formulaba la pregunte me dirigí a por el libro en el que había encontrado la información sobre aquella historia. Cuando regresé ante el chico se lo ofrecí. -Se decía que la diadema era la fuente de su gran sabiduría, que su hija la robó por envidia y que actualmente se encuentra en paradero desconocido supuestamente dentro del colegio. ¿Que te parecería acompañarme en la búsqueda del tesoro? Quien sabe, si la encontramos no nos tendremos que preocupar nunca más de estudiar-. Volví a reír esperando respuesta alguna del enano.


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Invitado el Jue Dic 01, 2016 4:55 pm

Mi compañero de casa se precipitó hacia a mi y detuvo mi avance con sus palabras, haciendo que girase hacia él al notar la mano en mi hombro.  

- ¿Qué necesita? - Pregunté con la cabeza gacha para que no apreciase las heridas. Aquella proximidad repentina del Señor Gallagher me extrañaba puesto que no entendía que podría querer un superior de mi, de alguien que no podía siquiera defenderse. Sin embargo, era una falta de respeto no mirar a quien se dignaba a hablarte, a quien te dedicaba su tiempo por lo que alcé mi rostro en un intento de mantener mi educación a flote, que era lo único que aún quedaba en pie. - ¿Eh? Nada... No... Es lo de siempre, unos Slytherin. - Contesté intentando quitarle importancia al asunto y mirando como su varita se posaba frente a mi, solo esperaba que lo que pretendiera no fuese hacerme algo cruel, ya bastante había tenido ese día. Me mantuve inmóvil, intentando no parecer asustado mientras mis puños se cerraban y abrazaban mi pulgar al que me dedicaba a acariciar con el resto de dedos. Para mi suerte el hechizo fue curativo y no algo que me hiciese explotar la cabeza ni nada de eso. Mis ojos se tornaron verdosos, mi color natural, cuando el dolor desapareció al igual que las heridas de mi cuerpo. Miré mis manos y brazos cuando escuché sus palabras y me percaté de lo que había hecho. Toqué mis rodillas en busca del dolor y al final acabé por mirarle a los ojos con mis iris coloreados de un verde claro más brillante de lo normal por las lágrimas que los humedecían. - Gracias Señor Gallagher, ¿cómo podría devolverselo? - Agradecí mientras observaba su sonrisa que intenté imitar, ya se me había vuelto a olvidar hacerlo.  

Su consejo ya lo había escuchado antes, de otra forma y en otro lugar, pero sabía que no debía llorar, no le iba a dar ese placer puesto que los Medici no lloraban por nada, si algo dolía, devolveríamos el dolor, al final, lo devolveríamos. - Bueno, he de decir que yo he provocado la... La agr... Agre.... La pelea. - Acabé diciendo pues no me acordaba de la palabra que quería usar. Era común que buscase utilizar palabras algo más sofisticadas para hablar y aparentar madurez, pero en muchas ocasiones esto provocaba hacer el ridículo al tener que recular hacia la palabra fácil. - Ellos comenzaron a decirme cosas y yo... Yo estaba cansado de siempre lo mismo, así que fui y le pegue una bofetada. - Aclaré, pero me interesaba otra cosa más.-  Y entonces ¿te peleaste con ellos? ¿Esta usted bien? ¿Sabes pelear? - Pregunté aún con la sonrisa en la cara, una sonrisa que se me había olvidado borrar al hablar del tema de la agresión y que ahora eliminaba después de fruncir el ceño durante un segundo al percatarme de que algo extraño pasaba en mi rostro.  

Su siguiente pregunta la contesté asintiendo con la cabeza una sola vez y clavando mi mirar en él y su paseo hasta un libro que ya conocía, aún así lo cogí entre mis manos y escuché la historia y su ofrecimiento.  

Aquel era un misterio que había intentado resolver el primer año en el que estuve en Ravenclaw, sin embargo, no había conseguido hallar nada que me llevase a siquiera donde empezar, pero en la actualidad yo era mayor y seríamos dos águilas buscándola, quizás teníamos probabilidad de encontrarla o quizá solo encontrábamos una paliza para ambos, pero no iba a estar mal despejarme y divertirme un rato.  

- Claro que le ayudaré. - Dije serio y con los iris tintados en aquel verde amarillento que reflejaba la alegría y el entusiasmo que ahora me movía por dentro y no sabía como manifestar. - ¿Por dónde cree que es mejor comenzar, Señor Gallagher?
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Invitado el Vie Dic 09, 2016 5:36 pm

Vaya, eso si que no me lo esperaba. Aquel niño no tenía pinta de ser un peleón y no solo no tenía pinta sino que realmente no lo era ya que aunque había sido él quien había iniciado la pelea con esos indeseables Slytherin, víboras asquerosas, había sido por un motivo, claro estaba que no le justificaba, fueran cuales fuesen los motivos habían mejores formas de actuar y más si te superan en numero y no sabes ni dar un puñetazo bien dado. Es algo que debes aprender por tu propio bien, las palabras, algunas veces, no siempre, duelen menos que los puñetazos y patadas de unos cuantos.

Cuando me preguntó que sobre como me encontraba por mi desafortunado encuentro con aquel león y su compañera serpiente asentí con la cabeza, hacía ya varios días de eso y yo tenía una especie de don, por así llamarlo, que hacía que me curase pronto. A lo mejor no era un don y era más bien una adaptación, una evolución de mi cuerpo ante tanto golpe. Fuera como fuese agradecía que fuera así. Ante su siguiente pregunta prefería no decir nada y simplemente me limité a sonreír antes de dirigirme a por el libro que quería enseñar a aquel pequeñajo. No, no sabía pelear, ¿que era saber pelear exactamente? ¿Pegar patadas y acertar? Lo que si sabía era defenderme, no demasiado pero si lo justo para no quedarme de brazos cruzados frente una agresión. Fue un regalo de navidad de mi hermano, aquel año estaba ahorrador.

Cuando le entregué el libro el joven Ravenclaw le echó un fugaz vistazo para después no volver a prestarle más atención, lo que me hizo suponer que ya lo conocía, el libro y también la historia, por supuesto. Al parecer había elegido al compañero correcto a pesar de su temprana edad, aunque claro, ¿que Ravenclaw no contaba con un mínimo de inteligencia? Aun debía probar si estaba en lo cierto. Aquella era una buena pregunta por su parte, ¿por donde podríamos empezar? Bueno, no había muchos sitios por donde empezar ya que la biblioteca, que sería por donde empezaría a buscar normalmente, no serviría más que para perder el tiempo. -¿Y si... preguntamos al fantasma de Helena? Ella fue quien le arrebató la diadema a su madre, quizás fue ella quien la escondió antes de ser asesinada por el fantasma de nuestros amigos Slytherin, ademas no tenemos nada mejor por donde empezar a no ser que se te ocurra algo-. Aquella idea no me gustaba en demasía ya que jamás había sido amigo de los fantasmas, es más, me aterraban, aunque los que vivían en el castillo, a medida de verlos cada día, iban dejando de hacerlo. Otro motivo por lo que no me entusiasmaba la idea era que el fantasma de Helena no era uno de los más sociables, cuando la saludabas rara vez te respondía y cuando lo hacía lo hacía en un noto no muy amistoso, al menos así lo hacía conmigo.

Dejando todo eso de lado estaba preparado para ir a la caza del fantasma y durante el camino tener una conversación con el polluelo, de hombre a hombre, bueno, de adolescente a niño. Pero primero debía escuchar si este tenía algo que decir.
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Invitado el Dom Dic 18, 2016 6:21 pm

- ¿Preguntar a Helena? ¿La Dama Gris? - Pregunté con el mismo tono característico de mi persona. - Que buena idea, Señor Gallagher. - Alagué mintiendo puesto que por ahí había empezado mi pasada y frustrada búsqueda pero como decía Padre: "Nunca discutas la palabra de un superior, a menos que tu vida corra peligro" y verdaderamente, no consideraba que perseguir a la pobre ladrona y desvergonzada hija de la maravillosa fundadora de nuestra casa fuese algo que me pudiese poner en peligro, al fin y al cabo era algo inmaterial, un residuo en este mundo, una memoria sin poder alguno. - Pero... Antes de nada, ¿podría concederme unos minutos para ir a cambiar mi ropa? - Pregunté educadamente y tras su afirmación* me dirigí al cuarto para cambiarme. Lancé mis ropajes para lavar y cogí unos limpios con los que salí. El azul predominaba en mi, la túnica, la corbata y mis ojos con los que reflejaba la emoción que el resto de mi cuerpo no había reflejado hasta que en aquel momento me acerqué al chico, con gesto serio y mirándole con neutralidad y cogí su mano. - Ya estoy. - La extremidad de mi compañero era bastante más grande que la mía y algo más tosca ¿algún día mi mano sería tan imponente? No le di más importancia al tema en el momento y me limité a estirar de él sin poder contenerme. - Pues, si usted esta de acuerdo ¡que empiece la aventura! - Exclamé dando un pequeño saltito. Estaba verdaderamente emocionado de volver a retomar aquel enigma que se me resistió años atrás y el cual esperaba que con la ayuda de aquel mayor consiguiese resolver, aunque el comienzo no fuese lo más esperanzador a no ser que... - Señor Gallagher, ¿cómo le va a usted relacionarse con fantasmas? - Pregunté mientras salíamos de la sala de Ravenclaw para volver a descender por la torre, una torre de la que acabaría aprendiéndome los escalones si los seguía recorriendo con la frecuencia de aquellos tres años. - Creo que sería interesante que se acercara usted solo a ella puesto que creo que no le agradan en dema... dema... ¿demasía? Si demasía... Eso, creo que no le agradamos en demasía los niños. - Comenté pensando en como me ignoró totalmente la última vez cuando intenté hablar con ella, aunque quizá mis modales no fueron los adecuados tampoco, en aquel momento no sabía decir algo exacto pero lo que tenía claro era que si me veía con él lo mismo perdíamos la oportunidad de conseguir algo. - Y a todo esto, Señor Gallagher, no respondió usted a mi pregunta sobre su habilidad en combate y como dice Padre: "Cuando seas ignorado en algún aspecto significa que esa persona no quiere hablar de ello, así que formula otra pregunta y no insistas". Pues por eso mismo, ¿podría usted enseñarme a defenderme de esos chicos? - Concluí sin pelos en la lengua mientras aún tiraba de su mano, un gesto bastante feo y falto de respeto, pero aún era un crío y no siempre controlaba mis impulsos.

El grito de un animal me hizo mirar hacia atrás, deteniéndome y aumentando la limitada fuerza que tenía en mi mano. Conocía aquel chirrido, y sabía que en breves se escucharía el aleteo de Ra, el águila imperial que me había regalado Padre y que ahora descendía hacia mi posición.  

- Ra, ¿dónde te habías metido? - Pregunté extendiendo el brazo para que se apoyase en él. Sin embargo, su peso era demasiado para mi por lo que tuve que soltar la mano de Noah y ayudarme con esta para sostener mi brazo en aquella posición. El animal me miró, miró posteriormente a mi compañero de misterios. Otro pequeño chillido y me miró. - No, Ra. No tengo comida. - Dije intentando camuflar el esfuerzo que estaba haciendo puesto que aquel ave pesaba lo suyo. - Pero podrías ayudarnos y deja de marcharte sin más, necesito tu ayuda aquí ¿sabes? - Torció la cabeza como si no entendiese que le estaba regañando y alzó de nuevo el vuelo para  sobrevolarnos a lo largo de nuestro camino. - Uff... Tienes que ponerte a dieta, padeces sobrepeso, Ra. - Me quejé mientras zarandeaba el brazo en busca de no sentir aquel cansancio doloroso que me había causado el aguantarla.  

* Acción acordada con el user de Noah.
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Invitado el Lun Ene 09, 2017 11:22 pm

Moría de ganas de comenzar con aquella búsqueda no obstante aquel crío decidió demorarla aún más yéndose a cambiar de ropa, ¿a quien esperaba ver para tener que cambiarse? Yo lo veía bien así, ¿sería de esos hijos de ricachones que se cambiaban de ropa 4 veces diarias? No era muy sociable por lo que poco sabía de la vida de mis compañeros, no obstante algo sabía de algunos, aunque nada de él, aquel chico era un completo desconocido, un completo misterio para mi y la verdad no acababa de convencerme del todo, había algo en el que no me gustaba y no sabía que era, tendría que averiguarlo en el rato que pasásemos juntos.

Mientras el chico de ''adecentaba'' clavé mi mirada en los grises ojos de la estatua de Rowena que descansaba en nuestra sala común. -¿Por donde deberíamos empezar Rowena? Creo que hablar con tu hija no nos servirá de mucho, si pudiéramos hablar contigo...- No, no estaba loco a pesar de esperar de verdad que aquel trozo de... ¿mármol? Me respondiese, ¿si hablaba solo conmigo mismo por que no también con las piedras? Además, muchos de los alumnos de Ravenclaw afirman haber escuchado la voz de la fundadora saliendo de la estatua. Había que probar.

Cuando el chico volvió agarró mi mano y comenzó a tirar de mi, algo que no entendí mas decidí ignorar, era un crío, quizás aún necesitase ir cogido de la mano como cuando sale a pasear con mamá y papá.

Parecía un chico bastante hablador, algo que llamó mi atención, aunque al parecer también era un poco cobarde, al menos esa imagen me dio cuando me invitó a mantener una conversación en solitario con el fantasma. ¿Que no le gustaban los niños? Aquella era la primera vez que escuchaba eso, no obstante yo era el mayor y aunque también me asustasen, bueno, aunque no me gustasen los fantasma no le haría pasar un mal rato, iría solo a ver a Helena, a lo que quedaba de ella. Ahí estaba de nuevo aquella pregunta sobre si sabía pelear, estaba obsesionado con eso, ¿quería convertirse en el futuro karate kid y patearle el culo a medio Hogwarts? Preferiría no responder a esa preguntar, no quería ser el causante de sus futuros encontronazos con otros alumnos, no obstante algo me decía que no pararía hasta que le respondiese. -No, no se pe...- El ruido de un animal me interrumpió.

De repente un precioso y gigantesco águila imperial llegó hasta nosotros con un suave aleteo posándose sobre el, en comparación con el animal, diminuto brazo Oliver. Me quedé embobado en el animal con la boca semi-abierta, era precioso y también la relación que parecía existir entre ambos, hasta parecían entenderse, bueno, a ratos. Cuando el ave prosiguió su camino nosotros hicimos lo mismo. -Un animal precioso Oliver, me encanta-. Dije honestamente mientras descendía los escalones de la torre. -Como iba diciendo, no, no se pelear, ¿que es pelear? Lo que si se es defenderme, no demasiado, las navidades no dan para mucho, pero algo se, lo esencial para no dejar que unos degenerados me dejen demasiado malparado-. Esbocé una media sonrisa. -No obstante no sabría enseñarte, ademas, no quiero que te metas en problemas y eso haría que te metieras con más facilidad, ¿me equivoco?- Pregunté dedicándole una mirada burlona.

En uno de los descansos, por el pasillo de aquella planta, aprecié una silueta que flotaba con calma por la zona. Sin duda se trataba de Helena. Para impedir que esta nos viese agarré con cuidado al crío y lo puse contra la pared tapándole la boca. -Ahí está, ¿estás seguro de que tengo que ir yo solo? Solo asiente o niega con la cabeza-. No hacía falta que lo hiciese, sabía la respuesta. Suspiré. -Espérame aquí, no te muevas-.

Lentamente para intentar no asustar al fantasma recorrí el espacio que nos separaba, después carraspeé intentando llamar su atención. Me ignoró. -Helena Ravenclaw, ¿eres tu verdad?- Claro que era ella, ¿quien más iba a ser? Al menos llamé su atención. -Soy Noah Gallagher, un placer Helena. He de confesarte que a pesar de mi edad y haber pasado ya 7 años en el castillo sigo sin acostumbrarme a los fantasmas, no puedo evitarlo... aunque tu pareces diferente, contigo no siento esas ganas de correr que los demás me provocan-. Sonreí juguetón. ¿Estaba intentando ligar con el espíritu de una fiambre? Eso podía parecer desde fuera, no obstante no era así, sino que según decía mi hermano el rompe-corazones del pueblo, se conseguían muchas más cosas de las mujeres si se les trataba de forma especial, eso hice. Seguro que no estaba acostumbrada a recibir piropos desde hacía ya varios milenios. Aunque no debía pasar por alto que era inteligente, aunque después de lo que hizo en vida quizás o tanto.

-Dime chico, ¿que es lo que quieres?- Dijo en un tono bastante rudo. Quería hacerse la dura, sabía que no lo era, pero yo tampoco, me temblaban las piernas. -He estado leyendo sobre la historia del castillo, sobre la de nuestra gran casa y bueno, no he podido evitar interesarme por la historia de la diadema...- No me dejó seguir hablando, se abalanzó sobre mi y me gritó que me fuese. ¡Ya! hizo hincapié.

-Nada, no ha habido suerte, ¿probamos con el Varon Sanguinario? Pero esta vez hablas tu, aún me tiemblas las piernas-. Dije bajando con cuidado las escaleras.
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