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Telas, agujas y un local de sastres [Privado Irina Romanov]

Invitado el Lun Nov 28, 2016 1:55 pm

Nunca iba a entender por qué Mosley tenía la sastrería allí, en una esquina del callejón Knocturn, y no en una zona más iluminada. De ser otro sastre, Riza se habría cambiado de modisto años atrás, pero a pesar de su edad y sus canas Edward Mosley era el mejor costurero que la mortífaga conocía y, además, era totalmente discreto. Todas sus ropas de cuero negro, las capas y las túnicas que utilizaba cuando lucía la máscara habían salido de ese taller e, igual que su tío antes que ella, también la ropa de gala y de diario. Si no recordaba mal, Mosley había llegado a coser para su abuela y le había hecho no pocos vestidos.

Ese día, sin embargo, Riza no estaba allí ni para vestidos ni para ropa de cacerías, sino buscando una nueva camisa para su trabajo habitual en el ministerio. O dos o tres, ya que estaba. Y como siempre, Mosley la saludó con una sonrisa y le señaló sus telas y mercancías.

-¿Viene a por algo en especial, señorita Beckett?

Ella asintió, comunicándole lo que buscaba y lo que quería y dejando que el sastre y sus ayudantes se hicieran cargo de las especificaciones. Era un lujo que la conocieran por el nombre y se tuviera que explicar poco y, mientras una de las ayudantes le tomaba medidas, Riza observó al anciano mirar entre los modelos e imágenes que tenía allí.

-Algo discreto para trabajar, simplemente. Nada de gala.

Él asintió, mientras una de sus plumas tomaba notas de lo que dictaba un aprendiz.  Allí, en ese salón bien iluminado, totalmente impoluto y rodeado de habitaciones y probadores, Riza se permitía sacar un poco su vena más presumida. Tenía dinero para telas caras y para presumir de estatus y, aunque generalmente la Marca Tenebrosa le daba problemas a la hora de lucir ropa más transparente, Mosley estaba acostumbrado a trabajar con mortífagos y sabía cómo disimular esas cosas.

De hecho, cuando se abrió la puerta y entró una nueva persona, aunque Riza era incapaz de girarse por tener a dos muchachos tomándole medidas, no dudó demasiado que cuando lo hiciera podría reconocer el rostro de quién acabase de llegar. Muchos magos con linaje acudían a esa tienda y, para bien o para mal, la mayoría se conocían entre ellos.
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InvitadoInvitado

Invitado el Lun Nov 28, 2016 11:24 pm

Todo aquel día parecía ir como cualquier otro, me encontraba caminando por los pasillos del colegio cuando pasé por el salón de pociones. El aula estaba infestada de humo que salía de manera constante de este, y gritos de todos los que se encontraban adentro. Corrí para poder auxiliar, y ver que era lo que estaba sucediendo, al entrar parecía que alguien había utilizado polvo peruano para desaparecer. El polvo peruano tenía la pequeña peculiaridad de manchar la ropa, y era demasiado difícil el quitarle esas horrorosas manchas así que lo que hice fue irme de inmediato a mi despacho y cambiar mi ropa. Ese día era un día perfecto para ir por un cambio de guardarropa, así que recordé que en el callejón Knokturn había un modisto demasiado reconocido en el mundo mágico por su excelente trabajo.

Tomé mi almuerzo, y decidí ir a echar un vistazo. Usé la red de polvos flu para poder llegar a una de las chimeneas mas cercanas, y así lo hice. Estaba en aquel lugar donde a muchos no les gustaría estar, un lugar lleno de magia tenebrosa por todas partes, y no era algo que me atemorizara, al contrario me agradaba. Caminé hasta llegar a una puerta de cristal muy elegante con detalles platinados, un letrero grande que decía "Mosley", al empujar la puerta se oyó la campana que avisaba la entrada de clientes en el lugar. Fui arribada por los empleados del lugar para poder ser atendida.

-¿Se encuentra Edward? Dije con cierto tono despreciativo hacia los empleados, inmediatamente giré mi vista para ver todo el lugar que se encontraba llena de prendas, telas y maniquís. Mi concentración fue interrumpida por una voz que mencionaba mi nombre con demasiado entusiasmo. -¡¡Señorita Romanov que gusto tenerla por aquí!! La voz me era conocida y al girar vi que era el mismísimo Edward quien se hacia a un lado de una joven que se encontraba de espaldas a mi, para ir a saludarme. -Edward, gracias querido.. siempre tan atento.. Se acercó y nos saludamos dándonos unos pequeños besos en las mejillas, era un mago con una habilidad grandiosa para la creación de diseño y moda. -El placer es todo mío, permíteme atender a la joven que llegó primero y enseguida llego contigo.. Fue a con la joven y yo me senté en un sillón cerca, donde una tetera fue llena de té caliente y me sirvió con amabilidad, tomé la taza y di un sorbo pequeño.

Mientras miraba como le tomaba medidas a la joven hubo algo extraño, pues esa figura y silueta me parecían algo familiares, como si se tratase de alguien que conozco de hace años. -Dime Irina, ¿necesitas mas trajes para el colegio? Preguntó mientras bajaba unas telas con la varita. -Así es Edward, un pequeño accidente con la clase de pociones arruinó el ultimo que compre.. Dije mientras trataba de ver el rostro de la chica que aún me daba las espaldas..
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Invitado el Sáb Dic 03, 2016 2:11 am

Aunque el no poder girarse le estaba atacando ligeramente los nervios (Riza no soportaba la sensación de querer hacer algo y tener que estarse quieta), en cuanto oyó la voz de la recién llegada no pudo evitar una sonrisa. Que el sastre anunciara su apellido fue un añadido que le ayudó a confirmar sus ideas. 

-Siempre pensé que tus dominios eran los números, Romanov. -Bromeó, en cuanto el ayudante terminó de tomarle medidas y girándose al fin. Un poco más y se le iba a dormir el pie. -¿O acaso ha sido algún alumno al que se le han ido las ideas de las manos? -Añadió, acercándose a ella con una sonrisa.  Irina y ella habían compartido casa y curso en Hogwarts y no le era desconocido que era profesora en Hogwarts, puesto que esas cosas se comentaban en el ministerio de manera habitual entre los defensores y detractores de Dumbledore, y nunca estaba de más mantenerse informada. 

Por eso, mientras el ayudante de Mosley acababa de hacer la factura y de apuntar el pedido, Riza se acercó hacia la profesora y tomó asiento en el otro sillón libre que, o era nuevo o estaba recién tapizado, pero a fe suya que era cómodo. 
-¿Cómo te ha tratado la vida, Irina? -Preguntaría al fin, con una sonrisa. -¿Llevas bien lo de enseñar? 

Instantes después otra tetera se materializaría en el aire, pero Riza se negaría con un gesto y se limitaría a tomar una galleta de un cuenco. No le apetecía té en esos momentos y prefería algo dulce para amenizar la espera, porque sabía que en cuestión de minutos volvería el ayudante a presentarle telas para los dobladillos, embellecedores y puños, pero antes tenía que ir a buscarlos y probablemente el otro muchacho aprovecharía para tomarle las medidas a Irina.
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