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Hoy sabrás lo que es dolor {Edward S. Westenberg}/Priv

Anabeth Valmont el Jue Dic 08, 2016 10:46 pm


Edward Westenberg VS Anabeth Valmont • Round 2


¡Fin de semana por fin! Lo único que parecía estar demás era el frío, sobre todo cuando ella aún no poseía la licencia de aparición por lo tanto se las tenía que ingeniar en tren para viajar. Por fortuna, Hogsmeade no tenía sólo salidas directas a Londres, y ese era un viaje que a su gusto tardaba demasiado, por lo que algunos días atrás había acabado cogiendo el tren a Inverness la ciudad grande más cercana a Hogsmeade, el viaje duraba a penas una hora y media entre medio de montañas y lagos, lo cual no lo hacía sonar tan mal. Sobre todo si acaso acompañaba aquel viaje con una buena novela romántica y un vaso grande de chocolate caliente.

Había cerrado el compartimiento para ella sola y por ello se había permitido llorar a moco suelto cuando finalmente la doncella descubre a su príncipe azul encerrado en el cuerpo de la Bestia ¡Y justo cuando él estaba muriendo! ¿Es que no podía ser más romántico?!

Así bajó del tren con la nariz enrojecida y la bufanda cubriéndole el inicio de ésta. Recorrió las calles del centro, hasta que finalmente dio con el lugar al que había estado yendo durante los últimos fines de semanas, un pequeño gusto que aún se podía costear debido a la enorme diferencia de cambio que había entre el dinero mágico y el muggle.

La Academia de Artes Marciales del Maestro Pai Mei le abría las puertas y joder, cómo lo agradecía. Afuera era como estar dentro de un congelador, mientras que en el interior era tan cálido y grato, que inmediatamente comenzó a sacarse la bufanda mientras iba a firmar su registro. Por supuesto, dirigiéndole una sonrisa coqueta al encargado de aquel libro, quien sólo por ser ella le daba dos clases gratis al mes.

—Oh, mon cher ami. No sé a quien extraño más, si las clases o a ti.

Le sonrió, luego de firmar, a ese individuo del cual ni siquiera recordaba el nombre, y luego se marchó hacia los vestidores, dedicándole una última mirada coqueta antes de perderse de vista, y es que Anabeth realmente disfrutaba de conseguir gratitudes como aquellas sólo a cambio de una sonrisa. No era algo que luego le hiciera rodar los ojos y reírse del pobre idiota, no, ella realmente lo sentía incluso como si hubiese hecho un bien del cual ella también salía favorecida, algo así como la buena acción del día, después de todo, igual había hecho que él se sintiera sexy ¿o no?

Se cambió de ropa en el camerino de mujeres y se tomó el cabello en una larga y elevada cola antes de salir y, nada más pisar el pasillo, chocó con la figura más indeseable, despiadada, vil, desgraciada, horrorosa, desagradable y sexy con la que se pudiese topar.

Excusez-mo… Tienes que estar bromeando… —dijo llevándose las manos a la cintura —¿Qué diable haces aquí? Este es MI gimnasio, yo lo vi primero. Ahora ve a buscarte otro.

Señaló inmediatamente apuntando hacia la izquierda, para luego darse cuenta que la puerta de salida en realidad estaba a la derecha, así que rápidamente cambio de manos e intentó mantener la seriedad para dar una apariencia digna aún cuando por dentro tuviese ganas de arrancarse los ojos y lanzárselos como proyectiles.
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Edward Westenberg el Dom Dic 11, 2016 2:12 am

Se encogió nuevamente entre las ropas que llevaba aquel día: unos jeans negros, y abrigo de color azul marino. A simple vista se podía vislumbrar que debajo de aquella prenda tenía más que una capa de ropa, algo muy normal de ver en aquella época del año.

“Que frío, joder” Pensó  mientras se acomodaba el bolso deportivo en su costado derecho, metió sus manos en los bolsillos de su abrigo y apresuró su paso para alcanzar a subir al tren que ya había hecho su tercera llamada.

En cuanto se sentó en el compartimiento que le había tocado, se retó mentalmente por aún no sacar su licencia de aparición, algo tan básico y lógico como próximo paso a seguir al salir de Hogwarts, pero que él aún no se dignaba a sacar. “Deberías avergonzarte, Westenberg” escuchó decir a su voz pepe grillo, pero que esta vez el chico de un simple gesto lo mando a volar. Ya se acordaría algún día, y la sacaría, pensó. Sabía que era un gasto de dinero extra no muy satisfactorio para su estado financiero este último tiempo lo que estaba haciendo en estos momentos, pero no podía dejar pasar la oportunidad de inscribirse al nuevo ciclo de clases en La Academia de Artes Marciales del Mestro Pai Mei, uno de los mejores centros de Artes Marciales y que ofrecía costos muy solidarios e imperdibles.

Todos los meses decía que se inscribiría, algo muy parecido que le pasaba con  la Licencia de Aparición,  con la diferencia que a esta sí le dio prioridad.  Entender la cabeza de Edward en estos momentos, era una tarea muy difícil de hacer. Lo único que podía dar certeza es que hace años que rondaba por su cabeza la idea de aprender algún arte marcial, y que por fin había tomado la decisión de hacerlo en serio, y de paso salir de aquel pueblo a tomar nuevos aires, a un pueblo muggle, y en el cuál todo lo que dependía con respecto al mundo mágico se encontraba muy lejos, o al menos eso pensaba.

Llegó a la Academia, verifico todos sus registros, para posteriormente firmar un papel que confirmaría su presencia para aquella clase. Se dirigió a los camarines, al estar ya dentro se comenzó a cambiar de ropa cuando de pronto unas palabras llegaron a sus oídos que lo alertaron, no le preocupaba lo que decian esas palabras, sino el idioma con el que estaban dichas >>Oh, mon cher ami.<< detuvo su accionar, y levantó su cabeza y de un movimiento miró hacia la puerta que dirigía a la sala principal, mientras la imagen de una persona se le venía a la cabeza. “No, imposible” pensó al segundo, negando con la cabeza mientras se reía por habérselo siquiera imaginado, para luego seguir cambiándose como si nada.

Con las manos en los bolsillos y un tranquilo andar se dirigió hacia el salón de entrenamiento, sin esperarse que de pronto un torbellino rubio chocará contra él. Y fue allí donde volvió a escuchar ese acento del demonio (como había terminado por denominar) pero esta vez, mucho más cerca. Sabía muy bien quién era la persona con que había chocado al segundo. Y para sorpresa de todos fue una sonrisa la que se apoderó del rostro del chico. No se sabría decir si fue una sonrisa irónica, de sorpresa, coqueta, forzada, verdadera, pero era una sonrisa al fin y al cabo.  

Dio unos pasos atrás para poder verla mejor, cruzándose de brazos sin perder nunca la sonrisa de su rostro, mientras la escuchaba y observaba atentamente.- Se muy bien donde está la salida,  mi querida Valmont, pero al parecer tu no muy bien…- hizo un gesto lastimero hacia la chica- Espera ¿hueles eso?.- cambió de accionar rápidamente mientras comenzaba a oler algo en el aire.- ¿Lo sientes? Huele como a…- siguió diciendo mientras se acercaba más a la chica, y comenzaba a oler a su alrededor.- a… ¿nerviosismo?.- preguntó, deteniendo su oler mirándolo a la chica directo a los ojos.- Imposible ¿no? , ¿Te pongo nerviosa, Valmont? Bueno, al menos esta vez no estas huyendo.- terminó por decirle de manera que, en su mayoría, todos los que se encontraban alrededor de esos dos podrían haber descrito como coqueta, pero que Edward describiría como burlona.

No sabía por qué de todas las personas del mundo, en ese preciso lugar tenía que encontrarse con la Slthyerin, pero lo que si sabía que después de todo el tiempo que había pasado desde su último “encuentro”, aún le ganaba la curiosidad de saber por qué la chica se había ido de esa manera aquel día, curiosidad y orgulloso, que había que ser sinceros, para él si hubo un ganador en el Round anterior y uno muy claro: él.

- ¿Qué había hablado de enojarse más de la cuenta?.- preguntó de la nada, mientras se descruzaba de brazos, y con sus manos deshacía la figura que armaban los brazos tensos de Valmont.- Hace envejecer antes.- le recordó burlón, para comenzar a caminar hacia el salón de entrenamiento.- Vamos, Valmont. No quieres llegar tarde a clases ¿verdad?.- terminó por decir, haciendo algo en lo que era muy bueno, hacer enojar a la SLytherin.

Y de paso, también darse cuenta que las serpientes se ven muy sexys con ropa deportiva.
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Edward WestenbergMagos y brujas

Anabeth Valmont el Sáb Dic 17, 2016 10:11 pm

Y así, a pesar de todo, el muy idiota, cínico y patán tenía el descaro de sonreírle ¡¿en serio?! AY! Cómo lo odiaba! Cómo lo odiaba! Có-mo-lo-o-dia-ba!

Era casi imposible resistirse la tentación de regresar al casillero de los vestuarios para sacar su varita y partirle el culo a hechizos, pero muy lamentablemente, para ella era un problema que iba más allá de las ganas o los muggles presentes, pues aún le faltaban varios meses por delante para dejar de ser una menor de edad y, hasta entonces, tenía prohibido el uso de la magia fuera de Hogwarts o muy probablemente pasaría el resto de su vida encerrada en una celda de Azkaban.

—¡Aich! Espèce d’enculé, un error lo comete cualquiera.

Le rebatió inmediatamente aquel animal le restregara en la cara que se había equivocado de lado para señalar la salida, pero entonces el Westenberg se detuvo como si hubiese detectado algo muy extraño, por lo que Anabeth se quedó mirándole quieta como una estatua y con los ojos muy abiertos hasta el chico comenzó a acercar su olfato a ella, por lo que la chica retrocedió un paso, a punto ya de darle un manotazo para que la dejase de olfatear, cuando Edward señaló que se trataba de nerviosismo.

Quoi?

Preguntó mirándole alarmada y retrocediendo hasta chocar con la muralla que tenía detrás. No, ella no podía estar nerviosa, de hecho, no se había sentido nerviosa, se había sentido molesta, pero ahora… ahora comenzaba a ponerle nerviosa que le dijeran que estaba nerviosa y es que ¡¿Por qué le decía que estaba nerviosa?! ¿Acaso notaba algo que ella no? ¿Qué? ¡¿Qué era?!

Arrête! No estoy nerviosa —le discutió y se despegó de la muralla para ser ella quien esta vez se acercase a él con aire amenazador —. Se necesita mucho más hombre que tú para ponerme nerviosa.

Acabó por enterrarle la punta de su indice en uno de los brazos que se cruzaban por delante de su pecho, pero en ese instante él los dejó caer y acabó tomándole sus propios brazos para relajarlos, haciendo contacto con su piel desnuda, por lo que podía decirse que ahora sí que comenzaba a ponerle nerviosa, aunque eso era algo que no iba a reconocer.

—No estoy enojada.

Intentó discutir de manera más tranquila, y joder que sí lo estaba, pero le era absolutamente inevitable el llevarle la contra aún cuando fuese absolutamente evidente. La chica respiró profundo, pues por un instante sintió que se le estaba yendo el aire, y su ropa ajustada no hacía nada por ayudarle a camuflar su respiración agitada.

—Deja de tocarme, s'il vous plaîtpidió mirándole a los ojos.
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Edward Westenberg el Mar Ene 03, 2017 5:29 pm

- No me vengas con el francés nuevamente.- gruño frunciendo el ceño.- ¿sabes? Tendré que enseñarte insultos en este idioma, joder.- agregó ahora él un poco molesto. Odiaba que la rubia hablará en francés, porque algo, muy en el fondo de su ser comenzaba a sentir una especie de vaya a ser qué, donde lo único que se le venía a la cabeza era la Slytherin y él con casi, o mejor dicho nada de ropa.

Que él tenía voluntad, pero si le vienen con ese puto idioma se la va bien lejos.

Sonrió victorioso cuando Valmont retrocedió unos pasos al ver que él se acercaba, ni le dio importancia al manotazo, avanzó un poco más y llegó hasta la pared, dio un paso más y le dijo lo que pesaba. No pudo evitar soltar una leve carcajada al ver el rostro de confusión por parte de la Slyterin. Quizás estaba totalmente equivocado con todo aquello, pero tener a Valmont contra la pared y con ese rostro hacia que valiera la pena bromear con aquello.

- ¿ A sí? Que curioso, porque eso no me pareció ver hace unas semanas atrás.- agregó sonriendo de lado de manera coqueta, y sin inmutarse siquiera un poco por la cercanía y el rostro de querer matarlo que tenía Valmont en esos precisos momentos.- No estas nerviosa, no estas enojada, vaya… ¿qué más no estas hoy?.- preguntó divertido sólo por provocarla, bajó su mirada para mirar descaradamente como bajo la ropa ceñida que tenía esa mañana la Slytherin su respiración algo tensa hacía acto de presencia. Ejerció un leve apretón en sus brazos   – Ya, mejor me alejo, para que puedas respirar en paz.- dijo sin perder la sonrisa dejando soltándola por completo, para comenzar a caminar hacia el salón de entrenamiento.

Se esperaba encontrar con una amplio salón, pero en vez de aquello se topó con un largo pasillo donde en sus costados se encontraban salones con paredes transparentes. Comenzó  a caminar al comprobar que en la puerta de cada sala se encontraba un cartel indicando el arte marcial que se impartía. Él había querido tomar karate pero las vacantes ya estaban completas, por lo tomó algo que secundaba sus gustos; Kung fu.

Entró a la sala que le correspondía, saludo cordialmente a todos de manera general, recibiendo una sonrisa y saludos de vuelta de la mayoría, en eso sintió que la puerta volvía a abrirse, entrando nada más ni nada menos que Valmont. Porque de todas las artes marciales que se impartían en ese lugar, para no perder la costumbre, habían tomado la misma. Trató de no darle mucha importancia, pero a pesar de no estar mirándola podía sentir como refunfuñaba por lo bajo al darse cuenta que él se encontraba allí.  

El profesor dio inicio a la clase, comenzó por presentarse y explicarles el objetivo del curso, que esta a su vez sería una sesión de diagnóstico para poder ver el nivel que tenían y así tomar decisiones de cómo seguir.
Comenzaron por un calentamiento, y para cuando ya estaban preparados para continuar los dispuso a todos mirando hacia el frente mientras indicaba movimientos sencillos los cuales debían repetir, y mientras los hacían él caminaba por la sala corrigiendo las posturas y perfeccionamientos de los movimientos.

Durante todo ese tiempo trató de no prestarle atención a  Valmont, pero no podía evitar que de vez en cuando su mirada se le desviará hacia ella, sobre todo cuando el daba por maldecir a lo bajo en francés, lo que hacía que le sólo resoplara y rodeara los ojos.

En eso el profesor volvió a hablar y esta vez les pidió que se juntarán en parejas, se armó un revuelco en la sala, y en menos de un pestañeo todos tenían pareja, menos una persona…y por primera vez se cuestionó si la vida le quería decir algo con respecto a la Slytherin, pero sólo dejó que ese pensamiento durará unos segundos, para terminar por acercarse a ella con su típica sonrisa.

- Como en los viejos tiempos…- agregó divertido, encogiéndose de hombros. En eso el profesor pidió que le fueran diciendo los nombres de las parejas creadas.- Valmont y Westenberg.- exclamó en voz alta, luego giro su rostro mirándola.- Mira que bien sonamos juntos.- provocarla, sí definitivamente es su pasatiempo favorito.
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Edward WestenbergMagos y brujas

Anabeth Valmont el Jue Ene 05, 2017 6:54 pm

—¿Cuál es el problème con que parle français? C'est ma première langue ¿Acaso eres racista? —preguntó antes de abrir los ojos como plato, completamente ofendida ¡RACISTE!

Le gritó apartándose de él y brindándole aquel manotazo del cual pareció no dar ninguna importancia. Por un momento quedó pegada a al muralla, pero luego él empezó con sus típicas pesadeces de que le ponía nerviosa y todas estupideces que su grandísimo ego le inventaba y que hacía que Anabeth le odiase desde el interior de su propio útero. Así que la francesa se defendió y se despegó de la muralla para encararle y decirle que se necesitaba mucho más hombre que él para ponerle nerviosa, algo que a Edward pareció hacerle gracia, pues empezó a recordarle lo que había pasado entre ellos hacía unas semanas atrás, lo que hizo que la rubia le mirase con la ira saliéndole en forma de vapor por las orejas. No supo si Edward lo vio o su ángel guardián le apartó justo en el momento preciso antes de que su rostro se viese visto atravesado por uno de sus puños.

Anabeth se quedó por un momento más en el mismo lugar en el que estaba, acompasando su respiración e intentando relajarse a sí misma o saldría de ahí destruyéndolo todo con magia involuntaria y en presencia de muggles, algo que le podría traer demasiados problemas, por lo que mejor era calmarse. Una vez que logró contar hasta cincuenta y que hubo encontrado su Zen interior, continuó su camino por el pasillo hasta llegar a su clase, en donde nuevamente se encontró con el maldito Edward.

Lo maldijo mil y una veces y le arrojó sin varita (por tanto nada fue efectivo), todas las maldiciones que conocía. Anabeth llevaba ya varias semanas asistiendo a aquella clase en la que al principio eran sólo tres mujeres y dos hombres, pero pronto la población masculina se duplicó y luego mágicamente comenzaron a asistir también sus novias, por lo que no era de extrañar que cuando dijeron lo de hacer pareja, todos los otros hombres fueron atrapados por la fémina de la relación, lo que hizo que la francesa se cruzara de brazos y mirase a Edward con expresión de cometer asesinato.

—No empieces.

Le exigió alzando una de sus manos mientras él se acercaba y resopló largamente, antes de mirar alrededor y captar algunas de las miradas de odio de las mujeres, las cuales no entendió ¿Acaso estaban defendiendo a Edward?

Mademoiselle Anabeth et stupide idiot Westenbergcorrigió en voz alta, para el profesor, luego de que Edward dijera sus apellidos —. Y no, no sonamos bien juntos.

Se llevó las manos a la cintura y se apartó unos cuantos pasos del ex-Gryffindor para escuchar las instrucciones del maestro, quien comenzó diciendo que tenían que acercarse a su pareja y mirarle a los ojos, por lo que la rubia rodó los ojos y miro a Edward, aunque sin acercarse a el, que lo hiciera el chico, vamos, ella aún tenia orgullo. Así que respiró profundo y miro a Edward a los ojos, hasta que el instructor dijo que uno de ellos debía ser el que defendiera primero, por lo que Anabeth inmediatamente dijo:

—Yo.

Y sonrió preparándose mentalmente de lo bueno que le haría a Edward, entonces le dio la espalda para que el chico intentase atacarla. Claro, ella asumía que Edward tendría idea de lo que iba a hacer, pues no pensaba que aquella sería su primera clase, por lo que en cuanto el chico le tocó, Anabeth lo cogió del brazo y sin aviso se lo torció y le arrojó al suelo, arrodillándose con una de sus rodillas sobre su cuello, al mismo tiempo que le agarraba de las muñecas. El golpe había dolido, pues lo había hecho premeditadamente brusco. Sin embargo, Edward tenía una ventaja; Anabeth era rápida y sabía ya lo que hacía (no era su primera clase), pero sus músculos aún eran mucho más débiles que los suyos.

—¿Nervioso ahora, Westenberg? —le preguntó con una sonrisita de suficiencia.
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Edward Westenberg el Jue Ene 12, 2017 3:04 pm

Rodeo los ojos cuando escuchó como seguía hablando en francés, retándose mentalmente por haber olvidado algo tan básico como que el hecho de que si él le decía que no hiciera algo a la rubia ella lo haría el doble de lo que llevaba haciéndolo hasta el momento. Era tan obvio que eso  hacía que se enojará aún más con él mismo. Más que nada porque las imágenes de como hacer callar a la rubia  eran cada vez más subida de tono y se apoderaban de su cabeza y a decir verdad no sabía si podría reprimirlas por mucho más tiempo. ¡Como odiaba lo que ese maldito idioma provocaba en él!.

Sino fuera porque el hecho de que molestar un poco más a la rubia siempre era algo muy tentador se hubiera  ido en ese preciso momento, pero la imagen de tenerla acorralada contra la pared con la respiración agitada y la inminente aparición del tono rojizo en su rostro por la cólera que le provocaba su sola presencia valía la pena. Pero luego decidió dejar las cosas allí e ir por su clase . Por eso cuando la vió entrar a su misma sala le hizo cuestionarse si algo le quería decir la vida, el destino o lo que sea responsable de aquello.

La clase comenzó y estaba todo bien hasta que  el profesor pidió que se juntaran en parejas, no tuvo ni tiempo de reaccionar cuando ya todos se encontraban juntos y la única persona que quedaba sola al igual que él era su querida serpiente.

Se acercó a ella con su típica sonrisa burlona y porque no decir levemente coqueta, pero la chica enseguida levantó su mano para generar esa barrera invisible que los separaba, cuando observó como las demás chicas observaban de mala manera a la rubia por reaccionar así quiso ir más allá e hizo un leve puchero con su rostro y frunció el ceño en modo lastimero hacia las demás mujeres del salón, como si no entendiera el por qué la rubia reaccionaba así ante él, lo que hizo que el gesto de rabia de ellas aumentara al doble y miraran a la rubia negando con la cabeza a modo de reprimenda, cualquiera que lo viera podría decir que su actuación de niño bueno y que no rompía ni una huevo era diga de un Oscar.

Y ahí estaba nuevamente el francés.- Si lo dices así, claro que sonamos pésimo.- resopló sin siquiera mirarla, porque el día de hoy comprobó que ese idioma más ropa deportiva simplemente eran una combinación letal.

El profesor pidió que se acercaran y se miraran a los ojos, al ver que la Slytherin no tenía ninguna intención de acercarse a él resopló por lo bajo y se acercó descaradamente cerca, dejando su rostro sólo a centímetros del de la rubia.- ¿Esta distancia estará bien? .- le pregunto con una sonrisa de lado, pero antes de que respondiera volvió a alejarse unos pasos atrás ya que de reojo vio como el profesor caminaba hacia su dirección y volvió a su postura inicial. Pero cuando vió que el profesor volvía a darle la espalda no logró evitar guiñarle el ojo a la chica y lanzarle un beso sólo para provocarla.

Entrecerró los ojos cuando la rubia se ofreció para comenzar, eso enseguida lo hizo entrar en alerta, porque conocía muy bien ese brillo travieso que aparecía en los ojos de la rubia cuando  algo para nada bueno entraba en su cabeza. Pero terminó por encogerse de hombros y esperar que la chica se pusiera en su posición. Valmont le dio la espalda, frunció el ceño sin saber muy bien qué paso seguía a continuación pero no le daría el gusto a la rubia de preguntárselo, y ahí fue su gran error. Porque sólo bastó que estirara su brazo derecho hacia el hombro de la chica para que este se lo tomará y de un movimiento lo llevará al suelo de manera brutal y terminará con su rodilla en su cuello.

Apretó la mandivula más que por el dolor provocado por el movimiento fue por su orgullo herido. Ya que esto en comparación a los dolores tras luna llena no era nada. - Mira lo que tenías guardado serpiente...- le dijo sonriendo de lado.- Debo admitir que te vez muy sexy desde esta posición, pero sabes....- comenzó a decir para luego sacando fuerza rodeó con sus piernas la cintura de la chica para girarla y ahora a ella tenerla contra el suelo y tomándole esta vez él las muñecas a ella fuertemente con sus manos. - Me gusta mucho más como te vez desde aquí...- terminó por decir a lo bajo.

- Muy bien ese contra ataque joven Westenberg...- en cuanto escuchó la voz del profesor se alejó de la rubia,  se volvió a incorporar y la tomo de la mano para ayudarla a reincorporarse a ella también .-¿Seguro que es su primera clase?.- le preguntó con una amable sonrisa junto a su rostro sereno. - Lo es, pero creo que fue el instinto quien respondió por mi.- agregó encogiéndose de hombros con ese rostro de niño bueno que sólo algunos podían detectar cuando lo utilizaba a su beneficio.

- Muy bien como siempre señorita Valmont, no debe olvidar nunca las piernas del oponente. Pero ¿ Por que esa rostro querida?.- le pregunto de manera tierna el profesor. Que a primera vista parecía el abuelito más tierno y tranquilo del planeta, pero algo le hacía intuir que esa ternura se le iba lejos cuando llegaba la hora de batallar en su contra- Debería alegrarse, al parecer le ha llegado por fin alguien que puede llegar a su altura- agregó lo último a lo bajo para que el resto de los demás no lo escuchasen. Miró a su alrededor, y cercioró las palabras del profesor, la mayoría sólo hacían movimiento aburridos, y Valmont ya a la primera ya lo tenía en el suelo.- Ahora enséñele al joven Westenberg el movimiento que acaba de hacer como la buena alumna que es, si necesitan ayuda no duden en llamarme...- dijo para luego alejarse a ver a las demás parejas.

- ¿Escuchaste? deberías alegrarte por mi presencia en vez de fruncir tanto tu ceño.- agregó con una sonrisa burlona.- Entonces ¿cómo se hace el movimiento que acaba de hacer querida profesora?.- le pregunto mirándola divertido.
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Edward WestenbergMagos y brujas

Anabeth Valmont el Vie Ene 27, 2017 5:37 am

¡Arg! Es maldita cara de perrito atropellado le daban ganas de lanzarse a la calle y robarse uno de esos vehículos muggles para venir a arrollarlo de verdad, una y mil veces si hacía falta para hacerle sentir mejor, lo cual no sería hasta seguramente dejar a Edward como una estampillas de sesos esparcidos por el piso.

Fue ese mismo odio el que apareció en sus ojos verdes cuando el castaño se le acercó tan cerca y descaradamente, que le dieron unas ganas enormes de abofetearlo y ya tuvo incluso abierta su mano, cuando fue él mismo quien se echó para atrás cuando el instructor se acercó a ellos, más eso no evitó que el maldito de Westenberg le lanzara un beso, lo que hizo que Anabeth entrecerrara los ojos en una muesca de hastío.

Por supuesto, no desperdició ni un segundo su oportunidad, cuando el maestro Pai Mei les pidió tomar posiciones, y ella se ofreció voluntariamente para comenzar siendo quien defendía, pues ya sabía exactamente lo que haría; una llave que lo volteó en el aire haciéndole caer sobre su propia espalda, para luego ser ella quien le sujetase del cuello con su propia rodilla. Y, por supuesto, no desperdició tampoco el momento para alardear delante de él, alarde al que claramente él respondió ¡¿POR QUÉ?! ¿Es que acaso no se podía quedar callado ese hombre y dejarle ganar aunque sea una vez?!

Y lo peor, es que no sólo le respondió las palabras, sino también el ataque, lo que hizo que fuese ahora ella la que estaba de espalda contra el piso y le tuviese a él encima sujetándole de las muñecas y joder… se sentía TAN bien, que hubiese sido capaz de morderse la lengua por tenerle unos segundos más en aquella posición, pero fue el mismo instructor quien les volvió a interrumpir haciendo que Anabeth se le subiesen los colores al rostro, mientras aceptaba la ayuda de Edward para ponerse de pie.

Miró a ambos hombres con cara de “Mátenme, por favor” mientras se echaba un poco de aire al rostro con una de sus manos y, para rematarla, Pai Mei se acercaba a ellos para elogiarles como los mejores de la clase y decirle a Anabeth que le enseñase el mismo movimiento utilizado a Westenberg.

Vraiment?preguntó la rubia mirando al profesor, pero por supuesto que éste no entendió.

Maldijo por lo bajo, también en francés, aunque de forma tan ininteligible que ni aun un franco hablante podría haberlo descifrado.

Por ello intentó ignorar las burlas de Edward y así actuar maduramente, como la muchacha de dieciséis años que era, pero no pudo… Así que sin poder evitarlo se paró frente a él en plan “Mírame y aprende”, pero en lugar de enseñarle alguna nueva posición, su mano fue directamente a golpearle la nariz con la palma de su mano mientras de su boca escapaba un potente:

—Yiiiaaaah!

Y el golpe fue tan bien efectuado, que pudo sentir el rebote del golpe del rostro del castaño en su mano. Un segundo después, la nariz de Edward evacuaba sangre a raudales y Anabeth entraba en pánico.

Oh, mon Diew! Oh, mon Diew!repitió sin saber que hacer, para luego tomar el rostro del ex-Gryffindor en sus manos y mirarle preocupada Pardon, pardon, pardon… Je vous prie de m’excuser.

E inmediatamente le dio un beso en la frente y otro en la mejilla, mientras Pai Mei se acercaba a ver lo ocurrido.

—¿Qué ha pasado? ¿Se encuentra bien?

Oui, oui… Fue un accidente, yo lo llevo a la enfermería, lo siento mucho.

Se excusó inmediatamente Anabeth y tomó a Edward de la mano para sacarlo de la clase y llevarlo a la enfermería, en donde le miró con preocupación.

—Oh, Edward, je vous prie de m’excuser… ¿estás bien?
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Edward Westenberg el Miér Feb 01, 2017 1:21 pm

Desde el momento en que la Slytherin se había ofrecido para comenzar sabía que nada bueno saldría de aquello, y así fue. Terminó de un sólo movimiento de espaldas al suelo, mientras tenía la rodilla de la rubia en su garganta. Debía admitir que su orgullo había sido herido, pero la mismo tiempo le había gustado ver aquel lado de la rubia, quien hasta el momento sólo le había dado golpes a su persona sin importancia. Y al parecer ahora las cosas serían un poco más divertidas.

Gracias a la fuerza ganada por convertirse en Licantropo, y que hacía generalmente todos los días hacía ejercicio, no le costó sacarse mucho tiempo  a la chica de encima para luego el terminar sobre ella, y tomándola de las muñecas. Creía haber vislumbrado en los ojos de la rubia la misma mirada de aquella tarde ya un meses atrás debajo de la ducha, pero no pudo comprobarlo porque había escuchado la voz del Maestro a su espalda, y para mantener su rol de niño bueno que se había impuesto para esa clase prefirió dejar de sostener a Valmont, salir de encima de ella y hasta ofrecerle una mano para ayudarla a levantarse. Aunque cuando al desviar por unos segundos la mirada a Valmont y verla con los mejillas sonrojadas,tuvo que morderse la lengua para no reír y molestarla en el acto.

El Maestro Pai Mei  los felicito por su trabajo, y pidiéndole a la chica que le enseñara aquel movimiento que acaba de hacer en su contra. Y él como nunca desaprovechaba alguna oportunidad para provocarla o molestarla, la incito a que le enseñara manteniendo su rostro angelical hacia ella.

Sonrió cuando la vio adoptar aquella pose algo vanidosa, y para sus interiores siempre coqueta para cuando se dispuso en posición para lo que el creería sería enseñarle el movimiento, pero cómo siempre que se trataba de la Slytherin él estaba completamente equivocado. Y como resultado recibió un fuerte golpe de lleno en su nariz, qué hasta en Alaska hubiera escuchado el crujir de sus huesos nasales.

- Arg.- se quejó llevándose ambas manos a su nariz, mientras sentía como le salía sangre por montones.- ¿Qué le ha dado a la gente por golpearme últimamente joder?.- resopló a lo bajo, mientras trataba de no manchar tanto todo con su sangre.

A decir verdad, no era tanto el dolor que sentía ya que gracias a las transformaciones, y qué durante los últimos meses ya había ganado un par de golpes en una ocasión, lo habían vuelto mucho más resistente a esa clase de cosas.  Pero ver el rostro de Valmont cuando lo tomo de su rostro, y escuchar sus >>Pardon, pardon, pardon<< definitivamente valían la pena a la hora de disimular que el dolor era mayor. Así que sólo se dignó a balbucear algunas quejas, mientras adoptaba un rostro adolorido.

Aún cuando no pudo evitar que cuando la rubia le comenzara a besar el rostro su boca por inercia buscara la suya, agradeció que apareciera el Maestro para preguntar cómo estaba y que la chica ofreciera sacarlo de aquel lugar y llevarlo a la enfermería.

Sin chistar ni por un segundo se dejo llevar por la rubia hacia la salida de la sala, pero no fue hasta que llegaron al pasillo qué por fin se digno a hablar y a volver adoptar esa sonrisa arrogante y coqueta de siempre.- Debo admitir que cada vez me sorprendes más, Valmont. Ese golpe fue grandioso, aunque fue hacia mi persona y eso me rompe el corazón.- digo falsamente herido mientras se llevaba una mano a su pecho.- Ahora tú no me acompañaras hacia la enfermería, sino hacia otra parte.- le dijo mientras la tomaba de la cintura con una brazo, mientras que con el otro con su mano sostenía el tabique de su nariz para ver sí así podía detener un poco la hemorragia.

La arrastró hacia el mismo lugar en qué se había topado, pero siguió con ella hasta el camarín de hombres, no sin antes responder ante la cara de interrogación que tenía la recepcionista.- Ha ocurrido un leve accidente, sólo me acompañara un momento hacía los camarines y ya esta.- dijo adoptado su mejor pose de inocencia, lo que sólo provoco que la mujer de la recepción lo mirara con un leve puchero de "Pobre chico" y asintiera dejándolos seguir su rumbo.

Cuando lograron entrar, miró para todos lados y al comprobar que no había nadie en su interior miró a Valmont.- ¿Te podrías quedar un momento en la puerta vigilando? Creo que me has desviado, o roto algún mini-hueso, y eso me molesta un poco, así que ocupare mi varita. Y hay cámaras, si me llegan a descubrir ya eres mi complice ¿eh?.- le dijo mirándola,pero sin esperar su respuesta fue directo hacia el locker en dónde había dejado sus cosas, y de un bolso de su interior sacó su varita, para luego pronunciar el hechizo correspondiente y sentir como todo volvía a su sitio.

Movió de un lado a otro su nariz para ver si ya se encontraba todo en orden, cuando logró comprobar aquello sus ojos se tornaron de un brillo travieso, y en un par de pestañeos ya se encontraba frente a la Slytherin , encerrándola una vez más entre sus brazos.- Debo admitir que me gusta que ahora sepas defenderte de esa forma, pero si vamos a empezar a tener batallas así. Yo sólo te advertiré que también puedo jugar sucio Valmont.- le dijo mirándola serio y con tono grave, mientras se acercaba más a ella dejando su rostro a escasos centímetros.- Y podrás descubrir que dejarte de espaldas al suelo e inmóvil es una de las pequeñas cosas que puedo hacer contigo.- terminó por decirle sin dejar de mirarla, para luego sonreír de lado de manera prepotente.

- Ahora, creo que me faltan más besos tuyos en el rostro para mejorarme del todo.- bromeó sólo para provocarla, mientras le ponía un rostro de perrito bajo la lluvia.
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Edward WestenbergMagos y brujas

Anabeth Valmont el Dom Feb 12, 2017 12:44 am

¿Era idea suya o Edward había volteado la cara para que ella le besara en los labios? No lo sabía, pero aquel fue un pensamiento fugaz que pasó por su cabeza en cuanto sintió el roce de los labios del chico con los suyos, más no tuvo tiempo de cuestionarse nada, porque el maestro venía y la sangre Edward corría a borbotones. Anabeth se excusó con toda la rapidez que pudo y sacó al muchacho de la clase antes que Pai Mei y las féminas que anteriormente el chico se había ganado, se le arrojasen encima para desmembrarla por completo.

Sin embargo, apenas hubieron cruzado la mampara que los separaba del resto de la gente, Edward le detuvo, tomándole de la cintura para retenerla, por lo que la francesa se giró inmediatamente para ver lo que ocurría, cuando vio en su rostro aquella estúpida y coqueta sonrisa suya, que inmediatamente le provocaba ganas de sacarle los ojos ¿acaso estaba fingiendo? ¡¿Por qué?! ¿Ya podía matarlo? Por favor que sí!

—Tú no tienes corazón, stupide.

Dijo dándole un nuevo golpe en el pecho, aunque mucho menos efectivo que los anteriores, por lo que no fue problema para el muchacho, volver a tomarla de la cintura para arrastrarla a donde el quisiera.

—Espera un momento… ¿Dónde me llevas?

Intentó soltarse, pero en ese momento pasaron por delante de la recepcionista, haciendo que la chica dejase de oponer resistencia y mirase a la mujer con cara de alerta, sin saber si acaso nuevamente Edward iba a hacerse la víctima o que.

¿La llevaba a los camarines? ¡¿Para qué?!

Involuntariamente, su mente comenzó a maquinar mil supuestos, curiosamente la gran mayoría de ellos relacionados con un apasionado beso y la conclusión de aquello que habían dejado a medias en las habitaciones del Caldero Chorreante y por eso es que la misma chica tuvo ganas de agarrarse a golpes y de azotar la cabeza contra la muralla. Por lo que para cuando por fin Edward se dignó a decirle para que la quería, que ella se puso a reír algo nerviosa y apenada de ella misma.

D’accord.

Aceptó sin protestar en un ningún momento, pues ya se sentía lo suficientemente avergonzada de sí misma, como para seguir armando líos. Así que la rubia salió hasta asomar sólo un paso por la puerta, para quedarse vigilando de que nadie viniera, mientras el chico buscaba su varita, hasta que éste mismo la agarró por sorpresa y la acorraló contra la muralla, sin aviso alguno. Anabeth le miró algo asustada, pues el chico se veía bastante serio, por lo que sus palabras prácticamente le sonaron a amenaza. Hasta que claro, el engreído sonrió con una de esas sonrisas descaradas suyas y hasta tuvo la desvergüenza de pedirle más besos, lo que hizo que el Volcán Anabeth nuevamente amenazara con explotar desde dentro.

—Eres…

Se calló la boca, apretando fuertemente los labios, como si de ellos estuviese a punto de salir el peor de los improperios, pero en lugar de ello, lo agarró firmemente de la camiseta y le besó en la boca, con los labios apretados (es decir sin lengua, ni intercambio salival) y luego le soltó rápidamente para alejarlo de ella.

—Cámbiate la ropa, estás lleno de sangre.

Le dijo intentando permanecer calmada, antes de apartarlo de su paso y cruzar el pasillo para meterse al vestidor de las mujeres, en donde volvió a ponerse su chaqueta, así encima de su misma ropa de deporte, para luego colgarse el bolso al hombro y salir del gimnasio con la intención de encontrar alguna cafetería en donde pudiese comprarse un chocolate caliente que le sirviese para calmar todas las ansias de matar a Edward, mas no contaba con el chico se le aparecería de pronto y se sentaría frente a ella para preguntarle que iban a comer, entonces Anabeth no pudo contenerse de agarrar el servilletero y arrojárselo por la cabeza sin aviso alguno.

—¿Qué merde estás haciendo aquí? ¡Para de seguirme!

Le gritó y nuevamente el público de alrededor se quedó totalmente en silencio, mientras todos y cada uno de los presentes se giraba a mirarles.
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Edward Westenberg el Jue Mar 02, 2017 1:05 am

Pese a sus quejas, logró llevársela a regañadientes a los baños de la entrada.  Puso su mejor rostro angelical a la recepcionista que sin chistar los dejó pasar a los dos a los baños de los hombres.

Le pidió que cuidara la puerta y que nadie entrase, ya que ni loco pensaba tener problemas con el Mundo mágico por una tontería como aquella. Además la nariz ya le comenzaba a molestar, y seguir ensuciando con sangre todo a su paso no era uno de sus panoramas predilectos en esos momentos.  En un movimiento de varita todo volvió a estar a su lugar, y cuando logró cerciorarse de aquello volvió a acercar su cuerpo contra el de la Slytherin, pero esta vez de manera mucho menos cariñosa que las veces anteriores.

Cuando la estuvo acorralada en contra de la muralla le hizo saber que si ella pretendía seguir por esa clase de juego él no se quedaría atrás. Que hasta el momento él había respetado muchas cosas de la chica, pero su paciencia tenía límites.

Podía haber seguido por ese camino pero prefirió  molestarla con otro de sus formas favoritas, provocándola.

Le pidió más de aquellos besos que minutos atrás la chica le había dado al darse cuenta del golpe que le había proporcionado en medio de su nariz.  Estaba preparado para recibir un golpe bastante parecido a modo de respuesta, pero en vez de aquello , ella acortó la poca distancia que los separaba y le dio un beso que a decir verdad lo dejo con gusto a, es que  había recibido unos mucho mejores por parte de la chica.

- Siempre tan mandona, serpiente.- agregó rodeando los ojos para luego reír al verla salir con la cabeza en alto en dirección al baño de las chicas. Pensó por unos momentos seguirla hasta el baño y demostrarle que podían darse mejores besos que aquel, pero se contuvo.  Por esta única vez y aunque  jamás lo admitiría en voz alta decidió hacerle caso a las órdenes de la Slytherin e ir a darse una ducha para liberarse de la sangre desparramada.  Claramente su clase había acabado, y además  tenía muchas ganas de darse una ducha, de agua fría.

Salió de los camarines como nuevo, todo arreglado y duchado miró para ambos lados para ver si por ahí había rastros de la rubia, al no verla se dirigió al mesón para decirle al recepcionista que le indicará al profesor que todo había estado bien, pero que junto a Anabeth habían decido irse cada uno para sus casas y recobrar fuerzas para la siguiente clase.

Salió de la Academia y comenzó a caminar sin rumbo fijo, no tenía nada que llegar a hacer por lo que podía darse una vuelta más por las calles de Londres. Pero de pronto observó un rostro conocido tras el ventanal de uno de los locales que le hizo sonreír. Desvió la mirada a un lado y vio bajo un árbol unas flores –no las más bellas para ser sinceros- de color rosa, se agacho y tomo un par entre sus manos, para luego con una sonrisa traviesa entrar al local.

Y como era de esperarse apenas puso su trasero en la silla que se encontraba enfrente de la mesa en donde la rubia se encontraba, un servilletero más un grito o más bien gruñido por parte de la Slytherin volaron en su dirección. Gracias a Merlín que sus reflejos de licántropo  lograron en esta oportunidad esquivar aquel objeto  y no terminar- una vez más- siendo golpeado por la serpiente aquella tarde.

- ¡Amada mía! ¿Así me recibes? ¿A mí? ¡Que sólo he venido a dejarte un par de flores!.- agregó con su rostro angelical habitual, mientras sacaba las flores roñosas detrás de su espalda. Miró a todos lados del local, la mayoría de la audiencia era masculina, por lo que esta vez su rostro no le serviría por mucho tiempo. Aprovecho los escasos segundos que le quedaban antes de que la rubia volviera a gritar en su contra y un don musculosin se la diera de galán y terminaría nuevamente en otra pelea.  Se levantó de la mesa y se acercó a la rubia, no sin antes dejar las flores sobre la mesa.- Tú deberías terminar con eso de escapar cada vez que nos topamos…ya que sabes muy bien, que quieres tanto como yo terminar lo que tiempo atrás comenzamos en mi baño…- le susurró a lo bajo, para luego guiñarle un ojo de manera prepotente y robarle un beso flash.

En menos de un pestañear de ojos Edward ya se encontraba en la puerta del local con una enorme sonrisa.- ¡Hasta la próxima ma chere! – exclamó antes de salir lo más rápido del lugar antes de que a la rubia le diera por tirarle la misma silla en que ella estaba sentada.
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Edward WestenbergMagos y brujas

Anabeth Valmont el Dom Mar 05, 2017 5:53 pm

Sus ojos bajaron de inmediato a las flores que decía traer el muchacho en cuanto éste las mencionó. Vaya, aquel si que había sido un gesto digno de reconocer por parte del muchacho, pero en cuanto vio que éste se giraba a mirar a su público, supo que lo hacía simplemente para dar lástima, por lo que supuso que ella debía de darle entonces un poco de su misma sopa.

—Voy a llamar a la policía.

¿Lo había dicho bien? Estaba casi segura de que así se decía, y es que en la breve época que tuvo que trabajar en aquel cabaret, es lo que se acostumbraba decir a los clientes que se intentaban pasar de listos, eso o que habían cámaras de seguridad que los estaban registrando, lo cual era muy cierto. Pero Edward, en lugar de irse, se paró de su asiento para acercarse a ella y ubicarse a su lado, haciendo que la francesa le dedicase una mirada de desconfianza, cuando éste comenzó a susurrar.

¿Acabar lo que habían comenzado en su baño? ¿En serio? ¿Podía alguien traerle un cuchillo ya para cortarle la cabeza?

Estuvo a punto de estallar ¡a punto! De no ser por ese nuevo beso que le robó las palabras de la boca, producto de la sorpresa. Para ya cuando pudo reaccionar, Edward estaba saliendo del local, por lo que sólo pudo dedicarle una mirada asesina, mientras lo veía alejarse a través del cristal.

Suspiró profundo, ya un poco más tranquila y volvió a beber un nuevo sorbo de su chocolate caliente, antes de mirar las flores que aún estaban sobre su mesa y sonreír, pus aún a pesar de todo, el maldito de Edward siempre lograba sacarle una sonrisa.

Terminó su chocolate, arrugó la servilleta y la dejó dentro del taza, mismo lugar en el que iba a dejar las flores, pero en último momento se mordió los labios y finalmente decidió llevárselas consigo para secarlas entre sus libros en cuanto tuviese la oportunidad. Después de todo, no todos los días un hombre te regala flores.
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