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Kiss the sky {Zack Dankworth}

Natalie Corvin el Miér Dic 21, 2016 11:00 pm

25 de junio del 2016.
Londres, Caldero Chorreante. 16:17 horas.

Después de toda la locura de Serguéi y pasar unos días en casa de Zack recuperándome gracias a todos los cuidados que me daban allí, pude volver a mi casa y, cómo no, a la aburrida rutina que me rodeaba día tras día. Esa burbuja llena de estudio y trabajo, agobiante e inamovible, y que, por suerte, Zack había conseguido romper, dándome emociones y nuevos sentimientos que hacían que todo fuera diferente y mil veces mejor.

Ese mismo día, la rutina hubiera hecho que saliese del trabajo a las cuatro de la tarde y me fuese a mi casa, aburrida, para ponerme a adelantar trabajos que tenía que entregar y que por motivos lógicos de casi muerte, no había podido avanzar. Sin embargo, nada más bajar las escaleras del Caldero, recién cambiada para ponerme rumbo a mi casa, vi a Zack en la puerta del Caldero, con los brazos cruzados y con una sonrisa de lo más traviesa en aquellos labios que sin querer me había aficionado a besar. Pinté automáticamente una sonrisa alegre en mi rostro y con unos saltitos me acerqué a él, colgando mi mochila vaquera en un hombro y parándome justo en frente de él, sujetando su rostro para besar sus labios con ganas y mucho sentimiento. Era la primera vez que nos veíamos desde su casa, ya que él había sufrido mucho más daños que yo y la herida de la pierna le dejó varios días en casa sin poder caminar bien. Yo todavía no estaba perfecta, pero la gran mayoría de lo que quedaba de las heridas no se me veían.

-Me alegra verte por fin bien.-Le dije al separarme, abrazada alrededor de su cuello y mirándole a los ojos.

Pero si me esperaba una tarde llena de tranquilidad en compañía de Zack, él me dejó claro que no, que tenía una sorpresa para mí que distaba mucho de pasar la tarde en casa. Ambos salimos de Caldero Chorreante ya que el restaurante se había llenado repentinamente y si bien mi curiosidad muchas veces podía guardármela y ser paciente con ella, ahora no fue la ocasión. Le cogí la mano, entrelanzado los dedos y me puse a su lado para intentar sonsacarle el destino y, sobretodo, el por qué.

-¿Y a dónde me llevas? ¿Y por qué? ¿Es nuestro regalo de aniversario por nuestro cinco días juntos? Yo no te he comprado nada, lo siento.-Bromeé divertida, aunque antes de seguir pregunté lo que me llevaba comiendo la cabeza estos días, poniéndome más seria ante la evidente preocupación.-¿Tu padre está bien? En general, tu familia.-pregunté.
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Zachary S. Dankworth el Vie Dic 30, 2016 12:10 am

Había sido, sin duda alguna, la semana más surreal que había vivido en toda mi vida. Habían pasado tantas cosas que ni siquiera sabía ni por dónde empezar. Había descubierto quién era el asesino de mi madre, Natalie y yo habíamos estado a punto de morir, había estado a punto de quedarme huérfano completamente, habíamos matado a Serguéi, me había declarado a Natalie, y ahora el amor de mi vida era mi novia. ¡Natalie era mi novia! Creo que solo por eso todo merecía la pena, y aunque me sentía muy mal por el terrible precio que había tenido que pagar mi padre para que todo aquello fuese posible, estaba feliz de que las cosas hubiesen terminado así. Parece que, siendo extremadamente positivo, sí que se le puede encontrar el sentido a la frase “no hay mal que por bien no venga” en esta situación, ¿no?

Natalie había vuelto al trabajo, a pesar de mis mil protestas para que no lo hiciese y se quedase en mi casa descansando como había estado haciendo los últimos días desde que sobrevivimos a aquella terrible experiencia… Natalie era cabezota como ella misma, y sabía que no podía insistirle para que se quedase en la cama… ¡pero podía hacer otras cosas! Así que hablé con O. Winslow, ya que sabía que ella era la jefa de Natalie, y conseguí que le diese unas muy merecidas vacaciones durante todo un mes. Natalie no sabía nada, pues era todo una sorpresa. Pero aquella no era la única sorpresa que tenía preparada para ella, sino que había organizado también un viaje.

Un día me presenté sin previo aviso en el trabajo de Natalie para recogerla a la salida. La vi feliz de encontrarme allí, y cuando vino a besarme para saludarme sentí que iba a estallar de la felicidad. Jamás pensé que algún día estaría así, con Natalie dándome un beso para saludarme. Era tan simple, pero significaba tanto para mí… Era lo que me hacía más feliz en el mundo entero. Coloqué mis manos en su cadera mientras le devolvía el beso, y cuando los separamos mi sonrisa era cinco veces más amplia que como lo había sido antes.

Me moría de ganas de verte —confesé, pues no la veía desde que se había ido a mi casa y era como un adicto al que le habían quitado su droga y sufría el síndrome de abstinencia. La necesitaba tanto… —Espero que no hayas hecho planes, porque tengo una sorpresa.

Salimos del Caldero Chorreante y Natalie se dispuso a preguntar y a bromear acerca de la sorpresa que le tenía preparada, pero yo no pensaba decir nada, ni siquiera una pista. Ya lo descubriría ella con sus propios ojos, y esperaba que le gustase y que no le importase que me la llevase literalmente a la otra punta del mundo durante todo un mes.

Oh, vaya —bromeé con cara triste cuando dijo que ella a mí no me había comprado nada. —Me has roto el corazón. No pasa nada, yo te sigo queriendo igual —dije, y besé su frente mientras caminábamos, buscando un lugar tranquilo y despejado donde pudiese empezar con la primera parte de la sorpresa. —Toda mi familia está bien, gracias. Mi padre está muchísimo mejor —le aseguré, siendo sincero. Era un tipo duro que había sobrevivido de todo, y estaba acostumbrado a tener que recuperarse de cosas horribles, aunque esta vez había soportado mucho más que en anteriores ocasiones. Tardaría aún en recuperarse del todo, aunque mirábamos al futuro con ojos optimistas. —¿Y tú? ¿Estás mejor? —no había ninguna herida a la vista, pero eso no quería decir que no las hubiese. En mi propio caso, todavía se veían algunas marcas, aunque las heridas ya estaban cerradas, pero la magia no era todopoderosa y aún necesitaba algo de tiempo para borrar aquellos terribles recuerdos del todo de mi piel.  

Por fin encontramos el lugar perfecto, un callejón oscuro y estrecho en el que no había nadie. Le indiqué a Natalie que entrase allí, aunque pareciese extraño.

Confía en mí —le pedí mientras sacaba un pañuelo de mi bolsillo y se lo ataba en la cabeza, tapando sus ojos con él para que no pudiese ver. Saqué entonces un traslador de mi bolsillo que era un pequeño frasco de perfume, y se lo puse en la mano a Natalie para que ambos lo tocásemos al mismo tiempo. Esperamos unos instantes, y el traslador se activó, tirando de nosotros y haciéndonos desaparecer de Londres para hacernos aparecer en un lugar muy, muy lejano y muy distinto al que acabábamos de abandonar.

Cuando aparecimos nos tambaleamos un poco, Natalie más que yo al estar con los ojos tapados, y ambos acabamos cayendo de culo al suelo. Era, sin embargo, un suelo muy blando y cómodo, no el duro asfalto de las calles de Londres, por lo que al caer no nos hicimos daño. Me puse de pie y ayudé a Natalie, quien aún tenía los ojos vendados, a ponerse de pie.

Ven —susurré mientras tiraba suavemente de ella, incitándola a seguirme a ciegas. Habíamos aparecido en una playa muy lejana, en un lugar paradisíaco. La había traido a las Seychelles, a Anse Source d’Argent, que hoy estaba completamente desierta y era solo para nosotros dos. La conduje hasta la orilla, y antes de llegar le indiqué que se quitase los zapatos, igual que hice yo. Debía de saber ya que nos encontrábamos en una playa, pues se escuchaba el mar y se respiraba el salitre y se escuchaban a los pájaros de aquel lugar. Cuando nuestros pies rozaron en agua me coloqué detrás de Natalie y le quité el pañuelo de los ojos, dejándola por fin contemplar aquel paraíso que era solo para ella y yo hoy.

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Natalie Corvin el Jue Ene 12, 2017 6:56 pm

¿Planes yo? Últimamente mi vida se resumía en ir a trabajar, estudiar o que me torturasen, así que teniendo en cuenta que hoy ya había trabajado y que el cupo de torturas del mes estaba lleno, sí, solo me quedaba estudiar. No lo dije en voz alta porque a pesar de la felicidad que tenía ahora mismo, no quería bromear sobre el tema que tan mal nos dejó a todos porque básicamente no merecía ser tratado más nunca. Así que simplemente fruncí el ceño y negué con la cabeza, ya que podía posponer los estudios y los trabajos por un día para pasarlo con Zack, ya que me había venido a recoger.

El hecho de que tuviese una sorpresa para mí me sorprendió, aunque no me cogió del todo desprevenida. Zack era una persona muy detallista y que se preocupaba mucho por mí, por lo que suponía que después de lo mal que lo pasamos ambos, no era tan descabellada la idea de darme una como "compensación" de lo que había pasado por él. Aunque yo insistía en hacerle saber que no había sido su culpa y que no se culpara por ello.

-Uff, me alegro.-Contesté contenta cuando me aseguró que su padre estaba mejor. Por mi parte... claro que estaba mejor. Después de los increíbles cuidados que tuve en casa de Zack era imposible no haber mejorado. De hecho, pienso que mejoré mucho más rápido allí de lo que podría haber mejorado en San Mungo.-Estoy mejor, sí.-No estaba perfecta, ya que todavía tenía varias marcas por el cuerpo, pero nada que no se curase con el tiempo.

Mientras caminábamos pasamos por delante de un callejón estrecho sin salida en donde lo único que habían eran puertas traseras y contenedores de basura. Me quedé un poco confundida ante su sorpresa. Sonreí un poco confundida y asentí con la cabeza.

-Parece mentira.-Cuestioné divertida ante su petición de que confiase en él.  

Cerré los ojos sin borrar la sonrisa y dejé que me pusiera el pañuelo alrededor de los ojos con una delicadeza que solo podía provenir de él. Esperé unos segundos allí, sin ver nada, hasta que sentí el frío vidrio de lo que parecía una botellita en mi mano. Hubiera sido todo un detalle por parte de Zack avisarme de que íbamos a coger un traslador, ya que sentir eso repentinamente en mí fue bastante desagradable. Gracias a Dios que hacía horas que no comía nada. Para personas acostumbradas a aparecerse podía no ser nada, pero yo aún no me había sacado la licencia de aparición, por lo que esas sensaciones me dejaban muy desorientadas.

Al llegar al destino, me caí del culo al suelo sin poder evitarlo, aunque rápidamente me di cuenta de que no era suelo duro, sino arena. La suavidad de aquella arena resbaló a través de mis dedos, sintiendo su cálido tacto antes de que Zack me ayudase a poner de pie. Había dejado de oler a humo de coche y a basura para dar paso a un olor natural y puro; y habíamos dejado atrás el sonido de los motores y las bocinas para escuchar como las pequeñas olas rompían en la orilla. ¿Me había traído a la playa? La última vez que vine a una fue hace mucho tiempo.

Me coloqué en donde me dijo y con una sonrisa un tanto inquieta, me quitó el pañuelo. Me imaginaba la típica playa de Londres, aburrida, con el cielo encapotado y con personas caminando en su orilla, pero no. Nada más volver a enfocar vi como aquella playa era increíble, el sol estaba resplandeciente y sin ninguna nube que lo eclipsase y, lo mejor de todo, estaba desierta. Primero miré al horizonte, pero luego miré para todos lados para interiorizar y aceptar lo hermoso que era todo aquello.

-No estamos en Inglaterra, ¿verdad? Esto no puede pertenecer a semejante isla tan triste.-Dije con sorpresa y fascinación.-Zack, es precioso. ¿Cómo has encontrado este sitio? Parece sacada de la mente de un pintor perfeccionista.-¿Y es que acaso había algo malo en aquel lugar? Entonces me agaché al notar el agua fría dándole a mis pies desnudos, para tocarla también con mis manos. Me quedé allí unos segundos admirando la belleza de lo cristalina que estaba el agua y, tras un ratito, me levanté para darme la vuelta, rodear a Zack suavemente por su nuca y besarle con delicadeza en los labios.-Me encanta.

Y posiblemente él no supiese cuanto. Nací en Valle de Godric con los padres más desabridos del mundo, en el interior de una sociedad puramente mágica y sin ninguna experiencia fuera de ese pequeño valle aburrido. ¿Sabéis cuántas veces he visto el mar? Tres veces en mi vida. Y sin duda alguna, esta ha sido la más especial de todas.  

-Es el sitio ideal.-Dije mientras ponía una sonrisa traviesa y sacaba mi varita de mi bolsillo (el cual estaba encantado para que me cupiese).-¿Sabías que el agua salada cura las heridas?-Me apunté a mí misma y me deshice de mi ropa acalorada, perfecta para Londres, para ponerme un bikini color negro, perfecta para el lugar en donde me encontraba.-¿Me acompañas, no?-Dejé mi varita junto a mi bolso en la arena y caminé sugerentemente hacia el interior del mar, invitándole a venir conmigo.
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Zachary S. Dankworth el Jue Ene 26, 2017 2:39 am

Había preparado el viaje sorpresa para Natalie con la esperanza de que así pudiésemos estar solos por fin lejos de todo el estrés de las últimas semanas, pues bien se lo merecía ella. Quería darle una sorpresa especial, y por eso la animé a que confiase en mí y dejase que la guiara hasta nuestro destino, lo cual hizo, y aparecimos muy lejos de allí, en un lugar que parecía un paraíso de otro mundo.

El viaje en traslador fue algo atropellado, como era de esperar, pero nada que no fuese olvidado apenas unos segundos después, cuando volvíamos a estar de pie y yo ayudaba a Natalie a avanzar por la arena hasta llegar justo a la orilla de la playa, donde el agua cristalina y fresca rozaba nuestros pies ahora descalzos. Le quité el pañuelo y disfruté mientras ella lo observaba todo maravillada durante un rato en el que permanecimos en silencio. Ella observaba el hermoso paisaje, pero yo la observaba a ella, pues era en ella donde encontraba la verdadera belleza, no en la naturaleza a nuestro alrededor. La belleza estaba en su sonrisa radiante, en sus ojos luminosos en los que ya no había ni un rastro de la tristeza o el dolor que tanto odiaba ver en ellos. Era en su expresión feliz donde yo encontraba el paraíso.

La abracé por detrás, disfrutando mucho al tenerla entre mis brazos con su cuerpo pegado al mío, y respiré el aroma de su cabello mientras la escuchaba hablar por primera vez desde que habíamos llegado allí.

Estamos en África —le revelé entonces, esperando que no me matase por haberla traído a literalmente la otra punta del mundo sin previo aviso. —En Seychelles… ¿Te gusta? —pregunté, aunque sus palabras me dejaron muy claro que así era, y sonreí alegremente, feliz de que ella estuviese contenta con la sorpresa. —Investigué un poco. Quería darte una sorpresa. No mereces nada menos que uno de los lugares más hermosos del mundo.  

Cuando se giró de repente y me besó en los labios me sentí el hombre más feliz del mundo. Habíamos tenido ya varios besos, pero daba igual, cada uno se sentía como el primero y todos me hacían sentir como la persona más dichosa del planeta. Todo se desvanecía, el mundo entero a nuestro alrededor, y solo nosotros dos importábamos cuando estaba con ella. Todo lo demás dejaba de tener importancia: el pasado, el presente, el futuro, la guerra, cualquier minucioso detalle de mi vida que no fuese Natalie dejaba de tener la más mínima importancia. Ojalá pudiese quedarse la vida así para siempre.

Le devolví el beso, y luego nos separamos y volví a sonreír como el idiota enamorado hasta el tuétano que era. ¿En qué momento me había pasado esto? —Me alegro muchísimo —le dije a Natalie cuando me confirmó definitivamente que este lugar le encantaba. La solté cuando ella se puso a buscar su varita, y la miré mientras con un rápido conjuro se cambiaba la ropa para tener puesto un bikini negro. De repente dijo que el agua salada curaba heridas, y sin poder evitarlo me fijé inmediatamente en las zonas en las que había recibido daños durante el tiempo en que Serguéi nos tuvo secuestrados. Tenía marcas todavía en las muñecas, pero lo peor era en el estómago, donde había todavía moretones, y marcas de latigazos en la espalda. Mi expresión cambió radicalmente al ver aquellas marcas. No pude evitarlo, era algo superior a mí. Mi sonrisa desapareció como borrada de golpe de mi rostro, mi mirada se escureció y se endureció hasta el punto en el que hubo reflejada maldad en ellos, una ira mezclada con una sed de venganza insaciable. Serguéi había pagado ya por su crimen, pero eso no era suficiente, no me bastaba. Necesitaba más sangre, más muerte para calmar mi odio.

Pero conseguí que aquellas emociones negativas se apartasen a un rincón oculto de mi mente, donde quedaron escondidas para no empañar la felicidad que sentía al estar allí con Natalie. Volví a sonreír y mi mirada volvió a brillar al mirar a Natalie a los ojos cuando me preguntó si la acompañaba.

Claro. —Cogí mi propia varita y me cambié también de ropa para tener puestos unos boxers de bañador y así poder meterme en el agua con Natalie. Observé cómo Natalie caminaba hacia el mar, con movimiento que me volvían loco. ¿Era ella consciente de lo sensual y provocadora que era? Me volvía loco, casi no era capaz de mantenerme tranquilo alrededor de ella. Me coloqué a su lado y rodeé su cintura con mi brazo mientras nos adentrábamos más en el agua hasta la parte que cubría. Había estrellas de mar en la arena bajo el agua y peces exóticos nadando a nuestro alrededor, como en una película.

Somos las únicas personas que hay a kilómetros en la redonda —le dije entonces a Natalie mientras nadábamos tranquilamente. —Pero no te preocupes, me he encargado de todo, no vamos a quedarnos aquí abandonados como en una isla desierta —la besé de nuevo entonces.
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Natalie Corvin el Jue Ene 26, 2017 3:04 am

¿África? Mis labios formaron casi una perfecta "O" para demostrar la sorpresa de encontrarme en otro continente cuando hace unos segundos estaba saliendo de mi asqueroso trabajo en Londres. Mis palabras para definir aquella preciosidad se quedaron cortas, pero yo en estos momentos me quedo sin saber qué decir, simplemente me quedo entusiasmada, con la mirada perdida en cada bello punto de donde nos encontrábamos: el cielo azul, el mar cristalino, la arena tan limpia y cálida... Sabía que Zack me conocía lo suficiente como para saber que ahora mismo tenía mirada de estarme enamorando del mundo.

-Pues me gusta por donde van tus sorpresas.-Respondí con un guiño.

Me había convertido, sin quererlo, en una mujer independiente pero llena de estrés en su vida. Que si los exámenes, los trabajos de la universidad, el trabajo, las facturas de la casa... me faltaba tiempo para mí, para poder encontrar en mi día a día sitios tan bonitos como éste y disfrutarlo. ¿Quién me iba a decir a mí que añadiendo otra cosa más a mi vida, me iba a abrir puertas que yo sola ni hubiera imaginado?

En aquel lugar sería herejía no bañarse, por lo que lo primero que hice fue ponerme el bikini con un sencillo hechizo para animar a Zack a venir conmigo. No tenía que tener un máster en miradas para darme cuenta como observó lo que quedaba de mis heridas, pero no quise darle importancia. Eso ya era agua pasada y por lo menos yo tenía claro que iba a pasar página y seguir para adelante porque bastante disgustos había tenido ya.

Mis pies fueron internándose en el agua poco a poco, notando como cada vez me cubría más. Estaba fría, pero en aquel momento a mí me parecía que estaba a la temperatura perfecta para pasarme toda la tarde allí. Me paré a medio camino, hasta esperar que Zack se juntase a mí, para luego continuar hasta el interior. Cuando el agua me llegó por el vientre, lentamente me sumergí por completo. Era la tercera vez que venía a una playa, pero la segunda vez que me bañaba en agua de mar. Salí a la superficie con una amplia sonrisa en el rostro mientras me pasaba la mano por los ojos y me hacía el pelo hacia atrás.

-Es increíble.-Sonreí, poniéndome boca arriba en el agua y haciendo el famoso Cristo cerca de Zack.-Cuando sea grande... sí, más grande de lo que ya soy, quiero vivir en la playa. Pero no en una playa abarrotada de extranjeros y turistas, sino en una playa así. Sólo para mí.-Le dije a Zack como sueño muy a largo plazo, o más bien como una meta. Entonces volví a mi posición inicial para mirar a Zack a los ojos mientras hablaba.-¿Kilómetros a la redonda, en serio?-Me sorprendí.-Me sorprende que los muggles todavía no hayan desvirgado esta maravilla y la hayan utilizado para ganar dinero. ¿No es lo que hacen con todas las maravillas del mundo?-Reí con un ligero bufido, para luego seguir atendiendo a sus palabras y frunciendo el ceño.

No tenía ni idea de lo que había planeado, pero algo me decía que aquella playa no iba a ser la última parada. Tampoco sabía por qué se había tomado las molestias de organizar un viaje así, pero... en el fondo se lo agradecía enormemente que se hubiese molestado, porque yo, personalmente, lo necesitaba. Aún así, quise picarle un poquito con mis siguientes palabras, haciéndole entender que aún sin saber su plan, ya no me parecía bien.

-¿Ah, no?-Esbocé una traviesa sonrisa mientras me acercaba a él y pasaba mis piernas alrededor de su cintura, ya que bajo el agua era verdaderamente fácil. Luego rodeé con mis manos su nuca.-Hubiera sido una aventura quedarnos en una caseta y pasar la noche bajo la luz de la luna y de las estrellas, haciendo una hoguera y que mañana nos despierte el amanecer.-Alcé las cejas sugeremente y luego reí.-Pero creo que eso sería demasiado romántico para mí. Iugh.-Puse una cara fea ante mi fingido desagrado. Yo era una chica muy, muy, muy cariñosa, pero lo romántico no se me daba bien. Me gustaba, sí, pero nunca solía salir de mí nada de ese estilo.-¿Y qué tienes en mente, señor? ¿Vas a retenerme durante mucho tiempo a vuestra merced? Porque le recuerdo que mañana trabajo.-Le recordé, dándole un cariñoso beso en la punta de la nariz.
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Zachary S. Dankworth el Vie Ene 27, 2017 7:29 am

El agua estaba fresca, pero no fría, y era una temperatura muy agradable. Estábamos en invierno en el lugar en el que estábamos ahora, habíamos dejado atrás el verano en Londres, pero no parecía que fuese la estación más fría del año ni de broma. Todo era perfecto, y sonreí al ver a Natalie poniéndose a flotar bocarriba sobre la superficie del agua a mi lado. Escuché lo que ella decía sobre su deseo de tener una casa en la playa en el futuro, en un lugar parecido a este y no en una playa llena de gente como las que veíamos en Europa.

¿Y estaré invitado a tu hermosa casa en una playa desértica como esta? —pregunté cariñosamente mientras acariciaba su cabello que flotaba en el agua como el de una sirena. Ella volvió a ponerse de pie entonces y me miró a los ojos, tras lo cual yo posé mis manos en sus caderas y volví a acercar su cuerpo al mío. Asentí cuando se sorprendió de que fuésemos los únicos allí, completamente solos sin que nadie nos moleste. Natalie tenía razón al quejarse de los muggles, eran como una plaga de insectos invasivos y destructivos que yo indudablemente encontraba mucho más asquerosos que ella, aunque no expresé en voz alta esos pensamientos. Mi sonrisa en aquel momento era bastante traviesa. —Suele haber muggles por aquí, eso es verdad, pero hoy no. Ya sabes, un hechizo por aquí, otro hechizo por allá… —le guiñé un ojo entonces. Por supuesto que me había encargado de venir antes a asegurarme de dejarlo todo preparado para que nadie nos molestase. Aunque fuese solo por poco tiempo, este paraíso era solo suyo y mío y de nadie más.

Alcé una ceja con expresión escéptica cuando se puso a describir la que podría haber sido la noche ideal, pues estaba más que seguro de que me estaba tomando el pelo descaradamente. Ella se sujetó entonces a mi cuerpo poniendo sus piernas alrededor de mi cintura, y yo coloqué mis manos debajo de su trasero para sostenerla, cosa que no era nada difícil. —Ya verás… —murmuré con tono pícaro mientras le daba una nalgada bajo el agua. Ella pensaba que mañana tenía que volver al trabajo, cosa que se encargó de recordarme en ese momento. Había llegado la hora de revelarle una de las partes más importantes de este viaje. —Pues va a ser que no. —Acerqué mi rostro al suyo, colocando mis labios junto a su oreja y susurrando suavemente en su oído. —He hablado con tu jefa… Tienes vacaciones durante todo un mes. Pagadas —añadí antes de mordisquearle suavemente el lóbulo de la oreja y a continuación volver a colocar mi rostro frente al suyo para besarla apasionadamente en los labios.

Era tarde ya, más además allí era invierno, por lo que ya había comenzado la puesta del sol. Era un espectáculo hermoso en aquel rincón del mundo. Natalie y yo dejamos de besarnos el tiempo suficiente para contemplar cómo el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte, tiñendo el agua de un fiero color anaranjado, el cielo adoptó casi más colores que el arcoíris, y la arena de aquella playa comenzó a verse de color rosa, cosa por la cual era muy famosa debido a su belleza única y pura. Pero para mí la belleza más pura era la de Natalie. Volví a besarla sin poder resistirme al sabor de sus labios, como si fuese una droga que necesitaba con desesperación para poder saciar mi locura.

Perdí la noción del tiempo completamente. Solo sabía que nuestros besos se volvieron cada vez más apasionados, nuestras caricias cada vez más desesperadas, y como movidos por hilos invisibles acabamos fuera del agua otra vez en algún momento, tumbados sobre la arena de la playa entre las lisas rocas que le daban a aquella playa un aspecto de lugar de fantasía, con los últimos rayos del sol bañándonos en un suave calor y con la noche a punto de caer sobre nosotros, y no parecía que ninguno de los dos quisiese parar.

Todo mi cuerpo me pedía una sola cosa a gritos. Cada célula de mi piel, cada nervio bajo ella ardía fieramente, exigiendo un único remedio que calmaría aquel fuego que rugía en mi interior. Necesitaba a Natalie como el hombre sediento en medio del desierto necesita agua desesperadamente para sobrevivir, no sabía si sería capaz de controlarme, ni de si quería hacerlo. Dejé de besarla el tiempo suficiente para poder mirarla a los ojos de nuevo y recuperar la respiración, la cual estaba agitada después de aquello. Sabía que, aunque no quisiese, en cuanto viese cualquier indicio de incomodidad en Natalie me detendría aunque me costase toda mi fuerza de voluntad hacerlo. No quería parar, pero quería mirarla primero a los ojos y encontrar permiso en su mirada.

Te quiero —susurré entonces mientras la miraba. Necesitaba decírselo en aquel momento. Solo le había dicho aquellas palabras a ella en toda mi vida, y a nadie más. Nunca pensé que se las diría a nadie, hasta que me enamoré perdidamente y sin remedio de ella. Era algo contra lo que no había podido luchar, ella tenía algo único que me había atrapado sin darme la oportunidad de luchar para intentar escapar. Quería que ella supiese eso, que estuviese completamente segura de que para mí ella no era solamente una más, sino que era completa y absolutamente única en todo el mundo para mí.
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Natalie Corvin el Vie Ene 27, 2017 10:35 pm

-¿Compartir mi sueño de tener una bonita casa en una playa desértica con la persona a la que quiero?-Me hice la pensativa, como si tuviese que pensarlo.-Hmmm... no sé, parece una idea algo descabellada, ¿no?-Bromeé de manera risueña.-Pues claro, idiota.-Añadí con cariño.

Puse una mueca divertida cuando habló de esa manera sobre echar a los muggles. Siempre me había hecho gracia eso de un hechizo por allí y un hechizo por allá, a saber qué había hecho para mantenerlos alejados de allí. ¿Pero sabes qué? En aquel momento no me importaba lo más mínimo. Valía la pena aprovecharse de lo que tenías para pasar un rato así de diferente y bonito, sobre todo después de nuestras experiencias recientes. Esto nos hacía falta.

Responsablemente le recordé que mañana yo trabajaba, ya que él podría tener planificado un viaje increíble, pero yo no podía faltar a mi trabajo así porque sí y mucho menos sin avisar. No obstante, Zack parecía haberlo planificado absolutamente todo, pues me dijo que no. Lo miré con cierto reproche, pero su siguiente afirmación me dejó un poco descolocada. ¿Vacaciones durante un mes y de manera pagada? ¿Qué narices le había hecho o dicho a Ophelia Winslow para que aceptase? Algo indecente, seguro. Yo me llevaba bien con ella, pero aún así dudaba muchísimo que me dice un mes de vacaciones pagadas. Sin embargo, no pude preguntarle a Zack, porque si bien estaba sorprendida, estaba el doble de feliz y se lo demostré devolviéndole el beso y recreándome solo en él.

Vimos un precioso atardecer delante nuestro que hizo todavía más mágico todo aquello que nos rodeaba. Sí, éramos magos, pero cosas así solo se encuentra allí y no precisamente por hacer uso de la magia. Aquello era algo natural y tan bonito que parecía de otro mundo. Todo se volvió especialmente mágico después de eso cuando la luz decidió abandonarnos por completo. Ya me daba igual el atardecer, o el precioso sitio en el que estábamos, me había dejado de preocupar del trabajo, de los estudios y del hecho que esta noche había quedado con Tim para cenar chino mientras veíamos Friends, ahora mi mente simplemente había apretado el botón de off y me dejaba llevar solo por mis impulsos y deseos.

No me separé de Zack en ningún momento, con las piernas rodeándole y mis labios persiguiendo a los suyos como si se hubiesen imantado en aquel preciso momento y no quisiesen separarse nunca. A pesar de que era de noche y mis hombros estaban fuera del mar, no tenía ni el más mínimo ápice de frío abrazada a él y recibiendo su calor. Sin darme cuenta, cada vez tenía más cuerpo fuera del mar, hasta que terminamos saliendo en la orilla, con él aún sujetándome en su cintura. Se sentó sobre la arena y nos tumbamos lentamente, continuando allí lo que empezamos en el agua. Yo... estaba nerviosa. A ver, no era mi primera vez, pero sí que era mi primera vez con Zack y me imponía respeto sobre todo porque él había estado con millones de chicas (que lo sé, me lo contó borracho) y no quería ser la peor. Y teniendo en cuenta como iba la cosa, que estábamos sobrios, aquel sitio me había robado mis ganas de tomar decisiones y no tenía en mente separarme de Zack, si él no paraba, yo no lo iba a hacer. Ahora mismo es lo menos que quería cada ápice de mi cuerpo, separarme de él. De hecho, la única manera de tranquilizar lo mucho que había alterado mi interior, era él mismo.

Sin embargo, esos nerviosismo se vieron ligeramente apaciguados cuando se separó dulcemente de mí y me dijo que me quería. Sonreí como un absoluta subnormal, mordiéndome el labio inferior al ver su rostro a mi lado pronunciando esas tan bonitas palabras, todas para mí. Lentamente le acaricié todo su torso al descubierto y me puse suavemente encima de él, besando su pecho con cariño.

-Yo también te quiero.-Le contesté mirándole a los ojos, subiendo entonces para volver a besar sus labios con una de mis manos apoyada al lado de su cabeza. No obstante, corté el beso a mitad mientras sonreía algo avergonzada, no por la situación, sino por lo que yo estaba sintiendo y por lo cual me sentía estúpida. Me hice el pelo hacia atrás y miré a Zack, sentándome sobre sus caderas y tirando suavemente de su brazo para que se sentase y poder hablar mirándole de cerca a su rostro; a esos ojazos que tenía.-Quiero y necesito de ti.-Dije antes que nada, con seriedad, haciendo una pausa.-Pero me pones nerviosa.-Confesé intentando sonar divertida, mordiéndome el labio inferior mientras apoyaba mis manos en su cálido pecho.
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Zachary S. Dankworth el Mar Ene 31, 2017 7:33 am

Estaba pasando el mejor día de mi vida al lado de Natalie, a quien no solté en ni un solo momento pues sentía que sin ella me ahogaba. Pensaba que el día no podía ser más perfecto de lo que ya era, no solo por el hecho de que estuviésemos ambos disfrutando de un paraíso que aquel día era exclusivamente para nosotros dos, sino por el hecho de que estábamos juntos. Siempre había sido un cínico del amor, desde pequeño había jurado que yo no me contagiaría de esa enfermedad que no hacía más que causar un inmenso dolor a quienes la padecían, pero mi juramento había sido en vano pues Natalie había derribado las barreras que yo había construido a mi alrededor como si estuviesen hechas de papel y no del hierro y cemento. La amaba tanto, la necesitaba igual que el aire para respirar o el agua para vivir. Si algún día me faltase estaba seguro de que me volvería completamente loco sin remedio y sin vuelta atrás. Siempre había pensado que jamás sería mía de la manera en la que yo quería, que estaba condenado a verla amar a otros en el futuro mientras que yo permanecería siempre a su lado fielmente como amigo pero nada más, y había dolido imaginar un futuro así aunque jamás me había quejado. Sin embargo ahora sí que era mía, y desperdiciar un solo segundo de nuestro preciado tiempo juntos sin besarla o acariciarla me parecía absolutamente impensable, el peor de los pecados.

Sí, el día estaba siendo perfecto, y pensaba que nada podría superarlo. Pero entonces llegó la noche, y ambos nos encontramos no mucho después de que el sol se ocultase en el horizonte tumbados sobre la arena de aquella playa paradisiaca, y ninguno de los dos tenía intención de levantarse y separarse del otro. Pero llegó un momento en el que sí que me separé muy ligeramente de ella, apenas unos centímetros para poder mirarla a los ojos, aunque todavía podíamos sentir ambos el aliento del otro acariciándonos el rostro. Necesitaba expresar, otra vez, la manera en la que me sentía por ella para que a ella no le cupiese ninguna duda, además de para concederle la oportunidad de tener un respiro y aprovechar y apartarse si acaso quería parar y antes no se había atrevido a hacerlo. Pero sus palabras me hicieron sonreír feliz y me animaron a rodearla con mis brazos y a no querer volver a soltarla en toda la noche.

Me dejé llevar por ella cuando me hizo girar y quedarme de espaldas tumbado en la arena con ella sentada sobre mí. No puse evitar que mi sonrisa se tornada pícara al verla sobre mí de aquella manera. No sabía si ella sería consciente de ello, pero estaba increíblemente sexy, como una diosa de la sensualidad. Era tan hermosa, y su rostro brillaba radiante de deseo por mí, al mismo tiempo que mi mirada la devoraba. La necesitaba ya, no podía estar n un segundo más sin ella.

Cuando se agachó sobre mí, apoyando sus manos en mi pecho y mordiendo juguetonamente mi labio, la besé intensamente, incendiando aun más el deseo que ardía en mi interior. Posé las manos sobre su piel, acariciándola mientras la besaba, descubriendo lo poco que quedaba oculto de su cuerpo, y entonces me incorporé hasta quedar sentado en la arena con Natalie sobre mí, y poco después, frente al mar y bajo el cielo negro y estrellado, en medio del paraíso, nos entregamos a la pasión.
______________________________

Un par de horas después yacíamos ambos juntos, desnudos sobre la playa tras haber hecho el amor juntos por primera vez. Estábamos en silencio, exhaustos por la experiencia, y yo me sentía inmensamente feliz, más feliz que nunca antes en la vida. Estaba tumbado con la espalda apoyada en la arena, mirando al cielo sobre mí. Habían caído un par de estrellas fugaces, allí era fácil verlas entre todo el firmamento que era imposible de contemplar en Londres. Se suponía que cuando se veían estrellas fugaces había que pedir un deseo, pero no lo hice pues no tenía ningún deseo que cumplir. Ahí, entre mis brazos, se hallaba todo lo que deseaba, la fuente de mi felicidad completa. Natalie tenía la cabeza apoyada sobre mi pecho, y yo acariciaba suavemente con la punta de mis dedos su suave espalda desnuda, sintiendo el calor de su cuerpo contra el mío.

Había sido maravilloso. Yo era un joven con muchísima experiencia a mis espaldas, pero con Natalie me había sentido como si aquella hubiese sido mi primera vez. Jamás había estado tan emocionado, excitado, y nervioso con algo como había estado al hacerlo con ella en aquel lugar. Pero todos los nervios que me habían hecho ser delicado al principio se habían desvanecido rápidamente, dando paso a una pasión desenfrenada en la que ambos nos habíamos ahogado de la manera más exquisita del mundo.

Podría quedarme allí toda la vida, o al menos incluso dormir allí, pero hacía frío. Era invierno en esa parte del mundo, después de todo, y aunque fuese África las temperaturas por la noche eran frescas. No quería levantarme, estaba tan cómodo allí, pero sabía muy bien a dónde íbamos a ir y confiaba que a Natalie también le gustase aquel lugar. No sabía muy bien qué decirle en ese momento, por increíble que parezca. Realmente, esta era mi primera vez en cierto sentido, pues era la primera vez que no tenía sexo con cualquiera por el simple hecho de querer satisfacer una necesidad física, sino que lo había hecho con alguien a quien quería, a quien amaba. Era una experiencia completamente nueva para mí, por eso me hallaba completamente falto de palabras en ese momento.

Así que a falta de palabras hice la besé, con algo más de ternura que antes, levantando su barbilla para acercar su rostro al mío. Tras separarme de ella la sonreí, y nos comunicamos a través de nuestras miradas casi sin necesidad de palabras.

Ven —bastó para que ambos nos pusiésemos de pie. Mi sonrisa era de la más pura felicidad, completamente radiante, y se me notaba a kilómetros de distancia. Diablos, hasta desde Júpiter se me notaba lo feliz que estaba.

Nos vestidos, y tras coger nuestras varitas y calzarnos de nuevo, la cogí de la mano y nos desaparecidos de aquella playa de Arce Sourse d’Argent y una milésima de segundo después aparecimos en otra isla de Seychelles, esta vez en una habitación de hotel. No necesitábamos pasar por recepción, me había encargado de todo cuando había venido a colocar los hechizos anti muggles en la playa para obtener privacidad para ambos en nuestro viaje. La habitación de hotel consistía en una cabaña con un muelle y una piscina que tenía vistas directas al hermoso mar que habíamos estado contemplando antes. Miré a Natalie, esperando obtener su aprobación. Ansiaba, sobre todo, volver a tenerla entre mis brazos.
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Natalie Corvin el Jue Feb 02, 2017 2:58 am

Siendo rodeada por sus brazos y el foco de sus besos y caricias... me di cuenta de que había sido una absoluta idiota por estar nerviosa frente él, por compararme con las otras chicas con las que ha estado cuando él ha decido estar en este preciso lugar junto a mí y solo conmigo.

Pronto mi mente se desentendió de incomodidades o nervios y se rindió completamente a Zack. Ya no era mi cabeza la que pensaba, sino mi cuerpo. Y... madre mía, era la primera vez que disfrutaba tanto sometiéndome totalmente a mis impulsos físicos y deseos, dejando de lado cualquier tipo de razón. Tenía la sensación de que allí, con Zack, estaba encajando en mí la pieza que me falta para ser completamente feliz; la sensación de quitar de mi corazón esa espina clavada que siempre se me quedó con él y, sobre todo, estaba consiguiendo realizar algo que hacía mucho tiempo que no es que quisiera, sino que necesitaba.


No sé cuanto tiempo después, ambos estábamos sobre la arena agotados y tremendamente felices. Yo, por lo menos, me había empezado a reír después de terminar, escondiendo mi cabeza entre sus brazos y su pecho. No sabía por qué me pasaba, pero después de llegar siempre tenía la imperiosa necesidad de reír y sonreír como una estúpida. Yo lo llamaba felicidad. Todo aquello me inspiraba felicidad y ahora mismo no podía hacer más que sonreír mientras me abrazaba a él y deseaba que no amaneciese jamás.

Solo había tenido una referencia sexual en mi vida, pero en aquel momento sentía como si no supiese nada y a la vez lo supiese todo. Me dejaba llevar por él y a la vez no me reprimía nada, todo salía tan natural que sentía que aquella no había sido la primera vez del uno con el otro; que estábamos hecho el uno para el otro.  

Ambos nos mantuvimos en silencio durante un rato... y la verdad es que yo no quería ser quién rompiese ese mágico silencio, por lo que me quedé en mi posición mientras acariciaba el pecho de Zack como si intentase seguir las líneas de su pie con suma delicadeza. Sin embargo, allí hacía frío y seguro que pudo notar bajo las yemas de sus dedos como parte de mi cuerpo se erizaba ante la fría brisa marina. Fue entonces cuando me volvió a besar y, con nuestras miradas, ambos supimos que era el momento de irse de allí. Nos pusimos nuevamente la ropa y recogimos nuestras cosas, para luego darle la mano a Zack y que nos desapareciésemos.

Esta vez no aparecimos en una playa, sino en lo que parecía una habitación de hotel con unas vistas impresionantes y un interior todavía más fantástico. Tuve que entreabrir la boca ante la sorpresa de las maravillas que veía frente a mí. Caminé algunos pasos hacia adelante para salir de la habitación del hotel y ver cómo la parte de fuera era todavía más increíble. Me giré aún con ese rostro cargado de emoción de persona pobre en un lugar de persona millonaria.

-¿Cuántas veces pretendes impresionarme esta noche? ¿No tienes que racionalizarlas durante las semanas?-Pregunté con un tono de voz travieso, acercándome a él con un gesto infantil en donde me abalancé sobre él para abrazarlo.-Ya van cuatro veces. Una recogiéndome en el trabajo, otra llevándome a la playa, otra trayéndome aquí... ¿Adivinas la cuarta?-Añadí con un tono de voz de lo más travieso y pícaro. En realidad esperaba que no contestase en voz alta o me iba a morir de vergüenza.

Luego volví a separarme de él y a suspirar mientras veía todo lo que me rodeaba. Me encantaba lo que veía, pero en cierta manera me sentía un poco cohibida por el hecho de que él era capaz de darme una sorpresa de este calibre (y a saber qué más tiene pensado) y yo era tan pobre que sólo podía permitirme llevarle a un concierto y haciendo un poco de trampas con las entradas y nuestro increíble don de la magia porque no podía permitirme unas entradas VIPs.

Dejé entonces las cosas en el suelo, en la parte baja de la cama. Luego me senté en ella y noté cómo tenía prácticamente todas mis piernas llenas de arena, al igual que mis brazos y posiblemente todo mi cuerpo. No me importó, sino que miré a Zack.

-Hubiese sido igual de feliz si me hubieses recogido en el trabajo y me hubieses llevado a tu casa mientras me invitabas a un sandwich de queso a la parrilla...-Dije, con una dulce sonrisa en el rostro.-Bueno, igual de feliz no... ahora mismo estoy en un grado superior de felicidad al que hacía mucho tiempo que no tenía. Y todo gracias a ti.-Alcé la mano para que se acercase a mí y me la sujetase, para poder acercarlo.-Gracias.-Tiré levemente de su mano para que se inclinase y darle un beso tierno en los labios.-Si me ves especialmente emocionada es que son demasiadas emociones a la vez, no estoy acostumbrada a estas cosas.-Confesé al final, divertida.-¿Me dirás que más tienes pensado?-Pregunté con una mirada de lo más inocente y dulce, directa a sus ojos.
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Zachary S. Dankworth el Vie Mar 10, 2017 5:01 am

Natalie y yo hicimos el amor juntos por primera vez en aquella paradisiaca playa de la isla africana, en un lugar que esa noche era solo nuestro y en el cual pudimos dar rienda suelta a toda nuestra pasión con desenfreno, sin cohibirnos, sin avergonzarnos, perdiéndonos el uno en los brazos del otro. Sentía que estaba en otro planeta, y no era capaz de recordar otro momento de mi vida en el que hubiese sido tan feliz. Cuando todo acabó estreché a Natalie contra mi pecho mientras ella reía felizmente de manera tan contagiosa que yo también comencé a reír junto con ella.  No quería moverme, no quería marcharme, pero pronto el frío de la noche nos obligó a movernos y a abandonar aquel lugar.

No tenía intención de que la magia de la noche acabase, y definitivamente no íbamos a volver a Inglaterra. Cuando nos aparecimos en un lugar nuevo lo hicimos en una habitación lujosa de un hotel junto a mar, todavía en las islas Seychelles. No dije nada mientras disfrutaba de cómo Natalie lo observaba todo a su alrededor admirada. Sabía que ella era una chica acostumbrada a las cosas simples, y que las disfrutaba, pero también era capaz de acostumbrar los lujos que a mí me gustaban y que quería ofrecerle con todo el gusto del mundo. Sonreí satisfecho cuando ella me preguntó cuántas veces pretendía sorprenderla esa noche.

Me gusta sorprenderte. Me encanta la sonrisa que pones —me excusé encogiéndome de hombros mientras me acercaba a ella antes de que ella se me abalanzase encima y me abrazase con fuerza, haciéndome reír feliz mientras le devolvía el abrazo y sonreía pícaramente al escuchar sus siguientes palabras. —No sé, no sé, ¿cuál habrá sido…? —murmuré con tono socarrón mientras le mordía juguetonamente la oreja, y entonces la di la vuelta, pegando su espalda a mi cuerpo mientras la rodeaba con los brazos y enterrada mi rostro en su cuello, dándole besos y mordisquitos en su suave piel mientras reía suavemente, feliz de estar allí con ella. No podía de estar feliz ni un solo segundo con ella a mi lado.

Ella se volvió a separar de mí y yo la dejé ir para que explorase la habitación de hotel. Me encogí de hombros cuando me dijo con qué cosas simples ella habría sido feliz. Yo lo sabía, era consciente de que solamente con tenerme a mí ella habría estado contenta, pero había querido hacer algo diferente para que ella lo disfrutase. Se lo merecía por mil razones, por lo que había sobrevivido y necesitaba una distracción, por lo duro que trabajaba y necesitaba un descanso, porque yo la amaba y quería darle todo lo que podía darle. Si ella me pidiese el mundo en una bandeja de plata, yo me dejaría la piel porque así fuese.

Lo sé, pero quería hacer algo especial para ti —dije con suavidad y ternura, algo poco común en mí en los tiempos que corrían. Ese lado de mí existía solamente para ella ahora, para el resto del mundo la suavidad en mí estaba extinta. Ella era mi luz, mi salvación, la única pureza que quedaba en mí. —Espero que te haya gustado todo —dije algo nervioso, pues había planeado todo con cuidado y sin saber bien lo que estaba haciendo. Natalie no era cualquier chica a la que quisiese impresionar, Natalie era la mujer de mi vida. Me estaba muriendo de nervios en mi interior, a pesar de que todo estaba saliendo perfectamente. Jamás me había sentido así en mi vida. Cuando me dio las gracias negué levemente con la cabeza. —No me las des. Gracias a ti, por hacerme el hombre más feliz del mundo —dije, importándome una mierda lo asquerosamente romántico que pudiese sonar, necesitaba expresar la verdad. Correspondí a su beso con ansias, no queriendo separarme nunca de ella. —Yo estoy igual que tú —confesé, refiriéndome a las emociones de las que ella estaba hablando. Cuando quiso que le adelantase qué era lo que íbamos a hacer durante el resto de viaje negué con la cabeza. —No, no, tendrás que esperar y averiguarlo tú misma —dije antes de cogerla en brazos y cargar con ella al baño. Estábamos los dos cubiertos de arena y salitre y necesitábamos una buena ducha juntos. Tras aquella ducha, la cual disfruté enormemente y no me di ninguna prisa por terminarla, salimos para volver al dormitorio y caímos en la cama, no precisamente para dormir.

Al día siguiente dormimos todo lo que quisimos. No teníamos prisa por abandonar el hotel, si teníamos que pagar un día más por eso lo haría sin problemas, pero no quería despertar a Natalie antes de lo que ella quisiese despertar, y yo tampoco. Cuando ambos despertamos juntos en la cama después de una noche maravillosa, habiendo recuperado todas nuestras fuerzas para un nuevo día, nos vestimos y tomamos un gran desayuno. Disfrutamos un poco más del hotel y de la isla antes de que llegase la hora en la que ambos decidimos partir a nuestro próximo destino.

Ten, ponte esto —dije mientras hacía que me dejase colocarle un pañuelo sobre los ojos para que no viese dónde aparecíamos.

Tocamos un nuevo traslador y llegamos a un lugar en el que no había muggles. La guié a ciegas durante un par de minutos hasta que llegamos al lugar donde quería quitarle la venda de los ojos por fin, y cuando lo hice Natalie vio frente a sus ojos las hermosas vistas de China que había desde la Gran Muralla. Sabía que ella siempre había querido ir a China, y por eso había sido el segundo destino en la lista de viaje que yo había preparado.

Pasamos tres días enteros en China, viendo todo tipo de cosas y lugares maravillosos. Por supuesto ese no fue el final de nuestro viaje. Vimos maravillosas cuevas de hielo en Islandia y las luces boreales, viajamos en camello por el Sahara, estuvimos en lujosos palacios en Abu Dhabi, visitamos las abarrotadas calles de Tokyo y los jardines del Japón más tradicional, bailamos en los coloridos barrios de Nueva Orleans llenos del sonido del Jazz, caminamos por el Golden Gate en San Francisco, celebramos por todo lo alto en Río de Janeiro, y cientos de cosas más en otros sitios. Nuestra última parada en el viaje, un mes después, fue la más clásica de todas: una habitación con vistas a la Torre Eiffel iluminada por la noche en París.

Me acerqué por detrás a Natalie, que estaba asomada en el balcón de la terraza, y la abracé mientras contemplaba junto a ella las vistas.

Espero haberte hecho feliz —susurré mientras besaba su sedoso cabello. —¿Estás lista para volver?
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Natalie Corvin el Miér Mar 22, 2017 6:41 pm

Él debía de ser consciente de que yo no necesitaba nada de eso para ser feliz, pero aún así le estaba mil agradecida por el hecho de que se tomase tantas molestias en mí y en pasármelo bien. ¡Incluso había conseguido convencer a O. para que me dejase unas vacaciones increíbles! Hacía tiempo que nadie se tomaba tantas molestias en mí y eso lo sentía más que nada ahora mismo. No obstante, una noche sólo con él, ya hubiese sido la mejor experiencia de mi vida.

Maravillada por la habitación en la que nos encontrábamos, tuve que recorrérmela entera mientras él me hablaba. Llevábamos nada juntos como pareja cuando podríamos haber llevado años si hubiésemos sido más claro el uno con el otro... no obstante, a pesar del poco tiempo, yo tenía la sensación de que llevábamos montón juntos y que aquello sólo podía ir en aumento. A su lado siempre me sentía como si me llenase el sentimiento más seguro y feliz del mundo y siempre pensaba que sin eso en mi vida no quería vivir. Ahora, tenía la sensación de que jamás se iba a ir de mi lado. Al fin  y al cabo, éramos perfectos el uno para el otro, ¿no?

No quiso decirme qué más sorpresas tenía preparadas para mí, pero no me importó. Prefería vivir el momento a medida que pasasen los segundos y fue lo que hicimos, hacer la noche nuestra totalmente y disfrutar hasta el más mínimo lapsus de tiempo. Ya nos preocuparíamos de descansar y recobrar las fuerzas por la mañana...

Al día siguiente me di cuenta de que aquello no había hecho más que empezar y que Zack no iba a dejar de darme una sorpresa increíble tras otra. Lo primero que hizo después de llevarme a aquel hermoso sitio y hacerme pasar la mejor noche de mi vida, fue aparecernos en la muralla china. ¡En China! ¿¡Sabéis hace cuánto tiempo que quiero visitar ese país!? Fue una experiencia increíble, llena de grandes momentos y divertidas anécdotas que jamás se me olvidarían. Incluso compré una cámara de fotos no-digital para poder sacar montón de fotos y luego, en Londres, poder revelarlas y reírnos de nuestra caras y rememorar momentos increíbles. Fueron tres días en los que me enamoré de toda esa cultura y todavía más si es que era posible, de mi acompañante.

Fue el mes sin duda más despreocupado y feliz de mi vida. No me preocupé del trabajo, no me preocupé de mis estudios... sólo me preocupé de mí misma y de Zack. Cada uno de los lugares que visitábamos parecía querer superar con creces el anterior, pero jamás me iba a olvidar de la primera noche de aquella aventura. No solo del viaje, sino de nuestra propia aventura personal.

La última parada fue París, la ciudad del amor. Se me hacía pesada la idea de pensar que mañana todo volvería a ser igual que hace un mes y que la monotonía del trabajo y del estudio volvería a atraparme entre sus brazos... pero merecía la pena tener una vida así solo para que los viajes como este marcasen un antes y un después en tu vida. Aquella noche, mientras Zack se pegaba una ducha, yo estaba en el balcón de nuestra habitación de hotel admirando las hermosas vistas de París y la Torre Eiffel, pensando en lo mucho que parecía haberme cambiado la vida junto a Zack y la pieza indispensable que era él en mi vida. No quería pensar en la posibilidad de perderlo, porque si no sabía que lo iba a perder todo.

Noté entonces sus manos abrazándome desde detrás y cómo su cálido torso de pegaba a mi espalda. Yo acaricié sus brazos por mi vientre y sonreí ante su dulce y cariñoso beso. Me giré en el interior de sus brazos, pasando los míos por detrás de su cuello para mirarle a los ojos.

-No.-Respondí, con un rostro triste.-Me mal acostumbras y ahora solo quiero quedarme aquí.-Confesé con diversión. Él sabía que yo era una chica responsable, tanto con mi trabajo como con mis estudios, pero ahora mismo estaba en una etapa de pereza propia del final de unas vacaciones excepcionales.-Quiero que no te quepa duda de que tú siempre me haces feliz, ¿vale? El día que no lo hagas, serás el primero en saberlo, aunque algo me dice que me moriré de vieja antes de que tú puedas hacer algo para conseguirlo.-Bajé una de mis manos por su cuello hasta posarla en su pecho.-Nos vamos mañana, ¿no es así? Se me ocurre una manera muy buena de despedirnos de este viaje y de la ciudad del amor.-Sonreí  algo traviesa, empujándole con suavidad hacia atrás para que retrocediese en sus pasos hasta chocar con el borde de la cama y sentarse sobre ella. Yo me senté sobre él, sujetando su rostro con delicadeza y admirando la profundidad de sus ojos.-Gracias.

Podría haberle dicho que le quería, pero eso él ya lo sabía. Más bien le estaba agradeciendo todo: que él me quisiese a mí, que luchase tanto por mí, que hiciese todo eso por mí y, sobre todo, que siempre hubiera estado ahí para mí. Cada día me daba más cuenta de lo que era un alma gemela teniéndolo a mi lado; cada día estaba más segura de que era él lo que yo necesitaba en mi vida.  

Después de aquella noche, por la mañana recogimos todos y volvimos a Londres, allá en donde empezó todo. Ese día no teníamos obligaciones, pero era el día en el que los dos teníamos que ponernos al día con nuestras obligaciones. Al día siguiente, todo volvería a la misma monotonía que hace un mes... Pero yo, por lo menos, no era ni de lejos la misma persona que hace un mes.
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