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Inside out [Sam J. Lehmann]

Invitado el Lun Dic 26, 2016 6:30 pm

Lunes 10 de Octubre del 2016.
Nublado con probabilidad alta de chubascos, 9°.

Aquella mañana habría dado cualquier cosa por seguir una horas más en la cama, ya era lunes y la vuelta a la rutina era obligatoria, sin embargo aquella noche había sido trágica para el castaño. Las noticias le habían avisado, incluso el mismo se lo había recordado escasos minutos antes de ser engullido por sus acolchadas sabanas rojas, aquellas que le sumieron en un sueño profundo demasiado rápido, no obstante aquel sueño no había sido suficiente para retenerlo allá donde había sido transportado, aquel páramo en las montañas, rodeado de brumas y  misterios, su mente había divagado por el durante horas, recorriéndolo, esperando que aquel castillo surgiese en algún momento, aquel que en lo que dura un parpadeo apareció ante el mortífago, que varita en mano conjuraba la marca tenebrosa, retando a Howl, el mago del castillo ambulante, que para su supresa aceptaba aquel duelo, sin embargo ahí había quedado todo.

Los ojos de Alec se abrieron de par en par, su cuerpo entro en tensión y sin pensarlo siquiera se encontró con la varita en su mano, varita que guardaba bajo su almohada, nunca se era lo suficientemente precavido, o eso pensaba él. La mirada del castaño se relajó y torció su mirada, dejando caer la varita sobre la sabana, dándose cuenta de que Howl no estaba allí con él, simplemente era el viento quien amenazaba con abrir las ventanas de par en par - Imperturbate conjuró, consiguiendo que aquel maldito viento, mezclado con el ruido de la lluvia se detuvieran en seco, dejando aquel cuarto en silencio. Una vez conseguida aquella añorada paz dejo caer su trasero contra las sabanas de nuevo, encendiendo la luz del cuarto de manera manual, a lo muggle vaya, recorrió la estancia lentamente, e igual de lento terminó de desayunar. El tiempo pasaba y era consciente de que no debía llegar tarde, hoy era lunes, el segundo lunes del mes para ser concreto y ya sabía cuál sería su entretenimiento de hoy en el Ministerio de Magia, -Accio polvos flu - ,nada, – ¡Accio polvos flu! – repitió exasperado, estaba claro que hoy no era su día de suerte, Howl había escapado y el tendría que ir en algún momento a comprar polvos flu. Menos mal que el castaño era previsor, poniéndose en pie conjuro la ropa que usaría aquel día, un vaquero azul rasgado y una camisa negra, acentuando su complexión atlética, y sin pensarlo más,  acercó su mano a la chincheta que había clavado en la mesa hace tanto tiempo, viéndose instantes después en su despacho del ministerio, con la mano aun posada en la chincheta que ahora se clavaba sobre la mesa de aquel despacho.

Acababa de llegar, y no llegaba tarde, al menos no demasiado, sin embargo el ruido en aquella segunda planta del Ministerio ya era abrumador siendo tan temprano. Sabía que debía ir al despacho de su compañera, la adorable de Sam, aquella instructora de Legeremancia que en alguna que otra ocasión había estado a punto de averiguar algún oscuro secreto sobre Alec y su lealtad a la causa mortífaga, sin embargo el era bueno, mejor Oclumante que aquella chica, y a la inversa ella mejor Legeremante que Alec, cosa que no admitiría él de ninguna de las maneras, sin embargo era así, cada uno entrenaba a aquellos futuros aurores en campos opuestos de la misma materia, el les ayudaba a ocultar sus pensamientos y ella a colarse en los del resto y por ello cada uno era más capaz en su respectiva especialidad, aunque aquellas sesiones mensuales les sirviesen para pulir sus "carencias", o eso decían sus jefes del Ministerio.

El castaño decidió por fin abandonar el despacho, tras haber cogido el expediente de los alumnos que le tocaban tras aquella sesión con Sam, no quería tener que hacer más viajes innecesarios. A paso ligero recorrió el pasillo que los separaba, parándose un segundo en la sala del café, cargando en una mano dos cafés, uno para él y otro para ella, que seguro habría aparecido hacía bastante en su puesto de trabajo. Ya bajo el marco de la puerta de la instructora no había ni rastro de la rubia en su interior, Alec no pensaba esperarla de pie, no sabría que tardaría en llegar y sin pestañear entró en el despacho, se sentó sobre la mesa de la Legeremante y se dispuso a esperar. Bebiendo lentamente aquel café, observando el orden que imperaba en aquel despacho, demasiado ordenado para su gusto.


Última edición por Alec Parrish el Vie Ene 06, 2017 1:27 am, editado 1 vez
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Sam J. Lehmann el Mar Dic 27, 2016 2:15 pm

A contrario de lo que pudiera pensar la gente, la Oclumancia y la Legeremancia eran dos ramas del mismo árbol; dos artes inexplorados que daban más de lo que cualquier experto en la materia estaría dispuesto a aceptar. Cualquier legeremante que se preciase debía de tener estudios avanzados de oclumancia y viceversa, motivo principal de que Sam estuviese encantada de aquellas sesiones mensuales con uno de los mejores oclumantes del Ministerio con el fin no solo de aprender la oclumancia, sino también de mejorar en su técnica como legeremaga.

Aquella mañana del lunes resultó tan tranquila como otra cualquiera. Se levantó a las seis de la mañana, fue a correr durante una hora por el Londres lluvioso y, empapada como nunca, llegó a su casa a las siete para ducharse, desayunar, vestirse y aparecerse en el Ministerio a las ocho menos cinco. Era su rutina mañanera de cada día, inamovible y guiada por cada minuto del reloj.

El Ministerio, tan caótico como siempre, poseía ese ambiente agobiante que cansaba mentalmente a cualquiera simplemente pasando allí más de cinco minutos seguidos. El ruido era molesto, el estrés de las personas contagioso y por no hablar de la mala leche matutina de la gran mayoría de magos, la cual parecía ser una enfermedad que se propagaba como la pólvora. Por suerte para Sam —o no tanta en realidad—, trabajaba en el Departamento de Misterios, el lugar que misteriosamente era el más tranquilo a pesar de estar lleno de dementes que se hacen llamar inefables. Se retrasó debido a una avería en los ascensores, pero no tardó en ir directa a su despacho para encontrarse pronto con Alec Parrish, su compañero de trabajo y contrincante en mentes.

Entró a su despacho y se sorprendió al ver a Alec sentado en su escritorio. Aún no entendía por qué se había gastado el dinero en esas bonitas y aterciopeladas sillas para invitados cuando el invitado libremente prefiere sentarse su culo sobre su mesa... Sam entró a su despacho, vestida con unas botas con tacones de color negro, unos vaqueros ajustados oscuros y una camiseta de cuello alto también de color negro. Un estilo simple que iba perfectamente acorde con la sencillez de Sam y la seriedad del Ministerio.—Buenos días, Parrish. —Saludó con una sonrisa, pasando a su lado para dar la vuelta a su escritorio y sentarse en su silla—. La próxima vez recuérdame que te ponga un cojín en el escritorio para que tu trasero no se quede plano sentado sobre la madera de mi mesa —bromeó con jocosidad, dándole un leve empujón en la parte baja de la espalda de manera juguetona para que se levantase, señalándole entonces el cómodo asiento aterciopelado que tenía para sus alumnos o clientes.

Abrió con su varita el cajón del escritorio y dejó en su interior su bolso, cerró nuevamente el cajón y abrió otro, sacando de éste una pila de informes para colocarlos sobre la mesa. Tras cerrarlo, miró a Alec y curvó una sonrisa a la vez que desviaba de manera traviesa al segundo café que aún parecía estar caliente y recién hecho.—¿Es para mí? —preguntó con su usual tono dulce e inocente—. Sería ideal que fuera para mí, porque tengo una noticia genial y así te cuento una cosa que tengo pensado hacer antes de empezar con la sesión. Llevo mucho tiempo a la espera de una noticia increíble y por fin me ha llegado. —dijo, con un tono de voz misterioso y visiblemente animado para intentar llamar la atención y curiosidad del oclumante. Sonrió y añadió una pregunta banal y cortés antes de continuar—. ¿El fin de semana bien?

Sam sabía que a Alec le iba a gustar la noticia que tenía que darle, ya que aunque el campo de estudio de ambos fuera diferente, ambos ejercían en el estudio y control de la mente y la noticia que había recibido Sam era sin duda un primer paso para un posible cambio que podría revolucionar el mundo de la legeremancia y la oclumancia.
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Invitado el Mar Dic 27, 2016 5:14 pm

Oclumancia y Legeremancia, aquellas artes mágicas que le habían embaucado en el momento mismo de decidir entrar a la universidad, incluso en Hogwarts ya había empezado a hacer sus pinitos en aquellas arte, siendo finalmente la primera, la Oclumancia aquella en la que sería un mago sobresaliente. Artes opuestas pero necesarias una para la otra, que sería escarbar en la mente de alguien si este no pudiera, tan siquiera, llegar a poner resistencia, un juego de niños, un aburrimiento, para eso ya existía la tortura, sin embargo aquello era algo más que simple “fuerza bruta”, era el saber avanzar sin ser escuchado y en el caso de Alec escuchar el mas mínimo paso hacía su mente y bloquearlo sin fisuras, haciendo que la oscuridad se tragase al incauto que se atreviese a invadir la intimidad de su mente.

El ambiente del Ministerio, ciertamente, no era el más propicio para dejar fluir su arte, ya que esta requería de concentración y el Departamento de Misterios no siempre había sido tan calmado, sin embargo el mortífago era realmente eficaz en ello, no por nada era el Instructor de dicho arte en el Ministerio, sabiendo separar el ruido del exterior del que provocaba la Legeremancia en su interior cada vez que alguien había intentado invadir su mente. Aunque claro esta esto no había sido siempre así, el Ministerio fue abrumador en su momento, aquel primer año trabajando allí no había sido moco de pavo, sin embargo junto a Sam había conseguido mejorar, haciéndola mejorar a ella también.

Aquel día había conseguido llegar a tiempo, había conseguido llegar al despacho de la Legeremante antes de ella se diera cuenta de que no estaba a la hora, o eso pensaba, y previsor había cogido café para ambos, para distraer la atención de Sam, que tampoco necesitaba demasiado para ello, además con lo inocente que resultaba a veces seguro que por millonésima preguntaría si aquel segundo café era para ella, como si alguna vez hubiera visto al castaño con dos cafés en mano para sí mismo, demasiada cafeína para su gusto.

Ahí estaba, con el culo pegado al escritorio de su compañera, paseando la mirada por todo aquel despacho, observando aquellas sillas que había comprado Sam, para que alguien las usara, cosa que él nunca haría de primeras, aquella mesa le parecía cómoda, extrañamente cómoda. La espera no duró demasiado, pues la rubia entro en el despacho antes de que aquel café llegase a templarse, su sorpresa no fue tal para el castaño, siempre se sorprendía de encontrarlo allí, como si dejar la puerta abierta no augurara aquellas situaciones, sin embargo era algo a lo que él ya se había acostumbrando, le parecía gracioso incluso. -Buenos días, Lehmann. –Respondió, alzando la vista, escuchando aquello que siempre decía, aquella mesa era más que suficiente, para que necesitaban sillas, sin embargo se levanto y le dio el placer de ver a alguien sentado en aquella sillas tan suyas. -  Sería una buena idea, un cojín como el de las sillas no estaría nada mal ahí encima –, señaló el lugar donde antes había reposado su trasero, - y a estas alturas ya deberías ser capaz de tutearme Sam, no seas tan formal anda. –contestó, aun a sabiendas que ella siempre había sido así, al menos desde que trabajaban juntos, que no era poco tiempo.

Siguiendo su rutina, la vio guardar su bolso, y sacar informes como de costumbre, aquella chica era muy ordenada, sin duda. Una vez había acabado su ritual planteó aquella pregunta de tan obvia contestación, aunque parecía que últimamente lo hacía más bien para picarle y hacer que le respondiera que por no saberlo en realidad, aquella chica sabía cómo lidiar con él, o quizás seguía siendo igual de inocente y Alec se imaginaba aquellas cosas. – Si, todo tuyo, ¿Para quién si no? – respondió  sin esperar respuesta alguna, escuchando aquello que le contaba la Legeremante, ¿Qué sería aquello que tanto emocionaba a la rubia?, quería saberlo, abrió la boca, cerrándola segundos antes ante la banal pregunta que le planteaba su compañera. No entendía como soltando aquello que tanto parecía emocionarle era capaz de preguntarle por el fin de semana, que importaba aquello, él quería saber que planeaba. – El fin de semana, tranquilo, sin más, demasiado viento para mi gusto.– contestó, pensando en aquel viento que le había despertado aquella mañana, maldito viento. – Sin embargo dejémonos de fines de semana, ¿Qué pasa? ¿Qué noticia es esa?, No puedes soltarme eso como si fuese algo del otro mundo y preguntarme por el finde, enserio, cuéntame, no sabía que esperabas noticias sobre nada. – Contestó esperando respuestas, con ganas de saber que era aquello que sin saber por qué había despertado su curiosidad, cosa que quizás luego sería alguna tontería de Sam, no sería la primera vez, vaya. Sin embargo decidió esperar que la rubia rompiera aquel silencio, ya tendría tiempo de reprocharle el no haberle informado antes de que esperaba noticias sobre algo, si es que aquello era realmente algo interesante.

Off: pensaba que nuestra planta era la segunda, no la novena.....como movemos la trama a la otra planta?? Ya que tenerla aquí es un tanto incongruente jaja. >_<


Última edición por Alec Parrish el Vie Ene 06, 2017 1:27 am, editado 1 vez
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Sam J. Lehmann el Miér Dic 28, 2016 3:23 am

Tratar a Alec por su apellido no era más que un juego para ella, una especie de trato respetuoso dentro del jovial ambiente que ambos conseguían crear en sus encuentros. Obviamente tenía suficiente confianza como para llamarle por su nombre de pila o incluso tutearle, pero ante la pequeña controversia de ser dos contrincantes mentales, era gracioso hablar con ese respeto irónico de llamar al otro por el apellido.—Ya lo sé, ya... —dijo con un tono de voz divertido—, pero me gusta llamarte por tu apellido, parece que estoy cabreada contigo o algo por el estilo. Y quizás así dejes de sentarte en mi mesa —añadió con un gesto travieso y un guiño amistoso.

La chica suponía que el café era para ella y su aparente e inocente pregunta era solo para sacar el tema y que Alec se lo ofreciese. Ella lo aceptó con gusto.—Gracias —le agradeció antes de apoyarse en su silla y abrir el café para poder soplar lentamente en su interior.

Tenía confianza con el chico, por lo que no dudó en contarle los planes que tenía a corto plazo. Como bien había esperado en él, su reacción fue de pura curiosidad e interés en el tema, por lo que tras beber un pequeño sorbo de aquel magma volcánico que se hacía pasar por un café caliente, Sam comenzó a relatar su historia.—Hace tiempo que contacté con una comunidad mágica en el Cairo y me han contestado el fin de semana —dijo visiblemente emocionada, para luego continuar:— Y tú te preguntarás, ¿y para qué narices contactaste con una comunidad mágica en el Cairo? Pues porque me enteré que allí se encuentra uno de los mejores legeremantes del mundo actualmente y he pedido que sea mi maestro. Como sabrás, actualmente la recuperación de la memoria mediante la legeremagia se considera algo totalmente inviable, pero según ese señor no lo es y lo mejor de todo es que tiene evidencias que respaldan su teoría. ¿Sabes lo genial que sería que alguien en Londres tuviera conocimientos sobre ese tema? Actualmente aquí no hay nadie tan avanzado en el arte de la legermancia, sino que nos limitamos a la lectura de recuerdos que el mismo sujeto recuerda y, por tanto, puede ocultar conscientemente. ¿Pero y todos esos recuerdos que están ahí ocultos por la inconsciencia? —Bebió nuevamente del café para aclararse la garganta—. ¿Y sabes quién ha conseguido dos semanas junto a uno de los mejores legeremantes del mundo? —Se señaló a sí misma con una sonrisa que podía calificarse de infantil de lo emocionada que era—. Les gustó mi historial y mis intenciones, ya que al parecer la gran mayoría de magos son reacios a creer que eso puede funcionar. ¿Te imaginas poder recuperar memorias de una persona con algún trauma y que ha olvidado o recuerdos de alguien a quién se los han modificado o borrado? Daría un giro de ciento ochenta grados a cómo vemos la legeremancia actualmente.

Alec y Sam se conocían de bastante, por lo que el chico podría identificar fácilmente que posiblemente era la primera vez que veía a Sam tan feliz desde hacía mucho, mucho tiempo. Y es que después del año de mierda que había tenido, por fin le había llegado una buena noticia que por lo menos la iba a hacer estar un poco más cerca de su sueño: convertirse en la mejor legeremante del Ministerio Británico o, mejor, del mundo.—Y han aceptado. Me han invitado a ir en noviembre.

OFF: ¡Arreglado! Le dije a los admins que lo movieran de sitio y ya :3
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Invitado el Miér Dic 28, 2016 6:48 pm

Aquella forma de ser de la Legeremante era algo que Alec realmente adoraba, esa mezcla jocosa de inocencia y picardía con la que trataba todos los asuntos que les concernían. Para ella habían motivos, por absurdos que pudiesen ser para hacer cosas que el castaño no entendía, sobre todo en aquella ocasiones que decía cosas serias pero por lo que daba a entender le resultaban de los mas graciosas, una mente inquieta la Sam, aquello le alegraba muchos días en el Ministerio.

-Sí, ya veo que no me harás caso….- afirmó, dejando los ojos en blanco- , y esta claro que esa es la sensación que da, si señora –rió entre dientes- dudo mucho que lo consigas, pero tiempo al tiempo, como dicen – concluyó, guiñándole el ojo en respuesta.

Aquel agradecimiento de siempre alcanzó sus oídos, no sería la primera vez que él traía el café, ni seria la ultima, así pues con un gesto de cabeza aceptó aquella palabra de la chica. Observaba como soplaba el café, esperando inquieto a que comenzase a contar aquella noticia que no parecía querer soltar. Ella debía de saber que ya estaría impaciente, seguro que además todo aquel paripé de hacerle esperar con el café seria una estratagema para hacerse la interesante, sin embargo Alec espero pacientemente, comenzando a dar golpes en el suelo con la suela del zapato.

La espera no duro mucho mas, comenzando así el relato de su compañera. El Cairo, un lugar interesante para ejercer la magia, quizás allí estuvieran especializados en mover la arena, pensó burlándose de aquellos magos en su mente, aunque no entendía por qué la chica habría contactado con magos de aquel lugar remoto, no sería por magos reconocidos que se encontrasen más cerca, debía seguir escuchando para saber más. Sam formuló, en voz alta, la pregunta que él se estaba haciendo, sin embargo aquella respuesta nos e la esperaba, ¿su maestro? Ya podía imaginarse a algún monje vestido con harapos y meditando a la luz de la luna, aquello era de chiste, sin embargo parcia serio de verdad, sorprendentemente. – Entiendo. – dijo asintiendo, escuchando como seguía. La cosa se ponía interesante, pensaba irse dos semanas de vacaciones y no contaba con él, esto ya era de chiste, estaba claro que su campo de enseñanza no era la Legeremancia pero la envidia por aquellos conocimientos que podría adquirir le invadían en gran parte. Sonrió ante el gesto de señalarse a si misma como si aquella pregunta al aire no hubiese sido suficientemente aclaratoria, estaba claro que aceptarían a alguien como ella, tan honrada y sin prejuicios sobre la magia que afectase a su campo de especialidad, además ambos sabían que ella era muy buena, y aun lo sería mas tras aquel viaje, si todo e iba bien y conseguía lo que parecía proponerse, aquello que le contaba realmente era como mínimo interesante.

Sin embargo Noviembre estaba ahí al lado, ¿pensaba saltarse su sesión?, realmente no le importaba, pero aquella noticia era emocionante y envidiable.- La verdad, todo lo que dices me parece sorprendente, imagino por que estas tan emocionada. Podría ser algo realmente revolucionario para con la magia actual europea, y aun viendo que no entro dentro de ese viaje. – le reprochó, aunque suavizándolo con un guiño divertido, - Me alegra saber que alguien de nuestro nivel será el encargado de recabar esos conocimientos, la verdad aquellas tierras tienen que ser de película, que no se te olvide mandar alguna postal o algo eh – bromeó – Se que tiene que ser importante para ti, así que enhorabuena Sam, quiero todos los detalles cuando te decidas a volver eh, que seré yo quien se quede sin nadie con el nivel suficiente para entretenerme por aquí. – Acabó de decir el Oclumante, deseándole de veras que aquella experiencia fuera enriquecedora, Sam, su compañera, era alguien que en parte le importaba. Su relación fuera del trabajo quizás no sería la más cercana, pero ella le hacía emocionarse con cada sesión que tenían juntos. – Entonces…. ¿ahora qué? – Gesticuló con los hombros – ¿vas a seguir restregándome tu viaje por El Cairo o procedamos a movernos? - dijo, arrugando la nariz.


Última edición por Alec Parrish el Vie Ene 06, 2017 1:27 am, editado 1 vez
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Sam J. Lehmann el Sáb Dic 31, 2016 12:25 am

Samantha mostró deliberadamente su emoción con Alec sobre las buenas noticias que tenía. Habían otros compañeros de trabajo que no tenían tan buena relación con la legeremante, bien por su condición sanguínea —algo que no todo el mundo sabía— o bien porque era una legeramente y suelen ser personas en las que depositar pocas confianzas. No obstante, Alec era un compañero diez. No solo era encantador con ella, sino que además habían llegado a compartir grandes cosas tanto personales como profesionales, algo que enriquecía a ambos tanto en el trabajo, como personalmente.

El oclumante se mostró contento por Sam, algo que a la chica le gustó percibir. Era consciente de que quizás él pudiese tener un poco de envidia —evidentemente de la sana— por la oportunidad que había conseguido Samantha, pero distaba bastante de la rama que estudiaba Alec. Si bien podía considerarse un legeremante muy competente, estaba claro que el nivel de aquello iba a ser incluso muchísimo para Sam. Además, tenía pensado contárselo todo desde que volviese de su viaje.—Será revolucionario. ¿Te imaginas como cambiaría el mundo sanitario, por ejemplo? —preguntó retóricamente, ya que no tenía intención de explicarlo pero sí de que Alec divagase sobre todas las ventajas—. Gracias —agradeció con sinceridad, ya que para ella era muchísimo que alguien la tratase como "alguien de nivel" después de todo lo que le había costado llegar a donde estaba y, sobretodo, con el estúpido estereotipo de que los sangre sucias no son nadie en el mundo—. Pretendo aprovechar el tiempo, por lo que haz hueco para cuando vuelva porque vas a tener mucho que aprender.

Continuó bebiéndose el café para escuchar la queja divertida de Alec al final del todo. Ella sonrió y asintió con la cabeza, ya que se había emocionado más de la cuenta. ¡Pero es que necesitaba contárselo a alguien! Sus padres, tan muggles como ignorantes, no iban a saber entender su emoción y sus demás amigos tampoco porque eran tan escépticos que pensarían que Sam va a ir a perder el tiempo al Cairo.

Se terminó el café rápidamente, ya que la legeremante no era de esas que tardaba tres años en tomarse un café y se levantó de allí.—Procedemos a movernos —repitió con un tono divertido. Cogió su varita y rodeó su mesa para volver a la puerta y salir de su despacho detrás de Alec. Cerró la puerta del mismo ahora que en su interior había cosas de importancia y se dirigió junto a Alec a una zona totalmente neutral, una de las muchas salas preparadas para el aprendizaje de los alumnos. Era una habitación pequeña, de paredes oscuras, brillantes y con un matiz verde que reflejaba de manera fantasmagóricas las siluetas de las personas, paredes que estaban por casi todo el departamento de misterios y que le daban al lugar un aspecto lúgubre y bastante claustrofóbico. En el centro de la habitación había una luz bastante tenue a la cual se le podía aumentar la intensidad, pero ellos no solían hacerlo. Total, era totalmente innecesario. Cuando practicabas legeremancia u oclumancia, el único tablero al que había que atender era al de la mente y muy pocas personas dejan los ojos abiertos.

Sam se sentó en su usual asiento, el de la derecha y se cruzó de piernas, mirando a Alec.—¿Por dónde quieres empezar? ¿Poniendo a prueba tu oclumancia o mejorando tu legeremancia? —Lo cual era lo mismo que decir si quería empezar desafiando la legeremancia de Sam o mejorando la oclumancia de la chica.

Ella estaba en desventaja, ya que muy pocas veces había podido burlar la impenetrable barrera que tenía Alec como mente gracia a su perfecta oclumancia. Lo había conseguido, pero muy poco y con datos irrelevantes. No obstante, cuando él practicaba la legeremancia, Sam tenía que ponerse seria en intentar, siempre, que la oclumancia de ella fuese mejor que la legeremancia de él. ¿Os imagináis que ve cosas que no puede saber? ¿Cómo por ejemplo que había hecho un pacto con un ser despreciable? ¿O que había estado apoyando a los mortífagos por obligación? No sabía cómo afectaría eso, pero Sam prefería conservar eso como su secreto prohibido. Esos recuerdos son posiblemente los únicos que no quiere que salga a la luz. Todo lo demás, podía dárselo escrito si hacía falta.
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Invitado el Mar Ene 03, 2017 2:04 pm

La emoción de Sam parecía no tener fin, aquella buena nueva atravesaba a Alec, provocándole una sonrisa orgullosa en el rostro, orgulloso por aquello que estaba consiguiendo su compañera. Aquello que con el tiempo los había unido con el paso de los años y las cosas que habían descubierto juntos le hacían imposible el no alegrarse por aquello que hacía arder los ojos de la Legeremante, ella no sería su única gran amistad allí en el Ministerio, pero sin duda alguna podría decir que si era una de las buenas, de las de verdad.

La sonrisa que adornaba su rostro no podía ser más sincera, al igual que aquella envidia, en el fondo sana, que sentía por aquello que descubriría Sam es su viaje por aquellos desiertos que reinaban El Cairo. Ciertamente, el campo de estudio de la chica distaba del que el mismo practicaba, eran las caras opuestas de la misma moneda, el yin y el yang, la luz que se abre paso a través de la mente y la oscuridad que encierra aquello que no desea ser descubierto. La realidad era que ambos se compenetraban y aprendían cada vez más gracias al otro, y conociéndola sabía que a su regreso todo aquello que aprendiese la chica le sería transmitido a el mismo.

Asintiendo con la cabeza y llevando sus pensamientos hacía lugares más oscuros aquello que había preguntado la chica le llevo a pensar en todas la utilidades que podrían encontrar cuando aquellos conocimientos fueran suyos y por ende de aquellos sus compañeros mortífagos, aquello le ahorraría mucho trabajo a largo plazo. – Simplemente soy sincero - , confesó sonriente, realmente así era, Sam hacía muy bien su trabajo y gracias al esfuerzo de ambos los dos avanzaban cada vez más, e incluso tenía reservada una sorpresita para ella aquel día, la oscuridad que retenía a salvo sus más íntimos pensamientos había avanzado unos pasos más hacía la perfección de su arte como Oclumante, algo que antes de que acabase el día le mostraría a su risueña compañera.

-Se que lo harás, no me cabe duda alguna. – Afirmo el castaño, aprobando aquellas palabras que habían sonado confiadas en boca de la Legeremante, – Aquí estaré esperando para absorber todo aquello que aprendas a tu regreso –, concluyó guiñándole un ojo. Inclinó la cabeza para terminarse el café que ya empezaba a tornarse tibio, indicándole que poco faltaría para abandonar aquel despacho y empezar lo que había venido buscando. A ninguno le gustaba charlar bebiendo un café frio, no sería la primera vez que aquello marcaba el comienzo de uno de sus entrenamientos.

Los ojos siguieron el vaso de la Legeremante, volviendo a sus labios e introduciendo aquel liquido marrón en su garganta. El sonido vacio del vaso indicó que ya era el momento de marchar, - Procedamos – confirmó, sin esperar más respuesta que observar como su compañera agarraba su varita y le seguía atravesando el marco de su despacho. Una vez Sam cerró la puerta del despacho sus pasos avanzaron a través de los pasillos de aquella planta tan…extrañamente curiosa, extraña como mínimo. Sus pasos guiados por su conocimiento de todo aquel piso del departamento de misterios les llevaron a aquella zona neutral que eran las salas de aprendizaje, que mil y una veces usaban tanto para entrenar entre ellos como para entrenar a quienes consideraba el propio Ministerio. Salas más bien pequeñas y oscuras, con aquel reflejo verdoso que había provocado el susto de más de un nuevo visitante a aquel piso, para algunos aquella decoración podría resultar lúgubre o dar la sensación de claustrofobia permanente, sin embargo aquel ambiente permitía a Alec desarrollar su habilidad en perfecta concentración y en total plenitud. El centro de la sala se hallaba iluminado por una tenue luz, que raramente era alterada por Sam y Alec, aquella luz tenue les agradaba a ambos y no tenían la necesidad de modificarla, aunque cierto era que al iniciar sus contiendas aquella habitación era lo menos importante, lo importante de verdad se encontraba en el interior de ambos magos.

Sam se adelantó al entrar, tomando asiento en aquel que ya era por costumbre su sitio, ella a la derecha y el a la izquierda, cruzando las piernas como de costumbre. – Teniendo en cuenta que en breves vas a abandonarme, - sonrió, haciéndose la víctima, - me gustaría sentir como intentas iluminar la oscuridad que oculta mi mente, que dentro de poco nadie podrá presentar batalla por aquí. – Le contestó mientras tomaba asiento en el sitio que se había definido como suyo.

Aunque Sam se tomaría aquello como un alago, Alec no podía si no pensar en lo que se avecinaba, y en que aquella frase esperaba con ansias en que se convirtiese en realidad, si todo salía bien ciertamente nadie sería capaz de presentarle batalla. No había pensado en que bando se posicionaría la chica, sin embargo tenía claro que fuese el que fuese él no sería misericordioso con la chica si se decidía por apoyar a los muggles. Sus pensamientos se apartaron de aquella visión que esperaba se hiciera realidad, centrándose en Sam, esperando por poder mostrarle aquello que había conseguido desarrollar a base de explotar, no siempre literalmente, la mente de diversos enemigos a la causa mortífaga.

- Adelante, Sam -  Invitó a la Legeremante a comenzar aquel encuentro mental. Los parpados de Alec se entornaron, llevando su visión al páramo de hielo que había creado en su mente, que como si de una bola de nieve oscura se tratase se encontraba rodeado de la mas inmensa negrura, hielo y oscuridad era todo lo que podía divisarse en la mente del Oclumante  en aquel momento,  esperando la llegada de su contraria.

Off: He expresado así la Oclumancia para rolear el entrenamiento como una lucha entre tu mente y la mía, mi páramo helado contra lo que aportes tu para descongelarlo y hallar los secretos que oculta. Muy raro todo quizás >_<


Última edición por Alec Parrish el Vie Ene 06, 2017 1:26 am, editado 1 vez
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Sam J. Lehmann el Miér Ene 04, 2017 8:35 pm

Elegir qué hacer solía ser fácil, sobretodo cuando los dos querían ante todo mejorar en sus disciplinas. Alec fue el que decidió, eligiendo ser él el receptor de una penetrante ofensiva mientras que Sam debía de ser capaz de sobrepasar su férrea coraza. No sería la primera vez si no lo consigue, ni tampoco sería la primera vez que había que dar por terminada un encuentro como ese por cansancio de ambos al hacer demasiado esfuerzo y no conseguir los resultados esperados.

La legeramente se sentó frente a Alec, acomodándose en la silla en una posición serena, bastante cerca de él, tanto que incluso las rodillas prácticamente se entrelazaban. Ambos se hicieron hacia adelante hasta encarar sus rostros y entonces fue cuando Samantha subió sendas manos a la zona de la sien del chico, una de ellas en donde portaba la varita. Mirándole fijamente a los ojos y con una sonrisa que si bien era dulce, presentaba cierto reto hacia Alec, murmuró un ligero legeremens que le abrió la mente del contrario ante sus ojos.

Era... extraordinario como cada mente era distinta y como, la misma mente en distintos momentos, podía conformar diferentes escenas dependiendo del estado de ánimo de la persona. Pero sobre todo, lo que era excepcional era la capacidad mágica de adentrarte en una mente que no era tuya y olvidar por completo cómo está conformada la tuya. Solo para personas como ellos, capaces de entender la mente a un nivel superior al normal, ver algo así cobraba sentido. Para una persona normal, la mente es un vacío paradójicamente negro en dónde tus pensamientos y recuerdos aparecen como formas abstractas y sin imagen exacta. No saben explicar lo que piensan y lo que recuerdan en una imagen nítida, porque no existe esa imagen nítida en un recuerdo incompleto. ¿Pero ellos, los legeremantes? Ellos podían ver los recuerdos y hacérselos ver a los demás como si estuvieran viviendo esa misma memoria en ese preciso instante. El recuerdo se vuelve vida y se te hace tan real como la existencia en sí misma. Y por eso... por eso la legeremancia, en malas manos, es atroz.

Sam nunca había utilizado la legeremancia para hacer daño a consciencia, pero sí que la había usado en contra de la voluntad de la persona y sin ser obligada por nadie. Pero hoy no era el caso, hoy estaba frente a un páramo helado que representaba la mente de Alec, un páramo que aparentemente no tenía nada que ofrecer. Sam allí era como un brillante foco de luz y calor que, por su entusiasmo, podía derretir perfectamente todo ese hielo que claramente sólo quería proteger su intimidad. Y os preguntaréis... ¿cómo es posible que haya una batalla en la mente de una persona? Todo recae en el propósito de ver quién tiene más fuerza y voluntad. Él para no caer ante la presión de ella y ella para ser capaz de resolver el puzzle que le han diseñado en una mente ajena, una mente que podía cambiar de acertijo y reto cada dos por tres si el oclumante era realmente bueno. Él juega con ventaja porque "juega en casa", pero es él el que está siendo oprimido por una fuerza de fuera y el que más presión siente. Así que... ¿quién será capaz de ganar esta vez este juego?

Ella era capaz de moverse libremente por su mente como si estuviese pisando el hielo de aquel lugar, cuando en realidad ella allí no parecía existir físicamente.—Vamos a ver qué tienes hoy para mí... —susurró lo suficientemente alto para que él la oyese, para luego atacar la zona más aparentemente frágil: lo que parecía un lago helado. ¿Sería una zona puesta a propósito o totalmente inconsciente? Fuera como fuese, iba a ser su primer punto de inflexión para intentar burlar su muro y buscar lo que esconde detrás de él.
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Invitado el Miér Ene 04, 2017 11:53 pm

La elección había sido fácil, y puesto que Sam le había dado la opción de elegir a él no había dudado ni un instante. Ciertamente el motivo que le había dado era cierto, realmente la echaría en falta allí en el Ministerio cuando llegase el día en que partiría hacia El Cairo, ya que lo más probable era que su próximo entrenamiento se aplazase hasta su vuelta, seguro que la rubia iría loca y pensando en todo lo que aprendería allí, y aun encima el tendría que aguantar toda la histeria que acompañaría a su emoción, ya podía imaginarse la locura que acompañaría sus días.

Podía notar el cuerpo de Sam, como se había acercado minimizando la distancia entre sus cuerpo, sintiendo el roce de sus rodillas contra las de él, aquello los haría compenetrarse incluso mejor. Su cuerpo se movió solo, notando como su cabeza quedaba frente a la de ella, para instantes después sentir una ligera presión en la sien, llegando a notar el olor a madera que desprendía la varita de su compañera. Supo sin observarla si quiera que aquella sonrisa apareció en el rostro de su compañera, e inconscientemente sus labios formaron una sonrisa igual, respondiendo a la de ella, a la vez que aquel Legeremens daba comienzo a su entrenamiento.

En aquel preciso instante la presión que antes había sentido en si piel se desvaneció para volver a centrar todo su ser en aquello que había creado en su interior, aquello que aunque ahora fuese un inhóspito páramo helado podía cambiar a voluntad de sus dueño y señor. Aquello era lo que hacía de su habilidad algo excepcional, la capacidad de moldear ese laberinto que conforma su mente, reordenar cada uno de sus secretos y exponer aquello que no le importase proteger para salvaguardar el resto, entreteniendo al cauto explorador, guiándolo a una trampa de un solo sentido, de salida.

Aquel día además de para recordar la sensación que le provoca el sentir a la Legeremante en su cabeza, había tomado la decisión de ejercer la Oclumancia para sorprender a su compañera con aquello que había conseguido, aquel día no la haría abandonar, ni él abandonaría, por el cansancio mental que a veces les provocaban sus entrenamientos, aquella vez la echaría de una forma especial. Aun no sabía que utilizaría exactamente para ello, sin embargo su mente trabajaba a mil por hora, y pronto encontraría un amanera de llevar si idea a buen puerto.

Un escalofrió recorrió el cuerpo de Alec, obligándole a centrarse plenamente en lo que se hallaba ante sus ojos, o más bien ante su mente, aquella figura luminosa emanaba el calor que había provocado de manera física aquella sensación ante el contraste con el hielo que lo rodeaba todo a su alrededor. Aquella visión que podían presenciar ellos dos era única y espectacular, digna de formar parte de una obra de arte, sin embargo aquella no era su función, y no mucha gente sería capaz de observar aquello que ellos eran capaces. Aquel paramo se desdibujaba al llegar a la oscuridad que lo rodeaba todo, unos pequeños lagos se habían formado sin su consentimiento, aquello era normal, pues los recuro menos importantes tenían la tendencia de esparcirse sin permiso, aquello no le preocupó hasta que aquella figura de luz que representaba Sam se intereso por uno de ellos; no permitiría que fuera tan fácil y sin causarle esfuerzo alguno hizo que aquel lago se derritiera y un chorro del mismo se lanzase a por su compañera, congelándose en su recorrido, creando un brazo de hielo que rodeándola le quiso hacer sentir la misma presión que ella había provocado al invadir su mente. Podría librarse de aquello, quizá incluso conseguir alguna información, sin embargo acababa de comenzar y aun no había mostrado todas sus cartas.

Concentrándose en el resto del panorama, inmensos pilares aparecieron en torno a la parte más alejada de aquello que representaba Sam y que contrariamente representaba lo mas intimo de Alec, aquello que jamás debería ser visto. La niebla surgió protegiendo y ocultando todavía más aquella zona y diversos tornados helados empezaron a marchar por todo el páramo, esparciendo sus defensas y a la vez sus recuerdos por todo aquello que era su mente. Mientras que, oculto por el momento un carámbano comenzaba a derretirse, gota a gota, preparando el que sería el plato final en aquella contienda.
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Sam J. Lehmann el Miér Ene 11, 2017 1:40 am

Para un legeremante, la mente de un oclumante experto era como el máximo reto al que te podrías presentar. Si eras capaz de burlar semejante unión de acertijos, trampas y barreras, podías considerarte un fantástico manipulador mental. No obstante, dos maestros en ambas materias, por norma general solían chocar de tal manera que ninguno de los podía considerarse mejor que el otro.

En aquel páramo en el que se encontraba, Sam estaba totalmente en desventaja. Había sido un escenario creado, posiblemente hasta el más mínimo detalle, por una persona que intentaba ocultar sus más oscuros e íntimos recuerdos, por lo que había sido diseñado para que una mente experta viera toda las dificultades posibles y no fuese capaz de traspasar ese muro de protección sin presentarle un verdadero reto mental. Sin embargo, no era la primera vez que se internaba en la mente de Alec, por lo que sólo tenía que ir lentamente y buscar esa flaqueza de la que poder aprovecharse. Si bien la mente de cada uno era distinta, incluso en distintos momentos, el modus operandi por regla general solía ser siempre el mismo y ella conocía muy bien como funcionaba la mente del chico que tenía delante.

La chica optó por acercarse a ese lago helado tan poco estable que, a simple vista, parecía ser la parte más débil de todo aquel lugar. Tanta nieve y hielo hizo que le viniese a la mente la sabia frase de Mulán que decía... "hasta un grano de arroz puede desatar una avalancha" y no la descartó. Una nunca sabía cuánta sabiduría y verdad podía haber en una frase aleatoria de una película de Disney.

Pero a pesar de la tranquilidad que parecía reinar en aquel lugar, cuando Sam, o por lo menos lo que la representaba en ese lugar, se acercó al lago, éste se volvió líquido y le atacó, formando a su alrededor un brazo helado que la aprisionó. Una pequeña punzada apareció en la parte frontal de su cabeza, debido a cómo Alec intentaba sacarla de su mente... pero no, para echar a Sam de tu mente hacía falta mucho, mucho más.

Aquello que la representaba, que más que un cuerpo físico, era como un ente luminoso que intenta fisgonear en tu privacidad, se descompuso por completo y aquel brazo helado se destrozó en mil pedazos al no tener nada que aprisionar. Una de las muchas cosas que debías de practicar siendo legeramente, era a ser todo y a la vez nada en una mente ajena. Debías ser tú misma quién crease la visión de ti en la mente ajena, y no la otra persona. Si la otra persona te controlaba, entonces como legeramente no tenías ningún futuro y no terminarías por encontrar nada.    

Pudo observar en la lejanía como unos grandes pilares comenzaban a salir del suelo y Sam no sabía si eso había salido ahí como representación de información verdaderamente privada y confidencial, o si había sido puesto a consciencia por Alec para despistarla. Como nunca había pasado nada parecido y de repente habían surgido varios mecanismos de defensa a su alrededor, Sam supuso que o bien había sido un despiste, o bien le había puesto el señuelo para ver si era capaz de superar la evidente trampa. Y vaya que sí, Alec sabía perfectamente como sacar el carácter más competitivo y profesional de Sam. En su rostro físico se formó una sonrisa de lo más traviesa y se propuso llegar al final de todo eso.

No pudo ver aquello por mucho tiempo, ya que una densa niebla comenzó a cubrirlo todo, además de unos fuertes remolinos de viento y hielo. Tenía que abrirse paso y si quería hacer verdaderos cambios en una mente ajena, debía de conseguir burlar su seguridad. Así que se dirigió rápida y segura hacia esa niebla, metiéndose de lleno en los grandes tornados que él había creado si tenerles ningún tipo de miedo. Aquello no le hacía daño, solo le invitaban, con una presión inestable en su cabeza, a salir de la de Alec, pero no era nada que no hubiese tenido que lidiar con anterioridad y que podía soportar sin problemas. Se metió en medio de aquellos remolinos salvajes, buscando el ojo de aquel huracán, que no era nada más ni nada menos que un recuerdo. Pudo sentir como todo a su alrededor se movía en círculos hasta el punto de marease, como si estuviera entrando en un lugar diferente a través de un embudo. Era un recuerdo que él había descuidado y que, por tanto, se había convertido en una memoria gratuita para ella. ¿Y por qué? Porque en una mente, todo se paga con recuerdos, quieras o no. Y ahora Sam lo que tenía que hacer era exprimir ese recuerdo hasta el punto de hacerlo incómodo, hasta el punto de que Alec no quisiese enseñar más de ello. Entrar en ese recuerdo y saltar a otros continuos, de tal manera que él baje sus defensas y atienda más a ese pequeño detalle que ha descuidado y del que Sam se ha aprovechado, que de aquel que intentó ocultar en un principio.

Era el recuerdo de una pareja. Sam no recordaba haber visto nada nunca en relación con ninguna pareja sentimental de Alec, pero no le pudo parecer más perfecta la ocasión. Pudo ver con claridad la primera vez que se conocieron como si ella hubiese estado presente, pudo ver la sonrisa de felicidad de Alec junto a la risueña del otro; pudo ver mediante los recuerdos salteados, como aquella relación se convirtió en algo importante para el chico hasta el punto de ceder su corazón. Sam no sólo estaba viviendo sus mismos recuerdos, sino que estaba sintiendo incluso lo que él sintió al vivirlos. Y no solo ella, sino él también. Ella estaba rememorando cada uno de esos recuerdos y él también los estaba viendo pasar por delante de él sin poder evitarlo, por culpa de la intromisión de la legeremante. Era, sin duda, un trabajo que tenía como defecto la violación de las memorias ajenas más íntimas y privadas. Samantha consiguió abrirse paso a través de ese mismo recuerdo, pasando entre diferentes memorias con aquel chico. Pudo ver cómo le regaló un Bowtruckle que parecía albino, pudo sentir las emociones de Alec y, sobre todo, pudo ver como todo terminó.

Fue ese momento de rechazo por parte del oclumante, el que Sam aprovechó para volver a aquel páramo, olvidarse de todo eso y pasar de largo a través de todos aquellos tornados que amenazaban con alejarla. De hecho, los hizo desaparecer al momento con una especie de estallido mágico, al conseguir un poco el control sobre la situación al hacer que Alec tuviese que concentrarse en otra cosa. ¿El siguiente movimiento? Pasar aquella densa niebla, de interior desconocido, a base del mismo truco. Tenía que buscar la manera de encontrar un recuerdo fuerte.
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Invitado el Miér Ene 11, 2017 8:28 pm

El Oclumante sabía que llevaba la ventaja de su parte al encontrar defendiendo el su propia mente y no viéndose en el papel de Sam como invasora. Aunque realmente aquello siempre les suponía un reto a ambos pues su nivel era muy similar, sobre todo cuando ambos jugaban usando sus respectivas especialidades, ella la Legeremancia y él la Oclumancia, sin embargo ahí residía el reto que se planteaba en cada una de sus contiendas, en ver quien conseguía ganar, aunque fuera, un poco de terreno.

Aquella representación de Sam no era la primera vez que la veía, pues tampoco era la primera vez que el hielo formaba parte de la mente de Alec, y ella lo aprovechaba para con aquella potente luz y calor derretirlo, o intentarlo al menos, a su antojo. Aunque ambos conocían la manera de actuar, y sobre todo de pensar del otro, cosa que les llevaba en más de una ocasión a callejones sin salida.

El ambiente en el páramo comenzó a turbarse en el mismo momento en el que Sam se deshizo de aquella mano helada que había surgido del lago en el que intentó husmear. A expensas de lo que Alec esperaba, la rubia no volvió a centrarse en aquella masa, ahora helada, de agua; pues ni corta ni perezosa dispuso su camino hacia uno de los tornados, aquello no la amedrentó y antes de que pudiera siquiera desvanecerlo y evitar que ella encontrase lo que se hallaba allí oculto los recuerdo brotaron desde su mente para ser parte de la mente de ella también.

Sabía lo que estaba viendo la chica, aquel recuerdo se encontraba en un punto débil de su defensa pues no era algo realmente importante, sin embargo aquello le daría la oportunidad de mejorar su defensa, de jugar aun más al despiste. Mientras la representación de Sam le hacía llegar aquellos recuerdos los pilares cambiaron de posición, duplicándose algunos y ocultando aun mas los recuerdos que algunos de ellos contenían. No se lo pondría fácil a la Legeremante, pues si ella era buena él era muy bueno en su terreno. Los recuerdos que ella estaba sintiendo eran los suyos propios y por suerte o por desgracia volvía a sentirlo a la vez que ella, él quería olvidar aquello y sin embargo estaba siendo obligado a ver como aquello terminaba y su corazón alejaba a alguien a quien había amado. Aquel chico quien le entrego su corazón y que el mismo había pisoteado para luego marcharse, sin embargo su conexión con el recuerdo ya vivido le permitía alejarse y seguir modificando todo aquel paraíso helado, aquello no le dejaría en jaque.

Dirigiendo sus pensamientos a las alturas una luna negra surgió en el cielo, que lentamente se iba viendo congelada, marcando el principio del fin de aquella batalla. Con el avance del hielo se tornaba cada vez más blanca, otorgando un aire más espectral a aquel páramo helado, presagiando los pensamientos de la mente del castaño. Aquel reloj helado estaba en marcha y nada lo detendría.

Una explosión ambarina golpeó con fuerza su mente y pudo observar como todos aquellos tornados desaparecían al instante de los alrededores de aquello que era Sam, había sido un buen golpe, sin embargo la niebla seguía ahí, cada vez más densa, más mortífera. Mientras observaba como la niebla la engullía el hielo que la rodeaba comenzó a derretirse, transformando aquellas aguas en tres quimeras que observaban atentamente a la Legeremante; a la orden del mortífago una a una avanzaron hacia ella, acercándose desde el las alturas, y por cada uno de sus flancos; cuando creyese que su avance estaba bloqueado toparía con que volver atrás tampoco era opción, y mucho menos tomar un camino hacía la Luna. Sin embargo allí no quedaría eso pues la niebla no se tenía intención de ser menos protagonista, y tornándose cristal encerró a las criaturas junto con aquello que era Sam en una cúpula de gran tamaño; aquella vez no le sería tan fácil librarse de aquello. Aquella visión de las quimeras hizo que se mordiese el labio en su cuerpo físico inconscientemente, tornando a una de sus quimeras de color metálico, como el sabor de la sangre que notaba en la punta de la lengua.

El goteo de aquel carámbano oculto no cesaba aun cuando la batalla se cernía próxima a él, avanzando gota a gota, marcando el ritmo al que se congelaba la luna, que ya llevaba una cuarta parte de su totalidad. Esculpiéndose, gracias a esas gotas, un esqueleto que casi terminado, esperaba la llegada de un cráneo que lo coronase y tras este que la siguiente capa siguiera completándolo.
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Sam J. Lehmann el Lun Ene 16, 2017 1:25 am

Uno de los problemas que tenía es que no sabía qué cosas ponía Alec a consciencia y que verdaderamente tenían relevancia o qué elementos eran simplemente decorativos e insustanciales. Probablemente la mitad de aquel lugar no servía para llegar a ningún recuerdo, e incluso Alec podría almacenar sus recuerdos más preciados en los lugares más pequeños e ilógicos de allí para que Sam se focalizase en lo que más llamaba la atención y no encontrase nada. No obstante, guardar algo tan grande en un lugar tan pequeño, no siempre solía ser lo más fácil. Y todo esto venía porque Sam había visto aparecer aquella luna. ¿De verdad estaba ahí por algo, o había sido simplemente un añadido que no servía para nada? Después de todo el tiempo que llevaba compartiendo esas luchas mentales, o entrenamiento, como le llaman los superiores, con Alec, había visto muchísima mejoría en él.

Al principio había decidido dejar aquella luna ahí sin prestarle atención, pero cuando se dio cuenta que estaba cambiando de color, pensó que tenía demasiado detalle como para que fuese simplemente un elemento más del montón.

Sin embargo, en ese momento tenía delante otra cosa más importante de la que hacerse cargo. La densa niebla le había tapado prácticamente la visión de la luna pero pudo ver como delante de ella se materializaban tres quimeras. Retroceder no parecía viable, mucho menos cuando aquella niebla se cristalizó hasta formar una cápsula en la que había sido encerrada junto a esas tres bestias, una de ellas, además, de metal.  

Al principio se vio un poco... despistada. ¿Cómo narices iba a hacer frente a eso? Aunque luego pensó que aquello no era la realidad —por mucho que lo pareciese— y esbozó una sonrisa ante todo lo que podía ocurrir. Lo primero que tenía que hacer era encargarse esas quimeras y luego ya podía pensar la manera de salir de aquella cárcel. Dudaba mucho que Alec estuviese controlando a aquellas bestias, sino que tenían como único objetivo deshacerse de Sam, así pues, ella podía tomar el control de ellas si conseguía la oportunidad. Lo primero que hizo fue evitar todos los ataques tanto de fuego como físicos por parte de ellas. Saltó alto, sorteó los golpes y evitó los zarpazos, todo con una agilidad muy muy superior a la que tenía en realidad. Sólo le hacía falta agilidad mental para hacer aquello y de eso sí que tenía mucha. Un placaje sí que consiguió llegar a ella, haciéndola chocar contra la pared de cristal que limitaba el lugar, pero lo único que hizo fue que la Sam real frunciese el ceño ante aquel golpe. Rápidamente, aquel ente de luz corrió hacia la quimera de metal y se metió en su interior como si la poseyese. Ahora era la misma quimera la que poseía un brillo a su alrededor que la delataba como la usurpadora de aquella mente.

Con la ventaja de ser una masa metálica e inquebrantable, acabó con las otras dos quimeras en un combate físico en el que ni ella había sido capaz de entender el funcionamiento de una quimera. Lo único que intuyó después es que si una quimera convencional lanzaba fuego convencional, una quimera con aquella diferencia debería de lanzar metal fundido o metal candente por la boca. No sabía si había sido la intención de Alec o no, pero ahora mismo era ella la que estaba dentro de aquel animal, por lo que soltó fuego por la boca y en vez de salir fuego, salió un trozo de metal candente que impactó contra la superficie interior de aquella jaula de cristal. Al principio todo se quedó en silencio, pero de repente el cristal se desquebrajó y toda aquel elemento se descompuso en trozos de cristales.

Ahora tenía que deshacerse de aquella quimera, por lo que corrió hacia el lago helado y se dejó caer en el interior. La superficie se rompió y ella salió de la quimera, dejando que aquel animal de metal pesado se hundiese sin remedio hasta el fondo de aquel lago. Ella, mientras tanto, volvió a posar sus supuestos pies sobre la fría nieve de aquel páramo.—¿No tienes nada más que darme, Alec? —susurró la Sam real, de tal manera que la voz suave de la legeramente entró por los oídos de Alec y se escuchó perfectamente en aquel páramo como si fuese un suave viento gélido.

Entonces miró a la luna y comenzó a volar hacia ella. Tenía intención de meterse en el interior de ella antes de que terminase de helarse. Tenía la sensación de que la luna era algo verdaderamente importante y que desde que se helase, iba a dejar de ser accesible para ella; iba a convertirse en un elemento que al tocarlo, se rompiese en mil pedazos al ser helado y frágil. Y ella no quería eso, ella quería averiguar que era lo que guardaba en ese elemento tan majestuoso y enorme. ¿Un secreto inconfesable? ¿Un recuerdo inolvidable? Quería descubrirlo antes de que él consiguiese apartárselo de sus posibilidades.
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Invitado el Lun Ene 16, 2017 11:40 pm

Estaba disfrutando de aquella contienda mental, hacía tiempo ya desde el último entrenamiento en el que él había sido la mente a invadir, y aquello lo estaba llevando a pensar a largo plazo para conseguir echarla de su mente, para lanzar aquello que la sacaría de allí de sin ninguna duda.

Sabía que aquel páramo que le representaba era un reto para ella, pues cualquier recuero se podía esconder en cualquier sitio, desde los copos de nueve que caían del cielo a una de aquellas enormes vigas que ya no formaban parte del paisaje, y que claramente habían formado parte del decorado nada más. Sam había conseguido pillarle desprevenido con aquellos tornados y le había obligado a cederle aquello recuerdos a cambio de ocultar mas el resto. Un intercambio justo.

Sabía que la Luna debía a ver llamado su atención, sin embargo aquellas quimeras no se lo pondrían fácil para llegar hasta allí arriba. Ya le habían rodeado, se presentaban amenazantes atrapándola gracias a aquella cúpula que la niebla había creado; las quimeras se lanzaron contra ella, sin embargo su habilidad metal, muy superior a la física, le ayudo a esquivar sus embistes, sin embargo una de aquella criaturas consiguió acertar y lanzarla contra la cúpula, esperaba que aquello le hubiese molestado. Una sonrisa se dibujó fuera de la mente del castaño, imperceptible dentro d su mente. Sin embargo ella había conseguido superar a las bestias, había tomado el control de la quimera metálica, y esta brillaba como si el sol reflejase  fijamente sobre su piel metálica. En posesión de aquella bestia colosal destruyó a las otras dos, y lanzando aquel metal candente sobre la cúpula esta se quebró y se esparció a su alrededor.

- Espera y verás – dijo arrastrando una risa tras aquello, haciéndolo resonar en todo el páramo, d su boca a su mente helada. Sam había ganado esa batalla. Había conseguido sumergir en las profundidades a aquella bestia metálica, sin embargo la verdadera bestia estaba a punto de verse culminada. No pensaba permitir que la rubia llegara tan lejos, no pensaba dejarla rozar si quiera aquella Luna que revelaría la ubicación de la estalactita y lo que esta estaba creando.

Tomando posesión de la niebla que cubría todo el suelo del páramo, las transformó en una inmensa bandada de pájaros. Todos ellos de hielo negro, como cuervos congelados, se lanzaron en pos de la presencia que perturbaba sus deseos y representaba a la Legeremante; volaban más rápido que ella y pronto la alcanzaron, en formación rodeándola por todos lados una esfera de aquellas aves de hielo negro como la tinta de una pluma la tenia sumida en la más profunda oscuridad. La distracción perfecta.

La Luna del cielo se desdibujaba, no para desaparecer, si no para copiarse a sí misma y dominar el firmamento. Pudiendo verse ahora tres de ellas en el cielo, como si los cielos de Idhún se hubiesen abierto pasó desde los libros a la mente de Alec. Aquella referencia literaria le había venido como anillo al dedo, ahora ella no llegaría a tiempo, pues aquella batalla contra las quimera había propiciado el avance de la Luna hasta estar casi completa, y aquellas aves…que contenían más de un recuerdo que había empleado para crearlas serian el sacrificio perfecto para dar paso a la pesadilla que tenía preparada.

El carámbano apenas era ahora apenas un muñón de hielo, pues sus últimas gotas estaban destinadas a darle vida a una de las pesadillas de Sam, aquello que la obligaría a desaparecer de aquel páramo que había osado invadir, y del que para desgracia del Oclumante habría conseguido llevarse algún recuerdo con ella.
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Sam J. Lehmann el Sáb Ene 21, 2017 3:14 pm

Cuando la distracción tenía número limitado, para la legeremante era más fácil buscar una solución. Veía todas las posibilidades y podía hacerse más rápido un mapa mental de lo que debía hacer para superar ese reto. Sin embargo, cuando vio como una bandada de pájaro que parecían poder hacerle mucho daño se aproximaba violentamente hacia ella, se desesperó momentáneamente al sentir tanta presión. Al ver llegar semejante ofensiva, en su mente fue creciendo progresivamente una fuerza que parecía que le empujaba fuera de la mente de Alec.

Pero no, todavía pretendía hacerle un frente tan grande que realmente temiese por sus recuerdos más preciados. Se quedó sumida en la oscuridad cuando aquello la rodeó por completo. Ella era la única fuente de luz, pero no había nada que iluminar más que un manto negro que amenazaba con borrarla del mapa. Tenía que buscar la manera de salir de allí, pero no se le ocurría nada. Le daba la impresión de que aquello en realidad no era más que una débil pero molesta ofensiva para conseguir tiempo y eso ponía nerviosa a Sam, ya que sentía que lo estaba desaprovechando.

Así que se concentró, mirando a todos lados a pesar de ver solo una capa negra por donde traspasaba un poco de luz entre cuervo y cuervo. Pero no le dio tiempo a pensar demasiado, ya que los cuervos de repente todos se abalanzaron sobre ella. Solo se le ocurrió una cosa: convertirse en uno de ellos. Aquel ente brillante que representaba a la chica se consumió hasta convertirse en uno igual a los que le rodeaban, se coló entre ellos y comenzó a volar junto a los demás. Siempre quiso saber cómo se sentía a ser un pájaro, pero en la mente de un oclumante era muy difícil sentir algo que no le correspondiese a él. Al instante, todos los cuervos se quedaron confundidos en un pequeño volumen de espacio, tan confundidos por notar una presencia invasora entre ellos pero no tener ni idea de quién era. Así que comenzaron a atacarse entre ellos.

Pudo darse cuenta ahora que aquello se había desbaratado y ya no estaba encerrada, que la luna se había multiplicado. ¿El por qué? Lo desconocía por completo, pero parecía estar dispuesto a defender a muerte lo que había allí y lo que ese gran montículo significaba.

A medida que se iba retirando del foco en donde se encontraban todas los pájaros, éstos identificaban progresivamente que la que no pertenecía a ellos se alejaba, por lo que poco a poco comenzaron a atacarla. En pequeña escala tenía más posibilidades de defenderse. Cada vez que un cuerpo enemigo chocaba contra ella en una especie de placaje, Sam lo que hacía era transferirse a dicho cuerpo para que el golpeado cayese, de esta manera, todos los demás cambiarían de objetivo a cada rato y ella podría ganar tiempo ante la confusión de ellos.

Sin embargo, cada vez que cambiaba de cuerpo, pasaba rápidamente por delante de ella un recuerdo de Alec. La primera vez fue cuando más sorprendida le pilló. Aparecieron elfos domésticos delante de él cuando era pequeño, un niño muy mono de como mucho nueve años... Si bien Sam no entendió bien ese recuerdo ni su importancia, cuando volvió a cambiar de cuerpo lo entendió. De repente pudo ver como los elfos domésticos se llevaban a sus padres y él se quedaba solo. Aquel recuerdo parecía simple, pero lo verdaderamente importante era lo que se sentía al recordarlo. Continuó huyendo de aquellos ataques de la única manera que se le ocurría, encontrando más recuerdos de él. También pudo ver cómo recibía la carta de Hogwarts y automáticamente la selección del sombrero que lo mandó a Slytherin... En aquel momento, Sam sintió que aquel recuerdo le sonaba. ¿Por qué? Eso no lo sabía si nunca lo había visto con anterioridad. Seguidas de varios cambios entre aquellos bichos, volvieron nuevos recuerdos. Vio en uno de sus recuerdos, muy difuso, como caminaba por la biblioteca en dirección a la zona prohibida. Pero eso le dio igual a Sam, en lo que ella se fijó es en cómo saludaba a una persona que estaba junto a una rubia con gafas muy introvertida y de pelo rubio ondulado. Era ella. ¡Pues claro! Siempre le había sonado el apellido de Parrish, pero suponía que por la familia, pero no. Es que compartieron curso en Hogwarts. Los siguientes recuerdos que Sam pudo escrutar eran todos relacionados con la oclumancia, sus primeras motivaciones, sus primeros pasos en la universidad... y así hasta conseguir un puesto en el Ministerio.

Se había empapado tanto de tantos recuerdos que cuando llegó al último cuervo, ni ella sabía qué estaba haciendo.  Muchos de los demás pájaros se habían quedado tan confundidos que sobrevolaban el terreno pasivamente, mientras que otros muchos, los cuales habían peleado entre sí, yacían en la nieve sin poder moverse o rotos sobre el manto helado.

Miró entonces a todo su alrededor, aún convertida en eso. No sabía si Alec sí le había conseguido seguir la pista después de todo, pero por si acaso hubiera conseguido confundirle no perdió dicha forma. No pudo ver los pilares de un principio, pero sí que pudo ver las tres lunas. No sabía si dos de ellas eran simplemente insustanciales y no servían para nada, pero ella tenía que arriesgarse a ir a por una de ellas para ver qué escondía allí. Sin embargo, si iba volando iba a alertar que era ella ante su determinación. Así que tras un segundo, focalizó todas sus intenciones en la luna de la izquierda —por intuición eligió esa— y un pequeño estallido apareció muy cerca de allí. Automáticamente, como había sido algo creado por el legeremante y no por el dueño de aquella mente, todas las aves que aún sobrevolaban, volaron hacia allí con el pico de hielo por delante. Sam se unió a ellas, con intención de atacar aquella luna y, por su parte, meterse en el interior a ver qué encontraba.
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Invitado el Miér Ene 25, 2017 10:37 pm

Realmente aquel día su compañera Legeremante se lo estaba tomando enserio, había conseguido ya un recuerdo notorio y estaba claro que la distracción por parte de Alec le haría ganar otros tantos, quizás más superficiales, pero aun así pequeñas victorias para ella y derrotas en parte para él.

Observar como aquellas, sus aves negras de hielo rodeaban a la luz que representaba  la mente de Sam en aquel páramo le regocijaba, sabía que estaban siendo agresivas, ella debía notar la presión que ejercían sobre ella; el juego estaba llegando a su fin. Sin embargo inesperadamente la figura de luz desapareció pasando a formar paso de la bandada que el mismo Oclumante había creado, sus pájaros confundidos comenzaron a atacarse entre ellos, dejándose llevar, sin control alguno. Aquello había sido una buena jugada, no cabía duda alguna, aunque quizás demasiado tarde, pues las tres lunas ahora ocupaban el firmamento.

Estaba tomando la delantera a aquellas aves, pues aunque estas habían conseguido identificarla, ella pasaba de un cuerpo a otro con cada arremetida de ellas. Los recuerdos que iba consiguiendo pasaban por la mente del mortífago al igual que por la de su compañera. Recordó con rabia a su familia, y con dulzura como aquellos elfos los alejaron de él, dándole la libertad que tanto atesoraba. El cambio de cuerpo de Sam era continuo y la oleada de recuerdos era igual de ajetreada que ella, ahora la carta de Hogwarts, para saltar a la selección del sombrero para adjudicar a Alec a Slytherin, sus visitas a la sección prohibida de la biblioteca y el recuero de dos chicas que al igual que él se encontraban por la biblioteca, realmente no estaba seguro de sus nombre, pues no acabó de concentrarse en aquel recuero que la rubia estaba viendo. Por ultimo su carrera como estudiante hasta llegar al Ministerio paso frente a él, de eso estaba orgulloso de ser lo que era y de donde había conseguido llegar, le alegro que ella viera aquello.

Sin embargo aquella locura de recuerdos dio por finalizada, pudiendo observar como la mayor parte de las aves yacían en el suelo y otras tantas sobrevolaban el cielo sin más, como si fuesen simples pájaros y no sus hordas contra la Legeremante. Un estallido cerca de la Luna de la izquierda llamó la atención de todas las aves restante, estaba claro que aquello lo había provocado ella y no pensaba caer en su trampa. Alec dejó que todas la aves siguieran a la que era Sam, para segundos antes de llegar a su destino todas ella se tornaran niebla de nuevo, pudiendo enfocar toda su mente en quien era la intrusa.

Sam estaba muy cerca del objetivo que se había marcado, sin embargo ella misma había guiado sus pasos, sin saberlo, hacia su propia trampa. Las tres lunas resplandecieron, lo que dura un parpadeo, para volverse una de nuevo explotando en el precioso momento en el que su compañera rozo su pico de ave contra su superficie. Los fragmentos en vez de esparcirse se quedaron allí flotando, para tornarse líquidos y dar forma a una figura, aquello que había surgido del tempano de hielo y que echaría a la intrusa de aquel lugar. En escasos segundos se formó aquel hombre lobo de hielo, para tornarse oscuro y comenzar a volverse real en sus mentes, pues el hielo pasó a ser carne y pelo, hueso y fuego.

Bajo la orden de tragarse aquella ave, tragarse a Sam, el lobo se vio lanzado en su dirección, abriendo su amplia mandíbula y devorando a la Legeremante en su interior. Lanzando aquella pesadilla que Alec había creado dentro de la mente de la rubia, recorriendo sus miedos y dejándole claro que debía abandonar su mente, pues ahora era aquel lobo el que rondaba la mente de ella. Toda presión desapareció en aquel páramo de hielo y Alec abrió los ojos, podía observar el gesto incómodo de Sam ante aquello que él le había lanzado en su interior, ahora posó su mano sobre la sien de la chica.

- Ya está Sam, es solo….mi nuevo truco. – Siguió así apoyado, habiendo dirigido ese mensaje tanto a los oídos de ella como a si mente. Esperando que ella sacase a aquel hombre lobo de su mente, pues Alec lo había lanzado allí adentro y ahora estaba fuera de su alcance, pues aquel día él era el Oclumante y no el Legeremante, además, sabía que ella lo sacaría de allí.
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