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Inside out [Sam J. Lehmann]

Invitado el Lun Dic 26, 2016 6:30 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Lunes 10 de Octubre del 2016.
Nublado con probabilidad alta de chubascos, 9°.

Aquella mañana habría dado cualquier cosa por seguir una horas más en la cama, ya era lunes y la vuelta a la rutina era obligatoria, sin embargo aquella noche había sido trágica para el castaño. Las noticias le habían avisado, incluso el mismo se lo había recordado escasos minutos antes de ser engullido por sus acolchadas sabanas rojas, aquellas que le sumieron en un sueño profundo demasiado rápido, no obstante aquel sueño no había sido suficiente para retenerlo allá donde había sido transportado, aquel páramo en las montañas, rodeado de brumas y  misterios, su mente había divagado por el durante horas, recorriéndolo, esperando que aquel castillo surgiese en algún momento, aquel que en lo que dura un parpadeo apareció ante el mortífago, que varita en mano conjuraba la marca tenebrosa, retando a Howl, el mago del castillo ambulante, que para su supresa aceptaba aquel duelo, sin embargo ahí había quedado todo.

Los ojos de Alec se abrieron de par en par, su cuerpo entro en tensión y sin pensarlo siquiera se encontró con la varita en su mano, varita que guardaba bajo su almohada, nunca se era lo suficientemente precavido, o eso pensaba él. La mirada del castaño se relajó y torció su mirada, dejando caer la varita sobre la sabana, dándose cuenta de que Howl no estaba allí con él, simplemente era el viento quien amenazaba con abrir las ventanas de par en par - Imperturbate conjuró, consiguiendo que aquel maldito viento, mezclado con el ruido de la lluvia se detuvieran en seco, dejando aquel cuarto en silencio. Una vez conseguida aquella añorada paz dejo caer su trasero contra las sabanas de nuevo, encendiendo la luz del cuarto de manera manual, a lo muggle vaya, recorrió la estancia lentamente, e igual de lento terminó de desayunar. El tiempo pasaba y era consciente de que no debía llegar tarde, hoy era lunes, el segundo lunes del mes para ser concreto y ya sabía cuál sería su entretenimiento de hoy en el Ministerio de Magia, -Accio polvos flu - ,nada, – ¡Accio polvos flu! – repitió exasperado, estaba claro que hoy no era su día de suerte, Howl había escapado y el tendría que ir en algún momento a comprar polvos flu. Menos mal que el castaño era previsor, poniéndose en pie conjuro la ropa que usaría aquel día, un vaquero azul rasgado y una camisa negra, acentuando su complexión atlética, y sin pensarlo más,  acercó su mano a la chincheta que había clavado en la mesa hace tanto tiempo, viéndose instantes después en su despacho del ministerio, con la mano aun posada en la chincheta que ahora se clavaba sobre la mesa de aquel despacho.

Acababa de llegar, y no llegaba tarde, al menos no demasiado, sin embargo el ruido en aquella segunda planta del Ministerio ya era abrumador siendo tan temprano. Sabía que debía ir al despacho de su compañera, la adorable de Sam, aquella instructora de Legeremancia que en alguna que otra ocasión había estado a punto de averiguar algún oscuro secreto sobre Alec y su lealtad a la causa mortífaga, sin embargo el era bueno, mejor Oclumante que aquella chica, y a la inversa ella mejor Legeremante que Alec, cosa que no admitiría él de ninguna de las maneras, sin embargo era así, cada uno entrenaba a aquellos futuros aurores en campos opuestos de la misma materia, el les ayudaba a ocultar sus pensamientos y ella a colarse en los del resto y por ello cada uno era más capaz en su respectiva especialidad, aunque aquellas sesiones mensuales les sirviesen para pulir sus "carencias", o eso decían sus jefes del Ministerio.

El castaño decidió por fin abandonar el despacho, tras haber cogido el expediente de los alumnos que le tocaban tras aquella sesión con Sam, no quería tener que hacer más viajes innecesarios. A paso ligero recorrió el pasillo que los separaba, parándose un segundo en la sala del café, cargando en una mano dos cafés, uno para él y otro para ella, que seguro habría aparecido hacía bastante en su puesto de trabajo. Ya bajo el marco de la puerta de la instructora no había ni rastro de la rubia en su interior, Alec no pensaba esperarla de pie, no sabría que tardaría en llegar y sin pestañear entró en el despacho, se sentó sobre la mesa de la Legeremante y se dispuso a esperar. Bebiendo lentamente aquel café, observando el orden que imperaba en aquel despacho, demasiado ordenado para su gusto.


Última edición por Alec Parrish el Vie Ene 06, 2017 1:27 am, editado 1 vez
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Sam J. Lehmann el Vie Ene 27, 2017 3:04 am

Había caído en una trampa.

Pero cuando te enfrentabas a un oclumante experto... lo difícil era intentar evitarlas, pues toda su mente podría decirse que era una trampa continua. Los pilares que habían salido en medio de su páramo, las lunas que ocupaban todo el cielo... cualquier cosa podía ser irrelevante y cualquier cosa podría ser importante. Si verdaderamente querías tener un buen dominio de la mente ajena, debías de conocer muy bien a la persona o con un poco de práctica podía vacilarte allí dentro a su merced.

Aún así, Sam se había conseguido llevar varios recuerdos con ella que, al fin y al cabo, es el propósito de un legeremante. No obstante, aquellas lunas significaron el final de aquel confrontamiento mental de una manera totalmente directa y rápida. ¿Cuánto tiempo llevaba preparando esa ofensiva?

De repente, la libertad e intimidad de su mente se vio violada por una presencia que no había sido invitada. Alec había conseguido intercambiar las tornas de una manera tan fácil que a Sam le costó procesar lo que había pasado. Al sentir la enorme presión en su mente fue cuando se dio cuenta de lo que había conseguido su amigo y ahora contrincante. La conexión entre ambos se cortó por completo y ahora solo quedaba parte de su creación en la propia mente de Sam. Se deshizo de aquel enorme lobo de hielo que ahora amenazaba con invadir su cabeza mientras escuchaba las palabras de Alec con los ojos cerrados, concentrándose para ser más eficaz. Segundos después, abrió los ojos para ver el rostro del oclumante justo delante de él.—¿Cómo has hecho eso? —preguntó directamente—. Es la primera vez que alguien me saca de su mente de esa manera. Normalmente lo que siempre me ha pasado es que se corta la conexión porque consigue echarme... pero meterse en mi mente nunca... —Se quedó sin palabras, sorprendida. Estaba contenta por el progreso, aunque pudiera considerarse una derrota para ella—. Se nota que estás mejorando con la legeremancia —le halagó con sinceridad, ya que un movimiento de ese estilo solo podía venir de mano de un legeremante. Sam, por ejemplo, cuando alguien le invadía su mente lo tenía mucho más fácil.

La legeremante se recostó hacia atrás en el sillón, para luego sonreír al recordar el recuerdo que había visto en la mente de Alec, el que más le había llamado la atención porque se había visto a sí misma desde una perspectiva totalmente diferente. Un milagro le resultó que la mente de Alec no hubiese borrado el rostro de Sam debido a la importancia en su vida.—Cuando te conocí siempre pensé que tu nombre me sonaba. Parrish, Parrish... tu apellido me resultaba familiar de algún lado —introdujo divertida la anécdota—. Te he visto indagar por la biblioteca de Hogwarts en uno de tus recuerdos, topándote con dos chicas por el camino. Si no es por ese recuerdo que conservas en el que aparezco de manera fugaz, jamás hubiese caído en que éramos compañeros de curso. Se nota que a ambos nos daba igual relacionarnos con las demás personas del resto de casas, que panda de antisociales estamos hechos... —Bromeó eso último, sonriente, apoyando su codo en uno de los posabrazos mientras esa misma mano sujetaba su cabeza, nostálgica.
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Invitado el Vie Feb 03, 2017 12:38 pm

Había tenido que renunciar a varios de sus preciados recuerdos para llevar acabo aquella estratagema, para poder sorprender a Sam y echarla del páramo de su mente. Todas aquellos actos anteriores a aquel hombre lobo habían preparado el escenario perfecto, le habían dado la confianza suficiente a Sam para creer que podría salir de allí con algo realmente importante, sin embargo llevaba jugando con ella desde que entro en su mente. Aquellos recuerdos podrían haberle parecido victorias, sin embargo para Alec fueron la moneda de cambio para llevar a cabo su ataque.

Realmente aquellas sesiones le encantaban, y aunque aquella hubiese sido bien planeada por el Oclumante, la fuerza de Sam aquel día parecía mayor, estaba claro que la noticia de aquel viaje había reforzado sus habilidades y a su vuelta sería mucho más fuerte.

Las muecas en el rostro de la rubia reflejaban la presión y la sorpresa que debía estar sintiendo en su mente, pues dudaba que esperara un contra ataque como el que había preparado aquel día, había usado su nueva técnica contra ella y le había salido la mar de bien. Sin embargo ella era buena, y él lo sabía, por ello no taró demasiado en verla abrir los ojos y empezar a interesarse por aquello. – Es mi nuevo truco, y los bueno magos no desvelan sus secretos, ¿no? – se hizo el interesante. – sin embargo imagínatelo como un boomerang, las fuerza que tu proyectabas la aproveche para echarte de mi mente y lanzarte un retazo de la mía a tu interior. Además es más efectivo si conoces los miedos de la otra persona, como ya has podido comprobar. – Estaba claro que pese a haber perdido su curiosidad seguía siendo la misma, pues realmente para aquello estaban allí para aprender y mejorar el uno del otro. - Así que no se si podría considerarse Legeremancia, ya que simplemente con mi resistencia a ti he lanzado al lobo y ahí lo he dejado, yo no he tocado tu mente. Quizás hasta deba ponerle un nombre a esta nueva técnica – dijo esto último sin poder evitar una risa floja, aunque realmente lo estaba pensando enserio. Aquella nueva habilidad le serviría, y mucho, de ahí en adelante.

Alec se acomodó imitando a su compañera, estirando las piernas y los brazos que tenía algo entumecidos aun del tiempo que había estado sin moverse, escuchándola y escudriñando aquellos recuerdos a los que parecía hacer referencia. – Bendita tu lucidez, ya que a mi tu apellido nunca me dijo nada – torció la sonrisa, en gesto de falsa disculpa por no haberse dado cuenta de aquello. – Si, yo era mucho de colarme por allí, creo que en aquel entonces fue cuando me empecé a interesar por la Oclumancia y me atrevería a decir que me decidí a estudiar la carrera para acabar aquí. - estaba orgulloso de lo que había conseguido, ser un notorio oclumante. Y bueno, todos esos años de carrera y los siguientes en el Ministerio habían hecho que sus dotes para la Legeremancia también aumentaran, pues la carrear en si incluía siempre ambas artes, ambas caras de la misma moneda. -  Quién nos iba a decir que nosotros, ese par de antisociales que nunca se llegaron a dirigir la palabra acabaríamos aquí, siendo compañeros y entrando en la mente del otro una y otra vez, las vueltas que puede llegar a dar la vida, eh, Sam. – apoyó su pequeña broma sobre lo antisociales que habían sido antaño, incluso le daba algo de razón, pues el al menos nunca la habría ubicado a ella con ese recuerdo. – Pero bueno…aquí estamos. ¿Tienes algo que hacer ahora o te retiraras a casa cuando nos dé por salir de aquí? – Le preguntó, pues no sería la primera vez que tardaban un buen rato en salir de aquella sala tras su entrenamiento, realmente aquel lugar les gustaba más de lo que admitirían.


Última edición por Alec Parrish el Miér Feb 08, 2017 12:28 pm, editado 1 vez
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Sam J. Lehmann el Miér Feb 08, 2017 1:15 am

La legeremante se había quedado obnubilada por lo que había conseguido hacer Alec. Rara vez ninguna persona le había conseguido sacar de su mente, mucho menos devolverle un ente mental conformado en su propia mente. Había sido alucinante y todavía podía verse en el rostro de Sam su visible sorpresa ante aquel acontecimiento. Evidentemente preguntó que cómo lo había hecho, pero su amigo al principio se hizo el interesante. ¿Desde cuánto habían tenido secretos de ese estilo? Samantha lo miró con cara de circunstancia, para luego atender a sus aclaraciones.—Entiendo... aprovechas que bajo la guardia en mi propio campo para cambiar las tornas. Es complicado de entender... parece una idea abstracta de imposible resolución y mira, la has ejecutado de una manera brillante. Mi más sinceras enhorabuena, Parrish —dijo con orgullo en su voz. Eran de ramas diferente, pero en el fondo ella se consideraba un equipo. Al fin y al cabo, se ayudaban mutuamente y siempre intentaban mejorar tanto individualmente como colectivo.—Habrá que estudiarlo, porque aunque no hayas entrado en mi mente, has conseguido crear algo en la mía. Posiblemente tenga mucho más de oclumancia que de legeremancia, pero no sé...

Ella siempre había sido bastante atenta en cuanto a las personas se refería, si bien a Alec no lo reconoció fue porque probablemente jamás hubiesen intercambiado una palabra en Hogwarts, pero aún así pasó con él siete años en la misma clase y un rostro y un apellido siempre suenan aunque sea solo un poco.—Yo igual —respondió contenta cuando dijo que se colaba en la zona prohibida de la biblioteca para aprender sobre la oclumancia, aunque en el caso de Sam era justo lo contrario—. Al final el Slytherin y la Ravenclaw empollona no eran tan diferentes. —Sonrió con cierta nostalgia por sus años en Hogwarts—. La verdad es que si en su momento me lo hubieras dicho, hubieras sido el último en el que colocaría en ese asiento en el que estás sentado, pero solo porque no te conocía de nada.

La jornada laboral acababa de empezar, por lo que Sam no iba a poder irse a casa después de salir de allí. Quizás Alec había tenido el turno de noche y después de eso se iba a dormir a su casa, pero a la legeremante le quedaban unas cuantas horas de trabajo por delante.—Aún me quedan horas para irme a casa. ¿Tú tuviste turno de noche? —preguntó con curiosidad—. Yo... creo que voy a ir a desayunar a la cafetería algo. Tanta actividad mental me abre el apetito. ¿Te unes? —le preguntó amablemente mientras se ponía de pie y se colocaba la falda que tenía de manera elegante y bastante formal—. Así podrás contarme el por qué de tu ser antisocial en Hogwarts y lo que te motivó a interesarte por esta rama. Yo me sentía incomprendida en Hogwarts cuando decía con tanta seguridad que quería dedicarme al estudio de la mente y del control mental. Me miraban raro. —Se rió risueñamente, saliendo por la puerta de aquel habitáculo.
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Invitado el Lun Feb 13, 2017 9:43 pm

Estaba claro que había logrado sorprender a Sam en aquella sesión, la mandaría a Egipto pensando en todo aquello, aunque seguro que ella le sorprendería mas adelante con todo lo que allí aprendiera. Aquel rostro de sorpresa le dio pie para no confesarle tan rápidamente su pequeña jugada, no tenían secreto entre ellos en aquel sentido…el arte de la mente era algo que les unía mucho, sin embargo nunca le dejaría profundizar hasta aquel agujero negro que se encontraba en el páramo que tantas otras veces había explorado la Legeremante. – Exacto… realmente tienes razón y es extraño de explicar…como una onda de fuerza con la que te hecho y que sigue hacía delante, hacía tu mente hasta ser disipada – ejemplificó aquello de otra manera – Y gracias Sam, muchas gracias. – esbozó una sonrisa de orgullo ante las palabras de su compañera. Realmente formaban un buen equipo, y le apenaba no poder compartir todo con ella, podrían estar en el mismo bando y no saber nada el uno del otro, a veces aquello le parecía absurdo, sin embargo aun no era el momento de enterrar las mascara y dejar aun lado el anonimato. – Pues sí, me da que esto nos dará mas de un dolor de cabeza entre estas cuatro paredes. Además, cuando vuelvas del desierto se nos sumará mucho más que estudiar, así que más nos vale dejar hueco en nuestras cabezas – rió sonoramente. Tenía claro que aquello era Oclumancia, pues no había pronunciado en ningún momento aquel hechizo, “Legeremens”, para colar aquella creación de su mente en la cabeza de Sam.

Quién le habría dicho que acabaría allí, trabajando codo con codo con aquella antigua Ravenclaw, no es que nunca se hubiera relacionado con alumnos de otras casas, aunque ciertamente no era lo más normal en él, sin embargo allí en la biblioteca prohibida si se había fijado en más de un alumno que se colaba como él – La verdad, visto lo visto, creo que la biblioteca de “prohibida” no tenía nada, eh – gesticuló el nombre de la biblioteca poniéndoles comillas con los dedos, pues realmente él no era el único que se colaba allí, muchos alumnos acababan rondándola sin permiso…eran realmente ingeniosos. – Vaya, una pena no haber coincidido antes. – Amplió su sonrisa de manera sincera – abríamos hecho Londres nuestro en una simple noche de fiesta. Hubiéramos sido Slytherclaw...suena bien, ¿no? – no le dejó tiempo para contestar siquiera. – Si definitivamente suena genial. – rió unos instante mientras pensaba en que tras aquella sesión aun tendría que encargarse de ciertos asuntos fuera de aquellos muros del Ministerio.

No estaba seguro de cuando habría llegado Sam al Ministerio, si bien la había visto al llegar aquella mañana, podría perfectamente haber pasado la noche allí. – Oh, para nada. Hoy solo he venido para nuestra sesión, reclaman mi presencia en otros asuntos el día de hoy… - se hizo el misterioso – Así que tengo que rechazar tu oferta para desayunar. Descansaré la mía – se señaló la sien – por el camino, ya te contaré. – Acompañó el gesto de su compañera, poniéndose en pie y esturando ahora sus piernas. – Me da que tendremos que dejar esa charla para otro día. Pero que no se te olvide, yo haré por recordarlo y cuando quieras podemos ir a enseñarles modales a aquellos que te molestaron. – Le dirigió una sonrisa sincera a su compañera, realmente le ayudaría a castigar a aquellos que la molestaron, sin embargo la discreción previa a lo que acontecería era necesaria. – Hasta mañana Sam, que vaya bien el día. – Se despidió de ella para salir corriendo dirección a su despacho, para volver a su casa a través de aquella chincheta que le había traído hasta allí y encaminarse hacia aquel asunto que precisaba su presencia.
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