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Retrouvailles [Apolo Masbecth]

Invitado el Sáb Ene 07, 2017 4:19 pm


Casi dos semanas habían pasado desde aquel glorioso día para el omnimonioso colectivo mortífago; el Ministerio había caído y Dumbledore tuvo que huir de Hogwarts al querer conservar su vida, aquellas victorias acompañadas con todo el caos que había acontecido la batalla de Hogsmeade los había llevado a la culmen de la cadena alimenticia, dejando de ser los cazados para convertirse en los cazadores.

Aquellos compañeros que en el pasado se habían visto obligados a vivir tras los barrotes de Azkaban disfrutaban de la libertad que les había sido arrebatada, cediendo aquellas celdas a los que ahora las requirieran. Antiguos guardianes de la prisión se encontraban ahora siendo presos, sin embargo aquello no cesaba allí, a diario nuevas tandas de presos eran llevados a aquella abrupta cárcel, otros no corrían aquella “suerte” pues su destino era destinado a los más antiguos guardianes de Azkaban, los Dementores, que ponían fin a sus vidas haciéndoles sentir las personas más desgraciadas del mundo, arrebatándoles cualquier ápice de felicidad antes de cerrar los ojos ante la muerte.

Aquel inicio de año se había dado bajo la atenta mirada de de los mortífagos, teniendo a su Señor Tenebroso como líder de todo aquello que había acontecido y de todo lo que estaría por llegar aquel 2017. Aunque aquella vista era preciosa, la rutina en su puesto del ministerio en vez de verse paralizado se había multiplicado sin remedio, interrogatorios previos a los juicios por robo de sangre y crímenes contra la sangre se daban día sí y día también y para la alegría de Alec el era el interrogador principal en la gran mayoría de ellos. La ausencia de su compañera, la instructora de Legeremancia, se hacía de notar y todo aquello que podría dividirse entre ambos se lo tenía que comer el castaño,  que realmente en gran parte de los interrogatorios disfrutaba haciendo sufrir a sus víctimas hasta que sacaba de sus mentes todo aquello valioso para ellos y para enjuiciarlos de la manera debida.

Al menos aquel primer día del año le consolaba recordar que la tarde del día siguiente una copa de buen alcohol reposaría en su mano en compañía de su amiga Abigail, la nueva Ministra de Magia tras derrocar a su antigua jefa. Sin embargo aun quedaba pasar el día actual y  no era su pretensión pasarlo entre sabanas; aquella mañana sus compañeros, antiguos presos de Azkaban, habían propuesto celebrar su puesta en libertad en el Caldero Chorreante y el castaño no había tardado ni un segundo en apuntarse al plan.

Apareciendo en la entrada del restaurante del Caldero Chorreante, había visto llegar uno a uno a sus compañeros de batalla hasta ser un total de cinco mortífagos hambrientos y sedientos. Aquella reunión dio su comienzo en la barra, donde iban y venían las copas de buen alcohol, las risas y puntuales discusiones era las que llevaban el compas de aquel encuentro, llevaban tiempo sin poder reunirse y el camarero no parecía dispuesto a rechistar. Tras la odisea de la barra el hambre hizo acto de presencia, un estómago tras otro rugía reclamando la ingesta de alimentos, cosa que desato la risa de sus compañeros, que tras exigir una mesa en el local pidieron si no todo casi todo lo que en la carta se podía leer; aquella cantidad de comida era ingente, sin embargo desaparecía entre historias sobre sus años en prisión e historias mías sobre todo lo que había acontecido durante aquellos años fuera de sus muros. Las horas habían transcurrido como segundos, y sus cuatro compañeros habían bebido todo lo que no habían podido durante su estancia en Azkaban, marcando las manecillas del reloj casi las cinco de la tarde. – Chicos, es hora de que os vea desaparecer de aquí – les riñó con guasa, aunque hablando en serio, - no pienso ser yo quien os acabe llevando a casa, así que… ¡todos a la chimenea! – acabo de decir, alzando de voz. Sus compañeros le hicieron caso entre risas, y peticiones de más alcohol, sin embargo no permitiría que probasen ni una gota mas, ya era suficiente por hoy. Introduciéndolos de uno en uno en aquella chimenea conectara a la Red Flu les hizo regresar a sus casas, o despachos en su defecto, para que durmieran, pues sabía que ellos faltarían al día siguiente a sus obligaciones.

Tras ver desaparecer al último de sus compañeros, - Un café con leche – ordenó, dirigiéndose a las mesas de menor tamaño, posando su trasero sobre aquella acolchada silla desde donde observaba la puerta del local a escasos metros. El café no tardo en llegar, bien caliente, el olor a café despertó los sentidos del castaño, dando un primero sorbo; dejando la taza en la mesa sondeo su alrededor, en aquel momento pocas mesas estaban ocupadas además de la que él había tomado como suya, centrando su mirada en unos niños que jugaban con la comida unas mesas a su derecha, no sabía si le gustaban o no lo niños pero le parecían graciosos. Su pensamiento se vio interrumpido al sentir como la puerta del local se abría para luego cerrarse de golpe, debía hacer viento fuera, centrando su vista en la persona que entraba; aquel color de iris y aquellas facciones le recordaban a un antiguo compañero universitario, sin embargo no recordaba la barba que tenía delante y creía recordar que llevaba el pelo mucho más corto.

La mente de Alec empezó a buscar entre sus recuerdos, claramente era más que parecido a aquel chico, Apolo, por fin daba con su nombre, aquel primer y único encuentro más que privado inundo la mente del mortífago. Alejó aquel pensamiento, quizás se estaba equivocando, o aun acertando quizás él ni le recordaría, lo más probable pues de aquel tinte rubio que usaba en la universidad actual, y natural castaño, había un bien trecho. - ¿A-Apolo? – preguntó, dirigiendo su mirada al chico desde su mesa, poniéndose en pie. Sopesando que creía haber visto al chico en algún momento más reciente, aunque no sabía ubicarlo, demasiadas dudas para no ser aclaradas.

Off: quizás muy largo(?) Seré mas escueto en adelante, que siempre me emociono con el primer post jajaja


Última edición por Alec Parrish el Lun Ene 09, 2017 3:00 pm, editado 1 vez
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Apolo Masbecth el Dom Ene 08, 2017 3:00 pm

El año viejo fue toda una montaña rusa de acontecimientos, con sus subidas y bajadas, encuentros, rompimientos, sorpresas, muertes, sangre y tortura fueron cosas que conformaron los 365 días del año para el rubio, quien satisfecho dio la bienvenida a un nuevo comienzo, un año que promete bastante y del cual no puede esperar pues siente que puede comerse al mundo, sobretodo después de la victoria que tuvieron los mortífagos un par de semanas atrás. Desde aquel entonces todo cambió, ya no estaba escondido tras una máscara, ya no tenía porqué temer a las represalias de contar al mundo sobre sus creencias y hacia quien jura lealtad, no más. Sintiéndose un hombre nuevo, como si un peso fue levantado de su cuerpo, ligero como una pluma, con la frente en alto, seguro de que ellos consiguieron la victoria y un nuevo régimen se vivía en el mundo mágico de Inglaterra.

Con su esposa como la nueva ministro las cosas cambiaron. Si antes no podía verle tanto como deseaba, dado los acontecimientos recientes era casi imposible, pero lograba hacerse un poco de tiempo para verla aunque fuese cinco minutos antes de las reuniones con el gremio de seguidores del señor oscuro. Se habían reunido la noche vieja para recibir el año, incluso su hijo estuvo con él por las vacaciones, aunque el pequeño se mostraba reacio a tener un padre mortífago, no le impidió pasar las fiestas de fin de año con él.

La mañana siguiente los Masbecth se reunieron en la gran mansión, era inicio de año, se podía percibir en el ambiente una mezcla de júbilo, respeto y temor. La mayoría de los hijos ahí reunidos habían logrado derrocar al ministerio de magia y el patriarca quien no expresaba sus creencias en público ahora se encontraba orgulloso de ellos. Naturalmente el mayor de los hermanos no hizo acto de presencia en aquella reunión pues no compartía sus ideales.

Al llegar la tarde, uno a uno se fueron dispersando cada quien a sus compromisos. Inclusive  Ícaro pues uno de sus amigos le invitó a pasar una semana esquiando, su padre no opuso resistencia, era gente que conocía muy bien y que comparten ideales. Eso le dejó la casa solo para el rubio y los elfos domésticos, quienes no eran la compañía ideal para un momento de celebración. Decidido levantó el culo de aquel sillón, dejando el vaso con cognac sobre la repisa y se colocó un abrigo largo en color azul cobalto. ¿A donde iría? Aún no lo sabe. No tenía planes, los tuvo la noche anterior pero no ahora.

Al salir de la mansión se esfumó dejando una nube de color grisácea para segundos después aparecer justo en Hogsmeade. Ahí, un grupo de hombres ebrios en plena calle cantaban una canción sobre lo sucedido en el ministerio. Se acomodó el cuello de su abrigo hacia arriba cubriendole medio rostro pues estaba nevando y el no es muy ameno al clima helado. Caminó sobre la nieve buscando un sitio donde refugiarse y al ver el caldero chorreante no lo pensó dos veces, dentro tenían una enorme chimenea y lo que es más importante, alcohol.

Le pareció extraño no ver demasiada gente en un lugar tan concurrido, pero por otro lado tampoco lo era, muchas personas se escondían tras haber sido derrocados, otros huyeron y otros simplemente temían por sus vidas ahora que el señor tenebroso estaba a cargo del mundo mágico. Se dirigió directo a la barra cuando escuchó la voz de un hombre llamándole por su nombre. Se detuvo un momento, no era de extrañar que alguien le reconozca, ya que ha salido incontables veces en revistas del corazón y por si fuera poco en ediciones recientes del profeta, relacionado a los ataques al ministerio. Giró el rostro despacio hacia su izquierda, encontrandose con un hombre de facciones marcadas, joven, pero que de buenas a primeras no logró identificar por nombre ni relación de donde le conocía, sin embargo le resultaba un tanto familiar, no se le olvidan los rostros y ese era uno que ya había visto.

- El mismo - responde con un tono de voz grave y seco, mirando a su alrededor, donde algunas personas observan el encuentro y otras asustadas se refugian en sus mesas sosteniendo sus tarros de cerveza, preocupados. Sonríe y da unos pasos hacia el hombre que le ha hablado y se retira el guante derecho dejando al descubierto su mano calentita y la estira.  - ¿Y tu eres? - sonríe para luego aclararse la garganta  - Tengo la garganta seca, ¿vas a quedarte ahí o me invitarás un trago? -
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Invitado el Lun Ene 09, 2017 5:43 pm

El día había empezado como otro cualquiera, podría haberse visto atrapado por sus sábanas, como tantas otras veces le había pasado, pues Alec tenía esa debilidad, por llamarlo de alguna manera, cuando sus suaves y calientes sábanas le tocaban se veía “obligado” a corresponderles, vamos que era fácil hacerlo entrar en la cama bajo la promesa de que estaría caliente ahí dentro, en contra del frio que imperaba en Londres. Sin embargo aquel día, su voluntad había ganado a sus capacees sábanas, con ayuda de la propuesta de sus compañeros se había convencido de que aquello sería mucho mejor que dejar pasar el día en la cama, y no pudo estas más acertado en su elección.

La mañana había pasado en un instante, como si las manecillas del reloj se vieran trastocadas por alguien capaz de manipular el tiempo y acelerarlo de manera imperceptible. Las historias de sus compañeros, sus amigos, sobre sus días en Azkaban eran el plato principal de aquella reunión, aunque las copas que las acompañaban ayudaban a que esas historias se volviesen mas levaderas y las risas surgieran sin más, como si todo aquello fuese de los más gracioso pues realmente estaban celebrando su libertad, nada les aguaría la fiesta. Habiendo abandonado la barra para tomar en posesión una mesa para ingerir algo más que líquidos, las historias seguían pero imperó sobre todo el cómo habían conseguido, ellos, los mortífagos planear un golpe tan preciso y de efecto tan eficaz como se podía comprobar; habían logrado hacerse con el control del mundo mágico del Reino Unido, una hazaña que resonaría a lo largo de la historia, no cabía duda.

Sin embargo aquella reunión no podía durar eternamente, pues aunque Alec estuviera acostumbrado a beber, sus compañeros llevaban demasiado tiempo sin hacerlo y aquellas copas le estaban subiendo mucho más rápido que a él. La realidad se confirmó cuando sus compañeros parecían caerse de sueño, entre lo borrachos que iban y lo rellenos de comida que estaban, siendo Alec el que los acompañó hasta la chimenea y los obligo a marcharse usando sus polvos Flu. Aquella locura parecía haber terminado, y aquel café que acababa de probar pondría fin a la ingesta de alcohol que había comenzado desde el medio día, o eso creía él.

Verle a él, o al que esperaba que fuese el, lo dejo atónito en el sitio, sus recuerdos sobre el que esperaba que fuese Apolo realmente se remontaban a sus años de universitario, donde lo recordaba un tanto distinto; al igual que Alec había cambiado, pues aun recordaba ese rubio que tanto le gustaba llevar cuando aun estudiaba, vaya pintas ahora que pensaba en ello.

La confirmación de que el chico que tenía delante se llamaba Apolo llegó a los oídos del castaño, aquello confirmaba casi al cien por cien que había acertado, sin embargo podría haber más personas que se llamaban Apolo, un nombre no muy común, pero cabía la posibilidad. El frió que se coló al cerrarse la puerta llegó en ese momento al cuerpo de Alec, que al estirar la mano para responder al gesto del rubio sintió como un escalofrió le recorría todo el cuerpo ante el cambio de temperatura que le presentaba la mano del chico. – Alec, ese soy yo – dijo con torpeza, no entendía por qué no hablaba con normalidad, parecía estúpido; en ese instante, para ver si el rubio era quien pensaba que era, llevo su mano libre a su varita para de manera mental conjurar un "Legeremens" y colar una imagen suya de joven en la mente del otro. – ¿Solo uno? – preguntó de manera irónica, recobrando la entereza, clavando la mirada en los ojos del otro mientras soltaba su mano y se adelantaba hacía la barra.

- Dos chupitos de absenta, - reclamó al camarero – una copa de vodka para mi,  y otra de lo que quiera él – señaló al rubio con una sonrisa en los labios, confiando en que aquel rubio fuese el Apolo que recordaba, mas si no lo era aquel otro Apolo era realmente atractivo y una copa mas no le iba a matar, menos mal que toleraba de maravilla el alcohol. Observaba como se acercaba el otro, esperando que aquello que le hubiese mostrado le recordara quien era él.

Off: ahí tienes un enlace en la palabra "rubio", cuando hablo de Alec, para que veas lo bien que le sienta su color natural en comparación JAJAJA
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Apolo Masbecth el Mar Ene 10, 2017 10:24 am

- Eso depende de que tan buena compañía seas - habla con el tono de voz grave, la verdad es que le parecía familiar pero no por conocerle significa que le interesa pasar el resto de la tarde bebiendo con él, un trago era una oportunidad para saber quién tenía delante. Lo que no se imaginaba era que el hombre estaba utilizando una artimaña digna de alguien como un mortífago o quien quiere sacar la verdad. - Pues Alec, ¿dónde está ese trago? - dice esbozando una sonrisa a medias, su rostro mostraba interés en lo que el otro podría decirle y este cambió a uno de interrogación pues a su mente vinieron recuerdos en forma de flash, teniendo así la imagen de aquel hombre un poco más joven, años atrás cuando tenía el cabello amarillo.

No cabía duda que sus sospechas eran ciertas, si le conocía de sus momentos universitarios, incluso compartieron algún momento de intimidad ahora que lo recordaba pero nunca fueron más que unos conocidos y le perdió la pista tras salir de la universidad y dedicarse a lo que ama, los dragones. No supo porque no permanecieron en la mesa donde Alec estaba momentos antes pero le siguió hasta la barra. Se veía un poco más adulto pero esa quijada y esas facciones seguían siendo las mismas. Moviendo uno de los taburetes dejó caer su peso sobre este y entonces llamó la atención del cantinero. - Yo quiero un martini de ginebra, extra seco - el chico asintió y se puso a ello, mientras el rubio aprovechaba para mirar a su acompañante.

- Te ves más apuesto sin esos pelos artificiales, la edad te va sentando bien, ¿no solías ser más bajo? - preguntó sonriendo, pues meterse con él se le antojaba divertido. - Si, sabía que ese rostro me resultaba conocido, nunca olvido uno - asegura confiado, en ese momento el cantinero les dio sus bebidas y el rubio levantó su copa para brindar con el otro hombre. - Por el reencuentro de dos ex compañeros a - afirma chocando su copa con la contraria. Lo que no tiene idea es que también son colegas pues ambos son mortífagos.

- ¿No te parece que se respira un ambiente exquisito? Terror, desesperación, respeto? Estamos mucho mejor ahora, por lo menos las ratas se han ido a su escondite y han dejado a los gatos salir a jugar - dice divertido dando un sorbo a su bebida. - ¿Para que bando estas? - pregunta de forma directa, sabe que no debe ser tan estúpido para ser del lado perdedor y estar junto a un mortífago, pero le interesa saber la respuesta.

Apolo podría hablar de pertenecer a las filas del señor tenebroso sin preocuparse por ser atrapado, tras años de esconderse le tocaba ahora sentirse orgulloso de serlo, por eso mismo ya no ocultaba más su marca tenebrosa como hacía antes. Dejó su abrigo sobre la barra, dejando entrever sus brazos.
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Invitado el Mar Ene 10, 2017 11:49 am

Claramente no sabía con quien estaba jugando, ni donde se estaba metiendo, pues si acertaba en lo que casi era una certeza para Alec no pensaba perder el tiempo, recordaba que Apolo se marcho a viajar, creía recordar algún tema de dragones, pero no recordaba exactamente el que.

-Te aseguro que no vas a sentirte defraudado, no si depende de mí – siendo sincero y dejando claro que no pensaba dejarlo marchar tras una copa, realmente tenía que ser él pues todo encajaba y aquella cara era la del Apolo que tenía en su mente, más atractivo incluso con su nuevo look. – Dale tiempo al pobre chico, - sonrió de manera jovial – que no todo es cosa de magia – contestó, echándole una mirada al camarero para que se diera prisa, como mínimo con los chupitos.

Su recuerdo ya debía rondar por la mente del rubio que tenía delante, esperaba que de buenas a primeras pensara que era un recuerdo suyo, pues había sido lo más sutil posible al dejar caer aquella imagen de si mismo; se recordaba en aquel entonces y no podía creer como se había echado tantas veces aquel tinte rubio sobre el pelo, con lo bonito que lo tenía ahora, cosas de la edad. Teniendo al chico sentado junto a él el camarero ya tenía todas las comandas por el momento, esperaba que no tardase mucho en llegar.

- Pareces haberme leído la mente, lo mismo he pensado yo al recordarme con ese tinte rubio. -Y realmente tú te ves mejor ahora, me gusta tu nuevo peinado– pensando en lo bien que se sentiría tenerlo entre los dedos, poniendo los ojos en blanco al escuchar aquello último – Mas bajo… quizás, o será que tú has empequeñecido – siguiéndole la broma, le gustaban esos piques, le recordaban a sus años de universidad. El camarero irrumpió con las copas y no quedo otra que seguir al rubio – Por el reencuentro, y que esto no acabe aquí – añadió Alec, rozando su rodilla contra la de Apolo, un gesto que no tendría que ser interpretado de manera concreta, mientras pensaba en como el chico creía haberlo recordado por sí mismo.

- Si esto te parece exquisito tienes que venir un día al Ministerio, allí si se puede respirar el caos que todo este cambio ha provocado. Los gatos mandamos como dices y yo me encargo de sacarle a las ratas todo lo que deseamos – contestó sonriente, imitando al rubio y dando un trago algo sugerente a su copa, lamiendo los restos de alcohol que manchaban sus labios.

Aquella pregunta tan directa podría haber sorprendió a Alec, sin embargo al ver como la marca tenebrosa estaba tatuada en el brazo de Apolo lo entendió todo, excepto como no se habían reencontrado antes siendo ambos mortífagos. – Me da que compartimos gustos – dijo acortando las mangas de su camisa negra, hasta llegar a los codos de ambos brazos, mostrando la marca que ambos compartían – No puedo creer que sea ahora cuando nos encontremos – resopló – Yo estuve en la conquista de Hogwarts, fue realmente asombroso verlo caer, ¿Dónde estabas tú? – Si hubiese estado allí debería haberle visto, aunque no había sido aquel el único lugar donde el caos se había desatado. – Además, donde has estado metido todos estos años….siendo mortífagos los dos no entiendo como hemos estado tan separados – apoyando ligeramente el peso de una mano sobre la rodilla del rubio, aquello le parecía increíble; tener tan cerca a alguien y no encontrárselo hasta coincidir en un bar, increíble.
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Apolo Masbecth el Miér Ene 11, 2017 2:06 pm

Si hay una cosa que el mortífago puede hacer bien es juzgar a las personas, así como darse cuenta de todos los detalles siendo alguien observador le viene natural. No dijo nada de momento, escuchando cada una de las palabras que salían de la boca contraria. Creyó que aquello era una jugarreta del destino. Que estupidez no haberle visto antes siendo que al parecer compartían muchas cosas, el bando principalmente, eso era para que se encontrasen alguna que otra vez en las reuniones, ¿o no? Observando en silencio cada centímetro de aquel chico quien ahora se había revelado como otro mortífago se dio cuenta que tal vez si que lo vio en las reuniones pero a simple vista no se dio cuenta, ¿cómo hacerlo? La mayoría siempre se ocultaba ya que no querían ser revelados o descubiertos ante la sociedad mágica ya que eso les traería repercusiones, tal es el caso de Apolo.

- Es simple, ambos tendríamos que usar máscaras en las reuniones, al menos yo si lo hacía, por eso no te había visto - era lo más lógico que podría ocurrírsele en esos momentos, ya que de no ser así entonces significa que son tontos. Sonrió ante el gesto de ser halagado, le gustan los halagos y toda su vida los ha recibido.  - Te aseguro que no hay nada pequeño en mi - dice serio para luego esbozar media sonrisa, en respuesta a su comentario.

- ¿Hogwarts, eh? Debió ser algo digno de verse, algunos profesores son buenos en duelos, mi hermana estuvo ahí [ - comenta haciendo referencia a una de tantas que tiene, de hecho otros dos trabajan como profesores ahí y si Odiseo habría salido lastimado durante la batalla no sería una gran pérdida, para él mejor que así fuera pero no era el caso.  - No, yo estuve en el ministerio. ¿No lees los periódicos acaso? - comenta no enojado, solo haciendo una pregunta honesta y con el tono de voz calmado.  - Ayude a infiltrarnos en el ministerio, retuvimos a las personas dentro, trabajadores, aurores, para que no pudieran avisar al exterior y logramos hacernos con el, mi esposa ahora es la nueva ministro, así que eso me hace ¿que? el esposo de la primer ministro supongo - suelta una pequeña risa para luego dar un sorbo a su bebida.

- Maté a algunos, y encarcelé en Azkaban a otros, la muerte es algo muy piadoso para algunos, ¿no crees? - pregunta al mismo tiempo que hace una seña para que el cantinero le sirva otra bebida igual, que por supuesto pagaría el ex rubio y no por no tener dinero, sino porque la invitación fue hecha.  - Y respondiendo sobre a donde me he metido, pues he viajado por todo el mundo desde que me gradué de la universidad, son los beneficios de tener un trabajo como el mio - y sobretodo uno que le apasiona tanto y que no ve como un trabajo pero si como algo que ama hacer.

- Entonces por lo que dices trabajas en el ministerio, ¿en que departamento? Tengo muchos amigos ahí y a ti no te había visto, es extraño también, aunque pensándolo bien no tanto, tomando en cuenta que corres con suerte si duras el año sino te han matado o peor - dice haciendo memoria de cómo entra y sale empleados constantemente en el ministerio debido a que pueden ser empleos riesgosos.
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Invitado el Miér Ene 11, 2017 9:51 pm

Alec no podía creerlo, en su momento lo había tenido a su lado y viéndose separados por los viajes del rubio sus caminos se vieron separados, entre otros motivos, claro estaba. Sin embargo su mente no podía procesar como con lo poco que le había costado ponerle nombre al rubio nada más verle entrar por la puerta del Caldero, nunca le había reconocido en tantas otras veces que se habrían cruzado, vaya serie una locura pensar que nunca antes habían coincidido, estaba claro que las palabras de Apolo tenían sentido pero aquello no reconfortaba al mortífago. Le cabreaba la idea de haber estado tan ciego al tener a alguien que conocía delante de sus narices y no haber sido capaz de identificarlo, además si se tratase de otra persona aquello sería diferente, sin embargo quien tenía consiguió en su momento derretir el paramo de hielo que era su mente, cosa que pocos habían conseguido.

- Simple, pero absurdo a la vez. Estoy seguro de que ahora te reconocería incluso con la máscara puesta, – le miraba fijamente a los ojos -  pero bueno, ahora eso no será necesario. – contestó sonriente, sabiendo que lo que decía se había convertido en una realidad y no se verían en necesidad de ocultarse ante ojos de nadie ni un día más. – Oh, tendrás que demostrarlo entonces. Como dicen los muggles “perro ladrador, poco mordedor” -  le guiño un ojo mientras imitaba el ladrido de un perro, divertido para sonreír ante su propia ocurrencia.

- Y si, el mismísimo Hogwarts – confirmó, recordando como cayeron sus defensas ante el ataque de sus compañeros, aquella visión había sido un privilegio, - ¿Una hermana? No sabía que tuvieses alguna hermana mortífaga – curioso el dato, como mínimo. Tendría que averiguar quién era ella, quizás incluso ya la conocía y nunca la había ubicado. - ¿Él periódico? – Preguntó sarcástico – Lo único que leo estas semanas son mentes ajenas – rio, siendo totalmente sincero, la verdad es que no tenía tiempo, ni ganas, para leer más cosas tras pasar por el interior de tantas cabezas. Sin embargo aquello que salía de los labios del rubio le golpeo sin poder evitarlo, no podía creer lo que acaba de escuchar, le entraron ganas de sondear la mente de Apolo, pero se resistió a hacerlo, en aquel momento no sería nada discreto, y mucho menos sutil. – Esposo…-consiguió decir - ¿Esposo de Abi dices? – Instintivamente la mano que apoyaba en la rodilla de Apolo se tensó, sin embargo consiguió preguntar, pues aquella declaración le había dejado estupefacto. ¿Cómo era que Abi no le había hablado nunca de aquello? Si Apolo era suyo, no tenía claro si sería inteligente intentar reencontrar aquello que en algún momento unió a los mortífago, sin embargo se decidió a esperar, aquello tenía que tener alguna explicación.

- Lo creo tanto que dejé petrificado y encadenado a un árbol a uno de los alumnos de séptimo que tuvo la insensatez de retarme. – Terminando de un sorbo lo que le quedaba de copa, y levantando el chupito que aun seguía en la mesa – Mi favorito, salud. – tragó de golpe aquel chupito de rica absenta, tras chocar el vaso con el del rubio – Aun me imagino al chico atado al árbol, pobre insensato- rió, recogiendo una gota que resbalaba dirección a su barbilla con la lengua. – Tendría que haberme vuelto loco y haber volado contigo y tu locura por los dragones – confesó recordando la pasión que Apolo sentía por ellos – ¿tienes alguno por aquí cerca? Me encantaría que me los presentases algún día. – insinuó, pues la verdad siempre le habían parecido criaturas fascinantes, y quien mejo que el rubio para mostrárselas.

- No te creas, coincidir conmigo por el Ministerio no es tan fácil. Me tienen escondido en el departamento de Misterios, soy el instructor de Oclumancia. Aunque ahora jefe de interrogatorios me definiría mejor - confesó con una media sonrisa, pensando en todos los interrogatorios que aun le quedarían los días futuros, aquello aun seguiría para largo. – Y tu, que planes tienes, ¿en qué andas ahora metido? – le sonrió, realmente interesado.
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Apolo Masbecth el Dom Ene 15, 2017 2:35 pm

- El árbol genealógico de mi familia es extensa que no acabaría de contarte, pero si, tengo dos hermanas en realidad dentro de nuestra organización - quizá exageró con lo de su familia, pero en realidad eran tantos y así se excusaba para no tener que hablar de familiares indeseados. - Viene tatuado en nuestra sangre al parecer - sonríe, pues él ha sido quien ha metido a ellas dentro de los mortífagos y les ha ayudado en su camino para ser buenos elementos, incluso apadrinando a la más joven quien prometía ser todo un espécimen y una buena adquisición para ellos.

Le dejó un poco inquieto saber que ese hombre es experto en oclumancia, recordando ahora que eso es lo que estudiaba y al parecer estaba ejerciendo. - Vaya, felicidades por el puesto entonces, ¿ya tienes tiempo o ha sido reciente? - y con reciente se refería a si lo emplearon o lo dejaron como el jefe ahora que los mortífagos reinaban en el ministerio, era una pregunta válida. - Estuve trabajando hace unos meses atrás con una mujer que se dedica a lo mismo, Sam creo recordar su nombre, no sé si siga con ustedes porque realmente desconozco de que bando está - los dos rubios trabajaron juntos en el caso de un hombre evidentemente culpable de haber lastimado dragones, ahora le entró la duda de si estaba con vida y seguía trabajando, solo por curiosidad pues tampoco se hicieron amigos.

La historia de Hogwarts le pareció entretenida, él mismo tuvo toda una aventura pero en el ministerio, diferentes locaciones con el mismo resultado favorable. - Si, me han contado que fue toda una aventura, yo saqué a  mi hijo de la escuela un par de días antes, así no se inmiscuye en el alboroto, no tiene edad aun - por fortuna ellos habían ganado y pudo mandarlo con tranquilidad de regreso al colegio, aunque aun no está seguro de que su hijo  comparta sus ideales.

- Los dragones siempre han sido mi pasión, tanto que siempre cargo uno en el bolsillo para cualquier situación que se pueda presentar - dice sobando el bolsillo izquierdo del pantalón, claramente bromeando. - No, no tengo uno por aquí, están en su habitat donde pertenecen - agrega sonriendo. - Te sorprenderías las de veces que  me piden exactamente lo mismo, siempre les digo que si pero obviamente no a cualquiera se lo cumplo, son criaturas tanto majestuosas como peligrosas y llevar a una persona sin experiencia para convivir con ellos puede ser letal, ya he aprendido mi lección, casi pierdo un brazo el pasado Octubre - dice tocando por encima su brazo izquierdo, recordando el incidente del estupido pasante al que ayudó a no morir y por su culpa salió herido.

- ¿La absenta, eh? Te van las cosas fuertes entonces - dice mirando el liquido verde desaparecer dentro de sus labios, él sigue con su martini, dudando de si pedir un trago de esos o no, no es su bebida favorita. - ¿Mis planes? - aquella pregunta lo hace volver a mirar a los ojos de aquel hombre. - Me he casado, tengo un hijo, viajo por todo el mundo, ahí es donde me he metido, mi código postal es el mundo entero - dice orgulloso, aunque el año pasado se ha comprado una casa bastante grande cerca del bosque, para él vivir encerrado en un mismo lugar no es lo ideal, y aunque lo de casarse y tener un hijo tampoco estuvo en sus planes, le parecía gracioso - He estudiado el comportamiento de algunas especies, todo el tiempo sigo aprendiendo sobre mi profesión, planeó seguir haciéndolo, tener un lugar donde cuidar a los dragones viejos, una especie de santuario, estar a cargo de algo así estaría de maravilla   - dice mientras clava la mirada en un punto fijo de la barra, pensando en que eso le gustaría. - Disfrutar a mi hijo, ya que acaba de entrar en mi vida apenas un año atrás, son diez años de ausencia que tengo que recompensar - dice sonriendo - ese es un plan a corto plazo, a largo es el de los dragones, ¿que hay de ti? - le devuelve la pregunta, interesado.
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Invitado el Dom Ene 15, 2017 8:42 pm

Estaba claro que la información que tenia del rubio era bastante escasa, pues ciertamente cuando se conocieron no es que hablaran demasiado precisamente. Sin embargo no esperaba que tuviese tanta familia. – Vaya, ya me contaras otro día entonces. Dos entonces, está claro que lo lleváis en la sangre, sin duda – pensando en quienes serian aquellas dos hermanas de Apolo, y si habría coincidido con ellas en alguna ocasión – Mi historia es más corta….sin hermanos, ni familia a la vista. – Concluyó con una sonrisa, pues ni había querido a su familia, ni la echaba de menos.

Aquellas palabras que salían de su boca, respecto a su familia, para más de uno podrían sonar duras y de alguien sin sentimientos, sin embargo aquello era así y no es que el castaño no sintiera nada, simplemente su familia le había fallado y no pensaba retenerlos en su memoria ni un segundo, pues no los necesitaba. Ni a ellos ni a nadie, o de eso se intentaba convencer.

- Gracias, pero que bah. Ya harán tres o cuatro años desde que trabajo allí, es como mínimo interesante el trabajar allí, y más aun allí arriba en el departamento de Misterios. – le confesó, pues realmente sus primeros días todo aquello le pareció sorprendentemente llamativo. – Cuando quieras pasarte ya sabes… - lo dejó en el aire. Pues allí podía subir prácticamente cualquiera, al igual que morir casi cualquiera que abriese una puerta que no debía. El nombre de Sam le golpeó como si le hubiera dado un puñetazo, y se dio cuenta de que debía averiguar donde se había metió la rubia, tenía que buscar en el registro del Ministerio en cuanto volviese a poner sus pasos en este. – Si, estas en lo cierto, Sam….mi compañera la Legeremante, solemos tener sesiones de entrenamiento juntos, es dura de roer – rió, recordando sus entrenamientos – Sin embargo no sé nada de ella desde la toma de poder, y aun no he tenido tiempo enterarme de que le ha pasado, si es que sigue viva. – Le confesó, con una tez amarga, realmente estaba algo preocupado por ella, habían vivido muchas cosas juntos. Sin embargo todo aquel trasiego de aquellos días lo llevaba loco, y no había tenido tiempo para nada más.

Aquello sobre su hijo le llamó la atención, era algo que no esperaba…un hijo, sin embargo no le dio mayor importancia al tema, ambos eran adultos y los niños eran algo normal. – Bueno, si como dicen “de tal palo tal astilla”, y si tu hijo ha sacado algo de ti, seguro que estará bien. – Dijo, con tono reconfortante.

Una sonrisa sarcástica salió de su garganta ante aquel comentario, estaba claro que no llevaba nada en su bolsillo, y no pensaba dirigir su mirada a aquel bolsillo, respondió con una sonrisa ante aquello, viendo lo tocaba. – Supongo entonces que no he sido muy original, debo estar un poco oxidado  - refiriéndose, sin decirlo en voz alta, a flirtear – Me alegro entonces, ya que no creo que te vieras tan bien con un brazo menos – bromeó observando su brazo, intentando imaginar que habría sucedido – aunque esa historia suena interesante eh, tienes que contármela, si no hoy, algún día. – no insistió en aquello, pues quizás no le fuera cómodo hablar de cómo casi pierde su brazo, aunque realmente tenía curiosidad en aquella historia. – ¿Me imaginas a mi sin uno de estos? – señaló su propio brazo, soltando una carcajada.

- Y solo acabamos de empezar – afirmando aquello que insinuaba, acercándole su chupito, por si todavía lo quería, si no ya se encargaría de bebérselo el mismo, aquello no lo iba a desperdiciar. – Espero que no lo desaproveches – retándolo, y alzando la mirada del chupito, directamente a sus ojos. Toda aquella información era una locura, no esperaba nada de aquello en el Apolo que recordaba, bueno quizás si lo último, aquellos viajes tras los dragones, aquello si le cuadraba…pero el resto no podría haberlo imaginado.

- Un sueño realmente bonito, la verdad, ya te imagino rodeado de todos los dragones. Yendo de un lado  a otro para cuidarlos. – Realmente lo imaginaba haciendo aquello, estaba claro que ellos eran su pasión. Alec sin embargo no pensaba en algo a tan largo plazo, pues no tenía proyectos de tal calibre en mente, se preocupaba de vivir el momento sin mas. Aquellas palabras le estaban haciendo pensar en si realmente quería formar parte de aquella vida, atarse a algo tan fijado, aquel rumbo tan marcado que Apolo ponía sobre la mesa, por eso levanto la mano que tenia apoyada en la rodilla del rubio sin poder evitarlo.
Ademas la sonrisa inquieta de Ashton aun rondaba por su cabeza, aquello le estaba friendo los sesos. Aquella sonrisa del rubio le relajaba, sin embargo todo aquello lo tensaba sin poder evitarlo, no sabía hacia donde debía tirar. – Ya veo,ya , hay muchas cosas que debe compensar, diez años son bastantes, vaya – le dio la razón, aquello era totalmente lógico. – Yo realmente no tengo pensado nada a largo plazo, sigo entrenando en mi campo de trabajo para mejorar como Oclumante y llegar a superar mis límites. Sin embargo mas allá no hay un santuario esperándome en ninguna parte, o eso creo – confesó siendo sincero – nadie me ata a ninguna parte, perfectamente podría irme a ese santuario tuyo y perderme por un tiempo. Si tengo amigos que me echarían en falta, claro, pero nadie que me ate realmente. – Aquellas palabras no le supieron amargas, fueron la realidad como el la entendía. Nadie le ataba y aquello no le parecía mal, todo lo contrario. Dándole un nuevo sorbo a su copa, y observando como esta se terminaba, hizo una seña al camarero para que le sirviese otra. – Como veras, lo que ves es lo que hay. No tengo nada tan interesante como lo que tú planteas. – Se encogió de hombros, guiñándole un ojo.
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