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"Far Aways: The Musical" (ft Odi M.)

Clementine Boot el Mar Ene 10, 2017 1:42 pm

F A R     A W A Y
the musical

Corría fuertemente y con una enorme sonrisa en su rostro ¡Por fin había llegado el día que tanto había esperado! Se había vestido de manera especial para la ocasión, se había puesto un hermoso vestido que le había prestado su nueva amiga Mishka que era de color rojo y toques dorados en él, y ella también le había dibujado un bello Bindi en su frente. Cualquier que la conociera se daría cuenta a qué venía todo aquello, pero a pesar de que ya se habían ganado muchos amigos en India no entendía porque aquel día la chica iba vestida tan multicolor, sí han leído bien, se encontraba en India.

Logró llegar  a la cima de un pequeño cerro, se detuvo un poco para recobrar el aire y cuando sintió que su respiración volvía a regularizarse levantó su vista para comenzar la búsqueda de su querido amigo Odi, pero algo llamó primero su atención, la luna estaba hermosa, completamente llena y luminosa, una amplia sonrisa apareció en su rostro y suspiro feliz. En eso desvió su mirada hacia su izquierda y logró divisar a los lejos a su amigo, y como cual bambi corrió feliz a su encuentro.

Lo vió sentando bajo un gran roble sentado de piernas cruzadas, con los ojos cerrados y ambas manos sobre sus rodillas, Odi estaba a simple vista meditando. Pero Clementine ya había visto muchas veces a su amigo en su intento de meditar, duraba quieto ¿qué, tres minutos? Así que sin importarle mucho se abalanzo sobre él con una enorme sonrisa.- ¡Hoy es el día Odi!.- gritó mientras su peso terminaba con su amigo incrustado en el suelo con ella encima.- ¡Día de karaoke, hoy por fin tendremos nuestro día de karaoke!.- exclamó animada como si de una niña en la mañana de navidad se tratase.

- Hooooy el muuuundo nooooos sonrieeeee.- cantó en una melodía inventada, mientras se levantaba.- Laaa luuuna esta feeeeliz ¿también quieres cantar? ¡Hoy todos pueden hacerlo!.- siguió cantando como si se encontrará en medio de una musical. Miró a su amigo y frunció el ceño.- ¿Por qué sigues ahí recostado? ¡Tenemos que movernos Odi, la música nos espera!.- siguió diciendo con una amplia sonrisa mientras ayudaba con sus manos a ponerse de pie a su amigo.- Debemos ir a buscar a Mildred,  cuando me vine le estaban dando un baño floral, me dijo que pasáramos a la vuelta por ella.- dijo encogiéndose de hombros.- ¿Qué mejor manera de comenzar a despedirnos de  tan hermoso lugar que cantando? Yo no me imagino ninguna otra.- terminó diciendo con una felicidad enorme. Es que quien conociera aunque fuera sólo un poco a la castaña sabría lo mucho que adoraba cantar.

¿Cómo habían terminado los tres en India? Pues bueno había que retroceder a días no muy buenos, hoy se cumplían ya tres semanas desde que habían prácticamente escapado de Londres. Lo que todos temían se había vuelto realidad, un mago oscuro y tenebroso había tomado el poder a la fuerza, y personas como Mildred, Odi y Clementine eran los primeros blancos de los magos que le rendían veneración al que solían llamar Lord Voldemort. La castaña jamás olvidará la imagen de cuando su mejor amigo llegó junto a Mildred a su casa, gracias a todas las protecciones que había puesto su querida amiga Fly en su casa ella no había sufrido ataque alguno,  pero su amigo no había corrido la misma suerte. Se encontraba fuertemente herido, triste y con una mirada perdida que hizo que un fuerte escalofrió recorriera todo su cuerpo. Lo cuido durante horas hasta que por fin él logro hablar de nuevo y la única palabra que dijo fue: India. Y la castaña seguiría hasta el fin del mundo si fuera preciso a su amigo y así lo hizo, se fueron a india con no más que una maleta en manoCostó más de una semana para que Odi volviera hacer el mismo, pero gracias a todos los amigos que encontraron en tan hermoso país gracias a muchos bailes bajo el sol, meditaciones, actos de amor y porque no decir las múltiples y mágicas drogas lograron que la sonrisa característica de su amigo volviera a dominar su rostro.

Logrando que hoy se encontraran así, sonriente y felices caminando hacia un karaoke que tras semanas de buscar por fin había encontrado su paradero.
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Odiseo Masbecth el Dom Ene 15, 2017 10:13 pm

Había sido horrible. Después de que su hermana hubiese abandonado el gran comedor él había hecho lo mismo. Había corrido escaleras arriba, evitando y noqueando a los pocos enmascarados que quedaban en su camino. La puerta de su cuarto se había abierto sin miramientos y antes de que nadie pudiese entrar tras él se había abalanzado sobre Mildred y desaparecido en un suspiro, sin pararse a pensar que tal vez no iba a serle posible.

La casa de Boo había sido el refugio para su triste alma. Se había pasado los días callado y adolorido. No solo del cuerpo, sino del alma. Había visto morir a alguien por su incompetencia, había dejado que su hermana menor matará a alguien por dejarla a merced de sus padres. La misma hermana que lo había torturado más allá de lo que debía ser recomendable. La misma hermana a la que había herido después, dejando que su mal humor se escapara en forma de hechizo. Aquello era lo que más lo torturaba. Había herido a su hermana. Sí, podría ser una herida superflua y comparado con lo que había sufrido de sus manos más bien tonta, pero él había alzado la mano ante alguien que tan solo había tenido la desgracia de nacer en la familia equivocada.

Así que sí, después de su desastrosa experiencia en el Gran Comedor, Odiseo era tan solo una triste sombra de su ser normal y sonriente. Tenían que salir de allí. Ambos lo sabían. Al menos mientras el asunto se calmaba un poco. Era un peligro allá afuera y el caos y la anarquía parecía reinar. Personas que había considerado sus amigos siendo perseguidos como ratas, compañeros de trabajo, alumnos… muertos. Era demasiado para siquiera aceptarlo en su estado.

Así que se habían ido a India. Odi ya había estado allí. Era un sitio magnífico, con gente magnífica, comida magnífica y por encima de todo, unas drogas maravillosas. Así fue como poco a poco volvió a ser el mismo hombre sonriente, disparatado y profundamente despreocupado que siempre había sido. Boo había sido su pilar durante todo aquello. Boo y Mildred, claro está. Podía hacer una profunda disertación como aquello le demostraba que la pureza de sangre no tenía nada que ver con una superioridad de ningún tipo, pero ya hemos tenido varia tragedia en una sola narración.

No, aquel era día de karaoke. Y que mayor confirmación que ser aplastado por el cuerpo volador de Boo mientras fingía meditar. Soltó una carcajada, abriendo los ojos para ver a su amiga con un vestido lleno de colores y el cuerpo lleno de energía. Ahí estaba. La dejó levantarse y canturrear mientras unas agradables cosquillas recorrían su cuerpo. Todo él parecía haber vuelto a la normalidad y no podía expresar cuan increíblemente feliz estaba por ello. Se dejó levantar por la chica y luego la hizo girar con la misma mano que había tomado.

-Vaaaamos, que la luna también quiere cantar y mi cuerpo quiere bailaaar
- canturreo, imitando la improvisada melodía de su amiga. Luego negó con la cabeza- esa vaca va a terminar con un permanente olor a lirios si sigue dándose baños florales-dijo con una enorme sonrisa. Claro que no habían dejado a Mildred detrás y de los tres, parecía que era la que mejor se la estaba pasando. Al fin y al cabo, era sagrada y le llovían mimos. Mildred era toda una diva.

Pero su dicha estaba por acabarse. Era hora de volver a la triste realidad, bien fuese por la falta que le hacian sus padres a Boo o por el pedido de ayuda de la Orden. Si la Orden lo había llamado a él, con toda su inutilidad, es que la cosa estaba bastante complicada. Pero aquel no era el momento para pensar en ello y Odi despachó esos pensamientos de su cabeza con un movimiento. Agarró a Boo de la mano y corrió colina abajo, canturreando felizmente.

-Karaoke, vamos al karaoke- parecían un par de niños pequeño mientras corrían y reían colina abajo.

Encontraron a Mildred siendo masajeada y costó una buena cantidad de avena y ruegos el lograr sacar de su baño, aún a pesar de que le encantaba el karaoke. Los tres felices amigos saltaban y saludaban gente que parecía sonreírles ante su evidente alegría. Aquella gente era tan amable que la alegría ajena los hacía felices.

El karaoke era una pequeña tienda con unas grandes letras de neón que se prendían y apagaban, anunciando el karoke (pues se le había dañado la segunda o) Odi se detuvo ante la puerta y con una complicada reverencia invitó a su amiga a pasar. Dentro estaban todos los amigos que habían hecho a lo largo de los meses, pues esto podía considerarse la despedida del trío y nadie quería perdersela. Iba a ser una noche memorable.
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Clementine Boot el Jue Ene 19, 2017 6:42 pm

Una de las cosas que mas odiaba en el mundo era ver mal a sus amigos, y por sobre todo si era Odiseo, porque el era más que eso, era su media mandarina, su hermano no de sangre, la uña de su dedo, el Timón de su Puma y así podría seguir una lista interminable explicando por qué verlo llegar así de mal aquella noche del ataque simplemente le había roto el corazón, y a su vez despertado los instintos asesinos de su gemela Tremendushka.

Por eso no dudó ir a donde fuera que su amigo encontrará que era el mejor destino para alejarse de aquellas tierras ahora dominadas por la oscuridad, no sabía si sería por mucho tiempo o no, pero si el necesario para poder encontrar nuevamente la sonrisa perdida en el rostro del castaño. Que si Odi no volvía a sonreír ella perdía la esperanza a lo que llamamos Planeta, cedería y se vestiría eternamente con colores negros, cafés o grises. Pero como ni ellos ni nadie quiere eso, y sólo amamos el drama cuando se encuentra en una pantalla mientras  uno come cabritas- dulces o saldas- según el gusto del consumidor. Es que ahora están los tres en India, y tras semanas con una sonrisa del porte del Titanic.

Tomó prestadas las mejores y más coloridas ropas de su amiga Mishka, hoy era día de karaoke y todo, absolutamente todo brillaba antes sus ojos. Corrió colina arriba en busca de Odise, y al verlo "meditando" bajo la resplandeciente luna no lo pensó ni dos segundos para abalanzarse sobre él con la alegría a flor de piel. Sonrió cuando su amigo la hizo girar por su propio eje, sintiendo como el corazón se agrandaba de la dicha que sentía- Hoy bailaremos...- hizo pasos graciosos.- cantaeeeereeeemoooos.- dijo entonando una melodía cualquiera.- y  reiremos sin parar.- terminó diciendo poniendo una sonrisa enorme en su rostro.

- El olor a lirios es un muy buen olor.- dijo divertida, Mildred se lo estaba pasando de mil maravillas, era cual Madonna en estas tierras, la reina entre las reinas. Y ella lo disfrutaba a mil, es que siempre ha creído que quizás en otra vida Mildred fue de la realiza,es que para sus ojos nadie tiene más estilo y elegancia que ella.

Corrió colina abajo, mientras cantaba con su amigo melodías inventadas.- ¿Quieren cantar? Vamos a cantar, todos, tú, yo, él, ella, cantar, cantar, cantar. Es tiempo de karaokes, kara, kara, karaoke.- seguía cantando feliz hasta que llegaron junto a Mildred.- MIL, vamos al karaoke, ya es hora.- le dijo sonriente, la vaca la miró con una sonrisa en su rostro, por que sí ella si les sonreía, no a todos claro esta, que Mil es selectiva. Luego sacudió su cuerpo, y con toda la prestancia del mundo se unió a los dos para seguir corriendo en busca del lugar que sería su escenario esa noche.

Se detuvo en seco cuando estuvo frente a la tienda, sentía como los ojos le brillaban. La tienda estaba hermosa, hasta sentía que sonaba mucho mejor karoke, miró a su amigo feliz cuando le hizo una reverencia.- Oh buen caballero, muchas gracias.- dijo divertida, para después de dar unos pequeños saltos de felicidad ingresó al local.

¡Que maravilla! Al entrar sólo habías rostros que tras estas semanas se habían vueltos conocidos y enormemente queridos, todos cada unos de ellos fueron responsables que la felicidad volviera a aparecer nuevamente en la vida de este trío, y ella estaba tan sumamente agradecida de todos ellos. Sentía una tristeza enorme tener que despedirse así tan pronto, pero ya era demasiado lo que extrañaba a sus padres, y a sus adorados gatos, a sus amigos, su trabajo, su hogar. A ella le encantaba viajar, pero era de las que siempre le gustaba después volver a su casa, tomar té de sus tazas, sentarse en su sillón tapada de mantas, y ver una película oliendo el olor que desprenden las flores de su jardín.

Abrazó a todos los que se aparecían de su paso, todo era amor, todo era alegría. El local estaba lleno de mesas y sillas, de iluminación tenía luces de navidad por todas partes y velas, todo era muy colorido, habían banderines, telas colgadas, y en el fondo un pequeño escenario color violeta con un micrófono en el medio, miró a Odi y le hizo un gesto a Mildred para que la siguieran.

Se subió al mini escenario.- Aló, Aló ¿se escucha?.- preguntó haciendo gesto con sus manos, ya que por más que había todo lo posible aún no lograban comunicarse muy fluido con los demás.- Querido Manjit ¿me podrías traducir unas palabras?.- le preguntó a un hombre de contextura delgada, rapado y un bigote muy particular de color castaño.- Claro que sí querida Boo.- le respondió con su singular acento.

- Querido amigos, queridos todos, no saben lo feliz que somos de estar aquí esta noche junto a seres tan bellos y mágicos como ustedes.- comenzó a decir, mientras daba un tiempo para Minjit tradujera a todos, al escucharlo el rostro de todos se convirtió en una enorme sonrisa.-Jamas olvidaremos la eterna sonrisa y el abrazo acogedor que ofrece siempre Minjit, la palabra amiga y la tartas deliciosa de Minha, las mejores canciones inventadas por Satnam, los mejores saludos al sol liderados por Mahid,  las cosquillas mas dulces por parte de Yamil, y así podría seguir la noche entera agradeciendoles tanto a cada uno de los que se encuentra aquí... Hoy cantaremos, bailaremos, y compartiremos hasta que el sol vuelva a salir. No es más que un hasta pronto queridos amigos.-siguió diciendo sonriente y algo emocionada, no le gustaban para nada las despedidas.

- Es por eso, que Satnam será nuestro Dj y por ahí anda rondando una tabla en donde podrán inscribirse, hoy nadie se va a su casa sin haber bailado o cantado algo arriba de este escenario ¡a disfrutar! .- exclamó feliz mirándolo a todos, ellos respondieron aplaudiendo y haciendo gritos de jubilo.

Miró a Odi.- ¿quieres empezar cantando tú? o quizás podemos hacer un dúo para abrir la noche, o trío...- miró a Mildred pero esta ya no estaba a su lado, estaba en una esquina recibiendo mimos de un grupo que estaba de lo mas feliz poniendole una corona de flores en su cabeza.- Creo que sólo quedamos los dos..- dijo mirando nuevamente a su amigo con una enorme sonrisa.
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Odiseo Masbecth el Miér Abr 12, 2017 1:20 am

Era sorprendente la cantidad de gente de la que podía hacerse amigo el extraño trio en tan reducido espacio de tiempo. Eran suficientes para llenar aquel bar de espacio medio, todos sonrientes y felices como ellos, dispuestos a celebrar no la ida sino el hecho de haber compartido una pequeña porción de su vida. A Odi no le hubiese molestado quedarse allí indefinidamente, pero sabía que Clem quería volver ya y como ella había dejado todo a un lado para acompañarlo, él haría lo mismo ahora. Que sí, que Odi podía ser un amigo desinteresado y bueno, no sé porque los sorprende tanto.

Rodo de brazos en brazos, diciendo nombres según pertenecían y riendo con bromas internas dichas entre los abrazos. Aquella nueva familia era maravillosa. Llena de risas y amabilidad, que no había dudado en recibir a un par de tristes viajeros y los había ayudado a curar sus heridas sin mayores preguntas. Odi les estaría eternamente agradecido por aquellas tres semanas y tan solo esperaba dejar tan buen recuerdo como se llevaba. El lugar estaba decorado primorosamente y seguramente todo aquello había sido gracias a Clem, como lo eran la mayoria de las cosas ¿Que habría hecho bien en una vida pasada para merecer semejante amistad?

Siguió a Clem y la dejó ser la vocera de ambas, moviendo la cabeza con aprobación en cada frase que decía. Era verdad. Cada uno de ellos había sido más amable que el anterior.

-Menos mal que no fueron las tartas de Mahid y los saludos al sol por Minha o estaríamos en problemas- bromeó cariñosamente y sus palabras fueron secundadas por risas- Hoy tendrán el maravilloso placer de ver como llueve cuando el cielo llore al escuchar mi voz.

De nuevo risas. Sus ojos se desviaron hacia Boo, que le ofrecía cantar una canción y Odi, sonriente y relajado, asintió. Casi invitó a Mildred, pero la vaca ya había huido hacia sus fans, que cubrían su cabeza de flores y sus oídos de mimos. El hombre negó con la cabeza sonriente. Pudo ver por el rabillo del ojo como la gente buscaba la

- No sé que voy a hacer con ella cuando volvamos. Toda esta atención la ha malcriado-bromeó mientras paseaba sus ojos por la lista de canciones- yo escojo y no puedes ver- con la velocidad de un amigo que quiere guardar un secreto, cubrió los ojos de Clem con una mano. Tras unos segundos de profunda reflexión, escogió una que le pareció increíblemente adecuada para el momento o la vida en general.

Espero que la música empezará a sonar antes de retirar su mano de los ojos de Clem y tomar su micrófono.

-You’ve got a friend in me- cantó, al ritmo de la música, mientras hacía un gesto dramático pero bromista con la mano en su pecho. Solo quería dejarle bien claro a Clem, que por si no se había dado cuenta, él siempre estaría allí para ella. Fuese cual fuese la situación. Que sí, que Odi también podía ser cursi y sentimental cuando le daba la vena. Una caja de sorpresas era este hombre.
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Clementine Boot el Vie Mayo 05, 2017 8:37 pm

Clementine estaba segura que en ese preciso momento no había un lugar que irradiara más felicidad multicolor que aquel salón. Todo era risas, abrazos, palabras amigas, luces por aquí y por allá, carteles con letras inteligibles pero que de sólo verlos uno sabía que había amor, y dedicación. Dos cosas que sólo personas que realmente estimaban a la otra persona, o en este caso a este peculiar trío podían hacer.

Quién iba a decir que allí, al fin del mundo volverían a encontrar felicidad y la fe en la humanidad. Clementine ni siquiera había alcanzado ni a vivir ni a ver nada de lo que había sucedido en el mundo mágico pero sólo le había bastado con ver la mirada de su amigo Odiseo para entender que no podían quedarse ni un segundo más en aquel lugar si no querían terminar como Masha, su camelia que se murió de tristeza cuándo una tormenta arrasó con todas las demás flores de un sector del jardín de Clementine a excepción de ella, y sin poder aguantarlo se comenzó a marchitar, lentamente, y por más que ella  le cantó, le bailó, no comprendió que lo que le hacía mal era seguir viendo el horror ante sus pétalos. Pero había aprendido su lección, y por eso es que hoy se encontraban al otro lado del mundo, celebrando la vida y la amistad.  

Subieron al mini-escenario y Odi le dio el espacio para dar un pequeño discurso por parte de los tres a los hermosos seres con que se habían topado en su viaje, y mientras hablaba y veía sus rostros lleno de cariño se prometió aprovechar todo lo posible aquella noche, llenarse de sus buenas energías a tope para que cuando tuviera que enfrentar nuevamente la realidad su corazón haya sacado músculos y no sea tan fácil de derribar.

Terminó su discurso y se echó a reír ante las palabras de su amigo, para luego invitarlo a hacer una de las tantas cosas que amaba descontroladamente en el mundo: cantar.  Se rió en cuanto se refirió a Mildred, la miró por unos segundos y rodeo los ojos divertida al verla toda pomposa recibiendo mimos por doquier.- Déjala que disfrute,  es su última noche. Ya mañana tendremos que ver cómo hacemos para que acepte de buena manera devolverse con nosotros. De seguro te hará prometerle que le darás su baño de rosas diario.- dijo riendo y encogiéndose de hombros.  Es que hoy tenía que ser sólo goce, ya mañana había que preocuparse de lo que vendrían, de la inhumana realidad que muy pronto chocaría frente a sus narices.

De pronto, en un chiz-chaz-choz sus ojos quedaron cubiertos por la mano de su amigo.- No veo, no veo.- dijo divertida,  mientras esperaba  ansiosa la canción con  que le sorprendería aquella noche. Comprobando una vez más que convivir con su amigo era como abrir regalos de navidad continuamente, ya que siempre a pesar de que pasarán mil años luz Odi tenía la capacidad de sorprenderla una y otra vez.

La sonrisa que se apoderó de Clementine al escuchar las primeras notas de la canción podría compararse con el Lumus más fuerte del mundo mágico. Su amigo le destapó los ojos y sintió como sus ojos se aguaban, pero no de tristeza, ni melancolía si no de felicidad en estado puro.

Podría haberse sumado, podría haber tomado el otro micrófono y haberle cantado que  su gran amistad ni el tiempo, ni nada jamás podrá borrar , pero prefirió quedarse allí escuchándolo, observándolo, riendo ante cada gesto, broma entre medio, y movimientos graciosos saca risas y no cualquieras sino de esas que te dejaban las mejillas adoloridas.  Odiseo estaba siendo el rey del escenario, hasta logró que Minjit y Minha , las mujeres con mayor edad del salón se levantaran y abrazadas bailaran al son de la voz de su amigo.

¡El mundo se podría acabar en ese instante, y ella lo terminaría  sonriendo e infinitamente feliz, dichosa!

La canción terminó y ella se abalanzó a darle un enorme abrazo a su amigo.- Eres mi gran amigo Odi, y mientras estemos juntos nada mala podrá suceder.- le dijo aún dentro del gran abrazo de oso que le había dado, mientras se escuchaban aplausos, gritos de júbilo y uno que otro “Aww”.  Se volvió a alejar y lo miró con una sonrisa traviesa.- Creo que ya sé cómo hacer que Mildred vuelva a nuestras vidas…- le susurró cambiando de tema radicalmente. Es que en momentos cómo esos la imaginación de la castaña estaba en todo su esplendor.- ¿Recuerdas esa verano que Mildred se enojó con nosotros porque nos comimos todas las manzanas que había seleccionado por ser las más rojas de todas?.- le preguntó a Odi, pero sin esperar su respuesta continúo.- Sólo nos volvió a mirar cuándo pusimos una de sus canciones favoritas…- siguió diciéndole sonriente.- Esa que simplemente no puede resistirse a bailar, su talón de Aquiles…- se alejó de su amigo para dirigirse hacia dónde Satnam y susurrarle la canción al oído.

Tomó otro micrófono y miró hacia la esquina en dónde se encontraba su amiga patas arriba dejándose masajear esa zona gustosa, Clementine sonrió victoriosa, porque sabía que en esta oportunidad pese a que Nazir le estuviera dando el mejor masaje de todo el mundo no se podría resistir a subir al escenario.- Para la siguiente canción invito a este escenario a una gran amiga, a la diosa de todas las diosas…a la reina del baile. Música maestro.- dijo poniendo una pose al más estilo disco apuntando a Satnam dándole el pie.

La música comenzó a sonar, Clementine se giró para luego hacerle un gesto a Odiseo para que le siguiera, su hombro se comenzó a mover al ritmo de la música, y pesé a que se encontraba de espaldas sabía que tenían la mirada de Mildred sobre sus cuerpos, comenzaron a cantar para luego girarse- See that girl, watch that scene, dig in the Dancing Queen .- cantaron apuntándola, y dejando todo de lado Mildred se subió junto a ellos al escenario.

Y pese a que cualquiera pueda decir lo contrario, todos los que se encontraban aquella noche en ese salón  podrían asegurar que las vacas sonríen y son indiscutiblemente las reinas del baile.
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Odiseo Masbecth el Jue Mayo 18, 2017 3:54 am

Aquella noche tenía todo el potencial de ser una de las mejores noches de sus vidas. Amigos, comida, karaoke, alcohol que no necesitaba para ser inmensamente feliz. Todo era perfecto aquella noche. Lastima que la razón por la que fuese era por una despedida. Su despedida. Era hora de volver al terrible mundo real… Pero aquel pensamiento podía esperar hasta mañana, aquel no era el momento para albergarlo. Aquel era el momento para ver la sonrisa de Clem, dejar que sus carcajadas llenasen sus oídos y le curasen el alma. Invitar a todo su maravilloso público a unirsele a su voz destemplada con las palmas y hasta convencer a las más ancianas de las ancianas de levantarse a mover el esqueleto.  

Aquella noche era de todo eso y más. Y estaba tan solo esperando. Era una noche joven y bella, con un futuro limpio que estaba dispuesto a ser llenado de risas y felicidad. De celebración a una amistad encontrada.

Cuando la canción se acabó, Clementine no lo dejó ni hacer un gesto dramático pues ya estaba sobre él, apachurrandolo entre sus brazos. Riendo, Odi la apretó entre sus brazos y giró con ella en el escenario hasta que decidió que tal vez no era tan buena idea y la dejó en el suelo. Ante el bombardeo de frases que salieron de la boca de Clementine el hombre sólo atinó a sonreír y asentir. Todo estaba pasando increiblemente rapido. Pero cuando la música empezó a sonar, el cerebro de Odi logró encontrarle sentido a todo y se lanzó a ocupar su lugar en la maravillosa coreografía que venía obligada con esta canción. Movimiento de hombro, espectacular y dramática vuelta en la que hubiese sido magnífico tener el pelo más largo y rubio pero se hace lo que se puede.

Tal como Clementine había vaticinado su vaca corrió a su encuentro y se unió a su perfecta coreografía. Su baile fue un éxito arrollador ¿Y como no? Con tanto contoneo perfecto y maravilloso sacado directamente de los 70’s que nunca habían vivido. Si hasta la vaca le ganaba a muchos aficionados. Pero como todo éxito vino seguido por una pausa. Para descansar, claro y para dejar que alguien más tomase la plataforma magnífica.

- Sus cantantes favoritos necesitan remojar los gaznates para poder continuar entreteniendolos- fue como lo anunció Odi al final de la canción antes de entregarle el micrófono a un muy apremiante Yamil, que se moría de ganas por cantar ‘la mejor canción del mundo’ según él. Para Odi siempre sería un misterio si lo era, pues estaba en hindi y no entendía ni una palabra. Sonaba… agradable, al menos y ¡Oh! Tenía una coreografía que todo el mundo sabía.

Encontraron su mesa reservada en una esquina bien iluminada, cubierta de regalos y con una cerveza bien fría para él y una linda taza llena de té para Clem. Estiró  su cuello para intentar ver qué regalos había sobre la mesa, o mejor aún, si alguno tenía una forma discernible. Al final decidió que podía preocuparse de eso después y en un ataque repentino de amor se giró a darle un sonoro y enorme beso en la mejilla a Boo.

-Gracias- le dijo, apachurrandola contra su pecho- no solo por esta maravillosisisima reunión de despedida sino por haber venido aqui sin demasiadas preguntas- no queria hablar de lo que había pasado aquella noche terrible en Hogwarts. Puaj, para que arruinar una buena velada- eres la mejor amiga que cualquiera en el mundo podría desear- esto último lo dijo con una enorme pero dulce sonrisa en los labios mientras la miraba con los ojos cargados de sinceridad antes de besar cariñosamente su frente.

Todo se venia lo mas de bonito y agradable hasta que una enorme cabeza pelirroja interrumpió a ambos, lanzando un largo mugido. No, no, ella también necesitaba amor, más aún después de ser llevada al spotlight de tal forma. Además, y la verdadera razón por la que lo había hecho, era porque quería beberse la cerveza de Odi antes de que este se diera cuenta. Era una vaca con gustos particulares.
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Clementine Boot el Sáb Jun 03, 2017 11:00 pm

La sonrisa de Clementine aquella noche podía competir con el lumus más grande del mundo mágico, sentía felicidad en estado puro. Ni siquiera el hecho de saber que se encontraba en su despedida de tan encantador lugar podía arrebatarle la alegría que inundaba a su cuerpo por completo. Sentía cosquillas desde la punta de sus pies hasta la cabeza, que la hacían bailar y cantar con sus mejores compañeros de aventuras en aquel escenario improvisado.

La música ceso para dar lugar a los aplausos y risas por parte de todos en el salón, ella simplemente se limitó a seguir a Odi hacia una de las mesas que se encontraba en el lugar, ya que por más que amaba el karaoke y más si era con coreografía su cuerpo le pedía un descansado de al menos dos canciones. Además, Yamil cantaba de mil maravillas una canción que…bueno, no sabía que decía pero por la melodía y la euforia de todos los presentes debe ser de un carnaval multicolor.

Tomó entre sus manos la taza con té en su interior, llevó su nariz hacia uno de los bordes y aspiró el adorable aroma que desprendía para  luego tomar un sorbo. Un inesperado beso de Odi le hizo sonreír, dejándose abrazar feliz.- No hay nada que agradecer.- le dijo aún entre sus brazos. Lo acompañaría hasta el fin del mundo, y haría lo que estuviera en sus manos para que jamás se borrara aquella sonrisa en el rostro de su amigo, esa sonrisa que ella también tenía en su rostro tras escuchar sus palabras.- Tú también eres el mejor amigo que alguien podría tener en este planeta y sus constelaciones.- le dijo tras aquel beso en su frente mientras le ofrecía una sonrisa y mirada cargada de el más profundo y real cariño.

Mildred quien no se quería quedar atrás hizo su aparición entre medio de los dos.- Hola guapa, hemos incendiado la pista esta noche ¿eh?.- le dijo guiñándole un ojo mientras le hacía cariños en sus pelirrojas cabelleras. Lo más seguro que la trataran de loca (aunque poco le importaba), pero observó divertida como a modo de respuesta Mil le guiñaba un ojo. Esa vaca era única, grandiosa.

- Sé que no quieres hablar de los días que se vienen, pero…- comenzó a decir mirándolo a los ojos, mientras tomaba otro sorbo de té para endulzar aquel amargo sabor que había aparecido en su boca al imaginar lo que les esperaría al llegar a Londres.- Sólo te quería decir que puedes quedarte en mi casa todo el tiempo que quieras, bueno si aún existe…- hizo una mueca y soltó una risa nerviosa. Sus padres le habían comentado como el rostro de Odi circulaba con un gran “Se busca” por las calles, y de seguro ya lo habían ido a buscar a los lugares más obvios, como la casa de sus amigos.- Pero quiero pensar que Fly hizo un excelente trabajo en lo que de seguridad se trata y podremos estar a salvo allí, será nuestra fortaleza, nuestra Baticueva o algo así.- bromeó, para luego suspirar.- Ya esta, no hablaré más del tema, sólo quería decirte aquello.- le sonrió y levantó su taza a modo de salud, miró a todo el salón con una enorme sonrisa.- Por la amistad.- terminó por decir sintiéndose rodeada de amor.

Lo que no sabía Clementine que mientras ella le estaba hablando a su amigo, Mildred se encontraba tomando hasta la última gota del vaso de cerveza de Odiseo, y que cuándo este quisiera elevarlo para chocar su vaso con la taza de Clementine sólo se encontraría con el aire, y una sonrisa traviesa por parte de Mildred.
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Odiseo Masbecth el Lun Jun 19, 2017 9:52 pm

Si el mundo se quedará allí, en aquella tarde, en aquel momento, en aquel lugar, Odiseo se podría considerar el hombre más afortunado del mundo. Pero el paso del tiempo (ese animal horroroso) era inexorable. A Odi nunca se le ocurriría decirle a Clem ‘¿Y si nos quedamos aquí?’ podía ser muchas cosas, pero increíblemente egoísta con sus amigos no lo era. A menos que se tratase de la última fresa, por esa sí era egoísta.  Pero no. Jamás podría pedirle aquello a Clementine por mucho que lo deseara. Tampoco podía quedarse allí y dejarla volver sola. La amistad era una cosa que iba en dos direcciones. O en tres. O en mas. Todo dependía de cuántos amigos tuvieses.

Pero todo pensamiento se vio interrumpido al darse cuenta de que ya no quedaba ni el recuerdo de su fría y agradable cerveza.

-Pero, pero, pero...-dijo en dirección a la vaca, forcejeando para quitársela de encima- era mía, miaaaaa- lloriqueo, como un niño pequeño al que le han quitado su paleta. La vaca, dándose cuenta de que ya no quedaba más en el vaso, se quitó del camino y soltó un sonoro mugido muy cerca del oído de Odi, que intentó evitarlo cubriéndose las orejas- vale, vale, que ya pido otra. Pero una más. Ya sabes lo mal que te sienta la cerveza. Recuerda esa vez que... -otro largo MUUUUU interrumpió sus palabras y el hombre se apresuró a hacer llegar una fría cerveza para él y una jarra para la pelirroja-creo que todo esto de la vaca sagrada le ha hecho mucho mal a su ego-le dijo esta vez a Boo, haciendo una mueca de preocupación.

Sí. Sabía que podía volver a la casa de Boo y le encantaría. Pero de una forma u otra sentía que el hecho de que su hermana menor andase corriendo por ahí como una demente y asesinando gente sin el menor miramiento era en parte su responsabilidad. Odi no era alguien especialmente responsable y su familia no tenía un lugar calientito y amoroso en su corazón, pero no podía evitar pensar que él hubiese podido hacer más por sus hermanos menores para salvarlos de sus padres. Aún no le había dicho de la carta. De la carta que lo invitaba a quedarse en un sitio subterráneo, siendo parte activa de la Orden. No es que dudase que Fi-Fi hubiera usado toda su habilidad para proteger la casa de Clem. Es solo que… Bueno, esa maldita sensación de responsabilidad que aún le corría por el cuerpo.

Debería haber sido hijo único. Así probablemente sus padres habrían muerto de vergüenza y él no tendría todos estos quebraderos de cabeza. Sería un drogadicto feliz y contento, sin una pena en el mundo. Pero no, a sus padres les había entrado el afán por reproducirse y habían tenido una numerosa y molesta prole. Padres. Siempre arruinandolo todo.

-Sabes que me encantaría vivir contigo Clem, y estoy muy agradecido por tu invitación, pero la verdad es qué…-¿decirle o no decirle? sus ojos la miraron intensamente, dudando- la verdad es que la cama en la que me mandas a dormir es muy pequeña y verdaderamente incómoda-soltó finalmente, haciendo sonar el silencio dudoso de antes como una broma- no, tranquila. Mala hierba nunca muere y yo soy de las peores hierbas que ahí-bromeó, quitándole seriedad al asunto. Le dio otro sorbo a su cerveza, viendo como Ranjit y Hari juntaban cabezas para decidir que canción venía a continuación- ahora… ¿crees que podremos abrir así sea un regalo? Unoooo ¿uniiito? -puso su mejor cara de niño regañado mientras estiraba sus manos lentamente hacia el montón de regalos que lo miraban desde la mesa. Quería abrir ese grande y rojo que casi le gritaba su nombre.

Había muchas, grandes posibilidades de que Boo, conociéndolo tan bien como lo conocía, no hubiese caído en su vaga excusa. Pero Odi no se decidía a si debía cargarla con el conocimiento del lugar al que lo habían llamado o no. A ningún amigo le agrada la idea de saber que alguien ha sido llamado a las líneas del deber.
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Clementine Boot el Lun Jul 24, 2017 12:06 am

Dedicando una mirada rápida a su alrededor, Clementine se sintió plena. Sabía que faltaban muchas personas y animales (¡Cómo extrañaba a sus gatos!) en ese salón para que realmente fuera perfecto. Pero pese a aquello, sentada en aquel banco de madera junto a su amigo Odiseo, la gloriosa Mildred y con la risa estridente e inolvidable de Minjit de fondo, podía decir que estaba a un pasito de esa perfección.

Los siguientes tres minutos fueron sólo risas, trató de disimularlas cubriéndose la boca con ambas manos, pero simplemente no podía contenerse si es que Mildred le guiñaba el ojo de esa manera.  Negó con la cabeza divertida, y mirándolos se sintió una persona muy afortunada. Le dio pequeñas palmaditas en la espalda a modo de consolación por su última perdida.- Si quieres puedes tomar de mi té.- le dijo con una sonrisa de medio lado mientras empujaba con su mano la taza para acercarla al mago. – Además, el último día nadie se enoja, hoy sólo es diversión…- agregó apoyando su cabeza en el hombro de su amigo mientras le movía sus cejas de manera divertida. - ¿Sabes que canción podríamos cantar después? Under pressure.- se respondió a ella misma sonriente y con ojos brillantes.

De pronto se produjo un silencio, la castaña lo miró y arrugó levemente su ceño. Odiseo parecía estar teniendo un gran debate interior consigo mismo, por más que su mirada estaba en ella realmente no lo estaba haciendo, hizo una mueca y elevó su mano derecha moviéndola frente al mago pero no hubo reacción, tomó aire y luego se encogió de hombro sin darle mucha importancia.

- Oh eso…- susurró al escuchar las palabras del castaño. Por todo lo de Mildred había olvidado la conversación anterior que habían tenido. Sí a veces podía ser muy volátil.- ¿Qué?.- preguntó, frunció el ceño. Ahora sí que tenía curiosidad. El silencio anterior no le había causado extraño, pero que haya hecho una pausa había despertado sus alarmas. Odiseo le estaba ocultando algo.- ¡Mi cama no es pequeña e incómoda!.- reclamó ofendida. La camas de su casa tenían la particularidad que las bases la había creado su padre, los colchones en la tienda de un amigo de familia Patrick, las sabanas su madre y los cobertores ella. ¿Cómo una cama hecha con tanto amor podía ser incómoda? Resopló.

De pronto la palabra hierva entro a la conversación y Clementine olvidó todo lo anterior- Tú eres una hermosa hierba, eres como un…- arrugó su nariz pensativa.- Un matico.- agregó segura. Miró a su amigo y sonrió. Sí, definitivamente su amigo igual de radiante que un matico. Sonrió de manera traviesa cuándo escuchó la siguiente pregunta del castaño. Miró a los regalos, hizo una mueca, miró a Odiseo, miró nuevamente lo regalos, tomó aire y nuevamente clavó su mirada en su amigo.- Esta bien, abres uno tú y uno yo. Sólo uno.- hizo especial hincapié en que fuera sólo uno. Sabía cómo eran los dos con respecto a los regalos, y que si no ponían esa regla terminarían por abrir todos y hasta los del cumpleaños de la esquina.- Ahora…- comenzó a decir levantándose de su asiento.- ¡El rojo es mio!.- gritó antes de salir corriendo hacia los regalos como una niña de seis años. ¡Es que era enorme, rojo y con una enorme listón! Sus ojos le brillaban.

Se abalanzó al regalo y le lanzó la lengua infantilmente a Odiseo, para comenzar a abrirlo.- Jijiji, lo siento, era demasiado bello.- se disculpó con su amigo mientras le dedicaba una mirada de gato con botas abrazando el regalo. Estaba segura que al igual que ella su amigo también los había anhelado con todas sus fuerzas. Es que eran años de navidades, de cumpleaños, y santos para no saber los gustos del mago. Y bueno, él también debía saber que cuando se trataba de regalos para la castaña todo valía.

Mientras terminaba de despedazar el envoltorio de pronto se detuvo, como si hubiera olvidado algo importante, cómo si le faltara decir algo… frunció el ceño y se llevó la mano a la boca intensificando su estado pensativo.  Cuando de pronto click…- ¡Hey! La conversación anterior no ha terminado ¿eh? Sólo porque te quiero no le diré a papá que dijiste que sus camas son incómodas, le romperías su pobre corazoncito.- le regaño mirándolo, pero luego suspiro.- Pero por ahora…- su mirada gano nuevamente su brillo y sonrió de manera traviesa .- ¡Regalos!.- exclamó entregándose al vértigo de saber que se encontraría al otro lado de la caja.
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Odiseo Masbecth el Sáb Sep 30, 2017 8:21 pm

-Uy, sí, sí- dijo, ante la proposición de la canción.

Su cuerpo  se empezó a mover de un lado a otro ante la idea, con todo el ritmo que un cuerpo inglés puede moverse (algo así cercano a nulo).

-También podríamos hacer esa coreografía especial… Esa, sabes de la cual estoy hablando.

Por mucho que intentará evitarlo la conversación seguía tomando derroteros más serios ¿Quién podría culparlos? La situación en la que se encontraba el mundo mágico no era especialmente relajada ni fácil y aún para dos personas tan dispersas y despreocupadas como lo eran ambos esto era obvio. Había que hacer algo y tomar decisiones de verdad, casi, casi como si fuesen adultos responsables. Que asco de palabra, pensó Odi. Intentó pasar el mal sabor con un trago de cerveza. Ante la cara ofendida  de Clem cuando le confesó ese secreto de que sus camas eran incómodas no pudo evitar soltar una carcajada. No eran del todo incómodas, simplemente era que sus piernas no cabía del todo y pasaban la noche por fuera de la cama, las pobres, como si alguna vez se hubiesen portado mal. Sus pobres y buenas piernas.

Los dos eran igual de faciles de distraer, así que la conversación no podía girar alrededor de un tema mas de un aproximado de tres frases. La idea de ser un matico encantó a Odi. Un matico precioso y verde, pequeñito por primera vez en su vida. Sí, un matico encantador.

- Pero no me puedes comer- le recrimino a Mildred, atacado por un repentino temor a acabar en la panza de su rumiante compañera.

Antes de que pudiese darse cuenta, Boo ya se había abalanzado sobre el regalo rojo. Odi intentó con todas sus fuerzas desenredar rápidamente sus piernas y usar su ventajoso tamaño para ganarle la partida, pero su vaca decidió que aquel era el momento para tomar el lado de la otra y trunco toda posibilidad de ganar. Ya el mundo estaba perdido, nunca podría destrozar el bello envoltorio rojo carmín de aquel enorme regalo.

Le sacó la lengua de vuelta a Clem, poniendo su mejor cara de niño pequeño enfurruñado. Así no era divertido, pensó, cruzando los brazos y todo. Sin embargo, otro contrincante vino a ganar su corazón. Un regalo casi igual de enorme, envuelto en primoroso papel rosado vivo que parecía contonear su enormidad frente a él y le gritaba: abreme, mira que soy sexy.

- ¡Ajá!-soltó, quitandolo prontamente del camino de Clem, que veía que ya le había echado su celoso ojo- ¡Mio!

Se sentó junto a su compañera de geniales aventuras y como ella, aunque con la habilidad de un niño de tres años, se puso a destrozar el bellísimo envoltorio, poniendo en su cabeza el moño color purpura. Si hasta sacaba la lengua por un lado de la boca con profunda concentración. Cuando Boo mencionó que aquello no acababa ahí, Odiseo puso su mejor cara de perro regañado.

- Pero Cleeeem, si yo no quiero hablar mas del teeeema- se dejó caer sobre ella, aplastandola con su enorme cuerpo, impidiendo que siguiera abriendo su regalo- mira que es Navidad en agosto y el viejito de la bolsa se va a enojar si nos ponemos a hablar de temas serios y adultos.

Mientras decia todo esto intentaba agarrar el regalo rojo de su amiga, intentando disimularlo todo. Antes de lograrlo una manada de fanaticas pelioscuras le agarró por todos lados y lo arrastró hasta el escenario.

- Hey, no, el regalo, espeeeren- intentó defenderse Odiseo, pero ya se encontraba magicamente parado en el escenario- Clementine, ¡socorrreme!

Una canción empezaba a sonar, sus caderas se empezaban a mover y su mano derecha movía por su propia voluntad esa bufanda de estridentes plumas verdes que podría jurar que no estaba allí hacía unos segundos.


Última edición por Odiseo Masbecth el Lun Oct 09, 2017 3:15 am, editado 3 veces
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Clementine Boot el Dom Oct 01, 2017 5:56 pm

Soltó una risita al ver el vano intento de su amigo de mover sus ¿caderas o hombros? No sabía muy bien, pero quería moverse, quería. Ella tampoco era una reina en la pista de baile, pero gracias a que sus padres la llevaron a clases de danza desde muy pequeña (que nunca logró terminar, ya que para que se hagan una idea Clementine era como la chica que colgaba de la barra de madera de esta fotografía) algo había aprendido. Es que la castaña no era de las que seguía los cánones comunes y corrientes de cómo bailar, era más bien de la que sentía y se dejaba de llevar en vez de seguir el ritmo de cada canción. Maravilloso para algunos para otros un perfecto desastre.

- ¡Claro que la haremos!.- exclamó animada mientras hacía una, dos, tres fotografías de las posees más destacables de la coreografía que se refería su amigo.- Tenemos que despedirnos en grandes de todos, y que mejor que con esa canción y bailoteo mega hiper estelar.- agregó sonriendo ampliamente.

Ella amaba el hecho de que desde tiempos inmemorables la presencia del castaño sólo le trajera felicidad y mundos llenos de aventuras y recuerdos dignos de guardar en una cajita que se encuentra al otro lado del arcoiris. Pero pese a que no le gustase, al menos ella en esta oportunidad debía hacer de pesada y ser el cable a tierra. El viaje estaba llegando a su fin y el regresar a Londres significaba enfrentar esa realidad que habían negado durante todas estas últimas semanas. Había que pensar en el por venir y cuáles serían sus próximos pasos a seguir.  Ya que no quería ni imaginarse el hecho de que algo le llegase a pasar a Od... no, no, no quita, quita.

Como un picaflor que va de flor en flor, la concentración de Clementine saltó sin previo aviso a otro tema de conversación, es que le habían hablado de plantas y flores, uno de los tanto temas que sacaba a la morena de lo que sea que estaba pensando en aquel momento. Aunque fuera algo de vida muerte. Es que siempre hay tiempo para hablar y pensar en el hermoso mundo vegetal.

Odiseo era un mático con gloria y majestad, esa planta se conocía como el perfecto cicatrizador de heridas natural tanto interno como externo del cuerpo. Y así era su amigo, un ser capaz de sanar hasta la más profunda de las heridas. - No, claro que no lo harías ¿verdad guapa?.- le preguntó tiernamente a Mildred mientras la abrazaba cariñosamente.- A menos que tengas problemas de estomago.- agregó en broma para luego reír y guiñarle un ojo, mientras observaba como Mildred le devolvía lo que parecía una amplia sonrisa de lo más divertida.

¡Pero que se vaya todo volar, que la hora de abrir regalos había llegado!

Más rápido que Speedy Gonzales, Clementine se levantó de la silla en que se encontraba junto a sus amigos y corrió al encuentro y captura de aquel tentador regalo rojo y gran listón roba suspiros.  Cuándo lo tuvo entre sus brazos lo tomó fuertemente, ya que ella adoraba sus amigos pero como dicen por ahí "en la guerra y en los regalos, todo vale" o bueno algo así.

Le devolvió el saca lengua divertida, ella había sido más rápida y ahora el regalito era todo suyo ¡lero, lero, lero! Cuanta madurez en un sólo lugar por Merlín.  Toda feliz lo comenzó a abrir, pero el extraño silencio que provenía de su amigo le hizo detener su accionar y mirar sus próximos pasos a seguir. Frente a sus ojos apareció otro regalo de la misma tribu que tenía entre sus manos, pero antes de siquiera hacer el ademán de levantarse Odiseo ya la había tirado a un lado y había ido por su encuentro. - ¡Hey!.- exclamó haciéndose la indignada, ya que ella no era nadie para enojarse por aquello, ya que hubiera hecho exactamente lo mismo que el castaño.

Con una sonrisa recibió a su amigo que volvía a sentarse a su lado, con una sonrisa sacada de un niño de tres años en la mañana de navidad, o buscando los chocolates dejados por el conejo de pascuas. Ella le imitó, la curiosidad ya la superaba, que desenvolver los regalos era una cosa  inmensamente genial, pero ver lo que había debajo era otro muy diferente y el triple de mejor. Pero en eso, su mente hizo un click inesperado.

Sonrió comprensiva cuando su amigo se abalanzó sobre ella refunfuñando como un niño que se negaba ir a la cama tan temprano de un día sábado.- Sé que no quieres, y yo tampoco. Peeeeeeeero debemos, y lo sabes. No me dejes ser yo sola la mala de la película, sabes que me gusta mejor ser ese personaje secundario pero divertido.- le dijo amigablemente, mientras le removía sus cabellos divertida. - Yo ya hablaré con el viejito de la bolsa, ya verás.- agregó sonriéndole.

No pudo seguir convenciendo a su amigo ya que una avalancha de mujeres fue al encuentro del castaño y junto a grito, risitas  y uno que otro agarrón amigable se lo llevaron literalmente flotando hasta el escenario.

Hizo el ademán de ir a salvarlo, pero... desvió su mirada y observo como ahora tenía sólo para ella no sólo un regalo, SINO QUE DOS. - Jijijiji.- rió traviesamente, tomó el otro regalo y los abrazó hacia ella.-  ¡Wuuuuuujuuuuu, eres el mejor!.- gritó eufórica, para luego sentarse nuevamente junto a los regalos y abrirlos animadamente.

- ¡ES UNA MESA DE LUCES!.- gritó animada mirando a su amigo que estaba dándolo todo sobre el escenario y sacando más que un suspiro de parte del sector femenino de aquella noche. Esperen, había algo más...- Y LUCES.- terminó de gritar tremendamente feliz al ver todo el contenido del regalo rojo.

Ese regalo de seguro había sido de Sat Majhul. Era un "Dj" famoso de India, él construía sus propios equipos, y en esta oportunidad le había hecho una mesita fiestera y luminosa para el trío. Ya que como él siempre repetía "Donde está Sat, está al fiesta" de seguro había decidido regalarles un poco de su fiestera forma de ser al grupo de amigos.- ERES FIESTA, SAT ¡TE AMAMOS!.- gritó hacia el castaño que se encontraba riendo sin parar en la esquina contraria de la squib, pero -que al escuchar su voz le miró.

- ¡कार्निवाल मेरे सारे जीवन, मेरे प्रिय! (1) - dijo todo feliz. Clementine no entendió ni una coma de lo que había dicho, pero sonrió de todas formas, ya que estaba segura que era algo maravilloso.

Y ahora, el otro regalito.
¡Que dicha!

(1) ¡Carnaval toda la vida, mi querida!
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