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Saliendo de las sombras... ||Myrtle||

Invitado el Jue Ene 19, 2017 12:36 am

De un momento a otro todo se llegó a complicar en su vida, no sabía como había acontecido todo esto, solo que las cosas se habían tornado muy desfavorables, aún recordaba estar preparándose para pasar una nueva navidad con Sabrina y Zarina, aún cuando estuvieran divorciados, la navidad la solía pasar con ellas por la pequeña, pero ese año no sería así, las cosas se fueron por un camino demasiado desastroso, era el 19 de Diciembre cuando él tomó el turno nocturno sin siguiera imaginar lo que estaba por acontecer, en un momento todo era normal, como otra noche de trabajo, luego todo se volvió una crisis, muchas personas entraron para ser atendidas y el caos se desató, el ministerio había sido atacado, claramente él se preocupó y se preocupó por una persona en especial, por la ministra de magia, no quería creer que le pudiera pasar nada, intentó salir del hospital para ver como estaban las cosas en el ministerio pero no lo logró, era demasiado el trabajo, el cual incrementó en el momento en que el ministerio cayó.

Sintió una fuerte opresión en el pecho cuando escuchó eso, no quería pensar en lo que podría haber pasado, no quería pensar en lo que había sucedido con Lena, no, a ella no podía pasarle nada, aún cuando nunca habían salido realmente aún cuando nunca se había animado a hablarle o a salir con ella, era un sentimiento muy fuerte el que llegó a sentir por ella y ahora estaba muerta y él fue un cobarde que nunca pudo decirle sus sentimientos, quería gritar, quería llorar y golpear algo pero no podía, no debía, las cosas estaban complicadas, se complicaron mas con las personas que llegaron, además él era un sangre sucia, tenía que tener cuidado con lo que hacía, quien no debe ser nombrado estaba en el poder y eso era solo un problema y aún con lo impulsivo que era el ex-Gryffindor tenía una familia y no podía simplemente lanzarse a la boca del lobo, sin embargo si estuvo un momento a solas intentando serenarse hasta volver con los pacientes, no sabía que hacer solo que tenía que huir, sabía que las cosas para él serían difíciles, también tenía que poner a salvo a Sabrina y a Zarina, posiblemente no tendrían problemas por ser brujas mestizas ambas, pero no quería arriesgarse a que algo les pasara.

Era el medio día del 20 cuando logró salir, para esta hora ya había leído el profeta, creía que lo mejor era hacer que ellas lo desconocieran y él escapar, no se pensaba entregar a los mortifagos, eso jamás, pero tampoco quería que su pequeña viviera en un mundo así, corrió hasta donde estaba Sabrina y la instó a irse del país con la pequeña, esta intentó que él se fuera con ellas, pero este se negó, sabía que sería mas fácil irse del lugar, dejarlo todo y a todos, pero no podía hacerlo, estaba preocupado por Sam, ella era hija de muggles como él, también le preocupaba Cosmas, él había sido uno de los mejores aures en su tiempo y tenía algo de temor de lo que podrían hacerle, además quería vengar la muerte de Lena y acabar con los mortifagos, defender a los hijos de muggles como él y por eso no podía irse.

Costó mucho pero al final logró convencer a Sabrina de irse, fue la despedida mas dura que tuvo que afrontar, tener que despedirse de su pequeña hija fue terrible, tener que decirle que se irían por un tiempo, tener que ver como esta preguntaba cuando lo vería y tener que decirle que no sabía, verla llorar mientras se marchaba fue terrible, pero era lo mejor, no había nada mas que hacer.

Esperó saber que ellas llegaron a su destino con bien, para por fin dejar de hacerse el hombre fuerte que no estaba destruido por dentro con toda la situación y por fin sucumbir al malestar y a la perdida, no volvió a San Mungo, se mantuvo en el Londres muggle, escondió su varita, ciertamente la llevaba con él por si aparecía un mortifago pero no la usaba y por mas de una semana se hundió en el alcoholismo y la miseria, no sabía que hacer y solo se refugió en los bares de mala muerte tomando a diestra y siniestra casi que hasta perder la consciencia, él aún cuando siempre tomó era quien decía que no era bueno tomar hasta perder la razón, pero ahora era él quien lo hacía.

Era el 10 de Enero, Sasha seguía hundido en ese bar, en ningún momento le dio por hablar de lo que era, por mas que estuviera borracho sabía que no tenía que hablar de magia y tenía que intentar pasar desapercibido, quien sabe si algún mortifago estaría por la zona, si intentaría acabar con su vida, aún cuando en lo mas profundo de su ser eso deseaba, que llegara uno y lo matara, sabía que si esto pasaba no podría cumplir con su cometido aunque con su condición actual tampoco lo permitiría, estaba acabado, no parecía nada al hombre que estaba en el San Mungo el 18 o el 19 de Diciembre antes de que pasara lo que pasó, no era el mismo hombre con ilusiones y una vida tranquila en busca de aventuras, ahora lucía demasiado desaliñado, mientras se ahogaba en el alcohol.

Estaba tan borracho que creía que veía cosas, después de todo llegó a ver una persona conocida para él, pero ella no debería estar ahí, debería estar en Hogwarts o quien sabe en otro lugar menos ese bar de mala muerte pero con ese cabello, era difícil no reconocerla eso si no se equivocaba de persona, aún así seguro de quien era, caminó tambaleándose un poco hacía ella con una botella de ron en la mano - Pero si es la mejor profesora de todo el mundo, la profesora Myrtle Brandford, nunca esperé verla por aquí, aunque bueno yo no soy el adivino - diría con ese tono de borracho antes de abrazar a la susodicha como si fuera su mejor amiga de toda la vida, algo que denotaba aún mas el grado de alcohol que tenía, eso sin contar el olor a borracho que tenía impregnado y que no podía mas que tambalearse, además de hipar un par de veces antes de separarse de ella con algo de dificultad mientras daba otro trago a su botella.
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Myrtle Brandford el Jue Ene 19, 2017 7:34 pm

3, 2, 1...

Una cuenta atrás se activó en mi cabeza cuando aquel individuo, por llamarlo de alguna forma, se me abalanzó de forma inesperada y brusca. A primera vista me pareció un borracho más de los que pasaban más tiempo en los bares de Londres que en sus propias casas, no obstante cuando centré un poco más mi atención en él lo reconocí aunque vagamente. ¿Quien era? Estaba totalmente segura de que lo conocía pero ¿de que? Fue entonces cuando de forma poco clara comenzó a hablar, a alabarme. Entonces caí en la cuenta de que se trataba de un ex alumno del colegio, Gryffindor si no me equivocaba de persona. Sasha, ¿a esto ha llegado? Esa era una de las ventajas de mi obsesión con los alumnos y alumnas, que los retenía en la cabeza durante mucho tiempo, demasiado, no solo durante su estancia en el castillo.

Cuando este se separó de mi, cosa que agradecí por la peste que emanaba de su cuerpo, su ropa y sobretodo de su boca, aproveché para rebuscar en mi bolso del cual saqué una de mis bolas de adivinación. Si, había adoptado la mala costumbre de llevar siempre una encima, nunca se sabe cuando la vas a necesitar. ¡Zas! El sonido de el cristal impactando sobre la cabeza del joven llamó la atención de los allí presentes, todas malas miradas con algo de asombro. -¿No tenéis nada mejor que hacer que mirar a una vieja chocha y a un borracho?- Pregunté mientras cogía al ex-león del brazo para llevarlo a un rincón de aquel antro donde aún quedaba una mesa libre. -Siéntate ahí y no te muevas... si es que puedes claro está...- Dejando mi bola sobre la mesa para poder coger la bebida de Sasha caminé hacia la barra, pedí dos cafés, uno extra-fuerte y otro normal con leche, y volví donde lo había dejado. -Tomate esto, te hará mejor-. Me senté frente a él rebuscando nuevamente en mi bolso hasta que finalmente saqué una caja de caramelos de menta con los que estaba intentando dejar de fumar, le dí uno, si iba a mantener una conversación con el mejor sería que se ventilase la cloaca que tenía por boca.

Casi se me olvidaba el porqué estaba allí. No, no había ido a aquel bar de Londres por casualidad y mucho menos a buscar a el alumno borracho, estaba allí para encontrarme con alguien, alguien que hacía mucho tiempo que no veía y que había preferido no volver a ver en mi vida, mi esposo. Aún no le había contado lo sucedido con Cordelia, tenía la obligación de informarle, ella también era parte suya. Miré el reloj de bolsillo que me había llevado prestado del joyero de mi hija a modo de recuerdo y seguidamente eché un rápido vistazo a todos los presentes, ninguno era quien buscaba.

Centré mi atención en Sasha. -Después de tanto tiempo y mira como te encuentro... no recuerdo haberte enseñado este camino, dime hijo, ¿que te ha pasado? ¿Perdiste... a alguien aquella noche...?- Después de lo sucedido aquella noche del 19 de Diciembre todas las desgracias, todo, parecía girar en torno a eso. Estaba harta, siempre la misma historia interminable y repetitiva, ¿cuando demonios iba a acabar? Estaba realmente cansada de morderme el labio cada vez que me veía obligada a recordar lo sucedido en los terrenos del castillo, no había sitio para más heridas. Los psicólogos dicen que compartirlo, tus vivencias, es la mejor medicina, se equivocan, solo agrandan la herida, al menos en esta vieja de 61 años. Esperé a oír lo que el joven estuviera dispuesto a contar, aunque si no iba mal encaminada y aquella noche iba a ser el tema de conversación, el café no era la bebida que necesitaríamos.
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Invitado el Miér Ene 25, 2017 9:05 pm

Nunca había esperado ver a su antigua profesora de adivinación en ese lugar, no sabía por que pero no la veía como el tipo de persona que estaba en un bar de mala muerte, era demasiado extravagante y como le parecía que ella decía demasiado fabulosa para algo así, además la imaginaba mas con sustancias alucinógenas en otra clase de lugares, o tés de hierbas o cosas mas naturales que una cerveza, pero siempre podría estar algo equivocado y ser el quien estaba alucinando aunque no recordaba haber ingerido ninguna sustancia extraña solo Ron, y para ese momento ni siquiera del bueno, ahora estaba tomando hasta el mas barato que había.

Luego de abrazar a la profesora pasó algo que realmente no se esperaba, ya se había separado de ella y estaba dando otro trago a su botella dándole la espalda mientras buscaba un lugar donde sentarse los dos cuando de la nada "¡Zas!" algo contundente golpeo contra su cabeza y lo hizo caer al suelo, si no tenía mucho equilibrio menos aún cuando algo lo golpeo haciendo que viera doble y besara el piso y claramente destruyera su botella de Ron y posiblemente le produjera una contusión, tendría suerte si no estaba sangrando en ese momento, lo peor de todo es que eran el centro de atención en ese momento, aunque bueno no estaba tan consciente para percatarse de tal cosa, solo sentía que la cabeza le dolía y le palpitaba del dolor.

Se llevó una mano a la cabeza mientras se reincorporaba un poco y a mil costos se ponía de pie - ¿Esto era necesario profesora o es que es mortifaga? - inquirió, si era lo segundo no dejaría que se lo llevara sin pelear, dudaba poder usar su varita pero siempre podía usar la fuerza bruta y defenderse a golpes, pero no le parecía que ella fuera como esos locos obsesivos por la sangre, pero si lo era, él cometió el error de saludarla, por que si tenía buena memoria puede que sabría que él era hijo de muggles.

Las cosas estaban raras aunque bueno, dado su estado etílico cualquier cosa sería rara para él, pero al parecer la profesora no intentaba hacer nada contra él o tal vez si, pero quiso confiar en ella así se quedó en ese asiento donde ella lo dejó y luego tomó ese café que le entregó, realmente lo necesitaba en ese momento, aunque claramente no quería tomar algo mas que alcohol, no quería otro golpe con una bola de cristal, en especial cuando aún estaba afectado del ultimo.

- Iuk - fue lo primero que dijo al tomar el primer sorbo de café estaba muy fuerte y sin azúcar, claramente fue desagradable para sus papilas gustativas pero sabía que la profesora no le traería azúcar y que la idea del café era la de que a él se le bajara un poco la borrachera así que se lo tocó casi que de un trago por el pésimo sabor que tenía antes de aceptar el confite, el cual con gusto se llevó a la boca, seguro le quitaría el mal sabor.

- Todo - respondió a la pregunta de la profesor - Perdí al amor de mi vida y no llegué ni ha hablar con ella por cobarde, tuve que mandar a Sabrina y a nuestra hija a vivir al extranjero, no se cuando las pueda volver a ver - diría estando seguro que la profesora recordaría a su ex-esposa, después de todo era una de sus mejores estudiantes y terminó trabajando como rompedora de maldiciones - perdí mi trabajo, bueno no lo perdí decidí escapar como un cobarde antes de ser apresado por ser hijo de muggles, no he sabido nada de mis amistades - todo estaba patas para arriba desde que los mortifagos ganaron la batalla.

- Y usted profesora ¿No debería estar en el colegio? ¿También lo perdió todo? - preguntaría mientras se llevaba la mano a la cabeza al lugar donde lo había golpeado, se sentía un poco mejor con respecto a lo tomado pero seguía demasiado alcoholizado.
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Myrtle Brandford el Miér Feb 01, 2017 6:15 pm

Claro que aquello era necesario, o bueno, quizás no lo era tanto, pero necesitaba descargar tensiones y él simplemente se cruzó en mi camino molestándome, solo había sido un golpe de mala suerte y nunca mejor dicho. Ya sentados en aquel rincón al que ni la luz se atrevía a llegar apenas observé en silencio como Sasha se tomaba aquel amargo café de una sola sentada para después meterse el caramelo en la boca, le entendía, cuando apenas probé aquel líquido de color amarronado casi negro mis papilas gustativas rezaron porque no volviese a castigarlas de aquella forma tan cruel. Definitivamente aquel no era el mejor sitio para ir a tomar café.

Mis manos, pegadas una a la otra con los dedos entrelazados, descansaban sobre la mesa nerviosas, temblorosas, lo hacían desde aquella noche y aún más en aquel momento. En parte, el reencuentro con un antiguo alumno aun estando en aquellas condiciones me tranquilizaba, me hacía volver a los buenos tiempos en el castillo cuando todo era paz, relativamente. Nuevamente volví a recorrer el local con la mirada, no había rastro de mi cita, fue entonces cuando escuché las primeras palabras sobre lo que había llevado al ex-león a aquel lugar y a aquel estado de embriaguez.

Muy atentamente escuché todas y cada una de las palabras que salieron de entre los labios del joven. Mis manos se apretaron aún más la una con la otra mientras mi corazón se encogía. Sentía tristeza, impotencia y sobretodo rabia, sentía que iba a explotar, que esa parte impulsiva que dormía dentro de mi desde hacía ya muchos años acabaría despertando de nuevo obligándome a hacer alguna locura, una muy grande. Desde aquella noche la idea de regresar al castillo en busca de venganza rondaba mi cabeza a diario, no, no buscaba venganza por la muerte de Cordelia, no sería capaz de matarme a mi misma, a si verdadera asesina... Venganza por todo el mundo mágico que ahora más que nunca se encontraba dormido y en las sombras. Se había marcado una nueva meta en mi vida, matar a Rodolphus, si no lo hacía antes de abandonar este mundo no podría descansar en paz.

-Retira eso inmediatamente Sasha-. Le ordené mientras introducía la mano en mi bolso sacando la bola de cristal y dejándola sobre la mesa a modo de amenaza para él. -Tu NO eres ningún cobarde-. Puse mayor énfasis en ea negación. -No es cobarde alguien que protege su vida, ¿que crees que hubiera ganado el mundo con tu arresto, o peor, con tu muerte? ¿Que hubieras ganado tu? No eres ningún cobarde y si lo fueras... me alegro de ello, aquella noche ya se perdieron demasiadas vidas, me alegro de no haber perdido una más, además más que un cobarde eres un héroe, sacaste a tu familia del país para ponerlas a salvo, eso no es propio de cobardes-. Mis manos viajaron hasta las de él para rodearlas. -Siento mucho lo de ese amor querido, de veras que lo siento...- No sabía bien que más decirle al respecto, en aquel momento no era la mejor en eso de consolar a nadie. -Todos hicimos lo que pudimos para salvar el mayor numero de vidas posibles, ¿pero sabes una cosa? Seguro que ella estaría, estará contenta de que tu estés bien, con vida-.

De repente la puerta se abrió y un hombre de avanzada edad, poco mayor que yo, entró por la puerta, fue entonces cuando mi corazón pareció detenerse unos segundos. James había aparecido. Por suerte o por desgracia mi querido marido no pareció reconocerme, algo normal debido a la cantidad de años que llevábamos sin vernos y la cantidad de cambios de look por los que había pasado. -El colegio ya no es un lugar seguro para nadie, además, después de haberme enfrentado al que es ahora el nuevo director dudo mucho que me hubiesen tratado muy bien, sirvo de más estando aquí fuera...- Expliqué sin ni siquiera mirarle, tenía la vista fija en James. -¿Ves aquel caballero que acaba de entrar y que se ha sentado en aquella mesa de allí? Es mi marido, el padre de mi hija, Cordelia. Llevamos muchos años sin vernos, no estamos juntos aunque seguimos casados, ¿sabes cual es el motivo de que esté aquí? Yo le invité, tenía que contarle lo que pasó con nuestra hija, contarle como murió y quien la mató... La maté yo Sasha, ese monstruo de Rodolphus la tenía bajo su control, le estaba haciendo sufrir y fui demasiado cobarde como para tratar de salvarle la vida, opté por el camino más fácil...-. Retiré las gafas de mi cara dejándolas caer sobre la mesa, odiaba que los cristales se me llenasen de lagrimas. -Lo único que pude hacer por ella fue poner a salvo a su hijo y a su marido, aunque no es suficiente. Soy la peor madre y la mujer más cobarde del mundo-.

Volví a ponerme las gafas después de retirar las lagrimas de mis ojos. Había llegado el momento de contarle la historia a James, aunque no sabía bien como hacerlo, por donde empezar. -Espérame aquí-. Y sin esperar respuesta alguna me levanté y caminé hacia la mesa donde se encontraba mi marido. La conversación fue breve, minutos después regresé con mi ex-alumno con dos papeles, una orden de alejamiento con la que me prohibía acercarme a mi nieto y la petición de divorcio. Dramas muggles. -Ya lo sabía todo-. Me encogí de hombros mientras acercaba los papeles a la débil llama de la vela que se consumía lentamente en la mesa contigua. -No va a hacer que me aleje de mi nieto y el divorcio... bueno, pronto no harán falta papeles. Ahora dime, ¿cuales son tus planes? ¿Acabar con el alcohol de todos los bares de Londres?-. Pregunté golpeando la mesa con la bola de cristal. -La Orden necesita gente y tu también la necesitas...-.
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Invitado el Dom Feb 12, 2017 7:20 am

Se desahogó con la profesora, ocupaba desahogarse con alguien y ella llegó en el momento justo, aunque claramente no le agradecía el feo golpe que le había llego a proporcionar con su bola de cristal, vamos, estaba seguro que estaba sangrando y que tenía una especie de contusión o algo producto del golpe, pero era maravilloso encontrar a alguien que conocía, una persona que fue una de sus profesoras favoritas en su tiempo de estudiante y que además de eso no fuera mortifaga que era lo que temía.

Se sentía como un cobarde por todo lo que había llegado a pasar, aunque al parecer su antigua profesora no pensaba lo mismo de él y llegó hasta a regañarlo por esto, por creerse un cobarde cuando vio que la situación se vería mal para él, aunque seguía creyendo que tal vez tuvo que luchar ese día para de esta forma lograr algo mas, tal vez se hubiera salvado algunas vidas pero no fue el caso, no fue lo que hizo y ya no se podía llorar por la leche derramada.

Tal vez la profesora tenía razón, no hubiera logrado nada, pero no se sentiría un inútil, cierto que logró proteger a su familia pero ¿que mas había logrado? nada, ahora estaba lejos de ellas y no sabía nada de los demás y claramente era alguien que tuvo que hacer mas.

No pudo evitar reír con amargura ante las palabras de la profesora sobre su antiguo amor - También en eso fui un cobarde dudo que ella en algún momento se diera cuenta de lo que sentía o que siguiera me llegara a conocer - dijo haciendo un gesto de que no había mas que eso, pero era cierto lo de ayudar a las personas, él hizo su parte en el San Mungo aunque sentía que mas que ayudar a magos necesitados terminó ayudando a mortifagos desgraciados y esto lo hacía sentir peor.

Dado su estado evidentemente no notó el ligero cambio de expresión de la profesora cuando llegó su ex-esposo, a costo notaba lo que estaban hablando, se sentía como de la patada y como no con la mezcla de un golpe y estar borracho, pero bueno dejando ese tema de lado siguió prestando atención a las palabras de la profesora, por Dios, lo que ella decía lo impactó, tener que matar a su propia hija por culpa de un mortifago y tener que dejar su trabajo y tener que contárselo al padre de su hija era sin duda alguna la peor cosa que podría pasar, había escuchado y visto muchas cosas feas y malas en sus guardias pero estaba casi seguro que nada como esto y la hacía sentirse bastante mal por la profesora - No eres una cobarde, hiciste lo que creíste mejor, él seguro la hubiera matado de todos modos, son así de cobardes - diría expresando su apoyo aunque seguía algo impactado, algo que no debería pasar dada su profesión de Sanador.

- Claro - respondió cuando la mayor le dijo que lo esperara, después de todo dudaba poder ir a cualquier lado, sin contar que era muy posible que de no ser por lo que le contó la anciana se hubiera quedado dormido en esa mesa, sin contar que algunas cosas daban vuelta cuando intentaba levantarse por lo que simplemente se quedó analizando la vivencia de la profesora y sintiéndose un poco peor por no haber peleado esa noche.

No entendió muy bien a que se refería con que pronto no harían falta papeles, ¿estaba insinuando que moría pronto o que lo mataría? quien sabe, tal vez estaba algo equivocada con esto, tal vez malentendía las cosas y decidió que no preguntaría nada solo pensaría en las nuevas preguntas que le había llegado a hacer la profesora, tenía que pensar que haría pero se sentía tan inútil que dudaba poder llegar a hacer algo al respecto y estaba a punto de decírselo a la profesora cuando esta llegó a nombrar la Orden, no estaba seguro de lo que la profesora hablaba, no al cien por ciento pero si era algo que podría hacer que él luchara contra el nuevo sistema, si lo ayudaba a defender a los suyos, a los hijos de muggles como él, claramente que si entraría, además posiblemente lo podría ayudar a consumar su pequeña venganza por la muerte de Lena - ¿La Orden? explícame un poco sobre eso - pidió.
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Myrtle Brandford el Lun Feb 13, 2017 11:21 pm

En uno de los silencios las palabras de Sasha sobre que no era una cobarde regresaron a mi cabeza obligándome a bajar la cabeza y posteriormente a clavar la mirada en la llama da aquella vela con la que anteriormente había quemado los papeles del divorcio que mi ex-marido me había entregado. Eso era algo que una y otra vez me repetía a mi misma y aunque en el fondo sabía que era cierto, que Rodolphus la hubiera matado de cualquier forma y haciéndole sufrir todo lo inhumanamente posible y más sentía que no había hecho suficiente, que me había rendido fácilmente, que había abandonado el juego antes de comenzar. No obstante a pesar de no tener claro si era o no una cobarde, si había actuado de forma correcta, había algo que si tenía claro, que no podía pasarme el resto de mis días lamentándome por el pasado, era hora de borrar todos esos errores, demasiados quizás, y comenzar a hacer las cosas bien, había demasiadas vidas en juego y necesitaba tener la mente y las ideas claras, no permitiría más errores, mas muertes, más lagrimas que no fueran de felicidad.

Al parecer el ex-alumno no tenía ni idea de lo que hablaba, algo que me extrañó enormemente ya que creía que todo el mundo, sobretodo los adultos, había oído hablar alguna vez de la Orden de Fenix, al parecer estaba equivocada. Al tener que contarle sobre la Orden decidí acercarme más a el y reducir el tono de mi voz, no quería que mis palabras llegasen a oídos de algún curioso. -Cielo santo Sasha, ¿nunca has oído hablar de la orden del Fénix? Creía que entre los alumnos del castillo se hablaba de eso y que los adultos la conocían, al menos la mayoría... ya veo que no. La Orden es una... ¿organización? Podríamos llamarla así, si. Es una organización de magos y brujas que luchan contra quien tu ya sabes y los suyos, fue creada por el mismísimo Albus, ¿de verdad que no sabes nada sobre ella? No pudimos hacer mucho aquella noche, el ataque fue una sorpresa y muchas fueron las bajas... no obstante los que salimos con vida creamos un refugio para todo aquel mago o bruja que lo necesitase, tu Sasha, lo necesitas, ¿piensas seguir solo hasta que alguno de esos animales te encuentre? Si no quieres ayudar, participar en esta guerra, lo entenderé, pero por favor acepta venir al refugio, a ponerte a salvo, además, necesitamos alguien con conocimientos médicos y no conozco a nadie mejor que tu... bueno, no conozco a nadie más-. Reí intentando calmar un poco el ambiente.

De repente la puerta de bar volvió a escucharse e instintivamente mi cuerpo giró sobre si mismo permitiéndome ver como James abandonaba el local mientras que dos hombres con ropajes oscuros y ambos con una capa del mismo color entraban en este. Mis alarmas se activaron, mortífagos. Sin pensarlo mucho agarré la mano de mi ex-alumno y aprovechando la escasa luz del rincón donde nos encontrábamos desaparecí junto a él apareciendo segundos después en la azotea de un hotel. -Prefiero no correr riesgos, aquí estaremos más seguros-. Aprovechando la soledad que nos rodeaba saqué la varita, me coloqué tras el y agitándola mientras recitaba un conjuro silencioso curé la herida de su cabeza.
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Invitado el Vie Feb 17, 2017 12:15 am

Negó con la cabeza ante la pregunta de la mayor, si bien posiblemente la había oído nombrar alguna vez no era algo que realmente llegara a conocer, él no sabía mucho de la misma, nunca le había interesado nada de eso, siempre creyó que estaba a salvo que no tenía que pelear que otros se encargarían y que el señor tenebroso nunca llegaría al poder pero estaba equivocado, al final si lo había llegado a conseguir y él estaba ahí en ese lugar pasando una mala racha, hundido en el alcohol y exiliado del que fue su mundo por mucho tiempo, solo por que sus padres no habían sido magos como él y le parecía una estupidez el que pasara tal cosa.

- Alguna vez creo que llegué a escuchar algo sobre eso, pero la verdad no es algo que conociera realmente, nunca llegué a interesarme lo suficiente pero si es el caso claro que iré y ayudaré en todo lo que pueda, todo sea por el bien de los magos y las brujas de nuestra comunidad - respondió con convicción, realmente quería ayudar a los demás y hacer lo mejor por todos y lo mas importante vengar la muerte de Lena y de todos los caídos en batalla ese funesto día de Diciembre, tenía que hacerlo.

- Cuente conmigo en todo profesora, yo los ayudaré en cualquier cosa que necesiten - reafirmó, también esperaba que en ese lugar estuvieran sus amigos y que estuvieran bien, realmente estaba preocupado por ellos y tenía que saber que ellos estaban bien.

Todo parecía ir bien e ir tranquilo, al menos hasta el momento en que entraron dos aparentes magos que él no logró ver por que cuando se dio cuenta la profesora se desapareció junto con él apareciendo en una azotea, realmente no era una buena idea la de hacer algo como eso, la aparición de por si a veces se sentía fea y con una situación así en la que estaba completamente borracho era peor, tanto así que a penas le dio tiempo de voltearse a donde estaba una maceta para vomitar todo lo que tenía en su estomago y puede que mas mientras la profesora curaba su herida de la cabeza. Después de esto ambos se fueron del lugar, cada uno por su lado pero con la certeza de que se veían una vez mas por que ambos estaban del mismo lado y Sasha se convertiría en el ahijado de la mayor, solo que antes tenían que arreglar unos últimos detalles antes de verse una vez mas.
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