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Criaturas Magicas - Primera clase [29/01 - 29/02]

Invitado el Lun Ene 30, 2017 4:56 am

29 de enero de 2017, pleno invierno dentro de los territorios de Hogwarts. Como últimamente ya se hacía costumbre, el clima era pésimo, la nieve aún caía en grandes cantidades, y el frío ya de por si molesto, se veía potenciado por las corrientes de aire gélido.
A escasos metros del bosque, se alzaba una pequeña cabaña. Dentro de ella, se hallaba un hombre de unas cinco décadas de edad, alto, medianamente musculoso, y de cabello entrecano. Se encontraba leyendo un libro, el cual parecía ser bastante antiguo, y a un lado de él, sobre el escritorio en el que leía, se encontraba una gran cantidad de otros libros igualmente antiguos. El sujeto estaba absorto del resto del mundo, profundamente concentrado en su lectura, y aún golpes en la puerta de la cabaña y una gran cantidad de llamados desde fuera de ésta no alcanzaba para devolverlo al mundo.
Aquellos que llamaban eran algunos de sus alumnos, ya que aquel sujeto era el recientemente nombrado profesor de cuidados de criaturas mágicas, y aquel día debía de ser su primer clase. La realidad era que el sujeto le daba importancia a su clase en la misma proporción en la que un purista se preocuparía por el bienestar de un muggle. Había recorrido medio continente para llegar a Hogwarts y ocupar el puesto, sin embargo, no lo había hecho por el trabajo en sí, sino porque, al ocupar ese puesto, tenía completo acceso a la biblioteca de Hogwarts. El tipo era un completo maníaco del conocimiento, en el transcurso de su vida ya había aprendido todo cuando pudiese sobre pociones, artes oscuras, criaturas mágicas, dragones, y aún su sed de conocimiento no se veía saciada.
Desde su llegada a Hogwarts, se pasaba el día entero leyendo libros sacados de la biblioteca, e incluso aveces se concentraba tanto en su lectura que olvidaba alimentarse. Aquella era una de esas veces, los alumnos se encontraban en sus puertas desde hace poco menos de diez minutos, en los cuales incesantemente intentaban llamar la atención del profesor, y éste seguía sin dar rastro de su presencia.


---------------------------------------------------------------------

off:
Bueno, bienvenidos a la primer clase de Cuidados de Criaturas Mágicas. Disculpen la tardanza, y espero que la pasemos bien :v

En el primer post deberán rolear como llegan a las puertas de mi cabaña e intentan llamarme la atención para que salga de la casa. Ustedes no están seguros si yo me encuentro dentro, pero deberán seguir intentando. Pueden utilizar cualquier medio para que salga (incluso romper una ventana (?) jajajaja), pero cuidado, si interrumpen a Yngvarr de mala forma su molestia por la interrupción a su lectura se verá potenciada, y puede que los castigue :v

Pd: que el primer alumno no me tire la puerta abajo, si van a hacer algo así esperen a que lleguen varios antes jajaja
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Joshua Eckhart el Lun Ene 30, 2017 5:32 am

El frío calaba en los huesos aquel día que era de los últimos de enero. Oía con algo de gracia algunas quejas del por qué tenían que tomar una clase en el exterior del castillo a semejante temperatura cuando la nieve caía en ocasiones y añadía una nueva capa al suelo que se enterraba bajo sus pasos. Pero era una clase siempre interesante, no le cabía duda de eso, había decidido acercarse a aquella cabaña donde se suponía debía encontrarse el profesor que impartiría la asignatura, aunque ya había algunos estudiantes más además de él.

A pesar de que tocaban la puerta, no obtenían respuesta, resultando realmente curioso. Joshua no conocía directamente al profesor, según sabía era uno nuevo. Llevaba sus cosas dentro de una mochila de saco: los libros necesarios, algunos pergaminos, tinta y plumas; aunque pudo dudar si realmente iban a utilizarlo cuando no recibían ninguna respuesta y algunos empezaban a dudar si el profesor estaba realmente ahí.

Rodeó un poco la cabaña buscando alguna ventana para encontrárselo encorvado sobre un escritorio así dándose cuenta que, de hecho, los estaba ignorando. Pensó en llamarlo por la ventana, pero él en lo particular tenía un muy mal humor cuando lo interrumpían en algo y podía sospechar que con el profesor era algo bastante semejante. Por ello prefirió simplemente alzarse de hombros y dejar que el castigado fuera otro y no él.

Está dentro, creo que hay que seguir intentando que nos escuche —avisó, aunque con ese conocimiento él se quedaría al margen y permitiría que fueran otros quienes llamasen a gritos y tocaran la puerta. Si bien le molestaba empezar con retraso ya que era con mucha certeza una de sus asignaturas favoritas, no le apetecía en lo absoluto llegar a meterse en problemas.
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Invitado el Lun Ene 30, 2017 8:48 am

- Se me congela la nariz –se quejó a penas salió a los terrenos. Se subió la bufanda y se bajó el gorro de tal manera que sólo se le veían los ojos. ¿En serio se les ocurría hacer una clase de Criaturas Mágicas en pleno invierno en los terrenos? ¿Acaso el director estaba intentando descubrir si los hijos de muggles tenían menor resistencia a los climas fríos? Merlín, esperaba que a ellos les permitieran vestir sus túnicas de invierno pues, después de haber visto a Noah llegar únicamente con una especie de funda de almohada gigante a clase de Artes Oscuras no estaba tan seguro de qué tan idiotas podían ser algunos mortífagos.

- ¿No te apetece si bajamos abrazaditos hasta la cabaña del profesor? Ya sabes, el calor humano podría ayudar –le preguntó divertido a Sirius, haciendo la mueca de querer abrazarlo antes de largarse a reír pues sabía que Sirius solía sentirse incómodo si acaso había más gente presente y, aunque eran pocos los alumnos de esa clase, empezarían a salir en cualquier momento. Se frotó las manos cubiertas con gruesos guantes en un acto reflejo y empezó el descenso intentando no resbalar por los escalones de piedra, los mismos donde había conocido a Dave. Cerró los ojos un momento más no permitió que el recuerdo de él le quebrara, pero si esperaría a que fuera Sirius quién hiciera algún comentario. Él era el divertido de los dos, Remus en general se dejaba llevar por él pues por si mismo tendía a ser más empollón y se encontraba bastante dispuesto a empezar algún comentario sobre las criaturas que había estado estudiando en el último tiempo o sobre los recuerdos incómodos que tenía de Dave o Noah, a quienes había conocido poco antes de la batalla de Hogwarts, pero no veía el caso. Ya se estaba congelando el culo y no quería empeorar el ambiente.

Cuando llegó al terreno donde normalmente se practicaban las clases se percató de que en realidad había muy poca gente, Joshua Eckart entre ellos. Lo que le llamó la atención fue no ver al profesor- Te apuesto a que hará algún tipo de entrada dramática –le dijo a Sirius pues algunos profesores tenían esa manía de hacer que su primera impresión fuera bastante fuerte. Algunos llegaban diciendo que no tolerarían la estupidez para hacerse los fuertes y otros intentaban ser amigables. Lo cierto era que todos terminaban preguntando sus nombres y alguna apreciación sobre la asignatura que dictaban, pero en este caso parecía que el profesor Sørren no tenía ni siquiera la intención de aparecer.

Ya habían pasado más de 5 minutos desde el inicio de clases y este aún no hacía acto de presencia lo cual, definitivamente, era una fuerte impresión.

Joshua Eckart, un alumno de Ravenclaw un poco menor, se dedicó a husmear en la ventana, avisando que estaba allí. Extraño.

- ¿Habrá olvidado que tenía clase con nosotros? –preguntó a Sirius, llamando a la puerta con sus nudillos, aunque el estar enfundado en guantes amortiguó el golpeteo, haciendo que prácticamente no sonara, así que volvió a intentarlo esta vez con una piedra en su mano.
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Danielle J. Maxwell el Lun Ene 30, 2017 11:52 am

Ojos entrecerrados, cara de sueño y pelos rebeldes y despeinados debajo de un gorro de lana que intentaba disimularlos. Así es como yo me presentaba ante la vida. Por suerte, a pesar del sueño que tenía, desde que salí por la puerta del castillo y aquel gélido viento impactó contra mi dormida cara... desperté de golpe con un bofetón de frío. Con mala gana miré a ambos lados a ver si veía algún compañero con el que compartir mi camino, pero sólo estaba yo. Resignada, me coloqué bien la mochila vaquera que llevaba con el material, ya que me parecía de lo más incómodo llevar las cosas en la mano, me subí la bufanda hasta la nariz y comencé a caminar.

Apenas tardé en llegar a la cabaña del profesor, ya que tengo la manía de caminar a la velocidad de la luz cuando voy sola, por lo que vi a algunos alumnos ya allí. ¿Lo raro? Que parecían estar siendo ellos los que esperaban al profesor en su propia casa. Fruncí el ceño y continué acortando la distancia, fijándome en que se trataban de Remus, Sirius y, si mal no recordaba, Josh, un chico de Ravenclaw con la que rara vez he intercambiado alguna palabra más que un educado saludo.

Hola —saludé al Ravenclaw con una sonrisa que se vio apenas por encima de la bufanda, luego me dirigí a Sirius y Remus, con más confianza como para decir el saludo más estúpido de la historia—. Holi chicos, ¿qué tal? —pregunté aún con la sonrisa. Después de varios días, por desgracia la situación en la que nos encontrábamos se había normalizado y sonreír ya era más común en todos.

Al parecer el profesor estaba dentro pero no hacía caso. ¿No era más sano para todos volver al castillo, meterse entre las mantas y dormir una plácida siesta mientras dejamos al profesor tranquilo en su mundo? Pero como parecían dispuestos a hacerle reaccionar, ya que ese paseito hasta la cabaña creo que nadie lo ha disfrutado por placer con tanto frío, me auto-convencí para ayudar porque no iba a irme para que luego el profesor se dignase a salir.

Voy a probar a lo muggle, con piedrecitas en la ventana —les informé, mientras me agachaba a coger algunas pequeñas e inofensivas para el cristal. Me aparté un poquito y comencé a tirarlas una a una. En el interior deberían escucharse golpecitos de cristal lo suficientemente molestos como para que se percatara. Aunque seamos sinceros, si no se percataba, mejor.
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Invitado el Lun Ene 30, 2017 11:23 pm

—Agradece que no se te congela otra cosa.

Respondió inmediatamente, dándole un suave codazo a su amigo, mientras le regalaba una sonrisa pícara. Bromas rápidas, eso eran lo que hacían durante la mayoría de las conversaciones y, cuando estaban a solas, Remus nunca se quedaba atrás.

Obviamente, durante esa época del año, no sólo había nieve en el suelo, sino también un poco de hielo debido a los escasos días soleados que también tenían y que hacían que la nieve se comenzara a derretir, para que luego el agua se congelara llegada la noche y eso hacía que algunas partes del camino, especialmente las bajadas, estuviesen un poco resbalosas, por lo que Sirius patinó en más de una oportunidad, hasta que usó su misma varita para hacer de las suelas de sus zapatos saliera una docena de pequeños clavos que le permitieron agarrarse mejor a la superficie.

Dio un pequeño respingo al escuchar la nueva propuesta de Remus, antes de mirarle extrañado y negar con la cabeza.

—¡Qué gay suenas a veces!

Le molestó apartándose de él, antes de que el castaño le abrazara, por lo que aprovechó aquel movimiento para echarse a correr camino a abajo por el costado de las escalinatas de piedra y no por ellas mismas, pero no avanzó mucho hasta que se detuvo y esperó a Remus, mientras sacaba uno de los libros de su morral y lo agrandaba con un ‹‹Engorgio›› no verbal, hasta hacerlo lo suficientemente grande como para sentarse sobre él. Entonces dedicó una sonrisita traviesa a su amigo y se sentó sobre su propio libro.

—A que soy el primero en llegar allá abajo —Rió entre dientes antes de subir los pies también al libro.

—¡Espera! ¡Yo también voy! —gritó Remus y se sentó detrás del pelinegro*.

Ambos se subieron a ese enorme libro, que antes no había sido más que una especie de revista, y cargaron su peso hacia atrás para tomar la posición exacta antes de comenzar a deslizarse a través de la nieve como si fuesen sentados en una especie de tabla. Pronto agarró incluso velocidad, y aún más por el peso de ambos juntos, por lo que Sirius gritó celebrándose a ellos mismos con un glorioso:

—Woooooooohoooooo!

Pero claro... no pasó mucho para que perdiesen el control control del aparato y ambos acabaran rodando sobre la nieve y chocando entre ellos y con el libro por los últimos metros. Aún así, y con algo de dolor, sobándose sin quejarse, no dudaron en echarse a reír, antes de comenzar a sacudirse la ropa, para que luego Sirius regresara el libro a su tamaño original y algo estropeado, lo volviese a meter a su morral.

Aún tenía algo de nieve en el pelo y sobre los hombros cuando llegaron junto a la cabaña que el profesor usaba de despacho, pero para ese momento Sirius ya había dejado de reír. Ultimamente ya no se mostraba tan simpático y alegre entre otros que no fuesen sus amigos más cercanos y es que no se le olvidaba que después de la clase de Artes oscuras varios de sus compañeros le odiaban porque le creían un soplón. Aunque debía de admitir que ya cada vez le daba menos importancia y si le decían algo, él no dudaba en lanzarles algún hechizo de regreso.

—Hola Danny —regresó el saludo a la Hufflepuff con una sonrisa —Disfrutando los últimos días de invierno ¿y tú?

Preguntó mientras le daba una patada a un cumulo de nieve que tenía por delante, haciendo que cayera en forma de varias pequeñas bolitas de nieve sobre la ropa y la cara de la misma chica, antes de echarse a reír.

Los minutos mientras Sirius seguía pateando nieve a la gente que conocía (por supuesto que Remus esta incluido) sólo para molestar, cuando los presentes comenzaron a intentar llamar la atención del profesor diciendo que estaba dentro.

—Oh, por favor… No sean tan empollones! Firmemos una lista de asistencia para dejar constancia de que vinimos a clase y el profesor no apareció. Yo mismo se la voy a dejar al Director y así nos saltamos una clase ¡y con autorización! ¿Qué mejor que eso?

Rió divertido y abrió una vez más para sacar de su morral el mismo libro medio estropeado, en donde apoyar un trozo de pergamino y pasarlo a sus compañeros para que fuesen firmando su asistencia, siendo él el primero de la lista, el de Remus el segundo (luego de soltar inmediatamente la piedra que había tomado) y el de Danny el tercero, y así se fueron sumando**.

ALUMNOS ASISTENTES A CLASE DE CUIDADO DE CRIATURAS MÁGICAS:
(Firmamos dando constancia que el profesor no se presentó)


Sirius O. Black
Remus J. Lupin
Danielle J. Maxwell
Alice K. Ivanova
Elizabeth M. Bonnefoy



Off: *Acciones dichas por el mismo user de Remus que no se quizo quedar abajo del trineo XD
** Los nombres en la lista (gente que firma inmediatamente), también me han dicho sus users XD.
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Invitado el Mar Ene 31, 2017 7:06 am

Ese día, con ese frío tan horrible, tenían clase de CDCM y este era el momento en que se preguntaba "¿en que momento me metí en este curso?" vamos que tener que ir a clase en la casa del profesor que queda fuera del colegio cerca del bosque con este frío, no era algo que ella quisiera hacer, pero ahí estaba muerta del frío aún cuando andaba con la ropa apropiada, esperaba que al menos la clase fuera dentro de la casa del mismo por que si era fuera, ahí si moriría y se congelaría la media vida.

Caminó hasta el lugar donde se llevaría a cabo la clase encontrando a varios de sus compañeros, llegando a estar varios intentando llamar la atención del profesor quien parecía estar dentro de su casa, burlándose de que ellos se congelaran, claramente no de forma literal pero era lo que parecía dado que se morían del frío y él estaba dentro calientito y no quería abrirles, al parecer se había olvidado que tenía una clase que impartir y era medio sordo por que por mas que intentaban llamar su atención ese parecía no darse cuenta de nada, algo que casi quería hacerla probar con magia a ver si se daba cuenta de su presencia pero la idea de Sirius era mucho mejor que la de ella.

- Estoy a favor de esa moción - dijo ante las palabras de Sirius, si perdían la clase a ella no le molestaba en especial si era justificado como el Gryffindor dijo, además tenía razón el profesor no parecía darse cuenta de su presencia así que ¿por que no irse si tenían la oportunidad? razón por la que luego de que algunos de sus compañeros firmaran ella también lo hizo y esperó a que los que faltaban también lo hicieran y de esta forma todos caminaran hacía el castillo y que buscaran un lugar mas acogedor, un chocolate caliente no sonaba nada mal para ese momento o un té, además ya habían pasado casi 10 minutos, eso era sinónimo de que no habría clase y sería lo justo, algunas clases si llegabas 10 minutos tarde te regañaban, te podían quitar puntos o castigar o dejar fuera de la clase ¿por que no aplicaría lo mismo a los profesores?
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Invitado el Mar Ene 31, 2017 9:01 am

El tiempo corría, y la puerta de la cabaña se mantenía inmutable. Los alumnos que primero habían llegado ya comenzaban a enfadarse, ya que habían estado en esa posición esperando al profesor en medio de aquel gélido clima durante ya casi cuarto de hora, y los que acababan de llegar secundaban aquel sentimiento, como si ellos tuvieran motivo para enfadarse, no dándose cuenta que, si el profesor hubiese comenzado la clase a tiempo, ellos habrían llegado bastante tarde a ésta.
Uno de los alumnos que había llegado medianamente temprano había dado una idea, firmar por escrito una constancia de haber asistido a clase y utilizarla como excusa para largarse de allí. Algunos estaban de acuerdo, y firmaron el papel al momento de que éste alumno de la idea, sin embargo, había otros que estaban decepcionados, ya que esperaban con ansias aquella clase. De haberse percatado de aquella situación, Yngvarr ni hubiera dudado en mantenerse dentro de la cabaña, sin embargo, no estaba al tanto de lo que sucedía a sus puertas.

Dentro de la cabaña, Yngvarr transcribia unas páginas de un libro. Éste era exageradamente antiguo, y sus hojas ya a estaban resecas y amarillentas. Yngvarr pasaba las páginas con suma delicadeza para no dañar el libro, y poco a poco transcribia todo su contenido en un nuevo libro, medianamente grueso, completamente en blanco. Él estaba, como era costumbre cuando estaba realizando una tarea, absorto del mundo, con su mente completamente perdida, divagando en las palabras de libro.
Se encontraba sentado frente a un escritorio, dentro de una habitación que utilizaba a modo de biblioteca y lugar de estudio. En las paredes se hallaban una gran cantidad de estanterías y muebles en donde guardaba cómodamente su gran colección de libros y los prestados de la biblioteca. A unos metros frente al escritorio, se hallaba una gran puerta de roble, la cual estaba abierta. Ésta daba acceso directo al gran salón de la cabaña, en donde se supone que impartiria su clase. Éste poseía dentro dos grandes mesones alargados, cada uno cercano a la pared, en cuyos lados pegados a éstas poseían una gran cantidad de sillas. En medio de éstas, se hallaba otra mesa, de menor tamaño y con forma cuadrada, en la cual se hallaba un objeto con forma cúbica, oculto debajo de un manto rojizo. Del interior de éste objeto, cada tanto se escuchaban extraños sonidos, como si de aves se tratase.

Yngvarr continuaba con su transcripción, cuando poco a poco comenzó a sentir cierto olor parecido al que emana el cuero quemado. Al inicio lo ignoró, sin embargo, aquel olor cobraba fuerza de forma progresiva, hasta tal punto que, por más absorto que estaba, a Yngvarr le resultó imposible seguir ignorando aquel hedor. Rápidamente se levantó y abandonó aquel escritorio, para luego dirigirse al salón, lugar de donde provenía aquel mal olor. Al llegar, Yngvarr se sorprendió al ver el manto que tapaba el misterioso objeto cubierto en llamas. Como una acción por instinto, rápidamente saco su varita y conjuró un hechizo que extinguió por completo las llamas, sin embargo, aquel hedor seguía en aumento. Estaba a punto de volver a su habitación, cuando se percató de la presencia de un grupo de personas en su puerta.
- Mierda, la clase -susurró en voz baja, quejándose- ya debe ser hora.
Yngvarr nuevamente conjuró un hechizo, logrando que se destrabe y abra por su cuenta una puerta que se ubicaba detrás de una de las paredes. Ésta, luego de atravesar un pasillo en forma de L, conectaba el exterior con el gran salón. El sujeto, segundos después de abrir la puerta a distancia, ordenó levantando la voz a sus alumnos que entraran, mientras él ordenaba rápidamente el lugar con ayuda de su varita. Pocos segundos después, al ver que aún no entraba ninguno, se acercó a la puerta y se asomó por ella al exterior. Allí, vio a un grupo de estudiantes, los cuales se pasaban entre ellos un papel y una pluma.
- No se si están enviándose cartas de amor o comprando droga, pero entren ya, no esperen una alfombra roja -dijo con tono ironico y voz calmada. Sin esperarlos, nuevamente entró en la cabaña, aún maloliente por el manto quemado, y se dirigió al fondo del salón, apoyado sobre la pared mientras veía entrar poco a poco a sus alumnos. Cuando terminaron de acomodarse en las mesas, Yngvarr les dirigió unas palabras:
-Normalmente el primer día los profesores y alumnos se presentan, dicen sus nombres y toda esa porquería -decía con voz calmada, mientras caminaba lentamente por el espacio entre las mesas, mirando el suelo mientras lo hacía, luego, levantó la mirada y continuó- voy a ser sincero, me importan un bledo sus nombres, y lo más probable es que ustedes piensen lo mismo del mio. Yo seré su profesor y ustedes mis alumnos, cumplirán todas las ordenes que les dé, y si no les gusta ahi está la puerta -dijo mientras hacia un ademán con la cabeza señalando ésta- si es que no son unos inútiles, que ahora que veo sus caras me resulta algo difícil de creer, aprenderán como domar un grifo con las manos atadas, o incluso doblegar la voluntad de un dragón. Sin embargo, dado que lo más probable es que actualmente no tengan ni una mísera idea de cuales son las características más básicas de estos animales, eso tendrá que esperar. Ahora, empecemos, que alguien me diga todo cuanto sepa sobre las clasificaciones de las criaturas.

Yngvarr quería deshacerse de sus alumnos lo más pronto posible, sin embargo, dado que sus clases tenían una duración de dos horas, aún le quedaba tiempo. Éste les dio un pequeño monólogo a modo de presentación a la materia, evitando hablar sobre el hecho de que sus alumnos habían tenido que esperarlo casi veinte minutos bajo la incesante nevada.
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Joshua Eckhart el Mar Ene 31, 2017 9:30 am

Un grito se escuchó haciendo eco en el patio, haciéndolo mirar hasta ver a lo lejos al par de Gryffindor bajando por las escalinatas de piedra a fuerza de un trineo elaborado a base de un libro. No entendía la necesidad de una entrada tan triunfal bañada de ruido a aquellas horas y con tanto frío. Él estaba ocupado pensando en lo mucho que envidiaba a su hurón por estar aún entre las tibias mantas y él ahí congelándose de frío mientras infructuosamente llamaban a la puerta del profesor y no parecía ir a haber alguna respuesta en lo absoluto.

Vio llegar a los dos Gryffindor en silencio mientras él ya se preguntaba si en serio el profesor estaba dentro. Nunca había hablado directamente con ellos, pero llegó a reconocerlos. Después de lo sucedido en la clase de Artes Oscuras, era difícil no hacerlo. Aunque, en lo particular, a él no le desagradaba Black por chivarse. Honestamente, él pensaba que quizá había algo detrás de aquello. Épocas tan oscuras llegaban a mostrar cosas de la gente que ningún otro pudo haber imaginado. Pero todos, él incluido, estaban intentando avanzar a pesar de lo sucedido el último tiempo en el colegio y por sobre todo mantenerse a salvo.

Salió de sus pensamientos cuando escuchó el saludo de una Hufflepuff a la que le costó un poco más recordar su nombre, y sin embargo le sonrió de vuelta. No era bueno con los nombres, así que decidió simplemente no mencionarlo. — ¿Qué tal? —devolvió el educado saludo mientras por lo pronto se dedicaba a husmear a ver qué podía encontrarse. Había visto dentro al profesor y les informó a los demás que estaba dentro, aunque ignorándolos con toda seguridad.

Pronto se distrajo con la propuesta de Black, que en realidad no le gustó para nada. No le convencía la idea de firmar asistencia y marcharse, ¿y qué si había algún problema? Era algo cobarde al respecto y decidió quedarse al margen y no firmar por el momento. Se preguntó cuánto tiempo debía pasar antes de dar una clase por perdida, con aquel clima tan helado. Todos estaban firmando uno a uno, quedándose de último para la labor.

Y, sin embargo, pronto vieron la puerta abrirse, truncando la idea que tenían los demás de marcharse de ahí. Hacía frío, y al menos él no llegó a escuchar el llamado hacia dentro, no hasta que el profesor asomó su cabeza para hacerlos entrar, acabando por seguirlo al igual que sus compañeros. El olor a quemado no se hizo esperar en lo absoluto, acomodando su bufanda de su casa para conseguir hacer ceder un poco el olor que no era nada fácil de ignorar.

La presentación no pudo ser más breve con la honestidad del profesor, Joshua quedándose en silencio mientras intentaba buscar con la mirada el motivo del aroma semejante al cuero quemado, distraído de una presentación que no es que le interesara demasiado. Bueno, ciertamente no tenían aún esos conocimientos, y con toda seguridad Eckhart podría pensar que había más de una persona que no tuviese los que se esperaban a ese nivel de la asignatura, aunque no es que fuera un verdadero problema al menos para él, sólo reaccionando cuando se hizo una cuestión cuya respuesta él sabía, pidiendo la palabra mientras bajaba de vuelta su bufanda para permitirse hablar.

El Ministerio de Magia tiene cinco clasificaciones para las criaturas mágicas que se distinguen por la cantidad de “X” de dicha clasificación… El primero contiene a las criaturas aburridas y totalmente inofensivas para los humanos; el segundo también tiene criaturas inofensivas aunque pueden ser domesticables para los magos; el tercero contiene a las criaturas cuyo manejo se reserva a los magos competentes y muchas veces se necesita un permiso para tenerlas; el cuarto ya clasifica criaturas peligrosas y sólo magos experimentados pueden manejarlas, a su vez contiene criaturas difíciles de capturar o que deben ser tratadas con gran respeto. Finalmente, la quinta categoría posee criaturas con fama de asesinar magos que son o bien imposibles de domesticar o sólo magos con mucha experiencia y conocimientos especiales pueden controlarlas —había comenzado a hablar tan pronto pudo, y no guardó silencio hasta que hubo vaciado todo lo que sabía al respecto.

Soltó aire, más a modo de una exhalación breve, cuando finalmente terminó con su explicación y con ello dio por terminada su aportación por el momento. Joshua normalmente no hablaba mucho, pero no había forma de callarlo cuando comenzaba a hacerlo. Y es que aquella era una materia en la que por su propia cuenta había estudiado a montones, leído cuanto libro pudo tener entre sus manos y por lo tanto se consideraba un poco más entendido que la media.
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Noah Gallagher el Mar Ene 31, 2017 6:23 pm

-Muggle, levanta, tienes clase de Criaturas mágicas, según tengo entendido es tu asignatura favorita ¿no es así? Espero que el profesor Yngvarr tenga algo especial preparado para ti, aunque ¿sabes que? Hoy vas a asistir a clase tu sólito, yo tengo cosas que hacer aunque si se te ocurre hacer la más mínima tontería...-.

Ahí estaba la molesta voz de aquel insoportable personaje al que le habían encarado vigilar mi celda. ''Te lo tienes bien merecido, por entregarme a esos animales'' solía pensar cada vez que me recriminaba el fastidioso trabajo que le habían encomendado. No obstante, al parecer, aquel día iba a ser algo diferente, aquel día iba a gozar de un poco de libertad ya que me permitía asistir a clase sin escolta, eso si, antes me advirtió de lo que pasaría si hacía alguna tontería de las mías. Se me pusieron los pelos de punta al escuchar todo lo que me haría, aunque al lado de haber perdido la lengua delante de un gran gentío no era nada.

Mis ganas de asistir a clase se encontraban a metros y metros bajo tierra, como bien había dicho el carcelero Cuidado de Criaturas Mágicas era sin duda mi asignatura favorita y donde más altas eran mis calificaciones no obstante en aquel momento tan solo pensar en acercarme a algún profesor... no quería ser el muñeco de practicas de ellos. A pesar de mi desgana me vi obligado a adecentarme debidamente y a partir hacia la clase.

Sabía que aquel día haría frío, no obstante no se me facilitó más que una capa, ademas de un uniforme por fin limpio, para protegerme de este, no me importó, además tampoco podía dar queja alguna.

Mientras bajaba las resbaladizas escaleras vi a lo lejos la cabaña donde al parecer se impartirían las clases de esa asignatura. Me alegré ya que si iba a ser el cebo usado con alguna extraña criatura esta no podría ser muy grande. ''Siento el retra...'' Mis labios comenzaron a moverse mas pronto se detuvieron, aún no me hacía a la idea de no poder comunicarme verbalmente. Agaché la cabeza y me senté en el sitio mas cercano a donde me encontraba. Josh, un alumno se mi propia casa, explicaba la clasificación de las criaturas mágicas según el Ministerio de Magia y lo hacía de forma correcta por lo que asentí con la cabeza de forma discreta.

Antes de que su explicación acabase eché un rápido vistazo a los allí presentes, Sirius fue el primero al que vi, también a Remus y a Danni y aunque me vi tentado a sentarme junto a ella preferí no hacerlo, preferí quedarme clavado en el sitio, en silencio, no quería más problemas y aquello seguramente me los traería.

Cuando el alumno comentó la clasificación mas peligrosa de todas, la XXXXX, a la que pertenecían los dragones algo azotó mi mente haciéndome dar un pequeño salto en mi asiento. ''La guía sobre dragones que me regaló la señora Brandford...'' De nuevo los recuerdos de aquella noche asaltaron mi mente, ¿por que no me irían con ella cuando me lo dijo? Me repetí millones de veces. Entonces las voces de mis compañeros de hicieron inaudibles para mi y las lagrimas comenzaron a inundar mis ojos, otra vez.
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Invitado el Miér Feb 01, 2017 3:18 pm

Algún día Amelia iba a morir de la forma más estúpida posible. ¿Por qué lo sabía? Porqué de camino a la clase había parado a ayudar a cinco personas, entre éstas uno que llevaba una poción bastante potente y una chica que tuvo que acompañar hasta la torre de astronomía para luego volver a bajar. No había ni empezado el día que la morena ya estaba agotada y eso que todavía quedaba lo más importante, asistir a la clase.

Corrió como una leona persiguiendo a una gacela y a escasos metros de la llegada al lugar, se paró. Intentó evitar su agotamiento y siguió andando con lentitud hasta llegar a fuera de la cabaña. Saludó con la mano a sus compañeros y se puso atrás de todos en silencio. Cuando el profesor habló, entró en la cabaña y se puso a un lado apartada.

Escuchó con atención a la respuesta de Joshua y se quedó asombrada por todo lo que había dicho. ¿Tanto sabía? Ella era buena con las plantas, no con las criaturas, seguramente que lo pasará bastante mal en esta clase. Tragó saliva y miró con timidez a los demás, seguramente que ellos sabrían más de los animales que ella.
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Invitado el Miér Feb 01, 2017 5:14 pm

La mayoría de los alumnos se pusieron a firmar inmediatamente, lo que hizo que en el rostro de Sirius se dibujase una sonrisa satisfactoria mientras sostenía el pergamino para que continuaran poniendo sus nombres. Claro, no todos le miraron con buena cara, pues siempre podía contar con el Ravenclaw empollón que no quería perderse ninguna clase.

No se dio ni cuenta cuando la puerta de abrió, ya que nadie salió a darles la bienvenida y él continuó con lo suyo hasta que el profesor se asomó por la puerta y llamó su atención con una frase a la que no puso atención, ya que inmediatamente lo vio se quejó y se dedicó a guardar el papel para metérselo en el bolsillo.

—Mala suerte…

Rodó los ojos y se dirigió al interior de la cabaña junto con el resto de sus compañeros y observó al profesor con curiosidad; tenía un aspecto algo fiero, como si en realidad fuese una especie de hombre salvaje intentando parecer civilizado. Sin embargo, lo que más le llamó la atención es que el hombre parecía no tener ningún interés alguno en los alumnos, lo que le hizo pensar que Hogwarts estaba cada día peor.

Algo me huele a comercial baratosusurró a Remus luego de que el hombre dijera que aprenderían un montón de maravillas, justo luego que revelara que sus alumnos le importaban mierda.

Mientras el empollón de Ravenclaw respondía inmediatamente (como la mayoría de los Raven), Sirius se dedicó a mirar al interior de la cabaña para ver que encontraba de interesante y que era lo que parecía estar quemándose, pero en ese momento alguien más entró a la cabaña e hizo un sonido extraño el cual no se parecía a ninguna palabra; era Noah Gallagher, el chico al que le habían cortado la lengua al final de la primera clase de Artes Oscuras de esa nueva temporada. Le quedó mirando, era imposible no llegar a sentir un poco de lastima, aun cuando evitaba tenerla, por lo que no le fue difícil darse cuenta que el chico se ponía a llorar.

Sirius miró a Remus, mas no esperó que éste lo mirase o dijera nada, para retroceder con disimulo y acercarse a Noah.

—Hey —le saludó chocando su hombro suavemente con él y habló en voz baja, para no interrumpir la clase —. Mira… no eres ningún santo de mi devoción, ni mucho menos mi amigo, pero… los lloricas siempre son los últimos en follarcarraspeó ¿Sabes por qué los diabéticos no pueden vengarse?… Porque la venganza es dulce.

Rió brevemente por lo bajo, realmente intentaba de algún modo que Noah se sintiera mejor, aunque sea con una broma estúpida, pues ni siquiera podía preguntarle que le pasaba o si necesitaba hablar, ya que era la mar de lógico que no le iba a responder y eso le podía hacer sentir peor.
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Invitado el Miér Feb 01, 2017 8:19 pm

Luego de varios segundos, solo uno de los alumnos pidió la palabra para responder a aquella pregunta.
-"¿Son tan cobardes que no se animan a levantar la mano o es que son más idiotas de lo que pensé?" -pensaba Yngvarr justo antes de ver la mano del alumno llamado Joshua llevantada. Al no conocer su nombre, le concedió la palabra con un simple ademán con la mano. Segundos después, el alumno comenzó a hablar, y dio la típica respuesta sacada de un libro. Mientras hablaba, un par de alumnos ingresaron al salón, e Yngvarr los miró con mala cara por llegar tarde.
Cuando el alumno finalizó, Yngvarr esperó unos segundos para ver si continuaba u otro alumno completaba la respuesta por él. Al ver que no sucedió, respondió:
-Me acabas de dar la respuesta más común a la pregunta que hice, sin embargo, aquellas clasificaciones son teóricas, ya que en diferentes situaciones algunos animales pueden llegar a resultar igual o más peligrosos que otros de mayor rango. Por ej, un grifo, el cual es de clasificación XXXX, si se encuentra enojado, aunque no lo crean puede llegar a resultar mucho más peligroso que un dragón, el cual es de clasificación XXXXX. Esto se debe a que el grifo es mucho más pequeño, rápido y ágil que el dragón, con una capacidad de combate bastante comparable, por lo que en un enfrentamiento contra un mago, el grifo no tendría mucho problema en esquivar los ataques del mago, acercarsele rápidamente, para luego asesinarlo con sus garras y su afilado pico. Sin embargo, él grifo suele ser distante con los magos y evita las confrontaciones, y esa es la razón por la que se lo clasifica XXXX -explico calmadamente a su alumno, y al resto que lo escuchaba. A Yngvarr ya comenzaba a pasarsele su mal humor por haber sido interrumpido, y en su cara comenzaba a dibujarse su típica sonrisa, la cual es imposible diferenciar cuando es sincera y cuando es irónica. Luego de pocos segundos, continuó:
-La respuesta está bien, pero está incompleta. Yo pregunte las clasificaciones de las criaturas, y esa es solo una. Tu me diste la clasificación según su peligrosidad, pero también está según su tipo. Ravenclaw recibe 5 puntos por la respuesta incompleta -anunció luego de fijarse que logo de casa tenia el alumno en su uniforme- ¿Alguno sabe la diferencia entre un ser, una bestia y un espíritu? -preguntó a sus alumnos, mientras pasaba su mirada por sus caras- esta vez tú no hables -le dijo al alumno que acabada de responder.
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Invitado el Miér Feb 01, 2017 8:50 pm

No sabía si su muy brillante idea para subir el ánimo de Noah daría resultado, pero como estaba hablando bajito, aun lograba prestar atención a clases. Además de que tenía un ojo pegado al profesor para que éste no le regañara por estar contando chistes en medio de clases, así que no le fue problema escuchar lo que el viejete ese farfullaba y la nueva pregunta que hacía.

—¡Yo sé esa! —saltó de pronto, pasando a llevar al Ravenclaw a su lado —. Lo siento, Noah.

Se disculpó y enseguida miró al profesor y ya no estuvo muy seguro de querer responder, pues no tenía una cara precisamente amigable y algo le decía que si equivocaba, le iba a preparar de cena con patatas para alguno de sus animales que de seguro tenía por ahí escondidos. ¿Y si era precisamente un alumno lo que olía a quemado?

—Un Ser según el Ministerio de la Magia es cualquier criatura mágica con la inteligencia suficiente para entender las leyes y ser responsables de sus acciones. Las Bestias son las criaturas mágicas que NO entienden estas leyes, ni son responsables de sus acciones. Y los Espirítus, bueno, antes eran Seres, pero éstos sintieron que ya NO eran, así que quisieron su propia clasificación y son básicamente criaturas mágicas no vivas en el sentido biológico de la palabra —dijo mordiéndose los labios un poco preocupado de si acaso estaba lográndose dar a entender o no —. Igual, como en todas partes, hay excepciones; hay magos cree que los muggles deberían clasificarse como bestias aun cuando no sean criaturas mágicas, y… según tengo entendido, ni los centauros, ni la gente del agua quiso que se les clasificara como seres y prefirieron bestias. La otra discusión que siempre se tiene en cuenta es la de los hombres lobos ya que la mayoría del tiempo actúan como seres, pero durante luna llena no, y por eso es que hasta ahora siguen clasificándose legalmente como bestias, aun cuando esa discusión lleva siglos sin resolverse —alzó los hombros —. Yo en lo personal preferiría ser una bestia, ya sabe, a las chicas le gustan los salvajes.

Sonrió pícaramente mientras se acomodaba el cabello, antes de reír en silencio. No es precisamente que quisiera ser el payado de la clase, es que uno de sus mejores amigos estaba presente y según el Ministerio estaba catalogado como una bestia, cuando estaba seguro que cualquiera en esa clase podía ser mas bestia que el tierno y adorable Remusín (?).

—Por cierto, profesor ¿Cuándo pasamos a la acción? —aprovechó de preguntar con una nueva sonrisa.
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Joshua Eckhart el Miér Feb 01, 2017 9:22 pm

La clase había dado su comienzo con una pregunta simple, y mientras la respondía notó que habían llegado un par de alumnos más, entre ellos una Hufflepuff de su mismo curso cuyo nombre en realidad no recordaba pero su apellido con toda seguridad era Bones, y Noah, un chico de su misma casa que había salido muy mal parado desde que las cosas se habían torcido. Cuando finalizó su respuesta, se preguntó si debía añadir la segunda clasificación, pero por algún motivo decidió quedarse callado y pronto se dio cuenta de que aquello fue un error.

Le generaba algo parecido a la frustración no dar respuestas certeras a temas que conocía, pero no se quejó y acató el mantenerse en silencio, sujetando su muñeca diestra con la zurda desde su espalda mientras escuchaba la complementación del profesor, asintiendo con la cabeza luego de recibir la explicación del motivo por el cual la clasificación era teórica y no se aplicaba estrechamente en la realidad. Y eso era lo interesante de la materia: al tratar con criaturas vivas (o al menos la mayoría), los comportamientos podían ser inesperados respecto a su descripción.

Escuchó la siguiente pregunta y miró alrededor para ver quién pretendía responderla, mientras volvía a divagar un poco con su mente. En ese momento notó que Black se había acercado a Noah y que de pronto el primero saltaba al oír una pregunta que sabía, escuchando su explicación sobre la diferencia entre los Seres, las Bestias y los Espíritus, añadiendo a ello su conocimiento y opinión personal. — También los leprechaun —murmuró, más para sí mismo que para nadie, cuando mencionó que los centauros y la gente del agua no deseaban esa clasificación, mientras discretamente pasaba a mirar al resto de sus compañeros.

Todavía quedaba la incógnita del motivo para el aroma a cuero quemado y no estaba del todo seguro de si deseaba conocer la razón. Pero, en el fondo de todo, no podía ignorar la curiosidad que le daba, a pesar de que, nuevamente, haya sido Black quien aprovechó haber hablado antes para preguntar sobre el paso siguiente. Aunque él no quisiera admitirlo, en realidad tenía un punto importante, y suponía que la mayoría de los estudiantes ya empezaban a pensar en ello.
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Noah Gallagher el Jue Feb 02, 2017 1:16 am

Seguía haciendo oídos sordos a la charla de mis compañeros con el profesor cuando Sirius se acercó a mi, algo que me sorprendió enormemente, era lo último que esperaba que me pasase aquel día y eso que mis últimos días habían estado llenos de cosas nuevas e inesperadas. Aquella era la primera vez que cruzábamos siquiera media palabra aunque por mi parte seguiría así, si, por eso de no tener lengua. Lo primero que pensé fue ''¿Que demonios quiere este ahora? ¿No ha tenido suficiente con ver como me cortaban la lengua? ¿Con dejar entrar a estos animales al castillo?'' Pensamiento que me hizo querer pegarle un puñetazo, uno tan fuerte que le dejase su bonita cara hecha un cuadro abstracto, no obstante no lo hice simplemente le miré y escuché lo que tenía que decirme, aunque para lo que dijo... Vaya un idiota, ¿enserio cree que me importaba no follar? No iba a hacerlo aunque dejase de llorar. Intenté sonreír para hacerle saber que había entendido su broma, no obstante fue tan mala que mis labios se negaron rotundamente, aunque la segunda parte, lo de la venganza, llamó mi atención, ¿enserio esperaba que me vengase? ¿Como? No tenía varita, no tenía nada, hasta la dignidad había perdido.

De pronto el profesor interrumpió nuestra ''conversación'' con una explicación seguida de una nueva pregunta sobre la clasificación de las criaturas mágicas. Esta vez fue Sirius el que la respondió. Estuve de acuerdo con lo que dijo aunque me vi obligado a discrepar en un par de cosas como por ejemplo lo relativo a los centauros y los licántropos. Aún siendo cierto que los centauros son clasificados por el Ministerio como bestias no es por propia elección de estos, según tengo entendido el Ministerio de Magia los incluyó en esta clasificación por su comportamiento agresivo y antisocial al verse obligados a compartir hábitat con otras criaturas. Lo de los hombres lobo simplemente no había escuchado que fuesen clasificados como bestias, sino que aún no se incluían en ninguna. Claro, eso es lo que yo había interpretado en mis lecturas, aunque es cierto que muchas cosas eran dudosas y de libre interpretación.

''Este chico tiene un serio problema con el sexo... ¿no puede pensar en otra cosa?'' Cerré los ojos y negué con la cabeza resignado. ''A la acción... No por favor, que sea solo una clase teórica...'' Sabía lo que aquello significaba, acción significaba acabar para el arrastre, aunque era algo que no podía evitar, si estaba en aquella clase ya sabía para lo que era ya que solamente podía asistir a las clases cuyos profesores solicitasen la presencia de un muggle para alguna practica.

''Tenemos que hablar'' Escribí en un papel que pasé a Sirius cuidando de no ser visto por nadie. Primero pensé en hacérselo llegar a Remus no obstante prefería resolver mi duda con él, dejarme de rodeos.

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