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Show time {Remus J. Lupin & Iorwerth Cosmas}/Priv

Invitado el Mar Ene 31, 2017 4:42 am

12 de Enero, primera Luna Llena.

Y había llegado el día…

Sirius muchas había llegado a sentirse como un huerfanito ahora que Drake estaba en Azkaban. Habían pasado tantas cosas y no había podido contarle ni siquiera una sola, ya que su único modo de saber de el era a través de su esposa; Fiona Shadows, a quien había ido a ver para saber de él, luego de que Drake desapareciera tras la batalla del Ministerio de la Magia el día 19 de Diciembre pasado. Desde entonces, había habido un par de ocaciones en las que había llegado a sentir incluso algo de envidia de Remus quien tenía a su padrino tan cerca, aún cuando la situación en Hogwarts les impidiese hablar con total libertad.

Era el simplemente hecho de sentir que ya no tenía a su disposición esa persona especial, con la cual había llegado a tener una relación bastante única y particular, pues no envidiaba para nada el padrino que le había tocado a Remus. Claro, admiraba a Iorwerth Cosmas, casi como todo el Mundo (sin hablar de ese último tiempo), pero con el carácter de mierda que tenía ese hombre, era imposible llegar a tener una relación de amistad. Aunque ciertamente, no le cabía duda lo mucho que aprendería del ex-auror, aún cuando la mitad de las veces estuviese borracho.

Aún recordaba el año pasado, cuando Iorwerth había llegado como nuevo Profesor de Pociones. Para ese momento no parecía haber nada de especial en la relación que tenia con Albus Dumbledore, pero para la primera Luna Llena supo inmediatamente que el antiguo Director tenía mucha confianza en él, pues Iorwerth ya se había enterado del problema peludo de Remus y bajo misma petición de Dumbledore, comenzaría a acompañarle en sus transformaciones.

—¡¿QUÉ?! ¡ESO NO ES POSIBLE! ¿Quién se cree que es?

Habían sido los alegatos de Sirius cuando ESE desconocido iba a encargarse de cumplir SU labor como animago. Con lo que disfrutaban los merodeadores de las salidas de Luna Llena, para que viniera ese profesor novato y se las quitara con su animagia registrada y súper Orden de Merlín Segunda Clase ¡lo odiaba con el alma!

Al menos tres meses pasaron así y Remus ya tuvo que ceder a las presiones de sus amigos e intentar convencerle de que no hacía falta, que él se las podía arreglar solo y tal, pero claro… Iorwerth no era un tonto ni mucho menos y acabó exigiéndole a Remus que le dijera la verdad. Curiosamente, el hombre pareció comprenderlo, aun cuando puso un par de exigencias de por medio, las cuales eran supervisarlos a través de sus propios ojos para ver cuan capacitados estaban y mas tarde ser él por donde primero tuviese que pasar Remus en la mañana siguiente a rendir cuentas y decirle que no había habido problema. Desde entonces, Iorwerth Cosmas se había convertido en el primer profesor en Hogwarts que sabía de la animagia de los merodeadores, mas no del resto de sus secretos ¡eso jamás!

Así entonces, no era de extrañar que la primera Luna Llena de aquella época de dictadura en la que habían ocurrido tantos cambios en Hogwarts, les mandara a llamar un poco antes del cambio lunar para poder hablar con ellos, y ahí estaban los dos Gryffindor, recién abriendo la puerta de la trampilla que daba al interior de la Casa de los Gritos, en donde les esperaba el profesor.
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Invitado el Mar Ene 31, 2017 5:37 am

El también recordaba el día en el que se había enterado que tres de los alumnos de, en ese entonces, sexto curso de Gryffindor eran animagos. Si bien en un principio podía creer que se trataba de una broma, lo poco que había conversado con Remus respecto a su licantropía le demostraba absoluta sinceridad y también seriedad a la hora de tratar dichos temas. Consideraba que el licántropo era una persona extremadamente madura para su edad, pero a la vez le veía tan inseguro de sí mismo, que provocaba en el cierto sentimiento de protección que finalmente hizo que se convirtiera en su propio ahijado dentro de la Orden del Fénix. Por eso es que cuando el joven Lupin le contó finalmente de sus amigos y la historia que les había llevado a dominar la animagia a los quince años, no pudo más que echarse a reír en una mezcla de emociones que iban desde que efectivamente le causaba gracia, hasta que incluso les admiraba y le sorprendían.

Por supuesto, era una persona curiosa. Si ya habían logrado pasar las Lunas Llenas con Remus, por un año completo, sin que el resto de los profesores se dieran cuenta, es porque efectivamente debían de saber lo que estaban haciendo y por eso es que ya sabía que lo hacían bien y tenían experiencia suficiente, pero quería verlos en acción, valorarles a través de sus propios ojos y francamente se impresionó. Ser testigo e semejante amistad, fue al final una experiencia digna de recordar a la que catalogaría para sí mismo como un regalo a los ojos.

Aún así, Iorwerth no tenía mayor relación con el resto de los merodeadores, aunque siempre estaba para ellos, como para cualquier alumno, si acaso le necesitaban. Sin embargo, con Remus era especial, bastante especial. No hablaban demasiado, casi nada, mucho menos en la circunstancias actuales, pero confiaba plenamente en su criterio y dejaba en sus manos lo que compartiese o no con sus amigos, pues sabía que si su licantropía, ni su animagia había salido a luz, es porque eran verdaderamente capaces de mantener el secreto y confiaba en que Remus tendría las fuerzas suficientes para controlar su propio rebaño.

Fue así, como un par de días atrás envió un mensaje a Remus a través de el sickle que utilizaban para comunicarse y le dejo una nota escondida en el baño el segundo piso (aquel al que nadie iba por causa del fantasma de Myrtle la Llorona). La nota decía explícitamente que le esperaba en donde ya sabía, media hora antes de la usual y que llevase su compañía.

Ya siendo la hora acordada, Iorwerth les esperaba en uno de los sillones de la sala a la que daba la puerta trampilla al interior de la Casa de los Gritos, por lo que les vio llegar inmediatamente los alumnos levantaron la puerta, por lo que su puso de pie al momento para ir a sujetarla y que éstos subiesen sin problema.

—Buenas tardes. Bienvenidos —saludó a ambos, como si les diese la bienvenida a su propia casa —. Me he tomado la libertad de limpiar un poco este lugar antes de que ustedes llegaran.

No es como si ellos mismos nunca le hubiesen limpiado, pero el trabajo que él había hecho definitivamente era mejor que el de un adolescente de diecisiete años. Tampoco es que hubiese un motivo especial para hacerlo, pero aquella era la primera vez en la que tendrían la libertad de ser ellos mismos y hablar abiertamente de todo lo ocurrido y eso, de cierto modo, casi se sentía como una celebración.

—Imagino que no le has dicho aun al Director respecto a tu condición —señaló mirando a Remus e inmediatamente negó con la cabeza —. No lo sabe y, entre nosotros, considero totalmente innecesario que lo sepa. Pero, para que te quedes tranquilo, lo he averiguado y hasta donde tengo entendido, los licántropos ya no son realmente perseguidos en este nuevo gobierno, sino mas protegidos, aunque… siguen sin ser considerados dignos de ciertas cosas y lamentablemente de les permite matar y circular a destajo, por lo que, muy lamentablemente, he de advertirte que no sería extraño que uno de estos días te encontrases cara a cara con Fenrir Greyback dentro de los pasillos de la escuela. Prepárate mentalmente para ello.

Intentó de ser lo más sutil posible, a pesar de parecer no tener sentido alguno de empatía por ninguno de los seres que habitaba en la Tierra, pues sabía a fin de cuentas, que había sido Fenrir Greyback quien había dado a Remus Lupin su maldición.
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Invitado el Mar Ene 31, 2017 6:47 am

Aún recordaba el día en que le habían dicho que Cosmas sería el encargado de vigilar sus transformaciones. Se le había apretado el estómago y se había sentido fúrico, pero no por la vigilancia o porque sus amigos ya no podrían acompañarle, sino que porque nuevamente alguien se había enterado de su secreto sin que él lo quisiera. Si por Remus fuera, nadie lo sabría además de sus padres, pero no. Ahí estaba el director regando su secreto una vez más. Era el influjo de la luna el que lo volvía irritable, así que se obligó a serenarse pues, hasta el momento, las decisiones del director habían sido las mejores siempre y debía darle una oportunidad al profesor.

Confiar en él no fue cosa de sólo una luna llena, pero aún así logró hacerlo en algún momento pues Cosmas se le presentaba como un mentor bastante bueno. Era una buena guía y no hacía preguntas incómodas, pero aún así extrañaba “despertar” y no ver sus amigos revoloteando como gallinas ofreciéndole mantas, ropas, comida, palabras de aliento y anécdotas de la última noche, analizando sus heridas y enumerando cada uno de los puntos que Madame Pomfrey necesitaba atender. Además los chicos empezaban a volverse un poco odiosos con el tema así que primero lo conversó con ellos antes de pedirle a Cosmas (mediante rodeos primero) que mantuviera su secreto pues ellos ya estaban capacitados para acompañarle en sus transformaciones ya que se habían convertido en animagos ilegales.

Lo que recordaba con más claridad de ese día era su risa. Esa fue la primera vez que le vio reír y el suceso sólo se repitió cuando todo un grupo de alumnos se equivocó en clases a la vez. En esa oportunidad le invitó a unirse a ellos toda la primera noche si quería para que así observara cómo es que los chicos lograban tranquilizarle. No eliminaban del todo el daño que se producía a si mismo, pero si lo reducían notablemente. El mismo Cosmas pudo notarlo después de esa noche, puesto que al día siguiente se había dirigido a su oficina incluso antes de pasar por la enfermería y así fue como se ganaron su derecho supervisado a acompañarle en las siguientes lunas llenas.

Por ello no le extrañó cuando a mitad de mes, poco antes de su transformación, recibió un mensaje de Cosmas citándole junto a los chicos, aunque ese día sólo apareció con Sirius pues escapar los cuatro sería demasiado llamativo.

Cuando llegaron a la trampilla se sorprendió de ver un pie y sacó su varita inmediatamente, pero tuvo que reprenderse a si mismo nada más hacerlo puesto que ya sabían que Cosmas estaría al otro lado. Nada más entró se sorprendió de ver la casa realmente limpia. No es como si brillara, pero ciertamente tenía mejor aspecto que de costumbre y miró al profesor alzando las cejas.

- Hola –saludó escuetamente pues aún se encontraba contemplando el lugar. Sin esperar al resto se sentó en el sofá, poniendo un cojín en su espalda pues ya estaba empezando a doler. Ellos ya sabían que un licántropo la tarde antes de la transformación no era precisamente una buena compañía, pero entendía perfectamente que era el mejor momento para hablar.

Negó con la cabeza como toda respuesta a Cosmas, puesto que no tenía ni la mas mínima intención de decirle al director sobre su condición. Sabía que estaban siendo más aceptados, pero aún así no comprendía cómo algunos dejaban su humanidad atrás tan rápidamente. Si se odiaba a si mismo, odiaba aún más a todos aquellos que parecían disfrutar de ser licántropos, tanto como odiaba al licántropo que lo había maldecido y por ello sintió casi como si le golpearan cuando le dijo que podría encontrárselo en los pasillos.

- ¡Ese hijo de puta no tiene ningún derecho! –gritó. Aún cuando lo supiera de antemano, realmente no se sentía preparado para encontrárselo en algún pasillo y se dedicó a descargar su enojo mientras retorcía incontrolablemente y estiraba hasta hacer crujir un cojín que hasta ese momento estaba abrazando- Ya me gustaría encontrármelo de frente y darle un puto derechazo que le salte un diente a ese maldito malnacido, mal follado y mal servido –rumiaba para si mismo, sin siquiera considerar que no era él mismo quién hablaba, sino el lobo pues todos sabían que Remus, el Remus de cualquier otro día excepto ese, nunca sería capaz de hacer algo así- un hijo de puta, eso es lo que es, una vil rata inmunda, poco más que un dementor.
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Invitado el Dom Feb 05, 2017 5:58 pm

Ya Sirius había abierto la trampilla cuando Remus sacó su varita tan rápidamente como si hubiese visto un demonio, por lo que Sirius quizo hacer lo mismo, pero se quedo con la mano a medio camino, por lo que de verdad no vio nada de que preocuparse, así que miró a su amigo con cara de entender nada.

El mismo profesor se acercó a sujetar la puerta mientras ellos subían, por lo que Sirius agradeció inmediatamente, antes de responder el saludo y salir del agujero para que Remus subiera también.

—Gracias y buenas tardes —dijo sacudiéndose las manos, antes de mirar alrededor —. Sí que se ve limpio… vaya…

Vio a Remus tomar asiento, así que se sentó a un costado de él, dejando el otro costado libre para el profesor, mientras él se acercaba más hacia el borde para apoyar los codos sobre sus rodillas y así ver las caras de ambos.

Escuchó lo que el profesor comenzó a decir a Remus, lo cual comenzaba a parecerle bastante lógico hasta que dijo que Greyback podría ahora pasearse por los pasillos de Hogwarts cuando le diese la gana, lo que hizo que inmediatamente una de sus manos fuese a parar al hombro e su amigo, como si presintiese que éste iba a necesitar apoyo, llegando a hacer contacto con sus ropas justo cuando el castaño comenzaba maldecir.

—Tranquilo… —le dijo apretándole un poco —No es como si no te lo esperaras.

Intentó hacerlo entrar en razón, pero luego alzó la mirada para cruzar miradas con Cosmas y negar con la cabeza, modulando mudamente un “No lo hará”. Y no es que Sirius no creyese en Remus, si no que lo conocía bastante bien como para saber que estaba furioso y más susceptible ahora, pero que pronto, cuando la luna llena ya pasara volvería a estar un poco más racional e iba a lograr contener sus acciones para pensar mejor con la cabeza fría.

—Entonces los mortífagos pueden entrar a destajo y cuando lo deseen al Castillo —afirmó a modo de pregunta, mientras continuaba sobándole la espalda a su amigo —¿Qué va a pasar con los hijos de muggles? ¿Ha sabido alguna noticia del exterior o de nuestros compañeros desaparecidos?

Sirius tenía demasiadas preguntas en la cabeza, pues llevaba días esperando el momento en que alguno de los miembros de la Orden accediese a hablar con ellos. Extrañaba demasiado a Drake y se maldecía mil veces por no poder ir a Azkaban a verle, pero entendía que aunque fuera tampoco sacaría nada, pues en aquellas celdas habrían ojos y oídos por todos lados.
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Invitado el Dom Feb 05, 2017 8:56 pm

La reacción de Remus fue inmediata y, de cierto modo, Iorwerth ya se lo esperaba. El adolescente no era el primer licántropo con el que trataba y aquella había sido la misma razón por la que Albus Dumbledore le había designado a él para su cuidado en cuanto había puesto ambos pies en Hogwarts. Sin embargo, de todas las veces que había tratado con Remus, el muchacho jamás había llegado a ser más irritante que Ella, su difunta esposa a quien había amado irracionalmente hasta el último de sus días.

Remus junto a Ella era casi tan suave como una pluma a quien estaba seguro lograr hacerle callar sólo con adoptar una actitud más firme o simplemente alzar un poco la voz, para su esposa aquello sólo hubiese sido el inicio de una verdadera batalla campal.

Ella siempre había tenido un carácter de temer, al que muchos podrían haber calificado de loca, aún cuando no lo era. Simplemente había tenido un pasar demasiado mimado y orgulloso, era sumamente narcisista y vanidosa, una mujer que tenía muchos defectos como persona, pero eran defectos que junto al irlandés parecían suavizarse hasta ser mucho más aceptables. Muchas veces habían tenido discusiones bastante subidas de tono por una pequeña estupidez de la que luego se daban y echaban a reír antes de acabar teniendo sexo en el rincón más inesperado de alguna habitación, pero… en Luna Llena, Ella llegaba a ponerse tan irritable y agresiva que era capaz de aventarle platos por la cabeza apenas verle llegar a casa, y sin embargo, aquellos habían sido los mejores años de su vida.

Dejó que Sirius lo tranquilizara e intentase hacerle entrar en razón, mientras veía como el pelinegro le decía mudamente algo que él mismo ya sabía, por lo que no dudó en guiñarle un ojo a modo de entendimiento, mientras Iorwerth se sentaba del otro lado de Remus e intentaba relajarse, mientras dejaba que fuese el ojigris quien lidiase con el licántropo.

—Sí —respondió cuando Sirius dijo que los mortífagos podrían entrar a Hogwarts cuando quisieran y entrelazó los dedos de sus manos mientras también se apoyaba en sus codos para seguir respondiendo —. Probablemente les mantengan vivos hasta el fin del año escolar y entonces les juzguen y les envíen a Azkaban y no hay nada que podamos hacer.

Frunció el ceño con seriedad, estaba acostumbrado ya a cortar todo tipo de sentimientos en los que él llamaba “sus horas de trabajo”, pero ahí, con dos chicos de confianza y que sabían de su situación, era cuando se permitía volver a sentir.

—Albus se marchó de Hogwarts junto a mi padre —respondió con algo de pesar, ya que una de las cosas que más había pedido a su amado anciano es que se mantuviese alejado de todo aquello, pero sabía éste ayudaría a Albus sin importar que —, tengo entendido que se han estado reagrupando lentamente con los sobrevivientes de la Orden. No he querido preguntar más detalles, ni contar los de Hogwarts hasta que por fin podamos reunirnos en persona. En cuanto a Lily y Dorcas, si es por ellas que preguntas, no, no hemos tenido ninguna noticia, lo que significa que están escondidas en algún lugar —entrecerró los ojos —. Ambas son alumnas brillantes, muy inteligentes, por lo que estoy seguro que han encontrado la manera de seguir con vida.

Hizo una breve pausa y fijó su mirada sobre el fuego de la chimenea que él mismo había encendido anteriormente para temperar un poco aquella antigua casa abandonada y embrujada. Era extraño como de pronto la Casa de los Gritos parecía ser el lugar más reconfortante en donde había estado durante ese último mes.

—Si algo sucede… si algo pasa, ustedes saben como salir de Hogwarts —pensó en voz alta y les miró, en especial a Sirius —. Tú diste el pasadizo secreto a la Profesor a Sweets, también conoces este y por aquí también podrían salir a Hogsmeade —miró entonces a Remus —, algo me dice que no son los únicos que conocen, pero si lo son, aún así éste puede servir, pero deben pensarlo bien, pues una vez que lo usen ya no seguirá siendo un secreto —miró a ambos —. No quiero que duden un segundo en irse de Hogwarts si acaso sus vidas llegan a correr peligro, pero no huyan solos… Sólo bastará que una persona se escape para que Rodolphus tome represalias con los prisioneros que le queden, los hijos de muggle —volvió a fruncir el ceño y se llevó una mano a la cabeza para restregarse el cabello como si de ese modo quisiese estrujar aún más su cabeza hasta sacar el jugo del último pensamiento —. No lo hagan hasta que no sea realmente necesario. Es una carta bajo la mesa, un escape de emergencia.
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Invitado el Lun Feb 06, 2017 2:33 am

Continuaba rumiando su furia sin siquiera prestar atención a sus acompañantes, pero la mano de Sirius que se acercó a infundirle apoyo fue algo imposible de ignorar.

Por supuesto lo esperaba, era sólo que dentro de si tenía la pequeña esperanza de no tener que topárselo jamás. No sabía cómo iba a reaccionar y, peor aún, le aterraba que este pudiese reconocerlo. Por eso siguió rumiando un momento más, intentando sacar la ira de su cuerpo, permitiendo que el lobo tomara el control un momento para así no acumular exceso de tensión. “Esta luna llena me harás sufrir, ¿Verdad?” le dijo al lobo a sabiendas de que el estrés tendría a la bestia más susceptible que de costumbre.

Tenía que admitir que el descargar su rabia con el cojín surtía más efecto que maldecir a Greyback, que hasta notar la tensión en las costuras de la tela cuando él la estiraba le relajaba mucho, como si lo que realmente necesitase fuese destruir. Eso, el escuchar el crujir de algunos puntos que cedieron bajo su agarre y la caricia lenta y constante de Sirius ayudaron a que pusiera el 100% de su atención a la conversación, dándose cuenta de que a veces la rabia y la frustración podían ayudar generar buenas ideas.

- Es algo casi obvio, viendo al director y al nuevo profesor que contrató… –agregó al primer intercambio de ellos, únicamente para demostrar que una vez más había vuelto el humano. Un poco molesto, pero humano al fin y al cabo.

Tenía que admitir que se sentía un poco incómodo en el centro del sofá, pues tenía que ladear la cabeza de un lado a otro para escucharles, así que simplemente apoyó la espalda lentamente en el respaldo (dándole tiempo así a Sirius a que sacase su mano si acaso quería) para ponerles atención y sólo desviar su mirada si acaso él le hablaba a alguien puntual.

La verdad es que le preocupaba la situación de sus compañeros en Hogwarts, especialmente Noah que era la cara visible del maltrato a los sangresucias. Al menos esperaba que el resto de los alumnos fuese un poco más listo y no desafiaran tan abiertamente al director, al menos mientras la orden se reagrupaba y buscaban alguna forma de sacarles de allí.

Por suerte Cosmas confirmó que ya había movimiento y que seguían sin noticias de Lily. Considerando que tampoco la habían hallado los mortífagos entonces era realmente una buena noticia.

Tuvo que mirar a Cosmas cuando este aseguró que ellos sabían como salir del colegio. Era cierto, conocían más de una salida. El pasadizo por el que habían entrado los mortífagos ya estaba sellado, pero aún tenían más ases bajo la manga.

- No es que no esté dispuesto a entregar la cabaña… pero salir por aquí no es la mejor opción. Un grupo de hijos de muggle encabezado por un mestizo lunático y un traidor a la sangre caminando por los terrenos tratando de actuar natural para no llamar la atención sería demasiado obvio. Debemos buscar una mejor opción, especialmente si es para una salida apresurada porque no sabemos a cuantos más deberemos refugiar el día de nuestra partida. También tenemos que planear cómo nos llevaremos a gente como Noah o Adae West, quienes ni siquiera tienen varita, sin explicarles de antemano. Son Ravenclaws, tienden a odiarnos –comentó a Sirius, medio en broma, medio en serio mientras inclinaba la cabeza de lado a lado, haciendo sonar las articulaciones de su cuello- ¿Hay alguna forma de conseguirles varitas? Y lo más importante… necesitaremos un refugio una vez que huyamos, un lugar donde usted o la orden puedan encontrarnos. –dijo esta vez, mirando directamente a Cosmas.
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Invitado el Mar Feb 07, 2017 11:17 pm

Sirius efectivamente sacó su mano cuando se dio cuenta que Remus quería apoyar su espalda en el sofá y escuchó las respuestas del profesor Cosmas. No le gustó demasiado la teoría del ex-auror respecto a que sólo conservarían a los sangre sucia hasta el fin del año escolar, lo que significaba algo debían de hacer antes del fin de año. Por otro lado, no tenía idea que el padre del profesor había estado presente durante la batalla de Hogwarts y de pronto se lo imaginó tan Pro como el mismo Cosmas, aunque bastante más viejo y con peor genio.

Intercambió miradas con Remus cuando el irlandés dijo que no habían encontrado a Lily aún, pues ambos serían que era una noticia que alegraría y preocuparía a James por partes iguales, lo que significaba que él y Remus iban a disputarse por quien iba a tener que ser el que le tocase decirle, porque sería algo que no quisiera hace ninguno de ellos.

Entonces el profesor comenzó a decir que ellos sabían como salir de Hogwarts, lo que hizo que Sirius diese un respingo y volviese a sentirse algo avergonzado cuando le recordó que él le había dado el pasadizo secreto a la Profesora Sweets, por lo que bajó su mirada, hasta que Remus dijo que él no tenía problema en compartir la cabaña, pero que sería riesgoso tener que pasear a los sangre sucia por los terrenos, lo que le hizo mirar a Remus una vez más, pues estaba seguro que ambos de acuerdo a que por esta vez el fin justificaría compartir uno de sus secretos.

—Nosotros los sacaremos cuando llegue el momento —agregó con convicción.

Volvió a mirar a Remus cuando su amigo habló de las varitas y preguntó por algún lugar en donde refugiarse, por lo que nuevamente no dudó en hablar, aun cuando no estaba seguro de si podría contar o no con lo que estaba proponiendo.

—Yo sé donde vive Drake, aunque él ahora esta en Azkaban, pero Fiona su esposa que también es miembro de la Orden, continúa ahí, aunque… si nos hacemos fugitivos probablemente acabemos poniéndola en aprietos si nos llegamos a refugiar ahí.

Torció la boca, ya que lo que menos quería era ser un problema para Fiona, pero no dudaría en acudir a ella si acaso se veía en la necesidad de una mano adulta, puesto a que el mismo Profesor Cosmas estaría encerrado en Hogwarts y el Director Dumbledore andaba perdido.

—¡Lo que sí tengo es una tienda de campaña! —saltó de pronto y miró a su amigo —Remus, podríamos comenzar a equiparla desde ya! Sacando un poco de comida de las cocinas, quizás las mantas de las camas de la gente que no las está ocupando más, Lily y las de nosotros mismos si nos llegamos a ir. Creo que podríamos arreglárnoslas.
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Invitado el Miér Feb 08, 2017 12:07 am

Iorwerth se quedó en silencio escuchándoles hablar e intercambiar ideas y opiniones entre ellos, lo cual corroboró que efectivamente sabían como salir de la escuela y eso, curiosamente, le significó un ligero alivio. No era como Albus estaba al mando, pues para él hubiese sido algo así como una catástrofe de seguridad y les hubiese mandado a encerrar nuevamente a los calabozos y probablemente ésta vez les hubiese colgado de cabeza, a ellos y a sus amigos más queridos para que hablasen de una vez y así sellar aquellas entradas o salidas, pero con la nueva Dirección, preocuparse de la seguridad de Hogwarts no estaba precisamente en sus intereses, aún cuando de cierto modo siguiera estando a cargo del bienestar de sus estudiantes.

—En cuanto me sea permitido salir, lo cual espero que suceda dentro de una semana y media, comenzaré a ocuparme de ciertos asuntos urgentes, pero no pongo en duda que en algún momento tendré la oportunidad de hacerme con un par de varitas. En cuanto a como pueden llevarse a un para de Ravenclaws que no confían ustedes, estoy seguro de que se les ocurrirá una idea, además, siempre pueden dejarles inconscientes.

Sonrió sin poderlo evitar, ya que ellos no tenían ni la más mínima idea de que él tenía precisamente el cuerpo de Stella Moon en el interior de su bolso, dormida hacía ya casi un mes. Seguramente si acaso les comentaba algo, pensarían que estaría haciendo un acto barbárico o que estaba mal de la cabeza, lo cual era algo que hasta él se había llegado a preocupar en un par de ocaciones, pero él no se movía de su teoría respecto a que el fin justificaba los medios.

—No creo que la casa de los Ulrich sea la mejor opción, aún cuando Fiona está dispuesta a acogerlos con los brazos abiertos. Ella, al igual que yo, se ha… entre comillas, sometido al nuevo gobierno para continuar en el Ministerio y vigilar de cerca lo que ahí ocurre. Si alguien le descubre ayudando a un par de sangre sucias y traidores a la sangre, sería poner su vida en peligro, por lo que lo de la tienda de campaña no es una mala idea. Sin embargo, no sólo deben ocultarse y proteger muy bien la zona en donde la van a montar, habrá gente buscándoles, además… —miró a Remus —uno de ustedes es un hombre lobo y necesita un refugio seguro para Luna Llena.

Respiró profundo y se quedó callado por unos segundos antes de ponerse de pie y buscar en su morral con encantamiento súper extensible —sí, ese mismo en donde tenía guardado el cuerpo aún con vida de Stella Moon, lo que significaba que por primera vez en la vida en la Casa de los Gritos había dos licántropos al mismo tiempo— hasta sacar un trozo de pergamino y una pluma, con la que garabateó una dirección y luego dobló el trozo de papel unas cuatro veces antes de entregárselo a su ahijado.

—No lo leas, simplemente guárdalo y protégelo con tu vida. Usalo en caso de extrema necesidad —soltó por fin el papel, para dejarlo en las manos ajenas —. Es la dirección de mi casa, tanto la construcción como un buen trozo de los terrenos están protegidos por el Encantamiento Fidelio. Sólo yo, mi padre y Dumbledore saben de su ubicación y tienen acceso a ella, nadie más les podrá encontrar en ese lugar y además está equipada con una habitación subterránea para transformaciones, la cual solía utilizar mi esposa —hizo una breve pausa —. Si algún día estás seguro de que nunca la vas a utilizar, quema el papel.
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Invitado el Miér Feb 08, 2017 5:54 am

Por la mirada que le dio Sirius, se sintió casi seguro de que tendría que ser él quién le diera la noticia sobre Lily a James. Era un tema delicado, su amigo estaba prácticamente desesperado por tener aunque fuera un poquito de información sobre su novia (al menos la suficiente para asegurarse de que estaba bien) y lo que Cosmas les había dicho no otorgaba nada más que esperanza, la misma que mantenían hasta ese día.

Saber que Sirius también estaba dispuesto a entregar un pasadizo para sacar a los que lo necesitaran también era esperanzador. Había sido por error que Sweets se había enterado del pasaje secreto, utilizar uno para tratar de arreglar ese error era prácticamente un privilegio y, aún cuando no estaba seguro de cual utilizarían, tenía claro que debía revisarlos y prepararlos todos siendo muy cauteloso.

Bajó la mirada cuando Sirius mencionó utilizar la casa de Drake, pues no estaba seguro de que fuera una buena idea por un montón de razones que empezó a enumerar mentalmente. No quería arriesgar a más gente de la necesaria, sino hubiese propuesto ir directamente a la casa de sus padres. Por suerte Cosmas y hasta el mismo Sirius parecían pensar como él y a su amigo se le ocurrió sugerir utilizar su carpa. Le miró alzando las cejas pues era una idea brillante. En medio de un bosque sería difícil que les hallaran si acaso se dedicaban a estudiar diferentes métodos de protección.

Con un poco de suerte Cosmas sería capaz de hacerse con un par de varitas para entregárselas a los hijos de muggles. Probablemente no responderían tan bien como si fueran las propias (dudaba que pudieran recuperar esas), pero servirían al menos para que no estuvieran sin protección, al fin y al cabo un mago sin varita era como un Jedi sin su Lightsaber: les dejaba vulnerables. Si acaso encontraban a Lily y Dorcas, confiaba en que estas cargaran con sus propias varitas aún, sino Cosmas tendría que interceder nuevamente.

No pudo evitar reír cuando Cosmas sugirió que los dejaran inconscientes.

- Espero no tener que desmayarlos. Cargar con un par de estudiantes inconscientes sería más problemático que ventajoso. Creo que es mas probable que para ese momento estén tan desesperados que acepten sin miramientos una mano amiga, especialmente cuando tanto Sirius como yo hemos demostrado a Noah que lo apoyamos dentro de lo que podemos. Además es a él a quién odian de verdad, yo solo les caigo mal por añadidura –terminó ligeramente divertido, apuntando a Sirius. No creyó necesario compartir que había hablado con Noah en una oportunidad pues no sabía cómo habían terminado las cosas entre ellos después de ese encuentro.

Que Cosmas le recordara que era un hombre lobo simplemente le hizo asentir. Tenía pensado volver a la casa de los gritos, además Sirius era excelente tranquilizándolo, así que ya pensarían en una forma de mantener al resto a salvo cuando llegase el momento de una próxima transformación. Si es que no, siempre estaba dispuesto a dejarse encarcelar de la forma que fuera, incluso con grilletes. De momento lo que más temía era que los otros que escapasen con él se dieran cuenta de cómo su ánimo y su aspecto iban menguando con el transcurso de los días, especialmente cuando Noah era un fanático de las criaturas y parecía sentir cierta fascinación por los hombres lobos.

- Sobre la tienda de campaña… –se giró para mirar a Sirius mientras Cosmas se levantaba- Tenemos que equiparla pronto. Además lo imprescindible deberíamos llevarnos mis juegos de mesa, pues no sabemos cuanto tiempo tendremos que pasar allí y no me gustaría que Adae se aburriera, es solo un niño. También necesitaremos unos dulces, a Noah le gustan los caramelos de regaliz o las cosas ácidas… aunque no sé si pueda disfrutar su sabor otra vez. Tendremos que conseguir ropa de abrigo para los cuatro, dudo que tengamos tiempo de llevarnos algo más que lo justo así como también dudo que tengamos demasiado dinero incluso aunque confiemos en la fortuna de James. ¿Te sumarías en una travesía para robar ropa en un centro comercial muggle? –le preguntó bajando la voz pues se avergonzaba de su idea, sin embargo era la mejor opción que se le ocurría, especialmente porque como magos era bastante fácil meterse a un probador y desaparecerse desde allí con toda la mercancía.

En ese momento Cosmas volvió. No sabía si le había escuchado o no, pero ya estaba lo suficientemente sonrojado como para que este supiera que había planeado una barbaridad. Sólo le miró por la intensidad con la que este habló, produciendo intriga en un primer momento antes de entregarle el papel, el que guardó en el bolsillo de su camisa mientras continuaba hablando.

Asintió cuando este terminó, pues no sabía si sería necesario. Su lado curioso le gritaba que lo leyera pronto para así saber qué tan lejos tendría que ir si acaso necesitaba utilizarlo, pero su sentido común se lo prohibió.

- ¿Cuál es el lugar más cercano donde puedo aparecerme en caso de que realmente necesite ir? –le preguntó pues si realmente se veía en la necesidad absoluta de utilizarlo sabía que no tendría demasiado tiempo para planear el viaje- no es necesario que me diga algo demasiado revelador, es sólo que quiero estar seguro de poder llegar hasta allí rápido… de momento había pensado en seguir viniendo aquí, ya que al fin y al cabo los magos tienden a alejarse de la cabaña que ha conseguido el mote de “la mas embrujada de toda Gran Bretaña”… –bajó la mirada un segundo antes de volver a levantarla- Por cierto, gracias. –soltó con sinceridad- El que me entregue un nuevo espacio para mis transformaciones me alivia un peso que no sabía que cargaba, señor. –dijo, con una sonrisa tímida asomándose por la comisura de sus labios, la que desapareció pronto, en cuanto inclinó su cuello hacia la izquierda y luego a la derecha, escuchándose el crujir de sus articulaciones.

Se levantó con calma, sintiendo que todo empezaba a doler.

- La hora se acerca –dijo como toda explicación mientras caminaba lentamente a una habitación contigua mientras se desvestía en el camino. Ambos hombres le habían visto desnudo y, sinceramente, la desnudez no era algo que le molestara, en realidad buscaba privacidad porque le dolía la desesperación en la mirada de Sirius, saber que tenía tantas ganas de ayudar que incluso se pondría en sus zapatos, que recibiría parte del dolor sólo para hacérselo más llevadero y sin embargo no podía hacer nada más que observar cómo el dolor empezaba a recorrerle por completo, haciéndole gritar de agonía mientras las lágrimas caían y se confundían entre la sangre de su mandíbula que crecía con dientes afilados y él siempre se quedaba con la imagen de la desesperación en los ojos grises puesto que pocos segundos después el lobo se hacía con el control completo de sus sentidos, borrándole la memoria de todo lo que sucedía.

Reprimió un escalofrío mientras terminaba de sacarse el pantalón, lo doblaba y lo dejaba resguardado en algún lugar donde el lobo no podría alcanzarlo y se devolvía completamente en bolas a buscar el trozo de carne cruda que había llevado con él desde un principio para dejarlo a mano. No era lo suficientemente satisfactoria para la bestia puesto que esta buscaba carne humana, pero al menos servía como paliativo y así recuperaba un poco de la energía necesaria para su transformación por la mañana.

Volvió a la habitación y se sentó en posición india, como si estuviese meditando. Tenía un poco de eso, puesto que a medida de que se acercaba la hora tendía a ponerse cada vez más nervioso hasta que el miedo era capaz de consumirle completo y hacerle temblar y llorar mientras la luna se acercaba más y más. Aún se sentía como una masa de gelatina, pero respiraba profundamente para infundir la calma durante los segundos que le quedaban antes de que el infierno real empezara.
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Invitado el Jue Feb 09, 2017 6:27 am

Sirius entrecerró los ojos para mirar al profesor cuando este comenzó a decir que debía de encargarse de unos asuntos urgentes, ya que no pudo evitar peguntarse cuales serian esos asuntos. Debía ser difícil para una persona como Cosmas star encerrado tanto tiempo, al menos ellos habían podido salir ya todas las veces que habían necesitado, Remus había incluso hablado con sus padres, pero el profesor no había podido ver a nadie. Aún así, sonrió junto con él cuando señaló la idea de que siempre podían dejar inconscientes a los Ravenclaw si acaso ponían algún problema para el rescate.

—Hey —interrumpió a Remus, dándole un pequeño golpe con el codo —, a mi me gusta la idea de dejarles inconscientes —rió divertido —. Siempre los podemos hacer levitar y luego, cuando estemos a salvo, vestirlos de niñitas.

Dijo riendo travieso, pero aquella idea hizo que Cosmas riera también, en plan REIR, no estruendosamente (porque era Cosmas), pero sí con un jaja de por medio que hizo que la mirada de Sirius se desviara inmediatamente hacia el profesor en plan “¿Quién eres tú y que has hecho con mi maestro?”

Mas tarde hablaron de la posibilidad de quedarse en la casa de Drake y la idea de la tienda de campaña, la cual ganó con rapidez, excepto por el pequeño detalle que señaló el profesor diciendo que Remus era un licántropo y necesitaba un refugio especial para la luna llena. Sin embargo, rió cuando su amigo se puso a hablar de lo necesario y lo primero que mencionó fueron sus juegos de mesa.

—¿De qué hablas? Adae ya tiene trece años, yo a esa edad ya tenía novia —rió divertido —. Aunque estoy de acuerdo en llevar tus juegos de mesa, pero eso es más porque YO me puedo aburrir y todos saben que cuando me aburro me pongo peligroso —mencionó frotándose las manos como un villano de caricaturas muggles, gesto que dejó de hacer inmediatamente su amigo se puso a hablar de los gustos de Noah —¿Y tú que sabes de los gustos de Noah? ¿También es otro gay que te besuqueó? —preguntó algo molesto, por lo que no sonrió para nada cuando el castaño le propuso ir a robar una tienda de ropa muggle —Los chicos aún tienen sus baúles.

Le recordó aún con el ceño fruncido, el cual estiró para fingir normalidad sólo cuando el profesor Cosmas regresó a escena y le entregó a Remus un papel todo doblado que no hacía más que provocarle ganas de saltar encima de Remus para quitárselo y salir corriendo con él hasta poder abrirlo y leerlo, lo que significaba que le tenía MUCHO respeto al profesor, ya que él era el único motivo por el que no lo hacía.

—¿De verdad piensas seguir viniendo aquí si tienes a Rodolphus Lestrange al lado? —preguntó algo incrédulo luego de escuchar los planes del licántropo —Es decir, yo te apaño, pero no creo que sea la mejor idea.

Más no hubo mucho tiempo de discutir aquel asunto, ya que Remus sintió ya la cercanía de la luna y se puso de pie. Aquel iba a tener un tema que trataran durante otro día, lo cual no era problema, ya que aún tendrían todo un mes por delante, así que simplemente le dejó ir, aún pensando en que debía de desajustarle las mandíbulas a Noah, pero entonces sintió la mirada de Cosmas sobre sus hombros, así que le regresó la mirada.

—¿Nos transformamos? —preguntó antes de que sus ojos cayeran inmediatamente sobre su mano amputada —¿No le crece de nuevo, no es así?

De pronto sintió un poco de preocupación, no sabía que podría hacer mucho un lobo cojo junto al licántropo, pero tampoco ya tenían mucho tiempo para ponerse a pensar en soluciones y Remus tampoco tardó en regresar completamente desnudo y listo para su transformación, por lo que los ojos del pelinegro pasaron de Remus a Iorwerth, de regreso a Remus y de regreso a Iorwerth, antes de saber que tenía que romper el hielo.

—Oh, vamos Remus ¿en serio tenías que venir a presumir de tus grandísimos dotes? —rió divertido.
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Invitado el Jue Feb 09, 2017 7:14 am

No podía negar que era divertido ver como los chicos discutían sus ideas de un lado a otro, dándole ciertos matices que ni él mismo se había detenido a contemplar y que, de cierto modo, le recordaban a su propia juventud, cuando él también había sido un adolescente, por lo que la broma de desmayar a los pobres hijos de muggles y disfrazarles de niñitas llegó a resultarle tan graciosa que le hizo reír, de manera breve, pero reír.

Aún les escuchaba hablar desde el lugar a donde había ido a buscar pluma y pergamino, aunque no con todo el detalle. Generalmente no escuchaba muy claro a Remus, pero Sirius parecía no estar por la labor de mantener la conversación en secreto, por lo que aun pudo escuchar cuando decía que él a los trece años ya había tenido novia, lo que le hizo pensar en sí mismo para comenzar a sacar cuentas de cuando había sido su primera. Sin embargo, luego recordó inevitablemente que había sido padre a los diecisiete y ya no quiso seguir haciendo cálculos. Simplemente se dedicó a imprimir la dirección de su casa en aquel trozo de pergamino, para luego doblarlo y entregárselo a Remus.

—El Parque Nacional Killarney, Irlanda—respondió con una ligera sonrisa, ya que era un punto bastante curioso.

Escuchó decir al muchacho que tenía planes de seguir viviendo a Hogwarts a pasar sus lunas llenas, haciendo que Sirius saltara en el acto para decirle que no le parecía una muy buena idea.

—Debo decir que estoy de acuerdo con tu amigo —agregó Cosmas —. Estando Hogwarts y Hogsmeade en posesión de los mortífagos, no pasará mucho tiempo para que alguno de ellos se envalentone y decida entrar. Si bien es cierto que la casa está protegida por Dumbledore, sus protecciones no son del todo infalibles, ya lo has visto con Hogwarts.

Precisamente, el Castillo tenía fama de ser uno de los lugares más seguros en todo el Mundo Mágico y sin embargo, aún así, había acabado cayendo ante el poderío del nuevo régimen y sus fieles servidores.

También miró a Remus cuando éste señaló que la hora de su transformación se le venía encima y le dejó ir sin presiones al cuarto contiguo, para luego depositar su mirada sobre el ojigris, quien luego de un momento le regresó la mirada y preguntó por su mano amputada.

—No, no crece, pero ya me acostumbre a caminar y correr sin ella, no debería ser ningún problema.

Remus regresó a la habitación ya completamente listo para su transformación, por lo que intentó relajarse por un momento, pero Sirius nuevamente buscaba hacerle reír. Iorwerth sonrió y alzó una de sus cejas mientras se fijaba inevitablemente en lo que no debería, para luego desviar la mirada y reír en silencio.

—Simplemente diré que sí que le gusta presumir.

Agregó antes de transformarse en su ya característico lobo gris, aunque esta vez, con un buen trozo de pata menos, el cual no le puso ninguna dificultad para desplazarse, ya que él mismo se había encargado desde un principio en practicar caminar de ese modo y era algo que aún seguía ejercitando diariamente. Fue entonces, cuando la luna llena salió de su escondite y el lobo gris se sentó sobre sus cuartos traseros en actitud impasible.
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Invitado el Vie Feb 10, 2017 4:46 am

Remus rió divertido con la idea de Sirius de dejar inconscientes a los chicos para vestirles de mujer.

- No tenía idea de que aún te gustaba jugar a las muñecas –le comentó de vuelta, un poco menos asombrado que Sirius de haber escuchado la risa de Cosmas.

Le resultó curioso que su amigo se riera por su sugerencia de los juegos y no lo entendió hasta que aclaró su punto, rodando los ojos ante su comentario de cómo eran a los 13 años de edad antes de reírse por su mala imitación de una mantis religiosa- Yo a los 13 aún intentaba que ustedes no supieran que era un hombre lobo. Perdóname por no saber como actúa un niño normal… ustedes no eran un muy buen ejemplo tampoco. Y ya sabes, si te aburres siempre puedes jugar a las muñecas con el muy maduro Adae –le picó divertido antes de comentar su sugerencia sobre los dulces y que Sirius saltara inmediatamente, molesto.

- No te pongas celoso, Can… Sirius –le dijo, con un movimiento de mano con el que le quitó hierro al asunto (además de que casi se chivaba de su apodo de Canuto)- Él no intentó besarme, es sólo que coincidimos en Hogsmeade y nos quedamos conversando pues no pude encontrarlos a ustedes. Probablemente andabas besuqueándote con otra por Hogsmeade, señor “tengo varias años de experiencia en las artes del amor” –bromeó- Y ya sé que tienen sus baules, pero ¿Has notado como va vestido Noah a veces? Y siempre me ha apetecido una de esas chaquetas con plumas. Tienen pinta de ser maravillosamente abrigadoras –confesó bajando la voz.

Pronto todo volvió al tema de sus transformaciones y se dio cuenta de que ambos estaban de acuerdo en que era una mala idea así que esta probablemente lo fuera. Es solo que el que Cosmas le pidiera leer el papel sólo si era realmente necesario le obligaba a que buscara una primera opción que no invadiera la privacidad de su profesor. Su casa estaba con un fidelio, se sentía incapaz de violar un espacio así de buenas a primeras y por eso quería utilizarlo sólo como un plan B. Solo asintió a sus ideas, sin soltar ninguna palabra al respecto pues la hora había llegado y le tocó levantarse para prepararse.

Desde la otra habitación escuchaba la conversación de ambos, dándose cuenta de que Sirius había preguntado abiertamente a Cosmas sobre su mano amputada (él no se había atrevido ni siquiera a hacer contacto visual con esta, mucho menos preguntaría por algo así) y que Cosmas contestaba con una naturalidad que le sorprendió, tanto que los dos cambiaron rápidamente de tema cuando entró a la habitación y ambos empezaron a comentar sobre sus partes indecorosas.

¿En serio? ¿Iorwerth Cosmas, ex auror, mala leche, alcohólico y su padrino en la orden del Fénix le acababa de mirar la polla? Si no hubiera estado tan sorprendido y tan adolorido probablemente hubiera hecho el helicóptero, pero sólo se devolvió a la habitación contigua rascándose un testículo como si fuese lo más normal del mundo.

Su cuerpo temblaba incontrolablemente mientras estaba sentado en el suelo y se preguntaba si acaso era algo natural de su transformación o simplemente producto de los nervios cuando la transformación inició.

Estiró las piernas en un acto reflejo mientras el dolor empezaba a incrementar rápidamente. Cerró los puños e intentó aguantar todo lo que pudo mientras las lágrimas se derramaban por sus mejillas. La transformación no tomaba demasiado tiempo, pero la agonía era tal que para Remus se sentían como horas en el infierno.

Un grito atravesó las paredes de la estancia cuando sus huesos se fracturaban para tomar posiciones nuevas, provocándole más dolor del que una persona normal sería capaz de aguantar. Otro grito desgarró su garganta mientras los huesos de su cráneo se reacomodaban. Su nariz se volvía cada vez más larga, sus dientes empezaban a mutar rompiendo sus encías en un intento de acomodarse mejor mientras algunos nuevos empezaban a abrirse paso. Sus colmillos crecían tanto que le lastimaban, haciéndole mantener la boca abierta mientras gritaba sin poder contenerse. Sus músculos se sentían como si mil calambres se produjeran a la vez, pues estos se empezaban a estirar para acomodarse a la forma indefinida que tenía durante su transformación. Sus dedos largos se habían fracturado en muchas partes para poder encogerse y uñas largas y gruesas se abrían paso, pero él ya no gritaba pues sus cuerdas vocales estaban desapareciendo para adoptar las del lobo. Giró para permanecer a cuatro patas mientras su columna se estiraba para formar una cola y gruñía en los segundos que tardaba el pelo en hacer su aparición, aunque él jamás podría decir cuál era la sensación ya que a estas alturas no quedaba suficiente del humano como para poder recordar, ahora solo estaba el lobo.

El lobo aulló a la luna alto y fuerte antes de empezar a olisquear el aire. Un trozo de carne en el rincón podía haber llamado su atención, pero con la limpieza del lugar el aroma de los tres humanos que antes habían compartido en esa cabaña impregnaba sus sentidos. Salió de la habitación en posición de cazador, mostrando los dientes al lobo y al perro que allí se encontraban mientras pasaba por su lado en búsqueda de las presas que habían dejado su aroma en el sofá. Tenía hambre, necesitaba alimentarse y la habitación estaba cargada del aroma de su comida preferida y él no podía hallarla, produciéndole tanta frustración que empezó a rasguñar una pared en un intento de salir de ahí, azotándose contra ella en una oportunidad. Por suerte tanto Sirius como Cosmas estaban allí y fueron ellos quienes se encargaron de tranquilizarle para que así, al día siguiente, Remus no terminase tan malherido.
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Invitado el Vie Feb 10, 2017 5:55 pm

—Siempre me ha gustado jugar a las muñecas —respondió con una sonrisa traviesa, la cual se convirtió en carcajada cuando Remus señaló que a los trece él aún estaba intentando que ellos no se dieran cuenta que él era un licántropo —, pero te duró poco.

Había sido a los mismos trece años de Remus que habían descubierto la verdad y se habían puesto a investigar alguna forma de como poder ayudar su amigo, descubriendo finalmente el camino de la animagia y empezando a experimentar a con ella, aun cuando a esa edad no tuvieron muy buenos resultados.

Sirius le miró algo extrañado cuando Remus se reprimió de llamarle Canuto delante del profesor, por lo que él se acercó un poco más su amigo y murmuró.

Él ya sabe que somos animagosalzó los hombros —, además, James nos llama por nuestros apodos en todos lados.

Era verdad, a James se le pasaba yendo la pinza con los apodos*, sobre todo cuando veía a Lily y eso hacía que anduviera incluso más distraídos que de casualidad, pero no lo culpaba, el pobre siempre había sido un poco idiota, a veces incluso un poco más que Peter.

—Blah, blah, blah… —le remedó mientras el otro Gryffindor hablaba de él como un experto en relaciones amorosas —. Pero Noah se viste así porque… —miró hacia donde se había marchado el profesor el profesor Cosmas pidió esas túnicas para los sangre sucia ¿recuerdas? Pero bueno, al menos ahora ya sé que regalarte para San Valentín.

Rió entre dientes y le pegó un suave codazo para luego dejarlo ir a prepararse para su transformación y llegar de nuevo a presumir de sus grandes tamaños, hasta que éste se puso de pie y se marchó una vez más. Sí, cuando Remus estaba ya cerca de la transformación se ponía así de inquieto e indeciso, por lo que el pelinegro simplemente miró al profesor y alzó los hombros.

—¿Aún no hay planes para recuperar el Castillo, no es verdad?

Tenía curiosidad por ello, aun cuando de cierto moda sabía que no contaban con el número necesario de personas, por lo que no le decepcionó que el profesor respondiera negando con la cabeza, por lo que suspiró algo resignado y sólo dirigió la mirada hacia la habitación a la que se había marchado Remus, cuando éste comenzó a gritar.

—Creo que ya es hora.

Se mordió los labios e imitó al profesor transformándose en su forma animaga, adoptando la forma de de un enorme perro negro, precisamente un lobero irlándes, lo que dejaba un total de “dos irlandeses” y dos licántropos, tres lobos y cuatro canes en la misma casona abandonada (?).

Esperó a que el lobo que ahora era Remus saliera de su habitación y se les uniera, por lo que Sirius inmediatamente se lanzó a él para morderle la cola en una especie de saludo juguetón, pero el licántropo le ignoro, desesperado, olfateando por todo alrededor hasta que intentó incluso rasguñar la puerta, por lo que el animago miró a su homónimo y luego se lanzo sobre Remus para llamar su atención con un poco más de brusquedad, hasta finalmente distraerlo y lograr hacer esa transformación un poco más llevadera.

Off: *Lo pongo porque todos los James que han pasado por el foro siempre me llaman Canuto everywhere XD
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