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The Hunt. {Iorwerth Cosmas}

Stella Moon el Miér Feb 01, 2017 7:55 am

Recuerdo del primer mensaje :


Había pasado una semana desde que había vuelto al “mundo real” después de haber permanecido un mes entero dormida y mantenida prisionera por Iorwerth, y el mundo que había encontrado era muy distinto al que había dejado atrás cuando entré en el despacho de Albus Dumbledore para intentar asesinarle. Ya no tenía que ir por la vida tapando mi Marca Tenebrosa, o contando la misma mentira que contaba a alguien cada vez que la veían. “Dejé esa vida atrás,” decía siempre. “He sido perdonada.” ¿Perdonada? ¿Perdonada por qué, exactamente? Según mi propio criterio, no había nada por lo que tuviese que pedir perdón. Nada. Ahora todo era diferente. El mundo estaba bajo nuestro control, por fin. Si bien a mí aún me quedaba un largo camino por recorrer, pues una de las razones por las que había luchado siempre era por conseguir que los licántropos consiguiesen algo más de poder, cosa que no había sucedido. Edward no iba a poder obtener la misma Marca que yo por ser lo que era, sino que había sido reclutado de una forma mucho peor. Yo estaba bien, era una mortífaga ya algo veterana, me había ganado a pulso mi puesto y la confianza del Señor Tenebroso. Mientras que el mundo actual me daba riendas sueltas para actuar con la brutalidad con la que siempre amaba desatarme, aún tenía cosas que arreglar para que fuese un mundo perfecto. No importa, tengo paciencia.

Durante esta semana había estado notando que algo me ocurría. La laguna en mi memoria del día que estuve en el hotel con Iorwerth no era la única que tenía, pues en varias ocasiones a lo largo de la semana había estado haciendo cosas con toda la normalidad del mundo, caminando por la calle o poniendo en orden la nueva casa que acababa de comprar o en misiones, y de repente todo se volvía borroso, me dolía la cabeza, y cuando quería darme cuenta habían pasado minutos u horas y estaba en otro lugar o haciendo otra cosa y no recordaba nada de lo sucedido. Me había preocupado, así que había ido a San Mungo, donde fueron incapaces de darme un diagnóstico pero apoyaron mi teoría de que tenía una severa concusión que me había provocado aquella extraña amnesia. Solo podía confiar en que con el tiempo mejorase, lo cual creo que pasará, ya que desde hace tres días no me ha vuelto a pasar y recordaba todo lo sucedido en las horas en las que había estado despierta de esos días.

Esa noche del primero de febrero no podía quedarme tirada en el sofá de mi casa sin hacer nada, pues me había sido encomendada una misión. Que hubiésemos ganado la guerra no significaba que todavía no quedasen pequeñas batallas por librar contra rebeldes y fugitivos. Era precisamente eso lo que tocaba hacer hoy, ir tras fugitivos y deshacernos de ellos. Habíamos recibido un chivatazo de que un grupo compuesto tanto de Aurores que habían permanecido leales al antiguo Ministerio de Magia estaban escondidos en una casa de York, y protegían a otros fugitivos que eran sangre sucias que habían huido para escapar de los juicios que se estaban llevando a cabo en contra de ellos. Era nuestro deber esa noche encontrarlos y, por supuesto, matarles a todos. Esa era la nueva ley de este gobierno, y me daba placer impartirla.

Me había aparecido ya en York, en el lugar al que me había sido indicado que tenía que ir para esperar a mi compañero de misión. Estaba con la espalda apoyada en la pared de la fachada de un edificio, e iba vestida con unos ceñidos pero flexibles pantalones de cuero negro, unas botas también negras, y una camiseta y una cazadora de cuero del mismo color por encima. Mi cabello largo y rizado estaba suelto, como me gustaba llevarlo, pero no me molestaba. Estaba escondida en la oscuridad de una esquina, y me entretenía viendo a la gente pasar mientras esperaba a mi compañero de esa noche, que no era nada más ni nada menos que el mismísimo Iorwerth. Una suave sonrisa retorcida estaba dibujada en mi rostro, pues sabía que esa noche me iba a divertir mucho. Jamás pensé que iría a una de estas misiones con él.
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Stella MoonMinisterio

Invitado el Mar Feb 07, 2017 4:45 pm

Se relajó un poco cuando ella se rió bajito por su confesión respecto a que sus apagones eran realmente momentos en los que recordaba parte de su pasado. No es que hubiese tenido una certeza de que fuese a atacarle o algo, simplemente no había sabido que esperar y se sintió agradecido de que no fuese el inicio de una nueva pelea.

No respondió a su primera pregunta, ya que pensó que era más bien algo retórica, pues ella sabía perfectamente que es lo que le había hecho, eso sí lo recordaba y de ello estaba seguro, por tanto sólo se limitó a responder si acaso ella le había dicho algo importante.

—Que quieres matar a tu madre —sonrió brevemente.

Entonces se incorporó sobre el sillón con la intención de volver a abrocharse los pantalones mientras pensaba un poco más respecto a lo ocurrido en la vida de Stella, así que se atrevió a decirle su propia apreciación respecto a ella. Lo que no se había esperado fue su respuesta, ya que sonaba tan racional que si seguía así, tendría que comenzar a buscar otro apodo para llamar a ese alter-ego.

Se giró para mirarle y volvió a sentarse junto a ella, depositando sobre la fémina toda su atención. No le miró con lástima, ni tampoco de forma blanda, simplemente le miró brindándole la atención que necesitaba.

—No eras muy diferente de lo que eres ahora.

Respondió simplemente mirándole a los ojos, sin siquiera dedicarle una mirada suave, aún cuando podía haber tomado una de sus manos en señal de apoyo o haber cogido uno de sus mechones para depositarlo detrás de su oreja para brindarle algo de confort. Cualquiera de esas actitudes podrían haber sido interpretadas como señal de protección, de apoyo o cercanía, cuando lo que temía Stella era precisamente ser una mujer débil. Iorwerth no era un estúpido, y aun cuando lo tradicional era que se hubiese acercado más a ella, no lo hizo.

—Como te dije, perder tus recuerdos no te hizo una mejor guerrera, ni mucho menos mas fuerte, sólo te hizo seguir la voluntad de tu madre, una voluntad de la que ya no estabas del todo convencida —hizo una breve pausa —. Debes entender que los eventos de la vida no son realmente capaces de cambiarnos, somos nosotros los que elegimos cambiar para enfrentarlos de mejor o peor manera. Si tú no quieres cambiar por lo que descubras en tus recuerdos, no lo harás. Puede sonar estúpido, pero fui yo el que eligió convertirse en un alcohólico, no fue mi pasado el que me puso en un bar diciéndome “Bebe”, fui yo queriendo ser el inmaduro e inservible que nunca fui en mi juventud, fui yo queriendo dejar de ser útil al Mundo. No fue el amor, no fue el dolor, no fue Ella, tampoco fueron los aurores… fui yo, y también soy yo el que debe tomar la decisión para salir de ello.

Se puso de pie y recogió su camiseta para ponérsela también cuando ella habló nuevamente, esta vez para pedirle que fuera con ella a los Estados Unidos, por lo que el ex-auror le miró, nuevamente prestándole atención. No respondió de inmediato, lo pensó por al menos un par de segundos.

—Bajo mis condiciones —respondió por fin y tomó la chaqueta para ponérsela también encima —. Me ayudarás a llegar a ella, pero cuando llegue el momento de enfrentarla será sólo ella y yo. No te quiero en la misma habitación hasta que yo mismo te llame —negó con la cabeza —. Sé que no te gusta, pero he visto y sabido suficiente para darme cuenta que si estás presente te usará como un arma o escudo a su favor, aun cuando tú estés completamente decidida a matarla, y escapará. Tenemos que ser sólo ella y yo, hasta que la tenga reducida. Tú la matarás.
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Stella Moon el Miér Feb 08, 2017 6:49 am

Había sido toda una sorpresa averiguar que durante los momentos de amnesia en los que yo había pensado que simplemente tenía eso, lagunas insignificantes en la memoria que con el tiempo irían mejorando, lo que ocurría en realidad era que durante esos momentos aparentemente yo estaba “lúcida” y era capaz de recordar toda mi vida, la verdadera. Pregunté a Iorwerth si acaso le había dicho algo importante durante aquellos periodos de tiempo que no recordaba ahora mismo, y ni me paré a pensar en la razón por la que habría esperado precisamente a este momento para decirme algo tan importante como aquello. Cuando me reveló en una sola frase lo que aparentemente le había dicho durante mis periodos en los que mi memoria no era un verdadero asco no me sorprendí en absoluto. ¿Por qué iba a sorprenderme de querer hacer algo cuando tenía mi memoria completa que era algo que también quería hacer cuando esta estaba incompleta? Pues esa era una decisión que acababa de tomar, y no iba a echarme atrás. Jamás me había sentido tan determinada en hacer algo, aunque no comenté nada al respecto inmediatamente.

No era una persona que me abriese a la gente fácilmente. Cuando lo hacía de manera genuina solía ser porque tenía tres botellas de más encima y no controlaba lo que decía, o porque estaba actuando en mi papel de espía y todas las palabras que salían de mi boca eran viles mentiras. En los últimos tres años eso era lo único que había estado haciendo, contar mentiras, una detrás de otra continuamente, a todo el mundo. Incluso la verdad a veces había resultado ser mentira, pues se basaba en hechos que aunque creía que habían sucedido no lo habían hecho. Parecía que estaba atrapada en un círculo vicioso, en una rueda maldita de la que no podía escapar y tenía que seguir rodando y rodando. Pero en ese momento, con Iorwerth, fui completamente genuina, diciendo la verdad al expresar mi temor en aquel momento. No era algo que soliese hacer casi nunca, eso de expresar mi temor. El temor indica debilidad, lo que yo más odiaba.

Él escuchó. No hizo comentarios cortantes ni burlones, sino que escuchó, y pareció pensar en ello. A mí en realidad me daba igual, si estaba hablando en voz alta era para desahogarme en realidad, pues algunas cosas no se pueden mantener dentro todo el tiempo por mucho que se intente y la gran ironía de la vida era que Iorwerth era una de las personas en las que más confiaba en el mundo. Dados los hechos últimamente, tal vez la única en la que podía confiar además de en Edward. El pensamiento hacía que quisiese soltar una carcajada, pues lo encontraba ridículo.

Cuando él habló también le escuché. No estaba tan convencida como él parecía estarlo de que yo no era tan distinta a la Stella que había sido antes de lo que mi madre me había hecho, pero no repliqué pues no tenía ganas de un debate en ese momento. ¿Cómo podía estar tan seguro? ¿Qué había visto en mi mente, escondido en mis recuerdos bloqueados? Lo único que yo sabía acerca de mí misma era lo que había podido deducir a través de las fotografías que había encontrado en mi vieja casa de Washington DC y… esa no era yo. Yo jamás sería aquella buena madre que aparecía junto a una hermosa niña feliz y un novio emocionado en las soplando una tarta de cumpleaños. Mi sonrisa jamás había sido pura como la que aquellas fotos reflejaban. Mis ojso jamás habían brillado de aquella manera. Todo lo que me habían transmitido esas fotos era “Paz”… pero todo lo que yo soy es “Caos”. No veía capaz a esa chica de las fotos a mancharse las manos de sangre y disfrutarlo como yo lo hacía, y me daba miedo pensar que podía haber terminado siendo tan diferente a lo que siempre soñé de niña que terminaría siendo.

Sí, las decisiones que tomamos en la vida son nuestras y solo nuestras… —estuve de acuerdo con eso. —Pero las tomamos por razones que están fuera de nuestro alcance, no podemos dominar el destino. Tú comenzaste a beber porque quisiste, pero si tu vida hubiese sido distinta, tu elección habría sido otra porque no habrías querido eso, habrías querido otra cosa. —No quería empezar un debate, era la opinión que yo tenía acerca de aquello y nada más. Puede que ambos tuviésemos algo de razón, puede que ninguno de los dos la tuviésemos. Puede que el cuento se aplicase a la persona despendiendo de muchos factores que se entrelazaban unos con otros creando una complicada red de razones por las que somos como somos, o puede que la vida fuera tan simple en realidad que pareciese absurdo.

Le observé ponerse la camisa en silencio mientras pensaba. No era una persona a la que le diese miedo pedir ayuda cuando la necesitaba. ¿Dónde está la vergüenza en asegurarse de tener los métodos para salir victorioso? Sabía que mis posibilidades de victoria aumentarían muchísimo con Iorwerth a mi lado y, francamente, ¿con quién más podría contar en estos momentos para mi situación? Él era el único que la conocía completa al cien por cien, conocía detalles que hasta ni yo misma conocía, pues él retenía los recuerdos de las instancias en las que me había visto recuperar mis recuerdos durante un breve tiempo. No había nadie más indicado que él para el trabajo, así que hablé caramente cuando le dije lo que quería hacer y por qué le estaba pidiendo ayuda.

Pensé que tal vez me diría que no solamente para molestar, para hacerme las cosas difíciles, pero no fue así. Accedió, siempre y cuando fuese bajo sus condiciones. Me mantuve en silencio mientras las escuchaba, decidiendo saber cuáles eran antes de reclamarle nada. Una sombra cruzó mis ojos al oírle decir que se enfrentaría solo él a mi madre y que yo esperaría. ¿Qué pensaba que era, una cobarde que necesita esconderse como una niña pequeña jugando al escondite para no hacerse daño? ¡Lo único que necesitaba era apoyo! Estaba a punto de quejarme y de rechazar sus condiciones, pero me detuve, respiré profundamente, y lo medité unos instantes con calma antes de contestar serenamente. No hablaba con la burla y la malicia con la que hablaba con él desde lo ocurrido en Hogwarts, sino con la seriedad típica de una mujer de negocios que me había caracterizado siempre que tenía que tomar decisiones sobre las que recaían importantes consecuencias.

Está bien, acepto tus condiciones. Tú eras el Auror que llenó medio Azkaban con gente como mi madre, confío en que sabrás qué es lo mejor que hay que hacer para atrapar a una más —dije. Mientras que me diese a mi madre en bandeja de plata, todo me parecería bien. —Solo encárgate de entregármela perfecta —esa era mi condición. ¿De qué me serviría la venganza contra mi madre si me era entregada en un estado en el que ya había sufrido? —Partiremos en tres días. Estate preparado —yo por mí lo haría inmediatamente, pero había planes que hacer, cosa que preparar. No le di las gracias a Iorwerth por aquello; después de todo él es ahora siervo de los mortífagos, y las gracias en todo caso se las daría cuando la cabeza de mi madre estuviese separada de su cuerpo con mis propia manos.

Me coloqué de nuevo la ropa bien, y fui a buscar los anillos de garras que Iorwerth me había quitado antes de que nos entregásemos salvajemente a nuestra pasión de aquella manera tan repentina en medio de aquel lugar en el que habíamos asesinado a los fugitivos que habían fallado en su intento de escapar de nosotros. Esta había sido, sin duda, una buena noche.

Ya no hay nada más que hacer aquí. Eres libre de irte —dije, y por primera vez en ya un rato esbocé de nuevo mi sonrisa traviesa y maliciosa en mi rostro antes de disponerme a marcharme del apartamento por la puerta tirada, dejando atrás aquel caos lleno de muerte.
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Stella MoonMinisterio

Invitado el Jue Feb 09, 2017 5:09 am

Detuvo sus acciones cuando la loba abrió la boca para dar su opinión respecto a las decisiones que tomaban, al como ella lo veía, por lo que Iorwerth se dio cuenta de que la bruja realmente tenía un problema serio y es que parecía incapaz de aceptar sus propias responsabilidades. Era como si necesitase siempre buscar una excusa con la que justificar lo que no le gustaba; como una niña mimada.

—No es la única opción que tenía —respondió de inmediato —. Es cierto que no podemos dominar el pasado, pero sí podemos decidir que hacer con él, y he ahí tu problema. Para ti es demasiado fácil culpar a los hechos por tus decisiones y por eso es que tu madre supo que cambiando tu pasado conseguiría exactamente lo que estaba buscando. Eres penosamente manipulable.

Dijo mirándole a los ojos y sin cortarse ni un ápice con sus palabras. Estaba claro que Stella era dueña de una cabezoneía máxima y en gran parte era porque había sido criada de esa manera, como una niña mimada y narcisista que, aún cuando ya hubiese sido madre, no estaba dispuesta a madurar… o quizás si, y parte de esa madurez también se la había llevado su madre.

Tampoco quizo discutirle más, por el momento aceptaba que aquella batalla estaba perdida, pero aun así no se quedaría callado si acaso ella deseaba seguir opinando al respecto. Sin embargo, ella prefirió el silencio hasta que le pidió que le acompañase a los Estados Unidos para encargarse de su madre. Iorwerth puso sus condiciones en base a lo que conocía del nuevo objetivo y su propia experiencia. Stella aceptó, aunque también puso su requerimiento de que su madre quedase intacta, seguramente para ser ella quien se encargara de hacerla sufrir.

—Haré lo posible —sonrió mientras se acomodaba el cuello de la chaqueta.

No era una tarea fácil no tocar a una persona si se esperaba un buen enfrentamiento, pero al menos estaba consciente de que no le haría sufrir a propósito, ni tampoco le mataría. Era algo que ya tenía previsto, por lo que no le costó decir que haría lo que pudiera con tal de cumplir el objetivo.

Así, ya llegados a un acuerdo, terminó de acomodarse la ropa, sacó con cuidado la delgada trenza de debajo de la camiseta, para luego volver a ponerse los guantes y prepararse para volver a la tarea de registrar las cosas cuando ella le dijo que era libre de marcharse, lo que hizo que él alzara una ceja con escepticismo.

—¿Entonces lo de buscar por pistas era sólo para tenerme un rato más a tu lado?

Sonrió algo burlesco y meneó la cabeza, antes de marchar también por la puerta que él mismo había echado abajo y retirar los encantamientos de protección que él mismo había puesto. De ese modo, los cadáveres serían encontrados y aquello sería parte del noticiero muggle, lo cual significaba sembrar el caos entre los muggles y esa era una de las cosas que más les gustaba a los mortífagos.
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