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Hello, Again [Henry Kerr/priv.]

Steven D. Bennington el Mar Feb 14, 2017 1:02 pm


Había tardado semanas en armarse del valor suficiente para salir del nuevo refugio que entre Beatrice y él habían ideado. No quería dejar sola a su hermana y tampoco quería arriesgarse a ser capturado una vez pusiese un pie fuera de aquel lugar que ambos habían considerado seguro. Nunca había sido valiente, por esa misma razón el Sombrero Seleccionador ni se pensó enviarlo a la casa de Godric Gryffindor. Tampoco había sido astuto, aunque de haberlo sido su sangre hubiese sido un inconveniente para ir a parar a la casa de las serpientes.  Pero a pesar de no juntar características suficientes para sendas casas, estaba dando un nuevo paso lejos de su nueva residencia.

Hacía semanas que salía todos los días. Unos días a comprar. Otros simplemente a pasear por los alrededores, a camuflarse entre la gente que vivía en aquel lugar. Pero nunca con su propio rostro. La metamorfomagia le había dado la oportunidad de no ser reconocido a pesar de los numerosos carteles de se busca que portaban su rostro en ellos. Su rostro, y aquella gran cuantía de galeones por la que cualquiera traicionaba hasta a su mejor amigo.

No había contactado apenas con nadie. Había visto a Clementine un par de veces y todas ellas de pura casualidad. También se había cruzado con antiguos trabajadores de Hogsmeade cuyo rostro le resultaba tan familiar y tan lejano al mismo tiempo debido al nuevo orden al que apoyaban. Había visto a un par de sus alumnos adultos apuntándose a la caza de brujas. Y de los que seguían en Hogwarts no tenía ni la más mínima idea. Pensó en Adae por un segundo. Aquel pequeño cuya sangre era tan sucia como la suya y que posiblemente estuviese muerto. Intentó abandonar aquel pensamiento mientras sus pies recorrían las calles colindantes a su nueva residencia.

Entonces lo vio. Se trataba de un pequeño pub irlandés frecuentado por muggles. Lejos de la población de magos, lejos del Callejón Diagon, lejos del peligro. Respiró aliviado aún portando un rostro diferente al suyo y entro al establecimiento.

Según caminaba sus rasgos se fueron modificando poco a poco entre el barullo. A pesar de ser todavía temprano aquel lugar ya estaba lleno hasta arriba, pues todos los allí presentes miraban un evento deportivo en los televisores mientras bebían cerveza de manera animada.

- Una pinta. – Dijo el rubio una vez su rostro volvió a ser el suyo natural. - ¿Y podrías ponerme patatas para acompañar? – Preguntó con su habitual tono inocente e infantil. Y es que, cualquiera que conociese a Steven, sabía que siempre que tuviese oportunidad echaría mano de la comida.

- En diez minutos sacaremos pizza para todo el local si consigue ganar Irlanda. Y por ahora ganan de 7 puntos, ¿No prefiere esperar? – Preguntó con tono amable el camarero, un hombre de algo más de cincuenta años, barba grisácea y sonrisa igual de amable que su tono de voz.

- No te preocupes, con las patatas me conformo de momento. – Semanas atrás habría dado lo que fuese por un pedazo de pizza, pues dado que ninguno de los dos salía a comprar la comida que se llevaban a la boca no eran más que botes de conservas que habían logrado llevarse a casa antes de ser encontrados por el nuevo régimen. Pero ahora ya no importaba. Ya tenía el valor suficiente como para salir de casa, aunque todavía no había dado con la manera de que su hermana hiciese lo mismo.

Recibió la cerveza con una sonrisa y dio un pequeño trago manchándose los labios y parte del bigote con la espuma. Se limpió con la mano y sonrió al camarero una vez más en forma de agradecimiento antes de dejarse caer sobre uno de los taburetes de la barra y mirar cómo finalizaba el partido de rugby entre Irlanda y Alemania.
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Henry Kerr el Jue Feb 16, 2017 9:25 pm

Era una típica noche de febrero. Fría y oscura, como solía ser habitual en esas fechas en la capital. No hacía mucho tiempo que había pasado el atardecer, pero en invierno los días eran más cortos y ya se podía notar la temperatura y el ambiente como noche cerrada.

Llevaba un tiempo en las islas, de vuelta, después de prácticamente cinco años de lugar en lugar. De país en país. Y por el momento estaba viviendo en la casa que tenían sus padres en Londres. Podría vivir con su hermano, pero no le apetecía demasiado, necesitaba su propio espacio personal. Sólido y solitario, donde poder pensar y relajarse, y donde un hombre pudiera estar en paz consigo mismo. Seguramente Nathan también deseara mantener su coto privado infranqueable. Seguramente. No lo sabía con certeza, pero poco importaba, él ya había tomado una decisión por los dos, y no había vuelta atrás.

Henry suspiró resignado, y se acomodó mejor el cuello de su abrigo de corte largo. Al menos su elección, solamente consistía en donde iba a vivir temporalmente. Sin embargo, a veces tenía la sensación de que en todo demás, en casi todo lo referente a su vida particular, la decisión no había sido cosa suya. Sobre todo en los últimos tiempos.

¿Había decidido meterse en los mortífagos por propia determinación? La respuesta era clara. Sí, así había sido. No podía echarle la culpa de ello a nadie más que a sí mismo. No obstante, sentía que su vida había sido guiada a ese preciso momento desde el día que naciera.

Era curioso como parecía, que había tenido una vida libre. Con el libre albedrío que toda persona tenía por derecho de nacimiento. Como parecía que todos la tenían. Cada mago, bruja e incluso muggle de ese condenado planeta. Había ido a Hogwarts, donde el Sombrero Seleccionador lo había mandado a Ravenclaw, y desde ahí se podría pensar que su destino divergía del de su familia. No había ido a Slytherin como su padre o su hermano, o como cualquier Kerr que se recordara en la genealogía familiar. Había ido a la universidad a estudiar lo que más le gustaba, y después de sacarse la carrera, había trabajado en eso que tanto amaba, durante casi cinco años. No habiendo pisado el Reino Unido salvo por contadas ocasiones y visitas, mientras trabajaba en el extranjero.

Henry Kerr había vivido como había querido. Y había llegado justo al punto al que sus padres siempre habían deseado que llegara. Irónico. Aunque no tanto.

Un hombre tenía libre elección, pero todo hombre tenía una educación. Le habían dejado corretear por el mundo como si pareciera que hacía lo que deseaba. Y así era, ser dragonolista no fue una influencia de sus padres. Pero la instrucción de una persona puede pesar mucho en su mente, y en su futuro. Tanto, que no podía evitar pensar, desde cuando intuían sus progenitores que acabaría con la marca tenebrosa. Probablemente desde que naciera.

Había mamado desde niño, todo ese odio por los muggles, o sería más correcto decir por los nacidos de muggles. A fin de cuentas, los humanos corrientes ya tenían la desgracia de ser normales. Solamente eran personas que debían vivir ajenas a la magia. Porque no merecían tener contacto con ella, y porque en el pasado perseguían a los magos como si fueran simples perros. Por todo ello, se habían ganado ser excluidos de tales maravillas. Era lo propio.

Sin embargo, otra historia eran los nacidos de muggles, de un squib. Un sangre sucia no merecía el don que le habían dado. Pues debía ser un don exclusivo para aquellas familias que tuvieran la habilidad de controlar la magia en cada generación, y por ello todos los magos debía casarse y procrear con brujas. Era la única manera de preservar la pureza, y por tanto, todo aquel mago que decidiera tener un enamoramiento con un muggle, tendría que ser consecuente con su elección. Casi igual que los nacieran de algún squib. No podían ostentar un buen puesto dentro del mundo mágico.

Se había decidido mantener a los muggles al margen de la magia por una buena razón, y ellos no dejaban de ser fruto de infringir esa norma.

Había aprendido eso de niño, y realmente creía en ello. Estaba de acuerdo, palabra por palabra, con las enseñanzas de su padre. Y sin embargo, ¿por qué se había ido al extranjero? ¿Solamente por su trabajo? En el fondo no era así, pues se podía haber enrolado en los mortífagos, y seguir con ellos aunque estuviera fuera. Aunque estuviera menos activo. Y no había sido hasta la vuelta que se había decidido por unirse, por hacerle caso a su hermano y a sus padres.

Ese detalle se entremezclaba con la sensación extraña que recorría su cuerpo ahora, mientras caminaba por una de las calles de Londres. Alejado de la población de magos. Totalmente metido entre muggles.

¿Por qué se sentía así? ¿Por qué le costaba tanto aceptar haberse unido a los mortífagos? Al menos internamente, en lo más hondo de su ser. Era lo que sus padres querían, pero él no había sido contrario a esa forma de pensar. No tenía por qué molestarle haberles hecho caso al final, mucho menos hacerle sentir así de mal.

Pero el caso, es que así se sentía. En una parte de él, al menos. Sobre todo, después de lo vivido la noche anterior. Él quería que los mestizos y sangre sucia fueran relegados a un segundo plano, pero después de lo que había visto… parecía que su deseo iba mucho más allá dentro del corazón de sus compañeros mortífagos.

Era todo demasiado complejo. En su mente parecía reinar la confusión desde que volviera. Era por eso que necesitaba tanto tener un espacio propio, y se había ido a la casa que tenían sus padres en Londres, y que solo usaban cuando viajaban a la capital. Necesitaba pensar. Y también distraerse, meditó, nada más ver el cartel del pub irlandés.

El benjamín de los Kerr, no se lo pensó dos veces antes de entrar. Pues pudo ver desde fuera, lo que estaban viendo los clientes del local, en uno de los televisores colgados de una de sus esquinas. Y bueno, los muggles no podían usar la magia, pero por lo menos habían inventado el cine y el rugby.

Caminó con paso firme y seguro hasta la barra, intentando pasar por la zona menos concurrida, que era sobre todo la más cercana al televisor. No tardó en poder atenderle un tipo fornido tras la barra, aunque bastante entrado en años, y Henry tamborileó con los dedos sobre la madera de la barra, con su sonrisa habitual impresa en los labios.

- Una cerveza negra, por favor-, dijo, sin perder la sonrisa, y echando un ojo al marcador del partido, antes de volver a centrar la mirada en el

- Ah, vaya. Buena elección chico, has venido al lugar adecuado para tomar la mejor cerveza negra de Londres.

- Negra y de todo tipo. Nadie hace mejor cerveza que un irlandés-, comentó amable, suponiendo que le gustaría el comentario al dueño.

- ¡Bien dicho! -, contestó, sonriente, y poniendo una larga cerveza sobre la barra. - ¿Quieres algo más? Si te esperas un rato, si gana Irlanda sacaremos pizzas para todos.

- Maldita sea-, dijo, después de tomar un sorbo de su bebida. – He venido en el momento adecuado parece-, sonrió. - Me sentaré por aquí, esto está ganado.

El Kerr se sentó en un taburete libre, dejando otros dos libres del más próximo ocupado.  Y nada más sentarse, oteó por encima el ambiente, y la gente. Y observó que el chico sentado en el taburete más cercano, era un chico alto y rubio, pero al que solo había visto de espaldas, pues tenía la vista centrada en el partido como todo el mundo.  Algunas personas más estaban en la barra, o en las mesas, pero la gran mayoría estaban de pie, junto al televisor. El gentío estalló de ira con una decisión arbitral, y Henry sonrió para sus adentros. Luego se apoyó con un codo en la barra, y agarró con la mano libre la pinta, para darle otro sorbo mientras observaba el partido.

Le vendría bien distraerse con un poco de rugby. Después de lo que había vivido los últimos días, se merecía un descanso.
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Henry KerrMagos y brujas

Steven D. Bennington el Sáb Feb 18, 2017 12:33 pm

Se quedó sentado en el taburete mientras veía el final del partido. Miró con una sonrisa cómo la gente veía y conversaba al tiempo que sus miradas seguían clavadas en el televisor intentando no perderse ni un solo segundo de aquel partido. Steven nunca había sido un gran partidario de los deportes ni mágicos ni muggles a excepción del surf y la natación, pero siempre le había llamado la atención como el deporte conseguía unir a personas tan diferentes.  Incluso en Hogwarts había visto cómo el Quidditch lo conseguía.

Personas que por ninguna razón tendrían una relación de amistad se juntaban en los bares frente a una pantalla de televisor y comenzaban a hablar de jugadas, fichajes y arbitraje. E incluso en más de una ocasión acababan por irse por las ramas y cambiar ligeramente el tema de conversación y hablar de temas algo más privados de los que no hablarían con un desconocido nada más conocerlo. Pero ahora tenían esa confianza. Ese vínculo invisible que había surgido de la nada sin previo aviso.

Y por eso le gustaba ver los eventos deportivos, para poder ver cómo la gente sonreía olvidando sus problemas y centrándose en el triunfo de su equipo, como estaba pasando en aquel momento entre aquellos desconocidos que bebían y comían animadamente mientras vestían las camisetas de sus jugadores favoritos.

Steven dio un nuevo trago a su bebida mientras alternaba la vista entre el gentío y la pantalla del televisor, pues había que decir que no era un gran entendido de aquel deporte y si estaba ahí no era precisamente para ver como Irlanda acababa ganando el partido. Aunque aquello era un valor añadido, ya que tendría pizza gratis en no mucho tiempo, ya que la remontada por parte del rival parecía algo lejano e imposible.

Fue en ese momento cuando a pocos taburetes de distancia escuchó cómo el camarero volvía a comentar que habría pizza gratis en el caso de que Irlanda se proclamase campeona y, por pura curiosidad, se giró con una sonrisa para ver como el camarero seguía fascinado hablando de la pizza gratis.

Y fue cuando se dio cuenta de algo.

Aquella cara le resultaba vagamente familiar. No recordaba de qué pero sabía que la  había visto antes y, como persona inocente que era, se quedó mirando al desconocido que bebía cerveza negra sin apartar la mirada. ¿De qué le sonaba su rostro? Sólo apartó la mirada cuando los gritos de los irlandeses alertaron que Irlanda sumaba más puntos en el marcador a lo que Steven respondió alzando la cerveza mientras un grupo de hinchas corría hacia la barra a pedir más cervezas.

No pudo evitar soltar una carcajada y con aquel barullo que se formó en la barra olvidó por completo que la persona que se sentaba a pocos metros de distancia era una cara conocida que no lograba identificar.

El partido terminó y, como había previsto el camarero, Irlanda se alzó con la victoria en un partido que parecía haber estado ganado desde que pusieron un pie en el campo de juego. O eso decían los irlandeses que ahora bebían, comían, reían y cantaban el himno de su equipo con los rostros rojos del calor, la alegría y, cómo no, también los efectos del alcohol.

Steven permaneció sobre su taburete y, al igual que el resto de los allí presentes, no lo pensó demasiado a la hora de coger un pedazo de pizza y llevárselo consigo para acompañar su bebida. Mientras tanto, la televisión mostraba a un par de comentaristas deportivos comentando las mejores jugadas del partido y hablando de cómo Irlanda, por primera vez en años, había logrado una victoria tan aplastante en un partido oficial.

De haber sido un personaje de cómic, una bombilla se habría dibujado sobre su cabeza. Y de pronto se habría encendido con un sonido de dibujo animado.

- ¡Ya sé! – Dijo para sí mismo volteándose para mirar al chico cuyo rostro le resultaba tan familiar. – Henry, de Ravenclaw. ¿Verdad? – Preguntó o más bien afirmó casi seguro de sus palabras. Si acababa de confundirse y estaba hablando con un muggle este tan sólo se reiría en su cara pensando que los efectos del alcohol estaban comenzando a hacer mella en aquel que se atrevía a confundirle con un tal Henry y encima le insultaba con una palabra tan rara como era Ravenclaw.

Pero no. Steven estaba casi seguro de que aquel hombre había sido su compañero de casa y, por tanto, de Sala Común, ya tantos años atrás. Y es que hacía más de diez años que Steven había dejado Hogwarts y con ello había dejado atrás muchas viejas amistades y conocidos que el tiempo no había querido que mantuviese. Y entre esos conocidos estaba Henry, un chico bastante agradable, un par de años menor que Steven con quien había cruzado más de una palabra en todos los años que habían compartido Sala Común.

- Dime que sí y que no me he vuelto loco. – Sonrió. No recordaba a Henry como una de esas personas locas por la pureza de sangre, por lo que no había sido su primera opción salir corriendo por ahí. Además, si mal no recordaba, aquel chico se juntaba mucho con una amiga de su hermana que resultaba ser también nacida de muggles. Por lo que sería raro que alguien así intentase ganarse unos galeones llevándole al Ministerio de Magia para cobrar su recompensa.
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Henry Kerr el Jue Feb 23, 2017 12:57 am

La gente siguió conversando de buena gana esa última jugada. La decisión arbitral que había descontentando a casi todo el bar, y por qué no decirlo, seguramente a casi toda Irlanda. Era lo bonito del deporte, que podía unir a todo el mundo en una especie de comunidad extraña. Todos deseando un mismo final, y todos animando para que ojalá ocurriera. Para que llegara la victoria de su equipo o nación.

Claro, que las personas del equipo contrario deseaban justo lo opuesto. Y si querían que el suyo ganara… inevitablemente el otro debía perder. Pero bueno, si era algo que se llevaba de forma sana y deportiva, no era nada malo. Más bien al contrario. Era una de las cosas más positivas que aprendió con el deporte. A tener una competencia sana, solamente alimentada con el deseo de ganar mientras se lo pasaba bien, pero sin anhelar mal alguno a los rivales.

Lo había aprendido con el quidditch, y también con el rugby. Otra de esas extrañas situaciones en su vida. Recordaba perfectamente los partidos que había jugado en un equipo escocés, sin embargo, cualquier que le conociera le diría que estaba loco. ¿Qué demonios hacía un purista jugando con muggles, a un deporte de muggles? Ni él mismo sabría decir la respuesta.

Quizás lo más fácil era decir que creía más en la salida de los sangres sucia del mundo mágico. Que ese no era su lugar, o al menos no deberían ostentar a los mejores puestos. Que en el fondo no tenía nada contra los muggles, y por eso se encontraba tan cómodo en un bar de gente sin magia, acompañado de gente sin magia, y viendo un partido de un de deporte de gente sin magia. Quizás fuera eso, o simplemente le gustaba tanto el rugby que no le importaba codearse con muggles para jugarlo o verlo.

Quién sabía. Su mente a veces era un rompecabezas difícil de entender hasta para sí mismo. Donde cosas como aquella parecían no tener sentido. Pero diablos, algún sentido debía tener, eso estaba claro. Había asimilado con el tiempo esas incongruencias. A aceptar que tenía algunas lagunas de memoria, y que tenía que convivir con ello. Tampoco era nada grave, simplemente en situaciones como esa, le daban que pensar.

De todos modos, había asuntos más importantes que calibrar el amor exacto que le tuviera al rugby. Cuidar de dragones no era algo donde uno pudiera ser distraído. Los distraídos acababan siendo la cena de un dragón. Y ahora tenía la responsabilidad de ser un buen mortífago, y mantener el orgullo de su linaje intacto.

Además, cuando un carapapa te miraba tan fijamente, ya todo daba igual. ¿Qué le pasaba a ese tipo? ¿Se había enamorado de él? Había formas más discretas de mirar a una persona, como por ejemplo atropellarlo con un coche y observarlo mientras lo tenías empotrado en el parabrisas, pero era evidente que el muchacho no albergaba esa sutileza. Muggles. Había esperado demasiado de ellos.

En fin. Por suerte, al menos no le había pedido salir, y se había concentrado nuevamente en el partido cuando había ocurrido otra acción polémica. Con lo cual pudo tomar otro trago de cerveza, tranquilo, mirando el mismo partido que todos deseaban que finalizase con victoria Irlandesa: Algo muy probable, dado el resultado.
No obstante, mientras el rico líquido azabache bajaba por su garganta, sintió que quizás ese hombre lo mirarse por algún motivo con más sentido que gustarle. Ahora que pensaba con más detenimiento, ese rostro le resultaba familiar. Lo había visto en alguna parte. ¿Pero dónde?  Al chico le debía haber pasado lo mismo, y le había reconocido, por eso se le había quedado mirando.

Se preguntó infernamente si acercarse hasta el chico y preguntarle de que le conocía. Pero no pudo pensar mucho más en ello. El jolgorio estalló con la victoria de los irlandeses, y el dueño comenzó a sacar las pizzas prometidas. Vale, punto para los muggles. Habían inventado las pizzas, y si era gratis sabía mejor aún.

En cualquier caso, la pizza era una buena excusa para dejar ese asunto de lado. Por lo menos el tiempo suficiente para saborear un trozo. Pero las cosas no siempre salen como uno piensa, y antes de hacer un acercamiento al muchacho, este decidió hacer lo propio. Era obvio que había llegado a la misma conclusión que él, y había estado pensado en lo mismo. De qué se conocían. Sin embargo, el rubio sentado a dos taburetes de distancia, había sido más agudo, incluso acertando su nombre y su casa en el colegio.

Eso hizo fluir la sangre dentro de su mente. Era un dato muy específico. El hombre sabía de la existencia de Hogwarts, y por tanto era un mago. Dos magos viendo rugby. Que probabilidad había de que algo así ocurriera. No obstante, la pista iba mucho más allá de lo más evidente. Le había servido para hilar muchos recuerdos de su mente, y de ese modo sacar en claro de quien se trataba.

- Steven, ¿verdad? -, comentó, haciendo un gesto con el dedo con la mano en forma de pistola. Luego sonrió y asintió con la cabeza. - Sí, si lo eres. Ya decía. Sabía que tu cara me sonaba de algo-, meneó la cabeza, porque había sido un tonto al no darse cuenta de quién era.

Nada más hablarle, se terminó su porción de pizza, y se levantó para sentare en el taburete adyacente al de su compañero en el colegio.

Que torpe había sido. Ese rostro no solamente le resultaba familiar por ser el chico agradable, unos años mayor que él, que solía ver en la Sala Común. Y que además solía pasar la mayor parte del tiempo en la biblioteca, igual que él. Sino que también hacía unos días que había visto nuevamente esa cara… Mucho tiempo después, del último encuentro entre ellos en Hogwarts.

- Si, has acertado. Soy Henry. Que vueltas da la vida. Más de diez años desde la última vez que nos viéramos, me parece-, sonrió.

Era una sonrisa que debía parecer de lo más simpática para cualquiera que no pudiera leerle la mente, pues en su cabeza tenía toda la malicia que le creaba la presa tan cercana que tenía. La que salía en los carteles del Ministerio.

- Que vueltas da la vida-, volvió a decir, sin perder la sonrisa, solamente borrada después de levantar su vaso, para tomar otro trago de cerveza.
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Steven D. Bennington el Dom Feb 26, 2017 11:26 am

No era una persona dada a fijarse demasiado en los rostros de los desconocidos. O más bien, fijarse en aquellas personas que se cruzaba en su camino e intentar deducir de dónde habían salido sus rostros y por qué le resultaban familiares. Y es que a Steven fácilmente podía resultarle conocido alguien con quien jamás se había cruzado en su vida. Pero desde que todo aquello había cambiado, había intentado estar algo más atento. Había intentado fijarse en aquellas personas que le miraban demasiado, en los que parecían repetirse en un lugar tras otro demostrando así que le estaban siguiendo y, por supuesto, en aquellos que antaño ocultaban su rostro tras una máscara y cazaban a los de su clase.

Pero con Henry fue diferente. Le miró por la misma razón que podía mirar a cualquier desconocido en aquella situación. Quería ver si su rostro le transmitía algún tipo de desconfianza, aunque teniendo en cuenta lo confiado e inocente que era Steven aquello jamás serviría pasar salvarle la vida.

Dado que en aquel momento no tenía nada mejor que hacer que beber cerveza, comer pizza – que por cierto, era gratuita -, y ver como los hinchas de Irlanda celebraban el triunfo de su equipo como si aquello fuese lo mejor que podía pasarles en sus vidas, no lo pensó mucho a la hora de hablar a aquel chico. Y no porque fuese cualquier chico, sino porque su mente de Ravenclaw que algo de inteligencia debía de albergar le había alertado de que ya se habían cruzado una vez. Y otra. Y otra. Quizá cientos o miles durante el tiempo que ambos coincidieron en Hogwarts. Pues teniendo en cuenta que habían pertenecido a la misma casa, aquellas veces no eran precisamente pocas.

- No esperaba encontrar a ningún antiguo compañero por aquí. – Dijo el rubio con su habitual sonrisa en el rostro. Dio un nuevo trago  a su cerveza y, aprovechó que los irlandeses bebían y gritaban para coger otra porción de pizza sin que quedase demasiado llamativo. - ¿Vives por la zona? – Preguntó Steven antes de tomar un pedazo de pizza. - ¿O resulta que eres irlandés? – Hizo una pausa para intentar pensar en el apellido de Henry y relacionarlo con Irlanda. O para pensar si durante su tiempo en Hogwarts le había visto animar a Irlanda en los partidos de Quidditch. Pero nada. Ni recordaba su apellido, ni tampoco si iba por ahí vestido de verde o leprechaun durante la temporada de Quidditch en la que Irlanda tenía posibilidades de ganar.

Steven era inocente por naturaleza. Este tipo de persona que no cae en la cuenta de la maldad de los demás. Que intenta ver lo positivo en todas y cada una de las personas que se cruzaban en su camino. Que por nada del mundo pensaría que, alguien como Henry, podría estar pensando en que su rostro estaba en busca y captura por el Ministerio de Magia. Steven quería creer que los carteles con su cara eran algo no demasiado común y que apenas un par de magos habían visto. Pero no era consciente, ni mucho menos, de que el Henry que tenía delante distaba mucho del Henry que había conocido durante su estancia en Hogwarts.

- ¿Y qué ha sido de tu vida? – Antes de que Henry pudiese responder, Steven demostró una vez más su incapacidad para estarse callado por largos periodos de tiempo. – Déjame adivinar. – Lo cierto es que no pretendía adivinar nada. Jamás había sido bueno en Adivinación. Ya lo decían todos los profesores, que los Ravenclaw eran demasiado lógicos como para creer en un arte tan abstracto y poco preciso como la Adivinación. Una materia donde todo era demasiado relativo. – Terminaste tus estudios en Hogwarts y entraste en la Universidad. – Si, eso era posible que lo hubiese acertado o al menos la parte de terminar sus estudios en Hogwarts. – Me arriesgaré a decir que estudiaste… Herbología. O algo relacionado con plantas o animales. – Era una posibilidad entre un millón. – Empezaste a trabajar, pero no de lo tuyo. Quizá en una cafetería muggle y decidiste ver mundo al ver que no conseguías lo que querías. Viajaste por el mundo durante años, escribiste tu autobiografía que publicarás algún día y volviste a Londres para… Trabajar en el departamento de regulación de criaturas mágicas. – Estaba casi seguro que no había acertado ni una sola. Y es que había dicho lo primero que se le pasó por la cabeza. - ¿He acertado algo o sigo siendo tan malo en Adivinación como lo era en Hogwarts? Me la he jugado mucho con la autobiografía.
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Henry Kerr el Mar Feb 28, 2017 10:15 pm

Recordaba, que cuando había visto a Steven en los carteles del Ministerio, le había sonado su cara. Como si lo conociera de algo, pero sin concretar exactamente de qué y de donde. Y para colmo, ni siquiera se había dado cuenta de que era el hombre de los carteles cuando lo observaba antes. Estaba tan distraído por los sucesos recientes, tan aislado del mundo para encontrar un poco de paz, que no se había percato de eso tampoco.

Sin embargo, fue mencionarle si era de Ravenclaw, y entonces todo en su cabeza comenzó a girar y a engrasarse como una buena máquina. Todo comenzó a cobrar sentido, hasta el punto que ya podía decir exactamente quién era el muchacho a su lado.

Steven. No recordaba su apellido, pero sí lo mucho que le gustaba leer y estudiar. Siempre que podía metido en la biblioteca. Algo que no le era ajeno, pues él también solía pasar mucho tiempo en la bendita biblioteca de Hogwarts.

Se esforzó por ahogar un suspiro de nostalgia en su interior. Ya que en aquellos tiempos, todo era más sencillo. Todo era menos cruel. Se podía limitar a odiar a los sangre sucia, sin tener que ensuciarse las manos. Sin tener que… hacer todo lo que tenía que hacer.  Joder. Que complicado se había vuelto todo. O más bien, que jodido se había vuelto todo.

Henry rió quedamente un segundo, antes de tomar otro trago de su cerveza negra.

- Yo tampoco esperaba ver a nadie de los nuestros por aquí. Debemos ser los únicos de nuestra clase en varios metros a la redonda. Entendiéndose clase por ya sabes-, sonrió. – No. no soy irlandés. No soy de tan al oeste, y sí de muy al norte. Mucho-, mantuvo la sonrisa, después de darle una pista fácil de identificar. - Y en cuanto a vivir cerca-, hizo una mueca de ni tanto ni tan poco. – Vivo por la ciudad, pero no por aquí. Necesitaba tomar un respiro, por decirlo de alguna manera. Las cosas se han puesto difíciles en los últimos tiempos, y necesitaba alejarme de todo eso-, se sinceró.

Tanto se habían complicado, que ahora el hombre que tenía a su lado ya no era un compañero de Ravenclaw, era una presa que debía cazar. Era eso lo que hacían los mortífagos ¿no? Lo que tanto deseaban sus padres que fuera e hiciera, y lo que él mismo deseaba.

¿Realmente deseaba hacerlo? Si era un purista porque sentía quemazón en el pecho por tener que traicionar a un Ravenclaw como Steven. Solamente era un sangre sucia. Que importaba que fuera un águila. Que importaban los chicos que la noche anterior. ¿Por qué no dejaba de pensar en ellos?

Por fortuna, Steven le preguntó algo más, y eso le ayudó a abstraerse de los pensamientos que por ahora no quería afrontar. No quería volver a escuchar sus voces en la cabeza.

- Venga. Adivina. A ver qué tal se te da-, sonrió. Paradójico. Se lo estaba pasando bien con Steven. – Bien lo primero lo has acertado-, volvió a tomar otro trago de su cada vez más exigua cerveza. – Algo así, vas bien-, rió ligeramente.

La adivinación más o menos acertada de Steven le hizo pensar que habría sido del Ravenclaw a su lado. Que terminó el colegio lo recordaba perfectamente, pero que hizo después. Y ahora que pensaba más en el pasado, también se abría paso hasta su mente una hermana.

- Vaya, Steven. ¿Has estudiado adivinación sin yo saberlo? – bromeó. – Has acertado en casi todo. Pero sí, con la autobiografía te las has jugado demasiado-, rió. – Voy a hacerte un resumen rápido de mi vida con las cosas que has dicho. Terminé el colegio y la universidad, cierto. Concretamente algo relacionado con animales, pero no herbología. Lo mío va más de reptiles grandes, muy grandes, y con muy malas pulgas algunos de ellos-, sonrió, y tomó un trozo de pizza del plato más cercano a ellos. – Empecé a trabajar de lo mío, ahí patinaste un poco-, volvió a reír. - Y he viajado mucho por el extranjero, pero precisamente por mi trabajo como dragonolista. Por lo demás, ni tengo autobiografía, ni trabajo en el ministerio. En realidad, hace muy poco que he vuelto a Reino Unido-, sonrió de forma amistosa, y se comió otro trozo de la porción de pizza en sus manos.

Su maniobra estaba siendo un rotundo éxito. Steven no había sospechado nada, y había bajado sus defensas ante cualquier amenaza. Estaba tan calmado hablando con él, que a este paso no sospecharía nada hasta que fuera demasiado tarde. Le parecía curioso, quizás no sabía de qué familia provenía, y no tenía un buen conocimiento de los Kerr. Que le preguntara si era irlandés, era una evidencia de que debía ser así.

De todas formas, se lo estaba pasando bien conversando con el antiguo Ravenclaw. Y sentía una punzada de lástima en el pecho, al pensar lo que le tendría preparado para luego. Otra de esas sensaciones extrañas, que no debían estar ahí, y que tanta confusión le creaban.

- Y dime. Que fue de tu vida. Has hecho un gran desglose de la mía, pero no sabría hacer lo mismo. La adivinación no era uno de mis fuertes. Siempre fui demasiado lógico y calculador-, rió, y se terminó la porción de pizza, para luego tomar otro trago de cerveza e hidratarse un poco. - ¿Fuiste a la universidad? Seguramente sí, eras bastante inteligente. Pero que más habrás hecho-, se preguntó en voz alta. - Dime, que fue del gran Steven. ¿Tienes familia, hijos? Recuerdo a una hermana, que estudiaba en nuestro colegio-, intentó recordar el nombre en vano. – Mmm, maldita sea. No recuerdo su nombre-, sonrió. – Imagino que seguirás en contacto con ella. No es para menos, con la que está cayendo-, dijo, fingiendo estar taciturno, acariciando el contorno de su vaso. – Estamos en tiempos oscuros, me temo.

Lo cierto, es que no sabría decir si fingía estar triste, o si realmente lo estaba. No podía concretar donde el sentimiento era falso o real.
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Henry KerrMagos y brujas

Steven D. Bennington el Miér Mar 01, 2017 9:57 pm

Se había acostumbrado a ir de lugar a lugar sin pararse a pensar si podía haber un mago en los alrededores. Frecuentaba zonas muggles y siempre había dado por hecho que los magos no tendían a acercarse a lugares carentes de magia y rodeados de aquella considerada ahora como calaña. Con la llegada del nuevo gobierno se sentía más seguro en lugares no mágicos pensando que allí no tendría por qué cruzarse con nadie que pudiese reconocer su rostro por haberlo visto en los carteles de se busca con una bonita recompensa al final de estos.

Pero se equivocaba.

Henry Kerr era el claro ejemplo de que los magos podían salir de su zona esperada para visitar lugares donde la magina no era más que una ilusión en un juego de cartas absurdo, o un cuento de niños antes de ir a dormir cada noche. Pero ahí estaban ambos. Con la sangre mágica en sus venas y un historial cargado de mágica, tomando pizza y una cerveza en un local cualquiera londinense.

- Este sitio está bien para tomar un respiro. Gran variedad de cerveza a buen precio, ambiente animado pero no demasiado ruidoso y… Suelen sacar comida gratis cuando hay alguna celebración. – Hizo una leve pausa  y sonrió. – Tengo que admitir que sabía cómo iba el partido antes de venir y tenía la esperanza de que hubiese comida gratis. Pero que encima fuese pizza… Hoy debe ser mi día de suerte. – Dijo con su habitual tono alegre. Steven era una persona que veía siempre el lado bueno de las cosas. Una persona que siempre encontraba lo positivo en lo que parecía imposible. Y, por supuesto, una persona para la que una cosa tan simple como la comida gratis podía servirle para alegrarle el día como aquel mismo día lo había hecho.

Prefirió   no entrar en detalles con Henry. Claro que las cosas se habían puesto difíciles en los últimos tiempos. Él era el claro ejemplo de lo complicado que estaba todo y por esa misma razón se encontraba encerrado entre cuatro paredes, saliendo lo más mínimo y siempre ocultando su apariencia física.

Era una persona que confiaba fácilmente en los demás, que intentaba ver la bondad en todos. Y por esa misma razón seguía hablando con Henry y no se había excusado con ir al lavabo para desaparecerse lejos de allí en aquel preciso instante. Era inocente y confiado, pero no era tonto. Y por eso mismo no iba a comentar nada respecto al tema. No quería dejar a la vista que era consciente que estaba en busca y captura incluso cuando quizá su acompañante ya tenía conciencia de aquello.

Steven comenzó a hacer alarde de su capacidad de andarse por las ramas a la hora de hablar con la gente. Era de esas personas que podrían sacar conversación hasta mirando a una piedra en mitad del camino. Y que posiblemente darían más importancia a esa piedra que a la lluvia acida que comenzase a caer sobre sus cabezas y que, posiblemente, podría ser la causa de su muerte. Así era Steven. Raro por naturaleza.

De pronto saltó a intentar adivinar que había sido de la vida de su antiguo compañero cuando no tenía pista alguna sobre lo que podía haber hecho a lo largo de los últimos años. Comenzó por lo fácil relativo al fin de sus estudios por Hogwarts y fue pasando por ámbitos más generales como sus estudios Universitarios. Finalmente se arriesgo a entrar en detalles más concretos, fallando de lleno en cada uno de ellos. ¿En qué sano juicio entraba hacer aquellas predicciones cuando no tenía pista alguna sobre él? No es que fuese con una placa del Ministerio de Magia encima ni tampoco con un Best Seller bajo el brazo.

Pero aquello le sirvió de algo. Ahora sabía que Henry no trabajaba en el Ministerio de Magia. Ni que tampoco se dedicaba a nada que pudiese causarle un problema. Henry era un simple trabajador más que pasaba sus días dedicándolos a los dragones. Eso le alejaba, ligeramente, de ser un potencial perseguidor.

- No puedo acertar en todo sin una bola de cristal. Y aún no te has terminado la cerveza para mirar en el fondo de tu vaso y leer los… ¿Posos? – Enarcó una ceja. En el té se podían leer los posos, en las cervezas podía leer el final del líquido caliente que nadie se toma porque está realmente malo. – No me pidas más, suficiente he acertado. – Dijo el metamorfomago sin poder evitar sonreír una vez más. - ¿Y eso? ¿Ahora hay grandes dragones en Reino Unido y el resto del mundo ya no es tan interesante? – Preguntó sobre lo relativo a haber vuelto recientemente al país. ¿Y sí había vuelto precisamente por el nuevo régimen? No, no podía ser aquello. Posiblemente era una simple casualidad y se había topado con la guerra nada más poner un pie en el país.

A diferencia de Steven, Henry optó por la pregunta directa, lo más sencillo y lógico que cualquier persona podía hacer. Pero Steven nunca había sido ni sencillo ni lógico, por lo que prefería dar vueltas a la conversación aunque aquello pareciese no tener sentido con tal de pasar un buen rato y echarse unas que otras risas.

- Sí, ya sabes que los de Ravenclaw somos los inútiles de la Adivinación. Yo no la tuve como optativa, la verdad. - ¿Para qué? Para nada. Pues por eso mismo había optado por asignaturas más útiles que la Adivinación que, en resumen, eran todas. – Beatrice. – Dijo el chico con una sonrisa. Y si Steven era inocente y confiado en muchas cosas, con Beatrice y su seguridad no lo era. – Dejó el país en Navidades para seguirse formando como Medimaga. Ya sabes, siempre queriendo aprender para ser de más utilidad. – Mintió intentando que no se notase demasiado. Beatrice y Steven vivían juntos en aquel momento, pero cuanto menos se supiese de su hermana mejor. – Estudié Transformaciones. Siempre fue un campo que me gustó e incluso pensé en dedicarme a la enseñanza pero… Al final me pudo la música. – Rió. – Estuve trabajando un tiempo en Hogsmeade dando clase en una de las tiendas, pero ya sabes que el empleo viene y va. – Se encogió de hombros. – Me casé, tuve y una hija y luego me divorcié. El amor como el trabajo, no siempre sale bien. – Dijo aquello último con tono bromista. - ¿Tú has sentado la cabeza ya o por eso ibas por el mundo persiguiendo dragones?
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Henry Kerr el Vie Mar 03, 2017 1:29 am

Henry escuchó la estrategia de su antiguo compañero con una mezcla de sorpresa y admiración. No era una mala idea la del Ravenclaw. Una buena maniobra para comer gratis, en un ambiente relajado y alejado de la magia. Que teniendo en cuenta, la situación reciente en el mundo mágico, era algo francamente sensato.

No tanto para él, que solamente buscaba un poco de paz y calma, después de lo vivido la noche anterior. Sino para las personas como Steven. Fugitivos con el aliento de los mortífagos lamiendo sus nucas. O lamiendo el vidrio del vaso, que bebía en estos momentos el hombre al lado del propio Steven. Seguramente más cerca de lo que nunca hubiera deseado el pobre chico. Demasiado cerca.

- Chico listo. Has demostrado ser un buen Ravenclaw-, bromeó, y sonrió. - No conocía el sitio. Yo solamente vagaba sin rumbo por la ciudad. Y al ver el partido en la televisión desde fuera, me dio por entrar y ver como terminaba-, le explicó.

Totalmente ajeno a la magia por un día. Sin importarle que sucediera, y deseando estar al margen de todo por un rato. Pero parecía que el destino estaba empeñado en buscarle “trabajo”.

- Bueno, por aquí tenemos el Galés verde, que es bastante inofensivo, y el Hébrido negro, que es todo lo contrario-, rió. - Pero lo cierto es que he vuelto para descansar. Llevaba muchos años persiguiendo dragones. Desde el día que terminé la carrera, nada más y nada menos. Así que ya era hora de ver que tal iba todo por casa. Supongo que no soy muy buen escogiendo momentos-, dijo tranquilo, aunque con cierto pesar.

No había podido evitar, teñir un poco sus palabras de esa tristeza, pues en el fondo, prefería más los tiempos que perseguía dragones que los actuales. Le encantaban los dragones, y prefería estar trabajando con ellos que como mortífago. Pero no era solamente eso. No le gustaba este cambio, pese a estar en el eslabón fuerte de la cadena. No le gustaba tener que perseguir gente, aunque no fueran personas de su agrado.

De todos modos, perseguirlos no era lo más preocupante. Eso era algo que no le importaba tanto, ya que era el trabajo más sucio el que verdaderamente no le agradaba. Las torturas y sacar información. Le parecía un paso excesivamente largo, una estrategia demasiado fuerte. Aunque los sangres sucia no merecieran pertenecer al mundo mágico, habían distintos modos de echarlos, y ese, precisamente, no era el que más le gustaba.

Era por ello, que prefería alejarse de los momentos de las torturas, y centrar sus esfuerzos como mortífago en capturar a los fugitivos. Pese a que sabía que les pasaría cuando los dejara en manos de sus compañeros, era mejor que hacerlo personalmente. Y aunque no le gustaba ser hipócrita en la vida,  había cosas que superaban a uno, y esa era una de ellas. Prefería no tener que torturar a nadie, salvo que no tuviera más remedio.

- Ni tú, ni ningún Ravenclaw supongo-, rió. – Ah, cierto. Beatrice. Como pude olvidar su nombre. A veces no sé donde tengo la cabeza-, dijo, ahora que su antiguo compañero le había refrescado la memoria. – Recuerdo que era una chica simpática, y también bastante guapa. Espero que no te moleste que lo diga. No tenía ánimo de ofender-, dijo, pues era cierta esa parte. Había hecho el comentario en modo de halago. – Medimaga, que interesante oficio. Nunca hay suficientes. Me alegro por ella, espero que le vayan bien las cosas-, comentó.

Y sobre todo se alegraba, porque lejos de allí estaría más segura. Reino Unido ya no era un buen lugar para las personas como ella. Debía cazarla, como a su hermano, pero en el fondo se sentía mejor no teniendo que hacerlo.

Pero en fin, ahora se acordaba mejor de la hermana de Steven. Aunque tenía la sensación de que debía recordar más cosas de ella, de las que ahora mismo podía encontrar dentro de su cerebro. Maldita sea, ese era otro de los motivos por el que odiaba haber vuelto. Desde que llegara, su mente parecía un desastroso rompecabezas al que le faltaban piezas.  Que sensación más asquerosa.

- Transformaciones. Se te daba bien. Podías ser quién quisieras en cualquier momento. Eras un prodigio con ellas-, comentó, justo antes de pillar otro trozo de pizza. - Buen truco, me apuntaré el calendario de todos los equipos irlandeses-, le guiñó un ojo, y tomó un bocado de la porción de pizza. - La música, eh. Que sería del mundo sin música. Me parece un oficio de lo más bonito-, comentó amigable y sincero, antes de dar otro mordisco a su cena.

Henry se atragantó, cuando su ex compañero habló de su divorcio con esas maneras. Como si tal cosa. Como si tener hijos y divorciarse fuera una cosa de lo más normal y común. Bueno, en cierto modo, sí que era algo totalmente normal, pero que lo dijera con esa alegría... No, eso no.

Evidentemente, muchos odiaban lo que se habían convertido sus vidas después de casarse. Así que estaban la mar de felices después de terminar esa defectuosa aventura, más no se esperaba que Steven se lo soltara de sopetón. Había sido totalmente inesperado.

- Vaya, te casaste-, dijo entre toses, tomando un trago de cerveza para calmar su cuerpo, y frenar las sacudidas. - Y tienes una hija-, comentó en mejor estado, recuperando la compostura y el aliento. - Felicidades. ¿Cómo se llama?, si me permites la pregunta.

En el fondo, no debía extrañarle tanto que Steven tuviera una familia. Era mayor que él, y por tanto, algo normal. Seguramente él también tendría, si no se hubiera dedicado a vagar por el mundo buscando dragones.

- Sí, la vida es así-, le quitó hierro al divorcio. - No siempre sale como esperamos. Lo importante es seguir adelante. ¿Algún día volverás a trabajar en la música? - le preguntó.

Inmediatamente después de formular la pregunta, se sintió estúpido. ¿Por qué le hacía preguntas que importaba tan poco que respondiera? El destino del Ravenclaw estaba sellado, desde el momento en el que se había decidido por hablarle. Su único futuro era Azkaban o la muerte.

- ¿Yo? - posó su vaso vacío sobre la barra, y señalándolo con la mano, cuando el dueño miró hacia él, le pidió una nueva. – Si perseguir dragones no es una forma de sentar la cabeza, que baje dios y lo vea-, bromeó, con esa expresión tan muggle. - Lo cierto es que no. Esta vuelta a casa, era una forma de sentar la cabeza. Más allá de mi trabajo como dragonolista, claro. Todos estos años me he centrado exclusivamente en mi oficio. No he dejado espacio para nada más-, se encogió de hombros. – Supongo que soy un tipo solitario-, rió. – Y dime, si conoces este local, es que andas viviendo por aquí ¿no? Tienes alguna idea más para esta noche, o solo pensabas en la pizza-, sonrió.
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Henry KerrMagos y brujas

Steven D. Bennington el Dom Mar 12, 2017 1:13 pm

Su conocimiento sobre las criaturas mágicas que poblaban su propio país de residencia no era muy amplio. Conocía aquellas criaturas con las cuales se había cruzado a lo largo de los años o a las que por casualidad había estudiado en Hogwarts y recordaba que vivían en Inglaterra. Pero nada referente a dragones. No eran criaturas que se viesen todos los días por las calles y, para ser sinceros, no había visto uno en toda su vida. Salvo alguna cría durante su tiempo como estudiante en clase de Cuidado de Criaturas Mágicas, pero nada destacable.

- No suelen escaparse por la ciudad, ¿No? Aunque hace tiempo en El Profeta comentaron que unos dragones se habían dado a la fuga por la ciudad y todo se puso patas arriba. Eso sí, yo no vi a ningún dragón y mira que es difícil no verlos con el tamaño que tienen.  – Aunque claro, el Ministerio de Magia no había tardado en arreglar aquel estropicio que por suerte no causó ninguna desgracia. Aquellos eran tiempos mejores, donde el Ministerio realmente velaba por la seguridad de los ciudadanos y no se limitaba a realizar una caza de brujas – literalmente – con los ciudadanos del país cuya sangre no era pura. - ¿Tanto tiempo? – Preguntó asombrado. -  Y yo que lo máximo que he salido de aquí ha sido para ir a Australia a ver a mi madre… - Steveno no había viajado mucho. Como Henry, había cientos – incluso  miles – de magos que tras terminar sus estudios en Hogwarts dedicían que era momento de ver mundo. De viajar al otro confín y ver lo que sucede allí. De recorrer calles desconocidas, visitar pueblos escondidos y aprender de diferentes culturas. Por su parte, Steven se había casado demasiado pronto y la responsabilidad de una hija pequeña no era algo que pudiese dejar de lado para plantearse emprender el vuelo lejos de allí por puro egoísmo juvenil. - ¿Algún lugar que merezca la pena visitar?

Adivinación nunca había sido la asignatura preferida de los de Ravenclaw. Pocos se atrevían a cogerla, y no por falta de inteligencia, sino por falta de predisposición para abrir su mente a tonterías de aquel calibre. ¿Posos de té? ¿Bolas de cristal? ¿Líneas en la mano? ¿Cartas? Steven cría en muchas cosas en su vida gracias a la magia, pero la Adivinación nunca había sido una de ellas.

En cuanto a Beatrice, no lo pensó dos veces a la hora de dejar escapar una pequeña mentira entre sus labios. Steven tenía en alta estima a su hermana y, más incluso, su seguridad. Por nada del mundo permitiría que le pasase algo a su hermana y ya ambos se habían encargado de ir ocultando su paradero a cada paso que daban. Por su parte, a Steven no le preocupaba mucho ser visto por la ciudad, pues más de uno sabía que no dejaría el país mientras su hija estuviese en este. En cambio, Beatrice no tenía que la atase a seguir ahí. Steven prefería que cualquier persona, indiferentemente de su ideología, pensase que Beatrice no estaba ahí.

¿Y si alguien torturaba a Henry? Él podría decir que sabía que una tal Beatrice Bennington había huido del país para no tener que enfrentarse al régimen, aún cuando Steven había mentido sobre la fecha de su viaje al extranjero. Pues, por mucho que dijese, cualquiera sabía que si Beatrice estaba, supuestamente, fuera del país, era precisamente por la situación que se vivía en este.

- ¿Cómo vas a ofenderme con eso? Es mi hermana, ¿Cómo no iba a ser guapa? – Rió manteniendo su habitual tono bromista, y es que para nada se consideraba una persona egocéntrica que se limitase a echarse flores. – Sí, lo cierto es que fuera las cosas están mejor que aquí. Está aprendiendo mucho y ha encontrado trabajo rápido, ¿Qué más se puede pedir? – Sólo se podía pedir que aquello fuese cierto y no una simple mentira para alejar la verdad sobre dónde estaba su hermana menor.

Transformaciones siempre había sido su asignatura predilecta por lo que al terminar sus estudios en Hogwarts la cosa  la hora de elegir una carrera no fue muy complicada para el chico.

- Creo que las raciones fuertes las sacan sólo cuando juega Irlanda, así que tendremos que ver cuando juega la selección. Por ahora parecen clasificados después de este partido. – Dijo imitando a su acompañante y tomando un nuevo pedazo de pizza. Y  es que cuando se trataba de comida, Steven no tenía fondo. Y cuando se trataba de comida gratis, mucho menos.

No pudo evitar reír ante ver la reacción de Henry ante su historia. Y es que Steven se tomaba su divorcio con toda la naturalidad del mundo. Era parte de su pasado y no había forma de cambiarlo. Era algo que ambos habían elegido y que con el tiempo había sido lo  mejor para ambos y para su hija, que era lo realmente importante en aquella situación.

- No te creas que es para tanto. La vida sigue después del divorcio. – Dijo con la sonrisa aún en los labios por ver la reacción del chico. – Alexandra. Lo cierto es que es una niña encantadora, pero, ¿Qué voy a decir yo si es mi hija? – Alex era un tanto complicada en ocasiones, o al menos para el resto de niños, pero para él era lo mejor que tenía en su vida. Su tesoro más preciado y la única razón por la que aún no había dejado el país. – Espero que sí, pero estando cómo están las cosas en el mundo mágico lo más seguro es que no sea con el tipo de instrumentos al que me había habituado. – La tienda de Hogsmeade tenía todo tipo de instrumentos mágicos con diferentes habilidades únicas imposibles de encontrar en el mundo muggle. Pero aquello ya pertenecía al pasado. O al menos lo hacía hasta que las aguas volviesen a su cauce.

Escuchó la historia de Henry afirmando con la cabeza de vez en cuando entre mordisco y mordisco de pizza. La vida de las personas podía tomar caminos muy diferentes aunque en principio no lo fuesen tanto. Ambos habían estudiado en Hogwarts y compartido su tiempo en aquel castillo pero ahora cada uno había tomado un camino diferente. Por su parte, Steven sentó la cabeza y se abrió de lleno a su vida personal. En cambio, Henry optó por la vida profesional volcándose día a día en su trabajo.

- Nunca es tarde para volver a casa y descansar un poco de la rutina del trabajo. – Afirmó el chico una vez tragó el último pedazo de pizza que seguía en el interior de su boca. – ¿Y no te vuelve loco la soledad? Yo creo que si pasase mucho tiempo solo terminaría hablando con las paredes y los cuadros. Aunque bueno, en nuestro mundo hablar con un cuadro no es tan raro. – Rió. – Pero en mi caso sí, mis cuadros no van por ahí cambiando de sitio y contestando todo lo que les digo. – Y es que Steven hablaba. Hablaba mucho y no tenía problema alguno con admitirlo. – Sí, vivo por aquí cerca. A un par de manzanas. – Lo cierto era que no. Steven ni siquiera había pisado aquel local previamente. Todo lo había dicho para que pareciese lo contrario pues, por mucho que confiase en Henry, no confiaba en que pudiesen interrogarle para dar con cualquier persona y acabasen dando con él. – Mi plan era dar un paseo por la zona y al ver cómo iba el partido no lo pensé dos veces a la hora de entrar. No es la primera vez que acabo cenando gratis gracias a estos irlandeses. – Sonrió amable, y es que incluso él mismo estaba empezando a creerse su propia historia.
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Henry Kerr el Jue Mar 16, 2017 7:19 pm

El dueño del local no tardó en aparecer delante de él, dejando una nueva  caña de cerveza sobre un posavasos en la barra, y retirando el vaso vacío que había estado usando hasta ahora.

- Vaya. No conocía esa historia. No me llegué a enterar-, comentó, curioso por las cosas que se había perdido al no quedarse en casa.

No es que se arrepintiera, todo lo contrario, estaba encantado de haberse ido. No tanto por lo que dejaba atrás, sino por la oportunidad que le brindaba su trabajo como dragonolista. Pocas personas tenían la fortuna que tenía él. De poder ver tales animales tan de cerca, y además poder llevar una vida errante conociendo tantos lugares, pero pudiendo mantener su trabajo. Es más, en realidad sus viajes eran parte de su trabajo, o una parte de este.
Algunos dragonolistas preferían quedarse en alguna zona en concreta. Sin embargo, él eligió ver cada uno de los lugares donde había dragones. Quería ver cada una de las especies con sus propios ojos, y no desistió hasta conseguirlo.

Pero claro, cada elección tenía sus pros y sus contras. Irse le había servido para ver mundo y conocer muchas culturas y dragones. Más, al irse, había dejado atrás a sus seres queridos, y se había perdido todas las cosas que habían pasado en Reino Unido. Como lo de esos dragones que le había comentado Steven.

- Sí, tanto tiempo. Casi se puede decir que soy más bien un extranjero por aquí, que un verdadero nativo de las islas-, rió. - Mucho tiempo fuera. Mucho-, dijo algo nostálgico, por esa época más plácida y sencilla. Más placentera. - Pero bueno, no me quejo. Fue mi decisión y fueron grandes vivencias. Aunque tú tampoco tienes de que quejarte, eh. Australia no es que esté precisamente cerca de aquí-, sonrió.

Henry tomó un trago de su cerveza negra, y sopesó la pregunta del muchacho, que no tenía fácil respuesta. ¿Qué lugares habían merecido la pena? Francamente, todos lo habían merecido, pero cuales más. Cuales podrían servirle al chico.

Otra vez sintió esa mezcolanza extraña dentro de su pecho. Esos sentimientos enfrentados, entre el deseo de que su antiguo compañero pudiera ver esos sitios en los que ahora pensaba, y la triste realidad de su futuro en una celda dentro de Azkaban. Si es que sobrevivía.

No tenía que sentir eso. Debía odiarlo sin más. Debía cazarlo, y usar esta estrategia para preparar el terreno. Para esperar el momento propicio, cuando bajara la guardia. Al fin y al cabo era un Ravenclaw por algo. Usaba la cabeza y la lógica para conseguir la victoria. Pero, ¿por qué se sentía así de mal?

- Pues a mí me encantó el Tibet y toda esa zona. Fui para ver por primera vez un Bola de Fuego chino, y el pequeño país fue sorprendente para mí. Viajé hasta las montañas, más movido por mi curiosidad que por otra cosa, pero lo cierto es que tuve una gran experiencia allí. Fue genial. Igualmente me gustó mucho Nueva Zelanda, aunque supongo que esa zona la conoces mejor que yo-, rió. - También estuve en América del sur, pero la mayor parte de estos cinco años he estado en Europa en realidad. Suecia, Noruega, Rumanía, etc.-, sonrió de nuevo. - Es difícil quedarse con un sitio. Además, yo solamente iba pensando en los dragones que pudiera encontrar y ver. Así que no sé si soy una buena guía de viajes-, volvió a reír.

Tomó una de las porciones de pizza del plato más cercano, y aprovechó para comérsela, mientras escuchaba la reacción de su antiguo compañero. Le agradó que se tomara el piropo hacia su hermana de buen humor. Le agradaba pese a que todo el acercamiento era una farsa. La enésima vez que se encontraba con un sentimiento que no debía estar allí.

- Te lo tienes muy creído, Steven-, dijo, aunque con un tono simpático. Luego meneó la cabeza. Divertido por las ocurrencias y las bromas de Steven. - Pensaba que sacarías tu lado de hermano protector. Y me sacarías del bar a golpes-, bromeó él, esta vez, exagerando la situación.

La conversación había llegado hasta la historia del divorcio de Steven. El joven tenía razón,  y le quitaba hierro al asunto. Había divorcios todos los días, y había cosas mucho peores que ellos. No obstante, fue su forma de decirlo, tan alegre y bromitas, lo que lo había descolocado. Nunca hubiera pensado en que el hombre estuviera casado, mucho menos en que estuviera divorciado. Eso ya de por si era impactante para alguien que no lo viera en tantos años, y lo era aún más para esa persona, por como lo había contado.

- Te entiendo. Sé perfectamente que la vida sigue, pero no me lo esperaba. El gran Steven con hija. Parece que fue ayer cuando estábamos en el colegio, eh-, acarició el cristal de su vaso, recordando algunas anécdotas de Hogwarts. - El mundo da vueltas y vueltas. No espera por nadie-, sonrió y tomó otro trago.

Una hija. Cuando le había dicho que Beatrice no estaba en Reino Unido, le había quitado un peso de encima. Le había librado de tener que capturarlos a los dos. Sin embargo, ahora con lo de su hija… Todo se había complicado. Aunque a lo mejor había suerte.

- Alexandra es un bonito nombre-, comentó sincero. - ¿Y que ha sido de tu ex mujer? ¿Te llevas bien con ella? - preguntó.

Podría parecer una pregunta vaga y corriente, pero con ella podría conocer más de Steven. Y así le sería más fácil averiguar si su mujer seguía en el país. Si vivía fuera como Beatrice, a lo mejor había fortuna, y la niña estaba con ella.
Sabía que esto no era más que esos sentimientos extraños que no debía existir en si interior. Pero en esta ocasión, deseaba que se cumplieran los buenos deseos que esas sensaciones le creaban. Ya había visto suficiente la noche anterior, para saber que no deseaba que le pasara nada parecido a una niña. No quería que la pequeña acabara en medio de la batalla entre él y su padre.

- ¿Es de las nuestras? - sonrió y enarcó una ceja. - No me digas que estudiaba en nuestro colegio y la conozco-, rió y volvió a probar su bebida.

Pensar en otras cosas y tomar un poco de cerveza, seguro le vendría bien para distraer su mente. Era mejor mantenerla ocupada en otro tipo de pensamientos por ahora.

- Pues no, nunca es tarde para volver a casa-, alzó su caña. - Brindemos, por el hogar-, nada más terminar de decirlo, dio un largo trago a la cerveza negra. - Deliciosa-, comentó mirando el contenido de su vaso, y seguidamente lo dejó sobre el barra. - Supongo que me he acostumbrado a la soledad. Y bueno, que puedo decir, tiene sus ventajas. Aunque a veces se echa de menos compañía. Pero bueno, conocí muchas personas durante mis viajes. Tampoco estaba tan solo-, dijo, acariciándose el mentón. - Eres un chico inteligente Steven. Es un gran plan. Estoy seguro de que alguna vez imitaré tu genial idea-, sonrió con picardía. - No podemos dejar estas pizzas solas, ¿verdad? - rió.

Así que su antiguo compañero no tenía planes. O mejor dicho, su plan había sido ir hasta allí. Curioso.

- Bueno, y si no tienes más planes por hoy. ¿Qué te gustaría hacer ahora? Hace mucho que no nos vemos, debemos celebrarlo de algún modo-, comentó. - Unas pizzas y unas cervezas están bien. Pero es poco para conmemorar un evento de esta categoría. Comamos y bebamos hasta reventar. Paseemos por las calles de esta gran ciudad. Vayamos a ligar con algunas chicas simpáticas. Lo que más te apetezca. O qué diablos, hagamos todo. La noche es joven-, dijo animado.
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Henry KerrMagos y brujas

Steven D. Bennington el Dom Mar 19, 2017 6:47 pm

En ocasiones llegaba a arrepentirse de haber tomado la decisión tan joven de sentar la cabeza y echar raíces, pero eran pensamientos que poco duraban en su mente. Pues sólo hacía falta pensar en su hija para que aquellos pensamientos cobrasen vida y saliesen volando del interior de su cabeza como si de simples pájaros se tratasen. Él había tomado sus propias decisiones movido por sus sentimientos y emociones en el pasado, no debía arrepentirse por haberse perdido algunas vivencias que con la tierna edad de veinte años podría haber tenido y ahora, diez años después, no podía soñar con alcanzar de nuevo. Él había optado por una vida más complicada y de no haberlo hecho, posiblemente su vida no sería, ni de lejos, la que era en ese momento.

- América nunca me ha llamado la atención si te digo la verdad. Ninguna de ellas. – Rió. – Pero la parte de Europa si me da más envidia. Siempre he querido visitar los países del norte. – Afirmó antes de dar un nuevo trago a su bebida. – No sé cómo podías ir por países desconocidos sólo preocupándote por dragones. ¿No te planteas volver ahora para disfrutarlos bien? Ya sabes, sin tener que ir persiguiendo dragones o pendiente de bichos que pueden prenderte fuego vivo con solo respirar. – Steven era ese tipo de persona que quería aprovechar cada segundo e intentaba hacerlo a toda costa. No era una persona dada en centrarse únicamente en su trabajo aunque irónicamente su trabajo había resultado ser una de sus pasiones. Al menos, en el tiempo que tenía uno. Ahora tenía que ir de un lugar a otra rezando por no quedarse sin dinero con el que sobrevivir junto con Beatrice. Pues la opción de ir a su cuenta de Gringotts no estaba entre sus planes más cercanos y el banco muggle aún le resultaba peligroso de visitar por si, a través de este, podían llegar a seguir sus movimientos. Los Mortífagos y el nuevo régimen serían muy puristas, pero incluso ellos usarían un método así de sencillo para rastrearle.

Steven siempre había sido muy protector con Beatrice pero aquel comentario no le había parecido tan fuera de lugar como para reaccionar de manera agresiva. Además, no era agresivo. Para que alguien consiguiese llevarse un buen golpe por parte de Steven posiblemente tendría que hacer algo mucho más grave que lanzar un piropo hacia su hermana.

- Eso sólo sería si estuviese ella delante. No vaya a ser que se piense que puede ir por ahí con cualquiera. – Dijo con tono bromista. – Además, un dragonolista… No sé yo si eso sería un buen partido Henry. ¿Tienes seguro de vida? Hay que tener un aval por si te pasa algo, claro. – Rió demostrando que para nada estaba hablando en serio en cuanto a aquello. Y es que, por lo general, raro era el momento en el que Steven hablaba en serio.

La última vez que se habían visto Steven estaba en séptimo curso directo a su graduación para comenzar una nueva vida en la Universidad. En cambio, a Henry aún le quedaban unos años para terminar sus estudios y comenzar a viajar por el mundo tal y como había contado minutos antes. Y por esa misma razón era raro encontrarse y hablar del tiempo que había pasado entre tanto cuando la última vez que hablaron seguramente lo harían sobre los exámenes finales o sobre la decoración del Gran Comedor en la cena de fin de curso.

- El gran Steven. – Repitió antes de soltar una carcajada. – No sería por mi altura o por mi popularidad. – Ni la una ni la otra. Ni era un tipo grande físicamente hablando que llamase la atención precisamente por esto, ni durante sus tiempos en Hogwarts había sido la persona más popular del castillo. Más bien el típico Ravenclaw que pasaba más tiempo con la cabeza metida entre los libros que en cualquier otro lugar. – Es lo que tiene ya no tener diecisiete años, que a veces se hacen cosas de adultos. Como esa locura de intentar formar una familia. – Dijo aquello último con su habitual tono bromista. – Pues… No nos llevamos mal. Tampoco somos los mejores amigos del mundo pero intentamos pensar en Alex antes que en nosotros así que… Tenemos la custodia compartida y por ahora nos va bien así. – Aunque en aquel momento era su ex mujer quién tenía más control sobre Alex y él simplemente vivía informado de lo que su mujer le contaba, pues de acercarse lo más mínimo a Alex le encontrarían y eso pondría en peligro también a su hija. – Aunque ahora con el curso la custodia la tiene el colegio y no nosotros. – Admitió con media sonrisa. Durante los primeros meses de aquel curso lo había pasado realmente mal no pudiendo ver a Alex tanto como le hubiese gustado pero en aquel momento prefería no pensar en que hasta que volviese a verla posiblemente pasarían más meses de los que había esperado en septiembre.  – Estaba en Ravenclaw también. – Contestó antes de coger un pedazo de pizza, y es que teniendo aquello tan cerca no podía evitar tener siempre un trozo de pizza en la mano.

Alzó su caña imitando a su acompañante y chocó con esta en el aire por el hogar. Steven ya no tenía un lugar al que llamar hogar, pero eso era algo que permanecería en sus pensamientos, pues siempre había considerado que cuando decías las cosas en voz alta parecían más reales.

- Aún tienes tiempo para eso, no corras. – Dijo antes de romper a reír. Él mismo había considerado que había intentado sentar la cabeza demasiado joven y en aquel momento, aunque las cosas no estuviesen como estaban, se lo pensaría más antes de volver a hacer algo parecido.  – Creo que eres la primera persona que conozco que quiere salir a ligar y dice de hacerlo con chicas simpáticas. – Recalcó aquello último. – No sabía que para una noche loca tenías que encontrar a alguien agradable. – Añadió riendo y es que Henry, por alguna razón, no le daba la impresión de ser el tipo de persona que, de salir de fiesta, lo hacía en busca del amor de su vida. Ni él, ni la mitad del planeta. – Yo creo que lo de comer y beber hasta reventar lo hago con este último pedazo de pizza. – Cogió otro pedazo más sin siquiera parpadear y sonrió a Henry. – Cóbrate lo de los dos. – Le dijo al camarero tendiéndole el dinero antes de que este se fuese al otro lado de la barra a seguir sirviendo. – Venga, te tomo la palabra. Sé de otro local aquí cerca donde podemos beber por poco dinero. Y seguro que nos dan algo de comer. – Sí, comer era más importante para Steven.
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Henry Kerr el Lun Mar 20, 2017 5:04 am

Henry asintió cuando su ex compañero le respondió por los viajes. En ese aspecto estaba de acuerdo con él. Había sido divertido viajar a América, como solía ser habitual cada vez que iba a un sitio nuevo e inexplorado, pero le había causado mejor impresión el resto de Europa y Asia. Le había gustado más. Y por eso mismo, le había recomendado el Tibet o Nueva Zelanda.

- A mí tampoco me interesaba mucho América. Ni el sur ni el norte, como a ti-, se sinceró con el antiguo Ravenclaw. - Pero allí hay una especie de dragones. Y soy un apasionado de mi trabajo. Que puedo decir-, rió ligeramente. - He estado tanto tiempo fuera, porque no me quería dejar ninguna en el tintero. Quería conocerlas todas, y como decía, en el Perú hay una-, le explicó a su compañero de barra.

El rubio tomó un gran trago de su cerveza negra, después de contestarle a Steven, para hidratarse la garganta. Dialogar durante un rato podía resecar la garganta, y nada como un buen néctar irlandés para evitarlo.

- Y te puedo asegurar que los vipertooth pueden ser un problema de cuidado. Son muy peligrosos. Ya sé, ya sé-, alzó las manos a la altura del pecho, mostrando las palmas hacia adelante en un gesto de mea culpa. - Estás pensando qué tipo de dragón no lo es. Pero te aseguro que algunos dragones se llevan un premio especial en peligrosidad, y este es uno de ellos-, matizó, y le hizo entender. Para luego acercar el rostro hacia Steven, quedando muy cerca del lateral de su cabeza. - Los vipertooth son venenosos, y les encantan el sabor de la carne humana-, susurró, y alzó varias veces las cejas, quedando de forma un tanto cómica.

Después rió, y recupera la verticalidad sobre su taburete, antes de echarse a la boca otros de los deliciosos trozos de pizza. Se estaba poniendo las botas esa noche, pero era noche de victoria irlandesa. Así es que como un irlandés celebraba, con cerveza, comida y amigos.

- Quien sabe. A lo mejor por eso América no me llamaba tanto-, volvió a reír. - En fin, desde que terminé la carrera, estaba decidido a verlos todos. Y un dragón venenoso no me iba a detener ¿no? -, sonrió al rubio a su izquierda. - Claro que pienso en volver a muchos de los sitios. O ir a nuevos, donde no importe que no haya de esos bichos prende fuegos-, comentó divertido. - Pero bueno, ahora toca vida británica. Una buena taza de té, escuchando las tertulias de los amigos y vecinos. Joder, ¿y te preguntabas por qué me largué a perseguir dragones? Cualquiera se queda por aquí-, bromeó.

No es que no le agradara poder pasar un buen rato conversando. Ahora mismo estaba haciéndolo, y se lo estaba pasando bien, pese a que fuera una estratagema para capturar a Steven. Simplemente era divertido bromear con el tópico de buen caballero británico.

- Vamos, no soy tan mal partido. Algunos dirían que soy guapo y todo, o que al menos tengo un buen perfil-, se chanceó él a su vez, siguiendo el hilo de la broma de su ex compañero. - Y por supuesto que tengo seguro-, mintió, pero con un tono que denotaba claramente que lo estaba haciendo. - Soy el mejor mago que existe. Que más seguro se puede necesitar-, bromeó, con fingida chulería, e hizo un gesto de encogimiento de hombros, como si lo que hubiera dicho fuera una gran verdad. - Iba a decir que era el mejor dragonolista, pero para que andarnos con rodeos y falsa modestia-, terminó de bromear, antes de carcajearse.

Era curioso, como lo que era un plan para debilitar la posición de Steven, creando una amañada confianza hacia su persona, podía ser tan divertido. Se lo estaba pasando  francamente bien, y esa parte no era falsa.

- Bah. La popularidad es algo sumamente sobrevalorado-, respondió. - Se puede vivir perfectamente sin ella, y suele ser algo que interesa solamente a gente sin personalidad. Y por cierto, ni que fueras un enano-, rió. - Venga, debes sacarle una cabeza a la mayoría de las personas. Que pretendías ser, ¿una jirafa? - meneó la cabeza entre risas, y volvió a beber un trago de su caña.

Llegó la parte más interesante de todas las respuestas de Steven. La parte de su ex, que asumiblemente le darían información su vez de su hija.

- Bueno, está bien que no se lleven mal. Por el bien de vuestra hija-, reconoció. - Y es agradable ver que tienen una custodia compartida-, dijo, seguramente demasiado rápido. - Ah, el colegio. Entiendo-, respondió, quizás notándose el tono preocupado. Pero rápidamente lo cambió para no entristecer a su antiguo compañero. - No te preocupes. Ya sabes cómo era el colegio. Estábamos solos, sin nuestros padres, pero siempre hay amigos y compañero de confianza. Seguro que hacen piña-, sonrió, y le guiñó un ojo.

No entendía esa motivación para tratar bien al ex Ravenclaw. Más allá de la farsa, claro. Debía portarse bien con él para engañarlo, pero a veces sentía que debía hacerlo así. Malditos sentimientos.

Por lo menos la chica estaba lejos del padre, aunque no estuviera con la madre. Así que eso la sacaba inmediatamente de la ecuación. Una buena noticia. Henry sonrió para sus adentros.

- Vaya, un águila. Bien por ella. Por Ravenclaw. La mejor casa de Hogwarts-, brindó, entrechocando su caña con la de su ex compañero una vez más. - Entonces, seguramente la conocía, ¿no? O es mayor que tú, y ya no estaba en el colegio cuando ingresé en él-, comentó, teniendo en cuenta esa posibilidad.

Luego se tomó el resto de su cerveza de un trago, dejando el vaso completamente vacío.

- ¿Soy el primero que te dice de ligar con chicas simpáticas? Entonces debo ser el primer Ravenclaw que te dice de ligar-, se dio unos toques en la cabeza, marcando lo listo que era, y rompió a reír. - Debería decir que fuéramos a ligar con mujeres bonitas ¿no? - siguió riendo. - Diablos. Que tipo tan raro soy. Pero bueno, te contaré un secreto. Hasta para una noche loca, es mejor pasarla con alguien agradable. Sé que puede parecer extraño, pero una joven simpática te lo hará pasar mejor, sea cual sea la situación en la que acabes. Y lo mucho o poco que dure. El físico…-, dejó la frase un poco en el aire. - El físico es algo banal. En el fondo no sirve para nada. Y nosotros somos águilas, maldita sea-, rió nuevamente. - Un buen rato, nadie te lo quita con alguien simpático-, sonrió a su ex camarada de filas.

En ese momento, Steven le dio por moverse más rápido que una pantera hambrienta y se decidió por pagar.

- No, no. Loco. No hacía falta que pagaras por mí-, meneó la cabeza sonriente. Había olvidado lo amable que era Steven. - Te dejaré pagar, pero con la condición de que me dejes pagar a mis las copas de ese sitio que conoces-, le dio una palmada en la espalda al australiano. - Iré al baño, no tardaré-, le comentó, antes de hacerle una seña con la mano cerrada y el pulgar indicando suya, al dueño del bar.

Este entendió por la situación y sus palabras, que se refería a si estaba el baño por ahí, y el hombre asintió, para luego señalar la misma dirección que él.

Henry se encaminó hacia el lateral del bar, y no tardó en ver donde estaba el baño de caballero, y pasó el pestillo. Antes que nada se aproximó al lavamanos, y se miró al cristal. Mantuvo la mirada hacia su propio reflejo, durante unos segundos que parecieron interminables.

- Vamos Henry, concéntrate-, se dijo, y abrió el chorro para lavarse y despejarse la cara. - Qué coño te pasa-, le habló a su reflejo en el cristal.

Desde que volviera a Reino Unido, no podía controlar bien sus sentimientos. Como si hubiera dos personas luchando dentro de él. ¿Qué locura no? Pero así se encontraba, sobre todo después de la noche anterior.

El rubio suspiró profundamente, y soltó todo el aire. No podía cagarla ahora que había llegado tan lejos. Recogió algunos papeles de los típicos dispensadores muggles, y se secó la cara. Finalmente los dejó caer en la papelera, mirándose nuevamente al espejo.

Agachó la cabeza para evitar observarse, y suspiró nuevamente. Momento en el que aprovechó para tomar su varita de unos de los bolsillos de su chaqueta. Después se quitó la propia chaqueta de abrigo y la colgó de su antebrazo diestro. No se lo pensó dos veces y conjuró un Deletrius de forma silenciosa, para hacer invisible la marca en su brazo, y hacerla desaparecer.

El brujo observó como la marca tenebrosa desaparecía, y abrió y cerró la mano de ese brazo, concentrado en mirar la zona donde ya no se veía nada. Como medio ausente. Como si su mente estuviera a miles de kilómetros de su cuerpo.
Y en realidad, en parte así era. No era cuestión de distancia, sino de tiempo. Estaba en el momento exacto en el que le habían puesto ese símbolo. El día en el que se había convertido en un mortífago.

Henry volvió a mirar al espejo, y eso ayudó a sacarlo de su ensimismamiento. Se puso la chaqueta nuevamente, y se guardó la varita en el mismo sitio de antes. Después se arregló el cuello de la chaqueta con cuidado, y se alisó las arrugas con cuidado. Todo ello sin dejar de mirarse.

El rubio retiró el pestillo de la puerta, y salió al encuentro de Steven a paso ligero.

- Siento la tardanza-, sonrió, mientras se acercaba hasta él. - ¿Listo para una noche inolvidable? - bromeó, de un modo que era imposible saber para el pobre Steven, lo que verdaderamente significaban esas palabras.

Mientras le hablaba nuevamente a su antiguo compañero, recordó lo que había sentido cuando se había mirado en el baño. En cada una de las ocasiones en las que se había visto reflejado. La misma sensación que había tenido cuando se había mirado la marca tenebrosa.

Había sentido asco. Puro e inmaculado asco. Tan sólido que podría habérselo arrancado del cuerpo con sus propias manos. Una repugnancia que jamás había sentido en toda su vida, y que no era consecuencia de muggles, Steven o cualquier otro sangre sucia.

No. No era nada de eso. Era mucho más simple. Sentía asco y odio de lo que veía. La estampa sobre el cristal. Henry Kerr.
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Steven D. Bennington el Lun Mar 20, 2017 5:09 pm

Las Criaturas Mágicas jamás habían sido su punto fuerte. Ni de lejos se acercaban a serlo y es que los animales en sí, nunca habían despertado su interés. Por lo que unos animales de grandes dimensiones que además podían convertirte en cenizas con tan sólo una bocanada de aire le resultaban, cuanto menos, peligrosos. Y ya saben lo que se dice del peligro, que lo mejor es permanecer lejos de este para no acabar muerto. Un tanto irónico cuanto estaba sentado junto al peligro y bebiendo, tan tranquilo, una jarra de cerveza a su lado.

- La gente viaja para conocer las siete maravillas y tú para conocer todo tipo de dragones alrededor del mundo. Cuestión de gustos e intereses. – Si alguna vez se planteaba ver el mundo lo más posible es que fuese de esos locos apasionados que se cargan la mochila al hombro y viajan con lo puesto sin saber qué tipo de rumbo tomarán. Sin saber si esa misma noche tendrá un lugar donde pasar la noche o si la tormenta le impedirá seguir caminando durante el día. No era de plantes bien trazados, ideados y luego, llevados a cabo. Se guiaba más por lo que le apetecía en cada momento de su vida, se movía por sus ilusiones, y quizá eso no fuese del todo bueno en algunas situaciones que requerían el uso de la razón por encima del propio corazón. – No les bastaba con poder calcinar a la gente, es que encima son venenosos. – Hizo una leve pausa, y  es que como buen Ravenclaw que era, la curiosidad era una de sus características principales. – Pero si son venenosos, ¿Cómo envenenan a alguien? Entiendo que si una serpiente te muerde te puede inyectar veneno. Y algunos mosquitos o arañas, claro. Pero si te muerde un dragón... ¿No te morirías antes desangrado? ¿O son así de simpáticos que te muerden muy poquito para que sea el veneno el que te mate? Tipo basilisco, jamás he entendido cómo alguien muere envenenado por una mordedura y no desangrado. ¿Qué tipo de mordisco con tan poco instinto asesino es ese? – Rió por su propia estupidez, pero realmente era algo que le resultaba de lo más curioso y llamativo.

Steven entendía perfectamente las razones que habían movido a Henry a ver el mundo y es que de haber sido ese su interés, Steven habría hecho exactamente lo mismo. Pero el Steven más joven e inconsciente había pensado que sería mejor sentar la cabeza que ver mundo. El Steven más joven e inconsciente había pensado en dedicarse a su pasión aunque esta le alejase de viajar por el mundo. Y es que la música había sido el pilar de su vida durante aquellos años y el motor en la toma de muchas decisiones.

- Sí, el té es muy importante. – Dijo aguantando por un segundo la risa antes de romper a reír. Todo aquello había sido tan irónico que no había podido evitar reír. - ¿Tú sabes por qué los ingleses toman té? Soy un tanto gilipollas y después de vivir aquí tantos años aún no tengo ni idea de dónde ha salido esa costumbre. – Y realmente hasta hace no demasiado tiempo no tenía ni la más mínima intención de descubrir de dónde había salido aquella costumbre tan inglesa que muchos seguían al pie de la letra.

Rara vez se tomaba las conversaciones en serio por lo que era normal en Steven ir saltando de un tema a otro sin darle demasiada importancia a lo que realmente estaba diciendo. Le gustaba el sentido del humor, las bromas, la simpatía natural de la gente. Y por eso aquella conversación con Henry estaba resultando ser una brisa fugaz en mitad del desierto que se había convertido su vida en los últimos meses.

- Hablaba en serio. – Rió. -  Si te casas y tienes hijos pero sigues trabajando de Dragonolista. ¿Qué haría tu familia si mueres? Algún tipo de seguro tienes que tener, como los mineros y esa gente que se dedica a profesiones de riesgo en el mundo muggle. – Ahora tenía curiosidad real por el tema. – Vale que tu mujer trabaje y todo eso del mundo moderno pero… Deberían cobrar algo por tu muerte, no sólo una herencia. – Aunque claro, si Henry estaba hecho de oro la herencia podría suponerles poder vivir bien por el resto de su vida sin mover ni un solo dedo. Pero seguro que no era el caso. Y de serlo, seguro que no era el de todos los dragonolistas.

Prefería no hablar de Alexandra. No por falta de confianza hacia su acompañante, más bien por falta de ganas por su parte. Hablar de las cosas en ocasiones las hacían más reales que simplemente pensarlas. O al menos, así lo sentía Steven. Muchas veces se expresaba y sentía que el mundo se le venía abajo al darse cuenta de la realidad que le rodeaba, como en aquel preciso momento.

- Seguro que sí, es muy buena chica. – Dijo de manera escueta, pues el tema era algo de  lo cual prefería huir a la mayor brevedad posible.

No era dado a salir de noche en busca de mujeres, como bien había comentado Henry. Nunca había sido su plan para pasar una noche agradable. Quizá aquello se debía a que antes siquiera de salir de Hogwarts había encontrado a alguien a quien había considerado tan especial como para prescindir de dichos momentos. Quizá por su carácter y su forma de ser, donde no veía la necesidad de buscar a alguien para una noche ni para el resto de tu vida, sino que simplemente aparecería. Algo que, en su vida, ni quería ni buscaba.

- Más bien el primer Ravenclaw mayor de quince años que me lo dice. Creo que la última vez que alguien me propuso ese plan fue para un fin de semana por Hogsmeade, así que ya ha llovido de aquello. Pero sí, creo que por aquel entonces hablábamos de chicas bonitas. – Rió. – No te lo tomes tan a pecho, también creo que es mejor pasar un buen rato de conversación que metido en la cama con cualquiera. Cuestión de gustos, pero creo que después de treinta años aún no soy ese tipo de tío. – Añadió dándole un trago a su bebida, la cual estaba a punto de llegar a su fin.

Henry había resultado ser una pequeña luz al final del camino. Una manera de recordarle a Steven que el mundo no estaba tan mal como él pensaba que lo estaba, por lo que no lo pensó dos veces a la hora de pagar el pedido de ambos.

- Oh, cuidado, me iba a sacar de pobre todo el dinero que me he gastado en cerveza ahora mismo. – Dijo irónicamente con una mueca burlesca en su rostro y es que era de esas personas que no pagaban por quedar bien, sino que lo hacía cuando realmente consideraba que merecía la pena hacerlo. – Claro, arréglate o esta noche no triunfarás. Tienes competencia. – Dijo manteniendo el tono bromista mientras Henry se marchaba al servicio.

Terminó de un solo sorbo lo que quedaba en su jarra de cerveza y, aprovechando el momento, tomó el que sería – esta vez sí – el último pedazo de pizza antes de salir del local. Aprovechó ese tiempo a mirar la pantalla del televisor donde un anuncio de detergente con una mujer de sonrisa falsa y dientes exageradamente blancos mostraba su  colada. Tomó su pizza mientras tanto y tamborileó con los dedos de la mano libre en la barra mientras esperaba a Henry.

- Mucho has tardado para lo poco que te has arreglado. Así no vas a conseguir nada, Henry. – Aquello último sonó como si realmente se tomase en serio lo que había dicho, pero no lo hacía en absoluto. – Eso siempre. – Su sonrisa habitual cargada de ilusión apareció en su rostro. Y es que Steven era una de esas personas que amaba los buenos momentos, coleccionaba recuerdos y adoraba vivir.

La conversación siguió mientras caminaban en la dirección marcada por Steven. Esperaba no perderse camino al local, pues su sentido de la orientación en muchas ocasiones parecía tomarse unas merecidas vacaciones.

- ¿Estás bien? Tienes mala cara. – Preguntó al ver cómo Henry parecía estar en otro mundo en lugar de en pleno Londres caminando a su lado. – Si vas a vomitar avísame para que no me manches los zapatos. Al menos a ti no tengo que sujetarte el pelo si decides convertirte en una fuente. – Dijo con tono bromista. - ¿Mucha pizza? – Porque estaba claro que mucho alcohol no era. – Si quieres podemos dejarlo para otra noche. Aunque el local está ahí mismo. – Mágicamente no se había perdido en aquella ocasión, por lo que alzó el brazo para señalar un local con un par de mesas en el exterior y una puerta de color caoba.
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Henry Kerr el Lun Mar 27, 2017 1:45 am

Menuda experiencia había tenido en el baño. Su motivación para ir a los lavabos, no era otra que concentrarse mejor en la misión que se había encomendado esa noche. Sacar de su mente esos sentimientos encontrados que no dejaban de acosarle desde que volviera a su país natal. Y por supuesto, también lo había hecho para esconder la marca bajo la manga izquierda de su abrigo. No quería que Steven la viera en un descuido, o que sospechara por no negarse a quitarse la chaqueta, si resultaba que hacía demasiado calor dentro del local al que lo llevaría.

Debía cuidar los detalles. Era lo más importante, para que ese plan a largo plazo saliera bien.

Cualquier otro mago habría atacado a Steven nada más verlo, y ya avisaría al Ministerio para que mandara un grupo de desmemorizadores para borrar todos los recuerdos de los muggles allí presentes. Algo simple, pero que se volvía complicado por todos esos cabos sueltos que se deberían atar después.

No. No era una opción válida para un Ravenclaw. Los miembros de su casa estaban por encima de un movimiento tan bruto, como innecesario. Él no solo tenía la cabeza para apoyarla encima de los hombros. Su plan podría parecer lento y costoso de realizar, pero estaba seguro de que era la mejor manera para cazar a Steven. Y no solamente a Steven, sino también a su ex mujer, a su hermana y a su hija. E igualmente quizás a otros amigos que tuviera por el país.

¿Entonces por qué se sentía tan mal? ¿Por qué era un alivio poder sacar de la ecuación a su hija, a su esposa, y a Beatrice? Más allá de la sutileza, la parte más importante de su plan, era poder conseguir capturar más de un sangre sucia.

- ¿Eh? Ah, no-, dijo, volviendo en sí, y saliendo de sus pensamientos. - No te creas que necesito tanto para ligar, amigo. Este cara no la tiene cualquiera-, comentó, mientras se pasaba un dedo por el contorno del rostro, de forma cómica. - No importa la competencia que me hagas. Verás que unidos somos una fuerza imparable-, sonrió, y salió del pub, tras la estela de Steven.

Maldita sea. Con actuaciones así no conseguiría nada. Concéntrate, Henry. Concéntrate. Era algo que debía repetirse, igual que en el baño, pero ahora mentalmente para no alarmar a su compañero.

Si situación era inexplicable. Y aunque intentaba siempre poner buena cara, y contestar a su antiguo compañero de forma natural y con buen humor. Realmente, exactamente igual que durante todo el rato que llevaban juntos. Era indiscutible que Steven había notado que no se encontraba bien.

- No. No voy a vomitar. Me encuentro perfectamente-, mintió, aunque hizo valer una nueva actuación para mostrarse como si no pasara nada. - Supongo que he comido demasiado, aunque acostumbro a comer mucho más-, dijo, intentando que todo pareciera fruto de problemas estomacales. - Ah, ya se-, comentó de repente, chasqueando los dedos. Como si hubiera encontrado una solución repentina. - Seguramente haya sido por comer deprisa, y no por cantidad. Comida caliente a toda velocidad, una mala idea-, bromeó y rió. - Pero ya me encuentro bien. Ha sido un momento. Estoy totalmente listo y preparado para que me enseñes ese lugar lleno de mujeres bonitas y hermosas-, sonrió. - O resaltará que solo habrá un tabernero viejo y decrépito, y un inmenso vacío llamado soledad-, volvió a bromear, enarcando una ceja, y recuperando el tino y desparpajo de antes de ir al baño.

La realidad de todo, es que había tenido una nueva crisis como en el baño. Por eso Steven había notado que estaba mal, y que parecía a punto de vomitar. Quizás no le faltara razón con ese último punto tampoco. Su malestar consigo mismo había llegado a asquearle, pero instantes antes de que le hablara el ex Ravenclaw, había sentido una punzada, superior a todas las sentidas en aquella noche.

Ver su reflejo en un escaparate, le había ocasionado un nuevo episodio de malestar. Igual que le pasara frente al espejo del lavabo, pero mucho más fuerte. O simplemente le había parecido más fuerte por acumulación. Después de todo, se sentía bastante mal desde que saliera del baño, así que cada nuevo ataque… Como definirlo, ¿sentimientos? En definitiva, cada nuevo ataque de esos sentimientos extraños que albergaba, se habían ido sumando.

- Vamos, señor Steven. Debemos triunfar o como mínimo pasarlo bien. Que es un triunfo después de todo. O no-, le guiñó un ojo. - Veamos que tal está ese local que me has recomendad. Espero que esté a la altura de las expectativas-, bromeó, modulando su voz para parecer como solo un jefe hablaría a un subordinado. O quizás un cliente exigente a un empleado. - Como resulte que solamente esté el dueño-, lo miró de soslayo, durante unos segundos que parecieron interminables. Al rato rompió a reír, a la vez que andaba hacia la puerta del lugar que le había señalado anteriormente. - Venga. Es hora de aventuras-, sonrió a su compañero, mientras empujaba la puerta de caoba, y le dejaba el paso franco, para que este entrara primero que él.

Steven era el anfitrión de ese local. No porque fuera el dueño, evidentemente. Sino porque era un sitio que Henry no conocía, y como el australiano ya había estado por allí… Le tocaba ser el guía por el momento. Primera regla de las salidas con amigos. El que conoce el lugar, allana el camino para el resto.
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Henry KerrMagos y brujas

Steven D. Bennington el Lun Mar 27, 2017 2:48 pm

La mente de Steven no estaba hecha para las conspiraciones. La mente de Steven no estaba hecha para pensar que alguien con quien había compartido momentos en Hogwarts y que, antaño parecía ser una buena persona, sería capaz de traicionarle. Sabía que su cabeza contaba con un precio fijo. Que si Henry le llevaba al Ministerio conseguiría una alta suma de galeones. Pero no pensó en eso. Ni por un momento. Ni cuando este se marchó al servicio, ni cuando este mostró una extraña actitud. Steven no era capaz de ver tanta maldad en una persona, y más cuando ya se conocían de tiempo atrás.

- No te ofendas, colega. – Posó la mano en el hombro del chico y le miró de manera seria, como si lo que fuese a decir fuese verdaderamente importante, serio y cargado de un aura de misterio que se rompería en cuanto abriese la boca nuevamente. – Pero eso ha sido ridículo. – Añadió antes de dibujar una sonrisa en sus labios y dejar escapar una pequeña risa ates de romper contacto con Henry y comenzar a andar en dirección al local del que había hablado.

Poco antes de llegar al local, el comportamiento de Henry cambió una vez más. Pero como persona simple que era, no lo relacionó con una lucha interna en la cabeza de su supuesto amigo. ¿Acaso alguien menos inocente que él pensaría aquello sin tener la capacidad para leer la mente ajena? No lo creía.

- Más te vale, sino tendré que desaparecerme de aquí. No soporto el olor del vómito. – Admitió con toda la tranquilidad del mundo. Por mucho que hubiese tenido una niña pequeña no se había acostumbrado a cuando esta enfermaba del estómago. Y aunque hay quien dice que a tus propios hijos puedes aguantarles lo que sea, no era cierto. Cada vez que Alexandra caía enferma del estómago, Steven desaparecía lo más rápido posible en busca de su madre. Él se limitaba a preparar la cena, un baño caliente para la pequeña y todo lo que no estuviese relacionado con ver ni oler aquella masa tan repulsiva que, por mucho que saliese del interior de su hija, era incapaz de tolerar. – Ahora va a resultar que el tipo de los dragones también sabe de medicina. – Fingió cierta sorpresa elevando sendas cejas. – Eh, el tabernero tiene poco más de nuestra edad, no es tan viejo. – Dijo aquello último como si verdaderamente le estuviese dando la razón en todo lo demás.

Lo cierto era que no sabía cómo estaría el local. No tenía la capacidad de calcular cuántas personas había en el interior de un local sin siquiera abrir la puerta de este. Aún los muggles no habían diseñado una aplicación para el móvil como aquella, pero sería útil. Si alguna vez dejaba de ser perseguido por la justicia y su cabeza pasase a ser una más sin precio fijo, quizá se planteaba proponérselo a alguna compañía. Pero no era el caso. En aquel momento no podía pensar en algo así. Y mejor que no lo hiciera nunca, porque la idea era realmente terrible.

- ¿Te han dicho alguna vez que cuando miras así a alguien pareces un asesino en serie? – Bromeó al ver cómo su compañero de aventuras rompía a reír tras un largo cruces de miradas. – Hablo en serio. Das miedo. – La sonrisa brotó nuevamente de sus labios al tiempo que comenzaba a caminar hacia el interior del local para pasar en primer lugar.

Nada más poner un pie en el interior del local el olor a humo llenó sus fosas nasales. Debido a ese mismo humo había cierta claridad en el ambiente que dificultaba ver más allá de unos pocos metros, pero el bullicio que se escuchaba aseguraba que no estaban solos con el dueño del local. El olor a alcohol también era algo predominante en aquel momento y las risas de unos y otros.

Un grupo de personas entró tras ellos y les adelantó rompiendo la sintonía de la pareja de hombres pasando por el medio. Steven se vio obligado a echarse hacia atrás para no acabar en el suelo de un empujó y miró a Henry abriendo los ojos de manera exagerada. ¿Cómo podía comportarse la gente así?

- Creo que la barra estaba por este lado. – Dijo el chico abriéndose paso entre la marea de personas que se encontraban en aquel local. – Por aquí dos cervezas. – Elevó la mano nada más acercarse a la barra y lograr captar la atención de una de las camareras. – Mira, si te ligas a esta tenemos bebida gratis por lo que queda de noche. O a lo mejor nos engaña para quedarnos en esta zona y llevarse todas las propinas. – Esa era la opción más segura, las mujeres no eran tan simples en ese sentido.
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