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Un té entre gladiolos (Ravenna y Astrid)

Invitado el Miér Feb 15, 2017 8:29 pm

Lo bueno de estos tiempos (estos grandiosos tiempos) es que cada vez que se sentía inquieta, casi como un animal enjaulado, podía presentarse junto a algunos de sus compañeros a cumplir con alguna misión. Ya no era únicamente una forma de desestresarse brindando servicio a la comunidad de manera gratuita, sino que además cumplía con ayudar al gran Lord Tenebroso, salvador del mundo mágico.

La noche anterior había recibido el llamado y se presentó inmediatamente a ver a su lord, el que le encomendó junto a algunas otras compañeras deshacerse de un puñado de muggles odiosos, familiares de un sangresucia que se negaba a aceptar su realidad como un inferior. El asqueroso robamagia merecía esa lección, merecía saber que toda su familia había sido asesinada por su culpa y, como buena profesora, disfrutó bastante de dar esa lección.

Mientras se dedicaba a cortar el brazo de uno de los muggles en rebanadas se le ocurrió una idea brillante.

-Chicas, mañana por la tarde las invito a tomar el té en los invernaderos –soltó como si nada, como si la vida de los muggles delante de ella no fuesen importantes pero es que, oh, claro, no lo eran. Hace mucho que no daba una fiesta de té y se le ocurría un lugar perfecto en los invernaderos para celebrarla, por ello es que ese día se encontraba reacomodando macetas para que rodearan la mesita que había ubicado en el lugar. Un jarrón sobre la mesa contenía rosas rosadas y acompañaba a los pastelillos y tartas que se ubicaban sobre una bandeja de tres pisos. Un juego de té de porcelana blanca con rosas del mismo tono que las del jarrón terminaban la decoración.

- Y listo –comentó, aplaudiendo. No era precisamente un jardín botánico, pero daba bastante el peso y se sentía bastante satisfecha pues, junto a las sillas blancas, gladiolos en la gama del blanco al rojo decoraban el lugar, otorgándole un aire femenino.

Si había elegido hacer el té en ese jardín era precisamente por la ironía de la frase. En algunos lugares solía decirse que cuando alguien estaba a punto de morir le perseguía el olor a gladiolos. En este caso, ellas eran la última persona a quienes veían los muggles y sangre sucias antes de ser asesinados. Ellas eran el olor a gladiolos. Sonrió divertida por su genialidad y esperó a que Ravenna y Astrid llegaran, saludándolas con besos en ambas mejillas e invitándoles a pasar a su santuario personal.
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Invitado el Miér Feb 15, 2017 9:13 pm

Cuando recibí el llamado de nuestro señor Lord Voldemort, nombre que me encantaba pronunciar y de hecho lo hacía cada vez que me era posible, la emoción invadió mi cuerpo haciendo que mi piel se pusiese de gallina y mis pelos se elevasen provocando un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo. Como era lógico todos y cada uno de los mortífagos adorábamos a nuestro señor, algunos incluso daríamos la vida por él, no obstante mi admiración por él se había convertido casi en una insana obsesión haciéndome incluso imaginar como sería mi vida si mis dotes de seducción y mis armas de mujer no pasasen desapercibidas ante sus ojos.

Para mi fue una enorme decepción encontrarme con dos de mis compañeras mortífagas y profesoras de Hogwarts, Astrid y Charles, no obstante ese sentimiento duró poco cuando escuché la tarea que se nos había encomendado, asesinar muggles rebeldes, mi favoritos, son los que más se resisten a morir y los que más se retuercen. Normalmente ese tipo de trabajo solía llevarme un par de otras, me gustaba tomarme mi tiempo, disfrutar de los gritos y de la sangre, me encantaba verla brotar de forma salvaje mientras el corazón seguía latiendo, no obstante aquella vez no me llevó más que un instante acabar con los familiares que me habían tocado. Mientras observé como Charles rebanaba el brazo de aquel muggle escuchando la invitación a tomar el té. Cuando me dispuse a aceptar las pisadas de otro muggle llamaron mi atención, venían del piso de abajo y posteriormente lo vi correr por el jardín tratando de escapar. Poniéndome en pie caminé hacia la puerta del dormitorio en el que nos encontrábamos y tras convertirme en una imponente leona corrí en su busca, algo que no me llevó mucho tiempo. -Adolescentes, se piensan que vana ser los héroes de la película-. Comenté al volver con el vestido y parte de la cara manchados de sangre. Yo y mi afición por esta.

Al día siguiente, al caer la tarde me puse ropa cómoda pero elegante y me dirigí hacia los invernaderos donde había quedado con las otras dos. -Te ha quedado precioso Charles, ¿eso son... gladiolos?- Pregunté tras acercarme a oler mejor su fragancia.
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Invitado el Miér Feb 15, 2017 11:51 pm

La noche anterior había tenido una muy divertida noche de chicas, aún cuando había sido por deber no podía negar que se había divertido mucho matando a esos muggles, fue una petición del Señor Tenebroso, quien las había reunido a las tres para que se ensuciaran un poco las manos poniendo en su lugar a la familia de un asqueroso sangre sucia, ella como de costumbre aceptó con gusto el deber que asignaron, aunque le sorprendió un poco el tener que trabajar con Charles, aún no se acostumbraba del todo a volverla a ver sin embargo como habían acordado ya hace mucho tiempo ella hizo de cuentas que no la conocía, que llegó a hacerlo hasta ese año cuando entró en el colegio y en el momento en que lo había hecho en los mortifagos pero nada mas que esto.

La noche se mostró divertida, las tres llegaron a dividirse los familiares y cada una se encargó de matarlos a su forma, Ravena los mató rápido, Charles se tomó su tiempo desmembrandolos ella jugó un rato con ellos llegando a practicar un poco la legeremancia con ellos, aún no se le daba del todo bien la técnica pero, la práctica hace al maestro y llegar a ver que pensaban, llegar a buscar sus miedos mas profundos y llegar a explotarlos era algo que le parecía encantador, aunque no dedicaría todo el día a esto, al final luego de un rato de jugar con ellos, de verlos aterrados y sin poder gritar, terminó aburriéndose y matándolos, como era costumbre se quedó con un poco de su sangre cristalizada y los decapitó, no le molestaba para nada quedar toda cubierta de sangre y al parecer a las dos mujeres que la acompañaban tampoco, cada una tenía su método y al final esa casa quedó digna de una escena de terror, en la que al menos a ella no le molestaba jugar con las piezas de sus muertos y dejarlas en posturas no muy dignas.

- Creo que ya hemos terminado, lastima que no podamos mostrarle los últimos pensamientos de su familia, aunque las expresiones que tuvieron son invaluables - diría con una sonrisa cruel cuando el trabajo hubo terminado y ellas tuvieron que marcharse del lugar con una cita para verse al día siguiente en los invernaderos.

Ese día se alistó de acuerdo a la ocasión y bajó hasta los invernaderos donde se encontró con sus colegas, como era de esperar todo estaba perfecto, al menos de su punto de vista y no podía esperar menos de la actual profesora de Herbología, por mas que llevaran tanto tiempo sin verse, por mas que hubiera seguido distintos caminos había cosas que no cambiaban del todo o al menos así lo sentía en ese momento - Todo está perfecto y precioso Charles - diría sin atreverse a decirle algún apelativo cariñoso no podía decir ninguno relacionado con su nombre anterior pero si pudo llamarla Charlie en este momento pero decidió que no era el momento adecuado para esto.

- Ravenna, Charles ¿Como están este día? - preguntó de forma educada y con una sonrisa, era algo curioso que luego de la noche anterior donde terminaron bañadas en la sangre de sus victimas ahora estuvieran ahí reunidas para algo tan banal como tomar el té mientras otros presenciarían con horror la escena que dejaron en aquel hogar, aunque no era nada que a ellas les importara, sin embargo la decoración le parecía adecuada en especial las flores usadas, así que luego de haberla saludado de un beso en la mejilla y haber halagado al lugar y preguntado por como estaban, terminó al igual que la profesora de Transformaciones acercándose a las flores aunque en su caso era para manipularlas con algo de cuidado, habían plantas que inevitablemente tenía que tocar, finalmente simplemente tomó su lugar en la mesa perfectamente arreglada.
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Invitado el Jue Feb 16, 2017 1:20 am

Mientras terminaba los últimos detalles recordaba con una sonrisa la noche anterior. Un simple tergeo no había bastado para limpiar su túnica negra, sino que además había tenido que lavarla, aunque eso era algo común cuando se dedicaba en cuerpo y alma a su vocación. Al final de la noche las tres se habían divertido, por lo visto el señor tenebroso tenía ideas geniales sobre lo que “una noche de chicas” significaba. Pero bueno, él tenía ideas geniales sobre muchos temas y, en vista de que les había enviado a una misión juntas, supo que tenía que ayudar a crear bases sólidas en la relación entre los mortífagos y por ello les había invitado a tomar el té.

Luego de asegurarse de que todas las tartitas estaban en posiciones perfectas sintió como llegaban y corrió en sus tacones de 12 centímetros para recibirlas (al fin y al cabo, una mujer perfecta como ella debía saber correr con taconazos).

- Me encanta que les guste la decoración. Si, son gladiolos. El clima del invernadero les permite crecer durante todo el año y me ha parecido perfecto armar el té aquí, ¿No crees que le da un toque realmente femenino a la velada? –les preguntó con una sonrisa mientras les invitaba a tomar asiento.

- He pedido a los elfos de Hogwarts, esas criaturitas maravillosas, que prepararan algunos dulces. Son con edulcorante, por supuesto, así que no sientan que romperán la dieta. Y hoy estoy maravillosamente bien, me ha sentado genial la salida de anoche, me sirve para relajarme y calmar las ansias mucho más que el yoga… sin embargo encuentro que hablar de nuestros hobbies durante la comida sienta fatal –le respondió a Astrid- Aún así quiero permitirme un comentario. ¿De dónde ha salido esa túnica maravillosa que vestías anoche, Ravenna? Dime por favor que no es una de las importadas de Francia porque sino me arrepentiré mucho de no haber traído una cuando estuve en París.

Pues si, podía ser implacable de noche pero en el día permitía que su lado más descerebrado saliera a la luz cuando tenía buena compañía.
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Invitado el Jue Feb 16, 2017 5:11 pm

Cuando observé con detenimiento a la anfitriona de la velada no pude evitar sentir algo de vergüenza. ¿Donde se pensaba que estábamos? Yo nunca había sido muy amiga de la moda, para mi cualquier trapo que sirva para tapar las vergüenzas de una misma es una prenda de vestir válida, para ella al parecer no, ella derrochaba elegancia allá por donde pisaba y sobretodo con esos taconazos de vértigo de unos doce centímetros aproximadamente con los que no estaba segura de si yo sería capaz de dar un solo paso. Con eso no quería decir que descuidara mi armario y me conformase con lo primero que encontrase en los escaparates de las tiendas, pero no hasta el extremo de mi compañera, ella era una pija de mucho cuidado, esa era la sensación que a mi me daba. Era fabulosa.

Caminando tras Charles me acerqué a la preciosa mesa que había preparado muy cuidadosamente sobre la que reposaban unas tartas de aspecto delicioso, tanto que casi no pude respetar las formalidades y en un segundo de descuido en el que ninguna miraba hundí mi dedo en una de estas para después llevarlo hasta mi boca saboreando así la rica nada de esta. Cuando Astrid por fin se unió a nosotras alrededor de la mesa Charles nos invitó a tomar asiento, ambas obedecimos sin rechistar al igual que lo hacían los muggles que creían que así se salvarían del horrible destino que hacía mucho tiempo nuestro señor había escrito para ellos. -Ya lo creo Charles, quizás ese fue el toque que nos faltó anoche ¿no crees Astrid? La escena quedó muy poco femenina, espero que no le atribuyan el merito a ningún hombre chiflado-. Reí recordando la sangre por las paredes y en especial uno de los dibujos que había hecho en una de estas con la sangre del más joven. Un simple detalle sin importancia.

Esos elfos tenían una mano prodigiosa para todo, se notaba que habían nacido para servir a los magos y brujas, no obstante aquellas tartas no eran ni por asomo el mejor trabajo de los que en el castillo estaban a cargo de la cocina mas no había sido culpa de estos, sino de la propia Charles que decidió sustituir el azúcar por edulcorantes, algo imperdonable en la repostería. Aunque aquello parecía ser menos horrible que coger unos cuantos gramos de más por un capricho tonto entre amigas. -Estos elfos... compensan sus horribles caras con sus manos, no hay cosa que hagan mal, por la cuenta que les trae...- Volví a reír mientras cogía la tetera para servir el té a todas las presentes.

-¿Lo de anoche? Bueno, no es más que un trapo más... un regalito de mi... marido...- Aquella palabra, ''marido'' salió con desgana y con un cierto tono de desagrado. -Pero tranquila, no es de Francia, ese idiota no aspira tan alto en la vida, es de una tienda ''cara'' del continente, pero vaya, teniendo esos tacones y ese vestido... nena tienes un gusto exquisito, prométeme que algún día me dejaras alguno de tus trapitos para las reuniones con los demás profesores, quizás así consiga comprobar que bien se maneja el profesor Cosmas con su mano nueva-. Sonreí con picardía mientras cortaba un poco de tarta ofreciendole también a las demás.
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Invitado el Vie Feb 17, 2017 4:48 am

No había mujer mas elegante que Charles, aunque no se des-meritaría a ella misma, tenía muy buen gusto con respecto a su forma de vestir, siempre buscaba vestir de la forma mas apropiada y a la moda cuando salía ya fuera que estuviera en mundo muggle o en el mágico siempre buscaba vestir de la mejor forma y resaltar su figura, Ravenna también tenía su forma de vestir, no parecía desarreglada tenía un porte de una de esas mujeres clásicas aunque tal vez no buscara ser tan superficial o vestir con las ultimas galas, parecía vestir bien, pero sin duda alguna la anfitriona era la que mejor se veía en especial con esos tachones - Yo lo que quiero saber es donde compraste esos tachones están de muerte - diría al fin, no todas podían decía que caminaban con zapatos de 12 centímetros y mucho menos que podían correr con algo así, ella misma caminaba con estos pero no corría, así que era un punto a favor de la Americana.

- Es el toque adecuado para nuestra reunión - coincidiría con Charles para luego escuchar a Ravenna y sonreír de medio lado, creía muy posible que los muggles, no la verdad no era necesario que fueran los muggles, los hombres en general algunos no su mentalidad machista y retrograda pudieran pensar que fue un hombre el que cometió los asesinatos de la noche pasada, no lo creía tan ilógico, desde tiempos antiguos eran incapaces de ver la maldad en una mujer y eso que algunos de los peores asesinas seriales eran mujeres quienes tuvieron la libertad de hacer lo que querían a sus anchas sin que nadie les hiciera nada por ser el "sexo débil" e incapaz de cometer tal cosa.

- No dudo que lo hagan, muchos hombres siguen dudando de las capacidades de una mujer y mas si hablamos desde el punto de vista de matar a otra persona, pero tienes razón y me haces pensar que tal vez me podrías ayudar con un nuevo hechizo, de momento he logrado cristalizar sangre pero ¿no sería interesante y decorativo dejar algunas flores hechas con las sangres de la victima? Ahí estaría ese toque femenino que nos llegó a faltar - diría con total tranquilidad, realmente le gustaba la idea y ahora que la había pensado dado el ambiente donde se encontraban que fue lo que dio su idea, intentaría llevarlo a cabo de una forma u otra, después de todo le gustaba mucho jugar con la sangre y mas si era de sus victimas.

- Debo coincidir con ustedes, son criaturas prodigiosas a la hora de servir a los deseos de sus amos, realmente saben como cumplir su deber a la hora de realizar los quehaceres domésticos y en la cocina no puedo tener queja alguna de ellos - diría mientras tomaba una tartaleta y la degustaba, ciertamente le faltaba el dulzor del azúcar real, pero a ella no llegaba a molestarle para nada esto, aunque usualmente tuviera dulces en su despacho y pasara degustandolos, aunque bueno el ser dulcera lo compensaba muy bien con la cantidad de ejercicio que hacía y no solo hablaba del que hacía en compañía de Sirius Black, si no también el que realizaba por su cuenta corriendo por el castillo y buscando estar en forma.

No pudo evitar reír cuando Ravenna mencionó de tal forma a su marido - Disculpa, es que se nota cuanto lo aprecias, pero te comprendo sentía lo mismo por mi difunto esposo - diría con una mueca de teatralidad de fingido pesar al referirse a su estado, aunque aún cuando no lo llegara a amar tampoco es que lo odiara, solo que dejó de ser útil para sus planes y para su vida en general.

- Tal vez podríamos ir un día de compras las tres, sería una mejor forma de mejorar el guardarropa y en cuanto a Cosmas, creo que aún sin mano podría llegar a hacer muchas cosas interesantes - diría con un aire mojigato fingido, pero es que seguía insatisfecha con el profesor, seguía sintiendo que hacía falta algo, una ligera decepción de él que hacía que no le pusiera como tendría que hacerlo por mas atractivo que fuera y eso sin lugar a dudas la llevo a tal comentario.
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Invitado el Lun Feb 20, 2017 4:35 am

Charles no pudo evitar reír ante el comentario de Ravenna. ¿En serio le había parecido una escena poco femenina? Aún así su rostro mudó al asombro al ver que Astrid le apoyaba.

- Bonitas, ya saben lo que dicen: “A lady in the streets, a whore in the sheets”. Aunque en este caso debería cambiarse por “A lady in the streets, a beautiful bastard in the crime scene”*. No deberían dejar que nos afecte, si no pueden relacionarnos es mejor para nosotras… –un estremecimiento la recorrió pues acababa de recordar su corta estadía en Azkaban- Pero ya les dije, sienta muy mal el comentar ese tipo de cosas durante la comida. Estoy segura de que tenemos muchas más cosas de qué conversar –terminó mientras servía el agua caliente en las tazas de cada una y les abría una cajita con diversos tipos de té en bolsitas.

Ella tomó una bolsa de té de caramelo y vainilla antes de sentarse y acompañar su té con un chorrito de leche descremada y deslactosada que había en un jarrón a juego con la tetera.

- Ay, yo amo a esas criaturitas. Lo horribles que son no les quita lo maravillosas. Son serviciales y hacen todo a la perfección. No he conocido ni un solo elfo doméstico del que pueda quejarme. –agregó a la conversación, saboreando la tarta como solo una persona acostumbrada a los sustitutos del azúcar puede hacerlo.

No pudo evitar soltar la risa cuando escuchó el tono despectivo al decir la palabra “marido” y la comprensión que Astrid le prestó. Ella la conoció como Astrid Bloodworth, no Sweets y aunque no habían hablado demasiado de la relación con su marido podía notar claramente que nuevamente había sido un matrimonio por conveniencia. Lo bueno de ser una purista sin relaciones conocidas con ninguna familia es que no estaba obligada contraer un matrimonio concertado. Salía con quién quería, tenía sexo con quién se le daba la gana y si no le apetecía, se metía a la cama sólo con la compañía de un libro.

Aún así miró a Astrid con una sonrisa en el rostro pues sin querer había rememorado viejos tiempos. Si bien le apetecía una salida de chicas, el hablar del profesor Cosmas le agradaba aún más.

- Los zapatos son unos Louboutin. Créanme que le perdonaría la vida aunque sea un muggle porque sus zapatos son de ensueño… y no sé si después de esa declaración les enseñaría dónde conseguir estas prendas, ya que también tengo a Cosmas en la mira. Sólo por esa mirada que tiene le permitiría que me tocara con la mano que desee… –confesó con una media sonrisa- y también con otras partes de su cuerpo –terminó, ocultando la sonrisa tras la taza de té.

*“Una dama en la calle, una puta en la cama”, aunque lo cambia por “Una dama en la calle y una hermosa bastarda en la escena del crimen”.
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Invitado el Mar Feb 21, 2017 7:26 pm

Tras un comentario que dibujó una media sonrisa en mis labios Charles puso punto y final al tema, ese sobre el trabajo bien hecho de anoche. A Astrid y a mi no parecía molestarnos hablar del asunto aun en presencia de comida o té al contrario que a la otra rubia, ¿por que? Claramente no era agradable hablar de vísceras y ese tipo de detalles en aquel contexto, no obstante no habíamos siquiera raspado la superficie del asunto. No quise preguntar, simplemente me limité a cambiar de tema y dejar ese atrás para evitar un posible conflicto con la profesora de Herbología.

-¿Difunto? ¿Tuviste algo que ver en eso?- Pregunté clavando la mirada en los bonitos ojos de la profesora de Encantamientos mientras mi lengua recorría mi labio inferior eliminando todo rastro del trozo de pastel que acaba de terminar. -Si os soy sincera chicas nunca he querido a ese zopenco, tan solo me casé con él para que mi padre me dejase en paz y para obtener la libertar que mi familia me robaba, pero ya no me hace falta... ¿que os parece el continente Africano? Podríamos hacer un pequeño viaje, pasar un último buen rato con mi esposo y después irnos de compras, Charles, hay diseñadores allí... te dejarían sin palabras. Además los hombres de allí no tienen nada que ver con los de aquí... eso si que es pasión nenas-. Reí de una forma un poco alocada. Parecía un tanto desequilibrada mental, no obstante siempre he creído que un poco si que lo estaba.

-A excepción de Cosmas claro, ¿habrá profesora o alumna que no se haya fijado en él? Hablando de alumnos... ¿soy la única que se ha fijado en que algunos están peligrosamente buenos? Se hace muy difícil el resistirse las ganas de castigar a varios al terminar la clase para enseñarle modales-. Cerré los ojos lanzando un leve gemido mientras mordía mi labio inferior. -Perdonadme chicas, hace bastante tiempo que ningún hombre visita este templo-. Reí dando un sorbo a mi taza de té, con la mirada perdida al frente, pensando: ''Creo que he mojado...''

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Invitado el Vie Feb 24, 2017 1:51 am

- Tienes razón, creo que mejor dejamos el tema para otro momento - ciertamente no le molestaba hablar sobre muertos en la comida, pero era cierto que habían mejores temas para tratar en ese momento, ya luego podrían seguir con el tema, de momento ella tomaba una bolsita de té de frutos silvestres y la sumergía en el agua caliente, antes de endulzar un poco su bebida y moverla con una cuchara, que finalmente dejaría a un costado del platito donde reposaba tu tasa de te.

- No realmente, solo dejé que un estudiante capaz de hacer cualquier cosa para estar conmigo dejara volar su imaginación, al final yo no hice nada y él está pagando una condena en la cárcel mágica de Estados Unidos por sus crímenes que no tienen nada que ver conmigo - respondió con tranquilidad encogiéndose de hombros ciertamente ella había usado sus encantos para lograr algo así, aunque en la mente del chico ella nunca había hecho nada y simplemente fue su profesora, nunca le dio alas pero él mismo se las construyó por su buena voluntad, el punto es que él había tomado la culpa de todo y ella había quedado simple y sencillamente como la triste viuda, aunque claro, también la vieron como una viuda negra y esto fue lo que la llevó a tener que irse del país, pero no era algo relevante en este momento.

No pudo evitar reír con la risa de Ravenna y negar con la cabeza - Por mi está bien, con gusto te acompaño, creo que podríamos pasar un buen rato en dicho lugar, la cultura africana siempre me ha parecido tan rica, que no me parece una mala idea acompañarte, sin embargo con respecto a tu esposo dado que no se aplican las mismas reglas que aquí, sugiero que analices bien como se llevarán las cosas acabo para que no queden cabos sueltos - ella nunca había estado en la cárcel, siempre había sabido como jugar para salvarse de la misma y no empezaría a cometer errores ahora que podía hacer lo que quería y menos en otro continente donde las reglas del juego eran distintas.

Hace tiempo no tenía esta clase de conversaciones y realmente se estaba divirtiendo con la misma, era bueno poder hablar de cosas que iban desde asesinatos hasta cosas mas banales como ropa y hombres - La verdad aunque Cosmas está realmente bueno y al igual que ustedes no me molestaría ver como usa esa mano y otras partes de su anatomía en la intimidad... actualmente luego de que tomamos el castillo, no me llama tanto la atención - tomó una tartaleta y la probó mientras esperaba que las chicas la quemaran viva por su declaración de no sentirse tan atraída por el profesor de Artes Oscuras, pero es que seguía algo desilusionada de él.

- Con respecto a los chicos, no creo que al director Lestrange le moleste que hagas algo así, en especial si llegara a terminar siendo un traidor a la sangre estos le importan menos que los sangre sucia según recuerdo, pero el punto es que dudo que le moleste si intimas con alguno de ellos - la tranquilidad con la que expresaba esto daba a entender que tal vez Ravenna no era al única que había tenido alguna historia con uno de los alumnos aunque su caso con Sirius era simplemente para humillarlo un poco y que viera que no podía ser mas que una mascota para ella, por mas que la odiara.

- Ahora tengo la gran curiosidad de saber cuales son esos alumnos que han llegado a captar su atención chicas - comentó, realmente quería saber quienes podrían hacer que esa mujeres tuvieran ganas de dejar su ética laboral aun lado, aunque claro, ya se sabía que la moral de las tres era algo flexible.
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Invitado el Miér Mar 01, 2017 1:45 am

Charles levantó su taza de té y se quedó con ella frente a los labios al notar como preguntaba sobre su difunto marido a Astrid. No conocía los detalles en realidad puesto que poco habían conversado desde que se encontraron por última vez (ella sabía que si iba a visitarla a sus aposentos simplemente terminarían enredadas como la última vez y simplemente quería hacerla esperar un poco más).

Le parecía astuta la forma en que lo había hecho. Sabía que Astrid tenía unos medios más que excelentes para lograr que los hombres se pusieran a sus pies y, dejando la taza sobre su platito, le aplaudió suavemente para felicitarla por la forma sutil en que había contribuido al asesinato de su marido.

- Además de guapa, inteligente –le felicitó entre sus aplausos antes de escuchar la historia de Ravenna, sintiéndose alegre nuevamente de no tener que tomar ninguno de esos compromisos- ¿Y no te parecería matarlo mientras le das una última follada? Con una poción bien aplicada podría morir durante el acto. Sería una muerte feliz para él y… –se detuvo en medio de la frase pues una campanada hizo que se pusiera en alerta y se levantara corriendo hasta el fondo del invernadero.

Volvió pronto, disculpándose en el momento.

- Perdonen mi mala educación, bonitas. La verdad no sé si te lo he comentado con anterioridad, Ravenna, pero soy pocionista de profesión. Me enamoré del arte de fabricar pociones cuando estaba en Ilvermorny, es sólo que cuando se me ofreció la oportunidad de tomar el colegio la plaza estaba tomada y por eso acepté herbología pues son carreras que van de la mano y no se me daba nada mal. Pero aún así me resulta imposible olvidarme de mi gran pasión por lo que voy tomando pequeños trabajos ocasionales. Ahora mismo estaba preparando una poción que me ha pedido un contacto que vive en un pueblito perdido en Buckinghamshire y debía dejar cocer a fuego lento durante 8 horas, las cuales se cumplieron al sonar de la campana así que tuve que correr a retirarla del fuego. Ay, tiene un color tan lindo que nadie pensaría que es simplemente una poción para eliminar plagas del hogar –exclamó con voz ensoñada, como cualquier persona que ama su profesión- pero no nos desviemos aún más, pues si me dan la oportunidad puedo hablar de pociones durante horas ¿No es cierto, Astrid? –le preguntó con una sonrisa- Ella fue mi alumna –aclaró, aunque se despejó la garganta y volvió al tema- Te decía que una poción siempre es útil para deshacerte de  “lo indeseado”. Ya sabes, una poción vigorizante preparada en un caldero sucio podría provocar un envenenamiento que sea imposible de detectar. Es solo cosa de que le des una botellita prometiéndole que le darás la mejor noche de su vida y se irá apagando poco a poco. Él morirá feliz, tu serás feliz con su muerte y encima nadie podría culparte pues tu “la compraron en África pues estabas realmente emocionada de que hubiese decidido acompañarte a ese país aún cuando estaba receloso y querías pagárselo de la mejor forma posible”. –comentó con una sonrisa falsamente inocente.

Bebió de su té, el cual ya estaba quedando frío, así que con un toque de varita volvió a calentar el agua y se sirvió un poco más mientras les escuchaba conversar.

Miró extrañada a Astrid cuando esta dijo que ya no le llamaba tanto la atención, más no le dio importancia pues, para gustos, los colores. De hecho, a ellas le llamaban la atención los chicos del colegio y, si bien eran guapos, no estaba del todo segura de si ella llegaría a estar con uno. Tenían intensidad, es cierto, pero les faltaba experiencia y para Charlotte eso era algo muy importante.

- Estoy en un punto de mi vida donde prima más la calidad que la cantidad. Soy soltera, así que no estoy amarrada a alguien y disfruto más de la sensación de un polvo bien servido por una mano experta que uno larguísimo hecho con manos atrevidas, así que no me he visto en problemas con los alumnos, aunque… bueno, los hermanos Black tienen muy buen ver. Lástima que el mayor sea un traidor a la sangre, pero el menor, Regulus… no es tan atractivo pero tiene un poderío que impresiona y un pensamiento similar al nuestro, aunque no lo sé, no me follaría a un niño. Seré una pervertida de primera, pero un jovencito no es algo que me llame la atención. Prefiero una barba que me rasguñe los muslos, manos grandes que me cubran los pechos con seguridad, labios que saben donde besar y cómo hacerlo, alguien que no se sienta intimidado junto a mi… no lo sé, preferiría al director antes que a un alumno –contestó con media sonrisa, hablando sobre Rodolphús aún cuando en realidad pensaba en Cosmas mientras describía a su amante perfecto pues el hombre parecía ser el tipo de personas que la doblegaría en la intimidad y que sería capaz de dejarle boqueando sin fuerzas si se lo proponía.

A penas terminó de hablar cuando Ravenna recordó que tenía un compromiso y se levantó apurada. No estaba segura de si volvería pronto, así que se despidió de ambas y salió prometiendo intentar regresar.

- Entonces… ahora sólo estamos tu y yo –le dijo con media sonrisa, cambiándose de asiento para quedar más cerca de Astrid.
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Invitado el Miér Mar 22, 2017 12:22 am

- Gracias, gracias. Siempre que hay que saber como usar tus encantos para lograr tus objetivos - respondió a los halagos de Charles con una sonrisa, para luego escuchar las palabras que le dijo a Ravenna, tenía mucha razón, si bien las pociones principalmente eran usadas para el bien, siempre se podían usar para lo contrario, para matar a alguien, claro si sabías usarla de la forma correcta, además era bien sabido que si cometías el mínimo error en una podía cambiar por completo su propósito, pero dejaría que fuera la rubia quien lo explicara en su determinado momento, ahora solo esperaría que regresara, al parecer había dejado algo en el caldero o el horno.

- Eso es muy cierto - respondió con una sonrisa ya la conocía, sabía muy bien que podía hablar por horas de pociones, era algo que realmente la apasionaba, por algo fue su carrera inicial, además como profesora, siempre le gustó como daban las clases y no nos referimos a las privadas, eran pocos profesores los que tenían la pasión para dar una buena clase de pociones, tal vez esa fuera una de las razones de que la terminara dejando cuando ella se fue, los otros profesores no lograron que ella le tomara el mismo interés de cuando ella era la profesora, aunque tenía ganas de retomar pociones en algún momento, aunque aún no sabía cuando.

Siempre era interesante escuchar formas de matar a alguien sin que los demás se dieran cuenta, le recordaba como muchas mujeres muggles llegaron a matar a sus familiares con venenos como el Arsénico o el Cianuro sin que nadie se diera cuenta por suministrarlos en dosis correctas, aunque usar una poción que es para algo y convertirla en otra cosa era aún mejor.

Realmente tuvo que contenerse para no reír ante las palabras de Charles, pues dos de los chicos mencionados ya habían pasado por su cama en algún momento de su vida, así que claramente le causaba algo de gracia - Bueno, he de decir que el señor Black, el mayor, no es que sea malo en la cama, será joven pero aprende bien, mientras que el director, no podría decir que tan bueno es en la actualidad, creo que eso se tendría que preguntar a su esposa - diría con una expresión inocente aunque sin entrar en tantos detalles solo el importante que era que ambos habían pasado por su cama y es que inevitablemente tuvo que mencionar eso o darlo a conocer en parte.

- Nos vemos luego - le dijo a Ravenna cuando esta se tuvo que ir repentinamente, esperaba que pudiera regresar aunque tampoco le molestaba si no lo hacía, de momento se había quedado a solas con la rubia, algo que no había pasado en bastante tiempo y a decir verdad no esperaba que pasara tan pronto, hacía tanto que no hablaban.

- Eso parece, a pasado mucho tiempo desde la última vez - diría, quería saber que había sido de su vida en esos años, ponerse un poco al día con ella - Podríamos ponernos al día ¿Que ha sido de tu vida en estos años? -
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