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I'm a Fake [Alec Parrish/Priv.]

Steven D. Bennington el Sáb Feb 18, 2017 12:36 pm


Había perdido ya la cuenta del tiempo que llevaba corriendo a través de las calles de Londres, resultándole imposible desaparecerse en cualquier otro lugar por la gran afluencia de muggles que había en aquel lugar. A cualquier otra persona parecía no importarle violar el secreto pero a Steven sí, aunque con ello pudiese poner su vida en peligro. Por lo que corría y corría, pasando entre los viandantes y llevándose alguna que otra mala respuesta por golpearles al pasar sin siquiera darse cuenta.

Iba pidiendo disculpas según pasaba entre la gente pero estos parecían sólo preocuparse porque les habían golpeado, ajenos a que una persecución entre dos magos estaba teniendo lugar en plena ciudad. La gente no mágica seguía ajena a lo que estaba sucediendo en el Mundo Mágico, y aquello no terminaba de convencer al mago que ahora corría desesperadamente para alejarse de su persecutor.

Dobló en la siguiente manzana hacia la derecha y vio pasar al mago corriendo a toda velocidad por el que creía que era el camino que él mismo había seguido. Y eso le hizo respirar aliviado por al menos un segundo, que fue el tiempo que tardó el hombre en dar con él nuevamente y obligarle a correr calle abajo a toda velocidad.

Notaba como sus piernas comenzaban a cansarse. Como el agotamiento iba apoderándose poco a poco de su organismo y es que no era raro que su cara llamase la atención de algún mago partidario del nuevo régimen y este intentase darle caza sin siquiera darle los buenos días. O en aquel caso, las buenas noches.

Todo aquello había empezado veinte minutos atrás, cuando Steven tenía intención de volver a la casa que ahora compartía con su hermana y que se había convertido en el único lugar seguro para los hermanos Bennington. Había decidido ir en metro creyendo que no sería utilizado por ningún mago que odiase a los muggles como lo hacían aquellos que daban a caza a los nacidos de estos. Pero se equivocaba. En el propio andén había notado como alguien le miraba de tal manera que había vuelto a salir a la superficie escaleras arriba y había sido precisamente ahí donde había empezado su carrera desesperada por la supervivencia.

Desde que todo aquello había dado lugar era rara la noche en la que no viese como alguien era atacado sin razón alguna y, tampoco era raro, que acabase él mismo corriendo porque su rostro era reconocido por algún seguidor del régimen. Cualquiera habría dejado de salir de casa por miedo, pero no era el caso de Steven. Steven había pasado algo más de dos meses junto con su hermana sin poner un pie fuera de casa pero había decidido que no podía vivir encerrado eternamente, por lo que no era raro que saliese cambiando su rostro o, como en aquel momento, con el suyo propio.

Dobló nuevamente a la izquierda y se dio cuenta que llevaba un tiempo corriendo en círculos, pero aquello no importaba si su persecutor no daba con él. O, al menos, si no acortaba suficientemente la distancia como para poder lanzarle un hechizo certero que impactase contra su espalda y acabase con su vida en un abrir y cerrar de ojos.

Pero entonces lo vio claro. Pasó entre toda aquella multitud situada en mitad de una plaza y golpeó su ropa con la varita, haciendo que esta cambiase de golpe. En su lugar portaba un abrigo negro largo hasta las rodillas, unos vaqueros algo desgastados y un jersey de cuello vuelto gris, lo cual no era ni de lejos la ropa que llevaba previamente.

Pero su cambio no se quedó en eso.

Gracias a su metamorfomagia tenía algo que otros magos no tenían. Algo por lo que era difícil reconocerle y lo usó, una vez más, a su favor. Su pelo se volvió lacio y negro hasta llegar a la altura de sus hombros. Su barba acompañó el tono de su pelo y también creció hasta ocultar sus característicos rasgos. Sus pómulos se incrementaron y sus ojos se volvieron tan oscuros como la propia noche en la que se encontraban. Cambió ligeramente su altura, apenas un par de centímetros hacia arriba y redujo su cuerpo hasta quedar un tanto famélico, lo que le diferenciaba notablemente de la persona que era normalmente.

Frenó en seco en cuanto tuvo oportunidad y se limitó a mirar en uno de los escaparates más cercanos cruzándose de brazos, fingiendo que había pasado ahí gran parte de la noche e intentando hacer desaparecer el cansancio de su cuerpo, algo que no resultaría sencillo teniendo en cuenta el tiempo que llevaba corriendo.
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Invitado el Lun Feb 27, 2017 12:55 am

Aquel día no había previsto nada fuera de lo normal, nada fuera de lo rutinario que podía llegar a ser el Ministerio y su trabajo como Oclumante en el mismo. Si bien era cierto que con anterioridad había dejado de lado su puesto para ser partícipe de la caza de algún que otro traidor, o traidora, aquel día no parecía que nadie necesitara de su habilidad con la varita para nada más que para lo que le estaba encomendado como instructor. Una parte de su mente se apenaba por no tener acción aquel día, sin embargo otra parte de aquel páramo le decía que ya era de volver a casa, de volver a aquel piso que ahora había pasado de ser solo suyo para ser de ambos, del y Ashton, todas aquella veces que podía “secuestrarlo” y disfrutar de su compañía. Realmente deseaba con ansias el periodo vacacional para poder pasar todos y cada uno de esos días abriendo los ojos y encontrándose el que, innegablemente, era su novio…aquella palabra aun le sonaba extraña, aun sonreía e manera absurda cuando pensaba en ello, sin embargo así era, y le encantaba.

Con todas aquellas ideas rondando su mente, con toda aquella vorágine de sentimientos poblando su cabeza, decidió emprender su regreso al piso de manera más “tradicional”, a lo muggle. Aquel día el moreno no estaría en el piso para recibirle con un abrazo, y quizás de aquella manera pudiera llenar el tiempo que le quedaba para conseguir conciliar el sueño.

Había salido algo tarde del Ministerio, quizás por haberse entretenido más de lo normal con su última tarea, sin embargo era algo meticuloso. Sus pasos le guiaron hasta el subterráneo de aquel Londres tan soporíferamente corriente, demasiado muggle para su gusto. Sin embargo pudo entretenerse indagando a su alrededor, en busca de algún prófugo imbécil que e hubiera confiado lo suficiente para acabar allí abajo, tal y como Alec había llegado allí, sin embargo el ahora no era la presa, sino el cazador.

La suerte no pareció estar de su lado cuando el tren llegó y decepcionado entró en el, siguiendo a la marabunta de persona, que a expensas de la hora que era, entraba en aquel monstruo metálico. No tardó demasiado en llegar a su destino, en bajar de aquel transporte y verse rodeado de nuevo por una ingente cantidad de muggles. Ya no esperaba encontrar nada interesante, mas el destino parecía tenerle algo preparado. Había reconocido la cara de aquel chico nada más verle, no pretendió ser disimulado cuando le miró fijamente, no pudo recordar el nombre del traidor, solo pudo recordar su apellido: “Bennington”. Estaba seguro de que era él, ahora solo le faltaba recordar su nombre, capturarlo y divertirse un rato antes de decidir qué hacer con él.

El tiempo pasaba irrefrenablemente como las tantas personas que dejaban atrás en aquella persecución que había comenzado en la misma salida del andén. Por culpa de aquellos muggles no podía aparecerse junto al chico y dar por finalizado aquello, sin embargo él tampoco parecía lograr desaparecerse de allí, estaban igual de jodido en aquel sentido.

No tenía tiempo de fijarse en nada más que en Bennington, golpeaba a la gente sin tener el menor cuidado, más de uno había caído al suelo mientras Alec seguía avanzando, impasible a su alrededor, aquellos muggles, era eso…muggles fin y al cabo, y poco le importaba lo que pudieran creer que sucedía a su alrededor, pues sus sentidos estaban vendados ante la realidad mágica.

El cansancio se empezaba a apodar de su cuerpo con aquel trote incesante, sin embargo aquello ya había empezado y no había marcha atrás, ahora no podría conciliar el sueño hasta finalizar aquello de una manera o de otra. Perdió de vista por un segundo al chico, sin embargo siguió adelante, avanzan en la dirección hacía donde debía haber seguido.

Se había equivocado, sin embargo solo tuvo que retroceder sobre sus pasos para encontrarlo de nuevo y seguir aquella persecución sin fin, o al menos eso parecía de momento. Necesitaba encontrar la oportunidad para lanzar algún hechizo contra él, de derribarlo y poder hacerlo suyo, sin embargo aquello no se había presentado aun, y no parecía querer presentarse. En aquella carrera volvieron a doblar hacía la izquierda, Alec no pensaba hacía donde se dirigían, solo corría.

En aquel momento llegaron a una plaza repleta de gente, aquellos muggles parecían no querer dormir aquella noche y no pudo sino maldecirlos entre dientes cuando el tal Bennington se adentro entre ellos. Alec no pensó en rodearlo, imitó a su presa y los atravesó. Aquello tenía que ser una broma, no tenía sentido, pues había seguido el mismo camino que él y no estaba allí. No tuvo tiempo de pensar nada más cuando chocó sin poder evitarlo con al que pensaba que era un muggle más. – Malditos muggles… - escupió aquello sin disimulo, fijándose en quien tenía delante y dándose cuenta de que se había equivocado por completo. – Espera, a ti te conozco, ¿no? – Preguntó al hombre que tenía delante, estaba seguro de que era un mortífago que también trabajaba en el Ministerio, aunque no sabía ubicarlo realmente – Soy Parrish, Alec Parrish. Del departamento de Misterios – informó al hombre, estaba seguro d que era un mortífago como él, mas su cara no reflejaba sorpresa y aquello confirmaba su suposición. – Ando de caza, ¿no habrás visto a un tal Bennington corriendo por aquí?, un tipo castaño, un sangre sucia. – aclaró aquello, quizás con aquel tipo tuviera más posibilidades de encontrarlo.
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Steven D. Bennington el Miér Mar 01, 2017 10:58 pm

Hacía tiempo que su carrera carecía de rumbo. Sus pasos se limitaban a existir. Su mente se limitaba a pensar que tenía que correr y correr sin importar donde antes de que aquel hombre se acercase lo suficiente como para poder lanzar un hechizo certero. O un simple hechizo que le derribase y le impidiese seguir caminando. Aunque de lograrlo, lo más posible era que el metamorfomago violase el secreto y se apareciese lejos de allí sin pensarlo dos veces con la única intención de salvar su vida.

Pasó entre decenas de persona, golpeando a más de uno sin pedir perdón. No podía pensar en la comunidad no mágica en la que acaba de meterse. No podía pensar en qué pensarían aquellas personas reunidas en la calle en mitad de la noche al  verle correr de manera desesperada apartando como podía a todo aquel que se cruzaba en su camino.

Él simplemente buscaba un lugar donde poder refugiarse. Quería alejarse lo más posible de su perseguidor para poder hacer una pausa en el camino en un lugar alejado de la vista de la gente no mágica para así poder desaparecerse. Quería marcharse de allí, pero no quería que todos los allí presentes viesen como en un abrir y cerrar de ojos desaparecía.

Y la bombilla se encendió sobre su cabeza. Aprovechó la gran cantidad de gente allí reunida para modificar su apariencia física. Primero su ropa, después su aspecto físico. Y segundos después, no había rastro alguno del Steven que todos conocían. Tomó muy en serio su último encuentro con Clementine e hizo desaparecer las marcas de la sonrisa en su rostro, dándole un aspecto mucho más sombrío al que sus modificaciones físicas como metamorfomago acostumbraban.

Se volteó con intención de seguir su camino cuando aquel mago se dio de bruces contra él. Notó su propio sudor frío, su piel erizarse, su corazón latir a mucha mayor velocidad de la que ya lo hacía al correr por el centro de Londres segundos antes. De haber podido, habría palidecido incluso más, pero el tono de piel que había adoptado ya era lo suficientemente pálido como para tornarse más blanco.

Por suerte no le reconoció. Su metamorfomagia era su mejor aliada en aquella nueva situación en la que se encontraba el Mundo Mágica y de haber podido, habría respirado aliviado. Pensaba seguir su camino. Pasar de largo. No quería arriesgarse, pero no le quedaba salida alguna. Tenía que fingir ser aquel que aquel mago pensaba que era antes de que le convirtiese en una nueva víctima por haberse cruzado en su camino. O cayese en la cuenta de que era él. No debía actuar de manera sospechosa, y eso intentó hacer.

- Un tipo castaño se chocó contra un grupo de muggles y salió corriendo. Pensaba que era uno de esos ladrones que, ya sabes, chocan contra la gente para robarles la cartera. – Tardó en responder pero lo hizo, dudando de sus palabras, intentando no desvelar nada de su verdadera personalidad y sobre lo que conocía de ese tipo castaño que resultaba ser él. – Si te das prisa podrás pillarlo. Cogió la calle del puesto de fruta seca. – Señaló a dicho puesto, donde una calle cuesta arriba se alzaba. Una calle llena de personas, como el resto de estas.

Steven sólo pensaba en salir de ahí. Quería que Alec se fuese de allí lo antes posible y poder seguir su camino fingiendo ser ese mago en el que ahora Alec confiaba. Quería doblar la primera esquina posible para perderle de vista para siempre. Quizá entraría a un local en busca de un baño y aprovecharía allí para aparecerse, por fin, fuera del alcance de Alec Parrish.
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Invitado el Mar Mar 07, 2017 5:50 pm

Los maldijo a todos, maldijo a todos aquellos muggles que le habían cortado el paso y cortado su línea de visión durante la persecución, maldijo a aquellos que le sirvieron a su presa de pantalla para darle esquinazo en aquella plaza y por encima de todo maldijo a aquel imbécil que era su presa y que por suerte o por desgracia estaba haciendo que Alec ocupara aquella noche tras él.

La rabia corría por todo su torrente sanguíneo dejando ver como sus venas se hinchaban por culpa de todo aquello, realmente había decidido volver andando a casa por si ocurría algo así, sin embargo ahora que había ocurrido y había perdido la pista de su presa no podía evitar pensar que debía haberse tocado aquella chincheta en su escritorio y haber vuelto a su piso en aquel preciso instante. En aquel momento habría estado sonriendo, entre sus rojas sabanas mientras disfrutaba de la voz de Ashton a través de aquel espejo que ambos compartían, sin embargo tendría que dejar aquello para otro momento, para el día siguiente mas bien. En aquel momento debía acabar lo que había empezado.

El choque con aquel tiempo, al que primero confundió con un mago y que luego identifico como un mortífago no pudo venirle mejor, como anillo al dedo, en aquel momento, pues cuanta más ayuda más fácil sería volver sobre la pista del traidor. No pensó siquiera en disculparse, mas después de soltarle todo aquello se limitó a esperar una respuesta a cada una de las cuestiones que le había planteado, realmente el tipo le sonaba, aunque a él le sonaba mucha gente. – Ya veo ya, ladrones, supongo que no tienes muy buena memoria cuando no te has dado cuenta de que era un prófugo de la causa, eh – le soltó aquello, en principio como una broma, con cierto aire de reproche. – Si, si nos damos prisa más bien. – Hizo una pausa para observarlo de arriba debajo de nuevo – Que yo recuerde aun no has conseguido la marca tenebrosa, ¿no? – preguntó aquello para asegurarse de la identidad del chico – además…que haces entre muggles, sobre todo a estas horas, si no es buscar presas para conseguir la marca… - arrastró aquellas palabras mientras posaba su mano sobre el hombro del chico. No quería perder más tiempo y teniendo en cuenta que él era superior en rango al casi mortífago que tenía delante no dudo en obligarle a que le ayudara. – Tú vas a ayudarme, y si encontramos a Bennington me aseguraré de informar bien de ti. Vamos, guíame hacía donde se ha ido. –

No dudo un segundo en alzar su varita entre aquel gentío para conjurar un Terreo aparecium sobre aquella zona, debía prevenir que el fugado se desapareciera de allí, no debía andar demasiado lejos, no si pensaba que había despistado a Alec. – Mejor prevenir. – Le guiño un ojo al otro. Concluyó aquello, expectante.


Última edición por Alec Parrish el Dom Mar 12, 2017 9:03 pm, editado 1 vez
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Steven D. Bennington el Dom Mar 12, 2017 1:03 pm

Sólo quería salir de allí. Perder de vista a Alec lo antes posible y encaminarse a su casa con toda la tranquilidad que el estrés y la ansiedad del momento le permitiesen. Pero el destino quiso jugarle una broma macabra haciendo que su perseguidor le identificase con un compañero afín a la causa. Steven sólo quería que la tierra le tragase y alejarse de allí. Pero por mucho que su mente lo pedía a gritos, la tierra no abría ningún agujero bajo sus pies para poder alejarse de allí.

El chico esperó con calma intentando recobrar el aliento sin que saltase demasiado a la vista y esperando que Alec le dejase su espacio vital para poder marchase de allí. Pero no lo hizo. Fue todo lo contrario lo que sucedió. Alec le necesitaba para capturarse a sí mismo y, por mucho que quisiese marcharse de allí, no podía hacerlo sin levantar sospechas. Esperaría el momento adecuado para alejarse un par de pasos del hombre y aparecerse lejos de allí.

- Sí… Yo… - ¡Piensa, Steven, piensa! – Estaba distraído, supongo. – Se encogió de hombros. ¡Pero los Mortífagos no hablan así, Steven, compórtate! Intentó que su mente se vaciase para meterse en el papel, pero nunca había sido un gran mentiroso ni mucho menos un magnífico actor. – Llevo todo el día de arriba abajo buscando alguna cara conocida para llevarla ante la justicia y cuando aparece no me doy ni cuenta. El cansancio me ha jugado una mala pasada. – Fingió estar decepcionado consigo mismo, cuando lo único en lo que pensaba era en que ojalá Alec se alejase lo suficiente para poder aparecerse lejos de allí sin que este interceptase la aparición y acabasen ambos en el mismo sitio. - ¿Harías eso por mí? – De nuevo fingió, pero esta vez admiración. Conocía cómo funcionaban los Mortífagos de sobra gracias a sus últimas persecuciones, por lo que sabía que sentirse admirados y por encima de cualquier persona siempre les había agradado. – No te decepcionaré, ya verás. – Su voz acompañaba a su rostro más aniñado del habitual, y es que había incluso reducido su edad para alejarse del rango de edad que propiamente le correspondía.

Pensaba ayudarle. Al menos, por el tiempo necesario para poder aparecerse lejos de allí y olvidar aquella locura de noche. Pero otra vez el destino jugó a su favor y Alec rompió con la capacidad de todos los allí presentes para aparecerse. Aquello no era un problema para los cientos de muggles concentrados en la plaza, pero sí para Steven, quién lo único que quería era salir de allí en aquel preciso instante.

- Bien hecho. - ¡Mentira! Pero no podía decir otra cosa. Sino que se limitó a caminar en la dirección que él mismo había indicado aún cuando sabía de sobra que no encontrarían a Steven por ninguna parte. ¿Cómo iban a encontrar a Steven si estaba ahí mismo caminando y fingiendo ser otra persona? No sabía cuánto tiempo tendría Alec para perder durante la noche, pero él no tenía otro remedio que seguirle el juego si no quería acabar metido en un lío del que no iba a salir con la misma facilidad de siempre.

Conjuró un suprasensus no verbal para estar más atento, pues no se sentía ni seguro ni centrado en aquellos momentos y no sabía el tiempo que les llevaría aquella misión sin final alguno.

- ¿Llevas mucho tiempo tras él? – Preguntó fingiendo curiosidad mientras avanzaban subiendo la cuesta del puesto de fruta seca del que instantes antes había hablado.
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Invitado el Lun Mar 20, 2017 11:58 am

Realmente estaba bastante molesto con haberle perdido la pista al tal Bennington, pues precisamente había cogido “el camino largo” de vuelta a su piso precisamente para ver si encontraba a algún traidor y le hacía besar el suelo de aquellos muggles a los que tanto apreciaban. Lo había conseguido, había conseguido, por suerte o casualidad toparse con uno de aquellos que buscaban y estando cerca de cogerlo se había esfumado sin más, entre aquel gentío de muggles. Algo de todo aquello no le encajaba, sin embargo el hecho de, ahora, no encontrarse solo haría más ameno aquello, quizás ya no le encontrara pues aquel intento de mortífago no parecía demasiado avispado. Lo recordaba ligeramente de entre los suyos y del Ministerio, sin embargo no llegaba a recordar su nombre, si es que alguna vez lo supo.

Aquella falta de presteza en el otro le estaba comenzando a irritar, sin embargo pareció arrancar tras conseguir dar con sus primeras palabras, podía entender su nerviosismo ante un mortífago de rango superior, pero aquella ineptitud para salir a cazar y obviar las presas que pasan ante tus narices, aquello sí que le resultaba realmente extraño. – Supones… - susurró aquello mientras seguía escuchando. – Bueno, que todo sea eso. Y si, lo hare si de verdad sirves para algo, así que ahora puede enmendar el error que ha provocado tu cansancio…aunque te recomiendo buscarte escusas mejores si sales de misión con algún otro mortífago, no todos llegan a ser tan indulgentes. – Mas Alec no era de lo indulgentes, sin embargo aquel día no quería lidiar con aquel también, suficiente tenía con toda la carrera que se había llevado para perder de vista al fugado. – Ya veremos… - arrastró aquellas palabras para encantar toda la zona circundante y prevenir que el otro se desapareciera de allí, quizás no lo encontraría, pero no se iría con tanta facilidad.

-Sí, deberías aprender de estas cosas. ¿Te llamabas? – recordaba su cara de haberlo visto, pero realmente no sabía si en alguna ocasión llegó a escuchar su nombre, de ser así seguro que al escucharlo de su boca le vendría a la mente, aunque con lo despistado que parecía dudaba incluso de que llegara a saber su propio nombre…novatos.

Siguió los pasos de su improvisado compañero de caza hacía aquel puesto de fruta seca, eso era lo que el otro había dicho, realmente todo aquello no le acababa de encajar. No había reconocido a Bennington, sin embargo si sabía de que era aquel puesto de comida, además antes de aquel encontronazo parecía estar más atento a aquel escaparate muggle que a buscar a nadie, estaba claro que no le sería sencillo conseguir la marca, no si seguía de aquella manera. Con un ligero golpe de su varita conjuró un Accretio para poder ver más allá de lo que podría hacerlo normalmente, pero de nuevo no encontró ni rastro del fugitivo, esperaba que el otro estuviera en lo cierto, si no tendría que desquitarse con algún otro antes de volver a casa.

- Quizás una hora o menos, no estoy seguro. Desde que salí del metro, eso sí es seguro. – seguían subiendo aquella calle en cuesta mientras los ojos de Alec fisgoneaban todo lo que le rodeaba en busca de indicios del otro. – ¿Estás seguro de que es por aquí no? – Deshizo el conjuro ampliador para volver a posar su mirada en el chico – No me gustaría pasar la noche por la calle, siempre puedo desquitarme con el primer imbécil que pase por delante nuestra e irnos tranquilos si no estás realmente seguro. – Esbozó una sonrisa traviesa, pues realmente tenía ganas de encontrarlo, pero aquello de asestar más de un golpe a base de varita a un estúpido muggle le parecía una idea interesante también, quería volver a casa cuanto antes, volver a casa y quizás conseguir hablar con Ashton.
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Steven D. Bennington el Lun Mar 20, 2017 6:08 pm

Estaba más perdido que un pulpo en un garaje y aquella situación no le gustaba ni lo más mínimo. Estaba frente a su perseguidor como si nada. Estaba frente a la persona que  quería darle caza para bien matarle o bien enviarle a un lugar que resultaba ser peor que la muerte según contaban. Aunque, ¿Quién demonios lo había contado durante años si quien entraba en Azkaban no lograba salir de allí?

Tragó saliva y afirmó con la cabeza en señal de afirmación. No tenía nada más que decir al respecto pues a la más mínima muestra de desacuerdo con aquel hombre sabía que su cabeza acabaría, metafóricamente, clavada en una pica. Y no tenía ganas de aquello. Había estado corriendo y huyendo de él durante demasiado tiempo como para ahora enfadarle cuando ni siquiera mostraba su propia apariencia.

¿Nombre? ¿Un nombre? ¡Eso era demasiado complicado! ¿Qué tipo de nombre podía usar en una situación como aquella? En su cabeza sólo aparecían nombres horribles o nombres de sus conocidos, lo cual le daba la impresión que no era ni de cerca una buena idea.

- Denzel. – Dijo de manera breve recordando cómo se llamaba el marido de Agnes, la mujer con la que ahora Beatrice y él convivían a cambio de tener un lugar donde vivir. – Denzel Headey. – Lo más probable es que si después de aquello Alec decidía buscar a la persona con la que se encontraba aludiendo a su nombre no encontrase nada en absoluto. Aunque estaba seguro que si lo hacía en un buscador de internet como Google acabaría encontrando las facturas telefónicas y multas sin pagar de un tipo que, por suerte o por desgracia, existía y tenía aquel nombre.

Steven comenzó a caminar por la calle que en un principio le había indicado y luego no tenía ni más remota idea de dónde irían a parar. Siguió caminando como si creyese verdaderamente que sus pasos irían a algún lugar en concreto intentando hablar lo menos posible con aquel hombre.

- Salió por aquí pero… Puede haber tomado cualquier camino. Hay muchos locales donde podría haberse escondido al ver que no puede aparecerse. – Tragó saliva nuevamente mirando al hombre, apartando levemente la vista en cuanto sus ojos hicieron contacto. Y es que sentía que en cualquier momento aquella mentira en la que él mismo se había metido podría jugarle una muy mala pasada. – No estoy seguro. – Admitió adelantándose un par de pasos fingiendo que comprobaba que, efectivamente, la persona a la que intentaban dar caza no estaba allí. Y es que estaba más que claro para Steven que no estaba allí, porque se estaba buscando a sí mismo.

No quería ver cómo Alec torturaba a nadie por no dar con él. No quería que lo hiciese pero mucho menos tener que verlo. No quería pensar en las veces que había logrado huir en el último momento de la recién nombrada justicia y lo que aquello habría supuesto para algún muggle que hubiese aparecido en el momento justo donde no debía.

- Deberíamos buscar a otro. O seguir buscando a este. Pero atacar a un muggle puede ser arriesgado ahora mismo. – La calle estaba llena, y Steven elevó sendos brazos señalizando aquello.
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Invitado el Vie Mar 24, 2017 4:43 pm

Había respondido a aquella pregunta estimando el tiempo que le había parecido que levaba a la carrera tras el tal Bennington, sin embargo en ningún momento se había parado a mirar la hora, ni tan siquiera cuando cogió el tren y bajó del mismo. Simplemente había tomado aquel camino para tentar a la suerte, y aquella vez pareció tentarla y esta le recompensó con una presa a la que cazar. No obstante todo aquello había quedado en nada, o al menos eso empezaba a parecerle, pues no tenía de qué hora sería, pero si de que estaba empezando a hartarse de buscar a ese imbécil.

Por más que mirase al que ya había identificado como un mortífago realmente no conseguía recordar su nombre, mas debía haber acertado ya que el otro le había confirmado la información. Sin embargo seguía sin comprender aquel nerviosismo y aquella manera de expresarse ante él, que tipo más raro.  Solo le había preguntado su nombre, con lo distraído que le había dado la impresión de ser ya empezaba a dudar de que ni tan siquiera supiera cómo se llamaba. – Headey... – hizo una pausa al pronunciar en alto aquel apellido, un apellido que realmente no le sonaba para nada. – Denzel Headey. – Comenzó a repetirse aquel nombre en la cabeza, intentando hilar sus recuerdos para ubicarlo, sin embargo no lo conseguía, no podía ubicar a nadie con aquel, horroroso, nombre entre los suyos, pero ahí estaba, delante suya aquel aspirante a mortífago. – La verdad, me sorprende no acordarme. Suelo quedarme con todos los nombre, sobre todo si suenan  tan mal como el tuyo. – Siguió de cerca los pasos del otro…había sido sincero, siempre lo era y no iba a cambiar aquella palabras.

- Ya veo ya, supongo que esta búsqueda esté llegando a su fin, no tengo pretensión de pasar la noche buscando. – Observó como Denzel se adelantaba y observaba los alrededores de la calle. Obviando un callejón que Alec si había visto. Realmente aquel chico era muy despistado, o realmente le estaba tomando el pelo y pretendía ayudar al fugitivo, aunque dudaba que fuera aquella su intención, no habría durado apenas unas horas entre los mortífagos de ser un traidor. – Ya veo, ya… - susurró aquello para soltar después aquella perversa idea que le había venido a la mente, no es que fuese su pasión maltratar a los muggles sin ton ni son, pero aquel día necesitaba desquitarse con alguien y quien mejor que un muggle para ello.

El chico comenzó a hablar y a hacer un gesto con sus brazos, Alec solo escuchó a medias sus palabras, pudiendo llegar a entender que tampoco estaba del todo de acuerdo con la idea de los muggles, estaba claro el por qué no se había ganado la marca tenebrosa aquel despistado. Alec le adelantó sin responderle, reactivando el Suprasensus para comprobar si lo que había oído le daría la oportunidad perfecta para terminar bien aquella noche.

Así fue, nada más cruzar la esquina y entrar en aquella calle secundaria, en aquel callejón mas bien, pues no tenía salida, se encontró a dos muggles que sería perfecto para lo que tenía en mente. – A esto me refería chico, esto podría darte algún punto extra. – volvió a desenfundar su varita, sosteniéndola con fuerza entre sus dedos, esbozando una sonrisa vacía. - ¿Cuál prefieres, al viejo o a la chica? – Alzó la voz, lo suficiente para que el aspirante le escuchara y los otros dos se obligaran a girar la cabeza, sorprendidos. Parecía que acababan de pillar a aquel hombre en medio de un trabajito.

- Mierda…joder ¿No ve que estamos ocupados? – gruñó aquel vejestorio.

- Y-yo…ya esta, debería irme, he acab… - aquella “señorita de compañía” no pudo acabar la frase cuando el anciano la agarró del pelo y volvió a meterle su miembro en la boca.

Alec no podía creerse lo que estaba presenciando, aquel viejo impertinente y aquella prostituta “novata”, una escena que necesitaba ser enmarcada en sangre. Una risa grotesca abandonó su garganta mientras conjuraba un par de hechizo para que nadie fuera del callejón se diese cuenta de aquello y les acabase molestando. Aquel era su momento, la hora de jugar y de ver cómo se las gastaba el otro. – Vamos Denzel ¿No querrás que sea yo el único que se divierta no? – imitó el gesto de un puñetazo para asestarle un Impragortus al anciano, para comenzar a realizar la floritura que precedería a un Fulmen cruciatus, pequeños rayo comenzaron a verse en la punta de su varita mientras aquel hombre se daba cuenta de lo que sucedía, mientras la prostituta seguía unida a su miembro. – ¡Fulmen cruciatus! – rugió aquello, con la idea de que aquella electricidad atacara los cuerpos de ambos, pues estaban en contacto directo, esperando que el chico entrara en acción.

OFF: Dejo lanzado el dado de Iniciativa, y así ya está lanzado. Por cierto ¿¿a cuantos aciertos quieres el duelo??
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Maestro de Dados el Vie Mar 24, 2017 4:43 pm

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Steven D. Bennington el Lun Mar 27, 2017 3:49 pm

Estaba haciendo un verdadero esfuerzo por no mostrar emoción alguna en su rostro, pero si se tratase de un dibujo animado era plenamente consciente que ya se lo hubiese hecho en sus pantalones. En aquel momento sentía autentico pavor de la situación en la que él mismo se había metido, y es que la muerte parecía estar acechando en cada esquina y él había decidido llamar al timbre y gritar desde la escalera a la espera de ser atendido por esta.

Sólo a él se le ocurría no haber huido a la más mínima oportunidad.

Inventó el primer nombre que pudo sacar de la chistera como si de un conejo y un mago se tratase y no pudo evitar volver a tragar sonoramente ante el comentario de Alec. ¡Ah, que nombre tan feo! ¿Cómo no había pensado uno que sonase mejor? No tenía la cabeza sobre los hombros, al menos no metafóricamente y, de no darse prisa, era posible que dejase de tenerla también de una manera literal.

Sus pensamientos tan solo giraban alrededor de la idea de huir de allí, por lo que en ocasiones le costaba más de lo habitual pensar en cómo hilar más de dos palabras. Incluso parecía sorprendente que fuese capaz de hacerlo con el nudo que tanto su estomago como su garganta contenían en aquel momento.

- ¿Pun… Punto extra? – No sabía a qué se refería exactamente pero nada más cruzar al esquina siguiendo a Alec lo comprendió. Allí, a lo lejos, y gracias a la luz de su propia varita ahora alzada lo comprendía. Una pareja se encontraba en mitad del callejón, demasiado entretenida en sus diversiones carnales como para prestar atención a dos hombres que interrumpían lo que estaban haciendo.

No tuvo tiempo de contestar a Alec. Y no fue precisamente porque su mente hubiese reaccionado y en lugar de sacar su varita para iluminar el camino la hubiese usado para lanzar un hechizo certero por la espalda a su acompañante. No. No tuvo tiempo porque el viejo se dio cuenta de lo que sucedía. Por fin, se dio cuenta de que no estaban solos. Y Steven no supo si alegrarse o entristecerse, pues aquello podía suponer un punto de ventaja para que los muggles huyesen o para encender la mecha que lograría prender fuego en forma de reacción por parte de Alec.

- Esto es asqueroso. – Dijo Steven intentando que sus palabras sonaran con más desprecio de lo que jamás lo hubiesen hecho al salir de su boca. Y es que Steven, por regla general a lo largo de su vida, no faltaba al respeto a nadie. Era una persona agradable con todo el mundo indiferente de quiénes fueran, pero él ya no era Steven. Ahora era… Denzel. Sí, un tipo duro que se había ganado su marca tenebrosa a base de golpes. Tan sólo con e problema de no tener un tatuaje bajo la manga como el resto de los suyos.

Un expulso no verbal salió disparado de su varita, impactando en la mujer que aún seguía con la boca pegada al cuerpo de su acompañante, mientras sendos cuerpos vibraban incluso más unidos que antes por la sacudida de corriente que recorría sus cuerpos. Aquel hechizo fue suficiente para lanzar el cuerpo de la mujer a varios metros de distancia, librándose así del miembro del hombre que seguía jugando en el  interior de la boca.

- ¿Vas a matarles? – Preguntó intentando que aquello diese tiempo suficiente a la mujer pasa salir de ahí huyendo. Steven se sentía incapaz de fingir que era un Mortífago atacando a diestra y siniestra. Él se sentía incapaz de comportarse de tal manera. Aquello no estaba hecho para él. – Sería mejor que buscásemos al sangre sucia. Matar a estos dos no servirá a nuestra causa. – La mujer ya se encontraba en pie, conmocionada por lo que había pasado. Miró a ambos hombres e hizo un amago de salir huyendo de allí, pero dad la electricidad que había recibido su cuerpo, nada más intentar andar, cayó de bruces contra el suelo provocando un golpe seco.

- ¡Matadla a ella! – Gritó el anciano señalando a la prostituta, quien intentaba arrastrarse por el suelo incapaz de encontrar las fuerzas para levantarse. – Yo… Yo os seré útil. Yo os ayudaré a enterrar el cadáver y no diré nada. Soy un hombre mayor, no podría hacer nada contra vosotros. – Intentó justificarse, como si así pudiese librarse de su muerte.

Aquello bastó para que Steven sintiese cierta parte de odio en su interior. ¿Cómo alguien podía ser tan rastrero y comportarse de tal manera ante una vida humana?

- Animabilis. – Dijo sin apenas muestra de emoción alguna en su voz. Antes de que el viejo pudiese rechistar, este tomó la forma de un topo que cayó al suelo de golpe.
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Maestro de Dados el Lun Mar 27, 2017 3:49 pm

El miembro 'Steven D. Bennington' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


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Invitado el Mar Abr 11, 2017 1:08 pm

Aquel pensamiento sobre cómo se había escabullido Bennington de aquella manera tan eficaz que no llegaba a entender le había dejado en jaque. Había podido seguirle, pese al gentío de Londres, y no llegaba a comprender como aquel grupo de gente le había sido tan útil como para desaparecer de allí, para hacerse invisible ante sus ojos, ante la mirada de halcón de Alec.

Sin embargo aquellos pensamientos no le llevarían a ninguna parte, y por lo que parecía Denzel tampoco lo haría. Aquel aspirante a mortífago bien podría ser aspirante a maestro panadero, pues más empanado no podría estar. Desde que se había chocado con él ya había podido notar que no parecía el rastreador ms diestro de entre los suyos, menos mal que los mortífagos no aceptaban a los nuevos con tanta facilidad, aquello le reconfortaba.

Sus pasos siguieron a los del aspirante, sus palabras resonaron en sus oídos para luego contestarle, o a veces no, mientras dejaba escapar aquellas preguntas o excusas por su garganta. La vista de Alec ya se había centrado en un nuevo objetivo cuando Denzel insistía en irse de allí o seguir buscando a aquel que llevaba toda la noche persiguiendo. Todas aquellas palabras no sirvieron para frenarlo, para evitar que de su varita aflorasen sendos rayos que provocaron una preciosa vista de aquellos muggles sufriendo frente a sus ojos, suplicando con la mirada que aquello terminara.

- ¿Matarle? No seas estúpido… - arrastró aquellas palabras mientras observaba las consecuencias de los conjuros del chico, un simple expulso que había cortado la conexión entre sus víctimas, aquello no era divertido ni por asomo, aquel muchacho parecía no tener madera para aquello, realmente no parecía querer ser un mortífago con las palabras que le siguieron.

- ¡Tú, a callar! – alzó la varita y conjuró un Palalingua para que aquel viejo mientras observaba al muchacho de arriba abajo, intentando aun ubicar toda aquella información sobre el que le había dado, toda aquella que en gran parte Alec había dado por supuesta, quizás aquel tipo no era quien decía ser y debía averiguarlo. No tardó en ver como el abuelo se transformaba en topo delante de sus ojos, aquello no era divertido, para nada.

- Será mejor que obedezcas y elijas a uno de los dos, será mejor que dejes de lado estos trucos de salón… - dejó las palabras en el aire para revertir el hechizo transformador y devolver a su forma al anciano. Agitano hábilmente la varita para conjurar un Devastier que en aquel momento atravesó su cuerpo, aquellas gruesas raíces que había invocado chocaron contra la pared y lo expusieron como si de su bella flor se tratara aquel hombre que se desangraba por el vientre.

- Y ahora…ella es toda tuya, gánate la marca. – Concluyó aquello con una mirada encendida, moviendo grácilmente su varita para atrapar con una raíz a la chica que intentaba arrastrarse por el cuello y dejándola colgando de la raíz. – Mátala.

PD: Perdona por la espera, he estado enfermo y no he podido postear a nadie >__<
PD2: No te ataco ni nada por que tienes que iniciar tu por que ganaste en el dado de iniciativa eh. Quedamos a 3 toques para ganar cuando empecemos.
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Steven D. Bennington el Vie Abr 21, 2017 4:01 pm

Steven no estaba hecho para una situación como aquella. Pero los tiempos habían cambiado. Ahora era un fugitivo y tenía que luchar por su vida si quería seguir teniendo una. Suficiente hacía día a día ocultándose de personas como Alec, pero en aquella ocasión había sido descubierto y la única salida posible había sido acompañarle en su misión mientras fingía ser uno de los aspirantes a los Mortífagos. O eso era lo que Alec había interpretado al ver su rostro entre la multitud, cuando lo único que Steven intentaba era pasar desapercibido y salir de allí de una sola pieza.

Pero las cosas nunca eran tan fáciles como se pretendía que fueran. Ahora se encontraba frente a dos muggles que, por desgracia, habían elegido el lugar más inoportuno en el peor momento para divertirse en aquella noche. A Steven no le habían agradado por su comportamiento. Tambpoco por las palabras del hombre. Pero no por ello consideraba que mereciese morir o sufrir, como Alec pretendía.

El chico intentó librarse del problema convirtiendo al hombre en un pequeño e inofensivo animal, pero aquello pareció no agradar al Mortífago. Alec esperaba más de él. Que demostrase su valía como Mortífago, algo que Steven no era y que mucho menos aspiraba ser en algún momento de su vida. Él no era ningún carnicero, él era un simple profesor de música cuya vida había dado un giro de ciento ochenta grados sin que él pudiese hacer nada al respecto.

Pudo ver como el hombre recobraba su forma humana ante sus ojos. Pudo ver como las ramas comenzaban a salir del suelo de asfalto y atacaban al hombre. Lo aprisionaban. Lo mataban como si esa no fuese su intención. Steven estaba pálido. Inerte. No reaccionaba. Sus músculos parecían haberse tomado unas merecidas vacaciones Su cerebro se encontraba paralizado, perdido en todas aquellas emociones negativas. Su corazón palpitaba a toda velocidad como si soñase con escapar de su cuerpo de una sacudida violenta. El sudor frío caía por la frente del hombre en el que se había convertido gracias a su metamorfomagia. Y fue esta la que actúo por él. Su pelo recobró su forma habitual y volvió a tornarse al negro en cuestión de segundos. Segundos en los que Steven recuperó parte de su apariencia y también le sirvió para recordar quién era. Para darse cuenta que aquello estaba mal. Que no podía observar y no actúar.

Elevó la varita, tal y cómo Alec indicó. Elevó la varita y dibujó una corta floritura que no desembocó en nada en absoluto. Ningún rayo de luz salió directo hacia la mujer sentenciando su muerte. Nada en absoluto.

Estaba paralizado.

Miró a Alec y volvió la vista a la mujer. Su varita seguía elevada, apuntando sin fuerza a la figura femenina que se arrastraba por el suelo pidiendo ayuda.

- Por favor. – Suplicaba. – Por favor. Déjame ir. – Su voz ahogada. Casi un susurro. Un imposible para alguien que ya había asumido que la muerte estaba a la vuelta de la esquina pero que, aún así, hacía un intento desesperado por aunar fuerzas y salir de allí con vida. – Por favor. – Repitió una vez más.

La varita se alzó. Por tercera vez. Una floritura y esta vez el hechizo salió en dirección a las ramas. Las cuales comenzaron a deshacerse ante sus ojos. Se volteó sin siquiera pensarlo. Pues de haberlo hecho, habría frenado en sus acciones. Elevó la varita y un expulso no verbal salió de su varita en dirección a Alec, intentando así ganar tiempo tanto para él como para la mujer.

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