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Noche sangrienta (Rodolphus Lestrange)

Invitado el Miér Mar 01, 2017 1:53 am

Era muy poco común que alguien viera a Charlotte desarreglada. Usualmente se preocupaba muchísimo de su aspecto físico pues creía que una presentación impecable hablaba bastante bien de una pocionista, sin embargo en ese momento era todo lo contrario a lo que solía representar.

Su cabello estaba cubierto con una redecilla que evitaba que cualquier cabello pudiese caer en un lugar indeseable, sin embargo aún así escapaban algunos entre los agujeros de esta en varias direcciones y, en vez de utilizar una túnica estaba vestida con pantalones y una sudadera bajo el delantal de piel de dragón. Unas finas gotitas cubrían su frente mientras agitaba un caldero una vez y un cuarto en contra del sentido de las agujas del reloj, una a favor y luego otra más en contra.

Las indicaciones decían claramente que el primer giro era solo una vez a favor pero en esta oportunidad estaba experimentando. La verdad es que un quitamanchas era algo que cualquiera podría preparar, sin embargo ella nunca se había sentido demasiado conforme con el resultado pues sabía que existía al menos una forma de hacerlo más poderoso.

Lo descubrió un día en que un alumno preparó una poción que fue capaz de eliminar incluso una antigua mancha de vino sobre un vestido de seda sin siquiera dañar la fibra. Ella era su maestra en el primer año de universidad y había elegido esa poción para probar qué tal iban en la asignatura y si realmente tendrían los dotes necesarios para continuar con la carrera pues, por muy sencilla que resultara, algunos tendían a ponerse nerviosos al considerar la simplicidad y terminaban con una poción capaz de deshilachar una alfombra. Al final descubrió que el alumno en cuestión era realmente torpe así que supuso que todo se debía a un error casual que ahora intentaba descubrir.

La poción había tomado un desagradable color marrón grisáceo mientras que la original a esas alturas era simplemente marrón, sin embargo continuó con la preparación.

Añadió dos huevos de Doxy y la apartó del fuego, secándose la frente con el antebrazo derecho. En su antebrazo izquierdo relucía la marca tenebrosa que llevaba orgullosamente. No le llamaban demasiado la atención los tatuajes, pero ese en cambio indicaba los ideales según los que regía su vida y era tan oscuro y tan vivo que era imposible que algún día se arrepintiera de él por todo lo que significaba.

Se alejó un momento del caldero dispuesta a buscar un atomizador que había dejado en otra mesa cuando la poción empezó a apestar ligeramente y se volvió para descubrir que la poción, en vez de volverse transparente luego de agregar los huevos, se había convertido en una poción negruzca.

- Merlín –exclamó con furia contenida e hizo desaparecer el contenido del caldero con un movimiento de varita mientras desaparecía tras la puerta que daba a su cuarto.

Lanzó la redecilla del cabello a la basura y guardó su ropa de trabajo antes de meterse a la ducha ya que, al fin y al cabo, esperaba a una visita muy particular.

Mientras se preparaba recordaba los mejores momentos como maestra. Extrañaba esos tiempos, el asombrarse de algunos alumnos que sobrepasaban la capacidad intelectual que esperaba de ellos, las discusiones con algunos al finalizar la clase pues habían llegado a importantes revelaciones en ellas (y no en todas concluía que eran idiotas). También extrañaba enseñarles cómo el arte de las pociones no era necesariamente algo difícil o alejado de la magia (como algunos podían pensar) y ver como algunos chicos progresaban de forma paulatina hasta terminar convirtiéndose en alumnos prodigios.

La verdad es que en su carrera se había topado a todo tipo de gente. Algunos que pensaban que sólo bastaba con el talento y olvidaban la pasión. Algunos que creían que sólo se basaba en seguir las reglas y olvidaban improvisar. Algunos que habían elegido esa carrera pensando que sería fácil para descubrir que el más mínimo error podía costarte una mano e incluso uno que sólo había entrado allí porque no sabía que más hacer con su vida, pero que se había vuelto loco al oler los vapores de una poción muy mal preparada.

Terminaba de sujetarse el cabello en una coleta cuando sonó su puerta y se apresuró a abrirla.

- Buenas tardes, señor –le invitó a pasar a su despacho, donde probablemente tendrían una pequeña conversación antes de partir, pero al voltear observó que todo estaba bastante desordenado para sus paráetros, así que conjurando un- bauleo –cada una de las cosas voló a donde correspondía- disculpe el desorden… ya sabe que soy una pocionista experta y es imposible que deje de lado mi pasión.
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Invitado el Lun Mar 06, 2017 8:22 pm

Llevar una escuela no estaba resultando tan difícil después de todo, ya había al menos logrado conquistar el respeto de los alumnos (los que quedaban) a costa de miedo y es que tal parecía ya nadie se atrevía a revelarse por miedo a que le cortasen la lengua o alguna otra parte de su cuerpo. Noah e Iorwerth habían sido muestras vivientes del respeto que debían de tenerle, por lo que el Señor Tenebroso estaba bastante satisfecho de sus logros.

Los alumnos no iban a molestarle a su despacho y él se entendía directamente con los profesores en lugar de ellos. Si bien era cierto, en un principio, parecía haberse quedado sin profesores, pero los suplentes habían comenzado a llegar rápidamente y, quienes seguían, habían comenzado a desempeñar demasiado bien su trabajo, por lo que ser el Director de una escuela de adolescentes hormonales ya no sonaba tan mal, después de todo.

Eso, contando además que alternaba sus obligaciones de Director, perfectamente con sus deberes de mortífago, los cuales no había querido dejar de lado por nada del Mundo. Era así como una de las nuevas profesoras de Hogwarts recientemente se había ganado la marca tenebrosa y Rodolphus sentía plena curiosidad por descubrir su desempeño más allá de las aulas de clase.

Fue así como sus pasos le llevaron directo a las mazmorras, en donde se encontraba el despacho de Chrlotte Lebben, la nueva profesor de Pociones, quien poco había durado en el puesto profesora de Herbología, debido a que su verdadera pasión eran las pociones, cosa que pudo notar desde que puso un pie en las mazmorras y sintió aquel extraño aroma que aún no desaparecía del todo de los pasillos.

Se detuvo frente a la puerta e inspiró profundamente, intentando reconocer aquel aroma, pero ninguna asociación le llegó a la cabeza, así que simplemente ya se decidió a golpear la puerta y esperar a que la bruja abriera.

—Buenas tardes.

Respondió el saludo, sintiéndose un poco extraño de ser llamado “señor” a secas. Generalmente cuando le llamaban de esa manera iba acompañado de su apellido, y a decir verdad, la gran mayoría de las personas en el Castillo le llamaban por su nombre y es que prácticamente todos los profesores en Hogwarts eran mayores que él, incluyendo Charlotte.

—Puedo notarlo —asintió cuando ella mencionó que no podía dejar de lado las pociones y se disculpó arreglando el desorden —. Puedo ver también que fue una muy buena opción ponerla a usted en el puesto de Pociones, aquella es una clase que requiere de dedicación. Nuestra otra opción era Iorwerth Cosmas, él desempeñó un muy buen trabajo como maestro de la asignatura, según tengo entendido, pero a mi me pega mucho más enseñando Artes Oscuras. Creo que le da el toque —sonrió —. Por cierto Charlotte, sé que soy el Director y todo lo que quieras, pero creo que ya es hora que comencemos a tutearnos, al menos mientras hablamos entre nosotros. Ya sabes, somos colegas aquí, también compañeros de causa y, lamentablemente, dudo que seas más joven que yo.

Su mano se posó entonces sobre la mesa de trabajo de la profesora y comenzó a curiosear entre los pequeños artefactos que tenía a mano, aunque tratándolos con cuidados, ya que no era su intención incordiar a la americana.

—¿Tienes alguna duda respeto a la misión?
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Invitado el Mar Mar 07, 2017 3:51 am

Ella sonrió con suficiencia cuando este le dijo que era una buena opción que ella fuese maestra de pociones. Él por supuesto debía saber que su currículo contaba con mayor experiencia en esa área y sin duda había aprovechado el momento idóneo para hacerse con el puesto, incluso antes de haber realizado siquiera una primera clase de herbología y concordaba en que Iorwerth Cosmas daba el pego en artes oscuras, había escuchado varios comentarios al respecto y le parecían fenomenales, especialmente aquel donde le había lanzado un bombarda a un alumno incluso antes de que establecieran el correcto orden en el mundo mágico. Por lo visto era un hombre de armas tomar y sin duda era bastante agradable verle por los pasillos, a la hora de las comidas o en la sala de profesores.

También se sentía agradecida de que este le pidiese que se tuteasen ya que, al fin y al cabo, era Rodolphus Lestrange, alguien de confianza para el gran Lord Oscuro, proveniente de una familia de gran importancia y además esposo de un Black, casi la realeza para sus círculos, sin embargo este logró arruinar todo su comentario al decirle que, aparentemente, era mayor que él. ¿En serio? Dudaba seriamente el verse tan mayor pues sólo eran unos cuantos años de diferencia, sin embargo por respeto no dijo nada, simplemente frunció los labios y se sentó en el borde del escritorio en el que este curioseaba.

Le miraba de arriba abajo mientras este investigaba sus cosas, tomando algunos de sus implementos antes de volver a dejarlos en su sitio con cuidado. Ciertamente como un hombre de su casta este inspiraba poder e incluso podía parecer un hombre más grande de lo que era, pero mirándolo fijamente podía notar que en sus ojos aún no aparecía ningún tipo de línea de expresión además del ceño que era mínimamente notorio. Para él podría llegar a ser fácil pasar como alguien inocente, sin embargo estaba bastante segura de que en realidad era alguien de quién cuidarse, alguien a quién no podía fallar.

Para esa noche se le había encomendado una misión aunque no le habían dado demasiados detalles, sólo le habían dicho que era un rastreo de un disidente (alguien que ya había tomado la marca y ahora pretendía desentenderse) y que Lestrange (Rodolphus, se corrigió mentalmente) sería el encargado de entregar órdenes.

- La verdad… no se me ha entregado demasiada información al respecto. Sólo sé que es alguien que traicionó la confianza de nuestro señor y que debemos detenerle antes de que intente cambiar su vida por información. Alguien peligroso para nuestros ideales y sólo por eso es que entiendo que debemos deshacernos de él antes de que él intente deshacernos de nosotros.

Pegó su labio inferior al superior, formando así una línea donde aún se podía adivinar la carnosidad de su boca antes de hacer una mueca hastiada.

- No lo entiendo, señ… Rodolphus. –se corrigió, puesto que él seguía siendo prácticamente un general mientras ella a penas estaba en el rango de peón- ¿Qué podría llevar a que alguien quiera desentenderse cuando justo en este momento el mundo mágico inglés por fin está funcionando como debería? Bueno… tontos hay en todas partes –sonrió y se levantó de su posición, tomando una túnica larga con capucha que utilizaba para ocultar perfectamente su cabello rubio, el que podía distinguirse demasiado rápidamente si no era precavida- Lo importante es detenerlo… y que se arrepienta durante cada segundo antes de su muerte de haber intentado abandonarnos –sonrió de medio lado, la adrenalina ya comenzaba a circular por su cuerpo, estimulándole gratamente pues sabía que esa noche sería algo que disfrutaría bastante.

Con la túnica colgando del brazo se paró junto a Rodolphus, esperando para ver si este agregaría algo más o si simplemente saldrían para iniciar la cacería.
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Invitado el Mar Mar 07, 2017 11:54 pm

No, no es que Charlotte se viese precisamente mayor, o tal vez sí, quien sabe. Su aspecto físico —aún a pesar de que era muy guapa, era lo que menos le interesaba—. Él simplemente ya se había acostumbrado a ser el menor y si acaso se había enterado ya de un par de años de experiencia de la mujer en el área, pues no era demasiado difícil seguirlo suponiendo. Pero Rodolphus no notó aquella molestia, ni tampoco el como ella le examinaba de pies a cabeza, mientras revisaba sus instrumentos, puesto a que éstos habían acaparado gran parte de su atención.

Sonrió al escuchar lo que la mujer le comentaba respecto a la misión en la que estaban a punto de adentrarse y levantó una de las redomas para chequearlas a contraluz. Sí, estaba revisando si acaso estaban limpias y es que de paso también estaba haciendo un pequeño chequeo de la bruja como la buena y dedicada pocionista que ella se declaraba ser.

—En verdad… no hay mucha información que pueda hacernos daño a estas alturas ¿no es así? —preguntó mirándola —. Muchos de nosotros ya ni siquiera ocultamos nuestro rostro detrás de la máscara. El Profeta está bajo nuestro control, también el Ministerio, entonces… ¿qué nos importa que entregue información?

Dejó la redoma de cristal en el mismo lugar en el que estaba y se apoyó contra el escritorio para mirarla detenidamente. Le agradaba observar a las personas cuando pensaban, especialmente a las mujeres y es que solían ser mucho más expresivas que los hombres y además interesantes.

—La verdad no nos interesa —rió brevemente —, pero no podemos permitir que nos metan el dedo en la boca así como así. Los desertores merecen ser castigados, hablen o no, y claro, no faltan aquellos que se hacen los listillos diciendo que si no les dejamos tranquilos hablaran. Quizás esto ha confundido un poco la información que te ha llegado.

Dejó caer su peso sobre sus manos aún apoyadas en el escritorio, pero al ver como la bruja tomaba su túnica, ya listándose para marchar directo hacia la acción, abandonó el apoyo de sus manos y se paró correctamente, como el verdadero caballero que debía ser. Se sacudió las manos y se detuvo frente a ella, sin hacer amago alguno de acercarse a la puerta.

—Hay aún algunos cobardes que creen que Dumbledore es el mago más grande de todos los tiempos y que dicen que al no haber sido atrapado, volverá en cualquier momento y nos destrozará a todos.

Rió con un poco de sorna y rodó los ojos, mientras se ajustaba las mangas de su túnica, para luego ofrecer su brazo a la rubia, como si la invitase a caminar junto con él.

—Se supone que no podemos aparecernos desde Hogwarts, pero como Director tengo ciertos privilegios.

Le sonrió y esperó a que la bruja posara su mano sobre su brazo, para desaparecer juntos desde el mismo despacho de ésta, volviendo a materializarse en los alrededores del Valle de Godric y no precisamente en el mismo pueblo y es que ahí —lamentablemente— vivían tanto magos como muggles.

—Siempre me ha desagrado este lugar… “Valle de Godric”, como si el gran Godric Gryffindor hubiese hecho demasiadas buenas cosas por la comunidad mágica —frunció ligeramente el ceño y regresó su brazo a una posición más natural, mientras se echaba a caminar en dirección al pueblo —¿Dónde vivías tú antes de llegar a Hogwarts? A decir verdad, no es mucho lo que sé de ti, salvo tus dotes con el caldero y que vienes de los Estados Unidos.
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Invitado el Jue Mar 09, 2017 5:36 am

Obviamente Rodolphus no podría encontrar ni la más mínima muestra de suciedad en sus redomas además de las huellas que él mismo estaba dejando. Cualquier pocionista medianamente competente sabía que la contaminación cruzada era algo que separaba una buena poción de un veneno. Incluso el profeta se encargaba de poner anuncios ocasionalmente con frases como “un caldero limpio previene intoxicaciones” a petición de San Mungo (en su mayoría) o de empresas de productos de limpieza.

Su sonrisa le llamó la atención, por lo que lo observó detenidamente. Por los comentarios que le habían llegado de él en ningún momento había supuesto que podría ser un hombre de sonrisa fácil así que le había pillado ligeramente desprevenida, sin embargo sus palabras le hicieron notar que, hasta cierto punto, se reía de ella.

- Aún existen ciertos idiotas que creen en la anarquía del anterior mandato y que podrán derrotarnos si acaso obtienen información “de primera fuente” –contestó alzando los hombros- es sólo que parecen no tener demasiado claro que nuestra información está parcializada y que son muy pocos los que realmente importan… y ya sabes que mientras más ignorante es una persona, tiene mayor tendencia a pensar que son dueños de la verdad. –volvió a alzar los hombros.

Ella al menos tenía claro que en ese momento era sólo una más… y la verdad no le molestaba esa posición mientras pudiera dar rienda suelta a sus deseos más sádicos porque la verdad es que incluso estaba emocionada de que le dieran el honor de castigar a alguien más. Usualmente prefería torturar a cualquier tipo de inmundos (ya fueran sangre sucias o muggles), sin embargo esto no era muy distinto si se miraba desde el lente correcto pues él tenía razón. No podían permitir la traición y debían demostrar el poder del liderazgo que llevaban.

Sus palabras sobre Dumbledore simplemente reafirmaron su lógica sobre el anarquismo (pues consideraba que cualquiera que quisiera darles más derechos a los inferiores era simplemente un anarquista), así que simplemente rodó los ojos ante sus palabras pues dudaba que realmente el viejo pudiera hacer demasiado cuando el mundo mágico estaba en tan buenas manos como ahora. La gente importante no tardaría en verlo (si acaso no lo habían hecho ya).

Observó que él le tendía su brazo y se acercó para poder sujetarle pues era lo que sus modales indicaban, sin embargo le sonrió de vuelta al descubrir cuál era su motivo principal, preparándose inconscientemente para la desagradable sensación de la aparición conjunta.

El primer aviso de que ya habían llegado a su destino fue la desaparición de la opresión que sentía prácticamente al mismo tiempo que el suelo se posó bajo sus pies. Se soltó con delicadeza del brazo de Rodolphus para ponerse su capa, cubriendo su cabello y parte de su frente con la capucha.

A pesar de llevar varios años en Inglaterra, la verdad no conocía más que lo básico acerca de los fundadores así que no tenía idea de a qué venía el fundamento de él al hablar, pero no quiso preguntárselo en ese momento pues prefería prepararse para lo que venía, así que caminó con él sin sorprenderse de que este en algún momento quisiera saber más de una de las profesoras que tenía en su colegio.

- La verdad no encontrarás información sobre mi vida en América tampoco –le guiñó un ojo cómplice, aunque no estaba segura de que él lo hubiese visto- huí de Estados Unidos y me establecí en Londres, en un barrio plagado de muggles pero cercano al Callejón Diagon. No me costó encontrar trabajo como mezcladora de pociones y estaba feliz con eso hasta que cometí un error que me hizo pasar una temporada en el mejor hotel mágico de Gran Bretaña: Azkaban –comentó con ironía- por fuerte no fue algo grande, así que no tuve tiempo de acostumbrarme a sus comodidades antes de salir. Aún así esa experiencia me cambió. Aunque pude recuperar mi casa y mi trabajo, necesitaba rodearme de más magos y brujas cuerdos y por ello solicité la plaza en Hogwarts en cuanto se dio la oportunidad… además me encantaba hacer clases en la universidad donde estudié, así que fue algo prácticamente natural. –alzó los hombros, sabiendo que había comentado más de lo que él había preguntado- ¿Y tú? ¿Crees que haya algo que me quieras contar sobre ti además de lo que ya me he enterado a través de la comunidad mágica que vale la pena?
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Invitado el Dom Mar 19, 2017 3:11 am

Se explicó un poco mejor respecto a esa supuesta filtración de información que podría haber y el como podía afectar realmente a los mortífagos en esos momentos. A criterio de Rodolphus, cualquier amenaza contra el nuevo gobierno le parecía bastante estúpida. Él confiaba plenamente en que para esos momentos ya no podrían ser derrocados y, si algún día ocurría, él tampoco se volvería a esconder.

—Eso es cierto —le concedió la razón —. Es gente que cree que aún puede ir a pedir ayuda al Ministerio o que El Profeta publicará sus verdades —sonrió —. Curiosamente, El Profeta está de nuestra parte desde incluso antes de hacernos con el poder.

Tendió entonces su brazo a Charles para poder desaparecer desde el mismo despacho de la bruja en dirección al famoso Valle de Godric, hogar de aquellos magos que disfrutaban de mezclarse con muggles, por lo que Rodolphus no tardó en expresar su malestar respecto a aquella zona del Reino Unido y en preguntarle un poco más de su vida personal.

Le extrañó enterarse de que no encontraría información respecto a su vida en América, aunque luego lo pensó dos veces y ya no le extrañó tanto. Muchos de los miembros pertenecientes a los mortífagos tenían un pasado más bien oscuro, que habían intentado esconder con el paso de los años. Él mismo, aún cuando no hubiese estado en Azkaban, ni hubiese sido juzgado por ningún delito, llevaba una especie de doble vida, mostrando por un lado al correctísimo empleado del Ministerio que era hasta antes del cambio de Gobierno. Podía apostar que muchas personas habrían podido poner incluso las manos al fuego por él, antes de la caída de Lena Milkovich.

Ambos comenzaron a caminar en dirección al poblado, y es que al ser mitad mágico y mitad muggle, no se podían llegar y aparecer en el medio de la calle a esas horas del día, lo cual nuevamente le recordaba cuando odiaba ir al Valle de Godric.

—¿Yo? —preguntó antes de sonreír —Mi vida solía tener muchos secretos, ya no más. Imagino que no queda mucho muy importante que decir respecto a mi; mortífago orgulloso, mano derecha del Señor Tenebroso, nuevo Director de Hogwarts… algo cruel, sí, pero sólo lo justo y lo necesario —rió brevemente —. Me casé bastante joven, apenas salido de Hogwarts, por acuerdos familiares los cuales respeto profundamente y es que creo que no podría haber tenido mejor esposa que Bellatrix. Nos complementamos bastante, compartimos los mismos objetivos y ambos estamos claros con que no queremos hijos aún.

Por supuesto, no dijo nada de amor, y es que tampoco era secreto que no existía amor en los matrimonios arreglados, pero sí tenían camaradería y una muy buena por lo que se podía ver. De hecho, incluso habían alcanzado a ser “novios”, entre comillas, y es que comenzaron a salir par hacerse a la idea cuando supieron que casarse por la preservación de la pureza de la sangre, y los Sagrados Veintiocho sería lo justo y lo necesario.

—Como mortífago puedo decirte que los sangre sucia llegan a darme asco, que disfruto haciéndolos sufrir y creo que acabar con la vida de una persona con rapidez es prácticamente hacerles un favor. Eso prefiero dejarlo para duelos grupales, cuando realmente no hay tiempo para jugar con la comida.

Sonrió y se metió las manos a los bolsillos, mientras caminaba, ya comenzando a internarse en el pueblo, entremezclándose con gente a la que inevitablemente miraba con un poco de molestia, como si realmente quisiera que nadie le tocara ni siquiera una prenda de su impoluta vestimenta.

—Espero no te preñes tan rápido como tu antecesora, la verdad sería una malísima broma —le miró y entonces le surgió una nueva duda —¿Estás sola aquí en el Reino Unido? ¿Dejaste atrás una familia? ¿Hijos, marido?
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Invitado el Dom Mar 19, 2017 8:47 am

También había notado que en el profeta se daban cuenta poco a poco y con anterioridad que el orden que ellos habían impuesto era lo mejor para el mundo mágico, así que asintió a sus palabras y zanjaron el tema junto con la desaparición. No tenían nada que temer pues no hacían nada malo en realidad, y todo el mundo sabía del refrán que rezaba “se mata a la perra y se acaba la leva”, que era lo que ella utilizaba para justificar las bajas que debían producirse en pos de un futuro mejor.

Cuando él le preguntó de su vida consideró necesario nombrar también su estadía en Azkaban pues era algo que ellos deberían conocer y dudaba que consideraran algo malo el estar encerrada sólo porque buscaba mejorar cada día más en el mundo de las pociones, pues al fin y al cabo su encierro había sido por ese motivo, pero en realidad le interesaba saber más de él pues, al fin y al cabo, era su jefe y alguien a quién admiraba (aunque no se lo dijera).

Le iba mirando mientras caminaba, por eso le volvió a llamar la atención su sonrisa. En alguien como Rodolphus Lestrange no esperaba encontrar esos pequeños gestos pues, de cierta manera, no le consideraba un humano tradicional, sin embargo estaban allí demostrándole que para ser poderoso no era necesario ser una fuerza sobrenatural, simplemente tener dotes de liderazgo y estrategia como bien sabía que Rodolphus tenía, cosas que confirmaba ahora que le escuchaba hablar cada vez más.

Sabía ya de la mayoría de las cosas que él comentaba sobre si mismo, sobre su posición actual en este nuevo régimen y sobre su matrimonio con Bellatrix Black pues, al fin y al cabo, había estudiado la genealogía mágica de Inglaterra, sin embargo no esperaba encontrarle hablando así de su mujer. No sonaba como un hombre enamorado, tampoco como un hombre asqueado, sino como alguien que había encontrado una compañera que, como el mismo decía, le era un complemento. También sabía de la importancia de Bellatrix y no le extrañaba que dos personas así encontraran una forma de hacer ese matrimonio más llevadero pues familias tan nobles, puras y antiquísimas como los Black o los Lestrange no concertarían un matrimonio si no supieran de antemano que los beneficios serían mayores. Aún así no le envidaba, gozaba bastante con su libertad.

Escondió la risita que no pudo evitar cuando este dijo que le daban asco los sangre sucias pues estaban metiéndose de lleno en un poblado atestado de muggles, pero sus siguientes palabras le hicieron alzar la mirada hacia él de nuevo y asentir fervientemente mientras caminaba tranquilamente, sabiendo que la gente tendería a evitarlos por su propia cuenta.

Iba a hacer un comentario, cuando este agregó otro que le hizo mirarle como si la hubiera ofendido.

- Agradezco tu preocupación, pero no planeo tener hijos si no es necesario –comentó secamente- ya sé que sería un desperdicio el no utilizar mi útero cuando también soy una sangre pura que podría traer a un bebé digno de pisar este mundo… pero me siento bien así como estoy, desarrollándome como profesional y como persona sin necesidad de un crío que venga a robarme mi tiempo y energía –agregó, sólo en caso de ser necesario- Por eso te agradará saber que sí estoy sola aquí y a la única familia que dejé atrás fue a mis padres, quienes se sentirían orgullosos de mi marca pues también seguían ideales similares a los del Lord Oscuro –se acercó a Rodolphus hasta que sus brazos se chocaron, pero era únicamente para hacerle el quite a un muggle descuidado por lo que volvió a tomar su espacio personal muy pronto- Viví toda mi vida en Nueva York, donde las familias puras éramos bastante pocas en comparación a estos inmundos que traían bebés sangre sucia –miró a su alrededor con asco- , tal vez por ello estoy un poco más acostumbrada a moverme entre ellos incluso cuando los desprecio. Mi padre me instruyó bien, pues decía que debías conocer las debilidades de tus oponentes y me enseñó el arte de “jugar con la comida” pues concordamos en que no hacemos ningún favor al darles la oportunidad de morir rápidamente, es necesario que primero aprendan la lección… y ya sabes que me gusta enseñar –le sonrió y torció a la derecha, siguiéndole por un callejón menos transitado.
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Invitado el Mar Mar 28, 2017 3:28 am

No pudo evitar soltar una carcajada cuando la mujer señaló casi ofendida que no deseaba traer hijos al Mundo si es que no ere necesario. Le entendía perfectamente, él no estaba muy a favor de los hijos tampoco, al menos no aún y no en un buen tiempo, pues aún tenía demasiadas cosas que hacer con su vida como para estarse preocupando de un crío a quien, por cierto, dudaba criar del mismo modo que como podía leerlo en ciertos libros o historias ¿A quién podía engañar? Rodolphus absolutamente no tenía pasta de padre y si acaso llegaba a tener a crío a cuestas, éste iba a terminar siendo criado por elfos domésticos, lo cual no tenía nada de malo, pues en gran parte él también se había criado así.

—Pues no había pensado en eso de la preservación de la sangre, pero ahora que lo dices, sí, sería un desperdicio que no tuvieses hijos, aun cuando te comprendo a la perfección —sonrió divertido —. Verás, Bellatrix y yo tenemos claro que aún no, pero quizás a eso de los treinta, tal vez, imagino que volveremos a hablarlo una vez más y puede que sí o puede que no, no es algo que me preocupe por ahora.

Se hizo hacia un costado, cuando vio que Charlotte se quedó sin espacio a causa de un muggle irrespetuoso y no pudo evitar fruncir un poco el ceño, como si le ayudase a sentir su dolor, y es que muchas veces, Rodolphus miraba a los muggles como si acaso éstos tuviesen alguna enfermedad contagiosa de la cual no se quisiese enfermar.

—Así que una asesina instruida por su propio padre, interesante —le sonrió —. Eso será digno de ver, después de todo, los más ancianos saben mucho más que los novatos —dijo antes de detenerse y dirigir su mirada hacia el frente —. Creo que hemos llegado.

Apenas habían dejado atrás ese callejón menos transitado por el que había ingresado Charles, y esté les había llevado directamente a una callejuela a través de la cual ya se podía ver la puerta de la casa en cuestión.

Rodolphus miró hacia ambos de la calle y sacó su varita, aprovechando que aún tenían un poco de oscuridad a su favor, ya que así podía controlar al menos un poco el que ningún muggle los viese usar magia.

Repello muggletum.

De su varita pareció salir una especie de vapor que rápidamente se hizo invisible y se extendió varios metros alrededor como una especie de brisa suave. Unos cuantos metros mas allá, por la calle aledaña se acercaba una familia muggle, pero ésta se detuvo al toque inmediato del hechizo, mientras el jefe de familia recibía una llamada de uno de esos aparatos a los que todos vivían pegados y tuvo que regresarse a casa, seguido de su familia.

El Lestrange miró a Charlotte y le dedicó un movimiento de cabeza, para indicarle que le siguiera y así, juntos cruzaron la calle y se detuvieron frente a una gruesa puerta de roble, que de seguro no echaban abajo ni con la patada de un maestro Kung Fú.

Homenum Reveliovolvió a murmurar —. Está adentro.

El momento había llegado y el mortífago se giró a mirar a la profesora, pues ya venía siendo ahora de que la profesora Lebben demostrase su valía.
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Invitado el Miér Abr 05, 2017 7:06 am

¿En serio se estaba riendo de ella? Quería suponer que no, pero no podía evitar pensar de que así era, aunque sus dudas quedaron emborronadas cuando este simplemente concordó con ella.

- Ustedes son un matrimonio joven y, según tu mismo has dicho, bien avenido. Es comprensible que quieran esperar antes de dar un paso tan importante cuando actualmente los dos son personas de gran relevancia en el mundo mágico. Con todo el trabajo que han de tener, un hijo en este momento no suena como una idea maravillosa, sino que como todo lo contrario.

Siguieron con la caminata y el intercambio ligero de preguntas y respuestas, aunque supo que de sólo mencionar a su padre ahora la presión sería mayor. Claro, ellos solían jugar con muggles, no con magos, así que en realidad no estaba del todo familiarizada con el arte de la defensa en batalla, sin embargo se sentía confiada, al fin y al cabo tenía a uno de los mortífagos más importantes a su lado que se había ganado su posición a pulso.

Habían llegado. No pudo evitar sentir que su estómago se encogía de forma agradable ante la expectación, especialmente cuando Rodolphus anunció que el hombre estaba dentro.

- Alohomora –susurró apuntando a la cerradura, sin embargo la puerta no se movió. Tipo listo, debía haber cerrado con magia. Bueno, tenía que intentarlo al menos- si no pudimos hacer una entrada sorpresa… hagámoslo explotar. Devasto –dijo, apuntando a la puerta, la que estalló en miles de trozos. Le hubiese gustado lanzar una de esas risas enloquecidas que solían lanzar los malos de las radionovelas que escuchaba de pequeña para añadir más dramatismo, pero no era algo que naciera de ella así que sonaría como una muy mala actuación si acaso lo intentaba, por eso simplemente entró en el cuarto pisando las esquirlas sin cuidado, asombrándose de lo relajante que podía ser el sonido.

Caminó hasta el salón con la varita en alto, sin detenerse a comprobar si acaso Rodolphus le seguía o si acaso había ido a otro cuarto, Considerando el tamaño de la casona, el disidente podía estar en cualquier parte así que no le extrañaba nada el no encontrarlo frente a la televisión, aunque la loza sucia que encontró en la cocina indicaba que el hombre ya había tomado el té.

Un ruido proveniente de afuera le hizo correr hasta la puerta, aunque sólo se encontró con que este tenía un perro que escarbaba el patio como si fuese su única misión en la vida. Bien, que siguiera así, podría ser que usaran el mismo agujero para enterrar al hombre. Vivo, de ser posible.

Salió de la cocina para reunirse con Rodolphus y confirmarle que no le había hallado, así que se apresuró a subir las escaleras. Iba por el sexto peldaño cuando esta se transformó en un tobogán que le hizo trastabillar. Si no fuera porque logró sujetarse fuertemente del barandal, le hubiese hecho caer de panza al suelo y deslizare al primer piso de forma muy poco respetable.

- Finite incantatem –conjuró mientras señalaba a la escalera, la que volvió a su forma normal y ahora si pudo subirlas, rogando por no encontrarse con otra sorpresa.

Un ruido llamó su atención desde una de las puertas al final del ala que visitaban. ¿Tal vez una distracción? Considerando lo que había encontrado, no le extrañaría pero aún así decidió seguirlo encontrándose nuevamente con unas escaleras. Inició el ascenso con calma, rogando porque no hubiera otro glisseo que le hiciera caer de panza y deslizarse de forma bastante poco decorosa, hasta llegar al desván, el que tal vez por la prisa no se había preocupado de cerrar.

- ¡Aquí estás! –le gritó para sorprenderlo y también para hacerle saber a Rodolphus dónde se encontraba, sin embargo un hechizo pasó rozándole el brazo produciéndole un muy desagradable corte que había atravesado túnica y piel- ¿Así que tienes ganas de jugar? Deberías saber que a los gatos nos encanta jugar con los ratones –le contestó, de pronto con muy buen humor.

Sus latidos se habían disparado hasta hacerle sentir cada pulsación en sus oídos, la adrenalina corría con fuerza esta vez y, gracias a la estela que el hechizo había dejado, podía saber donde este se encontraba.

- ¡Reducto! –conjuró en dirección al mago, aunque sin fortuna pues este logró esquivarlo y el hechizo fue a parar a un armario en la parte posterior del desván, el que explotó haciendo que los trozos de tela cayeran como confeti de colores.

- ¡Expulso! –Oyó que gritaba la rata disidente, así que rápidamente conjuró un- protego –para defenderse.
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