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Charitable volunteer [Priv. Clementine Boot J.]

Laith Gauthier el Dom Mar 05, 2017 9:10 pm

Había días como ese que simplemente se levantaba motivado. No debían pasar de las nueve de la mañana cuando ya estaba buscando lo más nomaj que tenía para salir de casa, luego de haber hecho una llamada a uno de los lugares a los que frecuentaba ir a hacer voluntariado. A veces terminaba muy hastiado del mundo mágico, especialmente aquel tiempo en que todo parecía estar bañado en odio, así que aprovechó su día libre del trabajo para poder escaparse un poco de la magia y convivir entre los nomaj como hacía usualmente. De fondo sonando Simon Curtis, incluso arreglarse parecía una pequeña fiesta privada y personal.

Luego de un nutritivo desayuno de fideos instantáneos salió de casa con rumbo a un asilo de ancianos. La varita guardada en un bolsillo oculto del pantalón donde pudiera acceder a ella fácilmente en caso de peligro, los audífonos por lo alto que apenas escuchaba el mundo a su alrededor. Pensó que al terminar ahí podría ir a otro sitio, quizá un orfanato o a ayudar a pasear los perros de una perrera. O a limpiar, que por algún motivo siempre terminaba limpiando nada más veía algo sucio, una agotadora manía tenía que decirlo.

And if I hit rock bottom, I’m gonna smile and dance with every step I take. Go, tell everyone under the sun: I’m on my way —siguió el ritmo de la música mientras caminaba, con una mano en el bolsillo mientras miraba a su alrededor buscando no perderse, que le sucedía con relativa frecuencia. A veces los otros transeúntes se le quedaban mirando, pero en realidad Laith estaba acostumbrado a hacer el tonto por la calle, así que tampoco es que le importase demasiado.

Al final llegó a aquel lugar donde empezaría su día, a pocos minutos de las diez y cuarto. Luego de saludar a las encargadas, le dieron una lista de cosas por hacer, la primera de ellas decidió saltársela por el bien de todos: ayudar a preparar la comida. No quería envenenar a los pobres ancianos, así que iba a dejar a gente más capacitada que él para hacer eso, pasando a la segunda de sus tareas. Había guardado sus audífonos, pues muchos de los mayores hablaban en tonos bajos que no escuchaba.

Él se divertía en las causas así, sin importar lo deprimente que pareciera para muchos. Si conseguía darles un par de horas agradables con su buen ánimo, habría cumplido su objetivo diario. Su día no estaba hecho si no conseguía que al menos una persona sonriese por su causa. Debió pasar quizá media hora o lo que quedaba para las once cuando se le pidió que empezara a llevar a los ancianos que le habían pedido cuidar al comedor, cosa que hizo de buena gana, de vez en cuando bromeando con las personas que necesitaban un apoyo físico para caminar o directamente para avanzar.

Una vez hecho esto, su día tampoco estaba hecho sin otra cosa: Laith era sumamente torpe. No importaba el cuidado que intentara ponerle a las cosas, llevando un plato hacia las mesas sus manos de mantequilla acabaron resbalando el plato hasta que se chocó contra el suelo, derramando su contenido y por supuesto frustrándolo. Pero con enojarse no conseguía nada, acabando por reír. — ¿Alguien sabe dónde encuentro algo para limpiar esto? —preguntó, levantando el plato que al ser de plástico no se había roto, pero sí derramado todo su contenido.
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Clementine Boot el Jue Mar 09, 2017 3:06 am

Abrió sus ojos antes de que el primer rayo de sol interrumpiera en la ventana de su habitación, estaban en ese periodo del año en que la nieve comenzaba a derretirse y el frío se intentaba colar a la casa por cada grieta que encontrase libre. Miró el reloj que apuntaba las cinco de la mañana , suspiró frustrada comprobando que una vez más había despertado antes del sonido del despertador. Odiaba dormir así, intranquila. Y desde que regreso de India todos los días habían sido así, intranquilos.

Se acurró con las mantas y cobertores, provocando que dicho accionar despertará las quejas de Hola, ¿Cómo estás? Y muy bien, sus tres gatos. Pero que no tardaron ni tres segundos en volver a acomodarse y volver a ronronear dichosos.

Se quedó con la vista perdida y cubierta por el cobertor hasta las orejas hasta que su despertador sonó indicando que eran las nueve de la mañana. Aún no se acostumbraba al cambio de horario, desde que tenía esas impuestas vacaciones en Honeydukes, estaba acostumbrada a madrugar , pero ahora tenía un tiempo libre sin fin.  Lo agradecería enormemente si es que estuvieran pasando por un buen momento, pero el Mundo Mágico estaba patas para arriba. Desapariciones, muertes, miedo, violencia y persecuciones eran pan de cada día.

No fue hasta la segunda semana después del viaje que recordó que ella podía abiertamente ir hacia el mundo muggle, y desde allí que sus días mejoraron un poco más, desde aquel momento hasta ahora ha ido a marchas, talleres, ayudas comunitarias, grupos de debate y carnavales de arte. Les pidió a sus hermosos amigos magos que le consiguieran un traslador hacia Londres no mágico,  ella prepara su bolso extensible donde guarda a “Julieta”, su bicicleta roja y transporte favorito.

El día de hoy era de ayudas comunitarias; sus lugares preferidos era ir a visitar a los hogares de menores, y el de ancianos. Y hoy tocaba el hogar de ancianos de West St, lo que más ama es que les entrega todo su cariño haciendo una de las cosas que adora… cocinar. Llevaba tan sólo una semana en aquel lugar y ya conoce los nombres de casi todos los funcionarios estables, y los adorables-y algunos no tanto- ancianos, siendo conocida por todos como la reina de los bollos de los kanelbullar.

El día de hoy habían escogido como temática “especial sopas”, en dónde podrían escoger si querían de carne, verduras, o cremas. Encargándose ella de la elaboración de la sopa de verduras, receta heredada de su adorable madre.

Ya había terminado de cocinar y las mesas de los ancianos ya estaban comenzando hacer servidas, por lo que se sacó su delantal lo colgó en la manilla de la puerta y salió al comedor para ir a hablar con un grupo de alguna mesa.

Vio al anciano Ralph, que si su mente no le fallaba era el presidente del taller de baile cubano, era un hombre que no podías pasar más de dos minutos sin estallar en carcajadas, a pesar de prontamente cumplir los ochenta mantenía su júbilo intacto, iría donde él y quizás de paso termine aprendiendo un baile nuevo.  Pero su camino se vio interrumpido por una mini explosión de una sopa de carne,  mentalmente Clementine sonrió, es que nunca le ha gustado ese ejemplar de sopa.

Miró como todos miraban al chico que se le había caído el plato y de pronto el salón quedo en silencio, soltó una pequeña risa por la reacción y palabras del chico.- ¡Alegría, alegría!.- gritó con una enorme sonrisa, aplaudiendo con sus manos y mirando a todos.-  Hay suficiente sopa para cuatro repeticiones así que aquí no ha pasado nada.- bromeó logrando que la mayoría de los ancianos-hasta los más gruñones- sonrieran. Luego miró al chico.- Yo lo sé.- exclamó levantando su mano derecha con una enorme sonrisa.- Procura que nadie se resbale con eso, yo iré en busca de un trapero. Vuelvo en menos de que digas Bilbbering Humdinger - agregó cariñosa, mientras iba a paso rápido hacia la sala de limpieza, sacó de ella un trapo y un secador de piso.

- Voila.- dijo con cierto tono cantarín mientras le mostraba el trapero que tenía en sus manos.- Clementine Boot, un gusto.- dijo colocando todas las cosas a un lado, para que su brazo libre extendiera su mano a modo de saludo.- El primer día que llegué bote 10 de esos platos en el día, lo que quiero decir es que no te preocupes, son unos platos algo…traviesos.- dijo soltando una pequeña risa.
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Laith Gauthier el Jue Mar 09, 2017 4:32 am

Iba siendo un buen día, hablando con los ancianos sobre si les gustaba más un tipo de sopa o de la otra, para así poco a poco irles sirviendo sus platos con la sopa que les gustaba. Admiraba mucho a la gente a la que se le daba bien cocinar, porque él era un asco, el aroma cuando iba y venía a tomar y dejar los platos era delicioso. No estaba perdiendo mucho tiempo, apenas y se había quemado un poco al derramársele algo de la sopa en la mano al caminar, aunque no era la gran cosa para él.

Lo que sí se volvió un problema fue en cuanto se le resbaló uno de los platos. Estuvo un par de segundos víctima de su frustración, pero entonces se dio cuenta que era tonto siquiera considerar enfadarse, acabando por reír. Sentía todas las miradas de la gente, levantando el plato sin estresarse mucho. Otra chica soltó una risa seguida de la suya y pronto el ambiente se había vuelto a relajar. No era una pérdida muy grande un plato, tendrían que verlo de esa manera, pensando en ir a algún sitio a buscar algo para limpiar.

Sonrió cuando le dijo que ella lo iría a buscar, y para hacer la broma decidió hacer lo que le invitó a decir, aunque tenía razón. No pudo decirlo realmente, no sin equivocarse bastante, y ella ya había vuelto antes de que lo consiguiera. — Ah, tenías razón —le dijo con una sonrisa, tomando el trapero. — Muchas gracias, yo soy Laith Gauthier, el gusto es mío —le indicó, estrechando su mano para comenzar a limpiar sin mucha preocupación. Ella intentó calmarlo, le parecía una joven muy agradable. — Gracias por decirlo, me hace sentir mejor que no son mis manos de mantequilla, los platos son unos pillos —se quejó agradablemente.

Levantó los trozos de carne sólidos que pudo para limpiar el líquido sin problemas, esmerándose y yendo a la zona trasera para enjuagar el trapero en su balde, tirar la carne y lavar el plato. Cuando regresó, secándose las manos en el pantalón, oyó cómo una mujer lo llamó. Era una de las que había llevado al comedor, su nombre si no se equivocaba era Evangeline, una florista a la que le llamó la atención su tatuaje y le pidió mostrárselo a una amiga suya y al anciano Ralph. No le costaba llevarse bien con los ancianos, y lo cierto era que se trataba de una práctica entretenida.

Él, como buen bailador, se llevó fácilmente bien con el anciano, hablando sobre distintos tipos de ritmo y en particular el cubano, siéndole dicho que él era el presidente del club de baile. Conversaron un poco, con las señoras intentando convencerlo de salir con la nieta de una de ellas. A Laith le divertía más que nada, así que intentaba seguirles el juego diciéndoles que no sería un buen partido y cosas por el estilo. Luego les dejó ya que la conversación los distraía de comer.

Decidió acercarse a Clementine de nuevo. — Por un momento creí que se me iban a tirar encima a ponerme en la hoguera por haber desperdiciado comida, me salvaste —exageró con un tono de dramatismo, ya que ella fue quien les hizo saber que un plato no era una perdida significante. — ¿Trabajas aquí de planta o también vienes por voluntariado? ¿O eres una criminal obligada a hacer servicio comunitario? —se animó a bromear un poco con ella, ya que parecía tener un sentido del humor bastante bueno, sin esperar ofender a nadie. Alguna vez le sucedió haber conocido a alguien que hacía servicio comunitario por obligación.
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Clementine Boot el Sáb Mar 18, 2017 6:34 pm

Era feliz haciendo esas cosas, ya que por unos instantes olvidaba todo lo que estaba pasando en el Mundo mágico, logrando sonreír de verdad, de la forma más sincera y radiante. Una vez había leído que lo peor que uno puede hacer en momento difíciles era quedarse estacando, sin hacer nada. Es por eso que ella había decidido ocupar la mayoría de su tiempo libro haciendo cosas, y mejor aún si esas cosas ayudaban a otro ser.

Aquel día se encontraba en el Hogar de ancianos, allí se encargaba del sector de cocina dónde aquel día se había empeñado en cocinar el mejor ejemplar de sopa de verduras que hayan probado antes, cortesía de su madre claro está, persona que según Clementine era la mejor cocinera del mundo entero y sus constelaciones.

Ya había acabado su labor y pretendía ir a hablar con los ancianos del hogar, pero su camino se vio interrumpido cuando a un chico se le cayó un plato al suelo generando un silencio sepulcral en todo el comedor. Ella simplemente se rió y dijo unas palabras para calmar el ambiente, es que ya estaba acostumbrada a esas cosas, la torpeza también era parte de su diario vivir, si no fuera por sus amigos magos hace mucho tiempo ya que su florero favorito estaría hecho mil pedazos.

Fue en  busca de un trapero y secador para ayudar al chico a limpiar aquello, y de paso presentarse para poder conocerlo mejor, no lo había visto antes en el Hogar, y para Clementine siempre era un buen día para conocer a gente nueva.

- Que alegría verte por aquí Laith.- le dijo mientras le apretaba cariñosamente su mano sin perder jamás la sonrisa de su rostro.- No hay de qué, le gusta hacer travesuras y escaparse de las manos, aunque entre nos…- le comenzó a decir para acercarse a él y llevarse la mano a la boca a modo de secreto.- Cuando un plato no les gusta tienden a hacerlo más…- agregó en broma para luego terminar riendo.

Observó que el chico lograba sin problemas tratar aquel asunto, por lo que cuando este se dirigió a la cocina, siguió caminando hacía su primer destino; el abuelo y excelente bailarín Ralph.- ¿Qué tal está el almuerzo? ¿Hoy me he ganado mi clase de baile?.- preguntó sonriente al legar a la mesa de un grupo de ancianos que al ver a la castaña mostraron su dentadura y achinaron sus ojos alegres.- Querida Clementine ¡todo estaba delicioso!.- le contesto Ralph que sin dudarlo se levantó de su silla jovialmente para darle un fuerte abrazo.- Siempre es un gusto volver a verte, ven siéntate junto a nosotros, y ya más tarde te daré la clase prometida.- le dijo mientras le guiñaba el ojo.

Se sentó junto al resto y comenzó a ponerse al día, apenas había pasado dos días desde su última visita, pero la gente se equivocaba al pensar que la vida en un Hogar de ancianos era aburrida, todos estaban viviendo la última etapa de su vida, no tenían nada que perder vivían cada segundo como si fuera el último, y tanto los cotilleos como travesuras eran miles. Estaba en ello, cuando Margarite, una abuela de baja estatura y cabello totalmente blanco sentada unas mesas más allá la llamó vigorosamente, Clem  disculpándose con los demás fue hacia ella, resultando que quería saber imperiosamente la receta de aquella sopa para poder enseñársela a su hija en su próxima visita, y cómo ella siempre ha pensado que las recetas son para compartirlas comenzó a enseñársela paso a paso, hasta que minutos más tarde una voz recientemente conocida volvió a sonar junto a ella.

Se despidió de Margarite, para ir junto al chico.- La comida es todo un tema para ellos, no te mentiré.- rió, pero es ¿para quién la comida no es un tema? Pensó para sus adentros, si es tan delicioso comer.- Pero son un amor, jamás harían algo semejante, aunque cuídate de August….- le dijo mientras señalaba disimuladamente a un anciano que se encontraba en un rincón con el ceño profundamente fruncido.- Cuando se enoja con algo o alguien le da por dar bastonazos.- le dijo con una mueca de lado divertida.

De pronto su rostro se puso totalmente serio.- Estoy redimiendo todas mis faltas, era una asaltadora de bancos profesional, mi alias era Rainbow shoot, asaltaba con ropa multicolor y jamás fallaba un tiro…por eso el nombre.- dijo totalmente seria, mientras se encogía de hombros.- Pero estos seres me han enseñado que puedo ser una mejor persona.- terminó por decir suspirando, pero luego levantó su vista y una enorme sonrisa apareció por su rostro convirtiéndose luego en una estridente risa.- Broma, soy voluntaria hace ya un par de semanas, vengo casi todos los días ¿y tú?.- le pregunto curiosa, en eso miró hacia el exterior y antes de que el chico le respondiera agregó.- ¿te gustaría ir a hablar a los jardines? Es que hoy el día esta maravilloso.-
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Laith Gauthier el Dom Mar 19, 2017 2:24 am

Su error al dejar resbalar el plato fue rápidamente enmendado con la ayuda de Clementine, tanto con el ambiente que ella se esmeró en volver a destensar y el haberle dado algo para limpiar. Casi brillaba con luz propia y eso era maravilloso, el buen ambiente del lugar lo ayudaba fácilmente a olvidarse de los problemas de los que venía escapando. Además de que tanto los ancianos como los cuidadores se habían esmerado en hacerlo sentir bienvenido, un gesto de amabilidad que se daba a agradecer.

Ah, entonces puedo ir a dejar las cosas de nuevo, no creo que se caigan más platos ya… Si saben tan bien como huelen, no tengo dudas de que van a gustarles —le sonrió también. Lo cierto es que el aroma era delicioso, la persona que lo hubiese preparado tenía que ser bastante experimentada y a él le generaba un poco de envidia. Alguien a quien hasta la sopa instantánea a veces le quedaba cruda o un pan se le tostaba hasta quemarse.

Fue agradable el rato conversando con los ancianos, aunque no se podía quedar mucho tiempo con algunos que se distraían tanto con la conversación que se olvidaban por completo de comer. Disfrutó particularmente que el par de ancianas que lo halagaron hasta el hartazgo intentando emparejarlo con sus nietas e hijas; a veces una buena dosis de ego no estaba mal, siempre que no se le subiera a la cabeza.

Decidió conversar un poco con Clementine una vez que había pasado por todos los ancianos que tomaban su almuerzo; ella era una chica agradable por lo que podía llegar a notar, atreviéndose incluso a bromear con ella acerca del problema con la comida que se le había derramado antes de mirar al anciano que le había mencionado tendía a pegar con el bastón cuando era molestado, haciendo una nota mental por si le tocaba trabajar con August. Luego prosiguió a hablarle de su tiro, demostrando completa atención mientras la observaba, sin poderse creer que esa amable chica pudiera haber sido una asaltadora profesional. No le cuadraba.

Te llamaré si de pronto necesito asaltar un banco, la economía actualmente no trata bien a nadie —se atrevió a tomarlo como una broma a pesar de la seriedad de su rostro. Él a veces también había bromeado así, y pronto le puso en evidencia que en realidad no era cierto. Iba a contestarle, aunque ella lo interrumpió invitándolo a los jardines, asintiendo y caminando al exterior con ella tras haber dado un vistazo a los ancianos que tomaban su almuerzo. — Yo a veces hago voluntariado también, aunque el trabajo no me deja mucho tiempo, hago mi intento —le dijo una vez fuera, — parece que conoces muy bien a los ancianos, ¿verdad?

En el rostro del rubio se enmarcó una sonrisa amplia y cálida, pues era un tema de conversación que, aunque muchos pudieran considerar algo absurdos, para gente como él, y como Clementine también se atrevía a decir, eran de lo más interesantes. Él había dedicado en aquel tiempo especial cuidado en cada uno de ellos, escuchaba sus historias y se interesaba en lo que tuvieran que decirle. Lo sentía mucho por las personas que no se daban un minuto de su tiempo en oír las anécdotas más variopintas de los ancianos, todo tipo de historias.

Por ejemplo… Dorothy es genial, ¿sabes? Antes era organizadora de eventos e hizo algunos de los más reconocidos en Londres —le comentó la primera anciana que se le vino a la mente. También había otros con historias asombrosas, algunos más exageraban y otros eran humildes hasta decir basta. Pero siempre había una historia detrás de cada arruga y a veces sus voces eran tan suaves que si te distraías ya no te enterabas de nada. — Me parece maravilloso que te guste tanto pasar tiempo con ellos —admite, halagándola porque él pensaba que se lo merecía.

Cualquier persona que dedicase su tiempo a las personas que lo requerían eran, para él, personas invaluables, las que más merecían ser reconocidas en lugar de las personas cuyos méritos eran sacados mediante la ambición. Una mano desinteresada valía mucho más. Recordó su idea de ir a otro sitio a ayudar luego de acabar con el asilo, que aún seguía muy presente en su mente.
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Clementine Boot el Dom Abr 23, 2017 6:13 pm

Una de las cosas de por qué disfrutaba tanto ayudar en hogares de ancianos era porque  fuera como fuera ese día se iría con al menos un recuerdo alegre hacia su casa. Y eso, en el tiempo que se encontraba y en aquel mundo tan desconocido para todos ellos estaba resultando muy escaso. Cada vez que se quedaba un día en su hogar, sentía  una angustia tremenda. Es que ella simplemente no servía para estar encerrada, o más que a aquello prefería ella poder escoger aquella elección. Pero había aceptado y entendía que por su condición de sangre lo mejor era quedarse en casa. Pero  cuando sus hermosos, fantásticos e incomparables amigos magos lograron generarle un mecanismo que la llevara enseguida a Londres no mágico  fue la vida,  una especie de  vía de escape, ese respiro que necesitaba.
Y el día de hoy aquel mágico lugar (porque sí en el mundo muggle sí existe la magia) le había llevado a su vida a Laith , un joven muy simpático y de dedos resbaladizos.  ¡Que maravilla de día! Pensó para sus adentros, ya que había; cocinado su sopa preferida, ganado un baile con Ralph, conocido a Laith, y el sol parecía querer volver a pisar las frías calles de Londres. ¡Y eran tan sólo las doce del día!, suspiró feliz.

Lo invito hacía los jardines del hogar, es que si el sol aparecía se podría ver en todo su esplendor los Narcisos que con tanto cariño cuida la señora Lorna (una de las mejores jardineras que ha conocido Clementina en su vida). - ¿En que trabajas?.- preguntó curiosa, además de admirada. Eran muy pocas las personas que a pesar de tener un trabajo demandante le dedicaban tiempo a un otro que precisamente no fueran sus seres queridos.

- No sé si lo mucho que me gustaría poder conocerlos, pero bastante. Es que te das cuenta que allá adentro hay años de innumerables  historias. Es increíble, podría estar horas y horas sólo escuchándolos.- le confeso, soltando una tintineante risa.- Y una diosa entre el sector masculino, pase tres días completos escuchando sus historias amorosas. Fue mejor que cualquier serie de netflix.- bromeó divertida. Dorothy era máxima, es de esas mujeres que brillan con luz propia o algo así. - Si un día puedes, pídele que te cuente la historia de “James el pirata”.- le dijo entre risas al recordar aquel relato. Quizás más de las cosas fueran sumamente adornadas por la cabeza de esa bella mujer, pero sea como sea Dorothy era una narradora de historias que ya no quedan, de esas que te hacía vivir todo como si uno lo hubiera visto en primera fila.

- Lo mismo para ti Laith.- le dijo con una cálida sonrisa al escuchar sus palabras. Siempre era agradable toparse con personas que como aquel chico que tenía enfrente te hacían ver al  mundo un poco más multicolor.

Observó como el chico comenzaba a mirar hacia dentro por si necesitaban más de su ayuda, ella ya había cumplido su principal tarea que era el cocinar, que ella se quedase tiempo después era más que nada por gusto personal. Por eso se detendría  al menos unos quince minutos para disfrutar y sentir el leve calor que emanaba el sol de inicios de primavera. Pero lo que no sabía si él podía hacer lo mismo.- ¿Debes seguir con tus tareas dentro?.- le preguntó curiosa, no quería detenerlo si es que él debía aportar en algo más.- Si es así, antes de que te vayas ¿te podría hacer  una pregunta? ¿Prefieres las aves o los peces?.- le preguntó curiosa mientras lo miraba con ojos risueños.

Encontrar el sentido de esa pregunta era algo que sólo las personas que la conocen profundamente podrían llegar a saber, y que seguramente si uno les llegase a preguntar el por qué responderían algo como; “Oh, es que es Clementine. Como  te hizo esa pregunta, también pudo haber sido ¿prefieres los zapatos o las manzanas?”  Mientras se encogen de hombros  y se van con una enorme sonrisa.


Offrol: Mil, mil, pero mil perdones por la demora, nunca más , i´m promise <3
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Laith Gauthier el Dom Abr 23, 2017 11:35 pm

Su día había sido mejor de lo que había esperado, conocer gente nueva siempre era maravilloso y más cuando tenían esa capacidad de emocionarse por las cosas más simples de la vida. Eran eternos niños que sólo crecían sus cuerpos, una cosa muy curiosa que, al final, dejaba a las personas poner huella en las demás, como si nadie ni nada fuera capaz de arruinar su buen ánimo. Laith siempre intentaba ser así, aunque a veces era víctima de las circunstancias, el mal humor no era para él, y la seriedad tampoco lo era tanto.

En los jardines hacía algo de sol, cuando aún el clima no era muy bueno, pero era agradable poder estar un segundo olvidándose de lo agitada que era su existencia y sólo dedicarse a existir. No pudo evitar comentar que dedicarse a los demás en forma de voluntariado le gustaba, pero el trabajo no era precisamente un hobbie muy recurrente, aunque siempre trataba de ir al menos un par de veces a la semana.

Soy médico —le sonrió sin que aquello le supusiera un problema. Siempre había pensado que no era mentira, formado en las ramas médicas de la magia y el mundo nomaj, aunque trabajaba sólo en lo primero. De forma reconocida, al menos. — ¿Tú estás trabajando? —le regresó la pregunta sin muchos problemas, aceptando si ella no quería responder a su pregunta o si no tenía un trabajo fijo.

Empezaron a hablar un poco acerca de los ancianos que vivían en esa casa, cómo todas las historias que tenían para contar no siempre eran escuchadas con la atención que merecían. Pero ellos dos parecía que tenían la misma necesidad extraña de querer escucharlos, sin que aquello fuera una obligación sino un verdadero honor. Tocaron el tema particular de una mujer en particular, haciéndolo reír en cuanto ella mencionó su historial amoroso.

Me aseguraré de preguntárselo… Además, creo que podría darme algunos consejos amorosos si dices que era toda una diosa —bromeó un poco guiñándole uno de sus ojos, soltando un poco de aire a modo de risa mientras se quedaba pensando un momento en aquellas historias que nunca había escuchado. Algunas le había dicho, pero muchas otras se las reservaba hasta que alguien se lo preguntaba, o bien la conversación fluía más que bastante bien.

Tras intercambiar un par de halagos y sonrisas, Laith comenzó a interesarse en el interior de nuevo. Esperaba a que terminaran de comer para ayudarlos a salir del comedor a los que lo necesitaran, y el gesto no había pasado desapercibido por Clementine, mirándola con una sonrisa hasta que le hizo una pregunta que le supo un poco extraña, decidiendo responder por orden de cuestión.

Sólo ayudaré a ir a la sala de estar o a sus habitaciones a los que tengan líos para moverse y me han dicho que llegaría un reemplazo… De hecho, pensaba ir a un refugio para animales después —le comentó, encogiéndose de hombros. Siempre era agradable, podría coger algunos y pasearlos por la calle, eso le daría paseo y ayuda al mismo tiempo. — Y prefiero las aves —aquello, aunque podría parecer simple, no lo era, no para el rubio.

Era quizá hasta un poco lamentable su elección sin pensar, pues la había hecho pensando en un ave en particular. En un cuervo que había escapado de él, el motivo de un tatuaje en su pecho. Pero volvió a sonreír animadamente, disfrutando del momento y sin cuestionar por la pregunta, ella tendría sus propios motivos para haberla formulado como él al responderla.

¿Te apetece acompañarme al refugio? Sacaré a pasear los perros, así me ayudarías saco yo veinte y tú otros veinte —eso podía sonar como broma pero no lo era tanto. Sólo le faltaba una tarea para poder terminar, según recordaba de su lista, y lo que faltara lo haría la persona que llegase después de él.
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Clementine Boot el Vie Mayo 05, 2017 11:54 pm

Adoraba los jardines, donde se encontrase siempre era una de las segundas cosas que iba a ver, porque la primera era sin excepción la cocina. Pero es que entre las innumerables cosas que le hacían sacar sonrisas a Clementine las plantas, flores y cocinar definitivamente lideraban su lista. Y qué mejor de aparte de poder disfrutar de ambas cosas aquel día sumarle la grata compañía del joven Laith.  Respiró profundamente, como intentando guardar este agradable momento para la posterioridad o para ser más específico para cuando volviera a su hogar y al ver por su ventana todo siguiera igual o peor de cómo estaba al salir.

Lo miró sonriente y sorprendida, siempre había encontrado aquella profesión muy hermosa, muy altruista, más que mal los médicos o los sanadores como les llamaban en el mundo mágico dedicaban todas sus horas de trabajos a salvar o cuidar vidas. – A los quince pensé por unos segundos ser médica ¿sabes? Pero luego recordé que no soportó ver la sangre sin que todo me de vueltas y lo olvidé. Pero siempre le he encontrado una muy bella profesión.- le admitió sonriente, hasta que esa misma sonrisa se volvió en una mueca de lado.- Pues, digamos que estoy en una especie de ¿vacaciones?.- no sabía muy bien  qué palabras ocupar para no tener que llegar a contar que vivía en un mundo mágico en dónde un mago tenebroso había tomado el poder y personas como ellas no eran muy queridas ni bien vistas.- Las cosas no andan del todo bien en el trabajo, pero tengo la fe que todo mejorara. Trabajo en un tienda de dulces, pero independientemente ahora hago cuadros, o tejo a pedido. Así que si alguna vez quieres algo de esas dos cosas no dudes en pedirme. Tengo mi tienda online.- terminó por decir guiñándole un ojo.  El último tiempo había tenido que ingeniárselas para seguir ganando dinero, pero a decir verdad más que por eso, dibujar o tejer le ayudaban a desestresarse, a olvidar aunque sea por un par de horas todo lo que la rodeaba.

Luego toda su atención volvió a estar en el extraordinario mundo que te ofrecían los ancianos del hogar, muchas veces había salido con las ganas de escribir algún libro de todas las aventuras que le contaban, y quizás un día de estos más temprano que tarde aceptaría el desafío de sentarse frente a su notbook y comenzar a escribir, nunca se había dado ese espacio y nunca es tarde para comenzar a hacerlo ¿no?.

- Pídeselos, te sorprenderá con sus historias y de seguro tiene más de un par de consejos para darte. – le incitó, es que Dorothy realmente era un diosa, y una aventurera profesional.

El día estaba hermoso, y cuándo vio a Laith volver a disponer su marcha al interior se planteó la duda si realmente quería entrar al igual que él tan pronto, en vez de quedarse unos minutos más de la agradable combinación del viento y el sol sobre su piel. Y el aroma, era surreal, entre jazmines y lirios, una delicia.

- ¿Refugio de animales?.- preguntó curiosa volviendo a dirigir su mirada hacia el chico. – Yo también voy a uno, quizás vayamos al mismo y no nos hemos topado antes.- le dijo divertida.

Sonrió cariñosamente tras escuchar su respuesta ante su pregunta, sin dejar pasar el hecho de que había sentido un deje de nostalgia en su voz. Pero debía admitir para sus adentros, que a pesar de haberlo conocido hace muy poco tiempo algo ya le había dicho que aquella sería su respuesta, en su imaginación veía al chico más en los aires que en el mundo acuático.

Arrugó su nariz pensativa, la verdad no tenía otro compromiso para aquella tarde y la idea de seguir hablando con Laith junto a miles de adorables perros le atraía enormemente, así que sonriente volvió a poner de pie y llegar junto al chico.- Me encantaría acompañarte al refugio, cuanta conmigo feliz.- le dijo sonriente.

Cuando ya estuvieron dentro Clementine miró hacia todos lados, buscando a un anciano en particular.- Mientras ayudes a algunos a llegar a su habitación, iré en busca de Ralph que me había olvidado de una clase de baile que me había prometido.- dijo risueña.- ¿Nos vemos en media hora a las afueras?.- le preguntó sonriente.- Aunque si terminas antes, únete a la clase hoy nos iba a tocar Salsa.- dijo mordiéndose el labio animadamente, sus ojos ganaron un brillo travieso y sin perder su sonrisa fue haciendo movimientos pequeños pero con ritmo hacia donde se encontraba aquel anciano.

Bailar aún era de las cosas que no se le daba del todo bien, pero algo le decía que las clases de Ralph era mágicas, esperaba que sus sospechas fueran ciertas.
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Laith Gauthier el Dom Mayo 07, 2017 8:41 pm

No pudo evitar reírse cuando ella le dijo que a los quince tuvo intención de estudiar medicina, aunque mucha gente no estaba hecha para ver la sangre en cantidades. Otros tantos no tenían madera ni paciencia para tratar con gente, además de que se requería mucha determinación por ser una carrera relativamente difícil. Él, personalmente, la encontraba la mejor carrera que se le pudo haber ocurrido estudiar, y por ello le daba un poco de pena que ella no hubiese podido estudiarla a pesar de que la consideraba bella.

Cuando ella le dijo que las cosas estaban mal en su trabajo, no pudo evitar que una pequeña semilla de “quizás” se depositara en su cerebro. En el mundo mágico las cosas estaban siendo un asco, con el constante escape de las personas que trabajaban dignamente y ahora eran perseguidos por su sangre. Mas se quitó la idea de la cabeza, esperando que no fuese el caso de Clementine y que aquel no fuera un encuentro mágico pintado de nomaj como recientemente le había sucedido en más de una ocasión.

Deberías pasarme después el dato de tu tienda online para ver tus diseños, quizá te pida algo —le sonrió. Si bien no tendía usar cosas tejidas, bien podría usarlo como un regalo con el único propósito de ayudarla un poco económicamente si estaba pasando un mal momento.

La charla sobre los ancianos de aquel hogar era muy amena, le agradaba mucho que hubiese gente tan llena de vida dentro de las instalaciones que no se desanimaban por nada. Si bien algunos ya tenían problemas achacados a la edad, se encontraba con miles de historias escondidas entre las arrugas, como las que Clementine le había sugerido preguntar y que apostaba iban a ser de las mejores que hubiese escuchado en mucho tiempo.

Probablemente, a veces creo que el mundo es un lugar demasiado pequeño —le sonrió con algo de gracia, aunque estaba hablando en serio. De cualquier manera, respondió con honestidad en cuanto ella le preguntó una cuestión un poco curiosa, sin tener que pensarlo demasiado a una respuesta que estaba dada desde antes que se formulara la pregunta. Pudo haber pensado en muchos motivos para responder lo mismo, pero al final no pudo evitar que un poco de pesar se impregnara en su voz.

Le dedicó una sonrisa cálida cuando ella aceptó su idea de acompañarlo al refugio más tarde, en cuanto él terminara sus cosas. Decidieron dejar los jardines luego de una última mirada complacida con el precioso día que estaba haciendo, oyendo con atención a la mujer en cuanto le dijo lo que iba a hacer en el trascurso de tiempo que él debería tardar en ayudar a regresar a su habitación a los ancianos que no pudiesen por sí mismos, asintiendo un par de veces con la cabeza convencido con verse en media hora fuera del lugar.

¿Salsa? Intentaré estar ahí —le sonrió animadamente, pues él era bueno bailando y se divertiría viendo aquella clase de baile. Ella se alejó rítmicamente hasta donde Ralph se encontraba mientras él buscaba su camino a la cocina, esperando a que terminaran de comer para comenzar a movilizarlos, sin hacerles sentir presionados.

Su tarea era un poco repetitiva, el ir y venir a y de las habitaciones para la cocina y viceversa, aunque en ocasiones los ancianos lo detenían a conversar un poco, por lo que lo que podría ser una tarea de veinte minutos se alargó tanto que incluso pasó el tiempo acordado para verse en el exterior con Clementine. De la media hora que habían dicho, al sanador se le pasaron cuarenta y cinco minutos, aunque esperaba que Clementine comprendiese sus motivos y no se enfadara por hacerlo esperar un poco.

Mientras salía del edificio se iba acomodando la chaqueta, al mismo tiempo que miraba su teléfono celular al que habían llegado algunos mensajes, nada urgente. Afuera ya debería estar ella y no le costó mucho tiempo encontrársela, sonriendo con un pequeño deje de inquietud por el retraso.

Siento haber tardado más de la cuenta —se disculpó, — creo que sabes lo difícil que es explicarle a un anciano que tienes que irte —le comentó exhalando un poco de aire. Lo mataba la idea de decirles que tenía que marcharse y ellos lo interpretaran como un “tengo cosas más importantes que hacer”, que no era en lo absoluto la intención, pero era mejor prestarles suficiente atención como para evitar ese posible y equivocado pensamiento.

Cuando todo lo tuvo listo, sólo se tocó la manga derecha, asegurándose discretamente de que la varita no se le había caído en el ajetreo, aunque estaba en su sitio sin haberse movido ni un poco. Invitó a la chica a caminar en dirección al refugio de animales, todavía acicalándose un poco en el camino al acomodar su cabello con sus dedos.
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Clementine Boot el Jue Mayo 18, 2017 9:02 pm

Su tarea en el hogar de ancianos había llegado a su fin, pero Clementine siempre se quedaba más de la cuenta más que nada por gusto propio, se quedaba hablando con algunos ancianos, tejiendo o pintando con algunos, leyéndole  libros, o simplemente sentarse en la banca del jardín a contemplar la belleza que disponía la naturaleza. Pero este día era más especial que cualquiera porque tenía nueva compañía, y conocer a alguien siempre era un evento muy importante para la squib, quién amaba el contacto con cualquier ser.

- ¿Tienes Facebook? Ahí podrás encontrarme como “Cozy multicolored”, podrás ver mis trabajos tanto de tejido como de pintura. Si no te anoto el email, o mi móvil y te mando fotografías.- le comentó sonriente. Es verdad que últimamente al no trabajar en Honey necesitaba un poco más de dinero, pero la verdad todo aquello de la tienda lo hacía más que nada porque pintar o tejer le ayudaban a desconectarse por unos momentos de la realidad. Realizar cualquier de aquellas actividades, al igual que cocinar le hacían sentir que aún era posible entregar un poco de amor a otro ser humano o ser (porque también realizaba tejidos a animales), y en este último tiempo sentía una increíble necesidad de asegurarse de que aún en tiempos de guerra la comunión era posible.

Por más que le hubiera gustado seguir toda la tarde observando las flores y sintiendo su adorable aroma colarse por su nariz, el tiempo seguía avanzando y junto a ellos los deberes. Ya que por más que ella había terminado sus tareas dentro del hogar, a Laith aún le faltaban un par de deberes. Y recordando las clases de baile prometidas por Ralph decidió despedirse al menos en aquella oportunidad del jardín y acompañar al chico nuevamente al interior.

Con la promesa de volver a encontrarse en media hora más se despidieron tomando rumbos distintos dentro del mismo hogar. Clementine dando pequeño saltos al más estilo bambi se dirigió hacia donde Ralph, y estuvo junto a él bailando un poco de salsa ¡Dios, como se movía! Ella quien jamás había bailando aquel estilo, se sentía la diosa de las pistas siendo la acompañante de Ralph, tenía el sabor en la sangre y podía manejar y movilizar a su pareja con total maestría. Fue maravilloso, hace mucho que no se reía hasta que las mejillas le dolieran.

Llegó a la entrada pero no había rastro de Laith, le preguntó a uno de los encargados y le dijo que se encontraba aún con algunos ancianos, y ella quien ya llevaba un par de semanas yendo al hogar sabía muy bien que muchos veces unos se pasaba del tiempo acordado, más que nada porque los ancianos te atrapaban con sus historias, o pedidos y negarse a aquellos – al menos  para ella- era imposible, y algo le decía que el chico era de los suyos , al menos en ese aspecto.

Pero no perdió el tiempo, fue nuevamente a la cocina no sin antes dejar un mensaje en portería por si veían al chico, y sin darse cuenta ya se encontraba cocinando un par de queques para la once. De vez en cuando salía preguntando por Laith para luego seguir cocinando. Al terminar sacó un par de trozos para el chico y ella, y se dispuso a esperarlo en la entrada.

En cuanto lo vio aparecer sonrió.- No te preocupes, mientras te esperaba me puso a cocinar jiji.- le comentó risueña, para luego tenderle el trozo que había sacado para él.- He sacado un trozo de queque de vainilla para los dos, aún está algo caliente. Así recobramos un poco de fuerzas para estar con otros regalones.- comentó cariñosa. Es que habían seres más tiernos que los perros, o animales en general la verdad, al menos ella creía que no. Si no había tenido un perro hasta el momento era más que nada por el dinero y espacio. Ya tenía tres gatos y con los últimos acontecimientos le estaba siendo muy difícil llevar bien las cuentas.

- ¿Qué signo eres Laith?.- le preguntó mirándolo curiosa mientras sacaba un poco de su queque para llevárselo a la boca. Es que sí, Clementine era de esas personas que creía en las estrellas y sus alineaciones. Y lo más seguro que si hubiera llegado a Hogwarts sus asignaturas favoritas serían Herbología, Criaturas mágicas y Adivinación.
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Laith Gauthier el Vie Mayo 19, 2017 10:26 am

“Cozy multicolored”, anotado —se dio un par de golpecitos con el dedo índice en la sien para hacer ver que su mente era su block de notas. Se jactaba de una buena memoria para las cosas importantes, así que no iba a olvidarlo. — ¿También haces pinturas? Eso suena muy interesante, estoy buscando algunas para redecorar un poco —le comentó, sonriéndole. Él podría hacerlos, después de todo tenía en su cuerpo la prueba de que se le daba hacer ilustraciones, aunque gracias a la carencia de tiempo no tenía oportunidad de hacer un verdadero cuadro. Apenas y dibujaba en un cuaderno cuando iba en el metro.

Él pronto había tenido que regresar a la cocina para ayudar a los ancianos a regresar a sus habitaciones, una tarea realmente divertida si uno sabía cómo disfrutarla plenamente. Él, por suerte, poseía aquella jovialidad que lo hacía perfecto para trabajar con gente mayor, con gente menor, con gente de todo tipo. Bueno, se le dificultaba la gente seria, pero hacía su mejor esfuerzo. Sea como sea, lo cierto era que le había decepcionado un poco no ir a con Ralph a que le enseñara un par de pasos, bailar le gustaba mucho después de todo, podría haber practicado con alguna anciana del lugar.

Las cosas no pudieron ser así, saliendo un poco más tarde de la cuenta al encuentro con Clementine. Ella ya estaba ahí para cuando salió, disculpándose por la tardanza aunque ella lo sorprendió diciéndole que había ido a cocinar, esa mujer no perdía el tiempo en lo absoluto al parecer, sonriendo animadamente hasta que se le dio la mejor noticia: un trozo de queque era para que ellos lo comieran. Laith no tenía ni el corazón ni las tripas para negarse a comida.

Estoy seguro que debe saber delicioso, nadie puso ni un solo pero a lo que cocinaste hoy, así que estoy convencido de que eres genial haciéndolo —le sonrió. No escatimaba en halagos, a veces un halago es lo único feliz que tiene una persona, así que no será él quien niegue alguno. Ella había después de todo ser una joya de persona, con sus constantes atenciones tan agradables para los ancianos y a él, como voluntario, también le había hecho sentir a gusto conversando con ella.

Cuando ella tomó un poco del queque, también se animó a tomar un pequeño trozo para probarlo. La comida era la octava, novena y décima maravilla del mundo, y que nadie se lo contradijera. Se dio cuenta entonces que le había preguntado por su signo, haciéndolo parpadear. — ¿Piscis, me parece? Sí, creo que sí, es irónico porque antes te dije que prefería a las aves… ¿Tú qué signo eres? —decidió devolverle la pregunta con una sonrisa agradable.

Él no era tan dado a creer en ese tipo de cosas, pero hay que admitir que a veces uno busca su signo en una revista para enterarte que tu amor está por llegar, que ascenderás en el trabajo y tus amistades crecerán como personas, lo de siempre, aunque no por eso era menos divertido. A veces uno leía una tontería entre signos y llamaba a un colega del signo que mencionaban para discutir un poco, aunque no solía ocurrir muy seguido, una vez le ocurrió que decían que el signo de su amiga Lindsay y él tendrían un choque de ideas y la había llamado a mitad de la noche muy preocupado por ello. Con el único propósito de molestar un poco a su amiga.

De cualquier modo, habían comenzado a caminar en dirección al centro de ayuda de animales para poder realizar aquella siguiente labor que les apetecía, de vez en cuando picando al queque que muy amablemente Clementine había traído para compartir. La comida es algo así como una cosa sagrada y no hay problema suficientemente grande que no se resuelva comiendo, o al menos eso podría llegar a pensar. Pecaba de gula, así que no podría hacer nada al respecto.
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Clementine Boot el Sáb Jun 03, 2017 11:01 pm

Sonrió cuando observó como Laith se daba pequeños golpes en su sien a modo de recordarlo, pero se rió no por aquel gesto sino más que nada de ella misma, ella era la peor a la hora de recordar cosas, si no perdía su cabeza en algún lugar era más que nada porque esta se encontraba pegada a su cuerpo.- ¿De verdad? Pues yo feliz te puedo pintar un cuadro, sólo me debes decir de que te gustaría, o si tienes alguna corriente, o pintor/a favorito del cuál inspirarme.- le dijo sonriente.

Tuvo que separarse de Laith por unos minutos mientras este terminaba de realizar sus últimos deberes en el hogar, aunque ella no perdió su tiempo. Lo dió todo junto a Ralph en la pista de baile aprendiendo a bailar salsa, y no la de los tallarines sino de aquella música que hacía que sin entender cómo tus caderas se movieran solas, era mágico. Luego fue en busca de Laith, lo espero unos minutos en la entrada pero al ver que quizás se demoraría un poco más de lo previsto fue a uno de sus lugares favoritos del hogar; la cocina. Allí cocinó queques para la tarde, sacando un par de pedazos para ella y el chico.

Le tendió su trozo y sonrió.- Sé que viene muy de cerca la opinión, pero sí, esta delicioso.- dijo divertida, para darle un mordisco al suyo.- El secreto: hacerlos con amor.- le susurró para luego guiñarle el ojo y reír. Desde pequeña sus padres (unos amantes de la cocina) le habían enseñado aquel simple truco, mientras uno cocina con cariño nada pero nada podía salir mal.

Lo miró.- Piscis, que bello signo.- le dijo sonriente, mientras se llevaba otro trozo a la boca.- No es tan extraño, las aves se llevan muy bien con el agua.- le comentó sonriente.- Soy una extraña especie de Virgos, pero después de mucho renegar a mi signo comprendí que la familia de tierra si es lo mío.- le comentó encogiéndose de hombros. Quien conociera a Clementine podría decir que no tenía nada de la meticulosidad que solían decirse de los Virgos, pero en el fondo, muy en el fondo se encontraba esos rasgos característicos de aquel signo.

Siguieron su ruta, ella más que nada siguiendo los pasos de Laith y disfrutando de los paisajes que ofrecía el camino hacía el refugio de animales. Cuando llegaron y entraron al lugar los ojos de Clementine se volvieron brillantes y una sonrisa enorme y radiante se apodero de su rostro.- ¡Hermosuras!.- gritó al toparse con perros de todas las especies, tamaños que ante la presencia de la chica comenzaron a mover sus colas como locos. Se abalanzó hacia ellos quedando de rodillas en el piso- Los quiero todos.- terminó por decir feliz mientras les daba mimos a todos ellos. Era broma, claro esta. Pero si ella tuviera una gran pradera claro que se los llevaría todos sin dudarlo.

¿Podía ser el día más perfecto? En menos de cuatro horas había hecho muchas cosas que amaba: cocinar, estar con ancianos, conocer a gente nueva, bailar, volver a cocinar y luego estar junto a los seres más maravillosos y puros del planeta. ¡Qué maravilla de día estaba teniendo! No quería que aquella tarde terminará nunca.
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Laith Gauthier el Dom Jun 04, 2017 5:33 am

Claro, cuando mire tu página te escribo para decirte qué me gustaría y me hagas cotizaciones —le prometió con un guiño y una sonrisa amplia. Seguramente buscaría algunas imágenes en Google y le pasaría las que más le llamaran la atención para ver cuál se le facilitaba más, aunque de eso ya se preocuparía en casa cuando tuviese la portátil encendida y pudiese ponerse a ello.

Soltó una risa divertida cuando le dijo el secreto para hacer comida deliciosa, lamentablemente no servía aquel secreto para todas las personas. — No lo sé… Yo amo mucho la comida y no importa cuánto la ame no se deja hacer por mí, soy un peligro en la cocina —admitió con una sonrisa de lado a lado, siempre había deseado aprender a cocinar pero no le era posible, era casi como si el destino no quisiera, ¿cómo alguien podía arruinar una sopa instantánea? Pues pregúntenselo a Laith.

Bueno, la verdad no sé demasiado acerca de los signos zodiacales, simplemente a veces miro en las revistas qué me deparan los astros, no es que crea demasiado en ello —confesó encogiéndose de hombros, no estaba seguro de qué era lo que definía a su signo y tampoco lo que concordaba con él y lo que no, pero de todos modos acababa siendo divertido poder usarlo. O rechazar a alguien alegando que su signo y el del otro no eran compatibles, que también podría ser, aunque no tenga ni idea de ello.

El camino se hizo corto con la conversación, los paisajes y el queque de vainilla. Nada más entraron al refugio de animales se le estrujó el corazón, recordando resistir la tentación y no llevarse a diez cachorros, que en su departamento no eran permitidos y no tendría tiempo de cuidarlos. Ella sufría el mismo dilema que él al mimar a los animales queriendo llevárselos a todos aunque aquello resultaba ser imposible dadas las condiciones actuales.

Mientras ella les llenaba de mimos, Laith decidió ir a hablar con el encargado para decirle sobre las intenciones que tenían. Después de hablarlo un poco, acabaron teniendo acceso a poder sacar a los perros en una ruta que tenían predestinada. — Dijo que cincuenta tú y cincuenta yo —exageró mientras sonreía, yendo a acariciar a uno de los animales. Aquel día estaba siendo bastante agradable para los dos.

Ya que él tenía algo de experiencia en ese sitio, decidió que podía llevar varios animales a la vez, seleccionando con ayuda del encargado ocho perros de semejante exigencia física para que todos llevasen el mismo ritmo para luego esperar a Clementine a que se decidiera cómo se manejaría ella. El rubio por otro lado no podía evitar distraerse con los animales que le resultaban adorables. Llevaba de diferentes tamaños, edades y colores, lo que hacía un grupo variopinto, colocando a un costado los más cuatro más grandes y al otro los más pequeños para tener un equilibrio.

Me gustaría tener una casa enorme para tenerlos todos y mucho tiempo libre para dedicarles, pero no tengo ni una cosa ni la otra, lo siento —se disculpó con los canes, jugando con uno de ellos antes de disponerse a salir junto con la chica, esperando que el recorrido no tuviese ningún contratiempo. Entonces salieron juntos, acostumbrándose a aquellas extensiones extra mientras caminaba tranquilo, sacando incluso un momento el móvil para tomar una selfie donde salieran él junto con los animales y Clementine.
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Clementine Boot el Dom Jul 23, 2017 1:34 am

Le sonrió ampliamente, siempre era una buena noticia tener compradores nuevos. Más que nada porque adoraba (y más en estos tiempos) dedicarle más tiempo a tejer y pintar, sus placeres muggles favoritos. Al menos, al ventajoso podía sacar de todo esto, se había acercado mucho más al mundo no mágico. Quizás, después de todo el erradicarse lejos de la magia no fuera tan mala idea, el único problema que la detenía era que extrañaría a demasiadas personas que estaba segura no se irían de Londres mágico.

Rió y se encogió de hombros.- Vale, entonces mientras más lejos estés de una cocina, mejor. Lo tendré presente, sobre todo el hogar de ancianos- dijo divertida, era consciente de que había personas que el cocinar no era lo suyo, era el caso contrario al de ella quien amo todo aquello desde pequeña, sobre todo los dulces. Ay, como extrañaba Honeydukes, suspiros mentales.

Lo volvió a mirar.- Bueno, eres grandioso en otras cosas. Lo tuyo es salvar vidas, que no es menor.- terminó por decir con una sonrisa radiante. Por ejemplo ella era alguien que le gustaba hacer cosas : como cocinar, tejer, pintar, y cuidar plantas. Sus manos eran sus grandes herramientas de creación.

- A mí me gusta mucho, más que nada por las estrellas y el espacio. Hay un mundo extraordinario allá afuera.- elevó su mirada y sonrió mirando al cielo. Cuando pequeña se sentaba junto a su padre en las noches a observar las estrellas. Cada noche era una estrella o constelación diferente. La Ursa Major es una de sus favoritas.

Aquel día estaba resultando lleno de sorpresas y personas maravillosas. Todo en la mañana parecía que sería un día como cualquier otro, pero el juguetón destino al parecer tenía más aventuras que ofrecerle a la castaña, tendiéndole un día lleno de recuerdos dignos de guardar en su cajita de momentos preciados.

El agradable joven la había llevado hacia un refugio de perros, encontrándose con muchos seres tremendamente adorables, todos eran para sus ojos dulces pompones de amor y hermosura. Se lanzó al suelo abalanzándose a todos ellos, dando y recibiendo mimos. Estaba tan encantada que ni siquiera se fijó cuando el chico se fue en busca de más información. Para esa altura ya había olvidado por completo el motivo principal del por qué estaban allí, simplemente se estaba dejando querer, entregándose a la incomparable ternura de los pequeños mueve colas.

- ¿Yo los llevaré, o ellos a mí? Que si serán cincuenta yo veo más factible la segunda opción.- bromeó divertida, para comenzar a su pesar a pararse de a poco del suelo, alejando a cada uno cariñosamente de su lado.

Al encontrarse ya de pie se sumó a Laith para escoger quienes en esa oportunidad irían con ella. No era la primera vez que Clementine hacía aquello, por lo que igual que el chico tomó ocho perros, para su fortuna su fuerza había crecido considerablemente tras las clases de Kalari que había recibido en India. La magia no podía estar a su favor, pero la defensa muggle siempre estaría allí para ayudarla. Al menos ese era su consuelo la mayoría de las veces, eso y que tenía unos amigos maravillosos que la protegerían de esos rayos letales.

Miró rápidamente a Laith y sonrió.- Estaba pensando en lo mismo.- rió al comprobar que él al igual que ella añoraba tener un lugar gigante en donde cayeran mucho animales. Clementine se imaginaba un terreno enorme, y donde además pudiera plantar sus flores.

La castaña respiró ampliamente, sintiendo como el aire se expandía dentro de sus pulmones para luego botar el aire en un feliz suspiro. El día estaba maravilloso, estaba con esa combinación perfecta; donde el sol no te golpea sino que te abraza y el viento te ofrece un leve refresco de vez en cuando, que te hace cosquillas y te saca sonrisas.

- El día esta grandioso.- habló después de un rato de permanecer en silencio y simplemente dedicarse a mirar el camino. – Adoro cuando el verano está a la vuelta de la esquina. – miró a Laith y sonrió. Es que Clementine era como sus flores, su energía iba en aumento de acuerdo con cuanto sol tomaba. Además las calles se llenaban de colores, a diferencia del invierno donde los colores negro, azul marino, gris, o café reinaban el lugar.

En eso un recuerdo se le atravesó por la cabeza y miró al chico.- Laith, ¿cómo se te da pintar?.- le preguntó curiosa, mientras detenía su andar, un par de perros se habían quedado oliendo un árbol, y como Clementine no estaba para nada apurada el quedarse un poco allí no le causaba problema. Además, ¿Quién era ella para negarle a Bugg (sí ya les había puesto nombre) la agradable sensación de oler un árbol?
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Laith Gauthier el Miér Jul 26, 2017 8:51 am

El sanador soltó una risilla traviesa, casi con la picardía de un crío, cuando ella reparó en que no iba a dejarlo entrar en la cocina del hogar de ancianos. Se encogió de hombros, exhalando, no podía ser bueno en todo y era bueno muchas otras cosas más, justo como ella se lo diría más tarde, aunque de una forma quizá más potenciada. Si bien reconocía su propio esfuerzo como sanador, no estaba acostumbrado a que el resto lo dijese como si fuera la cosa más maravillosa del mundo. Para él lo era, para muchos otros no.

¿Un… mundo extraordinario? ¿Algo así como aliens e iluminatis y todo eso? —sonrió divertido. Personalmente no estaba seguro de que existiese nada ahí fuera, pero si lo hacía seguramente no fuera nada agradable. Al menos basado en su punto de vista. Era parte de la población que veía a los extraterrestres como criaturas malévolas que experimentarían con ellos. Demasiadas películas de ciencia ficción para él.

Llegar al refugio de perros era un gran momento para él. No era un amante nato de los animales, pero le gustaban, especial los perros. Había ido por información y el permiso necesario mientras Clementine felizmente hablaba con los perros que estaban ahí, acariciándoles y dándoles mimos a todos. Es que, vamos, se los merecían. Los perros eran esas pequeñas criaturitas maravillosas que hacían felices a la gente y no les tenías que pagar colegiaturas ni cosas por el estilo, le dio gracia pensarlo entre la conversación con el hombre hasta regresar con la joven.

Esa, mi queridísima Clementine, es una muy buena pregunta… Yo también voto porque ellos te paseen a ti —soltó una risa agradable con su broma, extendiéndole la mano para ayudarla a levantarse del suelo y que escogiera a los animales que la acompañarían en su travesía. Se le escapó un pequeño anhelo, tener muchos animales en una casa grande, pero su estilo de vida ocupado no se lo permitía. — Ah, sería ideal —se sonrió con gracia.

Empezó a escuchar en su mente una canción que lo hizo sonreír ligeramente, el día era agradable para una caminata así junto con la presencia del montón de animales. Ambos coincidían, seguramente, en una cosa muy evidente: el día era grandioso, compartía con ella ese amor por el verano, el calor y las actividades al aire libre. También, por el sitio donde creció, valoraba el frío y le gustaba pasar una buena noche viendo una serie entre las mantas con chocolate caliente, podía disfrutar perfectamente de los dos mundos que el clima le ofrecía, así que sonrió de forma radiante a su afirmación.

Se detuvo a mirarla cuando ella se detuvo también, dejando a los perros olisquear por ahí. — Prefiero dibujar… Pero tampoco es que se me dé mal, si yo me equivoqué de profesión y debí ser artista —bromeó un poco con ella, él estaba orgulloso de sus dotes artísticos. — También soy un apasionado por la música, creo que es de mis cosas favoritas en toda mi vida, ¿alguna vez oíste eso de que tienes que tener tres hobbies que ames? Uno que te haga ganar dinero, otro que estimule tu creatividad y otro que te ponga en forma —le explicó su pequeña filosofía de vida para seleccionar sus pasatiempos favoritos. — ¿Tú los tienes? —le cuestionó con una sonrisa agradable.

El paseo, aunque recién iba comenzando, iba siendo bastante agradable. Se detenía cuando los animales se ponían de acuerdo para explorar un poco, evitando que lo jaloneasen de un lado a otro gracias a la experiencia. Si era honesto, tenía que admitir que sería un tanto gracioso ver a Clementine arrastrada por los perros. Era un poco mala gente en el fondo, qué podía hacer al respecto, pensó con una sonrisa mientras la miraba, no podía pedir una mejor compañía que esa en ese preciso momento.

Cuéntame cuál es la experiencia más graciosa que hayas tenido —le pidió de pronto. Es que Laith se entusiasmaba tanto hablando con gente nueva que, ¡vamos! ¡Era imposible no preguntarlo! Su vida estaba llena de imprevistos y muchas historias acababan siendo muy cómicas, por lo que quería creer que todo el mundo tenía las mismas bobas experiencias que él.
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