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Los tres mosqueteros // Flashback [Priv.]

Gabriel J. Blumer el Mar Mar 21, 2017 6:34 am

15 de febrero de 2017
Delfos, Grecia

Golpeó la pantalla de su teléfono ya a sabiendas que aquello no serviría para nada. Ni siquiera para romper, más aún si fuese posible, la pantalla que tantos rasguños ya tenía. - ¡Mierda! – Dijo lanzando el teléfono al interior de la caravana, el cual cayó sobre uno de los asientos y comenzó a votar hasta darse de bruces contra el suelo del vehículo. Gabriel  rodó los ojos y se volteó para ver como sus dos amigos miraban hacia la nada, perdidos en sus propios pensamientos.

- Ya sé que no tenemos nada mejor que hacer pero me muero de sed y nos hemos quedado sin agua. ¿Alguno sabe hace cuanto vimos la última gasolinera? – Preguntó más a la nada que a cualquier otra cosa, y es que sus dos compañeros parecían demasiado entretenidos. Uno de ellos leyendo un libro y el otro mirando el suelo y cogiendo pequeñas piedrecitas que encontraba en él. – Lo tomaré como un no. – Dijo abriendo la puerta de la caravana para pasar a la parte trasera y tumbarse a dormir un rato.

Cuando se despertó las cosas no habían cambiado demasiado, salvo por el detalle que sus dos amigos se encontraban en el interior de la caravana con cara de pocos amigos. - ¿Qué ha pasado? – Y  allí llegó todo de golpe.

Noche del 22 de abril de 2016
Londres, Inglaterra

- ¿Y piensas quedarte aquí cruzado de brazos sin hacer nada?- La gente de la fiesta había comenzado a marcharse, pero Gabriel se había quedado en el patio trasero hablando con el anfitrión. - ¿Eres feliz con toda esta situación? – Preguntó con miedo de escuchar un sí por parte de su acompañante, aún sabiendo que una parte de si mismo sabía que la respuesta que recibiría sería una rotunda negativa. – Nos acabarán matando, ¿No te das cuenta? Trabajo para ellos desde hace dos años y eso no ha sido suficiente razón para no matar a mi madre. Joder, era una simple muggle que no hacía daño a nadie y aún así la han matado. ¿No ves que nosotros somos igual de prescindibles? No les importamos. – Eran simples peones en una guerra que no iban a ganar. Ambos lo sabían y aún así estaban dispuestos a morir en una guerra que no era suya.

25 de abril de 2016
Lion, Francia

El viaje había supuesto dejar atrás todo lo que hasta ahora conocían. Su casa, su familia, sus amigos… Se habían ido con lo puesto y eso les había garantizado aparecer en El Profeta como una de las últimas desapariciones causadas por los Mortífagos antes de la llegada de la nueva Ministra de Magia y de aquella paz temporal que tan agradable resultó mientras duró.

Al viaje se había unido un tercero y fue aquello precisamente lo que sirvió como aliciente para que ambos chicos no lo pensasen ni un momento para decir adiós a su vida pasada. Tras la fiesta, fueron en busca del tercero y dejaron Inglaterra. Dejaron Inglaterra para jamás volver, o al menos, esos eran sus planes.

- Podríamos ir… ¿A Groenlandia? Ahí seguro que a nadie se le ocurriría buscarnos. O a algún país de África. – Comentó Gabriel mientras miraba un globo terráqueo en la habitación de hotel donde se habían alojado durante aquellos últimos días. – No podemos quedarnos tan cerca y en un solo sitio. Si nos empiezan a buscar, darán con nosotros. – Señaló a uno de ellos. – Tú no les importas, pero nosotros les hemos traicionado. Nos hemos ido sin decir nada con toda la información que tenemos y… Seguro que querrán matarnos. – Había tenido dudas durante semanas, incluso meses. Pero ya no iba a volver la vista atrás. La decisión estaba tomada e iban a vivir. Por fin, iban a poder vivir.

15 de septiembre de 2016
Fez, Marruecos

- Sólo por cinco. Cinco monedas. Venga, es una ganga. – El hombre insistía en que comprasen  una alfombra de pelo que parecía sacado de un mono con piojos y por más que Gabriel se negaba en rotundo a aquella compra, el hombre no dejaba de perseguirles por todo el mercado intentando que alguien se llevase consigo su alfombra a cambio de un poco de dinero. – Será la envidia en su país. Se lo aseguro. – Dijo con su marcado acento marroquí. – Un día más aquí y os juro que me lanzo un Avada a mí mismo. – Dijo el chico limpiándose el sudor de la frente mientras avanzaban por aquel lugar.

Ya había perdido la cuenta de las veces que se habían mudado. De las veces que habían ido de un lugar a otro con su caravana sin tener rumbo, por el mero hecho de seguir en movimiento para no ser encontrados por los Mortífagos. Por mucha paz que podían ver en las ediciones de El Profeta que aún recibían, no podían confiar en que durase eternamente.

21 de diciembre de 2016
Milán, Italia

- ¿Se sabe algo de los nuestros? – Preguntó arrancando el periódico de las manos de uno de sus amigos. – Algún nombre… Nada. – Siguió leyendo en busca del nombre de alguno de sus antiguos compañeros de Hogwarts en las páginas de aquel periódico. – Ahora nos podrán encontrar. Tienen todo el poder. No podemos volver. – Sentenció dejándose caer en el sillón de la caravana cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás intentando vaciar la mente y no pensar en qué habría sido de todos sus amigos.

15 de febrero de 2017
Delfos, Grecia

- ¿Alguno piensa decirme qué demonios ha pasado? – Preguntó ya asustado por cuáles serían las noticias que uno u otro sería el valiente de darle. Menuda forma de despertar de la siesta. Y encima, seguía sin agua ni cobertura en el teléfono.
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Axel S. Crowley el Jue Mar 23, 2017 2:11 am

15 de febrero de 2017
Delfos, Grecia

La falta de agua era algo importante a tener en cuenta, pero Axel estaba demasiado ocupado leyendo aquel libro como para preocuparse por eso ahora. De hecho, la voz de Gabriel llegó a sus oídos, pero pasaron por toda su cabeza hasta salir por el otro orificio como si de la seda se tratase. Cuando el ex-Ravenclaw quiso mostrar interés en lo que decía al recordar milagrosamente la última gasolinera, ya él se había ido a dormir la siesta. Tenía que dejar de perderse entre las letras de los libros...

Hacía tiempo que los tres se habían ido a vivir juntos en una caravana que vagaba por el mundo, movidos más por la huida de sus vidas que por la búsqueda de aventuras. ¿Quién le iba a decir a Axel, un Crowley, que terminaría así y no llevando los negocios millonarios de su padre mientras le concertaban un matrimonio con una chica purista y apoyaba las mismas lealtades que toda su familia? Su vida ahora era demasiado diferente a cómo debió de haber sido y todo por tener la valentía aquella noche de decidir dejarlo todo por miedo a perder y ser quién no eres. Agradecía que Gabriel le hubiese abierto los ojos y le hubiera ayudado a dar ese paso, porque él siempre había sido demasiado ambicioso como para soportarlo todo con tal de alcanzar la grandeza. ¿O quizás era mejor decir que era demasiado cobarde?

Al principio todo fue bien. Había culpa y remordimientos por haberse ido de esa manera sin avisarlos a todos, pero debían de hacerlo rápido y moverse continuamente para que cualquier rastro fuese complicado de seguir y, sobre todo, que cada uno de sus conocidos los diesen por muertos. Sin embargo, cuando llegó diciembre, la incertidumbre de los vivos y de los muertos volvió a la cabeza de los tres Ravenclaw. ¿Quién seguiría con vida después de ese ataque y quién habría caído en batalla defendiendo sus ideales? Pero ellos no podían hacer nada, porque a pesar de que los mortífagos ahora estuviesen en el poder, ellos seguían siendo unos traidores. Y todos sabemos que la Causa Mortífaga no olvida a los traidores.

Axel cerró el libro y miró al cielo después de un rato en donde no estaba prestando atención a la lectura, pensando en cómo sería la vida de todos aquellos que dejó atrás. Él no quería volver, ni para dar explicaciones ni para enfrentar sus errores. No. Se había convertido en un chico mucho más sencillo que se conformaba con verdaderamente poco siempre y cuando fuese feliz y, para él, aquella vida ya era pasada. Mientras filosofaba sobre su existencia, observando el cielo azul, vio como una lechuza de color pardo se acercaba un poco trambólica a ellos, justo por detrás de Matt. Reconocía aquella lechuza porque era la misma que siempre les buscaba allá en donde estuviesen, la lechuza de una compañera con la que Matt se llevaba de maravilla. Al menos él no tenía que fingir que estaba muerto.

Podría haberle avisado, pero Axel prefirió gastarle una broma.

-Eh, tsk, Matt, no te muevas.-Dijo, fingiendo estrés.-Tienes una super abeja en el hombro izquierdo con el aguijón apuntando a tu yugular. Si te mueves, morirás.-Añadió con drama.

Ese momento de desconcentración de Matt, además del pseudo-miedo que le metió su amigo, fueron suficientes como para que no reparase en el aleteo de la lechuza y ésta chocara de lleno en su nuca. ¿Ya he dicho ya que esa lechuza, además de no tener muchas luces, ama a Matt? He ahí la prueba. Axel se carcajeó.

-Nunca me cansaré de lo tontita que es esa lechuza aventurera.-Agregó con semejante diversión en la vez que, con una sonrisa en el rostro, se cruzó de piernas y continuó leyendo, ya más feliz.  

Media hora más tarde

-Es una absoluta locura.-Contestó Axel, dentro de la caravana sentados en los sillones de la mesa en donde solían comer. Se le notaba irritado, pero a la vez preocupado.-Si volvemos a Londres no solo te pondremos en peligro a ti, sino que irían a matarnos como nos pillasen. Ya no solo los mortífagos nos buscan, ¿vale? Hasta nuestros conocidos nos reventarían a patadas si se dan cuenta de que llevamos casi un año vivos tras habernos dado por muertos. ¡Mi familia sería la primera en sacrificarme como me vea poner un pie en Londres!-Respondió, estresado con la vida. Pensaba que ese sería un tema que no volverían a tocar.

Justo en ese momento apareció Gabriel con la marca de la sábana marcada en toda su mejilla. No fue difícil asumir que se despertó por las voces de sus acompañantes o por las malas vibras que se respiraban ahora mismo. O quizás solo porque se estaba muriendo de sed. ¿A quién narices le tocaba ir a por agua?

-Matt quiere volver a Londres.-Resumió, para que Matt le contase ahora sus motivos, ya que él no tenía ganas de seguir dándole vueltas al asunto. Era ponerse en un riesgo innecesario...
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Matt Denbrough el Sáb Mar 25, 2017 4:52 pm


Hipnotizado por el ir y venir de las hormigas que danzaban a mi alrededor tenia la mente en otro sitio, recodaba aquellos viejos y buenos momentos en los que era niño y jugaba en la calle. Armado con una lupa en un día soleado daba paso a grandes genocidios de aquella pobres criaturas. ¡OYE! ¿Eso de ahí no es... dejé los recuerdos de mi dulce infancia a un lado al reconocer una "sustancia" característica entre las piedritas del suelo. Me incline para recogerla y tras examinarla un poco con la vista y el tacto me la llevé a la nariz. Que pena, habría jurado que era hachís. Pensé para mis adentros mientras devolvía con cierta desilusión aquella piedra al lugar que le correspondía.

De repente escuche como en un segundo plano la voz de de mi compañero que me advertía... en un principio parecía lejana y difusa, pero según le iba prestando atención se volvía más cercana y nítida. ¡¿¡¿QUE?!?! Mi mueca de pavor al ordenar y darle sentido en mi cabeza a lo que había escuchado tuvo que ser más que evidente para los ojos de Axel. No es que tuviese algún tipo de fobia extraña o alguna clase de miedo a las abejas, igual que tampoco tengo un miedo irracional a los rinocerontes, pero si me dicen que hay uno detrás de mi apunto de atacar... pues me asusto como es normal.

Totalmente en tensión y a punto de ponerme a sudar, giré la cabeza muy lentamente mirando por el rabillo del ojo esperando encontrarme en cualquier momento cara a cara con mi despiadado agresor, pero en ese momento una colleja en toda regla me hiso saltar como si fuera un resorte. Espantado me llevé la mano a la nuca pensando en que Axel se había equivocado, y lo que me había picado no era una abeja sino más bien un basilisco, pero mi sorpresa fue más grata al girarme y encontrarme a la lechuza de Natalie que me miraba con ojos de no haber roto un plato mientras se recomponía de aquel aterrizaje forzoso.

Antes de decir nada le propiné un buen puñetazo "amistoso" en el hombro al simpático de mi compañero ― Serás cabrón ― añadí entre risas ya mucho más relajado antes de acercarme a ver qué buenas nuevas me traía Vega.

Mientras abría la carta ya me era imposible disimular mi sonrisa, pues cualquier cosa que tuviera que ver con ella se me hacia increíblemente reconfortante. Todo cambio a medida que iba leyendo, pues aquellas palabras consiguieron que la sonrisa pasara a transformarse en un ceño fruncido...

Volvemos a Londres ― dije en voz alta con completa decisión ― Bueno... no tienes que acompañarme tampoco si no quieres ― recapacité, pues veía totalmente lógicos los motivos por los que Axel no quería volver. Quizás me había precipitado en dar por hecho que ellos me acompañarían ― Pero yo iré de todas formas

No es que quiera volver para montarme en el London Eye y dar unas vueltecitas ― contesté sarcásticamente una vez Gabriel se hubo levantado de la siesta ― Natalie me ha escrito esto ― añadí ofreciéndoles el papel doblado para que lo leyeran por si mismos.

Carta de Natalie:

Hola Matt.

Hace unas semanas me llegó tu carta, pero entre el trabajo y la universidad no he podido contestarte. A mí el nuevo gobierno no me ha afectado nada, pero sé de gente que ahora mismo hace mucho que no veo porque tienen que estar ocultándose de la ley. El Ministerio está apresando a todos los traidores y todos los hijos de muggles se someten a juicio inmediato por robo de magia... por lo que la gente ha dejado todo con tal de esconderse ellos y sus seres queridos. Por suerte para mí no tengo relación con ningún hijo de muggles y ahora mismo lo único que me afecta es que parece que vivimos en una dictadura y todo se ha vuelto un poco más turbio... pero en realidad no ha afectado para nada en mi vida.

En cuanto a lo de Zack... en la última carta te hablé muy emocionada de mi relación con él, pero ahora mismo todavía me estoy recuperando de la mayor decepción de mi vida. El otro día me enteré de que pertenece a las filas del Señor Tenebroso y lo vi asesinar a sangre fría a dos personas. ¿Te lo puedes creer? Yo aún estoy asimilándolo todo porque no me cabe en la cabeza. Aunque eso no fue lo peor de todo, sino que después de dejarle claro que yo no quería estar con un monstruo así, él no pareció aceptarlo. Se volvió loco y... [En la carta aparecen montón de tachaduras sobre frases ilegíbles]. Por un momento pensé que hasta me iba a matar a mí por no querer pensar como él. Sólo vi odio y rabia en sus ojos y... de repente se convirtió en una bestia y me hizo mucho daño, no solo emocional. Jamás lo había pasado tan mal. Aún no entiendo como es que estuve tan ciega y cómo es que él mentía tan bien... Lo peor de todo es que lo consideraba un pilar indispensable en mi vida y ahora me siento tan vacía y rota por dentro que no sé ni qué hacer...

Ahora estoy bien. Echa una mierda porque al parecer todo el mundo aquí ha cogido como hábito mentirme y tratarme como menos que una mierda, pero al fin y al cabo, ahora nadie podrá mentirme porque he cortado relación con casi todos, así que nadie podrá hacerme daño.

Espero que a ti te vaya todo mejor y que te lo estés pasando en grande. Aunque sabiendo lo cabeza loca que eres, no me cabe la menor duda de que debes de estar viviendo tu vida plenamente. ¿Dónde estás ahora? ¿Cuál será tu próximo destino?

Te echo de menos. Mándame una foto tuya con la próxima carta, que ya ni me acuerdo como eres.

Con cariño,
Natalie.

¿Que haríais si estuvieseis en mi lugar? ― Dejé la pregunta en el aire aun sabiendo que no habían terminado de leer. Y esperé en lo que poco a poco se fue convirtiendo en un largo e inquietante silencio incomodo, hasta que no pude aguantar más y desde que uno de ellos levantó la vista del papel añadí ― ¡QUE HA DICHO QUE ME ECHA DE MENOS!
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Gabriel J. Blumer el Dom Mar 26, 2017 7:59 am

Despertarse y encontrarse con Matt, Axel o a ambos juntos no era nada extraño. Gabriel estaba más que acostumbrado a abrir los ojos y sentirse observado por cualquiera de ellos e incluso ambos nada más despertarse, y es que no era raro que alguno de los dos hubiese ideado alguna broma durante su rato de descanso. Un rato de descanso muy habitual, pues dormía más de lo que en ocasiones le gustaría admitir.

Pero en aquella ocasión las cosas parecían muy diferentes a lo que acostumbraban ser.

No dudó en preguntar por aquellos rostros e incluso comenzó a ponerse nervioso cuando no obtenía respuesta alguna por parte de estos. Hasta que por fin, rompieron el silencio. El rostro de Gabriel no mostró cambio alguno. - ¿Estás bromeando? – Preguntó cuando lo primero que llegó a sus oídos estaba directamente relacionado con volver a Londres.- ¿Tú qué quieres? ¿Ver mi cabeza en una pica? Bueno, las nuestras. Mira, yo sé que ahora Juego de Tronos está muy de moda, pero yo aún no tengo complejo de Ned Stark.  Ni de Stark en general.– Dijo Gabriel intentando romper un poco la seriedad del momento. Y es que la tensión era algo que, en aquel instante, parecía poderse masticar en el aire.

Tomó la carta de Natalie para leerla si aquella era la única explicación posible para que volviese a Londres. Gabriel se mantuvo en total silencio mientras sus ojos seguían el trazado de las letras de la chica prestando atención al contenido de cada una de sus palabras. No alzó la vista en ningún momento. Sino que se mantuvo cabizbajo, leyendo con detenimiento todas y cada una de las palabras allí plasmadas, como si de levantar la cabeza estas cobraran vida y saliesen volando como si de palomas mensajeras se tratase. - ¿Sigues bromeando? – Preguntó en tono serio nada más terminó de leer la carta.

Pero claro que Matt no estaba en broma. Y es que cuando elevó la vista del papel vio cómo el chico gritaba emocionado. Sí, lo más importante de la carta era un “te echo de menos” y no un “mi vida es una mierda” o  “mi novio psicópata casi me mata”. Sí, Matt era bastante extraño a la hora de elegir sus prioridades. – Dile que se venga a vivir la vida en nuestra caravana de la felicidad alejada de la gente loca de Londres y los asesinatos. Para eso no hace falta volver al país, tan sólo una lechuza. Aunque la tuya quizá un día le lleve la carta a un Mortífago en lugar de a Natalie y tengas un problema. – Definitivamente, aquella lechuza era subnormal. – Hablo en serio, volver a Londres es una locura Matt. Vale que a ti no te están buscando, pero no sabes lo que pasará si pones un pie allí. Con como están las cosas no tienes garantizado volver con vida. Además, si el ex novio psicópata de Natalie te ve por Londres justo después de dejarlo con ella me da a mí que tendrás menos suerte que ella. ¿O soy el único que olía vuestra tensión sexual a kilómetros de distancia? – Era su teoría. Su teoría que años después mantenía y más cuando seguían mandándose cartas. Eso era algo serio, ¡Venga ya!

- Y la próxima vez nos resumes la carta, no creo que a Natalie le haga mucha gracia que airees su intimidad a los cuatro vientos. Aunque total, habríamos leído la carta. Como todas. – Rompió a reír, y es que en más de una ocasión Axel y Gabriel habían dado con las cartas que Matt se mandaba con cualquier persona y las habían leído por puro aburrimiento. Y entre ellas, alguna había sido de Natalie. Pero claro, ninguna tan interesante como aquella.
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Axel S. Crowley el Mar Mar 28, 2017 1:03 pm

"Nos vamos a Londres."

"No tienes que acompañarme, yo iré de todas formas."

¿Será consciente de que ninguno de los tres tenían licencia de aparición y que tendría que llevarse la caravana y, por tanto, la casa del trío? Porque está claro que eran demasiado pobres como para ir en avión. ¿En dónde narices se iban a quedar Axel y Gabriel si él decidía volver a maldito Londres? Axel le miró con cara de "Are you fucking kidding me?"a todo lo que decía, hasta que apareció Gab y él les tendió la carta que le había escrito su amiga.

La leyó con detenimiento junto a Gabriel, para luego quedarse ojiplático ante lo que dijo Matt. ¿¡Que la echa de menos!? ¿¡En serio!?

-Tiene que estar bromeando. En algún momento de su vida Matt tiene que bromear con lo que dice.-Contestó a la pregunta de Gabriel. Era imposible que Matt solo reparase en el hecho de que le echaba de menos y no en que posiblemente su pareja le hubiese dado una paliza.  

El mayor de los tres continuó sentado mientras hablaban ellos y obviamente su compañero le decía que era un poco masoquista ir a Londres teniendo en cuenta como estaba todo allí y que Natalie le había dejado bien claro que el psicópata de su novio estaba loco. ¿Cómo coño se sentirá si van  tres hombres a convencerla de que se vaya del maldito país? Porque Axel por lo menos se negaba a creer que iban a ir solo para ver cómo estaba y que Matt echase un polvo porque la chica le echa de menos. Aunque teniendo en cuenta lo traumatizada que debía de estar, Matt se iba a quedar con las ganas del polvo.

-Yo también la olía.-Añadió Axel alzando levemente la mano para apoyar a Gab con la idea de la tensión sexual.

Entonces el chico rió ante lo que dijo Gab, ya que no era la primera vez que leían alguna que otra carta, aunque ni de lejos tan importante como la que ahora le había cedido el propio Matt. Estaba claro que a Natalie no le haría gracia que ellos supieran todo eso, pero Matt sólo intentaba buscar motivos válidos para convencerlos a los otros dos y lo más lógico es enseñar lo más fuerte que tenía, que era eso.

-Lo peor de todo es que no sabemos si con las nuevas leyes y el nuevo gobierno habrán carteles con nuestra cara por ahí. Porque Londres es grande y cabría la posibilidad de ir sin ser vistos... pero como haya carteles y todo el mundo tenga nuestros caretos al día...-Comentó Axel, arrugando la nariz.-Lo dudo mucho, la verdad. Al fin y al cabo ahora mismo los mortífagos están más preocupados por las fuerzas rebeldes que puedan surgir de los hijos de muggles y aquellos magos que los apoyan que por los mismos mortífagos que desertaron antes de llegar al poder. Además, hace un año que nos dimos por muerto...-Miró a Gab, intentando buscar su aprobación a esa reflexión.

No le hacía maldita gracia ir, pero suponía que Matt no querría hacer el viaje solo y a él tampoco le hacía especial ilusión separarse después de haber estado tanto tiempo juntos. Además, Natalie había sido su compañera de clase y le caía bien, quizás un apoyo de más no venía de más. Pero claro, aparte de eso, ¿qué se les perdía a ellos dos en Londres más que la posibilidad de terminar presos en Azkaban por traidores? A Axel nada, porque para colmo su familia es de Noruega.  

Entonces Axel miró a Matt.

-¿Y si vas, para qué será?-Preguntó directamente.-¿Pretendes ir a darle una palmadita en la espalda, ver si está bien y ver si cuadra una noche con ella? Esa pobre mujer está sola, deberías hacer lo que dice Gabriel y decirle que venga con nosotros a vivir la vida y que se aleje de toda la mierda que le rodea. En Londres no se pierde nada y en esta caravana cabe de sobra si duerme contigo o aquí fuera. Necesita un cambio de aires o esa maldita ciudad y ese maldito gobierno va a terminar por consumirla.-Apoyó la idea del Ravenclaw. La caravana tenía dos habitaciones bastante grande, una de Matt y la otra la que ocupaban Axel y Gab. Incluso podía dormir ahí en el sillón en donde estaban ahora si no quería dormir con Matt.-Porque si vas sólo de pasada, yo no pienso arriesgarme. Prefiero quedarme en una cueva hasta que vuelvas. Si me arriesgo que al menos sea por un cambio. Ella te necesita y no solo para que vayas a ver cómo está. Necesita un amigo que no vaya a clavarle un puñal por la espalda, otra vez.-Dejó la carta sobre la mesa y se levantó para dirigirse al frigorífico y cogí un brick pequeño de zumo de melocotón. Ofreció con la mano a ambos chicos por si querían otro lanzárselos desde allí.
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Matt Denbrough el Vie Abr 28, 2017 11:55 pm


Por mucho que intenté mantenerme indiferente ante el chiste MALO sobre los Stark, no pude evitar que se me escapara una sonrisa, por lo que bajé la cabeza y me puse la mano en la frente hasta recuperaba la compostura para continuar con aquella SERIA conversación.

A ver… no bromeo. Lo último que me gustaría es que les pasara algo por acompañarme, pero tampoco me gustaría tener que separarnos. Además, ¿Qué haríais aquí solos sin mí? ― Después de pensarlo un segundo caí en la cuenta de que prefiero que no me respondieran a esa pregunta… ― Mejor no digáis nada, lo retiro ― Intenté rectificar a tiempo.  
Si tenéis cuidado no tiene porqué veros nadie, será rápido, entrar y salir, con que no salgáis de la caravana no tiene por qué haber ningún problema ― Mi intención no era hacer turismo, ni nada por el estilo. Aquella vieja caravana era el vehículo menos llamativo de la historia. Si a Walter y a Jesse les sirvió para fabricar meta sin llamar la atención… ¿Por qué no nos iba a servir a nosotros? ― ¿Cocinamos meta? ― Pregunté muy serio para casi al instante no ser capaz de aguantarme la risa al ver cómo me miraban expectantes ― Nada, nada... Creo que en este caso no vale una simple carta. Es obvio que ella me importa mucho y no está pasando su mejor momento, creo que estar allí con ella arriesgando unas vidas que no son la mía, es lo mínimo que puedo hacer ― Intentaba responder al interrogatorio al que me sometían aquellos dos, pero me era imposible responder seriamente a sus preguntas, verme ahí tan responsable me hacía gracia a mí mismo y echaba a perder toda mi compostura con el primer comentario tonto que se me ocurriera ― ¡Claro que no voy en busca de sexo! ― A veces me sorprendía lo mal que piensan de mi ― Les digo que esa chica me importa de verdad. No es solo por la tensión sexual y los fuegos artificiales que salían cuando cruzábamos las miradas ― Hice una pequeña pausa y los miré esperando ver las reacciones en sus caras tras mis últimas palabras ― Aunque inevitablemente nos hayamos distanciado somos muy buenos amigos, nos llevamos muy bien. Y repito: no es solo por la atracción sexual ― Me veía obligado a aclararles una y otra vez que Natalie no era una solo chica más. Porque mis amigos ERAN UNOS PESADOS ― Le ofreceré venirse con nosotros, sí, pero no será lo primero que le diré al verla. No podemos pretender que de un día para el otro lo deje todo… por muy mal que le vaya, cuesta dejar una vida atrás así sin más… ― Miré hacia atrás y fui a sentarme en el sillón del conductor, que al ser giratorio se podía orientar hacia el interior de la estancia y así no darle la espalda a nadie ― ¿Y su novio? No lo voy a ir a buscar, pero nada me gustaría más que encontrármelo de casualidad… ―  No pretendía dármelas de gallito, aunque obviamente lo estaba haciendo, pero es que me hervía la sangre solo de pensar en que ese individuo le pusiera la mano encima a Natalie.
Mientras me ataba los cordones de las botas sonreí ante su picaresca de que leían mi correspondencia con la Slytherin ― No, si ya me imagino… somos compañeros de caravana, aquí no hay mucho espacio para los secretos ― Les respondí alzando la vista del suelo y guiñándoles un ojo, pues ellos no eran los únicos que por aburrimiento se dedicaban a violar la intimidad de los demás.

Bueno… Yo ya estoy listo ― Dije dándole la vuelta al sillón y poniéndome al volante ― ¿Nos vamos?
Ellos aún no habían decidido si irían o no, pero era mi forma de presionarles y así meterles prisa.
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